César Vallejo
Altura y pelos
¿Quién no tiene su vestido azul?
¿Quién no almuerza y no toma el tranvía,
con su cigarrillo contratado y su dolor de bolsillo?
¡Yo que tan sólo he nacido!
¡Yo que tan sólo he nacido!
¿Quién no escribe una carta?
¿Quién no habla de un asunto muy importante,
muriendo de costumbre y llorando de oído?
¡Yo que solamente he nacido!
¡Yo que solamente he nacido!
¿Quién no se llama Carlos o cualquier otra cosa?
¿Quién al gato no dice gato gato?
¡Ay, yo que sólo he nacido solamente!
¡Ay, yo que sólo he nacido solamente!
Voy a hablar de la esperanza
Yo no sufro este dolor como César Vallejo. Yo no me duelo
ahora como artista, como hombre ni como simple ser vivo
siquiera. Yo no sufro este dolor como católico, como
mahometano ni como ateo. Hoy sufro solamente. Si no me
llamase César Vallejo, también sufriría este mismo dolor. Si
no fuese artista, también lo sufriría. Si no fuese hombre ni
ser vivo siquiera, también lo sufriría. Si no fuese católico,
ateo ni mahometano, también lo sufriría. Hoy sufro desde
más abajo. Hoy sufro solamente.
Me duelo ahora sin explicaciones. Mi dolor es tan hondo,
que no tuvo ya causa ni carece de causa. ¿Qué sería su
causa? ¿Dónde está aquello tan importante, que dejase de
ser su causa? Nada es su causa; nada ha podido dejar de
ser su causa. ¿A qué ha nacido este dolor, por sí mismo?
Mi dolor es del viento del norte y del viento del sur, como
esos huevos neutros que algunas aves raras ponen del
viento. Si hubiera muerto mi novia, mi dolor sería igual. Si
la vida fuese, en fin, de otro modo, mi dolor sería igual. Hoy
sufro desde más arriba. Hoy sufro solamente.
Miro el dolor del hambriento y veo que su hambre anda tan
lejos de mi sufrimiento, que de quedarme ayuno hasta
morir, saldría siempre de mi tumba una brizna de yerba al
menos. Lo mismo el enamorado. ¡Qué sangre la suya más
engendrada, para la mía sin fuente ni consumo!
Yo creía hasta ahora que todas las cosas del universo
eran, inevitablemente, padres o hijos. Pero he aquí que mi
dolor de hoy no es padre ni es hijo. Le falta espalda para
anochecer, tanto como le sobra pecho para amanecer y si
lo pusiesen en la estancia oscura, no daría luz y si lo
pusiesen en una estancia luminosa, no echaría sombra.
Hoy sufro suceda lo que suceda. Hoy sufro solamente.
Piedra negra sobre una
piedra blanca
Me moriré en París con aguacero,
un día del cual tengo ya el recuerdo.
Me moriré en París y no me corro
tal vez un jueves, como es hoy, de otoño.
Jueves será, porque hoy, jueves, que proso
estos versos, los húmeros me he puesto
a la mala y, jamás como hoy, me he vuelto,
con todo mi camino, a verme solo.
César Vallejo ha muerto, le pegaban
todos sin que él les haga nada;
le daban duro con un palo y duro
también con una soga; son testigos
los días jueves y los huesos húmeros,
la soledad, la lluvia, los caminos…