DIÁLOGOS DE PELÍCULAS
CON FALDAS Y A LO LOCO
- Hablé con mamá. Estaba tan contenta que
hasta lloró. Quiere que lleves su vestido de
novia. Es de encaje blanco.
- Osgood, no puedo casarme con el vestido
de tu mamá. Seguro que ella y yo… no
tenemos el mismo tipo.
- Podemos arreglarlo.
- Oh, no hace falta. Osgood, he de ser sincera
contigo. Tú y yo no podemos casarnos.
- ¿Por qué no?
- Pues, primero porque no soy rubia natural.
- No me importa.
- Y fumo. ¡Fumo muchísimo!
- Me es igual.
- ¡Tengo un horrible pasado! Desde hace tres
años estoy viviendo con un saxofonista.
- Te lo perdono.
- Nunca podré tener hijos.
- Los adoptaremos.
- No me comprendes, Osgood. (se quita la
peluca). Soy un hombre.
- Bueno, nadie es perfecto.
UN DÍA EN LAS CARRERAS
- ¿Ya has olvidado aquellas noches en la
Riviera cuando los dos contemplábamos el
cielo? Éramos jóvenes, alegres, inocentes.
La noche en que bebí champaña en tus
zapatos-dos litros. Hubiera cabido más,
pero llevabas plantillas. ¡Oh, Hildegarde!
No es que me importe , pero ¿dónde está tu
marido?
- ¡Ha muerto!
- Seguro que sólo es una excusa.
- Estuve con él hasta el final.
- No me extraña que falleciera.
- Lo estreché en mis brazos y lo besé.
- Entonces, fue un asesinato. ¿Te casarías
conmigo? ¿Te dejó mucho dinero?
Responde primero a lo segundo.
- ¡Me dejó toda su fortuna!
- ¿No comprendes lo que intento decirte? Te
amo. Pensarás que soy un sentimental, pero
¿te importaría darme un mechón de tu
cabello?
- ¿Un mechón de mi cabello?
- Y no te quejes. Te iba a pedir toda la
peluca. Cásate conmigo y tendremos
nuestra propia familia.
- Oh, sería maravilloso. Y dime, cariño,
¿tendríamos una bonita casa?
- Pues claro. ¿No estarás pensando en
mudarte?
- Temo que después de llevar algún tiempo
casados, encuentres una mujer hermosa y te
olvides de mí.
- No te olvidaré. Te escribiré todas las
semanas.