“Marx y Hegel.
Contribuciones a una relectura”: Roberto Fineschi
Índice
Introducción
1. Premisa. 1
2. Por una periodización del pensamiento marxiano. 4
3. El capital, la dialéctica y Hegel. 12
4. Tesis y estructura del libro. 17
Primer capítulo
Hegel según Marx
1.1 Las dos lecturas. 21
1.1.1 La primera lectura. 21
[Link] La interpretación marxiana de Hegel entre el ’43 y el ’44. 23
[Link] La “corrección” de Hegel entre el ’43 y el ’44. 30
[Link] El avance (a medias) de la Ideología alemana. 34
[Link] Entre la Ideología alemana y la segunda lectura. 39
1.1.2 La segunda lectura. 42
[Link] La Introducción a los Grundrisse. 43
[Link] El Epílogo a la segunda edición alemana del libro primero de El Capital. 49
[Link] Otros pasajes relevantes: una comparación entre antes y después del ’53. 53
1.1.3 Resumen. 59
1.2 Algunas fuentes de la interpretación marxiana de Hegel. 65
1.2.1 Bruno Bauer. 66
1.2.2 Feuerbach. 70
1.2.3 Algunas consideraciones. 75
1.3 Hegel según Hegel. 79
1.3.1 Autoconsciencia y objeto. “Anstoß”. 80
1.3.2 Alienación (Entäußerung) y Extrañación (Entfremdung). 87
1.3.3 Inversión (Verkehrung). 98
Conclusión. 106
Segundo capítulo
Trabajo / trabajo alienado / alienación
Niveles lógicos y Entstehungsgeschichte del concepto de “trabajo” entre Marx y el
marxismo
2.1 Los textos marxianos. 117
2.1.1 Marx crítico de la antropología. 117
2.1.2 Marx teórico de la Alienación. 123
2.1.3 Dos teorías irreconciliables de la historia. 131
2.1.4 Aporías. 137
2.2 Divagaciones sobre el debate y las aporías de la Alienación. 149
2.2.1 El “trabajo” y sus niveles lógicos. Lukács. 150
2.2.2 Alienación y fetichismo. 154
2.2.3 ¿Inversión o inversiones? Colletti. 156
2.2.4 ¿Qué Hegel? Althusser. 161
2.2.5 Sobre la reflexión metodológica de Galvano della Volpe. 164
Tercer capítulo
Por la relación Marx/Hegel más allá de la comprensión de Marx
Introducción. 167
3.1 Reflexiones sobre el método. 175
3.1.1 Comprensión racional e intelectual. 175
3.1.2 Sobre el modo de investigación. 184
3.1.3 La conclusión de El Capital. 187
[Link] El fin y el comienzo. Círculo de círculos. 188
[Link] Por qué Marx no terminó El Capital. 191
3.1.4 Los límites del método. 193
3.2 Estructuras conceptuales específicas y analogías. 200
3.2.1 Mercancía, oposición y contradicción. 200
3.2.2 Procesión del capital y del concepto. 212
3.2.3 “Lógico” e “histórico”. 215
3.2.4 “Presupuesto” y “presupuesto-puesto”. 221
3.2.5 “Capital devenido” y “capital que deviene”. 225
3.2.6 Esencia, fenómeno, apariencia. 228
3.3 Lógica particular y lógica general. 231
Nota marginal. 238
Inversión de Hegel y Praxis. 238
Conclusión. 245
Bibliografía
Introducción
1. Premisa
El estudio que presento es la continuación orgánica de una investigación iniciada
hace algunos años que ha dado sus primeros frutos en el volumen aparecido bajo el
título Ripartire da Marx. Processo storico de economia politica nella teoria del
eniendo en cuenta este vínculo explícito, nos valdremos aquí de las
“capitale”. T
mismas tres premisas de carácter general introducidas entonces.
En la entrada Karl Marx para el diccionario enciclopédico Granat, Lenin
escribía: “El Marxismo es el sistema de las concepciones y de la doctrina de Marx”
[Lenin (1914): 9], prosiguiendo con una exposición de los principios generales y
concluyendo con un capítulo sobre la táctica del proletariado. Ciertamente, no pretendo
pronunciarme aquí sobre Lenin como personaje histórico, político o como pensador;
limitándonos a esta afirmación, creo que se puede sostener que él opera una
interpretación que después se hizo propia de toda una tradición, a la que incluso
pertenecían los opositores de Lenin. Definiré el marxismo más propiamente como “una
praxis política inspirada en la concepción y la doctrina de Marx”. Pero la teoría del
modo de producción capitalista elaborada por Marx no es - ni pudo ser –
inmediatamente una teoría política; se trata más bien de la reconstrucción, a un altísimo
nivel de abstracción, del funcionamiento de la sociedad burguesa de la época, que
implica líneas de tendencia, formas de movimiento, pero no una política inmediata. Esto
no niega la explícita toma de partido de Marx, ni que se pueda utilizar su teoría con
finalidades políticas, pero es necesario establecer: (i) que la política, colocándose a un
nivel de abstracción muy bajo, para ser alcanzable necesita de una serie de teorías que el
Moro no desarrolló, (ii) que, por tanto, la política no tiene que ver tan solo con las
formas – que representan el objeto esencial de las teorizaciones de Marx – sino con las
“figuras”, que son aquellos sujetos que en las subperiodizaciones de cada época
encarnan las formas del movimiento. De este modo, por poner un ejemplo, el “obrero
masa” fue legítimamente considerado una figura de movimiento de la sociedad
capitalista, pero la forma de tal movimiento funciona en otras fases con otras figuras,
precisamente porque no hay identidad entre forma y figura. Así, aunque en política
Marx se dirigiese a los obreros de las fábricas, esto no agota el espectro de aplicabilidad
de su teoría. Si, por una parte, se gana en amplitud, por otra se pierde en precisión. [1]
Más en general, si sostenemos que a nivel político se actúa inevitablemente con las
figuras, una cosa es la táctica y otra la teoría del modo de producción como fase de
época.
De este modo, Marx y el marxismo no pueden ser la misma cosa, y además
resulta inevitable hablar de “marxismos” en plural. [2] Estos tienen su dignidad
histórica y, para bien o para mal, representan momentos importantes –sino
imprescindibles en ciertos casos– de la historia reciente, pero debemos prestar atención
para no caer en equiparaciones engañosas. Los objetos de investigación son, de hecho,
dos. No se debe, por otra parte, cometer el error opuesto, es decir, creer que no sea lícito
establecer cómo los diversos marxismos fueron fieles o no a las indicaciones dadas por
Marx: que no exista identidad entre forma y figura no significa que cualquier tentativa
de aplicación política sea correcta. Como siempre, es necesario mostrar las mediaciones
(o eventualmente la ausencia de estas).
Además de la distinción entre la teoría del Moro y el marxismo, el segundo
acontecimiento que permite cambiar la perspectiva interpretativa es la nueva edición
histórico-crítica de las obras completas de Marx y Engels, la
Marx-Engels-Gesamtausgabe (MEGA²). La publicación se inició en 1975 a cargo del
Instituto de Marxismo-Leninismo de Berlín y Moscú. Con el colapso del llamado
“socialismo real” y la desaparición de estas instituciones, con tal de garantizar la
continuación se creó, en 1990, la Fundación Internacional Marx-Engels (Internationale
Marx-Engels-Stiftung – IMES – con sede en Ámsterdam y secretaría en la Academia de
las Ciencias de Berlín y de Brandeburgo, donde la MEGA-Abteilung tiene la
responsabilidad principal en la realización del proyecto). En su interior aparecieron una
serie de textos inéditos – o editados anteriormente de forma filológicamente dudosa –
fundamentales para una correcta comprensión del pensamiento de Marx, sobre todo por
lo que respecta a la teoría del “capital”. [3]
Finalmente, de forma paralela a la publicación de la edición, se ha desarrollado
un intenso debate entre los editores y diversos estudiosos, principalmente en lengua
alemana, que ha dado interesantes frutos; esto coloca la base de un nuevo contexto
interpretativo, filológicamente más crítico con la obra de Marx y Engels [para un
informe cfr. Fineschi (2002b)].
2. Por una periodización del pensamiento marxiano
Establecer una periodización en el pensamiento de Karl Marx significa,
inevitablemente, hablar de la elaboración y de la génesis de su obra más importante,
gracias a la cual ha pasado a la historia del pensamiento, no solo filosófico: El Capital.
[4] Esta afirmación no pretende menospreciar otros aspectos de su trabajo, sino tan solo
confirmar que estos son teóricamente relevantes porque hallan soporte (si no lo hallan,
caen) en la obra teórica fundamental de su autor. Sin El Capital Marx hubiese tenido el
mismo fin que muchos otros autores de la Izquierda hegeliana: ser mencionado en la
historia de las ideas principalmente con relación a la obra de otros autores. [5]
A finales de 1843, entre Bruselas y París, Marx inició su propio estudio
“económico”. Para evaluar el grado de madurez de su reflexión en aquel periodo,
además de los Manuscritos económico-filosóficos del ’44 (republicados en MEGA²
sección I, vol. 2), son de notable interés los cuadernos de extractos y notas que datan de
ese periodo (aparecidos por primera vez en la sección IV de MEGA²). De la
confrontación de esta amplia serie de textos resulta que los célebres Manuscritos
económico-filosóficos del ’44 no pueden ser considerados como una obra “planificada”:
si no se los contextualiza y se los pone al mismo nivel que el trabajo de estudio y
anotaciones que Marx desarrolló paralelamente en sus cuadernos de apuntes no se
comprende su naturaleza. Rojahn ha comentado eficazmente:
Los Manuscritos del ’44 no deben ser considerados una entidad distinta, aislada,
de los cuadernos de apuntes de aquel periodo. Las diversas partes de estos
manuscritos no constituyen una “obra” verdadera y, basada en estudios
precedentes, reflejan más bien diversos niveles de un proceso, el desarrollo de su
pensamiento que, procediendo en aquel periodo repentinamente, era alimentado
por continuas lecturas. Mientras Marx hacía sus extractos de citas (Exzerpte)
más o menos naturalmente volcaba allí sus pensamientos. Esto sucedía
alternativamente en los manuscritos y en los cuadernos. Solo el conjunto de estas
notas, visto como una secuencia de extractos, comentarios, sumarios,
reflexiones, e incluso extractos acompañados de ulteriores reflexiones, nos da
una idea adecuada de cómo se desarrollaron sus concepciones [Rojahn (2002):
31 (trad. RF)].
La importancia de este texto, que tanto ha pesado sobre la exégesis marxiana del
siglo XX, resulta por lo tanto redimensionada; un límite de fondo – no solo editorial,
sino científico tout court de quienes lo publicaron – es haber considerado “obra” un
texto en el que la distinción entre extractos y borrador no parece una cosa tan firme. Por
otro lado también Rolf Hecker, importante filólogo y durante mucho tiempo miembro
del equipo editorial de la MEGA, mostró cómo los escritos de aquel periodo acreditan
inequívocamente que los conocimientos económicos de Marx eran mediocres: sólo
estaba “aprendiendo” de los clásicos, lejos todavía de su crítica y superación [Hecker,
(2002): 51].
A la espera de los resultados editoriales que se obtendrán tras la publicación de
las otras obras de juventud, podemos referirnos a los estudios preparatorios realizados
en su momento en la Unión Soviética y la Alemania Democrática. En referencia a La
ideología alemana, sabemos por motivos diversos que funciona del mismo modo que
los Manuscritos del ’44, es decir, que no se puede hablar de una “obra concebida”. De
las cartas aparecidas en el 1º y 2º vol. de la III sección de la MEGA² emerge que el texto
publicado con este título sería en realidad un conjunto de artículos periodísticos de
Marx y Engels escritos para una futura revista cuatrimestral jamás realizada. Además de
los artículos propios, también había otros materiales que habían sido recolectados para
la revista, justo antes de renunciar al proyecto vista la imposibilidad de hallar editor.
Los textos fueron devueltos a los autores (pero no todos; algunos de ellos, de Hess para
ser más precisos, terminaron en La ideología alemana) y solo entonces Marx y Engels
pensaron en asumir una publicación autónoma. [6]
Por otras vías, diversos filólogos han sostenido que con La ideología alemana
Marx llegó a desarrollar el concepto clave de “modo de producción” y la noción
elemental de la dialéctica de fuerzas productivas y relaciones de producción. Walter
Tuchscheerer sostiene:
A diferencia de los Manuscritos económico-filosóficos y de los cuadernos de
extractos de 1844 en los que no se distinguía todavía entre los diversos modos de
producción…en La ideología alemana Marx y Engels han llegado ya al
concepto de modo de producción. Muestran que los diversos modos de
producción están caracterizados por la “forma de la propiedad” o relaciones de
producción históricamente diversas que corresponden cada vez a un determinado
grado de desarrollo de las fuerzas productivas de la sociedad. Marx y Engels
demostraron también que a cierto punto de desarrollo de las fuerzas productivas
las relaciones de producción devienen un obstáculo para su desarrollo ulterior y
entran en contradicción con las fuerzas productivas de la sociedad. Esto lleva a
colisiones en la historia, todas con “origen en la contradicción entre las fuerzas
productivas y la forma de relaciones”. [7]
Este mismo autor sostenía, por otra parte, que la elaboración de la teoría
marxiana de la mercancía y del capital no alcanza una forma estructurada antes de 1857.
[8] Siendo así las cosas, parece más apropiado hablar de “intuiciones” de esta categoría,
en cuanto que su efectiva explicación no se pudo hallar más que con la teoría
desarrollada del modo de producción capitalista. De lo contrario, existe el riesgo de caer
en abstracciones históricas meramente conceptuales - pensando en las interpretaciones
de algunas partes familiares del Prefacio de Para la crítica de la economía política o las
Tesis sobre Feuerbach – tan perspicaces cuanto esquemáticas y reductivas. [9]
Según los filólogos más acreditados, en la Miseria de la filosofía Marx no superó
determinados límites de la teoría ricardiana [cfr. Tuchscheerer (1968): 222 ss.;
Vygodski (1967): 10 ss.; Jahn/Nietzold (1978): 145 ss.]. Una importante nueva fuente
para evaluar el progreso de sus conocimientos son también los 24 cuadernos
londinenses de extractos y anotaciones escritos entre agosto de 1850 y enero de 1853.
Marx se dedicó en ese periodo al estudio de dos teorías distintas y contrapuestas del
dinero: el Currency Principle y la Banking School. Utilizó distintos argumentos de la
segunda, aunque de modo crítico, para superar la posición de la primera, atacando sobre
todo la teoría cuantitativa del dinero. [10]
Al final de una larga pausa ocurrida entre 1853 y 1857 en la que no se ocupó
directamente de teoría económica, Marx inició la redacción del primer gran manuscrito
total de la teoría del capital, llamada Grundrisse. Por primera vez, entre 1857 y 1858,
Marx esbozó casi en su totalidad la teoría del modo de producción capitalista. Escrita
esta obra, decidió presentar una primera parte de los resultados bajo el título Para la
crítica de la economía política, publicado en 1859. Hay un interesante manuscrito
preparatorio conocido como Urtext. La publicación, que contenía la exposición de
argumentos que después serían recuperados en los primeros tres capítulos de El Capital,
debería haber sido seguida por la exposición del “Capital en general”. En 1861, Marx
inició la redacción pero, junto con la exposición histórica de la teoría de la plusvalía,
comenzó una “digresión” de miles de páginas – las Teorías de la plusvalía -, seguida de
otras reflexiones solo de reciente publicación. En este gran manuscrito (1861/63), Marx
redacta por segunda vez la completa teoría del modo de producción capitalista, llegando
a concebir el proyecto definitivo de los tres libros en base al cual escribiría, entre 1863 y
1865, todo por tercera vez. [11]
En 1867 apareció la primera edición alemana de El Capital, de la que el autor se
mostró inmediatamente insatisfecho, de modo particular por la doble exposición de la
forma de valor, una en el texto y otra en el apéndice para “no dialécticos”. Así comenzó
una nueva y problemática historia, interna al libro I, única parte de la teoría
efectivamente publicada por Marx. Para la segunda edición alemana, aparecida en 1872,
fue redactado un manuscrito donde se elaboraron varias mejoras de gran importancia
publicadas por primera vez en la MEGA², sección II, vol. 6, bajo el título editorial de
Ergänzungen und Veränderungen zum ersten Band des Kapitals; [12] sirvió
separadamente de soporte para las correcciones aportadas a la segunda edición alemana
y a la edición francesa aparecida entre 1872 y 1875. Dado que la traducción francesa de
Roy, aprobada por Marx, fue considerada por los modernos exégetas como
absolutamente inadecuada, emergen ulteriores dificultades: Marx murió antes de dar a la
imprenta la tercera edición alemana de 1883, que salió a cargo de Engels y cuya
intervención fue parcialmente selectiva. La última versión enteramente marxiana es, por
tanto, una traducción francesa muy imperfecta. [14] El mismo primer libro, al haber
sido publicado en vida por su autor en varias versiones, no es “del todo definitivo”. [15]
Si una relativa incompletitud existe respecto del libro I, el discurso se vuelve
todavía más complejo para el II y sobre todo el III, que se hallaban en un estado de
elaboración muy deficitario. El Capital se quedó en un busto. [16] Para llevar a la
imprenta una obra completa, Engels debió inevitablemente añadir algo de su parte y,
entre limaduras, añadiduras y resistematizaciones, fue inevitablemente alterada. [17] Es
fundamentalmente incorrecta la idea de que exista una obra finalizada en tres volúmenes
titulada El Capital. Para el libro II, el “segundo violín” disponía de ocho manuscritos,
para el III, además del de 1863/65, tenía solo exposiciones parciales, pero nunca una
recuperación orgánica de la cuestión. Por supuesto, Marx había delineado la estructura
general a partir de 1863/65 y tenía mucho material preparatorio. Trabajó a intervalos en
el libro II en los periodos 1867/68, 1868/70 y 1877/81. Para el III tenía un manuscrito
principal redactado en 1864/65 y una posterior serie de reposiciones parciales escritas
hasta 1878. Faltaba algo más que algunos “acabados”. Así, según los materiales
recibidos, el orden de publicación de los tres libros “históricos” del Capital es inverso al
orden de elaboración.
Mirando hacia atrás podríamos individuar dos periodos del trabajo marxiano
sobre El Capital. El primer periodo es aquel que precede a 1857, en el que Marx se deja
la piel estudiando a los clásicos de la economía política, elaborando una noción
embrionaria de la dialéctica de fuerzas productivas y relaciones de producción,
criticando la falsa crítica (Proudhon) y tratando de explicar la realidad razonando sobre
aquello que se manifiesta en la superficie: la tempestad monetaria. El segundo periodo
se inicia en 1857 y es el de la construcción del modelo teórico del “capital”, que se
articula, a su vez, en cuatro fases cronológicamente sucesivas: los manuscritos de
1857/58, los manuscritos de 1861/63, los manuscritos de 1863/65, y el periodo que
inicia en 1867. Esta última fase se desarrolla en tres direcciones entretejidas:
publicación y reelaboración del libro I de El Capital (manuscrito Ergänzungen…, II ed.
alemana, ed. francesa, materiales para la III edición alemana y para la estadounidense
nunca realizada); manuscritos para el libro II; manuscritos para el libro III.
3. El capital, la dialéctica y Hegel
En la Introducción a Ripartire da Marx, como premisa general pero más
específica, buscaba aclarar el contexto en el que se coloca el análisis de la relación
Marx/Hegel. Sobre el contenido de la teoría del capital, a la luz del estudio filológico, se
puede sostener que consiste en un modelo lógico, a un alto nivel de abstracción, del
funcionamiento “histórico/natural” del modo de producción capitalista. No se trata de
una descripción del capitalismo del siglo XIX o simplemente de una teoría económica
en el sentido corriente; no es, tampoco, una filosofía de la historia en el peor sentido del
término, con el cual se designaría un curso “natural” de los eventos que culminarían en
una especie de paraíso terrestre. Marx busca, más bien, identificar las leyes de
movimiento de la formación económico-social capitalista en su conjunto, un modelo
unitario en el que se defina a la vez lo que significa sociedad, hombre, historia,
naturaleza, y así sucesivamente. Si tenemos fe en la constantemente repetida afirmación
del mismo Marx, el método adoptado en su teoría es el dialéctico. Y, por otra parte,
siempre a su modo de ver, Hegel es el autor que ha mostrado más adecuadamente las
leyes generales de la dialéctica, aunque las rodease de un envoltorio místico. Así se
presenta el problema de la lógica dialéctica de la teoría marxiana del capital, del
método.
Mucho se ha discutido sobre el argumento; vivo el mismo autor, se le elogiaba o
atacaba afirmando el mayor o menor rigor dialéctico. Tiempo después se debatió
largamente, y desde diversos puntos de vista, sobre la tentativa, de una parte, de
construir una filosofía materialista (materialismo dialéctico y materialismo histórico), y,
de la otra, de dilucidar la relación con Hegel, así como de mostrar el desarrollo interno
de la teoría de Marx y de su estructura (es célebre el problema de la contradicción,
verdadera o presunta, entre el I y el III libro de El Capital). Debido a que la cuestión del
método dialéctico no es divisible de aquella que hace referencia a la relación con Hegel
– por la forma misma en la que fue establecida por el autor –, resulta comprensible la
constante mención al filósofo de Stoccarda, en positivo y en negativo, y la separación de
diversas “escuelas” sobre este punto. Podemos afirmar que no hemos llegado a
conclusiones consensuadas, aunque sí se han desarrollado posiciones antitéticas en las
que el método marxiano ha sido a veces dialéctico/hegeliano, dialéctico/anti-hegeliano,
antidialéctico-antihegeliano/empirista, y se podría continuar. Además de insatisfacción,
tanta diversidad ha provocado una comprensible confusión. Desde este punto muerto, en
mi opinión, tan solo busco aclarar los términos del discurso, evitando así toda la serie de
malentendidos que, sin duda, han contribuido a la proliferación de posiciones tan
distantes.
A mi modo de ver, el punto crucial es que la ambigüedad no emerge tan solo del
modo en que se lee a Marx, sino que se origina en la manera en la que el mismo Marx
se relaciona con el problema del método (y con Hegel como autor de referencia). Las
perspectivas interpretativas surgidas gracias a la publicación de la nueva edición
histórico-crítica (MEGA²) abren nuevos horizontes (como mínimo por cuanto respecta a
la periodización, tal y como se ha visto). La existencia de una estratificación interna ha
sido definitivamente reconocida por lo que respecta a Hegel: se han identificado
sustancialmente dos lecturas, la primera, juvenil, directamente influenciada por la
izquierda hegeliana y el clima cultural de Vormäz; la segunda, aparecida en 1857,
periodo en el que Marx escribe el primer bosquejo general de la teoría del modo de
producción capitalista; Marx afirma que releer la Ciencia de la lógica le fue de gran
ayuda por cuanto respecta al método [cfr. Carta a Engels del 16 de enero 1857].
La primera lectura ha sido, a su vez, fuente de diversos enfoques. Quien ha
preferido subrayar la ruptura y la toma de distancia respecto de la filosofía idealista se
ha basado principalmente en la Crítica de la filosofía del estado de Hegel del ’43; Marx
ajustaría aquí definitivamente cuentas con Hegel y sucesivamente no cambiaría de
opinión (posición oficial en los países soviéticos, della Volpe y su escuela). [18] Según
otros, en realidad en este periodo (sobre todo en los Manuscritos económico-filosóficos
del ’44) Marx desarrollaría de modo innovador algunos elementos “idealistas” de Hegel,
transfigurándolos de forma nueva y progresiva sobre la base de la centralidad del
original concepto de “trabajo”. [19] Según otros, a su vez, este mismo posicionamiento,
a pesar de las correcciones, socavaría los fundamentos teóricos del periodo juvenil de
Marx, que seguiría siendo esencialmente idealista; fundamentos que serían
afortunadamente abandonados sucesivamente, tras la ruptura de La ideología alemana
con la antropología de Feuerbach; tras esta experiencia, Marx se alejaría de un enfoque
hegeliano para siempre. [20]
Sobre la base de los escritos juveniles se sostiene (i) la divergencia substancial
entre las dos filosofías (materialismo contra idealismo, inversión de sujeto y objeto), (ii)
la continuidad en positivo (Hegel corregido, es decir, dialéctica de
extrañación/alienación como momento de la teoría del trabajo), (iii) la continuidad en
negativo (este Hegel todavía permanece como “mal” idealista, posición superada con la
crítica de Feuerbach y abandono sucesivo del idealismo). Mucho ha pesado en la
discusión el juicio de Althusser, en base al cual el Marx joven sería filósofo (dialéctico
y hegeliano), mientras que el maduro sería científico porque abandona la filosofía (es
decir, a Hegel y a la dialéctica).
Quienes quisieron privilegiar la segunda lectura de 1857 quisieron subrayar la
continuidad principalmente en relación a la cuestión del método dialéctico, mostrando
en concreto como Marx, mayoritariamente en los Grundrisse, lo habría efectivamente
aplicado. Por supuesto, queda por explicar en estos enfoques la cuestión de la
diferenciación “materialista”, de la célebre “inversión”: incluso si en la teoría marxiana
fuese vigente el Übersichhinausgehen, queda por demostrar en qué se diferencia del
hegeliano. La llamada escuela logicista, vinculada a los nombres de Backhaus y
Reichelt, no me parece haber superado este punto, aunque aportó contribuciones
indispensables para la reconstrucción de la dialéctica del concepto de capital y de la
forma de valor. [21]
A la luz de tales premisas y con la especificación de estas, mi mencionado
estudio sobre el plano del trabajo se articulaba del modo siguiente: en primer lugar,
reconstruir la dialéctica del concepto de capital para comprender la estructura de la
teoría del modo de producción capitalista como premisa necesaria al análisis de la
relación Marx/Hegel o a cualquier discurso sobre el método dialéctico. Hecho esto,
queda, en primer lugar, evaluar la comprensión que Marx tenía de la filosofía hegeliana,
considerando particularmente la mediación operada en este sentido por las distintas
corrientes de la llamada izquierda hegeliana. En segundo lugar, se trata de ver en qué
medida esta comprensión efectivamente corresponda o no a la teoría hegeliana. En
tercer lugar, se puede evaluar que la relación exista entre las categorías dialécticas
usadas por Marx y aquellas hegelianas.
Cumplí, en el estudio mencionado, el paso preliminar, es decir, el estudio de la
“lógica peculiar del objeto peculiar” [22] capital, mostrando cómo la dialéctica interna
al concepto de mercancía es la que determina el desarrollo completo de la teoría, en
plena conformidad con el principio hegeliano de la Auslegung der Sache selbst: no es
una aplicación extrínseca de las categorías hegelianas, sino el desarrollo del contenido
y, por lo tanto, la consistencia de los principios de su enseñanza metódica. En este
sentido, me he dedicado a las otras dos cuestiones, profundizando en diversos aspectos
del detalle. Veamos ahora las partes y el tema.
4. Tesis y estructura del libro
En el análisis tradicional del método marxiano (definido por contraposición al de
Hegel), el límite de fondo creo que ha consistido en no ir más allá de la óptica
interpretativa de Marx. Intento decir que muchos de los exégetas que han lidiado con la
compleja cuestión no han avanzado más allá del punto de vista del Moro, no han creído
que debiesen discutir críticamente la comprensión que él tenía del problema. Así, su
interpretación de Hegel ha sido vinculante, se tomó por buena para siempre, sin sentir la
necesidad de probar su consistencia. Dado que Marx definió entonces su propio método
en contraposición al de Hegel, tal deficiencia ha pesado mucho sobre la reconstrucción
del método propiamente marxiano. En substancia, se puede por ello trazar como
hipótesis que la comprensión marxiana de Hegel, y los comentarios sobre su propio
método, se pierden en una mala interpretación de la filosofía de este último que
derivaba en Marx de su formación en la izquierda hegeliana. Para aclarar qué es el
“método materialista” de Marx son necesarios una serie de pasos que en el debate
tradicional se han resuelto solo parcialmente, nunca de modo orgánico ni satisfactorio (o
incluso explícito). Me esforzaré, en el primer capítulo, por reconstruir la comprensión
marxiana de Hegel en el desarrollo de su pensamiento y de valorar su consistencia.
Primeramente, resulta necesario:
1) Aclarar qué pretende Marx cuando habla de Hegel y del método dialéctico. Se
procederá a un análisis profundo que aclare qué cambia en su análisis de
madurez (tras 1857) respecto del juvenil;
2) Ver dónde se origina la interpretación marxiana de Hegel, sobre todo por cuando
respecta a las categorías centrales a las que de joven atribuía gran valor (es decir
Entäußerung y Entfremdung). Se indicará cómo el ambiente de la izquierda
hegeliana fue decisivo para filtrar estos conceptos y el modo de enfocar a Hegel
en general;
3) Mostrar cómo esta interpretación del joven Marx no encuentra confirmación en
los textos de Hegel, es decir que representa una distorsión substancial que, por
ciertos aspectos, pesará siempre en la comprensión marxiana del “maestro” y del
problema del método.
Esclarecidos los términos de la relación Marx/Hegel, en el segundo capítulo será
posible retomar una cuestión clásica – la teoría de la Alienación – y dar un juicio
más circunstancial: por una parte, reconstruir el papel categorial que esta opera en la
obra marxiana a lo largo de su desarrollo, por otra, tendré en cuenta algunos
aspectos del debate en torno a esta que se han desarrollado.
A la luz de estos resultados se podrá desarrollar alguna reflexión sobre la
presencia de la dialéctica en Marx y sobre la relación entre esta dialéctica y la
hegeliana, más allá de la impostación marxiana del problema.
Traducción para Marxismo Crítico de Cristina García
Fuente: [Link]
El libro se puede adquirir en: [Link]
[1] He analizado más profundamente la cuestión en Fineschi (2003), al cual me
remito.
[2] Cfr. Haupt (1978): 292 ss. Ver también Favili (1996), Corradi (2005).
[3] Para información detallada sobre la MEGA, ver Mazzone (2002a); esta es la
publicación en la que la edición y los temas relacionados con la MEGA se tratan
más profundamente. Para una panorámica de la situación internacional después del
“colapso” ver Hecker (1999), para otras actualizaciones ver Fineschi, Sylvers
(2003). Sobre la historia de la MEGA y de la edición de la obra de Marx y Engels
están apareciendo en alemán interesantes publicaciones, en la redacción de las
cuales se ha podido tener en cuenta también los nuevos materiales emergidos de los
archivos hasta ahora inaccesibles. Ver, en particular, los Sonderbände de los
“Beiträge zur Marx-Engels-Forschung. Neue Folge”. Por el momento, en Argument,
Berlín-Hamburgo, han aparecido 4 títulos: David Borjsovic Rjazanov und die erste
MEGA (1997), Erfolgreiche Kooperation: Das Frankfurt Institut für
Sozialforschung und das Moskauer Marx-Engels-Institut (1924-1928) (2000),
Stalinismus und das Ende der ersten Marx-Engels-Gesamtausgabe (1931-1941)
(2001) y Die Marx-Engels-Werkausgaben in der UsDDR und DDR (1945-1968)
(2006).
[4] Los estudios sobre el tema son numerosos, sistemáticos y de buen nivel; entre
ellos, mencionamos a Rosdolsky (1968), Vygodski (1967), Mandel (1967),
Tuchscheerer (1968), Müller (1978), W. Schwarz (1978).
[5] Con lo afirmado no pretendo tomar posición a favor de la célebre “ruptura
epistemológica” de Althusser, del cual me separan diversos elementos, ya sea en el
modo de leer Hegel o en el de interpretar la continuidad/discontinuidad entre obras
juveniles y de madurez. Lo que me parece indudablemente justo es definir como
“obras de la madurez” aquellas posteriores a 1857 [cfr. Althusser (1967): 14 ss.].
[6] Golovina (1979): 260 ss. Recientemente ha aparecido el primer número de la
nueva revista oficial de la MEGA – el “Marx-Engels-Jahrbuch” 2004, Berlín 2005,
que sustituirá la cerrada “MEGA-Studien” – dedicada completamente a la labor
preparatoria del MEGA-Band que contendrá La ideología alemana. Estos temas
serán retomados.
[7] Tuchscheerer (1968): 194 s.; citación interna de La ideología alemana. Sobre
esta posición convienen otros estudiosos: Jahn, Nietzold (1978): 149 ss. E Jahn,
Noske (1979): 21 s.
[8] Ver el mismo Tuchscheerer (1968): 222 ss., 283 ss., y otras fundamentales
contribuciones de Vygodski (1967), (1976), así como toda la discusión sobre los
cuadernos londinenses del periodo 1850-3: Müller (1978), Antonowa (1986) y Jahn,
Noske (1979), Id. (1983).
[9] Sobre los límites de tales interpretaciones y sobre La ideología alemana en
particular, ver Cazzaniga (1981): 33 ss., 51 ss. Considerado de poca importancia por
los filólogos, Trabajo asalariado y capital; sobre este punto ver al detalle Vygodski
(1983). Por lo que respecta al Manifiesto comunista, creo que la importancia
filosófica y científica de este texto está sobrevalorada, porque a menudo se olvida
que esto es un manifiesto político. Comparto en substancia el juicio que dio A.
Labriola en esta nota: “Pero el escrito que fue el Manifiesto…fue un sedimento de
pensamientos varios reducidos por primera vez a la unidad intuitiva de un
sistema…pero no fue, ni pretendió ser, ni el códice del socialismo, ni el catecismo
del comunismo crítico, ni el vademecum de la revolución proletaria…El comunismo
crítico, en realidad, comenzó apenas con el Manifiesto; debía desarrollarse, y de
hecho se ha desarrollado…La totalidad de la doctrina que ahora es sólida y se llama
Marxismo no llegó a la madurez sino en los años ’60 y ‘70” [Labriola (1977): 31 s.].
[10] No son muchos los estudios dedicados al tema. Podemos consultar el n. 8 y 9
de “Arbeitsblätter zur Marx-Engels-Forschung” (Halle, 1979) y las contribuciones
de B. Arhold, H. Christ, R. Heliborn, K. Stude, M. Zimmermann. Los temas son
retomados posteriormente en estudios de carácter general, entre los que se hallan W.
Jahn y D. Noske en “Marx-Engels-Jahrbuch” (vieja serie) n. 6.
[11] Sobre la desaparición de la categoría de “capital en general” en los siguientes
borradores se ha discutido mucho. Además del citado Vygodski, véanse las
importantes reflexiones de M. Müller (1978) y W. Scwharz (1978). Véase también
Fineschi (2001): 187 ss.
[12] En breves aparecerá una traducción italiana en la Ciudad del Sol de Nápoles, en
anexo a una nueva edición del libro I de El Capital. En esta edición, con el apoyo
del Instituto Italiano para los Estudios Filosóficos y el consenso de los Editori
Riuniti, será retomada la publicación de las Obras Completas de Marx y Engels de
las cuales dicho volumen formará parte.
[13] Sobre la mala calidad de la traducción francesa existe ahora una cierta
convergencia entre varios estudiosos. Véanse los comentarios de D’Hondt, (1978):
50 (trad. RF): “Este libro ha sido traducido, en vida de Marx, por Joseph Roy; esta
traducción es palpablemente con lagunas, arbitraria, constantemente y
profundamente errónea…Si se compara la traducción de Joseph Roy y la segunda
edición alemana del Capital…se ve que sería grotesco tomar en serio la satisfacción
de Marx…”; además de la introducción de Jean-Pierre Lefebvre a la nueva
traducción francesa del Capital [Lefebvre (1993): VII-LI]. Considerándola mejor en
relación al tratamiento de la acumulación, sobre todo, Marx y Engels la
consideraron una óptima edición como traducción. Esto es lo que surgió del debate
entre los editores de las diversas ediciones del libro I del Capital en la MEGA
durante los años ochenta; ver en particular Hecker, Hues, Kopf (1989). A modo de
ejemplo de tal insuficiencia, basado en el compendio del Capital de Cafiero que se
basaba en la edición francesa, ver Fineschi, Hecker (2002): 121 ss.
[14] Engels editó después la edición inglesa (republicada en MEGA² sección II, vol.
9) y la cuarta alemana (MEGA² sección II, vol. 10). Sobre la historia interna de las
diversas ediciones del libro I, ver, entre muchos, los sabios Hecker (1987): 147 ss. Y
Jungnickel (1988).
[15] Esto sigue causando incongruencias un poco ridículas, por lo que los lectores
de lengua francesa e inglesa tienen un índice distinto de los alemanes (y de todos
aquellos que tienen traducciones del alemán, donde el texto estándar es la cuarta
edición alemana engelsiana de 1890). Hablando del “V capítulo”, por ejemplo, no se
entienden las mismas cosas. La última edición francesa, a cargo de Lefevre, basada
en la cuarta edición alemana y no en la de Roy, al menos en este aspecto ha resuelto
el problema.
[16] Según R. Hecker “de una detallada comparación textual de la versión impresa
con el manuscrito marxiano emerge un entero catálogo de intervenciones de Engels,
entre las cuales: intervenciones en el orden del texto, reconsideración del “peso” de
algunos pasajes, por ejemplo, conversión de notas al pie en texto normal, adjuntos,
historizaciones, omisiones, cancelaciones y limaduras, como por ejemplo la creación
de párrafos, expresiones retóricas, adjuntos relativos y, en fin, correcciones de
contenido, terminológico y estilístico. Este examen también ha mostrado la
existencia de una amplia serie de modificaciones textuales, resultando ser mucho
mayores que aquellas que ya se conocían en precedentes publicaciones” [Hecker
(2002): 65].
[17] Con esto no se pretende, de ningún modo, cargar a Engels con una cruz, como
el fantasmático inventor del marxismo vs el Marx “puro”. Se afirma simplemente
que cualquiera que pretendiese meter sus manos en aquellos manuscritos para
publicarlos hubiese debido “terminarlos” de algún modo. Hoy, podemos leer los
originales y valorar, de una parte, la labor de Marx y, de otra, la de Engels.
[18] Cfr. Della Volpe (1969); ver también el debate reconstruido en Fineschi
(2002b): 93 ss.
[19] Ver Mészáros (1970). Para una interpretación de corte existencialista, ver
Hyppolite (1963). El concepto de trabajo conectado con el de Alienación es central
también en la interpretación de Lukács (1975).
[20] Es la conocida tesis de Althusser (1967).
[21] Cfr. Reichelt (1970) y Backhaus (1997). Para una reconstrucción un poco más
profunda, desde otras posiciones, ver Heinrich (1999): 163 ss. En varios juicios
formulados por Heinrich en respuesta a las (presuntas, a mi parecer) aporías
marxianas, sobre todo relativas al valor y al trabajo abstracto, discrepo más o menos
radicalmente. Estas posiciones, sin embargo, obtuvieron cierto seguimiento,
incluyendo al mismo Reichelt, que ha terminado aceptando algunas de las más
substanciales; él trató de superar algunas aporías con una teoría de la “Geltung” de
la que se discute todavía en Alemania. Cfr. Reichelt (2002).
[22] Es esta la célebre expresión usada por Marx en el manuscrito sobre la crítica de
la filosofía hegeliana del derecho de 1843, sobre la que se volverá enseguida.
Prefiero equiparar “eigentümlich” a “peculiar” que a “específico” porque, en primer
lugar, es mejor como traducción (“específico” por lo general se traduce como
“spezifisch”), pero también porque el término retorna a menudo en Marx, por
ejemplo en el célebre pasaje del I capítulo de El Capital a propósito de la
“peculiaridad” de la forma de equivalente.