Sentencia C-544/07
SERVIDUMBRE DE TRANSITO-Exigencia de que el predio
dominante se halle destituido de “toda” comunicación con el camino
público es inconstitucional
La norma acusada no es proporcional en sentido estricto, porque en aras de
proteger el derecho a la propiedad del titular del predio sirviente, sacrifica
valores, principios o derechos de mayor peso constitucional. En efecto, a pesar
de que, como se explicó en esta sentencia, en esta oportunidad no puede
aplicarse la regla de prevalencia del interés general sobre el particular, lo
cierto es que la garantía de uso, disfrute y explotación idónea y adecuada de la
tierra, como un asunto que rebasa el interés subjetivo y alcanza un interés
social, protege derechos y motivos de mayor peso constitucional. Por
consiguiente, la expresión “toda” contenida en el artículo 905 del Código Civil,
que no sólo impide al funcionario competente valorar el tipo de comunicación
que tiene el inmueble enclavado, sino que impide la imposición de la
servidumbre legal, desconoce que el derecho a la propiedad supone el derecho-
deber jurídico de usar, gozar y disponer el bien. Con mayor razón si el contexto
general de la regulación de la servidumbre de tránsito, que compensa con
indemnización los daños causados, logra preservar el núcleo esencial del
derecho a la propiedad privada que resulta limitado.
SERVIDUMBRE DE TRANSITO-Requisitos para que pueda
imponerse/SERVIDUMBRE DE TRANSITO-Para determinar su
procedencia las autoridades deben ponderar los derechos que existan sobre
los predios dominante y sirviente/SENTENCIA CONDICIONADA-
Aplicación
En relación con el resto del artículo 905 del Código Civil, la Sala declarará su
exequibilidad por los cargos analizados en esta sentencia, en el entendido que
el aplicador jurídico debe ponderar los derechos que existan sobre los predios
dominante y sirviente. En efecto, a pesar de que la norma acusada se refiere a
las condiciones materiales del bien dominante, deja de lado el análisis de los
derechos que se encuentran en conflicto, pues la imposición de servidumbres
de tránsito requiere del análisis de las circunstancias concretas que se
determinan no sólo por las condiciones de ubicación y explotación de los
predios sirviente y dominante, sino también por la situación de los derechos en
conflicto que deben armonizarse y ponderarse en el caso concreto. En vista de
que la ley no puede aislar la existencia de derechos en conflicto y que sólo se
ajusta a la Constitución el hecho de que las autoridades administrativas y
judiciales encargadas de definir la procedencia de la servidumbre de tránsito
los ponderen, se declarará la exequibilidad condicionada de la norma acusada.
SERVIDUMBRE DE TRANSITO-Concepto
SERVIDUMBRE DE TRANSITO-Características
PREDIO ENCLAVADO-Concepto
SERVIDUMBRE COACTIVA DE PASO-Concepto
SERVIDUMBRE DE TRANSITO-Derecho civil comparado
DERECHO DE PROPIEDAD PRIVADA-Alcance de la función social
La función social de la propiedad privada en el marco del Estado Social de
Derecho no fue plasmada como un límite al derecho, sino como parte esencial
del mismo, de tal suerte que dicha finalidad de la propiedad privada incide o
hace parte del derecho subjetivo y no es una mera delimitación externa del
mismo.
LIBERTAD DE CONFIGURACION LEGISLATIVA EN
DERECHO A LA PROPIEDAD-Límites que deben tenerse en cuenta
cuando se restringe dicho derecho
Si bien es cierto que la delimitación de la función social de la propiedad
privada corresponde al legislador dentro de marcos razonables y
proporcionados, pues si bien puede ampliar o restringir la zona de penumbra
del derecho, también lo es que no puede afectar su núcleo esencial de tal forma
que deje sin sentido la protección constitucional del derecho. En tal virtud, el
legislador puede limitar en mayor o en menor medida el espectro de protección
del derecho de dominio, de acuerdo con la naturaleza de los bienes, su clase y
la utilización de los mismos, para hacer prevalecer intereses generales o por
motivos de utilidad pública o para exigir el deber de solidaridad, pero sin que
ello signifique autorización para dejar sin efectos la garantía constitucional
mínima e irreductible del derecho.
DERECHO DE PROPIEDAD PRIVADA-Núcleo esencial
METODO DE PONDERACION-Casos en que se aplica
PRINCIPIO DE PROPORCIONALIDAD-Método de aplicación
SENTENCIA INTERPRETATIVA O CONDICIONADA-Supuestos
en que procede
CONTROL DE CONSTITUCIONALIDAD EN MATERIA DE
INTERPRETACION LEGAL-Alcance excepcional
A pesar de que, por regla general, no corresponde a la Corte Constitucional
determinar el sentido de las disposiciones legales, porque ello es propio de los
jueces ordinarios, en algunos casos, la Corte no sólo “debe intervenir en
debates hermenéuticos sobre el alcance de las disposiciones sometidas a
control”, sino que, además, debe fijar la interpretación legal que resulta
autorizada constitucionalmente, esto es, señala la forma cómo debe
interpretarse la ley y cómo no debe hacerse. En tal virtud, existen algunas
circunstancias en las que la Corte Constitucional señala la interpretación
última de la ley (sentencias interpretativas e integradoras y de tutela cuando
excluye interpretaciones de la ley que violan derechos fundamentales).
UNIDAD NORMATIVA-Integración
Si bien es cierto el texto impugnado tiene capacidad para producir efectos
jurídicos suficientes y autónomos, por lo que conforma una proposición
jurídica completa, no lo es menos que tiene una relación inescindible con el
contenido integral de la norma acusada. De hecho, el análisis de la
procedencia de la servidumbre de tránsito no sólo está limitada a la precisión
sobre el tipo de comunicación con el camino público, sino que también debe
estudiarse si es necesaria para el uso y goce del predio y la consecuencia
económica que ello genera. Dicho en otras palabras, la expresión acusada tiene
sentido lógico y razonable si se interpreta en su contexto, esto es, en su
integralidad, lo cual muestra que es necesario analizar la totalidad del artículo
impugnado. En consecuencia, se integra la unidad normativa con todo el
artículo 905 del Código Civil.
Referencia: expediente D-6671
Demanda de inconstitucionalidad contra el
artículo 905 (parcial) del Código Civil.
Actor: Jairo Arturo Fonseca Triviño
Magistrado Ponente:
Dr. MARCO GERARDO MONROY
CABRA
Bogotá D. C., dieciocho (18) de julio de dos mil siete (2007)
La Sala Plena de la Corte Constitucional, conformada por los magistrados
Rodrigo Escobar Gil -quien la preside-, Jaime Araujo Rentería, Manuel José
Cepeda Espinosa, Jaime Córdoba Triviño, Marco Gerardo Monroy Cabra,
Nilson Pinilla Pinilla, Humberto Antonio Sierra Porto, Álvaro Tafur Galvis y
Clara Inés Vargas Hernández, en ejercicio de sus atribuciones constitucionales
y en cumplimiento de los requisitos y trámites establecidos en el Decreto 2067
de 1991, ha proferido la presente sentencia con fundamento en los siguientes,
I. ANTECEDENTES
En ejercicio de la acción pública de inconstitucionalidad, el ciudadano Jaime
Arturo Fonseca Triviño demandó la expresión “destituido de toda”, contenido
en el artículo 905 del Código Civil.
Mediante auto del 6 de febrero de 2007, el Magistrado Ponente resolvió admitir
la demanda de la referencia, ordenar la fijación en lista, el traslado al
Procurador, comunicar la admisión de la demanda al Ministerio del Interior y
de Justicia e invitar a la Academia Colombiana de Jurisprudencia.
1. Norma demandada
A continuación se transcribe el texto integral del artículo 905 del Código Civil
y se resalta y subraya el aparte impugnado:
“Código Civil
Artículo 905. Si un predio se halla destituido de toda comunicación con
el camino público, por la interposición de otros predios, el dueño del
primero tendrá derecho para imponer a los otros la servidumbre de
tránsito, en cuanto fuere indispensable para el uso y beneficio de su
predio, pagando el valor del terreno necesario para la servidumbre, y
resarciendo todo otro perjuicio”.
2. La demanda
El demandante considera que la norma acusada vulnera el Preámbulo y los
artículos 13, 25 y 333 de la Constitución, por las siguientes razones:
La expresión acusada impide que aquellos predios cuya única salida es peatonal
o mediante caminos de herradura, puedan acceder a una servidumbre idónea
para su explotación, en especial, en aquellos casos en los que este gravamen se
adopta como voluntaria y no legal. Para apoyar esa conclusión, el demandante
hizo un recorrido por la jurisprudencia de esta Corporación y de la Corte
Suprema de Justicia, en la cual se indica la importancia de la servidumbre para
el desarrollo laboral y personal de los afectados y las diferencias entre las
servidumbres legales y voluntarias.
Después de describir el panorama internacional y nacional sobre la regulación
de las servidumbres, el demandante concluye que deben considerarse fondos
cerrados aquellos que tienen una salida insuficiente para su explotación
agrícola o industrial y no sólo aquellos que no tienen ninguna comunicación
con un camino público. Por esta razón, el actor sostiene que los funcionarios
encargados de hacer exigibles las servidumbres en Colombia deben tener claro
que, de acuerdo con la regulación legal, este derecho real no sólo se obtiene
con los requisitos establecidos para las legales sino que pueden constituirse con
la voluntad de los propietarios.
Según criterio del demandante, el hecho de que la ley permita que algunos
propietarios de predios puedan explotar económicamente su predio porque
tienen comunicación con caminos públicos e impida a otros que lo hagan al no
permitirles obtener una salida eficiente, muestra un trato discriminatorio que
afecta el derecho al trabajo y, por consiguiente, resulta inconstitucional. En este
mismo sentido, dijo que la expresión acusada consagra un claro caso de
desigualdad de oportunidades frente a la ley, en tanto que impide la explotación
adecuada y eficiente de la tierra a quienes tienen dificultades de comunicación
con los caminos públicos.
De otra parte, la demanda manifiesta que la imposibilidad de imponer
servidumbres necesarias a favor de algunos predios, vulnera el derecho a la
iniciativa privada y a la libre empresa porque no pueden ser explotados ni
utilizados para crear empresa por personas que, por lo general, son de escasos
recursos económicos.
3. Intervenciones
Ministerio del Interior y de Justicia
Dentro de la oportunidad legal prevista, mediante apoderado, el Ministerio en
comento intervino en el presente asunto para justificar la constitucionalidad de
la norma acusada. A su juicio, esa disposición debe ser declarada exequible por
las siguientes razones:
En primer lugar, aclaró que, tal y como lo ha advertido esta Corporación, el
juicio de constitucionalidad debe efectuarse mediante la confrontación directa
entre la norma acusada y la Constitución y no la interpretación eventual que de
ella hacen los operadores jurídicos. En tal virtud, “no le corresponde a la Corte
velar, por la vía del control de constitucionalidad, porque los funcionarios
aprecien bien los hechos que se someten a su consideración… los errores de
hecho o de interpretación de una norma no la hacen inconstitucional”.
De otra parte, en relación con el cargo por violación del derecho a la igualdad,
el interviniente dijo que la presunta discriminación a que hace referencia la
demanda “se origina, no en forma directa, en el tratamiento que se da a las
personas, sino indirectamente, en cuanto propietarios de predios con
determinadas características que, además, no son permanentes”. Por esta
razón, concluye que no se puede hablar de violación del principio a la igualdad
ni que sea irrazonable la diferencia de trato entre los predios que tienen alguna
forma de comunicación y los que no lo tienen, pues se comparan inmuebles que
no son iguales.
Finalmente, el Ministerio del Interior y de Justicia manifestó que, de acuerdo
con la doctrina y la jurisprudencia, el alcance que se le debe dar al artículo 905
del Código Civil desborda su entendimiento puramente literal que presenta el
demandante, puesto que debe entenderse que la servidumbre de tránsito no sólo
se establece en favor de los fondos que carecen de todo acceso a la vía pública,
sino también a los que no tienen más que una salida insuficiente para su
explotación. En tal sentido, los cargos expuestos por el demandante carecen de
fundamento fáctico y, por consiguiente, deben desestimarse.
4. Concepto del Ministerio Público
El señor Procurador General de la Nación, Edgardo José Maya Villazón,
intervino dentro de la oportunidad procesal prevista, con el fin de solicitar que
la Corte se declare inhibida para conocer de la demanda de la referencia. Y, si
no se acoge esa petición, solicita la declaratoria de exequibilidad condicionada
de la expresión demandada del artículo 905 del Código Civil, “en el entendido
de que la servidumbre legal de tránsito consagrada en el artículo 905 del
Código Civil no solo (sic) en beneficio de los predios que no tienen acceso
alguno a la vía pública, sino también a favor de aquellos cuya salida no
permiten su explotación adecuada”. Los argumentos centrales en que se apoya
el Ministerio Público para llegar a esas conclusiones son:
En primer lugar, sostiene que, contrario a lo solicitado por el demandante, a la
Corte Constitucional no le corresponde complementar las normas jurídicas que
se someten a su examen ni incluir frases para adecuar la ley a las necesidades
de los ciudadanos. Por esa razón, considera que la demanda no presenta cargos
de inconstitucionalidad ni argumentos específicos que confronten la norma
acusada con la Constitución, pues se limita a transcribir apartes de sentencias y
a exponer razones generales por las que considera que la disposición
demandada debe ser retirada del ordenamiento jurídico.
De todas maneras, el Procurador dijo que, en virtud del principio pro actione,
“solicitará a la Corte Constitucional realizar una interpretación de la demanda
que permita el análisis de la disposición acusada, a la luz de los
cuestionamientos presentados por el actor, con el fin de obtener un
pronunciamiento de mérito”.
Con base en ese supuesto, el Ministerio Público afirma que, de acuerdo con lo
expuesto por la Corte Suprema de Justicia en sentencia del 2 de septiembre de
1936, la servidumbre de tránsito no sólo debe otorgarse a favor de los predios
que no tienen acceso a la vía pública, sino también de aquellos cuya salida no
permite una explotación adecuada. Así, a su juicio, una interpretación distinta
desconocería que el Estado Social de Derecho y la función social de la
propiedad exigen que los titulares de la tierra la exploten y usen racionalmente
de manera que preste un servicio a su titular y a la colectividad.
Además, la Procuraduría considera que la servidumbre lleva implícito el
concepto de solidaridad social que “se traduce en el deber social de contribuir
a través de la explotación racional del inmueble al bienestar de la comunidad
y a la defensa del medio ambiente, obligación que ninguna persona puede
atender si no cuenta con los elementos indispensables para que ello ocurra”.
II. CONSIDERACIONES Y FUNDAMENTOS
Competencia de la Corte.
1. Conforme al artículo 241 ordinal 4º de la Constitución, la Corte es
competente para conocer de la constitucionalidad del artículo 905 (parcial) del
Código Civil, ya que se trata de una demanda de inconstitucionalidad en contra
de una disposición que hace parte de una ley.
Problema jurídico
2. Se demanda la expresión “destituido de toda” contenida en el artículo 905
del Código Civil, que regula una de las condiciones para establecer la
servidumbre de tránsito en beneficio del predio que no tiene ninguna
comunicación con el camino público. El demandante sostiene que esa
expresión viola los artículos 13, 25 y 333 de la Constitución, porque impide
que aquellos predios que tienen salidas precarias al camino público puedan
acceder a la servidumbre de tránsito. Ello, a su juicio, significa que la ley
discrimina a los propietarios de esos inmuebles, por cuanto no los pueden
explotar adecuadamente, ni ejercer el derecho al trabajo de la tierra, ni adelantar
actividades económicas productivas sobre los fondos de su propiedad.
Por su parte, el Ministerio del Interior y de Justicia dijo que la expresión
acusada no viola la Constitución, en tanto que los inmuebles que tienen alguna
forma de comunicación con el camino público y los que no lo tienen, son
diferentes y, por consiguiente, no susceptibles de comparación. De igual
manera, consideró que el alcance que se le debe dar al artículo 905 del Código
Civil desborda su entendimiento puramente literal que presenta el demandante,
puesto que la servidumbre de tránsito también se establece en favor de los
fundos que tienen sólo una salida insuficiente para la explotación de ellos.
Finalmente, el Ministerio Público solicitó, en primer lugar, la inhibición de esta
Corporación por ausencia de cargos de inconstitucionalidad en la demanda y,
en segundo lugar, la declaratoria de constitucionalidad condicionada de la
disposición acusada, en tanto que si bien la norma se ajusta a la disposición, su
entendimiento literal, en cuanto limita la servidumbre únicamente a los
inmuebles sin comunicación de ninguna clase con el camino público, resulta
contrario a la función social de la propiedad.
3. Así las cosas, la cuestión que debe resolver la Corte en esta oportunidad se
circunscribe a determinar si la condición señalada en la norma acusada, según
la cual sólo procede imponer la servidumbre de tránsito cuando el predio
servido carece de toda comunicación con el camino principal, es contraria a la
Constitución. Para resolver el problema jurídico planteado, la Corte estudiará:
i) si los planteamientos de la demanda constituyen razones suficientes para
iniciar el debate constitucional o si, como lo plantea el Ministerio Público, la
demanda es inepta. ii) en caso de esta Corporación entre a estudiar de fondo el
problema jurídico planteado, en primer lugar, debe analizar cuál es el alcance
de la expresión acusada y, en especial, si es necesario integrar la unidad
normativa para entender el problema jurídico planteado, pues entre los
intervinientes y el demandante existe una discrepancia respecto del sentido del
artículo 905 del Código Civil, iii) la Sala debe estudiar si la correcta
interpretación de la norma acusada viola el derecho al trabajo, la propiedad, la
iniciativa privada y la igualdad del titular del predio servido.
Demanda en debida forma y principio pro actione
4. Ha sido reiterada la jurisprudencia de esta Corporación en el sentido de
indicar que la acción pública de inconstitucionalidad desarrolla los derechos de
los ciudadanos a participar en la conformación, ejercicio y control del poder
político (artículos 40 y 229 de la Carta), por lo que su ejercicio no puede estar
sometido a estrictas formalidades ni a requisitos especiales que dificulten el
acceso a la justicia para defender la Constitución y hacer eficaz la democracia
participativa.
No obstante, lo anterior no impide que el legislador señale condiciones de
procedencia formal de esta acción, pues es una carga procesal razonable que
busca racionalizar su uso e impedir el control de constitucionalidad oficioso de
todas las leyes. De esta forma, el artículo 2° del Decreto 2067 de 1991 1, dispuso
que una demanda de inconstitucionalidad se entiende presentada en debida
forma cuando señala: i) las normas que se acusan como inconstitucionales, ii)
las normas superiores que se consideran vulneradas, iii) las razones por las que
la Corte Constitucional es competente para conocer la demanda y, iv) los
motivos por los cuales se estima que las disposiciones constitucionales han sido
infringidas.
Especialmente, en cuanto a este último requisito, la Corte ha explicado que el
cargo de inconstitucionalidad “no se satisface con la exposición de cualquier
tipo de razones o motivos, sino que es necesario que éstas sean ‘claras, ciertas,
específicas, pertinentes y suficientes”2. El cargo es claro cuando se presentan
argumentos comprensivos y consecuentes con lo solicitado. Los motivos de
impugnación son ciertos cuando la demanda recae sobre una proposición
normativa real y existente3, y no sobre una deducida por el actor, o implícita4.
Las razones de inconstitucionalidad son específicas cuando el actor explica por
qué la disposición acusada desconoce o vulnera la Carta, pues “el juicio de
constitucionalidad se fundamenta en la necesidad de establecer si realmente
existe una oposición objetiva y verificable entre el contenido de la ley y el texto
de la Constitución Política, resultando inadmisible que se deba resolver sobre
su inexequibilidad a partir de argumentos ‘vagos, indeterminados, indirectos,
1
Esta norma fue declarada exequible por esta Corporación en Sentencia C-131 de 1993.
2
Sentencia C-1052 de 2001.
3
En Sentencia C-362 de 2001, la Corte concluyó que no existían cargos porque los argumentos
dirigidos a reprochar la disposición partían de proposiciones que no se derivaban de la norma acusada.
4
Mediante Sentencia C-504 de 1995, la Corte concluyó que la disposición acusada no correspondía
a la realmente consagrada por el legislador.
abstractos y globales’ que no se relacionan concreta y directamente con las
disposiciones que se acusan”5.
En este mismo sentido, el cargo de inconstitucionalidad es pertinente cuando
presenta argumentos de constitucionalidad congruentes con lo solicitado, pues
las discusiones puramente legales y las solicitudes dirigidas a constatar la
vigencia o aplicabilidad de la ley no son admisibles en el proceso de
constitucionalidad. Por ello, la Corte ha dicho que no prosperan las acusaciones
cuyo fundamento es el análisis de conveniencia 6, necesidad7 o actualidad
doctrinaria8. Finalmente, los cargos son suficientes cuando la demanda está
dirigida a desvirtuar la presunción de constitucionalidad de la ley, esto es,
cuando se genera un verdadero debate constitucional9.
5. Como se vio en el resumen de los antecedentes de esta providencia, la
demanda plantea la inconstitucionalidad de una expresión legal cuya lectura
literal señala a las autoridades que tienen a su cargo resolver las solicitudes de
servidumbres de tránsito, el deber de evaluar si el predio solicitante tiene algún
tipo de comunicación con la vía principal, pues este tipo de limitación sólo
procede si el fundo está totalmente incomunicado o enclavado. A juicio de la
demanda, la interpretación literal de la expresión acusada es contraria a los
artículos 13, 25 y 333 de la Constitución, por lo que, desde el punto de vista
constitucional y al retirar del ordenamiento jurídico la expresión “destituido de
toda” impugnada, se impondría una lectura más amplia de la disposición que
permitiría acceder a la servidumbre en casos en los que la comunicación sea tan
precaria que impide el ejercicio del derecho al trabajo, la libertad de empresa y
la explotación adecuada de la tierra.
Nótese que el demandante plantea una discusión que efectivamente se deriva
de la interpretación literal de la expresión que impugna, puesto que claramente
se observa que el artículo 905 del Código Civil exige como requisito
fundamental para imponer la servidumbre de tránsito, la destitución de “toda”
comunicación del predio dominante con el camino público. Es cierto, entonces,
que la redacción literal de las condiciones para tener derecho a exigir la
imposición del gravamen objeto de estudio es absoluta e imperativa, lo cual
genera un debate de inconstitucionalidad porque se discute el ejercicio del
derecho al trabajo y a la utilización de la tierra como instrumento de producción
con función social, tal y como lo expone el demandante.
6. Ahora bien, también es cierto que, como lo exponen el interviniente y el
Ministerio Público, de un lado, la expresión demandada puede tener un alcance
distinto al que de la interpretación literal se deriva y, de otro, que a esta
Corporación no le corresponde señalar la hermenéutica de la ley; por lo que
5
Sentencia C-1052 de 2001
6
Puede verse la Sentencia C-269 de 1995.
7
Sentencias C-090 de 1996, C-357 de 1997, C, 374 de 1997, C-012 de 2000 y C-040 de 2000.
8
Sentencia C-504 de 1993.
9
Sentencia C-1037 de 2002.
podría pensarse que la demanda no busca la confrontación de la norma
impugnada con la Constitución sino definir una manera de entender la ley, lo
cual no le corresponde a esta Corporación y, por lo tanto, debía declararse
inhibida para conocer el presente asunto.
A pesar de que el argumento expuesto parte de una permisa correcta, la
conclusión a la que llega no lo es. En efecto, aunque es cierto afirmar que la
administración de justicia se organiza a partir de la separación de jurisdicciones
y, por regla general, la interpretación última de la ley le corresponde a las
jurisdicciones ordinaria y contencioso administrativa y a la Corte
Constitucional la interpretación última de la Constitución, como lo ha advertido
esta Corporación en múltiples oportunidades, es igualmente cierto que para
ejercer la función atribuida a esta última se requiere el entendimiento racional,
lógico y práctico de la ley cuyo control de constitucionalidad debe ejercer. De
esta forma, el control de constitucionalidad de la ley tiene una incidencia
normativa indiscutible porque esta Corporación no podría salvaguardar la
integridad de la Constitución, tal y como se lo ordena el artículo 241 de la Carta,
si no tiene claro el sentido de las disposiciones legales que deben compararse
con las normas superiores que se acusan como infringidas10; o tampoco si ejerce
el control de constitucional sobre textos normativos que no coinciden con la
praxis ni con su aplicación generalizada y dominante por parte de las cortes11;
ni cuando en un mismo texto legal encuentra normas conformes y otras
contrarias a la Constitución12; ni cuando el texto legal es inconstitucional no
10
En relación con este tema, la Corte claramente explicó: “el control de constitucionalidad es un
juicio relacional de confrontación de las normas con la Constitución, lo cual hace inevitable que el
juez constitucional deba comprender y analizar el contenido y alcance de las disposiciones legales
bajo examen. En ese orden de ideas, el análisis requiere una debida interpretación tanto de la
Constitución como de las normas que con ella se confrontan”. En este mismo sentido, C-135 de 1994,
C-496 de 1994, C-389 de 1996, C-4888 de 2000, C-128 de 2002, entre otras.
11
En cuanto a la interpretación legal en su dimensión práctica, recuérdese lo dicho por esta
Corporación en sentencia C-557 de 2001: “Si bien el control de constitucionalidad de las normas es
un control abstracto porque no surge de su aplicación en un proceso particular, ello no significa que
el juicio de exequibilidad deba efectuarse sin tener en cuenta el contexto dentro del cual la norma fue
creada (i.e. su nacimiento), y dentro del cual ha sido interpretada (i.e. ha vivido). En fin: en buena
medida, el sentido de toda norma jurídica depende del contexto dentro del cual es aplicada…
Además, observar el derecho viviente en las providencias judiciales es necesario para evaluar si el
sentido de una norma que el juez constitucional considera el más plausible, es realmente el que se
acoge o patrocina en las instancias judiciales. Por ello, atender el derecho vivo es una garantía de
que la norma sometida a su control realmente tiene el sentido, los alcances, los efectos o la función
que el juez constitucional le atribuye”. Al respecto, entre muchas otras, pueden consultarse las
sentencias C-1436 de 2000, C-426 de 2001, C-047 de 2001.
12
La Corte explicó claramente este supuesto en sentencia C-128 de 2002, así: “si la norma admite
varias interpretaciones y todas son constitucionales, la Corte no debe entrar a determinar con
autoridad el sentido legal, pues esa labor corresponde a los jueces ordinarios. Si la situación es la
contraria, esto es, que todas las interpretaciones posibles son inconstitucionales, la Corte debe retirar
del ordenamiento el precepto acusado. En tercer lugar, si la norma admite varias interpretaciones,
unas acordes con la Constitución y otras que no lo son, la Corte mantendrá la disposición en el
ordenamiento pero excluirá del mismo, a través de una sentencia condicionada, los entendimientos
de la misma que contraríen los principios y valores constitucionales. Sólo así, y en desarrollo del
principio de conservación del derecho, puede la Corte preservar la integridad y supremacía de la
Carta, sin desconocer la libertad de configuración del legislador”. Entre muchas otras, pueden verse
las sentencias C-1255 de 2001, C-426 de 2002, C-380 de 2000, C-836 de 2001.
por lo que dice sino por lo que deja de decir, esto es, cuando se presenta una
inconstitucionalidad por omisión 13; ni podría proteger los derechos
fundamentales amenazados o vulnerados con la aplicación concreta de la ley14,
entre otras razones.
En consecuencia, se reitera que, a pesar de que, por regla general, no
corresponde a la Corte Constitucional determinar el sentido de las disposiciones
legales, porque ello es propio de los jueces ordinarios, en algunos casos, la
Corte no sólo “debe intervenir en debates hermenéuticos sobre el alcance de
las disposiciones sometidas a control”15, sino que, además, debe fijar la
interpretación legal que resulta autorizada constitucionalmente, esto es, señala
la forma cómo debe interpretarse la ley y cómo no debe hacerse. En tal virtud,
existen algunas circunstancias en las que la Corte Constitucional señala la
interpretación última de la ley (sentencias interpretativas e integradoras y de
tutela cuando excluye interpretaciones de la ley que violan derechos
fundamentales).
7. En este orden de ideas, a juicio de la Sala, las acusaciones de la demanda
generan un debate constitucional sobre la interpretación literal del texto legal
acusado, lo cual se plantea en forma clara y suficientemente contundente para
concluir que existen cargos de inconstitucionalidad contra esa disposición. Por
consiguiente, esta Sala debe emitir pronunciamiento de fondo respecto de la
expresión impugnada. Para ello, esta Corporación iniciará su análisis con el
estudio del alcance del texto normativo acusado.
Unidad normativa
8. La Sala considera necesario definir cuál debe ser la disposición normativa
objeto de pronunciamiento en esta oportunidad, pues si bien es cierto el
demandante impugnó una expresión legal que origina debate y tiene relevancia
constitucional, también es cierto que la expresión “toda” contenida en el
artículo 905 del Código Civil no tiene un sentido propio sino que requiere de
su lectura contextual para entender el cargo formulado en la demanda. Por esa
13
En cuanto a las soluciones a la inconstitucionalidad por omisión que se ofrecen en el
constitucionalismo contemporáneo, la Corte dijo: “i) puede recurrir a una inconstitucionalidad
diferida, o constitucionalidad temporal, a fin de establecer un plazo prudencial para que el legislador
corrija la inconstitucionalidad que ha sido constatada 13 y, ii) puede ser la Corte quien llene ella misma
el vacío legal que produce la declaración de inexequibilidad de la disposición acusada, por medio de
una modalidad de sentencia integradora, que permita una respuesta constitucional al vacío de
regulación, mediante un nuevo precepto “que la sentencia integra al sistema jurídico, proyectando
directamente los mandatos constitucionales en el ordenamiento legal”. En este mismo sentido,
sentencias C-109 de 1995, C-427 de 2000, C-802 de 2002, C-662 de 2004 y C-141 de 2001, entre
otras.
14
No debe olvidarse que, de un lado, el artículo 4º de la Constitución señala que, “en todo caso de
incompatibilidad entre la Constitución y la ley u otra norma jurídica, se aplicarán las disposiciones
constitucionales” y, de otro, los artículos 86 y 241 de la Carta encomiendan a los jueces y a la Corte
Constitucional la protección de los derechos fundamentales amenazados o vulnerados por cualquier
autoridad pública o algunos particulares.
15
Sentencia C-128 de 2002.
razón, en primer lugar, se analizará si es necesario integrar la unidad normativa
con el texto íntegro del artículo 905 del Código Civil.
En múltiples oportunidades16, esta Corporación ha dicho que la correcta
interpretación de la facultad que le otorga el artículo 6º del Decreto 2067 de
1991, en el sentido de integrar la unidad normativa en la sentencia,
corresponderá a situaciones excepcionales, restringidas y necesarias, pues debe
quedar clara la diferencia entre el control de constitucionalidad oficioso y el
que se adelanta por vía de acción en el que la competencia del juez
constitucional está circunscrita a las normas demandadas en debida forma por
los ciudadanos. En este sentido, esta Corte ha establecido que para que se
incorpore al proceso de constitucionalidad normas no demandadas, porque
conforman unidad normativa, se requiere la presencia de condiciones, que ha
sintetizado en los siguientes términos:
“i) Cuando se demanda una disposición que, individualmente, no tiene un
contenido deóntico claro o unívoco, de manera que, para entenderla y
aplicarla, resulta absolutamente imprescindible integrar su contenido
normativo con el de otra disposición que no fue acusada17;
ii) En aquellos casos en los cuales la disposición cuestionada se encuentra
reproducida en otras normas del ordenamiento que no fueron
demandadas; y
iii) Cuando pese a no verificarse ninguna de las hipótesis anteriores, la
norma demandada se encuentra intrínsecamente relacionada con otra
disposición que, a primera vista, presenta serias dudas de
constitucionalidad”18
En cuanto a la primera condición, la Corte ha precisado que, en especial, para
resolver los cargos de inconstitucionalidad formulados contra fragmentos
normativos, es indispensable tener en cuenta dos aspectos. De un lado, que lo
acusado presente un contenido comprensible como regla de derecho,
susceptible de ser cotejado con los postulados y mandatos constitucionales 19,
pues “las expresiones aisladas carentes de sentido propio que no producen
efectos jurídicos solas o en conexidad con la disposición completa de la cual
hacen parte, no son constitucionales ni inconstitucionales”20. De otro lado, que
16
Entre muchas otras, pueden consultarse las sentencias C-064, C-335, C-1155, C-1299 de 2005; C-
109 de 2006, C-871 de 2003, C-204 de 2001
17
Sobre casos en los cuales la Corte ha integrado una proposición jurídica completa y se ha pronunciado
sobre apartes normativos no acusados que conformaban una unidad lógico jurídica inescindible con
otros apartes sí demandados, pueden consultarse, entre otras, las sentencias C-560 de 1997, C-565 de
1998, C-1647 de 2000, C-1106 de 2000 y C-154 de 2002.
18
Sentencia C-064 de 2005
19
Sentencias C-154 de 2002 y C-1155 de 2005, entre otras.
20
Sentencia C-233 de 2003 y C-064 de 2005.
los apartes normativos que no son demandados y, por ende, no son objeto de
pronunciamiento de la Corte, mantengan la capacidad para producir efectos
jurídicos y conserven un sentido útil para la interpretación y aplicación
normativa. Por ello, la Corte dijo que en aquellos casos en los que “la
disposición se encuentra en relación inescindible de conexidad con los apartes
demandados, de suerte que en caso de que la Corte decidiera declarar
inexequibles los apartes acusados, perdería todo sentido la permanencia en el
orden jurídico” 21, también procede la integración de la unidad normativa. De
esta forma, se preserva la seguridad jurídica y el principio de obligatoriedad
normativa según el cual toda regla de derecho es imperativa y de obligatorio
cumplimiento para sus destinatarios y, mientras se encuentre en el ordenamiento
jurídico, debe producir los efectos jurídicos que consagra.
9. Así las cosas, en el presente caso, se tiene que el actor impugnó la
constitucionalidad del segmento “toda” contenido en el artículo 905 del Código
Civil. Nótese que si bien es cierto el texto impugnado tiene capacidad para
producir efectos jurídicos suficientes y autónomos, por lo que conforma una
proposición jurídica completa, no lo es menos que tiene una relación
inescindible con el contenido integral de la norma acusada. De hecho, el análisis
de la procedencia de la servidumbre de tránsito no sólo está limitada a la
precisión sobre el tipo de comunicación con el camino público, sino que
también debe estudiarse si es necesaria para el uso y goce del predio y la
consecuencia económica que ello genera. Dicho en otras palabras, la expresión
acusada tiene sentido lógico y razonable si se interpreta en su contexto, esto es,
en su integralidad, lo cual muestra que es necesario analizar la totalidad del
artículo impugnado.
En consecuencia, se integra la unidad normativa con todo el artículo 905 del
Código Civil
Servidumbre de tránsito. Alcance de la expresión “destituido de toda”
contenida en el artículo 905 del Código Civil
10. El artículo 793 del Código Civil se refiere a las servidumbres como una
limitación válida del derecho de dominio y el artículo 879 de esa misma
codificación las define como el “gravamen impuesto sobre un predio, en
beneficio de otro de distinto dueño o de una entidad sea de derecho público o
privado”, de ahí que éstas constituyen limitaciones al derecho de dominio que
generan derechos reales accesorios porque siempre se ejercen sobre bienes
inmuebles y se imponen a los predios y no a los propietarios de los mismos 22.
Es, entonces, la servidumbre una carga que la ley o la naturaleza imponen a un
predio que, por sus condiciones naturales, debe servirle a otro inmueble que
21
Sentencia C-109 de 2006
22
Recuérdese que, al tenor de lo dispuesto en los artículos 883 y 884 del Código Civil, dividido o
vendido el predio sirviente, la servidumbre no desaparece porque es inseparable al predio y no se
extingue por el cambio de dueño, pues mientras se use y se requiera, será perpetua.
pertenece a otro propietario. Como lo advertía Josserand, las servidumbres
generan “relaciones jurídicas entre dos feudos”23.
Ahora, según lo disponen los artículos 888 y 897 del Código Civil, las
servidumbres pueden ser naturales, que provienen de la situación natural de
los predios; voluntarias, constituidas por la propia decisión del hombre, y
legales, que se imponen por voluntad del legislador. Estas últimas, pueden
tener como destino el uso público o la utilidad de los particulares. Así, al
margen de las relaciones entre vecinos, la ley puede imponerle a la propiedad
privada la carga de entregar un parte mínima y razonable de su predio para el
uso, goce y disfrute de la tierra, en beneficio de otro predio de dominio
particular.
Dentro de las denominadas servidumbres legales, la de tránsito fue concebida
como un instrumento jurídico para autorizar el ingreso a un predio de propiedad
privada para que otra persona diferente al dueño24 pueda ejercer los derechos
derivados del dominio y la libertad de empresa sobre otro predio. Como su
nombre lo indica, la servidumbre de tránsito consiste en imponer el deber
jurídico al predio sirviente de permitir el acceso de personas, animales o
maquinaria en beneficio del predio dominante para comunicarlo con la vía
pública. Este privilegio para el predio dominante conlleva, adicionalmente, el
derecho de construir obras y adecuar la franja de terreno a utilizar para el
eficiente tránsito que se requiere. Son ampliamente conocidas las servidumbres
de tránsito y transporte en beneficio del propietario del título minero (artículo
175 del Código de Minas), de tránsito para construcción de oleoducto y
transporte de petróleo (artículo 45 del Código de Petróleos), de transporte para
la construcción de infraestructura de servicios públicos (acueducto, energía y
gasoducto: artículo 57 de la Ley 142 de 1994), de paso de ganado para
abrevaderos (artículo 116 Código de Recursos Naturales) o la denominada de
transporte de agua (artículo 119 del Código de Recursos Naturales). Y, la típica
servidumbre de tránsito, la que se reconoce en favor de los predios enclavados,
regulada en el artículo 905 del Código Civil que se ha demandado parcialmente
en esta oportunidad.
11. La servidumbre de tránsito para predios enclavados se caracteriza, además
de lo indicado para las servidumbres legales, por ser una carga discontinua,
porque requiere un hecho del hombre en intervalos de tiempo, aparente porque
está continuamente a la vista, se impone a favor o para la utilidad de los
particulares, aún en contra de la voluntad del propietario del predio sirviente25,
23
Josserand, Louis. Derecho Civil. Tomo I. Volumen III. Traducción de Santiago Cunchillos y
Manterota. Ediciones Jurídicas Europa- América Bosch y cia editores. Buenos Aires. 1950. Página
454.
24
Es importante recordar que este gravamen no sólo se impone en interés del propietario del predio
dominante, sino también del tenedor o poseedor del mismo predio y, en especial, en beneficio del
interés público que busca explotar la tierra con un fin social.
25
De conformidad con lo dispuesto en el artículo 408 del Código de Procedimiento Civil, mediante
el proceso abreviado se resolverán los asuntos relacionados con servidumbres de cualquier origen o
naturaleza, sin importar la cuantía.
cuyo interés está centrado en la adecuada y eficiente utilización de la
naturaleza, pues no debe olvidarse que el artículo 2519 del Código Civil señala
que este gravamen se extinguen por falta de uso por 20 años. Esta servidumbre
es, entonces, perpetua y rebasa el ámbito personal del propietario porque se
adhiere al predio y se impone sin importar quién es el dueño.
Ahora bien, en virtud de lo dispuesto en el artículo 905 del Código Civil, son
tres las condiciones para que pueda imponerse la servidumbre onerosa de
tránsito para predios enclavados, a saber: i) que el predio que pretende ser
dominante carezca de toda comunicación con el camino público, ii) que el
predio estuviera totalmente incomunicado por la interposición de otros predios,
iii) que la comunicación con el camino público sea indispensable para el uso y
beneficio del predio. De este modo, es fácil concluir que la lectura literal de la
disposición parcialmente acusada permite la servidumbre de tránsito sólo en
beneficio de un predio que está desprovisto de toda comunicación con el
camino público, pues sólo mediante esta imposición puede hacerse útil y
productivo. Entonces, aunque la comunicación fuera insuficiente, ineficiente o
demasiado gravosa por los costos que genera, no habría lugar a imponer el
gravamen.
En relación con el concepto de bienes “enclavados”, las legislaciones no han
sido unánimes, pues mientras nuestro Código Civil lo entiende como aquel
desprovisto de “toda” comunicación con la vía pública, la experiencia en el
derecho comparado se muestra más amplia porque parte del supuesto de que un
terreno sin comunicación adecuada con las vías públicas, sería improductivo y
contrario a la finalidad social de la propiedad. Así, por ejemplo, la legislación
francesa, que inicialmente reguló, en el artículo 682 del Código Civil, el
concepto de heredad o finca enclavada en forma muy similar al artículo 905 de
nuestra normativa civil, fue modificado por la ley de agosto 20 de 1881 para
ampliar la noción no sólo para que los predios sin ninguna salida a la vía pública
puedan acceder a la servidumbre sino también aquellos cuya salida es
insuficiente para su adecuada explotación, ello a cambio de una indemnización.
Entonces, a pesar de que esa precisión fue inicialmente introducida por la
jurisprudencia francesa, la legislación adecuó el significado desde el año 1881,
lo cual contó con todo el respaldo y la opinión favorable de la doctrina
especializada. En efecto, Josserand dijo que “el enclavamiento es la situación
de un fundo que no tiene salida a la vía pública o que tiene una salida
insuficiente para su utilización… su situación es intolerable y le quita todo o
casi todo su valor si no interviene el legislador para mejorarla, para hacer
cesar el ‘embotellamiento’ que sufre”. Por ello, la primera condición para que
exista dicha servidumbre se requiere demostrar que “el fundo supuestamente
enclavado carezca de salida a la vía pública o por lo menos que no tenga más
que una salida insuficiente para la explotación, bien agrícola, bien industrial,
de su propiedad (artículo 682); el deseo de un propietario de bienes raíces, de
simple comodidad, de una ventaja particular no bastaría para justificar por su
parte una demanda de paso a título de enclavamiento; únicamente el estado de
necesidad es constitutivo del estado de enclavamiento.”26
En el mismo sentido, Planiol y Ripert explicaron respecto del artículo 682 del
Código Civil francés:
“La servidumbre de paso solamente puede existir en beneficio de las
fincas enclavadas, o sea, de aquellas fincas que no tienen salida alguna a
la vía pública, o solamente una salida insuficiente. La salida se considera
insuficiente cuando presenta graves dificultades que solamente podrían
vencerse realizando obras excesivas y de un costo fuera de toda finca
separada de la vía pública por un declive, cuya pendiente rápida hace
naturalmente imposible el paso de los caballos y bestias destinadas a su
explotación, o por un camino muy estrecho, inaccesible para las carretas.
Así, también, en el caso de un terreno que solamente tenga una salida que
da sobre un río, cuyo paso, mediante lanchas, balsas o puentes ofrecería
graves peligros o inconvenientes, o requiriera gastos excesivos…el paso
debe ser necesario para la explotación de la finca”27
Igualmente, haciendo referencia al artículo 564 del Código Civil Español, la
doctrina entiende que “podrá exigirse la constitución de esta servidumbre [la
de paso], no sólo cuando un predio no tenga salida, sino también cuando tenga
una salida insuficiente; pero no cuando funde su pretensión tan sólo en la
incomodidad de la salida que tiene… ha de fundarse en una necesidad real y
no ficticia ni artificiosa, por lo que, si el Tribunal de instancia declara que el
propietario aisló intencionalmente su finca, disgregándola de otra suya, de la
cual era anexo o dependencia, y por la que tenía comunicación con la vía
pública, falta el supuesto legal de la necesidad estricta”28.
El Código Civil italiano regula la “servidumbre coactiva de paso” como aquella
que se impone “cuando un fundo es cerrado (circundado por fundos ajenos) y
no tiene salida a la vía pública ni se la puede procurar sin excesivo dispendio
o dificultad, o aun no estando completamente cercado, tiene, por lo demás, un
acceso inadaptado o insuficiente para las necesidades agrícolas o industriales
del fundo, y no se lo puede adaptar (interclusión relativa), el propietario de él
tiene derecho a la constitución de una servidumbre de paso sobre un fundo
vecino (arts. 1051, ap. 1 y 1952)… El trazado del pasaje debe establecerse con
el criterio general de la máxima utilidad con el menor agravio, es decir, en
26
Josserand, Louis. Derecho Civil. Tomo I. Volumen III. Traducción de Santiago Cunchillos y
Manterota. Ediciones Jurídicas Europa- América Bosch y cia editores. Buenos Aires. 1950. Página
465.
27
Planiol, Marcelo y Ripert, Jorge. Tratado Práctico de Derecho Civil Francés. Tomo III. Los Bienes.
Traducción de Mario Díaz Cruz. Editorial Cultural S.A. La Habana. 1946. Página 769.
28
Colin, Ambrosio y Capitant H. Curso Elemental de Derecho Civil. Editorial Instituto Editorial
Reus. Madrid. 1942. Página 821.
aquella parte del fundo sirviente por donde el acceso sea más breve y menor el
daño inferido, y si es del caso (para actuar precisamente este criterio), incluso
mediante un paso subterráneo”29.
Así las cosas, en el derecho civil comparado resulta usual entender que la
servidumbre de tránsito puede imponerse a favor de los predios totalmente
incomunicados o de aquellos que a pesar de que tienen acceso a la vía pública
ese medio es ineficiente, inadecuado o demasiado gravoso para explotarlo
agrícola, industrial o comercialmente, pues como regla de interés público frente
a la propiedad privada es el favorecimiento estatal de la explotación idónea de
la tierra.
12. No obstante lo anterior, como se dijo en precedencia, la interpretación literal
del artículo 905 del Código Civil Colombiano muestra que la servidumbre de
tránsito sólo puede imponerse en favor de los fundos que carecen de todo
acceso a la vía pública, pues no sólo su redacción es clara sino que, a diferencia
de los códigos civiles a que se hizo referencia, no existe regla legal precisa que
matice la exigencia perentoria de la incomunicación total del inmueble como
condición sine qua non para acceder a la servidumbre de tránsito. De hecho, a
pesar de que se constataba la inconveniencia de la interpretación literal de esa
disposición, la doctrina colombiana manifestó que así debía leerse en razón a
la claridad de la regla legal. Al respecto resulta interesante recordar al tratadista
nacional Fernando Vélez cuando advirtió:
“De acuerdo con la letra del artículo 905, la servidumbre legal de tránsito
no puede establecerse sino a favor de los predios destituidos de toda
comunicación con el camino público. De estas palabras, que siendo claras
no deben desatenderse a pretexto de consultar el espíritu de la ley (art. 27),
puede deducirse, como lo hace el sr. Chacón, que no es dado al juez,
basándose en meras interpretaciones, obligar a un propietario, a gravar
su dundo con dicha servidumbre, en utilidad de otro fundo, que tenga
comunicación con el camino, aunque sea muy mala e insuficiente para la
explotación del fundo. En una palabra: la servidumbre indicada sólo puede
establecerse a favor de predios que por cualquiera circunstancia como un
derrumbamiento, etc. No tenga absolutamente ninguna comunicación con
la vía pública…
Sería conveniente que en nuestro código, siguiendo el ejemplo del
legislador francés, se aclare el artículo 905 en el sentido en que se aclaró
el 682 del código francés. Mientras se realiza esta aclaración, juzgamos
que el criterio del juez debe apreciar los casos que se le presenten, teniendo
29
Barbero, Doménico. Sistema del Derecho Privado. Traducción de Santiago Sentis Melendo. Tomo
II. Ediciones Jurídicas Europa América. Buenos Aires. 1967. Página 436.
en cuenta, entre otras cosas, el objeto de la servidumbre legal de
tránsito”30
No obstante lo anterior y, en razón a que la interpretación literal de esa norma
conduciría a dificultades prácticas inevitables, la Corte Suprema de Justicia
profirió un fallo paradigmático en el que, a su tenor literal, concluyó:
“Del artículo 905 del C.C. pueden sacarse las siguientes conclusiones:
1. Que la servidumbre legal de tránsito existe no sólo a favor de los fundos
que carecen de todo acceso a la vía pública sino también de los que no
tienen más que una salida insuficiente para la explotación de ellos.
2. Que en la conveniencia social de la explotación del predio dominante
encuentra dicha servidumbre su fundamento y al propio tiempo sus límites,
sin que haya que hacer distinción alguna entre explotación agrícola o
explotación industrial o explotación minera.
3. Que la servidumbre legal no se constituye por título distinto del hecho
mismo de la incomunicación, sino que existe de pleno derecho, porque es
la ley la que directamente la establece y es en consecuencia preexistente a
toda determinación judicial, hasta el punto de que la necesidad o no
necesidad de acudir a la justicia para el ejercicio efectivo de ella sólo
depende de la situación de hecho existente: si el titular del derecho no
necesita modificar los hechos existentes para conformarlos a su derecho,
carece de interés la intervención de los jueces que, con su decisión, nada
le agregan ni le quitan a ese derecho, sino que simplemente determinan,
cuando es el caso, un cambio en la situación de hecho preexistente…”31
13. En este orden de ideas, es evidente que la expresión destituido de “toda”
comunicación con el camino público contenida en el artículo 905 del Código
Civil impone al funcionario competente para evaluar la idoneidad de la
servidumbre de tránsito que evalúe si el predio sirviente tiene o no
comunicación con un camino público, pues sólo es posible obligar al dueño de
una heredad a que dé salida por ella a un fundo que no tenga ningún tipo de
comunicación con el camino público, lo cual podría afectar derechos
constitucionales del propietario del predio que solicita la servidumbre y el
interés público que supone la explotación eficiente de la propiedad privada. De
este modo, entonces, ahora corresponde a la Sala averiguar si la norma acusada,
cuyo alcance fue precisado en precedencia, viola los derechos a la libertad de
empresa, iniciativa privada, la igualdad y, en especial, la propiedad del titular
del predio servido.
30
Vélez, Fernando. Estudio sobre el Derecho Civil Colombiano. Tomo III. Imprenta París- América.
París. 1926. Página 386.
31
Corte Suprema de Justicia. Sala Civil. Sentencia del 2 de septiembre de 1936. Gaceta Judicial Tomo
XLIV, número 273. Página 1005
Función social de la propiedad. Ponderación de derechos en conflicto y
preservación del núcleo esencial.
14. Se deduce claramente de lo expuesto que las servidumbres legales limitan
los derechos de contenido patrimonial, tales como el de la propiedad privada,
la libertad de empresa y de iniciativa privada, todos con protección y garantía
constitucional, en tanto que implican la imposición legal de una carga en favor
de un predio ajeno y aún en contra de la voluntad del propietario del inmueble
que tiene el deber jurídico de soportarla. Entonces, a pesar de que es cierto que
la Constitución protege esos derechos económicos que se entienden como
poderes para utilizar una cosa, gozar, disponer y crear medios económicos con
fines de lucro, también es cierto que el ejercicio de esas facultades no implica
la simple satisfacción de intereses individuales sino la preservación los
intereses de la colectividad. En efecto, esta Corporación ha dicho en anteriores
oportunidades32, que la restricción al libre ejercicio de los derechos económicos
y, en especial a la propiedad privada, que el legislador impone con las
servidumbres, encuentra sustento constitucional no sólo en el carácter social de
los derechos de contenido económico (artículos 58 y 333 de la Constitución),
sino también en los deberes ciudadanos de solidaridad y colaboración con el
Estado en la búsqueda de la realización de los fines propios del Estado Social
de Derecho (artículos 1º, 2º y 95 de la Carta).
Así pues, superado el concepto individualista de los derechos y libertades
económicas, cuya evolución ha sido presentada en forma completa y reiterada
por esta Corporación para el derecho de dominio 33, la función social de la
propiedad privada constituye parte esencial del ejercicio de estos derechos,
pues su consagración implicó replantear su contenido para situarlo al lado de la
motivación colectiva, solidaria y con utilidad social que le son propios. Por ello,
su ejercicio no sólo implica el deber de abstención del Estado y de los
particulares (con esta visión se garantiza el derecho si no hay intervención),
sino de acción para la defensa efectiva del interés colectivo, por lo que “la
32
Véanse las sentencias C-063 de 2005, C-216 de 1993, T-036 de 1995, T-375 de 1996 y T-531 de
1997.
33
En sentencias C-491 de 2002, C-1074 de 2002, C-740 de 2003, C-870 de 2004 y C-474 de 2005,
la Corte Constitucional recordó que la concepción inicial del derecho a la propiedad, según la cual el
dominio se ejercía por su titular en forma absoluta, porque se entendía como una conquista de la
democracia frente al feudalismo y como un atributo de la personalidad que se ubicaba en la misma
jerarquía que los derechos a la libertad e igualdad; fue discutida a finales del siglo XIX por
importantes doctrinantes como Leon Duguit y superada en Colombia con la introducción de la
cláusula social de la propiedad contemplada en el artículo 10 del Acto Legislativo número 1 de 1936
y desarrollada por la Ley 200 de 1936, entre otras. Así, desde ese entonces, la función social de la
propiedad ha sido una constante en nuestro constitucionalismo, que fue reforzada en la Constitución
de 1991 con la ampliación de la función ecológica de la propiedad (artículo 58), la consagración
constitucional de la función social de la empresa (artículo 333), la obligación social que implica el
trabajo (artículo 25) y la relación directa de éstos con el carácter social del Estado de Derecho (artículo
1º y preámbulo). Así, la muestra evidente del cambio de concepción del derecho a la propiedad
privada se encuentra en la sentencia C-595 de 1999, con la que esta Corporación declaró la
inexequibilidad de la expresión “arbitrariamente” que definía el artículo 669 del Código Civil como
condición de ejercicio del derecho al goce y disfrute de la propiedad.
configuración legal de la propiedad, entonces, puede apuntar indistintamente
a la supresión de ciertas facultades, a su ejercicio condicionado o, en ciertos
casos, al obligado ejercicio de algunas obligaciones”34
De esta forma, la regulación sistemática de la propiedad privada en la
Constitución de 1991, muestra que ese derecho ha sido concebido en forma
diferente, no sólo respecto del constitucionalismo clásico, sino de la concepción
inicial de la función social de la propiedad como mecanismo legítimo para
restringir el derecho, puesto que, en la actualidad, el carácter social de la
propiedad hace parte inescindible del contenido del derecho y de su condición
de ejercicio como una obligación social35. En otras palabras, la función social
de la propiedad privada en el marco del Estado Social de Derecho no fue
plasmada como un límite al derecho, sino como parte esencial del mismo, de
tal suerte que dicha finalidad de la propiedad privada incide o hace parte del
derecho subjetivo y no es una mera delimitación externa del mismo.
15. En este contexto, la jurisprudencia constitucional ha advertido que “en aras
de garantizar que la propiedad cumpla la función social encomendada por la
Carta, el legislador no sólo está autorizado para restringir el derecho de
propiedad: aquel también puede imponerle cargas o gravámenes necesarios
para su adecuado ejercicio”. De ahí que, el derecho a la propiedad no sólo
puede limitarse por motivos de utilidad pública o por razones de interés general,
sino también para hacer efectivos derechos de particulares cuando estos
dependen de la intervención del titular. Por lo tanto, las restricciones a los
derechos de contenido económico pueden provenir tanto de intereses de
superior jerarquía, como de derechos subjetivos de particulares que entran en
conflicto en cada caso concreto. De todas maneras, determinar la finalidad de
la limitación legal del derecho es un asunto fundamental en el control de
constitucionalidad, en tanto que en las situaciones de interés colectivo la regla
constitucional de prevalencia del interés general sobre el particular (artículo 1º)
juega un papel preponderante, mientras que en el caso de conflicto entre
derechos cuya eficacia es horizontal, esa regla no sólo no tiene relevancia sino
que no resulta útil para resolverlos porque el juez constitucional se encuentra
en frente de derechos de igual jerarquía normativa y, por consiguiente, debe
entrar a armonizarlos.
En consecuencia, si bien es cierto que la delimitación de la función social de la
propiedad privada corresponde al legislador dentro de marcos razonables y
proporcionados, pues si bien puede ampliar o restringir la zona de penumbra
del derecho, también lo es que no puede afectar su núcleo esencial de tal forma
que deje sin sentido la protección constitucional del derecho. En tal virtud, el
legislador puede limitar en mayor o en menor medida el espectro de protección
del derecho de dominio, de acuerdo con la naturaleza de los bienes, su clase y
la utilización de los mismos, para hacer prevalecer intereses generales o por
34
Sentencia T-427 de 1998, reiterada en la sentencia C-491 de 2002.
35
Recuérdese que el artículo 58 de la Constitución define la propiedad como “una función social que
implica obligaciones”
motivos de utilidad pública o para exigir el deber de solidaridad, pero sin que
ello signifique autorización para dejar sin efectos la garantía constitucional
mínima e irreductible del derecho.
En relación con el concepto de núcleo esencial del derecho a la propiedad, esta
Corporación ha señalado que “lo constituye el nivel mínimo de ejercicio de los
atributos de goce y disposición, que produzcan utilidad económica en su
titular”36. En el mismo sentido, en otra oportunidad agregó que el legislador no
puede desconocer que “el mínimo de goce y disposición de un bien se mantiene,
aún cuando el titular no lo ejerza”37. De ahí que se trata de proteger el núcleo
esencial del derecho a la propiedad privada, de tal forma que se garantice la
filosofía social en la que está concebido y, al mismo tiempo, puedan protegerse
aquellas facultades o actuaciones necesarias para que se reconozca y ejerza el
derecho, de modo que se impida que el legislador limite el derecho hasta el
punto de hacerlo impracticable o se dificulte su ejercicio más allá de lo
razonable y proporcional.
Precisamente por esas razones, esta Corporación ha encontrado ajustados a la
Constitución varios casos en los que a pesar de que el legislador impuso
restricciones al derecho a la propiedad privada no afectó su núcleo esencial, en
tanto que consideró válido entender que si la propiedad privada es un derecho
de contenido patrimonial, la carga impuesta bien podía favorecerle al propio
titular o bien podía ceder frente a otro de la misma naturaleza y de esta forma
podía intercambiarse por su equivalente económico. Así, por ejemplo, en
sentencia C-189 de 2006, esta Sala declaró la exequibilidad de una norma que
prohíbe la venta de tierras ubicadas en zonas declaradas por el gobierno como
parques naturales, pues se consagra como compensación de esa limitación el
pago de una indemnización. En la misma línea, la sentencia C-491 de 2002
declaró la exequibilidad de una norma del Código de Policía que autoriza a los
alcaldes exigir a los particulares la construcción de una obra cuando los muros
de un antejardín o la facha de una casa se encuentran en mal estado, en tanto
que su deterioro también perjudicaba al propietario. La sentencia C-740 de
2003, declaró la exequibilidad de varias disposiciones de la Ley 793 de 2002
que consagró varias causales de extinción del dominio de bienes cuando
provienen de la ilicitud.
16. Como puede advertirse, entonces, el juicio de constitucionalidad respecto
de las restricciones legales a la propiedad privada y a las libertades
patrimoniales, derivadas de la función social que las caracteriza, corresponde a
un típico control de límites que si bien se realiza con el respeto de la libertad
de configuración normativa del legislador, a la que expresamente se refiere el
artículo 58 de la Constitución, debe adelantarse seria y decididamente porque
es un instrumento para controlar excesos legales. Así, para averiguar si la
limitación al derecho a la propiedad resulta constitucionalmente válida porque
36
Sentencia C-189 de 2006.
37
Sentencia C-204 de 2001.
hace parte de la función social que le corresponde, o si, por el contrario, excede
los límites de ejercicio razonable y proporcional del derecho, la Corte recurre
al conocido juicio de ponderación 38, con el cual se busca efectuar el control a
los excesos legislativos y a la arbitrariedad de las medidas restrictivas de
derechos constitucionales.
En efecto, como lo ha advertido esta Corporación en reiteradas oportunidades,
el juicio de ponderación conduce a que en un caso concreto se le otorgue
primacía jurídica a un principio frente a otro, sin que ineludiblemente en todas
las hipótesis de conflicto, la solución deba ser exactamente la misma, pues
dependerá de las circunstancias fácticas y jurídicas que se hagan presente en
cada asunto. De otro lado, es posible que una regla entre en contradicción con
la vocación normativa de un principio, sea o no de rango constitucional, en
dicha situación y dado el mayor peso que se reconoce a los principios en el
ordenamiento jurídico, debe introducirse una cláusula de excepción en cuanto
al carácter normativo de la regla jurídica, con motivo de la decisión del caso en
concreto.
Así las cosas, la jurisprudencia constitucional ha dicho que 39, en casos en los
que se presenta conflicto de derechos o principios constitucionales, procede la
aplicación de los métodos de ponderación, con los que se busca establecer
criterios objetivos y verificables para evaluar si la limitación de un derecho se
justifica constitucionalmente y si la restricción constituye una forma de
afectación de su núcleo esencial que se encuentra prohibida en la Carta. Así, en
anterior oportunidad, la Corte dijo que con la ponderación se busca establecer
“un modelo de preferencia relativa condicionada a las circunstancias
especificas de cada caso, de manera que le compete al legislador y a los
operadores jurídicos, en el ámbito de sus competencias, procurar armonizar
los distintos derechos y principios, y cuando ello no sea posible, es decir,
cuando surjan conflictos entre ellos, entrar a definir las condiciones de
prevalencia temporal del uno sobre el otro”40.
En tal caso, la jurisprudencia ha explicado41 que se pueden aplicar diferentes
formas de ponderar según la materia de que se trate y la naturaleza de los
derechos en conflicto. Así, por ejemplo, para analizar si la limitación de un
derecho que se establece para proteger otro resulta constitucionalmente
admisible se ha utilizado el principio de proporcionalidad, según el cual
corresponde al juez constitucional analizar si la medida restrictiva busca un
objetivo constitucionalmente válido, si es adecuada y necesaria para lograr la
finalidad buscada y si es proporcional stricto sensu.
38
Véanse, entre otras, las sentencias SU-337 de 1999, T-551 de 1999, T-692 de 1999, C-647 de 2001, T-823
de 2002, T-1025 de 2002, T-1021 de 2003, C-1186 de 2003, C-131 de 2004, C-229 de 2004 y T-739 de 2004.
39
Por ejemplo, pueden consultarse las sentencias C-818 de 2005, C-916 de 2002, C-822 de 2005, C-
355 de 2006, T-575 de 1995, T-425 de 1995, T-1031 de 2001, T-933 de 2005.
40
Sentencia T-933 de 2005.
41
Sentencias C-448 de 1997, C-371 de 2000, C-110 de 2000, C-093 de 2001, C-068 de 1999, C-309
de 1997 y C-741 de 1999.
Ahora, el análisis de idoneidad de la medida restrictiva está dirigido a averiguar
si aquella es suficientemente apta o adecuada para lograr el fin que se pretende
conseguir. En otras palabras, si la medida sometida al control de
constitucionalidad es adecuada para conseguir un objetivo constitucionalmente
válido. A su turno, el estudio de necesidad busca indagar si “la medida ordenada
debe corresponder a la alternativa menos gravosa para el logro del fin buscado
dentro del abanico de opciones con un nivel de efectividad probable
semejante”42. Una vez examinados los dos requisitos anteriores, es pertinente
averiguar si la medida es proporcional en sentido estricto. La Corte explicó la
aplicación del principio de proporcionalidad, así:
“En relación con el juicio de proporcionalidad que el juez constitucional
debe adelantar sobre este tipo de disposiciones que introducen límites a
los derechos fundamentales, la jurisprudencia ha definido que la
verificación debe recaer no solo sobre el hecho de que la norma logre una
finalidad legítima, sino que también debe establecerse si la limitación era
necesaria y útil para alcanzar tal finalidad. Además, para que dicha
restricción sea constitucional, se requiere que sea ponderada o
proporcional en sentido estricto. ‘Este paso del juicio de proporcionalidad
se endereza a evaluar si, desde una perspectiva constitucional, la
restricción de los derechos afectados es equivalente a los beneficios que
la disposición genera. Si el daño que se produce sobre el patrimonio
jurídico de los ciudadanos es superior al beneficio constitucional que la
norma está en capacidad de lograr, entonces es desproporcionada y, en
consecuencia, debe ser declarada inconstitucional”43
Para el análisis de proporcionalidad en estricto sentido se requiere determinar
si la medida objeto de control de constitucionalidad no sacrifica valores,
principios o derechos que tengan un mayor peso que el que se pretende
garantizar, o si aquella restringe gravemente un derecho fundamental. Por
consiguiente, la aplicación del principio de proporcionalidad supone la
valoración de los intereses en juego y la determinación clara de la relevancia
constitucional de los bienes jurídicos en tensión, pues sólo de esta forma se
puede definir, en el caso concreto, el grado de afectación y la forma cómo deben
ceder, para garantizar la eficacia de todos los derechos e intereses protegidos
constitucionalmente.
17. En el asunto objeto de análisis se tiene que la servidumbre de tránsito para
bienes enclavados tiene tres objetivos constitucionalmente válidos, a saber: en
primer lugar, busca facilitar la utilización (uso y disfrute) del inmueble que no
tiene ningún tipo de comunicación con el camino público, por lo que se trata de
una intervención del Estado en beneficio de la propiedad privada de quien, por
42
Sentencia C-822 de 2005.
43
Sentencia C-648 de 2001.
las condiciones propias del predio, no tiene la posibilidad de ejercerla en forma
plena. En segundo lugar, esa disposición potencia la visión social de la
propiedad, pues es lógico inferir que un bien que no tiene comunicación con
las vías públicas no puede ser adecuadamente explotado o usado, con lo que se
afecta el interés colectivo que implica la correcta utilización de la tierra. Y, en
tercer lugar, con la referencia a la total incomunicación del predio sirviente
como condición necesaria para que la autoridad competente imponga la
servidumbre de tránsito se pretende proteger el derecho de dominio del
propietario del predio sirviente de la intromisión del Estado y de los particulares
en el ámbito de ejercicio de ese derecho, de tal forma que se busca que dicho
gravamen solamente sea reconocido en situaciones excepcionales y para la
defensa del derecho a la propiedad del titular del predio dominante.
De esta forma, es claro que mientras el primer y tercer objetivos de la
servidumbre de tránsito se ubican en la dimensión subjetiva del derecho a la
propiedad privada que exige al Estado la garantía y protección para su ejercicio,
tanto del titular del predio sirviente como del dominante, el segundo objetivo
está relacionado con la dimensión social o colectiva de la propiedad privada,
pues la obligación social para el titular del derecho consiste en usar y explotar
la tierra para que ésta tenga una trascendencia económica o para su disfrute
extrapatrimonial. Por consiguiente, la limitación objeto de estudio no sólo se
justifica constitucionalmente porque fue constituida para hacer efectivo el
derecho a la propiedad plena del predio que por sus condiciones se encuentra
en franca desventaja para su uso o explotación económica, sino porque la
adecuada utilización de la tierra representa un asunto de interés social y de
utilidad pública. De hecho, en anteriores oportunidades, esta Corporación dijo44
que la imposición de este tipo de gravámenes, no suprime la garantía
reconocida por la Constitución al derecho de dominio, sino que, atendiendo a
la prevalencia del interés general y a la función social que se impone a la
propiedad privada, existen restricciones a su ejercicio que se adecuan
perfectamente a la Constitución en el Estado Social de Derecho.
En consecuencia, los objetivos que desarrolla el legislador con la regulación de
la servidumbre de tránsito objeto de estudio se ajustan perfectamente al espíritu
social de la propiedad privada consagrado en la Constitución de 1991, pues,
como se explicó, la protección constitucional a este derecho no sólo implica la
defensa del ejercicio de potestades y facultades derivados del mismo (uso, goce
y disfrute), sino también la vigilancia del efectivo cumplimiento de los deberes
y obligaciones a cargo del titular.
18. Por el contrario, la Sala considera que la servidumbre de tránsito, tal y como
está regulada en la norma parcialmente acusada en esta oportunidad, no
consagra una medida idónea y necesaria para lograr todos los objetivos
propuestos. En efecto, a pesar de que es pertinente y válido constitucionalmente
44
Al respecto pueden consultarse, entre otras, las sentencias C-216 de 1993, T-036 de 1995 y T-375
de 1996.
que el Estado intervenga para facilitar el derecho a usar y disfrutar del bien
enclavado, no lo es que esa intervención sólo resulte obligatoria cuando el
inmueble colindante está totalmente incomunicado con la vía principal, pues en
casos en los que a pesar de que el predio cuenta con una vía de acceso, esa no
es adecuada ni suficiente para explotar, usar y gozar del bien, la condición legal
de que exista destitución “total” con la vía pública, impide la adecuada
explotación del bien. De hecho, un predio total o parcial, pero gravemente
incomunicado es básicamente improductivo y, como tal, resulta contrario a la
función social de la propiedad privada. De hecho, el uso adecuado del inmueble
no es solamente una decisión individual y autónoma del propietario, es también
un deber social que se impone. Un ejemplo claro de esta imposición se
encuentra en el artículo 6º de la Ley 200 de 1936, según el cual la Nación podría
declarar extinguido el derecho de dominio sobre predios rurales que no son
explotados.
Cuando un bien no puede explotarse adecuadamente, no por voluntad del
propietario o de los titulares de derechos reales sobre él, sino por
inconvenientes naturales del predio, como la falta de comunicación con la vía
pública, el Estado debe intervenir no como una facultad discrecional de la
autoridad competente, sino en forma impositiva para exigir la eficacia de la
función social de la propiedad. En tal virtud, la exigencia legal relativa a que la
servidumbre de tránsito sólo puede imponerse cuando el predio dominante se
encuentra totalmente incomunicado con la vía pública, sin que pueda
considerarse la idoneidad, grado de dificultad o costo de la vía existente,
desconoce la función social de la propiedad no sólo desde el punto de vista
subjetivo del titular del predio sirviente que no puede ejercer plenamente su
derecho, sino del interés social o colectivo que implica la adecuada y correcta
explotación de la tierra.
19. Pero, además de lo anterior, la Sala encuentra que la condición de
destitución “total” de comunicación con el camino público para que pueda
imponerse la servidumbre de tránsito no es necesaria para garantizar el núcleo
esencial del derecho a la propiedad del titular del predio sirviente, pues resulta
demasiado gravosa para hacer efectiva la función social de la propiedad del
titular del fundo dominante. En efecto, según las voces del artículo 905 del
Código Civil, al paso de permitir el uso de una franja de terreno para hacer
efectiva la servidumbre de tránsito, el dueño del predio sirviente tiene derecho
a recibir el valor correspondiente más la indemnización de los perjuicios que
pudieran causarle. En tal contexto, es claro que los derechos del propietario del
predio sirviente no quedan desprotegidos ni se anula su núcleo esencial, ya que
se estatuye a cargo del beneficiario correspondiente la obligación de pagar
indemnización de perjuicios con el objeto de resarcir los daños causados.
20. En este mismo sentido, la Corte considera que la norma acusada no es
proporcional en sentido estricto, porque en aras de proteger el derecho a la
propiedad del titular del predio sirviente, sacrifica valores, principios o derechos
de mayor peso constitucional. En efecto, a pesar de que, como se explicó en esta
sentencia, en esta oportunidad no puede aplicarse la regla de prevalencia del
interés general sobre el particular, lo cierto es que la garantía de uso, disfrute y
explotación idónea y adecuada de la tierra, como un asunto que rebasa el interés
subjetivo y alcanza un interés social, protege derechos y motivos de mayor peso
constitucional. Por consiguiente, la expresión “toda” contenida en el artículo
905 del Código Civil, que no sólo impide al funcionario competente valorar el
tipo de comunicación que tiene el inmueble enclavado, sino que impide la
imposición de la servidumbre legal, desconoce que el derecho a la propiedad
supone el derecho-deber jurídico de usar, gozar y disponer el bien. Con mayor
razón si el contexto general de la regulación de la servidumbre de tránsito, que
compensa con indemnización los daños causados, logra preservar el núcleo
esencial del derecho a la propiedad privada que resulta limitado.
Decisiones a tomar
21. Como se vio en precedencia, indudablemente, la expresión “toda” del
artículo 905 del Código Civil es contraria a la Constitución, por lo que deberá
declararse inexequible.
De todas maneras, la Sala precisa que, por dos razones, no acoge la propuesta
formulada por la Procuraduría General de la Nación en el sentido de condicionar
la exequibilidad de la disposición acusada, en el entendido “de que la
servidumbre legal de tránsito consagrada en el artículo 905 del Código Civil
no solo (sic) en beneficio de los predios que no tienen acceso alguno a la vía
pública, sino también a favor de aquellos cuya salida no permiten su
explotación adecuada”. La primera, porque, como ampliamente lo ha explicado
esta Corporación, las sentencias interpretativas o condicionadas proceden
cuando de la interpretación directa y cierta de la disposición acusada resultan
dos o más normas jurídicas, una de las cuales resulta ajustada a la Constitución
y otra u otras repugnan a ella. Entonces, este efecto del fallo constitucional sólo
puede proferirse cuando del propio texto normativo se infieren diferentes
hermenéuticas, unas conformes a la Carta y otras no. Sin embargo, en el asunto
objeto de estudio, la interpretación directa y literal de la norma impugnada
muestra que únicamente puede imponerse la servidumbre de tránsito cuando el
predio dominante se encuentra destituido de “toda” comunicación con el
camino público. Luego, existiendo sólo una interpretación que se deriva de la
norma acusada no procede su condicionamiento sino el retiro del ordenamiento
jurídico de la expresión que, por su carácter absoluto, resulta contraria a la
Constitución. La segunda razón por la que no procede el fallo condicionado,
está relacionada con la técnica constitucional, pues una sentencia interpretativa
no puede hacer decir lo que la norma no dice: su objetivo es limitar la
hermenéutica de la norma sólo a aquella o aquellas válidas constitucionalmente.
Por ello, no sería correcto indicar que la expresión “destituido de toda
comunicación” debe entenderse como destituido de algún tipo de comunicación
con la vía pública, pues sencillamente se le daría un sentido a la disposición que
ella no consagra.
En consecuencia, resulta más adecuado retirar del ordenamiento jurídico la
expresión que limita al aplicador jurídico a evaluar la total incomunicación del
predio como requisito fundamental para acceder a la servidumbre de tránsito,
esto es, a declarar la inexequibilidad de la expresión “toda” contenida en el
artículo 905 del Código Civil. De esa forma la autoridad competente puede
analizar objetiva y racionalmente si la comunicación del predio solicitante es
adecuada y suficiente para lograr su explotación, sin que ello signifique una
valoración subjetiva o caprichosa de dicha condición.
22. En relación con el resto del artículo 905 del Código Civil, la Sala declarará
su exequibilidad por los cargos analizados en esta sentencia, en el entendido
que el aplicador jurídico debe ponderar los derechos que existan sobre los
predios dominante y sirviente. En efecto, a pesar de que la norma acusada se
refiere a las condiciones materiales del bien dominante, deja de lado el análisis
de los derechos que se encuentran en conflicto, pues la imposición de
servidumbres de tránsito requiere del análisis de las circunstancias concretas
que se determinan no sólo por las condiciones de ubicación y explotación de
los predios sirviente y dominante, sino también por la situación de los derechos
en conflicto que deben armonizarse y ponderarse en el caso concreto. En vista
de que la ley no puede aislar la existencia de derechos en conflicto y que sólo
se ajusta a la Constitución el hecho de que las autoridades administrativas y
judiciales encargadas de definir la procedencia de la servidumbre de tránsito
los ponderen, se declarará la exequibilidad condicionada de la norma acusada,
tal y como se explicó en precedencia.
III. DECISION
En mérito de lo expuesto, la Corte Constitucional, administrando justicia, en
nombre del pueblo y por mandato de la Constitución,
RESUELVE
Declarar EXEQUIBLE el artículo 905 del Código Civil, por los cargos
analizados en esta sentencia y en el entendido que se deben ponderar los
derechos existentes sobre el predio dominante y sirviente, salvo la expresión
“toda” que se declara INEXEQUIBLE.
Cópiese, notifíquese, comuníquese, insértese en la Gaceta de la Corte
Constitucional, cúmplase y archívese el expediente.
RODRIGO ESCOBAR GIL
Presidente
AUSENTE EN COMISION
JAIME ARAUJO RENTERÍA
Magistrado
MANUEL JOSÉ CEPEDA ESPINOSA
Magistrado
AUSENTE EN COMISION
JAIME CÓRDOBA TRIVIÑO
Magistrado
MARCO GERARDO MONROY CABRA
Magistrado
NILSON PINILLA PINILLA
Magistrado
HUMBERTO SIERRA PORTO
Magistrado
ALVARO TAFUR GALVIS
Magistrado
CLARA INÉS VARGAS HERNÁNDEZ
Magistrada
MARTHA VICTORIA SACHICA MENDEZ
Secretaria General