5.1. La Historiografía griega (Heródoto.
Tucídides. Jenofonte).
Heródoto
5.1. Características del género..
5.1.1. Definición y orígenes de la Historiografía: los logógrafos.
La Historiografía es la ciencia que se encarga de recoger e interpretarlos hechos
históricos del pasado. Como otros géneros literariostiene sus orígenes en Grecia.
Concretamente la historiografíagriega nace en Jonia a finales del siglo VI a.C. La
aparición de la historiografía está relacionada con el desarrollo de la filosofía y el
pensamiento racional que se produce en esta época.
Es entonces cuando en Asia Menor los griegos empezarán a interpretar el mundo
desde un punto de vista, ya no mitológico, sino racionalista o lógico, prescindiendo del
mito para explicar las cosas, y se basarán en la razón.
La historiografía investiga, pues, el pasado de manera racional. Etimológicamente la
palabra ”historia”, del griego ÉstorÐa, significa precisamente ”investigación o narración
de lo que se ha visto y, por lo tanto, se conoce”. Por eso los pioneros de la
historiografía reciben el nombre de logógrafos, pues son los primeros escritores de
relatos que narraban sus propios viajes y aventuras. Este es el término que utiliza el
historiador clásico Tucídides para referirse a sus predecesores y diferenciarse de ellos,
ya que los logógrafos aún no aspiraban a las excelencias del estilo, carecían de
espíritu crítico y se sentían atraído por todo lo popular, las anécdotas locales, etc., y
habían preferido en definitiva ganarse el favor de su auditorio en detrimento de la
verdad. De hecho en los relatos de los logógrafos se mezclaban hechos propiamente
históricos, con observaciones y curiosidades geográficas, etnográficas, e incluso
alusiones mitológicas. Su método consistía además en la simple acumulación de
noticias de cualquier fuente.
5.1.2. Puntos fundamentales de la historiografía griega.
Como todo género literario, la historiografía responde a unas reglas literarias. Así
pues, presentará siempre estas características indispensables:
- Proemio. En éste, el autor expone la temática de su obra, la explicación de su
elección y su metodología.
- Los excursos y discursos. Gracias a estos, el autor retrata a sus personajes.
Además, la ἱστορία, sobre todo a partir de Tucídides tiene carácter científico y como
tal, sigue unos principios:
- αὐτοψία: verificación personal de los hechos.
- ἀκοή : obtención de noticias a través de fuentes orales o escritas.
- γνώμη: deducción personal.
5.1.2. Principales autores y obras.
Dejando los autores de época romana, Polibio y Plutarco, los autores fundamentales
de la historiografía griega son Heródoto, Tucídides y Jenofonte.
5.2.1. Heródoto.
No se puede hablar de Historiografía hasta el siglo V a.C. con la obra de Heródoto,
quien dedicó su obra a narrar un hecho contemporáneo, el enfrentamiento entre
griegos y persas conocido como las Guerras Médicas; su obra está dividida en 9
libros, cada uno nombrado con el nombre de una de las Musas. En ellos se narra con
objetividad y precisión la historia de este conflicto entre Oriente y Occidente.
Como pretendía que su obra fuera entretenida no dudó en añadir una buena dosis de
dramatismo a la narración, amenizándola con abundantes detalles sobre los aspectos
más curiosos de los pueblos y las culturas tanto de los griegos como de los bárbaros,
siendo el resultado una mezcla de historia, etnología y anécdotas.
Su metodología histórica se basaba tanto en la observación personal como en la
obtención de datos a partir de fuentes escritas y orales que, sin embargo, no somete a
crítica. Aparte de esta insuficiencia, la obra de Heródoto tiene la característica de no
dar explicaciones políticas o comentarios de los acontecimientos y dar aún un
excesivo protagonismo a los dioses como responsables de los destinos humanos.
Aparte de estos problemas excusables en todo pionero, la obra de Heródoto es
importante porque supuso un impulso decisivo al género historiográfico, pues
constituye la primera descripción del mundo antiguo a gran escala. Es la primera obra
extensa que tenemos en prosa griega y es considerada por los historiadores una
fuente importantísima a causa de su gran veracidad. Por esto Cicerón le nombró pater
historiae.
El pensamiento político de Heródoto es también importante. Está convencido de los
beneficios que representaba la libertad tomando como ejemplo el auge que alcanzaron
los atenienses una vez instaurada la democracia. Por eso nos cuenta las Guerras
Médicas, por mostrar cómo la libertad de los griegos fue decisiva a la hora de luchar y
derrotar al ejército persa formado por súbditos al rey.
A nosotros Heródoto nos interesa sobre todo por su pensamiento ético, que tiene un
valor totalmente actual. Cuando nos describe costumbres de los pueblos extranjeros,
su entusiasmo nos hace entender la necesidad que tenemos los hombres de entender
y respetar la diversidad cultural y el pluralismo. Recordamos la historia de Darío, que
reunió en su corte un grupo de indios y de griegos para ponerlos a prueba. Primero
preguntó a los griegos con qué compensación estarían dispuestos a comerse sus
familiares muertos. Cuando estos respondieron que no lo harían por nada del mundo,
se dirigió a los indios y les preguntó qué los podría convencer a ellos para que
enterraran a sus muertos, y aquellos entonces se llevaron las manos a la cabeza
escandalizados. Este es un ejemplo de porqué todos pensamos que las propias leyes
o costumbres son siempre las mejores.
5.2.2. Tucídides.
Después de Heródoto la historiografía da un paso decisivo con Tucídides, quien
compuso una historia sobre la Guerra del Peloponeso.
Se diferencia de su predecesor por el contenido, por su método y su finalidad: Si
Heródoto describe un conflicto bélico del pasado, entre pueblos distintos
culturalmente, Tucídides centra ahora la atención en un acontecimiento
contemporáneo de su ciudad. Es decir, no le interesa la historia universal, sino que
reduce el horizonte de su actividad literaria a un período concreto de un lugar
particular. Tucídides deja de lado los mitos y prescinde de todas las informaciones que
no son seguras, desestimando las informaciones difíciles de verificar como la de los
logógrafos. Tucídides quiere llegar a la verdad de los hechos porque ya no se propone
entretener, sino ofrecer unos conocimientos que tuvieran valor paradigmático;
pretende transmitir un mensaje universal y explicar el presente y el futuro mediante el
pasado.
Para Tucídides hay unas leyes inmutables que rigen el comportamiento humano, que
se repiten independientemente de las épocas y que hay que conocer para entender lo
que nos rodea y evitar así repetir los errores. Tucídides piensa que en la naturaleza
humana hay siempre un deseo de dominar a los demás para satisfacer los nuestros
propios intereses y esto es los que explica, en último término, las causas de las
guerras. Por todo esto podríamos decir que Tucídides es un pensador político o el
creador de la historia política.
5.2.3. Jenofonte.
La obra literaria de Jenofonte fue prolífica y de contenido diverso. Tiene obras de
carácter histórico–político, como la Anábasis, que narra la expedición en ayuda del
príncipe persa Ciro contra su hermano, basada en el relato de su propia experiencia
militar y el posterior regreso de los mercenarios griegos, o las Helénicas, continuación
de la obra de Tucídides sobre la guerra del Peloponeso. Otras son de carácter
filosófico, como la Apología de Sócrates, que reconstruye la defensa del pensador
ante los jueces, escrita según algunos autores en respuesta a la Apología compuesta
por Platón. Escribió también obras didácticas, como la Ciropedia, la historia novelada
de Ciro el Viejo, que contiene numerosas opiniones sobre la política con una finalidad
moral; o el Cinegético, un tratado de caza en el que se insiste en su valor educativo en
el desarrollo del carácter y como entrenamiento para la guerra.
Por lo que respecta a las obras históricas, hay que decir que Jenofonte no continúa el
método de Tucídides, ya que no hay en su obra reflexión sobre las causas y
consecuencias de los hechos. Jenofonte suele perderse en la acumulación de
episodios y discursos sin una lógica interna, salvo la cronológica. Hoy se lo estima
más como literato que como historiador, es decir no tanto por la exactitud histórica
como por la sencillez de su prosa y su estilo vivo.
De Jenofonte destaca también el interés por la psicología de los individuos. Mientras
que Tucídides no trataba las personalidades concretas, pues la raíz de los conflictos
para él sobrepasa los hombres particulares, en Jenofonte hay una preeminencia del
individuo sobre la colectividad. Un claro ejemplo es la Apología de Sócrates, donde el
historiador trata de exponer el comportamiento y la reacción de su maestro delante del
tribunal que le juzgó y le condenó.
5.3. Influencia posterior.
La literatura es una de las aportaciones del mundo clásico que aún perviven con
mayor vigor en nuestros días. De hecho puede decirse que la literatura, tal y como la
entendemos hoy, es un invento genuinamente griego y latino. Darle a la palabra
escrita un valor estético es algo que ya había ocurrido antes pero no con la intensidad
e importancia que adquirió en la antigüedad clásica.
Las literaturas occidentales son hijas y deudoras de la literatura griega. Así, Homero,
Sófocles, Píndaro, Tucídides, Aristóteles ... sentaron las bases de la épica, el teatro, la
lírica, la historia o la filosofía, respectivamente.
La influencia que la literatura griega ejerció sobre las literaturas occidentales se
produjo a través de los autores latinos, sobre todo hasta el siglo XIX. Fue a partir del
Romanticismo cuando se halló en los originales griegos una fuente renovadora de la
literatura occidental.
De entre los historiadores griegos, Tucídides fue el más conocido y valorado en los
siglos posteriores. Su senda la siguen en Grecia Jenofonte y Polibio y más tarde en
Roma Salustio. Su influjo siguió siendo importante en la época renacentista. Jenofonte
fue muy valorado por su sencillez. En Roma su influjo se percibe en Cicerón y Séneca.
Su imagen de gobernante ideal, recogida en Ciropedia, se percibe en una obra
renacentista tan relevante como El Príncipe de Maquiavelo.
LA HISTORIOGRAFÍA LATINA
1) Orígenes.
Como precedentes de la historiografía latina pueden considerarse una serie de
documentos muy antiguos de carácter público o privado.
Entre los documentos públicos figuran los siguientes:
Foedera regum, o tratados con los reyes de los pueblos vecinos. Son documentos
mitad jurídicos y mitad religiosos, ya que se firmaban con el ofrecimiento de un
sacrificio a los dioses y con unos ritos y fórmulas especiales.
Actas de los magistrados, solían registrar los acontecimientos más importantes relacionados
con el desempeño de las funciones de los magistrados. Se guardaban en los archivos oficiales
y constituían una fuente histórica de primer orden. Los más importantes de estos documentos
eran los elaborados por los pontífices: los Libri Pontificum o Annales Maximi. En ellos se
incluían, año por año, los sucesos más dignos de recordarse, sobre todo los relacionados con
la religión y el culto y era especialmente destacable la publicación del calendario anual, que
señalaba las fechas de comienzo y final del año, los días laborables y no laborables, las fiestas,
los aniversarios, etc. La colección de estos calendarios constituyó una preciosa fuente de
noticias para los historiadores romanos.
Entre los documentos privados figuran los siguientes:
Laudationes fúnebres, discursos en alabanza de un difunto, que solían ser pronunciados en
los funerales por un miembro muy allegado de la familia.
Tituli imaginum, inscripciones grabadas debajo de los retratos o mascarillas de un difunto y
que contenían su nombre, sus hazañas, sus magistraturas, etc.
Ambos tipos de documentos privados, estaban guardados en los archivos familiares de las
familias más importantes y constituían una especie de historia de dichas familias.
2) Nacimiento de la historiografía latina. Los analistas.
Las primeras noticias sobre Roma y sus guerras expansivas se propagan a través de
historiadores griegos no afectos a la causa romana. Esto fue tal vez lo que decidió a los
romanos a escribir su propia historia, movidos por una reacción nacionalista y una intención de
propaganda política.
Siguiendo la tradición de los pontífices y otros magistrados, que llamaban annales a las actas
y documentos redactados en el ejercicio de sus funciones, los primeros historiadores dieron a
sus escritos el mismo nombre de Annales, pues solían narrar los sucesos año por año; y ellos
mismos son conocidos con el nombre de "analistas".
El primer analista romano es Fabio Píctor, que escribe a finales del siglo III a. C. Sus
anales abarcan desde la llegada de Eneas al Lacio hasta la segunda guerra púnica, época en
la que vivió el autor. Tanto él como sus inmediatos sucesores escriben sus historias de Roma
en griego, tal vez para que llegaran a los mismos lectores a los que había llegado una visión
antirromana de los mismos sucesos. Cincio Alimento, que fue prisionero de Aníbal en la
segunda guerra púnica, escribe en griego acerca de los enfrentamientos bélicos de Roma y
Cartago animado por intereses claramente propagandísticos, igual que Fabio Píctor.
A pesar de estos precedentes remotos, se considera a Marco Porcio Catón el verdadero
fundador de la historiografía latina. Nacido en Túsculo en el 234 a. C., se alistó muy joven en el
ejército para combatir en la guerra contra Aníbal. Inició después una brillante carrera política
que lo condujo al consulado en el 195 a. C. Luchó siempre contra la corrupción en las
costumbres y en la política y fue enemigo de todo lo griego; decía de los griegos: "sus médicos
envenenan el cuerpo y sus filósofos envenenan el alma".
Catón es el autor de la primera obra histórica en latín, titulada Origines y compuesta por
siete libros que abarcan desde el primitivo período monárquico y la fundación de ciudades
griegas en la península itálica hasta los comienzos de la Segunda Guerra Púnica. Esta obra no
es una mera crónica de sucesos, como las obras de los analistas anteriores, sino también una
aproximación crítica a las causas que los han motivado y posee una estructura compleja que
incluye digresiones geográficas y comentarios personales del propio autor. A diferencia también
de los analistas, Catón no se ciñe a la historia de Roma, sino que abarca la de toda Italia. No
menciona nombres de caudillos ni de héroes; el héroe de su historia es el pueblo romano.
También esto lo distingue grandemente de los analistas, que convirtieron la historia de Roma
en una historia de las grandes familias (a veces, sus propias familias) y de los grandes
generales.
4) La historiografía imperial.
La historia a comienzos del Imperio
4. a. Tito Livio (59 a. C.-17 d. C.)
Tito Livio nació en Padua, antigua ciudad gala del Véneto. Se trasladó aún joven a Roma
para completar su formación literaria y filosófica, y allí asistió al final de las guerras civiles y a la
subida al poder de Augusto, del que fue amigo personal. Sin embargo, permaneció siempre
alejado de la escena política y prefirió dedicar toda su vida a componer la monumental obra Ab
Urbe condita libri (Historia de Roma), desde los orígenes de la ciudad hasta la muerte de
Druso en el año 9 a. C. Alcanzó una enorme fama como literato y al final de su vida regresó a
Padua.
Su gran obra, Ab Urbe condita libri, estaba formada por 142 libros, de los que solo han
llegado hasta nosotros los libros 1 a 10 y 21 a 45. De los volúmenes perdidos se conservan
desde antiguo resúmenes y extractos que nos permiten conocer cuál era su contenido. Los
libros 1-15 contienen la leyenda de la fundación de Roma y los sucesos acaecidos durante el
período republicano hasta el final de la incursión de los galos en el 293 a. C.; los libros 16-30
narraban las dos primeras guerras púnicas; y los libros 31-45 comprenden el período de las
guerras macedonias (201-167 a. C.) hasta la batalla de Pidna.
En el prefacio de la obra expone Tito Livio los motivos que le han impulsado a acometer la
redacción de una obra tan extensa: "Será para mí una satisfacción haber contribuido a evocar
los hechos gloriosos del pueblo que está a la cabeza de todos los del universo". Afirma que
"jamás hubo una nación más grande, más pura, más rica en buenos ejemplos, ni ciudad a la
que tardaran más en llegar la ambición y el lujo y que conservara más tiempo el culto a la
austeridad y a la economía"; pero luego las riquezas y la ambición la corrompieron y es preciso,
según Livio, estudiar su historia para imitar lo bueno y rechazar lo malo.
Tito Livio coincide con Nepote y Salustio en el sentido ejemplarista y moralista de la
historia. Y tiene, además, una característica propia: la exaltación de Roma por encima de todo.
Las virtudes que quiere que su obra infunda en sus conciudadanos son el amor a la patria, el
respeto al mos maiorum (costumbre de los antepasados), la concordia civil y la religiosidad
profunda, todo lo cual coincide punto por punto con el programa restaurador de Augusto. Su
concepción de la historia está dominada por un profundo amor a la patria y sentido del deber, la
observancia incondicional de las leyes y la misión providencialista y universalista de Roma. La
historia de Livio es nacionalista; el protagonista es el pueblo romano que ha salido a flote de
una y mil miserias, que acaba de poner en pie un imperio.
En su obra Tito Livio ha trazado la imagen del romano ideal: heroico, trabajador, constante,
amante de la tradición, respetuoso con sus dioses. El fatum, el destino cuyos hilos parecen
mover los propios dioses, se utiliza a veces para explicar determinados acontecimientos.
En cuanto a su método histórico, Tito Livio no se muestra habitualmente demasiado crítico
en el empleo de las fuentes y suele recoger muchas leyendas transmitidas por historiadores y
analistas anteriores, aunque sin llevar a cabo una investigación profunda de los documentos ni
contrastar los testimonios contemporáneos. Livio elabora su historia sobre materiales que en
muchas ocasiones son de segunda mano; obras de autores que no conocemos bien, de donde
ha ido seleccionando y eliminando a su conveniencia. Ha compuesto de forma rápida una
historia que, por fuerza, no puede ser ni muy original ni muy crítica. Su amor a Roma hace que
conceda crédito a cualquier información, por hinchada que esté, que redunde en prestigio y
gloria de sus antepasados. Pero hay que tener en cuenta que para llevar a cabo la redacción
de su monumental obra, Tito Livio se encontró con tres dificultades importantes:
La falta de información, especialmente en todo lo referente a la época primitiva. Hasta
la instauración de la República se sospecha que la historia de Roma pertenece más a
la leyenda que a la realidad.
La imposibilidad de acceder a los archivos públicos y privados; varios documentos
oficiales se hallaban dispersos, escritos a veces en lenguaje poco claro y, en
consecuencia, ofrecían serios problemas de interpretación.
Livio carecía, al revés que César o Salustio, de formación política de tipo práctico.
Jamás había desempeñado cargos públicos; le faltaba, por tanto, experiencia para
emitir juicios e interpretar datos que no tienen a veces el significado simple que en una
primera lectura pueden aparentar tener.
Una gran cantidad de discursos pueblan la obra de Tito Livio y están construidos conforme
a las reglas más estrictas de la preceptiva retórica. Y esto se debe a que para los historiadores
antiguos la historia era un género literario, no una obra científica. Desde el punto de vista de la
historia científica moderna, es inaceptable poner en boca de los personajes discursos
inventados, aunque sean literariamente excelentes. Esto lo hacía Tito Livio a pesar de tener a
mano los discursos que verdaderamente pronunciaron dichos personajes. Hay quien le criticó
el empleo de modos dialectales o locales en la composición de su obra, puesto que él era
natural de Padua, pero lo cierto es que Tito Livio es todo un modelo de prosa latina clásica. Su
estilo contrasta con el de Salustio, ya que a la brevedad de éste, Tito Livio contrapone la
amplitud y la riqueza de los períodos sintácticos y el ornato propio de la prosa artística. Otro
rasgo distintivo de su estilo es el color poético que tiñe su prosa. Se le ha llamado "el poeta de
la historia". Está influido por los grandes poetas augústeos y el carácter poético de su prosa se
percibe especialmente en los primeros libros. Incluso invoca a los dioses al comienzo de su
obra, como los poetas épicos.
4. b. Tácito (50 d. C.-120 d. C.)
Cornelio Tácito debió de nacer en el norte de Italia o bien en la Galia. En el 77 d. C.,
contrajo matrimonio con la hija de Julio Agrícola, un alto funcionario imperial. Recibió una
excelente formación oratoria y se dedicó a la carrera forense. Durante el reinado de
Vespasiano, comenzó su actividad política, convirtiéndose en pretor y después en cónsul. En el
año 112, el emperador Trajano le concedió el cargo de procónsul de Asia. Su muerte se
produjo durante el reinado de Adriano.
La producción historiográfica de Tácito está formada por dos obras menores de carácter
monográfico, Agrícola y Germania, y dos obras mayores, Anales e Historias.
Agrícola (De vita et moribus Iulii Agricolae), es una biografía de tipo encomiástico de
su suegro Julio Agrícola, un afamado general romano que se distinguió por ser el
primero que conquistó las islas británicas (después de los infructuosos intentos de
César). La obra contiene abundantes digresiones de tipo geográfico e histórico sobre
Britania. Constituye también un violento ataque contra la tiranía de Domiciano, a quien
acusa veladamente del asesinato de su suegro. Especialmente notable es, junto a la
del protagonista, la figura de Calgaco, jefe de los britanos, en cuya boca pone el
historiador un discurso con la denuncia probablemente más dura escrita por un autor
latino contra el imperialismo romano; impresiona la comprensión de Tácito hacia las
razones de un pueblo enemigo en pro de su resistencia contra Roma.
Germania (De origine et situ Germanorum), es una monografía de tipo geográfico y
etnográfico sobre los pueblos germanos. En la primera parte de la obra se hace una
descripción de Germania y de su población en general, con la vida y costumbres de
sus habitantes; en la segunda parte, se hace una descripción particular de cada uno de
las tribus germanas. Los germanos constituían una amenaza para Roma y contra ellos
combatieron César, Tiberio, Germánico y el propio Trajano. Tácito pinta de forma
expresiva el contraste entre la rudeza primitiva, el valor y las costumbres sanas de este
pueblo y la decadencia y corrupción de los romanos.
Historias (Historiae), constituyen una crónica de la historia de Roma durante la
dinastía Flavia, desde la muerte de Nerón (68 d. C.) hasta el final del reinado de
Domiciano (96 d. C.). Constaban de catorce libros, de los que sólo se conservan los
cuatro primeros.
Anales (Annales), estaban formados primitivamente por dieciséis libros, de los que
sólo se conservan los seis primeros, que abarcan desde la muerte de Augusto hasta la
de Tiberio.
En sus obras históricas, Tácito manifiesta su deseo de narrar los hechos sin rencor ni
parcialidad, y para ello recurre a multitud de fuentes que maneja con cuidado: los analistas
anteriores, las actas del Senado, los diarios oficiales y los archivos de palacio. También toma
datos de testigos oculares y de protagonistas de episodios concretos.
Para Tácito, el historiador no es un mero narrador; es, antes que nada, un investigador que
debe ser imparcial. Si el historiador debe ser un investigador, no cabe duda de que Tácito lo es,
según lo expuesto en el párrafo anterior, pero no podríamos calificarlo de imparcial. Tácito
pretende serlo, pero no lo es: en los Anales no deja títere con cabeza, fustiga el régimen
imperial, condena la violencia, repudia la adulación servil de los senadores, detesta la
vulgaridad y la incultura de la plebe. Los héroes no existen; quienes dan su vida por la libertad
mueren inútilmente; el Imperio es una especie de túnel al final del cual no parece vislumbrarse
la luz. Frente al protagonismo de las grandes instituciones romanas en la obra de Tito Livio, la
de Tácito se caracteriza por el predominio de los personajes individuales como motores de la
historia. Rasgos muy acusados de sus obras son el pesimismo y la falta de confianza en la
condición humana, probablemente motivada por las intrigas palaciegas y la convulsionada
época que le tocó vivir. Tácito es un verdadero maestro de la caracterización psicológica de
personajes y situaciones. Sus retratos literarios adquieren en ocasiones un profundo tono
dramático más propio de la tragedia que de la Historia.
Como Salustio y Tito Livio, tiene una concepción moralista de la historia, cuya función es,
según sus palabras, "preservar del olvido a la virtud y refrenar los vicios".
Desde el punto de vista estilístico, Tácito coincide con Salustio en su predilección por la
brevedad, pero lleva este concepto de brevedad y concisión hasta límites insospechados. No
sólo prescinde de todos los elementos superfluos, sino que incluso elimina elementos no
superfluos. El lector se ve así obligado a entender y sobreentender; no basta con leer para
comprender lo que el historiador dice, sino lo que realmente quiere decir y dar a entender. El
afán de concisión de Tácito se refleja, por ejemplo, en el abundante uso que hace de la elipsis
de formas verbales y el empleo del discurso indirecto libre. Coincide igualmente con Salustio en
el gusto por la asimetría en la construcción de frases y períodos.
Tácito fue leído con interés y su obra conoció gran éxito en época antigua; se eclipsó durante la
Edad Media y volvió a causar furor en el Renacimiento. Hoy por hoy, la mayoría de las
llamadas novelas históricas son deudoras de su obra.
Tema II: Agustín de Hipona y la teología de la historia. Los rasgos de la
historiografía cristiana. Las dos ciudades.
Bibliografía: COLLINGWOOD, R. G., "La influencia del cristianismo", en su obra Idea de la
historia,
1.- El fermento de las ideas cristianas.
En este ensayo Collingwood plateará una tesis en la que la historiografía como
disciplina presenta tres grandes crisis, la primera, la de la antigüedad y será
consecuencia del Sustancialismo, la segunda la del renacimiento-edad media y la
crisis de la historia concebida como el plan divino, y la tercera la del siglo XIX
donde la historia ya tomará su actual forma científica.
Para Collingwood el cristianismo acabó con las dos características
fundamentales de la historiografía grecorromana, esto es su optimismo humanista
y el Sustancialismo metafísico, para sustituirlas por la visión de la historia como el
desarrollo de los planes divinos y la concepción ecuménica de la historia, donde
además los actores (los hombres) obran de acuerdo a su destino.
1) Superación cristiana del optimismo griego: Las líneas generales de lo que
será la historiografía cristiana (diferenciada claramente de su predecesora) están en
los planteamientos sobre la historia que realiza "San Agustín" en "La ciudad de
Dios", que plantea que el centro del desarrollo histórico está en los planes divinos.
El hombre es el ejecutante de los designios que Dios tiene preparado para él, y
obra en función de su naturaleza moviéndose en función de sus deseos sin conocer
cual es el motivo, ya que lo maneja la voluntad divina. Así el hombre aunque mero
ejecutante, es parte de los planes divinos. Se resuelve de este modo la cuestión
antropocéntrica por la teocéntrica{1} .
2) Superación cristiana del Sustancialismo:
"La doctrina metafísica de la sustancia de la filosofía grecorromana fue puesta
en crisis por la doctrina cristiana de la creación".
El dogma de la creación del mundo ex-nihilo sitúa la visión del tiempo no como
un ciclo de repetición sino como un transcurso lineal común origen y un fin. La
sustancia eterna es completamente sustituida por Dios (que es lo único eterno,
inmutable etc.) y aunque las ideas sobre la sustancia han dejado una fuerte
impregnación, todas las sustancias son entendidas como actos de Dios (creaciones
del mismo). El mismo Dios se tenía por una sustancia, pero que además de eterna
e inmutable era incognoscible por el pensamiento humano. Hasta el siglo XIII no lo
plantearía Sto. Tomas como un problema de fe y no e conocimiento (separación del
conocimiento revelado y del conocimiento objetivo - no revelado-, filosofía y
teología como campos separados). Santo Tomás definió a Dios como acto puro. En
este contexto se produjo la segunda crisis de la historiografía.
El efecto en la historiografía de la concepción cristiana fue triple:
a) La perspectiva a la hora de observar la historia es diferente a la de la
historia grecorromana. La historia se ve como el desarrollo de los planes divinos sin
que el hombre sea considerado más que agente que aunque crea que toma
decisiones, no lo hace (obedece a su destino).
b) Aunque preconcebidos, los cambios en la historia humana son aceptados
como elementos que influyen y modifican la realidad en la que ocurren Son
"construcciones" del mayor "arquitecto".
c) Estas modificaciones provienen de los dogmas de la gracia, la creación y el
pecado original. La tercera proviene del universalismo cristiano, que pretende la
historia más importante o universal es la de los cristianos independientemente de la
localización geográfica de los pueblos, y que todas las civilizaciones, culturas y
sociedades serán incorporadas cuando Dios lo tenga previsto.
2.- Características de la historiografía cristiana
Collingwood destaca que cualquier historia escrita bajo los presupuestos
cristianos tendrá las siguientes características: universal, providencial apocalíptica y
dividida en etapas.
I) Universalidad: Tratará de explicar el origen del hombre desde su
surgimiento hasta su presente y describirá auge y ocaso de las civilizaciones. Su
centro se desplaza desde una nacionalidad concreta a una creencia generalista.
II) Providencialidad: Un nuevo estilo literario que confiere a las narraciones el
"dramatismo" del plan divino.
III) Historia apocalíptica: Collingwood llama así a la historia que queda dividida
en dos a raíz de un solo suceso (el nacimiento de Cristo) La primera parte es la
anticipatoria y la segunda es el periodo post-revelación.
IV) Discurso por periodos: Los historiadores cristianos tenderán a dividir en
partes su narraciones (discurso en épocas y periodos)
Subir al principio del documento
Notas
{1} La omnipotencia divina es un dogma cristiano que fundamenta toda esta
doctrina, aunque igualmente la apoya con el dogma de la res