Características del Diálogo Literario
Características del Diálogo Literario
Diálogo. Conversación entre dos o más personas, mediante la cual se intercambia información
y se comunican pensamientos sentimientos y deseos. Puede ser oral o escrito.
El diálogo es una modalidad del discurso oral y escrito en la que se comunican entre dos o más
personas, en un intercambio de ideas por cualquier medio.
Etimología
La palabra diálogo proviene del latín dialŏgus, que significa discurso racional o ciencia (logos)
del discurso. En filosofía, Platón es sin duda el primero que usó este método, la dialéctica o arte
del diálogo.
El diálogo es una conversación entre dos o más personas, que manifiestan sus ideas o afectos de
forma alternativa. En ese sentido, es también una discusión o trato en busca de avenencia. El
diálogo es el arte de concertar, entre dos o más personas, las contradicciones que manifiestan sus
ideas y sentimientos, cuidando de respetar la diversidad de sus criterios, para concordar las
semejanzas y diferencias entre sus ideas o estados de ánimo, con la explícita intención de
comprender y ajustar sus diferencias, para lograr la comunicación interpersonal.
Es una conversación entre dos o más personas, mediante la que se intercambian información y
se comunican pensamientos sentimientos y deseos. Puede ser oral o escrito.
Formas
- Estilo directo. El autor reproduce exactamente las palabras de los personajes que hablan. -
¿Qué te parece la fotografía? - preguntó Sara. Javier contestó: -No está mal, pero los colores
han salido algo oscuros.
- Estilo indirecto. El autor reproduce la conversación entre dos personajes, pero no
textualmente.
Sara le preguntó a Javier qué le parecía la fotografía. Él contestó que no estaba mal, pero que los
colores habían salido algo oscuros.
Ortografía
Hay que usar correctamente los signos de puntuación.
Siempre que habla un personaje se escribe en otra línea y con un guión delante.
El narrador debe aclarar al lector siempre qué personaje habla, pero sólo si es necesario.
Para dialogar entre dos o más personas conocidas, es necesario tener una amorosa intención de
armonizar las relaciones con quienes por desinteligencia se han distanciado afectivamente. El
deseo de armonizar induce a desarrollar "consciencias sintónicas" de entendimiento entre
opiniones diferentes o contradictorias con la finalidad de comprenderse y comunicarse.
Diálogo directo
Reproduce literalmente la conversación de los personajes. El narrador se hace a un lado (a veces,
presenta el diálogo) y los personajes toman la palabra, pasan a primer plano.
Le había prometido que, si alguna vez ella quería visitar a su familia, él personalmente la llevaría
y la traería de vuelta.
Para incluir diálogos en una narración, hay que tener en cuenta que:
·el diálogo presenta en vivo una acción pasada, en boca de los personajes. Así, la acción avanza,
pero también retrocede; ·debe quedar claro qué personaje habla en cada momento; ·el lenguaje
de cada personaje debe revelar sus características: su forma de ser, su educación, su nivel socio-
cultural, su manera de actuar; ·el diálogo agrega el color local con las diferentes voces
(ambientación); ·se debe respetar la espontaneidad de los interlocutores: como si fuera oral,
puede tener interrupciones, frases entrecortadas, signos expresivos; · debe servir para sintetizar
la acción y no para alargarla inútilmente.
Diálogos: características principales
El diálogo es una de las estrategias más eficaces y, a la vez, más difíciles de lograr. En él, el
narrador se hace de lado para dejar hablar directamente a los personajes, que pasan a
ser en esos momentos los que informan y hacen progresar la trama. Al no tener
aparentemente intermediarios y presentar las voces de forma directa, es una técnica sugestiva
que, si se usa bien, genera cercanía y confianza con el lector y lo introduce rápidamente en
la historia. Además, contribuye al dinamismo general, revelando cómo son los
interlocutores y ofreciendo datos de los personajes restantes y del entorno.
Los parlamentos: son las intervenciones habladas de los personajes, sus palabras
directas.
Los incisos: son aclaraciones que hace el narrador y que sirven para marcar los
movimientos o expresiones de estos personajes mientras hablan o incluso sus
sentimientos y su conciencia.
—Haz lo que te dé la gana, pero conmigo no cuentes —dijo Andrés levantándose bruscamente
de la silla.
El diálogo debe introducirse con una intencionalidad. Los personajes nunca deben
hablar porque sí o para rellenar espacio. Una novela, comparada con todo el universo que
representa, es muy pequeña. Constantemente seleccionamos de ese universo imaginario
qué cosas nos interesa destacar. Así, si un personaje se dirige a un museo, tal vez
describamos ese edificio una vez esté delante, pero pasemos por alto la descripción de
todas las calles y demás edificios o fachadas mientras está de camino, porque no
colaboran al desarrollo de la trama y no nos interesa destacarlas. En este sentido, un
diálogo debe estar ahí por algún motivo, esté o no directamente vinculado a los
acontecimientos, pero nunca gratuitamente.
El diálogo debe ser una imitación del lenguaje conversacional, sin ampulosidad,
florituras o adornos verbales y sin palabras rebuscadas y poco usadas. Debe ser
verosímil, creíble.
—La fiesta fue satisfactoria y altamente gratificante. Todos los presentes disfrutamos de
una exquisita cena y pasamos el resto de la velada conversando con informalidad y moviendo
nuestros cuerpos al son de la música. *
—La fiesta estuvo muy bien. La cena fue muy rica y pasamos el resto de la noche charlando
y bailando.
Este tipo de lenguaje más solemne —y menos coloquial y espontaneo— solamente será
adecuado si el contexto en el que se mueve el personaje lo requiere. Así, por ejemplo,
si el personaje es el director de una empresa y va a reunirse para presentar un nuevo
proyecto a sus accionistas, podrá y de hecho deberá usar un registro más formal y
elevado. Sin embargo, en cuanto salga del trabajo y se reúna con su familia y amigos,
deberá volver al lenguaje coloquial. Si usamos el lenguaje formal —o, peor aún, el
exceso "literario"— en un contexto en que no corresponde, el resultado será, cuanto
menos, ridículo.
“Emmm… A ver. Él es mi amigo y no quiero que piense que… Bueno, si fuera al revés y yo no
le hubiese contado nada no me gustaría enterarme de que otros se lo han explicado antes que
yo, ¿sabes? Así que bueno, no dije nada y pensé “ya si eso lo dirá él”, ¿no? Y al final poco a
poco hablamos de otros temas y poco a poco, no recuerdo por qué, salió el tema y me lo contó.
Claro, yo me hice el tonto como si no supiera nada, pero estuvimos hablando un buen rato y
al final le aconsejé visitarse por algún médico especializado y eso, ¿sabes? Creo que se
quedará más tranquilo”.
Así es, en la práctica, cómo hablamos. Solemos utilizar expresiones del tipo “bueno”
“a ver”, que en realidad no significan nada ni aportan ningún contenido a nuestro
mensaje. Son expresiones que decimos mientras nosotros mismos nos estamos
ubicando para elegir la manera en cómo comunicaremos lo que vamos a comunicar.
Podríamos decirlas mentalmente, pero las verbalizamos.
Otras expresiones como “¿no?” o “¿sabes?” tampoco tienen relación alguna con
el contenido real del mensaje y se usan únicamente para asegurar el canal
comunicativo con nuestro interlocutor. Cuando decimos “¿sabes?” no esperamos
que nuestro interlocutor nos diga “sí, lo sé” o “no, no lo sé”. No es una pregunta real.
Pero sí esperamos que haga un gesto o que pronuncie algo del tipo “ya”, “ahá” o
“claro”, por ejemplo, porque eso nos confirmará que no ha desconectado y que sigue
atento a nuestras palabras y sigue escuchándonos. Es como cuando hablamos por
teléfono. En ese caso, como no se visualiza al otro, esas expresiones se hacen más
necesarias para que no creamos que estamos hablando solos, y es mucho más fácil que
el que no habla refuerce su presencia usando mucho el “ya”, “ahá”, que vienen a decir
“sigo aquí; sigo escuchándote”.
Pues bien, en un diálogo toda esta “paja” debe desaparecer. Es decir, debemos imitar
el lenguaje conversacional pero sintetizándolo y sacando únicamente aquella
parte de él en la que reside el auténtico mensaje. A lo sumo, podemos dejar alguna
de las primeras expresiones que he señalado, pero no en todos los parlamentos
sino de forma aislada y sin abusar.
—A ver... —balbuceó un momento—. No quise que supiera que otros ya me lo habían contado,
así que esperé a que saliera el tema por voluntad suya. Cuando finalmente me lo contó, le
aconsejé visitarse por algún médico especializado, porque creo que así se quedará más tranquilo.
—A ver si quedamos más a menudo. La semana que viene tengo las tardes libres.
—¿Ah, sí? ¡Qué bien! Me alegro por ti. Nunca respondemos así.
—Imposible. Estaré de viaje por asuntos de trabajo. Respondemos así. Del primer
parlamento se desprende un “¿Quieres quedar alguna tarde?”, y aunque es una pregunta que
no se hace explícita, como interlocutores la captamos y respondemos en consecuencia.
Pues bien, al escribir un diálogo debemos también obviar ese tipo de información
innecesaria.
En vez de...
—A ver si quedamos más a menudo. La semana que viene tengo las tardes libres. ¿Te
apetece quedar alguna?*
—A ver si quedamos más a menudo. La semana que viene tengo las tardes libres.
—Imposible. Estaré de viaje por asuntos de trabajo.
El diálogo no debe —como norma general— reiterar aspectos que ya han sido
contados previamente o que el lector ya conoce. De esta manera, si en un momento
dado el narrador nos ha explicado dónde nació el protagonista y de qué original
manera sus padres decidieron ponerle el nombre que le pusieron, es inadecuado que
más adelante, al conocer a alguna persona nueva, por ejemplo, este personaje
explique la misma historia. En ese caso, se puede optar por resumir:
—¡Y qué buena trastada! —exclamó Puarintro—. En fin, ¿hace mucho que estás metido en
la cooperativa?
En los relatos en prosa se puede hacer hablar a los personajes mediante tres formas de diálogo
diferentes:
Se llama directo porque reproduce directa y literalmente las palabras de los personajes. Formalmente, lo
más clásico es que esas palabras vayan precedidas de raya de diálogo e introducidas por verbos dicendi. Las
intervenciones de los personajes pueden ir acompañadas de incisos del narrador o sin ellos.
Ejemplo:
No pude evitar una sonrisa. Corso hizo un gesto de asentimiento, invitándome a pronunciar veredicto.
-Sin la menor duda -dije- esto es de Alejandro Dumas, padre. «El vino de Anjou»: capítulo cuarenta y
tantos, creo recordar, de Los tres mosqueteros.
-Cuarenta y dos -confirmó Corso-. Capítulo cuarenta y dos.
-¿Es el original?... ¿El auténtico manuscrito de Dumas?
-Para eso estoy aquí. Para que me lo diga.
Encogí un poco los hombros, a fin de eludir una responsabilidad que sonaba excesiva.
-¡Por qué yo?
Era una pregunta estúpida, de las que sólo sirven para ganar tiempo. A Corso debió de parecerle falsa
modestia, porque reprimió una mueca de impaciencia.
-Usted es un experto -repuso, algo seco-. Y además de ser el crítico literario más influyente de este país,
lo sabe todo sobre novela popular del XIX.
ARTURO PÉREZ-REVERTE, El club Dumas
En el diálogo indirecto, el narrador reproduce con sus palabras lo que los personajes dicen o han dicho. Puede resultar
más ágil para la lectura al eliminar las pausas entre la narración y el diálogo. Aporta cierto aire de credibilidad y de
curiosidad (de cotilleo) que responde a: «me dijeron que», «dijo que», etcétera. Además:
Las palabras de los personajes dependen de los verbos dicendi, seguidos de una conjunción subordinante
(generalmente que o si).
Los tiempos verbales, los pronombres y los adverbios se modifican en su paso del estilo directo al indirecto.
En resumen, el narrador introduce lo que dicen los personajes sin marcar con signo alguno sus palabras; en cambio,
se ve obligado a utilizar profusamente la conjunción que.
Ejemplo 1:
Rodolfo la interrumpía con sus besos y ella, contemplándole con los ojos entornados, le rogaba que la llamase una
vez más por su nombre y que le repitiese que la amaba.
Ejemplo 2:
El le dice que ésa es la última pieza que va a tocar la orquesta, que ya es hora de quitarse el antifaz. Ella le
dice que no, la noche debe terminar sin que él sepa quién es ella, y sin que ella sepa quién es él. Porque nunca más
se volverán a ver, ése ha sido el encuentro perfecto de un baile de carnaval y nada más. El insiste y se saca el antifaz,
es divino el tipo, y le repite que ha estado toda su vida esperándola y ahora no la va a dejar escapar.
Ejemplo 3:
Y cuando tuvimos el comedor empapelado, en el lado derecho nos salió una mancha. Hicieron venir al chico que lo
había empapelado y él dijo que la culpa no era suya, que la mancha debía de haber salido después. Que era un
defecto de la pared que se le había reventado alguna cosa dentro. Y Quimet dijo que aquella mancha ya debía estar
allí y que su obligación era haber dicho que había humedad. Mateu dijo que más valdría que fuésemos a ver a los
vecinos parque a lo mejor tenían el fregadero en aquel lado y que si lo tenían agujereado estábamos perdidos.
El estilo libre consiste en incorporar el diálogo a la narración eliminando los verbos dicendi y, en
consecuencia, la raya de diálogo; es una variante del indirecto, con la diferencia de que la intervención de
los personajes interrumpe la narración. La distinción entre el narrador y el diálogo se advierte por el
contexto y por los cambios verbales. Se trata de una modalidad intermedia entre el estilo directo y el
indirecto. Sirve al narrador que contempla todo para crear la sensación de que es el personaje el que lo
contempla (y lo dice, también, como si lo dijera el personaje).
Ejemplo:
Es común que el estilo indirecto se vaya alternando con el indirecto libre como en el texto siguiente:
Y Monsieur Thiers, después de su primer paseo por el París de los escarmientos, había dicho así, como
quien no dice nada: «Las calles están llenas de cadáveres; ese horroroso espectáculo servirá de lección».
Los periódicos de la época -los de Versailks, desde luego- predicaban la santa cruzada burguesa de la
matanza y el exterminio. Y recientemente... ¿qué me dice usted de las víctimas de la huelga de Fourmies?
¿Y más recientemente aún?
¿Tuvo contemplaciones el gran Clemenceau con los huelguistas de Draveil, de Villeneuve-St. Georges?...
¿Eh?... El Académico, atacado de frente, desvió el rostro hacia el Primer Magistrado:
«Tout cela est vrai. Tristement vrai. Mais il y a une nuance, Messieurs»... Y luego, después de una pausa
algo solemne y preparatoria, alzando la sonoridad de cada nombre, recordó queFrancia había dado al
mundo un Montaigne, un Descartes, un Luis XIV, un Moliere, un Rousseau, un Pasteur.
ALEJO CARPENTIER, El recurso del método
El monólogo
Del griego monos (uno) y lagos (discurso). Se caracteriza porque transcurre en el pensamiento del personaje, como
si éste hablara consigo mismo, y por la desarticulación lógica de los períodos y sentencias. También se denomina
flujo de la conciencia.
Mediante esta técnica narrativa, el escritor nos introduce directamente en la vida íntima del personaje sin intervenir
con comentarios y explicaciones. Es como si el protagonista hiciese un discurso no pronunciado, un discurso vivido.
En general, el monólogo se realiza en oraciones reducidas a un mínimo de elementos sintácticos, es un discurso
discontinuo que pasa de un tema a otro, sin introducción previa, se practica la superposición de planos temporales,
mediante el cambio de tiempo y de persona de las formas verbales.
Así, bajo la apariencia de una fluidez espontánea se crea la ilusión de un discurso inconsciente.
Ejemplo:
En el siguiente fragmento, el protagonista, que ha sido encarcelado, deja fluir su conciencia y hace una serie de
reflexiones íntimas, expresa sus pensamientos más profundos y secretos.
La articulación sintáctica del discurso refleja el estado de ánimo del protagonista: oraciones nominales, reiteraciones,
constantes retrocesos para retomar temas bruscamente interrumpidos.
No pensar. No hay por qué pensar en lo que ya está hecho. Es inútil intentar recorrer otra vez los errores que uno
ha cometido. Todos los hombres cometen errores. Todos los hombres se equivocan. Todos los hombres buscan su
perdición por un camino complicado o sencillo. Dibujar la sirena con la mancha de la pared. La pared parece una
sirena. Tiene la cabellera caída par la espalda. Con un hierrito del cordón del zapato que se le ha caído a alguien
al que no quitaron los cordones, se puede rascar la pared e ir dando forma al dibujo sugerido par la mancha.
Siempre he sido mal dibujante.
Tiene una cola corta de pescado pequeño. No es una sirena corriente. Desde aquí, tumbado, la sirena puede
mirarme. Estás bien, estás bien. No te puede pasar nada porque tú no has hecho nada. No te puede pasar nada. Se
tienen que dar cuenta de que tú no has hecho nada. Está claro que tú no has hecho nada.
Se puede hacer directamente o intercalado entre otras voces narrativas, a lo largo de un capítulo, entre párrafo y
párrafo, o dentro de un mismo párrafo.
1) El personaje expresa su pensamiento en un monólogo interior que puede constituir todo un cuento, un capítulo de
una novela o la novela entera.
Ejemplo:
Acabo de escribir. Creo que aún he dormido, etcétera. Confío en no desfigurar demasiado mi pensamiento. Ahora
añado estas líneas, antes de abandonarme de nuevo. No me dejo con el mismo ahínco de hace ocho días, por ejemplo.
Debe hacer más de ocho días que esto dura, más de ocho días que dije, Pronto, a pesar de todo, estaré por fin
completamente muerto.
2) El personaje se expresa a sí mismo en una narración directa en primera persona, sin destinatario. Podemos trabajar
en un mismo texto con el monólogo y la narración en tercera persona.
Se puede narrar con un narrador en tercera persona que se interna cada vez más en el personaje hasta sustituir su
narración por el fluir de la conciencia del personaje.
Ejemplo:
Respiración de buzo. ¿Le diré de ese caballo que Lenehan ? Ya lo sabe. Mejor que se olvide. Va y pierde más. El
tonto y su dinero. La gota de rocío está bajando otra vez. Tendría la nariz fría besando a una mujer. Sin embargo,
a ellas podría gustarles. Les gustan las barbas que pican. Las narices frías de los perros. La vieja señora Riordan.
a) La frase correspondiente al narrador en tercera persona es: El señor Bloom, masticando de pie, consideró su
suspiro.
b) El resto del párrafo citado corresponde al fluir de la conciencia del personaje, el señor Bloom.
3) Se puede narrar directamente en primera persona, pero en un momento del relato el narrador-personaje pasa a
exponer su caos interno, su incoherente yo interior.
Ejemplo:
Encontré gasolina en el cuarto de Shreve y extendí el chaleco sobre la mesa y abrí la botella. El primer auto en el
pueblo una chica Chica eso es lo quejasen no podía soportar olor a gasolina enfermándolo entonces se enfureció
más que nunca porque una muchacha Muchacha no tenía hermana pero Benjamín...
a) La frase correspondiente al narrador en primera persona: Encontré gasolina en el cuarto de Shreve y extendí el
chaleco sobre la mesa y abrí la botella.
Del latín soliloquiu(m), de hablar (loqui) y solo (solus). El soliloquio es hablar en solitario; una especie de diálogo
del personaje consigo mismo. Fue llevado del teatro a la novela y así el personaje habla a solas frente a sus
interlocutores imaginarios. Según Robert Humphrey, «el soliloquio difiere básicamente del monólogo interior en
que, aunque se trata de un solo hablante, supone, con todo, la existencia de un público convencional e inmediato.
Esto a su vez confiere al soliloquio características especiales que le distinguen, aún más claramente, del monólogo
interior. La más importante de ellas es su mayor coherencia, puesto que su propósito no es otro que comunicar
emociones e ideas relacionadas con un argumento y una acción, mientras que el monólogo interior consiste
principalmente en expresar una identidad psíquica».
Es decir que el soliloquio es mucho más un relato de un narrador en primera persona que el monólogo interior o el
fluir de la conciencia.
Ejemplo:
...aunque haya tratado de encubrirlo, de callarlo, lo tengo presente, siempre presente; tras de meses de un olvido
que no fue olvido -cuando volvía a encontrarme dentro de la tarde aquella, sacudía la cabeza con violencia, para
barajar las imágenes, como el niño que ve enredarse varias ideas al cuerpo de sus padres-; tras de muchos días
transcurridos es todavía el olor del agua podrida bajo los nardos olvidados en sus vasos de coralina, las
lúcelas encendidas por el poniente, que cierran las arcadas de esa larga, demasiado larga, galería de persianas, el
colar tejano, el espejo veneciano con sus hondos biseles, y el ruido de caja de música que cae de lo alto, cuando la
brisa hace entrechocarse las agujas de cristal que visten la lámpara con flecos de cierzo...
¿Diálogo o soliloquio?
Por último, hay casos en que las fronteras entre ambas formas no están definidas. Por ejemplo, en Tú no te quieres, de
Nathalie Sarraute, hay un diálogo entre las voces internas del mismo personaje:
-«Usted no se quiere.» Pero y eso, ¿cómo? ¿Cómo es posible? ¿No se quiere usted? ¿Quién no quiere a quién?
-Tú, naturalmente... era un usted de cortesía, un usted que no se dirigía sino a ti.
-¿A mí? ¿A mi sólo? No a vosotros todos que sois yo... y somos tan numerosos... «una personalidad compleja»...
como todas las demás... Entonces, ¿quién debe querer a quién en todo esto?
Diálogo cinematográfico
La principal diferencia entre el diálogo narrativo y el teatral o el cinematográfico es que el narrativo se escribe para
ser leído y el narrador puede aparecer en el relato; el de cine y el de teatro se escriben para ser representados y el
narrador no aparece en escena: da la palabra exclusivamente a los personajes.
Diálogo cinematográfico
En cine existe la figura del dialoguista, autor que se dedica casi exclusivamente a escribir diálogos. El diálogo es el
cuerpo comunicativo del guión de cine y televisión, sirve para caracterizar al personaje. En él se pone un énfasis
especial en el aspecto coloquial del habla de cada día, aunque tampoco deben ser reproducciones de la realidad.
La función principal del diálogo cinematográfico es proporcionar la información que no se consigue mostrar con la
acción propiamente dicha.
Dentro de una imagen, el diálogo puede ser sustituido por un gesto o por una mirada, que podrían ser más
significativos que la frase.
Sus condiciones fundamentales, a diferencia del diálogo de la novela o el relato literario en general, son las siguientes:
Es más concentrado.
Es más breve: incluye solamente lo necesario para la información.
Lo primordial del diálogo cinematográfico o televisivo es que sea dinámico y verosímil. El espectador debe captarlo
como si fuera natural.
Escribir un guión de cine o televisión es un trabajo de equipo y no una tarea solitaria como la del novelista. Dice
Valeria C. Selinger: «El guionista debe transmitir constantemente información, tanto de forma visual como auditiva
(incluso cuando «no pasa nada» a nivel de acción) . Todas las frases deben poder traducirse en imágenes visuales y
sonoras. En esta transmisión de información, el narrador no existe, debe ser completamente objetivo. Hay entonces
algunas frases que están prácticamente prohibidas, por ejemplo "L tenía una casa bonita", porque no le ofrece pautas
al escenógrafo, no se sabe qué considera por "bonita" el guionista».
Diálogo teatral
El diálogo teatral es también acción hablada. La incidencia del diálogo en una obra teatral es total: sin diálogo no
hay teatro, mientras que en la narrativa se puede eludir.
En teatro, el narrador desaparece y los personajes se encargan de dar a conocer, mediante el diálogo, la historia que
desea contar. A través del lenguaje hablado en escena se caracterizan los personajes y se ambienta la obra. Es tan
importante como la acción.
Otras opciones del diálogo teatral son el soliloquio, que tratamos anteriormente, y el coro.
En el soliloquio el actor, solo en el escenario, expone bien claro y alto sus pensamientos y sentimientos. Fue un
recurso habitual en el teatro griego y latino, manteniéndose hasta el barroco y el neoclásico. Aún quedan rastros en
el teatro moderno -como en el caso de Equus, de Peter Shaffer- y el cine lo usa con prudencia, como en Sunday,
bloody Sunday, de John Schiesinger.
El coro es el conjunto vocal que se expresa con el canto o la declinación. En el teatro clásico era el conjunto de
actores que, al lado de los actores principales, representaban al pueblo, narrando y comentando la acción. Se mantiene
su uso en el musical, como en la secuencia de Ascot de la película Myfair lady, dirigida por George Cukor.
Mezcla de géneros
Está demostrado que la división entre los géneros no es absoluta ni mucho menos. Así, vemos el diálogo teatral
empleado en una novela:
Ella (desconcertada, refiriéndose a otra cosa): El verano contra las buenas costumbres.
Nos sentamos los dos en apariencia sin intenciones metafísicas a cada lado de la mesa aunque fieles al viejo
enloquecido sin péndulo, afónico de campanadas par su cuenta.
Ella (entiende): Como si se tratara de ayer cuando fui hasta la ventana y dije algo de verano.
El diálogo narrativo se diferencia del cinematográfico y del teatral porque el primero está escrito para ser
leído y el lector debe imaginar la escena, mientras que los segundos están escritos para ser escenificados,
pueden ser reestructurados por un realizador y el espectador los ve directamente en una escena.
Tipos de diálogos
Diálogos no literarios
A través del diálogo se produce el intercambio de mensajes entre dos o más interlocutores, que se convierten
alternativamente en emisores y receptores A través de este intercambio comunicativo podemos expresar nuestros
pensamientos, relatar hechos o acontecimientos, y describir cosas.
la presencia de temas variados, según los intereses de los interlocutores o de uno de ellos (en el caso de la
entrevista)
Según el lugar y la persona con la que conversamos, empleamos un nivel de expresión coloquial (amigos, familiares)
o un nivel más elaborado. Por ello, es necesario distinguir entre el dialogo no literario y el literario:
El diálogo no literario puede ser informal y espontáneo (cualquier conversación oral) o formal y planificado (una
entrevista, una encuesta, un debate...)
Diálogo informal: se produce en una charla cualquiera entre familiares, conocidos, compañeros del trabajo o
amigos, en la breve conversación que establecemos con un vecino en el patio o el ascensor, o en un
establecimiento comercial. Sus características son:
Diálogo formal. Se produce en una situación planificada, cuando no hay una relación estrecha o cercana entre
los interlocutores: Un caso muy cercano a nuestra situación puede ser la entrevista de trabajo. Sus características
son:
Diálogos literarios
Por medio del diálogo literario, el narrador o el dramaturgo recrean el habla de los personajes que forman parte del
texto como si se tratara de un diálogo real: puede reproducir escenas de la vida cotidiana, utilizando estructuras
formales, coloquiales, o puede apartarse, con intenciones estéticas, de lo que sería una conversación informal.
En el caso del teatro, el diálogo es el tipo textual básico de las obras del género dramático. A diferencia de la
narración, en los textos teatrales los diálogos adquieren todo el protagonismo: construyen la historia, definen los
rasgos psicológicos de los personajes, informan sobre hechos, no sólo del presente, sino también del pasado.
Conocemos la historia a través de los diálogos de los personajes.
En general, la mayor parte del texto de las obras dramáticas corresponde al intercambio verbal entre los personajes;
sin embargo, las palabras de estos pueden adoptar otras formas:
Monólogo: corresponde a las intervenciones de un único personaje que se dirige bien hacia sí mismo o bien al
público
Aparte: son emisiones en voz alta de un personaje para que, convencionalmente, sea oído por el público, pero
no por el resto de los personajes que se hallan en escena.
Crea la acción dramática, pues descubre el conflicto que enfrenta a los personajes
Constituye la principal fuente de información para el espectador, puesto que desvela los que les ocurre a los
personajes, sus actitudes, ideas, pensamientos.
Caracteriza a los personajes, ya que refleja su procedencia, cultura, personalidad, etc.
Observa que estas funciones que hemos descrito aquí, en el texto narrativo corresponde, generalmente, al narrador
de la historia, que es quien nos pode en situación sobre los hechos, los lugares y los personajes.
El monólogo
Una variedad del diálogo, como hemos apuntado en la pestaña anterior, es el monólogo, a través del cual un personaje
habla consigo mismo expresando su mundo interior: pensamientos, emociones, sentimientos.
En el teatro, los principales tipos de monólogo están diferenciados según la situación en la que se producen:
el soliloquio, donde el personaje reflexiona en voz alta y el lector-espectador es el único receptor del
pensamiento
el aparte, en el que el personaje expresa en voz baja sus verdaderos pensamientos sobre un tema
el aparente, en el que un personaje habla por teléfono con otro que está ausente del escenario
En la narración, la forma de reproducción de impresiones y sentimientos de los personajes se hace por medio del
monólogo interior, en el que los pensamientos fluyen de un modo irreflexivo y, en ocasiones, sin sentido lógico. Por
este motivo suelen presentarse desordenados los elementos oracionales. El punto de vista empleado es el de la
primera persona, aunque se usa a veces la segunda persona como recurso de desdoblamiento de la personalidad del
propio narrador.
No vengo ahora a haceros reir; son cosas de fisonomía seria y grave, tristes, elevadas y patéticas, llenas de pompa
y de dolor; escenas nobles, propias para inducir los ojos al llanto, lo que hoy os ofrecemos. Los inclinados a la
piedad pueden aquí, si a bien lo tienen, dejar caer una lágrima: el tema es digno de ello. Aquellos que dan su dinero
sin la esperanza de ver algo que puedan creer, hallarán, no obstante, la verdad. Los que vienen solamente a
presenciar una pantomima o dos, y convenir en seguida en que la obra es pasable, si quieren permanecer tranquilos
y benevolentes, les prometo que tendrán un rico espectáculo ante sus ojos en el transcurso de dos breves horas. Sólo
aquellos que vienen a escuchar una pieza alegre y licenciosa, un fragor de broqueles, o a ver un bufón de larga
vestidura abigarrada, con ribetes amarillos, quedarán defraudados; pues sabed, amables oyentes, que mezclar
nuestra-verdad auténtica con tales espectáculos de bufonería y de combate, además de que será a rebajar nuestro
propio juicio y la intención que llevamos de no representar ahora sino lo que reputamos verdadero, nos hará a
perder para siempre la simpatía de todo hombre culto. (Fragmento del monólogo de Enrique VIII, de W.
Shakespeare).
El diálogo en la narración
En los textos narrativos, no sólo se cuentan los sucesos que les ocurren a los personajes, sino también lo que han
dicho o han pensado, y para ello se utilizan los diálogos.
Se pueden reproducir literalmente las palabras de los personajes, a través del estilo directo (se reflejan textualmente
las conversaciones). Esta forma de diálogo da mayor dinamismo y amenidad al relato, y permite un conocimiento
más directo de los personajes. Los diálogos, como has visto en el epígrafe anterior, se presentan por medio de rayas
y con verbos introductores colocados en distintas posiciones (al principio, en el medio o al final). En ocasiones el
verbo introductor no es necesario y se evita de este modo cierta monotonía en la introducción de los diálogos.
También se pueden reproducir a través del estilo indirecto, en el que alguien (el narrador, un personaje) cuenta o
reproduce la conversación. Aquí, el discurso forma parte de la narración. En consecuencia, se ven afectados por esta
transformación: los tiempos verbales, las marcas de persona y los elementos que señalan el espacio y el tiempo. Lo
que el personaje dice o piensa aparece introducido par la conjunción que o si
El conde preguntó si llovía; su paje le dijo que no lo sabía y pidió permiso para retirarse.
O bien a través del estilo indirecto libre, en el que se combinan el directo y el indirecto con el fin de reflejar los
pensamientos del personaje. El discurso puede atribuirse de este modo al personaje y al narrador al mismo tiempo.
Las marcas tipográficas del estilo directo (rayas o dos puntos) no aparecen; no hay tampoco verbo introductor. Sin
embargo, los estados de ánimo conservan expresividad del estilo directo
Registro lingüístico
El registro lingüístico es el conjunto de variables contextuales, sociolingüísticas y de otro tipo que
condicionan el modo en que una lengua es usada en un contexto concreto. Dentro de los factores variables
que caracterizan el registro lingüístico tenemos:
Situaciones profesionales: Se caracterizan por utilizar un vocabulario técnico propio del área de
interés y el uso de ciertas expresiones idiomatizadas con un significado especial. Frecuentemente —
aunque no siempre— este tipo de situaciones se encuadran en registros más formales.
Situaciones estándar: Se caracterizan por valerse de un vocabulario más simple y más general, no
específico de un área en particular. Suelen estar ligadas al registro informal. Utilizan un léxico
adecuado para comunicarse.
Medio
Orales: Son los mensajes que hacen uso de la voz. Este tipo de registros suelen ser menos cuidados
o formales que los escritos, aunque existen excepciones a esta regla. Podemos distinguir varias
formas de registros orales:
Conversación informal. Particularmente suele ser el más usado para la comunicación entre
amigos y familiares. En estos casos el intercambio de mensajes es ampliamente bidireccional o
multidireccional.
Emisión audiovisual. El mensaje, a pesar de haber sido emitido oralmente, se transmite en una
fase intermedia por algún medio electrónico o electromagnético de difusión, y llega al receptor
nuevamente en forma sonora. En este tipo de situación la información suele ser unidireccional.
Conferencia o discurso. Un emisor transmite grandes porciones de información ante una
audiencia que generalmente, al menos durante largos períodos, sólo actúa como receptor.
Escritos: Son los mensajes que se transmiten por escrito. Tradicionalmente este había sido el registro
más formal y más cuidado, aunque la existencia de medios electrónicos a través de internet o
mensajería ha fomentado la aparición de registros escritos altamente informales. Tradicionalmente
los registros escritos habían estado más ligados a los registros profesional y formal.