ETICA
PROFESIONAL.
Todas las profesiones tienen su ética específica. En verdad, toda acción
humana, de consecuencia social, comprende una ética, esto, es, comprende
normas de comportamiento, consignando lo que es lícito y lo que no lo es.
La ética profesional procura el sustento propio y el de la familia, así como
también propende a la conservación de los elementos fundamentales de la
comunidad y al desarrollo social. Siendo así, las acciones individuales y
colectivas son valorizadas en cuanto a estos objetivos y en la medida en que
éstos sean contemplados. Hay, pues, una obligatoriedad moral en el
comportamiento profesional de los ciudadanos, que implica respeto a la
sociedad y a las personas con que se relacionan.
La ética profesional comprende un compromiso de comportamiento derivado
de la propia acción del trabajo, de sus consecuencias, junto a los
directamente interesados y a la sociedad en general. Ella constituye lo que
se espera de la conducta de un profesional. Es como una expectativa de
comportamiento, sobre cuya base se establecen las relaciones entre la
clientela y el profesional. Constituye, asimismo, una necesidad y una garantía
para que exista un clima de confianza en las relaciones humanas y
laborales del profesional.
Por profesión se entiende una ocupación que se desarrolla con el fin de
colaborar con el bienestar de una sociedad. Para realizar dicha labor es
necesario que el profesional (persona que ejerce la misma) actúe con
responsabilidad, siguiendo los requisitos que la ley vigente plantee para el
desarrollo de esa actividad.
La profesión se puede definir como ʺla actividad personal, puesta de una
manera estable y honrada al servicio de los demás y en beneficio propio, a
impulsos de la propia vocación y con la dignidad que corresponde a la
persona humanaʺ. En un sentido estricto esta palabra designa solamente las
carreras universitarias. En sentido amplio, abarca también los oficios y
trabajos permanentes y remunerados, aunque no requieran un título
universitario. En virtud de su profesión.
La Vocación. La elección de la profesión debe ser completamente libre. La
vocación debe entenderse como la disposición que hace al sujeto
especialmente apto para una determinada actividad profesional. Quien elige
de acuerdo a su propia vocación tiene garantizada ya la mitad de su éxito en
su trabajo.
Finalidad de la Profesión. La finalidad del trabajo profesional es el bien
común. La capacitación que se requiere para ejercer este trabajo, está
siempre orientada a un mejor rendimiento dentro de las actividades
especializadas para el beneficio de la sociedad. Sin este horizonte y
finalidad, una profesión se convierte en un medio de lucro o de honor, o
simplemente, en el instrumento de la degradación moral del propio sujeto.
El Propio beneficio. Lo ideal es tomar en cuenta el agrado y utilidad de la
profesión; y si no se insiste tanto en este aspecto, es porque todo el mundo
se inclina por naturaleza a la consideración de su provecho personal, gracias
a su profesión. No está de más mencionar el sacrificio que entrañan casi
todas las profesiones: el médico, levantándose a media noche para asistir a
un paciente grave; el ingeniero, con fuertes responsabilidades frente a la
obra, etc.
Capacidad profesional. Un profesional debe ofrecer una preparación
especial en dos sentidos: capacidad intelectual y capacidad moral. La
capacidad intelectual consiste en el conjunto de conocimientos que dentro
de su profesión, lo hacen apto para desarrollar sus labores. Estos
conocimientos se adquieren básicamente durante los estudios universitarios,
pero se deben actualizar mediante las revistas, conferencias y las consultas
a bibliotecas. Es responsabilidad del profesional mantenerse actualizado en
conocimientos.
La capacidad moral es el valor del profesional como persona, lo cual da una
dignidad, seriedad y nobleza a su trabajo, digna del aprecio de todo el que
encuentra. Abarca no sólo la honestidad en el trato, no sólo en el sentido de
responsabilidad en el cumplimiento de lo pactado, sino además la capacidad
para abarcar y traspasar su propia esfera profesional en un horizonte mucho
más amplio, hacia la búsqueda y construcción de una sociedad más justa y
equilibrada.
El profesional como debe ejercer su función desde la más estricta
honradez y fidelidad a los principios. Junto a los conocimientos y habilidades
para el buen desempeño, los profesionales deben caracterizarse por sus
principios éticos y morales, por su honestidad a toda prueba, por su
incorruptibilidad, por su disciplina, su espíritu colectivo, por su
austeridad(rigor tenacidad), modestia y estilo de vida sencillo. El ejercicio
profesional demanda un amplio campo de autonomía, tanto personal como
del colectivo en su conjunto, cuyo correlato es la asunción de las
responsabilidades inherentes al desarrollo de la actividad.
La RESPONSABILIDAD PROFESIONAL, es un caso paradigmático de
responsabilidad moral que proviene del conocimiento especial que cada uno
posee. El profesional debe dominar una parte especial del conocimiento
avanzado, particularmente conocimiento que tiene que ver con el bienestar
de los otros, que demarcan una profesión. Como guardianes del
conocimiento especial que influye en el bienestar humano, los profesionales
están obligados por responsabilidades morales especiales, que son
requerimientos morales, a aplicar a su conocimiento, de forma que beneficie
al resto de la sociedad.
La responsabilidad de una persona reside en su obligación de responder
por sus propios actos. La misma se ve condicionada por la libertad y la
voluntad. En lo que respecta a la ética profesional, la responsabilidad de un
individuo lo obliga a desarrollar de forma ética y justa su trabajo, intentando
cooperar, en la medida que pueda, con el bien común.
Entonces
La ética profesional pretende regular las actividades que se realizan en el
marco de una profesión. En este sentido, se trata de una disciplina que está
incluida dentro de la ética aplicada ya que hace referencia a una parte
específica de la realidad.
La RESPONSABILIDAD PROFESIONAL, es un caso paradigmático de
responsabilidad moral que proviene del conocimiento especial que cada uno
posee. El profesional debe dominar una parte especial del conocimiento
avanzado, particularmente conocimiento que tiene que ver con el bienestar
de los otros, que demarcan una profesión. Como guardianes del
conocimiento especial que influye en el bienestar humano, los profesionales
están obligados por responsabilidades morales especiales, que son
requerimientos morales, a aplicar a su conocimiento, de forma que beneficie
al resto de la sociedad.
La responsabilidad de una persona reside en su obligación de responder
por sus propios actos. La misma se ve condicionada por la libertad y la
voluntad. En lo que respecta a la ética profesional, la responsabilidad de un
individuo lo obliga a desarrollar de forma ética y justa su trabajo, intentando
cooperar, en la medida que pueda, con el bien común.
Entonces
La ética profesional pretende regular las actividades que se realizan en el
marco de una profesión. En este sentido, se trata de una disciplina que está
incluida dentro de la ética aplicada ya que hace referencia a una parte
específica de la realidad.
La ética periodística, por ejemplo, condena que una periodista reciba dinero
para publicar una noticia tendenciosa a favor de una determinada persona,
organización o empresa. En el mundo de los negocios, por otra parte, la ética
señala que un vendedor no puede realizar operaciones por afuera de la
empresa para la cual trabaja como empleado.
La ética profesional deriva de un concepto que se conoce como ética
empresarial que establece las condiciones en las que el ser humano debe
relacionarse con su entorno. Ambas formas de trabajo se encuentran
interrelacionadas ya que es tan importante ofrecer un servicio justo y realizar
una labor responsable, como preservar el hábitat en el que lo desarrollamos.
Dentro de la ética empresarial existen tres ramas que definen la relación de
los diferentes profesionales con su hábitat. Las mismas son:
Economicismo limitado: ( cuyo fundamental objetivo reside en maximizar
los beneficios pero cumpliendo con lo impuesto por la legalidad vigente,
preservando el medio e intentando satisfacer las exigencias sociales del
entorno),
Dualismo racionalista: (se basa en la búsqueda del beneficio respetando
los principios impuestos por una teoría ética racionalista, que determina qué
es lo correcto).
Realismo moderado: (entiende que el ser humano tiene la capacidad de
conocer las necesidades de su entorno y como tal es responsable de
establecer una relación equitativa con su medio).
Cuando nacemos adquirimos nuestra personalidad jurídica; a través de la
cual recibimos una serie de derechos y deberes que regirán nuestra vida a
partir de entonces. Sin embargo para desarrollar una vida social plena es
necesario adquirir una formación profesional. Es decir, un interés particular
por una determinada actividad y los estudios necesarios para desarrollar bien
la misma. Pero tampoco alcanza con este aprendizaje, es necesario saber
utilizarlo; esto significa, ejercer con responsabilidad.
Dicho lo anterior, podemos hablar de la existencia tanto de una ética como de
una deontología profesional. La primera se centraría sobre todo en perfilar y
definir el bien de una determinada profesión (no sólo el personal del propio
profesional, sino especialmente su aportación al bien social o común),
mientras que la segunda se ocuparía de las obligaciones propias de dicha
actividad.
En otras palabras: la ética profesional sería la expresión de las diversas y
plurales éticas de máximos existentes en todos y cada uno de los
profesionales de especialidad, mientras que la deontología expresaría la
ética de mínimos que todas las anteriores comparten y están obligadas a
cumplir a pesar de sus diferencias.
Cuando nacemos adquirimos nuestra personalidad jurídica; a través de la
cual recibimos una serie de derechos y deberes que regirán nuestra vida a
partir de entonces. Sin embargo para desarrollar una vida social plena es
necesario adquirir una formación profesional. Es decir, un interés particular
por una determinada actividad y los estudios necesarios para desarrollar bien
la misma. Pero tampoco alcanza con este aprendizaje, es necesario saber
utilizarlo; esto significa, ejercer con responsabilidad.
Dicho lo anterior, podemos hablar de la existencia tanto de una ética como de
una deontología profesional. La primera se centraría sobre todo en perfilar y
definir el bien de una determinada profesión (no sólo el personal del propio
profesional, sino especialmente su aportación al bien social o común),
mientras que la segunda se ocuparía de las obligaciones propias de dicha
actividad.
En otras palabras: la ética profesional sería la expresión de las diversas y
plurales éticas de máximos existentes en todos y cada uno de los
profesionales de especialidad, mientras que la deontología expresaría la
ética de mínimos que todas las anteriores comparten y están obligadas a
cumplir a pesar de sus diferencias.
Código de ética.
Un código, por su parte, es una combinación de signos que tiene un
determinado valor dentro de un sistema establecido. En el derecho, se
conoce como código al conjunto de normas que regulan una materia
determinada.
Un código de ética, por lo tanto, fija normas que regulan los
comportamientos de las personas dentro de una empresa u organización.
Aunque la ética no es coactiva (no impone castigos legales), el código de
ética supone una normativa interna de cumplimiento obligatorio.
No divulgar información confidencial, no discriminar a los clientes o los
compañeros de trabajo por motivos de raza, nacionalidad o religión y no
aceptar sobornos, por ejemplo, son algunos de los postulados que suelen
estar incluidos en los códigos de ética.
Las normas mencionadas en los códigos de ética pueden estar vinculadas
con las normas legales (por ejemplo, discriminar es un delito penado por la
ley). El principal objetivo de estos códigos es mantener una línea de
comportamiento uniforme entre todos los integrantes de una empresa. Al
incluir instrucciones por escrito, no resulta necesario que un directivo
explique a cada momento cuáles son las obligaciones que tiene un
empleado.
ÉTICA PROFESIONAL DEONTOLOGÍA Orientada al bien, a lo bueno.
Orientada al deber (el deber debe estar en contacto con lo bueno). No
normativa. Normas y códigos. No exigible. Exigible a los profesionales.
Propone motivaciones. Exige actuaciones. Conciencia individual
predominantemente. Aprobada por un colectivo de profesionales. Amplitud:
se preocupa por los máximos. Mínimos obligatorios establecidos. Parte de la
ética aplicada. Se ubica entre la moral y el Derecho América Latina necesita
profesionales universitarios que tengan valor:
• Que tengan valor para ser lo que son y no pretendan lo que no son.
• Para vivir honradamente dentro de sus propios recursos y no
deshonestamente a expensas de otros.
• Profesionales que no quieran adquirir riqueza sin trabajar.
• Profesionales que desarrollen negocios con moral.
• Profesionales que tengan ciencia pero con amor a la humanidad
• Profesionales que aprendan a relacionarse con los demás, en un entorno
en que sean unos artífices de un trato de excelencia.
• Profesionales que se metan en política pero con principios. La experiencia
ética en el campo de la profesión se relaciona, fundamentalmente, con tres
ideas: la idea del deber, la idea del bien y la idea del sentido. Desarrollar una
profesión es, de entrada, adquirir unos deberes y llevarlos a cabo mediante la
intervención en un determinado ámbito de la sociedad.
En segundo lugar, es intentar hacer un bien a un destinatario y, asimismo, a
un conjunto social y, en tercer lugar, es construir prácticamente un sentido
con la propia actividad, con la propia vida.
Trabajamos por algún motivo, para conseguir un determinado objetivo,
aunque no todos coincidamos en la razón o el motivo de nuestro trabajo. A
veces, la profesión tiene un sentido intrínseco, es decir, por sí misma tiene
valor. En otras ocasiones, la profesión tiene un sentido extrínseco, es decir,
se le atribuye valor porque gracias a ella uno alcanza determinados objetivos
ajenos a la profesión, pero que no podría alcanzar sin ella. La experiencia de
la profesión, al igual que la experiencia ética, se relaciona en todo caso con
estos tres conceptos: el deber, el bien y el sentido. Ser profesional, sea del
sector que sea, significa asumir unos determinados deberes. La experiencia
ética se refiere directamente a la experiencia del deber
Cabe destacar que la ética, a nivel general, no es coactiva (no impone
sanciones legales o normativas). Sin embargo, la ética profesional puede
estar, en cierta forma, en los códigos deontológicos que regulan una
actividad profesional.
La deontología forma parte de lo que se conoce como ética normativa y
presenta una serie de principios y reglas de cumplimiento obligatorio.
Podría decirse, por lo tanto, que la ética profesional estudia las normas
vinculantes recogidas por la deontología profesional. La ética sugiere aquello
que es deseable y condena lo que no debe hacerse, mientras que la
deontología cuenta con las herramientas administrativas para garantizar que
la profesión se ejerza de manera ética.