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LINGUISTICA

El encuentro nacional de estudiantes finalizó con 1,500 estudiantes de universidades públicas y privadas reunidos para discutir temas como la autonomía universitaria, el bienestar estudiantil y la gratuidad en la educación. Los estudiantes critican fuertemente el programa Ser Pilo Paga porque consideran que los recursos que se invierten en este programa, que beneficia a estudiantes de universidades privadas, deberían destinarse a cubrir la matrícula de más estudiantes en universidades públicas. Como resultado del encuentro, los estudiantes convocaron a un par

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El encuentro nacional de estudiantes finalizó con 1,500 estudiantes de universidades públicas y privadas reunidos para discutir temas como la autonomía universitaria, el bienestar estudiantil y la gratuidad en la educación. Los estudiantes critican fuertemente el programa Ser Pilo Paga porque consideran que los recursos que se invierten en este programa, que beneficia a estudiantes de universidades privadas, deberían destinarse a cubrir la matrícula de más estudiantes en universidades públicas. Como resultado del encuentro, los estudiantes convocaron a un par

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Texto N1

Estudiantes protestan en la Universidad Nacional por Ser Pilo Paga

Educación

21 Mar 2018 - 6:53 PM

Redacción VIVIR

Finalizó el Encuentro Nacional de Estudiantes, que convocó a 2000 estudiantes de 70


universidades del país alrededor de los problemas de las universidades públicas. Su gran queja es
el programa Ser Pilo Paga, que de ser aprobado como política estatal, desataría un Paro Nacional
Estudiantil.

Protesta estudiantil (imagen de referencia)Archivo El Espectador

Finalizó el Encuentro Nacional de Estudiantes, que se realizó en la sede Bogotá de la Universidad


Nacional los días 17, 18 y 19 de marzo. Unas 1.500 estudiantes de universidad públicas y privadas
se reunieron alrededor de los temas de siempre: autonomía universitaria, bienestar universitario,
gratuidad en educación. Unos 2000 estudiantes de 70 universidades acamparon durante tres días
en el campus. En octubre del año pasado, las universidades públicas salieron a marchar en Bogotá
y Medellín por el programa Ser Pilo Paga.

¿La diferencia de esta reunión con la de octubre? Los estudiantes por fin pudieron decidir qué
querían hacer, después de 5 años de tire y afloje entre las organizaciones estudiantiles. Según el
comunicado del Encuentro, la discusión giró alrededor de la política bandera de los últimos dos
años en el Ministerio de Educación: Ser Pilo Paga.

Después de dos años de Ser Pilo Paga, ya va para la segunda generación de graduandos. La gran
crítica al programa es que con el presupuesto que se invierte en este programa (y que asciende a
los 3.5 billones de pesos), se podría pagar la matrícula de 450.000 estudiantes en instituciones
públicas y no privadas, que son las más acudidas por los estudiantes adscritos al programa.

Ser Pilo Paga recibe recursos por $498.000 millones y a la fecha ha beneficiado a 40.000
estudiantes de bajos recursos. De acuerdo con el Director de Planeación Nacional, Luis Fernando
Mejía, antes de la implementación del programa 1 de cada 3 ‘pilos’ de estratos 1, 2 y 3 podían
acceder a universidades. Después, 2 de cada 3 pilos se volvieron universitarios. Pero otros
difieren. 

Amalfi Bocanegra, representante estudiantil ante el Consejo Superior de la Universidad


Pedagógica, dijo a El Espectador que ese programa no cierra la brecha. De ese presupuesto las
universidades públicas recibieron poco más de 17.000 millones. Lo que temen los estudiantes es
que ese mecanismo de financiación ser convierta en una política de Estado, a la cual se le dé
continuidad en el siguiente Gobierno, y que el dinero de este programa se vaya a financiar 40.000
cupos que quieren abrir con ‘Ser Pilo Paga’, la mayoría en universidades privadas, y no a entregar
480.000 cupos en universidades públicas –como exigieron los marchantes en octubre y como
exigen los jovenes del Encuentro Nacional–. A 2017, el programa Ser Pilo Paga cubre a cerca
de 21.700 estudiantes.

Sergio De Zubiría escribió así en la revista Semana: “Es incomprensible que, teniendo
universidades oficiales de tan alta calidad, hayamos creado un programa para transferir
significativos recursos hacia las principales universidades privadas del país. También lo es que, de
los recursos del CREE que se destinaban el 100% a las universidades oficiales hasta el año 2015,
para el año 2017, el 66% de estos recursos se esté transfiriendo al Icetex y al programa Ser Pilo.
Quien conozca esto puede concluir que, contrario a lo que afirman sus defensores, el programa
bandera de la actual administración, claramente, está desfinanciando la educación pública”.

De acuerdo con Andrés Felipe Salazar, representante estudiantil de la Universidad Nacional, dice
que el Encuentro dice que se traslade el recurso a las universidades públicas sin afectación a los
Pilos para que se gradúen de los programas que eligieron, si SPP se transforma en una especie de
crédito condonable para que sea un programa de becas.  

De acuerdo con el comunicado del Encuentro, y según lo dicho por Salazar a El Espectador, los
estudiantes convocarían a un Paro Nacional Estudiantil en septiembre si pasan dos cosas: si Ser
Pilo Paga se convierte en política de estado (pues ya está en segundo debate en la Cámara de
Representantes, faltan otros dos), y si pasa el proyecto de ley sobre financiación contingente, que
en resumidas cuentas, busca que los egresados retornen al Estado el dinero que este les prestaría
para sus estudios, a través del Icetex, con base en los ingresos que reciban como profesionales.

En su comunicado, los estudiantes recordaron la grave situación financiera de la Universidad


Autónoma del Caribe, el déficit fiscal de las universidades públicas que suman 500.000 millones de
pesos y la propuesta del alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa, para que entrara la policía a apagar
las protestas en la Universidad Pédagógica.

En protesta, convocaron a un cese de actividades para el 24 y 25 de abril.

Temas relacionados

Educación

Ser pilo paga

Universidad Nacional

movimiento estudiantil

26 Comentarios

TEXTO N2
“La cultura nutre el lenguaje de la política con argumentos y formas de pensar”: dos
docentes sobre el panorama colombiano

Yolanda Reyes y Julián de Zubiría, dos reconocidos educadores y columnistas, opinan sobre el papel
de los medios en las elecciones y el lugar de la cultura y la educación en Colombia.

Yolanda Reyes y Julián de Zubiría son dos voces críticas e importantes a la hora de hablar de la


coyuntura nacional y la educación en Colombia. Cada uno lo hace desde su columna semanal,
Reyes en El Tiempo y Zubiría en Semana Educación. Cada uno lidera una institución educativa de
la capital que apuesta por una educación diferente.
Reyes es escritora y directora del jardín infantil y librería Espantapájaros, de Bogotá, que busca
formar niños a partir de la lectura. Un mundo que se construye, desde la primera infancia,
alrededor de los libros: “Nutrimos con lenguajes (artísticos, literarios) su psique, su vida emocional
y cognitiva, para que se expresen de muchas formas, conversen, discutan y disfruten la lectura”,
señala Reyes. Un modelo de educación que va dirigido a que los niños vean “el aprendizaje y las
preguntas como las tareas más apasionantes de la vida, desde la infancia”.

Zubiría, una figura ahora recurrente en diferentes programas de televisión, en los que se le ve
debatiendo sobre la actualidad del país, es rector del Instituto Alberto Merani de Bogotá. Es un
colegio que se enfoca no tanto en el aprendizaje, sino en la formación del estudiante con un
currículo que está enfocado en el desarrollo del pensamiento, la lectura crítica y la formación
ciudadana, lo que lo diferencia de otras instituciones educativas, según Zubiría. Él explica que
“siguen bajo el paradigma de la transmisión de información fragmentada e impertinente, que poco o
nada impactan las estructuras profundas para sentir y pensar en los niños y jóvenes”.

Hablamos con ellos sobre los tiempos que corren.

¿Qué se puede hacer para que la gente no vote engañada en las próximas elecciones? Y, en
este sentido, ¿qué papel cumplen los medios? La Silla Vacía, por ejemplo, tiene un “detector
de WhatsApp”: la gente les envía cadenas de WhatsApp que están circulando sobre la
actualidad política y ellos investigan para ver si es cierto lo que se dice y luego comunican
el resultado en sus redes.

Julián de Zubiría: Educar a la población para fortalecer un voto más reflexivo y consciente. Este
papel lo pueden cumplir los medios, las familias, las escuelas, las universidades y las iglesias.
Desafortunadamente casi ninguno de estos lo cumple y cuando lo hacen –como en el caso de
varias iglesias cristianas– es para beneficio de la propia comunidad, mezclando peligrosa y
equivocadamente la fe y las elecciones. Necesitamos fortalecer la educación política en las
instituciones educativas con ejercicios de elección de representantes y con simulación de las
campañas políticas en Colombia. Los medios tienen una enorme responsabilidad en diferenciar las
propuestas, en validar las promesas y en investigar antecedentes y acciones de los candidatos.
Como casi nada de lo anterior se hace y como el nivel educativo es tan bajo, sigue predominando
la manipulación emocional de los colombianos.

Le puede interesar:   La polarización de la TV

La gente vota desinformada por presidente y más aún por senadores y representantes. Es
común oír a alguien decir: necesito que me recomienden por quién votar en Senado y
Cámara. ¿Qué responsabilidad tienen los medios? ¿Realmente se preocupan por informar a
la gente?

Yolanda Reyes (respondiendo a esta y a la anterior pregunta): Hablar de "los medios" en general


puede llevar, si se me permite la redundancia, a generalizar, pues hay evidentes diferencias en la
manera como se plantea esa preocupación por informar. Quizás no todos los medios de
comunicación tengan como prioridad "informar" de la manera más objetiva posible (entendiendo,
por supuesto, que la objetividad en materia electoral es relativa). Y digo esto porque hay ejemplos
evidentes de otras prioridades electorales en los medios. Algunos les apuestan ostensiblemente a
un candidato o a una tendencia política, pero el problema es que, a diferencia de lo que ocurría
cuando había medios identificados con partidos políticos, y el lector lo sabía claramente y podía,
incluso, entender los sesgos, en la actualidad esa identificación ideológica y partidista no es tan
tajante. En muchas ocasiones, desde la manera de titular o desde el espacio concedido a uno u
otro candidato, hay una postura mediática que, más allá de informar, editorializa y toma partido,
pero que se presenta con una aparente neutralidad. Y entonces, es el elector  quien tiene que leer
entre líneas toda esa información que no se ha hecho explícita. Es un problema de lectura y por
eso no es ninguna casualidad que los vocablos ‘lector’ y ‘elector’ comparten casi todas las letras.
J.Z.: Los medios tienen una enorme responsabilidad que no cumplen. Podrían educar
políticamente si asumieran el rol formativo e investigativo que les corresponde. Deben investigar a
los candidatos para rastrear anomalías, propuestas y acciones en las que han participado los
candidatos. Deben sintetizar y diferenciar las propuestas. Deben comparar sus propuestas
anteriores con sus realizaciones. Deben promover un voto reflexivo, independiente y crítico.

Le puede interesar: Por un protocolo de los medios para cubrir las próximas elecciones

En medio de campañas políticas y del posconflicto, ¿qué puede aportar el sector cultural, de
instituciones gubernamentales o privadas, desde su campo? ¿Los escritores y artistas
tienen alguna responsabilidad?

Y.R.: Un escritor o un artista son tan ciudadanos, y por consiguiente tan responsables, como un
médico o un profesor o cualquier elector, sin importar su oficio. Con ello quiero decir que tiene toda
la responsabilidad de hacer una elección que no solo lo afecta a él sino a la colectividad de la que
hace parte. Ahora bien, alguien que escribe y orienta a la opinión, o una persona o institución que
trabaje específicamente en el sector cultural, tiene la responsabilidad de contribuir al debate con
argumentos. El trabajo cultural  consiste, en esencia, en construir alternativas simbólicas y
sistemas de lenguaje y de expresión para entendernos con los demás. Y en ese sentido, la cultura
nutre el lenguaje de la política con argumentos y formas de pensar, de entender y de expresar.

J.Z.: La responsabilidad de un intelectual es la de promover la reflexión y la lectura crítica de las


propuestas. Debe ayudar a encontrar inconsistencias e incoherencias en los planteamientos de los
políticos. Debe analizar la viabilidad de las propuestas y debe fortalecer el debate argumentado y
respetuoso de las propuestas.

En medio de campañas políticas y del posconflicto, ¿qué responsabilidad tienen los padres


de familia, los colegios y las universidades?

Y.R: Enseñar a hablar, a pensar, a discutir y a leer entre líneas, y ojalá, a escribir, pues escribir
confiere una distancia necesaria para pensar y para organizar el pensamiento. Nutrir el lenguaje,
que es una herramienta indispensable para enriquecer con versatilidad y con matices la discusión
política. Y también dar ejemplo. No sé si una sobremesa familiar vociferante que descalifique o
insulte a uno de sus comensales por sus ideas políticas sea un buen ejemplo para el ejercicio
democrático, y me temo que el hogar puede ser el primer lugar en el que se puede confundir el
disenso con el insulto. Este trabajo de proveer un lenguaje como herramienta argumentativa y
crítica tiene diversos grados de profundidad, pero es común a la enseñanza en cualquier grado:
desde la educación inicial hasta la universitaria.

J.Z: La paz se construye desde la educación, por ello, tenemos padres y educadores que hacen un
gran esfuerzo para fortalecer la tolerancia, el debate argumentado y el respeto a la diferencia de
opiniones, credos e ideologías.

Sin excepción, en todos los colegios y universidades debería promoverse un voto reflexivo,
independiente y argumentado. Eso se logra invitando a diversos candidatos, discutiendo
reflexivamente sus propuestas y ayudando a que los jóvenes conozcan y reflexionen sobre ellas.
Un proyecto muy bello del gobierno alemán se está implementando para construir una app que le
permita a los jóvenes conocer virtualmente su nivel de empatía con las propuestas de todos los
candidatos. Dicho dispositivo virtual fue adecuado a Colombia por la plataforma VICE y diversas
instituciones, como la MOE o el Instituto Alberto Merani, que estamos participando en calidad de
garantes. Cosas así fortalecerán y ampliarán la democracia en el país. Por ello, todos los medios,
deben impulsarla.

¿Qué le gustaría que hiciera el próximo presidente en materia de educación?


Y.R.: Que nombre a un ministro o ministra de educación que haya dedicado su vida personal y
profesional a pensar en educación, a formarse en educación y a educar. Que respalde, no solo de
forma declamativa, sino presupuestal y política, la educación pública: la escuela, la universidad y la
institucionalidad de lo público. Que le apueste a los docentes y a las escuelas de formación
docente. Que no permita que instituciones como Colciencias se politicen. Que articule los
esfuerzos educativos que se hacen en este país, tanto en lo privado como en lo público, pero sin
perder de vista la importancia de pensar la educación desde políticas centradas en lo público.

J.Z.: Un gran acuerdo nacional por la educación que garantizara recursos para ciencia y
educación; que asegurara educación inicial para todos los niños menores de 6 años y educación
superior a los jóvenes, y que llevara a cabo una profunda y estructural reforma a la formación de
docentes, al currículo. ¡Le llegó el momento a la educación en Colombia!

¿Usted cree que los presidentes se preocupan por incentivar la formación y difusión de
cultura en el país? Es decir, más allá de la existencia de un Ministerio de Cultura.

Y.R.: No me parece. Todo lo contrario. Pese a la importancia que podría tener en este momento
del país, la cultura no ha entrado en el discurso de los presidentes. Y me atrevería a decir que
tampoco en el de los candidatos presidenciales.

J.Z.: A ninguno de los últimos cuatro presidentes le ha preocupado ni la educación, ni la ciencia, ni


la cultura. Esperemos que no sigamos por el mismo camino, porque ningún país ha salido adelante
sin invertir en ciencia y en educación. La consigna que he lanzado es muy pertinente al respecto:
“Si tu candidato no sabe cómo cambiar la educación, cambia de candidato”.

TEXTO N3
¿Democracia sin lectura crítica?

Por JULIÁN DE ZUBIRÍA (*)

En Colombia solo tres de cada mil jóvenes escolarizados alcanzan esta habilidad a los 15 años.
Sin lectura crítica no es posible elegir de manera responsable. Mejorar la calidad de la educación
es necesario para vivir en una democracia.

 ¿Democracia sin lectura crítica? Foto: Semana


El periodista y escritor Eduardo Galeano sostiene que en el siglo XX se violaron la mayoría de
derechos humanos. Por ejemplo, durante los años setenta en el Cono se suprimieron los derechos
civiles, sociales y políticos. La tortura se convirtió en el método, por excelencia, para conseguir
información. El terrorismo de Estado  se usó indiscriminadamente con el fin de generar el miedo
constante en la población. El secuestro y la desaparición fueron el pan de cada día para los
sindicalistas, los intelectuales, los artistas y los estudiantes: casi todos ellos fueron catalogados
como subversivos. Los opositores fueron considerados indeseables. 

Para desgracia de la humanidad, quienes más ferozmente han violado los derechos humanos
jamás van presos. Ellos, como señala Galeano, tienen las llaves de las cárceles. Sin embargo, el
escritor sostiene que un derecho que no pudo ser eliminado: el derecho a soñar y a pensar distinto.
En esta última tesis no estaría de acuerdo con Eduardo Galeano.

En Colombia, y en diversos lugares del mundo, soñar y pensar distinto son actos que siguen
sacrificándose. La libertad necesita de condiciones que, desafortunadamente, no se cumplen en la
mayoría del continente. Solo son libres aquellos que piensan por sí mismos, dijo Kant dos siglos
atrás. La ignorancia hace a las personas presa fácil de los prejuicios sociales, políticos e
ideológicos; de la manipulación de los medios de comunicación, de las ideas mágicas,
simplificadoras y supersticiosas, de los personajes mesiánicos, del reduccionismo, la intolerancia y
el fanatismo.

Por eso, una persona que todavía no domina la lectura crítica tiene graves limitaciones para
interpretar la realidad material y simbólica. La lectura y la escritura de calidad nos liberan del
tiempo y del espacio en el que vivimos. Nos permiten trascender, interactuar y dialogar con
personas en múltiples contextos históricos, culturales y regionales. En consecuencia,
aprehendemos no solo de nuestra propia, limitada y singular experiencia, sino esencialmente de la
experiencia acumulada a lo largo de la historia por los 110.000 millones de seres humanos que, se
estima, nos han antecedido en su paso por el planeta Tierra.

Es por ello que la socióloga y antropóloga Michele Petit tiene razón cuando considera a la lectura
comprensiva como condición de la democracia. Sólo así , afirma, podremos elegir destino,
resistirernos de mejor manera a la opresión, y dejaremos de ser objeto de los discursos y los
pensamientos de otros. Alberto Merani, por su parte, explica que el hombre se vuelve humano,
“únicamente cuando ha convertido en instrumento de las relaciones sociales la cualidad objetiva
del pensamiento y el lenguaje; y concluye que sin educación no hay libertad y que sin libertad no
hay educación que valga la pena”. 

En Colombia solo tres de cada mil jóvenes escolarizados tienen un nivel de lectura crítica a los 15
años, según las últimas pruebas PISA que han sido aplicadas y tabuladas. Lo cual les permite
distinguir matices en las afirmaciones, captar los pensamientos profundos que subyacen a los
textos y encontrar posibles incoherencias en las ideas de un autor.  

¿Cómo serán las dificultades que tienen estos mismos jóvenes para distinguir matices en las
ideologías de los partidos políticos? ¿Cómo serán las limitaciones que tienen para comprender la
conveniencia de un programa político, económico o cultural y para evidenciar lo equivocado que
pueda ser elegir a un candidato en unas elecciones locales o regionales? Mientras los niveles de
comprensión lectora en el país permanezcan así no podremos hablar de democracia y libertad.
Necesitamos ciudadanos que puedan elegir y construir su propio destino. 

El país acaba de pasar por una jornada electoral que definió los gobernantes locales y regionales
para los próximos cuatro años. La conclusión es muy clara: mientras no mejoremos de manera
sensible la calidad de la educación no podremos hablar de que vivimos en una democracia. Los
niveles ínfimos de lectura crítica que hoy alcanza nuestra población demuestran que no estamos
en la capacidad de elegir adecuadamente.

En Colombia, millones de personas tienen más de dieciocho años, pero muy pocos son mayores
de edad en el sentido kantiano; es decir, muy pocos tienen herramientas y criterio para pensar por
sí mismos. Sin lectura crítica no es posible elegir de manera responsable. Es por ello, que mejorar
la calidad de la educación es una condición sine qua non para que podamos decir que vivimos en
una democracia. 

* Fundador y director del Instituto Alberto Merani.

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