Las Ranas de Porcelana
Las Ranas de Porcelana
DE P RCELANA :::
Apudopodaï Potoruto
Luna Planetaria / Luna Magnética
LAS RANAS DE PORCELANA
Corrección: Medusa
Diseño: Chimoltrufia
Copyleft: Se permite la distribución total o parcial de la obra, siempre que no sea con
fines lucrativos. Cualquier parte de la novela –incluido el diseño de la portada- puede ser
reproducida, intervenida, teatralizada, traducida a cualquier idioma, transmitida bien sea
por medios eléctricos, químicos, mediumnímicos, mecánicos, ópticos, de grabación o
fotocopia.
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DEDICATORIA
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ÍNDICE
PREFACIO
Dr. Fedor Linaza
Génesis
Intermezzo
Apocalipsis
EPÍSTOLA PRIMERA
ABUNDANTE VITA
Falolenguaje criollo
EPÍSTOLA SEGUNDA
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EL CINTURÓN
Introducción
Acto I
Acto II
1.- Prensa
2.- Escuela
3.- TV
4.- Familia
5.- Trabajo
6.- Estado
7.- Ley
De los antecedentes
De la literatura
De la poesía
De las tecnologías
EPÍSTOLA TERCERA
MAYO FRANCÉS
Mama Quilla
Tata Inti
Pachakuti
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EL PERIODISMO COMO TEATRO DE LA CRUELDAD
MEDITACIÓN POST-SINDICALISTA
EPÍLOGO
Aurelio Díaz Tepankalli
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DATOS BIOGRÁFICOS DEL AUTOR
Una vez finalizada la educación media en el año 2000, empieza la carrera Comunicación
Social en la Universidad Católica Santa Rosa. Mientras cumple con su agenda académica,
participa como locutor/productor en el programa de música electrónica Poder Sónico, junto
a DJ Neutrino, trasmitido por la Radio Alternativa de Caracas 94.9 FM (2001).
Al año siguiente, la profesora Fanny Ramírez Guerrero introduce la electiva Fanzines (del
inglés fanatic, “aficionado” y magazine, “revista”), donde conoce las múltiples
posibilidades creativas de las publicaciones alternativas, además de cofundar como parte de
la cátedra el impreso En el medio.
Aparte de su militancia anarquista, se reúne con círculos artísticos diversos, entre éstos la
Comuna Poética. Paralelamente, colabora en las publicaciones universitarias In Media Res,
De tú a tú y Letras, y más tarde entra como redactor de crónicas urbanas en el semanario
CCS (2004-2005). En este último año, se verá sumergido en una exploración laboral
atropellada: reportero de comunidad en el vespertino Tal Cual, prensa interna del Instituto
de Patrimonio Cultural y periodista de cultura en Telesur Noticias.
A principios de 2006 obtiene la licenciatura, pero sin hallarse en la profesión que estudió
decide internarse en La Joya, un valle situado en las afueras de Mérida. Sin abandonar la
escritura, en aquel lugar aprende las bondades de la artesanía, el nomadismo, la música, el
clown, el vegetarianismo y la ecología.
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PREFACIO
Génesis
Si bien la existencia es un todo unido y cambiante, pareciera que los humanos
estuviesen divididos entre los creadores (biófilos) y los autodestructores (panclastas). Los
primeros son conciencia, potencialidad pura y vida sin límites; los segundos, fantoches del
egoísmo, seres cargados de una polución psicoemocional que los convierte a la postre en
promotores de la enfermedad.
Las desproporciones en salud y calidad de vida traen consigo consecuencias
devastadoras y, en cierta medida, son la piedra angular de la llamada “crisis global”. En
efecto, el panorama actual del planeta resulta harto desolador: cada año se destruyen once
millones de hectáreas de bosques y se extinguen más de mil especies de animales y plantas;
y mientras anualmente setecientos mil millones de dólares son destinados a asuntos de
guerra, cada año quince millones de personas mueren debido a infecciones y malnutrición.
Por una parte, un cuarto de la población –a escala planetaria- consume tres cuartas
partes de la energía primaria del mundo; por otra, mil setecientos millones de personas
carecen de acceso a agua potable y mil doscientos millones carecen de condiciones
sanitarias apropiadas. Y si llevamos la problemática a contrarreloj, obtendremos que cada
minuto treinta niños mueren por falta de alimento y debido a la administración de vacunas
de mala calidad, aunque irracionalmente cada minuto un millón trescientos mil dólares de
los fondos públicos se invierten en el presupuesto militar mundial.
En la actualidad, algunos científicos pronostican que una secuela de los
experimentos gubernamentales con armas atómicas, aunado a la generación desmedida de
dióxido de carbono, es que durante el verano de 2060 se derretirán por completo ambos
polos de la Tierra.
No obstante, las estadísticas brindan apenas un ángulo del escenario: detrás de toda
desventura está el milagro de la esperanza. Por eso, antes que sea tarde, beberemos el elixir
de la conciencia para sintonizarnos con el Cristo Cósmico.
Podría decirse que en un pasado las aguas fueron contaminadas por desechos
industriales, nitratos de fertilizantes, pesticidas, lluvia ácida y basura. Pero en un futuro
serán purificadas a través del Agua Diamante (agua mineral codificada con el tubo ADN
850) y las personas emplearán la hidroterapia y la urinoterapia como medicinas de
cabecera, además de las Plantas Sagradas de Poder.
Tiempo atrás la siembra de monocultivos explotó los suelos con fitofármacos,
herbicidas, nubes tóxicas y manipulaciones transgénicas, tanto como para que las áreas
desérticas crecieran a ciento veinte millones de hectáreas. En contraste, las ecoaldeas
abrirán el espectro de los huertos comunales bajo los principios de la permacultura
(esencialmente la multiplicidad de plantación), practicando la fitoterapia y enriqueciendo la
tierra con nitrógenos verdes y la humificación sistemática de materia orgánica. Y a objeto
de restablecer el daño que la humanidad ha hecho a Pachamama, cada individuo sembrará
diez árboles para su consumo personal de oxígeno.
¡Un saludo cordial a www.colombiaenhechos.org!
Ocurrió que los jóvenes dañaron sus cerebros con el consumo descontrolado de
drogas; la gente sufrió masivamente de estrés; el exceso de grasa y azúcar y la ingesta de
alimentos con hormonas produjeron sobrepeso, hipertensión y problemas cardiacos…
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Al cabo de un par de décadas los padres enseñarán a sus hijos a concienciar su
propia salud, vivir en el presente y alimentarse con comida nutritiva. Simultáneamente, los
estudios transpersonales –lo que Conny Méndez llama “medicina alópata/psicóloga”-
demostrarán que un malestar mentalmente activo o físicamente manifestado envuelve la
periferia de un núcleo constantemente saludable, un núcleo sagrado que desempeña su
normal funcionamiento psicofísico cuando retoma su misión de vida.
Intermezzo
En este caso, mi misión es prologar la presente obra.
Kierkegaard decía que escribir un prólogo es como afilar la hoz, afinar la guitarra,
hablarle a un niño o escupir por la ventana. Entonces, en la medida de lo posible, sacaré filo
sin acuchillar a nadie, tañeré sin desentonar, seré ilustrativo y, al mismo tiempo, no
salpicaré mi saliva.
Prometer sobre una novela es, no obstante, como cacarear y no poner huevos (“En
el mundo de lo realmente invertido, lo verdadero es un momento de lo falso” –Guy
Debord). En consecuencia, para evitar tanto demandas como expectativas, me localizaré en
mi prologante cometido desde lo estrictamente vivencial.
Ingresé a un seminario jesuita a finales de los años 70, en las afueras del distrito.
Luego de graduarme en Teología, obtuve un magíster en Filosofía y desde entonces he sido
profesor de la Universidad Central de Mindana, en cátedras tales como Hermenéutica,
Cosmología Arcaica y Antropología Filosófica.
Mis alumnos me reconocen debido a la fórmula de enseñanza poco ortodoxa que
aplico en clase, asentada básicamente en la diversión del estudiantado. Aunque no me
cuelgo en la lámpara del auditorio como solía hacer un profesor situcionista, durante mis
lecciones es factible apagar las luces y especular entre velas sobre el miedo a la muerte;
tomar una botella de vino y discutir beodos leyendas de visigodos; o aprender a expresar
ideas en verso libre, entre cientos de variantes. Nunca he sido partidario de calificaciones,
exámenes o exposiciones, por tanto ¿qué cualidad puede cuantificarse? Eso sería tan
incongruente como ponerle una tarifa al diezmo.
El año pasado tuve el privilegio de impartir cátedra a un estudiante llamado
Heinrich Luis. A causa de sus ventas de artesanía en uno de los ingresos del recinto
académico, parte del cuerpo estudiantil lo conocía antes de incorporarse a la Facultad de
Filosofía.
Artífice de la calle, virtuoso del ganchillo y el macramé, cuando Heinrich estuvo
conmigo en Hermenéutica abrigaba un sentimiento de confusión moral, a pesar de su aguda
penetración mental y amplio bagaje de reflexión. Se sentaba en el pupitre y su mirada
extraviada, en ocasiones, me dejaba en ascuas.
Un día mientras comíamos juntos en el cafetín le pregunté cuál era el motivo de su
desaliento, haciéndole saber que a pesar de su inteligencia no participaba en clase.
“Profesor –me confesó-, soy víctima del dilema. Un artesano no trabaja para un jefe, pero
pertenezco a un sindicato cuya razón de ser es luchar contra la patronal. ¿Cómo estrechar la
capacidad con la ética?” Y de esta forma, conversando, me enteré de que Heinrich era
además diseñador gráfico autodidacta y, como parte de una militancia desinteresada, estaba
encargado de la propaganda de la Confederación Libertaria de Trabajadores.
Entonces le respondí que sus capacidades eran innatas, y que la ética variaba de
acuerdo al lente de la cosmovisión, sin olvidar que existen valores universales como la
fraternidad, la paz o el respeto. Según Charles Chaplin, le decía, la vida desde cerca es una
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tragedia, pero al darle una ojeada desde lejos resulta una comedia; y concluí
recomendándole que ni se acercara ni se alejara, porque la vida tiene un poco de ambas: su
naturaleza es tragicómica.
Luego de entablar esta conversación, percibí como si algo renaciera dentro de él. Al
parecer, su vida empezó a marchar mejor. En relación a su anterior aspecto, parecía otra
persona, plena de vigor. Y entre pasillos, me dijo secretamente que se había mudado con su
pareja a un “lugar mágico”, donde escribiría una novela que tenía en mente.
Finalizó el semestre y no restablecí comunicación con Heinrich sino un par de años
después, cuando entró a clases de verano. Al vernos, él ya era un hombre maduro con la
vista en el horizonte. A leguas se distinguía como una persona que había dado la vuelta la
tortilla, abandonando el dilema en pos de la decisión.
Me dijo que seguía trabajando en lo que denominada “arte/sano”, mientras que su
novia hacía de camarera en una cafetería… De súbito, recordé cuán decidido estaba de
llevar a cabo la propuesta literaria que tiempo atrás me había comentado, de modo que le
pedí me diera noticias al respecto.
“¡Está terminada, profesor! –me anunció contento- Es todo un coito retórico, sólo
que usted podría redactarle un introito pletórico”. Reí, contento por los efectos de la poesía
en mis alumnos. A continuación, le dije que aceptaba su proposición si lograba encantarme
con un cuadro seductor de su fruto novelesco, lo que en términos de mercadeo se conoce
como “vender el producto”.
Heinrich comentó en seguida: “Ramakrishma afirmó que todas las religiones
conducen a la conciencia universal. Por su parte, Krishnamurti creía que adorar un árbol
específico es como negar el bosque entero. Mi novela oscila entre ambas visiones, se
sumerge en el mysterium tremendum de la vida aunque más emboscada que el mismísimo
Ernst Jünger. Se trata, en fin, de una política onírica contra el consumismo, de una
fenomenología iconoclasta basada en el absurdo”.
La respuesta me agradó por su extravagancia y al instante me dio una copia para
leerla en casa. Llevaba por título Las ranas de porcelana, pero una semana después,
asimilada de pies a cabeza, supe que se trataba de algo más que anfibios y barro horneado a
cientos de grados centígrados: una suerte de memorias que, combinando el humor negro
con la magia blanca, recrea un ambiente de inquietudes espirituales, enredos filosóficos y
sindicalismo místico. Un revoltijo que trascurre en medio de una relación afectiva que me
permitió comprobar una máxima vital de Charles Baudelaire: “En el amor, como en la
literatura, las simpatías son involuntarias”.
Cartas apasionadas, artículos de prensa y la compilación de manifiestos
pertenecientes a grupos artísticos radicales, desarrollan un relato donde lo biográfico y lo
histórico, lo supraconciente y el inframundo, lo divino y lo humano se entrecruza y
superpone hasta formar un collage psicodélico.
“Vivimos en un mundo de simulación –acota Jean Baudrillard en su ensayo Ilusión
y Desilusión Estética-, en un mundo en el que la más alta función del signo es hacer que
desaparezca la realidad y a la vez esconder esta desaparición”.
De este modo, el filósofo francés denunciaba cómo a través de imágenes religiosas
se ha escondido la verdadera religiosidad. En última instancia, escribir es el arte de tejer
realidades, y como Oliverio Girondo asegura: “Aunque ellos mismos lo ignoren, ningún
creador escribe para los otros, ni para sí mismo, ni mucho menos, para satisfacer un anhelo
de creación, sino porque no puede dejar de escribir”.
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Apocalipsis
A comienzos del siglo XXI, Mindana gestó paulatinamente un ambiente político
saturado de dimes y diretes, corrupción dentro los entes burocráticos, diatribas
oposicionistas insustanciales, estrategias inciertas y falsas promesas de parte del gobierno,
además de varias confrontaciones armadas.
Gracias a Dios, no todos estaban contaminados por las continuas pugnas de poder
(porque en definitiva se trataba más de un montaje mediático que de un conflicto societario
real). Bajo esta situación emergió un nuevo ciudadano, suficientemente preparado para
deslastrarse de los condicionamientos que le fueron impuestos y asumir responsabilidad en
tanto seres concientes.
En las entrañas de su privilegiada tierra, Mindana acogía un sinnúmero de mujeres y
hombres libres que llevaban la paz a cada aspecto de su vida, logrando un vínculo armónico
con la naturaleza. Más que una revolución, se produjo un salto cuántico en las relaciones
personales. Más que una dependencia pueril o una esquizoide independencia, se alcanzó un
equilibrio interdependiente.
La tecnología ya no era un fin en sí mismo, sino un impulso de la inteligencia en
pos de una vida saludable, de modo que la ciencia (sabiduría divina) y la fe (amor divino)
se dieron un abrazo y, plenas de luz, celebraron una fiesta metafísica. Porque si bien es
cierto que Gabriela Mahuampy Haddad –quien padeció de sordera durante 23 años- gracias
a un microprocesador de sonido biónico pudo escuchar las gotas de agua, los grillos y los
pájaros; no menos cierto es que San Judas Tadeo salvó a Heinrich cuando, embestido por
un maleficio, pretendió amputarse el prepucio con un hacha.
Puesto que el universo no tiene líneas divisorias pero la mente humana sí, los
colegios adoptaron la meditación en su sistema de enseñanza: respiración holotrópica,
clarividencia, clariaudiencia, alquimia, telepatía y sueños lúcidos eran, entre otras,
asignaturas destacadas. Los niños, asimismo, impartían clase a los adultos para enseñarlos a
jugar y devolverles la inocencia.
¿William Blake apuntó que los lupanares se construyen con ladrillos de religión?
Pues bien, en Mindana las fuerzas interiores estaban de pronto en justa proporción con las
fuerzas exteriores, esto es, que no se reconocía otra hermandad que la humanidad, ni otra
paternidad que la de Jah. Las religiones empezaban a interactuar entre sí, apartando viejos
altercados y explorando lo mejor de cada una con el propósito de fundirse místicamente en
el amor incondicional.
El ateo –que Aurobindo personificó como “Dios jugando a las escondidas consigo
mismo”- comprendió que no está separado de la existencia, que el microcosmos y el
macrocosmos son uno indivisible.
Por lo tanto, el dogma fue depuesto y reemplazado por la imaginación.
¿Y no fue también Blake quien dijo que las prisiones se construyen con piedras de
ley? En Mindana los diputados consideraron incompatible una serie de normas racionales
con las inclinaciones naturales de la vida: asumieron que ésta es en principio instinto y
sentimiento, revocaron la legislación estatal y dirimieron. No obstante, su vocación de
servicio era tan grande que la anterior verborrea se transformó en una oración sincera, en un
canto del corazón [“¡antes legisladores, ahora poetas!”]. Entre todos convirtieron en una
escuela de circo el Parlamento de Mindana, donde colocaron en la entrada principal una
inscripción a base de hierro y cobre con la frase del apóstol San Juan: “El amor es el
cumplimiento de la ley”.
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La afirmación del Espíritu Santo –la energía que no puede ser creada ni destruida-
es la desaparición de cualquier prisión.
La comunicación, que antes estaba sujeta a la “libre expresión” pero en el fondo
negaba cualquier propuesta realmente creativa, dio paso a una expresión libre que afirmaba
la creación como despliegue de los sentidos. Surgió de esta manera un lenguaje bello y
poético, donde las palabras (esperma) y los oídos (vagina) danzaban eróticamente en
comunión.
Los arquitectos, una vez estudiaron al dedillo el origen del sufrimiento, iniciaron un
modelo innovador en la construcción de viviendas: casas con soporte rodante. Despegadas
de la tierra y debido a su estructura movible, permitían viajes sin fronteras y a la vez
imposibilitaban cualquier aspiración de propiedad. Esto generó en la población, por ende,
un fenómeno bastante curioso: en vista de que un vecino podía estar hoy pero mañana no,
las personas comenzaron a vivir cada momento como si fuese el último, con pasión
desbordante; ligeros como el agua pero ardientes como el fuego.
Salvo en determinados casos metereológicos, no era extraño estar desnudo, sino
vestido. Así los militares, desprovistos de ropa, comprendieron el disparate de la guerra, y
el afán de invadir/ser invadidos se desdibujó de sus mentes hasta trazar nada más que
música y color. Los tanques, metralletas y demás armas –destinados en un principio a matar
sin compasión- fueron derretidos en fuego y moldeados artísticamente en forma de pipas,
estatuas y techos hermosos.
Fin de los imperialismos.
La posterior conmoción de la opinión pública no cabe ignorarla. Jugó un papel
retrógrado e influyente, aunque es un hecho notorio que la historia se basa más en
apariencias que en elementos reales. Verbigracia, un periódico suele deciros quién murió
ayer, pero no qué semilla es adecuada para sembrar mañana.
En otras palabras, la ictericia del amarillismo ha mantenido estancada la
información, pero ésta conserva todavía un rasgo positivo: puede ser útil. Y de acuerdo a
dos grandes maestros: “Verdad es todo aquello que es útil” (Buda) y “La verdad os hará
libres” (Jesús).
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“Los azulejos los veo de lejos, y al gringo se la voy a cobrar”
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El cangrejo se posa sobre las hojas.
Su sombrero, grotesco, le sigue.
¡Cómetelos a ambos! Lo insensible es ilógico,
y lo lógico, indeseable.
Comuna Poética
***
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Tú dices que no me quieres porque soy un anarquista,
tú dices que no me quieres porque soy un anarquista,
¿Por qué si yo a ti te quieroo......... aunque marxista?
¿Por qué si yo a ti te quieroo......... aunque marxista?
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condiciones laborales. Estamos viviendo un momento clave… Mientras la organización
empresarial se mantiene obsesionada por incrementar desmesuradamente sus ingresos
económicos, ha dejado al margen su servicio público. Por eso debemos decidir si queremos
sus empleos a destajo y subcontrataciones, y resignarnos a ello; o si queremos tomar
acciones concretas, como ocupar los medios de producción –finalizó Sebastián, seguido de
un aplauso masivo, silbidos, agitación.
Heinrich estaba allí, atento, cuando de pronto un par de manos cubrieron sus ojos.
En un primer momento sorprendido, se meneó para zafarse, pero rápidamente supuso de
qué se trataba. Entonces acarició las manos con delicadeza como si quisiese encontrar
códigos en la piel, y tras unos segundos de tacto cósmico obtuvo la esencia de su perfume
adorado (una mezcla de durazno y jazmín). Dando traspiés, caminó con el extravío de su
ceguera provocada por entre las personas que disfrutaban del concierto.
Todo esto fue cuidadosamente observado por Erick. Para él, ese tipo de juegos eran
obstinadamente cursis. Decía que si Bernandin Saint-Pierre hubiese utilizado como ejemplo
tal aventura amorosa para escribir Pablo y Virginia, el curso de la literatura francesa
hubiese sido distinto. Exageraba, pero pensaba que el comentario era estupendo.
Suavemente, Heinrich apartó los dedos de sus ojos y se volteó: allí estaba Claudia,
imponente como una montaña. Resaltaba su nariz mediterránea. Sus cabellos, castaños
como la ayahuasca, sucumbían hasta su cuello mineral. Entonces la abrazó y, siguiendo un
impulso intuitivo, la besó. Le gustaba sentir la comisura de sus labios, tan suaves como un
higo maduro.
-Eres una corresponsal de luz –aseguró Heinrich, seducido.
Claudia acercó su boca hasta la oreja de su compañero, y le susurró tiernamente:
-Si yo te prodigo atenciones y cuidados, es porque te quiero, es porque encuentro en
ti el alimento de mi corazón, la satisfacción de mi deseo... Si te amo, no es por amor a un
ser superior de quien seas la encarnación consagrada, no es porque vea en ti un fantasma y
adivine un espíritu... Te amo por el goce; es a ti a quien amo porque tu esencia no es nada
superior, no es ni más elevado ni más general que tú... Es única como tú mismo, es tú
mismo.
Heinrich creía que lo más rescatable del anarquismo de Stirner era ese fragmento
que a Claudia tanto le encantaba recitar y que, para su dicha, siempre lo pronunciaba con
aquella hermosa voz de sílfide.
Heinrich y Claudia se contemplaban.
Él ya tendría tiempo para preguntarle cosas importantes pero de segundo orden,
como si los denuedos eran sabrosos o si el Chómpiras había comido hoy. Ella, por su parte,
sólo recordaba con efusión ciertos pasajes de aquella carta (enviada dentro de un cofre lleno
de chocolates) por la que se enamoró de su corsario.
Por ahora, se contemplaban. Amorosamente, se contemplaban.
***
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EPÍSTOLA PRIMERA
Querida Claudia,
Estoy en algún rincón de la Tierra, entre aires húmedos y salinos, yendo de ciudades
portuarias a sociedades secretas legisladas por la libertad. El viento de estos mares golpea
violentamente mi vela, y mi viaje en la barca se ha vuelto azaroso. Me es difícil escribirte
aquí, pues me hallo en una proa que danza al ritmo de olas inquietas. Mis pretensiones de
poeta se ven apagadas -¡más todavía!- por mi pluma, que tiembla ante la bruma de las
hojas. Además, debes tener en cuenta que las musas murmuran sus cantos con una voz tan
tenue que apenas puedo escucharlas. Y por si fuera poco, cerca de mí hay unos cuantos
piratas que parlotean continuamente de aventuras navales, sujetando en sus bocas
humeantes cachimbas. Es un escenario enredado, aunque ello no me quita el hado para
escribirte un par de líneas.
¿Qué atracción exquisita es ésta que me ahoga? ¿Por qué soy tan vulnerable a esos
encantos que guardas fielmente dentro de ti como la niña que almacena sus sueños en un
cofre? ¿Es que acaso existe una receta, un libro o un brebaje que me ayude a recobrar el
juicio? No, no importa. Prefiero escandalizarte confesándote mi real naturaleza: soy un
demente, pero sin mente. Soy un loco que ha hecho añicos su camisa de fuerza y voy
corriendo por los jardines del manicomio gritando tu nombre con canto de primavera,
inventándome nuevos placeres, evocando tu contorno mujeril en el color y la lluvia.
¿Crees que fue fácil para mí descubrir tu condición de ninfa? Después de haber
sentido tus labios, yo vi floripondios rojos y blancos; vi un arco iris en forma de Supremo y
viceversa, y oí entre el burbujeo sonoro de la linfa una risa armoniosa, que me encendía la
sangre. La única diferencia entre Rubén Darío y este plagiador que ahora escribe, es que él
vio una ninfa mientras tomaba ajenjo y disertaba sobre la pintura francesa; mientras que yo,
aunque tomé bebidas de baja estofa, estuve frente a una más grande y más hermosa: una
bella escultura hace tiempo perdida de los Campos Elíseos; un destello de sonrisas, anhelos
y asombros…
No hay nada que entender. A veces el entendimiento no nos permite sentir.
Shhhh. Silencio. Los piratas se acercan. Llevan barbas largas que se me antojan
aposentos de ácaros y arañas mal vestidas. Me dicen que han encontrado un tesoro, y lo
comparten conmigo. Chocolates, muchos chocolates. Mmmmmm. Es el mejor botín de este
mes. Aquí te mando unos cuantos para crear felicidad y gozo, así que tú también comparte
el botín con otros.
¡Felicidad y gozo para todos!
Éste es el mar, éste es el navío. He aquí, bajo celestes auroras, mi soledad: lúdica y
menesterosa. Y es que tan sólo ansío construir una barca –¿me puedes ayudar?- con
madera o ágata o retazos de fantasía, levantar las velas y emprender un viaje de dulzura
eterna. Mi único aval es la fuerza de mis sentimientos, pues no existen leyes que restrinjan
la pasión de los amantes de ninfas. De hoy en adelante me declaro libre y artesano de
sueños. En fin, soy un misterio queriendo compartir con otro misterio.
Seguramente me contraríen las pitonisas con sus consejos astrales, o una
psicoanalista intentará lanzarme amenazas freudianas por el resto de mi vida. Me arriesgo.
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“Suelta esas hojas, serafín imberbe... Los poetas dicen tantas verdades que terminan
por decir nada más que mentiras. ¡Venga! Deja de escribir y come chocolates”, me dice el
pirata más viejo en un lento acento virulento sin talento.
Ahora simulo no estar escribiendo para concentrarme en esta carta, pero se acercan
a mí y el capitán comienza a hablar sobre mitología griega. Claudia, ¿cómo se atreve a
interrumpir mi quehacer poético de este modo, con sus babosadas helénicas? ¡Bah! No me
queda más remedio que escucharle –no quería confesarlo, pero la cultura griega no es mi
fuerte.
Entonces me habla de la lucha de los titanes, que si los dioses del Olimpo dijeron
XYZ y, repentinamente, un pirata aborda en la conversación a Prometeo, quien robó el
fuego a Zeus para dárselo a los humanos –con el fuego podemos calentarnos en invierno,
cocer el pescado, iluminarnos de noche, etc.-. Otro dice que Prometeo era un piromaniaco y
como castigo tuvo que comprar yesqueros por el resto de su vida...
La conversación se tornó un tanto aburrida, sinceramente.
Pero uno de los tripulantes me comenta acerca del hermano de Prometeo, quien
tenía una preciosa esposa: Pandora, la primera mujer del mundo. Creo entender que Zeus le
regaló una caja. Prometeo le sugirió que no la abriese, pero ella no le hizo caso y al abrirla
salieron todos los males del mundo.
Viendo aquello, Pandora cerró la caja, y lo único que quedó dentro fue la esperanza.
Mi corazón está lleno de esperanza: cuando dos libertades se unen pueden vivir un
mismo sueño. Pero como me has contagiado tu escepticismo, por los momentos me
atragantaré de chocolates para pedir la bendición de todos los dioses y semidioses. Si esto
se cumple o no, no dependerá de mí, sino que será algo tan azaroso como el sendero que
siguen las velas de mi barca.
Un beso
¡Salud y alegría!
Heinrich L.
***
18
su rebeldía fue desterrado de la Dictadura de la Camada, abandonando así a sus
cachorro/camaradas en pos de una vida libre y salvaje.
Rafael, un escritor de la Comuna Poética (grupo de afinidad que tomaba auge en
Mindana), vivía en la barraca contigua. Declarado terrorista, era un joven bardo, sensible y
perspicaz, que como todo poeta no necesitaba de la soledad para estar solo. Tanto era su
cariño por el Chómpiras que le recitaba un poema mañana tras mañana. Heinrich ya se
había acostumbrado a tomar aquellos versos matutinos como un reloj/despertador:
En el vientre,
en la espalda escamosa,
en la nuca de mil sanguijuelas,
se quema una incentivo en cachimba
que se retuerce como timba de perro,
perro hambriento,
doliente,
meditabundo.
Sátiros menores,
vivos costales con pelo
bajo tormentos de callejonzuelos atroces,
y sedientos, sedientos
sedientos de retrete público.
Pero ya,
ahora,
en este segundo,
cuando moribundo un vate yace bajo el tranvía,
cuando la Noche Buena le canta a la muerte
–porque se volvió mala de tanto talar pinos-
cuando los vinos añejos sirven de detergente,
el pudiente, inerte,
es mordido en el tobillo por un perro,
perro hambriento,
doliente,
meditabundo.
Hace más de dos mil años Jesús declaró: “¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de
Dios los que tienen riquezas!”. Entonces el poema de Rafucho –como solía llamarle a su
vecino- se le antojaba un grito de guerra de San Lázaro.
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Por tres motivos vitales, Heinrich estaba encantado de vivir con Claudia. En primer
lugar, porque tenía la posibilidad de compartir muchísimo con la mujer que amaba. Luego,
porque aquel sitio era lo suficientemente bucólico como para olvidarse de la neurosis
citadina, el calentamiento global, la contaminación visual, sonora y tres etcéteras
desesperados. Y, por último, porque su espalda no soportaba más el catre que Erick le
inztalaba en el depózito del Ateneo.
El resto de los habitantes se reconocía como “anarquistas verdes” o
“anarcoprimitivistas”. A pesar de convivir en medio de aquella práctica, él no estaba de
acuerdo con el anhelo de volver a la época paleolítica, por más exquisita que le presentasen
la vida de los cazadores/recolectores. Creía que tal pensamiento resultaba anacrónico y
desorientador.
“Heinrich, cariño –le refutaba Claudia al respecto-, también nosotros somos
primitivistas, aunque no compartas esa ideología. Observa con detenimiento cómo viven
ellos: alejados de la civilización, sin teléfonos ni computadoras ni luz eléctrica. Sólo son
ellos, sus barracas y sus plantaciones... De cierta forma vivimos igual que un primitivista,
aunque quizás por falta de dinero”.
“Entonces... ¡Que viva el primitivismo!” –exclamaba Heinrich, correspondiendo a la
gracia del comentario.
Pero no siempre se podía disfrutar del ambiente bucólico de La Chabola. Cada
mañana Heinrich partía a la Universidad Central de Mindana, cuando los primeros fulgores
del día penetraban la claraboya de la barraca con ráfagas de luz resplandeciente.
Por lo general, tomaba una taza de té verde que, de acuerdo con lo abastecida que
estuviese la alacena, acompañaba con frutas frescas o un guiso de vegetales. Y a pesar de
que su dieta variaba de acuerdo a los flujos y reflujos de la vida, rechazaba que sus
hermanos comieran cadáveres de vaca, o animales coprófagos como el cerdo. ¿O acaso el
mundo seguirá ignorando que se pierden 16 libras de cereales para obtener una libra de
carne; que la producción de una libra de trigo requiere sólo de 30 libros de agua, mientras
que una libra de carne requiere casi 3.000 libros de agua?
Cruzar diariamente veinte kilómetros para llegar la ciudad no era tarea fácil.
Temprano, cuando las estrellas se jactaban todavía de la oscuridad del Este, Heinrich debía
soportar un frío que culminaba más o menos con su llegada a la facultad, y a él no le
gustaba abrigarse porque así evitaba tener que cargar un saco bajo el brazo todo el día; de
manera tal que su pésima relación con las bajas temperaturas de la mañana, más que un
desacierto de su parte, era una fatalidad.
En todo caso, un sombrero o una bufanda a veces solventaban su situación.
Al llegar a la carretera, luego de pasar un viejo puente de madera que se erguía por
sobre el Río Guaicaipuro, Heinrich esperaba en la estación. Una vez dentro del autobús,
duraba aproximadamente una hora en atascos: vehículo tras vehículo circulando
lentamente, cada uno con rumbo distinto, arrojando gases tóxicos por doquier. Era tanto un
vestigio de la sobrepoblación que enfrentaba Mindana, como una consecuencia lógica de la
economía industrial. Mas, a causa de la cotidianidad, Heinrich no se impresionaba por las
causas ni las implicaciones que tenía aquel desfile vehicular. Apenas se montaba en el
transporte, se sentaba en uno de los puestos delanteros, cerraba la ventanilla y recostaba la
cabeza sobre ésta, aprovechando la hora de viaje para dormir un poco más. Sólo un poco
más.
Normalmente, se aparecía en el salón de clase con un pequeño retraso previsto y
avalado por los profesores, quienes se solidarizaban con su rutina de larga distancia.
20
Estudiaba en la Facultad de Filosofía, aunque su vida libresca y meditabunda iba en
consonancia con el mundo de las letras. Y aunque estaba dedicado al pensamiento, se sentía
un literato enteramente consagrado a pincelar sus palabras con elegancia.
Escribir, soñar, escribir...
Aun así, cargaba consigo dos razones por las cuales había resuelto no hacer uso de
su pluma. La primera razón era que había recibido demasiados influjos de la literatura de
Proust, y eso significaba una indudable lesión a su amor por lo inverosímil y la ficción.
Buscaba lo insólito y no conseguía otra cosa que fuese mojar la magdalena en el té (“Yo
soy yo/ y mis recuerdos” –Enrique Viloria Vera). Era una tortura ver en el papel cientos de
historias atestadas de rasgos autobiográficos, mientras sus ensueños se perdían en el éter. Y
la segunda razón era que, después de haber conocido el anarquismo, sus novelas
insólitamente se convertían en ensayos. Cada personaje de la historia que narraba se sabía
pretexto de propaganda.
Eso le desagradaba.
Pero también es cierto que esos impedimentos iban acompañados de un consuelo
valioso: el retruécano que leyó en un libro de Tabucci. “La filosofía parece tratar sólo de
verdades –rezaba-, y quizás no diga más que fantasías; y la literatura parece tratar sólo de
fantasías, y quizás no diga más que verdades”. Es decir, si ficción era lo que deseaba,
entonces no estaba tan desorientado estudiando en la Facultad de Filosofía.
Al mediodía, finalizaba la jornada estudiantil, se marchaba a toda prisa del salón
para instalar su punto de ventas en la salida del recinto académico. Colocaba en el suelo un
paño y allí ponía sus piezas artesanales (macramé con semillas incrustadas, varios tejidos
en croché y camisas estampadas). Eran piezas sencillas, pero se vendían lo bastante bien
como para vivir humildemente. El secreto estaba en producir algo de ese efímero fenómeno
social conocido como moda, a fin de compensar las ventas.
Erick, como buen sociólogo, solía indicarle que no lo vieze de eze modo, porque la
moda era una apetenzia siztematizada proveniente de una zubcultura urbana que,
pozteriormente, era capitalizada por loz sectorez económicoz poderozoz con el propózito de
conzeguir benefizioz mercantilez que, a zu vez, creaban nuevoz modeloz de vida bazadoz
en falzaz nezezidadez, un prozezo zíclico de mizeria...
Si no, decía algo bastante parecido.
Sea como fuere, para Heinrich la moda era uno de esos asuntos que carecía de
importancia teórica, residiendo su calibre en mantener un ingreso justo para su bolsillo…
Serenidad de vaca, constancia de elefante… De noche, guardaba la mercancía dentro de su
mochila y tomaba el autobús con dirección hacia el Río Guaicaipuro.
***
21
interacción metalingüística conciente, como cuando dos personas quieren reír y sin
embargo se contienen por el simple placer de sentir cómo se les abulta el estómago de un
burbujeo alegre, mirándose cuasirisueños las bocas estiradas –la lengua del cuerpo como
una suerte de telepatía.
A la sazón, Claudia aseveró en trance:
-La constelación del agua universal te bautizó con la gracia de la Serpiente Cómica.
Hablas el idioma del Verbo Caos Zen, un vaivén luciérnaga inesperado. Si bien en los
últimos tiempos hubo una poética de turistas, lo único cierto es que vas a morir tras cada
exhalación y luego a renacer apenas inhales; que el cuerpo es el templo y los hongos son
reencarnaciones de la luna, diosa que recibe la noche con besos plateados. Tu espada es el
aire. El agua enlaza lo creado con lo divino y por ello saludo al Buda que llevas dentro.
Encuentro a la revolución mística como una conciente acción directa meditativamente
agradecida. Mente real: realmente el universo te ama. La fruta de los árboles te ha sido
concedida y Shiva trajo el cambur empaquetado sin semilla. Recuerda que cada vez que lo
desees, puedes respirar imaginándote la dicha y belleza de los ángeles, arcángeles, serafines
y querubines, soldados del amor bañados en compasión. Salen raíces de tus pies y tu cabeza
se eleva al cielo, mientras flotas en una nube ultravioleta que recibe las sonrisas de todos
los niños del mundo.
Heinrich escuchaba atentamente. Estaba tan embelesado con esa repentina expresión
de abracadabras que olvidó en un santiamén el jugo de lechosa que pensaba tomarse.
Entre tanto Claudia, acariciándole el cabello, continuaba:
-Tu cabeza es el cielo entero y algo de lluvia huelo en tu sangre. Tus huesos son
generosas montañas y las siete estrellas de la Osa Mayor están directamente conectadas con
los siete orificios de tu corazón. Lo que ves a tu alrededor es ya la vida eterna. Eres un
microcosmos mineral, vegetal y animal. Tu sistema nervioso es el fuego; el respiratorio, el
aire; el circulatorio, el agua; y el digestivo, la tierra. Disfruta, pues, de la divinidad que te
fue otorgada… Alguna vez Balzac señaló que el perfume es una combinación de aire y luz.
Entonces levántate y anda, tu fragancia te ha sanado.
Dichosos, Claudia y Heinrich se marcharon de la cafetería, y yendo a casa
encontraron un papel tirado cerca de unos tachos de basura con las siguientes palabras:
“Porque por los frutos se toma el conocimiento de las cosas que son suyas, ya que los hijos
del Padre son su fragancia, pues existen desde la gracia de su rostro. Por esta razón el Padre
ama su fragancia y la manifiesta en toda región, y si la mezcla con la materia, da su
fragancia a la luz y en su Silencio la hace superar toda forma y todo sonido, pues no son los
oídos los que perciben la fragancia, sino que es el hálito que tiene el sentido del olfato y
atrae la fragancia hacia sí y se sumerge en la fragancia del Padre, de manera que así lo
protege y lo lleva al lugar de donde vino, de la fragancia primera que se ha enfriado como
algo en una obra psíquica, semejante al agua fría que se congela sobre la tierra que no es
firme y que los que la ven piensan que es tierra, pero después de nuevo se disuelve. Las
fragancias, pues, que se han enfriado provienen de la división. Por este motivo vino la fe,
disolvió la división y aportó el Pleroma cálido de amor para que el frío no vuelva de nuevo,
sino que exista la unidad del pensamiento perfecto” (Evangelio de la Verdad, Códice I).
***
22
ABUNDANTE VITA
Parlamento Dadá
***
23
de lo insospechado y se desplazaban en deslumbrantes actos inadvertidos, y quiénes, por el
contrario, yacían sin remedio en lo uniforme. Él pertenecía al grupo de los segundos,
aunque ello más bien lo animaba a procurar que su espontaneidad se impusiese al hábito.
Por tal motivo, decidió exprimir el tubo del dentífrico desde la mitad.
No, no había magia. Demasiado premeditado.
¡Oh, Miguel Bakunin! En ese momento se acordó de que debía devolverle El
principio del Estado a Erick. Le había prestado ese libro hace más de una semana y apenas
iba por la página treinta. Si no lo había leído, era porque los exámenes y tareas académicas
–apartando su militancia dentro del sindicato- invadían gran parte de su tiempo intelectual.
Debía devolverle el libro, pero en la sensatez de la ocupación, sin pre-ocuparse. Por eso
mañana, cuando fuese al sindicato a diagramar el boletín informativo de los trabajadores,
pasaría rápidamente por el Ateneo y se lo entregaría.
Sacudieron tres veces la aldaba de la puerta.
-¿Quién es? –preguntó Heinrich con su boca blanca y espumeante, desde el baño.
-Pues, ¿quién va a ser? ¡Jimi Hendrix, drogado, con ganas de tocar la guitarra!
Heinrich soltó una carcajada, reconociendo la voz y el humor de Rafael.
-¡Entra, Rafucho!
Rafael abrió la puerta, entró y la cerró tras de sí. Heinrich se enjuagó la boca y se
dirigió a la entrada para saludar a su amigo. Un abrazo fraterno y póngase cómodo que está
en su casa, hermano.
-Vine a saludar. ¿Y Claudia? –preguntó Rafael mientras se sentaba en el sofá.
-No está en casa. Baja todos los sábados a las reuniones de Unidad Armónica.
-¿Todavía esa tribu está editando su revista?
-Sí, por supuesto –afirmó Heinrich con la cabeza metida bajo la cama-. Dentro de
un rato te busco la última edición... ¿Dónde habré puesto mis calcetines marrones?
Viendo cómo Heinrich buscaba sus calcetines, Rafael, sin necesidad de levantarse
del mueble, revisó debajo de sí. Y, en efecto, estaba sentado sobre ellos. Se los extendió.
-¡Gracias!
Cubriéndose los pies, Heinrich preguntó:
-Oye, ¿y cómo ha estado la Comuna Poética?
-Hoy vamos a decorar el metro con pintura, clandestinamente. Tenemos pensado
hacer un mural que promueva la sublevación de la transmutación, con helechos
multicolores, pavorreales, arco iris, ríos de leche. Y en el centro: Agni, con sus tres piernas
y siete brazos.
-No sé mucho de mitología, pero supongo que debe ser divertido.
-Más que mitología, es mito poiesis, porque no se trata de identidades fijas sino en
constante movimiento. Es una involución evolutiva. Por ejemplo, el reverendo Martin
Luther King no luchó solo. ¡Cristo estaba a junto a él, además de toda la hueste angélica!
De igual modo, Mahoma a veces sopla la zampoña por mí, porque el yijad es una estrategia
divina de combate y mi madre es la esfera absoluta no nacida… Veo la luz… Ayer varios
nos disfrazamos de fauno y entramos al Banco Central diciendo: “Los seres del bosque te
informan: no votes tu esperma, que allí está la semilla”.
-Eres un auténtico poeta.
-Todos lo somos.
-Siempre me ha encantado la idea de escribir –dijo Heinrich amarrándose las cintas
de los zapatos-, mas no todos tenemos cualidades para ello.
-Heinrich, no se necesita ser un escritor para divertirse. ¡El tiempo es arte!
24
Heinrich enmudeció y cerró los ojos, hundiéndose en sus pensamientos. Rafael
quiso darle una vez más el aliento para que dejase atrás sus impedimentos e hiciese lo que
más le apasionaba: crear, escribir. No obstante, sólo se mantuvo callado, allí, sentado en el
sofá.
Heinrich abrió los ojos. Su mirada, en un primer momento, pareció desorbitada y
confundida. Emergiendo de una pantomnesia aguda, explicó:
-Me acuerdo del día en que asistí a un recital organizado por el Museo Mindanense
de Bellas Artes. Acompañado por mi hermana, cuando llegamos al recital casi todas las
butacas estaban ocupadas, de modo que ella se sentó por su lado y yo por el mío. En ese
entonces había leído muchos poemarios (básicamente de Lautréamont, Rimbaud,
Baudelaire), pero nunca presenciado la mirada celeste de un vate…
Rafael oía con atención.
-Escuché el recital y... mis ánimos fueron demolidos en el acto: al cabo de diez
minutos, pasé de un sentimiento etéreo a una oratoria sepulcral. ¿Dónde estaban los himnos
de silencio? ¿Por qué leían con tanto aburrimiento? Todos sentados; nadie celebraba.
“Seguí una corazonada y me acerqué al anfiteatro, cauteloso ante la presencia de mi
hermana, que estaba sentada en la última fila de asientos.
-¿Y qué sucedió?
Heinrich sonrió. Se acercó a la ventana. Sosteniendo con su siniestra una cortina
blanca con elefantes negros estampados (proveniente de un reciente viaje de Claudia a la
India), lazó una mirada taciturna hacia afuera, reconociendo en el vidrio una torpe imagen
de su rostro, una silueta inconclusa de sí mismo.
Suspiró ligeramente, y continuó:
-Es gracioso. Subí rápidamente al estrado, me aferré a un micrófono y grité a todo
pulmón: “¡Soy un poeta maldito!” –rió y miró a Rafael, trasladándole su hilaridad-.
Inmediatamente todo el público soltó una carcajada, hasta los mismos poetas, y no me cupo
la menor duda de que la risa del ignorante es imbecilidad… Sin embargo, de la euforia pasé
a la indignación. Aunque no había escrito un poema en mi vida, me indignaba que todos
esos adultos se riesen de mi confesión, que para mis infantiles ojos era una rotunda verdad.
-¿Cuántos años tenías? –preguntó Rafael, todavía riendo.
-Creo que doce… Por lo demás, el resto fue una elegía: me quitaron el micrófono,
me bajaron del anfiteatro y todos se retiraron de la sala mientras un señor calvo instaba al
público a presenciar un concierto de jazz pautado para el día siguiente. Mi hermana fue la
única que permaneció en aquel lugar, enfurecida. Pidió disculpas a los organizadores por
mi “niñada”, y me llevó a casa muy molesta. Recuerdo que mis padres me castigaron por
una semana.
Rafael estaba boquiabierto, conmovido, y recordó la magia y el valor de los niños.
-De todas formas –reanudó Heinrich-, si bien todavía no he escrito algo que valga la
pena, siempre termino hallando sagrado el desorden de mi espíritu.
-¡Rimbaud!
De esta manera, una de las remembranzas de Heinrich vio luz por unos instantes, y
rápidamente se escondió en algún rincón de su cerebro, una imagen en su sistema nervioso
central con el letrero “Expedientes Confidenciales de la Memoria”. A continuación, regresó
al presente –un aquí y ahora con sabor a mandarina-. Se acercó al armario y sacó una
revista. Extendiéndosela a Rafael, dijo:
-Toma. Aquí tienes la última edición de Salud y Anarquía. Para los amigos es gratis
–puntualizó, y cogiendo una aguja de croché y lana morada, empezó a tejer una cadeneta.
25
-Gracias, hermano. El universo es perfecto y el ser humano, a pesar de su avaricia,
sigue siendo perfectible. Por eso es que la totalidad, para ser total, no puede ser totalitaria.
¿Sabías que Maseru Emoto y Lee Lorenzen demostraron que determinados sonidos alteran
la estructura molecular del agua y el setenta por ciento de la Tierra, al igual que el cuerpo
humano, está hecho de agua? Entonces, como eres un ser de luz que vibra con la Fuente
Infinita, grita de ahora en adelante: “Soy un poeta bendito”.
Y con revista en mano, agradecido, Rafael se marchó.
***
26
NUESTRO TERRORISMO POÉTICO EN OCHO PASOS
Muérdagos prismáticos colgados por gruesos cordeles de cáñamo del manzanar geishas
anarcopunks girando y danzando y haciendo cabriolas en frenéticos espasmos eróticos
impresionantes maniquíes como del Teatro de Crueldad de cinco metros de altura
colocados sistemáticamente en las puertas del Parlamento
Hakim Bey asentó en los 80’ los primeros estatutos invisibles del Terrorismo Poético (TP).
En las dos últimas décadas los terroristas poéticos han actuado como destellos subterráneos
de festividad, exóticos piojos de Pan Gu –máscaras de yeso pintadas de rojo y negro con
caracteres en kuan-hua, y vestidos entre íncubo y súcubo-, guerrillas de bardos
descendientes de la República Mística de Corsarios del siglo XVII (“Ofrecemos refugio a
todo el que sufra la tiranía de los gobiernos, sean de donde sean” -Capitán Misson), etc.
Se actuaba, por lo general, individualmente.
Pero después del 11 de septiembre, cuando las torres del World Trade Center –Ares en
camisa de cachemira con un “In god we trust” estampado- se tiñeron de sangre bajo ripios y
gritos a causa de un atentado “terrorista” provocado por fanáticos islámicos (Mahoma en
bikini con visera plateada y el mensaje en ésta “Yijad a domicilio”), después de esto,
repetimos, la cacería de brujas contra nosotros, amantes de la libertad, se desató.
Por este motivo, decidimos juntarnos en pequeñas comunas –cofradías lúdicas atemporales-
para nuestra supervivencia. De allí nace la Comuna Poética.
....Ned Ludd era poeta...
II
27
Sin embargo, la pesadumbre de la seriedad avasalló los sediciosos intentos de los poetas, y
sus cantos al brillo del sol en el azafrán o al desnudo mármol de la luna fueron convertidos
en pesadas piedras monolíticas inspiradas en el miedo (Estado, Moral, Ley, etc.), en
diferentes épocas. Más aún, entre sus propias filas algunos bardos comenzaron a perpetuar
un ocultismo de muerte. (Bastaría, por ejemplo, ver toda la sangre que se derramó por
particulares exégesis de la Biblia, o la desfachatez del Vaticano al discutir si los indígenas
del Nuevo Mundo tenían alma).
Tuvieron que pasar cientos de siglos para que surgiera un grupo que se alejara de la seria
civilización y los rostros petrificados por la Gorgona: los románticos, quienes se negaron a
ser una pieza más del engranaje cartesiano y establecieron una comunicación del Uno con
el Todo en búsqueda de su infinitud. Lamentablemente, aunque mucho más rebelde que sus
predecesores, el Cenáculo siguió manteniendo la idea de que el hombre es exógeno a la
Naturaleza, y precisamente por eso al poco tiempo se encontró con el Parnaso, cuya
consistencia replegó a la poesía nuevamente.
Pero, volviendo a lo inicial, lo únicamente cierto –no como concreción, sino como
intuición, clarividencia- es que cualquier pretensión prelingüística parte de la nada; así que,
antes que el “Uno con el Todo” romántico, la Comuna Poética huele muy cerca un caos y
los cuerpos simbólicos vuelven a danzar: hiperconsciencia onírica, paroxismo
extrasensorial, hiperestesia, joie de vivre. Sólo aquellos que se masturban lingüísticamente
en genealogías colocan por encima de la conciencia el fraterno idilio del Príncipe, o la
batalla contra la cultura del Primitivo, o tal vez algo más ordinario como la tesis
monogenética del protolenguaje de Leibniz... Shhhh... La Comuna tiene una revelación: de
la unión de Caos y Gea nació Eros.
El porqué del símbolo se fermenta en el fondo de una letrina romana, mientras el cómo
surge con todo su nervio: o morimos sin morir en el símbolo o vivimos simbólicamente una
existencia plena.
¡Poeta laureatus!
III
IV
La Comuna Poética es una peña sin rostros y, aun así, emergen de ella cientos de gestos
seductores. No es feudo, ni señor, ni pueblo. Es nenúfar, bóveda celeste, susurro.
Tampoco pretende hacer eso que llamaron los españoles “poesía social”. Ya Julián Marías
dudaba que eso fuera poesía, porque con ello no iban a conseguir que las personas comieran
mejor; que, por el contrario, han sido los poetas quienes, incluso comiendo mal, han hecho
soñar a otros con exquisitas fantasías; y que si alguna vez ha habido “poesía social” ha sido
la de los modernistas.
La apreciación es permitida siempre que se tengan en cuenta dos cosas:
a) que Julián Marías era de derecha, estafando así a su maestro Ortega y Gasset, quien creía
que tanto la izquierda como la derecha son dos de las muchas formas que tiene el hombre
para ser un imbécil; y
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b) que ya hace mucho tiempo que el cisne fue degollado por Enrique González Martínez
(¡nuestro más sentido pésame, Rubén Darío!).
Nosotros vemos a lo lejos gusanos enlodados retorciéndose en la charca. Luego, crisálidas
que reposan apacibles en el junco. Y finalmente, en los fulgores que se asoman por entre el
follaje en las vísperas de la aurora, centenares de mariposas agitando sus alas en el bosque.
Ahora mezclamos estos tres estadios con la transmutación nietzscheana y tenemos la mejor
explicación de la búsqueda poético-comunera: camellos/gusano, leones/crisálida,
niños/mariposa.
VI
No necesitas ser poeta para fundar una Comuna. Basta que anheles un kibbutz de amor tan
sólo por la belleza del corazón. Cada integrante debe ser una rama de Ygdrassil para, de
esta forma, completar el mándala.
Taoísmo ninja dadaesco: bajan de la montaña de Wudang las hordas poético-terroristas
armadas con cimitarras... se quitaron las libreas... tocan divinas canciones alquímicas en
flautas de bambú púrpura índigo tachuela... muestran el esplendor de su desnudez porque
no les tienen miedo a su cuerpo... corren exaltadamente suspirando experiencias inmediatas
de realidad trascendente... ¡Aspiran a la comuna universal!
Pero recuerda: la otredad es una metáfora de muerte.
Tú eres ya el símbolo radiante de tu propia piel.
VII
Si sientes que lo que decimos en este texto te aleja de ti mismo, quémalo. ¡Inmolación
nadaísta Fahrenheit 451! ¡Siempre se hallan más verdades en la luminiscencia del fuego!
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VIII
Muérdagos prismáticos colgados por gruesos cordeles de cáñamo del manzanar geishas
anarcopunks girando y danzando y haciendo cabriolas en frenéticos espasmos eróticos
impresionantes maniquíes como del Teatro de Crueldad de cinco metros de altura
colocados sistemáticamente en las puertas del Parlamento
Comuna Poética
***
Claudia se levantó ese sábado muy temprano. Mientras Heinrich estaba dormido,
preparó un plato de avena con linaza, sésamo, afrecho, germen de trigo y miel. Comió y,
previniendo un apetito posterior, hizo un emparedado de rábano y lechuga para llevarlo a la
reunión y almorzarlo al mediodía.
Acto seguido, se enrumbó calzada abajo. Hubiese llegado a la ciudad con el
emparedado entero si el Chómpiras no la hubiese escoltado hasta el Río Guaicaipuro. Un
perro generoso siempre obtiene su recompensa alimenticia.
Luego de un viaje sereno en el autobús, llegó a la urbe y se dirigió al kiosco de
periódicos. Solía leer esporádicamente El Imparcial y La Verdad, dos diarios mindanenses
harto reaccionarios, pero que se dignaba a examinar con detalle para conocer a fondo las
prácticas comunicacionales imperantes.
El periodismo era uno de sus móviles centrales. No lo concebía como normalmente
se hace en las academias, con esos frívolos preceptos de objetividad; tampoco bajo
esquemas como las 5-WH, entre otros. Creía que el máximo principio que debía regir el
ejercicio periodístico era la incertidumbre, y que el periodista no podía, de ningún modo,
dejarse arrastrar por la realidad actual, sino penetrarla y trasmutarla, como profesa la
Kábala. El periodista debía ser, según ella, como un artista plástico: para pintar un paisaje
adecuadamente hay que alejarse de la obra, contemplar y seguir pintando.
Ella no había pasado por la escuela, ni siquiera por la primaria. Sus padres –
veteranos anarquistas- supieron inculcarle desde la infancia el aprendizaje autodidáctico.
Por supuesto, la autoenseñanza requería de una voluntad de superación constante, de tal
manera que no puedan establecerse deducciones apresuradas del mundo, como creer que la
mistificación es la acción y el efecto de hacer algo místico, o que la hipología es el estudio
del hipo.
En este sentido, Salud y Anarquía era una revista que le permitía experimentar.
Claudia pagó los periódicos y, mientras ojeaba los titulares de la prensa, se dirigió
hasta la Plaza Bolívar. Allí, se sentó en una banqueta y comenzó su travesía informativa.
Como suponía, no se comentó nada acerca del concierto que la CLT había
organizado ayer. ¿Cómo era posible? Un acto al cual asistieron más de ochenta mil
trabajadores, donde incluso se obstaculizó una de las principales avenidas de la ciudad, y
los periódicos lo callaban como si nunca hubiese ocurrido.
Quizás durante la Guerra Fría la maniobra de censurar noticias hubiese creado una
atmósfera favorable para manipular la opinión pública. Sin embargo, teniendo en cuenta
que actualmente la velocidad de las tecnologías en materia comunicativa era descomunal,
sería extemporáneo proceder así. Pues si bien la prensa no publicaba un hecho de
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importancia cuando contrariaba sus líneas editoriales, las personas también revisaban
Internet, leían panfletos, se fijaban en los afiches. Por eso ella sentía saludable cómo iba
diversificándose la información en el mundo, ya que ese es el modo de destruir los
oligopolios.
Sea como fuere, ya presumía algo semejante de periódicos tan mediocres. La
firmeza que le proporcionaba el Señor no creaba antagonía con cincuenta hojas atestadas de
noticias seleccionadas a conveniencia y publicidad. Todo se cae por su propio peso.
El Imparcial, página 20, sección Ciencia: EL HOMBRE COMPARTE RASGOS
DE ADN CON ESPECIE DE GUSANO. Un grupo de científicos alegó que la especie de
gusano Xenoturbella, que en latín quiere decir “platelminto poco común”, comparte rasgos
de su código genético con la raza humana. Dicho gusano mide tres centímetros de largo,
carece de órganos sexuales y habita en el fondo de las aguas de los fiordos suecos.
El director del estudio, Max Telford, científico de la Universidad de Cambridge,
cree que “hemos demostrado que, entre todos los invertebrados que existen, la Xenoturbella
es uno de nuestros familiares más cercanos. Es fascinante pensar que del mismo animal que
hace siglos evolucionó la Xenoturbella también hemos evolucionado nosotros”.
Entonces Claudia iniciaba su empresa imaginativa. La Xenoturbella es un gusano
peligroso que quiere hacerle creer a los científicos que posee rasgos bioquímicos similares
a los humanos, ajustando primeramente su organismo a los requerimientos de los
investigadores para poder salir de las aguas.
Una vez que ingrese a las ciudades bajo el pretexto de ser un familiar cercano del
hombre, la Xenoturbella se escapará de los laboratorios para reproducirse velozmente, con
el firme propósito de comerse a todos los diputados de Mindana. El alimento favorito de las
Xenoturbellas, aunque parezca insólito, es un diputado, uno de esos retórico/burócratas que
recibe un salario del Estado veinte nueve veces superior al de un obrero.
Se dice que en el siglo XVIII un par de de ellas lograron ingresar al Parlamento
Francés, matando en el acto a los legisladores Antoine Ristori y Laurent Piebalgs (que en
paz descansen). Se cree que su modus operandi consta en introducirse por el dedo gordo del
pie hasta llegar al minúsculo cerebro, donde desayunan, almuerzan y cenan esas células
llamadas neuronas.
Ahora, después de saber que las Xenoturbellas han permanecido bajo las aguas por
más de tres siglos, padeciendo un hambre tremenda, la cautela se vuelve forzosa. Es por
ello que la conciencia solidaria de este periódico insta a todos los burócratas, y
especialmente a todos los diputados, a abandonar este país (y si pueden, este planeta) de
una vez por todas y para siempre.
Claudia sonrió. Seguramente si trabajase en un periódico formal, sus reportajes
jamás serían publicados. La tacharían inmediatamente de escritora tardía de la Generación
Beat. ¡Bah!
La Verdad, página 17, sección Hábitat:
JOYAS FLUVIALES AL DESCUBIERTO. Diez investigadores de Brasil, Chile,
Ecuador, Argentina, Venezuela y Estados Unidos, descubrió en un río sudamericano once
criaturas acuáticas, desconocidas hasta ahora por la ciencia. El pez que más llamó la
atención a los peritos fue el “bagre punk”, apodado de ese modo por la maraña de erizadas
protuberancias que se yerguen sobre su cabeza, como una cresta de tentáculos. Es del
género Ancistrus y está cubierto por una placa ósea.
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Aunque son de color oscuro, en época de reproducción el macho se viste de tonos
rojizos. También cabe resaltar que al ser un animal que habita en el fondo de los ríos, la
boca del bagre punk no está situada frontalmente, sino que se despliega por debajo.
Claudia ya no pretendía extenderse como lo hizo con el gusano, pero no se le
presentaba curiosa la siguiente imagen: que el presidente de Mindana decidiera tomar unas
vacaciones, y que el lugar que eligiese tuviese un lindo y cristalino río. Cuando entrara al
agua para bañarse, aparece un bagre punk, le escupe la cara y se va nadando mientras
tararea la Polla Records:
El periodismo era una tarea ardua, pero alguien tenía que hacerla.
***
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LEVIATÁN: LOS NIÑOS SALVAJES
“Sólo el misterio nos hace vivir. Sólo el misterio”
Federico García Lorca
Hobbes era un gran idiota. Para abrigar esta idea, basta su frase “el hombre es un
lobo para el hombre”. En efecto, está en lo cierto, sólo que no de la forma en que él lo
orientó: como la legitimación de un órgano regulador de la sociedad “sanguinaria”.
¿Rómulo y Remo no fueron criados por una loba? ¿Harry Haller, El Lobo Estepario
de Herman Hesse, no es la figura más humana de la literatura? Y, ciertamente, podría
alegarse que estos son casos fantásticos, que nada tienen que ver con la realidad. Por ello,
ejemplifiquemos a partir de un salvajismo bastardo sin licencia.
Más allá de la civilización
Immanuel Kant y Jean-Jacques Rousseau afirmaron la existencia de niños salvajes:
vástagos humanos criados por animales (lobos, gacelas, osos, cerdos, etc.), con un olfato y
una audición altamente desarrollada.
Pues ambos tenían razón: los niños salvajes han existido.
Un precedente célebre fue lo que ocurrió con Amala y Kamala (1920), dos
chiquillas de la India criadas por una loba. Un reverendo las descubrió y sin demora las
internó en un orfanato, mas ellas no estaban en capacidad de vivir como los demás
residentes: eran cuadrúpedas, jugaban con los perros del lugar, temían a los adultos y eran
prácticamente nocturnas.
La incomprensión civilizatoria de las personas que las albergaron, ante su naturaleza
libre y salvaje, hizo que al poco tiempo Amala enfermara y muriera. Kamala duró semanas
enteras aullando entre paredes hasta que contrajo fiebre tifoidea; sollozando la pérdida de
su hermana, también murió.
Un caso más antiguo de niños salvajes es el de Víctor (1800), encontrado en un
bosque cercano a Lacaune, Francia. En 1969, Francois Truffout llevó la vida de Víctor a la
pantalla grande bajo el título de L’enfant sauvage. De hecho, esta película influenció
considerablemente a Chris Carter, el creador de The X Files: “Es fascinante que él (Víctor)
podía meter su mano en agua hirviendo y no se quemaba, ya que el muchacho no entendía
el concepto. ¿Es que acaso el dolor es un concepto?” Quizás un fakir pueda responder.
Y estos son sólo un par de ejemplos de cientos, entre los que pueden mencionarse
en retrospectiva al niño-oveja de Irlanda (1762), el niño-becerro de Bamberg (1680) y el
niño-oso de Lituania (1661).
El inicio del festín
El Leviatán de Hobbes es arbitrario por el simple hecho
de que el universo no está compuesto únicamente de materia.
En principio, el Gran Espíritu es la causa mayor de todo cuanto
acontece, de modo que el egoísmo no es inherente al ser
humano. La Ley de los Reflejos señala el camino de la doble
trinidad universal, como la estrella de David. Por eso debemos
deslastrarnos del miedo a la muerte del Viejo Mundo (¡adiós
Commonwealth, Julien Green, Paul Auster, Alice Cooper,
Claudio Fragasso!) y llevar la cruz delante. ¿Y qué mejor manera que a través de los niños
salvajes?
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Tanto en el Talmud como en el Antiguo Testamento, se cuenta que Dios creó al
dragón andrógino para jugar, y que su piel está destinada al banquete venidero. Entonces,
ante la familia nuclear (“¡Usureras del amor!”, como les decía André Gide) y la aburrida
escolarización del Estado, podemos crear una Guerrilla Internacional de Liberación Infantil,
transportando el monstruo de los niños salvajes a su más alto nivel. Convirtámoslos en una
bandera de la libertad, en un regalo de nuestro ser esencial.
Verdugos de Amala y Kamala, ahora somos misterio, poesía y aventura.
***
Luego de tejer una bufanda morada con blanco, Heinrich se acercó hasta su pequeña
biblioteca: un estante de dos metros de alto atravesado por cinco tramos horizontales. Sus
libros eran diversos, e iban desde Ami, el niño de las estrellas, de Enrique Barrios, hasta El
éxtasis shamánico de la conciencia, de Valentin Hampejs.
Retiró El principio del Estado, para finalizar el viaje bakuninista. ¡Un momento!
¿Cómo había sido la palabra que dijo Sebastián en su discurso, ayer, en el concierto de
trova libertaria? Recapitulación. ¿Desmedro? No. ¿Desprecio? Tampoco.
Tomó el diccionario.
Dentudo: que tiene dientes desproporcionados. Heinrich recordó que Claudia tuvo
un compañero en la escuela apodado “dientón”. Cuando el chicuelo le dijo a su madre
cómo lo llamaban sus amiguitos, ésta le señaló: “Hijo, no les hagas caso, pero cierra la boca
que me vas a rayar el piso”. (Risas)
Demiurgo: nombre del dios creador del alma del mundo, en la filosofía platónica.
Acaso demasiado metafísico como para escucharlo en un mitin sindicalista, ¿no?
Denuesto: insulto, ofensa de palabra o por escrito. Pudo haber sido, pero no.
Denuedo: brío, esfuerzo, intrepidez. Por supuesto. ¡Sebastián estaba dando un
reconocimiento al DENUEDO de la clase obrera!
Heinrich reflexionó, preguntándose principalmente por qué algunos escritores
llamaban cementerio al diccionario. Sin respuesta, colocó la necrópolis encima de la mesita
de noche –al lado de un retrato oval con una imagen de Ganesha- y, sentándose en el sofá,
tomó de nuevo el libro de Erick:
“Resultó de esto que cuanto más se enriqueció el cielo –la habitación de la
divinidad-, más miserable se volvió la tierra; y bastaba que una cosa fuese adorada en el
cielo, para que todo lo contrario de esa cosa se encontrase realizada en este bajo mundo.
Eso es lo que se llama ficciones religiosas; a cada una de esas ficciones corresponde, se
sabe perfectamente, alguna realidad monstruosa; así, el amor celeste no ha tenido nunca
otro efecto que el odio terrestre, la bondad divina no ha producido sino el mal, y la libertad
de dios significa la esclavitud aquí abajo.
“Veremos pronto que lo mismo sucede con todas las ficciones políticas y jurídicas,
pues unas y otras son por lo demás consecuencias o transformaciones de la ficción
religiosa”.
Heinrich cerró el libro. Bakunin se le antojó en ese momento de un ateismo sepia
que se aburre mortalmente, pero existe, como diría un poeta nadaísta.
***
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35
LORENA BOBBIT PSÍQUICO
No es secreto para nadie que cohabitamos en una sociedad falocrática, que enaltece
al pene, con la consecuencia equivocada de que se suponga al hombre superior a la mujer.
Pero antes de desarrollar nuestra propuesta del Lorena Bobbit Psíquico (LBP), estudiemos
de dónde proviene el régimen del falo y cómo se ha apoderado de nuestra mente.
Los orígenes de la falocracia
Psicológicamente, podemos explicar el origen de la falocracia a través del
“complejo de castración” de Sigmund Freud: la envidia que sienten las niñas al saber que
carecen de pene y la angustia que esto genera en los niños, produciéndose entre ambos una
relación fálico-castrada.
El eslabón puede romperse en este caso suprimiendo el sentimiento de envidia tal
como haría un hombre educado cristianamente que, al volverse ateo, abandona la culpa. Sea
como fuere, no hay que fiarse mucho del psicoanálisis porque Shekel, verbigracia, decía
que el hombre es como su pene (¿?), un recurso tan pobre que podríamos alegar entonces,
por capricho, que el camello es como su joroba.
Las encuestas de los sexólogos respecto a la correlación hombre-falo, carecen de
asidero científico, aunque las actitudes falócratas de muchos hombres son una sospecha
importante para ello, recordándonos a la novela de Fernando del Paso donde unos jóvenes
apuestan quién tiene el pene más largo: uno dice que lo tiene tan largo que se tatuó allí el
Kama Sutra completo en alfabeto Braille, y otro le refuta que el suyo es más largo porque
cuando trabajó de extra en Hollywood lo utilizaba para lazar a los toros en los rodeos.
Si no existiese esa correlación, sin embargo, ¿por qué hay algunas páginas en
Internet que se lucran con manuales para agrandar el falo? ¿Por qué la identificación con un
solo pensamiento lujurioso es capaz de producir una erección?
Antropológicamente, Dulaure se remonta a la mitología egipcia. Cuando Osiris
murió, su esposa Isis nunca encontró su miembro, así que colocó unas flores en su lugar.
Los egipcios de aquella época hicieron lo mismo en rituales posteriores, y ese culto fálico
fue transmitido de los fenicios a los griegos, surgiendo en estos últimos la figura de Príapo,
dios representado en las pinturas de Pompeya con el pene siempre erecto.
No obstante, el estudio de Dulaure es reciente comparado con el de John Zerzan.
Según Zerzan, cuando se desarrolló la agricultura en el neolítico, durante la división
del trabajo se produjo la supuesta superioridad del hombre sobre la mujer. De esta manera,
todos los símbolos fálicos de dominio recayeron en el progreso de la humanidad: desde las
espadas hasta las escopetas, desde los pisapapeles hasta los edificios. A esto se le llama
“simbolismo inconsciente”, es decir, ello no significa que una mujer se excite al pasar por
el obelisco de la Plaza Altamira.
Falolenguaje criollo
Ya hemos visto que nuestra cultura está atestada de falos. Ahora bien, la falocracia
no significa que vayamos al teatro a ver las “Confesiones del Pene” de José Montero, o que
leamos las alucinaciones narcohomosexuales de William Burroughs. Es un proceso
psíquico que puede verse en las referencias de nuestro lenguaje coloquial.
Supongamos que es 28 de diciembre. Dos personas bajan por las escaleras
mecánicas del metro y, al verse, reconocen que son viejos amigos. Tomando en cuenta las
prisas del mundo de hoy, su diálogo podría ser más o menos de este calibre:
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– ¡Verga! ¿Cómo estás?
– De pinga, güevón
– ¡Qué bolas, pana! Tenía tiempo sin verte
– Yo también. Chao. ¡Que la paloma de la paz te revolotee!
***
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-Si tienes hambre, espera a que llegue Claudia, ¿sí? –concluyó Heinrich,
incorporándose.
En un primer plano, tras unos arbustos floreados de ipomeas azules, podía observar
una vecina de largos cabellos, zarandeando un palo con movimientos oscilatorios en su
pequeño huerto de patatas. Quizás espantaba algún escarabajo. Heinrich alzó su mano y,
desde lejos, la saludó. Ella sonrió, y reanudó sus actividades.
En un segundo plano, los niños de La Chabola jugaban por doquier. Salían de las
laderas, descendían de los árboles, entraban y salían de las barracas, se montaban en las
espaldas de sus padres. No se trataba una guardería convencional, con chicuelos vestidos de
chaquetita. Estos niños primitivos andaban desnudos como buenos descendientes de la
tierra y el sol. Apenas usaban unas sandalias tejidas, a objeto de no estropearse los pies con
alguna piedra o rama espinosa. Era, en cambio, como ver la promesa embrionaria de un
planeta no muy lejano.
“¿Por qué para algunas personas resulta inaceptable la desnudez, si no nacemos con
un guardarropa?”, pensó. Y aun cuando él no se acostumbraba al nudismo generalizado, al
menos daba crédito a la naturaleza antes que al ocultismo. No es que sintiera la aversión
moralista de las primeras personas que contemplaron la Olimpia de Manet, por ejemplo,
sino que simplemente estaba aprendiendo a curarse.
Heinrich se sentó en una banqueta y echó un vistazo a los barrios periféricos de la
ciudad: la miseria era un hecho ineludible. Doloroso era saber que algunas víctimas del
sistema terminaban convirtiéndose en victimarios, y en las relaciones víctimas/victimarios
surgía una autoridad como “única” posibilidad de salvación. Romper el eslabón…
-Buenas tardes, ¿me puedo sentar aquí?
Heinrich volteó la mirada, inquieto por saber quién le hablaba. A su lado izquierdo,
se hallaba un primitivista señalando con su mano la banqueta.
-¡Claro, hermanazo! –consintió Heinrich. Su rostro parecía experimentar
sensaciones inasibles. Contemplando el ocaso, satisfecho, sentenció:- Este panorama está
hecho para ser compartido. Por favor, siéntate… ¿Cómo es tu nombre?
-Me puedes llamar Khaloo. Y tú, ¿cómo te llamas?
-Heinrich. Me hospedo en la barraca de Edna, por los momentos.
Khaloo asintió y, acto seguido, se sentó en la banqueta. Era un hombre robusto, que
tapaba gran parte de su cuello con la papada. Usaba gafas circulares que, a juzgar por su
grosor, sugerían un enfoque visual sin perdón. Tras un bostezo, acotó:
-Don Juan Matus, el curandero, dice que el ocaso es la conexión entre los mundos.
-Mi mundo últimamente se ha ceñido por completo al sindicato –comenta Heinrich,
compadeciéndose de sí mismo.
-¿Cuando dices “sindicato” te refieres a la CLT?
-Sí. Desde que conocí a Sebastián González, secretario general de la CLT,
entablamos una grata amistad. Dijo que podría colaborar con todo lo relacionado a la
divulgación del ideal libertario, así que me pidió que formase parte del Secretariado de
Propaganda. No soy obrero, sino artesano, pero me esfuerzo por alcanzar la revolución
proletaria.
-También es importante compartir nuestra visión del mundo –afirmó Khaloo-,
porque así todos crecemos. Sin embargo, la experiencia es un proceso individual. ¿Qué
significa para ti la “revolución proletaria”?
-Significa que hay gente recibiendo malos sueldos y debido a ello no puede darle
comida a sus hijos… Pero el sindicalismo anarquista no se conforma con pequeñas
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reformas, como un aumento de salarios; también busca que las personas tomen conciencia
de su importancia dentro del conglomerado en que viven; despertar las conciencias
obnubiladas. Las sociedades que asumen en su seno modelos preestablecidos de
convivencia, están condenadas a la extinción, porque terminan cimentando un orden
autoritario. Entonces, además de las reformas que son elementales para solventar
necesidades inmediatas, están los ateneos, las bibliotecas sociales, los círculos de
discusión…
-Heinrich, ¿y no te parece que el término “revolución” ya está agotado? Las
revoluciones lo único que han logrado es cambiar un status por otro. Es decir, tanto el
proletariado como la burguesía son componentes del capitalismo, son clases establecidas
por el mismo sistema opresor, y no entiendo cómo es posible alcanzar mayor libertad
apelando a uno de sus componentes. ¿Me explico?
-Sí, te entiendo, Khaloo –corroboró Heinrich, dispuesto a no dejarse convencer-.
Sólo que no lo comparto. Los procesos de cambio son lentos y los progresos que suceden
tras una revolución son incuestionables.
-¿Incuestionables? –preguntó Khaloo, sobresaltado- ¡Es que una de las cosas que
hay que cuestionar es el concepto de progreso! ¿Sabías que Krupskaia, la esposa de Lenin,
lo primero que hizo al llegar al Palacio fue ponerse las joyas de la zarina Alejandra? Eso,
hermano mío, eso dice tanto como el ostracismo de Milán Kundera –concluyó, y al instante
regresó a su postura serena.
-¡Khaloo! –gritó una voz de mujer- ¡Ya están listos los canelones de espinaca! ¡Ven
a comer!
-¡Ya voy, mi amor! –vociferó Khaloo al aire. Luego se volteó nuevamente hacia
Heinrich y, retomando su entonación, indicó:- Es Rachel, mi esposa…. Pero antes de comer
quisiera escucharte... Eh, ¿dónde habíamos quedado?
-Nos quedamos en la revolución –respondió Heinrich-, pero no me cabe duda de
que el leninismo se derrumbó con el Muro de Berlín, tanto como el capitalismo se caerá
con el muro que Estados Unidos pretende construir en la frontera mexicana. En todo caso,
el sindicato promueve un trabajo digno para todos.
-Aprovechando que mencionas esa palabra, ¿sabías que etimológicamente el trabajo
quiere decir “tortura”? Viene del latín tripalium, que significa literalmente “tres palos”. Y
al menos yo, que no quiero ser apaleado, adoro sembrar la tierra y recoger el fruto.
-Nunca había oído al respecto –aseguró Heinrich, mostrando gran interés.
El Chómpiras apareció con la lengua fuera de su boca, y se sentó debajo de la
banqueta. Khaloo, acariciándolo con sus pies, acotó:
-De igual forma, importa más lo que se hace de corazón que el origen de cualquier
palabra –y abrazó a Heinrich.
***
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EPÍSTOLA SEGUNDA
Querida Claudia,
Puesto que no te gustó mi deseo por reivindicar los lugares comunes, cuando te
expresé mi ilusión de regalarte una rosa y decirte: “Una rosa para una rosa”, y vos te
negaste rotundamente a escuchar una frase tan gastada, pensé que podría ingeniármelas
para declararte mi amor de una nueva manera.
Pero este sentimiento no quiere ser tan dócil. Él, naturalmente, quiere ser el Amor
inmaculado, bañado en flores de céfiro. Entonces me pareció que yo podría regalarte cosas
inútiles y bellas que tienen mucho valor para mí, ya no tanto el éter de la poesía, ya no tanto
canciones ajenas y sueños propios. Ni siquiera la luna y su conejo.
Muy pero muy en cambio, quise regalarte resplandores con moralejas y manchitas
de estampilla. Mas soy suficientemente lúcido y despistado para saber que el mayor
obsequio de la vida está aquí y ahora. Por eso un poetastro como yo no puede entender que
vos estés decepcionada del mundo.
¿Y qué tienen que ver eso con mis desilusiones?, te preguntarás vos, abrumada. Y
yo pienso un poquito, hago una mueca y te contesto categóricamente: no lo sé, como tan
poco sé qué es un “imperativo categórico” o la “cosa en sí”, pues si algo tiene de atractivo
el universo es su incertidumbre.
¿Y qué fue lo que te impulsó a regalarme algo?, te preguntarás vos, consternada. Y
yo divago dos milésimas de ternura y te confieso tímidamente: porque te estoy amando.
Entonces adoptás una postura hermética como una pequeña que no desea dejar su casa para
ir al colegio. Cruzás los brazos y me preguntás apesadumbrada: ¿y por qué me amás? Y yo,
siempre tan antropomorfo, ontológico e inocente, te robo la pesadumbre, la consternación y
la bruma ultravioleta de tu pensamiento, y te contesto encantado: porque sos mirada
extraviada, porque sos níspero agridulce, quimera a borbollones, jazmín y locura, rocío,
esperanza y desilusión, sos rosado púrpura y muchas fresas, sos nada y espíritu, y sos
grande, áspera como mis manos, sos piedra de río, cáscara de huevo, libélula y Medusa, o
sos aliento de niña, yerba mate, noche y espejismo, sombra y sigilo, sos leyenda, aire en la
ramada, pasión, grito, susurro y sonrisa, sos también tacto y hojarasca, infinidad, peca de
espalda, lluvia, cristal, y sos incluso ninfa, inverosímil y daga, sos voluntad, esmeraldas,
anarquista solapada y sensualidad y sos testaruda y te estoy amando.
Un beso
¡Salud y alegría!
Heinrich L.
***
Claudia dejó de leer los periódicos. No era fácil llevar un mundo nuevo dentro del
corazón, un mundo nuevo que crece a cada instante, como decía Buenaventura Durruti.
Quizás difícil porque la patética condición humana que Albert Camus denominó “la peste”,
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con todas sus violencias e iniquidades, creaba un estado de desilusión, una náusea sartreana
profunda.
Sin embargo, tales estremecimientos se esfumaban retornando a la simplicidad de la
vida. Ya decía aquel poema de su amiga Edna:
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“Seguramente cuando la cultura y la contracultura se encuentren, existirá en el
mundo un verdadero entendimiento”, pensaba Claudia. En todo caso, ¿por qué la gente
prefería bailar el Macho-man de Village People que alcanzar la simetría perfecta
hombre/mujer? ¿Por qué la debilidad y la fuerza, así como la diversión y el compromiso, no
se consagraban como cualidades sin sexo? Ella creía que en vez de preconcebir el futuro
con catalejos, hacía falta una embriaguez colorida siempre cambiante, equiparable a un
calidoscopio o el tornasol.
-Me da un kilo de mangos, por favor –demandó Claudia.
El frutero se dirigió al estante donde reposaban los mangos, metió en una bolsa de
plástico los kilogramos solicitados y la midió en una báscula digital. Luego, le colocó una
pegatina con el precio y se la entregó al cajero, quien anotó el monto a pagar e imprimió
una factura. Ella sacó unos billetes de su cartera y, tomando la bolsa, pidió que conservase
el cambio.
En la cafetería, Claudia atendía a todo tipo de cliente (displicentes empresarios de
corbata haciendo inversiones por teléfono móvil; monjas austeras pagando la cuenta con
tarjetas de crédito; enamorados que se odiaban y se maldecían en público por el resto de sus
vidas; gamberros que no pagaban la cuenta, etc.), y de alguna manera sabía que las olas de
automatismo empañaban la paciencia.
A veces su entereza claudicaba ante la actitud de su jefa: una mujer que se
interesaba por los hombres según la proporción de sus nalgas o la musculatura. Y como
juzgaba a los demás de acuerdo con las apariencias físicas, de igual forma se juzgaba a sí
misma. Por tal motivo, se vestía con ropa estrecha, se maquillaba el rostro con toda clase de
cosméticos, uñas pintadas, decoloración del cabello, liposucción, risas de colágeno…
Tras caminar un par de cuadras, Claudia se dirigió hasta una casa okupa (squatter)
donde se realizaban las reuniones de Unidad Armónica, un grupo conformado por diversas
esferas del movimiento libertario, desde el individualismo hasta el colectivismo. Y aunque
convivir con ideales opuestos era tarea ardua, su apertura y eclecticismo se realzaban en
una hija aglutinante: la revista Salud y Anarquía, que paulatinamente iba aumentando su
tiraje.
Si bien ella sólo se integraba un día a la semana debido a los rigores de su empleo,
la labor del squatter era interesante y abarcaba un espectro mucho más amplio: producían
autogestionariamente muebles reciclados y frutos deshidratados; sembraban en la terraza
hortalizas para su consumo propio; y daban talleres de capoeira, yoga y nutrición, o
realizaban conciertos y recitales.
En una oportunidad, también llegó a sus predios el teatrito de la Libélula Dorada,
presentando El dulce encanto de la isla acracia (“El titiritero ocupa una misteriosa parcela
de lo sagrado, pero con la sonrisa oculta del bufón –Iván Darío).
Claudia entró por el cobertizo, franqueó el deshidratador solar y subió por unas
escaleras en forma de caracol hasta el segundo piso, donde halló una gran sorpresa.
***
42
ANARQUÍA SIN ANARQUISMO
“A veces me convenzo de que la estupidez se llama triángulo,
de que ocho por ocho es la locura o un perro”
Al parecer hay una crisis mundial dentro del movimiento anarquista. Los
simpatizantes arrojan al suelo la bandera negra con la convicción de no quedarse
estancados en ideologías marginales, y se marchan al bosque a abrazar a los árboles, hablar
con los pájaros…
Pero durante las últimas noches ha merodeado por mi cabeza una frase acaso
perteneciente a algún ropavejero, filósofo desquiciado o vate: el anarquismo es un fracaso
como sistema político, precisamente porque ni es sistema ni es político.
Entonces desperté y una revelación secuestró mis sentidos: el anarquismo es una
doctrina cualquiera, con sus análisis históricos, sociológicos y coyunturales; sus barbudos
teóricos decimonónicos, citados una y otra vez hasta la saciedad; y los debates, discursos y
demás formas de retórica. En cambio, la anarquía (en latín a, no, y arche, principio) es un
estado trascendente de la Mente Divina.
El fracaso del anarquismo estriba básicamente en que se reconoce como ideología
política. Ahora bien, las ideas, al igual que la política, sólo existen para ser destruidas. Las
primeras no me pertenecen hasta tanto no emerjan de mi voluntad creadora –henchida de un
ánimo lúdico/destructor-; y la política es tan sólo una tesis de la Vieja Derecha Griega, el
zoon politikón platónico que desesperadamente asume la condición gregaria como sinónimo
de actitud política. ¿Usted ha visto un elefante –que es un animal de manada- yendo a un
centro de votación, por ejemplo?
Mi Anarquía Espiritual se desnuda y corre en busca de sí misma...
Sé que hablar de espíritus puede traer algunas confusiones, como asociarlo al
espiritualismo mercantilista de la Nueva Era o a las religiones monolíticas del miedo.
Tampoco el espíritu a que hago mención proviene de las consideraciones fenomenológicas
como las de Max Scheler (o sea, que únicamente los seres humanos poseen espíritu), sino a
la fantasmagórica visión de Max Stirner (o sea, que vivimos en un mundo espectral).
La propiedad es una torta cubana
Estamos rodeados de espíritus y cada uno de ellos responde a una causa egoísta, a sí
mismos. Bastaría ojear la literatura anarquista para darse cuenta de que esta afirmación
siempre ha existido en los planteamientos de sus teóricos, pero en un plano dialéctico y casi
como asomo.
Miguel Bakunin decía en uno de sus libros que el hombre se asemejaba a la
naturaleza del león, que es un animal gregario y sin embargo cualquiera envidiaría la
libertad de la que goza (a menos que haya sido encarcelado en un zoológico, acoto yo).
Luego llegaba a la conclusión, a través de la anterior comparación, que los regímenes
totalmente socialistas o totalmente individualistas se han hundido en el fango por no
reconocer este nivel intermedio inherente.
Errico Malatesta sostenía que el anarquista luchaba por su libertad, no por la de los
otros, pero como la libertad de los otros se extiende junto a la de él, entonces su lucha
contra toda forma de opresión resultaba legítima.
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Lo mismo sucede con Pedro Kropotkin. Cuando uno finaliza la lectura de La moral
anarquista, todo se resume en que uno debe ser egoístamente altruista.
Pero en el anarquismo todo permanece suspendido, aunque se debata una y otra vez,
seguramente debido al mantenimiento de una noción paralítica del cambio. Para Pierre-
Joseph Proudhon una revolución significaba simplemente cambiar del predicado un sujeto
por otro, no eliminarlo. En otras palabras, se elimina a Dios, pero se mantiene la moral, o se
elimina el Estado, pero se mantiene la estructura (1). Nada sustancial cambia. La moral, que
es la ley dentro de mí, permanecerá inmutable. De ahí el surgimiento de la frase: “No soy
Yo quien vivo, es la Ley la que vive en mí”.
En mi Yo Superior se halla la flama que sólo puede satisfacerse en el amor y la
compasión, y no en la colección de Rolls Royce. Es posible creer que satisfago mi espíritu,
cuando en realidad vivo una extrapolación del yo, como un símbolo que me posee. Podrá
sonar embrollado, mas si ves tu entorno te percatarás de que todo es Espíritu. Si de algo
mana palabra alguna, penetra ese “algo” al nombrarlo y hazlo tuyo mediante la poesía.
Poesía y anarquía, siempre tomadas de la mano. Anarcopoesía: el reconocimiento de
la digresión de mis sentidos, el dominio del símbolo o trasgresión de la palabra como Ta Yu
(posesión de lo grande).
Los anarquistas creen, en cambio, tanto como los filósofos, que pueden conseguir o
tener la verdad empleando el lenguaje. Es sabido que éste proviene de la reproducción de
impulsos nerviosos convertidos en fonemas y de allí surge la palabra hablada. De acuerdo
con Friedrich Nietzsche, a la soberbia humana esto le fue suficiente para hablar de
“verdades”, cuando ni siquiera ha visto la realidad con los ojos de una mosca (2).
La verdad más profunda se halla en el corazón.
Sin embargo, yo soy una mosca. No hay verdad más allá de mí mismo, pues Yeshua
me señala el camino de mi sol interior. Derribo paredes, invento filosofías y bailo con tal
belleza que puedo explorar más allá de lo que podría conocer el espionaje satelital. Como
Siddharta, me introduzco en el cuerpo de un chacal muerto –veo ahora desde los ojos
exánimes del animal, y me río-, siento cómo los coyotes me devoran; me vuelvo esqueleto,
hueso, y luego polvo llevado por el viento. Mis palabras son el viento que irrumpe los
intersticios del río, haciendo que las aguas se agiten hasta el florecimiento.
Y no me hace falta argumentar, como a los anarquistas (antes que eso vivo). La
diferencia es que ellos convencen; yo enamoro. De modo que deja el decoro y come un
poco de torta cubana.
Ni Dios ni amo aunque amo a Dios
¿Qué hacer para vivir desde la anarquía? Algo tan sedicioso como vivir. Aunque si
en el choque ultrasónico material/espiritual alguien intenta arrebatar mi alcance cósmico,
tendré que atacar con todo el impulso vital de mi ánimo lúdico, como burlarme de la
raquítica A ceñida en círculo que pintan en sus banderas.
Piensa en esto. Los anarquistas desdeñan el orden si es impuesto por unos pocos a
las masas embrutecidas, pero adoran una estructura autogestionaria. En efecto, el problema
en sí no es el número de gente que puede ordenarse por sí misma, sino el propio orden
(“Cuando no hay orden, entonces no hay desorden porque hay Espontaneidad” –Osho).
Entonces no soy ni burguesa ni proletaria, ni de izquierda ni de derecha, ni blanca ni
negra. Señora, no soy el ángel de la muerte, sino la hija de la vida. Es decir, no lucho por
algo, sólo me divierto. De resto, que los determinismos/reduccionismos sean lanzados al
basurero de la Historia.
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Desde luego que un sabio intentará rebatirnos estas propuestas diciendo, por
ejemplo, que un no-principio como la anarquía es un principio, ¿o acaso es una verdad
decir que nada es verdad?
No obstante, sólo en el plano de la lógica uno podría agachar la cabeza y encerrarse
nuevamente en la alcoba, en virtud de tal razonamiento. Ahora bien, como el método y las
categorías racionalizantes no se corresponden con la trascendente inmanencia del Tao, el
“argumento” será reírse del sabio o hacerle el amor. Le coeur a ses raisons, que la raison
ne connaît point (3). Podríamos, si queremos, suplir el no-principio por un reconocimiento
mucho más seductor: la anarquía como caos, creación continuada, microorden espontáneo.
O como el principio de Hesíodo: Caos/Nada, Geia/Tierra, Eros/Amor.
¿En qué se diferencia un marxista que anhela la Dictadura del Proletariado de un
anarquista desesperado por conseguir la Revolución Social? Tanto uno como otro
responden a causas externas, ismos, extrapolaciones del yo, cada una con un matiz
diferente, pero al fin y al cabo ambos dejan de sentir para satisfacer una causa que no es
propia, precisamente porque no está conectada con su ser más profundo.
Yo, como soy toda espíritu y a la
vez toda corpórea, como mi anarquía es tan
única como mis huellas dactilares, voy
hacia lo visible y con su sombra creo
invisibles formas de volar.
Quizás llegue el día en que los
anarquistas se percaten de que la utopía
realizable, aquí y ahora, es una federación
de misterio, un estado poético de crimen y
exuberancia. Pero si aún persisten en su
desgracia, nuestra poesía invadirá sus
espíritus con fluidos de agitaciones
evanescentes triángulo locura perro.
***
-¿Me propones que pase la vida intentado libertar una sociedad? –preguntó Khaloo-.
Llámalo aislamiento o como quieras, pero desde que construimos estas barracas nos ha ido
de maravilla.
-Pero Edna me dijo que hace dos años la policía subió hasta acá y pretendió sacarlos
por la fuerza. De manera que las consecuencias de una sociedad autoritaria les perjudican –
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dijo Heinrich, echando un vistazo regularmente hacia la calzada con el propósito de ver la
llegada de su compañera.
-Ése fue un incidente bastante engorroso –reconoció Khaloo, pensativo-. La policía
vino con una orden de desalojo y nosotros, que no tenemos títulos de propiedad, la
rechazamos. Luego, sin intercambiar palabra, lanzaron bombas lacrimógenas a las casas,
sin importarles siquiera la presencia de los niños. Pero, aunque no lo creas, nuestros hijos
salieron y comenzaron a desapuntar las armas de los policías; otros les lanzaban piedras…
Hubiese sido un logro tremendo hacer algo como la Revolución de los Claveles, pero a
ninguno de nosotros nos gusta mutilar flores…
-¡Buenas noches! –exclamó Claudia, apareciendo de la calzada con una bufanda
enrollada en el cuello.
-Hola, amor –saludó Heinrich tiernamente, parándose de la banqueta -¿Ya conoces a
Khaloo?
-¡Por supuesto! Él fue quien me dio las semillas de auyama asturiana –respondió
Claudia acercándose a Heinrich. Luego de besarlo, haciendo una reverencia con su cuerpo,
dijo:-.Hola, Khaloo, ¿cómo estás?
-Muy bien, Claudia. Había olvidado decirte que no hace falta utilizar semilleros
para la auyama, porque es rastrera. Sólo plántala durante la Constelación de Fuego y voilá –
y dirigiéndose a Heinrich, continuó:- Hermano, ha sido un placer conversar contigo, pero
como dice la canción de Manu Chao: el hambre llega, el hombre se va, sin más razón.
Riéndose, se marchó a paso rápido, mientras Claudia y Heinrich permanecieron en
la banqueta.
-¡Mira lo que traje! –comentó Claudia, levantando la bolsa de mangos.
-¡Qué bien! ¡Vamos a celebrar con un rico jugo!
Entonces ambos, abrazados, se dirigieron hasta la barraca. Una vez dentro, ella se
quitó el saco, lo colocó encima de la percha y se tendió en el sofá, mientras él prendía un
quinqué para iluminar la cocina y picar la fruta.
Tras unos minutos de silencio, Claudia afirmó:
-La reunión de hoy fue espectacular, amor. Después de tocar los puntos sobre la
coyuntura política y definir los artículos que saldrán para la próxima edición, nos visitó un
anarquista italiano, Stefano, quien nos contó algunas experiencias autónomas en su tierra
natal.
-Cogiste mango bajito –dijo Heinrich, pretendiendo hacer una broma.
-¡No digas chistes malos! –repuso Claudia-. Stefano pertenece a un grupo llamado
La Bella Vita… Contó que el verano pasado organizaron un partido de fútbol con
cuatrocientas personas, divididas en dos equipos. La pelota con que jugaban tenía más de
dos metros de diámetro –se levantó del sofá e indicó la medida alzando el brazo por encima
de su cabeza-, como de este tamaño, hecha a base de cartón y telas recicladas –se sentó de
nuevo-. Empezaron el juego y, al patear el balón, éste entró en un supermercado y todos
fueron a buscarla, aprovechando la ocasión para llevarse unas toneladas de comida
-¡Eso es vandalismo! –soltó Heinrich con el ceño fruncido, en gesto de reproche.
Claudia, riendo, prosiguió:
-Sería vandalismo si saquearan para ellos o lo vendieran... Stefano cuenta que luego
de sacar la comida, improvisaban en la calle un restaurant atendido por mesoneros clown
anarcopunks vestidos de frac, como un teatro de cinco tenedores, y ofrecían gratuitamente
un exquisito banquete a mendigos, transeúntes…
46
-O Bella Vita, per sempre stai nel mio cuore! –dijo Heinrich pomposamente, con un
vaso en cada mano-. Celebremos, pues, estos interesantes acontecimientos con un jugo de
mango. Mmmmm.
Extendió un vaso a su compañera.
-¡Espera! –exclamó Claudia-. Hagamos un brindis por Edna, porque gracias a ella
estamos bajo este techo.
-Es verdad… ¿No has hablado con ella?
-No. No ha respondido los correos que le envié.
-¡A su salud! –dijeron ambos al unísono, chocando ligeramente los vasos.
En un abrir y cerrar de ojos, Claudia se acabó el jugo. Agradeció la bebida con un
beso, lavó el vaso vacío y ponte esta noche a cantar, que la nuestra es agua de río
mezclada con mar. Se desvistió y, tras lanzarse a la cama, se arropó con las sábanas de pies
a cabeza.
Heinrich, tomando el jugo en pequeños sorbos, llevó el quinqué de la cocina a la
mesa de noche –al lado del retrato oval con la imagen de Ganesha- y tomó El principio del
Estado. Aunque la oscuridad se opusiese, lo terminaría de leer.
Sin hacer ruido, se acostó en la cama y abrió el libro:
“La creación, ¿fue realizada desde la eternidad o bien en un momento dado de la
eternidad? En el primer caso, es eterna como dios mismo y no pudo haber sido creada ni
por dios ni por nadie; porque la idea de la creación implica la precedencia del creador a la
criatura”.
Las mismas manos que lo secuestraron durante el concierto de trova, ahora se
introducían debajo de su franela y le acariciaban el pecho. Claudia, acostada de bruces y
arropada hasta el cuello, lo acariciaba suavemente con su mano izquierda.
Pensando que se trataba de un movimiento involuntario causado por el estado de
hipnosis, como una suerte de REM en actividad inconciente, Heinrich decidió seguir
leyendo:
“Por consiguiente, si la creación es eterna, no es creación. El mundo no ha sido
creado por dios, por tanto tiene una existencia y un desenvolvimiento independientes de él
–la eternidad del mundo es la negación de dios mismo- pues dios era esencialmente el dios
creador”.
-¿Sabes cuál es la parte que más me gusta del Cantar de los Cantares? Ésa que dice:
“Bebed, amados, y embriagaos”.
Heinrich volteó la mirada y se percató de que Claudia, entre sábanas, le observaba
con ojos seductores. Entonces lanzó el libro al suelo y la abrazó.
Se besaron.
El roce de la piel era una danza de luz agitación excitación y fluido. Se fusionaban y
sus piernas se confundían en una misma entelequia enardecida, mientras sus cuerpos se
encontraban en delicados alientos simultáneos. El quinqué era de pronto un fuego sagrado
creando formas espléndidas en medio de su deleite, y una espalda se iba convirtiendo poco
a poco en crepúsculo, un brazo en firmamento y unos ojos en espejo.
Esa noche, fueron uno recorriendo infinitas galaxias hasta el amanecer.
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¡Me hallo entre el desvarío y la armonía!
Y te digo:
no requiero cincel para esculpirte,
ni pincel para dibujarte,
porque de tu belleza desnuda y barroca
yo sólo aspiro a la aceituna de tu vientre.
***
48
INSURRECCIONALISMO SENSORIAL: CONSPIRATIO AMORIS
Hace algunos días unos académicos nos comentaban que la Comuna era un grupo de
epicúreos que pretenden llenar la ciudad de Jardines, un grupo de “sabios” que,
enarbolando principios hedonistas, desea vivir al margen de una sociedad descompuesta.
Nuestros ojos comienzan a desorbitarse; se nos derraman las copas de vino; nuestros
esqueletos caen en un temblequeo desenfrenado.
Hipnosis. Hipnosis.
Y aquel niño, llamado Epicuro, no entendía de dónde había nacido el Caos de
Hesíodo –“Al principio de todo hubo el Caos...”-. Sus maestros no supieron explicarle
aquello y, por lo tanto, emprendió un largo viaje en busca del saber. Pero las garras
delirantes del atomismo democriteo y uno que otro patético residuo peripatético, se
adueñaron de los sueños de aquel bello jovencillo, llevándolo a originar un hedonismo
moderado...
Así que estamos los poetas comuneros en el Jardín. Atenas es bonito, aunque las
paredes están muy limpias. Junto a nosotros hay discípulos, esclavos, mujeres y heteras.
Frontalmente, está ese viejo barbudo diciendo: “Yo exhorto a placer continuos y no a esas
virtudes vanas y necias que comportan embrolladoras ilusiones de frutos futuros”.
Un cínico, envuelto en un tabardo de estameña, pasa cerca de nosotros, mostrando
su puño cerrado del cual solamente se yergue el dedo medio. Nos saca la lengua como
mofándose, y se va. Le preguntamos al Maestro si podemos romper nuestro ayuno con un
poquito de vino. Él responde que no, pues con pan y agua podemos satisfacer nuestros
placeres. Entonces nos encolerizamos y, decepcionados, nos vamos gritándoles cuán
bochornoso es su placer reformista.
Comienza la travesía.
Dos almas, empujadas por una seducción sin límites, se juntan: melodía
invulnerable, incontenible como un choque celeste misterioso. Epicuro, deteriorado tal vez
por los radicales libres, empieza a balbucear cosas sobre los átomos. Las sensaciones,
percibidas de diferentes formas, pero intransigentes ante cualquier esquema que intente
darles coherencia. Y Epicuro insiste en que éstas requieren una confirmación
(epimartyresis), con el propósito de llenar una expectativa científica –a esta grosería le
llaman empirismo.
De este modo, Occidente –perdiendo el tiempo cual reloj- busca con ansias llegar a
Marte y comprar hectáreas en la luna, mientras toda su civilización se zambulle en una
laguna de veneno (“La Coca-Cola es el agua residual del pueblo occidental” –Ilan Chester).
¡Derriba al empirismo! ¡Arriba la experiencia!
Nosotros decimos: toda sensación es verídica. Quien intenta confirmar una
sensación no hace más que negar el momento, pues la vida no se halla dentro de
categorizaciones ni estructuras racionalizantes. Es caótica, álogos por sí misma. Si algún
antropólogo cultural o filólogo pretende hacer una genealogía de esto, pierde su tiempo. Es
imposible demostrar a través del logos la carencia de logos de las sensaciones.
Los cuerpos siguen embriagados. Por un momento, el placer y el dolor se toman de
la mano y, desde una gran cumbre, se lanzan al vacío: una sima que esconde tras la bruma
un valle inmenso. Se pierden entre los árboles. La palabra se trastoca. El aire se torna
húmedo. La nada hace presencia más ausente que nunca, mientras Lao Tse se hurga la
nariz. (Stefan George estuvo por aquí, pero le temblaron los cojones al ver que él era una
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sombra de sí mismo, y terminó como el mayor detractor de la nada: “No existe la cosa allí
donde la palabra falta”).
Entonces un instinto nos inclina a la búsqueda del ágape. En un abrir y cerrar de
ojos, el dolor se despluma, tarareando una temible canción que compara la Fortuna con la
luna. Encabezan en nuestras cabezas algunas representaciones mentales (phantasíai) y,
entre tanto, comprendemos que la única manera de fundirnos con el Supremo es a través de
la creación (crear, poiesis, poesía). Caos nos dice que a esto le llamemos pasión:
sensaciones creando poesía, poesía creando sensaciones. Lo corpóreo e incorpóreo vagando
en una misma estela de fiesta.
A lo lejos, vislumbramos un niño: Eros quiere jugar...
¡Aguarda! Los negadores del amor querrán que te conviertas en un fantoche
insensible. Querrán que razones, analices, argumentes y cuentes números hasta que dejes de
sentir y lleves una vida de aburrimiento y desolación; te impondrán el tripalium, el trabajo,
con el fin de que ni siquiera puedas sentirte a ti mismo; intentarán suprimir tu fuerza
interior obnubilando tu conciencia y así ponerte al servicio de un líder que pedirá ser
aplaudido, o un dios impío que te dirá: “Témeme y calla” –enseguida serás un esclavo de la
Mentira, vigilado continuamente por rabiosos perros de tres cabezas-. Fue por estos mismos
motivos que los epicúreos mitigaron la conciencia no-ordinaria y la autorrealización
radical, a objeto de no ser incomodados por el Orden y la Autoridad.
¡Basta de artificios calmantes! ¡Insurreccionalimo sensorial!
Si el placer puede valerse de la creación para reafirmarse, la insurrección puede
valerse de la recreación para afirmarse. Llámale a esta lucha re/creación. Siente, y no
permitas que los negadores del amor te intimiden. Ellos te dirán que los sentidos mienten,
que los poetas mienten y que todo el mundo miente salvo ellos. Incluso los anarquistas –
con quienes la Comuna Poética tiene más contacto- posiblemente no entiendan que somos
el vino, no la etiqueta del vino.
Porque como pudo ver H. Marcuse, el epicureismo propone un hedonismo negativo
(evitar el dolor), mientras que el nuestro siempre ha de ser positivo (procurar el placer). De
hecho, Epicuro, mediante su atomismo, dijo que la muerte nada es para nosotros –quien ha
muerto no siente y quien siente no ha muerto-, pero dejó de lado el ser consciente.
Únicamente derrumbando a Babilonia podremos vencer a la muerte, tal como lo previó A.
Cappelletti.
No hay qué temer: el placer desea el comunalismo del silencio.
...Un cuerpo es una revolución; dos, una utopía...
No abstraigas tu lucha (tú ya eres el gobierno absoluto de ti mismo); siente,
siente; evita debates y discursos –no hay nada menos placentero que
disertar sobre el placer-. Es más: si alguien te llegase a criticar, tendrá la
Razón –y que se quede con ella.
Hipnosis. Hipnosis.
Despertamos. Yacemos en el piso y, desde allí, vemos unos académicos
carcajeando sardónicamente: “¡Miren, a los poetas comuneros no les asentó
bien el vino! ¡Los epicúreos se han embriagado!”.
Comuna Poética
***
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Heinrich se despertó tarde el domingo. A su lado estaba tendida Claudia, desnuda
como una nube, cubriéndose el rostro con una almohada.
Como ambos tenían compromisos –él sindicales y ella laborales-, Heinrich intentó
despertarla sacudiéndole ligeramente el hombro, besándole la mano. Aletargada, pidió más
tiempo para dormir, pero se activó al tomar conciencia de que debía bajar a la cafetería.
Heinrich se deslizó hasta quedar sentado sobre el borde de la cama y sus pies
descalzos pisaron el libro de Erick, que yacía en el suelo, abierto y todo maltrecho.
¡Carambolas! Mejor era devolverlo que tenerlo en tal estado.
Mientras Claudia se daba una ducha, se dirigió hasta la cocina. De un estante sacó
un cuchillo y una tabla de madera, disponiéndose a cortar en rodajas cebolla, pimentón,
zanahoria y calabacín. Según él, guisar vegetales lo conducía a un estado de entusiasmo (de
la unión latina en y theos, “Dios adentro”) que lo desconectada de las presiones mundanas.
Encendió una hornilla y colocó encima una sartén con aceite.
¿Cómo ser poeta si los momentos de mayor inspiración estaban interrumpidos por
actos fisiológicos, como comer, cagar, dormir, etc.? Voces milenarias, sencillas,
merodeaban su hogar como wakas sin pasaporte. Recordó por extensión al grupo de cuenta-
cuentos de la universidad, que consagraba sus presentaciones con la contundencia de la
brevedad: “Cuando me levanté, el dinosaurio aún estaba allí” (aplausos).
Abrió un gabinete donde guardaba especias, y sacó sal, pimienta y semillas de
cilantro. Lanzó los vegetales a la sartén y sazonó.
Claudia salió del baño despabilada, vestida ya con el uniforme de la cafetería, que
consistía en un traje azul enlazado en la cintura por un cordón blanco. Su cabello, todavía
húmedo, goteaba tras su paso.
-Estoy lista –dijo Claudia mientras tomaba dinero de la mesita de noche-. Me voy...
Esperemos que mi jefa no se moleste por el retraso.
-¡Más probable es que se moleste porque no estás peinada! –dijo Heinrich.
Ambos rieron y, de repente, la escena se convirtió en una pintura de Alex Grey,
donde la forma es vacío y el vacío es forma.
***
51
HALLOWEEN COMO PLAN REVOLUCIONARIO
“Dios es un orgasmo continuo”
Alejandro Jodorowsky
No es una fiesta para adolescentes pequeño burgueses ni para que las tiendas
coloquen calabazas huecas de “semblante grotesco” en sus anaqueles. El anaranjado y el
negro nunca fueron colores consignados a la Publicidad del Deseo Reprimido (siempre se
conservaron, respectivamente, como el equilibrio del espíritu y el eterno silencio de la
conciencia). Ni fantasmas cubiertos de tela ni brujas chillonas ni personajes de terror
mediático deambulando en las calles como pequeñas propiedades privadas del patriarcado
trabajador. Ni encantos de marketing ni cenas hipócritas ni condenaciones de pecado culpa
sexualidad acallada,
sino vástagos de conciencia, verdaderas hechiceras de la Era de Zión, danzantes
nudistas, malabaristas de la secta Émile Armand en monociclo, prestidigitadores
postnietzscheanos, nibelungos espasmódicos.
Una genuina hueste del amor desatado.
Halloween era para los antiguos celtas la noche, la última noche del año, en que la
Muerte expulsaba sus ánimas perversas, motivo por el cual el pueblo se organizaba en
pequeñas hordas para ahuyentarlos. Salían los pobladores con máscaras temibles,
antorchas, trajes excéntricos, botellas de vino y un par de bolsas de castañas, dispuestos a
combatir con todas sus fuerzas a los demonios.
Las aldeas se organizaban en campamentos de cinco personas y, siendo más de un
centenar de familias por aldea, daban muestra de que se trataba de un acto masivo. Tal
como apunta Edgar Plank en su obra Myth-apology, “el Halloween de los celtas era una
batalla espiritual sin tregua. Las gentes hacían brigadas alrededor de las viviendas.
Acampaban en el bosque y, en medio de las frondas, comenzaban sus rituales encendiendo
un fuego” (Pág. 138, Editorial El Ungido).
Según Plank, la ceremonia de Halloween consistía en dos fases, dentro de cada
brigada: primero, un monje druida iba a rezar bajo la densidad de la bruma, la grandeza de
la luna y el abrigo del follaje; y segundo, un bardo quedaba encargado de proveer de vino y
frutas a los combatientes, mientras danzaban entonando melodías a favor de la vida.
La danza, por su parte, trataba de una redención interior que trascendía toda ilusión
y enfermedad. Alrededor del fuego sagrado, los comensales se quitaban sus prendas de
vestir, se embadurnaban el cuerpo entero de ceniza y hablaban con los cuervos.
Esto es un ejemplo de que Europa, unos siglos antes de la era cristiana, representaba
un punctum importante de conocimiento trascendental. Por ejemplo, cuando los celtas
llegaron a Grecia, los helenos exclamaron: “¡Tanto desprecian la muerte que combaten
desnudos a excepción de un cinto!” (Plank, Pág. 63).
Asimismo, cabría preguntarse: ¿por qué motivo Julio César mató tantos galos? ¿Por
qué Gregorio IV instauró el Día de Todos los Santos el 1 de noviembre -día siguiente a
Halloween- para “mitigar los ritos paganos”?
Ciertamente, la Historia supone a los celtas como vándalos, los da por gens
bellicosissima –tal como les apodaban los romanos-, mas a este tenor es probable que
hayan sido unos auténticos aventureros, nómadas de las artes del fuego. Y a objeto de
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mantener el equilibrio, no cabe ignorar sus tendencias colonialistas tanto como afirmar la
cadencia de su arte.
En cualquier caso, nuestra intención no es ser apologistas del antiguo dominio
Indoeuropeo. Se trata, más bien, de aprender de cuanto fue dado, en vez de condenar desde
la ignorancia como lo hiciere el puritanismo rancio, que terminó llevando a la picota a los
pueblos célticos por no querer pagar los impuestos eclesiásticos.
De mismo modo ocurrió con los
aquelarres, que de acuerdo a la Historia
fueron condenados como actos satánicos y
herejes, pero que a través de estudios
antropológicos (véase El Dios de los brujos,
de Margaret Murray) hoy sabemos que eran
simples rituales donde las personas se
volvían devotas, adorando del agua de mi
sangre, la tierra de mi cuerpo, el aire de mi
aliento y el fuego de mi espíritu.
A lo largo de los siglos, en diferentes
culturas se ha manifestado una inclinación
por alcanzar la Luz, la luminiscencia
primordial. Los islámicos, por ejemplo,
suelen confundir el En-Nür (Luz) con el Er-
Rüh (Espíritu). Oghuz qa an estuvo con la
mujer más bella gracias a una irradiación
celestial. Y aunque la noche sea el más poético de los temperamentos del cielo, la luz yace
en el suelo de un callejón como feto del Caos-Verbo, rayando las paredes del vecindario
con parábolas ‘patafísicas.
Como explica André H. Sortier en la Historia de la Iluminación: “Para muchas
religiones la luz es entendida, desde una perspectiva ontológica, como la travesía interior
que va más allá de toda luz, incluso más allá de toda sensación y noción. La reflexión era
bastante sencilla: si dentro de uno se halla la luz, el Dios de la Luz es uno y, por lo tanto,
Uno es Dios. Homo est Deus. Cada ser es tan ubicuo como el aleteo de una mariposa: la
conjunción de los polos opuestos en aras de obtener la unicidad eterna” (Pág. 87, Editorial
Baphomet). Y más adelante, Sortier concluye: “pero si bien somos dioses sobre la Tierra,
jamás podremos ser a pesar del Altísimo, del mismo modo que una gota de agua no es el
océano” (Pág. 88).
Krishna, uno de los tantos nombres de Dios, viene del sánscrito y significa “el Todo
Atractivo”. Hermoso es respirar y sentir amado por Él; una experiencia que se conoce en
griego como Baph Metis, que quiere decir “bautismo de luz”. Dentro de esta esfera de
incalculable amor, se halla la Justicia Divina.
Una exégesis de la Biblia hecha por Miguel Bakunin, asume que Satanás es “el
primer librepensador y emancipador de los mundos”, siendo éste quien “lo emancipa e
imprime sobre su frente el sello de la libertad y de la humanidad, impulsándolo a
desobedecer y a comer del fruto de la ciencia”.
Según el anarquista ruso, “Yahveh (…) quería que el hombre, privado de toda
conciencia de sí mismo, permaneciese un eterno animal, siempre de cuatro patas ante el
Dios eterno, su creador, su amo”. No obstante, este análisis se equivoca al suponer literales
las santas palabras, tanto como algunos sacerdotes las convierten en dogma cadavérico.
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El árbol de la ciencia es el símbolo de la libertad, donde los hijos del Gran
Arquitecto pueden elegir entre la duda y la fe. La primera proviene del ego y la mente; la
segunda, de la confianza en la vida. Así, pues, el karma/pecado se vuelve cenizas ante la
oportunidad de santidad que otorga Allah.
Bakunin era, en realidad, un amante de la justicia, si bien sus intentos por alcanzar
una mayor equidad humana eran vanos al negar la Conciencia Omnipresente. Las naciones
y los gobernantes, las culturas y las civilizaciones, son polvo ante su eternidad. Son un
suspiro en medio de los milenios.
Sólo un orgullo desmesurado es capaz de confundir religiosidad con ingenuidad y, a
la vez, elogiar al mal pretendiendo desmoronar la mentira. Tarde o temprano sale a flote la
verdad, a pesar de Las Cruzadas, la prohibición de traducir la Biblia, la teocracia y su lesa
deidad, etc.; como vio la luz el discurso del obispo Strossmayer. La condena, no obstante,
tiene un poder superfluo en relación con la fuerza liberadora de la misericordia: Deus
caritas est.
“Si amor fue nuestro principio, amor es nuestro fin –asegura Joaquín Trincado en su
obra Jesús hombre y no Dios-. Luego para llegar al fin, debemos contar con los medios, y
estos medios no pueden ser restringidos; luego si no pueden ser los medios restringidos
(porque la restricción sería un obstáculo), tenemos plena libertad”.
Mas de cierto os digo que libertad no debe confundirse con libertinaje. Aleister
Crowley, editor de la revista Lucifer, afirmaba: “Haz lo que quieras. Eso debe ser toda la
Ley”. Y este lema puede interpretarse como una ampliación de la conciencia o como un
suicidio colectivo, porque no es lo mismo regocijarse en el amor universal que promover un
desorden colectivo (“El secreto de la felicidad no está en hacer siempre lo que se quiere,
sino en querer siempre lo que se hace” –León Tolstoi).
Sea como fuere, sentimos tanta pasión hacia el misterio que, así como terruño
gaélico nos embelesa con su apología a la libertad, también en ocasiones detonamos con
nitroglicerina cualquier binomio logocéntrico que se nos atraviese en el camino: no somos
escépticos ni dogmáticos, sino paganos ávidos de experiencias psíquico-viscerales
orgánico-mágicas.
Olvida a los cientos de millones declarados o por declarar revolucionarios. Son una
banda de renombrecillos marcados en algún troquel de la Historia. Y de todos ellos se
desprende la inmensa cantidad de pensadores, guerrilleros, caudillos, grupos, personajes,
mártires, santos: toda una gama de superhéroes con los cuales usted podrá optar al título de
Gran Idiota Revolucionario, patrocinado por su Desodorante Hipoalergénico Izquierdista.
No crea en imitaciones. Usted está siendo filmado. Peligro, no pase. Cuidado al respirar.
No pare. Alto. Disculpas endémicos masivos vomitivos. Gracias, somos parte de unas
Ong’s muy bien organizadas y nos queremos mucho. Hasta luego niños, y que el éxito los
acompañe. Los animadores se quitan las caretas de plástico-sonrisas y quedan al
descubierto sus rostros de vida no satisfecha, efebos gordos, macilentos y precozmente
envejecidos por el cigarrillo: sabandijas del sistema trabaja/consume/muere.
Entonces, ¿por qué secundar a alguien en vez de respirar en el presente, agradecidos
con la existencia? “Dios tiene noventa y nueve nombres, cien menos uno. Quien los
enumere entrará en el Paraíso. Él es el singular, y le gusta que Sus nombres sean
enumerados uno a uno” (Corán, hadiz de Abu Hurayra)
Este pasquín no es vanguardia Sólo declara, como los anabaptistas: omnia sunt
comuna, esto es, todo es de todos. Cada uno de nosotros un ENTE. Homo est Deus.
Entendemos que la “cuestión social” estriba en la Voluntad, que es individual y polimorfa.
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Por lo tanto, no aceptamos por ningún motivo la voluntad de la mayoría (democracia) ni
una voluntad única (monarquía, autocracia, etc.) ni varias voluntades (aristocracia), sino
que sentimos, serenos, las melodías del corazón y nuestra autenticidad volitiva (anarquía).
Voluntad de Uno, por Uno y para Uno, glorificando a Jehová en humilde hermandad.
La buena semilla dará buenos frutos y… ¡Babilonia va a caer!
Por un lado, la belleza creada por Potoruto. Por otro, un sistema ideado para
reprimir conductas y negar nuestra divinidad, obligándonos a temer nuestro cuerpo y
llenarlo de culpa; para torturarnos con un tiempo lineal y toda la fanfarronada de jerarquías
y conceptos y saleros de restaurante chino. Ejércitos dinamita guardias fusil ametralladoras
rifle inspectores escopeta disparos bazooka uniformes revólver detectives pistola guerras
arcabuz sargentos carabina armaduras metralleta balas granada granadero granadina. ¿Qué
significan cada una de esas palabras? Que nos han querido hacer creer que un crimen
constituye, por ejemplo, que una persona mate a otra, que robe un carro o, como sucede en
algunos casos, que haya intentado suicidarse; y que, abanderándose en el argumento de que
la “bestialidad” deber ser contenida, emplean todos esos asquerosos fonemas (y mil
disculpas a la granadina), todas esas represiones del ser/devenir eterno.
El único crimen posible no es la muerte ni el robo ni ninguna noción fisiológica,
jurídica o moral; no tiene que ver con armas, guerras, tratados o delegaciones de poder;
incluso está exento de cualquier causa exterior como la patria, la ética, la humanidad o la
libertad. El único crimen posible es negar la naturaleza del ser. ¿Y qué más rebelde que
esto si todo lo demás se desprende por sí solo?
El ser es un diamante.
La conciencia es universal.
ENTE
(Ejército Nihilista de Terrorismo Espiritual)
***
-Buenos días. ¿Qué desea comer, señor? –preguntó Claudia al cliente, detrás de la
caja registradora. Aunque ella sabía de antemano que hubiese podido decir algo como “Por
un millón de albóndigas, ¡su corbata está resfriada!” o “¿Sabía que puede endulzar comidas
y bebidas con remolacha y así prescindir de la azúcar refinada, que se adhiere en las
paredes del estómago y además causa hipertensión?”, frases capaces de alterar los
ambientes predestinados a vivir pero que a veces permanecían en otro plano.
Si el único tiempo posible es ahora, 3, 0, 0, 0, COBRAR, cualquier imposibilidad
resulta imposible, 5, 0, 0, 0, COBRAR, tanto como cualquier posibilidad de hecho es
posible. IVA. Domingo de presionar botones.
El señor pidió un falafel, acompañado de un tres-en-uno (jugo de remolacha,
naranja y zanahoria). Ostentaba un bigote cano que, por razones de la sinrazón o giros
ilógicos de la lógica, hizo reflexionar a Claudia acerca del shamanismo, palabra de origen
siberiano que significa hombre-dios-medicina. ENTER. “Quizás esos bigotes guardan algo
sagrado, pero si lo viera un indio Dakota lo confundiría con un caballo”, pensó, entre el
amor y el humor.
En realidad, ella no optó por montarse en una gárgola revolucionaria, sino en
ampliar la conciencia. Mientras Heinrich prefirió el sindicalismo y la propaganda, ella se
consideraba una fausta de fluidos galácticos y superabundancia, donde su vida no estaba
sujeta a un modelo de militancia y las formas de autoconciencia nunca podrían ser más
55
importantes que el hondo redondo fondo: que cada ser es único y no, como suele
pretenderse, que todos sean iguales pero unos más iguales que otros.
Afirmación clown del día:
“¡Oh, hulalá, da Buda que Buda da! ¡Abajo la Nueva Era, arriba el Dadá!”.
Buen provecho.
***
56
Akira Kurosawa o el Yellow submarine de los Beatles, como un viaje de floripondios
anaranjados o la paz.
Sintiéndose ligero como pluma, aunque poderoso como penacho, echó un vistazo al
paisaje a través de la ventanilla cerrada. El vidrio tenía una pequeña manchita, como si una
niña sentada allí antes que él hubiese derramado un poco de helado. Afuera, mientras el
autobús marchaba, imágenes consecutivas como fotogramas de un kinetoscopio pasaban
por la machita y, debido al movimiento, corrían hacia atrás a toda velocidad: poste de luz,
edificio, plaza, coches en rutas contrarias, semáforo, indígena indigente, poste de luz,
graffitis, niños jugando fútbol, tiendas, familias de shopping, coches aparcados, vendedores
ambulantes, museo, iglesia, poste de luz...
Ése era su túnel de visión.
“Todas las personas tienen un túnel de visión”, conjeturó mentalmente.
Ventanilla de cautela y miedo: un militar observando a través de una ventanilla
agujerada por un disparo de bala cuyo orificio era el núcleo de una trama de fisuras que se
esparcían sobre el vidrio. Entonces el soldado se sentía atacado por el mundo, y desde tal
enfoque organizaba tácticas de contraataque o planificaba nuevas ofensivas, sondeando
posibles resguardos.
Ventanilla de culpa y condena: un sacerdote observando un mundo limpio y decente
que opone a otro mundo sucio y profanador, de manera tal que la lucha contra los condones
se vuelve para él más importante que el amor incondicional.
¡Cuántas ventanillas más! ¡Cuántos túneles de visión! Ventanillas cartesianas
fragmentando la realidad en piezas, lentes cóncavos convexos matizando esperpentos, etc.
Pero ¿cómo podía atribuirse Heinrich el privilegio de determinar los túneles de visión de
cada quien? Ahora entendía ese pasaje de la Biblia que Claudia le leyó en cierta ocasión:
“¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y la viga que está en tu propio ojo
no consideras?” (San Lucas, 6:41)
Si su ventanilla tenía una machita de helado, ¿estaba entonces viendo su viga? Y
como creía en la psicomagia, limpió la ventana hasta dejarla impecable. Y como era
generoso con los demás, dejó pulcras todas las ventanas del autobús. Y de allí en adelante
el chofer se volvió su amigo, y en más de una oportunidad no le cobró el pasaje.
***
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RITO CONTRA LA PALABRA (PRIMERA PARTE)
A Rita, mi esposa
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Torre de Marfil; expuestos a cuanta artimaña gramatical, sintáctica u ortográfica sea capaz
el apetito escritural del Gran Asceta Masturbator.
¿De qué quieres hablar? ¿Por qué en vez de leerme no te calzas las alpargatas y
danzas con los pesqueros? Simple: donde existe la palabra subyace una separación; donde
hay silencio, surge la plenitud vital del cosmos, como inyectarse con la jeringa un poco de
eternidad en la vena (drogadicción iniciática). El silencio no significa separación
precisamente por ser un fenómeno total, una totalidad sagrada. Es unicidad pura. No puede
ser profanada para suceder: el silencio es Pleroma, centrífugo, girando hacia su propio
centro tal como la ‘patafísica. (“Cuando el hombre alcanza aquel plano en el que adquiere
fe en Dios, en la naturaleza y en sí mismo, llega a saber la palabra de poder. Entonces, su
palabra es bálsamo para toda herida, es curación para toda enfermedad” –Levi H. Dowling).
En cambio, la palabra se embelesa, se retoca, se ratifica... modula, balbucea, grita...
se trastoca en idiomas, emblemas, multas de tránsito... se vende en periódicos, estampitas,
postales, nombres... razonamientos, conclusiones, discursos y SE HACEN TESIS...
Pareciera una diatriba en sí misma, una máquina que plantea dilemas pero niega la
posibilidad de observar que su propia maquinaria es un dilema. Oh, ¿un dilema del dilema?
Es un estratagema mental muy fácil, como apostar una pieza de lego sobre otra: al final
tendremos una ciudadela de palabras pulcras, combinadas y jerarquizadas de acuerdo con la
Iglesia y la Familia (elige la institución que más te guste, por cuestiones estéticas coloco
estas dos), encajadas dentro de lo exigido y permitido; un corpus de sapiencia
académicamente perfecta y docta.
¡El fin de la Historia, el inicio del new age!
Un ensayo, un reportaje, una clave, una religión.
La Palabra, cuya función supuestamente es comunicar, no hace sino condenar,
juzgar, preguntar, envenenar, responder, succionar. Vamos a la cárcel gracias a la Palabra
(Estado-Ley), nos dominan gracias a la Palabra (Educación-Religión-Trabajo), nos
embrutecen gracias a la Palabra (Publicidad-Prensa-Literatura) y nos etiquetan gracias a la
Palabra (pre, bi, anti, pseudo, metro, hiper, cuasi).
Por tanto, la Palabra es enemiga de la liberación.
Revélate contra toda codificación sistemática.
¿Qué se obtiene mediante la lógica? Podemos entender todos los razonamientos,
saber todas las falacias, ser expertos de la especulación y abstracción instantáneas, pero aún
así lo que me digas no tendrá verdad porque no es suave y fluida como un río (“Definir es
matar. Sugerir es crear” –Stephan Mallarmé).
La Palabra es el pasado, y tienes unos ojos hermosos.
La Palabra es el futuro, y estoy calificado para asesinar fantasmas.
Nuestro corazón ya vivió en las entrañas de toda corriente. Nuestro espíritu nadó en
los arroyos, se perdió en los desiertos, ascendió en divinidad, conoció los caprichos de la
energía vital, así como todo tipo de hambre.
Cada religión nos dio una señal; cada pensamiento, un alerta.
Llegó el momento de trascender el símbolo, de soltar el peso kármico.
Sumérjase en el Todo, el Caos, el Silencio (diferentes nombre para algo que carece
de nombre, algo que va más allá de todo principio y todo fin, porque simplemente es la
energía de la existencia). Sólo dentro de esta suerte de vértigo poético, sólo dentro de este
vacío no-vacío serás completamente libre como una estrella vista a escala 13:260.
Ser libres en el símbolo nos dejaría sin edificios, sin educación formal, sin reality-
shows o la prensa de los domingos; sin esos libros que llevamos a la playa para negarnos a
59
ver la imponencia de un horizonte azul y celeste. Nos dejaría sin la propaganda política;
incluso nos alejaría de toda noción abstracta porque no existe en otra parte sino en la
cabeza, no en la realidad inmediata que fluye en nosotros más allá de toda explicación
científica, más allá de toda inmortalidad búdica y toda paráfrasis sobre la vida, el ser, el
sistema y las tortas cubanas.
60
En cambio, la meditación es la medicina del corazón, donde se concibe el lenguaje
de Adonai Elohim. Y cuando los metales se convierten en oro, las palabras revientan como
una oración en el vacío –si el Divino Pensamiento es Dios, su hijo es el Verbo.
La historia se ha detenido porque construimos nuestra vida sobre los restos de
Historia. Pero todo cambia, y si todo cambia tú y yo estamos cambiando porque somos
dentro del Tao, somos totales, somos más que historia.
No hay más ideología, más credo, más partido. Se trata de ser absolutamente
conciente de la realidad, algo así como un conspirador atemporal o desertor quintaesencial.
Se revela una cualidad cósmica que derrite las fuerzas egoicas hasta obtener patrones
comunicacionales elevados, más sublimes que cualquier adorno en forma de dogma,
flotando sobre todo símbolo fácilmente decodificable entrañable cuantificable.
El sosiego es la base de una comunicación sana: no debes hacer nada por nada ni
por nadie, pues nuestro ser íntimo no conoce el deber; tampoco seguir los cánones del
Derecho porque el cascarón de huevo ha olvidado todo principio jurídico. ¿O acaso has
visto una flor demandando a otra en los tribunales? ¿O acaso has visto un león tratando de
que otros entiendan sus rugidos?
La comunicación como patrón es la Palabra. La comunicación como comunión es el
Silencio. Salvo el monólogo, la Palabra necesita dos personas o más para acontecer (“El
silencio no es la ausencia de sonido, sino la ausencia de ego” –Anthony De Mello). Y allí
está Buda diciendo: con que haya cien personas en silencio y uno solo hable, se acaba todo
:::pero recuerda que ello no significa quedarse callado:::
Eres una persona hermosa, pero si tus palabras son acumulaciones de miedo y
convenciones, modales morrales morales, pizcas de educación, abstracciones y otras
represiones internas, ¿de qué sirve un “Te amo” si no eres una suerte de Dionisio
supradivino? La Poesía soy Yo -y los yos se autodisuelven como tontos hermafroditas de la
aventura mientras nos besamos como dos telepatías de león/niño...
Si observamos bien, lo que nos cuesta entender es que toda comunicación verdadera
parte de Shiva. Eso no lo produce la prensa(1), no lo enseña la educación(2), no lo
transmite la televisión(3), no lo recalcan los padres(4), no lo exige el patrón(5), no lo legisla
el aparato de gobierno(6), no lo “siembra” el policía(7).
Independientemente de la genealogía del lenguaje, voy a hablar de números
mágicos. Por ello he colocado un dígito al lado de lo que entiendo por intermediación de la
vida según la Palabra. En total son 7 dígitos, como siete caras tienen los niños-rana.
61
Eros es el derroche de esta exquisitez cósmica inmediata.
De acuerdo. Tal como estaba narrando, hay siete dígitos. Cada uno de éstos
acompaña a siete instituciones creadas por la Palabra para dominar al mundo (Prensa-
Escuela-TV-Familia-Trabajo-Estado-Ley). Desmitifiquemos, pues, a la Sociedad del
Vómito-Información.
Rito
Solsticio de verano
***
62
comparaba la literatura con la realidad, creando las más extravagantes analogías. Entonces
sonrió y se dispuso a entregarle El principio del Estado. No se explayaría en excusas y
explicaciones redundantes. Sería, simplemente, darle el libro en sus manos y decirle algo
como: “Gracias por prestármelo, Erick”. Nada más.
Entonces sacó el libro de su mochila y, extendiéndoselo a su amigo, dijo:
-Gracias por prestármelo, Erick.
-¿Te guztó? –preguntó Erick, sonriente.
-Lo que leí, sí, mucho...
-¿Qué quiere decir con eso? ¿No lo leíste todo?
Heinrich meneó la cabeza negativamente, esperando algo así como un
anarcosermón: los anarquistas luchan por la libertad y ésta implica responsabilidad...
Debemos instruirnos… La cultura es la fuerza del anarquismo, porque buscamos fundar
una sociedad basada en preceptos éticos elevados... Este libro es fundamental para conocer
los vínculos del poder con el ámbito religioso...
-De acuerdo –acotó Erick, tranquilo-, si no lo haz leído, ¿por qué me lo entregaz?
Erick le devolvió el libro con simplicidad y, mientras Heinrich lo metía dentro de la
mochila, comentó:
-¡Me dijiste claramente que lo querías para el domingo!
-Está bien, dije ezo; pero no para prezionarte, sino como un eztratagema para que
avanzazez en la lectura.
Ambos soltaron una carcajada.
-Apenas termine, te lo devuelvo –concluyó Heinrich mientras se iba apagando la
risa de su rostro-. Y luego me pasaré por aquí para discutirlo con el círculo de lectores.
Cuando gustes, también puedes pasar por nuestra casa y cocinamos a la leña, o hacemos
música…
-Zí, venga –apremió Erick-. Graciaz por el gezto. Pero anda al zindicato, que la
reunión probablemente haya comenzado.
***
63
EL CINTURÓN
“Lo mismo que una polilla vuela hacia la llama,
así nos fundimos con lo divino”
Proverbio sufí
Introducción
Obra de bajo presupuesto y por lo tanto atea. No cree en mitos salvo en las cuatro hipóstasis
de la diosa Vishnú y la flor de loto brotando de su ombligo; en la lira y el espíritu de Orfeo,
pero también en Hades como símbolo de nuestro infierno interior; en los diamantes que le
colocan sobre la frente a los elefantes de Camboya, pues son considerados reyes de la lluvia
y las buenas cosechas; en Ubú Rey y mucha mierda; en todas las bacantes que embriagadas
se entregaron al deseo de ser penetradas por la potencia dionisiaca; en que el poder del
amor vencerá el amor al poder; en los soldados que antiguamente creían inspirar terror
soplando una caracola y terminaban ahogados en las corazas de su propio corazón; en
Leviatán como monstruo del caos primitivo (¡lo sentimos, Hobbes!); en Lilith, mujer libre y
primera; en Odre, Huen-tuen, caos primordial chino; en la versión proudhoniana de Pan,
dios del pánico y el pan integral; en los pentagramas, caracteres cabalísticos y cafés de
mediodía; en la alcachofa, por su gran corazón; en la vaca (Ahet) como origen femenino del
cielo y la tierra; en la literatura de las valquirias del beat; en las crisálidas, emblema del
período larvario hacia el vuelo espiritual; en el rey Conchobar, quien nació con un gusano
en cada mano; y en los mantras, yantras, el drum n’ bass y los respingos de una puerta
vieja.
Y, por encima de todo, cree en la plenitud esencial: Caos (tohu wa bohu en hebreo).
Y también descree, usa trucos de magia y nariz de payaso.
Los personajes tienen sentimientos. Algunos pasaron por la escuela, lamentablemente.
Acto I
La escena trascurre en una alcoba de paredes tornasoladas. No hay muebles ni teléfono ni
calendarios tachados ni fotos, sólo una lámpara brillante, una bombilla grotesca atada a
un largo cable que, a la vez, está atado al techo.
Luminosidad opaca.
Sentados en el suelo, conversan.
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deficiencias radioeléctricas; esporádicas sombras similares a un millón de hormigas
digitales combatiendo, rayos mediáticos que abrazan la gravedad hasta derribarse como
magma peristáltico, chispas fluorescentes se convierten en luciérnaga y un torbellino de
insectos asciende hasta la estrella más cercana. Se apagan las luces por cuarenta
milésimas, y al encenderse ya no están ni el loco ni el poeta. En cambio, aparece una luz
escarlata que ilumina un círculo en el suelo. Dentro de éste, una cucaracha con dreadlocks
fuma cannabis sativa (música de fondo: para no caer en lugares comunes, se recomendaría
no poner reggae sino latin jazz).
Puesto que ha terminado su jornada laboral, se quita las zapatillas. Acto seguido, se calza
unas pantuflas y delicadamente se sienta en la banqueta, dispuesto a leer el periódico.
La palabra “cinturón” se repite una y otra vez hasta volverse sonido hueco. El señor
queda inmóvil, cae al suelo y se fragmenta cual cristal en cientos de pedacitos.
Una mujer obesa aparece con un letrero de cartón que reza: “¿Somos fragmentarios?”. A
continuación, un diluvio de azufre y almizcle diluye un ademán obsceno que sale del
público.
Acto II
Sonido de didgeridoo y sonajero de chamán.
La escena transcurre en un khanagahs derviche, un enorme monasterio con artesonados
medievales y pináculos alargados. Olor a mirra, sándalo, eucalipto y mejunjes de miel y
limón. Perros ladrando, televisor mostrando a una periodista fatua, caricaturesca y
espiritualmente mutilada entrevistando a un embajador diplomático, asmático y
dramáticamente envenenado, un poco de luz tenue aunque no tanto lo tenue que la luz,
cigarrillos encendidos reposando en las estrías de los ceniceros, motos, bomberos,
65
policías, transeúntes, automóviles que como estelas mecánicas conducen, llevan, envían,
mandan, transportan, trasladan, desfilan, se filtran, sufren, se deslizan, circulan, viajan,
atraviesan, gruñen, ruedan, vienen, van, saltan, salvan, se salvan, rebasan, aventajan,
sobrepasan, exceden, vencen, pasan, monitorean, y pasan una y otra vez, y se corren y se
depuran, mueren y resucitan sin ningún pudor por la lógica, los parquímetros, las
aclamadas catalepsias y los semáforos.
JHON MOJADO, masturbándose una idea frente a todos. –No sabes de lo que hablas.
Podría lanzarte un rayo de cuásares instantáneos arrojados por astros de quarks
protoplasmático. No me vengas con tonterías, el Miedo no es para inmortales como
nosotros sino para necios clase media con supuraciones moribundas en el nervio de la
Fortaleza Espiritual. Así que me cago en todos los martirologios, logias y logocentrismos,
una manada de lobos en un campo de nenúfares jugando golf con la cabeza del rey teñida
de mierda seca de camello y colillas de cigarrillo, anarcoesperma, pantanos atestados de
vísceras de patrono movedizas mutantes purpúreos, instantes atómico-existenciales
cuántico-acuáticos de vitalidad plena, una bacante con colmillos gigantes de aerolito
devorándose un maniquí del presidente, policías rosados anoréxicos zombis...
RICO MARTIN –¡Caramba! Hablas demasiado pero haces poco, Jhoooon. De nihilista
llevas siquiera el nihil. JA. JA. JA. ¡Caramba! Quizás te podrían decir bizantino, pero ni
sabes conversar. Tus palabras son flatus voce en comparación con mis destellos
transensoriales bioenergéticos. Un aplauso mío haría polvo un imperio en cuestión de
segundos; una palabra, te llevaría al cuerpo diamante único. Si eres bueno de verdad,
entonces demuéstrame no con palabras sino hechos tu halo o te alo el pelo hasta dejarte
calvo alba. ¡Hablaaaa!
Jhon Mojado hunde las palmas de sus manos sobre su plexo solar. Inclina su cabeza hasta
llevarla al ras del torso. Su chistera y túnicas blancas esconden su piel (incluso cara,
brazos y cuello), y se producen mecanismos pirotécnicos inmateriales y un cuadrilátero de
antorchas emerge de las profundidades del teatro mientras danzan alrededor púlsares
dorados. Al instante, cae al suelo y se convierte en una inmensa lechuza intangible, aunque
visible.
Rico Martin retrocede tres pasos, se coloca unos patines, salta hacia una escalera y desliza
un fish-brain sobre una baranda cilíndrica. Acto seguido, se transforma en un lemur del
Cronotopo Alfa-Omega.
66
RICO MARTIN ORGÁSMICO, se desabotona la camisa, prende una vela y empieza a
echarse cera caliente sobre su pecho. -¡Carambaaaaaaaaaa!
RICO MARTIN, cubriéndose el rostro con los brazos. –¡Está bien! ¡Caramba! Nos
quedamos quietos, pero ya basta de pegarnos con ese látigo, ¿quieres?
JHON MOJADO –Ayer estaba en el supermercado hablando con una señora y, entre otras
cosas, me aseveró que para los judíos un cinturón representa el indescifrable círculo de
nuestra propia identidad.
RICO MARTIN –¿Y quién era esa señora? Linda Lovelace, ¿acaso? Porque yo trabajé
durante dos años en una tienda de judíos y, debido a mi humilde experiencia, creo entender
que ellos ven el cinturón como un emblema de castidad.
ZORBA EL BUDA, moviendo cintura y brazos como si bailase chachachá -Ésa estuvo
buena, Rico. Y tú, Jhon, ¿qué quieres decir con eso del cinturón? ¿Te volviste loco?
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Aparece el loco girando dentro de una burbuja gigante de jabón anti-bacterial.
LOCO –Yo sólo quería saber qué tenía el cobre. El poeta me dijo que hojas secas y
bellotas. Si fue otra cosa, ¿qué culpa puedo tener, eh? Más allá de las palabras, yo soy el
verdadero rostro de la conciencia.
Zorba el Buda, Rico y Jhon se ríen a carcajadas ante las palabras del loco.
El loco se marcha, aún dentro de la burbuja.
Todo vuelve a la normalidad.
JHON MOJADO, mientras acomoda con ambas manos su chistera blanca, en un gesto
estéticamente arrogante. –Bien. ¿No se han fijado en todas las posibilidades de un
cinturón? Todo depende de la persona. Una dama lo llevará refinadamente con colores
pasteles un poco y sólo un poco por debajo de la cintura –hace una posición de culo
levantado como si emulase a una dama refinada y, tras cada ejemplo, vierte sus palabras
en una mímica pedestre y callejera-; un niño se lo amarrará al pie de su compañerito para
correr por las colinas como suspiros de ángel; un asesor financiero lo llevará
esquemáticamente, justo al lado del teléfono móvil, encima de las tarjetas de crédito,
contiguo a la cartera (bolsillo izquierdo), aledaño a las llaves (del carro, de la casa, del
escritorio y del cerrojo de la cochera, que mañana limpiará) y encerrado en su ausencia; una
sílfide que halla en su camino un trozo de tela y la recompone con caracoles, cerillos,
escarcha y ápices de corbata, y así toscamente ornamentada la enlazará en algún lugar de su
cuerpo, y se irá por ahí; un periodista que se lo pondrá apurado mientras desayuna y
simultáneamente ve los noticieros, en un rincón de la cocina; un sadomasoquista lo utilizó
ayer; una amiga lo recuerda porque cuando tenía doce años su maestra de matemáticas le
golpeó las piernitas con uno; un jinete se lo pondrá antes del rodeo con mucha vanidad y
también mucho miedo; y un hombre funcional lo empleará para que no se le caigan los
pantalones. Pero lo únicamente cierto es que debajo del cinturón está la animalidad, y por
arriba está la espiritualidad.
Es entonces cuando Zorba el Buda borra en photoshop a Rico y a Jhon, e inicia otra
propuesta gráfica. Cinturón: en tanto símbolo, representó en diferentes mitologías o bien
la libertad o bien la esclavitud. Siempre lo uno o lo otro. Es decir, significa vuestra
grandeza (un gracia girando en los predios de la pelvis) o vuestra atadura (un monolito
kármico para abochornarte cada vez que veas a tus amigos de verano). Palabra-Cinturón
os mantiene atado. Mas existe otro tipo de cinturón, el cinturón centurión del tiempo
serpiente mordiéndose la cola: el eterno retorno de la conciencia. Mientras se bajan las
cortinas del teatro, dos niños con cola de lagarto prenden un par de velas rojas para
practicar brujería simbólico/antropófaga sin ninguna precaución por la moral o la hora.
Empanada en inglés se dice “in-for-nothing”.
Aleluya, hermanos.
Parlamento Dadá
***
68
La sede central de la CLT era una vieja casa de dos pisos. El pórtico estaba cercado
por una verja color cobre y, como sucede habitualmente con las construcciones de antaño,
las dimensiones de las puertas y las ventanas eran descomunales. Exceptuando el emblema
de la Confederación ubicado en la parte superior de la casa, que consistía en una bandera
rojinegra con las siglas del sindicato, las paredes eran blancas como la nieve y las ménsulas
conferían un azulado apenas visible.
Al cruzar la calle, Heinrich llegó allí y se asombró ante la cantidad de gente estaba
aglomerada alrededor, acaso una cincuentena, vociferando consignas que no conseguía
descifrar.
Corrió hasta la puerta y se percató de que eran los trabajadores de la Telefónica,
enfurecidos por las declaraciones que había dado un grupo de esquiroles el día anterior. En
efecto, según las frases de las pancartas, un sindicato financiado por el Estado había
declarado su conformidad con la reestructuración, sin advertir que la consecuencia de ello
era el despido paulatino de más de diez mil obreros. “Quizás esas declaraciones –pensó
Heinrich- estaban siendo recompensadas de manera subrepticia por los sectores económicos
interesados, pues desde que comenzó el conflicto los trabajadores mostraron su más
rotundo desacuerdo con la medida”.
Atravesando la muchedumbre, Heinrich pudo entrar a la sede. Adentro las paredes
estaban cubiertas por afiches sindicales de todos las épocas, entre los que se encontraba
Buenaventura Durruti con el uniforme de la columna miliciana, acaso una foto tomada
antes de que combatiera en el Frente de Aragón.
Subió las escaleras y, al llegar al segundo piso, Sebastián lo saludó con premura,
actualizándolo al instante de todo cuanto ocurría:
-En estos momentos me estoy reuniendo con una comisión de trabajadores de la
Telefónica… ¿Ves toda esa gente agitada allá afuera? Son obreros perjudicados por unas
licitaciones que el Estado va a conceder como una primera fase de la reestructuración.
Ellos, aunque tengan pocos afiliados en la CLT, cuentan con nuestro apoyo. Por eso
necesito que te comuniques con el Secretariado de Propaganda para que vayan ideando un
modelo de campaña. Plantéense posibles escenarios, dentro de la urgencia que nos
embarga, porque ya convoqué para mañana todos los gremios a una Asamblea
Extraordinaria.
-¿Y el reportaje sobre el Primero de Mayo? –preguntó Heinrich.
-Olvídalo, muchacho –estableció Sebastián, dándole una palmada en las espalda-.
Estamos ante un suceso de alcance comparable a Chicago.
-Entonces esperemos que no haya mártires en Mindana.
***
69
RITO CONTRA LA PALABRA (SEGUNDA PARTE)
“No es que quiera la muerte del amor, pero tengo miedo del amor muerto.
A éste opongo el amor que vive, el que rompe las cadenas del prejuicio,
echa abajo el antifaz del pudor, sale al paso con desdén;
el amor por encima del bien y el mal, desembridado, suelto y desenfrenado, ebrio,
afrodisíaco, silénico, plural, generoso, que no se niega.
Lo opongo al amor pálido, achinelado, limitado, escaso, timorato, ignorante de la
pasión y la aventura, pegado a la unicidad como un caracol a su concha,
mezquino y que no se da porque es poco lo que puede ofrecer”.
1.- PRENSA.
ÚLTIMO CONSORCIO DE LA DISTORSIÓN DE LA VERDAD
CHINASKI DE 45° DE ALCOHOL / SÍRVASE BIEN FRÍO
El oligopolio está dispuesto en la mesa de los cerdos. Si quieres ser un alcohólico en
potencia, estudiar Comunicación Social es una buena opción –el Periodismo Ontológico es,
por el contrario, una resurrección dionisíaca.
Los periódicos no venden realidad, sino el color grisáceo de sus propias escamas
desahuciadas: muerte, pancartas, política, números, guerras, muerte, leyes, bolsa de valores,
declaraciones, acusaciones, empresarios, estafas, posiciones a favor, posiciones en contra –
esta estúpida guerra mediática cotidiana contra nuestra psique silenciosa.
Entonces eres rojo pero no apoyas la lucha de Palestina, o eres maoísta y no
pederasta, o eres liberal mas no nihilista. Venderán asquerosas maniobras de información
para sumergirte en una tonta jugarreta de palabras que culmina en guerras, tratados y
bombas atómicas. Llegará la crítica; encuestarán un par de opiniones de cafetería. Entonces
eres ateo mas no yanqui, o eres sufí pero no bailas “pegao”.
Toda Acción Conciente deberá ser reporteada al mundo entero con el pudor más
sanguinario, con unos principios civilizatorios tan mediocres como para creer que estar más
allá del bien y del mal, es estar en el mal. ¡No! ¡Te engañaron! Estar más allá del bien y del
mal es comulgar con Dios, es unirse a la totalidad.
Bienvenidos sean todos mis niños salvajes.
Estar más allá del bien y del mal significa vivir el Eterno Ahora (creatio ex nihilo).
La Prensa es el sostenimiento inmediato del Pasado. Retornan al cielo las palomas de
Havas: el periodismo se libera de toda cadena impuesta. Sin embargo, todavía cree en el
futuro. Pero ¿cómo podéis tener expectativa, cómo podéis diseñar la realidad de acuerdo a
vuestro deseo si no existe más realidad que la presente, si vuestro deseo se vuelve monolito
de tu inconciencia desde que veis mi ojo asesino/compasivo?
Entonces no permitas que el periodismo sea una suerte de leñador inconciente,
temeroso ante la muerte. Metafísica del Miedo-Muerte tan multiplicable mediáticamente
como cualquier nomenclatura matemática sacada del infinito que todos conocen menos el
espectador/lector, porque en el juego de la Palabra únicamente importa el flujo compuesto
arbitrariamente entre PuebloMiserable(1), Gobernante(2), Empresario(3), Sindicalista(4),
Monarca(5), Espectáculo(6) y Chivato(7) –siete dígitos, se cierra el ciclo.
70
Las fuentes de información son un mundo de hombres de corbata, de iluminados,
de gente segura y sonriente, de promotores de Coca-Cola, de lobos hobbesianos y
caricaturas ponzoñosas. +El Pueblo se expresa con su formas coloquiales y sus risas sin
dientes ::la voluntad de nadie:: +El Gobernante utiliza cualquier vocablo para persuadirte
de la profundidad de su aparatos de mentiras. +El Empresario siempre tendrá la Razón: el
Capital se manifiesta en su vanguardismo histórico objetivista de sapiencia satelital –el
monje mejor adiestrado del Dios-Dinero. +El Sindicalista –el lado más sudoroso y
proletario de la información-, imborrable esquirol, la peste no revelada del sostenimiento
del Trabajo/Técnica. +El Monarca, la última pieza de la Historia, el último calzado del
pasado. +El Espectáculo, el rostro más joven del Monarca (todo futuro necesita un pasado
para legitimarse en el presente): así como antes las ceremonias reales eran imponentes en
aras de infundir recelo en la psique de los ciudadanos –aun cuando la media del ejército no
supera el 2 % en relación con el resto poblacional- ahora el Espectáculo os ofrece Moda,
Comodidad, ComprasTV y Teletexto. +El Chivato: la premisa de que alguien-no-importa-
quién siempre va a tener una respuesta para usted, moldeada a los requerimientos: una Nota
de Prensa, un correo electrónico, una novela, un epígrafe, una declaración, una fuente, una
Hueste de Ideas a vuestra disposición.
Dicen que el Periodismo Moderno tiene un fundamento social.
Mi amigo Larry no tenía empleo. Luego de tres meses de paro y, en vista de que
estaba en la bancarrota con tres hijos bajo su sombra, decidió ir al periódico local con el
propósito de que los periodistas publicaran una noticia o aviso de su condición de
desempleado, en algún espacio de una página perdida, con lo cual llamaría la atención de
un patrón necesitado.
“Hay demasiadas personas como usted, que están en paro ¡Usted no es noticia!”, le
decían una y otra vez los periodistas. Larry sintió que ésta era su última oportunidad para
obtener un empleo; cada vez que el hambre aquejaba a uno de sus hijos, él creía volverse
loco.
Fue a otros periódicos y el resultado fue el mismo: “Señor, entendemos su
preocupación. Le deseamos suerte, pero no podemos hacer un trabajo sobre eso porque,
¡imagínese!, para hacerle un reportaje como desempleado, tendríamos que publicarle a
otros cientos de millones que están en su misma situación”.
No hubo empleo ni dinero ni comida.
Al día siguiente, Larry se levantó. Fue hasta el cuarto de tus tres vástagos y a cada
uno le besó la frente, mientras dormían. Luego, se tomó un café.
Entró a la cochera. Buscó una bombona de gasolina.
Dio un paseo. Llegó hasta la plaza más cercana. Encendió un cigarrillo.
“¡Un maldito empleo!”, comenzó a gritar Larry. “¡Un maldito empleo!”, grito
nuevamente, aunque con una voz un poco más inquebrantable.
Desenroscó la tapa de la bombona: vació la gasolina en todo el cuerpo, sujetando la
garrafa con la mano alzada, casi como echándose un gran tónico capilar. El cigarrillo
encendido. Las personas de alrededor advirtieron la situación. Gente aglutinada alrededor
de Larry mientras él seguía gritando.
Las vecinas le decían que no se preocupara porque “conseguir empleo es fácil”, pero
lo pronunciaron con tanto miedo que Larry no les creyó. Tampoco renunció a su acción.
Persistió allí, calmoso, con la ropa empapada de gasolina, fumándose el cigarrillo.
Llegaron los Cuerpos de Policía/Prensa. Larry se asustó mucho por todo ese
alboroto, por la gente, la mentira... se le cayó el cigarrillo. Se quemó, murió ::tragedia:: Al
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día siguiente, fue la noticia de portada en todos los periódicos nacionales y regionales
::necrofilia informativa:: Si en el Cielo leen el periódico, seguramente Larry consiga un
empleo allá.
2.- ESCUELA
PENITENCIARÍA CON DERECHO A PRISMACOLORES
POSICIÓN DE DESCANSO
Para que un árbol no florezca es necesario cortarle las raíces. La civilización conoce
este tipo amputación botánica como bonsái. Para que un niño se desencante de la vida es
necesario arrebatarle la inocencia. El mundo conoce este tipo de trasgresión espiritual como
educación.
Ambos, el bonsái y la educación, reflejan el temor de Babilonia por la orientación
natural de cosmos (Dios). No os estoy hablando de la Escuela Moderna ni de nada similar.
Los libros de Bertrand Russell sobre una pedagogía basada en la libertad sexual, aunado a
sus propias experiencias de enseñanza nudista, fueron interesantes.
Ahora bien, la institución se mantiene. El espacio es vuestro, sois tan libres como
queráis pero tenéis que hacer la tarea. La Escuela gana de nuevo. Y Russell no entendió
eso. De hecho fue tan cientificista, académico y lógico en la aplicación de sus tendencias,
que no tenía tiempo para brindarle amor a su esposa o a sus hijas.
¡Manténgase en posición de descanso!
Para intentar copiar la unidad orgánica de Gea/Tierra, la sociedad requiere una
interdependencia que intenta encajar en sus instituciones. Es decir, existe la Escuela porque
los padres van al Trabajo: existe la Escuela como adiestramiento para el Trabajo. Un
almacenamiento desesperado de información: cantar el himno nacional todos los días sin
saber por qué; hacer la primera comunión, pedir la bendición, conocer los próceres de la
patria –señores barbudos del aburrimiento nacional-; también las leyes, las maniobra del
Estado, la Historia, la instrucción pre-militar; izar la bandera, recitar los coros, conocer las
escrituras; diez minutos de recreación y felicidad, y la mitad del día intentando memorizar
tizas pizarrones charadas.
La Escuela: una suerte de alegoría infantil del régimen Trabajo-Vacación. ¿En qué
fecha murió? ¿Cuántos conquistaron? ¿Dónde queda ese país en el mapa? ¿Quién lo
independizó? ¿Cuánto mide su inocencia? ¿Con cuál religión comulga? Respondías lo que
querías porque no estabas atado a nada –eras un ángel de la revolución.
Elige un colegio cualquiera. Ve y pregúntale a un alumno por el gran Homero. No te
hablará de Aquiles y de Troya, sino de donas y cerveza. Las instituciones son una mentira.
La TV gana. Y es comprensible: la Escuela resulta más aburrida que un cajón de
fotogramas en secuencia (“Ouuuug” –Homero).
¿Nunca se han preguntado por qué esta sociedad siempre defiende al niño? Porque
la hipocresía societaria emplea una línea de distanciamiento entre el mundo mágico de los
niños y el mundo “real” de los adultos. La educación es uno de los inventos del hombre que
mayores mentiras ha traído: cree en la Patria, en la Familia, en el Estado. La magia, en
cambio, está hecha para todos (“No tenemos educación, sino inspiración. Si hubiese sido
educado sería un tonto” –Bob Marley).
No en balde, los adultos son una suerte de niños grandes frustrados, unos
incompetentes para sentir en su corazón el latido de la existencia pero siempre dispuestos a
juzgar todo cuanto parezca extraño en comparación con esta humanidad miserable y
sombría. Pero esto puede cambiar, porque Pachakuti te va a llamar.
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¡Abajo los muros de las escuelas!
3.- TV
LA LUNA ERA DE LOS POETAS ANTES QUE DE LOS ASTRONAUTAS
SALIR EN TV ROMPIENDO UN TELEVISOR ESTÁ DE MODA
Dentro de Uno se encuentra Todo. Lo que lees no es prosa, sino ectoplasma, hip-
hop glam silencioso, esperma.
¿De qué sirve llegar a tantos lugares si en vez de dar sólo pretendéis recibir?
Entonces debe ser un corazón mendigo, limitado, pedigüeño. Yo hablo, en cambio, el
lenguaje de un emperador, el lenguaje de Dios. Pero la TV es una máquina hueca perro
sombrero porque no da desprendidamente, sino que os pide comprar en la tienda donde el
actor Nicolay sonríe como un idiota (le pagarán el comercial y él se irá a su casa y días
después tendrá un cheque y una anécdota que comentarle a sus amigos), y los empresarios
obtienen una imagen y los publicistas la idean, los diseñadores la maquillan, los periodistas
la venden aunque, sorprendentemente, se la compran a sí mismos, y entonces el Vómito-
Información se transmite en ondas contra todo espacio silencioso.
El Mensaje Objetivo penetra en las mentes: eres así el objetivo del mensaje. Pero no
debes molestarte cuando alguien te mire con amor y te confiese que, al transformarse en el
objetivo de Cristo, el mensaje se desprende de tu interior. Más aún, siendo sujetos
podríamos ser subjetivos en vez de objetivos, ¿no?
¡La dimensión auténtica está más cerca de lo que crees!
En este sentido, la TV es como el aseo: llega a todas partes (si bien por el barrio de
mi tío no pasa el camión de basura y, por otra parte, la vecina de un amigo cree que Krishna
sólo está en la iglesia). MUTE. Calle al aparato por un momento y trate de eliminar las
cargas simbólicas de su ser. Respire, entre al estado de no-mente y vea un político
compareciendo su discurso en tanto candidato a las próximas elecciones.
En ausencia de sonido, usted podrá detallar otros elementos que nada tienen que ver
con la retórica, sino con el movimiento o la mirada. Así, pues, es mil veces preferible
disfrutar una torta cubana o un orgasmo, que ver un noticiero o una telenovela. ¿El motivo?
Desde el momento en que crees en la TV, la TV cree en ti como un M & M (Masa &
Maleable). ¿Dónde está Wright Mills, para que coma un caramelo? Una compañera de viaje
me dijo que el Silencio no estaba en la pantalla del cine, sino en el reflector, hacia el lado
contrario del M & M. No dejes que te coman: reconoce tu rostro humano.
NOTA: abajo la fe racional de la Ilustración.
4.- FAMILIA
SÍNDROME PATRICIARCAL DE PEDOFILIA PSÍQUICA
MAZMORRA PRENATAL CON PERMUME DE PROPIEDAD PRIVADA
Los niños salvajes son capaces de devorarte el pescuezo si intentas apresarlos, si
intentas poseerlos; pero si no ven ni una partícula de egoísmo en tu mirada, se entregan a ti
como tontos osos barrigones con aliento a salmón, fieras desatadas del amor lúdico.
Familia (del latín famulus, que significa “esclavo doméstico”), término empleado en
la Edad Media para designar un conjunto de prisioneros ignorantes del amor. El
matrimonio, en principio la bendición del Padre para convertir a dos en una misma carne,
se transformó en una institución que legitimaba la esclavitud femenina: el
Hombre/Proveedor entregaba su hija a un hombre previamente estudiado, haciéndolo
responsable de su manutención integral y de la futura descendencia :::El árbol genealógico
73
era una ampliación del ingreso económico::: Por su parte, el esposo/banco procreará con su
esclava varios esclavos más, para luego convertirse en una Hombre/Proveedor. Luego,
tendrá niñas para celarlas; y niños, para obligarlos a cumplir sus deseos insatisfechos
La familia es la primera institución de la agricultura, el primer pilar de Babilonia.
No te digo que los niños son de nadie porque son de todos; te digo: los niños son un espejo
del Todo. Es algo que va más allá de la posesión, más allá del Ego. El amor no tiene nada
que ver con el matrimonio o la familia. Simplemente, quien posee no sabe amar. (Propuesta
de graffiti: “El amor es Dios”). Los géneros sexuales que han inventado son sólo un modo
de hacer teatro; el otro modo, estriba en que se reconozca a cada persona como única.
¿Ahora entiendes la Comunidad de los Únicos que propuso Max Stirner?
Esto implica no sentirse hombre ni mujer, sino sentirse ser.
¡Nuestra familia es universal!
5.- TRABAJO
EL PATRÓN ES EL REY SUPREMO DE LA COMARCA EMPLEADA
LAS PANTALETAS DE LA MECANÓGRAFA SUDAN A CÁNTAROS
Los seres de luz que habitan la Tierra deben decidir si quieren seguir el camino o
desviarse por la vereda. Podría decirse que estamos en una era que exige formar parte, y
simbólicamente esto se traduce en determinar si queremos estar con Satanás o adorar a
Dios.
El mundo no es unidimensional y científico, por lo cual se derrumba el cronograma
gregoriano de explotación espiritual. Tienes que ir al trabajo. Tienes que ir al colegio.
Tienes que ir a la iglesia. Tienes que estudiar. Tienes que comer. La vida basada en la
obligación es la enfermedad. El “tienes que” es una represión/transmisión del miedo. Por
cierto, tiene que hacerle cosquillas al Sumo Pontífice. En la cultura romana, la palabra
calendario viene de kalendas, forma en que designaban el salario de los esclavos (“Tiempo
es Dinero”). Por eso es que los trabajadores en cada cumpleaños, en vez de recordar su
nacimiento y renacer, se sienten viejos.
En la actualidad es necesaria una polarización solar/lunar. El ojo izquierdo de
Izanagi representa la pasividad (luna); el derecho, la actividad (sol). La luna no es
codificable con matemáticas astrológicas de bolsillo y caprichos déspotas. Sólo cuando el
sol y la luna se equilibran, surge el tercer ojo de Shiva. Entonces ve a través de los ojos de
Dios. Entonces vives el Arte de Dios (“Trabajadores del mundo, descansad” –Bob Black).
Ya decía Don Ramón, personaje de El Chavo del 8: “lo malo no es el trabajo, sino
trabajar”.
¡Feliz no-cumpleaños!
6.- ESTADO
MIEDO AL CAMBIO A CAMBIO DE MIEDO
Todo cambia, menos mi amor, como dice la canción de Julio Numhauser. Incluso
científica%, un estado, de hecho, es imposible. ¿O no quieres hablar de partículas
subatómicas? Nada se mantiene estático. ¿O no deseas hablar sobre la inconsistencia de las
estadísticas?
Cuando se obtiene una certeza espiritual nada ni nadie puede arrancar esa nueva
cualidad que se halla en tu interior, esa visión clara (clarividencia). Cuando una fuerza
existencial te atrapa, inextricable%, comienzas a entender que hay algo que siempre estuvo
pero nunca viste: la Palabra es el Estado, el Silencio es el Juego.
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Quizás alguna vez tuvisteis la oportunidad de ver durante vuestra juventud una
película llamada La Historia sin Fin, dirigida por Wolfgang Petersen. Pues bien, recordáis
que la Ciudad de Fantasía estaba a punto de derrumbarse y que, tras una larga aventura,
Atreyu logra clavarle su cuchillo a un lobo. A pesar de ello, el imperio sigue agitándose
desde sus entrañas.
La Emperatriz solicita el verbo del lector para recuperar la ficción. Hubo una
lágrima, pero no conexión: Sebastián creyó haberse llevado la ficción a su realidad
montado sobre el dragón blanco, ahuyentando a sus enemigos hasta enviarlos directo al
basurero; es decir, el niño se mantuvo en el pasado y en la venganza. No obstante, si
hubiese besado a la Emperatriz, la Fantasía y la Realidad se hubiesen fundido en Uno
Indivisible.
7.- LEY
AB ORIGINE LAS CÁRCELES NO ERAN NECESARIAS
¿QUIÉN MARCÓ EN EL MAPA ESAS LÍNEAS DIVISORIAS?
El mundo está convencido de una escritura tan ficticia como las personas que hacen
uso de su pluma para vaciar su fatiga. Esto se aplica a los escritores de best-seller, pero más
todavía a quienes pueden adjudicarse el monto de su salario con los impuestos del pueblo.
La palabra es inmaterial, y no accede al
plano físico más que por el oído o la lectura
cómplice. ¡Allí no caben ni policías ni
militares, que a pesar de sus uniformes
nosotros consideramos nuestros hermanos!
Pero, ¿será que quieren pulirte con dagas de
pensamientos especulaciones abstracciones?
“El que cura es el hombre que llega a
inspirar fe –dice Levi Dowling, en El evangelio de acuario de Jesús, el Cristo-. La lengua
puede hablar para que oiga el oído externo; pero para alcanzar a tocar el alma es preciso
que el alma hable al alma”.
La única ley legítima es la Naturaleza, y ésta no puede escribirse ni imponerse, sino
vivirse. Por ello es que yo, como mi amigo Jerome Salinger, he decidido convertirme en un
paranoico al revés: siempre sospecho que la gente está planeando algo para hacerme feliz.
Rito
Solsticio de invierno
***
Aún en la CLT, Heinrich llamó por teléfono a los muchachos que integraban el
Secretariado de Propaganda, pero no pudo comunicarse con nadie. Sólo se escuchaban
conversaciones ajenas y ruidos indescifrables, como si hubiesen dejado la bocina sobre un
mueble en medio de una reunión báquica.
Se asomó por la ventana y al ver tantos trabajadores protestando, dedujo al instante
que si la central telefónica no tenía mano de obra era lógico hallar deficiencias en el
75
servicio. Luego de varios intentos, al menos pudo dejar un mensaje en la contestadora
automática de Francisco Ferrer.
Francisco se llamaba en realidad Ramón, pero sus amigos lo conocían como
“Francisco Ferrer” desde que utilizó ese seudónimo en un artículo de opinión, evocando al
mártir pedagogo de la Escuela Moderna. Pertenecía al Sindicato Metalúrgico y, en la
mayoría de los casos, todos aceptaban sus sugerencias gráficas como paradigmas de
propaganda anarquista, básicamente porque emulaba los emblemas del pasado: el gato
negro erizado, la A encerrada en un círculo, el obrero valiente que derribaba una gran
estatua o unas sombras humanas enarbolando banderas rojinegras desde el horizonte.
Además de él, completaban el voluntariado propagandista otros dos miembros:
Haakon, un imberbe que empleaba ademanes tan sutiles que resultaba obvia su afiliación a
la Federación Local del Sindicato de Textiles, y quien aportaba ideas de acuerdo a hechos
históricos (verbigracia, la consigna “Vota por nadie” durante las jornadas abstencionistas);
y Darwin, un joven que a los 25 años ya había estado preso por negarse a incursionar en el
servicio militar obligatorio, y hablaba rápido y divagaba y reía y luchaba día tras día por la
colectivización de la sociedad. “Oye bien –le dijo alguna vez a Sebastián-, hablo de la
colectivización de la sociedad, no de colectivizar mi cepillo de dientes”.
En términos generales, ellos suponían que sus nociones respecto al
anarcosindicalismo eran novedosas, porque a diferencia del viejo esquema del sindicato
como eje, consideraban que más bien debía ser una plataforma. Ahora bien, la coyuntura
actual les planteaba un ángulo desconocido: siglos atrás se luchaba por trabajos manuales
(carpintería, zapatería, etc.), mientras que la Telefónica involucraba antenas satelitales,
cables coaxiales y fibra óptica.
Una huelga general, no obstante, implicaría una rebelión a escala nacional, tan basta
que admitiría al campesinado apropiarse de las tierras del latifundio… ¿Cómo diseñar
tantas aristas en una imagen sencilla y contundente como un waka?
***
76
con el aliento un hilo
y en vilo enciendo el pañuelo con el que agarro el buñuelo
que digiero con un vino divino
y auguro como adivino
para la comuna poética
un futuro impredecible.
Khaloo
***
Heinrich llegó a La Chabola, aturdido por la posibilidad de una huelga general. Sin
reparar que Khaloo lo saludaba, entró a la barraca y cerró la puerta tras de sí. En las
circunstancias en que estaba sumergido, de pronto, las pequeñas cosas de su vida perdían
sentido. Ello no significaba que TODO perdía sentido, sino que ciertas cosas cobraban
relevancia por encima de otras.
Cuando era niño, su madre solía contarle antes de dormir una fábula que resumía
ese fenómeno humano. Narraba la historia de un judío que estaba hasta el cuello con las
deudas de la casa, además de que su esposa estaba encinta y uno de sus pequeños hijos
enfermaba en cama.
Durante el shabbat, se dirigió a la sinagoga y le contó al rabino su situación: no
tenía ni una sola moneda en la bolsa de su pantalón; uno de sus hijos padecía una
enfermedad que día tras día empeoraba; y en escaso tiempo volvería a ser padre.
El rabino le pidió que se tranquilizara, asegurándole que si compraba una vaca y la
llevaba a casa, todo se iba a solucionar. Él no entendió el porqué de tal consejo, pero siendo
su líder religioso le hizo caso.
Entonces pidió un préstamo familiar, fue hasta la pradera y compró una vaca.
Al cabo de un par de semanas, el hombre volvió a la sinagoga y, desesperado, le
contó al rabino que la vaca representaba un gasto enorme… llenaba toda el piso de
excrementos… mugía por las noches y no dejaba dormir a sus hijos, aparte de incomodar a
sus vecinos.
El rabino le pidió que se calmase y le preguntó cómo seguían sus problemas en
casa. A continuación, el hombre cayó en cuenta que gracias a la vaca había olvidado sus
anteriores contratiempos.
Así se sentía Heinrich. Conforme a un punto de vista literario, es posible que la
fábula no sea admirable, pero irremediablemente estaba en lo cierto: los grandes problemas
hacían olvidar los más pequeños. Por ello, en vez de dejarse atropellar por los
acontecimientos, priorizó: a) mañana no iría a la universidad para asistir a la Asamblea
Extraordinaria; b) mientras tanto examinaría cómo abordar el conflicto gráficamente; y c) le
daría comida al Chómpiras.
Sin embargo, sólo fue en otra vida que Heinrich pudo entender que la vaca no
significaba voltear la mirada o perder la perspectiva, sino de la certeza de que, al
complicarse debido a la realidad exterior, la salvación se encontraba curando la propia
realidad interior.
***
77
LOS ACERTIJOS DE LA COMUNICACIÓN
De los antecedentes
La Historia nos ha brindado una falsa percepción del periodismo y de su trayectoria
a través de los tiempos. Esto es comprensible cuando se trata de una práctica que carece de
antecedentes taxonómicos. Podríamos remontarnos a los bisontes pintados en las cuevas de
Altamira, pero incluso de esta forma estaríamos admitiendo una falacia. Cualquier mensaje
no es periodismo; el acto comunicativo per se, tampoco.
El periodismo, entonces, es una esencia que han cultivado todas las sociedades al
menos desde los inicios de la agricultura. Ante las desigualdades e injusticias humanas,
surgió como una forma de expresión al servicio de la comuna, un mensaje contra el poder,
una forma inteligente de rebelarse contra la autoridad.
No obstante, por la misma imprecisión de su origen, el periodismo rechaza su
nombre, pues implicaría que nace de las primeras publicaciones impresas periódicas.
Ciertamente, a mediados del siglo XV, la imprenta ofreció un adelanto propicio para el
periodismo, pero no lo fundó.
Los egipcios, griegos y persas habían utilizado papiros y pergaminos para relatar los
sucesos de su época. Los babilónicos también escribían en tablas de arcilla los
acontecimientos diarios; y no hay que olvidar a los aguerridos juglares, quienes viajaban de
pueblo en pueblo contando hazañas insólitas.
El problema está en que los periodistas –al menos los verdaderos- han sido
acallados, fusilados y borrados del mapa; han arremetido tan brutalmente contra ellos que,
ese mensaje inicialmente contestatario que divulgaban, a medida que pasó el tiempo se
convirtió en una voz oficial más, ya al servicio las esferas de poder.
La amplia y continua propagación de la prensa trajo como consecuencia que el
periodista –individuo de estudio, observación, reflexión y contrastes- pasara a convertirse
en un simple journaliste (literalmente “analista del día”, en francés). Posteriormente, se
volvió un comercio más potente. Las páginas de los diarios se vieron atestadas de
publicidad y, a raíz de ello, el trabajo periodístico tomó un carácter funcional, es decir,
noticias rápidas y poco desarrolladas que por su propia estructura atrajesen al lector.
Así, la voz combativa se transformó en el “cuarto poder” del sensacionalismo.
Bajo el influjo del pragmatismo norteamericano, los sucesos fueron tratados de la
manera más frívola e insustancial: la pirámide invertida resultó un imperativo. Por ello, lo
que actualmente entendemos por periodismo es sólo una mistificación del mismo.
78
A pesar de lo que pueda creerse, el PO no deduce nada. Por el contrario, sugiere,
muestra, observa, investiga. Yuxtapone referencias, nociones, ideas, sucesos y precedentes.
Su impronta es ser aproximativo y reflexivo. Aquel periodismo que deduce corre el riesgo
de transformarse en una práctica intelectual supersticiosa, plagada de creencias.
Antes que esto, el PO prefiere hacer preguntas abiertas. Señalar caminos, no
imponerlos. En su haber, maneja argumentos que permiten al receptor crear virtuales
contraargumentos y sacar sus propias conclusiones. Por eso el periodista ontológico no es
difusor de información, sino de conocimiento. Profesa destellos de realidades y no
monolitos maniáticos, esto es, que proporciona verdades parciales, mas no verdades
parcializadas.
Tiempo atrás se pensaba que mientras más información se tuviese, más libertad se
poseía. Ahora vemos que incluso con la sobresaturación de información del mundo
globalizado, sólo pequeños grupos privilegiados gozan de independencia. En efecto, la
información no tiene valor en sí misma, además de que los diarios están sujetos a las leyes
del mercado –oferta y demanda-, y no a criterios éticos.
Cuando la comunicación entra en la lógica de la cultura de masas, los medios de
difusión empiezan a escupir mensajes unilaterales. En contraste, el trabajo del PO consiste
en crear espacios comunicativos bidireccionales, en los cuales exista una retroalimentación
emisor-receptor continua y descentralizada (“Todas las formas de pseudo-comunicación
deben llevarse hasta su completa destrucción, para llegar un día a la comunicación real y
directa” –Guy Debord).
De la literatura
Dos Passos, Truman Capote, Gustave Flaubert, Charles Dickens, Graham Greene,
Stendhal, Malraux, Albert Camus, Thomas Mann, Lion Feutchwanger, Benito Pérez
Galdós, Ramón del Valle-Iclán, Tolstoi y Dostoievski, entre cientos, son algunos literatos
que se caracterizaron por superar en sus obras los matices ficcionales, a veces empleando
recursos periodísticos.
Desde mediados del siglo XIX, muchos escritores han introducido a su narrativa
elementos veristas a través de reportajes y entrevistas; y otros, han desenvuelto la novela-
crónica, compadeciéndola con las realidades de su época.
“Sólo son perdurables las obras concebidas sin ninguna preocupación por el gusto
actual del público”, decía Leconde de Lisle, sin embargo. Y el novelista inglés Prichett se
mantenía todavía más hermético: “No escribo para el lector, para las gentes, para la
sociedad; escribo para mí, para mi propio placer y para mi amor propio”.
A pesar de la indolencia de los letrados, el PO flota en la cuarta dimensión,
invadiendo nuevos cronotopos sin retóricas presuntuosas ni intereses mercantiles. Su visión
es trascender la actualidad –carente de valor intrínseco- para compartir sus tesoros. Tal
como apunta Jean Paul Sartre: “Puesto que el escritor no tiene ningún medio de evadirse,
queremos que abrace estrechamente a su época; ella está hecha para él, como él está hecho
para ella”.
Por lo demás, los alcances de la sapiencia se sintetizan en este proverbio danés:
El que no sabe que no sabe, es un necio; apártate de él.
El que sabe que no sabe, es sencillo; instrúyelo.
El que no sabe que sabe, está dormido; despiértalo.
El que sabe que sabe, es sabio; síguelo.
79
De la poesía
El PO sólo consigue su propia supresión cuando siente que las máscaras han sido
arrebatadas. No se trata de una inmolación, como algunos creen, sino de volver a los brazos
de Obatalá (“fuque-fuque”). Porque en una sociedad más humana, imperaría la imagen
poética y las personas se tenderían en el escaramujo para contemplar la flor de un
plenilunio: el silencio sucedería como el mayor acto comunicativo.
Máxime, tal como reza un poema de Thiago de Mello:
Ahora bien, dentro de los planos inhumanos que a veces secuestran a la familia
universal, el PO puede valerse compasivamente de aires sublimes. En Somalia, por
ejemplo, los periódicos se jactan de publicar noticias en verso, permitiendo que los lectores
se embriaguen de un ecosistema de musicalidad.
De las tecnologías
A mediados del siglo pasado, Marshall McLuhan afirmó que “el medio es el
mensaje”. Luego, Antonio Pascualli criticó este punto de vista con interesantes
consideraciones semánticas, que lamentablemente no pasaron de diferenciar la gimnasia de
la magnesia.
Hoy nos percatamos de que aquella disparatada afirmación era terriblemente cierta.
Anteriormente, el periodismo tenía una clasificación triangular: el acontecimiento, el
intermediario y el ciudadano. Ahora, ese orden se convirtió en un eje. Está el
acontecimiento y, acto seguido, el ciudadano.
Cuando vimos caer las torres del World Trade Center el 11 de septiembre, por una
parte fuimos testigos del exterminio; y por otra, la imagen del periodista se diluyó
completamente. ¿Qué podrían decir en medio de tales sucesos? Bajo las nociones de fría
objetividad, los intermediarios sobran: es más fácil colocarle un micrófono al bombero y
dejar que hable.
Si un comunicador social es un sujeto, sus mensajes serán subjetivos. En caso
contrario, se corre el riesgo de confundir la esencia por el accidente, el fondo por la forma;
o fetichizar las fuentes gubernamentales y privadas de información, mientras las voces
subalternas quedan arrinconadas.
Frente a la objetividad inhumana y la neutralidad moral, el PO se coloca una
diadema y se marcha a otros planetas con ganas voraces de besar.
***
80
Heinrich encendió las hornillas y colocó encima dos ollas con agua: una destinada a
los fettuccinis y otra, a la salsa de auyama. Mientras ésta se ablandaba, se sentó en el sofá,
que estaba lleno de libros y telarañas imperceptibles.
De pronto, el sonido del agua hirviendo marcó una huella psicológica –una “lealtad
invisible”, según las Constelaciones Familiares-, como si no hubiese cerrado un círculo de
su vida y de la hendidura que dejó abierta resurgiesen todo tipo de menudencias: olor a
trementina, paseos museísticos, tickets de metro (no pase la franja amarilla), besos,
lágrimas, golpes, cenas de Nochebuena, amores, cama tendida, fracturas y yesos,
carpintería, té de hierbabuena, libros de Julio Verne, horario y uniforme escolar, viejos
amigos, fútbol, las comedias españolas que veía mamá en la televisión, consuelos, tarjetas
de cumpleaños, decepciones, sombras, regaños y, superando la fuerza centrífuga de esa
tormenta de remembranzas y contra cualquier pronóstico, un ave de papel celofán púrpura
desplegando sus alas hacia el infinito/finito.
Recordó una ocasión en que su padre, sentado en la mesa a la hora del almuerzo,
decía capciosamente frente a él que “el anarquismo era una mierda” y que una sociedad sin
gobierno era imposible porque “para sobrevivir en esta vida uno tiene que apretarse los
pantalones y salir a la calle a ganar dinero”. Entonces Heinrich, con mucha calma, le
explicaba que ha habido experiencias, grandes y pequeñas, de sociedades libres a lo largo
de la Historia, como los soviets de Ucrania y las colectivizaciones de Barcelona.
Pero su padre no transigía ante nada y las explicaciones de su hijo más bien
subrayaban su pensamiento impenetrable, volviendo a utilizar las mismas frases como
respuesta. Sólo que, ya bajo tal escenario, Heinrich ensordecía deliberadamente y lo único
que conseguía era escuchar palabras aisladas sin ninguna relación de sintaxis: anarquismo,
mierda, dinero, gobierno. Y su madre, en medio de la diatriba padre-hijo, permanecía
aparentemente inmutable –casi como una escultura de diorita-, comiendo y, ¡ting!,
mostrando apenas su, ¡ting!, descontento con el sonido del, ¡ting!, cubierto en el plato, que
sabía reproducir con silenciosa feminidad, como si sus ruidosos bocados fuesen
verdaderamente accidentales.
¡Qué extraño! Cada vez que Heinrich cocinaba, se inspiraba; llegaban a él ráfagas
de musas cornamusas escaramuzas, rumores de elfos, sonetos, monóstrofes, formas de
nubes, epopeyas, sortilegios, garabatos de luna, composiciones alquímicas, neo-
trashumancia, mitologías bruscas etruscas y oraciones apócrifas. Pero, ¿a qué se debían
aquellos recuerdos familiares?
Todoempezabaaunirseconvínculosinexorables. veces volvía era A se grande tan
todo que desbarajuste el desorden un, es decir: A veces el desbarajuste era tan grande que
todo se volvía un desorden. Preo icnlsuo ceitros dsearrgelos graubadan sitendo. O, de,
repente, la, parsimonia, lo, conducía, a, otros, caminos… Alicia en el país de la ketamina.
Heinrich se levantó del sofá, se dirigió hasta la cocina y lanzó los fettuccinis al
agua. Una vez que la auyama estaba blanda, la sacó de la olla. Acto seguido, la machucó en
un recipiente hasta convertirla en puré; sin demora, echó éste en una sartén con aceite de
oliva y, para convertirlo en salsa, agregó crema de leche, jengibre, sal y pimienta.
Antes de comer, hubo gran comprensión en su mente y, por tanto, gran compasión
en su corazón. Descubrió, pues, que perdonando pasado, presente y futuro las heridas
sanarían, como al árbol que le cortan sus ramas y sin embargo sigue creciendo en busca de
la luz. “En efecto –pensó Heinrich-, la anarquía es una mierda, y la mierda es el mejor
abono para sembrar. ¡La vida se alimenta de vida!”.
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EPÍSTOLA TERCERA
Querida Claudia,
Tengo que contarte algo que me sucedió hace poco tiempo. Se trata de un sueño
lúcido que no sé cómo interpretar. Un viaje de hiperrealidad que quisiera compartir contigo,
porque me ayudó a entender nuestros nombres secundarios: Luis y Vanessa.
Estaba yo en Nuremberg, una ciudad medieval alemana que aún existe. Sentado en
una plaza cercana a la iglesia San Lorenzo, me rascaba la nariz mientras leía poesía
creacionista, aquella que consideraba que el verbo no debe emular la Naturaleza, sino
sobrepasarla.
No sé qué hacía precisamente en ese lugar, pero tal vez no sea casualidad que
Nuremberg fue la ciudad donde inventaron el lápiz, instrumento indispensable para un
escritor –aunque utilice una computadora para plasmar mis palabras, al menos puede verse
desde un punto de vista figurado-. La imponencia arquitectónica de esta localidad germana,
tan gótica y puntiaguda, de sólo entreverla hacía que se me erizara la piel y el pensamiento.
Yo estaba allí, sentado en una banqueta, con un designio incierto clavado en medio
del cejo como el limbo de un semidiós. Y así, entregado a la empresa de lo fortuito, decidí
confiar en mis pasos, que me guiarían hacia la cumbre o el desfiladero de la verdad.
Caminé por entre las personas: músicos holandeses con sombreros de cáñamo,
anabaptistas con alforjas llenas de cartas guerreras, mercaderes, yoguis psicodélicos
materializando bolas de oro, niños índigo/arcoiris practicando break-dance y larvas,
muchas larvas retorciéndose en el suelo.
Era un escenario turbio, pero no me dejé abrumar. Di golpes, desaforado (los ojos
cerrados, los pasos, el viento), las larvas agrietándose bajo mis pies como estrías
gelatinosas.
A la sazón, llegue a una pradera. A lo lejos, una cabaña de aire acogedor. Sudaba a
cántaros. Respiración acelerada. Un señor de barba prominente y ojos grises me abrió la
puerta. Sonrió. Extendió su mano hacia el interior de la morada, como invitándome a pasar.
Desorientado, entré.
Adentro había un ambiente cálido: alfombras Baluch situadas debajo de las mesas,
un gran salón con antiguallas, adornos de cerámica, grandes lámparas traslúcidas y paredes
tapizadas.
“Mucho gusto –me dice el anfitrión, placenteramente-. ¿Cómo te llamas?”
“Heinrich, señor –respondí trémulo. Creyendo que olvidaba una parte de mí mismo,
solté mi segundo nombre:-. Luis. Me llamo Heinrich Luis, señor… Usted, ¿cómo se
llama?”
A partir de allí inició la locura.
“No tengo nombre, Luis. Siempre he sido un ectoplasma”.
Desde donde me hallaba podía vislumbrar a una mujer regordeta de considerable
edad, preparando ricos manjares. Manaba de la cocina un olor exquisitamente
sobrehumano. Sin-nombre (creo que su apodo asiático era “Wu-ming”) pide que me siente
en el sofá.
Me siento.
La mujer se acerca y me saluda. La miro detenidamente, perplejo de notar que las
facciones de su rostro parecían trazos de una manga japonesa.
82
“Es mi esposa, Luis. Está preparando una tarta de fresas”, dijo el señor innombrable,
sonriente, explicándome seguidamente que para obtener la receta había que colocar papelón
en un cazo tras haber calentado el jugo de limón.
“Mi amor –agregó ella-, no olvides que el truco de esta tarta es cocinarla a fuego
lento. Al final le colocas un toque de jalea de frambuesas ¡y, mmmmm, a la nevera hasta
que cuaje!”.
¿De qué se trataba todo esto? ¿Es posible que un ser humano no sea nombrado de
algún modo? Ciertamente, el mundo es tanto lo manifestado (ying) como lo no manifestado
(yang). Pero, ¿por qué sentía que Sin-nombre me calificaba al llamarme Luis y,
paradójicamente, me descalificaba ignorando mi primer nombre? ¿Importaba eso cuando
cientos de personas abandonaban sus falsas identidades a cambio del sannyas? En ese justo
momento, Claudia y Heinrich eran tan sólo una fábula de cuento o una marca registrada,
mientras que Luis y Vanessa cobraban una intensa y aterradora vitalidad.
Sumido en esta nueva realidad, demandé las cifras ignotas de tu nombre: “Hermano,
sólo quiero saber qué significa Vanessa”. Era lo único que necesitaba, porque gracias a
unas hechiceras de Lichtentaler Allee sabía que Luis era una derivación de Ludovico,
nombre de origen alemán que denota valentía y amistad.
“¿Eso es todo lo que deseas, querido Luis? –me preguntó Sin-nombre guiñándome
su ojo izquierdo- Pues, si bien en latín Vanessa quiere decir ‘la que tiene vanidad’, la
genealogía se remonta al hebreo. Vanessa, por tanto, quiere decir ‘estrella’, nombre
exclusivo para personas observadoras, que aman ayudar a los demás y son de carácter
fuerte”.
Yo lo escuché doblemente perplejo. Me levanté del sofá. La esposa de Sin-nombre
se dio media vuelta y retomó sus quehaceres gastronómicos.
De pronto, estaba solo en una biblioteca. Caminé un par de metros y me recorté en
un estante pequeño y vistoso, donde Walt Whitman me miraba con su barba llena de
mariposas.
Dos cosas me vinieron abruptamente a la cabeza:
1) Vanessa, si su nombre quiere decir “estrella”, cuando te dediqué el pasaje de la
novela Q, de Luther Blissett, donde Ursula le dice a Gert que siga su estrella, en realidad
estaba diciéndote que siguieras la melodía de tu propio corazón;
2) entendí que a menudo te he visto como una niña porque -dicen los entendidos- las
estrellas está ubicadas respecto a nosotros a diez años luz, de manera que al instante de
percibirlas vemos un reflejo de cómo eran hace diez años.
Me incorporé.
Frente a mí tenía un libro muy hermoso otrora leído en mis estaciones primitivas:
Demian, de Herman Hesse. Siguiendo mi intuición, decidí tomarlo y abrirlo en cualquier
parte, pretendiendo conseguir revelaciones a mis desvaríos en una página azarosa. Cuando
lo abrí, el fragmento del niño enamorado vino a mí: “Adoraba a su estrella junto al mar,
tendía sus brazos hacia ella, soñaba con ella y le dirigía todos sus pensamientos. Pero sabía
o creía saber, que una estrella no podría ser abrazada por un ser humano. Creía que su
destino era amar a una estrella sin esperanza; y sobre esta idea construyó todo un poema
vital de renuncia y de sufrimiento silencioso y fiel que habría de purificarle y
perfeccionarle. Todos sus sueños se concentraban en la estrella. Una noche estaba de nuevo
junto al mar, sobre un acantilado, contemplando la estrella y ardiendo de amor hacia ella.
En el momento de mayor pasión dio unos pasos hacia adelante y se lanzó al vacío, a su
encuentro. Pero en el instante de tirarse pensó que era imposible y cayó a la playa
83
destrozado. No había sabido amar. Si en el momento de lanzarse hubiera tenido la fuerza de
creer firmemente en la realización de su amor, hubiese volado hacia arriba a reunirse con su
estrella”.
Salí corriendo de la cabaña.
Todo vertiginoso.
Estaba de nuevo en Nuremberg, mas ya no había personas ni coches ni nada. Sólo
lápices en el suelo. (Casi me caí con uno de ellos al pisarlo). Subí la mirada. Saqué del
bolsillo de mi pantalón un tabaco, me persigné con él y lo llevé inmediatamente a la boca.
Un cerillo. Inhalación. Una minúscula fogata en la punta de mi nariz.
Me senté en la banqueta de la plaza preparado a seguir leyendo poesía creacionista.
Fumaba grandes bocanadas de humo entre tanto memorizaba estrofas, versos y
hemistiquios (creo que los más fáciles de retener son estos últimos). Al pronto, atravesando
el suelo colmado de lápices, unos piratas se acercaron. Los reconocí sin mucho esfuerzo: se
trataba de los corsarios de la República Libre de la costa de Madagascar. Aunque no los
conocía en persona, mis investigaciones patafísico-ontológicas fueron lo suficientemente
precisas como para advertirlos al dedillo.
“Ven con nosotros, conoce la utopía”, me dijo uno de ellos con voz féerica.
Yo negué meneando la cabeza de lado a lado, y seguí leyendo mi poemario. Ante la
luminiscencia terminal del tabaco, agradeciendo a mis ancestros, aspiré la última calada y
lance la colilla detrás de unos arbustos en forma de dados. Tranquilo, reflexioné sobre la
presencia de los corsarios y al instante recordé que ellos eran parte de una comunidad
políglota. Humm.
“No iré con ustedes caballeros –manifesté en tono tenue-. Muchas gracias por su
ofrecimiento, pero no puedo aceptarlo. Sólo estoy de paseo por esta localidad. Ya saben, un
viaje de funciones onironautas. Mas de cierto os digo que podrían colaborar conmigo de
una manera idiomática”.
Los piratas se miraron entre sí, confundidos.
“Lo único que quiero ahora –continúe- es que me digan cómo puedo revelarle mi
amor a Vanessa empleando otro idioma”.
Y ellos fueron tan amables que comenzaron a proferir cientos de formas
lingüísticamente entrañables, con fonemas tiernos y graciosos a la vez. Por desgracia, no
pude anotar todas las variantes, pero sí las necesarias para sobrepasar un “te amo”. Desde
entonces sé que mi amas vin, querote moito silvia, eu te amo, canda munani, ich liebe dich,
ohiboke, tangsinul sarang ha yo, i love you, apudopodaï, ya tebe kokhayu, jeg elsker deg,
t’estim, je t’aime, kimi o ai shiteru, ya vas lyublyu, ti amo, anh yêu em, ya te volim y te
sigo amando.
Un millón de besos
¡Salud y alegría!
Heinrich L.
***
84
Cuando finalizó su turno dominical, Claudia se despidió de su jefa y, apenas iba en
retirada, vio que uno de los televisores colgantes del establecimiento trasmitiría el noticiero
vespertino. En la pantalla, un periodista caucásico como vaso de leche y vestido de
chaqueta negra, decía con dicción impecable: “La propuesta de reestructuración que
hiciera la Junta Directiva de la Telefónica, ahora que es un hecho, ha originado conflictos
laborales dentro de la empresa”.
INSERT: BENEDICTO CISNEROS, PRESIDENTE DE LA TELEFÓNICA
[Imagen de hombre regordete, sudoroso, con corbata azul y franela blanca, hablando
frente a una circunferencia de micrófonos coloridos a la altura de su boca:] “Nosotros
hemos intentado solventar este problema por todos los medios posibles... Hemos querido
ofrecerles a nuestros trabajadores los mejores beneficios, pero son ellos quienes no desean
transigir”.
INSERT: USUARIOS RECLAMAN DEFICIENCIAS DEL SERVICIO
[Imagen del Centro de Red Telefónica, amplificadores, cables aéreos y antenas
radioeléctricas. Obreros caminando de un lado a otro. Reportero en off:] “Cisneros,
presidente de esta importante empresa nacional, agregó que la Confederación Libertaria
de Trabadores planea una conspiración, no sólo contra él, sino también contra el gobierno
democrático de Mindana”.
INSERT: BENEDICTO CISNEROS, PRESIDENTE DE LA TELEFÓNICA
[La misma imagen anterior del entrevistado, aunque desparramando más gotas de
sudor:] “Por las informaciones que manejamos, sabemos que un grupo pequeño de
trabajadores se ha estado reuniendo con ese sindicato anárquico que tanta desgracia ha
traído a nuestro país... Sea como fuere, la decisión ya está tomada. Nosotros ya pusimos
los puntos sobre la mesa; si no los aceptan, serán ellos los perjudicados”.
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off:] “Astrofísicos indicaron en una rueda de prensa que un asteroide, que pesa más de 2,
6 millardos de toneladas de masa y tiene una longitud aproximada de 1,2 kilómetros,
podría impactar en la Tierra dentro de diez años”.
[Imágenes yuxtapuestas del planeta Tierra, meteoritos, la Vía Láctea, etc., tomadas
de distintas películas hollywoodenses. Reportera en off:] “La órbita del astro fue precisada
a partir de 51 observaciones que hicieran meses atrás unos científicos de Nuevo México.
No obstante, no hay por qué preocuparse”.
[Imagen del investigador con bata blanca declarando frente a un gran micrófono
sostenido por una mano anónima. Reportera en off:] “Un especialista del centro de
información británico sobre objetos cercanos a la Tierra o NEO (Near Earth Object), nos
explicó que las probabilidades de que el asteroide impacte en nuestro planeta son
prácticamente ilusorias”.
INSERT: ALAN FITZSIMMONS, ANTROFÍSICO
[La misma imagen, aunque ahora con sonido ambiente:] “La posibilidad de que este
asteroide que hemos descubierto choque con la Tierra la evaluamos en 1 sobre 909.000.
Yo diría que no hay en absoluto motivos de preocupación... Aún existen incertidumbres
sobre su trayectoria”.
INSERT: ASTEROIDE PODRÍA CHOCAR CON LA TIERRA
[De nuevo imágenes siderales. Reportera en off:] “Por su parte, Kevin Yates, uno
de los responsables de este instituto, comentó que NEO seguirá verificando los resultados
de las observaciones, para así analizar la evolución de este asteroide”.
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Blaine, toda la suerte del mundo en su hazaña. Mindana Noticias y el país entero rezará
por su salud”. [Prestidigitador:] “¡Gracias!”.
¿Cuarenta y cuatro días sin comer nada? Comparado con el hambre que padecían
los barrios periféricos de Mindana, era un lapso sumamente corto. Incluso podría decirse
que, salvo por la cobertura mediática, la pobreza también era mágica. Y mientras los yoguis
ayunaban para iluminar su juicio, a los pordioseros se le alumbraban los ojos masticando
desperdicios –un verdadero homenaje al mundo fuera de quicio.
Agotada, Claudia se marchó a casa.
***
87
MAYO FRANCÉS
Todo es posible
Si todo es posible lo posible es imposible
Por lo cual toda posibilidad corrompe la vida.
Si usted es posible todo es posible.
Sea posible sin conocer posibilidad alguna.
La muerte es un portal celestial.
La vida es ahora sin atadura.
La muerte es un paso a la resurrección.
La vida es creación como hechizo de la conciencia.
Supere la dicotomía vida/muerte
Y se encontrará encontrado en Cristo.
Un sentido de búho nos colma los ojos.
Gracias al padre sol y a la madre tierra, durante esta noche armónica un derroche de
energía psicotrónica color rosado es rociado en toda La Chabola. Rafael, sin embargo,
lloraba por la desaparición de la abuelita Kueka, desterrada de la Gran Sabana por la
industria colonial del arte momificado.
Guiado entonces por las Pléyades, se afirmó tal como el brujo sioux Corzo Cojo,
quien decía: “No soy un borracho, pero tampoco soy un santo. Un hechicero no debería ser
un ‘santo’... Debería poder descender tan bajo como un piojo y elevarse tan alto como un
águila... Debes ser dios y diablo a la vez. Ser un buen hechicero significa estar en medio de
la tormenta y no guarecerse. Quiere decir experimentar la vida en todas sus fases. Quiere
decir hacer el loco de vez en cuando. Eso también es sagrado”.
***
Después de comer los fettuccinis, Heinrich sacó de un anaquel que había bajo el
lavaplatos una cazuela donde Edna le colocaba la comida al Chómpiras. Guardó a Claudia
una porción de pasta en un envase de plástico, tapándolo herméticamente con el propósito
de que las moscas y drosófilas no practicaran allí sus orgías alimenticias; y el resto, lo dejó
para el perro.
Abrió la puerta, colocó la cazuela en la grama y en el acto se abalanzó el
Chómpiras. Con el hocico metido hasta el fondo de la cazuela, meneaba la cola.
“Gastronomía canina sin precedentes”, sentó Heinrich para sus adentros.
A un par de metros de distancia, Rafael caminaba inclinado. Miraba hacia el suelo
con tal concentración, que parecía como si hubiese perdido un objeto y lo estuviese
buscando en la hierba.
-¿Te puedo ayudar en algo, Rafucho? –preguntó Heinrich, acercándose a él.
Rafael no contestó e incluso pareció como si la pregunta lo hubiese perturbado.
Apenas hizo un ademán de buena-oferta-pero-no-gracias, sin voltear siquiera la mirada.
-¿Perdiste algo? –insistió Heinrich.
Sin cambiar de postura, Rafael lo miró y dijo en tono sereno:
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-Sí, se me perdió una metáfora. Y si me sigues interrumpiendo no la podré
encontrar.
Heinrich, en silencio, buscaba un corpúsculo de sentido a la respuesta. En La
Chabola, el viento agitaba los camburales: una viva canción de hojas, tierna como zampoña
aunque espontánea cual suspiro de gacela.
-¡Rafucho! –prorrumpió Heinrich, hartamente confundido- ¡Es imposible buscar una
metáfora de esa manera! Las metáforas son, como sabes, elementos literarios que sirven
para hacer comparaciones tácitas… Es sólo palabra, representación... ¿Cómo podrías
conseguir en el suelo la metáfora que perdiste?
-Hermano, mi búsqueda también es una metáfora... Por favor, ¿necesitas
explicaciones para todo?
Heinrich se encogió de hombros. Quizás por esa razón no era un verdadero poeta:
tenía la habilidad de escribir un par de versos grandilocuentes, mas no era una persona que
llevase una vida poética.
-¡Heinrich! ¡Aquí! –exclamó Khaloo, desde la banqueta, levantando la mano como
un náufrago al reconocer una barca en el horizonte azul.
Entonces caminó hasta donde se encontraba su nuevo amigo. Se sentó a su lado y
estrechó su mano.
-¿Cómo anda todo, Khaloo?
-¡Estupendamente! Cuando llegaste te saludé y ni siquiera volteaste. Parecías un
zombie, con cara de preocupación.
-Conflictos sindicales. Nada que pueda interesarte –balbuceó Heinrich, sin querer
hablar de ello-. Por cierto, ¿viste que Rafucho está buscando una metáfora en la grama?
-Sí, por supuesto –contestó Khaloo sin verle el rostro, acaso contemplando el
infinito, o el cielo, o una la luz de una casita lejana de la ciudad-. ¿Cómo no habría de
saberlo? Más aún, sé dónde está la metáfora que perdió.
Heinrich, desconcertado, lo miró. Simplemente, no entendía el asunto, todo ese
juego que rebasaba su capacidad de comprensión y se le antojaba absurdo. Sin embargo,
fue tanta su curiosidad por saber de qué se trataba el juego, que terminó cayendo en él.
-¿Dónde? ¡Dime!
Khaloo, tras sus gafas de grados inconmensurables, puso su mano izquierda sobre el
espaldar de la banqueta, volteó la mirada para cerciorarse de que nadie lo escuchaba, se
acercó a Heinrich y musitó:
-En el sindicato galáctico, donde los obreros son ranas de porcelana.
-¿Y por qué no se lo dices? –preguntó Heinrich con mucha sencillez.
-Porque yo soy su mecenas. Tengo que divertirme viendo cómo busca
metafóricamente su metáfora. ¿De qué se encarga un mecenas sino de la desgracia ajena? –
estableció, dejando la interrogante en el éter, al tiempo que volvía su mirada hacia el
infinito, o el cielo, o...
Por su parte, Heinrich pensó que ambos estaban locos. O aparentaban estar locos. O
estaban locos y aparentaban no serlo sin ningún resultado. O estaban cuerdos y él estaba
loco. O, por fin, todos estaban locos, pero unos más locos que otros.
Sea como fuere, no tenía importancia.
-¿En qué filosofía andas, Heinrich? –preguntó Khaloo mientras se abrochaba un
botón de su camisa.
Sin saber con qué propósitos le hacía esa pregunta, contestó:
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-Creo en la verticalidad si hablamos de espiritualidad, de unión con lo divino; tanto
como creo en la horizontalidad en lo que respecta a la hermandad con los demás. Me gusta
experimentar por mí mismo y resolver problemas sin filosofar tanto. Recuerdo que en una
oportunidad el escritor Kenneth Rexroth, antes de empezar a recitar sus poemas, dijo:
“Bien, señores y señoras, ¿qué les gustaría esta noche, erotismo, misticismo o revolución?”.
Y una asistente se levantó: “¿Hay acaso alguna diferencia?”
Satisfechos, ambos se dispusieron a contemplar las nubes escarlata como lo hicieron
la vez pasada. La brisa acariciaba sus rostros. Una hoja marchita caía de un árbol. Abajo,
muy abajo, las casas, los cuadritos de los edificios, las cruces de las iglesias, los anuncios
de los hoteles, las vallas publicitarias, el turno de las farmacias, los postes y las manías de
los coches comenzaban a mostrar sus destellos de luz.
Pronto llegaría la noche.
-No sé mucho de filosofía –comentó Khaloo-, pero estoy seguro de que así como los
seres humanos pueden simbolizar las cosas, también pueden cosificar los símbolos.
-O lo uno o lo otro, hubiese dicho Kierkegaard –señaló Heinrich, campante ante
esos necios comentarios que aprendía en la Facultad de Filosofía.
***
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HORDAS ANARCOMUERTE, UNA IMPRESIÓN DE VIDA
Héctor Lavoe
MAMA QUILLA
Se desplazan por entre los escombros, emergen de las buhardillas, bajan por los
tejados, corren, vienen, asechan: son las Hordas AnarcoMuerte. Promotores de la comuna
universal sin fronteras, cachacos y papachos librepensadores, herejes, derviches, artesanos,
mimos, campesinos que moralmente llevan la elegancia, practicantes de la “camaradería
amorosa”, flores del bien, falansterios, sanguinarios rojinegros como una explosión de
ébanos y rosas, autónomos, sabios dionisíacos, ninjas tántricos, corsarios de Libertatia,
terroristas poéticos, estetas ‘patafísicos, apóstatas, insurrecionalistas sensoriales…
TATA INTI
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individual; de lo contrario podría ocurrir que confiara mi voluntad a los designios de un
concepto.
Cuando una causa logra apoderarse de mi espíritu, entonces me desdoblo: otro yo
irrumpirá mi unicidad, un poseso de otredad sanguijuela pesadilla ojos entornados y mi
efervescencia interior tendrá, por tanto, fórmulas de dominación extrínsecas que proyectaré
sobre un cuadro de absolutismo. En cambio, a través de la entrega a Kristo mi corazón se
expande en alabanza, amor y gratitud.
Imagina por un momento una sociedad en la que cada persona es conciente de su
autenticidad hasta el punto de compartir (en vez de acumular), agotando los recursos de
cuanto exista aquí y ahora bajo el prisma del Ser-vicio: ni causalidades ni finalidades, sino
vida en abundancia, mismidad total y belleza extrema. Bailes entre nahuales, cantos
devocionales, siluetas de gracia instintiva, náyades y dríadas.
Las relaciones no estarían reguladas por el Estado-Ley-Iglesia porque simplemente
no habría fórmulas de dominación, sino soplos de libertad alquímica (“Naturaleza contiene
a Naturaleza, Naturaleza se alegra con Naturaleza, Naturaleza domina a Naturaleza y se
transforma en las demás Naturalezas” –Roger Bacon).
Además, olvidando el pasado y el futuro –conceptos derivados del arrepentimiento
y la duda, respectivamente-, asimismo dejaríamos de lado el presente, que al carecer de
referentes temporales se disolverá en el pensamiento como un ostracismo lingüístico (“Ser
conciente es no ser en el tiempo” –T. S. Eliot)
Max Stirner superó la dialéctica hegeliana precisamente porque detectó cómo las
causas se apoderan de la conciencia. De él, recordamos su famosa frase “Mi causa está
basada en Nada”, que aludía a un reconocimiento del Espíritu Santo. El anarquismo no ha
logrado superar sus barreras puesto que se encomienda a la revolución futura, cree en
pactos sociales y promueve federalismos; y aunque políticamente es avanzado, para
psiconautas como nosotros resulta atrasado. Ya Biófilo Panclasta, con una sonrisa de
mejilla a mejilla, proclamaba: “Yo no soy anarquista, yo soy yo”.
PACHAKUTI
92
metafórico (“El universo quiere jugar” –Hakim Bey). O, visto de otro modo, Isaac Newton
tenía tanta razón como Albert Einstein, porque las verdades derriban verdades.
La muerte es la renovación de la vida, orgánica e integral, por la cual los
elementales nos invitan a resucitar. Un resoplido enérgico contra los polvillos de la ilusión
y, ¡plaf!, bienvenido a la vida eterna.
Etapontok rö etomo!
ENTE
(Ejército Nihilista de Terrorismo Espiritual)
***
***
93
Acróstico anónimo
***
Khaloo se marchó.
Heinrich –quien era incrédulo ante los periódicos pero tenía fe en las estrellas- se
dirigió a su barraca. En el camino a su hogar se encontró con Rafael, que ya no buscaba su
metáfora y en cambio yacía dormido en la grama junto al Chómpiras.
Siguió caminando.
-¡Primiti-vivo! ¡Primiti-vivo! –grito Rafael, levantándose– Bienvenido a la guerrilla
cósmica, donde la alquimia interna se centra en la penetración de la tierra por el cielo, de la
unión del semen y del aliento, del agua y el fuego.
Heinrich sonrió, abrió la puerta de su barraca y la cerró tras de sí. Se quitó los
zapatos y tal como estaba vestido, se tumbó en la cama.
Quince minutos más tarde llegó Claudia. El sonido de la puerta al abrirse lo
despertó y, sin embargo, se quedó callado, viendo tras las sábanas a su compañera.
Claudia se quitó el saco y lo colocó en la percha. Luego se dirigió hasta la cocina y
vio su cena sobre la mesa. Se sentó en la silla y abrió el envase donde estaban los
fettuccinis con salsa de auyama.
¡Hasta en las cosas más domésticas y habituales, como comerse un plato de
espaguetis, verla era toda una hermosura! Claudia, quien decía que el escepticismo debía
imperar en el periodismo y, no obstante, era tan inocente en los demás ámbitos de su vida.
Claudia, una mujer con un espíritu tan expansivo que podía mantener una conversación
atestada de lugares comunes con el dueño del kiosco de periódicos, tal como con un
filósofo de la Universidad Central de Mindana sobre la equivocación de Heidegger al
suponer metafísica la obra de Nietzsche; tan ecléctica que con la misma pasión podía
escuchar en la mañana a una gitana en una consulta de quiromancia, y luego en la tarde
leerse un libro archicientificista de Harlow Shapley.
A veces olía a durazno y a veces a jazmín. Y si le provocaba, miraba las nubes
como un test de Rorschach (como láminas manchadas de tinta), pretendiendo descubrir una
personalidad nebulosa. Su nombre, Claudia, se esfuma como un canto gutural siberiano
mientras toda su divinidad resplandecía: C de cuásar, L de luciérnaga, A de ataraxia, U a
ultranzas, D a la deriva, I continuamente ilusionada por un amor que no cree en los finales
ni en las mayúsculas.
Pero como en su matrimonio había tanto regaños sonrientes como risas a
regañadientes, Claudia se molestó cuando vio las ollas sucias, sin menguarle crédito a la
exquisita comida. ¿Qué dirían de tal costumbre Federica Montseny o Emma Goldman?
¿Será que Heinrich está leyendo a Schopenhauer en la Facultad de Filosofía?
Claudia se acercó un tanto molesta a la cama y se dispuso a despertar a su
compañero para hacerle saber que viviendo juntos las responsabilidades estaban
compartidas y que, aunque la cena estaba deliciosa, hubiese sido un bonito gesto de su parte
lavar los trastos, considerando que ella venía de trabajar.
Heinrich miraba aún por entre las sábanas.
-¡Tengo que hablar contigo seriamente!
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Entonces aparentando haber sido despertado, levantó su espalda de la cama con las
piernas estiradas. Frotándose los ojos por momentos como si abrirlos le doliera, le preguntó
a Claudia qué sucedía.
-Lo que sucede es que dejaste sucias la...
Entonces Heinrich rápidamente flexionó sus piernas y se irguió en un santiamén,
quedando frente a Claudia y besándola en los labios sin demora. Ella siguió hablando, pero
gracias al imprevisto besuqueo sus cuerdas bocales sólo emitieron un sonido sin alcance.
Casualidad anaranjada: el Hara bailando de la emoción.
Heinrich se deslastró de su ropa. La rodeó con sus brazos y la apretó hasta sentir en
la palma de sus manos los omóplatos desnudos de ella, que eran el vestigio de que alguna
vez, en una vida pasada o en una alucinación de dagas y claveles, había sido un hada con
alas y un nombre escandinavo. Y le besó su frente, sus perfumes y sus pestañas. Y le besó
una mejilla salada por el recuerdo de sus padres y un higo maduro. Y luego descendió hacia
el precipicio de su cuello, besándole dulces concavidades y minúsculos continentes lunares.
Y deslizó su lengua por el carril de tranvía que le aparecía en el tórax mientras los senos se
le dormían en las cercanías de sus axilas.
Y bajó a otros planetas, retirando con suavidad la prenda interior. Y se sorprendió
cuando advirtió que en la entrepierna de Claudia había una astromelia púrpura y blanca
como un radiccio. Y con su boca le deshojó los pétalos uno a uno hasta llegar al cálice, y al
llegar al cálice le deshojó los sépalos uno a uno hasta llegar a un bosque. Y entonces
contempló la visión edénica de El Jardín de las Delicias de El Bosco, suspiró ante la
plenitud espiritual del Jardín Zen, se burló de las virtudes del Jardín Simbólico del Imperio
Bizantino, danzó en los Jardines Colgantes de Babilonia, regó las anémonas del Jardín de
Adonis, nadó en el estanque chinesco de El Jardín del Príncipe, se hechizó con las estatuas
y fuentes del Jardín de Vaux-le-Vicomte, flotó como el niño-sanguijuela de Izanami en la
superficie del lago del Jardín del Kinkaku-ji, se perdió en los bojes de El Laberinto de
Horta y, repentinamente, estaba en el Jardín de los senderos que se bifurcan, cayendo en el
tiempo laberíntico de Ts’ui Pên, donde existía un borgiano torrente de posibilidades.
Entonces Heinrich era un niño de Uganda con las piernas delgadas como un bambú,
o era los cien ojos de Argos con miopía, o un conejo con corbata asociado al politburó, o
nunca existió y lo que sentía era una proyección del mundo real dentro de su inexistencia, o
él era Claudia y ella era él. Y después de que Heinrich (o ella) consiguiera una manzana de
oro en el Jardín de las Hespérides, Claudia (o él) gimió mil adoraciones por segundo y
quince latidos por corazón. De esta manera, ambos penetraron silenciosamente en una
cornucopia similar a la de Amaltea, llena de flores y frutas frescas.
¡Al diablo las ollas sucias!
***
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EL PERIODISMO COMO TEATRO DE LA CRUELDAD
Antonin Artaud
Cuanto más amo el periodismo, tanto más soy, por esa razón, su enemiga.
El periodismo no es un trabajo, sino un proceder revolucionario, innovador y
desinteresado. Esto, sin duda, implica una nueva cosmovisión. En una sociedad capitalista,
al periodismo asalariado debemos verlo con mucha cautela. El dinero es una energía útil,
pero empleado con aires acumulativos representa un estigma. En este sentido, la
escolarización del periodismo legitima un sistema socio-económico inicuo que admite, por
ende, un sistema comunicacional inicuo. Sólo rompiendo los viejos esquemas alcanzaremos
la esencia de este teatro, del periodismo.
Antonin Artaud, poeta y actor teatral de comienzos del siglo XX, previó que el
teatro había nacido muerto y criticó duramente la concepción aristotélica que llevaba y
lleva consigo, imperante en todo Occidente: el público pasivo, sentado, el público de
espectadores y consumidores que observan desde su ignorancia a los actores realizando arte
en la tarima.
Al igual que Rousseau y Nietzsche, Artaud quería abolir la representación en el
teatro, que los espectadores fuesen los actores, que no hubiese asientos ni filas ni tarima,
sino que el teatro, el Teatro de la Crueldad, fuese la vida misma. “He dicho, pues,
‘crueldad’ como habría podido decir ‘vida’”, indicaba Artaud en uno de sus manifiestos.
He aquí una alegoría en consonancia con la incompetencia del periodismo moderno.
Éste podrá no estar sujeto al público, pero sí a la opinión pública –concepto abstracto que
recibe el beneplácito de las democracias actuales por su carácter definitorio en el acontecer
político-; y, tal como en una función aristotélica, se erige como representante. Por eso
solemos escuchar que el periodismo funge como los sentidos de la población, y
precisamente esta falacia es una de las causas por las cuales la sociedad se vuelve
insensible: nuestra aproximación a la realidad se la delegamos a los periodistas.
Nuestro periodismo, el Periodismo Ontológico, quiere deshacerse de la lógica de la
representación. No podemos esperar a que el periodista nos muestre su realidad, sino
aprehenderla cada uno/a de nosotros/as.
Destruyendo esquemas: una nueva deontología
Ya he dicho anteriormente que el periodismo debe no sólo deslastrarse de sus
vestigios de poder, sino también luchar contra cualesquiera esferas de poder. Incluso ni
siquiera luchar, porque Krishna es el único con verdadero poder.
Bastaría que se instaurase una tiranía en un país para observar cómo el periodismo
moderno se viene abajo, pues todos sus preceptos de objetividad e imparcialidad de nada
servirán para combatir la injusticia. Lo que sucede es que la autoridad, al mostrar una faceta
más benévola, tiende a desmoralizar el ámbito social (1), tal como el Fondo Monetario
Internacional se preocupa hipócritamente por los temas ecológicos
En este sentido, la labor periodística no obedece ni a leyes de Estado ni a leyes de
Mercado, pues las primeras no entienden de concienciación, sino de coerción; y las
segundas no entienden de igualdad, sino de competitividad.
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La esencia de ambos va contra el ethos periodístico.
Ciertamente, hay autores que defienden la tesis del periodista como intermediario,
esto es, que sirva de mediador entre los poderes públicos de Montesquieu (legislativo,
ejecutivo y judicial) y el pueblo. Pero, ¿quién puede osar colocar poderes por encima de
Dios? El periodista es un escéptico y, en consecuencia, no cree en falsas entelequias como
la democracia. De hecho, no acepta ningún kratos humano. No cree en nada más que en la
justicia –de donde emerge la ética-. Ni justicia jurídica ni teológica, sino justicia divina.
El artículo 40 del Código de Ética del Periodista Mindanense, por ejemplo, reza que
un comunicador social “tiene el deber insoslayable de defender la Soberanía y la integridad
territorial”. ¿Por qué? Habrá muchas personas que por ingenuidad o conveniencia siguen
creyendo que la democracia es el poder del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, pero la
única realidad es que la democracia es la tiranía del pueblo, por el pueblo y para el pueblo.
Del mismo modo, las fronteras son residuos estatales de las guerras y el miedo, y no un
fruto del amor que Kinich Ahau nos brindó para consagrar la unión.
¿Cómo montar el escenario?
El periodismo moderno está fundamentado en una idea harto simplista: “los hechos
son sagrados y las opiniones libres”. Sin embargo, tras este tratamiento funcionalista y
positivista del mundo anglosajón, se esconde una trampa: los hechos podrán ser muy
“sagrados”, pero la decodificación de los mismos por parte de los periodistas involucra una
actitud interpretativa. La impersonalidad ya no es ninguna garantía de verosimilitud.
Por tal motivo, Albert Sáez alega que “el periodismo no debe ocultar su carácter
narrativo, sino más bien explicar los puntos de vista desde donde construye, no debería
despersonalizarse sino justamente lo contrario, ofrecer las claves desde donde se interpreta
la realidad. Sería mucho más práctico que llenarnos los cajones con tanto código
incumplible y demás sistemas de pretendido autocontrol. Si todos saben cómo se construye,
siempre será más fácil la deconstrucción”.
Toda forma de periodismo tiene dos discursos. Mientras escribo este texto, por
ejemplo, estoy mostrando dos discursos: uno explícito y otro subyacente, pues las palabras
guardan sus silencios. Mi función como periodista consiste en brindarle al lector los
dispositivos para configurar ambos. Resultaría insensato pensar que seré más objetiva
escribiendo en tercera persona y menos creíble si escribo en primera.
Entonces, ¿de qué se encargará el periodista? De difundir el conocimiento. Y cuando
digo conocimiento no lo hago igualándolo a información, sino reconociéndolo como tal,
como un proceso cognitivo del individuo. Esto sólo podrá lograrse a través de una
comunicación bidireccional y recíproca, humilde y verdadera.
La concienciación de la población –que es, al fin y al cabo, la finalidad del
periodismo- ha sido alcanzada por movimientos que nada tienen que ver con el periodismo.
Verbigracia, el anarquismo en España, el situacionismo en Francia y la música reggae en
Jamaica; o las experiencias de Cine Móvil Guaira y Poetas en Tránsito, en Venezuela.
Pero, ¿de qué medios se valdrá el periodista? De todos, salvo aquellos que
representen. Actualmente el periodismo está subordinado al medio, y nosotros justamente
abogamos por todo lo contrario: un medio subordinado al periodismo. Por ello, podrá
valerse de radios libres, publicaciones independientes (como Salud y Anarquía), folletos,
fanzines, opúsculos, murales, panfletos, retransmisiones piratas, intervención de canales,
terrorismo telefónico, pancartas, vías telemáticas (envío masivo de e-mails, páginas web),
etcétera.
Con esto propongo que el periodismo se salpique un poco de la gratuidad lúdica del
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Teatro de la Crueldad. Es la única forma de exterminar de su haber el remedo exterior y
artificial que posee hoy en día. El periodismo, como el Teatro de la Crueldad, busca la
sensibilidad del otro y no puede ser visto simplemente como un método de codificación de
información. Ante todo, como ya he dicho, es una militancia desinteresada en favor de la
conciencia. Es político, pero carece de postura política; es escéptico, pero no ateo.
Los esquemas se han roto; las cadenas de la ley, también. Cuando no hay ni
espectáculo ni espectadores, hay fiesta. Ésta es la fiesta de la entropía comunicacional,
donde todas/os somos actores, todas/os somos periodistas.
***
Cuando Heinrich abrió los ojos al día siguiente, Claudia ya no estaba. Apenas le
dejó una nota sobre la cama: “Mi amor, olvidé decirte que anoche vi por televisión al
presidente de la Telefónica asegurando que a pesar de las oposiciones se llevaría a cabo la
reestructuración. Te deseo éxito”.
Sobre la mesita de noche, El principio del Estado. Recordó que Haakon le comentó,
mientras tomaban café en la sede central de la CLT, que un día el músico y compositor
Richard Wagner invitó a su casa a Bakunin con el propósito de compartir una degustación
culinaria. Bakunin asistió a la invitación y juntos comieron ricos manjares: croquetas de
papa con queso camembert derretido, plátano con miel y ensalada césar.
Acto seguido, en aras de amenizar la sobremesa, Wagner sacó de su bodegón
personal una botella de vino. Sirvió la bebida en una pequeña copa y señaló: “Poca cantidad
para adiestrar el espíritu”, y sorbió con un gesto refinado. Bakunin lo miró, se rascó la
barba y apuntó: “Fiel a lo que pida el cuerpo”, empinándose la botella hasta dejarla por la
mitad.
Heinrich no se identificaba ni con uno ni con otro, sino con el contrapeso que surgía
de ambos. Entonces, decidido a encontrar una palabra que reflejase tal equilibrio, tuvo en
cuenta que la humildad proviene del humus, que es la tierra más fértil.
Pero ¿por qué le costaba concebir el asunto de la huelga general? ¿En alguna otra
oportunidad de su vida había oído hablar tanto de una telefonía? ¿Cuántas palabras había
con el prefijo tele? Buscó en el diccionario. ¡Más de ochenta! ¿Por qué, por el contrario, no
le hablaban del recorrido de un teleférico, de los poderes de la telequinesia o de la estupidez
de la teleología?
***
98
***
99
creado? Pues, bien, acércate y extinguiré el brillo de la
vida que, en mi locura, supe alumbrar en ti.
Descalzo
en mi calma orgánica
hago parkour
corriendo tras las estrellas
que me embriagan
con su canto
de quietud en movimiento
***
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MEDITACIÓN POST-SINDICALISTA
El siguiente texto es una conversación extraída de una grabadora de periodista. Los
diálogos fueron copiados literalmente, y no han sido modificados ni siquiera por criterios
estético-literarios.
PLAY
101
Determinar al ser a partir de lo externo (de lo que percibe) es imponer la superficialidad
sobre el ser. Y, en realidad, el ser gira en espirales de adentro hacia fuera... Ser es percibir...
Percibe, sé... Respira...
[Silencio]
Abandona todo pensamiento, porque el pensamiento no es más que la construcción
del pasado. El pasado, pasó. No existe, pero tu mente sigue creyendo que existe. Deja entrar
a tu hogar la Luz Dorada, hasta que una energía silenciosa brote de tu cuerpo...
[Silencio]
Gautama Buda es representado como un gordo no porque físicamente haya sido así,
sino por las radiaciones de su aura. Todo cambia. La naturaleza es cambio continuo,
creación continua... Y tú insistes en luchar por un cambio... Luchar por el cambio es
bastante ingenuo, porque el cambio sucede independientemente de tu lucha. Luches o no,
todo cambia... Si sientes que el cambio es el Tao, entonces entrega tu corazón a él.
Cambia...
[Silencio]
Para cambiar no necesitas argumentos. La naturaleza no está hecha de argumentos,
sino de vida. Si vives con totalidad, cambias. No porque lo prevengas, sino porque sucede.
La totalidad te invade, el satori aparece... Ni una montaña de haikus escritos por los monjes
más sabios del zen, podría definir con palabras esta conspiración cósmica...
[Silencio]
Tampoco tengas expectativa alguna. El futuro nunca ha existido. Es una proyección
del pasado en lo que pasará. Pero, por más que te esfuerces, no podrás saber qué va a pasar.
Lo que pase, pasará. Déjalo ir también... sin dividirte dentro de ti, sin luchar. Deja que el
futuro caiga por su misma ceguera inactiva... Estás presente... El tiempo de cambiar es
ahora, y tú estás cambiando ahora, estás cambiando a través del ahora...
[Silencio]
Hummmm-. Abra los ojos, y mírame... Sileeencio.
[Llanto]
¿Por qué luchar por la libertad si Dios te hizo libre? ¿O es que acaso tu mente
socrática y aburrida no puede entender eso? Luchar por la libertad en vez de ser libre, es
como luchar por la muerte en vez de suicidarte. Oh, ¿es que acaso le tienes miedo a la
muerte, escarabajo cabizbajo contrabajo? ¿Por qué parloteas si cada poro de su piel no
segrega más que silencio? En la naturaleza no hay ni muertos ni santos. No es que este
mundo sea bizarro o saturado de marro sino que los carros dan catarro a quienes no cargan
el cacharro atestado de barro y el piso que barro como el jarro que narro cual anticarro al
tocar el guijarro mientras el tarro arroja desde el chaparro un farro que me cae en los
dientes cuando me agarro y me amarro al odontólogo que dice: “Señor, usted no tiene
sarro”.
[Breve silencio]
...Pero no te preocupes: todos alguna vez tenemos que cepillarnos los dientes.
STOP
102
EPÍLOGO
103
Desafortunadamente, cuando nuestra gente se cruzó con el cristianismo, no entendió
y se comenzó a pensar que estas plantas te castigan. Pero no castigan a nadie, dan
lecciones. El “castigo” viene del catolicismo; no es nuestro. Porque nuestros “dioses” –
como ellos los llaman-, nuestras fuerzas están para ayudarte, llevarte, realizarte, no para
castigar a nadie.
Tristemente nuestra gente ha perdido mucho por ello.
Entonces vamos a regresar a la forma original, consiguiendo el pensamiento
original. Y esto es que se encarguen de no permitir que se criminalicen nuestras plantas
sagradas. Tenemos el derecho de utilizar el Peyote, el Ayahuasca, la hoja de Coca, los
Hongos, todas las plantas sagradas.
Tengo muchas órdenes de arresto. Muchas. Pero si no nos paramos por lo que
creemos que es verdadero; si me voy andar escondiendo o voy andar con temores, muy
posible es que nunca tengamos nuestro derecho en este tiempo.
Las ceremonias son de alguna manera para unir a nuestra familia, honrar al Creador,
pedir un bien para nuestra familia, sanar a nuestra gente; para tener una comprensión y
sentir la unidad con todo lo que existe. Es la comunicación con toda nuestra relación.
Nuestra gente pensaba que todos éramos una familia. Cuando el europeo vino,
estuvimos felices de recibir a nuestro hermano. Compartimos todo lo que teníamos, le
abrimos las puertas. Pero como él no venía como nuestro hermano, como nosotros le
veíamos, él se adueñó y dijo: “En el nombre de Dios y la Corona de España, todo esto es
nuestro. Te acabo de descubrir, que estás aquí”.
Nuestra gente no tenía esa naturaleza. Aquí en esta tierra no existieron prisiones, no
existía la mentira, no existía la prostitución. Como comprenderás, es muy fácil entender lo
que sucedió y por qué sucedió. No podemos andar desconfiando de quien viene…
Me imagino lo que se preguntarían nuestros antepasados: “Bueno, ¿quién es este
hombre que está en la cruz?” –“Ése es nuestro líder, pero lo crucificamos”. O también:
“¿Por qué andan tan armados, con metal hasta...? ¿Qué tanto miedo tienen? ¿Qué es lo que
les pasa?” Es difícil entender eso.
Sabemos que hubo abuso. Sólo vemos ahora que nunca hubo intención de
comprendemos. Pero, al fin, nosotros sabíamos que eran nuestros hermanos, nuestra fami-
lia.
Esto es bien importante: tenemos una lección en la vida y no vamos a olvidar lo que
ha pasado, para que no se repita. Hemos aprendido que hay hipocresía en este mundo en
que vivimos. Entonces, así como Jesús sabía que le iban a crucificar y se entregó por amor,
nuestra gente se entregó a su hermano, ¡también por amor, así, nada más! Y no son palabras
bonitas. Es la espiritualidad de nuestros antepasados.
Pero lo que ha pasado es que pusieron una mentira tras otra, tras otra, tras otra.
Porque la historia de nuestro pueblo no está escrita por nuestra gente, está escrita por los
violadores de nuestra gente, para excusarse de todas las barbaries que hicieron.
Se nos dijo que éramos salvajes, caníbales; que matábamos en cada celebración a
500 niños huérfanos y los enterrábamos vivos; que peleábamos pueblo contra pueblo...
Todo eso fue un engaño… ¡Yo conozco la verdad en mi corazón! ¡Yo sé lo que nuestra
gente hacía!
Desafortunadamente, durante 500 años le han metido eso en la mente a toda nuestra
gente. Es difícil si te lo meten desde pequeño, utilizando la televisión, la radio, los libros y
los periódicos para atarantarte. ¡Es una maniobra!
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Ahora podemos ver, si es que queremos ver dónde nos encontramos. Solamente que
nos atrevamos a decir: ¡ya basta, hasta aquí de toda esta porquería, de quién nos está
utilizando y cómo nos están utilizando! ¿O es que no podemos ver que estamos en una
trampa y que ésta ya no funciona? Porque está derrumbándose por todos los lados.
Por eso hay que propiciar lo de nuestros antepasados: cuando esto caiga, lo nuestro
sobresaldrá de nuevo... Y esto es el momento… Nosotros lo vamos hacer con la ayuda de
los que están dispuestos, porque tenemos también la ayuda del Gran Espíritu.
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