EL VIACRUCIS
El vía crucis o viacrucis (en latín: «camino de la cruz») es una de las
devociones o prácticas de oración más extendidas entre los
cristianos. Refiere los diferentes momentos vividos por Jesús de
Nazaret desde su prendimiento hasta su crucifixión y sepultura. La
expresión se usa también comúnmente para expresar todo tipo de
dificultades que se presentan en la vida cuando se quieren alcanzar
ciertos objetivos.
También conocido como "estaciones de la cruz" y "vía dolorosa", se
trata de un acto de piedad, un camino de oración que busca con la
meditación de la pasión y muerte de Jesucristo en su camino al Calvario.
COMO SE REZA:
El Vía Crucis, o Vía de la Cruz, nace del deseo de recorrer
espiritualmente junto a Jesus la via el camino que lo llevo desde el
pretorio de Pilatos hasta el Sepulcro.
Al principio de cada estación se dice:
Te adoramos, Cristo, y te bendecimos, porque por tu santa cruz
redimiste al mundo.
Después de cada estación se dice:
Un Padre nuestro, un Ave María y un Gloria al Padre.
Santa Madre, Tú haces que las llagas del Señor queden impresas en
mi corazón.
Primera Estación
Jesús es condenado a muerte.
Y todo el pueblo contestó: «¡Que su sangre caiga sobre nosotros y
sobre nuestros hijos!» Entonces Pilatos les soltó a Barrabás. Mandó
azotar a Jesús y lo entregó a los que debían crucificarlo.
Segunda Estación
Jesús con la cruz a cuestas.
Los judíos tomaron a Jesús y cargándole la cruz, salió hacia el lugar
llamado Calvario (Juan 19,17).
Tercera Estación
Jesús cae por primera vez.
"He ofrecido mi espalda a los que me golpeaban, y mis mejillas a los
que me arrancaban la barba; no aparté la cara ni los ultrajes ni de las
salivas que me echaban (Isaías 50,6).
Cuarta Estación
Jesús encuentra a su Santísima Madre.
“Observad y ved si hay dolor como mi dolo” (Lam. 1,12)
Quinta Estación
El Cirineo ayuda a Jesús a llevar la cruz.
Cuando llevaban a Jesús al calvario, detuvieron a un cierto Simón el
Cirine, que volvía del campo, y lo cargaron con la cruz, para llevarla,
detrás de Jesús (Lucas 23,26).
Sexta Estación
La Verónica limpia el rostro de Jesús.
Muchos se horrorizaban al verlo, tan desfigurado estaba su semblante
que no tenía ya aspecto de hombre (Isaías 52,14).
Séptima Estación
Jesús cae por segunda vez.
Eran nuestros sufrimientos los que llevaba, nuestros dolores los que
le pesaban… Ha sido traspasado por nuestros pecados, deshecho por
nuestras iniquidades… (Isaías 53,4).
Octava Estación
Jesús consuela a las piadosas mujeres.
Seguían a Jesús una gran multitud del pueblo y de mujeres, que se
golpeaban el pecho y lloraba por él. Pero Jesús, volviéndose a ellas,
les dijo: “¡Hijas de Jerusalén!, no lloréis por mí; llorad más bien por
vosotras y por vuestros hijos” (Lucas 23,27-28).
Novena Estación
Jesús cae por tercera vez.
Venid a mí todos los que estáis cansados y oprimidos y os aliviaré.
Cargad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí que soy manso y
humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas
(Mateo 11, 28-29).
Décima Estación
Jesús es despojado de sus vestiduras.
Llegados al lugar llamado Gólgota le dieron a beber a Jesús vino
mezclado con hiel, pero él, habiéndolo probado, no quiso beber. Los
que lo crucificaron se repartieron sus vestidos a suertes (Mateo
27,33).
Undécima Estación
Jesús es clavado en la cruz.
Cuando llegaron al lugar llamado Calvario, crucificaron allí a Jesús y a
dos malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda (Lucas 23,
34).
Duodécima Estación
Jesús muere en la cruz.
Hacía la sexta hora, las tinieblas cubrieron la tierra hasta la hora
nona. El sol se eclipsó y
el velo del templo se rasgó por medio. Y Jesús, con fuerte voz dijo:
“Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. Y al decir esto, expiró
(Lucas 23, 44-46).
Decimotercera Estación
Jesús en los brazos de María Santísima.
Un hombre llamado José, el cual era del Consejo, hombre bueno y
justo, quien esperaba también el reino de Dios, que no había estado
de acuerdo con la resolución de ellos, en sus actos, fue a ver a Pilato
y le pidió el cuerpo de Jesús. Después lo bajó, y lo amortajó en una
sabana (Lucas 23, 50-53).
Decimocuarta Estación
Jesús es puesto en el sepulcro.
José tomó el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana limpia, y lo
depositó en su propio sepulcro nuevo, que había hecho cavar en la
roca. Hizo rodar una piedra grande a la puerta del sepulcro y se retiró
(Mateo 27, 59-60).