LECCIÓN 25.- ORÍGENES DEL RÉGIMEN CONSTITUCIONAL ESPAÑOL.
1. PERÍODO DEL RÉGIMEN CONSTITUCIONAL ESPAÑOL
1.1 Los conflictos sociales y las Constituciones.-
El carácter lento y discontinuo de la revolución burguesa española le ha dado un peculiar perfil. De
un lado, el conflicto de la burguesía, frente a los estamentos privilegiados del Antiguo Régimen se dilata
hasta más de mediado de siglo y se dilata hasta la Restauración. Más aún: los privilegios fiscales,
políticos y culturales de la Iglesia renacieron con la autocracia franquista hasta su expiración.
De otro lado, junto al conflicto de dominación, fue produciéndose, u conflicto de hegemonía entre las
diversas burguesías existentes, por un lado la terrateniente y financiera y, por otro, la industrial y
comercial.
En el período gaditano-fernandino predominó el conflicto de dominación.
A partir de 1833 los textos constitucionales conservadores y progresistas, promulgados o no, fueron
las formalizaciones al máximo nivel jurídico de los sucesivos desenlaces, siempre provisionales, de tal
conflicto.
Después de cada golpe de Estado triunfante, el jefe militar o el partido beneficiario pronunciaban su
verdad política y hacían su Constitución. Por eso las Constituciones españolas han sido casi siempre
Constituciones de un partido y ningún partido o camarilla resistía la tentación de promulgar la suya,
hecho lo cual debía suponer que ya había cambiado el curso de la historia.
Como el litigio se daba entre sectores de la burguesía, las variaciones constitucionales se daba en
torno a unos pocos principios:
- El titular de la soberanía y del poder constituyente y el alcance del derecho de sufragio.
- El órgano de poder de mayor jerarquía constitucional, las Cortes o el Rey.
- La estructura mono o bicameral de las Cortes y la relación entre ambos cuerpos colegisladores.
- El régimen más o menos abierto de los derechos y libertades.
- La cuestión religiosa.
Después de las proclamas y de los manifiestos, la variación en tales cuestiones era sólo de grados.
Así ocurre con los períodos isabelino y el restauracionista: bajo una Constitución generalmente
calificada como progresista, la de 1837, no hubo ni poder constituyente del pueblo, ni sufragio universal,
ni supremacía de las Cortes, ni monocameralismo, ni libertad religiosa; en cambio, bajo la Constitución
conservadora doctrinaria, como la de 1876, terminó habiendo sufragio universal, libertad de asociación y
una interpretación de la tolerancia religiosa muy cercana a la libertad.
En el fondo, sólo existió entre 1837 y 1931 un único texto constitucional. Las diferencias entre
moderados, progresistas e incluso demócratas se daban dentro de un amplio consenso acerca del régimen
liberal constitucional, régimen que la Monarquía aceptó a cambio de obtener una desorbitada influencia
política, que incluso arruinó el sistema cuando la Corona no supo adaptarse a las nuevas realidades y
permitió artificios y prácticas extraconstitucionales. Las diferencias más importantes no hay que verlas en
los textos constitucionales, sino en otros elementos del sistema político, como son la ley electoral, el
régimen local y las libertades de imprenta, de reunión y de asociación.
Las Constituciones conservadoras u las Leyes Fundamentales de Franco Bahamonde tuvieron
vigencia durante décadas, y las progresistas sólo durante años y, además, unas y otras fueron
sistemáticamente incumplidas y falseadas. De manera que sólo ha habido dieciséis años de régimen
democrático. Y si hubo apenas democracia, apenas hubo partidos y, utilizando criterios muy estrictos,
apenas hubo Estado.
La poca consistencia de nuestros partidos políticos históricos es algo comúnmente admitido. Sólo
había grupos de notables con clientela electoral y vida política exclusiva en la Corte y en las Cortes. La
extremada limitación del cuerpo electoral hacía que ni siquiera se desarrollaran fuertes comités electorales
de carácter permanente. En la Restauración funcionó un sistema de partidos, pero su ficticio andamiaje
apenas resistió el embate del movimiento obrero y del regionalista, rompiéndose en múltiples camarillas,
que es lo que siempre existió en España.
¿Existió verdaderamente un Estado en la España de 1808 a 1931?. Apuntar la desvertebración
política del país. La debilidad e inconsistencia de la Administración y su sustitución por el caciquismo
como real estructura político-admtva. de España.
1.2 Los períodos de nuestra Historia Constitucional.-
1) Orígenes del constitucionalismo: 1808-1833.
Dos textos: el de Bayona, de 1808 y el de Cádiz, de 1812. El primero no llegó a estar realmente
vigente, negándole carácter de Constitución española, lo llaman Estatuto. La Constitución de 1812
tuvo fases de vigencia entre largos trechos de absolutismo. Fue una Constitución liberal avanzada
para su época y modelo de liberalismo para Europa.
2) Período isabelino: 1833-1868.
Abarca el reinado de Isabel II. Dos textos: el Estatuto Real, de 1834 y las Constituciones de 1837 y
1845. Añádanse las reformas de esta última y la Constitución no promulgada de 1856. Es un período
enteramente dominado por el doctrinalismo.
3) Sexenio revolucionario: 1868-1874.
Fue un intento de liberalismo democrático. Se destronó a Isabel II y se entronizó una dinastía nueva:
la de Saboya. Derivó después en una República fugaz y acabó en Dictadura. El texto fundamental fue
la Constitución de 1869. La República no consiguió aprobar su propia Constitución, que quedó en
mero proyecto.
4) Restauración: 1874-1931.
Período más largo de nuestro constitucionalismo. Texto, Constitución de 1876, buscó una solución
política controlada al modo inglés, con bipartidismo y turno en el Gobierno. Conservadora en materia
de derechos y libertades, permitió el avance liberal de éstas.
A la muerte de Cánovas y Sagasta, el régimen restauracionista hace crisis, acentuada por el excesivo
protagonismo de Alfonso XIII. Dicha crisis desemboca en la Dictadura de Primo de Rivera (1923-
1930), a cuyo término el régimen restauracionista se disuelve rápidamente.
5) Segunda República: 1931-1936 (ó 1939).
Fue un intento de régimen liberal democrático, con cambio de forma política y con una organización
territorial abierta a las autonomías regionales. Texto, Constitución de 1931.
6) Régimen personal de Franco Bahamonde: 1936 (ó 1939)-1075.
Régimen de poder personal, no constitucional. Texto, siete Leyes Fundamentales y otras varias, de
rango ordinario o incluso inferior.
2. LA CONSTITUCIÓN DE 1812: PRINCIPIOS POLÍTICOS
2.1 Soberanía nacional y mandato representativo: la democracia representativa.-
El talante democrático de la Constitución se manifiesta en el ppio. de soberanía nacional. La
adopción del modelo de mandato representativo y la inexistencia de instituciones de participación popular
directa hacen que fuera un Estado representativo el perfilado en la Constitución.
En su primera reunión, las Cortes aprobaron la siguiente declaración: " Los diputados que componen
este Congreso y que representan a la nación española se declaran legítimamente constituidos en Cortes
Generales y extraordinarias y que reside en ellas la soberanía nacional".
Las Cortes son la reunión de todos los diputados, que representan la nación y dispone de los amplios
poderes que los electores provinciales deben otorgar a los diputados electos para que puedan "acordar y
resolver cuanto entendieren conducente al bien general", con los límites que determina la propia
Constitución; entre otros, los referentes a la reforma constitucional.
Así, pues, soberanía nacional, cortes representativas de la nación y, consecuentemente, ejercicio
parlamentario de ea soberanía nacional.
A la nación, como soberana, es a la única que le corresponde el derecho de establecer sus leyes
fundamentales y de establecer sus leyes fundamentales y de determinar su forma de gobierno.
El artº 3 proclama que la soberanía pertenece, en esencia, a la nación; no puede ser de otro modo sin
desnaturalizarse tanto la soberanía como la nación. La nación española es libre e independiente y no es ni
puede ser patrimonio de ninguna familia ni persona (artº 2).
A la nación española como equivalente a España la declara integrada por "todos los españoles de
ambos hemisferios". Es decir, nación española es sinónimo de pueblo español y soberanía nacional, de
soberanía popular.
Las Cortes, como representantes de la nación, ejercen el poder constituyente. Pero también la propia
Constitución, como norma suprema, es depositaria de la soberanía nacional. El rey queda obligado a
guardarla y hacerla guardar.
2.2 División de poderes.-
El Rey y las Cortes son poderes constituidos.
Regulación de los órganos y funciones estatales:
- La potestad legislativa reside en las Cortes con el Rey; la ejecutiva, en el Rey, y la judicial, en
los Tribunales establecidos por la ley.
- La forma de gobierno es una Monarquía moderada.
Esta división de poderes no es una división tan rígida como la de la Constitución norteamericana no
como la que, ausente el Rey, establecieron estas mismas Cortes en su decreto de 24 de septiembre de
1810 para mejor independizarse de la Regencia. Ahora se busca únicamente moderar la Monarquía
haciéndole compartir el Poder Legislativo con las Cortes
2.3 Principio de libertad: los derechos fundamentales.-
La Constitución contiene una declaración general en el artº 4, netamente liberal: "La nación está
obligada a conservar y proteger por leyes sabias y justas la libertad civil, la propiedad y los demás
derechos legítimos de todos los individuos que la componen". Pero no dedica un título específico a los
derechos y libertades, sino que los reconoce y regula en diversos pasajes de su texto.
1) Libertad y seguridad personales.- La Constitución regula los requisitos para hacer preso a un
español, impone la obligación de que se le tome declaración y pena a los jueces y alcaides que lo
ignoren como culpables de un delito de detención arbitraria.
2) Inviolabilidad del domicilio.-
3) Libertad de expresión del pensamiento.- Porque contribuye a la ilustración, a la independencia y
al progreso de las naciones. Con la publicidad que esta libertad aporta a toda la vida política, la
Constitución establece un régimen no preventivo, sino represivo; es decir, no un régimen de
censura previa, sino de enjuiciamiento posterior de los hechos delictivos que pudieran cometerse
con ocasión de su ejercicio.
4) Abolición de las penas de tormento, apremio y confiscación de bienes.
5) Derecho de sufragio.- El derecho de sufragio pasivo es censitario, necesitándose tener para ser
diputado una renta anual procedente de bienes propios. El activo es universal, pero indirecto en
cuarto grado, con elección sucesiva de compromisarios, electores parroquiales y electores de
partido, para que, finalmente, éstos elijan los diputados de cada provincia. el carácter censitario
del sufragio pasivo y el indirecto del sufragio confiere a las Cortes y al sistema político un sesgo
acusadamente burgués, lo cual se corresponde con el régimen económico y de libertades públicas
perfilado por las Cortes gaditanas.
La Constitución prevé la posible suspención de garantías en circunstancias extraordinarias y por
tiempo siempre limitado.
2.4 Principio de igualdad.-
La Constitución se hace eco del ppio. de igualdad de modo implícito, entendiéndola, de modo
genuinamente liberal, como generalidad de la ley, la cual debe dispensar su protección a todos los
españoles.
La unidad de códigos y de fueros se proclaman como programas o mandatos constitucionales al
legislador futuro. La primera comporta la generalidad de esos códigos (civil, criminal y mercantil),
aunque la Constitución deja abierta el posible mantenimiento de la legislación foral. La segunda está en
íntima relación con el modelo de Poder Judicial, que está informado por el mismo ppio. de unidad,
aunque se excepcionan los fueros eclesiástico y militar.
2.5 Unidad religiosa y confesionalidad del Estado.-
En franca contradicción con el espíritu liberal y racionalista de la Constitución, pues la doctrina
contraria hubiera desencadenado "toda la violencia y furia teológica del clero", la Constitución establece
la unidad religiosa y la confesionalidad del Estado. queda prohibido el ejercicio de toda religión distinta
de la católica, apostólica, romana, que es la "única verdadera" y "es y será perpetuamente" la religión de
la nación española.
La materia religiosa quedaba sujeta a censura previa de los ordinarios. Sin embargo, las Cortes
crearon una Junta Suprema de Censura para conocer de los recursos a que diera lugar la censura del
Ordinario.
En 1813 queda abolida la Inquisición por ser "incompatible con la Constitución".
3. ÓRGANOS CONSTITUCIONALES
3.1 Las Cortes.-
Se optó por unas Cortes monocamerales.
Los diputados tenían un mandato de dos años, renovándose la Cámara en su totalidad, y no eran
reelegibles inmediatamente.
Los ministros no eran elegibles, y el cargo de diputado era incompatible con el de ministro. Ello
acentuaba la separación de poderes y rigidificaba el funcionamiento del sistema innecesariamente.
La Constitución, velando por la independencia de los diputados, los protege con la prerrogativa de la
inviolabilidad, prohíbe la deliberación de las Cortes en presencia del Rey y silencia la posible disolución
regia de las Cortes, motivo por el que hemos de entenderla excluida.
El funcionamiento era bastante autónomo. Se reunían anualmente de modo automático, sin necesidad
de convocatoria regia. El período de sesiones anual previsto era de tres meses consecutivos, prorrogables
en ciertas circunstancias a un cuarto mes. Las sesiones eran públicas. El Discurso preliminar hace
hincapié en la importancia de la reunión anual de las Cortes como único medio de asegurar la observancia
sin convulsiones de la Constitución.
Instituye una Diputación permanente de las Cortes. Sus miembros, siete titulares y dos suplentes,
eran nombrados por las Cortes ante de separarse. Sus funciones fundamentales eran velar por la
observancia de la Constitución y de las leyes, preparar la reunión de las Cortes inmediatas y convocar una
sesión extraordinaria cuando así procediera.
Las Cortes ejercían la potestad legislativa, pero de manera compartida con el Rey. La Constitución
enumera por extenso las muchas facultades concretas de las Cortes, pero todas ellas pertenecen a la
potestad legislativa. Algunas de ellas:
- En relación a la Constitución, vigilaban su observancia y procedían a su reforma.
- En relación a la Corona, recibían el juramento del Rey y nombraban, en determinados supuestos, su
tutor y la Regencia.
- En el orden legislativo, aprobaban las leyes, correspondiéndole al Rey su sanción y promulgación,
como también su veto.
- Establecían anualmente las contribuciones e impuestos y fijaban los gastos de la Admón. Todo lo
cual debía serle presentado anualmente por el Gobierno en el Presupuesto, cuya aplicación y
cumplimiento debía ser igualmente vigilado por las Cortes.
- Ejercían el control del Poder Ejecutivo.
3.2 El Rey.-
El Rey es el jefe del Ejecutivo y el primer magistrado de la nación. Al corresponder la soberanía a la
nación, todos los demás poderes son constituidos. El rey tiene el Poder Ejecutivo porque la nación, a
través de la Constitución, lo deposita en sus manos y ésta se preocupa de formular las limitaciones que
atañen a sus funciones.
Su persona es sagrada e inviolable, no sujeta a responsabilidad. Ésta se transfiere, mediante la técnica
del refrendo, al secretario de Despacho que firme las órdenes regias, sin el cual refrendo ninguna
autoridad puede darles cumplimiento.
Se separa el patrimonio del Estado del de la familia regia. Al principio de cada reinado debía fijarse
una dotación anual para el Rey, su familia y su Casa.
Funciones:
a) En el orden legislativo.- Sanción o veto de las leyes y su promulgación. El veto regio era sólo
suspensivo, pero podía reiterarse al año siguiente y las Cortes necesitaban aprobar la ley tres años
consecutivos para superar el veto del monarca.
b) En el orden ejecutivo.- Todo lo concerniente a la conservación del orden público y a la seguridad
exterior del Estado. Y en particular:
- Expedir los decretos y reglamentos.
- Nombrar y separar libremente los secretarios de Estado y de Despacho.
- Declarar la guerra, hacer la paz y mandar los ejércitos.
Las Cortes fijarían el número de tropas y lo que correspondiera a su organización y
acondicionamiento. Se creaba, además una Milicia nacional, con contingentes en cada provincia, que
fuera "baluarte de nuestra libertad" y habría de ser un poderoso poder militar paralelo, un factor de
permanente inestabilidad. El Rey necesitaba, para formalizar tratados la alianza ofensiva, el
consentimiento de las Cortes.
Los secretarios de Despacho no formaban un Gobierno como cuerpo colegiado. Eran "órganos
inmediatos del Rey", los cuales, a través de la institución del refrendo, estaban llamados a ejercer la
potestad ejecutiva, o buena parte de ella, y responder ante las Cortes por tal ejercicio. Sin embargo, esto
no llegó a ser realidad enteramente, ni siquiera en el trienio liberal. Son los responsables ante las Cortes,
sin que puedan alegar obediencia al Rey, no es una responsabilidad política sino penal. Llegado el caso, a
las Cortes les correspondía decretar la formación de causa, quedando suspendido el secretario de
Despacho en su función; posteriormente, las Cortes remitían al tribunal Supremo todos los documentos
concernientes al asunto, que era sustanciado por éste de modo inapelable.
Instituyen las Cortes un Consejo de Estado, único órgano consultivo del Rey, cuyo dictamen debía
ser oído, entre otras ocasiones, con motivo de la sanción de las leyes y de la firma de tratados. Su
composición era de 40 miembros, cuatro debían ser eclesiásticos y otros cuatro Grandes de España. Su
nombramiento correspondía al rey sobre las ternas presentadas por las Cortes.
3.3 Administración de justicia.-
La potestad judicial es una parte el ejercicio de la soberanía delegada inmediatamente por la
Constitución a los tribunales.
Principios:
1) Exclusividad. La potestad judicial pertenece únicamente a los tribunales, los cuales, a su vez, no
pueden ejercer otra función que la de juzgar y ejecutar lo juzgado.
2) Unidad. A la igualdad de derechos y unidad de códigos corresponde la unidad de fuero, con las
excepciones eclesiástica y militar, y la uniformidad procesal.
3) Inmovilidad de los jueces.
4) Responsabilidad de los jueces.
Se crea un Tribunal Supremo como centro común del sistema judicial.
3.4 Administración local.-
Notas fundamentales:
1) El principio de electividad de los Ayuntamientos.
2) El doble gobierno de las provincias: el gobierno político, que ejercería un jefe superior nombrado por
el Rey, predecesor de los gobernadores civiles, y el gobierno económico, confiado a la Diputación, en
cuya composición se integraban tanto miembros electivos como natos.
4. SIGNIFICADO Y VIGENCIA DE LA CONSTITUCIÓN DE 1812
4.1 La primera etapa del régimen constitucional español: 1812-1814.-
La guerra de independencia dio ocasión a la creación de un moderno nacionalismo, del que se nutrió
la Constitución gaditana, dio origen al liberalismo español, pero también a la constante presencia del
Ejército como árbitro de la política, iniciando una permanente crisis bélica que durará hasta 1975. Supuso
el inicio de una aparición intermitente, coincidiendo con los procesos revolucionarios del fenómeno de las
Juntas, que asumen el poder en momentos de real o supuesto vacío institucional.
La guerra de la independencia significó también la bancarrota del país, su desmantelamiento
económico, junto al inicio de la pérdida de América.
Desde su promulgación hasta el regreso de Fernando VII, la Constitución apenas tuvo una vigencia
efectiva por causa de la guerra y de la ausencia del monarca. Mientras tanto, habían terminado las Cortes
constituyentes y comenzado las ordinarias con renovación total de sus miembros.
El regreso estuvo marcado por la ambigüedad. No parece que el Rey tuviese claramente decidido
liquidar el régimen constitucional, pero el escrito que le presentaron algunos diputados disidentes,
denominado Manifiesto de los Persas, y las seguridades que le ofreció el general Elío, lo determinaron a
dictar el decreto de 4 de mayo de 1814, que no era otra cosa que el primero de una serie ininterrumpida de
pronunciamientos que jalonan nuestra historia constitucional, con la particularidad de que éste lo hacía el
propio Rey. Fue la primera ruptura del régimen constitucional, protagonizada por un monarca que
conservaba la corona precisamente gracias a los autores de dicho régimen.
El decreto quería significar pura y simplemente la vuelta al Antiguo Régimen: tras denunciar el
despojo que las Cortes le habían hecho de su soberanía, Fernando VII declaró nulos la Constitución y los
decretos de las Cortes y la promesa que hizo de unas "Cortes legítimamente congregadas" pronto fue
olvidada. Comenzaba el gobierno de la camarilla del Rey, integrada por personajes poco presentables.
Termina así la primera fase del régimen constitucional. En él todo se preparó para una alianza entre la
burguesía y las clases altas que se avinieran a compartir su dominación con aquélla en el seno de un
régimen económico y político abierto. Régimen en el que, sin embargo, eran las personas acomodadas,
instruidas y prestigiosas las que conservaban las mejores bazas debido al sistema electoral ideado.
La legislación de las Cortes de Cádiz sobre señoríos, mayorazgos y desamortización intentaba
implantar un liberalismo político y económico asentado en la libertad, en la igualdad y en un derecho de
propiedad pleno, individual y exento de toda traba en el comercio. Pero las reformas liberales apenas
trascendieron de la ley a la realidad; quedaron en meros programas, salvo la abolición de los señoríos,
que, no obstante, tuvo una muy dilatada y controvertida aplicación.
4.2 El regreso al absolutismo.-
Fernando VII no hizo más que adaptarse a las circunstancias y obtener partido de ellas: se alza contra
su padre y obtiene el trono; se retrae ante Napoleón; asegura jurar la Constitución, pero, apercibido del
escaso entusiasmo del pueblo por el liberalismo, se apoya en aquél y en el Ejército para implantar el
absolutismo.
Pero no iba a resultar tan sencillo. La tarea de reconstrucción de España desde el absolutismo era
seguramente imposible. Se hacía necesario el concurso de la burguesía comercial, industrial y financiera.
Así ls cosas, el retorno de los privilegios sufrió alguna excepción a favor de la libertad de comercio y en
1816 acabó la persecución política. Fernando VII de nuevo se acomodaba a las circunstancias y permitía
una cierta suavización tecnocrática de su política.
4.3 El trienio liberal.-
El liberalismo derrotado se organizó en sociedades secretas y conspiraba diariamente. El día primero
de 1820, el teniente coronel Riego se levantó en Cabezas de San Juan (Sevilla) y proclamó la
Constitución de 1812. El movimiento se extendió otros destacamentos militares del Norte y triunfó ante
la indiferencia del pueblo. Fernando VII, adaptándose de nuevo, decide jurar la Constitución y marchar
francamente por la senda que ésta marcaba.
La historia española entre 1814 y 1840 es la lucha entre absolutistas y liberales por el poder y no
existía ninguna posibilidad de consenso.
Sin embargo, el liberalismo estaba dividido en dos tendencias: la moderada y la radical o de los
"exaltados". La primera desconfiaba de la viabilidad de la Constitución de 1812 y prefería una reforma de
la misma, dando entrada a una segunda Cámara y un mayor margen de maniobra par el Poder Ejecutivo.
Los exaltados eran doceañistas irreductibles y tenían mucha fuerza en esos momentos: prensa, clubes
políticos, masonería y, sobre todo, la facción del Ejército que secundaba a Riego.
En este período que duró tres años,. trienio liberal, se restauró la obra legislativa reformadora de
Cádiz, se añadieron nuevas medidas económicas liberalizadoras, algunas de las cuales apuntaban
directamente contra el poder económico de la Iglesia, se promulgó el primer Código Penal y se reformó el
Ejército. La Iglesia se alineó decididamente contra el régimen constitucional.
La Constitución de 1812 se convirtió en modelo y mito del liberalismo. Pero la constelación
conservadora europea que se había hecho con el poder a la caída de Napoleón no iba a permitir ese
peligroso brote revolucionario. De acuerdo con Fernando VII, envía a España un ejército, el denominado
"Cien Mil Hijos de San Luís", que ocupó el país con suma facilidad y ante la pasividad del pueblo, que en
esta ocasión no reaccionó ante la invasión extranjera.
4.4 La década ominosa y la cuestión sucesoria.-
Consumada la operación, Fernando VII declaró nula la Constitución, restauró el absolutismo e inició
una nueva represión que alcanzó un nivel resueltamente terrorista, convirtiendo a España en una nación
de delatores y perseguidos, de carceleros y encarcelados, de verdugos y víctimas. "Con el fin de que
desaparezca para siempre del suelo español hasta la más remota idea de que la soberanía reside en otro
que en mi real persona...", rezaba un decreto del Deseado.
La culpa del nuevo fracaso del régimen constitucional fue tanto de sus adversarios como de sus
partidarios, porque éstos, en el ejercicio del poder, adoptaron con frecuencia actitudes irresponsables y
permitieron o no supieron impedir que las sociedades secretas se erigieran en un poder paralelo.
Tampoco la burguesía fue capaz de prescindir de Fernando VII y éste encontró de nuevo la vía para
imponerse e iniciar un nuevo período absolutista: la década ominosa.
Fernando VII había aprendido la lección y no restableció la Inquisición y procuró no ahuyentar del
todo el poder económico y financiero. La represión remitió hacia 1826. En 1829 se promulga el Código
de Comercio. La bancarrota de la Hacienda hizo que se acudiera al crédito extranjero, y los medios
financieros de Londres y París exigieron una mayor liberalización del régimen. Fernando VII comenzó a
evolucionar hacia un despotismo ilustrado, ya que no liberalismo, lo que provocó una nueva oposición, la
de los absolutistas extremos, que volvieron su mirada al hermano del Rey, don Carlos, sucesor en el trono
y mucho más reaccionario que el Deseado.
El nuevo matrimonio de Fernando VII vino plantear la cuestión sucesoria. La legislación tradicional
española permitía el reinado de las mujeres, pero Felipe V, en 1713, implantó la Ley Sálica, que las
excluía. Posteriormente, Carlos IV dispuso la vuelta a la legislación de las Partidas, pero no llegó a
promulgar el auto en que así se ordenaba. Fernando VII, ante su posible descendencia femenina, publicó
una "Pragmática Sanción" para dar efecto al citado auto de su padre. El nacimiento de Isabel consumó las
diferencias entre don Carlos y la Reina, que presionaban sobre el Rey.
Enfermo éste, la Reina cedió ante la amenaza de guerra civil y derogó la "Pragmática Sanción", pero
sus partidarios acudieron a los liberales más moderados para impedir el acceso al trono de los absolutistas
extremos. Nació así el Partido Cristino, que se propuso un restablecimiento del régimen constitucional a
la muerte de Fernando VII. Recuperado Fernando VII, restableció de nuevo la pragmática y, con ella, los
derechos sucesorios de su hija, que fue jurada Princesa de Asturias por las Cortes, convocadas al efecto.
La muerte de Fernando VII dejó planteado el problema "carlista", que produjo tres guerras civiles a
lo largo del siglo, junto al del restablecimiento del régimen constitucional, que, sin embargo, ya no podría
ser el de 1812.