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La Gallinita Roja y Choco

La gallinita roja encuentra una semilla de trigo y decide plantarla, cosecharla, molerla y hornear pan ella misma después de que el perro, el gato y el cerdo se niegan a ayudarla. Al final, la gallinita roja se come todo el pan.

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La Gallinita Roja y Choco

La gallinita roja encuentra una semilla de trigo y decide plantarla, cosecharla, molerla y hornear pan ella misma después de que el perro, el gato y el cerdo se niegan a ayudarla. Al final, la gallinita roja se come todo el pan.

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Cuento de la gallinita roja

Érase una vez una gallinita roja que encontró un grano de trigo.
—¿Quién plantará este grano? —preguntó.
—Yo no —dijo el perro.
—Yo no —dijo el gato.
—Yo no —dijo el cerdo.
—Entonces lo haré yo —dijo la gallinita roja—. ¡Clo, clo!
Y plantó el grano de trigo y este creció muy alto.
—¿Quién cortará este trigo? —preguntó la gallinita roja.
—Yo no —dijo el perro.
—Yo no —dijo el gato.
—Yo no —dijo el cerdo.
—Entonces lo haré yo —dijo la gallinita roja—. ¡Clo, clo!
Y cortó el trigo.
—¿Quién llevará el trigo al molino para hacer la harina? —preguntó la gallinita
roja.
—Yo no —dijo el perro.
—Yo no —dijo el gato.
—Yo no —dijo el cerdo.
—Entonces lo haré yo —dijo la gallinita roja—. ¡Clo, clo!
Llevó el trigo al molino y más tarde regresó con la harina.
—¿Quién amasará esta harina? —preguntó la gallinita roja.
—Yo no —dijo el perro.
—Yo no —dijo el gato.
—Yo no —dijo el cerdo.
—Entonces lo haré yo —dijo la gallinita roja—. ¡Clo, clo!
La gallinita amasó la harina y luego horneó el pan.
—¿Quién se comerá este pan? —preguntó la gallinita roja.
—Yo —dijo el perro.
—Yo —dijo el gato.
—Yo —dijo el cerdo.
—No, me lo comeré yo —dijo la gallinita roja—. ¡Clo, clo!
Y se comió todo el pan.
Moraleja: No esperes recompensa sin colaborar con el trabajo.
Choco era un pájaro muy pequeño que vivía a solas. Tenía muchas
ganas de conseguir una mamá, pero ¿quién podría serlo? Un día
decidió ir a buscar una. Primero se encontró con la señora Jirafa.
―Señora Jirafa― dijo. ―Usted es amarilla como yo. ¿Es usted mi
mamá? ―Lo siento―suspiró la jirafa―pero yo no tengo alas como
tú. Choco se encontró después con la señora Pingüino. ―Señora
Pingüino―dijo. ―Usted tiene alas como yo. ¿Será que usted es mi
mamá? ―Lo siento―suspiró la señora Pingüino, pero mis mejillas
no son grandes y redondas como las tuyas. Choco se encontró
luego con la señora Morsa. ―Señora Morsa―exclamó. ―Sus
mejillas son grandes y redondas como las mías. ¿Es usted mi
mamá? ―Mira―gruñó la señora Morsa―mis pies no tienen rayas
como los tuyos, así que: ¡No me molestes! Choco buscó por todas
partes pero no pudo encontrar una madre que se le pareciera.
Cuando Choco vio a la señora Oso recogiendo manzanas supo que
ella no podría ser su mamá. No había ningún parecido entre él y la
señora Oso. Choco se sintió tan triste que comenzó a llorar. ―
¡Mamá, mamá!...Necesito una mamá. La señora Oso se acercó
corriendo para averiguar qué le estaba pasando. Después de haber
escuchado la historia de Choco, suspiró: ― ¿En qué reconocerías a
tu madre? ―Ay…estoy seguro de que ella me abrazaría―dijo
Choco entre sollozos. ― ¿Ah sí? ―preguntó la señora Oso. Y lo
abrazó con mucha fuerza. ―Sí, estoy seguro de que ella también
me besaría. ― ¿Ah sí? ―preguntó la señora Oso. Y alzándolo le dio
un beso muy largo. ―Sí. Y estoy seguro de que me cantaría una
canción y me alegraría el día. ― ¿Ah sí? ―preguntó la señora Oso.
Entonces cantaron y bailaron. Después de descansar un rato la
señora Oso le dijo a Choco: ―Choco, tal vez yo podría ser tu
mamá. ― ¿Tú? ―preguntó Choco―pero si tú no eres amarilla,
además no tienes alas ni mejillas grandes y redondas. Tus pies
tampoco son como los míos. ― ¡Qué barbaridad! ―dijo la señora
Oso―me imagino lo graciosa que me vería. A Choco también le
pareció que se vería muy graciosa. ―Bueno―dijo la señora
Oso―mis hijos me están esperando en casa. Te invito a comer un
pedazo de pastel de manzana. ¿Quieres venir? La idea de comer
pastel de manzana le pareció excelente a Choco. Tan pronto como
llegaron, los hijos de la señora Oso salieron a recibirlos. ―Choco,
te presento a Hipo, a Coco y a Chanchi. Yo soy su madre. El olor
agradable del pastel de manzana y el dulce sonido de las risas
llenaron la casa de la señora Oso. Después de aquella pequeña
fiesta, la señora Oso abrazó a todos sus hijos con un fuerte y
caluroso abrazo y Choco se sintió muy feliz de que su madre fuera
tal y como era.

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