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Odisea: Aventuras y Consejos de Circe

El documento resume el canto 12 de la Odisea de Homero. Circe instruye a Odiseo sobre los peligros que enfrentará en su viaje, incluyendo las Sirenas, cuyo canto embelesador hace que los hombres se olviden de regresar a casa, Escila y Caribdis, y las vacas sagradas del dios Helios. Le advierte sobre la necesidad de amarrarse al mástil de la nave para escuchar a las Sirenas sin ser seducido y sobre la elección entre dos rutas, una segura pero más larga, y

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Odisea: Aventuras y Consejos de Circe

El documento resume el canto 12 de la Odisea de Homero. Circe instruye a Odiseo sobre los peligros que enfrentará en su viaje, incluyendo las Sirenas, cuyo canto embelesador hace que los hombres se olviden de regresar a casa, Escila y Caribdis, y las vacas sagradas del dios Helios. Le advierte sobre la necesidad de amarrarse al mástil de la nave para escuchar a las Sirenas sin ser seducido y sobre la elección entre dos rutas, una segura pero más larga, y

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Odisea de Homero.

Traducción y notas de Marta Alesso


Canto 12

Las Sirenas, Escila y Caribdis y las vacas de Helios1

ODISEO RETORNA A LA ISLA DE CIRCE (1-36)

»Cuando la nave abandonó la corriente del río Océano


y llegó a las olas del mar de anchos caminos2,
a la isla de Eea, donde de Eos, la hija de la mañana,
está la casa; los coros3 y las salidas del sol4,
una vez arribados, la nave arrastramos por las arenas5. 5
»Desembarcamos sobre la ribera del mar
y nos entregamos al sueño esperando a la divina Eos.
»Cuando apareció Eos, hija de la mañana, la de dedos de rosa
envié a unos compañeros a la mansión de Circe
para que trajeran el cadáver del difunto Elpenor6. 10
Después de cortar unos leño7s, en el lugar donde la costa sobresalía más.
lo enterramos, apenados, derramando abundante llanto.
Cuando habían ardido el cadáver y los pertrechos del difunto,
erigimos un túmulo y sobre él colocamos una lápida
y clavamos en lo más alto de la tumba su manejable remo8. 15
»Nosotros nos ocupamos de todos los detalles, pero Circe
se había dado cuentas de que habíamos llegado de Hades y enseguida
se presentó, con provisiones ya listas9. Junto a ella sus siervas llevaban

1
El canto 12 contiene tres aventuras, dos breves (las Sirenas y Escila y Caribdis) y una extensa (en la isla
donde Helios guardaba su ganado, Trinaquia). Estos tres episodios están precedidos por el retorno a la isla
Eea. Los vv. 1-141 cierran el encuentro con Circe que constituía el núcleo del canto 10, si bien Odiseo no
entra en el palacio de la diosa porque ella baja a la playa para encontrarse con el héroe.
2
La expresión «de anchos caminos» refiere al mar abierto, para distinguirlo de la corriente más estrecha
del río Océano.
3
Los «coros» hace referencia a aquellos lugares en que baila el coro de ninfas de Eos, es decir, los rayos
del sol.
4
Se presenta una contradicción respecto de la posición de la isla Eea. En el canto 10, deducíamos que,
después del desastre ocurrido con la apertura de los sacos llenos de viento, Odiseo navegó hacia el
noroeste, desde la isla de Eolo hacia el país de los Lestrigones y siguiendo al misma dirección llegó a Eea,
más al norte y al oeste. Aquí se dice que Eea está en el mismo lugar que el sol se levanta, es decir, en el
este. Para más datos topográficos, véase nota a 10, 135.
5
El hexámetro repite 9, 546 y los tres siguientes (vv. 6-8) son iguales a 9, 150-152. El viaje desde la isla
de Circe al Hades había durado desde el amanecer hasta el anochecer (véase 11, 11-12); el viaje de
regreso (después del lapso –indeterminado– que permanecieron a la entrada del Hades) dura hasta el
amanecer; debemos suponer que es la misma duración en horas.
6
Odiseo cumple la promesa que hizo en 11, 80 de enterrar a Elpenor, quien se desnucó en el palacio de
Circe en 10, 551-560, porque borracho olvidó bajar del techo por la escalera. Ha sido comparada la
historia con la de Eutico de los Hechos de los apóstoles, quien se duerme con el discurso de Pablo y se
cae por la ventana del piso alto; cfr. «Luke's Eutychus and Homer's Elpenor: Acts 20:7-12 and Odyssey
10–12» de Dennis R. MACDONALD (1994).
7
«Leños» traduce phitroús (en acusativo plural), hapax en Odisea; en Ilíada 23, 123, en el mismo caso y
número en contexto similar.
8
El entierro (vv. 13-18) sigue los deseos manifestados por Elpenor en el Hades en 11, 75-78 (véase nota a
11, 77). El monumento funerario de un hombre del común es en general un tronco sostenido por dos
piedras (véase Ilíada 23, 326-331); aquí será el remo porque se trata de un remero.
9
Circe recupera su rol de anfitriona en la isla Eea al ofrecer comida como en 10, 460-468. Invita a los
marineros a pasar el resto del día comiendo y les anuncia que al día siguiente les dará las instrucciones
para el próximo viaje. De hecho, luego se las dará solamente a Odiseo mientras sus compañeros duermen
(véase infra vv. 37-141) lo que le permitirá al héroe transmitir selectivamente esa información a sus
hombres.
Odisea de Homero. Traducción y notas de Marta Alesso
Canto 12

pan y carne en abundancia y espumoso vino rojo.


»Y colocándose en el medio dijo la divina entre las diosas: 20
"¡Audaces! los que han descendido vivos a la casa de Hades;
¡dos veces mortales10!, mientras los otros hombres mueren solo una vez.
Pero ¡vamos!, coman esta comida y beban este vino11
durante todo el día de hoy y al despuntar la aurora
se pondran a navegar; que yo les mostraré el camino y cada escollo 25
señalaré, para que no vayan a tener una contingencia dolorosa
en el mar o sobre tierra firme, que los haga sufrir una desgracia".
»Así dijeron y mi ánimo valiente se dejó convencer12.
Estuvimos todo un día, hasta la caída del sol,
sentados, comiendo carne en abundancia y delicioso vino, 30
hasta que Helios se sumergió y cayó la oscuridad,
los otros se echaron a dormir junto a las amarras de la nave.
Circe me tomó de la mano y lejos de mis compañeros
me hizo sentar; se recostó a mi lado13 y me preguntó detalladamente.
Entonces yo le relaté cada una de las cosas y por orden14 35
así que luego me dijo la soberana Circe estas palabras:

INSTRUCCIONES DE CIRCE PARA LAS PRÓXIMAS AVENTURAS (37-110)

“Todas las cosas de esa forma se han cumplido. Escucha tú ahora


lo que yo voy a decirte15 y te lo recordará después un dios en persona16:
a las Sirenas17 llegarás en primer lugar, las que a todos

10
Cfr. Virgilio, Eneida 6, 134. Homero usa un neologismo, disthanées.
11
El hexámetro repite 10, 460.
12
Los vv. 28-31 repiten la fórmula de 10, 475-479; los vv. 29-31 son iguales a 10, 183-185 y 476-478; el
v. 32 está tomado de Ilíada 1, 476.
13
Dieter LOHMAN en «Untypical Typical Scenes: The Love affairs of Ulysses» en Francisco de OLIVEIRA
(coord..), Penélope e Ulisses (2003: 63-71), señala esta escena (vv. 31-142) como una de las cinco
escenas eróticas de Odisea, junto con otros dos episodios de Odiseo con Circe (10, 333-347 y 478-541),
además de la escenificada con Calipso (5, 225 228) y la que tendrá con su esposa legítima, Penélope (22,
241-348). No obstante, el escoliasta señala que la ubicación de Circe es reclinada a los pies de Odiseo,
puesto que lo había hecho sentar; no hay aquí mención del lecho como en 10, 334.
14
El hexámetro repite 10, 16 y el siguiente (v. 36) es igual a 11, 99.
15
Las detalladas instrucciones de Circe, en este caso, van a llenar el vacío en que dejó la profecía de
Tiresias en el canto 11 el espacio entre Eea y Trinaquia. Ahora Odiseo va a conocer con certeza lo que le
espera. Sin embargo, el héroe (vv. 226-233) y de manera más dramática sus compañeros (vv. 279-293 y
339-365) no van a seguir las indicaciones de Circe y van a invalidar el buen deseo de la diosa de evitarles
una «contingencia dolorosa... que los haga sufrir una desgracia» (vv. 26-27).
16
No es una referencia a un dios determinado –como podría ser Helios o Poseidón–, sino a una divinidad
menor benéfica, como la aludida 3, 27 o 4, 181.
17
Véase el episodio completo a partir del v. 200. Las sirenas son divinidades marinas hijas del río
Aqueloo (Higino, Fábula 141; Ovidio, Metamorfosis 5, 552 y 14, 87; Apolodoro 1, 7, 10) o de Forcis
(Plutarco, Banquete 9, 14) y una Musa –Melpómene (Apolodoro 1, 3, 4), Terpsícore (Apolonio de Rodas
4, 893) o Calíope (Servio, Comentario sobre la Eneida 5, 364). En Homero son dos, se las menciona en
número dual en v. 52 y viven en una isla (v. 157). En leyendas posteriores se dice que son tres, o aun
cuatro, y que viven en tres islotes. En Odisea, la isla de las Sirenas está situada entre Eea y la roca de
Escila, es decir, cerca de la costa sudoeste de Italia. Eustacio (Escolios a Homero, p. 1709) afirma que las
Sirenas homéricas son dos y se llaman Aglaofeme y Telxípeia. Según otros son tres: Peisinoé, Agláope y
Telxípeia (Tzetzes, Sobre Licofrón 712) o Parténope, Lígeia, y Leucosía (Eustacio, l. c.; Estrabón 5, 4, 7;
Servio, Comentario sobre las Geórgicas de Virgilio 4, 562). Las Sirenas están también en relación con la
leyenda de los Argonautas y con el rapto de Perséfone. Homero no se refiere aquí a su aspecto externo,
mitad ave, mitad mujer, aunque otros autores las retratan con alas (Ovidio, Metamorfosis 5, 552).
Odisea de Homero. Traducción y notas de Marta Alesso
Canto 12

los hombres hechizan, a los que a ellas se acercan18. 40


»Quien acerca su nave sin saberlo y escucha la voz
de las Sirenas, ya nunca de su mujer ni de sus tiernos hijos,
en casa, se verá rodeado, llenos de alegría porque ha vuelto;
antes bien, las Sirenas lo hechizan con su sonoro canto
sentadas en un prado, con un gran montón de huesos en derredor, 45
de hombres putrefactos, y con pellejos que se están deshidratando.
»Que la nave pase de largo; unta los oídos de tus compañeros
luego de derretir cera agradable como la miel. Que no las escuchen
ninguno de ellos. En cambio, tú, si quieres oírlas,
haz que te amarren en la rápida nave de pies y manos, 50
derecho junto al mástil –que sujeten a este los extremos–,
para que escuches complacido, la voz de las dos Sirenas;
y si suplicas a tus compañeros o les ordenas que te desaten,
que ellos te sujeten todavía más entonces con las cuerdas.
»Mas cuando las hayan pasado de largo tus compañeros, 55
en ese punto, ya no te diré con exactitud
cuál de dos caminos será el tuyo; sino tú mismo
decídelo en tu corazón. Aunque te voy a decir las dos alternativas19:
a un lado hay unas rocas altísimas, contra ellas
se estrella el oleaje de Anfitrite, la de mirada azul20. 60
Los dioses felices las llaman Rocas Errantes21.
No se les acerca ningún ave, ni siquiera las palomas
trémulas22 que llevan ambrosía al padre Zeus;
porque incluso de ellas, siempre se queda con alguna la lisa piedra,

18
La aventura de las Sirenas, que se anuncia en vv. 39-54 se cumplirá en vv. 153-200. La ubicación de las
Sirenas en un «prado florido» (vv. 45 y 159) añade cierto atractivo porque es el escenario típico del locus
amoenus (véase 5, 72 y 6, 292). El canto de las Sirenas sería un ejemplo supremo –aunque fatal– del
canto de los haedos: hechiza (vv. 40 y 44) y da placer (vv. 52 y 188) = 8, 83-92, y relatan los sucesos de
la guerra de Troya (vv. 189-190). Cfr. «The Homeric Sirens» de Gerald K. GRESSETH (1970); Folktales in
Homer’s Odyssey de Denys Lionel PAGE (1973: 87-88); el libro d, Siren Songs. Gender, Audiences, and
Narrators in the Odyssey Lillian E. DOHERTY (1995) y el capítulo también de su autoría «Sirens, Muses,
and Female Narrators in the Odyssey» en el libro editado por Beth COHEN (1995: 81-92).
19
Las dos alternativas son las Rocas Errantes (vv. 59-72) o pasar entre Escila y Caribdis (vv. 73-110).
Aunque Circe dice que Odiseo tendrá que elegir según el dictado de su corazón, da a entender que es
mejor la primera opción (vv. 66-80 y 108-110), pero el héroe elige la segunda.
20
Anfítrite era una antigua diosa del mar, que se convirtió en esposa de Poseidón, con quien concibió a
Tritón (Hesíodo, Teogonía 930 ss.; Apolodoro 1, 28). Observemos que aquí no está totalmente
personificada, sino que el poeta la menciona como una metáfora del mar, como también hacen Eurípides
(El Cíclope 702) y Ovidio (Metamorfosis 1, 14).
21
Las «Islas Errantes» así como la «isla flotante» de 10, 3, pueden haber sido una remembranza de
historias de marinos que intentaban describir los icebergs: escollos en movimiento que se entrechocaban
para apretar los barcos que intentaban pasar entre ellas. No hay duda que se identificaba a las Errantes con
las Simplégades (Eurípides, Medea 2; Píndaro, Pítica 4, 208). Apolonio de Rodas las sitúa a la salida del
Bósforo y afirma en las Argonáuticas (11, 528-647) que quedaron fijas una vez que las cruzó la nave
Argo. Su ubicación en la entrada del Helesponto es una señal que divide Oriente de Occidente. Sin
embargo, si aquí se menciona que están cerca de Escila y Caribdis, están sin duda cerca del estrecho de
Mesina. Sin duda, la pertenencia de las Errantes al ciclo de los argonautas indica que aquí existe una
interpolación de ese ciclo en las aventuras de Odiseo. Los romanos las llamaron Cyaneae Insulae, así
Plinio (Historia Natural 6, 12, 13): «insulae in Ponto Planctae sive Cyaneae sive Symplegades».
22
El adjetivo «trémulas» –término que también se traduce como «tímidas»– se aplica a las palomas en 20,
243 y en Ilíada 5, 778 y 23, 853. Según Apolonio de Rodas (Argonáutica órfica 2, 561 ss.), una paloma
es enviada desde la nave Argos por Eufemo para saber si era posible cruzar por el medio de las
Simplégades.
Odisea de Homero. Traducción y notas de Marta Alesso
Canto 12

y el Padre debe enviar otra para que el número sea completo23. 65


Nunca las ha podido evitar nave alguna de hombres que pasara,
sino que al mismo tiempo maderos de naves y cuerpos de hombres
el oleaje del mar arrastra, y se producen borrascas de mortífero fuego24.
Solo consiguió pasar de largo una nave surcadora del ponto,
Argo, celebrada por todos, cuando navegaba desde el país de Eetes. 70
Incluso entonces la habría arrojado el oleaje contra las grandes rocas,
pero Hera la hizo pasar de largo, pues amado le era Jasón.
»Hay dos promontorios, uno llega al ancho cielo
con su aguda cresta y una nube lo rodea,
color azul oscuro, nunca se despeja el aire 75
que rodea la cumbre, ni en invierno ni en verano.
No podría escalarlo ningún hombre mortal, ni caminar sobre él,
aunque tuviera veinte manos y veinte pies,
pues es piedra lisa, similar a la que está muy pulida.
En medio del promontorio hay una caverna penumbrosa 80
con la boca hacia poniente, gira hacia el Érebo25, a la que ustedes
pueden dirigir la cóncava nave, ilustre Odiseo
Nadie desde la cóncava nave, ni un hombre vigoroso,
que dispare con el arco, podría alcanzar el entrada de la gruta26.
Allí habita Escila, que aúlla de modo terrible27: 85
su voz es tan aguda como la de un cachorro recién nacido28
pero ella es un monstruo horrible. Y nadie

23
Estos cuatro hexámetros (vv. 62-65) parecen no tener conexión con los siguientes; puede que se
refieran a que Zeus era alimentado con ambrosía cuando estaba en Creta oculto de su padre Cronos
(Ateneo 11, 80 y 491b). También pueda ser una alusión a las Pléyades (que significa «palomas» en
griego), mencionadas en 5, 272, que son siete y solamente seis son visibles.
24
Debido a esta escena se ha pensado que las Errantes eran las islas volcánicas Lípari, al norte de Sicilia o
quizás islotes cercanos a las erupciones del Etna.
25
Hacia abajo, lo cual indica que si bien la entrada de la gruta mira hacia el oeste, la cueva no es
perpendicular a la pared rocosa sino que se sumerge en las entrañas de la tierra.
26
Significa que la entrada de la caverna está en un lugar muy alto del acantilado.
27
Escila y Caribdis están ubicadas una a cada lado del estrecho de Mesina: Escila sobre la costa italiana y
Caribdis sobre la siciliana. Aunque más tarde se identificó el promontorio de Escila con Scyllaeum,
enfrente de la roca Pelorum (Capo di Faro), sobre la costa este, donde todavía hay una pequeña población
que se llama Escila. Muchos autores latinos del siglo primero prescinden de los aspectos míticos y usan
este nombre exclusivamente como topónimo (Plinio el Viejo 3, 87, 78; Pomponio Mela 2, 7, 14) y una
roca costera o un promontorio de gran peligro para la navegación. Pero la Escila mítica se dice que fue
hija de Forcis o Forbas, tenida de Hécate (Apolonio de Rodas 4, 828 ss.), o de Lamia. Otros la presentan
como hija de Tritón –o Poseidón– y Crateis (Eustacio, Sobre Homero p. 1714), o de Trifón y Equidna
(Higino, Fábulas. prefacio). Existe una tradición que relata que fue una bellísima doncella, mas sufrió
luego una metamorfosis monstruosa (Ovidio, Metamorfosis 13, 730 ss. y 14, 40 ss.; Tibulo 3, 4, 89).
Había tenido muchos pretendientes, que solía rechazar. Uno de ellos, Glauco, acudió a Circe para pedir
que interviniera en su favor. Circe, celosa, trata de conseguir a Glauco para sí y quiere disuadirlo.
Rechaza Glauco a la maga, quien desvía su despecho hacia la rival y la transforma en un ser monstruoso.
Es así que Escila verá brotar de su vientre seis perros feroces. Otra tradición cuenta que fue amada por
Poseidón, y por ello Anfítrite celosa la convirtió en un monstruo (Tzetzes, Sobre Licofrón 45, Servio,
Sobre Eneida 3, 420). Virgilio (Eneida 6, 286) habla de varias Escilas y las ubica en el mundo
subterráneo (cfr. Lucrecio v. 893). Aristóteles menciona en su Poética (1461b 32) una composición
musical denominada Escila, que presuntamente acompañaba un baile de movimientos grotescos.
28
Hay una intención deliberadamente grotesca en la imagen de un monstruo enorme que grita como un
cachorrito. De debe probablemente a la identidad de raíces de la palabra Skýlle (Escila) y cachorro
(skýllax), aunque etimológicamente no son parientes.
Odisea de Homero. Traducción y notas de Marta Alesso
Canto 12

se alegraría de verla, ni un dios que se topara con ella.


»Sus pies son doce, todos deformados,
y seis son sus largos cuellos; en cada uno 90
hay una terrorífica cabeza y en ella tres filas de dientes
apiñados y espesos, repletos de negra muerte.
»De la mitad hacia abajo se hunde en la hueca gruta
pero salen hacia afuera sus cabezas, del terrible abismo,
y allí pesca –explorando primero alrededor del promontorio–, 95
por si consigue apresar delfines o perros marinos29 o algo más grande,
algún monstruo de los miles que alimenta la gemidora Anfítrite.
Nunca los marineros se vanaglorian de que incólumes
han pasado de largo con la nave, pues arrebata con cada cabeza
a un hombre de la nave de oscura proa y se lo lleva. 100
»Luego otro promontorio, más bajo, verás, Odiseo30
–está cerca del otro–; deberías pasar por él como una flecha.
En este hay un gran sicómoro cubierto de follaje31
y, debajo, la divina Caribdis32 sorbe ruidosamente la negra agua.
Tres veces cada día33 la suelta y otras tres la sorbe de nuevo 105
de modo terrible. ¡Ojalá no te encuentres allí cuando succiona!,
no podría librarte del daño ni siquiera el que sacude la tierra.
Acercándote, más bien, al promontorio de Escila, rápidamente
haz pasar de largo la nave, porque mejor es echar de menos
a seis compañeros en la nave34, que a todos juntos”. 110

ÚLTIMOS CONSEJOS DE CIRCE A ODISEO (111-141)

»Así dijo, y yo aterrorizado le contesté:


“Vamos, dime esto, diosa, con certeza:
si podré escapar de la funesta Caribdis
y rechazar también a Escila cuando ataque a mis compañeros”.

29
En griego dice solo «perros», pero son, según Polibio en Estrabón (1, 37), perros de mar, una especie
de pez espada.
30
En vv. 101-110, Circe describe a Caribdis; lo hace por contraste con Escila: la guarida de esta última
está en un promontorio altísimo (véase nota a v. 84), el promontorio de Caribdis es más bajo. Escila pesca
a sus presas desde lo alto, mientras que Caribdis actúa como un remolino que habita en lo profundo. La
apariencia externa de Escila se describe en detalle (doce pies, seis cuellos y cabezas con tres filas de
dientes), Caribdis es descripta en términos del daño que causa. Ambas descripciones (vv. 85-100 y 103-
110) se corresponden en forma y contenido con las acciones que van a suceder más tarde (vv. 235-259 y
428-446).
31
El sicómoro es un árbol duro y de ancha copa, siempre verde; tiene sus ramas principales retorcidas, las
que se extienden en todas direcciones cerca del suelo. Caribdis es la personificación de los remolinos en
el mar. Quizás por eso se dice que habita bajo un sicómoro. También denominado cabrahigo, produce un
fruto parecido a un higo común, de allí que también se lo llame «higuera silvestre».
32
Épocas posteriores hicieron a Caribdis hija de Poseidón (lo que justifica el epíteto de «divina». las
leyendas decían que fue originalmente una ninfa que inundó la tierra para ampliar el reino submarino de
su padre, hasta que Zeus la transformó en un monstruo.
33
Igualmente «tres veces» dice Virgilio (Eneida 3, 566) y Ovidio (Pónticas 4, 10, 25) pero ninguno de los
dos dice «cada día» porque, si se quiere relacionar esta escena con el flujo y reflujo de la marea o con la
succión y regurgitación de un remolino (cfr. Estrabón 1, 2, 36), estos dos movimientos contrapuestos
suceden dos veces en el día.
34
Véase 9, 60-61, lugar en que los cicones matan seis marineros de cada nave. El número seis aparece
que mucha frecuencia en el apólogo de Alcinoo; véase infra v. 245.
Odisea de Homero. Traducción y notas de Marta Alesso
Canto 12

»Así dije, y ella al punto me contestó, divina entre las diosas: 115
“Indomable, de nuevo te solazas en las cuestiones de la guerra
y el sufrimiento, ¿no quieres claudicar ni ante los dioses inmortales?
Pues esa no es un ser mortal, sino un mal inmortal,
terrible y doloroso, salvaje y belicoso.
No hay ninguna defensa posible. Lo mejor es huir de ella, 120
pues si te distraes para armarte de nuevo junto a su roca,
me temo que se va a lanzar otra vez y te va a alcanzar
con tantas cabezas, tantas como hombres te va a arrebatar.
Así que conduce tu nave con vehemencia e invoca a Kratais35,
madre de Escila, que la parió para daño de los mortales. 125
Ella luego la detendrá para que no se lance de nuevo.
Llegarás a la isla de Trinaquia36, allí muchas vacas
pastan y las pingües ovejas de Helios37:
siete rebaños de vacas y otros tantas bellas majadas
de cincuenta animales cada uno. No les nacen crías, 130
pero tampoco mueren jamás. Sus pastoras son diosas,
ninfas de lindas trenzas, Faetusa y Lampetía38
a las que parió para Helios Hiperiónida39 la diosa Neera.
Después de parirlas y criarlas, su soberana madre
las llevó a la isla de Trinaquía para que vivieran lejos 135
y pastorearan los rebaños de su padre y las vacas de rotátiles pies.
»Si dejas ilesos estos rebaños y te ocupas del regreso40,
a Itaca, aunque con mucho sufrimiento, podrán llegar,
pero si les haces daño, entonces te predigo la perdición
para la nave y para tus marineros. Y tú, aunque la evites, 140
llegarás tarde y mal, luego de haber perdido a todos tus compañeros”.
35
Krataís, así llamada cuando los poetas la mencionan como madre de Escila; es Ceto, y personifica los
peligros del mar. De su hermano y esposo Forcis, Ceto procreó otros monstruos horribles, como Equidna,
Ladon, Graia y las Gorgonas (cfr. Hesíodo, Teogonía 270 y 332 ss.). Se la confunde a veces con la diosa
Hécate, cuando esta extiende su poder sobre el mar (cfr. Apolonio de Rodas, Argonáutica órfica 4, 825
ss.). Existe también una Krataís de los ríos en el territorio de Brutti, cerca del estrecho de Messina en
Italia.
36
Se supone que la isla de Trinaquia estaba situada al noroeste de la roca de Escila, aunque no a mucha
distancia (véanse vv. 325, 427 ss.). Los antiguos la identificaban con Sicilia (cfr. Estrabón 6, 265 y
Tucídides 6, 2) pues pensaban que la etimología refería a tres (treîs) puntas (ákrai) y no a un tridente
(thrînax), lo cual pondría en relación la isla con Poseidón. Homero, 24, 307, llama Sicania a la isla de
Sicilia. La isla no tiene habitantes, excepto los rebaños de Helios y las ninfas que los cuidan. Página: 6
37
La tercera y última aventura de Odiseo que Circe menciona en esta ocasión (vv. 127-141) y que tendrá
lugar en la isla Trinaquia será relatada en vv. 260-402. También fue mencionada por Tiresias (11, 104-
113). Obsérvese la correspondencia entre vv. 137-141 y 11, 110-114.
38
Dos nombres muy apropiados para las hijas del Sol: «la que arde» y «la que brilla». Estas dos ninfas
probablemente representaran la sucesión de los días y las noches durante todo el año: «la que arde»,
asociada con el sol y «la que brilla», con la luna. Cada hermana atendía 350 animales, divididos
en siete rebaños de cincuenta cada uno (un rebaño para cada uno de los siete días de la semana). Los
griegos dividían el año en doce meses lunares y añadían un decimotercer mes cada dos años para corregir
el desfase. Cincuenta sería el número de los meses lunares de un «gran año», es decir, un ciclo de cuatro
años, en el que los calendarios solares y lunares coinciden.
39
Hiperiónida es el patronímico que identifica al Sol –Helios– como hijo de Hiperión (véase infra v. 176;
1, 24; 2, 19 y 398; Himno homérico a Demeter 74; Hesíodo, Teogonía 1011). Homero dice que Helios es
hijo de Theia y por tanto hermano de Selene y Eos (véase infra 176 y 322; tb. Hesíodo, Teogonía 371 ss.).
40
En vv. 137-141, Circe va a repetir una vez más los aciagos augurios de Tiresias; véase 11, 110-114.
Odisea de Homero. Traducción y notas de Marta Alesso
Canto 12

OCTAVA AVENTURA: LAS SIRENAS (142-200)

»Así dijo, y enseguida apareció Eos, la del trono de oro41.


Circe entonces regresó atravesando la isla, la divina entre las diosas,
y yo partí hacia la nave y apuré a mis compañeros
para que embarcaran y soltaran amarras42. 145
Ellos embarcaron al punto y se sentaron sobre los bancos
y, sentados en fila, batían el canoso mar con los remos.
Entretanto por detrás de la nave de proa azulada
nos envió un viento que henchía las velas, buen compañero
Circe, de bellas trenzas, temible divinidad de humana voz43. 150
»Nosotros, después de terminar cada uno su tarea, a lo largo de la nave
nos sentamos y a ésta la dirigían el viento y el piloto.
Así entonces hablé a mis compañeros acongojado en mi corazón:
“Amigos, es necesario que todos sepan –y no solo uno o dos–
las predicciones que me ha hecho Circe, divina entre las diosas. 155
Así que se las contaré, para que, conociéndolas, o perezcamos
o las evitemos, logrando escapar de la muerte y el destino.
»”De las encantadoras Sirenas, en primer lugar, ordenó
que evitáramos el canto y su florido prado44.
Solo a mí está permitido escuchar su voz. Que con una atadura 160
inflexible me ataran, para que allí firme permanezca,
parado junto al mástil; que de este sujeten las amarras.
Y si suplico o doy la orden de que me desaten,
todavía con más correas deben apretarme45”.
»De ese modo explicaba yo cada detalle a mis compañeros. 165
Mientras tanto llegó velozmente la bien fabricada nave
a la isla de las dos Sirenas46. La impulsaba una brisa favorable.
Pero al punto el viento cesó y una serenidad
se presentaba calma, pues una divinidad adormeció el oleaje.
»Se levantaron mis compañeros para plegar las velas 170
y las pusieron sobre la cóncava nave; frente a los remos
se sentaron y blanqueaban el agua con los pulidos abetos.
»Entonces yo después de partir en trocitos, con el agudo bronce
un gran pan de cera47, lo oprimí con mis robustas manos.

41
El hexámetro repite 10, 541, ocasión en que duraron toda la noche las instrucciones que dio Circe a
Odiseo antes de su viaje a Hades. Los augurios y consejos de la diosa se han extendido ahora también a lo
largo de toda la noche.
42
Vv. 144-145 = 11, 636-637; 146 = 11, 638 y 9, 103; 147 = 9, 104.
43
Véanse notas a 10, 136. La fórmula de 148-152 proviene de 11, 6-10.
44
Aquí (vv. 158-164) comienza el primero de una serie de discursos en los cuales Odiseo transmite a sus
compañeros la información que Circe le dio (véanse infra vv. 206-225, 270-276 + 295-302 + 320- 323).
En todos los casos, el héroe adapta las palabras de la diosa a las particularidades de sus alocutarios y a sus
propias intenciones. Por ejemplo, afirma que solo a él le estaría permitido escuchar la voz de las Sirenas
(v. 160) cuando la expresión de Circe había sido: «tú, si quieres oírlas...» (v. 49).
45
La tripulación quizá todavía no les encuentra sentido a estas instrucciones. Los vv. 153-200 narran el
encuentro con las Sirenas, que Circe le había adelantado en vv. 39-54. Solo ahora y casi llegando a la isla,
Odiseo les cuenta a sus compañeros lo que Circe le advirtió sobre las Sirenas y se limita a expresar sin
detalles el peligro que representan y da instrucciones sobre las medidas que deben tomar.
46
Véase supra nota a v. 39. Obsérvese la simultaneidad de la acción de advertir Odiseo a sus compañeros
sobre los peligros que entrañan las Sirenas cuando la nave ya había llegado a la isla.
Odisea de Homero. Traducción y notas de Marta Alesso
Canto 12

Pronto se ablandó la cera, pues lo ordenaba una gran fuerza 175


y el brillo del soberano Helios hijo de Hiperión.
Unos tras otros, unté los oídos de todos mis compañeros.
Ellos, por su parte, en la nave me ataron igual de manos que de pies,
derecho junto al mástil y sujetaron de él los extremos.
Sentándose luego, batían el canoso mar con los remos. 180
»Pero cuando estaba tan cerca que gritando podían hacerse oír48
en nuestra veloz marcha, no se les ocultó que la rauda nave
les pasaba cerca, y entonaron su sonoro canto:
»“Vamos, ven aquí, famoso49 Odiseo, gran gloria de los aqueos,
y haz detener tu nave para que puedas escuchar nuestra50 voz51. 185
Puesto que nadie ha pasado de largo con su negra nave
sin escuchar la melodiosa voz de nuestras bocas,
sino que, después de gozar con ella, ha regresado, sabedor de más cosas.
Pues sabemos todo cuanto en la ancha Troya
argivos y troyanos, por voluntad de los dioses, sufrieron. 190
Sabemos cuantas cosas suceden sobre la tierra fecunda”52.
»Así decían enviándome su bella voz. Entonces mi corazón
deseaba escucharlas y ordenaba a mis compañeros que me soltaran
haciendo gestos con mis cejas, pero ellos se inclinaban y remaban,
y pronto se pusieron de pie Perimedes y Euríloco53 195
y con más cuerdas me ataron, ciñéndome más.
»Mas cuando por fin las habían pasado de largo y ya no más
se escuchaba la voz de las Sirenas ni su canto,
rápidamente se quitaron la cera mis fieles compañeros,
la que yo había untado en sus oídos; y a mí me soltaron las cuerdas. 200

47
El pan de cera es redondo como una «rueda», trochós en griego. Odiseo sigue aquí las instrucciones
que Circe le dio en vv. 47-48.
48
Este hexámetro es fórmula solo en Odisea, aquí y en otras tres ocasiones (véase 5, 400; 6, 294; 9, 473)
expresa una distancia breve y tiene en este lugar un significado especialmente literal en tanto puede
referirse al canto de las Sirenas.
49
Traduzco polýainos como «famoso», si bien la versión exacta sería «hombre de muchos cuentos» y se
usa solo en referencia a Odiseo (cuatro veces y solo en discurso directo, tres de ellos en Ilíada). Como
polýtropos –epíteto de Odiseo mucho más frecuente– que he traducido como «polifacético» (véase nota a
1, 1), combina una significación activa (en este caso, «hombre que cuenta muchos historias») como
pasiva («hombre de quien se dicen muchas historias»). En este lugar polýainos es especialmente
adecuado, porque las Sirenas quieren tanto alabar la inventiva de Odiseo como atraerlo sugiriendo que
contarán sobre él interesantes historias.
50
El adjetivo «nuestra» está en dual, número gramatical que en griego antiguo existe junto al singular y al
plural; de modo que podríamos haber traducido «nuestras dos voces» (veáse supra v. 165). El número
dual existía en las lenguas protoindeuropeas y se conservó en algunos de los idiomas indoeuropeos ahora
extintos como el sánscrito y el gótico, además del griego.
51
El encanto de la canción de vv. 184-191 está determinado por el contenido. Tradicionalmente las
Sirenas atraían a los viajeros por calidad de sus voces, pero ahora saben que el camino hacia el corazón de
Odiseo es alabar sus hazañas en Troya. En efecto, a pesar del aviso de Circe, el héroe ansiará escuchar
más. Las Sirenas no solo saben todo lo sucedido en la Guerra, sino lo que estaba ocurriendo en el mundo
entero, por lo tanto, sabían lo que estaba aconteciendo en Itaca.
52
Cicerón traduce esta alocución de las Sirenas en Finibus Bonorum et Malorum 5, 18: «O decus
Argolicum, quin puppim flectis, Ulixe,/ Auribus ut nostros possis adgnoscere cantus? / Nam nemo haec
unquam est transvectus caerula cursu,/ Quin prius adstiterit vocum dulcedine captus;/ Post variis avido
satiatus pectore musis/ Doctior ad patrias lapsus pervenerit oras. / Nos grave certamen belli clademque
tenemus,/ Graecia quam Troiae divino numine vexit; / Omniaque e latis rerum vestigia terris».
53
Perimedes y Euríloco son los dos compañeros más importantes de Odiseo; véase 11, 23 y nota a 10,
205.
Odisea de Homero. Traducción y notas de Marta Alesso
Canto 12

NOVENA AVENTURA: ESCILA Y CARIBDIS (201-259)

»Pero cuando ya habíamos dejado atrás la isla, de repente


un humo54 y un gran oleaje vi, y escuché tremendo ruido.
Como les entrara pavura, volaron los remos de las manos
y cayeron estos todos estruendosamente en la corriente55. Se detuvo allí
la nave, puesto que ya no movían los torneados remos con las manos. 205
»Entonces yo atravesando la nave comencé a apremiar a mis compañeros
con alentadoras palabras, poniéndome al lado de cada uno de ellos:
»“Amigos, ya no somos para nada poco expertos en males56.
Esta desgracia no es por cierto mayor que cuando el Cíclope
nos encerró en su cóncava cueva con portentosa violencia57. 210
Pero de allí con mi excelencia, mi voluntad y mi inteligencia
logramos escapar –y creo que de esto también nos acordaremos–.
Así que ahora ¡vamos!, como yo digo todos obedezcan.
Ustedes, con las palas de los remos, la abismal hondonada58 del mar
deben golpear, sentados en los bancos y, por si Zeus 215
nos concede de esta desgracias escapar y salvarnos;
a ti, piloto, esto es lo que te ordeno –ponlo en tu corazón,
ya que gobiernas el timón de la cóncava nave–:
lejos de ese humo y de ese oleaje mantén la nave
y al promontorio59 trata de acercarte, no sea que sin darte cuenta 220
te lance al otro lado, y nos arrojes a una catástrofe”.
»Así dije y enseguida obedecieron mis palabras.
Sobre Escila, inevitable desgracia, todavía no les hablaba,
no fuera que aterrorizados dejaran mis compañeros
de remar, y se escondieran adentro60 todos ellos. 225
»En ese momento de la angustiada recomendación61 de Circe
no hice caso, porque me aconsejó no armarme.
Por el contrario, yo revestí mis ínclitas armas y con dos lanzas,
largas, en mis manos subí al puente62 de la nave
en la proa. Allí arriba, pensé, se me iba a aparecer primero 230
a Escila como de piedra, la que llevaría dolor a mis compañeros63.

54
Algunos comentadores modernos traducen el término kapnós como «vapor», dado que es difícil explicar
a qué se debe el humo en la isla. Pero kapnós es siempre «humo» en Homero (véase 1, 58; 9, 167 y 10,
99, 152 y 196).
55
De todos modos, los remos no se pierden en el mar, sino que quedarían colgando de los «estrobos de
cuero» (véase 4, 782) a los costados de la nave.
56
Virgilio imita este verso en Eneida 1, 198: «O socii neque enim ignari sumus ante malorum».
57
Estos tres hexámetros (vv. 208-212), refieren a la aventura del Cíclope que se relata completa en 9,106-
566. Ya había sido utilizada por Euríloco como argumento disuasorio en 10, 435-437. Véase cómo en
20,18-21 Odiseo la rememora para darse coraje antes de enfrentar a los pretendientes.
58
La que se forma entre los promontorios de Escila y Caribdis.
59
Al promontorio de Escila. Véase la advertencia de Circe sobre Escila en vv. 73-126.
60
Odiseo no se ha atrevido a revelar el peligroso paso frente a Escila porque sabe, a partir de las
predicciones de Circe, que va a perder seis hombres en esa circunstancia. El héroe teme, entonces, que sus
hombres se oculten en la bodega o sentina.
61
La «angustiada recomendación» de Circe había sido que era mejor perder a seis compañeros que a
todos ellos juntos; véase supra v. 110.
62
Véase nota a 5, 252. Odiseo sube desde la proa al puente, es decir, al lugar del barco desde donde se
gobierna la nave
Odisea de Homero. Traducción y notas de Marta Alesso
Canto 12

Pero no pude verla y se me cansaron los ojos


de escrutar por todas partes la brumosa roca.
»Nosotros comenzamos a sortear el estrecho entre lamentos,
pues de un lado estaba Escila, y del otro la divina Caribdis64 235
que horriblemente sorbía el agua salina del mar.
Cuando luego regurgitaba, como un caldero en un fuego enorme
toda ella borbotaba agitada –y desde arriba la espuma
sobre la cumbre de ambos escollos se derramaba–.
cada vez que sorbía de nuevo el agua salina del mar, 240
toda en lo profundo parecía arremolinada, y en derredor, la roca
espantosamente rugía y hacia abajo la tierra se veía
azulosa por la arena. Nos atenazaba el pálido terror.
Nosotros la contemplábamos temerosos de la muerte.
Mientras tanto Escila, de la cóncava nave, a seis compañeros 245
me arrebató65, los que eran los mejores por sus brazos y su fuerza.
Buscándolos con la vista por la veloz nave junto a los compañeros,
de pronto vi allá sus pies y sus manos en lo alto
mientras se elevaban por el aire. Daban voces llamándome
por mi nombre, ya por última vez, desesperado su corazón. 250
Como el pescador que sobre un reborde, con una larga caña66,
a los peces pequeños arroja trocitos como señuelo
y lanza al ponto el cuerno de un buey montaraz67,
y boqueando luego los captura arroja fuera,
así ellos boqueando eran arrojados sobre la roca. 255
»Escila en las puertas mismas los devoró mientras gritaban
y sus brazos tendían hacia mí en una lucha horrible.
Aquello fue lo más triste que he visto con mis ojos
de todo cuanto he sufrido recorriendo los senderos del mar68.

DÉCIMA AVENTURA: TRINAQUIA Y LA TEMPESTAD (260-425)

63
El contenido de todo el episodio resulta de la combinación de dos tipos de historias y dos clases de
heroísmo: por un lado el valeroso combatiente homérico (véase esp. v. 213) y por otro el héroe del cuento
popular que confíaba en su ingenio (vv. 245-250). Cfr. Homer. The Odyssey de Jasper GRIFFIN (2004: 70-
71).
64
La descripción de Odiseo se Caribdis es un poco más extensa de la que había hecho Circe (véanse
supra vv. 101-107) y responde a la fascinación que le produce el horripilante espectáculo.
65
Circe había ya realizado una descripción detallada de Escila (véanse vv. 85-92) y el héroe se concentra
aquí en el pathos de la horrible muerte de sus compañeros. Odiseo y todos los marineros estaban mirando
hacia Caribdis que sorbía y vomitaba sucesivamente el agua de mar y es ahí cuando, distraídos por la
terrorífica escena, Escila logra arrebatar a seis de los suyos.
66
Odiseo evoca en este símil (vv. 251-255) una escena pacífica de la vida cotidiana en fuerte contraste
con el espeluznante suceso que le ha tocado vivir. Véase símiles de tema semejante en Ilíada 16, 406-409
y 24, 80-82.
67
Todavía en Canarias se utiliza la antigua técnica de colocar un cuerno de cabra limado y pulido como
puntera en la caña de bambú para pescar. Con este accesorio obtienen más fortaleza en la captura de la
vieja, el pescado más deseado de estas islas. Quizás se esté refiriendo Homero a una técnica semejante.
68
El episodio se cierra sin haber hecho la invocación a Kratais, recomendada por Circe en vv. 124-125,
ya no es necesaria. El plan de Odiseo mutó hacia la idea resistir al monstruo (vv. 226-233), lo que ya
Circe había advertido como impracticable (vv. 116-126). Circe había tenido razón cuando aconsejó a
Odiseo no arriesgarse a defender a su tripulación y que pasaran a través del estrecho tan rápido como
fuera posible (v. 124).
Odisea de Homero. Traducción y notas de Marta Alesso
Canto 12

»Cuando conseguimos escapar de la terrible Caribdis 260


y de Escila, enseguida a la espléndida isla del dios
arribamos, donde estaban las hermosas vacas carianchas
y los numerosos rebaños de Helios Hiperión69.
»Cuando estaba todavía en el mar en la negra nave
escuché el mugido de las vacas entrando en los establos 265
y el balar de las ovejas. Entonces se me vino a la memoria
la palabra del adivino ciego, del tebano Tiresias,
y de Circe de Eea, quienes me encomendaron mucho
evitar la isla de Helios, el que alegra a los mortales70.
»Así entonces hablé a mis compañeros acongojado en mi corazón71: 270
“Escuchen mis palabras, compañeros, que tantos males han sufrido
para que les comunique las predicciones de Tiresias
y de Circe de Eea, quienes me encomendaron mucho
evitar la isla de Helios, el que alegra a los mortales,
pues me dijeron que allí espera nuestra desgracia más terrible. 275
Así que lleven esta negra nave lejos de la isla”.
»Así dije y a ellos se les quebró el querido corazón.
Entonces Euríloco me contestó con una expresión rencorosa72:
“Eres cruel, Odiseo, y por tu fuerza ni los miembros
se te cansan. En verdad estás hecho todo de hierro 280
si a tus compañeros, agotados por el cansancio y el sueño,
no les permites poner pie a tierra. Aquí de nuevo
en una isla rodeada de mar, podríamos preparar una sabrosa cena.
»Por el contrario, les ordenas que anden errantes por la súbita noche
partiendo lejos de esta isla en el brumoso ponto. 285
Por la noche, peligrosos vientos, ruina de las naves
se desatan. ¿Cómo alguien podría huir del abrupto final
si por casualidad se nos viene de repente un huracán
del Noto o del Céfiro borrascoso, los que, más que otros
destruyen una naves por voluntad de los soberanos dioses73? 290
Pero ¡vamos! obedezcamos a la negra noche74
69
Esta aventura en la isla Trinaquia ocupa un lugar relevante en el periplo del regreso de Odiseo: ha sido
mencionada en el proemio (1, 6-9) y profetizada dos veces (por Tiresias en 11, 104-115 y por Circe en 12,
127-141); ha sido anticipada en el episodio de los cicones (9, 39-66) y en el de Eolo (10, 1-79) y será
rememorada en 19, 273-277. La importancia del episodio reside en especial porque explica más que
ninguno el concepto de atasthalía (véase 1, 34; 21, 146 y 23, 67), el accionar temerario del ser humano
que, confiado en sus propias fuerzas, pretende burlar la voluntad de los dioses, desoyendo los consejos
que le han advertido los peligros que ello implica. Cfr. el artículo «Divine Justice in the Odyssey:
Poseidon, Cyclops, and Helios» de Charles SEGAL (1992: 489-518).
70
Tiresias había advertido sobre el aciago encuentro con los ganados de Helios en 11, 108-109 y Circe en
este mismo canto, supra, vv. 136.141.
71
El hexámetro repite v. 153. El discurso de Odiseo de vv. 271-274 sigue el mismo patrón de vv. 154-
164, previo al episodio de las Sirenas, y de vv. 208-221, anterior al de Escila y Caribdis. Una vez más,
advierte a su tripulación del peligro solo un poco antes de estar cerca de él, describe el riesgo en general y
se concentra en las medidas que él considera necesarias para evitar el desastre.
72
Muestra Euríloco aquí su verdadero carácter; véase infra 339 y 10, 429.
73
Es este el único pasaje en que se aplica el adjetivo en plural «soberanos», ánaktes, a los dioses, aunque
«soberano», ánax, se adjudica en singular a Zeus, Apolo, Hermes, Poseidon, etc. El viento del sur, el
Notos, en Homero es tormentoso y agita las olas que baten los riscos que se adelantan sobre el mar (véase
Ilíada 2, 394), para las brisas de Céfiro que sopla sonoro porque lo «envía Océano para refrescar a los
hombres», véase 4, 567-568.
74
Este hexámetro y la primera parte del siguiente evocan a Ilíada (8, 502-503a y 9, 65-66a).
Odisea de Homero. Traducción y notas de Marta Alesso
Canto 12

y preparémonos la cena permaneciendo junto a la rápida nave,


que al amanecer embarcaremos y la lanzaremos al vasto ponto”.
»Así dijo Euríloco y asentían los otros compañeros75.
Entonces me di cuenta de que un daimon nos urdía maldades 295
y, hablándoles, dije estas aladas palabras:
“Euríloco, mucha presión siento, solo como estoy76.
Pero, vamos, júrenme al menos con fuerte juramento77
que si un hato de vacas o un gran rebaño de ovejas
encontramos, nadie, llevado por una funesta debilidad, 300
matará una vaca o una oveja. Más bien en paz
coman el alimento que nos dio la inmortal Circe”.
»Así dije y ellos juraron de inmediato tal como yo les exigía.
Así que cuando habían jurado y completado su juramento,
detuvimos en el cóncavo78 puerto la bien construida nave, 305
cerca de agua dulce79 y desembarcaron mis compañeros
de la nave, después se prepararon con habilidad la cena.
»Luego que habían saciado el deseo de comida y bebida80,
acordándose luego de los queridos compañeros, lloraban,
por los que había devorado Escila, tomándolos de la cóncava nave; 310
y al tiempo que lloraban les sobrevino un profundo sueño.
»Cuando quedaba un tercio de noche y declinaban los astros,
levantó un fuerte viento Zeus, el que amontona las nubes,
en estruendosa tempestad, y con nubes ocultó
tanto la tierra como el mar. Se levantaba desde el cielo la noche81. 315
»Cuando apareció Eos, hija de la mañana, la de dedos de rosa
anclamos la nave arrastrándola hasta una gruta cóncava,
allí había bellos coros de ninfas y también asientos para ellas.
»Entonces los convoqué en asamblea y dije ante todos:
“Amigos, en la rápida nave hay comida y bebida; 320
alejémonos de las vacas no sea que nos pase algo,
pues de una divinidad terrible son estas vacas y gordas ovejas,
de Helios, el que todo lo ve y todo lo oye82”.
75
Una vez más la tripulación está proclive a desobedecer a Odiseo (véase 9, 44 y 10, 46), esta vez
poniéndose de parte de Euríloco. En el hexámetro que sigue, el héroe encuentra inexplicable la rebeldía
de sus hombres y la adjudica a algún daímon (véase v.169).
76
Como individuo («solo como estoy»), Odiseo debe plegarse a la decisión de la mayoría y va a cambiar
la propuesta original de evitar la isla; véase el v. 274 donde había dicho que era la isla de Helios, aunque
no aclaró –ni entonces ni ahora– que robar el ganado significaría atraer la venganza del dios.
77
El hexámetro repite 18, 55.
78
«Cóncavo/a» es el adjetivo más frecuente de «nave» y de «gruta» pero solo aquí de «puerto». Se trata –
suponemos– de un puerto con una entrada muy angosta, como la de una gruta.
79
La tripulación encuentra agua dulce para beber muy cerca del puerto, como cuando desembarcan en la
isla de las cabras en 9, 140.
80
El hexámetro es fórmula tomada de Ilíada (2, 432; 7, 323; 9, 222; 23, 57; 24, 628) y muy frecuente en
Odisea (1, 150; 3, 67 y 343; 4, 68; 8, 72 y 485; etc.).
81
Los vv. 314-315 repiten 9, 68-69. En aquella ocasión, la fuerte tormenta los arrojó a tierra firme donde
permanecieron tumbados dos noches y dos días y, lanzados nuevamente al mar, llegaron a la isla de los
lotófagos. La tormenta también es funcional aquí, porque los obligará a permanecer un mes en la isla (v.
325).
82
Odiseo ha decidido decir a la tripulación que las vacas de la isla son propiedad de Helios (el Sol).
Esperaban partir por la mañana, pero la tormenta no ha amainado y no pueden saber cuánto durará, su
estadía en la isla será más prolongada de lo esperado y los hombres deben saber la razón del juramento de
vv. 298-302.
Odisea de Homero. Traducción y notas de Marta Alesso
Canto 12

»Así dije y, de ellos, el valeroso ánimo se dejó persuadir.


Durante todo un mes sopló Noto83 sin parar y no otro 325
viento había, excepto el Euro y el Noto84.
»Mientras ellos tuvieron comida y rojo vino,
en ese tiempo, se mantuvieron lejos de las vacas deseosos de vivir;
pero cuando se consumieron todos los víveres de la nave,
se dedicaron por necesidad a la caza, a atrapar 330
peces y aves; lo que llegaba a sus manos,
con curvos anzuelos85; el hambre retorcía sus estómagos.
»Yo me interné en la isla para suplicar a los dioses,
por si alguno me indicaba algún camino para retornar86;
mas cuando atravesando la isla estaba lejos de mis compañeros, 335
después de lavar mis manos y al abrigo del viento
supliqué a todos los dioses que poseen el Olimpo.
Y ellos derramaron un dulce sueño sobre mis párpados87.
»Entonces Euríloco a mis compañeros les dio un consejo funesto:
“Escuchen mis palabras, compañeros, que tantos males han sufrido88. 340
Todas las muertes son odiosas para los infelices mortales,
pero morir de hambre es lo más lamentable, arrastrar ese destino.
Mas, vamos, llevémonos las mejores vacas de Helios
y sacrifiquémoslas a los inmortales que poseen el ancho cielo.
Y si en efecto llegamos a Itaca, nuestra patria, 345
construiremos a Helios Hiperión un espléndido templo89

83
El Noto es el viento del sur, el que trae las tormentas de finales del verano y del otoño, opuesto al
Bóreas, el viento del norte que trae el frío invernal (cfr. Aristóteles Meteorologica 363b 15). El Noto
aparece personificado como una divinidad en Hesíodo (Teogonía 380 y 870). Estaba asociado con el
viento seco y caliente de la salida de Sirio tras el solsticio de verano y era temido como destructor de las
cosechas. En la mitología romana el viento del sur se llama Austro, la personificación del siroco.
84
Véase la mención del Euro y el Noto en 5, 331. En Homero se mencionan cuatro vientos principales: el
viento del norte o Bóreas, el viento del sur o Noto, el viento del oeste o Céfiro, que traía las suaves brisas
de la primavera y principios del verano; y el viento del este o Euro, que no estaba asociado con ninguna
de las tres estaciones griegas. Cfr. Aristóteles, Meteorologica 363b 21. El Euro es el único de estos cuatro
que no se menciona en la Teogonía de Hesíodo. Bóreas y Céfiro suelen se mencionan a menudo juntos en
Homero, al igual que Euro y Noto.
85
Véase nota a 4, 369. El hecho de que los hombres se ven obligados a capturar peces y pájaros ilustra la
gravedad de la situación; los hombres de la épica por lo general solo se alimentan de carne de res, cordero
y cerdo.
86
La técnica que utiliza Odiseo, como narrador ante los feacios, de interrumpir la acción en la que
participan él y sus compañeros con una apelación a las divinidades que funciona como preludio a una
escena típica, generalmente desastrosa, ha sido estudiada por B. Fenik en Studies in the Odyssey (1974:
75-78).
87
También se había quedado dormido Odiseo cuando los compañeros aprovecharon para abrir los odres
de viento que le había regalado Eolo (véase 10, 31 ss.).
88
El hexámetro repite v. 271 y 10, 189. La segunda intervención de Euríloco (vv. 340-351) recuerda a la
primera (vv. 279-293) en su forma y contenido y logra el mismo efecto (v. 352 = v. 294). Usa frases
parecidas a sentencias tanto aquí, ante la perspectiva de una muerte por inanición (vv. 341-342) como
antes lo hizo ante los peligros naturales (vv. 286-288). Ambos discursos concluyen con una exhortación a
ignorar las advertencias (vv. 291-293 y vv. 343-350), pero en este segundo caso incorpora un nuevo
argumento: el sacrilegio de sacrificar el ganado está justificado, pero se realizará a modo de acto piadoso,
con la promesa además de construir más adelante un templo. La arenga es característica de un demagogo.
89
Prácticamente no hay menciones de templos en Homero, solo se nombra otro en Odisea (véase 7, 81 y
nota). En Ilíada hay referencias a un templo de Atenea en Atenas (2, 549) y a sendos templos de Apolo en
Troya y en Crisa (7, 83 y 1, 39). La construcción de templos en Grecia es tardía y seguramente por
influencia extranjera.
Odisea de Homero. Traducción y notas de Marta Alesso
Canto 12

donde podríamos erigir numerosas y excelentes estatuas90.


Pero si, irritado a causa de las vacas de alta cornamenta,
quiere destruir la nave –y los demás dioses lo consienten–
prefiero perder la vida de una vez, abierta la boca ante las olas, 350
antes que irme consumiendo poco a poco en esta isla desierta”.
»Así dijo Euríloco y asentían los otros compañeros91.
Al punto se llevaron las mejores vacas de Helios,
de por allí cerca, pues no lejos de la nave de proa azuloscura
pastaban las hermosas vacas carianchas de rotátiles patas. 355
Se pusieron a su alrededor e hicieron súplica a los dioses,
para lo que cortaron ramas tiernas de una encina de alta copa,
pues no tenían blanca cebada92 en la nave de buenas maderas.
Cuando habían hecho la súplica, las degollaron y desollaron,
cortaron los muslos y los cubrieron de grasa 360
por arriba y por abajo, y colocaron carne sobre ellos.
No tenían vino para hacer una libación sobre las víctimas que se asaban,
pero hicieron la libación con agua mientras se quemaban las vísceras
Cuando ya se habían quemado los muslos y probaron las vísceras,
cortaron en trozos el resto y lo ensartaron en asadores. 365
»Entonces desapareció de mis párpados el deleitoso sueño
y me puse en camino hacia la rápida nave y la ribera del mar93.
Y cuando estaba cerca de la nave curva en ambos extremos,
entonces me envolvió un olor dulzón a grasa.
Con un lamento invoqué a gritos a los dioses inmortales: 370
“Padre Zeus y demás dioses felices que existís siempre;
para mi ruina me han hecho dormir con un funesto sueño
y mis compañeros decidieron un hecho tremendo mientras aquí estaban”.
»Veloz llegó la mensajera a Helios Hiperión94
Lampetía95, de peplo flotante, [para decirle] que habíamos matado sus vacas. 375
Y él al punto dijo a los inmortales furioso en su corazón:
“Padre Zeus y demás felices dioses que existís siempre96,
¡castiguen ya a los compañeros de Odiseo Laertíada!

90
Este es uno de los pocos ejemplos de voto o promesa hecha a las divinidades en Homero; véase otro
ejemplo en Ilíada 1, 39.
91
Euríloco, quien en este punto pretende erigirse en líder en lugar de Odiseo, ejecuta su plan al modo de
una típica escena sacrificial (vv. 353-365), que consta de cuatro pasos: 1.- traída de los animales y
plegaria preliminar (vv. 353-358); 2.- matanza de los animales (v. 359); 3.- preparación del banquete (vv.
360-364) con una libación de agua en este caso en lugar de vino; 4.- colocación de la carne en los
asadores (v. 365). En este punto la secuencia se ve interrumpida por el retorno de Odiseo, para continuar,
con matices fantasmagóricos, incluido el (grotesco) banquete sacrificial en vv. 394-398.
92
Usualmente se utilizaba en los sacrificios harina de cebada mezclada con sal; véase 3, 441.
93
El hexámetro repite 10, 407 y el que sigue (v. 368) es igual a 10, 156.
94
Un consejo de dioses olímpicos, al modo de 1, 26-95, se extiende durante quince hexámetros (vv. 374-
390), en donde Helios eleva sus quejas ante Zeus por el comportamiento de un mortal (compárese con la
escena de Poseidón rogando a Zeus en 13, 128-138). Es imposible en la práctica que Odiseo haya sido
testigo de este evento, pero el héroe-narrador subsana esta inconsistencia diciendo que lo escuchó de
Calipso, quien a su vez lo había escuchado de Hermes (vv. 389-390). Esta licencia narrativa del interludio
divino sirve para explicar la inusual tormenta que sobrevendrá (v. 407 ss.) como efectivo castigo divino
por haberse devorado los marineros las vacas de Helios.
95
Lampetía y su hermana Faetusa son hijas de Helios y Neera (véase supra 132 ss.). Cfr. Propercio 3, 12,
29; Higino, Fábula 154; Ovidio, Metamorfosis 2, 349; Nonno, Dionisiaca 27, 189 ss. y 38, 167 ss.
96
Este hexámetro constituye una fórmula que aparece solo en Odisea, véase supra v. 371; 5, 7 y 8, 306.
Odisea de Homero. Traducción y notas de Marta Alesso
Canto 12

ellos me han matado las vacas, sin sentido, con las que yo
me regocijaba cuando avanzaba hacia el cielo estrellado 380
y cuando retornaba otra vez hacia la tierra desde el cielo.
Si no me pagan una recompensa adecuada por las vacas,
me hundiré en el Hades y alumbraré para los muertos”.
»Y contestándole dijo Zeus, el que amontona las nubes:
“Helios, tú sigue alumbrando entre los inmortales 385
y los mortales hombres sobre la tierra fecunda,
a cambio yo rápidamente sobre su veloz nave mi rayo ardiente
lanzaré y la quebraré en pedazos en el vinoso ponto97”.
»Eso es lo que yo había oído decir a Calipso, de bella cabellera98,
y ella mencionó que se lo había oído a su vez al mensajero Hermes. 390
»Así que cuando descendí hasta la nave y el mar,
reprendí a unos y otros, poniéndome al lado, pero ningún remedio
podíamos encontrar. Las vacas estaban ya muertas.
Entonces los dioses comenzaron a manifestar prodigios:
los cueros se arrastraban, la carne mugía en los asadores, 395
la cruda tanto como la asada. Las vacas de este modo cobraron voz99.
»Durante los seis días siguientes mis fieles compañeros
banqueteaban proveyéndose de las mejores vacas de Helios,
pero cuando Zeus Crónida nos trajo el séptimo,
cesó luego el viento de soplar con su huracán 400
y nosotros embarcamos al punto y entramos al vasto ponto
después de levantar el mástil y desplegar las blancas velas.
»Pero cuando abandonamos la isla y ninguna otra
»Cuando por fin dejamos atrás la isla y ninguna otra100
tierra había a la vista, sino solo el cielo y el mar,
entonces colocó una nube azul oscuro el Cronida 405
sobre la cóncava nave y se oscureció el ponto bajo ella.
»La nave no pudo avanzar mucho tiempo, porque pronto llegó
el ululante Céfiro con un enorme huracán de silbidos101.
»Quebró los cables del mástil la tempestad de viento,
los dos, y el mástil cayó hacia atrás, los aparejos todos 410
se desparramaron bodega abajo. En la popa de la nave
golpeó el mástil al piloto en la cabeza, chocando con sus huesos102,

97
Zeus atiende la solicitud de Helios con estas palabras que recuerdan la escena de 9, 550-555 luego del
incidente del Cíclope, donde queda claro que tanto Zeus como Poseidón van a perseguir el mismo
objetivo, permitir que Odiseo retorne a su casa, pero solo y después de muchos infortunios (véase 9, 531-
535). Cfr. «Thrinakia and Zeus' Ways to Men in the Odyssey» de Friedrich RAINER (1987) y «Divine
Justice in the Odyssey: Poseidon, Cyclops, and Helios» de Charles SEGAL (1992).
98
Los vv. 389-390 son indispensables para justificar la escena del diálogo entre dioses que está
totalmente fuera de la percepción del narrador.
99
Las vacas de Helios no mueren nunca (véase supra, v. 131). Ajenos a este extraño fenómeno los
compañeros de Odiseo se las siguen comiendo, durante seis días (obsérvese otra vez la incidencia del
número seis).
100
Los vv. 403-406 se repetirán en 14, 301-304.
101
La tormenta que había mantenido a la tripulación en tierra durante un mes (vv. 325-326) fue provocada
por el Noto, el viento del sur; aquí se menciona a Céfiro, generalmente un viento más benigno (véase nota
a 326), conocido como un viento fructificador, que anunciaba la primavera, características que no
coinciden con la presente descripción.
Odisea de Homero. Traducción y notas de Marta Alesso
Canto 12

con todos los de la cabeza al mismo tiempo y, como un acróbata


cayó del puente y su ánimo valiente abandonó sus huesos.
»Zeus tronó al tiempo que lanzaba un rayo contra la nave, 415
y esta se zarandeó toda, sacudida por el rayo de Zeus,
y se llenó de azufre. Se cayeron de la nave mis compañeros
y, semejantes a gaviotas marinas103, alrededor de la negra nave
eran arrastrados por las olas. Un dios les había arrebatado el regreso104.
»Entonces yo a través de la nave iba y venía mientras los costados 420
de la quilla desprendían los chorros de agua. Una ola la arrastró completa.
El mástil se partió contra la quilla, pero sobre aquel
se extendía un cabo confeccionado de cuero de vaca105.
Con él até ambos, quilla y mástil juntos
y, sentándome sobre ellos, me dejé llevar por los infaustos vientos. 425

ESCILA Y CARIBDIS OTRA VEZ (426-446)

»En ese momento Céfiro cesó de rugir huracanado


y llegó de inmediato Noto trayendo dolores a mi ánimo,
en razón de que iba a hacerme volver de nuevo a la funesta Caribdis106.
»Toda la noche me dejé llevar y al salir el sol
llegué al peñasco de Escila y a la terrible Caribdis. 430
Esta comenzó a sorber la salada agua del mar,
pero entonces yo del muy elevado sicómoro me agarré107
y de él colgado me sostuve como un murciélago. No tenía
donde fijar mis pies ni manera de trepar.
Sus raíces estaban muy lejos y sus ramas muy altas, 435
grandes y largas, cubrían de sombra a Caribdis.
»Con firmeza me mantuve agarrado hasta que vomitara de nuevo
el mástil y la quilla, y tal como lo deseaba me llegaron
al fin108. A la hora en que un hombre se levanta del ágora para ir a comer,
después de juzgar numerosas causas de jóvenes litigantes, 440
en ese momento, las maderas de la nave vomitó Caribdis109

102
La escena de la muerte del piloto está relatada en términos similares a la muerte de un hombre en la
batalla en Ilíada (por ej. 13, 384-386 ó 16, 742-743).
103
En griego, koróne, ave marina del Mediterráneo cuyo nombre científico es Puffinus kuhlii; se
mencionan también en 5, 66. Cfr. Aristóteles Historia de los animales 593b13; Arato 950; Eliano, Sobre
la naturaleza de los animales 15, 23.
104
Estos cinco hexámetros (vv. 415-419) se van a repetir en 14, 305-309.
105
El mástil había caído sobre la popa de la nave (410-412) y ahora se termina de romper contra la quilla.
Odiseo va a atar uno de sus pedazos con un obenque, el pedazo de cuero de vaca que sujetaba
posiblemente la punta del mástil a la cofa del barco; armará así un improvisado asiento.
106
Odiseo enfrenta el peligro de Caribdis, que en la primera en la primera oportunidad había evitado al
pasar por el estrecho más cerca de Escila. No necesita describir en detalle la naturaleza del peligro porque
ya lo ha dado a conocer en vv. 103-107 y 235-243.
107
Circe había mencionado el sicómoro en v. 103 (véase nota), que crece justo arriba de donde está
Caribdis y del aterrador remolino. Odiseo va a permanecer abrazado al tronco, no encuentra un punto de
apoyo para los pies ni puede sentarse en una rama.
108
Caribdis había sido ya descripta en detalle (vv. 235-243) y también mencionado oportunamente el
sicómoro o higuera silvestre de la que Odiseo pudo sostenerse (v. 103); en esta parte del relato solo es
funcional la mención del vómito de agua del monstruo, para el caso, providencial.
109
Odiseo había llegado frente al peñasco a Caribdis al amanecer (v. 429) y se mantiene colgado del
sicómoro largas horas, hasta cuando el reflujo devuelve el mástil y la quilla de su barco y se supone que
Odisea de Homero. Traducción y notas de Marta Alesso
Canto 12

»Al punto dejé de sujetarme desde arriba de pies y manos


y en medio del agua caí con estruendo junto a los muy largos maderos,
y sentado sobre ellos comencé a remar con mis brazos.
A Escila ya no dejó el padre de hombres y dioses 445
que volviera a ver, pues no habría podido escapar de la ruina total.

UNDÉCIMA AVENTURA: CALIPSO (447–450)

»Desde allí fui arrastrado durante nueve días, y en la décima noche


hasta la isla Ogigia los dioses me impulsaron, allí Calipso
de bellas trenzas, habitaba, la terrible diosa dotada de voz
quien me amó y me cuidó. Pero, ¿para qué te voy a contar esto110? 450
»Ya ayer te lo he contado en el palacio
a ti y a tu fuerte esposa, y me resulta odioso
volver a relatar lo que he expuesto con detalle».

esto ocurre al atardecer, porque se entiende que esta es la hora en que un juez termina con sus asuntos en
el ágora. Obsérvese que el inusitado símil en medio de la situación desesperada que vive el héroe alude a
muy pacíficas circunstancias en una sociedad civilizada.
110
Odiseo vuelve a dirigirse a Alcinoo. La repetición del relato a la que alude seguidamente se refiere a
que ya había narrado ante los soberanos feacios su estadía en la isla Ogigia con Calipso en el canto 7.
Odisea de Homero. Traducción y notas de Marta Alesso
Canto 13

Partida de Esqueria y llegada a Itaca1

DESPEDIDA DE ODISEO DEL PUEBLO FEACIO (1-80)

Así dijo, y todos ellos2 quedaron quietos y en silencio3;


estaban poseídos como por un encantamiento en el umbroso mégaron4.
Entonces Alcínoo le contestó a su vez y dijo:
«Odiseo, puesto que llegaste hasta mi casa de piso de bronce5,
de elevado techo, creo que nunca de nuevo andarás errabundo 5
sin volver a casa, ya que mucho has sufrido.
En cuanto a ustedes, a cada uno me dirijo para afirmar lo que deseo,
a todos cuantos en mi palacio el rojo vino de los ancianos
beben frecuentemente, mientras escuchan al aedo:
ropas ya tiene el huésped en un arcón bien pulido, 10
y oro bien labrado y todos otros cuantos
regalos6 le han traído los consejeros de los feacios.
Démosle además un gran trípode y una caldera
cada varón, que nosotros luego, cuando recolectemos entre el pueblo,
repondremos el costo7, pues es penoso hacer favores sin resarcimiento». 15
Así habló Alcínoo y a ellos les agradó su palabra.
Los que tenían ganas de dormir se marcharon cada uno a su casa8.
Cuando apareció Eos, hija de la mañana, la de dedos de rosa

1
El canto 13 comienza en la mañana del día treinta y cuatro (v. 18) del vigésimo año de ausencia de
Odiseo de su hogar. Está construido en torno a una serie de escenas típicas propias de los nóstoi, es decir,
viajes de regreso: 1.- partida de la tierra que albergó temporalmente al héroe (vv. 18-80), que incluye una
thisía o sacrificio cívico de una víctima animal (vv. 24-28) y una libación (vv. 49-62); 2.- viaje por mar
(vv. 81-92) y escena de arribo de la nave (vv. 93-124); 3.- asamblea de los dioses olímpicos (vv. 125-
187a); 4.- encuentro entre Atenea y Odiseo en una escena típica que es mezcla de reconocimiento (vv.
187b-358) y encuentro de divinidad con mortal (vv. 221–440).
2
El sujeto de «así dijo» es Odiseo, quien ha terminado de narrar sus aventuras; y «todos ellos» son
Alcinoo, Arete y la audiencia feacia en la isla de Esqueria.
3
Este primer verso es una fórmula muy frecuente (véase 7, 154; 8, 234; 11, 333; 16, 393; 20, 320 e Ilíada
3, 95; 7, 92 y 398; 8, 28; 9, 29, 430 y 693; 10, 218 y 313; 23, 676).
4
El hexámetro repite 11, 334. Demuestra que el público era sensible a una historia bien contada (véase
17, 514), tanto como lo fueron para el canto y la música.
5
En 7, 83 el umbral del palacio es de bronce y en 7, 86 los muros; véanse notas.
6
Véase nota a 11, 339. Alcinoo invita al resto de los reyes feacios (véase 8, 41-42), doce en número (8,
390). Se puede comprar el valor de estos regalos adicionales con el talento de oro mencionado en 8, 393
(véase nota). Lo regalos anteriores ya habían sido acondicionados para el viaje en un arcón por Arete (8,
438-441). Cfr. «Gift and Commodity in Archaic Greece» de Ian MORRIS (1986).
7
Si bien las vituallas e incluso los regalos más preciados los provee el trabajo del pueblo, no corresponde
que el intercambio se realice directamente entre pueblo y huésped, sino que son los nobles de igual
categoría quienes protagonizan la ceremonia de otorgamiento de presentes. Véase una situación similar en
la falsa historia de 19, 196-198.
8
Desde el amanecer del día treinta y tres (en 8, 1) se ha descripto con gran detalle lo sucedido durante esa
jornada en Esqueria. Ahora, a lo largo de sesenta hexámetros, las acciones van a consistir en la
preparación para la navegación (vv. 19-22 y 70-77) y el banquete de despedida; hay solo una breve
mención del canto de Demódoco (vv. 26-27) a diferencia del protagonismo que tuvo en canto 8 (vv. 73-
82, 261-366, 419-520). Alcinoo había solicitado en 11, 350-351 que Odiseo permaneciera hasta el
atardecer en su tierra, hasta que reuniera todos los regalos y nuestro héroe en ese momento aceptó de buen
grado (11, 355-361), incluso con expresiones hiperbólicas. El relato de la última jornada de Odiseo entre
los feacios no difiere mucho de la descripción del último día de Telémaco en Pilos (13, 404-485).
Odisea de Homero. Traducción y notas de Marta Alesso
Canto 13
a la nave acudieron en grupo; llevaban el espléndido bronce9.
Y colocó todo bien la sagrada fuerza de Alcínoo10, 20
–atravesando él en persona la nave– bajo los bancos11. Que los compañeros
no fueran a dañar algo durante el viaje cuando se aplicaran a los remos.
Se dirigieron luego al palacio de Alcínoo y dispusieron el almuerzo.
Para ellos un buey sacrificó la sagrada fuerza de Alcínoo12
en honor de Cronida Zeus, que oscurece las nubes, el que a todos gobierna. 25
Quemaron los muslos y celebraron un espléndido banquete,
complacidos; y entre ellos cantaba el divino aedo,
Demódoco, venerado por su pueblo. No obstante Odiseo
muchas veces hacia el sol resplandeciente volvía la cabeza,
deseando que se pusiera13, pues pensaba ya en el regreso. 30
Como cuando un hombre anhela cenar, el que todo el día
ha arrastrado por el campo el resistente arado sus dos bueyes rojizos14,
y con regocijo se pone para él la luz del sol
puesto que camina hacia la cena, y sus rodillas le duelen al caminar15.
Así para Odiseo con regocijo se puso la luz del sol. 35
Al punto les habló a los feacios amantes del remo y,
dirigiéndose sobre todo a Alcínoo, dijo su palabra16:
Poderoso Alcínoo, el más ilustre de todas las gentes,
después a hacer una libación, déjenme ir sin daño. Y ustedes, ¡alégrense!
Ya se me ha cumplido lo que deseaba mi ánimo, 40
una escolta y adorables regalos que ojalá los dioses Uránidas17,

9
Nuevamente el bronce como elemento propio de la riqueza de la época. Tanto Ilíada como Odisea
representan el éthos de la Edad de bronce, como ha quedado demostrado tanto por la arqueología como
por los textos; cfr. The Rise of Bronze Age Society: Travels, Transmissions and Transformations de
Kristian KRISTIANSEN y Thomas B. LARSSON (2005: 24). Se trata de un período en que los cambios
sociales se manifiestan ratificando la estratificación y se comienza a generar una cierta especialización
laboral en las clases más bajas.
10
La fórmula que ocupa la segunda parte del hexámetro viene de 7, 167 (véase nota) y se ha repetido
varias veces en el canto 8 (vv. 2, 4, 385 y 421). Se han encontrado tratamientos similares en cortes reales
de Egipto y Cercano Oriente; se presume que proviene de un título honorífico de la cultura micénica.
11
Parece un tanto insólito que Alcinoo en persona se ocupe de ocultar los presentes bajo los bancos de
remero. Justamente bajo los bancos había atado Odiseo en 9, 99 a sus compañeros para sustraerlos del
peligro del loto.
12
Los vv. 24-28 resumen una escena típica del sacrificio de una ciudad ante un viaje con objeto de
favorecer la expectativa de que este se cumpla felizmente: vv. 24-25: mención del sacrifico de la víctima;
v. 26: mención del banquete con el que concluye el sacrificio público; vv. 27-28: canto del aedo
Demódoco.
13
El deseo ferviente de la puesta del sol no es frecuente en la épica, género que más destaca la salida del
astro. También es grata la llegada de la «tenebrosa noche» en Ilíada 8, 488.
14
El bello símil de dos bueyes rojizos tirando del arado se aplica a los dos Ayantes en Ilíada 13, 701-703.
15
Las rodillas que por debilidad duelen al caminar se mencionan en Ilíada 19, 166 en referencia a quien
tenga que combatir en ayunas.
16
Odiseo ya se había despedido de Euríalo y aceptado como presente la espada del feacio en 8, 413-415 y
de Nausicaa en 8, 464-468, ahora se despide de Alcinoo y de los nobles feacios (vv. 38-46) así como más
adelante se despedirá de Arete (vv. 59-62).
17
Los Uránidas son los hijos de Urano –titán primordial que personifica el cielo–, quien con Gea fue
padre de los Titanes: Océano, Ceo, Crío, Hiperión, Japeto, Thea, Rea, Temis, Mnemosine, Foebe Tetis y
Cronos (cfr. Hesíodo, Teogonía 135; Diodoro Sículo 5.66.1); de los Cíclopes: Arges, Brontes y
Estéropes; de los Hecatónquiros: Briareo, Coto y Giges (cfr. Apolodoro 1, 2). También fue el progenitor
de las Erínias y los Gigantes (Apolodoro 1, 3 y 1, 34); de los feacios (cfr. Alceo, Frag. 441) y de Afrodita
Urania (cfr. Hesíodo, Teogonía 188; Nonno, Dionisíaca 1, 86). A pesar de haber sido Urano el padre de la
primera generación y ancestro de la mayoría de los dioses griegos, ningún culto específico a esta
Odisea de Homero. Traducción y notas de Marta Alesso
Canto 13
me hagan disfrutar. ¡Que en casa a mi esposa irrepochable
encuentre al volver, junto a mis seres queridos sanos y salvos!
Ustedes, los que se quedan aquí, sigan alegrando a las esposas
legítimas y a los hijos; que los dioses les otorguen bienes18 45
de todas clases y que ningún mal se instale entre ustedes».
Así habló y todos aprobaron sus palabras y aconsejaban
dar escolta al extranjero, porque había hablado con corrección.
Entonces la fuerza de Alcínoo se dirigió a un heraldo19:
«Pontónoo, mezcla una cratera y reparte vino 50
a todos en el mégaron, para que después de orar al padre Zeus
al extranjero le demos escolta hasta su tierra patria».
Así dijo, y Pontónoo20 mezcló el vino de corazón de miel
y se lo repartió a todos, uno tras otro. Ellos, a los dioses
felices hicieron libaciones –a los que poseen el ancho cielo–, 55
desde sus asientos. El divino Odiseo se puso en pie
y en manos de Arete colocó una copa21 de doble asa
y dirigiéndose a ella le dijo aladas palabras:
«Sé feliz, reina, para siempre, hasta que la vejez
y la muerte te lleguen, las que acechan a los humanos. 60
Yo vuelvo a casa, disfruta tú en esta casa
entre tus hijos, tus gentes, y el rey Alcínoo».
Luego de haber hablado así traspuso el umbral el divino Odiseo
Y la fuerza de Alcínoo le envió un heraldo
para que lo guiara hasta la rápida nave y la ribera del mar. 65
También le envió Arete a unas esclavas suyas,
a una con un manto bien lavado y una túnica22,
a otra le dio un arca bien cerrada para que la llevara
y otra transportaba trigo y rojo vino23.
Pero cuando arribaron a la nave y al mar, 70
al punto en la cóncava nave, sus ilustres acompañantes
colocaron, depositándolas, la bebida y la comida toda,
y para Odiseo extendieron una manta y una sábana
sobre la cubierta de la cóncava nave, para que durmiera sin despertar24

divinidad primigenia sobrevivió en la época clásica; por eso llama la atención esta invocación que debe
provenir de época muy antigua.
18
«Bienes» traduce areté, que, como vemos, en este caso son sinónimo de «excelencia».
19
Los vv. 49-62 constituyen un ejemplo de ceremonia de libación cuyos pasos son: 1.- apelación al
heraldo para que mezcle y sirva el vino (v. 49-52); 2.- distribución en las copas (vv. 53-54a); 3.- libación
propiamente dicha (vv. 54b-56a); 4.- brindis en honor de la reina (vv. 56b-62). Véase nota a 3, 334.
20
Pontónoo, el escanciador en los festines de Alcinoo, es mencionado como heraldo en 7, 178 y en 8, 62;
en 8, 65 ss. guía al aedo ciego para que se siente y tome su comida y beba en un sitial de honor.
21
«Copa» traduce dépas, el mismo término que se usa en 10, 316 para designar el recipiente en que Circe
prepara sus pócimas.
22
Arete, en 8, 441, ya le había puesto en un arcón «un manto y un hermoso vestido». No sabemos si son
estos mismos o constituyen un regalo adicional. En ambos casos traducimos phâros como «manto»,
aunque se trata de una especie de capa (sin mangas) o más bien una tela o un tejido rectangular que podía
ser utilizado para diferentes propósitos, por ejemplo, como mortaja; véase 2, 97 y 19, 142.
23
Se va a demostrar que estas provisiones –que se vuelven a mencionar en el v. 72– no serán necesarias
en el corto viaje que durará una sola noche.
24
El sueño de Odiseo durante el viaje por mar (vv. 73-92) ha sido anticipado en 7, 318-320 y 8, 444-445.
Suena inverosímil que el héroe caiga en un sueño tan profundo justo en la víspera de la llegada a su
añorada tierra natal. Mas es un recurso reiterado, posiblemente proveniente de los cuentos populares, el
perder la conciencia mediante el sueño en momentos cruciales, situación que a Odiseo le había ya
Odisea de Homero. Traducción y notas de Marta Alesso
Canto 13
en la popa. Subió él por sí mismo y se echó sobre el suelo 75
en silencio. Los demás se sentaron en los bancos, cada uno
en su sitio; desataron el cable de la roca perforada.
Después, inclinados hacia atrás, empezaron a batir el mar con el remo.
A Odiseo se le sobrevino un dulce sueño sobre los párpados,
profundo, delicioso, semejante en mucho a la muerte25. 80

VIAJE Y LLEGADA A ITACA (81-124)

Y la nave, como en una pradera los caballos viriles de una cuadriga26,


todos a la vez, son acicateados por golpes del látigo
y se elevan alto y velozmente apresuran su marcha,
así se elevaba la proa; y el oleaje, por detrás,
purpúreo y alto, rompía en el estruendoso mar. 85
Corría ella muy segura, sin estorbos; ni un halcón
la habría alcanzado, aun siendo la más veloz de las aves27.
Y en su carrera veloz dividía las olas del mar
llevando a un hombre de pensamientos similares a los dioses
quien había sufrido muchísimos dolores en su ánimo 90
guerras entre los hombres y surcado las dolorosas olas28,
pero que ahora dormía tranquilo, olvidado de todas sus penas.
Y apenas la más brillante estrella se alzó29, la que más avanza
mientras anuncia la luz de Eos, la que nace de la mañana30,
en ese momento, en la isla, recaló la nave que atraviesa el mar. 95
Hay allí un puerto31, el de Forcis, el viejo del mar32 ,

acarreado funestas consecuencias: sus compañeros desataron el odre de los vientos (10, 47-55) y se
comieron las vacas de Helios (12, 338 ss.) en otras oportunidades en que en el pasado cayó dormido. No
obstante, esta es una instancia positiva del motivo narrativo del sueño; contrasta directamente con los 17
días en que debió mantenerse alerta y despierto sobre la balsa (5, 271).
25
El sueño (hýpnos) y la muerte (thánatos) son hermanos (Ilíada 14, 231 y 16, 672 y 682). En
«Elementos thanáticos y tensión narrativa en el nóstos de Odiseo», Alicia ATIENZA (2003a: 34) dice que
la travesía de Esqueria a Itaca puede leerse como la trasposición de un ritual fúnebre que acompaña la
partida del héroe, con sus etapas sucesivas, próthesis o exposición y ekforá o traslado del cadáver hacia el
lugar de inhumación. En todo caso el héroe atraviesa en la barca feacia un umbral ambiguo entre dos
mundos, en las fronteras entre la vida y la muerte, lo humano y lo divino (p. 36).
26
El carro de cuatro caballos no aparece en las representaciones plásticas griegas antes del período
geométrico tardío, es decir, hasta el siglo VIII y en la épica prácticamente no hay registros (véase Ilíada
8, 185 –posiblemente interpolado– donde se mencionan cuatro caballos por su nombre propio).
27
El símil que se extiende por vv. 81-92 –una bella descripción bastante extensa de un viaje por mar–
culmina en una hipérbole (nave más rápida que un halcón). La velocidad mágica de la nave feacia había
sido anticipada en 7, 36 y 8, 561.
28
Véase nota a v. 264.
29
Esta estrella es casi con seguridad el planeta Venus, que puede ser visto pocas horas después de la
puesta del sol, pero también antes del amanecer. Es el planeta más brillante en el sistema solar y se
conoce como «la estrella de la mañana» o «el lucero del alba».
30
Es el momento previo a la alborada del día número 35 del vigésimo año de ausencia. Los vv. 93-124
constituyen un ejemplo de escena típica de desembarco, como hemos visto en 3, 4-67 y 9, 142-150 y
leeremos en 15, 495-500 y 16, 351-360. Aquí está estructurada de la siguiente manera: llegada de la nave
(v. 95), entrada al puerto (vv. 96-113), encallamiento en la playa (vv. 114-115), descendimiento de
Odiseo dormido por los remeros feacios (vv. 116-119) y de los regalos (vv. 120-124).
31
La versión en lengua española –traducción de Hugo BAUZÁ– Ítaca, el Peloponeso, Troya:
Investigaciones arqueológicas de Heinrich SCHLIEMANN (2012) afirma que se trata del golfo de Molo. El
puerto está en el extremo sur y se denomina Vathy (de bathý, «profundo») y agrega: «es uno de los
Odisea de Homero. Traducción y notas de Marta Alesso
Canto 13
en el pueblo de Itaca; dos salientes hay en él,
promontorios escarpados33 que hacia el puerto se inclinan.
Estos, las grandes olas producidas por los malolientes vientos
dejan fuera. Adentro, permanecen sin amarras 100
las naves de buenos bancos, cuando llegan a la distancia de anclaje34.
Allí, en el extremo del puerto hay un olivo de anchas hojas35
y cerca de él una gruta alta y ventilada36
consagrada a las ninfas que llaman Náyades37
Hay dentro cráteras y también ánforas 105
hechas de piedra; y dentro acopian miel las abejas.
Hay dentro grandes telares de piedra donde las ninfas
tejen sus túnicas teñidas con púrpura marina –¡maravilla de ver!–
Dentro las aguas corren sin cesar. Tiene dos entradas,
una mirando hacia el Bóreas accesible a los hombres38; 110
otra, hacia el Noto, reservada a los dioses. Nunca por ella
pasan los hombres, que es camino para los inmortales39.
Por allí penetraron, pues ya lo conocían de antes40. Pero luego

mejores puertos del mundo, ya que está bordeado por montañas y el agua es tan profunda que, incluso a
un metro de la costa, las naves pueden arrojar el ancla delante de las casas de sus armadores».
32
Véase nota a 1, 71. Hesíodo (Teogonía vv. 237, 270 y 333) y Apolodoro (1, 2, 6) dicen que Forcis es
hijo de Ponto y de Gea y hermano de Taumante, Nereo, Euribio y además de Ceto, con quien se casó y
engendró monstruos como Escila, Ladón, las graias y las gorgonas. Otros autores mencionan que era hijo
de la ninfa Toosa (cfr. Servio, Sobre la Eneida v. 824) con el mayor dios del mar.
33
Compárese esta descripción convencional de un puerto con la del puerto de Telépilo en tierras
lestrigonias, en 10, 87-91.
34
Es decir, cuando llegan a la distancia que se puede medir con la soga que ata la nave al puerto. En vv.
113-115 el poeta dirá que en este mismo puerto la nave de los feacios encallará sobre la costa (como la de
Odiseo en 9, 149), aunque parece que todas las otras naves permaneces en la bahía a cierta distancia de la
playa.
35
Véase cómo los vv. 101-103 se repiten en vv. 346-348.
36
Se supone que es la cueva de Marmarospilia; cfr. A commentary on Homer’s Odyssey: Books IX-XVI
por Alfred HEUBECK y Arie HOEKSTRA (1989: 171). En el golfo de Molo (véase nota a v. 96), Déksia es
una de las playas más bellas (señalada con fines turísticos como la del presente desembarco); desde allí,
un sendero de unos cuatro kilómetros lleva a la gruta de Marmarospilia. La distancia entre la playa y la
cueva contradice en verdad la posibilidad de que esta sea el antro de las ninfas.
37
A estas ninfas Náyades va a elevar una plegaria más adelante Odiseo (vv. 355-360) y en la gruta donde
viven va a ocultar los regalos (vv. 363-364 y 370). Véase el v. 356, en el que Odiseo las llama «hijas de
Zeus». Las Náyades son las ninfas del agua dulce, es decir, de los ríos, lagos y fuentes. Se trataba de
divinidades menores que atendían con frecuencia las asambleas de las divinidades mayores en el Monte
Olimpo. Junto con Ártemis eran las que cuidaban de jóvenes doncellas hasta el momento del paso a la
edad adulta. Todas las fuentes o corrientes de agua célebres tenían su náyade, que era con frecuencia
objeto de cultos locales arcaicos. A veces se atribuía a las náyades virtudes curativas: es así que los
enfermos que bebían el agua a alguna de ellas asociada se podían curar (Píndaro, Olímpica 12, 26;
Pausanias 5, 5, §6 y 6, 22, §4). En otras ocasiones se les adjudicaba el poder de otorgar capacidad
profética o el don de la poesía a quien bebiera de sus aguas (Pausanias 4, 27, §4, y 9, 3, §9; Teócrito 7,
92). Aparecen muchas veces en conexión con divinidades más importantes, por ejemplo con Apolo
(Apolonio de Rodas 4, 1218); con Ártemis, quien fue en su origen una ninfa arcadia (Apolonio de Rodas
1, 1225 y 3, 881; Pausanias 3, 10 §7); con Hermes (Himno homérico a Afrodita 262); con Dioniso
(Horacio, Carmina 1, 1, 31 y 2, 19, 3) y en ocasiones también con Pan y los sátiros.
38
Recordemos en el canto anterior la gruta en la isla de Helios (12, 317-318) con «bellos coros de
ninfas», que no era visitada por los mortales. En esta, Odiseo sacrificaba en otro tiempo hecatombes a las
ninfas que la habitan (vv. 349-350).
39
En el siglo III, el filósofo neoplatónico Porfirio tomó estos nueve hexámetros (vv. 104-112) y realizó
una exégesis que se conoce como Antro de las ninfas de Odisea, donde interpreta que el poeta describe de
manera alegórica el lugar en que las almas permanecen antes de su próxima reencarnación.
Odisea de Homero. Traducción y notas de Marta Alesso
Canto 13
quedó encallada la nave en tierra como hasta la mitad de la quilla,
por su ímpetu, pues así era impulsada por los brazos de los remeros. 115
Descendieron de la nave de buenos bancos a tierra firme
y en primer lugar a Odiseo de la cóncava nave levantaron;
a él, junto con su manta de lino y una sábana resplandeciente,
sobre la arena lo pusieron, inmovilizado por el sueño,
También sacaron las riquezas que los ilustres feacios 120
le habían dado pues volvía a casa gracias a la magnánima Atenea.
Todo eso cerca de un tronco de olivo41 colocaron en montón,
lejos del camino, para que ningún caminante
antes de que Odiseo despertara, cayendo sobre ello lo robara42.

POSEIDÓN CASTIGA A LOS FEACIOS (125-187a)

Ellos se volvieron de nuevo a casa. Pero el que sacude la tierra43 125


no había olvidado sus amenazas, las que hiciera al divino Odiseo,
pero primero fue a consultar la voluntad de Zeus44:
«Padre Zeus45, ya nunca entre los dioses inmortales
seré honrado si unos mortales no me honran,
los feacios, que, además, son de mi propia estirpe46. 130
Yo pensaba que ahora Odiseo después de sufrir mucho
regresaría a casa, –el regreso nunca lo deseché
del todo, porque tú se lo prometiste y aseguraste–,
pero esos, dormido, en rápida nave sobre el ponto lo han conducido
y lo han dejado en Itaca47. Le han dado además espléndidos regalos, 135
bronce y oro en abundancia y ropa tejida,
muchos, tantos como nunca habría obtenido Odiseo de Troya
si hubiera vuelto indemne, con su parte sorteada del botín».
A él le respondió Zeus, el que amontona las nubes, y le dijo:
«¡Ay, ay, poderoso dios que sacudes la tierra, qué cosas dices! 140

40
No se comprende esta afirmación si no se recuerda que en 8, 556-562 Alcinoo dijo que las naves
feacias están dotadas de inteligencia y conocen todas las ciudades.
41
A la sombra de este olivo Atenea y Odiseo urdirán más tarde, en vv. 372-373, la muerte de los
pretendientes.
42
El motivo de los presentes feacios y el temor del eventual robo va a reaparecer más adelante en este
canto con particular intensidad: es el primer pensamiento que acosa a Odiseo cuando se despierta (vv.
203-208), teme que los mismos feacios le hayan arrebatado los regalos (vv. 215-216) y los recuenta (vv.
217-219), los menciona en su súplica a Atenea-pastor (v. 230) y en torno de ellos construye una falsa
historia (vv. 256-286). El plan que Atenea va a ayudar a urdir a Odiseo es también para salvaguardarlos
(vv. 304-305 y 363-364) y con especial énfasis se menciona el almacenamiento final en la gruta (vv. 366-
371).
43
Poseidón. En vv. 125-187 se relata la escena en la que el dios del mar castiga a los feacios por haber
escoltado a Odiseo hasta su tierra. Se cumple aquí la profecía hecha por Nausitoo, el padre de Alcinoo, en
8, 564-571. El narrador la divide en dos partes: 1.- anuncio (vv. 125-158) y 2.- ejecución (vv. 159-187).
44
El cambio de escenario de Itaca al Olimpo es abrupto. Las escenas que ocurren en el Olimpo no son
muy frecuentes en Odisea (véase 1, 26-95). En esta, la divinidad se va a quejar ante Zeus del
comportamiento de los humanos y pide que sean castigados (como en 12, 374-390).
45
«Padre Zeus» –Zeû páter– es una fórmula, porque en realidad Zeus y Posidón son hermanos.
46
En 7, 54-64, Nausícaa explicó a Odiseo que Alcinoo, rey de los feacios, es hijo de Nausítoo y este a su
vez es hijo de Poseidón con Peribea.
47
Pareciera que Poseidón hubiera observado la escena desde un lugar elevado. Poseidón, como Polifemo
en su plegaria de 9, 528-535, sabe que es inevitable el nóstos de Odiseo, pero al menos desea que lo haga
en las peores condiciones.
Odisea de Homero. Traducción y notas de Marta Alesso
Canto 13
Nunca te deshonrarán los dioses. Sería difícil
despachar sin honras al más antiguo y excelente.
Si alguno de los hombres, cediendo a su violencia y poder,
no te honrara, tienes y tendrás siempre tu compensación.
Obra como quieras y sea satisfactorio a tu ánimo». 145
Y le contestó Poseidón, el que sacude la tierra:
«Al punto actuaría yo, señor de nubes oscuras, como afirmas,
pero me cuido de tu ira y procuro evitarla48.
Ahora quiero la muy bella nave de los feacios
en su viaje de vuelta en el brumoso ponto 150
romper en pedazos, para reprimirlos y desistan de escoltar
a los hombres. Y que una gran montaña oculte su ciudad».
A él le respondió Zeus, el que amontona las nubes, y le dijo:
«Amigo mío, en mi corazón siento que esto será lo mejor:
cuando todo el pueblo esté contemplando la nave que se acerca 155
desde la ciudad, coloca una roca cerca de tierra
semejante a una rápida nave, para que todos queden asombrados
y no tengas que ocultar su ciudad bajo una gran montaña».
Luego que escuchó esto Poseidón, el que sacude la tierra,
se puso en camino hacia Esqueria, donde los feacios viven, 160
y allí se detuvo. Y muy cerca llegó de la nave surcadora del ponto
que se deslizaba velozmente. El que sacude la tierra se acercó,
la convirtió en roca y la enraizó firmemente en el fondo49,
golpeándola con la palma de su mano. Y se alejó de allí
Ellos unos a otros se dirigían aladas palabras, 165
los feacios de largos remos, hombres célebres por sus naves,
y así decía uno mirando al que tenía más cerca:
«Ay de mí, ¿quién ha encadenado la rápida nave en el ponto
en su regreso a casa? Ya se dejaba ver completa».
De este modo lo expresaba alguno. No sabían lo que había ocurrido 170
A los demás Alcínoo les dirigió la palabra y dijo:
«¡Ay, ay, ciertamente ya me ha alcanzado el antiguo presagio
de mi padre, quien aseguraba que Poseidón se irritaría
con nosotros, por ser las infalibles escoltas de todos!
Decía que de los feacios la muy bella nave 175
al regreso de una expedición, en el brumoso ponto
haría pedazos. Y que ocultaría nuestra ciudad bajo una montaña.
Así decía el anciano. Todo se está cumpliendo ahora.
Pero vamos, es así como digo. Obedezcamos todos.
De escolta a los mortales no hagan más, cuando alguien llegue 180
a nuestra ciudad. A Poseidón doce toros
escogidos, sacrificaremos, a ver si se compadece

48
Luego de obtener el permiso de Zeus (vv. 140-145), Poseidón anuncia que va a destruir la nave feacia y
poner una montaña delante de la ciudad y con esto terminar con la costumbre de que escolten viajeros por
mar. Los vv. 149-152 se corresponden con lo anunciado en 8, 567-569
49
Poseidón ejecuta su venganza y petrifica la nave; siguiendo el consejo de Zeus lo hace cuando ya está
frente a la tierra de los feacios, que no comprenden lo que sucede, excepto Alcinoo, quien ve cumplida la
profecía de Nausitoo y así lo expresa en vv. 172-178. Se decía que una pequeña isla a la entrada del
antiguo puerto de Corfú era el barco petrificado de los feacios (cfr. Plinio, Historia Natural 53 y
Pomponio Mela 110-111).
Odisea de Homero. Traducción y notas de Marta Alesso
Canto 13
y que nunca más nos oculte en la ciudad bajo una montaña».
Así habló y ellos sintieron miedo y prepararon los toros.
Así fue que suplicaban al soberano Poseidón 185
los jefes y consejeros del pueblo de los feacios50,
de pie en torno del altar51.

REENCUENTRO ENTRE ATENEA Y ODISEO (187b-252)

Mientras, se despertó el divino Odiseo


que dormía en su tierra patria, pero no la reconoció
pues había estado ausente. Alrededor le esparció la diosa una nube52,
Palas Atenea, la hija de Zeus53, para que él 190
estuviera irreconocible54 y ella pudiera contarle todo
sin que su esposa lo reconociera, ni los ciudadanos y amigos
hasta que los pretendientes pagaran su libertinaje.
Por ese motivo, todo le parecía extraño al soberano,
los caminos extensos y los puertos de cómodo anclaje, 195
las enormes55 rocas y los árboles exuberantes.
Se puso en pie de un salto y comenzó a observar su tierra patria.
Se lamentó en voz alta y luego golpeó sus muslos
con las palmas de las manos y entre gemidos decía su palabra:
«¡Ay de mí! ¿A la tierra de qué hombres llego?56 200
¿Acaso soberbios, salvajes e injustos

50
No sabemos cuál fue el destino final de los feacios; pero en verdad en Odisea hay numerosos finales
abiertos; por ejemplo, nunca sabremos la reacción de Néstor ante la subrepticia partida de Telémaco
(véase 15.193–221) o el destino del adivino Teoclímeno (véase 20, 371-372).
51
De modo abrupto y en mitad de verso el narrador cambia de escenario: deja a los feacios organizando la
hecatombe y se focaliza en Itaca. Desconocemos por lo tanto si la reacción de Poseidón a las plegarias del
pueblo feacio fue positiva. El regreso de los feacios y el castigo que les impone Poseidón indudablemente
ha llevado varias horas, sin embargo, cuando la mirada del narrador pasa a la escena itacense es todavía
temprano.
52
Homero no utiliza en este lugar la bruma que rodea al héroe de la misma manera que en otros lugares.
Si comparamos esta escena con la llegada al palacio de Alcinoo (véase 7, 14-45) observamos que tiene
una estructura similar, que incluye la intervención de Atenea. Odiseo llega a un lugar que no le resulta
conocido y puede sufrir la hostilidad de los lugareños. En aquella ocasión, Atenea lo cubrió con una
niebla para protegerlo (véase 7, 15 y nota); no obstante, el héroe podía percibir el entorno con claridad y
se maravillaba de lo que se ofrecía a su vista (7, 43-45), hasta que la misma Atenea disipó la bruma ya
dentro del palacio (7, 143).
53
Los vv. 190-193, que reseñan la perspectiva y deseos de Atenea, constituyen además una fuente de
información sobre los acontecimientos por venir: 1.- adelanta que va a ser ella quien le diga lo que
conviene hacer, lo cual sucederá cuando se sienten los dos junto al olivo a conversar (desde v. 372 en
adelante); 2.- va a lograr que esté irreconocible (vv. 396-403); 3.- anuncia la segunda mitad del poema, la
venganza de incógnito de Odiseo contra los pretendientes.
54 El significado se va a aclarar en v. 397 (véase nota), no se trata aquí de la nube con que Atenea cubre a Odiseo sino

del cambio de apariencia que se llevará a cabo en vv. 429-438. Cronológicamente la conversación (que «ella pudiera
contarle todo» sucederá antes del cambio de aspecto; estamos ante un hýsteron próteron, recurso retórico que consiste
en que la primera idea de una frase se refiere a algo que sucede temporalmente después de la segunda; el objetivo es
llamar la atención sobre la idea más importante poniéndola en primer lugar.
55
Véase nota a 9, 243.
56
El monólogo de Odiseo de vv. 200-216 es altamente dramático debido a la ironía que encierra: 1.-
Odiseo se lamenta por no haber llegado a su patria y está justamente en Itaca; 2.- sus acusaciones
injustificadas contra los feacios (que lo han traído a su tierra y han tenido los debidos cuidados con sus
pertenencias: vv. 122-124) y su ruego de que sean destruidos juega en paralelo con el hecho de que
efectivamente los feacios fueron castigados (vv. 125-187); 3.- el llamado de atención sobre sus
posesiones abre un tema que será muy importante en los próximos versos (vv. 217-218 y 362-369).
Odisea de Homero. Traducción y notas de Marta Alesso
Canto 13
o amigos de la hospitalidad y afectos a los dioses57?
¿A dónde llevo tantas riquezas?, ¿por dónde yo, errante,
voy a vagar? ¡Ojalá me hubiera quedado junto a los feacios,
en aquella tierra! O quizás yo podría a otro rey muy poderoso 205
haberme acercado y quizá me habría acogido y escoltado hasta regresar,
porque ahora no sé dónde dejar esto, es que aquí no
voy a dejarlo, que no se convierta en botín para otros.
»¡Ay!, ¡ay!, en verdad no del todo inteligentes ni justos
eran los jefes y consejeros de los feacios, 210
quienes a una tierra extraña me han traído. Decían
que me iban a llevar a Itaca, hermosa al atardecer, no lo cumplieron.
Que Zeus los castigue, el dios de los suplicantes, el que a los demás
hombres vigila a todos los hombres y castiga al que se equivoca.
»Pero ¡vamos!, voy a contar mis bienes y ver 215
que no se hayan marchado llevándose algo en la cóncava nave».
Así diciendo, los hermosos trípodes y calderos
se puso a contar; también el oro y la bella ropa tejida.
Pero no echó nada de menos. Mas gemía por su tierra patria
caminando por la ribera del resonante mar, 220
en medio de muchos lamentos. Hasta que se le acercó Atenea58,
semejante en su aspecto a un hombre joven, un pastor de rebaños,
elegante, como suelen ser los hijos de los reyes,
que llevan sobre sus hombros una capa doble bien tramada.
En sus gruesos pies llevaba sandalias y en sus manos una jabalina. 225
Odiseo se alegró al verlo y fue a su encuentro;
y dirigiéndole aladas palabras le dijo:
«Amigo, ya que eres el primero a quien encuentro en este región,
¡salud! Ojalá no vengas a mí con mal talante,
sino más bien guárdame estas cosas y guárdame a mí, pues yo a ti 230
te suplico como a un dios y me he acercado a tus rodillas59.
Dime esto con verdad para que yo me entere:
¿qué tierra es esta, qué pueblo, qué varones habitan?
¿Es una isla hermosa al atardecer o acaso la ribera
que se inclina hacia el mar de un continente de tierra fértil?» 235
Y a su vez le dijo la diosa de ojos brillantes, Atenea:
«Eres necio, extranjero, o has venido de lejos
si me preguntas por esta tierra. No verdaderamente
está falta de nombre. La conocen muy muchos,

57
Véase 9, 120-121 y nota.
58
Los vv. 221b-440, que narran el promisorio encuentro entre Atenea y Odiseo, encierran tres
movimientos finamente pautados que marcan el ritmo de todo el resto del canto: 1.- tanto la diosa como el
mortal dan prueba una vez más de la propia astucia con un disfraz y falseando la identidad (vv. 221-286);
2.- Atenea y Odiseo hacen una evaluación afectuosa de las mutuas capacidades a modo de
reconocimiento (vv. 287-344); unen sus fuerzas y aptitudes intelectuales para diseñar una estrategia
contra los pretendientes (vv. 345-440). Se trata de una típica escena de encuentro de un dios con un
mortal. Atenea ha adoptado el disfraz de un joven pastor (vv. 222-225), elegante como un príncipe, pero a
la mitad de la conversación asume la forma de una bella mujer (véase nota a v. 289).
59
Odiseo se alegra de ver al pastor porque interrogarlo le permitirá averiguar dónde está. Hay ironía en
compararlo con una divinidad (como lo hizo con Nausicaa en 6, 149-152) y rogarle (abrazado) a sus
rodillas.
Odisea de Homero. Traducción y notas de Marta Alesso
Canto 13
tanto los que habitan hacia la aurora y el sol 240
como cuantos se ubican hacia la nebulosa oscuridad.
Cierto que es escarpada y no muy apta para los caballos60,
pero tampoco es demasiado pobre, aunque no sea amplia:
en ella se produce trigo en cantidad y también vino
ofrece. Siempre tiene lluvia y un brillante rocío. 245
Tiene buen alimento para cabras y toros; hay un bosque
de follaje variado y abrevaderos siempre llenos.
Por eso, forastero, el nombre de Itaca llegó hasta Troya,
la que dicen se encuentra muy lejos de la tierra aquea».
Así habló, y se regocijaba el sufridor divino Odiseo, 250
alegrándose por su tierra patria, por lo que le decía
Palas Atenea, la hija de Zeus, el que lleva la égida.

PRIMER RELATO FALSO DE ODISEO (253-286)

Y hablándole le dirigió aladas palabras


Pero no le dijo la verdad cuando de nuevo tomó la palabra61,
siempre en su pecho barruntaba algún pensamiento que lo beneficiara62: 255
«He oído sobre Itaca incluso en la ancha Creta63,
lejos, más allá del ponto. Y ahora he llegado yo
con estas riquezas. He dejado a mis hijos una cantidad semejante
y ando huyendo, pues he dado muerte al amado hijo de Idomeneo64,
a Orsíloco el de los pies ligeros65, el que en la ancha Creta 260

60
Véanse las otras descripciones de Itaca en boca de Telémaco (4, 602-608) y de Odiseo (9, 21-27). Cfr.
Landscape Description in Homer’s Odyssey de Benjamin HALLER (2007: 212-218).
61
Este encuentro con Atenea marca el comienzo de la segunda parte de Odisea. El protagonista pasa de
someterse a la fuerza de un oponente implacable –Poseidón– a recibir la ayuda de la diosa que favorecerá
su venganza contra los pretendientes. La historia falsa que a continuación el héroe relata a la diosa será
una suerte de ensayo de las historias futuras en que ocultará su nombre y su identidad en su propia tierra.
62
En los vv. 256 a 286 se desarrolla la primera de una serie de historias falsas de Odiseo: a Eumeo
(14,192-359, resumida por el porquerizo en 16, 61-67 y 17, 522-527), a Antinoo (17, 415-444, repetida en
parte en 18, 138-140 y 19, 75-80), a Penélope (19, 165-202 + 221-248 + 268-299) y a Laertes (24, 244-
279 + 303-314); véase también la anécdota troyana de 14, 468-503. Cfr. Blood and Iron: Stories and
Storytelling in Homer's Odyssey de Douglas OLSON (1995: 129-131) y The Stranger's Welcome: Oral
Theory and the Aesthetics of the Homeric Hospitality Scenes de Steve REECE (1996: 165-188). Cfr.
también la Poética de Aristóteles (1460a).
63
En sus historias inventadas, Odiseo pretende siempre ser un cretense. Creta tenía la ventaja de ser una
tierra muy lejana y muy famosa al mismo tiempo. Es indudable que la isla minoica fascinada al público
de la época, el poeta parece haberla conocido bien (véase 19, 172-177) y a sus habitantes, reputados
marineros y aventureros.
64
En tres de los relatos inventados –este y dos que dirá más adelante–, Odiseo va a adoptar la identidad
de un cretense. En sus historias Odiseo mezcla siempre algo de verdad con sus mentiras. En este caso si
bien el hecho de provenir de Creta no es cierto, Idomeneo ha existido, fue uno de los pretendientes de
Helena, por lo cual participó en la guerra de Troya. Cfr. el artículo «Odysseus, Idomeneus, and Meriones:
The Cretan Lies of Odyssey 13- 19» de Adele J. HAFT (1984). No se sabe que Idomeneo haya tenido un
hijo llamado Orsíloco, aunque sí sus vástagos murieron de manera violenta. En su regreso de Troya Tras
la caída de Troya, fue sorprendido por una violenta tormenta en el mar y le prometió a Poseidón que si se
salvaba le ofrecería en sacrificio a la primera persona que se encontrara en tierra. Para su desdicha, esa
persona fue a su propio hijo. La ópera Idomeneo, rey de Creta de Wolfgang Amadeus Mozart versa sobre
esta historia.
65
El motivo literario de haber huido después de haber dado muerte a alguien es frecuente en Homero. Lo
mismo le había sucedido al anónimo etolio en 14, 380 y a Teoclímeno en 15, 272-273; y en Ilíada a
Medonte (13, 695-696), a Licofrón (15, 431-432) y a Patroclo (23, 85-86). El nombre Ortíloco (con
Odisea de Homero. Traducción y notas de Marta Alesso
Canto 13
a los hombres mercantes superaba con sus rápidos pies,
porque quería arrebatarme todo mi botín
de Troya, a causa del que yo sufrí dolores en el corazón,
guerras entre los hombres y he surcado las dolorosas olas66,
en razón de que yo no servía complaciente a su padre 265
en el pueblo de los troyanos, sino que mandaba yo a otros compañeros.
Y lo alcancé con mi lanza guarnecida de bronce, cuando volvía
del campo, emboscándome cerca del camino con un amigo.
Una noche muy oscura cubría el cielo, nadie
entre los hombres nos vio y a ocultas le arranqué la vida67. 270
Mas luego de matarlo con el agudo bronce,
me dirigí a una nave de ilustres fenicios68
y les prometí que les daría suficiente botín:
les rogué que me bajaran y dejaran en Pilos
o en la divina Élide, donde gobiernan los epeos69, 275
pero nos alejó de allí la fuerza del viento
muy sin quererlo, no es que quisieran engañarme.
»desde allí, errantes, hemos llegado acá de noche.
Con esfuerzo hasta el puerto llegamos remamos ninguno de nosotros
se acordó de la comida por más que mucho la necesitábamos. 280
»Conque así descendimos de la nave y nos acostamos todos.
A mí un dulce sueño me alcanzó, cansado como estaba,
y ellos, sacando mis posesiones de la cóncava nave,
las depositaron allí donde yo sobre las arenas descansaba.
Ellos hacia Sidón la bien habitada se embarcaron y se marcharon, 285
de modo que yo me quedé con el corazón acongojado».

ATENEA Y ODISEO COMIENZAN A URDIR UN PLAN (287-351)

Así dijo y sonrió la diosa de ojos glaucos, Atenea,

variación consonántica σ/ τ) ha aparecido en 3, 489 = 15, 187 y se volverá a mencionar en 21, 16 (véase
nota).
66
Este hexámetro es igual a 8, 183 y se va a repetir en v. 264; está tomado de Ilíada 24, 8.
67
«Vida» traduce thýmos, que aquí como en otros lugares homéricos (véase 10, 163 e Ilíada 1, 205; 5, 85;
6, 17) significa «hálito vital»; aunque más frecuentemente es «enojo» o «ira» (Ilíada 1, 429) o lugar en
que se aloja la ira (Ilíada 9, 496; 16, 616; 17; 254); también es «coraje» (véase 10, 461) o «corazón»
como sitio de las emociones (Ilíada 7, 189; 13, 494; 14, 156).
68
Son frecuentes las alusiones a los fenicios (a quienes en otros lugares se los llama «sidonios» 4, 84 y
618; 15, 118), lo cual demuestra que todavía tenía fuerte presencia en el Egeo esta civilización que
floreció en derredor al período comprendido entre los años 1.200 y 900 a.C. alrededor de las ciudades de
Biblos, Sidón y Tiro, en la región en que actualmente se encuentra el Líbano. Los fenicios basaron su
poderío en el comercio marítimo y establecieron rutas marítimas comerciales por todo el Mediterráneo.
Pero es probable que mezclaran esta actividad con la piratería, como aquí se menciona. El fenicio es un
lenguaje cananita –perteneciente a la familia de las lenguas semíticas– del que los griegos tomaron el
alfabeto. El término fenicios es justamente aportado por los griegos: Phoiniki es un término que tomaron
en préstamo del vocablo egipcio Fnkhw, que podríamos traducir «sirios». Este vocablo tiene similitud
fonética con el color púrpura (phoínix: véase 23, 201 e Ilíada 4, 141 y 6, 219), color del tinte que en Tiro
proporcionaba un particular molusco; la relación semántica fue inevitable.
69
La Élide era un país de Grecia, cuya capital fue la ciudad de Elis. Estaba en la costa oeste
del Peloponeso entre Acaya y Mesenia. Los epeos estaban emparentados con los etolios, puesto que los
dos héroes epónimos –Epeo y Etolo– eran hermanos e hijos de Endimión, también padre de Eurídice,
quien con Poseidón tuvo a Eleo, del que derivan los nombres Elis y Élide. No muy lejos, sobre la costa
oeste pero más al sur estaba Pilos, la patria de Néstor. Véase nota a 21, 347.
Odisea de Homero. Traducción y notas de Marta Alesso
Canto 13
y con su mano lo acarició. Tomó entonces el aspecto de una mujer
bella y alta, experta en labores brillantes70,
y dirigiéndose a él, le dijo aladas palabras: 290
«Astuto sería y embaucador el que te aventajara
en todos estos engaños, incluso si te midieras con un dios.
Cruel, enredado, experto en engaños71, ¿es que ni siquiera
en tu propia tierra vas a poner fin a los embustes
y palabras tramposas que en el fondo te gustan tanto? 295
Vamos, no hablemos ya más, pues ambos conocemos
de estratagemas: tú eres el mejor de los mortales todos
en ingenio y discursos, y yo entre todos los dioses
me jacto por mi previsión y mis astucias. Pero tú no has reconocido
a Palas Atenea, la hija de Zeus, la que siempre 300
en todos tus pesares te asiste y te protege
la que te ha hecho ser amado por todos los feacios.
Ahora de nuevo he llegado para contigo tramar
un plan y ocultar cuantas riquezas los ilustres feacios
te dieron al volver a casa por decisión y voluntad mías, 305
y para decirte cuántas penas en tu bien edificada morada
estás destinado a soportar. Tú has de aguantar por necesidad
y no revelar a ninguno, ni a hombres ni a mujeres,
a nadie, cómo has llegado errando; sino en silencio
sufre los muchos dolores y soporta las violencias de los hombres». 310
Y respondiéndole dijo el muy astuto Odiseo:
«Es difícil, diosa, que un mortal te reconozca si contigo se encuentra72,
aun si es muy experimentado, pues tomas toda clase de apariencias.
Ya sabía bien yo esto: que siempre me habías sido adepta
mientras combatíamos en Troya los hijos de los aqueos,
pero desde que saqueamos la elevada ciudad de Príamo 315
y nos embarcamos en las naves –y un dios dispersó a los aqueos–
no te había vuelto a ver, hija de Zeus73. No supe
que te hayas embarcado en mi nave para protegerme del dolor74.
Más bien siempre con el corazón destrozado en el pecho 320
he vagado, hasta que los dioses me han librado del mal.
»Hasta el momento en que en el rico pueblo de los feacios

70
Atenea había adoptado la figura de un joven pastor en 222-225, pero ahora adquiere el aspecto de una
mujer, que debe ser muy similar a su aspecto real como diosa, es decir, como divinidad protectora de las
tareas domésticas (véanse 2, 116-117 = 7, 110-111; 20, 72). Atenea se presentará con su real apariencia a
Odiseo también en 16, 155-177 y 20, 30-57.
71
Estos epítetos están dichos con un tono cariñoso no exento de admiración, a diferencia del sentido
hostil con que normalmente se profieren. Por ejemplo «cruel», –schéltios–, es dicho con animosidad en
12, 279 (por Euríloco a Odiseo) o en 23, 150 (referido a Penélope).
72
No son frecuentes los casos en que un mortal reconoce a una divinidad (véase la preciosa escena en que
Helena reconoce a Afrodita, en Ilíada 3, 383-440). En 16, 155-177, Atenea es vista por Odiseo y los
perros pero no por Telémaco, así como en Ilíada 1, 197-200 la diosa es vista por Aquiles, pero no por los
otros griegos.
73
Véase otra ocasión en que Odiseo ruega a la diosa que lo ayude en 6, 324-327.
74
El reproche pone en boca de Odiseo el gran problema textual de que Atenea no ha aparecido para
socorrer al héroe en los peligros que ha corrido en los cantos 9 a 12. Ninguno de los críticos modernos
han dado una respuesta convincente para explicar la ausencia de Atenea, como por ejemplo la que da
Jenny STRAUSS CLAY en la «Introducción» de The Wrath of Athena. Gods and Men in the Odyssey
(1983).
Odisea de Homero. Traducción y notas de Marta Alesso
Canto 13
me animaste con tus palabras y me condujiste hasta la ciudad75
Ahora te ruego por tu padre, abrazado a tus rodillas –pues no creo
que haya llegado a Itaca hermosa al atardecer sino que por otra 325
tierra ando dando vueltas–. Tú para burlarte, creo
estas cosas me has dicho, para seducir mis sentimientos.
Dime si de verdad he llegado a mi patria».
Y le contestó luego la diosa de ojos glaucos, Atenea:
«Siempre en tu pecho existe la misma cordura. 330
Por esto no puedo abandonarte siendo tan desdichado,
porque eres amable, sagaz y prudente76.
»Con beneplácito cualquier otro que llegara después de andar errante,
iría al palacio para ver a sus hijos y esposa;
»Pero a ti no te agrada conocer ni enterarte de nada 335
antes de poner a prueba a tu esposa77, quien por cierto de todas maneras
permanece en palacio, entristecida siempre
mientras las noches y los días se le consumen entre lágrimas.
»En verdad, yo jamás desconfié, y en mi corazón
sabía que volverías después de haber perdido a todos sus compañeros, 340
pero no quise contender con Poseidón,
hermano de mi padre, quien había puesto el rencor en su corazón,
irritado porque le habías cegado a su amado hijo.
»Pero, vamos, te mostraré el suelo de Itaca para que te convenzas.
Este es el puerto de Forcis78, el viejo del mar 345
y allí, en el extremo del puerto, hay un olivo de anchas hojas79.
Cerca de él una gruta alta y ventilada
consagrada a las ninfas que llaman Náyades.
Es la cueva amplia y sombría donde tú numerosas
hecatombes perfectas solías sacrificar a las ninfas. 350
Y este es el monte Nérito80, revestido de bosque».

75
Odiseo se refiere al episodio narrado en 7, 14-81, cuando Atenea, en la apariencia de una niña, lo guía
hasta el palacio de Alcinoo. No hay indicios en esa ocasión de que Odiseo hubiese reconocido a la diosa.
Por esa razón, desde la Antigüedad se han atetizado los vv. 320-323, que de todos modos cumplen la
función de poner en relación esta situación actual de Odiseo con ese episodio del comienzo del canto 7.
76
Los vv. 330-351, la respuesta de Atenea al discurso de Odiseo de vv. 311-328, ponen énfasis en los
aspectos positivos que equiparan al héroe con la divinidad, en especial mediante esta sucesión de tres
adjetivos; cfr. «Odisea 13, 256-351: Paralelismo situacional, reconocimiento y biografía apócrifa» de
Graciela ZECCHIN (1996: 40). El encuentro de Atenea con Odiseo pasa por un reconocimiento en dos
etapas, la primera en que los dos personajes ocultan su identidad, y la segunda, en que la revelan con una
sucesión de alabanzas, reproches y justificaciones mutuas; cfr. The unity of the Odyssey de George E.
DIMOCK (1989: 183).
77
El poner a prueba se constituye en un motivo literario –y muy importante– en Odisea; cfr. el opúsculo
People and themes in Homer's Odyssey de Agathe THORNTON (1970: 47-51). Este motivo tiene en
general dos funciones: 1.- averiguar la identidad (Menelao del hijo de Odiseo en 4, 117-119; Penélope
sobre el ‘extranjero’ y si había conocido a Odiseo en 19, 215-219; Penélope de Odiseo en 23, 166-230);
2.- indagar respecto de la disposición que tiene el interlocutor u oponente hacia Odiseo (los cíclopes en 9,
174; Eumeo en 14, 459-522 y 15, 304-346; los pretendientes en 17, 360-506; las siervas en 19, 45) y,
sobre todo, la fidelidad que se le guarda al héroe (las siervas en 16, 304-320 y Penélope en 19, 45-46).
78
Véase nota a 1, 72.
79
Los vv. 346-348 repiten los vv. 101-103. La bahía de Forcis, la cueva de las ninfas, el olivo y el monte
Nérito (vv. 344-351) van a actuar como sémata para vehiculizar el reconocimiento. Odiseo, finalmente
convencido besa la tierra (v. 354), acción que tradicionalmente realiza un marino cuando sano y salvo
llega a tierra (véase 5, 462-463).
Odisea de Homero. Traducción y notas de Marta Alesso
Canto 13

RECONOCIMIENTO DE LA TIERRA PATRIA (352-391)

Así diciendo la diosa dispersó la niebla y se vio la región.


Se alegró entonces el sufridor, el divino Odiseo,
regocijándose por su país y besó la tierra dadora de vida81.
En seguida suplicó a las ninfas levantando sus manos: 355
«Ninfas Náyades, hijas de Zeus82, nunca yo
creía que volvería a verlas. Ahora, con mi amable ofrenda
alégrense. Les daré regalos como antes
si me lo permite la celosa, la hija de Zeus, la devastadora83,
que él viva y que yo vea crecer a mi querido hijo84». 360
Y se dirigió a él la diosa de ojos brillantes, Atenea:
«¡Coraje! que no te preocupen ahora estas cuestiones;
tus riquezas en lo profundo de la divina gruta
pongamos ahora mismo, para que se conserven intactas85
y nosotros podamos pensar cómo pueda salir todo lo mejor posible». 365
Así hablando, la diosa se sumergió en la sombría gruta
buscando escondrijos por la cueva, mientras Odiseo
la seguía de cerca llevando todo, el oro y el sólido bronce
y los bien fabricados vestidos que le habían donado los feacios.
Colocó todo bien y arrimó un roca a la entrada 370
Palas Atenea, la hija de Zeus, el que lleva égida.
Y sentándose los dos junto al tronco del olivo sagrado,
meditaban el final para los soberbios pretendientes86.
Y comenzó a decir la diosa de ojos brillantes, Palas Atenea:
«Laertíada, de linaje divino, Odiseo, pleno de inventiva, 375
piensa cómo sobre los desvergonzados pretendientes pondrás tus manos
quienes llevan ya tres años siendo señores en tu palacio,
cortejando a tu divina esposa y haciéndole regalos de boda.
Ella está afligida de continuo en su corazón por tu regreso
y a todos ilusiona y hace promesas a cada hombre 380

80
El Nérito ha sido mencionado en la descripción que hace Odiseo de Itaca para Alcinoo en 9, 21-22;
véase nota.
81
Véase nota a 3, 3.
82
Véase nota a v. 103. Inspirado por la referencia de Atenea a las ninfas (vv. 347-350), Odiseo les eleva
esta breve plegaria (vv. 356-360) que comienza como es usual con una invocación y sigue con una
rememoración de pasados dones que él agradeció oportunamente, para culminar en una mención a su hijo,
que va a ser muy enfática en boca de Atenea un poco más adelante (v. 413).
83
El epíteto aparece adjudicado a Atenea en 3, 378 (véase nota) y 16, 207. En griego es ageleíe, «la que
trae» (ágousa) la «ruina» (leía).
84
El hexámetro está construido con un anacoluto –con un cambio inesperado en el tiempo verbal, que
afecta a la construcción correcta de la frase–, que no es posible reproducir en español: «que él viva» es en
griego una subordinada sustantiva con infinitivo y «crecer» está en modo subjuntivo.
85
Los regalos que el han dado los feacios a Odiseo están finalmente a salvo. En la Odisea no se registra
momento alguno en que el héroe vuelva a recogerlos, aunque no se le olvidan: figuran en las historias
falsas (14, 323-326 = 19, 293-295) y se mencionan ante Telémaco (16, 230-232) y Penélope (23, 341).
86
En la primera parte de Odisea ha sido mencionada la venganza contra los pretendientes (por ej. en 1,
113-117 por el narrador en la mente del angustiado Telémaco) pero recién en este canto comienza a
urdirse el modo en que se llevará a cabo. El punto principal del plan es llegar a palacio de incógnito y
disfrazado de mendigo. En 16, 235–320, en diálogo con su hijo, Odiseo va a terminar de pergeñar paso
por paso la secuencia de la venganza.
Odisea de Homero. Traducción y notas de Marta Alesso
Canto 13
enviándoles mensajes; pero su mente urde otras cosas87».
Y le contestó y dijo el muy astuto Odiseo:
«¡Ay, ay! ¡Muy cerca estuve del Atrida Agamenón
el destino fatal acabar sufriendo en mi palacio,
si tú, diosa, no me hubieras advertido todo como es debido88! 385
Pero ¡vamos!, trama un plan para que los haga pagar
y permanece junto a mi infundiéndome la muy atrevida fuerza,
tal como cuando destruimos las espesas almenas89 de Troya.
Ojalá tú me sostuvieras con ese ímpetu, diosa de ojos glaucos;
contra trescientos hombres sería yo capaz de luchar 390
junto a ti, soberana diosa, si complaciente me ayudaras».

ATENEA TRANSFIGURA A ODISEO (392-440)

Y la diosa de ojos glaucos, Palas Atenea, le contestó:


«Con seguridad estaré a tu lado y no me pasarás desapercibido
cuando debamos arrostrar esos peligros. Y también creo
que con su sangre y su cerebro mancharán el maravilloso pavimento 395
los pretendientes que consumen tu hacienda.
»Pero ¡vamos!, haré que estés irreconocible para todos90:
arrugaré la hermosa piel de tus flexibles miembros
y los rubios cabellos91 haré desaparecer de tu cabeza; de harapos
te vestiré, los que te harán miserable a la vista de cualquier hombre 400
y llenaré de legañas tus antes muy hermosos ojos,
de manera que parezcas desastrado a los pretendientes,
a tu esposa y a tu hijo, a quienes dejaste en palacio.
»Tú acércate en primer lugar al porquerizo,
el que es guardián de tus cerdos, el que se mantiene fiel 405
y sigue amando a tu hijo y a la prudente Penélope.
Lo encontrarás sentado junto a los cerdos; estos están dispersos
junto a la Roca del Cuervo92, cerca de la fuente Aretusa93,
comiendo innumerables bellotas y agua oscura
bebiendo, cosas que en los cerdos gestan abundante grasa. 410

87
Los versos 381-382 son repetición de las palabras de Antinoo en 2, 91-92.
88
Odiseo se expresa como si por boca de Atenea fuera la primera vez que escucha hablar de la presencia
de los pretendientes en su casa, cuando lo sabía ya por Tiresias (11, 116). También va a preguntar a
Eumeo si sus padres están vivos (15, 347-350) aunque se ha encontrado con su madre en el Hades.
89
Literalmente las «diademas» de las torres (como en Ilíada 16, 100), lo cual es un refinamiento de la
metáfora más usual que denomina «cabezas de la ciudad» a las almenas (véase Ilíada 2, 117). El verbo en
primera persona del plural («destruimos») debe referirse al ardid del caballo de Troya, estratagema que
ambos idearon (véase 8, 492-495).
90
Ya había pensado Atenea en hacerlo irreconocible (véanse vv. 190-193), este retorno de incógnito
había sido profetizado por Haliterses (en 2, 175-176). Es natural que Odiseo deba ocultar su filiación ante
los enemigos, pero también sus amigos serán puestos a prueba y en riguroso orden (16, 4-219) les
descubrirá su identidad. Nadie sabrá quién es hasta que él mismo lo decida, excepto el caso de Euriclea
(19, 479-490).
91
Aquí y en el v. 431 se le atribuye a Odiseo cabello rubio. Varios héroes de la Ilíada, como Aquiles y
Menelao, son rubios, pero de Odiseo se dice en otros lugares que tiene la piel morena (véase 16, 175) o
que tiene una cabellera ensortijada semejante a la flor de jacinto (véase 6, 231 y 23, 156), es decir, con
reflejos azules de tan oscura.
92
Esta es la «cóncava roca» que se menciona en 14, 533.
93
Hasta hoy se muestra la fuente de Aretusa en el noroeste de la isla, cerca del poblado actual de Perajori.
Odisea de Homero. Traducción y notas de Marta Alesso
Canto 13
Quédate ahí y, sentado a su lado, pregúntale por todo,
mientras yo voy a Esparta de hermosas mujeres,
a Telémaco buscar, ¡a tu hijo, Odiseo!
pues ha marchado a la vasta Lacedemonia junto a Menelao
para preguntar noticias94 sobre ti, por si aún existes». 415
Y respondiéndole le dijo el muy astuto Odiseo:
«¿Por qué no se lo dijiste, ya que en tu interior todo lo sabes95?
¿Acaso para que también él ande vagando y sufra penas
por el estéril ponto y los demás mientras consumen mi hacienda?».
Y a su vez le contestó la diosa de ojos glaucos, Palas Atenea: 420
«No estés en exceso preocupado por él.
Yo misma lo escolté para que cosechara noble fama96
yendo allí. En verdad, no sufre pena alguna, sino que tranquilo
está en casa del Atrida y allí permanece rodeado de cosas magníficas.
Cierto es que lo acechan unos jóvenes en una negra nave97 425
con intención de asesinarlo antes de que regrese a tu tierra98,
pero no creo que esto suceda antes de que la tierra cubra
a alguno de los pretendientes que consumen tu hacienda».
Mientras hablaba así, lo tocó con su varita99 Atenea.
Arrugó la hermosa piel de sus ágiles miembros 430
e hizo desaparecer de su cabeza los rubios cabellos; y la piel
de un anciano decrépito rodeó sus miembros
y llenó de legañas sus antes muy bellos ojos.
Lo echó alrededor un harapo horrible y una túnica
rasgada, sucia, ennegrecida por un mal humo, 435
y lo cubrió con un cuero grande de un ciervo veloz
ya sin pelo; le dio un bastón y una vergonzante mochila
agujereada por muchos sitios y con la correa retorcida100.
De ese modo deliberaron y se separaron; y ella marchó luego
a la divina Lacedemonia en busca del hijo de Odiseo. 440

94
Véase nota a 1, 95.
95
Tono de amargura y reconvención como en vv. 317-318.
96
Atenea tiene claro desde la asamblea de los dioses en el canto 1 (véase nota a 1, 95) que el viaje que
emprenderá Telémaco para obtener noticias sobre su padre, le traerá kléos, es decir, fama. La reacción de
Euriclea (2, 363-370) ante la noticia de ese viaje, la de los pretendientes (4, 638-640 y 663-664) y la de
Penélope (4, 703-710), demuestran que la telemaquía es una empresa heroica que como un verdadero
héroe enfrenta a Telémaco con los peligros del mar y de los otros hombres.
97
La presente referencia de Atenea a la conducta de los pretendientes retrotrae a lo enunciado en el canto
cuarto (vv. 625 ss.) y especialmente a la emboscada a Telémaco en la isla Ásteris (vv. 844-847).
98
Gradualmente Odiseo se va informando de los desmanes de los pretendientes: aquí y por boca de
Eumeo, en 14, 174-182, se entera de la emboscada a Telémaco; por Eumeo va a saber cómo diezman sus
bienes (véanse 14, 81-95 y 15, 328-334); por Telémaco va a conocer de dónde provienen y cuál es su
número exacto (véanse 16, 122-1288 y 245-253).
99
Atenea aparece con una varita mágica –más bien propia de Hermes–, aquí y en 16, 172 y 456.
100
Ya ha usado en otra ocasión Odiseo disfraz de mendigo: en Troya (véase 4, 244-246). Le será quitado
por Atenea en 16, 172-176 (inmediatamente antes de la escena de reconocimiento con Telémaco) y
renovado en 16, 454-459 (antes de encontrarse con Eumeo). El disfraz le será quitado en parte en 18, 67-
70 (antes de la pelea con Iro); lo mantendrá puesto en 22, 486-491 (lo cual complicará el reconocimiento
por su esposa Penélope) y se despojará de él definitivamente en 23, 153-165 (luego del baño y del
embellecimiento que le realiza Atenea). El disfraz no carece de simbolismo: opone pobreza y edad
provecta a la descarada juventud dispendiosa de los pretendientes.
Odisea de Homero. Traducción y notas de Marta Alesso
Canto 13
Odisea de Homero. Traducción y notas de Marta Alesso
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CANTO XIV

Odiseo en la majada de Eumeo1

DESCRIPCIÓN DEL EMPLAZAMIENTO DE LA CABAÑA (1-54)

Entonces desde el puerto él se dirigió a un empinado y escabroso


sendero, subiendo a un lugar boscoso a través de las cumbres, Atenea
le había dicho que allí encontraría al divino porquero, el que a su hacienda
cuidaba más que los otros siervos que el divino Odiseo había adquirido.
Y lo encontró sentado en el pórtico, donde una cuadra 5
elevada había edificado, en lugar panorámico;
era hermosa y grande y rodeada de espacio. El porquerizo mismo
la había construido para los cerdos de su soberano ausente,
sin ayuda de su señora ni del anciano Laertes,
con cantos rodados, y lo había coronado de espino. 10
Arrancó estacas y las fue atravesando aquí y allá
espesas y cerradas, luego de desbrozar el corazón negro de una encina.
Dentro de la cuadra había hecho doce pocilgas,
unas junto a otras, lechos para las cerdas, y en cada una
cincuenta cerdas echadas en el suelo estaban encerradas, 15
todas hembras paridas. Los cerdos machos dormían afuera
muy inferiores en número, pues los habían diezmado comiéndolos
los divinos pretendientes2: les mandaba el porquerizo
siempre el mejor de todos los chanchos cebados;
los machos venían a ser unos trescientos sesenta. 20
A su lado perros semejantes a fieras siempre estaban echados,
cuatro, a los que alimentaba el porquerizo, caudillo de hombres3.
Este, alrededor de los pies había atado unas sandalias
después de cortar una moteada piel de buey. Los demás porquerizos,
se habían ido cada uno por su lado con los cerdos en manada, 25
eran tres, al cuarto lo habían enviado a la ciudad
para que llevara uno a los muy soberbios pretendientes, a su pesar,
a fin de que lo sacrificaran y saciaran con la carne su apetito.

1
El canto 14 relata la tarde y noche del día treinta y cinco de la acción. Narra el encuentro de Odiseo con
el porquerizo Eumeo, que continuará en el canto 15. La trigésima quinta jornada va de 13, 93 a 15, 43. El
encuentro del héroe con su siervo fiel es una bisagra que separa su llegada a Itaca del encuentro con los
pretendientes de su esposa. Se estructura del siguiente modo: 1.- descripción de la geografía del lugar, con
especial detalle en lo que refiere a la organización de las pocilgas (vv. 1-28); 2.- recibimiento de Odiseo
por Eumeo (vv. 29-71); 3.- la comida (vv. 72-111 y 410-454); 4.- conversación entre el héroe y el
porquerizo (vv. 111-409); 5.- caída de la noche y preparación para dormir (vv. 454–533). Cfr. The
Stranger’s Welcome. Oral Theory and the Aesthetics of the Homeric Hospitality Scene de Steve Reece
(1993: 145-151).
2
Es el único lugar en que aparece el epíteto «divinos» adjudicado a los pretendientes y suena en verdad
extraño, dado el desprecio que merecen quienes devastan la hacienda de Odiseo. La fórmula más frecuente
es «arrogantes pretendientes» (1, 106 y 144; 2, 235; 16, 462; 17, 65, 79 y 105; 18, 43; 20, 292; 21, 68; 23,
8) o «ilustres pretendientes» (véase v. 180 y 2, 209 y 247; 4, 681; 17, 325; 18, 99; 21, 58, 174 y 213; 22,
171; 23, 63), que aunque encomiástico es menos honorífico que «divinos».
3
La fórmula está tomada de Ilíada (aplicada a Asio en 2, 837 y 12, 110; a Aquiles en 6, 99). No parece
muy apropiado que se aplique a Eumeo –aunque su origen noble va a ser desvelado en 15, 390-492–, pero
se le adjudica la expresión en v. 121 y en 15, 351 y 389; 16, 36; 17, 184.
Odisea de Homero. Traducción y notas de Marta Alesso
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De repente a Odiseo vieron los perros de incesantes ladridos4


y corrieron hacia él ladrando. Entonces Odiseo 30
se sentó por cautela y el bastón dejó caer de su mano.
Allí, en su propio establo pudo haber sufrido un dolor vergonzoso,
a no ser por el porquerizo, rápido y con pies veloces, vino a echarlos
y se lanzó a través del pórtico –el cuero cayó de sus manos–.
A los gritos dispersó a los perros para uno y otro lado 35
con una densa lluvia de piedras. Y se dirigió a su señor:
«Ah, anciano, por poco te habrían despedazado los perros5,
de repente, y quizás me habrías cubierto de desgracia.
También a mí los dioses me han dado otros dolores y lamentos,
pues por mi divino señor me lamento y me apeno, 40
sentado, para otros cebo cerdos grasosos,
para comerlos. En cambio aquél, tal vez necesitado de alimento
andará errante por pueblos y ciudades extranjeras,
si es que vive todavía y contempla la luz del sol.
»Pero sígueme, entremos en la cabaña, anciano, para que también tú 45
de comida y bebida sacies tu ánimo,
y me digas de dónde eres y cuántos pesares has tenido que sufrir»6.
Así diciendo, lo condujo a su cabaña el divino porquerizo;
lo hizo entrar y sentarse, desparramó arbustos espesos
y extendió arriba la piel de una hirsuta cabra salvaje, 50
su propio lecho, grande y velludo. Se alegró Odiseo
de que así lo hubiera recibido así y le dijo su palabra nombrándolo:
«¡Que Zeus te conceda, huésped, y también los dioses inmortales
lo que más deseas, ya que me has recibido de buen talante!».

EUMEO HONRA CON SU HOSPITALIDAD AL EXTRANJERO (55-108)

Y contestando le dijiste, porquerizo Eumeo7: 55

4
Es interesante comparar esta llegada de Odiseo a la cabaña de Eumeo (vv. 29-71) con la de Telémaco en
16, 4-48. Esta escena de arribo del personaje a un sitio tiene ciertas particularidades. En lugar de ser visto
primero por el dueño de casa, los perros guardianes atacan al recién llegado, quien, en vez de permanecer
de pie, se sienta (vv. 29-31). Eumeo se apresura en ir hacia él tirando piedras a los perros, lo que le impide
tomar la mano al extranjero (vv. 32-36). Casi inmediatamente, luego de unas pocas palabras de bienvenida,
Eumeo habla bastante extensamente de su amo ausente (vv. 37-47), tema casi excluyente también de su
próximo discurso (vv. 55-71), apenas interrumpido por una breve intervención del insólito huésped (vv. 53-
54).
5
El comportamiento agresivo de los perros en este lugar contrasta con el recibimiento amistoso que le
hacen a Telémaco en 16, 4-10. Los perros domesticados de Eumeo se comportan como animales salvajes a
diferencia de los animales salvajes de la isla de Circe (10, 212-219) que se comportaban como perros
domésticos.
6
Odiseo no le va a desvelar su identidad a Eumeo hasta el canto 21. Atenea lo había disfrazado y envejecido
para que no fuera descubierto (véase 13, 397-403). Las razones para mantener el anonimato ante el
porquerizo se explican en 16, 458-459. La situación se va a prolongar atravesando las siguientes instancias:
1.- Eumeo comienza a hablar de manera espontánea acerca de la ausencia de Odiseo (vv. 37-47); 2.- Odiseo
lo va a poner a prueba varias veces (vv. 459-522; 15, 304-346; 21, 191–205); 3.- Odiseo le va a contar dos
historias falsas (vv. 192-359 y vv. 468-503). Recién en 21, 188-244 le va revelar a Eumeo quién es.
7
Este hexámetro es fórmula trece veces (en este canto, en vv. 165, 360, 442 y 507; y en 15, 325; 16, 60 y
464; 17, 272 311, 380, 512, 579) y la segunda parte del hexámetro se repite además en 15, 381 y 22, 194.
Es notable que el narrador abandone la tercera persona y use la segunda para dirigirse a uno de sus
personajes. En Odisea sucede solo en el caso de Eumeo. Desconocemos si esta forma de apostrofar es
Odisea de Homero. Traducción y notas de Marta Alesso
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«Forastero, no es correcto –ni aunque viniera uno más mísero que tú–
deshonrar a un extraño, que de Zeus son todos
los forasteros y los mendigos8. Lo que te doy es poco pero sincero,
porque es nuestro. La condición de los siervos es
tener siempre miedo cuando dominan soberanos 60
jóvenes. En verdad, los dioses han impedido el regreso
de quien con amabilidad me apreciaba y que me dio los bienes
cuantos a su siervo un señor de buen corazón suele darle:
una casa, un lote de tierra y una mujer muy solicitada,
a quien se esfuerza por él y un dios le premia el esfuerzo, 65
como a mí me premia este trabajo en el que yo sigo.
Por esto me habría beneficiado mucho mi soberano si hubiera envejecido aquí,
pero ha muerto –¡así pereciera por completo la estirpe de Helena,
arrodillada, pues hizo doblar las rodillas de muchos hombres!–9,
también mi soberano marchó por causa de la honra de Agamenón 70
a Ilión, de buenos potros, para pelear contra los troyanos».
Así diciendo, con un cinturón, rápido, sujetó su túnica,
iba yendo hacia las pocilgas donde encerraba las manadas de cerdos.
De allí tomó dos y los llevó y los sacrificó a ambos,
los puso al fuego, los troceó y los atravesó con asadores. 75
Y, después de asarlos por completo, se los ofreció a Odiseo
calientes en sus mismos asadores, y espolvoreó blanca harina.
Después mezcló vino dulce como la miel en su cuenco10
se sentó enfrente y animándole decía:
«Come ahora, forastero, lo que a los siervos corresponde, 80
lechoncito11, que chanchos cebados comen los pretendientes,
que no tienen en mente ni la divina venganza ni la compasión.
Nunca las acciones impías aman los dioses felices,
sino que la justicia estiman y las obras discretas de los hombres.
Incluso los que son enemigos e implacables y que una tierra 85
ajena invaden, aunque Zeus les conceda el botín,
cuando vuelven repletos a las naves para regresar a su casa,
incluso a estos, un pesado temor a la venganza divina les viene .
»Sin duda ellos12 sepan –porque de algún dios escucharon la voz–

meramente técnica –una fórmula que resuelve una métrica difícil– o es un mecanismo narrativamente
significativo. Cfr. «The Apostrophe in Homer as Part of the Oral Technique» de Naoko YAMAGATA (1989)
y The Narrator in Archaic Greek and Hellenistic Poetry de Andrew D. MORRISON (2007: 91-92).
8
Se repite la fórmula de 6, 207b-208a en boca de Nausícaa. La aceptación de la carga de atender a extraños
y mendigos contrasta con los términos de rechazo de Melantio en 17, 217-232 y de Antinoo en 17, 375-
379.
9
En general, los personajes homéricos tienen una actitud benevolente hacia Helena, quien por otra parte
disfruta ahora pacíficamente de su hogar con Menelao (véase 4, 121-136), no así Eumeo, que la encuentra
culpable de la ausencia de su amo. Cfr. la nota «Helen in Homer» de George J. RYAN (1965).
10
Véase nota a 9, 346.
11
Eumeo se disculpa por el hecho de que solo puede ofrecer la comida de los sirvientes, un lechón joven,
puesto que los cerdos adultos y cebados están reservados a los pretendientes. Sin embargo en vv. 419-429
los siervos van a sacrificar un cerdo gordo de cinco años. En vv. 80-108, Eumeo, que oficia de anfitrión
exhorta a su invitado a comer (también en vv. 443-445), como Menelao a Telémaco en 4, 60-64, Circe a
Odiseo en 10, 373 y el heraldo Medonte a los pretendientes en 17, 174-176.
12
Los pretendientes. Los vv. 81-95 constituyen el primer lugar textual en que Odiseo es informado in situ
sobre los pretendientes por alguien que conoce las circunstancias de primera mano, aunque en 13, 375-381,
Atenea lo había puesto al tanto.
Odisea de Homero. Traducción y notas de Marta Alesso
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la triste muerte de Odiseo, pues no quieren honradamente 90
cortejar ni volver a sus posesiones, sino que inmutables
la hacienda devoran entre excesos, sin ninguna preocupación.
Todas las noches y días que nos depara Zeus
sacrifican víctimas, no solo una ni solo dos ovejas;
y vino consumen a cántaros, desenfrenados. 95
»Y es que su fortuna era incalculable; ninguno tanta tenía
entre los héroes, ni del oscuro continente
ni de la misma Itaca. Ni veinte hombres juntos
tienen tanta abundancia. Te la voy a decir13:
doce manadas en tierra firme, otros tantos rebaños de ovejas, 100
otras tantas piaras de cerdos y hatos de cabras apacentaban14
para él pastores extranjeros y sus propios boyeros.
»Aquí once numerosos rebaños de cabras en total
en el extremo de la isla se crían, pues las vigilan hombres honrados.
Cada uno de ellos todos los días, lleva (a los pretendientes) un animal 105
de las bien alimentadas cabras, la que parece mejor.
Y yo por mi parte estos cerdos vigilo y protejo
y les hago llegar el mejor de ellos, eligiéndolo bien».

CONVERSACIÓN DESPUÉS DE LA COMIDA (109-164)

Así dijo mientras Odiseo comía la carne y bebía el vino


con ansiedad, sin hablar, mientras cultivaba su rencor contra los pretendientes15. 110
Cuando acabó de almorzar y saciar su ánimo con la comida,
le dio (Eumeo), luego de llenarlo, un cuenco en el que solía él beber.
repleto de vino. (Odiseo) lo recibió y se alegró en su interior,
y hablándole le dirigió aladas palabras:
«Amigo, ¿quién te compró con sus riquezas, 115
tan próspero y poderoso como dices16?
Afirmas que ha muerto por causa del honor de Agamenón;
dime su nombre por si lo conozco, siendo tal como es,
pues Zeus sabe y también los demás dioses inmortales
si puedo hablar de él porque lo he visto; he andado mucho errante». 120
Y le contestó luego el porquerizo, caudillo de hombres:
«Anciano, ningún hombre que llegara vagabundeando
con noticias sobre él lograría convencer a su esposa y a su querido hijo;
muy de otro modo, para reclamar atención, los hombres errantes

13
Contrasta este listado de abundantes bienes orgullosamente enumerados por el porquerizo con la
descripción más moderada que realizó Atenea en 13, 242-247.
14
El hexámetro repite Ilíada 11, 679.
15
Odiseo no reaccionó ni reacciona ante el discurso de Eumeo, pues se atiene estrictamente a lo que Atenea
le aconsejara en 13, 309-310: mantenerse en silencio. Este es el primero de una serie de pasajes similares,
en los que Odiseo exteriormente no muestra emociones, pero interiormente está hirviendo de ira o
meditando acciones (véase 17, 235-238 y 465; 18, 90-94 y 343-345; 20, 9-16, 183-184 y 300.302); cfr.
«Between Word and Deed: Hidden Thoughts in the Odyssey» de Irene de JONG (1994).
16
Normalmente, es el anfitrión quien abre la conversación y le pregunta a su invitado quién es. El anuncio
de Eumeo en v. 47, de que después de la cena le preguntaría al extranjero quién es y de dónde llega, no se
ha cumplido aún. Ahora sucede que es el forastero el que pregunta quién es el amo del lugar. Será recién
en vv. 187-190 cuando Eumeo le haga al huésped las preguntas usuales.
Odisea de Homero. Traducción y notas de Marta Alesso
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suelen mentir y no están interesados en decir la verdad17. 125
Todo caminante que llega al pueblo de Itaca
se acerca a mi señora y le dice mentiras.
Ella los recibe con amor y le pregunta detalladamente,
y con aflicción las lágrimas caen desde sus párpados,
como es propio de una mujer que ha perdido a su marido en otra tierra. 130
»Al punto tú también, viejo, podrías inventar cualquier cuento
con tal de que alguien te diera ropa, una túnica y un manto.
A él seguro que los perros y las veloces aves
la piel de sus huesos le arrancaron y su alma lo ha abandonado.
O quizás lo hayan devorado en el ponto los peces y sus huesos 135
anden tirados por tierra, revueltos en un montón de arena18.
Así es como ha muerto él, y a sus seres queridos, penas tras de sí,
a todos, sobre todo a mí, nos ha dejado. Pues ya no otro
soberano tan bueno nunca encontraré, donde quiera que vaya,
ni aunque a casa de mi padre y mi madre retornara, 140
donde un día vine al mundo y con quienes me criaron.
»Y es que no sufro tanto por ellos, aun deseando
con mis ojos verlos en mi tierra patria,
como me devora la nostalgia por Odiseo ausente.
Porque yo, forastero, incluso estando ausente, cuando lo menciono 145
siento respeto, ¡tanto me quería y se preocupaba por mí!,
así que lo llamo camarada aunque se encuentre lejos».
Y le contestó el muy sufridor, el divino Odiseo19:
«Ah, amigo, puesto que lo niegas por completo y no crees
que él vuelva, tu corazón se encuentra ya sin esperanza. 150
Pero yo te lo confiaré igual –y hasta con un juramento–
que Odiseo está retornando20. Este será una buena nueva
dentro de poco, cuando haya llegado él a su casa:
me vestirás con un manto y una túnica, bellas vestiduras21;
no antes, pues no te los aceptaría por más necesitado que estuviera. 155

17
En vv. 379-385 Eumeo volverá sobre el tema y revelará que un etolio lo engañó en el pasado. Sugiere
que el forastero quizás está motivado por la expectativos de un regalo, más específicamente, ropa (véase v.
132). La ropa es un don de hospitalidad frecuente (véase 8, 425; 15, 123-130; 24, 277) y es bienvenida en
especial en el caso de los vagabundos vestidos con harapos.
18
Como Telémaco en 1, 161-162 y Laertes en 24, 291-292, Eumeo, en este lugar no solo creen que Odiseo
está muerto, sino que imaginan echados al abandono sus restos.
19
En tres discursos sucesivos Eumeo ha hablado sobre temas de crucial importancia para Odiseo –sobre la
ausencia del amo y sobre los pretendientes que diezman sus bienes– pero solo luego de la tercera vez se
produce una reacción del héroe.
20
Esta es la primera de tres veces en que Odiseo –en su papel de extranjero– afirma que él <Odiseo> está
vivo y que volverá; las otras dos sucederán en vv. 321-333 y vv. 393-400. En cada ocasión se encuentra
con el escepticismo de Eumeo (véase vv. 166-167; vv. 363-371 y vv. 402-406). La información que el
extranjero proporciona sobre Odiseo será cada vez más específica; desde «lo he visto» de v. 120, avanza
en pormenorizaciones: su regreso se producirá este mismo año cuando termine el mes y empiece otro (vv.
161-162); estuvo en Dodona (v. 327), el rey de los tesprotos le va a preparar una nave (v. 331-333).
21
El motivo de regalo de la ropa se repetirá con frecuencia en la segunda mitad de la Odisea. El forastero
alude también a este tipo de recompensa en vv. 395-396, si su relato llega a ser verdadero; el porquerizo
niega esa posibilidad pero luego anuncia que Telémaco proporcionará ropa a su invitado (véase vv. 515-
516, que se repetirán en 15, 337-338) y Telémaco de hecho así lo promete (16, 78-80). Penélope promete
ropa al mendigo (17, 549-550 y 556-558) si resulta que ha dicho la verdad sobre Odiseo y, más tarde, si es
capaz de tensar el arco (21, 338-341). El pretendiente Eurímaco también –de manera desdeñosa– promete
ropa al mendigo.
Odisea de Homero. Traducción y notas de Marta Alesso
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»Odioso es para mí igual que las puertas de Hades
el que por ceder a su pobreza cuenta mentiras22.
Sépalo Zeus en primer lugar entre los dioses, la mesa hospitalaria
y el hogar del intachable Odiseo al que acabo de llegar.
En verdad todas estas cosas se cumplirán tal como anuncio23: 160
dentro de este mismo año llegará Odiseo;
cuando se extinga este mes y se presente otro,
a casa volverá y hará pagar a todo aquel
que allí deshonra a su esposa a su ilustre hijo»

EUMEO DESEA SABER LA IDENTIDAD DEL FORASTERO (165-190)

Y contestando le dijiste, porquerizo Eumeo: 165


«Anciano, no te voy a dar un premio por tu buena nueva
ni Odiseo va a regresar ya a su casa, más tranquilo
bebe y pongamos nuestros recuerdos a un lado; no me traigas
esto a la memoria, que en el pecho mi ánimo
se llena de dolor cada vez que alguien recuerda a mi buen amo. 170
«Dejemos, pues, el juramento, aunque ¡ojalá Odiseo
vuelva! como quiero yo y quieren Penélope,
el anciano Laertes y Telémaco, semejante a los dioses.
También ahora por el hijo sufro sin consuelo24, por quien engendró Odiseo,
por Telémaco. Cuando los dioses lo criaron semejante a un renuevo, 175
ya decía yo que entre los hombres no sería en nada inferior
a su querido padre, admirable en figura y belleza;
mas alguno de los inmortales le dañó la bien equilibrada mente25,
–o alguno de los hombres–, a quien fue por noticias de su padre
a la sagrada Pilos, y los ilustres pretendientes 180
cuando vuelva a casa lo van a emboscar para que desaparezca la estirpe26,
sin gloria, de Itaca, la de Arcesio27, semejante a las divinidades.
Pero dejémoslo, y tanto si es sorprendido,
como si escape, que tienda su mano sobre él el Crónida.
»Pero vamos, anciano, tus propias penas cuéntame 185
y dime con verdad para que yo lo sepa:

22
La frase gnómica de vv. 156-157 es una expresión modelada a partir de Ilíada (9, 312-313), cuando
Aquiles está contestando precisamente el discurso de Odiseo en la embajada.
23
El juramento con que Odiseo afirma su inminente regreso, será repetido –con alguna leve variante– ante
Penélope (19, 303-307) y ante Filetio (20, 230-234).
24
La expresión podría traducirse «por mi hijo sufro sin consuelo». Eumeo revela su preocupación por
Telémaco de manera que demuestra su amor filial: la comparación «semejante a un renuevo» (v. 175) es
usada por Tetis hablando de su hijo Aquiles en Ilíada (18, 56 y 437) y el deseo de que el hijo supere al
padre (vv. 176-177) también es expresado por Héctor respecto de Astianacte en Ilíada (6, 476-482).
25
Nótese la ironía de la frase: el inmortal que dañó la mente de Telémaco y lo incitó a ir a buscar noticas
de su padre fue Atenea.
26
No sabemos cómo sabe Eumeo que los pretendientes están preparando una emboscada (pergeñada en 4,
659-674) para matar a Telémaco.
27
Arcesio fue rey de Itaca, padre de Laertes y por tanto abuelo de Odiseo. Se dice que la esposa de Arcesio
y madre de Laertes fue Calcomedusa, nombre cuya etimología alude a que era la protectora de la producción
de cobre, lo que demuestra su relación con la metalurgia de la edad de bronce. El escoliasta Eustacio de
Tesalónica registra en un escolio a 16, 118 (véase nota ad loc) que los padres de Arcesio fueron Zeus y
Euriodea.
Odisea de Homero. Traducción y notas de Marta Alesso
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¿quién eres entre los hombres? ¿dónde tu ciudad y tus padres?28
¿En qué nave has llegado?, ¿de qué modo los marineros
te trajeron a Itaca?, ¿quiénes se vanagloriaban de ser?
Porque no creo que a pie hasta aquí hayas llegado»29. 190

PRIMERA PARTE DEL CUENTO CRETENSE (191-286)

Y contestándole dijo el muy astuto Odiseo:


«En verdad, te voy a contestar con exactitud30.
Ojalá ahora tuviéramos por mucho tiempo comida
y dulce bebida para permanecer dentro de tu guarida
comiendo sin fatiga mientras los demás continúan sus tareas. 195
no podría yo fácilmente, ni siquiera en un año completo,
acabar de narrar las penas de mi alma
cuantas una tras otra he soportado por voluntad de los dioses.
»De Creta –me enorgullezco– es mi linaje, de la anchurosa31,
de un hombre opulento soy hijo. Muchos otros 200
hijos, en el palacio, nacieron y se criaron32
legítimos de su esposa. A mí me dio a luz una esclava, madre
concubina, si bien igual que a sus hijos legítimos me estimaba
Cástor Hilácida, de cuya raza me precio de ser.
Él por entonces en Creta como un dios era venerado por el pueblo 205
por su prosperidad, opulencia y vigorosos hijos.
Pero las Keres de la muerte33 se lo llevaron
a las moradas de Hades y se repartieron la hacienda

28
Recién ahora Eumeo realiza las preguntas de rigor sobre la identidad de un forastero que ha llegado a la
casa; véase 1, 169.177 y nota a v. 170. En vv. 115-120, habíamos visto cómo –contra la costumbre– el
extranjero había interrogado al anfitrión.
29
Los vv. 188-190 constituyen una fórmula repetida cuatro veces con mínima variación en el primer verso
(véase 1, 171 -173; 16, 57-59 y 222-224).
30
Es este la más extensa de las historias falsas de Odiseo, podríamos denominarla «el cuento cretense»,
que se extiende por 193 hexámetros. Como otras, está construida sobre hechos ficticios con intercalaciones
breves de verdades. Es mentira que es cretense y que fue a Troya siguiendo a Idomeo, pero sí estuvo en el
sitio de la ciudad y antes de llegar a ella ya había obtenido grandes ganancias en otros escarceos bélicos
(véase 1, 257-264).
31
El hexámetro es una fórmula que se va a repetir en 16, 62, cuando Eumeo resuma ante Telémaco, en siete
versos (véase 16, 61-67), el extenso cuento cretense que Odiseo refiere aquí. Creta es la procedencia falsa
de Odiseo en tres de sus historias inventadas (véase 13, 256-286 y 19, 165-299), pero es la única vez que
afirma –falsamente– que es hijo de Cástor hijo a su vez de Hylaco (el Ladrador) y de una esclava, y que
por ello quedó fuera de la herencia cuando el padre murió.
32
La traducción debiera ser «se criaron y nacieron», una fórmula que hemos visto en la segunda parte del
hexámetro en 4, 723 y 10, 417, cuyos verbos invertimos en atención a la cronología lógica.
33
«Las Keres de la muerte» es una expresión proveniente de Ilíada (véase 2, 384; 11, 332; 12, 326). Los
pasajes homéricos en que las Kér o Kéres aparecen realmente personificadas no son muy numerosos (Ilíada
2, 302; 3, 454; 18, 535). El plural alude a los diversos modos de morir en los poemas de Homero, se trate
tanto de una muerte natural, repentina o violenta (véase nota a 11, 171). Aunque ningún ser vivo puede
escapar de ellas, no tienen un poder absoluto sobre la vida de los hombres, el mandato de Zeus u otros
dioses pueden detenerlas o apresurarlas (Ilíada 12, 402; 18, 115; 4, 11; Odisea 11,397), e incluso los propios
mortales pueden, por un tiempo, impedir que alcancen su objeto (Ilíada 3, 32; 16, 47). En Ilíada 18, 535
ss., acompañan a Éris y Kydoimós (la Discordia y el Tumulto) y con vestidos ensangrentados arrastran a
tres guerreros por los pies: un herido, un ileso y a otro que ya había muerto. Zeus pesa en una balanza las
Kéres de Aquileo y Héctor (Ilíada 20, 209 ss.) para saber cuál de los dos morirá en el combate. Aquileo
pudo elegir entre dos Kéres: la que ofrece una larga vida en su patria, lejos de la guerra y la que realmente
eligió, la fama imperecedera a cambio de una muerte prematura.
Odisea de Homero. Traducción y notas de Marta Alesso
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sus magnánimos hijos y echaron a suertes las parcelas.
Pero a mí, poca cosa me dieron, entregándome solamente una casa. 210
Me casé con mujer de casa rica entre hombres acaudalados,
a causa de mi excelencia. Que no era yo un inservible
ni cobarde en la guerra. Mas ya todo ha acabado.
Pero creo que tú, aunque viendo solo la caña seca34
te darás cuenta; pues ahora muestro una miseria inmensa en extremo. 215
»En verdad, Ares y Atenea35 me concedieron coraje
e intrepidez en el combate. Cuando elegía para una emboscada
a los mejores hombres, sembrando males para los enemigos,
jamás puso los ojos en la muerte mi valeroso corazón,
sino que, atacando el primero, solía matar con mi lanza 220
a cuantos enemigos estuvieran al alcance de a mis pies.
Tal era yo en la guerra. En cambio, no me agradaba el trabajo
ni el mantenimiento del hogar, que suele criar hijos brillantes36:
por el contrario, siempre me gustaron las naves remeras,
las contiendas, las lanzas bien torneadas y las flechas, 225
cosas luctuosas, que hacen temblar de espanto a los demás.
Pero para mí eran gratas; un dios las puso en mi sentimiento,
un hombre se complace en unas tareas y otro en otras.
Antes de que los hijos de los aqueos se embarcaran a Troya,
nueve veces acaudillé a hombres y a naves de veloces proas 230
contra gentes de otras tierras. Y conseguía para mí ingente botín37,
del que elegía lo que más me agradaba, y mucho también me tocaba
en el reparto. Así que rápidamente prosperó mi casa y enseguida
en un hombre temido y respetado entre los cretenses me convertí.
»Pero cuando Zeus, de ancha mirada38, la aborrecida expedición 235
dispuso, la que de muchos hombres iba a aflojar las rodillas,
nos ordenaron capitanear a mí y al ilustre Idomeneo39
las naves que marchaban a Ilión. No había medio
de decir que no, la opinión común del pueblo lo impedía.
Allí combatimos nueve años los hijos de los aqueos, 240

34
Se debe entender «aunque estoy viejo como una caña seca, podrás percibir que fui bueno en la guerra»
La metáfora ha sido elegida por Aristóteles (Retórica 1410b 13-16) para ejemplificar un conocimiento al
que se arriba mediante la relación de un género con otro, porque ambas, tanto la vejez como la caña seca
se parecen en que han concluido su posibilidad de florecer.
35
Ares y Atenea no están asociados en el mismo verso en Odisea, pero sí en Ilíada (4, 439; 17, 398; 18,
516; 20, 358). Atenea no es una deidad de la guerra, al menos no como Ares, no amaba la guerra en sí
misma, sino solo por los beneficios que podía obtener un estado al ganarla (Ilíada 10, 244 ss.), pero en
época de contiendas, las ciudades, fortalezas y puertos quedaban bajo su protección.
36
Los vv. 222-223 son un buen ejemplo de la disimilitud de los valores de la época heroica con la actual.
«Mantenimiento del hogar» traduce oikophelíe, una palabra compuesta por oíkos, «casa» y ophéllo
«cuidar», término que desapareció tanto del vocabulario de la épica como de la tragedia y volvió a aparecer
tardíamente en Teócrito (28.2).
37
La costumbre era que el líder de la expedición tomaba una parte importante del botín para sí mismo y
permitía que el resto fuera repartido entre sus hombres. De la justa distribución dependía la fidelidad al jefe
(véase 9, 42)
38
Véanse notas a 2, 146 y 3, 288.
39
Idomeneo era el rey en Creta, hijo de Deucalión (Apolodoro 3, 3, § 1) y nieto del fabuloso Minos. Fue
uno de los pretendientes de Helena (Higino, Fábula 81) y uno de los caudillos griegos que participó en
la Guerra de Troya al frente de ochenta naves (Ilíada 2, 645). En Ilíada 13, 277, Idomeneo decía justamente
que en una emboscada se conoce la bravura de los hombres. Es la acción que eligió Odiseo en vv. 217-221
para mostrar que era valeroso.
Odisea de Homero. Traducción y notas de Marta Alesso
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y al décimo, después de destruir la ciudad de Príamo, volvimos
a casa en las naves; y un dios dispersó a los aqueos40.
Pero para mí, desgraciado, meditaba males el providente Zeus.
Solo un mes me quedé disfrutando con mis hijos,
con mi legítima esposa y mis posesiones. Porque pronto 245
hacia Egipto41 mi ánimo me impulsó a zarpar
después de equipar bien mis naves, con mis divinos compañeros.
»Equipé nueve naves y enseguida se congregó la tripulación.
Durante seis días en mi casa mis leales compañeros
estuvieron de festín; mientras tanto yo les ofrecía numerosas víctimas 250
para que a los dioses sacrificaran y prepararan comida para sí.
»Así pues el séptimo día zarpamos de la anchurosa Creta
navegamos con el Bóreas, viento fresco y agradable,
tranquilamente, como por una corriente. Ninguna nave
se me dañó, sino por el contrario, sanos y salvos, 255
nos sentíamos, y a las naves las dirigían el viento y los pilotos.
»A los cinco días arribamos a Egipto de buena corriente
y detuve en el río Egipto mis bien equilibradas naves42.
Allí ordené yo a mis leales compañeros
que se quedaran junto a las naves y vigilaran las embarcaciones 260
y envié espías puestos a observar pero con orden de que regresaran.
»Estos, llevados por la insolencia, impulsados por su furor43,
al momento, los hermosos campos de los egipcios
empezaron a saquear, se llevaban a las mujeres y a los tiernos niños
y hombres asesinaban. Pronto llegó el griterío hasta la ciudad. 265
»Los que escucharon el alboroto cuando la aurora aparecía,
llegaron. Se llenó entonces toda la llanura de gente a pie y a caballo
y del fragor del bronce. Zeus, el que disfruta con el rayo,
impulsó a mis compañeros a una cobarde huida y ninguno se atrevió
a poner el pecho. Por todas partes nos rodeaba la desgracia. 270
Allí a muchos de los nuestros mataron con agudo bronce
y a otros se los llevaron vivos, para hacerlos trabajar por la fuerza44.
»Entonces Zeus en mi mente el siguiente plan
colocó (¡ojalá hubiera muerto y enfrentado mi destino
allí en Egipto, pues todavía me esperaba con brazos abiertos la desgracia!): 275
al punto de mi cabeza el bien trabajado yelmo quité
y el escudo de mis hombros y la lanza arrojé de mi brazo.

40
Los vv. 240-242 son un dato veraz en el marco de esta historia falsa: el cerco de Troya duró diez años y
luego del saqueo de la ciudad los jefes griegos se dispersaron para volver a sus hogares, con suerte dispar.
41
Esta historia fingida de Odiseo (vv. 286) cuyo tema son los escarceos de naves cretenses en el delta del
Nilo, es muy similar a la descripción que hace Heródoto (2, 152) de la llegada a Egipto de los jonios en el
reinado de Psamético. Los historiadores opinan (véase nota 541 a la traducción de Carlos SCHRADER) que
la narración de Heródoto puede basarse posiblemente en un cuento popular. El núcleo de la historia proviene
quizá de las incursiones cretomicénicas en Egipto, durante el reinado de Ramsés III (siglo doce a.C.).
42
Los vv. 258-272 se van a repetir exactamente en 17, 427-441. Allí como aquí, el río Egipto es el río Nilo.
Obsérvese que Odiseo disfrazado dice que tarda solo cinco días en llegar de Creta a Egipto, lo cual contrasta
con las palabras de Néstor en 3, 321-322, quien dice que había «un mar tan extenso que ni las aves en todo
un año podrían recorrer».
43
En la Ilíada el relato de las batallas consiste en general en la descripción de duelos singulares y no
correrías y pillaje como la de vv. 262-284 o la de 9, 39-42.
44
Obsérvese la similitud con la aventura de Odiseo con los cicones, en 9, 39-66.
Odisea de Homero. Traducción y notas de Marta Alesso
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»Luego yo me llegué justo enfrente de los caballos del rey
y abrazándolas besé sus rodillas. Él me protegió y se apiadó de mí
y, sentado en su carro, me condujo a palacio, derramando yo lágrimas. 280
»Cierto que muchos trataron de abatirme con sus lanzas
y deseaban matarme –estaban sumamente furiosos–,
pero el rey me resguardaba por temor a la cólera de Zeus
Hospitalario, el que se irrita mucho por las obras malvadas.
»Allí permanecí siete años y conseguí reunir mucha 285
riqueza entre los egipcios, pues todos me regalaban45.

SEGUNDA PARTE DEL CUENTO CRETENSE (287-359)

»Pero cuando se acercó el octavo año cumpliendo su ciclo


llegó un hombre fenicio conocedor de mentiras,
un tramposo, quien ya había causado daño a muchos hombres.
Él me convenció con su arte persuasivo para marchar 290
a Fenicia, donde tenía su casa y sus posesiones.
Allí, junto a él, permanecí durante un año cumplido,
pero cuando los meses y los días completaron su ciclo
y de nuevo empezó a circular el año y pasaban las estaciones
me envió a Libia en una nave surcadora del ponto, 295
tramando engaños para que llevara con él una mercadería,
pero en verdad era para venderme y hacerse de una ingente fortuna.
Lo seguí en la nave –aun sospechando algo–, porque me obligaba.
Esta corría con el Bóreas, viento fresco y agradable46,
hasta pasar Creta. Y Zeus meditaba nuestra desgracia. 300
»Cuando por fin dejamos atrás Creta y ninguna otra47
tierra había a la vista, sino solo el cielo y el mar,
entonces colocó una nube azul oscuro el Cronida
sobre la cóncava nave y se oscureció el ponto bajo ella48.
»Zeus tronó al tiempo que lanzaba un rayo contra la nave, 305
y esta se zarandeó toda, sacudida por el rayo de Zeus,
y se llenó de azufre. Se cayeron de la nave mis compañeros
y, semejantes a gaviotas marinas, alrededor de la negra nave
eran arrastrados por las olas. Un dios les había arrebatado el regreso49.
»En cuanto a mí, oprimido el corazón por el dolor, el mismo Zeus 310

45
Algunos homeristas arguyen que los vv. 285-286 pueden haber sido interpolados; cfr. A commentary on
Homer’s Odyssey: Books IX-XVI por Alfred HEUBECK y Arie HOEKSTRA (1989: 212). Si quitamos estos
dos hexámetros e introducimos algunas leves modificaciones, podría percibirse una versión anterior de la
historia en que el mismo rey egipcio lo habría entregado al mercader fenicio, como sucede con una chipriota
en 17, 442-444, en la historia falsa de Odiseo-mendigo ante los pretendientes.
46
El Bóreas es viento frío que sopla desde la lejana Tracia y trae el invierno. El adjetivo «agradable» no le
es muy apropiado; véase nota a 12, 326 sobre los cuatro vientos que se mencionan en Homero.
47
Los vv. 302-304 repiten 12, 404-406.
48
Los datos geográficos son muy claros. Desde Fenicia (ubicada en la costa oriental del Mar Mediterráneo),
las dos naves –la del fenicio y la de Odiseo– se dirigen a Libia (en el norte de África) y bordean Creta. No
sabemos si rodean Creta por el oeste o por el este, pero indudablemente el naufragio ocurrió al sur de la
isla.
49
Véase nota a 12, 418. Los vv. 305-306 repiten 12, 415-416; el v. 307 es similar a 12, 417 y los vv. 308-
309 repiten 12, 418-419. La situación en el canto 12 es la narración de Odiseo de la desaparición de sus
compañeros después de abandonar la isla de Helios.
Odisea de Homero. Traducción y notas de Marta Alesso
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el mástil imponente de la nave de azuloscura proa
me puso entre las manos, para que otra vez escapara de la desgracia.
Así que, abrazado al mástil, me dejaba llevar de los funestos vientos.
Durante nueve días me dejé llevar y la décima oscura noche
a la tierra de los tesprotos50 una gran ola rodante me arrojó 315
donde me acogió el rey de los tesprotos, el héroe Fidón51,
sin pagar precio. Allí fue su hijo el que se acercó,
castigado por la intemperie y el cansancio me llevó a casa
sosteniéndome de su mano hasta que llegó al palacio de su padre,
donde de manto y túnica, con ropas me vistió. 320
»Allí fue donde supe de Odiseo, pues el rey me aseguró
que estaba hospedándolo y agasajándolo cuando volvía a su tierra patria.
Y me mostró las riquezas había conseguido Odiseo
bronce y oro y bien trabajado hierro.
»Podrían estas mantener a cualquiera hasta la décima generación: 325
¡tantos tesoros tenía depositados en el palacio del soberano!
»Me dijo que Odiseo había marchado a Dodona52, para del divino
roble de elevada copa53 escuchar la voluntad de Zeus
y enterarse si debía regresar al fértil pueblo de Itaca,
de modo abierto o a ocultas después de tantos años de ausencia. 330
»Y juró ante mí, mientras hacía una libación en su hogar,
que ya tenía dispuesta una nave y compañeros
que lo escoltarían hasta su querida tierra patria.
»Pero a mí me despidió antes, pues resultó que iba a zarpar una nave
de tesprotos hacia Duliquio, rico en grano54. 335

50
El nombre Tesprocia no siempre se refiere a la misma área geográfica en La Antigüedad. Tucídides (1,
46, 4, 50, 3) la describe ubicada en frente de Córcira (actual Corfú) y sobre el río Aqueronte. Homero no
da muchos datos aquí. Se entiende que comprendía una región cercana a Epiro y situada al noroeste de
Grecia, en la costa este del mar Jónico, en un territorio pobre y montañoso. A pesar de los datos inciertos,
es sin duda una zona costera (vv. 334-335 = 19, 291-292), no muy lejos de Itaca (v. 335 = 19, 292; 16, 427).
51
No hay otra referencia a este héroe en la literatura, cuyo nombre por cierto no lleva epíteto ni patronímico.
52
El oráculo de Dodona fue, junto con de Delfos, fue muy célebre de la Antigüedad. ¿Dodona correspondía
a la Tesprocia? Cfr. el capítulo «Molossia and Epeiros» de Elizabeth A. MEYER en el libro Federalism in
Greek Antiquity editado por Hans BECK y Peter FUNKE (2015: 301). Si investigamos las fuentes, así lo
afirma Heródoto (2, 55 -56), quien cuenta que de Tebas, Egipto, partieron dos palomas negras, una viajó
hasta Libia y otra hasta Dodona. Esta última se posó sobre un roble y con voz humana expresó que el
destino quería que se estableciera en aquel lugar un oráculo de Zeus. Los dodonienses, obedecieron y
establecieron el oráculo de Zeus Naios. La paloma que voló hasta Libia ordenó a su vez construir el oráculo
de Amón, que es también un oráculo de Zeus. En Ilíada 16, 234-237, Aquileo invoca a Zeus soberano, el
que reina en Dodona «donde moran los selos, tus intérpre-tes, que no se lavan los pies y duermen en el
suelo». Es probable que se refiera a un cuerpo sacerdotal que llevaba una vida muy austera. En el catálogo
de las naves (Ilíada 2, 749-750) se menciona que Guneo condujo desde Cifo en veintidós naves a los enienes
e intrépidos perebos, «que se establecieron en el áspero país de Dodona». Sin embargo, según Estrabón (9,
5, 20), en estos versos Homero se refiere a otro lugar llamado Dodona situado en Tesalia.
53
«Roble» traduce drûs; las hojas del roble sagrado caían en recipientes de bronce y los selos, sacerdotes
del oráculo, interpretaban por el sonido la palabra de Zeus. Aunque estaba alejado de los principales centros,
el oráculo de Dodona gozó de gran renombre en la Antigüedad y era consultado anualmente por
los atenienses que enviaban una embajada. Sófocles lo menciona en Traquinias (v. 1164-1165) y Esquilo
en Prometeo encadenado (v. 829-830). Anteriormente al 1200 a.C. se rendía culto en el lugar a una diosa
prehelénica de la fertilidad relacionada con las raíces del Gran Roble.
54
Duliquio está nombrada varias veces en Odisea: en v. 396 y en 1, 246 (véase nota); 9, 24; 16, 123 y 19,
131, junto a Same y Zacinto. En 18, 125-128, se la menciona como la patria del pretendiente Anfínomo,
hijo de Niso.
Odisea de Homero. Traducción y notas de Marta Alesso
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»Les ordenó que me enviaran al rey Acasto55,
con amabilidad, pero a ellos les agradó más una malvada decisión
sobre mí, para que definitivamente me sobrecogiera la angustia de una desgracia
Tan pronto como un tanto de la tierra se alejara la nave surcadora del ponto,
al punto maquinaron contra mí la esclavitud; 340
me despojaron de la ropa, túnica y manto,
y echaron sobre mí miserables harapos y una mala túnica
rotosa, lo que estás viendo ahora con tus ojos56.
»Un atardecer, a los campos de Itaca, la que se ve de lejos57, arribaron.
Entonces me ataron a la nave de buenos bancos 345
con una soga bien torneada, fuertemente; ellos descendieron
con premura a la ribera del mar y se dispusieron a cenar.
»Pero seguro aflojaron mis ligaduras los dioses en persona,
fácilmente. Cubrí mi cabeza con los harapos58 y,
deslizándome hacia abajo por el pulido timón, me lancé al mar 350
de pecho, luego comencé a nadar con ambos brazos
como si fueran remos, y pronto estuve fuera del alcance de ellos.
»Salí del agua por donde había un robledal de follaje florido59
y caí desplomado. Ellos lanzaban gritos estruendosos
buscando aquí y allá, pero como parecía que no les era útil 355
explorar tanto, embarcaron otra vez de nuevo
en su cóncava nave. Fueron los dioses mismos los que me ocultaron
tan fácil y a la majada me han hecho llegar
de un hombre prudente, pues mi destino es que viva todavía».

DESCONFIANZA DE EUMEO Y RESPUESTA DE ODISEO (360-408)

Y tú le contestaste, porquero Eumeo, diciendo: 360


«Ay, desdichado forastero, de verdad que has conmovido mi ánimo
al contarme cada una de las cosas, cuánto sufriste y deambulaste,
pero no creo que sean según razón, no vas a convencerme
de lo que has dicho sobre Odiseo. ¿Por qué siendo como eres
tienes que mentir en vano60? Yo conozco por mí mismo 365
lo que refiere al regreso de mi soberano; detestable a todos los dioses
mucho debió ser, ya que no lo dejaron morir entre los troyanos
o en brazos de los seres queridos, luego de haber sufrido la guerra61.

55
El rey Acasto es mencionado solo en este lugar.
56
Los harapos que viste en este momento Odiseo son el resultado del proceso de metamorfosis que le
realizó Atenea (véase 13, 429-438), quien lo disfrazó de mendigo (véase nota a 13, 438).
57
«Itaca, la que se ve de lejos» es una fórmula en mitad del hexámetro que aparece en 2, 167; 9, 21; 13,
212 y 325; 19, 32. En las demás ocasiones, en caso acusativo y solo en este lugar, en caso genitivo.
58
Odiseo se enrolla la ropa en la cabeza para que no se le moje cuando nada.
59
Los robles o, mejor dicho, los árboles del género Quercus –que designa tanto al roble, la encina como el
alcornoque– son más conocidos por su fruto, la bellota. Pero tienen flores masculinas y femeninas. Las
primeras son colgantes con una media docena de estambres de largos filamentos. Las flores femeninas se
muestran en espigas con tres estigmas y óvulos rodeados por una estructura de escamas empizarradas.
60
Los vv. 361-371 expresan el pesar de Eumeo sobre las vicisitudes que ha relatado Odiseo en su historia
falsa. Es notable que el porquerizo parece haber aceptado la mentira completa, excepto la parte más
importante: la noticia del inminente regreso de Odiseo; es decir, lo que refirió en vv. 321-333.
61
Los vv. 368-371 repiten 1, 238-241, aunque vv. 369-370 está atetizados en varios manuscritos. Es la
misma idea –y con las mismas palabras– que expresó Telémaco ante Atenea en aquella oportunidad.
Odisea de Homero. Traducción y notas de Marta Alesso
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»Le habría construido una tumba62 el conjunto del ejército aqueo
y habría legado para su hijo una gran gloria en el futuro. 370
pero ahora sin gloria alguna lo han arrebatado las Harpías63.
»Así que yo permanezco solitario entre mis cerdos y nunca a la ciudad,
me acerco, a no ser que la muy prudente Penélope
me ordene ir, cuando llega alguna noticia.
»En esos momentos todos se sientan a preguntar detalles, 375
ya sea los que sienten pesar por su soberano que está lejos
ya sea los que se alegran consumiendo su hacienda sin pagar.
»Pero a mí no me es grato inquirir y preguntar
desde que un varón etolio me engañó con sus historias64.
Él había dado muerte a un hombre y erraba por muchas tierras 380
hasta que llegó a mi casa. Yo lo agasajé calurosamente.
»Él me aseguró que en Creta, en casa de Idomeneo, lo había visto,
reparando las naves que le habían dañado los vendavales.
También me dijo que volvería para el verano o el otoño
trayendo muchas riquezas en compañía de sus divinos compañeros. 385
»Así que tú, anciano muy sufrido, ya que la divinidad te ha traído
ni con mentiras me halagues ni trates de hechizarme.
No es por eso que te respeto y agasajo,
sino porque temo a Zeus Hospitalario y por compasión hacia ti».
Y le contestó y dijo el muy astuto Odiseo: 390
«De verdad que tienes un ánimo desconfiado en el pecho
pues ni con un juramento te persuado, ni logro convencerte.
»Pero, vamos, hagamos ahora un pacto. Sean en el futuro
testigos los dioses tuyos y míos, los que poseen el Olimpo:
si llega a retornar tu soberano a esta casa, 395
vísteme con manto y túnica y envíame
a Duliquio65, donde se reconforte mi corazón;
pero si no vuelve tu soberano tal como afirmo,
ordena a las siervas que me arrojen desde una gran roca
para que cualquier otro mendigo se abstenga de mentir». 400
Y le contestó y dijo el divino porquerizo:
«Forastero, ¡sí que yo buena fama y virtud66
lograría a los ojos de los hombres en este momento y para siempre,
si después de introducirte en mi cabaña y darte hospitalidad

62
«Tumba» traduce týmbos; véase nota a 1, 239.
63
Las Harpías tenían en su origen apariencia de mujeres bellas y aladas, pero con el tiempo fueron
transformadas en daímones maléficos con cuerpo de ave de rapiña, espantoso rostro de mujer y garras
afiladas, que llevaban consigo malos tiempos, pestes y desgracias. Véase nota a 1, 241 y 20, 77.
64
La anécdota de vv. 378-385 sobre el varón etolio explica la desconfianza de Eumeo por los mensajeros
que llegan a Itaca, tal como expresó anteriormente en términos más generales (vv. 122-132). Allí Penélope
era la víctima del farsante, aquí es el propio Eumeo. La historia del etolio se parece mucho a la mentira
reciente de Odiseo. Los elementos comunes son Creta, Idomeneo y la tormenta (véase 13, 259) y, sobre
todo, que Odiseo va a volver con grandes riquezas. Si Eumeo afirma que aquel viajero lo engañó, de algún
modo está poniendo en duda el cuento cretense de vv. 192-359.
65
Véase nota a v. 335.
66
«Virtud» traduce areté, término vinculado en especial a la valentía y la destreza en el combate. Aquí en
relación con el porquerizo significa la capacidad de ser reconocido por sus buenos servicios, es decir, es
sinónimo de la «buena fama» que lo acompaña.
Odisea de Homero. Traducción y notas de Marta Alesso
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fuera luego a matarte y quitarte la vida67! 405
¡Con qué buena voluntad en adelante podría rezar a Zeus Cronida!
»Pero ya es hora de cenar; pronto tendré dentro a mis compañeros
para preparar en la cabaña una sabrosa cena».

BANQUETE EN HONOR A ODISEO CON EL MEJOR CERDO DE LA PIARA (409-458)

Así continuaban comentándose tales cosas uno a otro,


cuando muy cerca arribaron cerdos y porquerizos68. 410
Éstos encerraron a aquellos para que se acostaran por grupos
y se levantó un estruendoso ruido de cerdos acomodándose en las pocilgas.
Después, daba estas órdenes a sus compañeros el divino porquerizo:
«Traigan el mejor cerdo para que lo sacrifique para el huésped69
que de lejos llega, que también nosotros lo aprovecharemos, 70 415
los que soportamos fatigas por causa de los cerdos de blancos dientes,
mientras otros se comen nuestro esfuerzo sin pagar por ello».
Así diciendo, se puso a partir leña con su implacable bronce71
y ellos trajeron dentro un cerdo muy gordo de cinco años,
y lo colocaron junto al hogar. No se olvidó el porquerizo 420
de los inmortales, pues no carecía de nobles pensamientos.
Así que como primicias arrojó al fuego unos pelos de la cabeza72
del cerdo de blancos dientes e imploró a todos los dioses
por el regreso de Odiseo, el muy ingenioso, a su hogar.
Lo levantó y lo golpeó con un palo de roble que había dejado aparte. 425
Y la vida lo abandonó. Así fue que lo degollaron y lo tostaron
y al punto lo trocearon, y el porquerizo envolvió
trozo por trozo, los pedazos en gorda grasa
y arrojó algunos al fuego rebozados en harina de cebada.
Cortaron otros pedazos y los atravesaron con pinchos, 430
los asaron con mucho cuidado y quitaron a todos del fuego

67
Eumeo en vv. 402-406 usa la ironía (como figura retórica que expresa lo contrario de la intención o la
acción) a la irónica proposición de Odiseo de vv. 399-400 de ser arrojado a un abismo si es que su amo –él
mismo, allí presente– no llega a volver.
68
La conversación entre Odiseo y Eumeo concluye cuando entran en escenas los demás porquerizos, que
en vv. 24–28 vimos marcharse: tres al campo y un cuarto a llevar un cerdo para el banquete de los
pretendientes.
69
En vv. 74-82 Eumeo había preparado dos lechones jóvenes, el alimento de sirvientes (véase nota a v. 81),
ahora le ofrece el mejor de los cerdos, es decir, pasa a tratar a su invitado como un hombre de estatus y
riqueza, posiblemente por creer que se trata de un héroe de Troya, como Odiseo contó en vv. 233-242.
70
Eumeo busca una reivindicación de los siervos por su duro trabajo sin adecuada recompensa (como habría
obtenido de Odiseo según vv. 62-67). De este modo muestra que el rencor contra los pretendientes no es
solo por motivos morales (véase vv. 82-95) o por lealtad a su amo (véase vv. 26-88), sino también por
razones personales. Compárese con la queja de la sirvienta que tiene que moler el maíz para los
pretendientes en 20, 105-119; véase nota a 20, 112.
71
Observamos en los vv. 418-438 los pasos de un banquete ritual: 1.- preparación de la leña para el fuego
(v. 418); 2.- elección del mejor animal (vv. 418-420b); 3.- inicio de la plegaria (vv. 420b-421); 4.- pelos de
la cabeza como primicia (v. 422); 5.- oración por el regreso de Odiseo (vv. 423-424); 6.- muerte del animal
(vv. 425-426); 7.- ofrenda de trozos envueltos en grasa y harina de cebada (vv.427-429) ; 8.-corte y
colocación en los pinchos para asar (vv. 430-432a); 9.- distribución de las siete porciones (432b-436); 10.-
porción de honor para Odiseo (vv. 437-438).
72
Véase nota a 3, 446.
Odisea de Homero. Traducción y notas de Marta Alesso
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y los pusieron sobre la mesa de trinchar73. El porquerizo
se levantó para distribuirlos –pues en su mente sabía lo que correspondía–
y dividió en siete partes trozando todo74:
una a las Ninfas y a Hermes, el hijo de Maya75, 435
la ofreció, mientras oraba. Las demás las repartió a cada uno.
Odiseo recibió como un honor el alargado lomo
del cerdo de blancos dientes y deleitó el ánimo del soberano.
Así que dirigiéndose a Eumeo dijo el polifacético Odiseo:
«¡Ojalá así, Eumeo76, seas tan querido al padre Zeus 440
como lo eres de mí, pues siendo como soy, me honras con tus bienes».
Y tú le contestaste diciendo, porquerizo Eumeo:
«Come, desdichado forastero, y disfruta todo
lo que tienes a mano, que un dios algo te dará y algo te quitará77,
según quiera en su ánimo, pues todo lo puede» 445
Así dijo y ofreció las primicias a los dioses nacidos para siempre
y luego de libar, el rojo vino para Odiseo, destructor de ciudades,
le colocó en las manos. Él estaba sentado junto a su porción.
Pan les repartió Mesaulio78, a quien el porquerizo
había adquirido por su cuenta, una vez ausentado su soberano 450
sin ayuda de su soberana ni del anciano Laertes.
Se lo había comprado a los tafios79 con sus propios recursos.
Ellos, a los alimentos que tenían servidos, les echaron mano
y cuando hubieron arrojado de sí el deseo de comida y bebida,
el pan les retiró Mesaulio y al lecho, 455
saciados de pan y carne, se dispusieron a marcharse a dormir80.
Y se presentó una mala noche, noche sin luna, en que Zeus
estuvo lloviendo y un fuerte Céfiro soplaba, siempre húmedo.

LA PRUEBA DEL MANTO (459-533)

73
No es común el detalle de arrojar la carne sobre la mesa de trinchar en el contexto del sacrifico. Sucede
solamente en Ilíada 9, 215 en una comida en la tienda de Aquileo, en la que el héroe y Patroclo, son
anfitriones de la embajada compuesta por Odiseo, Fénix y Áyax. En verdad, esta parece una parodia de
aquella escena épica.
74
Suponemos que seis porciones son para Odiseo, Eumeo y Mesaulio (cuyo nombre se mencionará en v.
449) y para los tres siervos que habían marchado al campo en v. 26. La séptima porción es para las Ninfas
y Hermes.
75
Hermes era hijo de Zeus y la pléyade Maya (cfr. Hesíodo, Teogonía 938; Himno Homérico a Hermes 4;
Alceo, Frag. 308; Esquilo, Coéforas 683; Apolodoro 3, 112.
76
Odiseo se dirige al porquerizo por su nombre propio, aunque Eumeo hasta el momento no ha dicho cómo
se llama. Véase en vv. 53-54 el agradecimiento del falso mendigo a su anfitrión sin mencionarlo por el
nombre.
77
La breve alocución de Eumeo incluye, como a menudo, un enunciado gnómico.
78
Eumeo, a pesar de ser esclavo, pudo comprar de su propio peculio, un esclavo que lo sirviera. El nombre
Mesaulio significa algo como «el del medio del patio» y es, muy probablemente, una invención del poeta,
como el de los jóvenes feacios que, en 8, 111-114, hacen alusión al mar y a la navegación (véase nota a 8,
114).
79
Los tafios ya ha sido mencionados en relación con Atenea-Mentes, en 1, 105 (véase nota). Se entiende
por la presente alusión que se dedicaban a la piratería y al tráfico de esclavos (véase 15, 427 y 16, 426).
80
El hexámetro cierra de manera abrupta la escena del banquete rural. No obstante, Odiseo y los otros
pastores no se irán a dormir hasta vv. 523-524 y Eumeo, por su lado, se tenderá a dormir afuera. Bajo una
roca, junto a sus cerdos en vv. 532-533.
Odisea de Homero. Traducción y notas de Marta Alesso
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Entonces se habló Odiseo para poner a prueba al porquerizo81,


por ver si se quitaba el manto y lo entregaba o a uno de sus compañeros 460
se lo solicitaba, puesto que tanto por él se preocupaba:
«Escúchame ahora, Eumeo y todos ustedes, compañeros;
voy a decir mi palabra con una súplica, ya que me impulsa el vino82,
perturbador, el que induce incluso al más prudente a danzar
y a reír suavemente y lo empuja a bailar 465
y hace soltar palabras que estarían mejor no pronunciadas.
Pero ya que he empezado a hablar, no voy a ocultarlo.
»¡Ojalá fuera yo joven y mi vigor no estuviera inmovilizado
como cuando marchamos a poner una emboscada sobre Troya83!
Iban como jefes Odiseo y el Atrida Menelao84 470
y junto a ellos mandaba yo el tercero, pues así me lo ordenaron.
Cuando hubimos llegado a la elevada muralla de la ciudad
en derredor de la fortificación, entre espesos espinos,
en un cañaveral y un pantano, bajo nuestros escudos agazapados,
nos apostamos, y se nos vino una mala noche, pues caía el Bóreas, 475
glacial. Luego se nos vino de arriba una nieve helada,
gélida, y sobre nuestros escudos se condensaba el hielo85.
Todos los otros tenían mantos y túnicas
y dormían tranquilos, con los escudos se cubrían los hombros86,
pero yo al marchar mi manto a unos compañeros les había dejado 480
por imprudencia, pues no creí que iba a tener frío en absoluto;
así que había partido sólo con mi escudo y un ceñidor refulgente.
Cuando ya quedaba un tercio de la noche y los astros declinaban,
entonces yo me dirigí a Odiseo, que estaba a mi lado,
tocándolo con mi codo. Y al momento me prestó oídos 485
»“Laertíada, de linaje divino, Odiseo, pleno de inventiva,
ya no me encontraré más entre los vivos, pues el frío invernal

81
En el imprescindible libro The Songs oh Homer, Geoffrey S. KIRK (1962: 360-361), observa que los vv.
459-506 constituyen una dilación de la acción totalmente inapropiada e inútil. Odiseo no tiene necesidad
de inventar una nueva historia –en que la astucia del héroe es otra vez el elemento más destacado– para
obtener la prueba de que Eumeo era lo suficientemente generoso como para ofrecerle un manto. El
porquerizo ya había demostrado de manera sobrada su hospitalidad y bonhomía. Aunque también aclara
Kirk que esta conclusión para el canto catorce no carece de dramaticidad y belleza poética.
82
Los efectos del vino en boca del pretendiente Antínoo dirigiéndose a Odiseo, en 21, 293-294 (véase nota
a 21, 294).
83
La nueva historia falsa de Odiseo (otro «cuento cretense» en este canto), de vv. 468-506, está en
consonancia con la información que él mismo había ofrecido en la anterior (vv. 192-359): tiene lugar
durante la guerra de Troya (vv. 235-242) y el héroe estaba participando en una emboscada (vv. 217-221).
84
El (falso) mendigo se ubica en la historia como un guerrero, a la par de Odiseo y Menelao.
85
La descripción, si bien refiere a la toma de Troya, difiere de la atmósfera épica de Ilíada, donde nunca se
habla del clima ni de las penurias sufridas por los soldados. Sobre el relato del episodio que cuenta Odiseo,
cfr. La nota «An ethnic joke in Homer?» de Corey BRENNAN (1987) y el artículo «Cloak and Shield in
Odyssey 14» de Rick M. NEWTON (1998).
86
El escudo de la época micénica se denominada escudo de torre y cubría casi todo el cuerpo. Este tipo de
escudo se dejó de usar con la introducción de la armadura de bronce y se empezó a utilizar el escudo en
forma de ocho, confeccionado con varias capas de cuero de toro y reforzado con láminas de bronce. Más
tarde se adoptaron escudos más pequeños de forma circular. Casi nunca los escudos estuvieron hechos
completamente de bronce. Cfr. Bronze Age Greek Warrior 1600–1100 de Raphaelo D'AMATO y Andrea
SALIMBETI (2011).
Odisea de Homero. Traducción y notas de Marta Alesso
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me está doblegando; no tengo manto. Un daimon me ha engañado
para que viniera con una sola túnica. Ahora ya no hay escaporia”.
»Así dije y él enseguida pensó una argucia en su corazón 490
–¡cómo era él para dar consejo y para combatir!–
y hablando en voz baja me dijo su palabra:
»“Calla ahora, que no te oiga alguno de los aqueos”.
Luego se apoyó sobre el codo, levantó la cabeza y dijo su palabra:
“Escúchenme, amigos: un sueño divino llegó mientas dormía. 495
Demasiado nos hemos alejado de las naves, que vaya alguien
a decir al Atrida Agamenón, pastor de pueblos,
si puede ordenar que vengan más hombres desde las naves”.
»Así habló y se levantó Toante, hijo de Andremón87,
rápido, dejó allí su manto teñido de púrpura 500
y echó a correr hacia las naves. Yo envuelto en él
me acosté con alborozo; pronto se mostró Eos de trono de oro.
»¡Ojalá fuera yo joven y mi vigor no estuviera inmovilizado
y quizá me daría un manto en este establo uno de los porquerizos
por una de las dos cosas: por amor como por respeto a un valiente!, 505
pues ahora me desprecian por tener mala ropa sobre mi cuerpo».
Y tú le contestaste, porquerizo Eumeo, diciendo:
«Anciano, es una admirable historia la que has contado
y no creo que fuera de lugar hayas dicho tu palabra, ni al azar.
Por eso no vas a carecer de vestido ni de cosa alguna 510
que debiera tener un suplicante muy sufriente que nos sale al encuentro,
ahora; así que cuando amanezca sacudirás tus andrajos,
pues no tenemos aquí muchos mantos ni túnicas de recambio
para vestirse, sino uno solo para cada mortal.
Mas en cuanto venga el querido hijo de Odiseo, 515
él un manto y una túnica te dará
y te enviará a donde tu corazón te empuje».
Así diciendo, se levantó y le tendió cerca del fuego
un catre y le arrojó encima pieles de ovejas y cabras.
Se echó allí Odiseo y sobre él arrojó Eumeo un manto88 520
pesado y grande, que solía usar de repuesto89

87
Toante era el jefe de los etolios y guio hacia Troya una comitiva de cuarenta naves), uno de los
contingentes más numerosos. El mandato le fue otorgado porque dejaron de existir las dinastías anteriores,
los hijos de Eneo y Meleagro (véase Ilíada 2, 638-644). Fue uno de los nueve voluntarios para luchar contra
Héctor en un combate cuerpo a cuerpo (Ilíada 7, 168), pero perdió en el sorteo ante Áyax, el hijo de
Telamón. Poseidón se hizo pasar por Toante para convocar a Idomeneo y evitar que Héctor, quien acababa
de matar al nieto del dios del mar, desalojara a los argivos (Ilíada 13, 215-239). Más tarde, cuando Héctor
se abre camino hacia las naves argivas, Toante ordena a la muchedumbre que vuelva a las naves y que los
más valientes, como él mismo, lo rechacen yendo a su encuentro con las picas levantadas (véase Ilíada 15,
281-299). Virgilio (Eneida 2, 262) menciona a Toante como uno de los guerreros escondidos en el caballo
de Troya. Cfr. «Alternative Odysseys: The Case of Thoas and Odysseus» de Jim MARKS (2003).
88
«Manto» traduce chlaîna, prenda masculina que se usa sobre el chitón –túnica– también utilizado solo
por los hombres, porque la túnica femenina se denomina péplos. El término chlaîna aparece quince veces
en el canto 14, en ocasiones se usa a modo de frazada para cubrirse cuando se duerme (aquí y en v. 460).
Brevísima descripción de estas prendas y fuentes en las que se mencionan en Greek and Roman Dress from
A to Z de Liza CLELAND, Glenys DAVIES y Lloyd LLEWELLYN-JONES (2008).
89
El hexámetro contradice v. 514, donde dice que tienen un manto por persona. No obstante haber
comprendido Eumeo el mensaje de la historia del mendigo, se entiende que el manto es solo un préstamo,
no un regalo. La obtención de la ropa que necesita provendrá de Telémaco. La referencia al hijo de Odiseo
Odisea de Homero. Traducción y notas de Marta Alesso
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para vestir cuando se levantaba un terrible temporal.
Así pues, allí se acostó Odiseo, y junto a él
se acostaron los hombres jóvenes. Pero al porquerizo
no le agradaba acostarse a dormir lejos de los cerdos, 525
por lo que se aprestó a salir afuera. Odiseo se alegró
por lo mucho que cuidaba su hacienda, aunque él estaba lejos.
Primero se colgó de los fuertes hombros la aguda espada
y luego se rodeó con un grueso manto, muy espeso, como protección
tomó la piel de un macho cabrío, gordo y grande 530
y agarró una aguda jabalina, para defenderse de perros y de hombres;
y se fue, aun deseando dormir, adonde dormían los cerdos de blancos dientes,
que dormían bajo una cóncava roca, al abrigo del Bóreas90.

(v. 515) es adecuada en este lugar, porque prepara las circunstancias que ocurrirán en el canto 16, cuando
el joven llegue a la cabaña de Eumeo.
90
La roca bajo la cual duermen los cerdos de Eumeo se denomina Roca del Cuervo y está cerca de la fuente
Aretusa (véase 13, 408).
Odisea de Homero. Traducción y notas de Marta Alesso
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Canto XV
Telémaco regresa a Itaca1

ATENEA ORDENA A TELÉMACO QUE VUELVA A SU HOGAR (1-47)

Entre tanto, hacia la extensa Lacedemonia, Palas Atenea2


había marchado para recordar al ilustre hijo del magnánimo Odiseo
el regreso y ordenarle que volviera a casa.
Encontró a Telémaco y al brillante hijo de Néstor,
acostado en el pórtico del prestigioso Menelao, 5
en verdad solo al Nestórida tenía dominado el dulce sueño,
a Telémaco no lo sujetaba el grato sueño y en su ánimo
y a lo largo de la noche inmortal lo agitaba la ansiedad por su padre3.
Se acercó Atenea, la de ojos de lechuza, y le dijo:
«Telémaco, ya no está bien deambular más tiempo lejos de casa4 10
pues han quedado tus bienes en el palacio, y hombres5
muy soberbios. Que no vayan a devorarlo todo
y tus bienes repartan mientras tú haces un viaje en vano.
»Vamos, urge rápidamente a Menelao, de vigoroso grito,
para que te envíe de vuelta y en casa encuentres a tu ilustre madre 15

1
El canto 15 describe la última parte de la noche del día treinta y cinco, los días treinta y seis y treinta siete
y la madrugada del día treinta y ocho, contemporánea a la acción de comienzos de canto 16. Volvemos a
focalizarnos en las acciones de Telémaco, que habíamos dejado en 4, 624 en el palacio de Menelao, lugar
en que se había celebrado un banquete y se estaba preparando otro. Pareciera aquí que es el día siguiente,
pero han transcurrido diez cantos en los que se narró el viaje de Odiseo desde Ogigia a Itaca, que ha durado
más de un mes. Los especialistas no han resuelto este problema en la cronología del viaje de Telémaco; cfr.
The Stranger’s Welcome de Steve REECE (1993: 90). La estructura del canto es la siguiente: 1.-Atenea
reaparece y aconseja a Telémaco (vv. 1-47); 2.- Se sucede un largo aprestamiento para la partida de
Telémaco de Esparta (vv. 56-183); Telémaco se separa de Pisístrato, e irrumpe Teoclímeno (vv. 184-300);
3.-La acción vuelve a la cabaña de Eumeo donde está Odiseo (vv. 301-495). 4.- A partir del v. 495 hasta el
final, el narrador vuelve a concentrar su atención en Telémaco que desembarca finalmente en su tierra natal.
Como vemos, en este canto se unen los dos hilos narrativos: el que corresponde a Telémaco y el que ha
traído a Odiseo a Itaca.
2
La acción retorna a la presencia de Atenea, diosa protectora de Odiseo, con quien colabora en Odisea,
transmitiéndole parte de su conocimiento y astucia en las adversidades. En 13, 439-440, Atenea había
iniciado su vuelo hacia Esparta, en Lacedemonia, en busca de Telémaco. En 13, 413-415, la diosa le había
indicado a Odiseo –después de haberlo transformado en un mendigo vagabundo– que la esperara en la
cabaña de Eumeo, adonde ella retornaría con el hijo del héroe. Atenea exhorta a Telémaco para que regrese
mediante un sueño, con la particularidad de que Telémaco no está dormido sino insomne (vv. 7-8). Una
vez que la diosa se ha marchado, el joven reacciona y despierta a Pisístrato, el hijo de Néstor, para marcharse
de Esparta (vv. 44-47). Obsérvese que en esta ocasión, Atenea no adopta formal de mortal (véase 1, 105;
6, 22) y en ninguna parte se refiere a sí misma como Atenea (como lo hizo en 13, 305).
3
El insomnio de Telémaco contrasta con el sueño despreocupado de Pisístrato. Véase en 20, 6 nota sobre
el motivo literario del insomnio.
4
Atenea no puede o no quiere revelar la verdadera razón por la que Telémaco debería volver a Itaca: su
padre ya ha regresado. Utiliza otros argumentos: 1.- el peligro de la pérdida de su patrimonio, sea en manos
de los pretendientes o potencialmente por Penélope después de un inminente nuevo matrimonio (véase las
preocupaciones de Telémaco por su patrimonio en 1, 250-251 y 2, 48-49); 2.- la intención de los
pretendientes de matarlo (vv. 27-32), por lo que es mejor no regresar al palacio directamente, sino pasar
primero por el habitáculo de un servidor de confianza.
5
Los vv. 11-13 repiten 3, 314-316, con una leve variación en v. 12.
Odisea de Homero. Traducción y notas de Marta Alesso
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que ya su padre y sus hermanos andan apremiándola6


a que se case con Eurímaco7, pues este aventaja a todos
los pretendientes en dones y ha aumentado su regalo nupcial.
»Que no se lleve de tu casa, sin que te enteres, algún bien8.
Pues ya sabes cómo es el sentimiento en el pecho de una mujer: 20
quiere incrementar el patrimonio de la casa de quien la despose
y de sus primeros hijos y de su amado esposo,
una vez que ha muerto, ya no se acuerda ni se preocupa.
»Pero tú, cuando te marches de aquí, deberías dejar todo
en manos de una esclava, la que te parezca mejor, 25
hasta que los dioses te indiquen una esposa bien sana.
»Te voy a decir algo más y debes ponerlo en tu interior:
los pretendientes, los más nobles, con astucia te quieren emboscar
en el estrecho entre Itaca y la escarpada Samos,
deseosos de ultimarte antes de que llegues a tu tierra patria9. 30
Pero no creo que se cumpla; antes ha de abrazar la tierra
a alguno de los pretendientes que se comen tu hacienda.
Por tanto aleja de las islas tu bien construida nave10
y navega durante la noche. Te enviará un viento favorable
aquel que entre los inmortales te custodia y protege. 35
»Mas tan pronto como hayas llegado a la costa de Itaca,
envía la nave y a tus compañeros a la ciudad
y tú marcha antes que nada junto al porquerizo11,
el que es guardián de tus cerdos y que conoce tus sentimientos.
Pasa allí la noche y envíalo a la ciudad 40
para que anuncie a la prudente Penélope
que estás a salvo y has arribado desde Pilos».
Después de hablar así, se marchó hacia el lejano Olimpo.
Despertó Telémaco al hijo de Néstor de su dulce sueño,
lo empujó con el pie12 y le dijo su palabra: 45
«Despierta, Pisístrato Nestórida, a los caballos de una sola pezuña
unce al carro, para que activemos el viaje».

DONES DE HOSPITALIDAD DE MENELAO A TELÉMACO (48-132)

6
No se dice en ningún otro lugar que el padre –Icario– y sus hermanos apremian a Penélope para que se
case con Eurímaco; puede ser que este verso se haya interpolado o no sea más que una pequeña mentira de
Atenea.
7
En vv. 518-522, Telémaco repite que Eurímaco es el pretendiente con más posibilidades. Sobre las
características personales del pretendiente Eurímaco, véase nota a 1, 399.
8
Esta –malintencionada– aserción de Atenea de vv. 19-23 sobre las mujeres en general y Penélope en
particular no tiene parangón en Odisea, en la cual Penélope es fiel a la memoria de su esposo y está siempre
preocupada por su hijo.
9
Los vv. 30-32 repiten 13, 426-428, es decir, Atenea le había dicho lo mismo a Odiseo.
10
No sabemos a cuáles islas se refiere Atenea. Posiblemente a Itaca y Samos, que en el v. 29 se mencionan
a los costados del estrecho en que los pretendientes están emboscados. Esperan a Telémaco en la isla de
Ásteris, en medio de la distancia de Itaca y Samos, según se dice en 4, 846 (véase nota), aunque sea un
error geográfico y debiera decir «Same» (véase nota a 4, 845). Otras islas se van a mencionar en vv. 299
(véase nota).
11
Similares palabras le había dicho Atenea a Odiseo en 13 404-405.
12
Idéntica expresión se usa en Ilíada 10, 158: Néstor y Odiseo encuentran a Diomedes durmiendo y Néstor
lo despierta de la misma manera.
Odisea de Homero. Traducción y notas de Marta Alesso
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Y a su vez, Pisístrato, el hijo de Néstor, le contestó13:


«Telémaco, no es posible, aunque aceleremos la partida,
conducir en medio de la oscura noche. Pronto vendrá la aurora. 50
Más bien que nos traiga sus regalos y los coloque en el carro
el héroe Atrida Menelao, famoso por su lanza,
y con palabras amables nos dé la despedida;
pues un huésped se acuerda todos los días
del hombre hospitalario que le ha ofrecido su amistad14». 55
Así dijo, y enseguida apareció Eos, la del trono de oro.
Muy cerca se aproximó Menelao, de vigoroso grito,
que se había levantado del lecho, de junto a Helena de bellas trenzas.
Cuando lo vio el querido hijo de Odiseo
vistió sobre su cuerpo la resplandeciente túnica, 60
echó un gran manto sobre sus robustos hombros
el héroe. Se dirigió a la puerta. Irguiéndose ante él, le dijo
Telémaco, el querido hijo del divino Odiseo:
«Atrida Menelao, descendiente de Zeus, caudillo de tu pueblo
ahora en este momento despídeme a mi querida tierra patria15,
pues ya anhelaba mi ánimo regresar a casa». 65
Y le contestó luego Menelao, de vigoroso grito:
«Telémaco, no seré yo quien vaya a detenerte aquí más tiempo
si deseas el regreso. Juzgo equivocado a cualquiera
que reciba a un huésped y en exceso lo ame 70
o en exceso lo aborrezca. Todo es mejor si es proporcionado16.
»Hacen un daño semejante el que a marcharse empuja
a un huésped que no lo desea y el que retiene al ansioso por irse.
Hay que homenajear al huésped cuando llega; pero si quiere, dejarlo ir
»No obstante, espera a que traiga mis regalos y los ponga en el carro, 75
dones hermosos –lo verás con tus propios ojos–, y que ordene a las mujeres
preparar un almuerzo17 en palacio con cuanto hay aquí en abundancia.
»A la par, gloria, esplendor y buen provecho18,
es viajar bien alimentados por la tierra sin límite.

13
La alocución calmada de Pisístrato de vv. 49-55 contrasta con la impaciencia propia del joven Telémaco
manifestada en vv. 46-47. El hijo de Néstor, en su función de colaborador, ilustra al hijo de Odiseo sobre
las formas adecuadas de concluir una visita.
14
La hospitalidad es una institución social en la poesía épica y refleja sin duda las costumbres de la época
arcaica; cfr. The Routledge Handbook of Hospitality Studies de Conrad LASHLEY (2016: 1-10).
15
La partida de Telelémaco de Esparta puede compararse con la partida de Odiseo de la isla de los feacios
(13, 19-80) y ambas con la partida de Príamo del campamento aqueo (Ilíada 24,189-328).
16
La frase gnómica es equivalente a «nada en exceso», escrita en el frontón del templo de Apolo en Delfos.
Para el caso, significa: tanto el amor como el odio hacia un viajero que llega a la casa deben ser moderados.
17
«Almuerzo» traduce deîpnon, la comida del mediodía (véase vv. 94 y 500; 6, 97; 10, 57, 116 y 155; 17,
176; 24, 215, 360 y 394), aunque a veces traducimos deîpnon por «banquete» (4, 624; 17, 214; 20, 175 y
390.
18
Conviene detenerse en estos conceptos que ponen en relación ciertos valores con la buena alimentación:
«gloria» traduce kýdos, que refiere especialmente a la gloria en la guerra (se dice «gran gloria de los aqueos»
de Odiseo en 12, 184 e Ilíada 9, 673 y de Néstor en 3, 79 e Ilíada 14, 42); «esplendor» traduce aglaíe, que
se traduce por «belleza» cuando se refiere a Penélope (véase 18, 180); «buen provecho» traduce óneiar,
término más relacionado con la comida que los otros dos: se traduce por «refrigerio» en la fórmula «echaron
mano del refrigerio que tenían preparado delante» (1, 149; 4, 67 y 218; 5, 200; 8, 71 y 484; 14, 453, 16, 54;
17, 98; 20, 256 e Ilíada 9, 91 y 221; 24, 627).
Odisea de Homero. Traducción y notas de Marta Alesso
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Si quieres dar una vuelta por la Hélade y el centro de Argos19, 80


para yo mismo escoltarte en persona, unciré mis caballos
y te guiaré por las ciudades de los hombres. Nadie a nosotros
nos va a despedir sin más, sino que nos darán para llevarnos
un trípode de buen bronce o un caldero
o quizás dos mulas20 o una copa de oro». 85
A él, a su vez,Telémaco le contestó con prudencia:
«Atrida Menelao, descendiente de Zeus, caudillo de pueblos,
quiero volver ya a mis cosas, a mis espaldas
al marcharme no he dejado vigilante alguno de mis posesiones;
no quiero que por buscar a mi divino padre yo me pierda, 90
o que se pierda en el palacio algún tesoro valioso».
Luego que lo oyó Menelao, de vigoroso grito,
al punto ordenó a su esposa y esclavas que preparasen
preparar un almuerzo21 en palacio con cuanto había en abundancia22.
Se le acercó luego Eteoneo, hijo de Boeto23, 95
recién levantado de la cama –pues no habitaba lejos–,
que encendiera fuego le ordenó Menelao, de vigoroso grito,
y que pusiera a asar las carnes. Y aquél no desobedeció al oírlo.
Menelao descendió al perfumado tálamo24,
pero no solo; junto a él marchaban Helena y Megapentes25 100
el Atrida tomó una copa de doble asa
y ordenó a su hijo Megapentes que llevara una crátera
de plata. Helena se detuvo junto a sus arcones
donde tenía peplos multicolores que ella misma había bordado. 105
Tomó uno de ellos y se lo llevó Helena, divina entre las mujeres,
el más hermoso por sus bordados y el más grande
Brillaba como una estrella. Estaba debajo de los demás.
Atravesaron caminando el palacio hasta que llegaron
junto a Telémaco. Y le dijo el rubio Menelao: 110
«Telémaco, ¡ojalá que el regreso tal como tú pretendes
lo lleve a término Zeus, el tronador esposo de Hera,

19
La Hélade designa una región al sur de Tesalia (véase llíada 2, 683; 9, 395, 447 y 478; 16, 595) y Argos
denomina una amplia región, a veces al Peloponeso entero (como en 4, 174). La segunda parte del
hexámetro, que es fórmula en 1, 344 (véase nota) y 4, 726 y 816, puede significar que Menelao se ofrece a
acompañar a Telémaco por una recorrida por todo el sur y el norte de Grecia para obtener regalos.
20
En 4, 590, Menelao había prometido a Telémaco «tres caballos y un carro bien trabajado», regalo que
Telémaco resignó en 4, 601-602; quizá por esa razón no se mencionan aquí.
21
Véase nota a v. 77.
22
Obsérvense algunos elementos de la escena de la partida en curiosa correspondencia con los de la llegada
de Telémaco a Esparta: celebración de una comida festiva (vv. 93-98, 134-43 y 4, 51-67); intervención de
los personajes secundarios Eteoneo (v. 95 y 4, 22-38) y Megapentes (vv. 100, 103 y 4, 11); mención de los
viajes de Menealo en los cuales consiguió riquezas (vv. 117-119 y 4, 33-34); admiración por las riquezas
de Menelao (132 y 4, 43-47); el tejido de Helena (en v. 126 le ofrece una túnica que ella misma había tejido
y en 4, 120-135 trae los adminículos para tejer).
23
Véase nota a 4, 31. Este servidor de Menelao es un personaje evidentemente de noble nacimiento, pues
se menciona el patronímico, Boetídes que traducimos por «hijo de Boeto».
24
En Ilíada 6, 288, la fórmula se aplica a Hécabe y en Ilíada 24, 191 a Príamo. El tálamo es siempre una
cámara privada, que puede oficiar de almacén o de dormitorio; véase nota a 21, 8. Los vv. 101-109 ofrecen
un buen ejemplo de los objetos que se guardaban en el tálamo.
25
Megapentes es el hijo que Menelao había tenido de una esclava (véase 4, 10-11).
Odisea de Homero. Traducción y notas de Marta Alesso
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De cuantos objetos hay en mi casa para atesorar26


te daré el que sea más bello y más valioso.
Te daré una cratera bien tallada, de plata 115
es toda ella y recamados con oro los bordes.
Es obra de Hefesto; me la dio el héroe Fédimo,
rey de los sidonios27, cuando me albergó en su casa
en mi regreso a este lugar. Esto es lo que te quiero regalar».
Así diciendo, puso en sus manos una copa de doble asa 120
el héroe Atrida; luego una crátera refulgente
le dejó delante el vigoroso Megapentes que la portaba,
de plata. También se le acercó Helena, de hermosas mejillas,
con el peplo en sus manos, le dijo su palabra y lo llamó por su nombre:
«También yo, hijo querido, te entrego este regalo, 125
recuerdo de las manos de Helena, para que en la hora de la deseada boda
se lo lleves a tu esposa28. Junto a tu amada madre hasta entonces
y que se quede en palacio. Que llegues feliz
a tu bien edificada casa y a tu tierra patria».
Así diciendo lo puso en sus manos y él lo recibió gozoso. 130
Lo puso en la caja del carro29 el héroe Pisístrato
luego de recibirlo. Y todas las cosas maravillaban su ánimo30.

AUGURIO DE HELENA ANTES DE LA PARTIDA DE TELÉMACO (133-183)

Después por el palacio los comenzó a guiar Menelao, de rubia cabeza31,


y se sentaron luego en sillas y sillones32.

26
Los vv. 113-119 repiten 4, 617-623. Obsérvese que el ofrecimiento de los regalos de Menelao y Helena
a Telémaco van acompañados de un discurso que al mismo tiempo es de despedida, tal como se combinaban
las ofrendas de hospitalidad y las palabras de despedida en la escena de los dones de Euríalo a Odiseo en
la corte de los feacios, en 8, 406-411.
27
Véase nota a 4, 617 y a 618.
28
Helena se muestra aquí como una virtuosa ama de casa que defiende los valores del matrimonio.
29
«Caja del carro» traduce peírintha, que también puede ser un cesto de mimbre, el término aparece en
Ilíada 24, 190 y 267.
30
La contemplación admirativa de los regalos por parte de Pisístrato cierra la escena del otorgamiento de
dones de hospitalidad. El vínculo de hospitalidad consolida por generaciones la amistad entre los huéspedes.
El nombre técnico de esta práctica es xenía, que proviene de la palabra xénos –huésped– y su carácter
religioso está demostrado por uno de los epítetos de Zeus: Zeús Xénios es el protector de la hospitalidad.
La xenía no tenía reglas escritas pero estaba socialmente institucionalizada, con un ritual cuyos sucesivos
pasos no debían ser transgredidos. Cfr. la tesis de doctorado The Essence of Hospitality from the Texts of
Classical Antiquity de Kevin D. O'Gorman (2008: 193-200) quien sobre la base de lo señalado en The
Stranger’s Welcome de Steve REECE (1993) menciona doce episodios en Odisea: Atenea-Mentes en Itaca;
Telémaco en Pilos; Telémaco en Esparta; Hermes y Calipso; Odiseo y los feacios; Odiseo y Polifemo;
Odiseo y Eolo; Odiseo y los lestrigones; Odiseo y Circe; Odiseo y Eumeo; Telémaco y Eumeo; Odiseo en
su propio hogar.
31
Es el único lugar en que aparece expandida la fórmula «rubio Menelao», que se registra especialmente
en el canto 4 (vv. 30, 59, 76, 147, 168, 203, 265 y 332), tomada de Ilíada (3, 284; 4, 183 y 210; 17, 6, 18,
113, 578, 673 y 684; 23, 293, 401 y 438). «Rubio» traduce xanthós, que puede traducirse también como
«dorado», con matices rojizos, aquí acompañado de «cabeza», –káre–. Los ojos claros, la alta estatura y el
cabello rubio se consideran una demostración de ascendencia divina. De hecho, Menelao va a alcanzar la
inmortalidad y vivir por siempre en la llanura Elisea, junto al rubio Radamante (véase 4, 561-569).
32
Véase nota a 1, 145. Klismós traduce «silla», pero puede también ser una especie de diván, porque no
tiene brazos ni respaldo a diferencia del thrónos que traducimos por «sillón».
Odisea de Homero. Traducción y notas de Marta Alesso
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Y una sierva derramó agua en una jarra que llevaba33 135


bella y de oro, sobre fuente de plata
para lavarse. Tendió al costado una pulida mesa.
Luego la venerable ama puso pan que llevaba,
y añadió manjares, favoreciéndolo entre los presentes.
El hijo de Boeto34 repartía la carne y distribuía las porciones, 140
y escanciaba el vino el hijo del ilustre Menelao.
Ellos, a la comida preparada que tenían delante echaron mano
y, cuando el deseo de comida y bebida habían alejado,
entonces Telémaco y el brillante hijo de Néstor
engancharon los caballos y subieron al carro de variados colores 145
y lo condujeron fuera del pórtico y de la sonora galería.
Tras ellos marchaba el Atrida, el rubio Menelao
con el vino que alegra el ánimo en su mano derecha,
en copa de oro, para que hicieran una libación antes de partir.
Se paró delante de los caballos y como despedida exclamó35: 150
«¡Salud, muchachos!, a Néstor, pastor de su pueblo,
saluden. Pues fue para mí tierno como un padre
cuando en Troya combatíamos los hijos de los aqueos».
Y a su vez Telémaco le contestó inspirado:
«Por entero, descendiente de Zeus, tal como nos has dicho 155
todo, después de llegar, se lo diremos a él36. Ojalá yo,
cuando vuelva, al llegar a Itaca, encontrara a Odiseo en casa
y pudiera contarle que de estar junto a ti, tras conseguir toda tu amistad37,
regreso, y que llevo conmigo regalos, muchos y buenos».
Mientras así hablaba pasó volando un pájaro por la derecha, 160
un águila que llevaba entre sus garras a un enorme ganso blanco,
doméstico, de algún corral. Lo perseguían gritando
hombres y mujeres. El ave llegó cerca de ellos
y se lanzó por la derecha, frente a los caballos. Al verlo
se alegraron y a todos el ánimo se les regocijaba. 165
Y entre ellos Pisístrato Nestórida comenzó su discurso:
«Piensa, Menelao, descendiente de Zeus, caudillo de tu pueblo,
si es para nosotros o para ti que una divinidad envió este presagio».
Así dijo. Y se quedó cavilando Menelao, amado de Ares38,
Para poder contestarle de manera adecuada, pensando primero. 170
Pero Helena, de fino peplo, se le adelantó y dijo su palabra:
«Escúchenme, voy a hacer un augurio39 tal como en el ánimo

33
Véase nota a 1, 136. Esta descripción de una comida típica (en este caso de despedida del huésped), se
encuentra solo en Odisea (véase 1, 136-140) y tiene las características de un ritual: 1.- lavado de las manos
(vv. 135-137); 2.- se reparte el pan, la carne y el vino (vv. 138-141); 3.- consumo de las viandas (142-143);
en este caso la escena se completa con el brindis que realiza Menelao (vv. 147-153).
34
Véase nota a v. 95.
35
Menelao declama un segundo mensaje de despedida (vv. 151-153), el primero fue en vv. 111-119.
36
Telémaco promete una acción que no va a cumplir, veremos en vv. 195-201 que le solicita al hijo de
Néstor, Pisístrato, que lo exima de visitar al anciano.
37
Véase nota a 9, 525.
38
Es el único lugar en Odisea en que aparece la fórmula «Menelao, amado de Ares», tomada de Ilíada
(véase 3, 21, 136, 232 y 253; 4, 150; 5, 561; 17, 138), siempre en final de hexámetro.
39
El augurio de Helena de vv. 172-178 pareciera expresarse en respuesta al deseo de Telémaco de encontrar
a Odiseo en casa (vv. 156b-159) y, en efecto, Telémaco lo agradece con exagerado entusiasmo (vv. 180-
Odisea de Homero. Traducción y notas de Marta Alesso
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los inmortales me lo arrojan y como creo que se va a cumplir.


Así como el águila arrebató un ganso criado en la casa40
después de llegar de la montaña, donde está su familia y su padre, 175
así Odiseo, después de sufrir muchos males y mucho haber vagado,
a casa llegará y los hará pagar, o quizá ya en las casas
está sembrando la muerte para todos los pretendientes».
A ella, a su vez, Telémaco le contestó inspirado:
«¡Ojalá lo disponga así Zeus, el tronante esposo de Hera! 180
En ese caso te invocaría también allí como a una diosa».
Así dijo y restalló el látigo sobre los caballos. Estos velozmente
se lanzaron a la pradera atravesando briosos la ciudad.

TELÉMACO Y PISÍSTRATO SE SEPARAN (183-221)

Ellos, durante todo el día, su yugo arrastraron por ambos lados.


Y se sumergió Helios y todos los senderos se ensombrecieron 185
cuando llegaron a Feras, a casa de Diocles,
hijo de Ortíloco41, a quien Alfeo engendrara como hijo.
Allí pasaron la noche y él les entregó dones de hospitalidad.
Cuando apareció Eos, hija de la mañana, la de dedos de rosa,
uncieron sus caballos y ascendieron al carro policromado 190
y lo condujeron fuera del pórtico y de la resonante galería.
Restalló el látigo y los caballos volaron no contra su voluntad42.
Por fin llegaron a la escarpada ciudadela de Pilos43
y Telémaco se dirigió al hijo de Néstor:
«Nestórida44, ¿podrías cumplir haciendo un esfuerzo 195
mi pedido? Nos preciamos de ser huéspedes para siempre
por el amor de nuestros padres, además de tener la misma edad.
Y este viaje nos habrá de unir más en sentimientos.
No me lleves más lejos de la nave, hijo de Zeus, déjame aquí mismo,
no sea que el anciano me retenga contra mi voluntad en su casa 200

81). En realidad Helena anuncia una mera presunción: «creo que se va a cumplir» (v. 173), «quizá ya» (v.
177), cuyos matices irónicos son evidentes para el público que conoce que Odiseo ya ha llegado a Itaca.
40
El simbolismo de Odiseo representado en un águila que extermina a los pretendientes en apariencia de
gansos, en el sueño de Penélope de 19, 536-553.
41
Véanse notas a 3, 488 y 489. Se trata de la dinastía de Feras, en Mesenia (Alfeo-Ortíloco-Diocles), fue
una de las siete ciudades que Agamenón ofreció para aplacar la cólera de Aquiles (véase Ilíada 9, 151 y
293).
42
Los vv. 184-192 repitieron la escena de 3, 486-394 y da la impresión a los oyentes de que se reiterará el
mismo itinerario –a la inversa–, pero Telémaco explica a Pisístrato su cambio de planes en los versos
siguientes.
43
El palacio micénico de Pilos estaba en lo alto de una colina, denominada Epano Englianos, en Mesenia,
en la costa sudoeste del Peloponeso. Cfr. The Palace of Nestor at Pylos in Western Messenia de Carl W.
BLEGEN & Marion RAWSON (1966: 423), con texto e ilustraciones sobre las excavaciones que comenzaron
en 1939, después de que el arqueólogo Konstantinos Kourouniotis, ubicara su emplazamiento. El palacio
de Néstor fue destruido circa 1200 a. C. y nunca reconstruido. Entre 1952 y 1964 se renovaron las
excavaciones y se descubrió un complejo de cuatro estructuras separadas de considerable tamaño. Fueron
encontradas cientos de tablillas con inscripciones en lineal B. El palacio debió ser el centro administrativo
de un reino o principado muy extenso.
44
Telémaco llama a Pisístrato por el patronímico «Nestórida», hijo de Néstor, y por tanto nieto de Neleo
y Cloris y bisnieto de Poseidón.
Odisea de Homero. Traducción y notas de Marta Alesso
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deseoso de agasajarme. Y necesito llegar lo antes posible45».


Así habló y el Nestórida46 deliberó en su ánimo
de qué modo según lo justo podría cumplir su palabra.
Mientras así pensaba, decidió lo que era más provechoso.
Hizo volver sus caballos hacia la rápida nave y la ribera del mar. 205
En la nave, en la popa, descargó los hermosísimos regalos,
vestidos y oro, que Menelao le había dado
Y apremiándolo le decía estas aladas palabras:
«Embarca ahora y ordénaselo a todos tus compañeros
antes que llegue yo a casa y dé la noticia al anciano. 210
Pues yo sé bien en mi mente y en mi corazón
tal como tiene de indomable el ánimo no te dejará ir,
sino que vendrá él en persona a buscarte y te aseguro
que no vendrá en balde. Caso contrario, se quedará enojado».
Después de hablar así impulsó sus caballos de hermosas crines 215
hacia la ciudad de los Pilios y arribó rápidamente a casa.
Telémaco mientras apremiando a sus compañeros les ordenó:
«Pongan en orden los aparejos, compañeros, en la oscura nave,
y embarquemos todos, para proseguir nuestro camino».
Así habló y ellos lo escucharon y obedecieron. 220
Y al punto se embarcaron y se sentaron en los bancos.

IRRUPCIÓN DEL ADIVINO TEOCLÍMENO (222-300)

Mientras Telémaco se afanaba y hacía una libación47: sacrificaba a Atenea,


en la popa de la nave, cuando se le acercó un hombre,
venido de lejos, escapado de Argos por haber matado a otro hombre,
un adivino. Por su linaje era descendiente de Melampo48, 225
quien en otro tiempo vivió en Pilos, madre de ganados,
y un inmensamente próspero palacio entre los pilios habitaba.
pero luego se marchó a otras tierras huyendo de su patria
y del magnánimo Neleo, el más noble de los vivientes,
quien le retuvo sus muchos bienes durante un año entero 230
por la fuerza, mientras él estuvo en el palacio de Fílaco

45
Telémaco resuelve no visitar a Néstor en Pilos a pesar de que se lo había prometido a Menelao en vv.
150-159. Como en vv. 43-55, se muestra impaciente por volver a su hogar, hasta el punto de querer eludir
los rituales de la hospitalidad, aunque esta vez es consciente de ello y solicita la cooperación de Pisístrato,
quien no reacciona con palabras, sino que medita sobre lo que corresponde hacer y lo ejecuta de inmediato.
46
Sobre la construcción del personaje de Pisístrato, véase nota a 3, 36.
47
La libación que hace Telémaco se retoma en v. 258. En ocasiones en efecto se realiza una libación antes
de partir en barco (véase vv. 147-149; 2, 432-433; 14, 250-251), pero ésta no estuvo prevista en las
instrucciones de Pisístrato de vv. 209-214. A pesar de su prisa por irse, Telémaco es interrumpido por un
personaje inquietante en medio de una actividad religiosa.
48
El episodio de la vida de Melampo que ya se relató en 11, 287-297 se narra aquí a modo de racconto en
la voz del narrador y en el marco de la presentación del personaje Teoclímeno. El esquema narrativo es el
siguiente: 1- Melampo vivía en Pilos y se marchó a otra ciudad, huyendo de Neleo (vv. 226-229), quien
había confiscado sus bienes mientras estaba cautivo en Fílaca (vv. 230-232), pues se había vuelto loco
cuando quiso robar el ganado de Íficlo –en Fílaca– para obtener a la hija de Neleo para su hermano (vv.
233-234); 2.- Melampo escapó de su prisión y volvió a Pilos con las vacas y se vengó de Neleo (vv. 235-
237a) y casó a la hija de Neleo con su hermano (vv. 237b–238a); Melampo se trasladó a Argos donde se
convirtió en rey (vv. 238b–240).
Odisea de Homero. Traducción y notas de Marta Alesso
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con dolorosas cadenas apresado y padeciendo fuertes dolores


por causa de la hija de Neleo49 y de la gravosa demencia
que puso en su mente una diosa temible, una Erinia.
Pero consiguió escapar de la muerte y condujo sus mugidores bueyes 235
hacia Pilos, desde Fílaca. Y castigó por su acción vergonzosa
al divino Neleo, y una mujer para su hermano.
condujo a su casa. Y se marchó luego a otro país,
a Argos, criadora de caballos. Allí estaba destinado
a vivir, reinando sobre numerosos argivos50. 240
Allí tomó mujer y construyó una casa de elevado techo.
Y engendró a Antífates y Mantio, dos hijos fuertes.
Antífates engendró al magnánimo Oicleo,
y Oicleo a su vez a Anfiarao, que congrega pueblos51,
a quien en su corazón amaba Zeus, portador de égida y Apolo 245
con total amistad. Pero no llegó al umbral de la vejez,
sino que pereció en Tebas por causa de unos regalos a su mujer52.
Hijos suyos fueron Alcmeón y Anfíloco.
Mantio, por su parte, engendró a Polífides y a Clito.
Pero, ¡ay!, a Clito se lo llevó Eos, la de trono dorado, 250
a causa de su belleza, para darle un lugar entre los inmortales.
Y al magnánimo Polífides Apolo lo hizo adivino
–al más noble de los mortales–, cuando murió Anfiarao53.
Este, se marchó a Hiperesia54, encolerizado contra su padre,
y allí habitando, profetizaba para todos los mortales. 255

49
La hija de Neleo es Peró (véase 11, 287-297). Ni aquí ni en el pasaje del catálago de las mujeres del
canto 11 se relata la historia completa (véase notas a 11, 281, 290, 291 y 297) que es como sigue, según la
cuenta Apolodoro (1, 9, 12) y el escoliasta a 11, 287: Neleo tenía una hija, Peró, de quien estaba enamorado
Biante, hermano de Melampo. Neleo no entregaba su hija si el pretendiente no le traía el rebaño de Ificlo
(o de su padre Fílaco). Melampo, adivino que había recibido de Apolo el don de la profecía, se prestó a
ayudar a su hermano, pero fue sorprendido en el acto de robar el ganado y pasó un año encerrado. Durante
ese lapso, llegó a oídos de Fílaco la noticia del don profético del prisionero. Fílaco ansiaba curar a su hijo
Ificlo de su impotencia sexual y Melampo lo curó valiéndose de su capacidad para entender el lenguaje de
las aves. Fílaco en agradecimiento le donó el rebaño y Neleo le concedió la mano de Peró a Biante.
50
Según Heródoto (9, 34, 1) y Ferecides (escoliasta al v. 225) Melampo recibió Argos del rey Preto, quien
lo había convocado para que curara a sus tres hijas que habían enloquecido cuando llegaron a la edad núbil.
Melampo solicitó primero un tercio del reino por sus servicios. Preto se negó y las tres princesas
enloquecieron aún más, así como el resto de las mujeres argivas. Melampo aceptó ahora curarlas a cambio
de otro tercio del reino para su hermano Biante y tuvo que ceder. Cuando recobraron la cordura, Preto casó
a dos de sus hijas con Melampo y su hermano, que así consiguieron los dos tercios del reino de Argos.
Según Apolodoro (2, 2, 2) el otro tercio quedó en manos de Megapentes, hijo de Preto.
51
En Ilíada el epíteto se aplica solo a divinidades. Véase nota a 22, 210.
52
El regalo fue un soborno a su esposa Erífile, hecho por Polinices, para que Anfiarao participara en la
expedición de los siete contra Tebas. Anfiarao, que también era adivino, predijo su propia muerte en Tebas
y pidió a sus hijos, Alcmeón y Anfíloco, que lo vengaran. Alcmeón vengó a su padre matando a su propia
madre y fue perseguido por las Erineas. Anfiarao es una obra perdida de Sófocles, de la que solo queda solo
un fragmento.
53
La genealogía de Teoclímeno precede a su irrupción en escena: era hijo de Polífides, hijo de Mantio, hijo
a su vez de Melampo. El padre de Teoclímeno, Polífides, había obtenido su don profético de Apolo, una
vez muerto en la guerra de los siete contra Tebas su sobrino Anfiarao (hijo de Oicleo, a su vez hijo de
Antífates, otro hijo de Melampo).
54
La ciudad está mencionada en Ilíada (2, 573), en el Catálogo de las naves, con otras ciudades del norte
del Peloponeso. Según Pausanias (7, 26, 2-3) cuando la poblaron los jonios pasó a llamarse Egira.
Odisea de Homero. Traducción y notas de Marta Alesso
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Así pues, se presentó el hijo de este y su nombre era Teoclímeno55


y entonces de Telémaco muy cerca se puso. Lo encontró
mientras hacía una libación y súplicas junto a la rauda nave negra,
y dirigiéndose a él, le dirigió aladas palabras:
«Amigo, ya que te encuentro sacrificando en este sitio, 260
te imploro por las ofrendas y el dios, e incluso
por tu propia cabeza y la de los compañeros que te siguen,
dime y háblame con honestidad y nada ocultes.
¿Quién eres y de dónde? ¿Dónde están tu ciudad y tus padres?56»
Y a él, a su vez, Telémaco le contestó inspirado: 265
«En verdad, forastero, sinceramente te voy a hablar.
Por mi familia soy de Itaca y mi padre es Odiseo,
si es que existió alguna vez; ahora ya pereció con triste muerte57.
Por eso ahora he tomado compañeros y una negra nave
y vine a preguntar por mi padre, largo tiempo ausente». 270
Y después le dijo Teoclímeno, semejante a los dioses:
«Así también yo estoy, lejos de mi patria58 por matar a un hombre
de mi tribu. Muchos son mis hermanos y parientes
en Argos, criadora de caballos, los que son poderosos entre los aqueos.
Por culpa de ellos, tratando de evitar la muerte y la negra Ker59 275
he huido, que mi destino es entre los hombres andar vagando.
Pero admíteme en tu nave, porque exiliado te suplico,
para que no me maten, pues creo que me andan persiguiendo».
A él, a su vez, Telémaco le contestó con prudencia:
«No, si así lo quieres, no te rechazaré de mi equilibrada nave 280
Así que sígueme, te mostraremos afecto con lo que tengamos».
Después de hablar así, tomó de sus manos la lanza de bronce,
la tendió sobre la cubierta de la curvada nave;
también él mismo se subió a la nave surcadora del ponto.
Luego de que en la popa se hubo sentado, a su lado 285
colocó a Teoclímeno. Y de la popa soltaron amarras.

55
El primer vaticinio de Teoclímeno se producirá una vez llegados a Itaca, todavía al borde de la nave
(véase vv. 531-535), el segundo en 17, 152-161, ante Penélope (véase nota a 17, 151). El tercer vaticinio
se produce en 20, 351-357, cuando, en el banquete final, Atenea enloquecerá a los pretendientes y la voz
de Teoclímeno va a sonar como en una especie de delirio místico. Cfr. Odisea de Homero. Una
Introducción Crítica de Marta ALESSO (2005: 70-72) y la entrada «Theoclymenus» en People and Themes
in Homer's Odyssey de Agathe THORNTON (2015: 58-62).
56
Este hexámetro, una fórmula que se repite siete veces en Odisea (aquí y en 1, 170; 7, 238; 10, 325; 14,
187; 19, 24; 24, 298), debiera ser expresado en honor de verdad por Telémaco, no por el extranjero que
irrumpe como suplicante. En Heroes' names, Homeric identities, Carolyn HIGBIE (1995: 73) señala que
muchos comentaristas han debatido sobre quién –por tradición– tenía el derecho de hacer la pregunta sobre
la identidad en esta escena. Puede estar implícito que Telémaco responde a Teoclímeno, primero, por
educación y luego por la remota posibilidad que el fugitivo pudiera ser su padre o una divinidad disfrazada.
De hecho, en Penelope’s Renown, Marylin A. KATZ, (1991: 75) arriesga que el personaje de Teoclímeno
podría estar funcionando como una especie de doble de Odiseo.
57
Telémaco afirma que su padre está muerto cuando Menelao le aseguró –porque lo supo por Proteo–, que
Odiseo está vivo (véase 4, 555-560).
58
La patria de Teoclímeno es Hiperesia, según se desprende de v. 254, pero los versos que siguen dan a
entender que se refiere a «Argos, criadora de caballos».
59
«La negra Ker» es una expresión que aparece trece veces en Homero (aquí y en 2, 283; 3, 242; 22, 14,
330, 363 y 382; 24, 127; y en Ilíada 7, 254, 11, 360 y 443; 14, 462; 21, 66). Véase nota a 2, 283.
Odisea de Homero. Traducción y notas de Marta Alesso
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Telémaco, dándoles ánimo, ordenó a sus compañeros


que se aplicaran a los aparejos. Ellos obedecieron con ímpetu.
El mástil de abeto en el agujero del travesaño
lo encajaron después de agarrarlo, lo amarraron con cables60 290
y extendieron las blancas velas con correas de piel de buey61.
Y les envió un viento favorable la de ojos brillantes, Atenea,
que impetuoso se desplazaba a través del aire, para que rápido
la nave recorriera volando la salada agua del mar.
Pasaron costeando Crunos62 y el Calcis63 de hermosa corriente64. 295
Y se sumergió Helios y todos los senderos se ensombrecieron
y la nave avanzaba hacia Feas65 impulsada por el viento de Zeus
y pasó junto a la divina Élide, donde gobiernan los epeos66.
Desde allí se dirigió Telémaco hacia las islas puntiagudas67
preguntándose si podría escapar de la muerte o sería capturado68. 300

ODISEO EN LA CABAÑA DE EUMEO (301-388)

Por su parte, Odiseo y el divino porquero en la cabaña


cenaban. Junto a ellos comían otros hombres69.
Pero, cuando habían echado de sí el deseo de bebida y comida,
se dirigió a ellos Odiseo, tratando de poner a prueba al porquerizo:
si lo seguiría agasajando gentilmente y lo invitaría 305
a quedarse en la majada o si lo despacharía a la ciudad:
«Escúchame, Eumeo, y también todos los demás compañeros.

60
Los marineros ya estaban sentados en los bancos (véase v. 221), ahora izan el mástil y lo amarran, acción
que debieron realizar antes de sentarse prontos a remar. La incongruencia se explica, al menos parcialmente,
si se entiende que el episodio completo de Teoclímeno es una interpolación. O puede ser que los vv. 285-
292 sean una mera imitación de 2, 417-426.
61
El hexámetro es fórmula que repite 2, 426. A diferencia del cáñamo, el cuero no es un material
particularmente idóneo para ser tensado como una cuerda.
62
Crunos es una fuente (actualmente es la fuente Tavla) cercana a la ciudad de Calcis en la Élide.
63
Se trata del río Calcis, cercano a la ciudad Calcis de la Élide, que Estrabón (8, 3, 13 y 10, 1, 9) ubica en
Macistia, en la región de Trifilia, No se trata de la Calcis más conocida, mencionada en la Ilíada (2, 537)
entre los lugares de la isla Eubea que enviaron naves a la guerra de Troya y que guerreó con la vecina
Eretria por la llanura de Lelantio en la guerra lelantina (cfr. Estrabón 9, 1, 12; Tucídides 1,15; Heródoto 5,
99). Tampoco es la otra Calcis mencionada en Ilíada (2, 640), situada sobre la desembocadura del río
Eveno, en Etolia.
64
Los vv. 295-298 están citados por Estrabón (8, 3, 26) y los vv. 295, 298, 297 (en este orden) se repiten
en el Himno homérico a Apolo 425-427.
65
Feas fue un puerto relativamente importante de la antigua Élide (Tucídides 7, 31, 1), que estaba ubicado
en un golfo natural sobre una pequeña isla, cercana a la costa, que ha desaparecido. La localidad de Feas
fue destruida en el siglo VI por un terremoto.
66
Véase nota a 13, 275 y 21, 347
67
Estrabón (8, 3, 26) las identifica con las Equínades en el mar Jónico.
68
Los versos que siguen (vv. 301-495) van a focalizar la acción en la cabaña de Eumeo. La escena ocupa
el tiempo que lleva el viaje de Telémaco a Itaca. Se evita así una explicación de cómo Telémaco sorteó la
emboscada de los de los pretendientes. Estos navegan por los mares incluso de noche (véase 16, 366-377)
y cuando se enteran de que ha logrado regresar de manera segura, solo pueden especular sobre el modo en
que logró hacerlo (véase 16, 356-370).
69
En 14, 523-533 habíamos dejado a Odiseo acostado con otros hombres jóvenes en la cabaña de Eumeo y
el porquerizo se había ido a descansar junto a sus cerdos, bajo una roca. Esto sucedió en el día treinta cinco
de la acción. Ahora estamos en la noche del día treinta y siete. No sabemos cómo pasó Odiseo estos dos
días enteros.
Odisea de Homero. Traducción y notas de Marta Alesso
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Con la aurora anhelo ponerme en camino hacia la ciudad


para mendigar, para no agobiarte y tampoco a los compañeros.
Pero indícamelo bien y al mismo tiempo dame un adecuado guía, 310
que me lleve hasta allí. Por la ciudad por necesidad yo solo
andaré vagando, por si alguien me da un vaso de vino y un mendrugo70.
También luego de llegar al palacio del divino Odiseo
podré anunciar las nuevas a la prudente Penélope
y quizás mezclarme con los soberbios pretendientes 315
por si me dan de comer, ellos que tienen un montón de alimentos.
Al punto bien los serviría yo, en cuanto quisieran71,
porque te voy a decir algo, y tú ponla con lo demás y escúchame:
por la voluntad de Hermes, el mensajero72, el que a las obras
de los hombres todos dispensa gracia y honor, 320
en habilidad no podría competir conmigo mortal alguno
en encender el fuego y en cortar en astillas la leña seca,
en repartir la carne, asarla y escanciar el vino;
y en cuanta cosa, para los nobles73, están al servicio los inferiores».
Y tú, sumamente irritado, le dijiste, porquerizo Eumeo: 325
«Ay, forastero, ¿por qué en tu mente ese pensamiento
sobrevino? O lo que tú en verdad deseas es morir allí
si es que quieres mezclarte con el grupo de los pretendientes,
cuya soberbia y violencia han llegado hasta el cielo de hierro74.
No son en efecto como tú los que sirven a aquellos; 330
son jóvenes bien vestidos de mantos y túnicas75,

70
Obsérvese que en 17, 12, Telémaco va a repetir la expresión –ya en conocimiento de que el mendigo es
su padre– para que Eumeo deje marchar al forastero hacia el palacio. El vino se percibe aquí como un
alimento, fuente tan esencial como el pan para reponer calorías y vigor y no como una bebida de
esparcimiento.
71
Los vv. 317-324 son un resumen de las tareas domésticas que se pueden esperar de un thes (véase nota a
4, 644), de un jornalero que no es parte del cuerpo permanente de siervos de la casa. Las labores que está
dispuesto a hacer son atender el fuego, cortar leña y atender la mesa. En 17, 18-21, el mendigo va a alegar
que es demasiado viejo para hacer trabajos agrícolas; en 17, 187, Eumeo aduce que habría preferido que el
mendigo se quedara en el campo cuidando el establo y en 17, 223-228, el cabrero Melantio sugiere que el
forastero es demasiado perezoso para hacer ciertos trabajos como barrer los corrales o alimentar a los
animales. Cuando Eurímaco hace una afirmación similar en 18, 357-364 (el mendigo es demasiado
holgazán como para levantar un cerco o para plantar árboles), Odiseo reacciona y desafía al pretendiente
(18, 366-386). En 18, 317, el extranjero se ofrece a mantener encendidas las antorchas por la noche, tarea
que cumple 18, 343-344. En 19, 27-28, el trabajo que da Telémaco a su padre disfrazado es iluminar con
la antorcha el ambiente, con la excusa de que debe ganarse su pan pero en verdad, para que permanezca en
el megaron. Todas estas son tareas que pueden esperarse de alguien de paso que debe realizar labores
menores para ganarse el sustento durante los días que permanezca en el palacio.
72
La invocación a Hermes suena natural en un hombre sencillo que se apresta a un largo camino. Se le
aplica aquí el epíteto diáktoros, que traducimos por «mensajero» (también en 8, 335 y 12, 390). Es más
corriente que este epíteto se una con «Argifonte» en una fórmula al final del hexámetro (véase 1, 84; 5, 43,
75, 94 y 145; 8, 338; 24, 99), fórmula proveniente de Ilíada (2, 103; 21, 497), muy usada en el canto 24
(vv. 339, 378, 389, 410, 432, 445).
73
«Nobles» traduce agathoí, que todavía en Homero significa «nobles de sangre», en oposición a las clases
inferiores (véase 4, 611; 18, 276 e Ilíada 1, 257; 13, 664, etc.). Si bien Eumeo es de noble cuna (veáse su
historia, contada en primera persona, en vv. 403-484), ha perdido su areté cuando cayó en la esclavitud.
Más adelante agathós va a significar «noble» en sentido moral (cfr. Teognis 438; Heráclito104; Jenofonte,
Memorab. 1, 7, 1).
74
El hexámetro se repite en 17, 565; véase nota.
75
Curiosa descripción de los siervos de los pretendientes, son jóvenes y elegantes como sus amos; véase
nota a 2, 324.
Odisea de Homero. Traducción y notas de Marta Alesso
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siempre lustrosos en sus cabezas y bellos rostros


quienes les sirven. Y las bien pulimentadas mesas
de pan y carne y vino están repletas.
Mas bien quédate. Nadie va a estar molesto por tu presencia, 335
ni yo ni los demás compañeros, los que están conmigo.
Y cuando más tarde llegue el querido hijo de Odiseo
manto y túnica te va a dar para vestirte76
y te despedirá hacia donde tu corazón en el pecho te demande».
Y le contestó a su vez el muy sufridor divino Odiseo: 340
«¡Ojalá de este modo, Eumeo, seas tan amado por el padre Zeus
como por mí, que me salvaste del vagabundeo y de la miseria!
Más que andar errante no existe nada peor para los hombres77;
por culpa del infeliz estómago tiene terribles pesares78
los varones a quienes les llega el vagar, la desgracia y el dolor. 345
Ahora que me retienes y me mandas que aguarde a aquél,
háblame ¡vamos! de la madre del divino Odiseo
y de su padre, al que dejó cuando se acercaba al umbral de la vejez;
dime si están vivos aún bajo los rayos del sol
o ya han muerto y están en las moradas de Hades79». 350
Y a su vez le contestó el porquerizo, caudillo de varones:
«En verdad yo, extranjero, con mucha sinceridad te voy a hablar.
Laertes vive todavía, aunque a Zeus le suplica todos los días,
que la vida en sus miembros se extinga, en su palacio.
Con vehemencia se lamenta por su hijo ausente 355
y por su sabia80 esposa, que en tan gran medida
lo dejó afligido al morir y en la cruel vejez lo abandonó.
Ella, de dolor por su hijo pereció, el renombrado,
con muerte cruel, ¡que nadie muera así de los que conmigo,
aquí viviendo, me son amigos y se comportan como amigos! 360
Mientras ella estaba, aunque afligida,
me era agradable para hablar y preguntarle,
puesto que ella me había criado junto con Ctimena de largo peplo81,

76
Por segunda vez, (véase 14, 508-517), Eumeo anticipa la inminente llegada de Telémaco. Y por segunda
vez alude a que le regalará ropas al mendigo (véase 14, 516), obsequio que se podría obtener también
contando mentiras a la señora de la casa (véase 14, 131-132).
77
Frase gnómica que alude más a las circunstancias de Odiseo mismo que a las del mendigo bajo cuya
apariencia se esconde.
78
El motivo literario del «maldito estómago» aparece en boca de Odiseo aquí y en 7, 216; 17, 286-289; 18,
53-54 y brevemente por otros personajes, en 17, 228 y 18, 364; en 6, 133 el tema aparece en el centro del
bello símil que compara a Odiseo con un león montaraz hambriento. En Ilíada nunca se habla de las
necesidades del vientre, excepto una vez Odiseo, en 19, 155-172. Indudablemente es en su largo regreso a
Ítaca cuando Odiseo se encuentra dolorosamente familiarizado con el fenómeno del hambre y sus peligrosos
efectos.
79
El héroe pregunta por su madre y por su padre, aunque ya sabe que su madre está muerta (11, 152-203)
y que su padre sufre una especie de locura senil (11, 187-196), pero de aquel episodio en el inframundo han
pasado ya siete años. Eumeo le va a dar una respuesta primero sobre Laertes (vv. 352-357) y luego sobre
Anticlea (vv. 358-360).
80
Anticlea. Véase nota a 21, 16. El relato de Eumeo acerca de la muerte de Anticlea concuerda con la
historia contada por ella misma en el Hades en 11, 197-203.
81
Es el único lugar en que escuchamos que Odiseo tenía una hermana. La única función de Ctimena es
haber sido amiga de Eumeo, lo cual muestra la relación estrecha entre el porquerizo y la familia del héroe.
Esta digresión de vv. 361-379 prepara para la larga historia de Eumeo sobre su vida que narrará en vv. 390-
Odisea de Homero. Traducción y notas de Marta Alesso
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lozana hija suya, a quien parió la última de sus hijos.


Junto con ella me crié y poco menos que a ella me quería. 365
Pero cuando a la amable juventud llegamos ambos
dieron a Ctimena a alguien de Same82, con buena dote,
y a mí con túnica y con manto la señora,
hermosos, me vistió y me dio sandalias para los pies,
me mandó al campo. Y me amaba de corazón. 370
Ahora echo en falta aquellas cosas, pero con todo,
mi trabajo aprecian los bienaventurados dioses, y por eso me ocupo83.
De esto como y bebo e incluso doy a los necesitados,
pero de mi soberana no me es posible escuchar con dulzura
ni palabra ni obra, desde que un mal cayó sobre la casa: 375
los personajes soberbios84. Los siervos tenemos mucha necesidad
de hablar con la señora y preguntarle cada detalle
del comer y el beber e, incluso, llevarnos algo
al campo, esas que alegran siempre el corazón de los siervos».
Y contestándole dijo el muy astuto Odiseo: 380
«¡Ay, ay!, así que de muy pequeño, porquerizo Eumeo,
anduviste errante lejos de tu patria y de tus progenitores.
Vamos, dime –y cuéntame con verdad–85
si fue destruida la ciudad de amplias calles
en la que habitaban tu padre y tu venerable madre, 385
o cuando te encontrabas solo junto a tus ovejas o a tus bueyes
hombres enemigos te capturaron y te trajeron en sus naves
a la casa de este hombre, que pagó un precio digno de ti».

EUMEO CUENTA LA HISTORIA DE SU VIDA (389-494)

Y a su vez le contestó el porquerizo, caudillo de varones:


«Forastero, ya que me preguntas esto e inquieres, 390
en silencio ahora escucha, disfruta y a beber vino
siéntate. Interminables son estas noches: hay para dormir
y para escuchar arrobados86. No tienes por qué
antes de tiempo irte a dormir, también es dañino soñar mucho.
De los demás, si a alguno lo impulsa el corazón y el ánimo, 395
que vaya a acostarse. Cuando aparezca el nuevo día
que desayune y que vaya detrás de los cerdos del amo.
Pero nosotros, en los asientos reclinados comiendo y bebiendo
con nuestras tristes desventuras disfrutemos,

484, pone énfasis en las buenas condiciones de la convivencia antaño y las malas en la actualidad (vv. 374-
375), que afectan a la relación entre amos y siervos (vv. 376b-379).
82
Sobre Same, véase nota a 1, 246.
83
El tópico sobre los buenos y malos amos estuvo en boca de Eumeo en 14, 59-68
84
Eumeo ya le había informado sobre los pretendientes a Odiseo en 14, 81-95.
85
Odiseo, en lugar de hacer comentarios sobre las quejas de Eumeo acerca de Penélope y los pretendientes,
se remonta a las palabras del porquerizo sobre sus tiempos de juventud (vv. 363-366), pidiéndole que cuente
la historia de su vida, parte de la cual ya había sido narrada en 14,142-143. El relato de Eumeo (vv. 390-
484) tendrá lugar después de la comida y estará destinado a deleitar (v. 391): se presenta como una variante
de las canciones de los aedos profesionales.
86
La idea de que hay un tiempo para hablar y un tiempo para dormir, en 11, 373-376 y 19, 591-593.
Odisea de Homero. Traducción y notas de Marta Alesso
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rememorándolas. Porque incluso con sus penas disfruta el varón 400


el que ya ha sufrido mucho y mucho ha trajinado.
Así que te voy a contarte lo que me preguntas e inquieres87.
»Hay una isla llamada Siría no sé si has escuchado,
por encima de Ortigia88, por donde el sol da la vuelta;
no está excesivamente poblada, pero es buena, 405
de buenos pastos y buenos rebaños, con vino abundante y rica en grano.
La pobreza jamás se acerca al pueblo y ninguna
de las odiosas enfermedades llega a los infelices mortales.
Solo cuando envejecen en la ciudad los hombres de una generación
se acerca Apolo, el del arco de plata, junto con Artemisa, 410
y con sus suaves dardos los visitan y los matan89.
Allí hay dos ciudades y por dos todo está repartido entre ellas.
Sobre las dos, sobre ambas, reinaba mi padre,
Ktesio Orménida90, semejante a los inmortales.
»Allí un día llegaron allí unos fenicios, célebres navegantes91, 415
unos ratas, que llevaban mil baratijas en su negra nave.
Había en casa de mi padre una mujer fenicia,
hermosa y grande, experta en labores brillantes.
A ella los muy arteros fenicios la sedujeron.
Una vez que fue a lavar, junto a la cóncava nave, uno se unió con ella92 420
en amor y lecho, cosa que seduce el corazón
de las femeninas hembras93, incluso de la que es laboriosa.
Después le preguntó quién era y de dónde procedía,
y ella al punto le indicó el palacio de elevado techo de mi padre94
»“Me precio de ser de Sidón, abundante en bronce95, 425

87
Si bien la historia de Eumeo está narrada en primera persona, eso no le impide tener una perspectiva
omnisciente, que incluye los discursos de la mujer esclava (vv. 425-429) y la respuesta de su amante fenicio
(vv. 431-433), en una situación que obviamente no presenció y en todo caso no hubiera entendido, porque
era aún un niño que ingenuamente siguió a la mujer que lo cuidaba (v. 470). Cfr. el artículo «Homer Springs
a Surprise: Eumaios’ Tale at Od. 15, 403–484» de Elizabeth MINCHIN (1992).
88
Las islas Siría y Ortigia tienen un carácter mítico, no hay necesidad de identificarlas con lugares reales,
pero igualmente se piensa que Siría puede ser Syros –o Siros– «donde nació Ferécides, hijo de Babis»
(Estrabón 10, 5, 8), que está cercana a Renea, en el archipiélago de las Cícladas en el mar Egeo y que, según
Estrabón (10, 5, 5), era la antigua Ortigia; véase nota a 5, 124. La descripción de la isla es idílica, un lugar
paradisíaco, que adquiere en la nostalgia de Eumeo ribetes similares a la descripción de su tierra por Odiseo,
en 9, 21-28.
89
Véase nota a 11, 173. Artemisa provoca la muerte indolora de las mujeres y Apolo de los hombres. El
origen de esta creencia se desconoce, ni Apolo ni Artemisa son dioses de la muerte, aunque ambos usan
flechas, elemento necesario para esta difundida imagen como dioses de la muerte súbita.
90
Mencionar el nombre del padre con su patronímico (como en el caso de Euriclea, en 1, 429) marca la
nobleza de linaje de Eumeo, actual siervo, aunque jerarquizado entre los esclavos domésticos.
91
Sobre las características identitarias de los fenicios en Odisea, véase nota a 13, 272.
92
El motivo de la muchacha que conoce a su hombre cuando va a lavar la ropa al río debió ser tradicional
en la poesía antigua, lo mismo sucede a Nausicaa en 15, 85 ss.
93
Según Arie HOEKSTRA, en A commentary on Homer’s Odyssey: Books IX-XVI por Alfred HEUBECK y
Arie HOEKSTRA (1989: 259). las expresión es probablemente muy antigua, pre jónica, es decir, incluso
anterior a la guerra de Troya.
94
El hexámetro repite 10, 111.
95
Véanse notas a 3, 2 y a 4, 618. La mención procede indudablemente de la Edad de bronce, en el segundo
milenio a.C. La esclava infiel, también de origen noble (como el mismo Eumeo) puede haber sido fenicia,
como el captor que la sedujo. A los fenicios en ocasiones se los llama «sidonios» en Odisea (4, 84 y 618;
15, 118) y fue raptada por piratas tafios, que provenían de las costas del mar Jónico.
Odisea de Homero. Traducción y notas de Marta Alesso
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y soy hija del poderoso y rico Aribante, sumamente opulento,


pero me raptaron unos hombres piratas de Tafos96
cuando volvía del campo y me vendieron luego de traerme
a casa de este hombre. Él pagó un precio digno de mí”.
Y le contestó el hombre que se le había unido en secreto97: 430
“Acaso ahora podrías volver con nosotros a casa
para ver el palacio de elevado techo de tu padre y madre
y a ellos mismos, que todavía viven y con fama de ricos”.
Y la mujer a su vez le habló y le contestó con su palabra:
“Podría ser así, si es que quieren, marineros, 435
asegurar bajo juramento que me llevarán intacta a casa”.
»Así dijo y todos ellos juraron como ella les pidió.
Pero luego de que habían concluido de prometer con juramento,
de nuevo a ellos se dirigió y contestó con su palabra:
“¡Silencio ahora! que ninguno me dirija la palabra 440
de tus compañeros, si nos topamos en una avenida
o junto a la fuente. No sea que alguien en la casa al viejo
vaya y se lo cuente. Y que este lo crea y me sujete
con una dolorosas atadura, y se lance a preparar tu muerte.
Retengan en su mente la promesa y apuren la venta de la mercadería. 445
Y cuando la nave se encuentre llena de víveres,
para decírmelo, alguien al palacio rápido se acerque.
Les traeré también oro, cuanto llegue a mis manos,
y estoy dispuesta a darles otra cosa a modo de pasaje:
tengo yo a mi cuidado en palacio el hijo de este hombre, 450
un niño muy espabilado, pues corretea conmigo hasta la puerta.
Podría llevármelo a la nave y un altísimo beneficio
podría proporcionar, al venderlo en cualquier parte en el extranjero”.
Así diciendo, marchó de vuelta al hermoso palacio.
»Los fenicios el año entero permanecieron con nosotros 455
y la cóncava nave con muchos víveres atiborraron.
Y cuando su cava nave ya estaba cargada para regresar,
entonces, enviaron un mensajero para que le avisara a la mujer.
»Llegó un hombre muy astuto a casa de mi padre

96
De Tafos era Mentes, cuya apariencia había tomado Atenea cuando se presentó por primera vez a
Telémaco (véase 1, 105 y nota). Se dice que los tafios son piratas, aquí y en 16, 436. A piratas tafios había
comprado un esclavo el porquero Eumeo (14, 452). La isla de Tafos, en el mar Jónico, es la actual Meganisi,
cuyo municipio incluye las islas de Skorpios y Spárti.
97
En el magnífico libro A Narratological Commentary on the Odyssey de Irene de JONG (2001: 380), hay
un esquema de vv. 430-484, la parte de la historia contada por Eumeo que consiste en la formulación de un
plan y en su ejecución. Resumo los pasos fundamentales: 1.- el fenicio propone a la esclava sidonia que se
embarque con ellos y ella acepta (vv. 430-438); 2.- la mujer ordena a los piratas guardar el secreto y vender
rápido la mercadería (vv. 439-44); y los fenicios permanecen en el lugar un año comprando y vendiendo
(vv. 455-456); 3.- la mujer les pide que cuando la nave esté cargada, le avisen (vv. 446-447); en efecto,
cuando el barco está lleno, un fenicio va a palacio y entretiene a las mujeres mostrándoles una joya (vv.
457-464); 4.- la esclava infiel promete robar oro y también al hijo de sus amos para venderlo como esclavo
(vv. 448-463); cumple cuando se lleva objetos tomados al pasar y a Eumeo niño tomado de la mano: a este
los piratas lo venderán a Laertes (vv. 464-484).
Odisea de Homero. Traducción y notas de Marta Alesso
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con un collar de oro engastado en piezas de ámbar98. 460


En el palacio las esclavas y mi venerable madre
con sus manos lo palpaban y lo contemplaban con sus ojos,
regateando el precio. Él hizo una seña en silencio.
Luego hacer un ademán, se volvió a la cóncava nave.
Ella me tomó de la mano y me sacó fuera de la casa 465
Encontró en el vestíbulo copas y mesas
de unos convidados que frecuentaban la casa de mi padre.
Estos se habían ido a la asamblea y al lugar de reunión del pueblo,
así que ahí nomás escondió tres copas en su regazo
y se las llevó. Y yo con total ingenuidad la seguía. 470
Y se sumergió Helios y todos los senderos se ensombrecieron.
Nosotros llegamos al ilustre puerto, caminando rápido,
donde estaba la veloz nave de los hombres fenicios.
»Embarcaron y empezaron a navegar los húmedos caminos
después de hacernos subir a los dos. Y Zeus envió un viento favorable. 475
Durantes seis días navegamos, tanto de día como de noche99.
»Pero cuando el séptimo día nos trajo el Cronida Zeus,
entonces Artemis la flechadora alcanzó a la mujer100
y ella sobre la bodega cayó como una gaviota del mar.
Y, por la borda, para que fuera pasto de focas y peces, 480
la arrojaron. Y yo quedé acongojado en mi corazón.
»Hacia Itaca los impulsaron el viento que los llevaba y el agua.
Aquí Laertes me compró con su dinero.
Así es como llegué a ver con mis ojos esta tierra».
Y Odiseo, de linaje divino, le contestó con su palabra: 485
«Eumeo, mucho en verdad has conmovido mi corazón en el pecho
al relatar con detalle cuanto has sufrido en tu corazón101.
Pero también al lado de un mal te ha puesto un bien
Zeus, ya que llegaste –después de mucho sufrir– a la casa de un hombre
amable, que te proporciona comida y bebida 490
con afecto, y vives una buena vida. En cambio yo
después de cruzar vagando muchas ciudades de mortales llego aquí».
Así ellos tales cosas se contaban mutuamente,
hasta caer dormidos, pero no por mucho tiempo, solo un poco.

TELÉMACO LLEGA DE VUELTA A ITACA (495-556)

Porque pronto llegó Eos, de trono de oro. Ya en tierra, 495


los compañeros de Telémaco desataron las velas, quitaron el mástil

98
Véase nota a 4, 73. Aquí y en 18, 295-296 el término eléktron está en plural, por eso traducimos «piezas»
de ámbar, aunque no debe entenderse que se trata de la piedra preciosa proveniente de resina vegetal
fosilizada, sino de una aleación de plata y oro.
99
Este hexámetro es fórmula que proviene de 10, 80.
100
Véase nota a 11, 173.
101
La reacción de Odiseo-mendigo (vv. 486-487) a la historia del porquerizo es similar a la de este último
después de escuchar el cuento cretense del extranjero en 14, 361-362.
Odisea de Homero. Traducción y notas de Marta Alesso
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rápidamente y se dirigieron luego al desembarcadero con los remos102.


Arrojaron las anclas y amarraron los cables.
Luego desembarcaron sobre la ribera del mar,
prepararon el almuerzo y mezclaron rojo vino. 500
Y cuando el deseo de comer y beber habían saciado
comenzó Telémaco inspirado a dirigirles su palabra:
«Lleven ustedes a la ciudad la negra nave,
que yo me acercaré a ver los campos y a los pastores.
Por la tarde bajaré a la villa después de ver mis labores103. 505
Y al amanecer como retribución por el viaje quiero ofrecer
un buen banquete de carnes y vino dulce para beber104».
Y se dirigió a él Teoclímeno, semejante a los dioses105.
«¿Adónde podría ir yo, querido hijo106? ¿A qué palacio me puedo acercar
de los hombres que dominan en la pedregosa Itaca? 510
¿O acaso voy directamente al palacio de tu madre y tuyo?»
Y a su vez Telémaco le contestó con prudencia:
«En otras circunstancias yo a nuestra casa te pediría
que te acercaras. No echarías en falta la hospitalidad. Pero para ti
sería peor, pues yo voy a estar ausente y mi madre 515
no podrá verte, que no se muestra a los pretendientes a menudo en la casa
sino que en el piso de arriba teje en su telar.
Pero te hablaré de un hombre a cuya casa podrías ir:
Eurímaco107, hijo ilustre del prudente Pólibo,
a quien los itacenses respetan como a un dios, 520
pues es el varón más excelente y quien más ambiciona
casarse con mi madre y conseguir la dignidad de Odiseo.
Pero solo Zeus Olímpico sabe, el que habita en el éter,
si les va a proporcionar en lugar de la boda un día funesto».
mientras así hablaba cruzó volando un pájaro por la derecha108, 525

102
El narrador retoma las acciones de Telémaco y su comitiva, que en vv. 296-300 se situaban en el
atardecer del día anterior, porque se supone que de Pilos a Itaca, tardaron una noche, tanto como duró el
viaje de Itaca a Pilos, según 2, 434-3, 1-4. Véase nota a v. 300.
103
Telémaco no hace más que seguir las instrucciones que Atenea le había sugerido en sueños en vv. 36-
39: apenas llegado a la costa de Itaca, debía enviar la nave y los compañeros a la ciudad y marchar el joven
a la cabaña de Eumeo. Recién en 16, 322-326 vamos a contemplar la escena de los compañeros de Telémaco
llegando a la ciudad.
104
Este banquete prometido por Telémaco a sus compañeros no se vuelve a mencionar ni tampoco se lleva
a cabo.
105
Las instrucciones de Atenea en el sueño de Telémaco –a partir de v. 36– no habían hecho mención
alguna de Teoclímeno.
106
No se ha mencionado hasta el momento la edad de Teoclímeno, pero, de acuerdo a la genealogía ofrecida
en vv. 241-256, pertenece a la generación de Anfiarao (véase nota a v. 253) de quien era primo y por lo
tanto, debe ser anciano.
107
Resulta extraña e inadecuada la propuesta de Telémaco de que Teoclímeno vaya a pedir la hospitalidad
en la casa del más feroz de los pretendientes, si bien Eurímaco es un noble y estaría obligado a alojar a otro
noble que anda viajando. Más abajo (vv. 540-543), encomienda al adivino a Pireo Clitida y no se menciona
para nada esta sugerencia previa.
108
Los vv. 525-534 enuncian el tercer vaticinio a partir del vuelo de algún pájaro, anunciando el triunfo de
Odiseo sobre los pretendientes. El primero fue el del anciano Haliterses en 2, 161-176 y el segundo, en este
mismo canto (vv. 172-178) por boca de Helena. En esta ocasión se trata de un halcón, pájaro que se
considera «mensajero de Apolo» (v. 526). Apolo es en efecto el dios de la profecía y el que profetiza aquí
es un vidente profesional. Además, los pretendientes serán asesinados durante un día festivo dedicado a
Apolo (véase 20, 276-280 y 21, 258-259).
Odisea de Homero. Traducción y notas de Marta Alesso
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un halcón, veloz mensajero de Apolo. En sus patas


llevaba una paloma y las plumas dejaba que cayeran a tierra
en el espacio del medio entre la nave y el mismo Telémaco.
Teoclímeno, alejándolo de sus compañeros, lo llamó aparte
le tomó la mano, le dijo su palabra y lo llamó por su nombre: 530
«Telémaco, no sin la voluntad de un dios pasó este pájaro por la diestra
Me he dado cuenta al verlo de frente que era un ave augural.
No existe otra estirpe más regia que la de ustedes
en el pueblo de Itaca. Siempre serán los más fuertes».
Y Telémaco contestándole con prudencia a su vez le dijo: 535
«Extranjero ¡ojalá se viera cumplida tu palabra!
Entonces tendrías pronto mi amistad y numerosos regalos,
de modo que quien contigo se encontrara te llamaría dichoso»109.
Dijo, y se dirigió a Pireo, un fiel compañero:
«Pireo, hijo de Clitio110, tú eres para mí quien al máximo 540
me obedeciste, entre estos compañeros que me han escoltado a Pilos.
De modo que ahora llévate también al forastero a tu casa
para cuidarlo con cariño y honrarlo hasta que yo llegue».
Y Pireo, famoso por su lanza, le contestó:
«Telémaco, aunque te quedaras por aquí mucho tiempo 545
yo cuidaré de él y no echará en falta dones de hospitalidad».
Así diciendo, subió a la nave y apremió a los compañeros
para que embarcaran también ellos y soltaran amarras.
Enseguida ellos subieron y se sentaron sobre los bancos.
Telémaco anudó bajo sus pies unas hermosas sandalias 550
y tomó su valiente lanza, guarnecida con agudo bronce,
de la cubierta de la nave. Ellos soltaron las amarras,
echaron la nave al mar y enfilaron a la ciudad como lo había ordenado
Telémaco, el querido hijo del divino Odiseo,
A este, sus pies lo llevaban veloz, a zancadas, hasta la majada 555
donde tenía sus incontables cerdos, entre los que el porquerizo,
noble, pasaba la noche, ya que tanto cariño tenía a sus amos.

109
Véase nota a 17, 163. No es necesario ser un gran adivino para poder interpretar que un halcón que
atrapa a una paloma significa a Odiseo venciendo a los pretendientes, por eso resulta aquí un poco
exagerada la retribución por el vaticinio que promete Telémaco.
110
El personaje de Pireo es mencionado aquí y en 17, 71-84 y 20, 372. Había acompañado a Telémaco a
Pilos y ahora el hijo de Odiseo no tiene duda de que es el personaje apropiado para hacerse cargo
momentáneamente del adivino Teoclímeno.

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