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Derecho Civil

Este documento habla sobre la evolución histórica, el concepto y los tipos de lesión en el derecho civil. Explica que la lesión se refiere a un desequilibrio injustificado en las prestaciones de un acto jurídico bilateral y oneroso, causado por la explotación del estado de inferioridad de una de las partes. Además, distingue entre lesión objetiva, basada solo en el desequilibrio económico, y lesión subjetiva, que considera también las circunstancias personales que llevaron a la

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Este documento habla sobre la evolución histórica, el concepto y los tipos de lesión en el derecho civil. Explica que la lesión se refiere a un desequilibrio injustificado en las prestaciones de un acto jurídico bilateral y oneroso, causado por la explotación del estado de inferioridad de una de las partes. Además, distingue entre lesión objetiva, basada solo en el desequilibrio económico, y lesión subjetiva, que considera también las circunstancias personales que llevaron a la

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“Año de la lucha contra la corrupción y la impunidad”

UNIVERSIDAD JOSE CARLOS MARIATEGUI

FACULTAD DE CIENCIAS JURIDICAS, EMPRESARIALES Y


PEDAGOGICAS

DERECHO

ESTUDIANTES : Sulem Esther Ponce Martinez


Noé Moisés Viza Chura
Rolando Lino Quintana Huaycani

CURSO : Derecho Civil VII (Contratos)

TEMA : Lesión (Art. 1447 – 1456)

DOCENTE : Dr. Edgard Galdós Avalos

CICLO : IX Semestre

ILO – 2019
INTRODUCCION

En los actos jurídicos debe imperar la equidad, la buena fe, la lealtad y la licitud, estos

principios son propios de todos los negocios jurídicos. La lesión es un menoscabo que se

produce cuando la prestación que corresponde realizar a una de las partes excede a la debida por

la otra. Esta equivalencia de las prestaciones debe ser respetada por todas las personas cuando

se celebran los distintos actos jurídicos, pero no debemos exagerar y caer en el error de generar

inseguridad en las transacciones efectuadas.

El principio de afianzar la justicia consagrado en nuestra Constitución Nacional, nos obliga a

observar que la equivalencia de las prestaciones recíprocas responda a enaltecer los valores y a

la finalidad para la cual fue creado el acto jurídico, situación equitativa que surge afectada

cuando por culpa de una de las partes la prestación nominal a su cargo se ha visto alterada en su

valor.
LA LESION

I. EVOLUCIÓN HISTÓRICA

El acto o negocio jurídico lesivo, denominado también negocio usurario, por el que una de

las partes sufre un perjuicio en razón de la desproporción entre las prestaciones al momento de

su celebración, fue desconocido en el Derecho romano clásico debido al culto a la voluntad y al

formalismo ritual1. La lesión enorme fue admitida como remedio pretoriano, hasta que en el

siglo III d.C. las constituciones de los emperadores Dioclesiano y Maximiliano establecieron

que si una persona vendía un bien en menos de la mitad de su valor estaba autorizada para

solicitar la rescisión del contrato. La laesio enormis se concedió por motivos de humanidad, y

fue considerada como un supuesto de rescisión conjuntamente con la restitutio in integrum y el

interdictum fraudatorium. Cayó en desuso con la invasión de los bárbaros. Fue rescatada por

Justiniano

El Derecho canónico le dio impulso bajo la inspiración aristotélica del justo precio y en el

principio expresado por Santo Tomás de Aquino que sostuvo que en los contratos de cambio

debe prevalecer la reciprocidad proporcional. Restringida en los siglos XV y XVI, vuelve a

surgir en el renacimiento pero limitada a la compraventa no aleatoria de inmuebles.

En el antiguo Derecho español, el Fuero Juzgo no dio lugar a acción alguna por lesión

enorme o enormísima. “Si alguno ome, dice, vende algunas cosas o tierras o vinnas, o siervos, o

siervas, o animales, u otras cosas, no debe desfacer la vendición porque dis que lo vendió por

poco”.

En el s. XIX, durante el imperio del liberalismo6 , hubo una actitud hostil a la lesión; el

Código de Portugal de 1867 lo suprimió totalmente, lo mismo sucedió con el Código civil

argentino, los códigos de Panamá, Honduras, Costa Rica, Guatemala, el del Brasil de 1917;

prevalece la idea de que cada uno es libre de hacer lo que desee, “el principio del laisser faire,
laisser passer que predominó en el campo económico se traduce en la esfera contractual en la

consagración de la más absoluta autonomía de la voluntad, aceptando que cada uno elija sin

cortapisas las condiciones que considere más convenientes a sus propios intereses”.

En el s. XX, por la influencia de las doctrinas sociales favorables a la intervención del juez y

de la ley en los contratos para evitar la explotación de los débiles y necesitados, se vuelve a

admitir la lesión, pero abandonando la fórmula romana que atendía solamente al elemento

objetivo de la desproporción de las prestaciones, sino incorporando dos elementos subjetivos: el

estado de inferioridad de la parte lesionada y el aprovechamiento de ese estado por la parte

lesionante.

En los países del common law no existe la figura de la lesión. Barandiarán8 dice que queda

insumida en el caso genérico de la undue influence que, como vicio del consentimiento debe ser

probado por quien lo invoca, existiendo casos en que el vicio se presume, quedando la prueba a

cargo del demandado. Agrega Barandiarán citando a Morixe que “ello ocurre en razón de una

circunstancia subjetiva, cuando la presión moral es evidente, como en el caso del tutor y pupilo;

y también en razón de una circunstancia objetiva, cuando la lesión es de tal magnitud, que

importa por sí sola la existencia de un negocio deshonesto, contrario a la conciencia.

II. CONCEPTO

Rivera, Julio Cesar sostiene que la lesión es el defecto del acto jurídico que consiste en una

desproporción injustificada de las prestaciones, causada por el aprovechamiento del victimario

del estado de inferioridad de la otra parte. Este jurista, aplica la lesión a todos los actos

jurídicos, sin distinguir. Continua diciendo que consiste en una desproporción injustificada de

las prestaciones, no señala la dimensión que debe tener esa desproporción, (evidente, notable,

grosera, desmesurada, de más del 50%), pero específica que debe ser injustificada. Nos dice que

debe ser originada en el aprovechamiento por una de las partes, (elemento necesario en la figura

de la lesión). En cuanto a los estados de inferioridad de la otra parte, no establece cuáles son
esos estados en forma detallada, de tal forma se podría invocar otros estados de inferioridad

además de los tradicionales. Este concepto tiene un enfoque objetivo-subjetivo.

Cifuentes, Santos define la figura diciendo que es una anomalía del negocio jurídico que

consiste en un perjuicio patrimonial que se provoca a una de las partes cuando, en un acto

jurídico oneroso y bilateral, se obtiene de ella prestaciones desproporcionadas a través del

aprovechamiento de su necesidad, ligereza o inexperiencia”, no nos proporciona un concepto

cabal de la figura.

Ossipow, Paul sostiene que la lesión es el perjuicio económico que experimenta una de las

partes, en el momento de conclusión del contrato, y que consiste en la desproporción evidente

de las prestaciones intercambiadas, determinada por la explotación de la miseria, ligereza o

inexperiencia de ella. Este concepto es muy completo, consagra los dos elementos: a) el

elemento objetivo, es decir, la desproporción evidente de las prestaciones y, b) el elemento

subjetivo integrado por: 1) la explotación de la víctima de lesión y, 2) las situaciones de

inferioridad que puede sufrir la víctima de lesión: la miseria, ligereza e inexperiencia del

lesionado. Limita en su definición los estados subjetivos de la lesionada. Señala que el perjuicio

económico debe ser valuado “…en el momento de la conclusión del contrato”. Hay

legislaciones que establecen que debe tenerse en cuenta el perjuicio sufrido en el momento de

celebrarse el contrato definitivo, otros sistemas legislativos coinciden con la postura abordada

por el autor. Es el único autor que en su definición menciona la época en que debe producirse el

vicio. La desproporción debe ser evidente para este jurista.

En todas las definiciones falta algún requisito para configurar la figura de la lesión.

La desproporción entre el precio convenido y el justo precio (lesión objetiva) no vicia el

contrato, pues los contratantes valoran subjetivamente la equivalencia de las prestaciones, por lo

que ella varía con cada caso y contratante. No se trata de que el derecho prohíba los malos
negocios, vender barato o comprar a precio excesivo, sino que la ley formula una objeción sobre

el aprovechamiento, que puede ser la explicación o razón de ser de aquella conducta. Para que

se anule el acto por este vicio, es suficiente que el sujeto lesionado haya actuado sufriendo

algunos de los estados de inferioridad comprendidos en la ley, la explotación de esa situación

por el lesionante, además del elemento objetivo.

Los actos jurídicos alcanzados por la lesión deben comprender los actos jurídicos bilaterales

onerosos. En los contratos gratuitos sólo una de las partes realiza la prestación, al no haber

contraprestación no puede haber desequilibrio como, por ejemplo, en el contrato de comodato.

Tampoco la explotación de la situación de inferioridad de uno de los contratantes puede existir

en los actos jurídicos unilaterales (contrato de depósito). Se define a los actos jurídicos

unilaterales como aquéllos que se perfeccionan por la voluntad de un solo sujeto. Por ello, no

cabe el vicio de lesión, aunque, si la voluntad de una parte ha sido inducida a error, o hubiesen

existido maniobras dolosas a fin de celebrar el acto, éste sería anulable, pero por los vicios del

consentimiento. Con respecto a los contratos aleatorios, debe distinguirse si el álea es real o

ficticio y luego determinar si computando el álea real se configura, de todos modos, una

inequitativa explotación de la diferencia notable de las prestaciones. La regla general es que la

lesión debe alcanzar a los actos jurídicos bilaterales y onerosos, comprendiendo dentro de la

última clasificación a los conmutativos y en algunos casos a los aleatorios.

III. LESIÓN OBJETIVA Y LESIÓN SUBJETIVA

Existen dos sistemas de fundamentación de la laesio: El objetivo y el subjetivo.

III.1. Lesión objetiva:

La lesión objetiva se fundamenta exclusivamente en el desequilibrio en las prestaciones, todo

se reduce a una cuestión económica, prescindiendo de las circunstancias personales que llevaron

a las partes, especialmente a la parte lesionada, a la celebración del contrato en tales

condiciones. Se considera que en todo contrato oneroso debe existir un equilibrio entre
prestación y contraprestación, por lo que si en éstas se produce una desproporción enorme o

enormísima, se le concede a la parte perjudicada la acción de rescisión del contrato por lesión,

sin considerar que el desequilibrio en las prestaciones haya sido querido por los contratantes.

De inspiración romanista, que exige la presencia de un desequilibrio de las prestaciones, que

en doctrina se conoce como precio vil. Aquí la desproporción puede ser establecida mediante

una fórmula matemática (menos del 50 por ciento, las dos terceras partes, etc.) o un concepto

genérico, como “exorbitante”, “chocante”, “anormal”, “evidente”, “enorme”, etc., y su probanza

constituye una cuestión de hecho.

III.2. Lesión subjetiva

La lesión subjetiva se fundamenta no solamente en el desequilibrio de las prestaciones, sino

que tal desequilibrio se deba a que la víctima de la lesión se encuentre en estado de inferioridad

por razones de necesidad, inexperiencia o ligereza.

Algunos autores distinguen entre lesión subjetiva que exige una evidente desproporción entre

las prestaciones sin indicar el quantum y que la parte beneficiada haya explotado la necesidad,

ligereza o inexperiencia de la otra, y la lesión subjetiva-objetiva que requiere del desequilibrio

en las prestaciones con fijación del quantum y que la parte beneficiada se haya aprovechado del

estado de inferioridad en que se encuentra la otra. No estamos de acuerdo con esta

subclasificación de la lesión subjetiva en subjetiva pura y subjetiva-objetiva; no hemos

encontrado en la legislación comparado un Código civil que regule la lesión puramente

subjetiva sin tener en cuenta para nada el desequilibrio en las prestaciones. Lo que hay es

Códigos que toman en cuenta exclusivamente el elemento económico (lesión Objetiva), y

Códigos que consideran además del elemento económico, con o sin indicación del quantum, la

explotación por una de las partes del estado de necesidad, la ligereza o inexperiencia de la otra;

unas legislaciones requieren de todos estos elementos subjetivos otras sólo de alguno de ellos

(lesión subjetiva). En la lesión subjetiva, además del elemento subjetivo, siempre el


desequilibrio entre las prestaciones es el elemento caracterizante. Se habla de lesión objetiva por

oposición a la lesión subjetiva.

La rescisión solo opera cuando la desproporción resulta del abuso consciente del estado de

necesidad o de la inexperiencia del lesionado. Como el Proyecto no contenía fórmula

matemática, se convocó a la Comisión Revisora para que la revise en este extremo.

Artículo 1447.- La acción rescisoria por lesión sólo puede ejercitarse cuando

la desproporción entre las prestaciones al momento de

celebrarse el contrato es mayor de las dos quintas partes y

siempre que tal desproporción resulte del aprovechamiento

por uno de los contratantes de la necesidad apremiante del

otro. Procede también en los contratos aleatorios, cuando se

produzca la desproporción por causas extrañas al riesgo

propio de ellos.

1. Definición legal de lesión

Del art. 1447 se deduce que la lesión es el perjuicio económico que sufre una de las partes en

un contrato oneroso y conmutativo, debido a la desproporción de más de los dos quintas partes

entre las prestaciones al momento de celebrarse el contrato, siempre que tal desproporción

resulte del aprovechamiento por el contratante beneficiado de la necesidad apremiante del otro.

Hay lesión en los contratos aleatorios cuando la desproporción entre las prestaciones se produce

por causas extrañas al riesgo propio de ellos. Se debe tener en cuenta el criterio bien conocido,

correspondiente a la autonomía contractual, por el cual solamente las partes son competentes

para determinar la medida, conveniente para cada una de ellas, de una y de otra prestación. Sin

embargo, esta regla que corresponde al normal funcionamiento de los contratos conmutativos,

puede dar lugar a no pocos abusos, como en la hipótesis en que uno de los contratantes

aprovechándose del estado de necesidad del otro le impone condiciones inicuas. En este caso, el
legislador ha derogado el principio fundamental de la equivalencia subjetiva, legitimando a la

parte lesionada a impugnar el contrato, siempre que la grave desproporción de las prestaciones

dependa efectivamente del aprovechamiento que uno de los contratantes hace de las condiciones

de la otra, que se encuentra en estado de necesidad

2. Acciones a que da lugar la lesión

Por disposición del art. 1447, la lesión es causal de rescisión del contrato. Por mandato de los

arts. 1451 y 1452, la lesión también es causal de la acción de reajuste, cuando el demandado por

lesión reconvenga el reajuste del valor o cuando la acción rescisoria sea inútil por ser imposible

que el demandado devuelva la prestación recibida. En conclusión, la acción por lesión

comprende: la acción de rescisión (art. 1447) y la acción de reajuste (arts. 1451 y 1452). A las

pretensiones de rescisión o de reajuste se puede acumular la de indemnización de daños. De

acuerdo con la regla general que establece que la rescisión deja sin efecto un contrato por causal

existente al momento de su celebración (art. 1370), el art. 1447 dispone que para que proceda la

rescisión por lesión es necesario que en el momento en que se celebra el contrato exista una

excesiva desproporción entre las prestaciones, de más del cuarenta por ciento, y siempre que en

ese momento una de las partes se haya encontrado en un estado de necesidad apremiante y la

otra, conociendo esa circunstancia se haya aprovechado de ella. La rescisión (disolución) del

contrato por lesión requiere de declaración judicial. La sentencia que declara fundada la

demanda de rescisión por lesión tiene carácter constitutivo en cuanto priva al contrato de su

eficacia originaria. De conformidad con el art. 1372, sus efectos se retrotraen al momento de la

celebración del contrato, lo que significa que las partes deben restituirse lo pagado, sin

perjudicar los derechos de terceros adquirentes de buena fe. Quien de buena fe ha adquirido del

contratante lesionante puede siempre oponer su adquisición, onerosa o gratuita, a quien acciona

por rescisión. La doctrina y legislación mayoritaria, entre la que figura la peruana, configura a la

lesión como una institución autónoma de los vicios del consentimiento, que no invalida el

contrato, o sea éste no es anulable sino rescindible por lesión. Pero otro sector doctrinario

minoritario considera a la lesión como un vicio del consentimiento (de la voluntad) que invalida
el contrato, así, por ejemplo, los códigos de Portugal (art. 282), Paraguay (art. 671), Etiopía (art.

1710) establecen que el contrato es anulable por lesión.

No obstante que el Código de Napoleón (art. 1674) señala que el contrato de compraventa es

rescindible por lesión, los Mazeaud afirman que “la ley presume de manera irrefragable que el

vendedor de un inmueble, cuando es lesionado en más de los siete doceavos, no ha manifestado

sino un consentimiento viciado por la necesidad (violencia), por el engaño de que se ha hecho

culpable el vendedor (dolo) o por el error que ha cometido por sí mismo; la compraventa es

nula.

No se puede negar que el estado de necesidad apremiante reduce al mínimo la libertad de

elección afectando la voluntad del lesionado, reduciendo considerablemente su capacidad de

discernimiento, lo que constituiría causal de anulabilidad del contrato por incapacidad relativa,

sin embargo, el ordenamiento jurídico no considera como decisiva la voluntad del lesionado,

sino la voluntad del lesionante que se aprovecha de la necesidad apremiante de su cocontratante,

determinando de este modo la desproporción grosera en las prestaciones, razón por la que el

contrato no es inválido por anulable, sino es un acto jurídico válido que puede ser rescindido a

instancia de la parte lesionada. Es decir, la calificación del contrato lesivo como anulable o

rescindible depende de la ley. Lo que la ley quiere con la rescisión por lesión es que el contrato,

no obstante adolecer de un defecto de origen, sea plenamente válido, dejando a la parte afectado

para decida sobre su eficacia o ineficacia; para el caso que opte por esta última le confiere la

acción de rescisión.

3. Ámbito de la acción por lesión

La acción por lesión procede en los contratos onerosos y conmutativos, sean nominados

(típicos) o innominados (atípicos). El art. 1447 extiende el remedio de la lesión a todos los

contratos onerosos conmutativos y a favor de cualquiera de las partes contratantes, cuando una

de ellas se haya aprovechado del estado de necesidad de la otra. No hay acción por lesión en los
contratos riesgosos, puesto que el riesgo propio de estos contratos es la desproporción entre las

prestaciones, salvo que la desproporción no sea el resultado del alea. Como expresa Bianca, el

alea no quita que las prestaciones tengan siempre un valor de mercado en cuanto se trata de una

alea preventivamente determinada según cálculos corrientes de probabilidad o bien en cuanto se

trate de una alea reducida que importa sólo una limitada reducción del precio. Así, por ejemplo,

cuando en la venta de una cosecha futura el comprador asume el riesgo de una menor

producción o también el riesgo de una total destrucción de la cosecha no quita que la cosecha

vendida tenga ya al momento de la estipulación del contrato su precio de mercado. La venta de

la cosecha a la cual ha sido constreñido el propietario que se encuentra en estado de necesidad

puede por consiguiente ser objeto de rescisión por lesión.

No hay rescisión por lesión en los contratos gratuitos (donación, suministro gratuito, etc.),

pues, en éstos no hay el intercambio de prestación con contraprestación, “por lo que cualquier

idea sobre un equilibrio carecería de sentido”. Son excluidas expresamente de la lesión, la

transacción y las ventas hechas por remate público (art. 1455).

Contrato oneroso es aquel en el cual existe para cada una de las partes un sacrifico y una

ventaja; el sacrificio de cada una de las partes tiene como contrapartida la ventaja que recibe de

la otra, debido a que cada parte se obliga a ejecutar una prestación a favor de la otra. El contrato

oneroso es conmutativo cuando las prestaciones asumidas por las partes son equivalentes, por

ejemplo, una compraventa en la cual el precio corresponde al valor real de cambio que tiene el

bien que se vende; en una segunda acepción, se entiende por contrato conmutativo a aquel en

que cada una de las partes, al momento de la celebración, conocen cuales son las ventajas o

sacrificios que adquieren y soportan (compraventa, permuta, arrendamiento, mutuo, etc.),

diferenciándose así de los contratos riesgosos en los que las partes no saben si el contrato les

reportará ventajas o sacrificios; lo que es ventaja para una de las partes será pérdida para la otra

(renta vitalicia, juego y apuesta, etc.). Para los efectos de la lesión tiene relevancia la

conmutatividad en su significado de equivalencia de las prestaciones.


Como por mandato de la norma del art. 2112, los contratos de compraventa, permuta, mutuo,

depósito y fianza de naturaleza mercantil se rigen por el Código civil, quedando derogados los

arts. 297 a 314 y 430 a 433 del Código de comercio, la lesión también existe en los contratos

comerciales.

4. Elementos que configuran la lesión

Los elementos constitutivos de la lesión que deben existir en el momento de la celebración

del contrato son: 1) la desproporción entre las prestaciones de más de las dos quintas partes

(elemento objetivo); 2) el estado de necesidad apremiante de una de las partes (elemento

subjetivo); y 3) que el contratante beneficiado se haya aprovechado de ese estado de necesidad

(elemento subjetivo). De conformidad con la norma del art. 447, para que la lesión sea causal de

rescisión del contrato es necesario que concurran copulativamente los tres elementos señalados.

Veamos un ejemplo: Primus para salvar la vida de su hijo, gravemente enfermo, debe

conducirlo a una clínica en el extranjero, pero para ello necesita S/. 58,000.oo que no los tiene.

Recurre al prestamista Secundus solicitándole le preste esa suma, ofreciendo en garantía

hipotecaria su casa valorizada en S/. 100,000.oo. Secundos contesta que no acepta hipotecas por

su ejecución judicial complicada; que si desea el dinero, lo venda la casa. Primus replica: te

vendo en S/. 90,000.oo, su valor es de S/. 100,000.oo. Secundos contraoferta diciéndole, te pago

los S/. 58,000.oo que necesitas, ni un sol más. Dado al estado de necesidad apremiante por el

que atraviesa, Primus acepta y vende su casa por esa suma. En esta compraventa concurren el

elemento objetivo y los dos elementos subjetivos, por lo que procede la rescisión por lesión. La

operación matemática para establecer el elemento objetivo es: 100,000 x 2/5 = 40,000; 100,000

(5/5 partes) – 40,000 (2/5 partes) = 60,000 (las otras 3/5 partes). Entre 100,000 y 60,000 hay

una diferencia de 2/5 partes. Para que la diferencia entre el valor del bien (100,000) y el precio

supere las 2/5 partes, el precio de venta debe ser menor de 60,000, lo que sucede en el ejemplo

al haberse pagado la suma de 58,000 (la diferencia entre el valor del bien y el precio pagado es

de 42,000, más de las 2/5 partes de 100,000). Sería distinto el caso, si Primus, urgido de contar

con los S/. 58,000.oo para tratar médicamente a su hijo, saca un aviso en un diario ofreciendo en
venta su casa por esa suma, no obstante que su valor es de S/. 100,000.oo; y Secundus, quien no

conoce que Primus tiene un hijo gravemente enfermo, compra la casa por ese precio. Aquí

existe la desproporción de más de los 2/5 entre el precio y el valor real del bien (elemento

objetivo), el vendedor se encuentra en un estado apremiante de necesidad (elemento subjetivo),

pero falta el aprovechamiento por el comprador del estado de necesidad del vendedor (elemento

subjetivo), por tanto no hay lesión.

4.1. Desproporción entre las prestaciones

La desproporción entre prestación y contraprestación al momento de la celebración del

contrato debe ser mayor a las dos quintas partes (cuarenta por ciento) y debe establecerse con

criterios estrictamente objetivos. El contrato conmutativo se caracteriza por la equivalencia

entre las prestaciones, pero no se trata de una equivalencia absoluta de valores, situación que el

Derecho no persigue; es más no se trata de una equivalencia puramente matemática, económica,

sino de una equivalencia subjetiva establecida de consuno por los contratantes, asignando a cada

prestación su respectivo valor, con el fin de satisfacer cada uno los intereses, aun cuando sean

de naturaleza no económica, que persiguen lograr con el contrato. Si esto es así, siempre habrá

alguna desproporción entre las prestaciones, razón por la que para rescindir el contrato por

lesión se exige una desproporción grosera de más de las dos quintas partes. A diferencia de

otros códigos que no establecen fórmulas matemáticas para medir la desproporción entre las

prestaciones, dejando al juez la facultad de determinar cuando la inequivalencia alcanza una

dimensión que torna en injustificadas las ventajas obtenidas por el contratante beneficiado,

nuestro Código si establece un límite matemático mayor de las quintas partes. Basta que la

desproporción exceda de los dos quintos para que pueda ejercitarse la acción rescisoria (art.

447), pero si es igual o superior a las dos terceras partes se presume el aprovechamiento de la

necesidad apremiante del otro, presunción que tiene por finalidad proteger a la víctima de la

lesión (art. 1448). La desproporción debe existir al momento de celebrarse el contrato, o sea, es

esencial que se valorice el bien o servicio, objeto de la prestación, al momento en que se celebró
el contrato. Con la institución de la lesión, se protege al lesionado contra una pérdida presente;

es decir, contra un perjuicio contemporáneo del contrato, y contra una pérdida futura y se

sanciona a la conducta del lesionante por haberse aprovechado de la necesidad de su

cocontratante. Si la excesiva desproporción no existe en el momento en que se perfecciona el

contrato, sino es sobreviviente, no hay lesión, sino excesiva onerosidad de la prestación (art.

1440). En los contratos precedidos de contratos preparatorios, se trate de compromiso de

contratar (arts. 1414 a 1418) o de contrato de opción (arts. 1419 a 1425), como el primero de

estos contratos debe contener por lo menos los elementos esenciales del contrato definitivo

(1415), y el contrato de opción debe contener todos los elementos y condiciones del contrato

definitivo (art. 1422), y considerando que entre los elementos esenciales de uno y otro contrato

preparatorio figura el valor de cada una de las prestaciones acordado por el intercambio de

voluntades (consentimiento), la desproporción entre las prestaciones será la existente en el

momento de celebrarse el contrato preparatorio, y no el momento en que se celebra el contrato

definitivo. El art. 1447 establece que la desproporción entre las prestaciones debe existir en el

momento de la celebración del contrato, pero no se refiere para nada a los contratos precedidos

de contratos preparatorio, no especifica si es en el momento de la celebración del contrato

preparatorio o el del definitivo. Como el intercambio de voluntades sobre el valor de los bienes

o servicios objeto de las prestaciones se produce en el momento de celebrarse el contrato

preparatorio, serán tasados según el valor que han tenido en ese momento, sin tomarse en cuenta

el valor que tengan al celebrarse el contrato definitivo. Solución distinta contiene el Código

francés que en su art. 1675 señala: “Para saber si existe lesión de más de los siete doceavos, hay

que tasar el inmueble según su estado y su valor en el momento de la compraventa”, es decir, el

inmueble será tasado según su estado y valor que tenga al momento de celebrarse el contrato

definitivo de compraventa, sin tomarse en cuenta el valor que tenía al celebrarse el compromiso

de compraventa o la opción de venta.

4.2. Estado de necesidad


El art. 447 establece como elemento subjetivo, al igual que el Código italiano (art. 1448),

solamente al estado de necesidad en que se encuentra el sujeto lesionado, entendiéndose por tal

una situación económica que disminuye su libertad de elección y que lo induce a celebrar el

contrato en esas condiciones. Como dice Bianca, la desproporción debe depender del estado de

necesidad.

No es necesario para la relevancia del estado de necesidad, que la otra parte haya desplegado

una actividad positiva a fin de inducir al necesitado a la celebración del contrato; se exige en

cambio que el estado de necesidad sea de tal entidad, que quite a una de las partes contratantes,

dotada de normales poderes de valoración, la libertad de elección en orden a la conclusión del

contrato impugnado.

Cuando en la celebración de un contrato una de las partes se encuentra en estado de

necesidad y la otra, conociendo ese estado de necesidad, se aprovecha de él, los derechos

subjetivos de una y otra parte colisionan y se resuelven por el sacrificio del derecho de una de

ellas (del lesionado) a favor de la otra (del lesionante).

El estado de necesidad debe entenderse no como una absoluta indigencia sino como una

objetiva dificultad económica. Messineo sostiene que “no es necesario que el sujeto esté en

estado de indigencia. Tampoco es elemento relevante la escasa potencialidad económica del

deudor que se dice lesionado”. La jurisprudencia italiana ha establecido que el estado de

necesidad no coincide con la absoluta indigencia o total incapacidad patrimonial, siendo

necesario, simplemente, para que se pronuncie la rescisión que la momentánea dificultad

económica esté en relación de causa a efecto con la determinación para contratar, constituyendo

el motivo por el cual ha sido aceptada la desproporción entre las prestaciones.

Un sector de la doctrina considera que no es necesario el requisito de la patrimonialidad del

estado de necesidad, pudiendo tratarse de una necesidad moral o física. Expresa Gazzoni que no
obstante que el estado de necesidad suele estar ligado a un momento de dificultad económica,

no puede excluirse el estado de necesidad ligado a la falta de un bien diverso del dinero, aun de

carácter no económico, con tal que la falta comporte un daño de carácter patrimonial. Por su

parte, Franceschetti dice que del examen de la casuística emerge que la jurisprudencia italiana

ha considerado estado de necesidad a la urgencia de procurarse dinero en efectivo, pero no a la

venta de un bien a precio exiguo para afrontar los gastos del matrimonio, o para darse unas

vacaciones (aun cuando sean importantes), para pagar una deuda de juego. No se ha

considerado rescindible la venta de un bien que no es posible administrar convenientemente o

efectuada para pagar una deuda contraída con un familiar o bien la venta de un bien infructífero

para conseguir liquidez.

El elemento subjetivo se refiere al estado de necesidad apremiante en que se encuentra el

sujeto titular del derecho subjetivo materia del contrato, no al estado de necesidad de su

representante legal o voluntario. La jurisprudencia italiana ha resuelto: El estado de necesidad

que se debe tener presente para el ejercicio de la acción de rescisión no es el del sujeto que

administra un patrimonio ajeno, sino el del sujeto cuyo patrimonio, eventualmente administrado

por un tercero, se encuentre en objetiva dificultad económica. Es rescindible, por tanto, por

lesión el contrato concluido por el curador de la herencia yacente»

En la legislación extranjera hay Códigos que consagran como elementos subjetivos, además

del estado de necesidad, a la ligereza y la inexperiencia. La ligereza comprende a los sujetos que

se encuentran en estado de inferioridad por efecto de su debilidad mental, toxicomanía o

prodigalidad, que no les permiten medir los alcances de las obligaciones que asumen. La

inexperiencia es también un estado de inferioridad del sujeto debido a su ignorancia o falta de

conocimientos que se adquieren en la vida práctica; algunos códigos, como el mexicano y el

boliviano, hablan de ignorancia.


En el Código patrio, la debilidad mental, la toxicomanía y la prodigalidad están reguladas

como casos de incapacidad relativa (art. 44) que origina la anulabilidad del contrato (art. 221.1);

la ligereza y la inexperiencia conducen a los vicios de la voluntad, especialmente al error, que

también son causales de anulabilidad del acto jurídico (art. 221.2.), del cual, el contrato es su

principal manifestación.

4.3. El aprovechamiento.

El art. 1447 requiere expresamente que una de las partes se haya aprovechado del estado de

necesidad apremiante de la otra. Para rescindir el contrato por lesión, además de la

desproporción y del estado de necesidad, debe concurrir el aprovechamiento de la contraparte.

Que la contraparte se haya aprovechado del estado de necesidad para obtener ventaja. El

aprovechamiento debe entenderse como la explotación con conocimiento del estado de

inferioridad del contratante necesitado. La explotación resulta del hecho mismo de la

estipulación del contrato en condiciones injustificadamente ventajosas con conocimiento del

estado de necesidad en el cual se encuentra la parte lesionada

No puede rescindirse el contrato por lesión si no se prueba que la desproporción entre las

prestaciones es el producto del aprovechamiento por uno de los contratantes, en beneficio

propio o de un tercero, del estado de necesidad apremiante del otro. La demostración del abuso

del estado de necesidad es de cargo del contratante que se considera lesionado.

Es indispensable, en la contraparte, el conocimiento del estado de necesidad del otro35 y que

se aproveche de esa circunstancia, pero no se requiere que el demandante pruebe que el

demandado tuvo el propósito, la intención, de aprovecharse; basta con que el demandante

demuestre que el demandado conoció y se aprovechó del estado de necesidad apremiante. El

que contrata conociendo el espetado de necesidad apremiante del otro, se está aprovechando de

esa circunstancia.
La jurisprudencia italiana ha precisado, bajo el aspecto subjetivo, que no basta el mero

conocimiento, por parte del contratante beneficiado, del estado de necesidad del otro

contratante, sino que se requiere también el conocimiento del aprovechamiento, o sea el

conocimiento de obtener de la estipulación del contrato una inmoderada utilidad económica.

5. Hechos que debe probar el demandante

El demandante lesionado debe probar: a) Que la desproporción entre las prestaciones, al

momento de celebrarse el contrato, es mayor de las 2/5 partes (40%); b) que él se encontraba en

un estado apremiante de necesidad; y c) que el demandado lesionante se aprovechó de ese

estado de necesidad. Solo cuando la desproporción fuera igual o superior a las 2/3 partes se

presumirá tal aprovechamiento (art. 1448).

Si en el proceso judicial no se prueba la desproporción mayor de las dos quintas partes o no

se acredita que el demandante se encontraba en estado de necesidad apremiante o no se

demuestra que el demandado conocía de esa circunstancia, por lo que se aprovechó de ella, la

demanda es infundada.

Corresponderá al contratante demandado probar que él no conocía el estado de necesidad en

que se ha encontrado el demandante, por lo que no se puede aprovechar de algo que no conoce,

o que la desproporción entre las prestaciones se debe a un acto de liberalidad realizado por el

demandante.

6. Fuente normativa

La fuente del art. 1447 es el art. 1448 del Código civil italiano, el cual prescribe: “Art. 1448.

Acción general de rescisión por lesión. Si hubiere desproporción entre la prestación de una de

las partes y la de la otra y la desproporción dependiese del estado de necesidad de una de ellas,

de la que se ha aprovechado la otra para obtener ventaja, la parte damnificada podrá demandar

la rescisión del contrato.


 La acción no será admisible si la lesión no excediese la mitad del valor que la prestación

ejecutada o prometida por la parte damnificada tenía en el momento del contrato.

 La lesión debe perdurar hasta el momento en que se proponga la demanda.

 No podrán ser rescindidos por causa de lesión los contratos aleatorios.

 Quedan a salvo las disposiciones relativas a la rescisión de la división”.

Conforme a la ley italiana, para accionar por rescisión por lesión es necesario una

desproporción entre las prestaciones superior a la mitad, que dependa del estado de necesidad de

una de las partes, situación de la que se aprovecha la otra para obtener una ventaja. La

desproporción debe existir desde el momento de la celebración del contrato y debe perdurar

hasta el momento de la interposición de la demanda, porque si a este momento ha desaparecido

la desproporción y con ella el perjuicio al lesionado, no habría razón para la rescisión del

contrato (este extremo no ha sido ha sido adoptado por el Código civil peruano). Se excluye

expresamente a los contratos aleatorios.

Enormidad de la desproporción entre las prestaciones

Artículo 1448.- En el caso del artículo 1447, si la desproporción fuera igual

o superior a las dos terceras partes, se presume el

aprovechamiento por el lesionante de la necesidad

apremiante del lesionado.

No siempre resulta posible probar el aprovechamiento por el lesionante del estado de

necesidad apremiante del lesionado, razón por la que el art. 1448 establece que en el caso en que

la desproporción entre las prestaciones fuera igual o superior a las dos terceras partes (66.66%)

se presume iuris tantum el aprovechamiento de la necesidad apremiante del lesionado. Como

sucede con toda presunción relativa, se invierte la carga de la prueba con respecto al elemento

subjetivo del aprovechamiento por el lesionante de la necesidad apremiante del lesionado, pero,
en ningún momento, la norma exime a éste de probar su estado de inferioridad por la necesidad

apremiante en que se encontró al momento de celebrar el contrato. De modo que no opera la

presunción si no se ha acreditado, además de la desproporción igual o superior a las dos terceras

partes (laesio enormis), la necesidad apremiante del demandante lesionado por la cual se vio

obligada a celebrar el contrato, a pesar de existir la desproporción señalada por el art. 1448.

En otros términos, el lesionado demandante debe probar que en el momento de la

celebración del contrato existió una desproporción igual o superior a las dos terceras partes

(elemento objetivo), por ejemplo, un bien que tiene un valor de 90 se vende por 30 (hay una

diferencia de 2/3 entre el precio y el valor del bien); además debe acreditar que se encontró en

estado de necesidad apremiante (elemento subjetivo). Con la concurrencia conjunta de estos dos

elemento, uno objetivo y otro subjetivo, se presume iuris tantum (inversión de la carga de la

prueba) el aprovechamiento por el lesionante del estado de necesidad del lesionado, o sea que el

demandante lesionado no tendrá que probar este hecho. Es de cargo del demandado lesionante

destruir la presunción probando que no medió tal aprovechamiento, porque, por ejemplo,

desconocía que el contratante lesionado (demandante) se encontraba en estado de necesidad, o

que la inequivalencia entre las prestaciones tiene una legítima justificación, el demandante que

se considera lesionado realizó un acto de liberalidad.

Apreciación de la desproporción

Artículo 1449.- La desproporción entre las prestaciones se apreciará

según el valor que tengan al tiempo de celebrarse el

contrato.

El texto de este artículo 1449 está contenido en el art. 1447, por lo que debe suprimirse. En

adición a lo expuesto en el comentario al art. 1447 diremos que no es atendible la pretensión del

demandante por rescisión del contrato por lesión si no se ha establecido que existe

desproporción de más del cuarenta por ciento (2/5) entre la prestación recibida o debida y la
contraprestación pagada o prometida. Mirabelli38 escribe: “La cosa que se ha vendido debe ser

avaluada en la consistencia que ella presenta al momento de la conclusión del contrato. Si la

cosa es susceptible de aprovechamiento útil, para que el aumento de valor relativo se tenga en

consideración es necesario que tal aprovechamiento se presente objetivamente posible para

ambas partes (por ejemplo: montaña de aprovechamiento como mina, plantas fructíferas,

animales de carrera, etc.) si la mayor utilidad deriva del particular tratamiento que podía exigir

el comprador (el cual, por ejemplo, constituye una vía privada y transforma en edificatorio un

fundo cultivado), tal mayor utilidad no puede ser tenida en cuenta. Si la cosa es susceptible de

depreciamiento por causas intrínsecas o extrínsecas, de las cuales en base al contrato el riego

cae sobre el comprador, tal depreciamiento o el riesgo relativo, en el caso que se presente como

mera eventualidad, están calculados en la valorización de la cosa. En tal valorización del precio

no se considera solamente el monto en dinero que se ha pagado, sino también el mayor o menor

valor derivante de la modalidad de lugar o de tiempo, al cual está ligado el pago; nunca, como

es natural, el valor de toda otra prestación accesoria, patrimonialmente valorable, tal como

renuncia a derechos, constitución de derechos reales a favor del enajenante, etc.”.

La acción de rescisión del contrato por lesión solamente procede cuando el desequibrio entre

las prestaciones existe en el momento de la celebración del contrato; cuando el desequibrio

sobreviene a la celebración del contrato como consecuencia de un hecho extraordinario e

imprevisible no hay rescisión por lesión, sino resolución por sobrevenida excesiva onerosidad

de la prestación (art. 1440).

Consignación de la diferencia de valor

Artículo 1450.- Fenece el proceso si el demandado, dentro del plazo

para contestar la demanda, consigna la diferencia de

valor.
Si el demandado tiene interés en la conservación del contrato y está de acuerdo con la

diferencia de valor entre las prestaciones señalada por el demandante, puede poner fin al

proceso consigando la diferencia de valor dentro del plazo para la contestación de la demanda.

Es decir, la ley faculta al demandado lesionante para, con su sola decisión, termine con el

conflicto pagando la diferencia de valor.

Situación distinta es que el demandado esté de acuerdo con la rescisión del contrato, en cuyo

caso puede reconocer la demanda o allanarse al petitorio. El juez dará por concluido el proceso

con declaración sobre el fondo del asunto (art. 322.3 del CPC).

que disponía: “En cualquier estado del juicio, el comprador puede ponerlo término, pagando

al vendedor la parte del precio que dio de menos”. Comentando este artículo, Barandiarán40

dice que la idea es mantener el contrato apartándolo de la rescisión. Basta para ello que se

satisfaga el interés legítimo del vendedor con la recepción por éste del complemento del precio

real de la cosa; el vendedor no podrá oponerse a la solución adoptada por el comprador. Esta

solución es unilateral, pues se halla in facultate solutionis de dicho comprador. El vendedor no

tiene esta facultad, o sea, si el comprador no opta por tal camino, la rescisión sobrevendrá.

Reconvención de reajuste del valor

Artículo 1451.- El demandado puede reconvenir el reajuste del valor.

En este caso, la sentencia dispondrá el pago de la

diferencia de valor establecido, más sus intereses

legales, dentro del plazo de ocho días, bajo

apercibimiento de declararse rescindido el contrato.

Si el demandado tiene interés en la conservación del contrato, pero no está de acuerdo con la

diferencia de valor entre las prestaciones señalada por el demandante, puede evitar la rescisión,

a cuyo efecto la ley lo faculta para reconvenir el reajuste de valor. En este caso, por decisión del
demandado, la acción de rescisión del contrato se convierte en una de reajuste valor, siempre

que ésta esté orientada directamente a eliminar la desproporción, atribuyendo a las prestaciones

su valor de mercado. Para cautelar los intereses del demandante, la sentencia señalará el valor

acreditado durante el proceso para eliminar la desproporción, y dispondrá su pago, con sus

respectivos intereses legales, dentro del plazo de ocho días, bajo apercibimiento de declararse

rescindido el contrato.

Si el demandado cancela la diferencia de valor que manda pagar la sentencia, dentro del

plazo de ocho días, cesa la desproporción entre las prestaciones y con ella la lesión; en caso

contrario, haciéndose efectivo el apercibimiento se declarará rescindido el contrato.

Notificado el demandado con la demanda de rescisión de contrato por lesión, el demandante

no puede modificar la demanda (art. 1428 del CPC) a una acción de reajuste, por cuanto, en este

caso, el ejercicio de la acción de reajuste corresponde ejercitarlo sólo al demandado como

reconvención.

Nada impide que el contratante lesionante proponga extrajudicialmente al lesionado la

modificación del contrato de forma que se elimine completamente la desproporción en las

prestaciones; aquí estamos frente a una oferta contractual que si es aceptada dará lugar a la

formación de un nuevo contrato que modifica al rescindible. No hay que confundir la

celebración de un contrato modificatorio del rescindible con la transacción, porque ésta implica

las concesiones recíprocas de las partes, hecho que falta en aquel.

El artículo 1450 del Código civil italiano dispone: “Art. 1450 Oferta de modificación del

contrato. El contratante contra quien se demandare la rescisión podrá evitarla ofreciendo una

modificación del contrato suficiente para reducirlo a la equidad”. Bianca41 sostiene que la

reducción a equidad no exige una rigurosa equivalencia de los valores pero requiere de

cualquier modo que se restablezca una justa relación de cambio. A tales fines, la prestación debe

ser uniformada en cuanto sea posible a los valores del mercado, es decir, a los precios normales
de los bienes y servicios similares teniendo en cuenta las particulares condiciones del contrato.

De otro lado, la reducción a equidad evita la rescisión, pero no presupone necesariamente que la

acción haya sido ya iniciada. El poder de rectificación puede ser ejercitado aun fuera de un

proceso. Si la causa está ya en curso, el poder de rectificación se puede hacer valer en vía

procesal sin que por eso pierda su significado de acto negocial. El poder es siempre ejercitado

por la parte y no por el juez.

Acción de reajuste

Artículo 1452.- En los casos en que la acción rescisoria a que se refiere

el artículo 1447 fuere inútil para el lesionado, por no

ser posible que el demandado devuelva la prestación

recibida, procederá la acción de reajuste.

En el caso de que antes de la interposición de la demanda, la acción rescisoria fuere inútil

para el lesionado por ser imposible que el lesionante devuelva la prestación recibida, el art.

1452, con el fin de proteger al contratante perjudicado con la lesión, le concede la acción de

reajuste.

La imposibilidad de devolución de la prestación recibida por el lesionante puede deberse a la

naturaleza de la prestación o a las circunstancias sobrevenidas, por el ejemplo, el bien objeto de

la prestación ha sido consumido, o se ha destruido total o parcialmente, o el lesionante lo ha

transferido o afectado en garantía (hipoteca, anticresis, etc.) a favor de un tercero adquirente de

buena fe, a quien no perjudica la rescisión (art. 1372), o ha sido integrado a otro bien, etcétera.

La acción de reajuste solamente procede cuando es imposible que el contratante lesionado

devuelva la prestación recibida. Si el lesionante ha recibido, como prestación, una cantidad de

dinero, ésta es perfectamente restituible, por lo que el lesionado no puede optar por el reajuste

del valor, sino únicamente por la rescisión del contrato por lesión.
Se puede acumular, alternativamente, en una misma demanda la pretensión de rescisión por

lesión con la de reajuste de valor, para el caso en el que no sea posible que el lesionante

demandado devuelva la prestación recibida.

Nulidad de la renuncia a la acción por lesión

Artículo 1453.- Es nula la renuncia a la acción por lesión.

Son razones morales, de equidad, solidaridad y de orden público, las que sustentan la acción

rescisión por lesión cuando en el momento de la celebración de un contrato oneroso existe una

excesiva desproporción entre las prestaciones, producto del aprovechamiento de una las partes

del estado de necesidad apremiante de la otra, por lo que las normas que la regulan son de

carácter imperativo (art. V del T.P.), motivo por el que adolece de nulidad absoluta la renuncia

previa a la acción de rescisión por lesión.

Si se permitiera la renuncia anticipada (en el mismo contrato) a la acción por lesión no

habría camino más fácil para el lesionante que aprovecharse de la situación de inferioridad

psicológica en que se encuentra el lesionado por su apremiante estado de necesidad para hacerlo

suscribir tal renuncia a la rescisión del contrato por lesión o, en su caso, a la acción de reajuste.

Si así fuera, la renuncia a la acción por lesión se convertiría en una cláusula de estilo, quedando

sin aplicación las normas que la regulan.

Si es verdad que conforme al art. 1345, los contratantes son libres para determinar el

contenido de sus contratos, pero esa libertad encuentra su límite en las normas de carácter

imperativo, como es la del art. 1453.

De otra parte, considerar válida la renuncia a la acción por lesión, significaría autorizar que

se despoje de su patrimonio a una persona, aprovechándose del apremiante estado de necesidad


en que se encuentra, a cambio de una contraprestación inicua, lo que está reñido con la moral y

el orden público.

El art. 1451 del Código italiano señala que el contrato rescindible no puede ser convalidado.

Este mandato se explica por razones estructurales, técnicas, puesto que por la convalidación se

elimina un vicio de la voluntad, mientras que el contrato rescindible por lesión no está viciado,

sino sólo se ha alterado el equilibrio de las prestaciones; pero la prohibición de convalidación se

encuentra también en razones de tipo subjetivo, en el sentido que se trata de evitar una nueva

situación de abuso en contra del contratante lesionado, que podría ser inducido a convalidar el

contrato aún cuando todavía se encuentra en estado de necesidad. De la prohibición de

convalidación se deriva la nulidad de la renuncia a la acción por lesión.

En aplicación del art. 224 que dispone que la nulidad de una o más disposiciones del acto

jurídico no perjudique a las otras, la nulidad de la disposición contractual por la que se renuncia

a la acción de rescisión por lesión no conlleva la nulidad de todo el contrato. El contrato es

válido, precisamente por eso es rescindible; solamente es nula la estipulación por la cual el

lesionado renuncia a la acción por lesión. En otros términos, procede la acción por lesión aun

cuando se haya renunciado expresamente a ella.

Nos preguntamos si la nulidad de la renuncia a la acción por lesión conlleva la imposibilidad

de transigir, cuando surge entre las partes una disputa sobre el valor de las prestaciones, debido

al aprovechamiento de una de ellas del estado de necesidad de la otra. Hay que tener en cuenta

que por la transacción se evita un pleito que podría promoverse o se pone fin al que ya se ha

iniciado (art. 1302), y, por otro lado, la transacción no puede ser impugnada por lesión (art.

1455.1), por tanto, el contratante podría ser constreñido a transigir en estado de necesidad,

perdiendo así el derecho a la acción por lesión. Además, siendo el derecho a la rescisión del

contrato por lesión de carácter público, está sustraída de la libre disponibilidad de las partes, no

puede ser objeto de transacción, quedando como única vía para evitar la rescisión del contrato
que el demandado reconvenga el reajuste del valor (art. 1451), pero esta solución debe tener una

excepción, cuando la transacción tiene por único objetivo restablecer el equilibrio entre las

prestaciones.

Caducidad de la acción por lesión

Artículo 1454.- La acción por lesión caduca a los seis meses de

cumplida la prestación a cargo del lesionante, pero

en todo caso a los dos años de la celebración del

contrato.

El art. 1454, por razones de seguridad jurídica, establece de manera imperativa que la acción

por lesión caduca a los seis meses de cumplida la prestación que corresponde al lesionante, y en

todo caso a los dos años contados desde la celebración del contrato. Si la acción por lesión es la

sanción al comportamiento del lesionante por aprovecharse del estado de necesidad de su

cocontratante, el inicio del plazo de caducidad no puede dejar de coincidir con la ejecución de

su prestación. Sin embargo, creemos más acertada la solución que contenía el Código civil de

1936, el cual, en su art. 1440 disponía que el plazo para entablar la demanda rescisoria por

lesión es de seis meses, plazo que comienza a correr desde el día de la venta. Esto tiene lógica

por cuanto inicio del plazo de caducidad debe coincidir con el momento en que el lesionante se

aprovecha de la necesidad de la otra parte, y ese momento es el de la celebración del contrato.

Es conveniente que el art. 1454 se modifique estableciendo que la acción por lesión caduca a los

seis meses de celebrado el contrato, resolviéndose así el problema que se presenta en los

contratos preparatorios en los cuales la parte obligada no tiene otra prestación que ejecutar que

la de prestar su consentimiento para el perfeccionamiento del contrato futuro, pero que sin

embargo, desde su celebración, ya existe la desproporción entre las prestaciones del contrato

definitivo, debido al aprovechamiento por una de las partes de la necesidad de la otra.

Mientras no se modifique el art. 1454, para evitar situaciones injustas, debe interpretarse de

tal forma que en los contratos precedidos de un contrato preparatorio, el plazo de caducidad se
cuenta a partir del momento en que el lesionante ejecuta la prestación establecida en el contrato

definitivo.

La caducidad es un plazo que la ley coloca para que el contratante lesionado pueda actuar

judicialmente, de manera que si no interpone la demanda dentro de ese término se extingue su

derecho a la acción por lesión.

Como el plazo para ejercitar la acción por lesión es de caducidad, no de prescripción, no se

admite suspensión ni interrupción (art. 2005), ni se permite pacto por el que se suprima,

disminuya o incremente dicho plazo, por ser la norma del art. 1454 de carácter imperativo. Por

ser el plazo de caducidad, el juez lo puede declarar de oficio o a petición de parte (art. 2006).

Si el plazo para la ejecución de la prestación del lesionante es prolongado o cuando éste no

ejecuta la prestación a su cargo en el plazo pactado, y han transcurrido dos años desde la

celebración del contrato, la acción por lesión, necesariamente, caduca.

Improcedencia

Artículo 1455.- No procede la acción por lesión:

1. En la transacción.

2. En las ventas hechas por remate público.

Conforme al art. 1455.1 no procede la acción por lesión en la transacción. La razón por la

que se excluye la lesión de la transacción se debe a que por la transacción las partes, haciéndose

concesiones recíprocas, deciden, con valor de cosa juzgada, sobre algún asunto dudoso o

litigioso, evitando el pleito que podría promoverse o finalizando el iniciado (art. 1302).

De acuerdo con la norma del art. 1455.2, tampoco procede la acción por lesión en las ventas

hechas por remate público.


Las ventas en remate público pueden ser forzosas o voluntarias. Las ventas voluntarias en

remate público son realizadas a solicitud del vendedor. En las ventas forzosas concurren dos

requisitos: 1) intervención de funcionario público, y 2) se realiza contra la voluntad del

vendedor. El deudor ejecutado no vende voluntariamente, no interviene en la determinación del

precio, no recibe el precio, el que es utilizado para cancelar o reducir sus deudas, que es lo

mismo como que si ingresara a su patrimonio.

Como la norma del art. 1455.2 no distingue, se entiende que se refiere tanto a las subastas

forzosas46 como a las voluntarias. En uno u otro caso, la adjudicación se hace al mejor postor, o

sea cuando ya no se presenta alguien más ofertando un mejor precio, de modo que el precio es

el que corresponde al valor de cambio que tiene el bien en el mercado, por tanto, no hay la

excesiva desproporción, de más de las dos quintas partes, entre las prestaciones en el momento

de celebrarse el contrato, ni existe la posibilidad de que el adjudicatario se aproveche del estado

de necesidad del vendedor.

Hay legislaciones, como la francesa y las que en ella se inspiran, que establecen que no son

rescindibles por lesión las ventas en remate público forzosas, pero no las voluntarias. Los

Mazeaud, comentando el Code Napoleon, dicen que no son rescindibles por lesión “las ventas

que según ley, no pueden ser hechas más que con autorización judicial” (art. 1.684), es decir,

ventas que no pueden efectuarse de otro modo que judicialmente: remate tras embargo, venta de

bienes de un menor, ventas de los bienes de una sucesión a beneficio de inventario, licitaciones

entre coherederos que no hayan podido realizar la partición. “El legislador ha estimado –aunque

los hechos demuestren hoy un error- que la publicidad da a esas ventas, la facultad de pujar

concedida a cada persona y la posibilidad de puja bastaban para asegurar la fijación de un precio

justo. La situación no es la misma para las ventas que no se efectúan sino facultativamente por

la justicia, porque la voluntad de pujar no se le concede necesariamente en las mismas al

público (art. 1687)”. Esta doctrina no tiene cabida en nuestro Derecho, el cual excluye la lesión

de las ventas hechas por remante público, sea éste forzoso o voluntario.
El antecedente normativo del art. 1455 es el art. 562 del Código civil de Bolivia vigente

desde el 2 de abril de 1976, el cual dispone: “Queda excluido del régimen de la lesión … 3) La

transacción. 4) Las ventas judiciales, tanto forzosas como voluntarias …”.

Lesión en la partición

Artículo 1456.- No puede ejercitar la acción por lesión el

copropietario que haya enajenado bienes por más de

la mitad del valor en que le fueron adjudicados.

Por la partición permutan los copropietarios, cediendo cada uno el derecho que tiene sobre

los bienes que no se le adjudiquen, a cambio del derecho que le ceden en los que se le adjudican

(art. 983). La lesión en la partición se rige por lo dispuesto en los arts. 1447 a 2456 (art. 990).

Así, si entre el valor de los bienes adjudicados a cada propietario existe, al tiempo de hacer la

partición, una desproporción de más de las dos quintas partes, el excopropietario lesionado

puede ejercer la acción de rescisión contra los otros expropietarios, y si triunfa vuelven las cosas

nuevamente al estado de copropiedad, dado a los efectos retroactivos de la rescisión (art. 1372).

Pero si el excopropietario lesionado en vez de ejercitar la acción por lesión, enajena los

bienes por más de la mitad del valor en que le fueron adjudicados, significa que está aceptando

la adjudicación y renunciado a la acción por lesión contra sus otros excopropietarios.

El art. 763 del Código civil italiano prescribe: “La división puede rescindirse cuando alguno

de los coherederos prueba haber sido lesionado en más de la cuarta parte. La rescisión se admite

también en el caso de división hecha por el testador, cuando el valor de los bienes asignados a

alguno de los coherederos es inferior en más de una cuarta parte a la cuantía de la cuota

correspondiente al mismo. La acción prescribe a los dos años de la división”. Conforme a esta

norma, la rescisión de la división se caracteriza porque basta que la lesión haya ocurrido por

encima de las cuarta parte, y no se necesita el concurso de otra circunstancia, a saber, que se

haya aprovechado para sacar de ello ventaja del estado de necesidad de la parte damnificada, en
otros términos, basta el hecho objetivo de la desproporción, con la lesión superior a la cuarta

parte.

5. Conclusiones.

 Lo esbozado hasta aquí son únicamente algunas ideas y breves reflexiones acerca de esta

institución y la forma cómo se encuentra regulada en nuestro ordenamiento jurídico.

 Ciertamente, queda muchísimo más por decir y repensar, a la luz de los argumentos de las

distintas posiciones que la cuestionen, la rechacen, la admitan con reservas, o la idealicen,

colocándola como un ícono de lo que el derecho debe ser. También es necesario replantear

sus dificultades técnicas (qué se entiende por “valor” del bien para determinar la existencia

o no del elemento objetivo), lo que incluye evaluar si el adoptar una postura subjetivista del

“valor” resulta eficiente y si una posición de corte objetivista en la definición y medición

de dicho tema resulta realista.

 Finalmente, habría que evaluar si el impacto de la institución de la lesión civil en la

sociedad es tan grande (tan amenazante, para quienes están en contra de su inclusión en el

ordenamiento), dada la diminuta incidencia de demandas de rescisión por lesión ante el

Poder Judicial, a pesar de que la figura existe en nuestro sistema jurídico desde hace más

de 150 años. Sobre esto, hago una salvedad: el que se demande muy poco la rescisión por

lesión no significa que en nuestra sociedad no ocurra el supuesto tipificado: se da y con

mucha frecuencia; lo que no sucede es que las personas entablen la demanda, lo cual

obedece a diversas razones que este trabajo no ha pretendido abordar.

 En este punto es preciso al menos indicar la existencia de simulaciones: así como en las

donaciones –particularmente las de inmuebles- es sumamente difícil conocer su incidencia

real, esto es, su verdadero volumen, debido a las compraventas simuladas por causa de

“soluciones jurídicas” como la acción de reducción por donación inoficiosa, o la colación,

así también resultaría difícil saber con una mínima precisión los contratos celebrados que

constituyan lesión, por cuanto una simple asesoría legal les aconsejaría (en este caso, al
lesionante) que celebre un contrato en el que el precio formalmente señalado sea uno

coincidente al valor de mercado, con lo que se defrauda de modo más inmoral el principio

que se pretende proteger. En estos casos el lesionado, para hacer valer su derecho, tendría

que primero demandar por simulación relativa (para levantar el velo que disfraza el

elemento precio de su contrato) para luego pedir la rescisión por lesión o el reajuste, según 

el caso. Y cruzar esa montaña desalienta a cualquiera.

 Por medio de estas líneas solo he pretendido colocar nuevamente en el tapete esta figura

jurídica como pretexto para retomar la línea de discusión –tan importante- que confronta

las diversas posiciones y que tanto enriquece el pensamiento jurídico, pues nos obliga a

repasar nuestras ideas con una mayor perspectiva, a reformular –o afianzar- nuestras

convicciones, pero, sobre todo, a volver a percatarnos de que lo último nunca está dicho,

no al menos en cuestiones jurídicas.


BIBLIOGRAFIA

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