Uno de los métodos más tradicionales de ensayo en un laboratorio químico (y tal vez uno de
los primeros métodos de análisis químicos desarrollados, pues ya se llevaba a cabo en el
siglo XVII) es el ensayo a la llama de las sustancias. Se trata de un ensayo de tipo
cualitativo, es decir, con él podemos averiguar qué sustancias contiene
nuestra muestra problema, pero no en qué proporción (para esto último haría falta un
ensayo cuantitativo). Esto hace que el resultado del análisis sea un poco subjetivo, es decir,
depende de la persona que lo realiza, que debe asignar un elemento químico al color
observado.
Dada su importancia, antes de considerar las coloraciones de los distintos ensayos a la llama,
hablaremos de la llama en sí misma y de sus características. La llama de un mechero
Bunsen puede actuar como fuente térmica y luminosa, pero también como reactivo
químico con poder oxidante y reductor. El hecho de que una llama tenga más capacidad
oxidante o más capacidad reductora, se puede lograr regulando la entrada de aire. Así,
tenemos:
La combustión con exceso de aire produce una llama oxidante (exceso de
oxígeno, O2) y los componentes del combustible arden totalmente, por lo que resulta incolora.
La combustión con defecto de aire, por su parte, es incompleta y produce una
llama reductora. De esta forma queda carbón incandescente muy subdividido y un exceso de
monóxido de carbono, CO. Esta llama es poco calorífica, brillante, reductora y tóxica.
No toda la llama del mechero es reductora u oxidante, sino que, en verdad, aunque en distinta
proporción, todas las llamas presentan zonas reductoras y oxidantes, es decir, dos partes
diferenciadas: el cono interior, brillante y reductor, de combustión incompleta y baja
temperatura y el cono exterior, incoloro, oxidante y de gran poder calorífico, donde se
produce, como hemos dicho antes, una combustión completa.
En los ensayos a la llama, de los cuales hablaremos en esta entrada, generalmente se usa
inicialmente la base de la llama (menos calorífica) y seguidamente se puede utilizar la zona
oxidante, más calorífica, con diferentes propósitos.
Ensayos de coloración a la llama: fundamento
En el ensayo de coloración a la llama ésta actúa como fuente energética. De esta forma, la
energía de la llama posibilita la excitación energética de algunos átomos (en estado normal
se hallan en estado fundamental). Cuando estos átomos excitados regresan al estado
fundamental emiten radiación de longitudes de onda características para cada elemento.
Esta energía emitida por los elementos, en este caso en la región visible del espectro
electromagnético, es lo que se conoce como espectro de emisión, y es la base no sólo para
los ensayos cualitativos a la llama, sino también para técnicas de análisis cuantitativo como la
espectroscopía atómica de emisión.
La longitud de onda de la radiación emitida dependerá, concretamente, de la diferencia de
energía entre los estados excitado y fundamental según la fórmula de Planck para
las transiciones electrónicas (E = h·v, donde E es la energía de la transición, h la constante
de Planck y v la frecuencia).
Sin embargo, puesto que la llama no es una fuente muy energética, sólo es capaz de
excitar átomos que exijan poca energía para ser excitados (que presenten transiciones
electrónicas poco energéticas) esencialmente en la zona visible del espectro (por ejemplo,
alcalinos y alcalinotérreos y algunos otros, como cobre y talio; cabe destacar, no obstante, que
el berilio y el magnesio, dos alcalinotérreos, no dan color a la llama).
Realización del ensayo a la llama y coloraciones
características
El ensayo se realiza con un hilo de platino limpio, procurando que el compuesto sea lo
más volátil posible. Para lograr esta volatilización, con frecuencia se humedece con ácido
clorhídrico (frecuentemente se forman haluros volátiles) si bien, dependiendo del contraión
del metalcorrespondiente, se pueden requerir distintos procedimientos de análisis. Por
ejemplo, si tenemos un silicato, se mezcla primero con CaSO4 en proporción 1:1, ambos muy
bien pulverizados, y se empastan con 2 o 3 gotas de clorhídrico concentrado, llevándose la
mezcla a la llama, o si tenemos los sulfuros insolubles, se tuestan inicialmente para
transformarlos en SO4(2-) y luego se humedecen en ácido clorhídrico concentrado; los
sulfatos poco solubles se reducen previamente a sulfuros manteniéndolos un rato en la zona
reductora de la llama.
Una vez que se tiene el compuesto a ensayar en el extremo del hilo de platino, se
introduce en la llama; primero se hace en la base de la llama para evitar que los compuestos
más volátiles pasen desapercibidos y después se ensaya en zonas de mayor temperatura. En
función del color que se produzca en la llama, el ensayo será positivo para un elemento u otro;
en ocasiones, para observar mejor el color, se suelen usar vidrios coloreados.
Así, ¿cuáles son las coloraciones más características de los distintos elementos que se
pueden ensayar a la llama? ¿Qué elemento cabe suponer si aparece un color u otro?
o Carmín: litio. Color muy persistente y fácil de observar. Aún así, se puede
observar a través de un vidrio azul, en cuyo caso se ve violeta, y a través de un vidrio verde,
que deja de observarse el color.
o Anaranjada o rojo ladrillo: calcio. Se trata de un color fugaz (por volatilidad),
fácil de confundir con el estroncio. Si se observa a través de un vidrio azul se ve de color
verde.
o Escarlata: estroncio. Es un color fugaz y, como hemos dicho, por esto mismo
resulta fácil confundirlo con el calcio, más por su fugacidad que por semejantes en la
tonalidad. En efecto, ya vimos en la entrada sobre los colores en los fuegos artificiales que
el estroncio suele ser el responsable del color rojo de los mismos.
o Amarillo: sodio. Se trata de un color intenso y reconocible. El color es
invisible a través de un vidrio azul de cobalto, por lo que se usa para evitar que el sodio actúe
como interferente en el ensayo de otros elementos, como por ejemplo el potasio. A través de
un vidrio verde se ve amarillo anaranjado. El sodio es muy frecuente como contaminante en
sales de otros elementos metálicos y no es rara su interferencia.
o Violeta pálido: potasio. Es un color difícil de observar, además de que el
sodio suele interferir. Por este motivo se suele observar a través de un vidrio azul de cobalto,
para que el sodio no interfiera, en cuyo caso se observar un violeta púrpura.
o Verde pajizo: bario. Es difícil de excitar (transición electrónica energética) por
lo que requiere una llama con bastante potencia. Si la llama no es adecuada no se podrá
observar.
o Verde puro: talio (en llama reductora) y teluro (en llama oxidante). El talio
sólo se podrá observar al excitar en la base de la llama y es muy fugaz porque forma sales
bastante volátiles.
o Verde pálido: vanadio y molibdeno.
o Verde esmeralda: sales de cobre, excepto los halógenos.
o Azul verdoso: haluros de cobre.
o Azul pálido: plomo, bismuto, astato, antimonio y teluro (si se ensaya en
llama reductora; ya hemos visto que el teluro en llama oxidante da color verde). Todos estos
elementos deterioran el hilo de platino.
o Azul violáceo: sales de iridio y cloruro de estaño.
o Violeta débil y azulado: sales de rubidio y de cesio.
o Violeta intenso (morado): cianuros y cloruros de mercurio, como el HgCl2
y el Hg2Cl2.
Asimismo, el ensayo de coloración a la llama permite comprobar también la presencia de
halógenos si en lugar de usar un hilo de platino se usa un alambre de cobre previamente
calentado en llama oxidante hasta que no dé color verde. Una vez hecho esto, se toma la
sustancia con el hilo de cobre (sin humedecer con clorhídrico) y se ensaya a la llama: si ésta
toma un color verde azulado, es debido a los haluros de cobre volátiles.
Como veis, se trata de un ensayo sencillo, fácil de llevar a cabo con elementos habituales en
un laboratorio y poco costoso, y por este mismo motivo se llevaba a cabo de forma rutinaria
desde tiempo atrás, aunque hoy en día, como hemos comentado, se dispone de técnicas más
potentes (y mucho más costosas) que permiten no sólo determinar la presencia sino
cuantificar la concentración de la especie química. No obstante, el fundamento analítico es el
mismo: el hecho de que el espectro de emisión de un elemento químico es característico y
único para dicho elemento. Una auténtica huella dactilar que deja su rastro en la naturaleza.
Las reacciones de oxidación-reducción (también llamadas reacciones redox o reacciones
de transferencia de electrones), reciben este nombre porque al principio los químicos
clasificaron dentro de este tipo únicamente la reacción de ciertas sustancias con el oxígeno.
Por ejemplo, la reacción del hierro con el oxígeno:
Así, a este tipo de reacciones las llamaron reacciones de oxidación, mientras que
llamaron reacciones de reducción a aquellas reacciones en las que una sustancia perdía
oxígeno. Por ejemplo, la reacción del óxido de cobre(II) con el hidrógeno:
Sin embargo, a medida que la química avanzó, se observó que la transformación que sufre el
hierro en la reacción con oxígeno, es decir, pasar de hierro metálico al catión hierro(2+),
puede sufrirla por reacción con otros elementos. Por ejemplo:
La transformación que ha sufrido el hierro en su reacción con oxígeno y en su reacción con
cloro es la misma, por lo que, por analogía, a esta segunda reacción también se la
denomina reacción de oxidación, a pesar de que no hay intervención de oxígeno en la
misma.
Por tanto, ¿cómo podemos definir de una forma amplia las reacciones de oxidación
reducción? Se definen en términos de transferencia de electrones.
Oxidación: reacción en la que una sustancia pierde electrones.
Reducción: reacción en la que una sustancia capta electrones.
Es importante destacar que si una sustancia está perdiendo electrones en una reacción de
oxidación, necesariamente tiene que haber otra sustancia que los gane, de forma que ambas
reacciones, las reacciones de oxidación y las reacciones de reducción, son reacciones
complementarias. No puede haber una oxidación sin una reducción y viceversa, de forma
que en una reacción química redox una sustancia se comporta como un oxidante y una
sustancia se comporta como un reductor:
Oxidante: sustancia capaz de producir una oxidación, es decir, que puede captar
electrones de otra. Puesto que el oxidante capta electrones, durante el proceso se está
reduciendo.
Reductor: sustancia capaz de producir una reducción, es decir, que puede ceder
electrones a otra. Puesto que está perdiendo electrones en el proceso se está oxidando.
Cuando un oxidante reacciona se reduce (gana electrones), mientras
que cuando reacciona un reductor se oxida (pierde electrones).
Consideremos la reacción entre el catión Cu2+ y el zinc metálico (con estado de oxidación
0, Zn0). Se dispone de un vaso de precipitados que contiene una disolución de Cu 2+ y, en
dicha disolución, se introduce una barra de zinc metálico. Cuando ponemos en contacto
ambos reactivos se produce la siguiente reacción de oxidación-reducción:
Una cierta cantidad de cobre metálico se deposita en la superficie de la barra de zinc y una
cierta cantidad de catión Zn2+ pasa a la disolución.
Se trata de una reacción de oxidación-reducción puesto que, como podemos ver, el cobre ha
pasado de Cu2+ a Cu0 (ganando 2 electrones), mientras que el zinc ha pasado de Zn 0 a Zn2+
(perdiendo 2 electrones). Dado que el Cu2+ gana electrones se está comportando como
un oxidante y, a su vez, se está reduciendo; por su parte, puesto que el Zn0 pierde
electrones, se está comportando como un reductor y, a su vez, se está oxidando. A cada
una de estas dos reacciones complementarias se las denomina semirreacciones
(semirreacción de oxidación y semirreacción de reducción):
De forma general, cualquier reacción de oxidación-reducción se puede escribir como:
Los pares oxidante 1/reductor 1 y oxidante 2/reductor 2 reciben el nombre de pares redox
conjugados. Por ejemplo, el par Cu2+/Cu0 o el par Zn2+/Zn0.