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Simbolismo Arbol Esp

El documento describe el simbolismo del árbol en diferentes tradiciones. El árbol representa el cosmos vivo que se regenera continuamente y simboliza la inmortalidad. En muchas culturas el árbol se considera el centro del mundo que une el cielo, la tierra y el inframundo. También simboliza la vida, la fecundidad y la realidad absoluta. En la cábala, el árbol de la vida es fundamental y representa el mundo divino. En la India el cosmos se representa como un árbol invertido con raíces en el ciel

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Simbolismo Arbol Esp

El documento describe el simbolismo del árbol en diferentes tradiciones. El árbol representa el cosmos vivo que se regenera continuamente y simboliza la inmortalidad. En muchas culturas el árbol se considera el centro del mundo que une el cielo, la tierra y el inframundo. También simboliza la vida, la fecundidad y la realidad absoluta. En la cábala, el árbol de la vida es fundamental y representa el mundo divino. En la India el cosmos se representa como un árbol invertido con raíces en el ciel

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Antoni Amaro Psicólogo Colegiado Nº 18147

EL SIMBOLISMO DEL ÁRBOL

El Árbol representa, ya
sea de manera ritual y concreta,
o mítica y cosmológica, o
incluso puramente simbólica,
al Cosmos vivo, que se
regenera incesantemente.
Como vida inagotable,
equivale a la Inmortalidad, el
Árbol-Cosmos puede
convertirse, en otro plano, en el
Árbol de la «vida sin muerte».
Y como la vida inagotable se
traduce en la ontología arcaica
en la idea de Realidad Absoluta, el Árbol se convierte allí en el símbolo de esa realidad
(«el Centro del Mundo»). El Árbol como Centro refleja que los tres niveles cósmicos —
Tierra, Cielo, Regiones Infernales— se ponen en comunicación. La comunicación se
expresa a veces con la imagen del Árbol como columna universal, Axis mundi, que une,
a la vez que lo sostiene, el Cielo con la Tierra, y cuya base está hundida en el mundo de
abajo (el llamado «Infierno»). Columna cósmica de semejante índole tan sólo puede
situarse en el Centro mismo del Universo, ya que la Totalidad del mundo habitable se
extiende alrededor suyo. Por lo tanto, el Árbol refleja un lugar sagrado constituyendo
una ruptura en la homogeneidad del Espacio; simboliza una «abertura», merced a la
cual se posibilita el tránsito de una región cósmica a otra (del Cielo a la Tierra, y
viceversa: de la Tierra al Mundo Inferior); y alrededor de este Eje cósmico se extiende
el «Mundo», por consiguiente, el Eje se encuentra en el «medio», en el «Ombligo de la
Tierra», es el Centro del Mundo (1).
Mircea Eliade clasifica el simbolismo del Árbol en los siguientes grupos:
— El conjunto Piedra-Árbol-Altar, que constituye un Microcosmos efectivo en las
capas más antiguas de la vida religiosa (Australia, China-Indochina-India y Fenicia-
Egeo).
— El Árbol-imagen del Cosmos (India, Mesopotamia, Escandinavia, etc.)
— El Árbol-teofanía cósmica (Mesopotamia, India y Egeo)
— El Árbol-símbolo de la vida, de la fecundidad inagotable, de la Realidad Absoluta;
relacionado con la Gran Diosa o el simbolismo acuático (por ejemplo, Yaksa);
identificado con la Fuente de la Inmortalidad («Árbol de la Vida»), etc.

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— El Árbol-Centro del Mundo y soporte del Universo (entre los altaicos, los
escandinavos, etc.)
— Vínculos místicos entre los Árboles y los hombres (Árboles antropógenos, el Árbol
como receptáculo de las almas de los antepasados, el matrimonio de Árboles, la
presencia del Árbol en las ceremonias de iniciación, etc.)
— El Árbol-símbolo de la
Resurrección de la
vegetación, de la
Primavera y de la
«regeneración» del año
(por ejemplo, el «mayo»,
etc.) (2)
Por ejemplo, el
Árbol como Símbolo de la
Vida y como Fuente de la
Inmortalidad es
fundamental en la Cábala.
El Árbol de la Vida es el
punto de referencia
principal de los cabalistas.
Lo constituye el Mundo
divino o Manifestación divina, al que simbolizan mediante un esquema: el Árbol de la
Vida que es su Eje Central. De las Sephirot, el Sefer Yetsirá sólo nos dice que son diez
y, en un lenguaje que recuerda al de los Filósofos Herméticos, las «describe», pero no
les da un nombre propio. En el Sefer Bahir se empezará a hacerlo y los cabalistas
provenzales los establecerán definitivamente. El Sefer Yetsirá empieza de la siguiente
manera: “En treinta y dos vías secretas de Sabiduría, Dios -aquí aparecen diez nombres
de la divinidad-, santificado sea su Nombre, estableció y creó su Mundo”. Y acaba esta
sección diciendo cuáles son estas treinta y dos vías: “Diez Sephirot y Veintidós Letras:
las Veintidós Letras del alfabeto hebreo”. Esto refleja claramente la estructura gráfica
del Árbol de la Vida, formado por diez «esferas» y veintidós «canales» que las ligan
entre sí (3).

El Árbol Invertido
La tradición india, desde sus textos más antiguos, representa al Cosmos bajo la
forma de un Árbol gigante. En los Upanishads se precisa dialécticamente esta
concepción: el Universo es un «Árbol Invertido» que hunde sus raíces en el Cielo y
extiende sus ramas sobre la Tierra entera. Este árbol se llama Acvattha. El Árbol
Acvattha representa aquí, con toda claridad, la manifestación de Brahma en el Cosmos,
es decir, la Creación como movimiento descendente. En otros textos de los Upanishads
se confirma y se precisa esta intuición del Cosmos como Árbol «Sus ramas son el éter,
el aire, el fuego, el agua, la tierra, etc.». El Universo entero, así como la experiencia del
hombre que en él vive y que no se ha separado de él, están simbolizadas aquí por el
Árbol Cósmico. Lo mismo sucede con la tradición islámica del “Árbol de la Felicidad”,

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cuyas raíces se hunden en el Último Cielo y cuyas ramas se extienden por encima de la
Tierra. Dante se imagina las Esferas Celestes en su conjunto como la corona de un
Árbol, cuyas raíces están vueltas hacia lo alto (4).

Psicología del Mito


En la Alquimia, el origen del Árbol, el Árbol
Invertido, y el Árbol como símbolo del hombre
representa un proceso de integración del
inconsciente. Esto queda claramente reflejado en la
carta del Tarot del Colgado. Un hombre suspendido
se encuentra colgando hacia abajo, de un Árbol que
tiene la forma de T, significando que se inicia un
proceso de “descenso” a las profundidades del
Inconsciente (el yo se "retira" a través de una
vivencia profunda de las emociones y permite que
el inconsciente "hable”). Se encuentra en la parte
central, en el tronco, totalmente estático, sin que
exista ninguna oscilación ni hacia la derecha, ni
hacia la izquierda (el Camino de en medio). El
Árbol es el Árbol de la Vida y es de madera viva,
pero está en forma de Cruz. El simbolismo de la
Cruz es una unión de contrarios, signo de
totalización, es símbolo de la Totalidad del mundo.
En el Colgado, el Árbol Cósmico se humaniza y se convierte en símbolo del
Microcosmos, que es el hombre (5).
El “Árbol Invertido” rehace en sentido inverso la procesión creadora, porque
simboliza la redención de la Caída cosmogónica y del hombre. Pero la “inversión”
indica la necesidad de que los valores externos tienen que caer entre los ideales del yo,
sobre todo cuando observa el valor del cambio y la discontinuidad, la ventaja de la
flexibilidad y la transformación. Su cabeza está llena de luz simbolizando la
concienciación de estos cambios y paradojas, es decir, está asimilando aspectos
inconscientes, y se encuentra en esta posición porque quiere cambiar la escala de sus
valores, quiere pensar y sentir "al revés" que la mayoría de los seres humanos. Su vida
está en “suspensión” y busca el “gran despertar” a través de la muerte, el Colgado busca
“morir”. El Árbol también es un símbolo de la Madre (el Inconsciente), el Colgado tiene
que ser sepultado en la Madre, por lo tanto, es encerrado en la Madre a fin de renacer.
El renacimiento desde una perspectiva psicológica, significa que el Héroe extrae de las
profundidades del Inconsciente un contenido numinoso que permanecía inconsciente.
Como la Madre, el Árbol tiene significado de Origen y tiene que permanecer en el
Origen, en “suspensión”. Pero si puede ser una tumba, también es un símbolo de Vida y
de Inmortalidad, porque se regenera continuamente. El Héroe al ser sepultado en la
Madre abre la posibilidad de un contacto con el Centro y por lo tanto, un contacto con el
Si-Mismo, que lo llevará a una transformación de la personalidad (6).

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Antoni Amaro Psicólogo Colegiado Nº 18147

El Árbol es una imagen de la


Totalidad de la psique. Sobre todo el
Árbol Cósmico ya que como psicologema
surge después de la Creación y por lo
tanto, representa el nuevo orden (por
ejemplo, el Árbol Yggdrasil):
la Copa: el Mundo Celeste (la
Conciencia y el Pensamiento)
El Tronco y las Hojas: el Mundo
Terrestre (donde habita la Vida, lo
Inconsciente)
Las Raíces (el Inframundo) (donde
habita la Serpiente, la Sombra).
Jung, asocia el Árbol al mándala ya
que cuando aparece en los sueños o en la fantasía, las figuras simétricas cortadas
transversalmente representarían mándalas. Si el mándala representa una vista exterior
del símbolo del Si-Mismo, el Árbol representaría una vista interior del mismo, es decir,
representa al Si-Mismo como un proceso de crecimiento. El origen del Árbol en el mar
y en una isla representaría lo Inconsciente (la Matriz, la Madre). Este Árbol tiene siete
ramas que lo relacionan con los siete metales y los siete planetas (los Dioses o
Arquetipos) y lo convierten en el Árbol de los Mundos y por lo tanto, simboliza la Obra
alquímica. El Mercurius alquímico se relaciona con el Suelo de la siembra, el Tronco se
relaciona con Saturno, Júpiter, Venus y Marte, y las Semillas o Frutos al Sol y la Luna
(7). El crecimiento del Árbol estaría asociado al proceso que tenía que seguir el
alquimista para “crear” el Lapis Philosoforum en su interior. Desde una perspectiva
psicológica, equivaldría a “despertar” al Sí-Mismo de las profundidades del
Inconsciente donde habita aletargado. En una primera fase, tendría que “despertar” a los
metales o planetas (los Dioses) que yacen dormidos en las Semillas y en el Tronco del
Árbol, y en una segunda fase, conectar la Copa (la Conciencia) con el Suelo
(Mercurius) y “engendrar” en su interior al Filius (el Sí-Mismo) despertándolo a la
Conciencia.

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Bibliografía consultada

(1) Mircea Eliade (2010) Tratado de Historia de las Religiones, págs. 244, 248 i 274.
México: Ediciones Era
(2) Ibid. págs. 243-244
(3) E. d’Hooghvorst (2000) El Hilo de Penélope I, del capítulo que trata sobre la
Cábala. Tarragona: Arola Editors
(4) M. Eliade (2010) Tratado de Historia de las Religiones, págs. 250-252. México:
Ediciones Era
(5) A. Amaro (2015) Tesis Doctoral “Les imatges del Tarot Rider – Waite: el seu
significat iconogràfic i simbòlic en relació al Procés d´Individuació”, pág. 301.
Universitat Pompeu Fabra
(6) Ibid. págs. 301- 303
(7) C. G. Jung (2015) Estudios sobre representaciones alquímicas. Obra Completa:
Vol. 13, págs. 227 y 248. Madrid: Ed. Trotta

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