1.
El CULTO AL AVISPADO
El pueblo antioqueño creó el culto al avispado. El avispado tiene profunda
confianza en sí mismo, por tanto, no requiere de preparación, dado que su astucia
natural le permite salir triunfante en todas las situaciones. El avispado no prevé las
situaciones, las resuelve en cada momento gracias a su viveza. El avispado no
hace empresas, hace negocios. Para el avispado la mejor universidad es la calle y
la vida.
El avispado no cree en el esfuerzo pues sabe cómo se la gana de ojo.
El avispado no conversa, sino que se come de cuento a la gente.
El avispado es cañero, fafarachero, lanza, espuelón, “fregado” y ventajoso.
El avispado tiene agallas y se lleva a todo el mundo por delante.
El avispado se ufana: "Yo no lo tumbé, él se cayó sólo".
El avispado es el asesino de las blandas carnes de sus ingenuas víctimas.
Para el avispado no hay mayor triunfo que sacar ventaja en cada negocio.
Es muy simbólico el léxico utilizado por el habla popular para exaltar la figura del
avispado, por lo general asociado con la fauna predadora. Para destacar a alguien
nos referimos a él como una fiera, un tigre, un águila, una culebra.
Por el contrario, la víctima del avispado se asocia con la flora: una papa, un
aguacate, un arracacho, una torta. Claro que no faltan los elementos faunísticos
como el marrano y el burro o cierto órgano masculino.
El avispado tiene profunda confianza en sí mismo, no tiene dudas. Tiene
respuestas para todo, pero hace muy pocas preguntas.
La ignorancia no es un estado de vacío sino de llenura. Por el contrario, el
conocimiento es un salto al vacío. El científico tiene más preguntas que
respuestas. Cada logro de la ciencia no es un punto de llegada sino el lugar donde
surgen los nuevos interrogantes. "Sólo sé que nada sé" decía Sócrates con
humildad. "Yo me las sé todas" farfulla con arrogancia el avispado.
El avispado está conforme con el mundo mientras no le afecte su estatus. Por el
contrario, el arte y la ciencia nacen de la inconformidad. Aquel que está
insatisfecho con el mundo decide reinterpretarlo o recrearlo. El espíritu crítico
permite que la humanidad avance. Por eso la Universidad no puede perder jamás
el espíritu de indagación. La Universidad, en síntesis, es la ventana por la cual nos
asomamos a indagar el Universo, a extraerle con cuentagotas sus arcanos
secretos, sus leyes más profundas.
Una política educativa centrada en la calidad y la cobertura es una política trunca.
Ya sabemos que la educación no es sólo responsabilidad del sistema educativo,
sino que es un proceso complejo en el cual convergen todos los estamentos
sociales. Para tener una sociedad educada se requiere primero una sociedad
educadora. Y el primer papel de esa sociedad es crear el ambiente propicio para
que florezca el conocimiento. Una sociedad que valore al científico, al intelectual,
al artista, por encima del avispado.
Una sociedad donde el saber y el conocimiento sean un deleite, una aventura
apasionante y no una fuente de tortura y padecimiento como ocurre hoy en
nuestra educación básica.
Nos sentimos orgullosos de vivir en un país con la mayor biodiversidad del planeta
tierra, es decir el mayor banco genético de la humanidad. Pero hoy no importa
tanto la biodiversidad, que es un fenómeno natural, sino el saber sobre esa
biodiversidad que es un hecho cultural. Ese saber se encuentra en otras latitudes.
Es como si poseyéramos una gran riqueza depositada en el banco, pero la clave
para extraer el dinero la tiene otro.
Hace ya varios años el economista brasileño Celso Hurtado preveía que en el
siglo XXI existirían dos tipos de países: Unos que enriquecerían al patrimonio
común de la humanidad a través de su creación e innovación y otros que se
deberían resignar al papel de simples receptores de bienes y conocimientos
emanados en otras esferas. Según las decisiones que hoy tomemos, las próximas
generaciones estarán ubicadas en una de las dos orillas: en la de la creación o en
la del simple consumo.
El actual modelo de desarrollo tiene como principales indicadores las variables
positivas o negativas del PIB. A pesar de que estos indicadores tienden a ser
optimistas, en materia de conocimiento los datos son desalentadores. América
Latina aporta el 1% del total de Científicos del mundo y Colombia contribuye con el
1% del total de América Latina. Es decir, en materia de conocimiento aportamos a
la humanidad el 1% del 1%. Un verdadero y real Producto Interno Bruto. Y eso
que somos tan avispados. Otro dato que nos retrata: en los productos que
conforman la canasta familiar no figuran los libros, pero si las fotocopias.
Pero es que también terminamos de estudiar. Al finalizar la llamada moratoria
social, en la cual al joven se le excusa de trabajar para que dedique ese tiempo a
su formación, se considera que termina de estudiar al culminar sus ciclos
académicos. Puede que ese concepto hubiera tenido validez hace unas décadas
cuando los cambios tecnológicos eran lentos, las transformaciones del entorno
pausadas y los conocimientos y las destrezas adquiridas en el período
universitario tenían vigencia por el resto de la vida.
Pero hoy, con el vértigo del mundo conectado en línea en tiempo real, con
asombrosos avances que a duras penas nos permiten asimilarlos, terminar de
estudiar constituye un suicidio intelectual y social. Por ello, el sistema educativo,
fuera de la transmisión de conocimientos básicos y de formar en las destrezas
propias para ingresar al mundo laboral, debe sembrar el ansia de saber y la
curiosidad permanente, acompañadas de las herramientas metodológicas que
permitan que la indagación tenga un sentido y sea eficaz y pertinente.
En la última edición del diccionario portugués encontré la poética y muy brasileña
definición de la palabra saudade: "Sentimiento más o menos melancólico de
incompletud". Retomo ese concepto de incompletud para aplicarlo al hombre y la
mujer contemporáneos: qué incompleto es aquel que se da por satisfecho con lo
aprendido, qué incompleto el que ha perdido la capacidad de asombro ante las
propuestas del arte y la poesía; qué incompleto aquel que no se interroga ante los
asombrosos descubrimientos de la ciencia. Vano fue su paso por la vida.
Una última recomendación:
Desconfiad del avispado"
Pero quiero hacer una advertencia, la conferencia del rector de Eafit, si bien es
una crítica a la cultura de su región, también lo es a la sociedad colombiana en
relación al papel que ha jugado el conocimiento, en su desarrollo. Pero a su vez,
es una excelente descripción del impacto que juegan las barreras culturales, para
que nuestro país se pueda insertar en el juego mundial donde la creatividad, la
capacidad de innovar y el uso adecuado de la ciencia y la tecnología, son
claves. La calidad de vida y la competitividad dependen cada vez más de tener
personas con unos valores, unas creencias y unos comportamientos, que los
habiliten para ser actores activos en la construcción colectiva de su propio
desarrollo.
Este texto no es más que una referencia al colombiano promedio, a esa persona
trabajadora y avispada que no se deja opacar por nadie, así no sepa nada.
2. ¿CONSIDERA QUE LA LECTURA CRÍTICA DEBE SER UNA ASIGNATURA
OBLIGATORIA EN EL PENSUM ACADÉMICO DE LAS INSTITUCIONES
EDUCATIVAS DE NUESTRO PAÍS? JUSTIFIQUE SU RESPUESTA.
Desde esta perspectiva, la lectura crítica debe ser un objetivo prioritario
del currículo en el contexto universitario. La habilidad de ser un lector
crítico es inherente a las personas y a las sociedades. Formar
profesionales con una actitud crítica frente a la vida y al mundo es el reto
en la sociedad de la información y del conocimiento. La lectura crítica y el
pensamiento crítico son construcciones culturales que necesitan
educación, esfuerzo y cultivo.
Considerando que la lectura crítica no es algo dado, las aulas debieran
convertirse en espacios de diálogo y discernimiento más que en espacios
de conferencias o monólogos del profesor. Se debe dotar al estudiante de
diversas estrategias de lectura crítica que le permitan descubrir el punto
de vista que los discursos reflejan de la realidad, porque lo que
aprendieron en la educación previa les resulta insuficiente cuando se
enfrentan al aprendizaje de las disciplinas especializadas, ya sea
educación, derecho, medicina, ingeniería, economía, periodismo o
cualquier otra. “Ser un buen químico, abogado, geógrafo o ingeniero es
saber procesar los discursos propios de la disciplina”
Por último, la universidad como institución académica, donde caben todas
las ideologías, no solo debe ser una simple transmisora del conocimiento,
sino una verdadera formadora del pensamiento crítico, el cual favorecerá
la expresión de la pluralidad con libertad. Al respecto, Prieto (2008)
sostiene que el pensamiento crítico reivindica al individuo como sujeto
pensante, con derecho a expresarse libremente y provisto de valores
democráticos. En esta misma dirección, Arigaza (2009, p. 92) agrega:
“Un pensamiento crítico, del estudiante, puede cuestionar lo indebido
cuando es afectado o beneficiado, un pensamiento empírico, en cambio,
copia mecánicamente los modelos positivos o negativos, sin cuestionarlos
y sin darse cuenta de ello”. Sin lectura crítica no hay pensamiento crítico,
sin pensamiento crítico no hay una verdadera universidad.