LA VIDA DE SAN JOSÉ
José nació probablemente a Belén, su padre se llamó Jacob y la tradición nos transmite la figura
del joven José como un muchacho de mucho talento y un temperamento humilde, dócil y
devoto.
José era un carpintero que vivía en Nazaret. Según la tradición, cuando tenía alrededor de
treinta años, fue convocado por los sacerdotes al templo, con otros solteros de la tribu de David,
para tomar esposa. Los sacerdotes ofrecieron a cada uno de los pretendientes una rama y
comunicaron que la Virgen María de Nazaret habría de casarse con aquel cuya rama desarrollase
un brote. "Y saldrá una rama de la raíz de Jesse, y una flor saldrá de su raíz" (Is. 11,1). Sólo la
rama de José floreció y de ese modo fue reconocido como novio destinado por el Señor a la
Santa Virgen.
Maria, a la edad de 14 años, fue dada en esposa a José, sin embargo ella siguió viviendo en la
casa de su familia de Nazaret de Galilea por un año, el tiempo requerido por los Hebreos entre el
casamiento y la entrada en la casa del esposo. Fue precisamente en este lugar donde María
recibió el anuncio del Ángel y aceptó.
Ya que el Ángel le había avisado de que Isabel estaba embarazada, pidió a José que la
acompañara a casa de su prima en los últimos tres meses de embarazo de aquella. María
permaneció cerca de Isabel hasta el nacimiento de Juan Bautista.
A su regreso de Judea, María puso a su esposo frente a una maternidad que no podía explicar.
Muy inquieto, José combatió contra la angustia de la sospecha y pensó hasta en dejarla y huir
secretamente para no condenarla en público, pues era un esposo justo. Si María era considerada
adúltera la ley sentenciaba que fuera lapidada junto con su hijo, fruto del pecado.
José estaba a punto de actuar así cuando un Ángel le apareció en sueños para disipar sus
temores: "José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque el hjo que espera es
obra del Espíritu Santo" (Mt. 1,20). Todas sus turbaciones desaparecieron y José apresuró la
ceremonia de fiesta de entrada de su esposa en su casa.
Un edicto de César Augusto ordenaba el censo de todos los habitantes y José y María partieron
hacia la ciudad de origen de la dinastía, Belén. El viaje fue muy fatigoso por el estado de María,
próximo a la maternidad. Belén en aquellos días estaba lleno de extranjeros y José buscó en
todas las posadas un lugar para su esposa, pero las esperanzas de hallar una buena acogida se
frustraron. María dio a luz a su hijo en una gruta del campo de Belén y algunos pastores
acudieron para visitarla y ayudarla.
Cumplido el tiempo de purificación, tenían que presentarse al templo y hacer un ofrecimiento,
que para los pobres se limitaba a dos tórtolas o dos pichones. Si el niño era primogénito, él
pertenecía a Dios, según la Ley. En el Templo encontraron al profeta Simeón que anunció a
María: "una espada de dolor te atravesará el alma" (Lc. 2,35).
Un Ángel del Señor se le apareció a José y lo exhortó a huir: "Levántate, toma al niño y a su
madre y huye a Egipto. Quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes buscará al niño para
matarlo" José se levantó, aquella misma noche tomó al niño y a su madre y partió hacia Egipto.
Inmediatamente después de la muerte de Herodes, el Ángel del Señor se apareció en sueños a
José en Egipto y le dijo: «Levántate, toma contigo al niño y a su madre y regresa a la tierra de
Israel, porque ya han muerto los que querían matar al niño». José se levantó, tomó al niño y a su
madre, y volvieron a la tierra de Israel y se dirigió a la provincia de Galilea y se fue a vivir a un
pueblo llamado Nazaret. Así había de cumplirse lo que dijeron los profetas: «Lo llamarán
"Nazareno"».
Pasaron otros veinte años de trabajo y de sacrificio para José siempre cerca de su esposa, y
murió poco antes de que su Hijo empezara la predicación.
Es patrono de la Iglesia universal (declarado por el papa Pío IX en 1870), de países como
Austria, Bélgica, Canadá, Costa Rica, Corea del Sur, Italia, etc; y de carpinteros y trabajadores,
emigrantes, viajeros, niños por nacer. También se lo conoce como “protector contra la duda” y
“protector contra la relajación moral”, pero principalmente como el «patrono de la buena
muerte» por atribuírsele haber muerto en brazos de Jesús y María. También es patrono de la
Acción Católica Argentina, y se lo considera protector de la familia cristiana.
Santa Teresita de Lisieux
En 1907 el papa Pío X, sentado en su mesa de trabajo, halló entre sus manos el "diario" de una
hermana carmelita, Teresa del Niño Jesús y del Rostro Sagrado, o según el registro civil. Teresa
Martin, que murió a finales del siglo XIX cuando sólo tenía veintitrés años en el Carmelo de
Lisieux en Francia, donde aún vivían tres de sus cuatro hermanas: Paulina. María y Celina. La
Historia de un alma impresionó tanto al Pontífice que ordenó que enseguida se comenzara el
proceso de canonización, que fue rapidísimo. Fue proclamada santa el 17 de mayo de 1925 por
Pío XI. Dos años después el propio pontífice quiso que esta muchacha, que en siete años de vida
religiosa nunca había salido del monasterio, fuera venerada junto con san Francisco Javier como
patrona de las misiones.
Teresa nació en Alençon, un pueblo de la Francia septentrional, el 2 de enero de 1873. Sus
padres Louis Martin y Zelia Guérin habían tenido ya antes otros ocho hijos. Teresa, creció
rodeada de un cariño particularísimo, sobre todo por parte del padre y de sus hermanas
mayores. Su padre Louis era un hombre de profunda fe cristiana, que en su juventud había
pensado abrazar la vida religiosa. Su madre murió de cáncer de pecho cuando Teresa aún no
había cumplido cinco años.
Así comienza el segundo periodo de la vida de Teresa, «el más doloroso de los tres... Este
periodo va de mis cuatro años y medio a los catorce, es decir, hasta que volví a encontrar mi
carácter de niña a un entrando en el periodo serio de la vida».
Teresita eligió a la hermana Paulina como madre adoptiva, la misma que hallará durante tres
años en el Carmelo como madre superiora En noviembre de 1877, la familia Martin se trasladó
de Alençon a Lisieux, donde vivía un tío de Teresa, Isidoro Guérin, con su mujer Elisa. De este
modo Louis Martin recibiría ayuda en la educación de las cinco hijas. En estos años la vocación
de Teresa madura gracias a algunas circunstancias, siendo la primera de ellas el ingreso en el
Carmelo de Paulina, en 1882. Tenemos el 10 de mayo de 1883, día de la "Sonrisa de la Santa
Virgen". Es el día de la curación repentina de Teresa de una grave enfermedad, gracias a la
intercesión de la Virgen. Luego vemos la Nochebuena de 1886, en la que Teresa abandonará
para siempre su carácter excesivamente sensible y su inclinación al llanto, entreviendo en este
repentino cambio la acción segura de la gracia de Dios. Teresa lo señala como el día de su
conversión. «Aquella noche en la que Jesús se hizo débil y sufrió por amor a mí, me hizo fuerte y
valerosa, me vistió con sus armas... El manantial de mis lágrimas se secó y no volvió a abrirse
más que raramente. Sentí que la caridad me entraba en el corazón, con la necesidad de
olvidarme de mí misma y favorecer a los demás, y desde entonces fui feliz».
En junio de 1887 Teresa oye hablar de la historia de Enrice Pranzini, un asesino condenado a
muerte, culpable entre otras cosas del asesinato de un niño, y comienza a rezar cada día por la
salvación de su alma. La oración fue escuchada. Pocos días después de la ejecución, Teresa lee
en el periódico que Pranzini, antes de subir al patíbulo, había pedido un crucifijo y lo había
besado tres veces. Tras aquella experiencia, decidirá ofrecer definitivamente su vida para la
conversión de los pecadores.
Así comienza el vuelo decisivo de Teresa hacia el monasterio. Tan decidida estaba que
inmediatamente manifestó a la familia su intención de entrar enseguida en el Carmelo, a pesar
de su joven edad.
La oposición de los superiores eclesiásticos fue fuerte. En noviembre de 1887 sale para Roma
con su padre en peregrinación diocesana. Durante la audiencia de los peregrinos con el Papa, el
austero y anciano León XIII, esta chiquilla de quince años, tras arrodillarse ante el Pontífice
para el saludo ritual, le dirige inesperadamente la palabra: «Santo Padre, he de pediros una gran
gracia, permitidme que entre en el Carmelo a los quince años». "Pues hija", respondió el Papa,
"haced lo que os digan los superiores. Entonces, apoyando las manos en sus rodillas, intenté
realizar un último esfuerzo y dije con voz suplicante: "¡Oh. Beatísimo Padre, si dijerais que sí
todos estarían de acuerdo!". Me miró fijamente y pronunció estas palabras subrayando cada una
de sus sílabas: "Bien, bien. Entraréis si Dios quiere"».
Teresa se queda atónita y sin palabras. «Dentro de mi corazón sentía una gran paz, puesto que
había hecho todo lo posible para hacer lo que Dios me pedía, pero aquella paz estaba muy en lo
hondo, y la amargura me colmaba el alma, porque Jesús callaba. Parecía ausente, nada revelaba
su presencia».
Al final de su experiencia. Teresa tendrá de ella una conciencia lucidísima, y la formulará con la
imagen del "pequeño camino": «Siempre he deseado ser una santa, pero, por desgracia, siempre
he constatado cuando me he parangonado a los santos que entre ellos y yo hay la misma
diferencia que hay entre una montaña, cuya cima se pierde en el cielo, y el grano de arena
oscura, pisoteada por los pies de los que pasan. En vez de desanimarme, me he dicho : el buen
Dios no puede inspirar deseos irrealizables, por eso puedo, a pesar de mi pequeñez, aspirar a la
santidad; llegar a ser más grande me es imposible, he de soportarme tal como soy, con todas mis
imperfecciones; sin embargo quiero buscar el medio de ir al Cielo por un camino bien derecho,
muy breve, un pequeño camino completamente nuevo. Busqué en los libros santos la indicación
del ascensor, objeto de mi deseo, y leí estas palabras pronunciadas de la Sabiduría eterna: "Si
alguien es pequeñísimo, que venga a mí" (Pr 9,4). Entonces vine, pensando que había
encontrado lo que buscaba; y para saber, oh Dios mío, lo que tú harías al ser pequeñísimo que
respondía a tu llamada, continué mi búsqueda, y he aquí lo que encontré: "Como una madre
acaricia a su niño, así os consolaré, os llevaré en mi corazón, y os pondré sobre mis rodillas" (Is
66,13)».
Teresa consiguió bien pronto el permiso deseado, entrando efectivamente en el Carmelo de
Lisieux en 1888, para hacer su profesión perpetua dos años más tarde, el 8 de septiembre de
1890. «Vine», dijo en aquella ocasión, «para salvar las almas y sobre todo a rezar por los
sacerdotes».
Con el primer ingreso y hasta la enfermedad de su último año, la vida de Teresa fue como un
continuo y escondido ofrecimiento de sí misma por la salvación de los pecadores. En los años de
la vida monástica, como decíamos, el corazón de Teresa quedó en las manos de Jesús, de quien
recibió gracias grandísimas en una cotidianidad hecha de gestos habituales, sin salirse de lo
común. En los últimos tiempos Teresa mantendrá correspondencia con dos padres misioneros,
uno de ellos enviado a Canadá, y el otro a China, y acompañará constantemente la misión con
sus oraciones. Por esto también quiso Pío XII asociarla en 1927 a Francisco Javier como patrona
de las misiones.
Teresa, tras haberse ofrecido totalmente al amor misericordioso de Jesús para la conversión de
los pecadores, entra el Jueves Santo de 1896 en el último breve recorrido de su vida, marcado
por la manifestación y agravamiento de la tuberculosis, por la que muere rodeada por su
comunidad, el 30 de septiembre de 1897.
Poco después de la publicación de sus manuscritos autobiográficos en 1898, se desata en todas
partes un “Huracán de Gloria” y cientos de peregrinos de toda Francia y de algunos otros países
empiezan a llegar a Lisieux para orar sobre la tumba de la pequeña carmelita. La devoción a
Teresita crece rápidamente y es acompañada por testimonios de curaciones físicas y
conversiones. Pero es especialmente durante el periodo de la Primera Guerra Mundial cuando
cientos de soldados franceses llevan estampas y medallas de la carmelita y cargan en sus
bolsillos una versión más corta de su autobiografía llamada “una rosa deshojada”. Después de la
guerra peregrinan a Lisieux para agradecer a Teresa el haberlos ayudado y regresado con vida a
casa. Muchos dejan sus condecoraciones y medallas militares como acción de gracias. Los
testimonios enviados al Carmelo de Lisieux entre 1914 y 1918 son de casi 592 páginas. En 1914,
el Carmelo de Lisieux recibe en promedio quinientas cartas al día.
Pronto es necesario colocar rejas de hierro que protejan la tumba de los peregrinos que desean
llevarse flores o tierra de su sepultura. El papa San Pío X responde al clamor de miles de fieles
que le piden se abra lo más pronto posible el proceso de Beatificación y Canonización de Sor
Teresa del Niño Jesús, el 14 de junio de 1914 es introducida oficialmente su causa.
El proceso apostólico, por mandato de la Santa Sede, comienza en Bayeux en 1915. Pero es
retrasado por la guerra, que termina en 1917. En ese tiempo se necesitaba un período de
cincuenta años después de la muerte de un candidato a la canonización, pero el papa Benedicto
XV exime a Teresa de ese período. El 14 de agosto de 1921, se promulgó el decreto sobre sus
virtudes heroicas.
Son requeridos dos milagros para la Beatificación. El primero se da en un joven seminarista, de
nombre Charles Anne, en 1906. Charles sufría de tuberculosis pulmonar y su estado era
considerado desesperanzador por su médico. Después de dos novenas dirigidas a Sor Teresa del
Niño Jesús, recupera pronto la salud. Un estudio radiográfico en 1921 muestra la estabilidad de
la curación y que había desaparecido el agujero en el pulmón. El segundo milagro aparece en
una religiosa, Luisa de San Germán, que sufría de una afección del estómago, ya muy avanzada
para una cirugía. Pide a Sor Teresa durante dos novenas, después su condición mejora. Dos
médicos confirman la curación.
Presentadas y aceptadas estas curaciones milagrosas, Teresa es Beatificada el 29 de abril de 1923
por el papa Pío XI.
En la Ciudad del Vaticano, el papa Pío XI manda celebrar por todo lo alto la canonización de
Teresa y pide que toda la fachada de la Basílica de San Pedro sea decorada con miles de velas de
sebo que la iluminaran en la noche. Esta era una costumbre que no se hacía desde hace 55 años.
En América, el diario norteamericano The New York Times publica en primera plana “Toda
Roma admira la Basílica de San Pedro iluminada por una nueva santa”. El papa Pío XI la llama
la "estrella de su pontificado". Durante la canonización, Pío XI afirma acerca de Teresa de
Lisieux:
"El Espíritu de la verdad le abrió y manifestó las verdades que suele ocultar a los sabios e
inteligentes y revelar a los pequeños, pues ella, como atestigua nuestro inmediato predecesor,
destacó tanto en la ciencia de las cosas sobrenaturales, que señaló a los demás el camino cierto
de la salvación."
En 1927 es proclamada patrona de las misiones pese a no haber abandonado nunca el convento,
pero siempre rezaba por los misioneros y siempre fue su deseo ardiente el serlo hasta en los
últimos confines de la tierra. Y en 1944 es proclamada copatrona de Francia junto a Santa Juana
de Arco.
El 19 de octubre de 1997, durante las celebraciones del primer centenario de su muerte, el papa
San Juan Pablo II la proclamó Doctora de la Iglesia Universal, siendo la tercera mujer en recibir
ese título —anteriormente, habían sido declaradas doctoras Santa Teresa de Jesús, también
carmelita, y Santa Catalina de Siena. La siguió Santa Hildegarda de Bingen en 2012.
Durante la ceremonia de la proclamación de su Doctorado, el papa le concedió el título de
“Doctor Amoris” (Doctora del Amor) y afirmó sobre la santa:
“Su enseñanza no sólo es acorde con la Escritura y la fe católica, sino que también resalta por la
profundidad y la síntesis sapiencial lograda. Su doctrina es, a la vez, una profesión de la fe de la
Iglesia, una experiencia del misterio cristiano y un camino hacia la santidad. Teresa ofrece una
síntesis madura de la espiritualidad cristiana: une la teología y la vida espiritual, se expresa con
vigor y autoridad, con gran capacidad de persuasión y de comunicación, como lo demuestra la
aceptación y la difusión de su mensaje en el pueblo de Dios. (...) Tal vez en los escritos de Teresa
de Lisieux no encontramos, como en otros Doctores, una presentación científicamente
elaborada de las cosas de Dios, pero en ellos podemos descubrir un testimonio iluminado de la
fe que, mientras acoge con amor confiado la condescendencia misericordiosa de Dios y la
salvación en Cristo, revela el misterio y la santidad de la Iglesia."
San Pio de Pietrelcina
Padre Pío, también conocido como San Pío de Pietrelcina, (Pietrelcina, Campania; 25 de mayo
de 1887-San Giovanni Rotondo, Apulia; 23 de septiembre de 1968) fue un fraile y sacerdote
católico italiano famoso por sus dones milagrosos y por los estigmas que presentaba en las
manos, pies y costado. Es patrono de los enfermos y los sufrientes hospitalarios.
Nacido como Francesco Forgione le fue dado el nombre de Pío cuando ingresó en la Orden de
los Hermanos Menores Capuchinos. Fue canonizado el 16 de junio de 2002 por el papa Juan
Pablo II.
Su familia era de clase humilde, trabajadora y muy devota. Desde niño mostró mucha piedad e
incluso actitudes de penitencia. Su infancia se caracterizó por una salud frágil y enfermiza.
Desde esta edad manifestó un gran deseo por el sacerdocio, nacido por el encuentro que tuvo
con un fraile capuchino del convento de Morcone (a 30 km de Pietrelcina) llamado Fray Camillo,
quien pasaba por su casa pidiendo limosna. Desde su niñez sufrió los que él llamaba
«encuentros demoníacos», que lo acompañaron durante su vida. Amigos y vecinos testificaron
que en más de una ocasión lo vieron pelear con lo que parecía su propia sombra
Con 16 años, fue aceptado como novicio en el convento de Morcone. El maestro de novicios era
el padre Tommaso da Monte Sant’Ángelo, a quien el padre Pío recordaba como «un poco severo
pero con un corazón de oro, muy bueno, comprensivo y lleno de caridad con los novicios».
La vida en el noviciado era muy dura, llena de ayunos y mortificaciones que influyeron en el
carácter y espíritu de los novicios. Los ayudaba a discernir si tenían verdadera vocación; en este
período las enfermedades que arrastraba desde niño fueron aumentando y permanecieron con
él hasta el día de su muerte. El maestro de novicios testificó que fray Pío «fue siempre un
novicio ejemplar, puntual en la observancia de la regla y nunca daba motivo para ser
reprendido».
El 22 de enero de 1904 terminó su noviciado y pronunció sus votos temporales. El 25 de enero
de ese mismo año se trasladó al convento de Sant’Elía para continuar con sus estudios. En este
convento sucede su primera bilocación asistiendo al nacimiento de Giovanna Rizzani, hija de un
conocido masón y futura hija espiritual suya, nacida en Udine, Venecia, lejos de donde
físicamente se encontraba el padre Pío en ese momento. En 1907 sus superiores lo enviaron de
regreso a Pietrelcina para ver si el clima de su casa mejoraba su salud. En esta época la gente de
su pueblo confiaba en él, pidiéndole consejo, y así Francesco empezó una dirección de almas.
Allí en su pueblo natal dijo haber recibido los estigmas. En septiembre de 1916 fue enviado al
convento de San Giovanni Rotondo, donde vivió hasta su muerte. Durante la Primera Guerra
Mundial sirvió en el cuerpo médico italiano (1917-1918).
Sin duda alguna lo que hizo más famoso al padre Pío fue el fenómeno de los estigmas, llamados
pasionarios (por ser semejantes a los de Jesucristo en su Pasión): heridas en manos, pies,
costado y hombro, dolorosas aunque invisibles entre 1911 y 1918, y luego visibles durante 50
años, desde septiembre de 1918 hasta septiembre de 1968. Su sangre tenía al parecer perfume de
flores, aroma asociado a la santidad. La noticia de que el padre Pío tenía los estigmas se extendió
rápidamente. Muy pronto miles de personas acudían a San Giovanni Rotondo para verle, besarle
las manos, confesarse con él y asistir a sus misas. Se trató del primer sacerdote estigmatizado.
Ante la fama del padre, la Santa Sede envió a investigar a una celebridad en materia de
psicología, el sacerdote Agostino Gemelli, franciscano, doctor en medicina, fundador de la
Universidad Católica de Milán y amigo del papa Pío XI. Cuando el padre Gemelli se fue de San
Giovanni, sin haber visto siquiera los estigmas, publicó un artículo en que afirmaba que estos
eran de origen neurótico. El Santo Oficio se valió de la opinión de este psicólogo e hizo público
un decreto que declaraba que «no se constata la sobrenaturalidad de los hechos».
En los años siguientes hubo otros tres decretos y el último fue condenatorio, y en el que se
prohibían las visitas al padre Pío o mantener alguna relación con él, incluso epistolar. Como
consecuencia, el padre Pío pasó 10 años ―de 1923 a 1933― aislado completamente del mundo
exterior.
A raíz de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), el padre fundó los «Grupos de Oración del
Padre Pío». Los grupos se multiplicaron por toda Italia y el mundo. A la muerte del padre los
grupos eran 726 y contaban con 68 000 miembros, y en marzo de 1976 pasaban de 1400 grupos
con más de 150 000 miembros.
El 9 de enero de 1940, el padre Pío reunió a tres de sus grandes hijos espirituales y les propuso
un proyecto al que él mismo se refirió como «su obra más grande aquí en la Tierra»: la
fundación de un hospital que habría de llamarse Casa Alivio del Sufrimiento. El 5 de mayo de
1956 se inauguró el hospital con la bendición del cardenal Lercaro y un inspirado discurso del
papa Pío XII. La finalidad del hospital es curar a los enfermos tanto desde el punto de vista
espiritual como físico.
Con el fin de que el padre Pío pudiera supervisar este proyecto directamente, en 1957 el papa Pío
XII le concedió la dispensa de su voto de pobreza. Sin embargo, en 1959, periódicos y
semanarios empezaron a publicar informaciones acerca de la administración que el padre Pío
hacía de la Casa Alivio del Sufrimiento, acusándolo de apropiación indebida de fondos. En Italia,
la izquierda lo había bautizado «el monje más rico del mundo». Después de varias
investigaciones conducidas por la Curia Romana, se le quitó la administración del hospital. A
sus seguidores se les recomendó no asistir a sus misas ni confesarse con él. Pero estos se
negaron a seguir las recomendaciones.
El 20 de septiembre de 1968 el padre Pío cumplió 50 años de sufrir los estigmas, celebrando una
misa multitudinaria. Sus fieles colocaron alrededor del altar cincuenta grandes macetas con
rosas rojas, por sus cincuenta años de sangre. Tres días después, el 23 de septiembre de 1968, el
padre Pío falleció a los 81 años. Su funeral fue tan multitudinario que hubo que esperar cuatro
días para que la multitud de personas pasara a despedirse. Se calcula que hubo más de 100 000
participantes en el entierro.
Tiempo antes de morir ―bajo control médico que le impedía tener privacidad―, los estigmas
que había padecido los últimos 50 años cicatrizaron. Cuando le quitaron los guantes
prácticamente no quedaban marcas de ellos.
En noviembre de 1969 comenzaron los preliminares de la causa de beatificación del padre Pío.
El 18 de diciembre de 1997, el papa Juan Pablo II lo declaró venerable. El 2 de mayo de 1999, el
mismo papa lo beatificó, y el 16 de junio de 2002, lo canonizó bajo el nombre de san Pío de
Pietrelcina.
Según los creyentes en el padre Pío, sus dones fueron:
Discernimiento extraordinario: capacidad de leer las conciencias, don que utilizó
frecuentemente durante el ministerio del sacramento de la confesión.
Curación: curas milagrosas mediante el poder de la oración.
Bilocación: estar en dos lugares al mismo tiempo.
Perfume: en su presencia se podía percibir fragancia de flores (el «olor de santidad»).
Lágrimas: cuando rezaba el Rosario a veces derramaba lágrimas.
Estigmas: exhibió estigmas desde el 20 de septiembre de 1918 y los llevó durante 50 años hasta
pocos días antes de su muerte (el 23 de septiembre de 1968).
El padre Pío decía: “Reza, ten fe y no te preocupes. La preocupación es inútil. Dios es
misericordioso y escuchará tu oración... La oración es la mejor arma que tenemos; es la llave al
corazón de Dios. Debes hablarle a Jesús, no solo con tus labios sino con tu corazón. En realidad,
en algunas ocasiones debes hablarle solo con el corazón...”
El padre Pío fue objeto de numerosas investigaciones. En el período comprendido entre 1924 a
1931, el Santo Oficio publicó un artículo de negativa publicidad para el padre Pío afirmando la
falsedad de los estigmas y su carácter neurótico, declarando que no constaba que los estigmas
fuesen de carácter sobrenatural. En los años siguientes se emitieron tres decretos más de
carácter restrictivo, entre ellos, no podía recibir visitas, ni confesar o dar dirección espiritual, ni
mostrar las llagas, ni hablar de ellas, ni permitir que se las besaran, la Misa debía celebrarla en
privado, sin fieles. Por temor a disturbios locales, un plan para transferir al padre Pío a otro
convento fue abandonado y un segundo plan fue cancelado cuando un motín estuvo a punto de
suceder.
En 1933 el papa Pío XI ordenó al Santo Oficio que revirtiera la prohibición de la celebración de
misa del padre Pío. El papa declaró: «No he estado mal dispuesto hacia el padre Pío, sino que
me habían informado mal». En 1934 se le permitió volver a escuchar confesiones. También se le
dio permiso honorario para predicar, a pesar de no haber tomado el examen para la licencia de
predicación. El papa Pío XII, quien asumió el papado en 1939, animó a los devotos a visitar al
padre Pío. Pasarán casi 30 años hasta que vuelva a ser perseguido por el Santo Oficio, siendo
pontífice Juan XXIII. De acuerdo con el libro Padre Pío, milagros y política en la Italia del siglo
XX escrito en 2007 por el historiador Sergio Luzzatto, el papa san Juan XXIII (1958-1963) no
adoptó la perspectiva de su predecesor, y escribió en 1960 sobre el «engaño enorme» del padre
Pío.
Existieron largas investigaciones para resolver al menos 23 denuncias de seguidores íntimos,
que decían que el padre Pío falsificaba los milagros y tenía relaciones sexuales con sus
seguidoras más fieles. En la jerarquía de la Iglesia muchos dudaban de que su estigmas fueran
reales (sugerían que las provocaba con ácido nítrico) y que utilizaba agua de colonia para crear
el «olor de santidad» que lo hacía famoso.
Sin embargo, tras la muerte de Juan XXIII (3 de junio de 1963), el papa Pablo VI rechazó las
acusaciones de su antecesor, aunque sin aportar ninguna prueba. En 2011, Stefano Campanella
(director de Tele Radio Padre Pio, en San Giovanni Rotondo) publicó el libro Obedientia et pax.
La verdadera historia de una persecución falsa, donde afirmó que el papa Juan XXIII no había
estado en contra del padre Pío.
San José Gabriel Brochero
San José Gabriel del Rosario Brochero (Villa Santa Rosa, 16 de marzo de 1840–Villa del
Tránsito, 26 de enero de 1914) fue un presbítero católico argentino, llamado popularmente el
cura gaucho. Fue canonizado el 16 de octubre de 2016, durante el pontificado de Francisco y el el
patrono del clero argentino.
El 4 de noviembre de 1866 fue ordenado sacerdote. Primero desempeñó su ministerio sacerdotal
en la catedral de Córdoba y fue prefecto de estudios del colegio seminario Nuestra Señora de
Loreto. Ya en 1867, Brochero se destacó por su entrega en la asistencia de los enfermos y
moribundos de la epidemia de cólera que azotó a la ciudad de Córdoba. El 19 de noviembre de
1869 fue elegido vicario del departamento San Alberto, conocido hoy como el valle de
Traslasierra, con sede en la localidad de Villa del Tránsito que a partir de 1916 llevaría su
nombre. El valle de Traslasierra contaba entonces con unos 10 mil habitantes. El 24 de
diciembre de 1869 partió de la ciudad de Córdoba para hacerse cargo del curato. Allí, asumió
como propias las necesidades de la gente. Con sus manos construyó iglesias y capillas, levantó
escuelas y abrió caminos entre las montañas, animando a los pobladores a acompañarlo. En su
vejez el padre Brochero enfermó de lepra como resultado de convivir con enfermos que padecían
esa enfermedad, compartiendo inclusive el mate con ellos. Por esa razón quedó sordo y ciego
antes de morir, en 1914.
Como marco de su misión, edificó la «Casa de Ejercicios Espirituales de Traslasierra», que
inauguró en 1877. En 1880, bendijo el flamante «Colegio para Niñas», que el propio Brochero
confió a las Hermanas Esclavas del Corazón de Jesús (Ancillae Sacri Cordis Iesu). Esas dos
primeras construcciones le generaron numerosas fatigas.
Organizó a los pobladores de esa región, entonces muy apartada, construyendo con los vecinos
el llamado camino de las altas cumbres, incluyendo interesantes puentes de piedra, que al cabo
de 200 km unió la población de Villa del Tránsito (actual Villa Cura Brochero) con la ciudad de
Córdoba. Sus gestiones hicieron posible la apertura de caminos, acequias, diques, una estafeta
postal y un telégrafo. Entre otras obras fundó escuelas y logró, con la construcción de un
acueducto, la llegada del agua al pueblo desde el río Panaholma.
Un diario cordobés de esa época decía: “Es un hombre de carne y hueso: dice misa, confiesa,
ayuda a bien morir, bautiza, consagra la unión matrimonial, etc. Y sin embargo es una
excepción: practica el Evangelio. ¿Falta un carpintero? Es carpintero. ¿Falta un peón? Es un
peón. Se arremanga la sotana en donde quiera, toma la pala o la azada y abre un camino público
en 15 días, ayudado por sus feligreses. ¿Falta todo? ¡Pues él es todo! y lo hace todo con la sonrisa
en los labios y la satisfacción en el alma, para mayor gloria de Dios y beneficio de los hombres, y
todo sale bien hecho porque es hecho a conciencia. Y no ha hecho solamente caminos públicos:
Ha hecho también una buena Iglesia. Ha hecho, además, un gran colegio... ¡y todo sin subsidio
de la provincia, sin erogación por parte de los miembros de la localidad! ¡Lo ha hecho todo con
sus propias garras! ¿Milagro? No. La cosa es muy sencilla. Es cuestión de honradez y voluntad.
En otros términos: es cuestión de haber tomado el apostolado en serio, como lo ha tomado el
cura Brochero.”
Austero, duro y sufrido, ahí andaba Brochero, con la mula Malacara los primeros años y con un
caballo también Malacara después. Imparable. Como cuando se tiró con la mula al río
desbocadamente crecido para ir a auxiliar espiritualmente a un moribundo. O como esa otra vez
en que estaba muy llagado en las nalgas y ante un pedido parecido se hizo atar al recado «para
no aflojar» y poder llegar. O como la vez que salió a buscar al bandido «Gaucho Seco» y se lo
trajo con otros forajidos a la Casa de Ejercicios, de donde salieron como mansos corderos. Lo
mismo intentó hacer con el temible Santos Guayama, que asolaba el valle, quien al conocerlo en
el monte le prometió ir con trescientos hombres. Pero no pudo ser, porque antes Guayama fue
capturado y fusilado. Esa fue una de sus dos grandes frustraciones. La otra fue no conseguir que
a la zona se llevara el ferrocarril, por el que bregó toda su vida.
Según el obispo de Cruz del Eje y titular de la Causa de los Santos del Episcopado argentino,
monseñor Santiago Olivera, Brochero «se adelantó a los tiempos y supo pensar la realidad,
porque la promoción humana y la evangelización que proponemos hoy no estaban tan claras en
su tiempo». En el concepto de Efraín U. Bischoff, «la perduración de su obra es innegable».
Con su salud quebrantada, el 24 de abril de 1898 aceptó la canonjía efectiva en la catedral de
Córdoba que le ofreció el obispo de Córdoba, fray Reginaldo Toro, para que se repusiera. Así,
luego de casi 30 años de ejercicio como párroco en las sierras cordobesas, entregó el curato del
Tránsito el 30 de mayo. Pero el 25 de agosto de 1902 fue nombrado nuevamente cura del
Tránsito, y el 3 de octubre de ese año se hizo cargo de su parroquia otra vez.
En su vejez el cura Brochero enfermó de lepra, como consecuencia de convivir con enfermos que
padecían este mal, compartiendo inclusive el mate con ellos. Esta dolencia, también conocida
como enfermedad de Hansen, lo dejó sordo y prácticamente ciego. El 5 de febrero de 1908
entregó formalmente el curato del Tránsito, regresando a Córdoba el 30 de marzo y radicándose
en Santa Rosa de Río Primero con sus hermanas. En 1910 escribió su testamento en esa Villa, en
uno de cuyos fragmentos señaló: «que mis albaceas me hagan hacer con algún carpintero de esta
Villa, un cajón sencillo, para que algo gane con esa obra, y colocando en él mi cadáver sea
enterrado en el suelo en cualquier punto de la calle principal de la entrada del cementerio
actual».
Vivió en Villa Santa Rosa hasta 1912. Luego decidió regresar a Villa del Tránsito a terminar con
su última promesa: el ferrocarril que aún no había podido concretar. El 21 de octubre de 1912 se
entrevistó con Hipólito Yrigoyen, para interesarlo en la construcción del ramal Soto Dolores.
Luego viajó a Villa del Tránsito donde, por pedido de sus feligreses, permaneció hasta su muerte
ocurrida el 26 de enero de 1914 en lo que hoy es el Museo Brocheriano. Tenía 73 años. Fiel a su
lenguaje popular, sus últimas palabras fueron: “Ahora tengo ya los aparejos listos pa'l viaje.”
El 17 de marzo de 1967, la Santa Sede autorizó que el proceso de canonización de José Gabriel
Brochero se iniciara en la arquidiócesis de Córdoba, en lugar de la diócesis de Cruz del Eje en la
que había fallecido, durante el cual testificaron 39 personas. A pesar del tiempo transcurrido, 53
de los 61 testimonios correspondieron a testigos de visu, es decir, que conocieron personalmente
a Brochero.
El 3 de marzo de 1979, la Congregación para las Causas de los Santos emitió un decreto en el que
reconocía que en los escritos de José Gabriel Brochero no había nada contrario a su proceso de
canonización. En 1980 se publicó el Summarium, un compendio de las declaraciones de los
testigos, y en 1982 se publicó la Informatio en que se señalaba el ejercicio extraordinario de las
virtudes cristianas. El cura Brochero fue declarado venerable en 2004, durante el pontificado de
Juan Pablo II. El 7 de abril de 2009, el obispo Carlos José Ñáñez, señaló la respuesta que Juan
Pablo II pronunció cuando se le explicó quién era Brochero: «Entonces el cura Brochero sería el
Cura de Ars de la Argentina»
En febrero de 2009 se inició en Córdoba un proceso que tuvo por objetivo analizar un presunto
milagro atribuido a la intercesión del cura Brochero, la recuperación del niño Nicolás Flores,
que estuvo al borde de la muerte luego de tres paros cardiorrespiratorios, con pérdida de masa
ósea del cráneo y masa encefálica como resultado de un accidente automovilístico. Su padre,
Osvaldo Flores, había pedido a Brochero que intercediera por la vida de Nicolás. El 7 de julio de
2012 se reunió una comisión de teólogos para observar el caso del supuesto milagro atribuido a
la intercesión del venerable cura Brochero. Los integrantes se expidieron positivamente en
forma unánime. El 20 de diciembre de 2012, Benedicto XVI firmó el decreto de beatificación
que validaba el milagro de Brochero.
La recuperación de la niña sanjuanina Camila Brusotti luego de haber sido golpeada por su
madre y su padrastro y de sufrir un infarto masivo en el hemisferio cerebral derecho se
consideró como un hecho extraordinario por parte de una junta de siete médicos y como un
milagro por parte de un tribunal eclesiástico de Roma. Según la Comisión Teológica, ese hecho
se produjo por la intercesión de Brochero. La firma papal dio lugar al consistorio para la
canonización. realizada el 16 de octubre de 2016, en una celebración presidida por el propio
Francisco. Así, Brochero se convirtió en la segunda persona nacida en Argentina y venerada
como santa por la Iglesia católica —después de san Héctor Valdivielso Sáez— y en la primera
persona canonizada que nació y murió en ese país.
Sin dudas, la obra de José Gabriel Brochero es ingente, no solo por la cantidad de realizaciones,
sino por haberse hecho en una de las zonas por entonces más aisladas y carentes de recursos
materiales de la provincia de Córdoba, y por los medios con que el propio Brochero contó para
efectuarlas, todo a lomo de mula primero, y de caballo después. Sus logros espirituales no se
pueden medir, pero lo que dejó por añadidura en aquel desierto de piedra resulta increíble. Ahí
está ese gran edificio de la Casa de Ejercicios Espirituales a la que llevó en sucesivas tandas a
más de 70 000 personas, frente a la plaza de la antigua Villa del Tránsito que hoy lleva su
nombre: Villa Cura Brochero. Y el también notable Colegio de Niñas, para el que trajo en
caballos a quince monjas desde Córdoba, monjas con las que después tuvo algunos conflictos. Y
la iglesia de la Villa, y otras iglesias que construyó o restauró, y acueductos, canales y diques, y
sesenta y seis caminos vecinales, cuando se arremangaba la sotana y trabajaba con su gente de
sol a sol, como en su gran obra del camino de Soto a Villa Dolores o en los comienzos del ahora
magnífico de las Altas Cumbres. (Roque Sanguinetti).
A partir del año 1997 La Asociación Cultural "La Vuelta del Guerrero" comenzó con las
Cabalgatas Brocherianas. En las primeras cuatro cabalgatas, realizó los cuatro cruces
topográficos y geodésicos recuperando los verdaderos Caminos de Herradura del Cura Brochero
desde El Tránsito a Córdoba y en los cruces subsiguientes se realizó la marcación de los mismos
con cartelería y colocación de monolitos y referencias históricas. Las primeras 10 Cabalgatas
Brocherianas tuvieron este objetivo, para conocer y valorizar la Gran Obra del Cura Gaucho. En
la actualidad se realizan recorridos a manera de peregrinación. Estimativamente participan más
de 500 jinetes a caballo, acompañados por 200 a 250 caminantes.
Santa Margarita María Alacoque
Santa Margarita María de Alacoque (Verosvres, Francia, 22 de julio de 1647 – Paray-le-Monial,
Francia, 17 de octubre de 1690) fue una monja católica francesa que perteneció a la Orden de la
Visitación de Santa María, conocida por haber recibido las famosas apariciones del Sagrado
Corazón de Jesús que ocurrieron donde hoy se sitúa la Basílica del Sagrado Corazón (Paray-le-
Monial).
Después de fallecer su padre, en diciembre de 1655, fue internada en el pensionado de las
religiosas clarisas. Desde entonces empezó a vivir una vida de sufrimiento que supo encauzar
hacia Dios: “Sufriendo entiendo mejor a Aquél que ha sufrido por nosotros”, decía.
Tuvo una enfermedad que la inmovilizó durante cuatro años en los que estuvo en cama y de la
que se curó milagrosamente por intercesión de la Virgen María: “La Santísima Virgen tuvo
siempre grandísimo cuidado de mí; yo recurría a Ella en todas mis necesidades y me salvaba de
grandísimos peligros...”
Después de muchas dificultades para convencer a sus parientes de su convicción a formar parte
de la famosa Orden de las Visitandinas, por fin logró Margarita lo que tanto deseaba, entrar en
el monasterio de la Visitación de Paray-le-Monial el 20 de junio de 1671.
El 27 de diciembre de 1673, en la festividad de san Juan Evangelista, sor Margarita María, que
tenía 25 años, estaba en adoración ante el Santísimo Sacramento. En ese momento tuvo la
primera de sus visiones de Jesucristo, que se repetirían durante dos años más, todos los
primeros viernes de mes.
En 1675, durante la octava del Corpus Christi, Jesús se le manifestó con el corazón abierto, y
señalando con la mano su corazón, exclamó: “He aquí el corazón que ha amado tanto a los
hombres, que no se ha ahorrado nada, hasta extinguirse y consumarse para demostrarles su
amor. Y en reconocimiento no recibo de la mayoría sino ingratitud.”
"Mi Divino Corazón, está tan apasionado de Amor a los hombres, en particular hacia ti, que, no
pudiendo contener en él las llamas de su ardiente caridad, es menester que las derrame
valiéndose de ti y se manifieste a ellos para enriquecerlos con los preciosos dones que te estoy
descubriendo los cuales contienen las gracias santificantes y saludables necesarias para
separarles del abismo de perdición. Te he elegido como un abismo de indignidad y de
ignorancia, a fin de que sea todo obra mía".
Según el testimonio de Margarita, el mencionado Corazón estaba rodeado de llamas, coronado
de espinas, con una herida abierta de la cual brotaba sangre y del interior emergía una cruz.
Después de dicha visión, Margarita destacó entre sus hermanas por su fervor ante el Santísimo
Sacramento y obediencia en todo lo requerido de su persona, cumpliendo fielmente sus
obligaciones. La superiora del convento de Paray-le-Monial le encargó ser ayudante de las
hermanas de enfermería y se dedicó a este oficio con una caridad sin límites. Sin embargo, tuvo
mucho que sufrir, ya que la enfermera casi nunca aprobaba la labor que realizaba, aunque
Margarita ponía todo su empeño en cumplir su oficio, esta labor nunca llegaba a contentarla a
pesar de tomar para sí los trabajos más penosos y lo más costoso a la naturaleza.
Por otra parte, como religiosa, era considerada un modelo. En la despensa del convento
Margarita se hacía servir unas porciones de alimentos que jamás se hubiera atrevido a servir a
otra persona. Apenas oía la llamada del campanario, dejaba todo lo que estaba haciendo para
acudir a su oficio sin miramientos por su estado de salud y sin permitirse el menor alivio.
No desdeñaba ocuparse en las cosas más penosas, ni dispensarse de nada y solía llevar pesos
superiores a su fuerzas, buscando en todo mortificación. Recogía todos los pedazos de pan
mordidos y poco limpios que habían caído al suelo, llenos de polvo, y, poniéndolos en una
escudilla, los llevaba a la cocina para que hiciesen con ellos su sopa. Sin reparar en más, echaba
así el caldo hasta que una de las hermanas lo vio y quedó muy sorprendida. Era corriente en ella
hacer cosas parecidas a ésta para vencer su natural repugnancia, pues tenía una gran aversión a
todo lo que fuese suciedad o poca limpieza.
Era siempre de las primeras en acudir a los trabajos comunes y se daba a ellos con tanta
asiduidad que era preciso que interviniese la obediencia para retirarla de allí. Era tan
desprendida de todas las cosas que rehusó una pensión vitalicia que sus parientes quisieron
darle. Iba con frecuencia a ofrecer sus servicios a las hermanas de la cocina, ya fuera para llevar
leña, ya para lavar la loza o para otra cosa cualquiera.
Otra dificultad para Margarita fueran las acusaciones hacia ella acerca de su extrema devoción
"mística". Pues sus superiores le indicaban que esas formas de espiritualidad no iban con el
espíritu de la Orden de la Visitación. Miraban con recelo sus experiencias como sujetas a ilusión
y al engaño. Y así dudaban sus superioras el permitir que Margarita hiciese sus votos de
profesión y le mandaron que le pidiese al Señor que la hiciese útil a la santa religión por la
práctica exacta de todas las observancias.
Las visiones le causaron al principio incomprensiones y juicios negativos de su entorno, hasta
que fue puesta bajo la dirección espiritual del jesuita san Claudio de la Colombière. En el último
periodo de su vida, elegida maestra de novicias, tuvo el consuelo de ver difundida la devoción al
Sagrado Corazón de Jesús, y los mismos opositores de un tiempo atrás se convirtieron en
fervorosos propagandistas. Murió a los 43 años de edad.
La discusión en relación a la misión y virtudes de santa Margarita María continuó por varios
años. Se examinaron la totalidad de sus acciones, sus revelaciones, de sus máximas espirituales
y de su enseñanza de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús que ella había expuesto.
Finalmente, la Sagrada Congregación de Ritos emitió un voto favorable y en marzo de 1824, el
papa León XII la proclamó venerable, y el 18 de septiembre de 1864, Pío IX la declara beata. Fue
incluida en la nómina de los santos por Benedicto XV el 13 de mayo de 1920.
San Francisco de Asís
San Francisco de Asís (en italiano San Francesco d’Assisi, nacido Giovanni di Pietro
Bernardone; Asís, 1181/11825-ibidem, 3 de octubre de 1226) fue un santo italiano, fundador de
la Orden Franciscana, surgida bajo la autoridad de la Iglesia católica en la Edad Media. Destaca
como una de las grandes figuras de la espiritualidad en la historia de la cristianidad. Es patrono
de los animales, medio ambiente, belenistas, comerciantes (en particular fabricantes de telas,
sastres y tejedores), Italia, Perú, Filipinas, Quito (Ecuador), Milagro (Ecuador), Azogues
(Ecuador), Meycauayan (Filipinas), Arribeños (Argentina), Telchac Pueblo (México), Tlaltenco
(México), San Francisco de Conchos (México), California (EE. UU.), Real de Catorce (México),
San Francisco del Rincón, Iguala (México).
De ser hijo de un rico comerciante de la ciudad en su juventud, pasó a vivir bajo la más estricta
pobreza y observancia de los Evangelios. En Egipto, intentó infructuosamente la conversión de
los musulmanes al cristianismo. Su vida religiosa fue austera y simple, por lo que animaba a sus
seguidores a hacerlo de igual manera. Tal forma de vivir no fue aceptada por algunos de los
nuevos miembros de la orden mientras esta crecía; aun así, Francisco no fue reticente a una
reorganización. Es el primer caso conocido en la historia de estigmatizaciones visibles y
externas. Fue canonizado por la Iglesia católica en 1228, y su festividad se celebra el 4 de
octubre. En italiano es conocido también como il poverello d'Assisi, es decir, "el pobrecillo de
Asís".
Francisco recibió la educación regular de la época, en la que aprendió latín. De joven se
caracterizó por su vida despreocupada: no tenía reparos en hacer gastos cuando andaba en
compañía de sus amigos, en sus correrías periódicas, ni en dar pródigas limosnas; como
cualquier hijo de un potentado tenía ambiciones de ser exitoso.
En sus años juveniles la ciudad ya estaba envuelta en conflictos para reclamar su autonomía del
Sacro Imperio. En la batalla de Ponte San Giovanni, en noviembre de 1202, Francisco fue hecho
prisionero y estuvo cautivo por lo menos un año. Desde 1198 el pontificado se hallaba en
conflicto con el Imperio, y Francisco formó parte del ejército papal bajo las órdenes de Gualterio
de Brienne contra los germanos.
De acuerdo con los relatos, fue en un viaje a Apulia (1205) mientras marchaba a pelear, cuando
durante la noche escuchó una voz que le recomendaba regresar a Asís. Así lo hizo y volvió ante la
sorpresa de quienes lo vieron, siempre jovial pero envuelto ahora en meditaciones solitarias.
Empezó a mostrar una conducta de desapego a lo terrenal. Un día en que se mostró en un estado
de quietud y paz sus amigos le preguntaron si estaba pensando en casarse, a lo que él respondió:
Estais en lo correcto, pienso casarme, y la mujer con la que pienso comprometerme es tan noble,
tan rica, tan buena, que ninguno de vosotros visteis otra igual. Hasta ese momento todavía no
sabía él mismo exactamente el camino que había de tomar de ahí en adelante; fue después de
reflexiones y oraciones que supo que la dama a quien se refería era la Pobreza.
El punto culminante de su transformación se dio cuando convivió con los leprosos, a quienes
tiempo antes le parecía extremadamente amargo mirar. Se dedicó después a la reconstrucción
de la capilla de San Damián. Según los relatos, lo hizo después de haber visto al crucifijo de esta
iglesia decirle: Francisco, vete y repara mi iglesia, que se está cayendo en ruinas. Entonces
decidió vender el caballo y las mercancías de su padre en Foligno, regresó a San Damián con lo
ganado y se lo ofreció al sacerdote, pero este lo rechazó.
Su padre, al darse cuenta de la conducta de su hijo, fue enojado en su búsqueda, pero Francisco
estaba escondido y no lo halló. Un mes después fue él mismo el que decidió encarar a su padre.
En el camino a su casa, las personas con que se encontró lo recibieron mal y, creyéndolo un
lunático, le lanzaron piedras y lodo.
Su padre, más preocupado por lo perdido de su patrimonio, acudió a las autoridades civiles a
forzarlo a presentarse, pero el joven rehusó hacerlo con el argumento de no pertenecer ya a la
jurisdicción civil, por lo que las autoridades dejaron el caso en manos de la Iglesia. Francisco se
sometió al llamado de la autoridad eclesial. Ante el requerimiento de devolver el dinero frente a
su padre y al obispo de Asís, de nombre Guido, no sólo lo hizo, sino que se despojó de todas sus
vestimentas ante los jueces, proclamando a Dios desde ese momento como su verdadero Padre.
Ante esto, el obispo lo abrazó y le envolvió con su manto.
No se sabe con certeza cuántas iglesias en ruinas o deterioradas reconstruyó; entre ellas, a la que
más estima tenía era la capilla de la Porciúncula (“la partecita”, llamada así porque estaba junto
a una construcción mayor). Allí fue donde recibió la revelación definitiva de su misión,
probablemente el 24 de febrero de 1208, cuando escuchó estas palabras del Evangelio: No lleven
monedero, ni bolsón, ni sandalias, ni se detengan a visitar a conocidos... (Lc., 10). Así, cambió su
afán de reconstruir las iglesias por la vida austera y la prédica del Evangelio. Después de
someterse a las burlas de quienes lo veían vestido casi de trapos, ahora su mensaje era
escuchado con atención. Bajo la pobreza que Francisco predicaba y pedía, los frailes hacían sus
labores diarias atendiendo leprosos, empleándose en faenas humildes para los monasterios y
casas particulares, y trabajando para granjeros. Pero las necesidades cotidianas hacían la colecta
de limosna inevitable, labor que Francisco alentaba con alegría por haber elegido el camino de la
pobreza. Comenzó también la expansión del mensaje evangélico, y para ello los estimuló a viajar
de dos en dos.
Hacia abril o mayo de 1209, Francisco se decidió a presentarse ante el papa Inocencio III, para
que le aprobara la primera regla de la Orden. Con ese fin, él y sus acompañantes emprendieron
el viaje a Roma. Fue bajo la intervención del obispo Guido de Asís como pudo tener audiencia
con el papa. Este y ciertos cardenales objetaban el programa franciscano por el peligro de crear
otra organización nueva, debido a los movimientos anticlericales de la época y a la falta de una
mínima base material de la orden; pero bajo la influencia del cardenal Juan de San Pablo y su
apoyo, Francisco pudo tener una nueva audiencia para que se considerara la aprobación de su
hermandad de pobres.
El papa por fin aprobó la regla verbalmente, al convencerse de que la ayuda de un hombre como
Francisco reforzaría la imagen de la Iglesia con su prédica y su práctica del Evangelio.
Camino de vuelta a Asís, él y sus acompañantes se ubicaron en un lugar llamado Rivotorto,
donde consolidaron sus principios de vivir en la pobreza, conviviendo entre los campesinos
locales y atendiendo a leprosos; desde entonces se hacían llamar a sí mismos Hermanos
Menores o Frailes Menores (el nombre fundacional de la congregación es Ordo Fratrum
Minorum, abreviado O.F.M.).
Después de la estadía en Rivotorto, buscó una sede para su orden; fue un abad benedictino del
Monte Subasio quien le ofreció la capilla de la Porciúncula. Francisco aceptó, pero no como un
regalo, sino que pagaba como renta canastas con peces.
Dentro del ánimo de la época de los viajes hacia el Este, hizo un intento de ir a Siria para la
expansión del Evangelio en la tierra de los llamados «infieles». Esto sucedió probablemente a
finales del año 1212 y nuevamente dos años más tarde. Ambas empresas se frustraron.
Durante el Concilio de Letrán de 1215, la organización adquirió un fuerte estatus legal; en ese
año se decretó que toda nueva orden debía adoptar la Regla de San Benito o la de San Agustín.
Para los Frailes Menores no hubo necesidad de esto, por haber sido aceptados seis años antes
(aunque de palabra y no oficialmente). En este concilio el papa Inocencio III tomó la letra Tau
como símbolo de conversión y señal de la cruz; de ahí en adelante el poverello fue devoto de este
símbolo.
Bajo el pontificado de Honorio III en 1216, se promovió la indulgencia plenaria a favor de todo
aquel que visitara la iglesia de Santa María de los Ángeles de Porciúncula. Obtuvo Francisco esa
gracia del papa para que la peregrinación se realizara una vez al año, pero bajo fuerte oposición,
puesto que pocos lugares podían disfrutar de tan alto privilegio.
Tomó como misión la conversión de los musulmanes. Para ello se acompañó del hermano
Illuminato para adentrarse en esas tierras; al encontrarse con los primeros soldados sarracenos
fue golpeado, pero inmediatamente pidió ser llevado ante el sultán de Egipto al-Malik al-Kamil.
Según las crónicas de Buenaventura, el poverello, en su afán de convertirlo al cristianismo,
invitó a los ministros religiosos musulmanes a entrar con él en una gran fogata (equivalente a
una ordalía o prueba del fuego), para así demostrar qué religión era la verdadera; los mulás
rehuyeron la propuesta. Francisco ofreció entrar solo y retó al Sultán a que, si salía ileso, se
convertiría al cristianismo e incitaría a su pueblo a hacerlo; el príncipe rechazó también esa
posibilidad. Al final, sus pretensiones se frustraron. En reconocimiento, el sultán de Egipto
entregó a Francisco un cuerno de marfil finamente tallado que habría oficiado de pasaporte en
tierras musulmanas y que se conserva en la Basílica de Asís. Tiempo después, Francisco obtuvo
del sultán al-Mu'azzam de Damasco, hermano de al-Malik, permiso solo para visitar Siria y
Tierra Santa.
Francisco asistió en junio de 1224 a lo que fue su último capítulo general de la orden. Hacia
principios de agosto decidió hacer un viaje a un lugar aislado llamado Monte Alvernia, a unos
160 kilómetros al norte de Asís; escogió para este viaje a algunos de sus compañeros: León,
Angelo, Illuminato, Rufino y Masseo, a quien el poverello puso al mando del grupo.
Estando en la cima, fue visitado por el conde Orlando, quien llevaba provisiones a los hermanos.
Francisco le pidió construirle una cabaña a manera de celda, donde después se aisló. La oración
ocupó un lugar central en la vida de Francisco; para ello buscaba la vida eremítica, el silencio y
soledad interior.
En la fiesta de la Asunción Francisco decidió hacer un ayuno de cuarenta días.
Por órdenes del poverello, fray León lo visitaba dos veces para llevarle pan y agua. Según los
relatos que recogieron los testimonios de León, este fue testigo de la aproximación y alejamiento
de una bola de fuego que bajaba del cielo; por este prodigio, Francisco le comentó que algo
grande estaría por ocurrir. Le hizo abrir tres veces el misal para encontrar respuesta, y las tres
veces se abrió en la historia de la Pasión de Jesús.
Probablemente el 14 de septiembre de 1224, oró para recibir dos gracias antes de morir: sentir la
Pasión de Jesús, y una enfermedad larga con una muerte dolorosa. Después de intensas
oraciones, entonces en un trance profundo —según relato de San Buenaventura— el mismo
Nazareno se le presentó, crucificado, rodeado por seis alas angélicas, y le imprimió las señales
de la crucifixión en las manos, los pies y el costado; posteriormente, sus hermanos vieron los
estigmas de Francisco, que él conservó por el resto de su vida. Sin embargo, Francisco —al igual
que otros santos estigmatizados— hizo todo lo posible para ocultarlos a la vista de los demás por
considerarse indigno, no del dolor que sentía, sino de ser portador de las señales de la Pasión de
Cristo. Por eso, fue desde entonces con las manos metidas entre las mangas del hábito, y con los
pies cubiertos por medias y zapatos.
Retornó a la Porciúncula acompañado sólo por León; en su camino hubo muestras de
veneración al estigmatizado, aparentemente su acompañante hacía saber a todos acerca del
prodigio. Mientras tanto, su salud —que desde mucho tiempo antes nunca fue buena del todo—
empeoraba. El sangrado de sus heridas lo hacía sufrir constantemente. En el verano de 1225
pasó un tiempo en San Damián bajo el cuidado de sus allegados.
Fue durante esta temporada cuando compuso el Cántico de las criaturas, que hizo también
cantar a sus compañeros. Se encaminó luego a Rieti, rodeado del entusiasmo popular por
tocarlo o arrancar algún pedacito del paupérrimo sayo que vestía, y se instaló en el palacio del
obispo. Deseó volver a la Porciúncula a pasar sus últimos días. Arribó a Asís y fue llevado al
palacio del obispo y resguardado por hombres armados, puesto que la localidad estaba en estado
de guerra. En su lecho escribió su Testamento. En sus últimos momentos entonó nuevamente su
Cántico al Hermano Sol —al que agregó un nuevo verso dedicado a la hermana Muerte— junto a
Angelo y León.
De acuerdo con su último deseo, fue encaminado a la Porciúncula, donde se estableció en una
cabaña cercana a la capilla. Murió el 3 de octubre de 1226 a la edad de 44. Al día siguiente, el
cortejo fúnebre se encaminó hacia San Damiano y después a San Giorgio, donde fue sepultado.
Fue canonizado el 16 de julio de 1228. Sus restos se encuentran en la Basílica de San Francisco
en Asís.
Al no ser sacerdote, en vez de dar doctrina, practicaba una predicación exhortativa, esto es,
incitaba a la conversión y a vivir una vida evangélica; predicaba también con el ejemplo, con su
estilo de vida aliada a la pobreza. Su manera de predicar era por medio de laudas, o alabanzas,
con el objetivo de llamar la atención de los hombres a honrar al Ser Supremo.
Los Fioretti —de autor anónimo— son una recopilación de hechos de Francisco, de algunos de
los frailes que lo acompañaban y de San Antonio de Padua. Escritas en la segunda mitad del
siglo XIV no constituyen una biografía sino una exaltación de las virtudes del poverello y de su
vida simple para edificación del lector. Por ejemplo, en la historia de Cómo Francisco libró de un
lobo feroz a la ciudad de Gubbio, el poverello fue a buscar a la fiera que atacaba a los habitantes
de la localidad. Logró hacer un pacto con él al «convencerlo» de no seguir sus fechorías a
cambio que los pobladores le darían el sustento que necesitaba. La bestia puso una pata
delantera sobre la mano de Francisco en señal de asentimiento. Logró convivir con la gente y
murió dos años después de viejo.
Francisco ha quedado como aquel que, en su espíritu de pobreza y desprendimiento,
probablemente más se pareció a Jesús en la historia de la cristiandad. El «Pobre de Asís» sigue
conmoviendo por su capacidad de reconciliación con todo y con todos, respetado no sólo por
creyentes de todas las religiones, sino también por no creyentes. Es, quizás, el santo más
ecuménico, razón por la cual se realizaron encuentros interreligiosos mundiales en Asís, la
«ciudad de Francisco».
Es el patrono de los veterinarios y de los profesionales relacionados con bosques y forestas
(ingenieros de montes, ingenieros forestales, agentes y guardas forestales, y otros cuerpos
similares) y, por extensión, de los movimientos ecologistas que empeñan sus esfuerzos en el
cuidado de la naturaleza y del ambiente.
Aunque algunos sostienen que la creación del pesebre es anterior a Francisco, fue sin dudas él
quien popularizó el Nacimiento o escena del nacimiento de Jesús. Al entrar a rezar en la ermita
de Greccio en la Navidad de 1223, Francisco sintió el deseo de representar en vivo el nacimiento
del Niño Jesús, y ese hecho fue decisivo en la universalización de esa tradición. En 1986, a
petición de las asociaciones belenistas de todo el mundo, el papa Juan Pablo II proclamó
patrono universal del "Belenismo" a san Francisco de Asís.
En virtud de la devota peregrinación de san Francisco a Oriente, y de su voluntad de reconciliar
a todos los hombres, los franciscanos son custodios de los Santos Lugares. La presencia
franciscana en Tierra Santa, que con diversas vicisitudes se ha mantenido siempre, adquirió
estabilidad y carácter oficial de parte de la Iglesia en 1342. Cuando, en 1992, se cumplieron los
650 años de tales bulas, Juan Pablo II envió al ministro general de la orden un mensaje de
felicitación a la vez que de exhortación a perseverar en el encargo recibido de la Iglesia.
El papa Francisco eligió este nombre en honor a san Francisco de Asís el 13 de marzo de 2013.
La segunda encíclica de su pontificado, Laudato si’ (en español, Alabado seas), que tiene por
tema central la conservación del ambiente con particular énfasis en la búsqueda de una
«ecología integral», reproduce en su título las primeras palabras del Cántico de las criaturas del
santo de Asís.
Laudato si’, mi’ Signore» – «Alabado seas, mi Señor», cantaba san Francisco de Asís. En ese
hermoso cántico nos recordaba que nuestra casa común es también como una hermana, con la
cual compartimos la existencia, y como una madre bella que nos acoge entre sus brazos:
«Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra, la cual nos sustenta, y gobierna y
produce diversos frutos con coloridas flores y hierba.
San Francisco Javier
Francisco de Jaso y Azpilicueta, más conocido como Francisco Javier, o también como Francisco
Xavier, (7 de abril de 1506-3 de diciembre de 1552), fue un religioso y misionero navarro de la
Compañía de Jesús nacido en la localidad de Javier (Reino de Navarra) y fallecido en la isla
Shangchuan (China). Fue canonizado por la Iglesia católica con el nombre de san Francisco
Javier. Francisco Javier fue un misionero jesuita de primer orden, miembro del grupo
fundacional de la Compañía de Jesús y estrecho colaborador de su fundador, Ignacio de Loyola.
Destacó por sus misiones que se desarrollaron en el oriente asiático y en el Japón. Recibió el
sobrenombre de Apóstol de las Indias.
Francisco había abrazado la carrera eclesiástica y marcha en 1528 a París a la Universidad de la
Sorbona, donde conoce a Ignacio de Loyola, con quien fundará más adelante la Compañía de
Jesús. Fue en París donde con otros cinco compañeros se constituye lo que sería el embrión de la
Compañía de Jesús. El 15 de agosto de 1534, una vez finalizados los estudios, juran votos de
caridad y castidad, a la vez que prometen viajar a Tierra Santa, en la Cripta del Martirio de
Montmartre. Francisco se queda en París otros dos años más estudiando Teología, después de
participar en los Ejercicios espirituales junto a Ignacio de Loyola.
En 1537 se reúne con Ignacio de Loyola para viajar a Italia. En Roma visitan al Papa Paulo III
para pedirle su bendición antes de emprender el viaje a Tierra Santa, viaje que no se iba a poder
realizar por haber entrado en guerra Venecia con Turquía. Llegan a Venecia y es ordenado
sacerdote el 24 de junio. Durante su estancia en Venecia, mientras esperaban el barco para ir a
Tierra Santa, se dedica junto a sus compañeros a predicar por los alrededores. Ante la tardanza
del viaje, vuelven a Roma y se ofrecen al Papa para ser enviados a cualquier otro lado. De allí
parte hacia Lisboa en 1540, donde dará comienzo la etapa más importante de su vida: la de
misionero.
El viaje a Lisboa fue por tierra, para entregar cartas de Ignacio de Loyola a su familia. En Lisboa
estuvieron un tiempo, hasta que fue designado Francisco para ser el enviado a las Indias. En ese
tiempo no pararon de predicar el evangelio a los pobres de la ciudad.
El 7 de abril de 1541, día que cumplía 35 años, sale la expedición y llega el 22 de septiembre a
Mozambique. Allí se queda hasta febrero del año siguiente. En esa estancia ayuda en el hospital
y percibe la realidad del trato que se da a los negros, lo cual le lleva a tener los primeros
enfrentamientos.
Llega a Goa (ciudad que luego sería capital de la India Portuguesa) el 6 de mayo de 1542.
Prepara un texto divulgativo del catecismo y comienza a predicar la doctrina católica por la
ciudad, a la vez que asiste a moribundos, visita a presos y socorre a pobres.
Para lograr un acercamiento más intenso se dedica a aprender la lengua del país. Evangeliza a
los indios Paravas y recorre las ciudades de Tuticorrín, Trichendur, Manapar y Combuture.
Encontró la oposición de los brahmanes, que habitaban las pagodas de la región.
Durante 1544 realiza más de veinte viajes de evangelización. Ante las noticias de la ejecución de
cristianos en Ceilán, Francisco vuelve a Goa y habla con el gobernador, para acompañar a las
tropas que se iban a enviar para castigar las acciones contra los cristianos que el rey Jafnapatán
había hecho. Por diferentes causas dicha acción nunca se llevó a cabo.
Sale hacia las Islas de Amborio y Ternate en enero de 1546, después de preparar las
Instrucciones para los catequistas de la Compañía de Jesús. Recorre diferentes islas de la región
y en Baranula (Ceran), según cuenta la tradición, un cangrejo le devuelve el crucifijo que había
perdido durante una tempestad.
En junio llega a Ternate, rico centro comercial de especias y última posesión portuguesa,
permaneciendo en ella tres meses. De allí sale a las islas del Moro, donde pasa otros tres meses.
De las islas del Moro emprende viaje de vuelta a Cochín, donde llegaría el 13 de enero de 1548.
Después de realizar labores de reordenación, parte para Japón, junto a sus compañeros Cosme
de Torres y Juan Fernández y el traductor Anjirō, el domingo de Ramos de 1549, llegando a
tierras niponas el 15 de agosto. Desembarcan en Kagoshima, entonces capital del reino Sur del
Japón. Permaneció en esta ciudad durante un año y por tierras japonesas durante dos años y
tres meses. Para responder a las preguntas que los transeúntes realizaban se valía de un
intérprete. Ante el fracaso de la misión, pensó en citarse con el rey de la zona con la esperanza
de que si este se convertía al catolicismo, el pueblo también lo haría. En 1550 se dirige al norte
con esta intención. Funda una pequeña colectividad cristiana en Hirado. Llega a Yamaguchi,
luego a Sakai y, finalmente a Meaco, donde intenta, sin conseguirlo, ser recibido por el
emperador.
Se traslada a Yamaguchi de nuevo y obtiene del príncipe la garantía de respeto a los conversos al
cristianismo. Ante esa perspectiva realiza, junto con sus dos compañeros, una intensa labor de
predicación que da su fruto en la creación de una pequeña comunidad católica. Muchos de los
convertidos son samuráis. La oposición del clero local, los bonzos, fue siempre fuerte.
En septiembre de 1551 le llama el príncipe de Bungo, que le permite predicar en esas islas. Un
mes después y dejando algunos conversos, Francisco Javier se vuelve a la India y se entera de
que ésta ha sido nombrada provincia jesuítica independiente de Portugal y que él es su
provincial.
Mientras realizaba un viaje a China, muere Francisco Javier cuando contaba 46 años de edad.
Su cuerpo es conducido a Goa, donde llega en la primavera de 1554, siendo enterrado en esa
ciudad. Fue canonizado por el papa Gregorio XV en 1622 junto a san Ignacio de Loyola, santa
Teresa de Jesús, san Isidro Labrador y san Felipe Neri.
Ha sido nombrado patrono de todas las tierras al este del cabo de Buena Esperanza, de la Obra
de la Propagación de la Fe y en 1927 el papa Pío XI le nombra Patrono de las Misiones junto a
santa Teresita del Niño Jesús. En 1952 el papa Pío XII lo proclama patrono del turismo. Es
también patrono de la Rama Caminantes dentro del Movimiento Scout católico.
Santa Rosa de Lima
Santa Rosa de Lima O.P. (Lima, Virreinato del Perú, 20 de abril de 1586 - Ibídem, 24 de agosto
de 1617) fue una mística cristiana terciaria dominica canonizada por el papa Clemente X en 1671.
Entre los santos nacidos en América (antiguamente Indias Occidentales), Santa Rosa de Lima
fue la primera en recibir el reconocimiento canónico de la Iglesia católica. Fue proclamada
excelsa patrona de Lima, del Perú (en 1669), del Nuevo Mundo y las Filipinas (en 1670).
Además, es patrona de institutos educativos, policiales y armados: Universidad Católica Santa
Rosa de Venezuela, Policía Nacional de la República del Perú, Policía Nacional del Paraguay y
las Fuerzas Armadas argentinas. En virtud de la enfermedad que le produjo la muerte, es santa
patrona de los tuberculosos.
Nacida en el siglo XVI como Isabel Flores de Oliva, fue hija de Gaspar Flores, arcabucero natural
de Baños de Montemayor, municipio de la provincia de Cáceres (España) y de María de Oliva y
Herrera, hilandera y costurera indígena, natural de Húanuco.
A temprana edad - emulando a la terciaria dominica santa Catalina de Siena - empezó a ayunar
tres veces por semana y a realizar severas penitencias en secreto. Su compañero de juegos fue su
hermano Hernando, quien siempre la apoyó y ayudó. A los doce años se mudó con su familia
hacia Quives, un pueblo a 60 kilómetros de Lima, ubicado en el valle del río Chillón. Es aquí
donde recibió la confirmación de manos del futuro santo católico Toribio de Mogrovejo, su
padrino fue el sacerdote del pueblo Francisco González. Es en Quives donde, al parecer, empezó
con sus mortificaciones contrayendo un reuma muy fuerte, con consecuencias dolorosas para su
recuperación, que ella ocultaba a su madre.
El día de su confirmación en el pueblo de Quives, el arzobispo Toribio de Mogrovejo, la llamó
Rosa sin que alguien pudiese darle noticia al arzobispo de este nombre tan particular e íntimo.
Aunque le mortificaba que la llamasen así, a los 25 años aceptó y quiso que la llamaran «Rosa de
Santa María».
Cuando fue admirada por su belleza, Rosa cortó su cabello y se echó pimienta a la cara, molesta
por haber atraído pretendientes. Rechazó a todos, a pesar de la oposición de amigos y familiares.
Rosa pasaba varias horas al día observando el Sagrado Sacramento, el cual recibía a diario - una
práctica extremadamente rara en aquella época. Finalmente, después de 10 años, hizo voto de
virginidad. Rosa atrajo la atención de los frailes de la Orden Dominica. Ella deseaba convertirse
en monja, pero su padre lo prohibió, por lo que al cabo de unos años ingresó en la Tercera orden
de Santo Domingo a imitación de su admirada santa Catalina de Siena.
A partir de entonces se recluyó, prácticamente, en la ermita que ella misma construyó, con
ayuda de su hermano Hernando, en un extremo del huerto de su casa. Sólo salía para visitar el
templo de Nuestra Señora del Rosario y atender las necesidades espirituales de los indígenas y
los negros de la ciudad. También atendía a muchos enfermos que se acercaban a su casa
buscando ayuda y atención, creando una especie de enfermería en su casa. Muchos biógrafos
escriben que ayudaba a fray Martín de Porres, lo cual no está probado en el texto del "Proceso de
Martín de Porres" (Lima 1579-1639), el cual es santo desde 1962. Rosa se permitía dormir sólo
dos horas al día, de tal forma que pudiera dedicar más tiempo a la oración. Usaba una pesada
corona de plata, con pequeñas espinas en su interior, emulando la Corona de Espinas de
Jesucristo.
En 1615, buques corsarios holandeses deciden atacar la ciudad de Lima, aproximándose al
puerto de El Callao en días previos a la fiesta de La Magdalena. La noticia corre pronto hasta
Lima y con ello la proximidad y desembarco en el Callao, lo que altera los ánimos de los
ciudadanos. Ante esto, Rosa reúne a las mujeres de Lima en la Iglesia de Nuestra Señora del
Rosario para orar por la salvación de Lima. Apenas llegada la noticia del desembarco, la terciaria
subió al Altar, y cortándose los vestidos y cosiendo los hábitos puso su cuerpo para defender a
Cristo en el Sagrario. Los ánimos del vecindario eran alarmantes, llegando a huir muchos de
Lima hacia lugares distantes. Misteriosamente el capitán de la flota holandesa falleció en su
barco días después, y ello supuso la retirada de sus naves, sin atacar el Callao. En Lima todos
atribuyeron el milagro a Rosa y por ello en sus imágenes se le representa portando a la Ciudad
sostenida por el ancla.
En Argentina y Uruguay, hacia fines del mes de agosto ocurre la llamada "Tormenta de Santa
Rosa". La tradición atribuye a Rosa el origen de este fenómeno natural que logró la huida de los
enemigos de tierras peruanas.
Uno de los momentos importantes de su vida es el "Desposorio Místico", ocurrido el Domingo
de Ramos de 1617, en la Capilla del Rosario (Templo de Santo Domingo de Lima). Rosa, al no
recibir la palma que debía portar en la procesión, pensó que era un mensaje de Dios por alguna
ofensa que ella hubiese realizado. Acongojada se dirigió a la Capilla de imagen del Rosario y
orando ante la Virgen, sintió el llamado del Niño Jesús de la imagen, que le dijo: "Rosa de Mi
Corazón, yo te quiero por Esposa", a lo que ella respondió: "Aquí tienes Señor a tu humilde
esclava".
Ya cerca del final de su vida, cayó gravemente enferma. Pasó los últimos tres meses de su vida en
la casa de Gonzalo de la Maza, un contador notable del gobierno virreinal y de su esposa María
de Uzategui. En este lugar se levanta el Monasterio de Santa Rosa de Lima. Murió de
tuberculosis a los treinta y un años de edad, en las primeras horas del 24 de agosto de 1617,
fiesta de San Bartolomé, como ella misma profetizó y contó el padre Leonardo Hansen. El día de
sus exequias y entierro, los devotos se abalanzaban sobre su cuerpo para arrancarle la
vestimenta en busca de un recuerdo, aclamándola como santa. Hoy sus restos se veneran en la
Basílica de Nuestra Señora del Rosario de Lima (Santo Domingo), con notable devoción del
pueblo peruano (y de América) que visita la Capilla dedicada a su culto en el Crucero del Templo
dominicano.
Hubo de requerirse la fuerza de la guardia del virrey para impedir que Rosa fuera desvestida por
los devotos que deseaban llevar alguna reliquia. A pesar de ello, tuvieron que cambiarle tres
veces los hábitos e incluso en el traslado algún irreverente seccionó uno de sus dedos del pie.
Tradicionalmente la fiesta es el día 30 de agosto.
A pocos días de su muerte, se reunieron numerosos testimonios sobre su vida y virtudes. En
1634 se presentó a Roma la causa de beatificación. La beatificación se realizó en el Convento
Dominico de Santa Sabina en Roma, en 1668. Fue canonizada por Clemente X el 12 de abril de
1671, proclamándola por "Principal Patrona del Nuevo Mundo". En Lima, Roma, España y todos
los países de América y Europa, se celebraron fiestas suntuosas en honor de la primera santa
natural de América.
La tradición cuenta que el papa Clemente X, luego de oír los argumentos sobre su canonización
dijo: "¡Hum! ¡Patrona y Santa! ¿Y Rosa? que llueva flores sobre mi escritorio si es verdad", y la
respuesta al instante fue una fragante lluvia de rosas sobre la mesa del papa quien en ese
momento procedió a la canonización.
San Martín de Tours
San Martín de Tours (Sanctus Martinus Turonensis en latín) (Sabaria, Panonia; actual
Szombathely, Hungría, 316-Candes, actual Candes-Saint-Martin, Francia, 397) fue un obispo
católico de Tours elevado a santo, patrón de numerosos lugares; con numerosas iglesias y
basílicas bajo su advocación, entre ellas, una de las más destacada es la Basílica de San Martín
de Tours.
Recibió su educación en Pavía, ingresó con 15 años en la guardia imperial romana, en la que
sirvió hasta el año 356 en la provincia de la Galia (actual Francia).
La leyenda más famosa en torno a su vida sucedería en el invierno de 337, cuando estando
Martín en Amiens encuentra cerca de la puerta de la ciudad un mendigo tiritando de frío, a
quien da la mitad de su capa, pues la otra mitad pertenece al ejército romano en que sirve. En la
noche siguiente, Jesús se le aparece vestido con la media capa para agradecerle su gesto. Esta es
la escena que iconográficamente se ha preferido para su representación.
Martín decide entonces dejar el ejército romano y convertirse, lo cual no puede hacer hasta
pasado un tiempo, al negarle su licencia el emperador. Tras dejar la vida militar se bautiza y se
une a los discípulos de Hilario de Poitiers en la ciudad de Poitiers.
En el año 370 es nombrado obispo de Tours. Su vida pastoral se caracterizó por la
evangelización y la lucha contra las costumbres paganas. Perseguía las teorías del gnosticismo y
maniqueísmo de Prisciliano. Cuando éste fue detenido, Martin acudió ante el emperador Magno
Clemente Máximo para evitar que Prisciliano fuera sentenciado con la muerte. Prisciliano fue
finalmente ejecutado. Martín, afligido y enfadado por este hecho, rompió sus relaciones con el
obispo Idacio, partidario de la ejecución. Más tarde tuvo que reconciliarse con él, cuando el
emperador más importante de la época se lo exigió como condición a cambio de terminar con las
ejecuciones de priscilianistas.
Falleció en Candes en el año 397. Su vida la escribió Sulpicio Severo probablemente ese mismo
año. Es uno de los elementos que contribuyen fuertemente a difundir su devoción y presencia en
la cultura popular.
Su festividad se celebra el 11 de noviembre y como coincide con la matanza del cerdo en muchas
regiones de España, de ahí el origen de la expresión «A cada cerdo le llega su San Martín».
Es patrono de los soldados, tejedores, caballos, comercios en general y fabricantes textiles; de
varios países como Francia, Hungría y de numerosas poblaciones en todo el mundo, como la
ciudad de Buenos Aires. Cumpliendo con una antigua tradición, don Juan de Garay y los
primeros miembros del cabildo, unos días después de fundada la Ciudad, el 20 de octubre de
1580, se reunieron para darle un santo como Protector y Patrono. La suerte recayó en San
Martín. La leyenda cuenta que tiempo después fue pasando de boca en boca hasta el día de hoy
es que los vecinos, al ver el nombre de un “santo francés”, se negaron a que fuera protector de
una ciudad de las colonias españolas. Reiteraron la elección, y por tres veces salió el mismo
nombre, considerando de esa forma que era Dios mismo quien quería ese santo patronazgo.
Santa Teresa de Jesús
Santa Teresa de Jesús (Gotarrendura o Ávila, 28 de marzo de 15158-Alba de Tormes, 4/15 de
octubre de 1582) fue una monja, fundadora de la Orden de Carmelitas Descalzos —rama de la
Orden de Nuestra Señora del Monte Carmelo—, mística y escritora española. También es
conocida simplemente como santa Teresa de Ávila. Su nombre secular fue Teresa Sánchez de
Cepeda Dávila y Ahumada. Fue beatificada en 1614, canonizada en 1622 y proclamada doctora
de la Iglesia católica en 1970 durante el pontificado de Pablo VI.
Junto con san Juan de la Cruz, se la considera la cumbre de la mística experimental cristiana y
una de las grandes maestras de la vida espiritual de la Iglesia.
Según relata la propia Teresa en los escritos destinados a su confesor y reunidos en el libro Vida
de santa Teresa de Jesús, desde sus primeros años mostró una imaginación vehemente y
apasionada. Su padre, aficionado a la lectura, tenía algunos romanceros; esta lectura y las
prácticas piadosas comenzaron a despertar el corazón y la inteligencia de la pequeña Teresa con
seis o siete años de edad.
También le gustaban las vidas de santos. Le impresionaba mucho el heroísmo de los que
preferían morir antes que renegar de su fe. También meditaba mucho sobre que el infierno y del
paraíso fuesen para toda la eternidad. Con su hermano Rodrigo, dos años mayor que ella,
repetía las palabras "Para siempre, siempre, siempre".
Su padre era un hombre con una fe muy ilustrada y amante de la lectura, que enseñaba también
esas costumbres a sus hijos.. El tío de Teresa, al que ella visitaba a menudo, tenía los mismos
gustos literarios y le prestaba a la joven libros de contemplación religiosa como el Tercer
abecedario espiritual (Francisco de Osuna, 1527). En su biografía dice que, cuando era niña,
siempre estaba leyéndose algún libro.
Aquellas primeras lecturas la llevaron a fantasear y emprender una escapada infantil con
Rodrigo a «tierras de moros», para ser decapitados por la fe. Llevaron algunas provisiones y,
para cuando se les acabasen, planeaban ir pidiendo limosna. Según la tradición, fueron
encontrados por su tío, Francisco Álvarez de Cepeda, cuando se encontraban en la Cruz de Los
Cuatro Postes y fueron llevados de vuelta a casa, donde fueron reprendidos. Convencidos de que
su proyecto era irrealizable, los dos hermanos acordaron ser ermitaños. Los dos hermanos y sus
primos construían ermitas con piedras en los terrenos de la casa de campo de Gotarrendura.
Teresa de Ávila no asistió a ninguna escuela y no sabía latín, por lo que eso le excluía de poder
realizar cualquier educación secundaria. Entonces la enseñanza estaba reservada a los varones.
Perdió a su madre cuando tenía trece o catorce años. Ella le pidió a la Virgen María que fuese su
madre a partir de entonces. Luego de ese trauma familiar, sus hermanos emprendieron uno a
uno el camino de las Indias Occidentales, sin permanecer ninguno en el hogar familiar.
Además de las diversiones propias de su edad, como paseos y fiestas familiares o locales, los
jóvenes de la familia dedicaban su tiempo a juegos de sociedad, entre los que destaba el ajedrez.
En su obra Camino de perfección, hace una metáfora con el ajedrez y la vida espiritual: hay que
apropiarse del rey, que sería el Rey de los Cielos; la reina es capaz de poner a las otras piezas en
apuros, pero siempre de forma oportuna, y desempeña el papel de la humildad.
Una mujer de Ávila llamada Mencía López obtuvo una bula del papa Julio II del 28 de
septiembre de 1508 autorizándola a fundar el Convento de Nuestra Señora de Gracia. Las
monjas de la Orden de San Agustín se instalaron en 1510 junto al Alcázar. Este convento tenía
una pensión donde se enseñaba a las jóvenes labores de bordado y prácticas religiosas, mientras
estaban en espera de casarse. En 1514 entró como monja María de Briceño, que pasó a
encargarse de las novicias y de las alumnas. A instancias de su padre, Teresa entró como alumna
en julio de 1531.3144 La influencia de María de Briceño fue muy positiva para que Teresa
aprendiese sobre oración y vida espiritual. Pasó en este convento dieciocho meses. No quería
casarse y, gracias al ejemplo de María de Briceño, decidió ser monja.
Afectada por una enfermedad de la que se tienen escasas referencias, Teresa volvió a su casa.
Luego se marchó a la casa de campo de su hermana María de Cepeda y su marido Martín de
Guzmán. Por el camino se detuvo varios días en la casa de su tío en la pequeña aldea de
Ortigosa. Aquí pasó el tiempo leyendo "buenos libros" y las Epístolas de san Jerónimo.
De retorno a su hogar paterno, ofició como ama de casa durante unos tres años. Informó a su
padre de que quería ser monja. En recia oposición, su padre contestó que no lo consentiría
mientras él viviera. Por su personalidad, ella estaba convencida de no iba a volverse atrás en su
decisión.
Teresa convenció a su hermano Juan de Ahumada para irse con ella a iniciar una vida de
religiosa. El 2 de noviembre de 1535, Teresa entró como postulanta en el Convento de la
Encarnación, de carmelitas, en Ávila, y Juan de Ahumada se fue a un convento dominico. Unas
horas después, el padre logró traerse de vuelta a Juan.
Los carmelitas son una orden religiosa de vida contemplativa fundada a mediados del siglo XII
por ermitaños en la Capilla de Santa María del Monte Carmelo, en Tierra Santa, donde el profeta
Elías demostró el poder del Señor ante los sacerdotes de Baal en el siglo IX a. C. La Virgen del
Carmen se caracteriza por el escapulario y es la patrona de los marineros.
Este convento de carmelitas de Ávila fue fundado en 1512 por Beatriz Higuera. Teresa comenzó
su noviciado el 2 de noviembre de 1536. Profesó como monja el día 3 de noviembre de 1537.
Tras entrar al convento su estado de salud empeoró. Padeció desmayos, una cardiopatía no
definida y otras molestias. Así pasó el primer año. Se hallaba centrada y a gusto con la vida
compartida en aquella comunidad de casi 180 monjas, pero su consagración a Dios fue tan
radical que cambió la oración sencilla y de amistad que tenía antes de su entrada en la Orden
por una oración sistemática que seguía la técnica de los maestros de aquel tiempo. Perdió su
jovialidad, su alegría en la comunicación, y la tristeza la invadió, en tanto que las penitencias
corporales no contentaban su búsqueda de amor y de intimidad con Dios. Todo eso terminó por
generar un desequilibrio de orden psíquico, que tuvo su contraparte de orden físico.
Los médicos de Ávila eran incapaces de curar a Teresa y a Alonso Sánchez le hablaron de una
curandera que obraba prodigios en Becedas, provincia de Ávila. En otoño de 1538 decidió
llevarla hasta ella. Se organizó un pequeño grupo para acompañarla en el viaje. De camino a
Becedas les informaron de que la curandera no atendía en invierno, porque utilizaba plantas que
solamente estaban en primavera. Decidieron esperar hasta la primavera de 1539; fue un periodo
de libertad espiritual sin la disciplina estricta del convento, en el que alcanzó la oración de
quietud, e incluso de unión, además de convencerse de que la oración no podía programarse al
margen de la persona y de sus necesidades. En abril de 1539 el grupo salió para Becedas. Teresa
se hospedó en una posada, donde pasaría tres meses. Allí entabló amistad con el sacerdote
Pedro Hernández, más instruido que la mayoría de curas de pueblo de aquel entonces. Sin
embargo, este era concubinario, ya que mantenía relación con una mujer. Esta le obligaba a
llevar un amuleto de cobre para tenerlo bajo su sujeción. Teresa logró convencerle para que le
entregase el amuleto y lo tiró a un arroyo. El cura rompió con su amante, aunque falleció un año
después.
La curandera comenzó sometiéndola a una purga diaria durante un mes con varios tipos de
hierbas y también pociones hechas con uñas de rana, alas de mosca y excrementos de culebra.
Con esto, Teresa empeoró. Ya no era capaz de tenerse en pie ni de comer nada sólido. A
mediados de julio de 1539, su padre la llevó de nuevo a Ávila. Recurrió de nuevo a los médicos
de la ciudad, sin resultado. Pensaron que tenía tuberculosis. El 15 de agosto de 1539
(solemnidad de la Asunción de María) sufrió un ataque repentino y violento —que ella llamó
«parajismo», es decir, paroxismo— de su enfermedad, una serie de convulsiones seguidas de
pérdida de conocimiento. Le dieron la extremaunción y luego pensaron que estaba muerta.
Pusieron un espejo junto a su boca y no había rastro de vaho. Le pusieron cera en los ojos para
evitar que, tras la muerte, estos permanecieran entreabiertos. La envolvieron en un sudario y
pusieron un crespón fúnebre en la puerta de la casa. Oficiaron una misa de difuntos en su honor,
probablemente en el convento de frailes carmelitas de San Pablo de la Moraleja, donde su tío,
Lorenzo de Cepeda, era sacerdote. También cavaron su tumba. Su padre decidió esperar varios
días antes de enterrarla. Un par de días después, cuando su hermano Lorenzo estaba junto al
lecho de Teresa, esta recuperó el conocimiento. Le quitaron la cera de sus ojos. Se había tratado
de un coma profundo de nivel 3 que duró cuatro días.
Después de esto solamente podía mover un dedo. Para cambiarla de postura, dos personas
movían la sábana donde yacía. Esta manipulación le acarreaba enormes dolores. Tiene la lengua
seca y herida, porque la había mordido muchas veces. Durante un tiempo no pudo comer ni
beber nada.
Esta fue la experiencia más fuerte que tuvo en su juventud, de la que quedaría marcada para
toda su vida: padecía continuamente catarros, migrañas, fiebre, con dolores de la garganta, el
hígado, el estómago, los riñones y el corazón y, en sus propias palabras, con un «miedo a la
muerte» que solo desapareció con la gracia mística.
A pesar de todo, a finales de agosto de 1539 pide que la lleven de nuevo al carmelo, donde pasa a
reposar en la enfermería del convento. A partir de la Pascua de Resurrección, o Pascua Florida,
mejora ligeramente, debió permanecer en cama tres años más. Logrará retomar la vida
conventual en abril de 1542. Teresa atribuyó esta mejoría a la intercesión de san José. Entonces
se traslada de la enfermería a una habitación normal.
La vida en el carmelo no era rigurosa en lo que respectaba a apartarse del mundo. La habitación
de Teresa era bastante grande y a veces hospedaba a algunos familiares que venían a visitarla
durante estancias que, en ocasiones, eran prolongadas. Las monjas podían salir del convento
con permiso de la superiora y pasaban temporadas con familiares o personas vinculadas a la
orden.
Aunque no abandonó la lectura, sí iba dedicando menos tiempo a la oración y pasaba muchas
horas en el locutorio del convento con visitas. Según su testimonio, hacia 1543 se le apareció
Jesucristo reprendiéndole para que dejase de ver a una persona con la que se reunía a charlar
habitualmente de cosas mundanas en el locutorio.
En 1553 se emocionó mucho ante un cuadro que acababan de traer de un Ecce Homo, que
mostraba a Jesucristo cubierto de heridas: “En mirándola [la imagen de Cristo], toda me turbó
de verle tal, porque representaba bien lo que pasó por nosotros. Fue tanto lo que sentí de lo mal
que había agradecido aquellas llagas, que el corazón me parece se me partía y arrojéme cabe en
Él con grandísimo derramamiento de lágrimas, suplicándole que me fortaleciese ya de una vez
para no ofenderle.”
En la Cuaresma de 1554 Teresa leyó las Confesiones de san Agustín de Hipona, lo que influyó
mucho en su espiritualidad. Tras esto, volvió a realizar habitualmente los ejercicios espirituales
que había abandonado, como la meditación. En 1555 tomó la decisión de llevar una vida
espiritual más estricta.
En 1558 tuvo su primer rapto y la visión del infierno. Habla de la entrada como una cavidad
parecida a un horno oscuro, sucio y maloliente con reptiles en el suelo, para luego llegar a un
lugar donde sufren su pena los condenados en el fuego.
El 29 de junio de 1559, mientras estaba rezando, tuvo la sensación de que Cristo estaba a su
derecha y le hablaba.
En abril de 1560, cuando estaba en casa de Guiomar de Ulloa, se produjo la Transverberación
“Vi a un ángel cabe mí hacia el lado izquierdo en forma corporal... No era grande, sino pequeño,
hermoso mucho, el rostro tan encendido que parecía de los ángeles muy subidos, que parece
todos se abrasan... Veíale en las manos un dardo de oro largo, y al fin del hierro me parecía tener
un poco de fuego. Este me parecía meter por el corazón algunas veces y que me llegaba a las
entrañas: al sacarle me parecía las llevaba consigo, y me dejaba toda abrasada en amor grande
de Dios. Era tan grande el dolor que me hacía dar aquellos quejidos, y tan excesiva la suavidad
que me pone este grandísimo dolor que no hay desear que se quite, ni se contenta el alma con
menos que Dios. No es dolor corporal, sino espiritual, aunque no deja de participar el cuerpo
algo, y aun harto. Es un requiebro tan suave que pasa entre el alma y Dios, que suplico yo a su
bondad lo dé a gustar a quien pensare que miento... Los días que duraba esto andaba como
embobada, no quisiera ver ni hablar, sino abrasarme con mi pena, que para mí era mayor gloria,
que cuantas hayan tomado lo criado.”
Este acontecimiento, también conocido como el Éxtasis de Santa Teresa, ha tenido una gran
relevancia en la devoción y el arte católicos. El papa Benedicto XIII estableció el 26 de marzo de
1726 la fiesta de la Transverberación del corazón de santa Teresa el día 25 de agosto.
En septiembre de 1560, cuando Teresa se encontraba con varias monjas, decidieron fundar un
nuevo convento reformado, que observase las reglas originales de la Orden de Nuestra Señora
del Monte Carmelo. Estas fueron redactadas por san Alberto de Jerusalén en 1226 y aprobadas
por Honorio III y fueron mitigadas en 1247 por Inocencio IV y en 1432 por Eugenio IV. Teresa
decidió reformar la orden para volver a la austeridad, la pobreza y la clausura que consideraba el
auténtico espíritu carmelita.
El Convento de San José se abrió el 24 de agosto de 1562. El sacerdote Gapar Dávila dio la
primera misa y recibió a las cuatro primeras novicias en nombre del obispo. El consejo
municipal cree que la ciudad ya tiene muchos conventos y que no hay recursos para que haya
otro más. El corregidor municipal mandó a unos funcionarios para desalojar a las novicias, que
se negaron y dijeron que solo respondían ante el obispo. El cabildo recurrió al Consejo de
Estado. Los oidores del Consejo de Estado se mostraron favorables a las religiosas y, para salvar
las apariencias, el cabildo dijo que mientras contasen con ingresos fijos el nuevo convento no les
importaba. Teresa, en lugar de achantarse, escribió a Roma para pedir un prescripto que
autorizase al convento a no tener renta y que se le otorgó el 5 de diciembre.
Debían dormir en jergones de paja. El ayuno consiste en hacer solamente una comida fuerte al
día. Consagraban ocho meses del año a los rigores del ayuno, desde el Día de la Exaltación de la
Santa Cruz, en septiembre, hasta la Pascua de Resurrección, excepto los domingos y
exceptuando a las religiosas que argumentasen motivos de salud. Se abstenían por completo de
comer carne. Sin embargo, con el convento de Malagón hizo una excepción y lo permitió, porque
el pescado escaseaba. En el convento se dedicaban a la oración, a la lectura de libros religiosos
recomendados por Teresa y al trabajo, donde estaban las labores cotidianas y la costura.
Una innovación fueron los periodos de recreo. Para Teresa era muy importante que las monjas
estuviesen alegres. Había dos periodos de recreo al día, en los que se dedicaban a cosas como
cantar y a organizar concursos poéticos. Otra innovación fueron las ermitas dentro del convento.
Estas podían ser pequeñas ermitas en el jardín, si el convento era lo bastante grande, o espacios
acondicionados en el interior. En ellas la monja podía ir voluntariamente a meditar y a rezar
durante un rato. El Convento de San José tuvo varias ermitas. Estas estaban decoradas con
imágenes de Cristo y de los santos.
El 13 de julio de 1563 Teresa se "descalzó": en lugar de los zapatos, que se usaban en el carmelo
de la Encarnación, pasó a llevar unas alpargatas de cáñamo. Las demás religiosas hicieron lo
mismo. Por eso pasaron a ser conocidas como carmelitas descalzas.
El 15 de febrero de 1567, el superior general de los carmelitas, Juan Bautista Rossi, que estaba
visitando los conventos españoles, visitó el Convento de la Encarnación de Ávila. Regresó a Ávila
en marzo y Teresa le invitó a que visitase el Convento de San José, de las carmelitas descalzas,
aunque no se encontrase bajo su autoridad, ya que dependía del obispo. La personalidad de
Teresa le impresionó. El 27 de abril de 1567 le autorizó por escrito a fundar otros conventos de
carmelitas descalzas en Castilla que dependieran directamente del superior general, aunque
debían tener la autorización del provincial del lugar.
El provincial Ángel Salazar sabía que el Convento de la Encarnación, de carmelitas calzadas,
necesitaba de mejoras y propuso que Teresa fuese la priora. En la Encarnación no querían que
ella fuese la priora y, cuando llegó, el 14 de octubre, una pequeña aglomeración con carmelitas
seglares intentó prohibirle el acceso, además le dijeron "palabras muy feas". Fue preciso que
interviniera el corregidor para apartar a los manifestantes.
Teresa se sentó en el lugar que ocupaba antiguamente, cuando era una simple monja. En el
asiento de la priora había un cuadro de San José. Al día siguiente lo reemplazó por un cuadro de
la Virgen María, para indicar que ella era la verdadera priora. Lo más urgente era sanear la
economía: la duquesa de Alba donó 100 ducados y Lorenzo, hermano de Teresa, le mandó
dinero desde América
Teresa no quería en el Convento de la Encarnación a nadie que no llevase una vida conventual.
Había una monja que vivía con su sobrina, María Juárez, pero esta no podía marcharse porque
era huérfana. Entonces Teresa permitió que se quedase como asistente de su tía. Sin embargo, la
monja no quería que se hiciera una excepción a su favor y logró conseguir una dote para su
sobrina, que en adelante pasó a ser una monja más del convento.
Teresa quería que san Juan de la Cruz fuese confesor y director espiritual de las monjas de la
Encarnación. Con la aprobación del visitador Pedro Fernández, en septiembre de 1572 san Juan
de la Cruz dejó el colegio de Alcalá de Henares para ir a servir en la Encarnación en Ávila. El 18
de noviembre de 1572, durante la misa en el Convento de la Encarnación, cuando san Juan de la
Cruz partió la Sagrada Forma en la Eucaristía, ella escuchó que el Señor le decía: "No hayas
miedo, hija, que nadie sea parte para quitarte de mí". A esto se le llamó el matrimonio espiritual
de santa Teresa.
En las investigaciones previas al proceso de beatificación, que empezaron en 1595, se recogieron
varios testimonios de que Teresa levitaba en algunos de sus estados místicos. Un testimonio
indica que un día en que un sacerdote daba la comunión a las religiosas en una abertura en el
muro del coro de un convento Teresa entró en éxtasis y se elevó de tal forma por encima de la
abertura que no pudo comulgar.
En mayo de 1575 el capítulo general de la Orden del Monte Carmelo, que tuvo lugar en Piacenza,
decidió suprimir todas las fundaciones de los carmelitas descalzos realizadas sin autorización
del superior general, es decir, las de Andalucía. Le quitaron a Jerónimo de la Madre de Dios su
cargo de visitador. San Juan de la Cruz fue apresado por los calzados en Medina del Campo en
1575, pero fue liberado a los pocos días por la intevención del nuncio, Nicolò Ormaneto,
favorable a los descalzos.
El sacerdote Alonso de Velázquez, catedrático, fue nombrado lectoral de la Catedral de Santa
María de Toledo. Allí conoció a Teresa de Jesús, y fue su confesor desde el verano de 1576 hasta
1578, cuando fue nombrado obispo de Osma el 13 de junio de 1578. Por su consejo y el de
Jerónimo de la Madre de Dios, escribió el libro Las moradas del castillo interior, entre julio y
noviembre de 1578. En el prólogo, Teresa describe a Alonso de Velázquez y a Jerónimo de la
Madre de Dios como personas muy cultas. Cuando Alonso de Velázquez era obispo de Osma,
recibió una carta de Teresa, que se considera un tratado sobre la necesidad de la oración.
Le propusieron fundar un carmelo en Palencia. Le dijeron que la ciudad era muy humilde y ella
pensó que no iban a poder vivir de donativos y que no le gustaba fundar conventos con rentas. El
jesuita Jerónimo de Ripalda, que pasó por la ciudad, le animó a aceptar. Salió el 28 de diciembre
de 1580. El 29 de diciembre fundó el convento de Palencia en una casa subarrendada y se
celebró en él la primera misa. Aunque el convento no tenía ingresos fijos, el obispo, Álvaro de
Mendoza, le aseguró que él se encargaría del convento y que no le iba a faltar de nada. Para la
sede definitiva, Teresa compró una casa. El nuevo convento fue inaugurado el 26 de mayo de
1581, con una procesión con música y cánticos religiosos.
La noble Beatriz de Beamonte quiso fundar un convento de monjas en Soria y trató del asunto
con el obispo de su diócesis, Alonso Velázquez, que le habló de Teresa. Ella aceptó fundar el
convento. Salió de Palencia a finales de mayo y llegó a Soria a principios de junio. Fundó el
convento el 3 de junio de 1581 y de dejó como priora a una monja llamada Catalina de Cristo,
que apenas sabía leer. Jerónimo de la Madre de Dios se asombró por esto, pero Teresa dijo que
Catalina de Cristo era una mujer santa y que iba a ser tan buena priora como las otras.
Salió para Ávila el 16 de agosto y el 5 de septiembre arribó al lugar; encontró muy decaido el
Convento de San José. La priora renunció y las monjas quisieron elegir de priora a su
fundadora. Jerónimo de la Madre de Dios le animó a esto y ella aceptó. En esta etapa escribió
muchas cartas.
Algunos jesuitas quisieron fundar con carmelo en Burgos. Teresa aceptó la fundación, a pesar de
su mala salud. Salió de Ávila el 2 de enero de 1582. El 19 de febrero de 1582 se fundó en Lisboa
el Convento de San Alberto, de carmelitas descalzos.
Teresa salió de Burgos a finales de julio de 1582 con su enfermera, la monja Ana de San
Bartolomé, y su sobrina Teresa. Llegó a Alba de Tormes el 20 de septiembre. Se encontraba
enferma, se fue al carmelo y se acostó. En contra de la opinión de los médicos, se levantó para ir
a misa y para inspeccionar el carmelo. Trató los problemas de este convento y también trató de
otro tema del convento de Salamanca. El 29 Teresa quedó postrada en la cama. El 2 de octubre
se confesó, comulgó y realizó unas recomendaciones a las carmelitas. El 3 de octubre un barbero
le realizó una sangría y le aplicó unas ventosas. A las nueve de la noche, recibió la extraunción.
Murió, en los brazos de Ana de San Bartolomé, a las nueve de la noche del 4 de octubre de 1582
(al día siguiente el calendario juliano fue sustituido por el calendario gregoriano en España, por
lo que al día de su fallecimiento le sucedió el día viernes 15 de octubre).
El cuerpo, que no se embalsamó, fue envuelto en una tela bordada con oro, regalo de los duques
de Alba, y puesto en una ataúd de madera. El ataúd estuvo expuesto en la capilla del Convento
de la Anunciación hasta la misa funeral, que se celebró, según el nuevo calendario, el 15 de
octubre. Un albañil y un carpintero realizaron un nicho en el muro que separa la capilla del coro
de las religiosas y fue enterrada el día 15 de octubre. Metieron tierra y piedras en el nicho,
presionaron la argamasa a golpe de mazo y rompieron la tapa del ataúd. Las monjas protestaron
porque se la enterrase así, pero sus protestas fueron inútiles.
Nueve meses después, en julio de 1583, llegó el entonces provincial, Jerónimo de la Madre de
Dios. Este, con la ayuda del carmelita descalzo Cristóbal de San Alberto y las monjas del
convento, que querían ver el cuerpo de la santa, fueron a exhumar el cuerpo. Comenzaron el 4
de julio y tardaron 4 días en retirar las piedras que cubrían el ataúd. Pensaron que el cuerpo no
se había descompuesto, porque de la sepultura provenía un suave olor. Al abrir el ataúd
descubrieron que el cuerpo estaba intacto, como si acabasen de enterrarla.
Para disponer de reliquias, Jerónimo de la Madre de Dios cortó la mano izquierda y el dedo
meñique. Envolvió la mano en un pañuelo y luego en papel, la metió en un cofre y se la dio a las
carmelitas deslcazas de Ávila. Jerónimo se quedó con el dedo meñique. Dijo que, desde que lo
tuvo, no padeció ninguna enfermedad destacable. En 1593, durante un viaje de Mesina a Roma,
fue capturado por unos corsarios musulmanes, que le quitaron esa reliquia, y permaneció
cautivo en Túnez durante dos años. Logró que le devolviesen la reliquia con el pago de 20 reales
y unas sortijas de oro.
Tras la exhumación, las monjas quitaron la tierra, lavaron el cuerpo y le pusieron ropa nueva. La
pusieron en un arca fácil de abrir en el coro para exponerla en ocasiones especiales.
El canónigo Juan Carrillo, tesorero de la Catedral de Ávila, y Julián de Ávila se trasladaron a
Alba, donde fueron recibidos por fray Gregorio Nacianceno. Poco después llegó Jerónimo
Gracián de la Madre de Dios. El 24 de noviembre fray Gregorio le comunicó a las monjas la
decisión de trasladar a Santa Teresa a Ávila. Sin embargo, les dice que podrán conservar como
reliquia el brazo izquierdo, al cual fray Jerónimo ya le había quitado la mano. Fray Gregorio se
encargó de cortar el brazo izquierdo de la santa y las monjas de Alba se quedaron con aquella
reliquia.
Envolvieron el cuerpo de la santa en un sayal, lo metieron sobre una mula entre dos pacas de
paja y lo llevaron a Ávila. En el Convento de San José, las monjas pusieron el cuerpo en la sala
capitular, con unas cortinas que permitían mostrarlo y ocultarlo. Luego mandaron hacer un arca
para el cuerpo. Esta estaba envuelta por dentro de tafetán violeta y por fuera de terciopelo negro
con adornos de oro y seda. Había un escudo de oro y otro de plata, uno con los símbolos de la
orden y otro con el nombre de Jesús. También tenía una tela en la que estaba bordado: Madre
Teresa de Jesús. En Ávila se interpretó como un milagro el agradable olor que desprendía el
cuerpo de la santa y piden que vengan teólogos a determinar esto. El cuerpo fue llevado a la
galería de la entrada. Los médicos lo examinaron y comprobaron que desprendía un olor
agradable y que, aunque habían pasado tres años, no había sufrido ninguna descomposición.
Certificaron que aquello era un milagro, porque el cuerpo no había sido embalsamado, ni tenía
ningún bálsamo ni nada parecido.
Hernando de Toledo se lo tomó muy mal porque admiraba mucho a la santa y sabía que su
cuerpo tenía un gran valor. Se dirigió a la Santa Sede y Sixto V le dio la razón.184 El cuerpo fue
trasladado de nuevo a Alba en agosto.
El cuerpo fue examinado el 25 de marzo de 1588, a petición del obispo de Salamanca, Jerónimo
Manrique. El jesuita Francisco de Ribera estuvo en aquella inspección y escribió sobre el estado
del cuerpo y de la reliquia del brazo en aquel entonces. El brazo era envuelto en un paño que se
iba cambiando y que se entregaba a los visitantes como objeto de devoción. Unos médicos le
extrajeron el corazón. Este se encuentra en un relicario de 1671 en el convento de Alba de
Tormes. El sepulcro de Teresa de Jesús está custodiado por nueve llaves, de las que tres están en
posesión de la Casa de Alba.
Tras la revolución portuguesa de 1910, de carácter anticlerical, las monjas se llevaron la reliquia
a España. En 1924 la llevaron al convento de carmelitas descalzas de Ronda. En 1936, durante la
Guerra Civil Española, las monjas escondieron la mano del anticlerical Frente Popular. Estos
exigieron que les fuera entregada y terminaron confiscándola, argumentando que querían
protegerla de profanaciones. En 1937, cuando las tropas del bando nacional tomaron Málaga, la
encontraron en el equipaje del republicano José Villalba Rubio. Los militares se la regalaron a
Francisco Franco y le dijeron a las monjas de Ronda que le guiaría en su labor de regeneración
de España. Franco tendrá la mano en su dormitorio y la llevará en todos los viajes. Tras la
muerte de Franco, en 1975, Carmen Polo se la entregó al arzobispo de Toledo el 9 de diciembre
de 1975. Este se la entregó al carmelo de Ronda el 21 de enero de 1976.
El obispo de Salamanca, Jerónimo Manrique de Lara, en cuya diócesis está Alba de Tormes,
comenzó las gestiones para su beatificación en 1591. El 12 de marzo de 1622 el papa Gregorio XV
canonizó a los españoles Teresa de Jesús, Ignacio de Loyola, Isidro Labrador y Francisco Javier
y al florentino Felipe Neri. Esto también fue motivo de celebraciones en España. Teresa era
popular en Francia y su canonización, en 1622, fue celebrada también en París.
El 4 de marzo de 1922 fue nombrada la primera doctora honoris causa de la Universidad de
Salamanca por un claustro en el que se encontraba el entonces vicerrector Miguel de Unamuno.
Con todo, la Iglesia católica como institución no reconocía oficialmente el magisterio de la vida
espiritual realizado por santa Teresa de Jesús, ni su doctorado en la Iglesia. Se hicieron varias
tentativas al respecto, la última en 1923. La razón que se alegaba para el rechazo era siempre la
misma: «obstat sexus».
Pío XII elogió a santa Teresa y a san Juan de la Cruz en un discurso del 23 de septiembre de 1951
a los alumnos de un colegio de los carmelitas descalzos. San Juan XXIII también les dirigió
elogios a estos dos doctores en un discurso a para un capítulo general de los carmelitas descalzos
el 29 de abril de 1961.
San Pablo VI elogió a santa Teresa y a san Juan de la Cruz en la carta Carmeli Montis del 3 de
mayo de 1965. Con el documento Lumen Hispaniae, del 18 de septiembre de 1965, la proclamó
patrona de los escritores españoles "no sólo por haber coronado las cumbres de la santidad y,
fecundísima de espíritu, haber sido madre de los carmelitas, varones y mujeres, que practican la
regla primitiva de su Orden, sino porque además escribió diversos libros llenos de admirable
sabiduría".213 También alabó a santa Teresa y a san Juan de la Cruz en el discurso Chi siete voi
dado en un capítulo general de los carmelitas descalzos el 22 de junio de 1967.
El 27 de septiembre de 1970 san Pablo VI proclamó a santa Teresa de Ávila la primera mujer
doctora de la Iglesia de la historia. A esta proclamación le siguió, el 3 de octubre de 1970, por
parte del mismo sumo pontífice, la proclamación como doctora de la Iglesia de santa Catalina de
Siena.
La Iglesia católica celebra su fiesta el 15 de octubre.
El Catecismo de la Iglesia Católica, aprobado por san Juan Pablo II el 15 de agosto de 1997, cita
uno de los poemas de santa Teresa:
Nada te turbe,
nada te espante,
todo se pasa,
Dios no se muda,
la paciencia
todo lo alcanza;
quien a Dios tiene
nada le falta.
Solo Dios basta.
Santa María Faustina Kowalska
Helena Kowalska, en religión Santa María Faustina Kowalska, (Głogowiec, Łódź, 25 de agosto de
1905 — Łagiewniki, Cracovia, 5 de octubre de 1938), llamada Apóstol de la Divina Misericordia,
fue una religiosa de la orden de las Hermanas de Nuestra Señora de la Misericordia y mística
católica polaca. La Iglesia católica la venera como santa y es conocida simplemente como Santa
Faustina.
Fue llamada por Jesús como la apóstol de la Divina Misericordia. Está considerada por los
teólogos como parte integrante del grupo de los más notables místicos del Cristianismo. Su
misión fue preparar al mundo para la segunda venida de Cristo. Entró a la vida religiosa en 1925
en la congregación de las Hermanas de Nuestra Señora de la Misericordia.
Su confesor, el beato Michał Sopoćko le pidió que escribiese sus vivencias en un diario
espiritual, diario que consta de varios cuadernos. Así pues, no por voluntad propia sino por
mandato de su confesor, dejó escritas sus vivencias místicas que ocupan unas seiscientas
páginas. Fue canonizada por Juan Pablo II el 30 de abril de 2000, día en el que también
instituyó la fiesta de la Divina Misericordia.
Era la tercera de ocho hermanos tenidos por el matrimonio formado por Stanislaus, carpintero y
agricultor, y Marianna Kowalska, que los educaron con gran disciplina espiritual, sobre todo por
su padre. Como era una familia muy pobre, Faustina apenas tuvo tres años de estudios
escolares. Ella y sus hermanas tenían sólo un buen vestido por lo que debían turnarse para ir a
Misa. Así pues, cada una asistía a una misa diferente.
A los 9 años tomó la Primera Comunión en la iglesia de San Casimiro. Antes de entrar en el
convento trabajó en 1919 como sirvienta en casa de unos amigos de la familia Bryszewski en
Aleksandrów, cerca de Łódzki. Más adelante, en 1922, viajó a Łódź y trabajó durante un año en
la tienda de Marjanna Sadowska con el fin de mantenerse y ayudar a la familia. Al finalizar este
trabajo marchó a Varsovia con la intención de entrar en el convento pero la superiora le
recomendó reunir una pequeña dote para su ajuar, lo que la llevó entonces a trabajar como
sirvienta o doméstica por un año, hasta 1925.
A los 18 años Faustina, que ya sentía una vocación religiosa desde los siete años, pidió a sus
padres el permiso para entrar en un convento pero sus padres no se lo permitieron. Después de
esa negativa decidió entregarse a las vanidades de la vida sin hacer caso alguno a la voz de la
gracia, aunque su alma en nada encontraba satisfacción y se sentía llamada constantemente, lo
que le provocaba un gran tormento que intentaba sanar con más distracciones. Evitaba a Dios y
con toda su alma se inclinaba hacia las criaturas. Pero, según Faustina, la gracia divina terminó
por ganar su alma.
Ella misma cuenta que al ir a un baile con su hermana Josefina tuvo una experiencia que marcó
su vida. Mientras todos se divertían ella sufría y sentía gran tristeza en el alma. Mientras bailaba
pudo ver a Jesús crucificado, cubierto de llagas, dirigiéndole este mensaje: ¿Helena, hija mía,
hasta cuándo Me harás sufrir; hasta cuándo Me engañarás?
Faustina disimuló lo sucedido para que su hermana no se diera cuenta y en cuanto pudo
abandonó discretamente el baile. Este suceso la hizo salir de la fiesta para dirigirse a la iglesia
más cercana, la catedral de San Estanislao de Kostka. Al llegar pidió al Señor que le dijera qué
era lo que debía hacer. Luego de una profunda oración y de pedir perdón, cuenta que escuchó
estas palabras:
Ve inmediatamente a Varsovia; allí entrarás en un convento.
A la mañana siguiente, sólo con la ropa puesta, sin el permiso de sus padres y habiéndose
despedido solamente de una de sus hermanas, tomó un tren hacia Varsovia con la intención de
entrar en un convento pero sin conocer a nadie en la ciudad.3 Al llegar a Varsovia entró en la
primera iglesia que encontró, que fue la iglesia de Santiago ubicado en la calle Grojeka, asistió a
la misa y al final pidió orientación al Padre Dabrowski que le recomendó a la señora Lipszcowa,
una persona muy católica con quien se hospedó mientras buscaba un convento.
La pobreza de Faustina Kowalska era extrema, hasta el punto de no poder acceder a ningún
convento. Finalmente se dirigió a la Casa Madre de la Congregación de las Hermanas de Nuestra
Señora de la Misericordia donde por fin fue atendida, y tras un año de ahorro para poder contar
con un ajuar, pudo entrar en agosto de 1925, fiesta de Nuestra Señora de los Ángeles, como
postulante. Semanas después de su entrada al convento tuvo tentaciones de abandonar, pero
según sus memorias nuevamente el Señor se presentó en su celda pidiéndole que no lo hiciera.
En este convento trabajó en la cocina y fue encargada de limpiar el cuarto de la Madre
Barkiewez y de cuidarla durante su enfermedad. A principios de 1926, la enviaron al noviciado
en Józefów en Cracovia para terminar su periodo como postulante, y el 30 de abril tomó el
hábito religioso como novicia recibiendo el nombre de Sor María Faustina del Santísimo
Sacramento.
El 30 de abril de 1926, a los 20 años, ingresó en el convento y adoptó el nombre de María
Faustina del Santísimo Sacramento. El nombre de «Faustina» significa «bendecida»,
«afortunada» y podía ser una referencia al mártir cristiano Faustinus.
En abril de 1928 hizo votos como monja y sus padres estuvieron presentes en la ceremonia. Un
año más tarde Faustina fue enviada a un convento de Vilna, Lituania, donde también trabajó
como cocinera y se quedó poco tiempo. Regresó a este lugar más adelante, ocasión en que se
encontró con Michał Sopoćko que apoyó su misión. Un año después de su regreso de Vilna, en
mayo de 1930, fue trasladada a un convento en Płock, en Polonia, donde se quedó casi cinco
años. Faustina fue monja durante una década ya que falleció en octubre de 1938.
El 2 de agosto de 1925, fiesta de «Nuestra Señora de los Ángeles», empezó a formar parte de la
Congregación como postulante y pocas semanas después tuvo la tentación de abandonar el
convento. Llegó a buscar a la Madre Superiora pero no la encontró y se retiró a su dormitorio.
Allí tuvo una visión de Jesús con su rostro desfigurado por las llagas. Ella le preguntó: «Jesús,
¿quién te hirió tanto?» Jesús respondió: «Este es el dolor que me causaría si hubieras
abandonado este convento. Aquí es donde te he traído y no a otro sitio, y he preparado para ti
muchas bendiciones». Ella comprendió que el plan de Dios para ella era que se quedara allí. En
su condición de postulante tuvo la oportunidad de familiarizarse con los ejercicios espirituales.
A causa de su lucha interior, del cambio de vida y de la intensidad que ponía en una y otra cosa,
la salud de Faustina empezó a debilitarse de tal modo que sus superioras, al ver la debilidad y el
agotamiento que presentaba, decidieron enviarla, junto con dos hermanas, a Skolimow donde la
congregación tenía una casa de ejercicios.
En el otoño del año en que Faustina llegó a Płock aparecieron los primeros síntomas de
tuberculosis por lo que fue enviada a una granja de propiedad de su orden religiosa con la
intención de que se recuperase. Después de haber mejorado regresó al convento en Płock. Sor
Faustina sostuvo haber tenido la primera revelación de la Divina Misericordia estando en su
celda, el 22 de febrero de 1931. La escena de dicha revelación y las palabras que escuchó de los
labios de Jesús están plasmadas en su diario (Diario I, sesiones 47, 48 y 49). Según cuenta, entre
otras cosas Jesús pidió que pintase una imagen suya. Jesús apareció vestido de blanco y de su
corazón emanaban haces de luz roja y blanca. Entre otras cosas Jesús le pidió que pintara una
imagen suya, fiel a la imagen que se mostraba ante ella; tal imagen debía contener la inscripción
«Jesús, confío en vos».
Sin saber cómo pintar, Faustina se acercó a otras monjas en el convento de Płock en busca de
ayuda, pero no recibió ayuda alguna. Tres años después, después de su asignación a Vilna, la
primera representación artística de la imagen se realizó bajo su dirección.
En el mismo mensaje del 22 de febrero de 1931 sobre la imagen de la Divina Misericordia,
Faustina también escribió en su diario (#49) que Jesús le dijo que quería que la imagen de la
Divina Misericordia fuera "solemnemente bendecida el primer domingo después de Pascua;
aquel domingo será la fiesta de la misericordia ".
Ante esta propuesta, se requirieron de los servicios artísticos del pintor Eugenio Kazimirowski,
quien realizó el retrato siguiendo las instrucciones de sor Faustina. Esta imagen fue presentada
y venerada públicamente en Ostra Brama (Vilna, Lituania) entre el 26 y el 28 de abril de 1935;
fue la primera imagen pintada del Señor de la Misericordia. Pero la imagen que se hizo famosa
en el mundo entero fue la realizada por Adolf Hyla, ofrecida como agradecimiento por la
salvación de su familia de la guerra.
Santa Faustina escribió un diario en el que recogió los mensajes que recibió de Jesús. De aquí
surgió la devoción a la Divina Misericordia. Esta devoción considera que la principal
prerrogativa de Jesús es la misericordia y que es la última tabla de salvación. Se accede a la
misericordia por la confianza. Esta devoción está integrada por el mensaje de la Divina
Misericordia, la Coronilla de la Divina Misericordia, la Imagen de la Divina Misericordia, la
Fiesta de la Divina Misericordia y hora de la misericordia (las 3 pm.).
A fines de mayo de 1933, Faustina fue transferida a Vilna para trabajar como jardinera,
completando tareas que incluían el cultivo de vegetales. Permaneció en Vilna durante unos tres
años hasta marzo de 1936. El convento en Vilna solo tenía 18 hermanas en ese momento y
consistía en unas pocas casas pequeñas dispersas en lugar de una gran edificación.15
Poco después de llegar a Vilna, Faustina conoció al padre Michał Sopoćko, el recién nombrado
confesor de las monjas. Sopoćko también fue profesor de teología pastoral en la Universidad
Stefan Batory (llamada ahora Universidad de Vilna).
Cuando Faustina fue con Sopoćko para su primera confesión, ella le dijo que había estado
conversando con Jesús, quien tenía un plan para ella. Después de algún tiempo, en 1933 el padre
Sopoćko insistió en una evaluación psiquiátrica completa de Faustina por parte de Helena
Maciejewska, psiquiatra y médico asociada con el convento. Faustina pasó las pruebas
requeridas y fue declarada mentalmente sana. A partir de entonces, Sopoćko comenzó a confiar
en Faustina y apoyó sus esfuerzos. Sopoćko también le aconsejó a Faustina que comenzara a
escribir un diario y que registrara las conversaciones y mensajes de Jesús que ella estaba
informando. Faustina le contó a Sopoćko sobre la imagen de la Divina Misericordia, y en enero
de 1934, Sopoćko le presentó al artista Eugenio Kazimierowski, que también era profesor en la
misma universidad.
Para junio de 1934, Kazimierowski había terminado de pintar la imagen basada en la dirección
de Faustina y el padre Sopoćko. Esa fue la única pintura de la Divina Misericordia que vio
Faustina. Una superposición del rostro de Jesús en la Imagen de la Divina Misericordia sobre la
ya conocida Sábana Santa de Turín muestra una gran similitud.
Faustina escribió en su diario (#414) que, el Viernes Santo , 19 de abril de 1935, Jesús le dijo que
quería honrar públicamente la imagen de la Divina Misericordia. Una semana después, el 26 de
abril de 1935, el Padre Sopoćko pronunció el primer sermón sobre la Divina Misericordia, y
Faustina asistió al sermón.
La primera misa durante la cual se mostró la imagen de la Divina Misericordia tuvo lugar el 28
de abril de 1935, el primer domingo después del domingo de Pascua, y contó con la presencia de
Faustina. Este día también fue la celebración del fin del Jubileo de la Redención del Papa Pío
XI . El Padre Sopoćko obtuvo el permiso del Arzobispo Jałbrzykowski para colocar la imagen de
la Divina Misericordia dentro de la iglesia de la Puerta del Amanecer en Vilna durante la Misa de
ese domingo y celebró la Misa en persona.
El 13 de septiembre de 1935, mientras todavía estaba en Vilna, Faustina escribió sobre una
visión sobre la Coronilla de la Divina Misericordia en su diario (#476). La coronilla es
aproximadamente un tercio de la longitud del Rosario.Faustina escribió que el propósito de las
oraciones de la coronilla por la misericordia es triple: obtener misericordia, confiar en la
misericordia de Cristo y mostrar misericordia a los demás.
En enero de 1936, Faustina fue a ver al arzobispo Jałbrzykowski para discutir una nueva
congregación para la Divina Misericordia. Sin embargo, él le recordó que ella se comprometió
perpetuamente a su orden actual. En marzo de 1936, Faustina les dijo a sus superiores que
estaba pensando en abandonar la orden para comenzar una nueva dedicada específicamente a la
Divina Misericordia, pero fue transferida a Walendów, al suroeste de Varsovia. Ella informó que
Jesús le había dicho: "Hija Mía, haz lo que esté a tu alcance para difundir la devoción a Mi
Divina Misericordia, Yo compensaré lo que te falte".
Sus últimos días
En los últimos años de su vida aumentaron los sufrimientos interiores de tipo espiritual, y las
dolencias del cuerpo: se desarrolló la tuberculosis que atacó sus pulmones y sistema digestivo. A
causa de ello se le internó dos veces en el hospital de Pradnik, durante varios meses. Falleció el 5
de octubre de 1938, a los 33 años, de los cuales 13 fueron vividos en el convento.
Veintisiete años después de la muerte de sor Faustina comenzó el proceso de canonización.
Fueron presentados a consideración dos casos de sanaciones milagrosas. El primero fue en
Massachusetts a la Sra. Maureen Digan y el siguiente milagro fue la sanación de una condición
congénita del corazón del Padre Pytel en el día del aniversario de la muerte de sor Faustina, el 5
de octubre de 1995.
El 18 de abril de 1993, día de la Fiesta de la Divina Misericordia (Segundo Domingo de Pascua),
Juan Pablo II declaró beata a Sor Faustina frente a una multitud de devotos de la Divina
Misericordia en la plaza de San Pedro en Roma.
María Faustina Kowalska fue canonizada el 30 de abril de 2000, segundo domingo de Pascua,
día al que la Iglesia católica denomina también Domingo de la Divina Misericordia. El Santo
Padre presidió la ceremonia de canonización ante una gran multitud de peregrinos de la Divina
Misericordia.
Se la considera como Apóstol de la Divina Misericordia. Su festividad es el 5 de octubre.
Las promesas de la Divina Misericordia
Por la veneración de la imagen, el alma que venera esta imagen no perecerá;
Por la veneración de la imagen, el alma será defendida como gloria de Cristo;
Por la veneración de la imagen, el alma tendrá un recipiente con el cual puede ir a la Fuente de
la Misericordia para recoger gracias;
Por la veneración de la imagen, al alma que viva a la sombra de ellos [de los rayos de la
Misericordia] no le alcanzará la justa mano de Dios;
Por la Hora de la Divina Misericordia (D. 1320), nada le será negado al alma que lo pida por los
méritos de Su Pasión;
Por la propagación la Divina Misericordia durante toda su vida, el alma será protegida por
Cristo como una madre cariñosa protege a su niño recién nacido y, a la hora de la muerte, no
será para ella Juez, sino Salvador Misericordioso;
Por acercarse a la Fuente de la Vida (Cristo) el día de la Fiesta de la Divina Misericordia, el alma
recibirá el perdón total de las culpas y de las penas;
Por la Novena, las almas que sean presentadas a Cristo (las mencionadas en la novena) van a
sacar fuerzas, alivio y toda gracia que necesiten para afrontar las dificultades de la vida y
especialmente en la hora de la muerte;
Por la Coronilla de la Divina Misericordia, serán envueltas por Su Misericordia en la vida y
especialmente a la hora de la muerte;
Por la Coronilla de la Divina Misericordia, Cristo se complace en dar todo lo que Le pidan;
Por la Coronilla de la Divina Misericordia, a los pecadores empedernidos (cuando la recen),
Cristo colmará sus almas de paz y la hora de su muerte será feliz;
Con almas que recurran a Su Misericordia y con las que la glorifican y la proclaman, en la hora
de la muerte, Cristo se comportará según Su infinita misericordia.
San Maximiliano Kolbe
Maximiliano María Kolbe (Zduńska Wola, 8 de enero de 1894 - Auschwitz, 14 de agosto de 1941)
fue un fraile franciscano conventual polaco que murió voluntariamente en lugar de un
desconocido en el campo alemán de concentración de Auschwitz, en la Polonia ocupada por los
nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Fue un activo promotor de la veneración al
Inmaculado Corazón de María. Fundó y supervisó la Ciudad de la Inmaculada, un complejo
religioso cerca de Varsovia, con un monasterio, un seminario, una editorial y una estación de
radio. Fundó publicaciones, divulgó otras publicaciones y promocionó la labor de otras
organizaciones.
El 10 de octubre de 1982 el papa san Juan Pablo II lo canonizó y lo declaró mártir por la caridad.
La Iglesia Católica le venera como santo patrón de los radioaficonados, de los que padecen
adicciones a las drogas, de los presos políticos, de la familia y del movimiento pro-vida.
Debido a los esfuerzos de Kolbe por promover la consagración y la confianza en la Virgen María,
es conocido como el "apóstol de la consagración a María".
Fundó una organización religiosa llamada Milicia de la Inmaculada, cuyo fin era lograr "la
conversión de los pecadores, herejes, cismáticos, infieles y, especialmente, de los masones, y la
santificación de sí mismos y todos bajo el patrocinio de la Bienaventurada Virgen María
Inmaculada y mediadora".
Hacia 1906 se le apareció la Virgen María. Su madre lo relató del siguiente modo, después de
que muriese mártir:
Sabía yo de antemano, en base a un caso extraordinario que le sucedió en los años de la infancia,
que Maximiliano moriría mártir. Solo no recuerdo si sucedió antes o después de su primera
confesión. Una vez no me gusto nada una travesura, y se la reproche: Niño mío, ¡quien sabe lo
que será de ti!. Después, yo no pensé más, pero observe que el muchacho había cambiado tan
radicalmente, que no se podía reconocer más. Teníamos un pequeño altar escondido ente dos
roperos, ante el cual el a menudo se retiraba sin hacerse notar y rezaba llorando. En general,
tenía una conducta superior a su edad, siempre recogido y serio, y cuando rezaba, estallaba en
lagrimas. Estuve preocupada, pensando en alguna enfermedad, y le pregunte: ¿te pasa algo? ¡Se
lo tienes que contar todo a tu mamá! Temblando de emoción y con los ojos anegados en
lagrimas, me contó: "Mamá, cuando me reprochaste, pedí mucho a la Virgen me dijera lo que
seria de mí. Lo mismo en la iglesia, le volví a rogar. Entonces se me apareció la Virgen, teniendo
en las manos dos coronas: una blanca y otra roja. Me miro con cariño y me pregunto si quería
esas dos coronas. La blanca significaba que perseveraría en la pureza y la roja que seria mártir.
Conteste que las aceptaba... [las dos]. Entonces la Virgen me miro con dulzura y desapareció.
En 1907 Kolbe y su hermano mayor, Francisco (Francis), se unieron a los franciscanos
conventuales. Entraron en el seminario menor de los franciscanos conventuales en Leópolis
posteriormente, ese mismo año. En 1910, Kolbe entró en el noviciado, donde tomó el nombre
religioso de Maximiliano (Maximilian), por san Maximiliano de Celeia mártir. Profesó sus
primeros votos en 1911 y los votos finales en 1914,2 adoptando el nombre adicional de María
(Mary),5 por la madre de Jesús.
Kolbe fue enviado a Roma en 1912, donde asistió a la Pontificia Universidad Gregoriana. Se
doctoró aquí en filosofía en 1915. Desde 1915 continuó sus estudios en la Pontificia Universidad
de San Buenaventura de Roma, donde se doctoró en teología entre 1919 y 1922.52
En su estancia en Roma quedó fuertemente impresionado por las manifestaciones públicas
masónicas. En ellas se atacaba duramente a la Iglesia católica y al papa y, según interpretó, se
hacía apología satánica.
Situaron el estandarte negro de el "Giordano Brunisti" bajo las ventanas del Vaticano. En este
estandarte el arcángel, San Miguel, estaba dibujado yaciendo bajo los pies del triunfante Lucifer.
Al mismo tiempo, se distribuyeron incontables panfletos entre la gente en los cuales el Santo
Padre era atacado de forma vergonzosa.
Ante el impacto que le causaron estos hechos escribió:
¿Es posible que nuestros enemigos trabajen tanto hasta prevalecer, y nosotros permanezcamos
ociosos o como máximo rezando pero sin entrar en acción? ¿Acaso no tenemos armas más
poderosas, como la protección de la Inmaculada? La sin mancha, vencedora de todas las
herejías, vencerá al enemigo que levanta la cerviz: la masonería y otros siervos de Lucifer.
En 1918 Kolbe fue ordenado sacerdote. En julio de 1919 regresó a Polonia, que de nuevo era un
país soberano independiente del Imperio Ruso. Se opuso con dureza a los movimientos
comunistas. Predicaba llegar a Jesucristo con la guía de la Virgen María, con la devoción al
Inmaculado Corazón de María y al Sagrado Corazón de Jesús.
En enero de 1922, Kolbe fundó el periódico mensual «Caballero de la Inmaculada», una
publicación devocional inspirada en la publicación francesa «Mensajero del Corazón de Jesús» .
A medida que sus actividades fueron teniendo más alcance, en 1927 fundó en Teresin, a unos 40
km de Varsovia, la Ciudad de la Inmaculada, un complejo religioso con un monasterio de los
franciscanos conventuales. Se convirtió en un importante centro de publicaciones religiosas.
En 1930 llegó de misionero a Shanghái, China, pero no logró seguimiento allí. Luego se trasladó
a Japón, donde fundó el 16 de mayo de 1931 el Monasterio del Jardín de la Inmaculada
(Mugenzai no Sono), de franciscanos conventuales, en el distrito de Hongonchi de Nagasaki.
Kolbe empezó a publicar una edición japonesa del «Caballero de la Inmaculada». Cuando, en
1945, se lanzó en esta ciudad una bomba atómica, el monasterio quedó indemne, protegido por
una montaña que separaba este lugar del barrio donde tuvo lugar la explosión. Es un lugar muy
importante del catolicismo japonés..
En 1933 regresó a Polonia para un capítulo general de la orden en Cracovia, permaneciendo en
este país. En el capítulo general, se escogió como nuevo superior del monasterio de Japón a
Cornelius Czupryk.
En 1938 la Ciudad de la Inmaculada pasó a tener su propia emisora de radio, «Radio Ciudad de
la Inmaculada» .
Tras la Segunda Guerra Mundial, Kolbe fue uno de los nuevos frailes que permaneció en el
monasterio, donde organizó un hospital temporal. Después de que la ciudad fuera capturada por
los alemanes, fue arrestado por ellos el 19 de septiembre de 1939 pero le soltaron el 8 de
diciembre. Rechazó inscribirse en la lista de gente alemana (volksliste), lo que le habría dado los
mismos derechos que a los ciudadanos alemanes, por tener origen alemán. Tras su liberación
continuó sus labores como fraile. Él y otros frailes proveyeron de refugio a gente de la Gran
Polonia, incluyendo a 2 000 judíos que escondió de la persecución alemana en el monasterio de
la Ciudad de la Inmaculada. Kolbe recibió permiso para continuar publicando obras religiosas,
pero con una difusión significativamente menor. La editorial también publicó varias obras
contrarias a la Alemania nazi.
El 17 de febrero de 1941, el monasterio fue cerrado por las autoridades alemanas. Ese día Kolbe y
otros cuatro fueron arrestados por la Gestapo e internados en la cárcel de Pawiak. El 28 de
mayo, fue transferido al campo de concentración de Auschwitz como el prisionero 16670. Al
continuar actuando como sacerdote, Kolbe fue objeto de hostigamiento violento, incluidos
golpes y azotes. Una vez pudo ser llevado con subterfugios a un hospital penitenciario por
reclusos amigos.
El SS-Hauptsturmführer Karl Fritzsch, encargado de Auschwitz, estableció que cuando un
prisionero se fugase castigaría a diez como represalia a morir de hambre en un búnker. En julio
de 1941 el prisionero Zygmunt Pilawski se fugó y el oficial de las SS seleccionó a 10 presos.
A la mañana siguiente, Franciszek Gajowniczek fue uno de los diez elegidos por el coronel de las
SS Karl Fritzsch para ser ajusticiados en represalia por el escapado. Cuando Franciszek salió de
su fila, después de haber sido señalado por el oficial, dijo: «He perdido a mi mujer y ahora se
quedarán huérfanos mis hijos». Maximiliano Kolbe, afectado por una tuberculosis desde
bastante antes, estaba cerca y lo oyó. Enseguida, dio un paso adelante y le dijo al oficial que
quería ocupar el lugar de ese hombre: «No tengo a nadie. Soy un sacerdote católico.».
Los diez prisioneros fueron introducidos en un búnker subterráneo de un bloque, el 31 de julio.
Bruno Borgowiec, ayudante del celador del búnker, dijo que durante aquel tiempo, Kolbe guiaba
a los prisioneros en la oración, rezaban el rosario y cantaban a la Virgen María. Cuando
vigilaban el búnker, encontraban siempre en medio a Kolbe de rodillas o de pie. Después de
estar privados de agua y comida durante dos semanas, solo Kolbe seguía vivo. Los guardias
querían vaciar el búnker, de modo que asesinaron a Kolbe con una inyección de fenol el 14 de
agosto. Los cuerpos fueron incinerados en el crematorio del campo al día siguiente, el 15 de
agosto, día de la Asunción de María.
El 12 de mayo de 1955 Kolbe fue reconocido por el Vaticano como Siervo de Dios. Kolbe fue
declarado venerable por el papa san Pablo VI el 30 de enero de 1969 y beatificado como
Confesor de la Fe por el mismo papa en 1971 y canonizado como santo por el papa san Juan
Pablo II el 10 de octubre de 1982. En la canonización, el papa declaró a san Maximiliano Kolbe
como confesor y mártir de la caridad. Los milagros usados para su beatificación fueron la cura
en julio de 1948 de una tuberculosis intestinal a Angela Testoni y la cura en agosto de 1950 de la
calcificación de la esclerosis de Francis Ranier; ambas atribuidas a la intercesión de Kolbe por
las oraciones dirigidas a él.
Gajowniczek fue invitado por el papa san Pablo VI a la ceremonia de beatificación de 1971. En
1972 se organizó una gran peregrinación a Auschwitz para dar gracias, y él fue uno de los
peregrinos. También fue invitado por el papa san Juan Pablo II para la canonización en 1982.
Gajowniczek dedicó su vida a promover la memoria de san Maximiliano Kolbe por todo el
mundo.
Después de su canonización, se agregó un día de fiesta para san Maximiliano Kolbe al
Calendario General Romano que es el 14 de agosto. Es uno de los diez mártires del siglo XX que
se representan en estatuas sobre la Gran Puerta Oeste de la Abadía Anglicana de Westminster,
Londres.
El reconocimiento de Kolbe como un mártir cristiano ha generado alguna controversia en la
Iglesia católica. Aunque su sacrificio en Auschwitz está considerado santo y heroico, no fue
asesinado por odio a la fe, sino como resultado de un acto de caridad hacia otro hombre. El papa
Pablo VI ha reconocido esta distinción en la beatificación de Kolbe, nombrándole confesor y
dándole el título no oficial de "mártir de la caridad". El papa Juan Pablo II, sin embargo, anuló
la comisión que él había establecido (que estaba de acuerdo con la evaluación anterior de
caridad heroica). Juan Pablo II quería señalar que el odio sistemático de los nazis hacia
categorías enteras de la humanidad era inherentemente también un odio a la fe religiosa
(cristiana); dijo que la muerte de Kolbe equivalía a ejemplos anteriores de martirio religioso.
Una oración católica dedicada a Kolbe dice la frase de Jesús: «Nadie tiene mayor amor que el
que da la vida por sus amigos». (Evangelio según san Juan, 15.13).
Santa Teresa de Calcuta
Santa Teresa de Calcuta (Skopie, Macedonia del Norte—; 26 de agosto de 1910-Calcuta, India; 5
de septiembre de 1997), de nombre secular Agnes Gonxha Bojaxhiu, también conocida como
Santa Teresa de Calcuta o Madre Teresa de Calcuta, fue una monja católica de origen albanés
naturalizada india, que fundó la congregación de las Misioneras de la Caridad en Calcuta en
1950. Durante más de 45 años atendió a pobres, enfermos, huérfanos y moribundos, al mismo
tiempo que guiaba la expansión de su congregación, en un primer momento en la India y luego
en otros países del mundo. Tras su muerte, fue beatificada por el papa Juan Pablo II. Su
canonización fue aprobada por el papa Francisco en diciembre de 2015, después de que la
Congregación para las Causas de los Santos reconociera como extraordinaria la curación de un
brasileño enfermo en estado terminal. El acto oficial de canonización tuvo lugar en Roma en la
mañana del domingo 4 de septiembre de 2016. Su festividad en el Santoral Católico es el 5 de
septiembre.
Agnes descubrió su vocación desde temprana edad, y para 1928 ya había decidido que estaba
destinada a la vida religiosa. Fue entonces cuando optó por cambiar su nombre a «Teresa» en
referencia a la santa patrona de los misioneros, Teresa de Lisieux. Si bien dedicó los siguientes
20 años a enseñar en el convento irlandés de Loreto, comenzó a preocuparse por los enfermos y
por los pobres de la ciudad de Calcuta. Esto la llevó a fundar una congregación con el objetivo de
ayudar a los marginados de la sociedad, primordialmente enfermos, pobres y personas que no
tenían hogar.
En la década de 1970 era conocida internacionalmente y había adquirido reputación de persona
humanitaria y defensora de los pobres e indefensos, en parte por el documental y libro
Something Beautiful for God, de Malcolm Muggeridge. Obtuvo el Premio Nobel de la Paz en
1979 y el más alto galardón civil de la India, el Bharat Ratna, en 1980, por su labor humanitaria.
A ellos se sumaron una decena de premios y reconocimientos de primer nivel, tanto nacionales
como internacionales.
Recibió elogios de muchas personas, gobiernos y organizaciones. Sin embargo, afrontó también
una serie de críticas, como las objeciones de Christopher Hitchens, Michael Parenti, Aroup
Chatterjee y el Consejo Mundial Hindú, que le achacaron una mentalidad reaccionaria y
criticaron la deficiente atención en sus centros. En 2010, en el centenario de su nacimiento, fue
homenajeada alrededor del mundo, y su trabajo elogiado por la presidenta india Pratibha Patil.
Fue la menor de los hijos de un matrimonio acomodado; su familia pertenecía a la población
albanesa proveniente de Kosovo asentada en Shkodër. Su padre, involucrado en la política de
Albania, murió repentina y misteriosamente en 1919 cuando Agnes contaba con apenas ocho
años luego de ser trasladado al hospital, por causas desconocidas, aunque se presume que fue a
causa de un envenenamiento. Tras la muerte de este, su madre la educó en el seno de la religión
católica. De acuerdo con la biografía escrita por Joan Graff Clucas, desde temprana edad Agnes
se mostró fascinada por las historias de vida de los misioneros y sus obras en Bengala. A la edad
de cinco años hizo la Primera comunión y a los seis, la Confirmación; con doce años ya estaba
convencida de que debía dedicarse a la religión. Su resolución definitiva fue tomada el 15 de
agosto de 1928, mientras rezaba en la capilla de la Virgen Negra de Letnice, donde acudía con
frecuencia de peregrinación.
El 26 de septiembre de 1928, poco después de haber cumplido 18 años, se dirigió con una amiga
a la Abadía de Loreto, perteneciente a la congregación religiosa católica Instituto de la
Bienaventurada Virgen María, en Rathfarnham, Irlanda. A partir de ese momento, jamás
volvería a ver a su madre ni a su hermana. Si bien originalmente acudió a ese lugar para
aprender inglés (que era el idioma que las hermanas de Loreto enseñaban a los niños en la
India), una vez ahí fue admitida como postulante y en noviembre de 1928 se trasladó por vía
marítima hacia Calcuta, sitio a donde arribó el 6 de enero de 1929. Cerca de las montañas del
Himalaya, inició su noviciado y aprendió bengalí además de enseñar en la escuela de Santa
Teresa, que se hallaba cerca de su convento. Después de hacer sus votos de pobreza, castidad y
obediencia como monja el 24 de mayo de 1931, eligió ser llamada con el mismo nombre que
Teresa de Lisieux, la santa patrona de los misioneros. Sin embargo, debido a que una enfermera
en el convento ya había elegido ese nombre, Agnes optó por usar el término castellanizado de
«Teresa» (en vez de «Thérèse»). El 14 de mayo de 1937, Teresa hizo sus votos solemnes
mientras enseñaba en el colegio del convento de Loreto. Trabajó ahí por casi veinte años como
profesora de historia y geografía hasta que, en 1944, se convirtió en directora del centro.
Si bien disfrutaba enseñar en el colegio, cada vez se perturbaba más en razón de la pobreza
existente en Calcuta. La hambruna de 1943 en Bengala trajo consigo miseria y muerte a la
ciudad, mientras que la ola de violencia hindú-musulmana suscitada en agosto de 1946 hundió a
la población en la desesperación y el terror.
El 11 de septiembre de 1946, nombrada ya encargada de un colegio de las Hermanas Santa Ana,
Teresa experimentó lo que más tarde describió como la «llamada dentro de la llamada», en
referencia a haber escuchado a Dios pidiéndole que dedicara su vida a los menos privilegiados
de la sociedad. Esto ocurrió justamente en un viaje en tren rumbo al convento de Loreto, en
Darjeeling, desde Calcuta para su retiro anual. «Estaba por dejar el convento y ayudar a los
pobres mientras vivía entre ellos. Fue una orden. Fallar habría significado quebrantar la fe».
Tras adoptar la ciudadanía india en 1950, recibió formación como enfermera durante tres meses
en Patna con las Hermanas Misioneras Médicas de Norteamérica y finalmente se asentó en los
barrios más pobres. A comienzos de 1949, se le unió un grupo de mujeres jóvenes y sentó las
bases para crear una nueva comunidad religiosa que ayudara a los «más pobres entre los
pobres». Pronto sus esfuerzos atrajeron la atención de funcionarios indios, entre ellos el primer
ministro, quienes le expresaron su aprecio.
Nuestro Señor quiere que sea una monja libre cubierta con la pobreza de la cruz. Hoy aprendí
una buena lección. La pobreza de esta gente debe ser algo muy difícil para ellos. Mientras
buscaba por un hogar caminé y caminé hasta que mis brazos y piernas me dolieron. Pensé
entonces qué tanto debía dolerles a ellos en su cuerpo y alma, buscando por un hogar, por
comida y por tener salud. Entonces la comodidad de Loreto [su antigua orden] me sedujo. 'Solo
tienes que decir una palabra y todo será tuyo de nuevo', me insistía el tentador ... Por mi propia
elección, mi Dios, y porque te amo, deseo permanecer y hacer lo que sea que tu Santa voluntad
me pida.
El 7 de octubre de 1950, la Santa Sede le autorizó a inaugurar su nueva congregación, a la cual
denominó las Misioneras de la Caridad. Según Teresa, su misión desde entonces fue cuidar a
«los hambrientos, los desnudos, los que no tienen hogar, los lisiados, los ciegos, los leprosos,
toda esa gente que se siente inútil, no amada, o desprotegida por la sociedad, gente que se ha
convertido en una carga para la sociedad y que son rechazados por todos».
Aunque inicialmente la congregación tenía solo trece miembros en Calcuta, con el tiempo llegó a
poseer más de cuatro mil integrantes presentes en orfanatos, hospicios y centros de sida de todo
el mundo. La congregación ofreció caridad y cuidado a los refugiados, entre los que se contaban
ciegos, discapacitados, alcohólicos, ancianos, pobres, personas sin hogar y víctimas de
inundaciones, epidemias o hambrunas.
En 1952, inauguró el primer hogar para moribundos en Calcuta. Luego de obtener ayuda de
diversos funcionarios indios, se convirtió un abandonado templo hindú en el Hogar para
moribundos «Kalighat», un hospicio gratuito para los pobres. Tiempo después su nombre se
modificó a «Kalighat, la casa del corazón puro». Todos aquellos que llegaban a Kalighat recibían
atención médica y se les ofrecía la oportunidad de morir con dignidad de acuerdo a los rituales
de su fe; los musulmanes leían el Corán, los hindúes recibían agua del Ganges y los católicos
obtenían los últimos ritos. Según Teresa, «para personas que vivieron como animales, una
muerte hermosa es morir como ángeles, amados y queridos».
En 1955, con el creciente aumento de niños abandonados, abrió la institución «Hogar del Niño
del Inmaculado Corazón» para los huérfanos y los jóvenes sin hogar. Posteriormente, fundó el
centro «Shanti Nagar» para aquellos individuos que padecían la enfermedad de Hansen,
comúnmente conocida como lepra, junto con otras clínicas similares donde las Misioneras de la
Caridad proporcionaban atención médica y alimentos.
Su orden comenzó a propagarse por el mundo a partir de 1965, cuando su congregación se
estableció en Venezuela con tan solo cinco hermanas. Hacia 1968, Madre Teresa había
inaugurado establecimientos en Roma, Tanzania y Austria e incluso se extendió por gran parte
de Asia, África, Europa y Estados Unidos. En el momento de su fallecimiento, la orden operaba
610 misiones en 123 países, incluidas tareas en hospicios y hogares para personas con sida, lepra
y tuberculosis, comedores populares, programas de asesoramiento para niños y familias,
orfanatos y escuelas.
La rama masculina de su congregación fue fundada en 1963 —los Hermanos Misioneros de la
Caridad—. En esa ocasión, se inscribieron laicos católicos y no católicos como colaboradores de
Teresa y compañeros de los enfermos. En respuesta a las peticiones de muchos sacerdotes, en
1981 inició el Movimiento Corpus Christi y en 1984 fundó los Padres Misioneros de la Caridad
junto al padre Joseph Langfor para combinar los objetivos profesionales de las hermanas con los
recursos del sacerdocio ministerial. En 2007, la orden contaba con un número aproximado de
450 hermanos y 5000 monjas en todo el mundo que operaban 600 misiones en escuelas y
hogares en 120 países.
Entre el 26 de marzo y el 16 de diciembre de 1971, ocurrió la Guerra de Liberación de
Bangladesh, confrontación bélica entre la India y Pakistán, en la cual se produjeron violaciones
a mujeres, razón por la cual muchas se habrían suicidado, enloquecido o huido. Además, se les
había prohibido contraer matrimonio y tener hijos durante ese período. La Madre Teresa junto a
sus hermanas establecieron sitios para acogerlas y brindarles todos los cuidados necesarios. El
gobierno, por su parte, otorgó la asistencia de unas 15 hermanas más debido a la gran cantidad
de refugiadas. Luego fueron alentadas para que volvieran a reconstruir su matrimonio, adoptar
hijos y regresar a sus pueblos, motivo por el cual recibieron el agradecimiento del primer
ministro, que relató que esas jóvenes deberían ser consideradas como «heroínas nacionales».
En 1982, a la altura del asedio de Beirut, la Madre Teresa rescató a 37 niños que estaban
atrapados en un hospital de esa región tras negociar un cese al fuego entre el ejército israelí y las
guerrillas palestinas. Acompañada por trabajadores de la Cruz Roja, se trasladó a través de la
zona de guerra hacia el hospital devastado para evacuar a los pacientes jóvenes. A finales de la
década de 1980, amplió sus esfuerzos en los países comunistas que habían ignorado a las
Misioneras de la Caridad anteriormente y se embarcó en decenas de proyectos. Visitó la
República Soviética de Armenia después del terremoto de Spitak en 1988, viajó para asistir y
atender a varios hambrientos en Etiopía al igual que a las víctimas del accidente de Chernóbil —
motivo por el cual obtuvo la Medalla de Oro del Comité Soviético de Paz. En 1991, la Madre
Teresa volvió por primera vez a su tierra natal y abrió una casa de Hermanos Misioneros de la
Caridad en Tirana.
Para 1996, Teresa regentaba 517 misiones en más de 100 países.61 Con el paso de los años, las
ayudantes de la Madre Teresa pasaron de ser trece a miles, colaborando en aproximadamente
450 centros de todo el mundo. La primera casa de los Misioneros de la Caridad en Estados
Unidos se estableció en el sur del distrito del Bronx, Nueva York, en 1984, con el fin de operar en
19 establecimientos de todo el país.
Por otra parte, Teresa de Calcuta identificó como potencial patrono al padre Damián de Veuster,
el apóstol de los leprosos, con un carisma similar al que caracteriza a la orden de las Misioneras
de la Caridad. La Madre Teresa estuvo presente en la misa de beatificación de Damián de
Veuster en Bruselas, el 4 de junio de 1995,64 y le atribuyó más tarde «la eliminación del miedo
de los corazones de los leprosos para reconocer la enfermedad, proclamarla y solicitar medicina,
y el nacimiento de la esperanza de ser curados» y el cambio de actitud de la gente y de los
gobernantes hacia las víctimas de la lepra: «más preocupación, menos miedo, y disposición para
ayudar –en cualquier tiempo y en todo tiempo–»
El 13 de marzo de 1997, renunció como jefa de las Misioneras de la Caridad debido a sus
enfermedades y padecimientos. La hermana María Nirmala Joshi fue elegida para tomar su
lugar pero rehusó adoptar el título de Madre. En sus palabras, «nadie puede reemplazar a la
Madre Teresa». Teresa de Calcuta falleció el 5 de septiembre de 1997 a los 87 años en Santo
Tomás (Calcuta) una semana antes de su muerte, en septiembre de 1997. El gobierno indio le
concedió un funeral de Estado y, como parte de este, su féretro fue trasladado por gran parte de
la ciudad en el mismo carruaje en el que fueron llevados los restos de Mahatma Gandhi y
Jawaharlal Nehru.
El 28 de agosto de 2010, en conmemoración a su centenario, el gobierno indio emitió monedas
especiales de cinco rupias con su imagen y la presidenta Pratibha Patil expresó: «Vestida con un
sari blanco con bordes azules, ella y las hermanas de las Misioneras de la Caridad se
convirtieron en un símbolo de esperanza para muchos ancianos, indigentes, desempleados,
enfermos y abandonados por sus familias».
En 1979, recibió el premio Nobel de la Paz al «trabajo emprendido en la lucha por superar la
pobreza y la angustia, que también constituyen una amenaza para la paz». Teresa rehusó asistir
al banquete ceremonial ofrecido a los premiados y pidió que los fondos de 192 000 USD se
entregaran a los pobres de la India. Cuando la Madre Teresa recibió el premio, se le preguntó:
«¿Qué podemos hacer para promover la paz mundial?» y respondió «Vete a casa y ama a tu
familia». En su conferencia sobre el premio que le entregó el rey Olaf V de Noruega, la religiosa
dijo: «Lo acepto para la gloria de Dios y de su pueblo, el más pobre entre los pobres». También
apuntó que el aborto es «uno de los mayores destructores de la paz».
En su primera encíclica, Deus caritas est, Benedicto XVI mencionó a Teresa de Calcuta en tres
ocasiones y también utilizó su obra para referirse a uno de los principales puntos de la encíclica.
«La Beata Teresa de Calcuta es un ejemplo evidente de que el tiempo dedicado a Dios en la
oración no sólo deja de ser un obstáculo para la eficacia y la dedicación al amor al prójimo, sino
que es en realidad una fuente inagotable para ello». La Madre Teresa especificó que «sólo por la
oración mental y la lectura espiritual podemos cultivar el don de la oración».
Tras su muerte, la Santa Sede consideró que se podría iniciar el proceso de beatificación,
considerado como el tercero de los cuatro pasos para alcanzar la canonización, en donde el papa
declara al beato digno de veneración universal, aunque para ello se deben comprobar dos
milagros (uno más adicional al milagro con el que se le catalogó como beata). El milagro que
requería su beatificación sucedió en 1998 cuando, de manera aparentemente inexplicable,
Mónica Besra, una mujer que padecía un tumor maligno en el abdomen, fue sanada. Besra
comentó que había sido acogida en Roma por las Misioneras de la Caridad tras haber sido
desahuciada por los médicos. Una de las hermanas le colocó sobre el abdomen una imagen de la
Virgen María, que había permanecido sobre la túnica de la Madre Teresa durante la celebración
de los premios Nobel. La sanación de aquella mujer ocurrió el 5 de septiembre de 1998,
exactamente un año después del deceso de la misionera. Distintos médicos indios, la Asociación
de Ciencias y Racionalismo de la India e incluso el marido de la propia Besra pusieron en duda
su curación milagrosa al asegurar que la enfermedad desapareció por los medicamentos que
debió ingerir durante nueve meses. Por otra parte, otro medio científico cita la curación de
Mónica Besra de su tumor como uno de los elementos principales en el proceso de canonización
de Teresa de Calcuta.
El 19 de octubre de 2003, ante la presencia de unas 300 000 personas en la Plaza de San Pedro,
fue proclamada beata por el papa Juan Pablo II. A la celebración asistieron medio millar de las
Misioneras de la Caridad, 150 cardenales y 400 obispos. El papa también declaró formalmente
el 5 de septiembre como la festividad de la Madre Teresa.
El 18 de diciembre de 2015, el papa Francisco aprobó la canonización de Teresa de Calcuta luego
de que la Congregación para las Causas de los Santos reconociera como «extraordinaria» la
curación de un brasileño enfermo con múltiples tumores cerebrales e hidrocefalia obstructiva,
que había sido sujeto a trasplante renal y terapia inmunosupresora en 2008 sin resultados. La
Iglesia católica sostuvo que esa patología cerebral resolvió de forma instantánea, completa y
permanente el 9 de diciembre de 2008, y que tal resolución fue declarada por unanimidad como
«científicamente inexplicable» por parte de un colegio integrado por siete médicos. La Iglesia
atribuyó el milagro a Teresa de Calcuta, fallecida 11 años antes, debido a que la esposa del
enfermo dijo haberse encomendado a la Madre Teresa para que salvase a su marido. El acto
oficial de canonización tuvo lugar en la Plaza de San Pedro en la Ciudad del Vaticano en la
mañana del 4 de septiembre de 2016. El 6 de septiembre de 2017, Teresa de Calcuta fue
nombrada copatrona de la Arquidiócesis de Calcuta, junto con san Francisco Javier, que lo era
desde 1986. También es patrona de las Misioneras de la Caridad y de la Jornada Mundial de la
Juventud.
San Patricio de Irlanda
San Patricio fue un misionero católico conocido como el santo patrón de Irlanda, junto a santa
Brígida y san Columba. Fue un predicador y religioso de Britania, tradicionalmente considerado
el introductor del catolicismo en Irlanda, a pesar de la evidencia de presencia cristiana en la isla
anterior a él. El santoral católico celebra el día de su fallecimiento el 17 de marzo.
Tradicionalmente se le asocia con haber utilizado el shamrock (Trifolium dubium) —de tres
hojas—, hoy símbolo oficial de Irlanda, como metáfora para explicar la Santísima Trinidad.
Asimismo, se le atribuye la hazaña legendaria de haber librado la isla de serpientes, aunque en
Irlanda nunca hubo serpientes.
Parte de la confusión existente respecto a su vida se debe a que Paladio, el primer obispo de los
cristianos de Irlanda, y anterior a san Patricio, también fue conocido como Patricio, arrojando
ciertas dudas sobre cual de los dos fue Sen-Phátric (Senex Patricius), es decir, Patricio el Mayor.
Tanto la fecha como el lugar de nacimiento de Patricio son difíciles de determinar. Según sus
propios escritos nació en una pequeña villa de Bannavem Taberniae. Aunque era claramente un
britano del norte, la localización exacta del lugar ha sido muy debatida.
Patricio era hijo de Calpurnio, un diácono cristiano que también era decurión, un alto cargo
civil, además de poseer tierras y disponer de servicio. Su abuelo, Potito, también era religioso y
es presentado como presbítero. Fuentes posteriores informan que su madre se llamaba Concessa
y que Patricio podría tener también de nacimiento nombres de raíz britónica: Magonus o
Succetus.
Cuando Patricio era todavía un adolescente, a la edad aproximada de 16 años, fue hecho
prisionero durante una incursión de piratas escotos, que también significó la destrucción de la
casa de la familia, siendo llevado a Irlanda y esclavizado. Estuvo cautivo seis años sirviendo
como pastor para su amo, tiempo en el que dispuso de un maestro y muy probablemente
aprendió a hablar irlandés, hasta que, según su relato, un sueño le anunció que su libertad
estaba próxima y un barco le estaba esperando, por lo que decidió escapar y caminó unas
doscientas millas (unos trescientos kilómetros), donde efectivamente encontró un barco, cuyo
capitán y tripulación eran paganos, quienes le admitieron, y, tras tres días de navegación, llegó a
su destino.
Una vez de regreso en su casa, con poco más de veinte años, Patricio continuó estudiando el
cristianismo, se trasladó a Auxerre, y visitó Tours y Lerins, siendo ordenado sacerdote por San
Germán de Auxerre. Tras una visión, se decidió a regresar a Irlanda como misionero y se acabó
convirtiendo en predicador del Evangelio en Irlanda, isla que en esos tiempos se encontraba
dividida en numerosos clanes sometidos a la poderosa autoridad de los druidas. Se adaptó muy
bien a las condiciones sociales del lugar, formando un clero local y varias comunidades
cristianas, respetando las tradiciones y costumbres propias de sus habitantes. Se le conoce como
el Apóstol de Irlanda, donde se creía que murió de vejez hacia el año 461 aunque análisis
modernos sugieren una fecha más posterior, hacia 493.
Se conservan dos escritos procedentes de Patricio: la Confessio y la Epistola ad milites Corotici.
El título de la primera procede del propio autor, mientras que el de la segunda se deduce de su
contenido, ya que es una Carta dirigida a los soldados de Coroticus, y se debe a que un grupo de
conversos que Patricio había bautizado fueron asesinados o capturados como esclavos por
Coroticus, generalmente identificado con Ceretic Guletic, el primero de los reyes conocidos del
Reino de Strathclyde.
La Confessio, escrita para contestar a las acusaciones vertidas contra él por otros obispos por
supuesta corrupción, enriqueciéndose a costa de los conversos, cobrando por bautizos y
ordenaciones sacerdotales, es un relato de la vida y viajes de Patricio, narración acompañada de
sus meditaciones en un estilo reflexivo que podría remontarse al modelo de las epístolas de san
Pablo.
Su fiesta, el Día de San Patricio, se celebra el 17 de marzo y tiene mucho arraigo en Irlanda, de
donde es patrón. San Patricio tuvo que explicar una vez lo que era la Santísima Trinidad. Para
que todos lo entendieran, utilizó un trébol como muestra, explicando que la Santísima Trinidad,
al igual que el trébol, era una misma unidad, pero con tres personas diferentes. La primera hoja
de trébol era el Padre, la segunda era el Hijo y la última el Espíritu Santo. Luego de ello, el trébol
de tres hojas que representa a las tres personas de la Trinidad, pasó a ser un símbolo de la iglesia
de Irlanda.
San Patricio escribió una carta de agradecimiento que decía lo siguiente:
Sin cesar doy gracias a Dios que me mantuvo fiel el día de la prueba. Gracias a Él puedo hoy
ofrecer con toda confianza a Cristo, quien me liberó de todas mis tribulaciones, el sacrificio de
mi propia alma como víctima viva, y puedo decir: ¿Quién soy yo, y cuál es la excelencia de mi
vocación, Señor, que me has revestido de tanta gracia divina? Tú me has concedido exultar de
gozo entre los gentiles y proclamar por todas partes tu nombre, lo mismo en la prosperidad que
en la adversidad. Tú me has hecho comprender que cuanto me sucede, lo mismo bueno que
malo, he de recibirlo con idéntica disposición, dando gracias a Dios que me otorgó esta fe
inconmovible y que constantemente me escucha . . . Mucho es lo que debo a Dios, que me
concedió gracia tan grande de que muchos pueblos renacieron a Dios por mí. Y después les dio
crecimiento y perfección. Y también porque pude ordenar en todos aquellos lugares a los
ministros para el servicio del pueblo recién convertido; pueblo que Dios había llamado desde los
confines de la tierra, como lo había prometido por los profetas: A ti vendrán los paganos, de los
extremos del orbe, diciendo: «Qué engañoso es el legado de nuestros padres, qué vaciedad sin
provecho». Y también: Te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín
de la tierra. Allí quiero esperar el cumplimiento de su promesa infalible, como afirma en el
Evangelio: Vendrán de Oriente y Occidente y se sentarán con Abraham, Isaac, Jacob.
Confesión de san Patricio, Caps. 14-16: PL 53, 808-809.
Plegaria
Santo Obispo Patricio, fiel pastor de la grey real de Cristo. Llenaste a Irlanda con el resplandor
del Evangelio: la fuerza poderosa de la Trinidad.
Ahora que estás parado frente al Salvador, oremos para que Él nos pueda preservar en la fe y el
amor.
Santa Catalina Labouré
Santa Catalina Labouré (Fain-lès-Moutiers, 2 de mayo de 1806 – París, 31 de diciembre de 1876)
fue una hija de la caridad y una vidente, que sostuvo transmitir el pedido de la Virgen María de
crear la Medalla Milagrosa, que hoy en día llevan millones de católicos y aún no católicos.
Fue la novena de once hijos. Su madre murió el 9 de octubre de 1815, cuando Labouré tenía
nueve años. La hermana de su padre se ofreció a cuidarla y a su hermana Marie Antoinette
(Tonine). Después de que él aceptase, las hermanas se trasladaron a la casa de su tía en Saint-
Rémy, un pueblo a 9 km de casa.
Al cumplir los doce años volvió a la granja de su padre y allí fue puesta a cargo de todos los
oficios de la cocina y los animales (vacas lecheras, la alimentación de los cerdos y 800 palomas).
Cuando tenía catorce años, su hermana María Luisa, ingresa a las Hijas de la Caridad; poco
después ella también descubre su llamado al servicio de los pobres en esta congregación. Poco
después tiene un sueño en el que un anciano sacerdote la alienta a continuar su llamado en esa
dirección. Con la ayuda de uno de sus primos aprendió a leer y a escribir.
Su padre se niega a dejarla partir hacia el convento, ya que sus planes era el de verla casada, así
que la envía a París para que trabaje en la cantina de su hermano Charles. Allí ella descubre la
miseria de la gente y se propone definitivamente hacerse monja para socorrerlos y darles ánimo
en medio de sus terribles penurias. En 1830 su padre aceptó que fuese religiosa pero se negó a
pagarle la dote, que fue pagada por su hermano Hubert, un joven teniente.
Entró en la congregación de las Hijas de la Caridad, fundada por San Vicente de Paul. Fue
admitida el 21 de abril de 1830 en el Seminario de las Hijas de la Caridad. Al ingresar en aquel
convento se encuentra con un retrato idéntico del anciano sacerdote que ella había visto en sus
sueños, cuando pregunta de quién se trata esa pintura le dicen que es San Vicente de Paul,
fundador de la congregación en la que ella iniciaba su vida religiosa.
Desarrolló particular afecto por la Virgen María durante toda su vida. Después de las
apariciones de la Virgen María que recibió en 1830 se dedicó a cumplir la misión que según ella
le encomendó la Virgen: acuñar una medalla, alusiva a su Inmaculada Concepción. Los favores
celestes que acompañarán la difusión de esta medalla harían que muy pronto se la llame
Medalla Milagrosa.
Fue destinada al hospicio de Enghien, en la calle de Reuilly de París. Durante cuarenta y cinco
años se dedicó a oficios humildes: cocina, atención a ancianos, portería.
Uno de las ejemplos más significativos de esta santa es su humildad, ya que desde que se dieron
las apariciones marianas en la Rue du Bac en 1830 hasta su muerte en 1876, aparte de su
confesor nadie supo quién era la vidente de las apariciones de la medalla milagrosa, ni siquiera
sus hermanas de comunidad con las que convivió durante años.
Su confesor había publicado un libro con todo lo referente a las apariciones pero nunca reveló el
nombre de la bienaventurada que había recibido semejantes gracias por parte del Señor en la
persona de su santísima madre. Los años siguientes a las apariciones los vivió como cualquiera
de las otras hermanas de su convento, y como ya se ha dicho, se dedicó a oficios tales como
barrer, lavar, cuidar a los enfermos y a los ancianos con inmensa misericordia, y en completo
anonimato y sin desear la atención o el apoyo de los miles de devotos que ya portaban la medalla
que gracias a ella se había elaborado, incluso recibió muchas humillaciones y maltratos por
parte de hermanas suyas que sólo la consideraban como una monja más.
Solo ocho meses antes de su muerte, cuando ya se encontraba muy anciana, enferma y agotada
por los años de servicio a los más pobres y su antiguo confesor ya había fallecido, le reveló a su
superiora que era ella la vidente de las apariciones en la capilla del Bac con todo detalle.
Falleció el 31 de diciembre de 1876.
Como ella había revelado sus visiones a su superiora, que reveló la identidad de la visionaria a la
comunidad y a toda París, algunos meses antes de morir, cientos de personas asistieron a sus
funerales y se cuenta de que un niño paralítico, que había sido llevado por sus padres al funeral
de Sor Catalina, pudo volver a caminar en el momento que toco el ataúd de la santa.
Con ocasión de su beatificación en 1933 su cuerpo fue exhumado, y aunque habían pasado 57
años desde su fallecimiento, fue encontrado incorrupto. Solo sus hábitos habían sido corroídos
por la humedad que se filtró en el ataúd, su cuerpo fue revestido con un hábito nuevo, incluida la
tradicional cofia o corneta con alas propia del antiguo hábito de su congregación, y colocado en
una urna de cristal.
Hasta el día de hoy su cuerpo puede ser visto por todos los peregrinos que llegan a la Capilla de
Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, en la Rue du Bac, París.
El papa Pío XI la beatificó el 28 de mayo de 1933 y Pío XII el 27 de julio de 1947 la canonizó. Su
fiesta se celebra el 27 de noviembre.
Las visiones
Según Catalina, durante la noche del 18 de julio de 1830 se despertó al oír la voz de un niño muy
hermoso que la llamaba "Hermana, todo el mundo duerme, venga a la capilla, la Santísima
Virgen la espera". Catalina se levantó, siguiendo al niño. Al llegar a la capilla, escuchó el roce de
un vestido de seda. Sor Catalina oyó como un rumor, como el roce de un traje de seda, que partía
del lado de la tribuna, junto al cuadro de San José. Vio que una señora de extremada belleza,
atravesaba majestuosamente el presbiterio, "fue a sentarse en un sillón sobre las gradas del altar
mayor, al lado del Evangelio". Catalina al principio dudó si se trataba de la Virgen o si era sólo
un ilusión. Pero el ángel (el niño) le dijo a la futura Santa, enérgicamente:"Por ventura no puede
la Reina de los Cielos aparecerse a una pobre criatura mortal en la forma que más le agrade?"
Entonces, Sta. Catalina se fue inmediatamente al lado de la Virgen y, arrodillándose, con la
confianza que un niño pequeño tiene para con su Madre, puso las manos sobre las rodillas de la
Madre de Dios. Allí, dice Sta. Catalina, "pasé los momentos más dulces de mi vida; me sería
imposible decir lo que sentí ". La Virgen le dio a la joven consejos provechosos para su vida
espiritual. También le encomendó una misión: "Dios quiere confiarte una misión; te costará
trabajo, pero lo vencerás pensando que lo haces para la gloria de Dios. Tu conocerás cuán bueno
es Dios. Tendrás que sufrir hasta que los digas a tu director. No te faltarán contradicciones; mas
te asistirá la gracia; no temas. Háblale a tu director con confianza y sencillez; ten confianza, no
temas. Verás ciertas cosas; díselas. Recibirás inspiraciones en la oración."
Meses después, el 27 de noviembre, Catalina contó que la Virgen se le volvió a aparecer, durante
sus meditaciones vespertinas. La vio dentro de un marco oval, que se alzaba sobre un globo
pisando una serpiente; de sus manos salían rayos de luz algunos de los cuales no llegaban a
tierra. Alrededor del margen del marco estaban inscritas las palabras "Oh María, sin pecado
concebida, rogad por nosotros que acudimos a ti". La Virgen dijo: "Es la imagen de las gracias
que reparto sobre las personas que me las piden", y para explicar porque algunos de los rayos
proyectados no llegaba a tierra, agrega: "Es la imagen de las gracias de aquellos que se han
olvidado de pedírmelas". Mientras Catalina contemplaba, la imagen pareció rotar, y se podía
observar un círculo con doce estrellas, una gran letra M superpuesta por una cruz, y debajo las
siluetas estilizadas del Sagrado Corazón de Jesús y el Inmaculado Corazón de María. Catalina
dijo que después la Virgen le pidió que tomara esas imágenes y se las llevara a su padre confesor,
y le pidiera que las mismas debían ser impresas en medallas, añadiendo: "Todos aquellos que
porten la medalla recibirán grandes gracias."
Después de dos años de entrevistas y de observación de la conducta de Catalina, el sacerdote
informó al arzobispo de París de lo sucedido sin revelar la identidad de Catalina. La propuesta
fue aceptada, se fabricaron las medallas y llegaron a ser muy populares. La doctrina de la
Inmaculada Concepción aún no era oficial, pero la medalla con las palabras Concebida sin
pecado influyó en el papa Pío IX al proclamar el dogma de la Inmaculada Concepción el 8 de
diciembre de 1854.
San Benito de Nursia
Benito de Nursia (Nursia, Umbría; 480-Abadía de Montecasino, Lacio; 21 de marzo de 547) fue
un monje cristiano, considerado el iniciador de la vida monástica en Occidente. Fundó la orden
de los benedictinos cuyo fin era establecer monasterios basados en la autarquía, es decir,
autosuficientes; comúnmente estaban organizados en torno a la iglesia de planta basilical y el
claustro. Es considerado patrón de Europa y patriarca del monacato occidental. Benito escribió
una regla para sus monjes, conocida luego como la «Santa Regla», que fue inspiración para
muchas de las otras comunidades religiosas.
Su festividad es el 11 de julio.
Era hijo de un noble romano de Nursia, la moderna Norcia, en Umbría. Una tradición lo
convierte en un gemelo con su hermana Escolástica. Si 480 es aceptado como el año de su
nacimiento, el año en que abandonó sus estudios y abandonó el hogar sería el año 500. La
narrativa de San Gregorio hace que sea imposible suponer que tiene menos de 20 años en ese
momento. Tenía la edad suficiente para estar en medio de sus estudios literarios, para
comprender el verdadero significado y el valor de la vida disoluta y licenciosa de sus
compañeros, y de haber sido profundamente afectado por el amor de una mujer. Estaba al
comienzo de la vida, y tenía a su disposición los medios para una carrera como noble romano.
Benito fue enviado a Roma para estudiar, pero se sintió decepcionado por la vida que encontró
allí. No parece haber salido de Roma con el propósito de convertirse en ermitaño, sino solo en
encontrar un lugar alejado de la vida de la gran ciudad. Se llevó a su vieja enfermera con él como
sirviente y se establecieron para vivir en Enfide, a unas cuarenta millas de Roma y dos de
Subiaco.
En su camino desde Enfide, Benito encontró a un monje, Romano de Subiaco, cuyo monasterio
estaba en la montaña sobre el acantilado que sobresale de la cueva. Romano había discutido con
Benito el propósito que lo había llevado a Subiaco, y le había dado el hábito del monje. Por su
consejo, Benito se convirtió en un ermitaño y, durante tres años, desconocido para los hombres,
vivió en esta cueva sobre el lago.
Durante estos tres años de soledad, roto solo por comunicaciones ocasionales con el mundo
exterior y por las visitas de Romano, Benito maduró tanto en mente como en carácter, en
conocimiento de sí mismo y de su prójimo, pero asegurado el respeto de los que le rodean; tanto
que a la muerte del abad de un monasterio en el barrio (identificado por algunos con Vicovaro),
la comunidad vino a él y le rogó que se convirtiera en su abad. Benito conocía la vida y la
disciplina del monasterio y sabía que "sus modales eran diferentes a los suyos y, por lo tanto,
que nunca estarían de acuerdo. Sin embargo, vencidos con su súplica, dio su consentimiento. El
experimento fracasó; Los monjes trataron de envenenarlo. La leyenda cuenta que primero
intentaron envenenar su bebida. Rezó una bendición sobre la copa y la copa se hizo añicos. De
este modo abandonó el grupo y volvió a su cueva en Subiaco. Allí vivía en el barrio un sacerdote
llamado Florencio que, movido por la envidia, intentó envenenarlo con pan envenenado.
Cuando rezó una bendición sobre el pan, un cuervo entró y se llevó el pan. A partir de este
momento sus milagros parecen haberse hecho frecuentes, y muchas personas, atraídos por su
santidad y carácter, vino a Subiaco para estar bajo su guía. Al fallarle enviándole pan venenoso,
Florencio intentó seducir a sus monjes con algunas prostitutas. Para evitar más tentaciones, en
aproximadamente 530 Benito salió de Subiaco. Fundó 12 monasterios en las cercanías de
Subiaco y, finalmente, en 530 fundó el gran monasterio benedictino de Monte Cassino, que se
encuentra en una colina entre Roma y Nápoles.
A Benito se le representa habitualmente con el libro de la Regla, una copa rota, y un cuervo con
un trozo de pan en el pico, en memoria del pan envenenado que recibió Benito de un sacerdote
de la región de Subiaco que le envidiaba. Gregorio Magno cuenta que, por orden de Benito, el
cuervo se llevó el pan a donde no pudiera ser encontrado por nadie.
Algunos creyentes invocan a Benito para protegerse contra las picaduras de las ortigas, el
veneno, la erisipela, la fiebre y las tentaciones.
Es patrono de Europa, de los archiveros, agricultores, ingenieros, curtidores, moribundos,
granjeros, de enfermedades inflamatorias, de los arquitectos italianos, de los que padecen
enfermedades de riñón, de los monjes, de la villa de Nursia (su ciudad natal), de Italia, de los
religiosos (entiéndase pertenecientes a congregaciones religiosas), de los escolares, de los
criados, de los espeleólogos.
Las reliquias de Benito están conservadas en la cripta de la abadía de Saint-Benoît-sur-Loire
(Fleury), cercana a Orleans y de Germigny-des-Prés, donde se encuentra una iglesia carolingia,
en el centro de Francia. También se encuentra un hueso del cráneo de San Benito en Monreal
del Llano en Cuenca (España).
Regla de San Benito
La Regula monasteriorum, que consta de 73 capítulos y un prólogo, fue retomada por Benito de
Aniano en el siglo IX, antes de las invasiones normandas. Posteriormente, la Regla de San
Benito adquirió gran importancia en la vida religiosa europea durante la Edad Media, gracias a
la centralización de todos los monasterios bajo esta Regla, encabezados por los cluniacenses.
A pesar de diferentes momentos históricos, en los cuales la indisciplina, las persecuciones o las
agitaciones políticas han hecho decaer la práctica de la Regla de San Benito o han diezmado la
población monástica, los monasterios benedictinos han mantenido en todos los tiempos un gran
número de religiosos y religiosas. Actualmente siguen la Regla de San Benito alrededor de 700
monasterios masculinos y unos 900 monasterios y casas religiosas femeninas, ubicados en los
cinco continentes. Se incluyen en esta cifra monasterios de confesión protestante, tanto
anglicanos como luteranos.
Su influencia en el monacato es considerable tanto en occidente como en el mundo,
especialmente en lo que concierne a la vida intelectual del cristianismo. Esta Regla es un modelo
de vida colectiva, tomada como ejemplo en la organización de algunas empresas.
La medalla de San Benito
La medalla de San Benito es una medalla sacramental cristiana que contiene iconografía
relacionada con san Benito de Nursia. Es usada por creyentes católicos, anglicanos, y en algunas
comunidades luteranas, los metodistas y ortodoxos de occidente.
Es una de las medallas más antiguas de la cristiandad, y quienes la portan creen que tiene poder
contra el mal. El anverso de la medalla presenta una imagen de Benito de Nursia y el reverso
tiene, entre otras cosas, las iniciales de la frase Vade retro satana, una fórmula católica de origen
medieval que deriva de una frase que el Evangelio de Marcos (8:33) pone en labios de Jesús de
Nazaret.
La fecha exacta sobre la manufactura de la primera medalla de San Benito se desconoce. En
algún punto de la historia de esta devoción cristiana se encontraron letras en la parte de atrás de
la medalla. En el año 1647, unas mujeres fueron juzgadas por hechicería, y en el proceso
declararon que no habían podido dañar el monasterio de los benedictinos porque se encontraba
protegido por el signo de la santa Cruz. Se buscó entonces en el monasterio de Metten (Baviera,
Alemania) y se encontraron pinturas antiguas con representaciones de esta cruz, con la
inscripción que se explicará más abajo. Pero estas iniciales misteriosas no pudieron ser
interpretadas, hasta que en un manuscrito de la biblioteca, iluminado en el mismo monasterio
de Metten, en 1414 y conservado hoy en la biblioteca estatal de Múnich, se vio una imagen de
san Benito de Nursia, con esas palabras. El papa Benedicto XIV la aprobó en 1742 y la fórmula
de su bendición se incorporó al Rito Romano. La versión final de esta medalla data del año 1880
en memoria de los 1400 años del natalicio de san Benito.
La medalla es usada de diversas maneras: colgado alrededor del cuello con una cadenita, en el
rosario, en el bolsillo, en el centro de una cruz, en el coche o casa de los fieles y en los cimientos
de un edificio.
La medalla es una exaltación del amor a Cristo de acuerdo con los fieles cristianos católicos.
Quienes practican esta devoción le atribuyen poder para alejar el mal por medio de la fe. El
medallón de san Benito ayuda a combatir el mal y las tentaciones que provienen de Satanás, del
mismo diablo, máximo enemigo de Dios. Aunque estos últimos medallones mencionados,
menos conocidos que el de san Benito, solo hay siete en todo el mundo, se creen que tienen gran
poder espiritual y que están dispersos por todo el mundo. El medallón de san Benito es una de
las medallas que más sirven en los combates espirituales contra el diablo, por lo que suele ser
empleado en los exorcismos.
En la cara frontal de la medalla aparece la figura de Benito de Nursia sosteniendo en su mano
derecha una cruz (a la que la tradición le adjudica un gran amor por parte del santo), y en su
mano izquierda el libro de las Reglas, que él mismo escribió, con la oración de la buena muerte
rodeando la figura del santo: Eius in obitu nostro praesentia muniamur!: "A la hora de nuestra
muerte seamos protegidos por su presencia", pues san Benito es patrón de la buena muerte,
junto con San José. En el fondo de la imagen aparece una copa envenenada, de la cual, cuando el
santo hizo sobre ella la señal de la cruz, salió una serpiente. Un enemigo celoso intentó
envenenarlo dándole una hogaza de pan envenenada, mas al pretender comérsela se la llevó un
cuervo (estos detalles aparecen en la medalla). En el fondo de la imagen aparece la frase Crux
sancti patris Benedicti (Cruz del Santo Padre Benito).
El reverso muestra la cruz de san Benito con las siguientes iniciales:
Crux Sancti Patris Benedicti (C.S.P.B.): "Cruz del Santo Padre Benito".
Crux Sacra Sit Mihi Lux (C.S.S.M.L.): "La santa Cruz sea mi luz" (crucero vertical de la cruz).
Non Draco Sit Mihi Dux (N.D.S.M.D.): "No sea el dragón mi guía" (dux: "duque", "señor", en un
sentido feudal, en clara analogía al Señor Celeste, Dios mismo). (Crucero horizontal).
En círculo, comenzando por arriba hacia la derecha:
Vade Retro Satana! (V.R.S.): "¡Retrocede, Satanás!" (Vade: "Ir". Retro: "Atrás").
Nunquam (según algunas versiones, es Non) Suade Mihi Vana! (N.S.M.V.): "No me aconsejes
cosas malas".
Sunt Mala Quae Libas (S.M.Q.L.): "Venenosa es tu carnada", o "es malo lo que me ofreces".
Ipse Venena bibas (I.V.B.): "Bebe tú mismo tu veneno".
PAX: "Paz".
Algunas medallas incluyen también el monograma de Jesucristo: IHS, o JHS.
El 12 de marzo de 1742 Benedicto XIV otorgó indulgencia plenaria a la medalla de san Benito si
la persona cumple las siguientes condiciones:
Si realiza el Sacramento de la Reconciliación, recibe la Eucaristía, ora por el Santo Padre en las
grandes fiestas y durante esa semana reza el santo rosario, visita a los enfermos, ayuda a los
pobres, enseña la Fe Cristiana o participa en la Santa Misa.
Las grandes fiestas de las que se habla arriba son: Navidad, Epifanía, Pascua de Resurrección,
Ascensión, Pentecostés, la Santísima Trinidad, Corpus Christi, la Asunción de María, la
Inmaculada Concepción, el nacimiento de María, todos los Santos y fiesta de san Benito.
Quienes lleven la medalla de san Benito a la hora de la muerte serán protegidos siempre que se
encomienden al Padre, se confiesen y reciban la comunión o al menos invoquen el nombre de
Jesús con profundo arrepentimiento.
El Crucifijo con medalla de san Benito
El crucifijo de la Buena Muerte y la medalla de san Benito han sido reconocidos por la Iglesia
como una ayuda para el cristiano en la hora de tentación, peligro, mal, principalmente en la hora
de la muerte. Le ha dado al crucifijo con la medalla la indulgencia plenaria.
La indulgencia plenaria de la Cruz de la Buena Muerte, quien realmente crea en la santa Cruz,
no será apartado de Él, ganará indulgencia plenaria en la hora de la muerte. Si este se confiesa,
recibe la Comunión o por lo menos con el arrepentimiento previo de sus pecados, llamando el
Santo nombre de Jesús con devoción y aceptando resignadamente la muerte como venida de las
manos de Dios. Para la indulgencia no basta la Cruz, debe representarse a Cristo crucificado.
Esta cruz también ayuda a los enfermos para unir nuestros sufrimientos a los de Nuestro
Salvador.
Aquel que haya sido excomulgado de la iglesia y arrepentido cumpla su penitencia una vez se
haya confesado ante la autoridad, obispo o superior y comulgue el domingo de resurrección será
glorificado obteniendo la indulgencia.
San Nicolás de Bari
San Nicolás, también conocido como San Nicolás de Myra o San Nicolás de Bari (en Occidente,
por el lugar donde fueron trasladados sus restos) fue un obispo que vivió en el siglo IV. Más de
dos mil templos están dedicados a él en todo el mundo.
En Oriente lo llaman Nicolás de Mira, por la ciudad donde estuvo de obispo, pero en Occidente
se le llama Nicolás de Bari, porque cuando los musulmanes conquistaron Anatolia, un grupo de
cristianos sacó de allí en secreto las reliquias del santo y se las llevó a la ciudad de Bari, en Italia.
En esa ciudad se le adjudicaron tan admirables milagros al rezarle a este gran santo, que su culto
llegó a ser sumamente popular en toda Europa. Es Patrono de Rusia, de Grecia y de Turquía. En
Roma ya en el año 550 le habían construido un templo en su honor. Su festividad es el 6 de
diciembre.
Su nombre es notable también fuera del mundo cristiano porque su figura ha dado origen al
mito de Santa Claus, conocido también como Papá Noel.
Nacio en alrededor de 270 en Patara de Licia, Imperio romano. Sus padres, fervorosos
cristianos, lo educaron en la fe. Después de la muerte de sus padres, Nicolás heredó una gran
fortuna que puso al servicio de los necesitados, según la hagiografía escrita por San Metodio,
arzobispo de Constantinopla.
Al morir sus padres repartió toda su fortuna entre los pobres y se fue a vivir a Myra (Anatolia,
actualmente Turquía), donde sería consagrado obispo de una forma muy curiosa. Dice la
leyenda que varios sacerdotes y obispos se encontraban discutiendo sobre quién sería el futuro
obispo, pues el anterior había fallecido. Al no ponerse de acuerdo, se decidió que fuera el
próximo sacerdote que entrase en el templo, que casualmente fue Nicolás de Bari.
Durante su época como obispo, y en su afán por erradicar los cultos paganos, ordenó demoler el
templo de Artemisa en Myra; el templo más grande y famoso de Licia, así como otros varios
edificios paganos. Por un decreto del emperador Licinio contra los cristianos fue encarcelado y
su barba quemada, siendo liberado por el emperador Constantino.
Participó en el Concilio de Nicea, condenando las doctrinas de Arrio, quien se negaba a admitir
el dogma de la divinidad de Cristo. Para combatir los errores, utilizaba una dulzura exquisita,
logrando grandes y sinceras conversiones, a pesar de su discreto talento especulativo y orador
que tanto gusta a los orientales. Sin embargo, cuando se trataba de proteger a los más débiles de
los poderosos, San Nicolás, a pesar de su avanzada edad, actuaba con gran arrojo y vigor.
San Nicolás de Bari murió el 6 de diciembre del año 343 en Myra, pero sus restos descansan en
la ciudad portuaria italiana de Bari, pues allí fueron a dar después de que fueran sacados de
Turquía tras la conquista musulmana. Tras su muerte se convirtió en el primer santo, no mártir,
en gozar de una especial devoción en Oriente y Occidente. Multitud de relatos milagrosos
aparecieron sobre él, desfigurando, a veces, su eminente carácter práctico y sencillo.
Son muchos los milagros que se le atribuyen. Uno de los de mayor repercusión es el que cuenta
que, siendo aún joven, se compadeció de un desquiciado hidalgo de la localidad de Patara, en la
Licia, que habiendo caído en la más absoluta miseria se había visto obligado a prostituir a sus
tres hijas (según la leyenda hermosas y honestas). Para remediarlo, el santo de Bari echó tres
zapatos —según otras versiones bolsos— llenos de oro, en otras tantas noches por la ventana del
cuarto "donde dormía aquel padre desnaturalizado, con lo que proveyó el remedio oportuno".
En otra versión, que haría historia, dejó caer por la chimenea unas monedas de oro que
milagrosamente cayeron en unas medias de lana que las jóvenes habían dejado secando, y de
aquí se supone la tradición de colgar las medias tejidas que sirven para recibir regalos en
Navidad. Así también, en ocasiones se representa al obispo de Myra con tres monedas de oro en
las manos.
Otro milagro conocido es el de haber resucitado por su intercesión a tres niños que habían caído
de un árbol y muerto al instante. También se le atribuye el milagro de los tres niños sacrificados
para dar de comer a los clientes de un hostelero, siendo devueltos a la vida por intercesión del
santo. Motivo por el cual se le representa con tres niños a su lado, en una cubeta.
Uno de los milagros más recientes, ocurrido durante la Segunda Guerra Mundial, cuenta cómo
en un bombardeo a la ciudad de Bari una madre se separó de su niño en medio de la confusión,
apareciendo éste horas después a la puerta de la casa sano y salvo. El niño contó cómo un
hombre que describió como San Nicolás lo ayudó, lo protegió y lo llevó de regreso a su casa.
Leyenda de Papá Noel
Nicolás de Bari se convirtió en la base de la figura de Papá Noel, Santa Claus o San Nicolás
personaje legendario que según la cultura occidental trae regalos a los niños por Navidad (la
noche del 24 al 25 de diciembre).
San Cayetano de Thiene
San Cayetano (Vicenza, 1 de octubre de 1480 - Nápoles, Italia, 7 de agosto de 1547) fue un
presbítero italiano, fundador de la Orden de Clérigos Regulares Teatinos. En 1671 fue
proclamado santo por el papa Clemente X. Se le conoce como Santo de la Providencia, Patrono
del pan y del trabajo, así como de las personas que buscan trabajo y los desempleados.
Nació en Vicenza en el siglo XV. Pertenecía a la familia de los condes de Thiene. Fue el último de
los tres hijos del conde Gásparo di Thiene (un militar que murió en 1492) y de la condesa María
Da Porto, quien más tarde se convertiría en terciaria dominica. Recibió el nombre de Cayetano
en honor a un tío recién fallecido que era un canónigo docente de Derecho en la Universidad de
Padua.
Cayetano en 1504 obtuvo el doble doctorado en derecho civil y canónico por la Universidad de
Thiene; En 1506 (a los 25 años de edad) gracias a las relaciones de sus tíos, tuvo la oportunidad
de ser nombrado protonotario apostólico en la corte del papa Julio II, en Roma. Desde ese
puesto ayudó a reconciliar a la Santa Sede con la República de Venecia. Se retiró de la vida
cortesana en 1513 y fundó una sociedad de sacerdotes y prelados, llamada el Oratorio del Amor
Divino. Fue ordenado sacerdote dos años después (a los 35 años).
Trabajó como confesor. En 1522 retornó a su ciudad, Vicenza. En Venecia fundó el Ospedale
degli Incurabili, un hospital para enfermos incurables.
En 1516, Martín Lutero luchaba en Alemania contra el comercio de indulgencias, lo que
terminaría dividiendo a la Iglesia (la Reforma). Algunos sacerdotes equivocadamente tenían la
idea de que podían vender indulgencias y habían convencido a sus feligreses de que cualquier
persona podía comprarlas, ya fuera para sí misma o para un pariente muerto que permanecía en
el Purgatorio. Cayetano dedicaría su vida a luchar contra la Reforma protestante.
En el año 1524 fundó la orden de los Teatinos (o Clérigos Regulares) junto con el obispo Juan
Pedro Caraffa (1476-1559), que más tarde sería elegido papa con el nombre de Paulo IV. La
Orden fue aprobada por Clemente VII el 24 de junio de 1524 y confirmada definitivamente en
1532.
Cayetano estaba convencido de que la Iglesia necesitaba luchar contra la Reforma y servir a los
más pobres. Por ello, la fundación de los Clérigos Regulares tenía como objetivo renovar el
espíritu y la labor misionera de los sacerdotes. Tenían como regla no poseer ni pedir nada.
Debían vivir únicamente de las limosnas que los fieles les ofrecieran espontáneamente.
Para paliar las necesidades de los pobres, fundó la organización de beneficencia Monte di Pietà
(que posteriormente se convirtió en el Banco de Nápoles), como una alternativa a los usureros
(tiburones del préstamo).
Como carisma apostólico, Gaetano jugaba con los parroquianos varones, con quienes apostaba
el rezo de oraciones, rosarios de madera, velas devocionales, o bien servicios y trabajos
manuales en la iglesia.
Su emblema es la aparición de la Virgen María. Falleció siendo el superior de su orden, en
Nápoles. Sus reliquias se encuentran en la iglesia de Santo Paolo, en Nápoles. Fue beatificado el
8 de octubre de 1629 por el papa Urbano VIII y canonizado el 12 de abril de 1671 por el papa
Clemente X.
La fiesta de san Cayetano es celebrada por la Iglesia católica el 7 de agosto.
En Argentina, su festividad es la segunda en importancia, después de la veneración de la Virgen
de Luján, patrona del país. Cada 7 de agosto miles se congregan de las parroquias que están bajo
la insignia de este santo, para pedir por su intermediación. En el Barrio de Liniers, en Buenos
aires, semanas antes del día que se conmemora la muerte del Santo, personas duermen en
carpas, para ser los primeros en agradecer los favores logrados por su intermediación. Se puede
decir que en la mayoría de los hogares católicos argentinos, esta su estampa.
San Antonio de Padua
San Antonio de Padua, también conocido como san Antonio de Lisboa (n. Lisboa, Reino de
Portugal 1191 a 1195 — f. Padua, 13 de junio de 1231), fue un sacerdote de la Orden Franciscana,
predicador y teólogo portugués, venerado como santo y doctor de la Iglesia por el catolicismo.
Su capacidad de prédica era proverbial, al punto de ser llamado «Arca del Testamento» por
Gregorio IX. Las citas bíblicas en los Sermones dominicales y Sermones festivos —ambas obras
de su autoría acreditada— superaron el número de seis mil, lo que supone un nivel de
conocimiento escolástico que justifica el título específico que se le adjudicó, doctor evangélico.
Antonio de Padua fue el segundo santo más rápidamente canonizado por la Iglesia, el 30 de
mayo de 1232 por el papa Gregorio IX, tras san Pedro Mártir de Verona. Es uno de los santos
católicos más populares y su culto se encuentra extendido universalmente. Su festividad se
celebra el 13 de junio.
Se educó en la escuela catedralicia local. Contrariando los deseos de su familia, Antonio ingresó
en la abadía agustina suburbana de San Vicente en las afueras de Lisboa, perteneciente a los
canónigos regulares de san Agustín. Los monjes de la orden de San Agustín de la cual él era
miembro eran famosos por su dedicación a los estudios. Antonio estudió las Sagradas Escrituras
y la teología de algunos doctores de la Iglesia católica como Jerónimo de Estridón, Agustín de
Hipona, Gregorio Magno y Bernardo de Claraval. También estudió los clásicos latinos, como
Ovidio y Séneca. Luego de dos años, y tras obtener el permiso de sus superiores religiosos, se
trasladó en 1210 al monasterio agustiniano de Santa Cruz en Coímbra, para continuar sus
estudios. Se trataba de un reconocido centro de cultura eclesiástica, donde tuvo oportunidad de
profundizar la disciplina religiosa, su conocimiento de la Biblia y el ejercicio de la Lectio divina.
En el verano de 1220 mudó de orden y se hizo franciscano. En ese momento adoptó el nombre
de Antonio en honor de san Antonio Abad a quien estaba dedicada la ermita franciscana en la
que él residía. Antonio partió para Marruecos pero enfermó gravemente durante el invierno de
1220, lo que lo hizo retornar. En el trayecto una tempestad violenta desvió su barco a Sicilia, y
allí tuvo noticias del Capítulo general convocado en Asís.
En la fiesta de Pentecostés de 1221 Antonio participó junto con unos 3000 frailes del Capítulo
general de Asís, el más multitudinario de los llamados Capítulos de las esteras, nombre que
recibió en razón de que muchos de los frailes ahí reunidos tuvieron que dormir en esteras. Allí
vio y escuchó en persona a san Francisco. Una vez concluida la reunión, Antonio solicitó a fray
Graziano, provincial de Romaña, que lo tomara consigo para que le impartiese los primeros
rudimentos de la fe espiritual.
Fray Graziano lo envió a una pequeña ermita en las montañas del pueblo de Montepaolo para
que sirviera como sacerdote. La convicción, cultura y talento de Antonio como predicador se
mostraron por primera vez en Forlì en 1222. Pronto se divulgó la noticia de la calidad de sus
sermones, y Antonio recibió una carta del propio san Francisco con el encargo de predicar y de
enseñar Teología a los frailes. Luego, fue comisionado por el mismo Francisco para luchar
contra la propagación de la herejía cátara en Francia. Se trasladó más tarde a Bolonia y a Padua,
por lo que su tarea como predicador lo transformó en un viajero asiduo por el sur de Francia y
todo el norte de Italia, pronunciádose contra las herejías
En la curia papal, Antonio suscitó en los cardenales y en el papa Gregorio IX tal admiración por
su predicación que el pontífice «llegó a llamarlo, con epíteto muy propio, "Arca del
Testamento"». Sus mensajes desafiaban los vicios sociales de su tiempo, en forma especial la
avaricia y la práctica de la usura. Se señala este período —en particular la predicación cuaresmal
de 1231— como uno de los más notables de su vida. Esas últimas predicaciones tuvieron un éxito
popular destacado. Aquejado por continuas enfermedades, perseveraba en la enseñanza y en la
escucha de confesiones hasta la puesta del sol, a menudo en ayunas. La multitud de gente que
acudía desde las ciudades y pueblos a escuchar las predicaciones diarias le obligó a abandonar
las iglesias como recintos de prédica para hacerlo al aire libre.
Antonio enfermó de hidropesía y, después de la Pascua de 1231, se retiró a la localidad de
Camposampiero, con otros dos frailes para descansar y orar. Allí, Antonio vivió en una celda
construida por él mismo bajo las ramas de un nogal. Poco después, decidió retornar a Padua. Ya
en las proximidades, se detuvo en el convento de las clarisas pobres en Arcella, donde murió
prematuramente el 13 de junio de 1231, a la edad aproximada de 35 o 36 años.
Milagros
El Niño Jesús le hizo una visita cuando éste era aún un fraile, y se encontraba rezando en su
habitación solo. Es por ello que las imágenes de San Antonio de Padua se retratan sosteniendo al
Niño Jesús.
San Antonio de Padua,en una discusión con un hereje, fue desafiado a demostrar la presencia de
Jesús en la Eucaristía. Para ello, pusieron a una mula por ayuno, para que cuando fueran a
liberarla, ésta escogiera entre el alimento y la adoración de Jesús. Llegado el momento, el
animal dejó de lado el heno para inclinarse ante la presencia de Dios, lo cual dejó impresionada
a la multitud.
La celebración de las multitudinarias exequias y la multiplicidad de milagros que se le
atribuyeron promovieron su rapidísima canonización, bajo el pontificado de Gregorio IX. De
hecho, es el segundo santo más rápidamente canonizado por la Iglesia católica: 352 días después
de su fallecimiento, el 30 de mayo de 1232.
El 16 de enero de 1946, el papa Pío XII proclamó a san Antonio «Doctor de la Iglesia», bajo el
título especial de «Doctor evangélico».
San Antonio de Padua es el patrón de los objetos extraviados, de quienes buscan pareja y de los
celíacos; es también patrono de Lisboa (Portugal) y de Padua (Italia), donde permanecen sus
restos. Además, es santo patrón de otras ciudades, localidades y diócesis.
En Argentina en El Tala Departamento La Candelaria Provincia de Salta, se celebra los 13 de
junio de cada año el patronazgo de San Antonio con una fiesta cívico religiosa que se mantiene
con el paso de los años y que es parte de la historia del pueblo, se venera al santo con múltiples
actividades durante todo el mes antoniano que incluye el novenario y la fiesta propiamente
dicha el día 13 de junio. También da su nombre a las ciudades de Gualeguay, cuyo nombre
completo es Villa de San Antonio del Gualeguay Grande; San Antonio de Padua y San Antonio
de Areco en la provincia de Buenos Aires.
En Portugal, España, Brasil, Perú, interior de Argentina y otras partes de Hispanoamérica es
reconocido como el santo de los matrimonios, los que buscan pareja y los novios. El día de su
fiesta (el 13 de junio) las muchachas solteras tienen la costumbre de comprar una pequeña
imagen del santo y pedirle su intercesión para conseguir novio; cuando esto no ocurría se
colocaba al revés la imagen como castigo hasta que por fin se encontrara un buen partido. Esta
curiosa tradición ha sido retratada muchas veces en la cultura popular portuguesa e
hispanoamericana, aunque la Iglesia católica la considera «superstición».
Santa Bernadette Soubirous
Hermanas de la Caridad de Nevers
Maria-Bernarda Sobirós, más conocida como Bernadette Soubirous o Santa Bernardita de
Lourdes (Lourdes, 7 de enero de 1844-Nevers, 16 de abril de 1879) fue una pastora, mística y
religiosa francesa canonizada por la Iglesia católica en 1933. Su festividad se celebra el 16 de
abril, aniversario de su muerte. Su cuerpo permanece incorrupto en Nevers.
Una serie de dieciocho apariciones marianas que Soubirous afirmó haber tenido en 1858 en
Lourdes, y los milagros que las sucedieron, terminaron por conferirle fama mundial ya al
momento de su muerte.
Bernadette era la mayor de nueve hermanos, de los cuales solo algunos sobrevivieron a los
primeros años de vida; por la condición de extrema pobreza de sus padres, vivían en un viejo
sótano en un molino húmedo y miserable. Su padre, François Sobirós, tenía por empleo en el
momento de las apariciones juntar la basura del pueblo y del hospital; su oficio era molinero,
pero la escasez de trabajo hacía imposible desempeñarlo. Su madre, Louise Castérot, era una
mujer piadosa y preocupada por sus hijos que ocasionalmente trabajaba de costurera.
Corrían tiempos difíciles en Francia y la familia de Bernadette vivía en pobreza extrema,
particularmente desde que ella cumplió diez años. Primero, su padre Francisco perdería un ojo
en un accidente de trabajo y quedaría tuerto. Luego, el panadero de Lourdes lo acusó de haber
robado sacos de harina, motivo por el cual pasaría una semana en la cárcel. Toda la región
padeció años de graves sequías que provocarían pérdidas de cosechas. Al no haber trigo
suficiente, cerraron muchos molinos (entre ellos, el molino de Boly, donde trabajaban y vivían
los Soubirous). Además aparecieron los molinos de vapor, que se impusieron a los tradicionales
de agua.
Desde muy pequeña Bernadette tuvo una salud delicada. La causa era la desnutrición y el
lamentable y pobre estado de la casa monoambiente donde residía. Durante su niñez, el cólera
causó 38 muertos y centenares de afectados en Lourdes. En otoño de 1855, esa enfermedad
atacó a Bernadette dejándola sumamente debilitada. Más tarde contrajo asma. El clima y el
ambiente en que residían no la ayudaban en su condición.
Había conocido la miseria hasta pasar hambre y ver a sus hermanos repartirse un mendrugo de
pan. Bernadette tenía que pedir ropa prestada cuando lavaba la propia. Cuando los demás niños
de su edad asistían a la escuela, ella debía cuidar a sus hermanos menores o guardar en el monte
ovejas ajenas. Hasta los 16 años no aprendió a leer ni a escribir, aun así, estaba empeñada en
recibir la primera comunión. Por las noches, después de largas horas de labor, la niña repetía las
fórmulas del catecismo. El maestro le decía a sus padres: «Le cuesta retener de memoria el
catecismo, porque no sabe leer; pero pone mucho empeño: es muy atenta y piadosa».
El 11 de febrero de 1858, y durante seis meses, Bernadette recibió las revelaciones de la Virgen
María en la advocación de la Inmaculada Concepción en la pequeña gruta de Masse-Vieille (hoy
llamada Massabielle). El lugar estaba conformado por una roca que cubría una gruta alargada,
de unos ocho metros de ancho. Aquel jueves 11 de febrero se había terminado la leña en la casa y
Bernadette se ofreció a ir a recoger, a la vera del torrente Gave, con su hermana Toinette y Juana
Abadie, a quien llamaban Baloum. Las tres niñas descendieron hasta Masse-Vieille. Según su
relato, Bernadette oyó un fuerte rumor de viento, pero al volverse vio que todo estaba tranquilo
y que los árboles no se habían movido. Por segunda vez oyó el mismo rumor, entonces en el
interior de la gruta vio a una «jovencita» (que en su decimosexta aparición se identificaría como
la Inmaculada Concepción). Así narró Bernadette la primera aparición:
En la abertura de una roca, llamada cueva de Masse-Vieille, vi a una joven. Creyendo
engañarme, me restregué los ojos; pero alzándolos, vi de nuevo a la joven, que me sonreía y me
hacía señas de que me acercase. La mujer vestía túnica blanca con un velo que le cubría la
cabeza y llegaba hasta los pies, sobre cada uno de los cuales tenía una rosa amarilla, del mismo
color que las cuentas de su rosario. El ceñidor de la túnica era azul. (...) Tuve miedo. Después vi
que la joven seguía sonriendo. Eché mano al bolsillo para coger el rosario que siempre llevo
conmigo y se me cayó al suelo. Me temblaba la mano. Me arrodillé. Vi que la joven se
santiguaba... Hice la señal de la cruz y recé con la joven... Mientras yo rezaba, ella iba pasando
las cuentas del rosario (...) Terminado el rosario, me sonrió otra vez. (...) Aquella Señora no me
habló hasta la tercera vez.
La «joven», a quien Bernadette comenzó llamando «Aquélla» y después «Señora», se le
presentaría dieciocho veces. En la tercera aparición, el 18 de febrero, Bernadette le preguntó su
nombre. La Señora no se lo dijo de momento y le propuso una cita diaria durante quince días.
Del 19 al 24 de febrero tuvieron lugar las apariciones cuarta a octava. La Señora y Bernadette se
hablaron en confidencia, mientras las autoridades acusaban a la pequeña joven de perturbar el
orden público y la amenazaban con enviarla a la cárcel.
La niña mantuvo una consistente actitud de calma durante los interrogatorios, sin cambiar su
historia ni su actitud, ni pretender tener un conocimiento más allá de lo dicho respecto a la
visión descrita.
Las opiniones de los vecinos de Lourdes estaban divididas. Aquellos vecinos que creían que
Bernadette decía la verdad, asumían que la mujer que se le aparecía era la Virgen María. Sin
embargo, Bernadette nunca sostuvo en ese tiempo «haber visto a la Virgen» y continuó usando
el término «Aquella».
La aparición del 24 de febrero se focalizó en la necesidad de la plegaria y la penitencia. Según
Bernadette, «Aquella» dijo: «Penitencia... Penitencia... Penitencia»
El 25 de febrero tuvo lugar una de las apariciones más polémicas, ante la presencia de unas 350
personas. Según testificó Bernadette, luego de rezar el rosario la Señora le pidió que bebiera del
agua del manantial y que comiera de las plantas silvestres que crecían allí. Ella interpretó que
debía ir a tomar agua del cercano río Gave y hacia allá se dirigió. Pero la Señora le señaló con el
dedo que escarbara en el suelo. Bernadette cavó en el suelo con las manos desnudas y ensució su
rostro buscando beber donde solo había fango. Intentó «beber» tres veces, infructuosamente.
En el cuarto intento, las gotitas estaban más claras y ella las bebió. También comió trozos de
algunas de las plantas del lugar. Cuando finalmente tornó hacia la muchedumbre que la
observaba, su cara estaba manchada con fango, sin que se hubiera revelado manantial alguno.
Esto causó mucho escepticismo y fue visto como locura por muchos de los presentes, quienes
gritaron: «¡Es un fraude!» y «¡Está loca!», en tanto sus parientes, desconcertados, limpiaban la
cara de la adolescente con un pañuelo. Poco después, sin embargo, brotó un manantial de agua
que comenzó a fluir del hoyo fangoso cavado por Bernadette.
El martes 2 de marzo, «Aquella» pidió dos cosas a Bernadette: que se hicieran procesiones a la
gruta y se construyera allí mismo una capilla en su honor. Acompañada por dos de sus tías,
Bernadette acudió al párroco, padre Dominique Peyramale, con el pedido. Peyramale era un
hombre inteligente que no creía en visiones y milagros.
Edificar una capilla... «Pero, ¿en honor de quién?» preguntaron los prelados a quienes
Bernadette refirió el coloquio. La «Señora» le revelaría su identidad en su decimosexta
aparición, el 25 de marzo, en términos que Bernadette no comprendió plenamente en un
principio: «Yo soy la Inmaculada Concepción». La revelación sucedió después de más de una
hora, durante la cual tuvo lugar el segundo de los llamados «milagros del cirio». Bernadette
sostenía un cirio encendido; durante la visión el cirio se consumió y la llama habría entrado en
contacto directo con su piel por más de quince minutos, sin que produjera en ella ningún signo
de dolor o daño tisular. Fueron testigos de ello numerosas personas, entre ellas el médico de la
ciudad, Dr. Pierre Romaine Dozous, quien tomó el tiempo y posteriormente lo documentó.
Bernadette refirió la revelación de la identidad de «Aquela» al clero, ante todo al Padre
Peyramale —párroco de Lourdes—, y otros religiosos; se sucedieron interrogatorios
permanentes e incisivos de parte de diferentes autoridades civiles francesas y autoridades
eclesiásticas de la Iglesia católica.
En efecto, Bernadette poseía poca instrucción, como la mayoría de su pueblo y las dudas acerca
de su capacidad para haber leído o inventado semejantes palabras valieron la atención del
sacerdote del lugar.
Tres años antes, el de 8 de diciembre de 1854, la Iglesia católica en la figura del papa Pío IX
había explicitado el dogma de la «Inmaculada Concepción» que sostiene la creencia de que la
Virgen María, madre de Jesús, a diferencia de todos los demás seres humanos, fue preservada
inmune de toda mancha de culpa original desde el primer instante de su concepción, por
singular privilegio y gracia del Señor Dios y en atención a los méritos de Cristo-Jesús. En la
aparición, la Señora se presentó con las palabras «Yo soy la Inmaculada Concepción». En
Lourdes, María —en la tradición del Evangelista San Juan— se presenta a sí misma como
aquella «llena de gracia» en quien, según la Iglesia católica, se realizaron —en atención a
Jesucristo— las maravillas de Dios: «Yo soy la Inmaculada Concepción».
El manantial de agua encontrado por Bernadette por indicación de la Virgen resultó ser fuente
de numerosos hechos extraordinarios. El agua fue analizada por laboratorios independientes,
que no encontraron ningún elemento extraño: es agua potable similar a cualquier agua de los
Pirineos: si bien posee un alto contenido en sales minerales, no contiene nada fuera de lo
ordinario que justifique los milagros que se le atribuyen: la curación de enfermos crónicos, o
incluso terminales... De hecho, en Lourdes se puede consultar el archivo de las curaciones.
En el lugar donde ocurrieron las apariciones se levantó el Santuario de Lourdes, donde desde
entonces han ocurrido numerosas curaciones inexplicables para la ciencia. La talla de la Virgen
colocada en la gruta fue esculpida por Joseph Hughes Fabisch (1812-1886), profesor de la
Academia de las Ciencias, las Artes y las Letras de Lyon, entre fines de 1863 y comienzos de
1864. En referencia a la Virgen, Bernadette solía decir: «Jamás he visto mujer tan hermosa». El
artista debió realizar distintas correcciones a su obra, en la que Bernadette no reconocía a la
«Señora» de las apariciones. Ya en otras ocasiones, ante los modelos de estatuas sobre los que se
le había pedido su opinión, Bernadette había exclamado: «¡Madre mía, cómo se os desfigura!»
Cuando vio la imagen terminada que representaba a la Inmaculada Concepción esculpida en
mármol de Carrara, Bernadette dijo: «Sí, ésta es hermosa... pero no es Ella». En efecto, la
estatua —siguiendo los cánones estéticos de su época más que las indicaciones de Bernadette—
no reflejaba la sonrisa, la sencillez, la humildad, la belleza y la naturalidad que Bernadette
señalaba tenía la Virgen. De hecho, a Fabisch se le olvidó incluir el rosario de la Virgen, que fue
añadido más tarde. Dijo la santa: «Tenía un rosario como el mío», por eso las primeras estatuas
producidas en Lourdes tenían un rosario de 6 decenas como el de Santa Brígida que usaba la
vidente. A la estatua se le añadió uno de 5 decenas.
El último interrogatorio ante la comisión eclesiástica presidida por Bertrand-Sévère Laurence,
obispo de Tarbes, tuvo lugar el 1 de diciembre de 1860. El anciano obispo terminó emocionado,
al repetir Bernadette el gesto y las palabras que la Virgen hiciera el 25 de marzo de 1858: «Yo
soy la Inmaculada Concepción». El 18 de enero de 1862, el anciano obispo de Tarbes publicó la
carta pastoral con la cual declaró que «la Inmaculada Madre de Dios se ha aparecido
verdaderamente a Bernadette».
Tras las apariciones, a partir del 15 de julio de 1860, Bernadette fue acogida en el hospicio por
las religiosas Hermanas de la Caridad de Nevers. Bernadette dejó la casa y permaneció como
enfermera dos años entre ellas (1861 y 1862). En agosto de 1864 solicitó ser admitida en la
Comunidad de Hermanas de la Caridad de Nevers y en julio de 1866 comenzó su noviciado en
dicha congregación.
En septiembre de 1866, el asma del que siempre había padecido se agravó. El 25 de octubre
recibió la unción de los enfermos y, al agravarse la enfermedad, pronunció los votos in articulo
mortis. Sus fuerzas estaban al límite de modo que, al no poder pronunciar la fórmula, Mons.
Forcade la pronunció en nombre de ella. En 1867 se recobró, y el 30 de octubre de ese año hizo
su profesión religiosa de las manos de Mons. Forcade. Mientras que todas las novicias, después
de la profesión, recibieron el crucifijo, el libro de las constituciones y la carta de obediencia,
Bernadette no recibió nada. La madre Josefina dijo, explicándose: «No hace nada bien». Entre
las monjas, Bernadette sufrió no sólo por su mala salud, sino también porque la superiora no
creía ni en sus visiones ni en sus dolencias. Desde octubre de 1875, la historia de Bernadette se
confunde con la historia de sus enfermedades. La joven Bernarda cojeaba y fue reprendida
varias veces. Incluso la priora no la dejaba salir de su celda, pues decía que quería llamar la
atención. En diciembre de 1877 se vio precisada de guardar cama por dolores en una rodilla. En
febrero de 1878 tuvo una recaída de asma y sufrió vómitos de sangre. A partir de diciembre de
1878 permaneció definitivamente en cama. La realidad era otra de la que suponía la madre
superiora: Bernadette sufría de un tumor en su pierna, más concretamente, de tuberculosis ósea
diagnosticada en último estudio, extremadamente dolorosa. No por ello había cejado en su
trabajo: se había dedicado a ser enfermera y sacristana durante los nueve años que compartió
con las hermanas de la Congregación, hasta que no pudo más por los agudos ataques de asma y
la enfermedad que padecía.
Poco tiempo antes de morir, llegó un obispo que iba camino de Roma. Bernadette escribió una
carta al papa para que le enviara una bendición. El obispo llevó la carta a Roma y, al regresar de
la Santa Sede, le trajo una especial bendición de León XIII y un crucifijo de plata que le enviaba
de regalo; era el 15 de abril de 1879. Toda esa semana, Bernadette había sufrido mucho, por las
llagas de decúbito. Al día siguiente, el 16 de abril de 1879, con apenas 35 años, murió a las 15:15
horas. Sus últimas palabras fueron: «La he visto otra vez... ¡Qué hermosa es! Madre, ruega por
mí que soy pecadora».
Los funerales de Bernadette fueron notables. Las palabras que corrieron en boca de todos
fueron: «La santa ha muerto». Inhumada en la capilla de San José de la casa madre, asistió una
inmensa muchedumbre llegada de toda Francia.
El proceso diocesano sobre la heroicidad de sus virtudes se abrió el 20 de agosto de 1908. El 2
de septiembre de 1909, su cadáver fue desenterrado y hallado en perfecto estado de
conservación; no obstante, el crucifijo y rosario que llevaba en las manos se encontraron
cubiertos de óxido. El 25 de agosto de 1913, Pío X inició el proceso de beatificación en Roma
que, retrasado por la Primera Guerra Mundial, se reanudó el 17 de septiembre de 1917. El 14 de
junio de 1925, Pío XI proclamó beata a Bernadette.
En el año de su beatificación se realizó una segunda exhumación del cuerpo que seguía
incorrupto, aunque con manchas y decoloración en la piel, probablemente como resultado de su
exposición al aire durante los cuarenta y seis años posteriores a su entierro. Por ello, con un
molde del rostro y fotos de la religiosa, la empresa de Pierre Imans fabricó tenues cubiertas de
cera para el rostro y las manos que le fueron colocadas antes de su traslado al convento de
Nevers el 25 de junio. Luego el cuerpo fue ubicado en la capilla que hoy lleva su nombre,
perteneciente al antiguo convento de San Gildard de Nevers, y depositado en un relicario de
cristal, donde es objeto de visitas y peregrinaciones hasta hoy.
Finalmente, el 8 de diciembre de 1933, durante el Año Santo de la Redención y Jubileo
extraordinario, Pío XI proclamó «santa» a Bernadette Soubirous, la hija del pobre molinero de
Boly.
Se considera a Bernadette Soubirous una mística cristiana, cuya espiritualidad se basó en una
santidad cotidiana, carente de estructuras complicadas, sin ideologías ni discursos,
evangélicamente serena y basada en la verdad. Siempre reconoció lo que de verdad decían sus
detractores (ignorancia, falta de educación), pero jamás lo sobrecargó de significado. De ese
modo logró, incluso en los momentos difíciles, mantener la serenidad interior. Su negativa a ser
considerada un objeto que mostrar fue decidida y su límpida franqueza dejó sin habla hasta al
más culto. En ella se conjugaron armoniosamente el realismo de una muchacha de campo y la
conciencia de que, por encima de todo, vale la inteligencia de las acciones que se deben cumplir.
Los cristianos católicos y anglicanos consideran a Bernadette un canal limpio, para que por ella
pasara una revelación de la gracia de Dios, manifestada en María: «Yo soy la Inmaculada
Concepción». Los inesperados alcances teológicos de esa revelación excedían a Bernadette. Ella,
por su fe y su humildad, siguió a la «Señora» más de lo que la entendió, limitándose a cumplir la
misión encomendada de transmitir el mensaje.
La petición de la Virgen María (en su advocación de Nuestra Señora de Lourdes) a Bernadette de
que se construyera una capilla en el sitio de las apariciones dio lugar a la edificación del
Santuario de Nuestra Señora de Lourdes, que es hoy uno de los sitios principales de peregrinaje
católico en el mundo. Con una población de aproximadamente 15 000 habitantes, Lourdes
recibe actualmente la visita de unos 8 000 000 de peregrinos por año. En Francia, sólo la ciudad
de París tiene más hoteles que la ciudad de Lourdes.
En atención a la primera aparición de la Virgen María a Bernadette Soubirous, la Iglesia católica
celebra el 11 de febrero la festividad de Nuestra Señora de Lourdes. En 1992, el papa Juan Pablo
II instituyó la celebración de la «Jornada Mundial del Enfermo» a realizarse el 11 de febrero de
cada año.
Si bien la Virgen María en su advocación de Nuestra Señora de Lourdes es considerada por la
Iglesia católica la principal patrona de los enfermos, se asocia por extensión a Bernadette con la
protección de los mismos, como también de personas ridiculizadas por su piedad, de pobres, y
de pastoras y pastores
Santa Bernadette Soubirous, una niña pobre de escasísima educación pero de entrega y fe
incondicionales que debió sufrir la burla e incredulidad de muchos que se consideraban a sí
mismos doctos –incluso dentro de la propia estructura eclesial– encarna en la historia de la
humanidad un ejemplo vivo de aquellas palabras de Jesús: «Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y
de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a
pequeños» (Mateo 11, 25).
María Antonia de Paz y Figueroa (Mama Antula)
María Antonia de Paz y Figueroa, también conocida como María Antonia de San José o Mama Antula
(Villa Silípica, actual Provincia de Santiago del Estero, 1730 - Buenos Aires, Virreinato del Río de la Plata,
7 de marzo de 1799) fue una religiosa cristiana, declarada beata el 27 de agosto de 2016. Es patrona de
la congregación Hijas del Divino Salvador y de las mujeres empresarias. Su festividad es el 7 de marzo.
Fue hija del maestre de campo Francisco Solano de Paz y Figueroa y de Andrea de Figueroa. Recibió la
educación que se daba en las familias acomodadas, y se acentuó en ella su inclinación a la vida religiosa.
A los quince años hizo sus votos y vistió el hábito consagrándose a la oración y al apostolado. Luego
realizó sus ejercicios espirituales en el convento de los padres de la Compañía de Jesús de aquella
ciudad.
En 1760, ya en Santiago del Estero, María Antonia de Paz y Figueroa reunió a un grupo de chicas jóvenes
que vivían en común, rezaban, ejercían la caridad y colaboraban con los padres jesuitas. En aquel
entonces se las llamaba “beatas” (actualmente llamadas laicas consagradas). Durante veinte años María
Antonia estuvo al servicio de los jesuitas, asistiéndolos especialmente en las tareas auxiliares de los
ejercicios espirituales.
Cuando se produjo la expulsión de esa orden en 1767, María Antonia pidió al mercedario fray Diego
Toro que asumiera las tareas propias de la predicación y la confesión, mientras que ella se ocuparía con
sus compañeras del alojamiento y las provisiones para continuar con los ejercicios espirituales. La
amistad con los jesuitas la siguió manteniendo vía epistolar. Mientras tanto, continuó su tarea
evangelizadora en las parroquias de Salavina, Soconcho y Silípica. Su figura ya era familiar, siendo
conocida en su pueblo como la "Mama Antula".
Con autorización del obispo del Tucumán, Juan Manuel Moscoso y Peralta, predicó y realizó una
caminata evangelizadora por toda la diócesis. Recorrió las actuales provincias argentinas de Santiago del
Estero, Tucumán, Salta, Jujuy, nuevamente Tucumán, Catamarca y La Rioja. En 1777 llegó a Córdoba y
finalmente arribó a Buenos Aires en septiembre de 1779. La provisión episcopal concedida le permitía
solicitar limosnas, pudiendo fundar casas de recogimiento, realizar ejercicios y propender a “reformar
las costumbres” por lo que se la exhortaba a que continuase tan altos fines.
“Mama Antula” era una mujer con un estilo muy peculiar. Los viajes los hacía caminando descalza y
pidiendo limosnas. No quedan testimonios de cuántas veces preparó ejercicios en algunas ciudades,
pero sólo en San Miguel de Tucumán se hicieron sesenta. A pesar de sus viajes por montañas, desiertos
y parajes que desconocía, jamás sufrió percance alguno. En Catamarca padeció una enfermedad y fue
desahuciada por el médico. “Me encomendé al Sagrado Corazón y me encontré curada pronto, sin
ningún remedio”, aseguró. Una vez se rompió una costilla, en otra ocasión se dislocó un pie “pero fui
curada una y otra vez por una mano invisible”, repetía.
Con 49 años decidió trasladarse a Buenos Aires para llevar los beneficios de su labor. Caminó junto con
sus compañeras alrededor de dos meses hasta llegar a esa ciudad, lo que implicó un viaje de 140 leguas,
equivalente a 700 kilómetros.
Sin embargo en Buenos Aires no fue muy bien recibida: la gente viendo a aquella mujer que había
entrado a la ciudad con los pies descalzos, con una cruz de madera en las manos, exhortando por las
calles a la penitencia e invitando al retiro de los Ejercicios espirituales, la tuvieron por persona
extraviada, tratándola de loca, borracha, fanática y hasta de bruja. Los niños de las afueras de la ciudad
al verla llegar con un mal aspecto por el largo viaje, comenzaron a apedrearla y abuchearla. María
Antonia debió refugiarse en la iglesia de la Piedad, tanto para librarse de ellos como para encomendarse
a la Virgen de Nuestra Señora de los Dolores, de la que era muy devota.
El virrey Vértiz se opuso a su petitorio de abrir una casa para dar ejercicios. De igual manera, el obispo
diocesano fray Sebastián Malvar y Pinto, le demostró desconfianza y postergó la respuesta por nueve
meses, mientras solicitaba informes sobre María Antonia. Queriendo probar su espíritu, trató de
disuadirla. Sin embargo, ella resistió todas estas pruebas con valerosa intrepidez.
Obteniendo el consiguiente permiso, en agosto de 1780, recién comenzó a dar los primeros ejercicios
espirituales ante veinte personas, pero ese número creció de tal manera que pronto se calculaba en
miles las almas que las recibieron, siendo insuficientes las casas donde las brindaba. Luego el obispo no
sólo le dio autorización sino que además se convirtió en un gran admirador y le dejó un nada
despreciable legado.
Terminantemente opositor fue el virrey Vértiz, dada su antipatía visceral hacia todo lo que fuese
jesuítico. En esa actitud firme permaneció por dos años y con poderes sobre el terreno religioso, le negó
a María Antonia la autorización para organizar los ejercicios espirituales.
Las personas cercanas a la nobleza comenzaron a concurrir a estos a escondidas y cuando se supo hubo
un gran revuelo y Maria Antonia no pudo seguir ocultando esto. Había conseguido, por medio de
donaciones, unos terrenos en las afueras de Buenos Aires, en la actual avenida Independencia 1190. Se
llegó a un acuerdo donde ella accedió a ceder sus esclavos al virrey y ponerlos a su servicio en su finca
personal si este aceptaba las prácticas y le facilitaba mano de obra para la construcción de su sede
religiosa.
Una que vez que esto se hizo oficial, la gente de la nobleza y personas de alto poder económico y social,
que proliferaban en aquel entonces y que no tuvieron que ocultarse para concurrir a los ejercicios,
realizaron grandes donaciones a Maria Antonia para poder realizar la construcción de la actual Santa
Casa de Ejercicios Espirituales en aquellos mismos terrenos de Independencia al 1190.
Su prestigio creció rápidamente llegando a convertirse en el oráculo de la ciudad, que todos
consultaban, anhelando las mismas autoridades servirla en lo que fuese menester para sus ejercitantes.
A pesar de su avanzada edad y de las fatigas de su vida, emprendió un nuevo viaje con la venia del
obispo y del virrey, en 1784, llegando primero a Colonia del Sacramento, y luego a Montevideo,
promoviendo en esos lugares la práctica de los ejercicios espirituales.
El ardoroso apostolado que la inflamaban adquirió una trascendencia internacional que motivó la mayor
admiración. Las cartas sobre sus obras y su propia correspondencia llegaron a Europa donde fueron
traducidas y reproducidas al inglés, al italiano y al alemán. Desde Francia se sabe que se habían formado
varios conventos sólo con leer sus expresiones. Recibió del Vicario General de la Compañía en Rusia la
Carta de Hermandad, y el pontífice le otorgó indulgencias especiales.
En 1784 el obispo de Buenos Aires, Sebastián Malvar y Pinto, envió una carta al papa Pío VI
informándole que durante los cuatro años en los que se habían realizado los ejercicios espirituales en
esa ciudad, habían pasado unas quince mil personas, sin que se les haya pedido “ni un dinero por diez
días de su estadía y abundante manutención”.
La práctica de los ejercicios espirituales pasó a convertirse en una de las actividades religiosas más
prestigiosas de la vida porteña, y tanto los sectores de abolengo, como los de condición humilde
encontraron en Mama Antula a la persona a quien encomendaban sus oraciones por diversas
necesidades.
En Roma, las cartas de María Antonia a sus amigos los jesuitas, después de ser traducidas al latín,
francés, inglés y alemán, fueron enviadas a distintas naciones, en particular a Rusia, único país que no
había acatado el destierro de los jesuitas. Ciertos conventos franceses se habían reformado al leer sus
cartas. La importancia asignada por el obispo de Buenos Aires a los ejercicios, lo llevó a disponer que
ningún seminarista se ordenase sin que primero la beata certificase la conducta con que se hubiesen
portado en esos ejercicios. Con ello se asignaba a María Antonia un papel significativo en la iglesia
porteña de ese entonces.
María Antonia sentía que le flaqueban las fuerzas. Contaba con sesenta y nueve años y no pudo ver
concluida su obra. Atacada por una mortal enfermedad, falleció en la casa que había fundado el 7 de
marzo de 1799, a los 69 años de edad. Murió en brazos de su amiga Melgarejo. Sus restos fueron
inhumados en la Basílica de Nuestra Señora de la Piedad de la ciudad de Buenos Aires, por haber sido la
primera a la que entró al término de su larga peregrinación a pie desde Santiago del Estero.
La congregación llamada Hijas del Divino Salvador, siguiendo su ejemplo, fundó el Santuario de San
Cayetano en el actual barrio de Liniers, Buenos Aires. San Cayetano y San José eran los santos en los que
María Antonia de Paz y Figueroa tenía mayor devoción.
El grupo de mujeres que la acompañaba se convirtió en una pujante congregación religiosa en 1878, y
actualmente desarrolla sus tareas apostólicas en varias provincias argentinas. La obra de Madre Antula
continúa en la Santa Casa de Ejercicios Espirituales en Buenos Aires. Dicho edificio aún se conserva como
uno de los más antiguos de la ciudad y atesora viejos recuerdos en forma de imágenes, muros, puertas y
patios, que constituyen un patrimonio vivo de la historia argentina.
Al demolerse la antigua iglesia de la Piedad, sus restos fueron encontrados, el 25 de mayo de 1867, en la
nave derecha del actual templo. Ahora descansan al pie de un artístico mausoleo coronado con su
estatua de mármol, costeado por monseñor Marcos Ezcurra y que fue declarado histórico en 2014.
La Casa de Ejercicios que ella fundó aún se levanta en la avenida Independencia 1190-94 en Buenos
Aires, y ha sido declarada monumento nacional.
En marzo de 2016, el papa Francisco aprobó la realización de un milagro en 1904, la curación de una
colecistitis aguda a la hermana Rosa Vanina de la Congregación de "Siervas del Divino Salvador", que
fuera fundada con posterioridad a la muerte de María Antonia, bajo su legado. De esta manera, se
oficializó la beatificación de Mama Antula en ese año.
María Antonia fue proclamada beata el 27 de agosto de 2016 en la ciudad de Santiago del Estero por el
cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos y enviado especial del
papa Francisco.