Informe de Hepatitis A:
Gianna Panigadi
Introducción:
La hepatitis A es una infección del hígado sumamente contagiosa causada por el
virus de la hepatitis A. Es uno de varios tipos de virus de hepatitis que causa
inflamación y afecta al funcionamiento del hígado.
A diferencia de las hepatitis B y C, ésta no es crónica y rara vez es mortal. Sin
embargo, puede causar síntomas e, inclusive, una insuficiencia hepática grave.
Agente etiológico:
El virus de la hepatitis A pertenece a la familia de los Picornaviridae y al
género Hepatovirus. Tiene una forma icosaédrica no capsulada, de
aproximadamente 28 nm de diámetro, y un solo genoma ARN lineal, de orientación
positiva. El genoma tiene una longitud total de 7,5 kb que se traduce en solo una
poliproteína, aunque puede por sí sola causar una infección. La poliproteína es
cortada en diversos puntos produciendo proteínas capsulares VP1, VP2, VP3 y
VP4, así como proteínas no estructurales.
En su extremo 5' tiene una proteína unida covalentemente, la VPg, que hace las
funciones de la gorra 5' de genomas eucarióticos al proteger al genoma en ese
extremo. Su extremo 3', por el contrario, tiene una zona poliadenilada (cola Poli(A))
que también hace funciones de protección, además de permitir su traducción por la
maquinaria de la célula hospedadora.
Epidemología:
La hepatitis A es una causa de morbilidad y ocasional mortalidad, endémica en
muchas zonas del mundo (principalmente en países en vías de Desarrollo) y
epidémica en otras (básicamente en zonas industralizadas), siendo su prevalencia
especialmente remarcable en la Cuenca mediterránea, donde entre el 75% y el
100% de la población adulta posee anticuerpos anti-VHA, evidencia de haber sido
infectado por el virus. Este porcentaje contrasta con las cifras inferiors que
corresponden a naciones como Estados Unidos (50%), Australia (55%) o los países
escandinavos (13%), por citar algunos ejemplos. De esto podría concluir que los
países donde la sanidad general es más correcta, la enfermedad ve reducidos sus
niveles de prevalencia.
La situación epidemológica de la hepatitis A, se modifica a nivel mundial
rápidamente, por lo que hay que considerar con precaución los datos previos sobre
la incidencia y la prevalencia de la enfermedad.
En los paiś es más desarollados la infección es menos prevalente, de modo que
existe una gran proporción de adultos susceptibles (anti-VHA negativo).
En Francia, Ia presencia de anti-VHA es de 38% antes de los 15 años, 80% entre 18
y 25 años y del 95% después de los 40 años.
Se pueden distinguir zonas geográficas de nivel elevado, intermedio o bajo de
infección por el VHA. Sin embargo, contraer la infección no significa que se vaya a
presentar la enfermedad, pues los niños que se infectan durante la infancia no
padecen síntomas visibles.
Zonas con altos niveles de infección
En los países de ingresos medianos y bajos donde las condiciones de saneamiento
y las prácticas de higiene son deficientes, la infección es frecuente y la mayoría de
los niños (el 90%) la han contraído antes de los 10 años, muy a menudo sin
presentar síntomas.2 Las epidemias son poco frecuentes porque los niños mayores
y los adultos suelen estar inmunizados. En estas zonas, las tasas de morbilidad son
bajas y raramente surgen brotes epidémicos.
Zonas con bajos niveles de infección
En los países desarrollados con buen nivel de saneamiento e higiene las tasas de
infección son bajas. La enfermedad puede aparecer en adolescentes y adultos de
los grupos de alto riesgo, como los consumidores de drogas inyectables, los
varones que mantienen relaciones homosexuales y las personas que viajan a zonas
de alta endemicidad, así como en algunas poblaciones aisladas, como las
comunidades religiosas cerradas. En los Estados Unidos de América se han
registrado grandes brotes entre las personas sin hogar.
Zonas con niveles intermedios de infección
En los países de ingresos medianos y las regiones donde las condiciones sanitarias
no siempre son idóneas, los niños eluden a menudo la infección durante la primera
infancia y llegan a la edad adulta sin inmunidad. Paradójicamente, esas mejoras de
la situación económica y del saneamiento pueden traducirse en un aumento del
número de adultos que nunca se han infectado y que carecen de inmunidad. Esta
mayor vulnerabilidad en los grupos de más edad puede aumentar las tasas de
morbilidad y produce grandes brotes epidémicos.
Cuadro clínico:
La persona infectada con hepatitis A puede sentirse como si tuviera gripe o bien
puede no tener ningún síntoma. Los síntomas de la infección por virus de la hepatitis
A suelen ser de aparición brusca, y consiste en dolor en el hipocondrio derecho,
ictericia (piel y ojos amarillos) y orina oscura. Algunos otros síntomas communes
son:
náusea
vómito
fiebre
pérdida del apetito y anorexia
fatiga y dificultad para respirar
prurito (irritación y picazón de la zona afectada) generalizado
deposiciones de color claro y albinas (acolia)
dolor abdominal, especialmente en la región del epigastrio10
Estos pródromos pueden ser leves, y en los lactantes y niños preescolares pueden
pasar inadvertidos.
Diagnóstico:
Los casos de hepatitis A son clínicamente indistinguibles de otros tipos de hepatitis
víricas agudas. El diagnóstico se establece mediante la detección en la sangre de
anticuerpos IgM dirigidos específicamente contra el VHA. Otra prueba utilizada es la
reacción en cadena de la polimerasa con retrotranscriptasa (RT-PCR), que detecta
el ARN del VHA, pero normalmente se realiza solo en laboratorios especializados.
Patogénesis:
La infección por el virus de la hepatitis A tiene una fase de replicación en
el hepatocito y una fase citopática (in "vitro") donde causa alteración en la
arquitectura del lobulillo hepático y proliferación del mesénquima y de los conductos
biliares que se debe a la destrucción de los hepatocitos por los linfocitos T
citotóxicos. Ocasionalmente la inflamación lobulillar causa necrosis. La afectación es
principalmente centrolobulillar y se caracteriza por un infiltrado de células
mononucleares, hiperplasia de las células de Kupffer y grados variables
de colestasis. Este infiltrado mononuclear está constituido sobre todo
por linfocitos pequeños, aunque ocasionalmente se observan células
plasmáticas y eosinófilos.
Tratamiento:
No hay ningún tratamiento específico para la hepatitis A. Los síntomas pueden
remitir lentamente, a lo largo de varias semanas o meses. Lo más importante es
evitar medicamentos innecesarios. No se deben administrar antieméticos ni
paracetamol.
La hospitalización es innecesaria en ausencia de insuficiencia hepática aguda. El
tratamiento persigue el bienestar y el equilibrio nutricional del paciente, incluida la
rehidratación tras los vómitos y diarreas.
Prevención:
La mejora del saneamiento, la inocuidad de los alimentos y la vacunación son las
medidas más eficaces para combatir la hepatitis A.
La propagación de la hepatitis A puede reducirse mediante:
sistemas adecuados de abastecimiento de agua potable;
la eliminación correcta de las aguas residuales de la comunidad;
las prácticas de higiene personal, como lavarse regularmente las manos
antes de comer y después de ir al baño.
Hay varias vacunas inyectables inactivadas contra la hepatitis A disponibles a nivel
internacional, todas ellas similares con respecto a la protección conferida y a sus
efectos colaterales, si bien ninguna ha sido autorizada para los menores de un año.
En China también está disponible una vacuna oral con virus vivos.
Al cabo de un mes de haber recibido una sola dosis de la vacuna, casi el 100% de
las personas desarrolla niveles protectores de anticuerpos. Incluso después de la
exposición al virus, una dosis de la vacuna dentro de las dos semanas posteriores al
contacto surte efectos protectores. Aun así, los fabricantes recomiendan administrar
dos dosis para garantizar una protección a más largo plazo, de entre cinco y ocho
años.
Millones de personas han recibido vacunas inyectables inactivadas contra la
hepatitis A sin que hayan presentado eventos adversos graves. La vacuna se puede
incluir en los programas habituales de inmunización infantil y junto con las vacunas
que se administran a los viajeros.
La vacunación contra la hepatitis A debe formar parte de un plan integral de
prevención y control de las hepatitis víricas. Para planificar programas de
inmunización a gran escala se han de realizar evaluaciones económicas detenidas y
prever métodos alternativos o adicionales de prevención, como mejoras del
saneamiento y educación sanitaria para fomentar la higiene.
Bibliografía:
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causes/syc-20367007
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[Link]
28-articulo-etiologia-patogenia-las-hepatitis-viricas-13083375
[Link]
Glosario:
Icosaédrica: Capa protectora de naturaleza proteica, que rodea al ácido nucleico de
la partícula viral, cuya simetría puede ser icosaédrica, helicoidal o compleja.
Poliadenilación: la adición de una cola de poli(A) a un ARN mensajero. ... En
eucariotes, la poliadenilación es parte del proceso que produce el ARN mensajero
maduro (ARNm) para su traducción.
Enfermedad endémica: es aquélla que se presenta constantemente en un área
geográfica o en un grupo de población.
Epigastrio: es, en anatomía, la región del abdomen que se extiende desde el
diafragma hasta aproximadamente el séptimo u octavo espacio intercostal, y queda
limitada en ambos lados por las costillas falsas. Contiene al colon transverso, al
duodeno, al píloro y a la aorta descendente.
Hepatocito: célula propia del hígado y que forma su parénquima.
Citopática: Daño celular causado por la infección de un virus.
Lobulillo hepático: subunidades poliedricas formadas por láminas fenestradas de
hepatocitos que se disponen en forma radiada en torno a una vena central o vena
centrolobulillar, ubicada en el centro del lobulillo.
Mesénquima: ecido mesodérmico embrionário dos vertebrados, pouco diferenciado,
que origina os tecidos conjuntivos no adulto.
Centrolobulillar: Es un tipo de enfermedad pulmonar obstructiva crónica por la que
se produce la destrucción del tejido pulmonar, principalmente por fumar.
Hiperplasia: Aumento anormal de tamaño que sufre un órgano o un tejido orgánico
debido al incremento del número de células normales que lo forman.
Eosinófilos: es un leucocito de tipo granulocito pequeño derivado de la médula ósea,
que tiene una vida media en la circulación sanguínea de 3 a 4 días antes de migrar
a los tejidos en donde permanecen durante varios días.
Antimético: fármacos utilizados para impedir o controlar la emesis, la náusea y la
cinetosis.