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Una Perspectiva Sobre Los Pueblos Indigenas en Argentina

Este documento presenta una perspectiva sobre la situación de los pueblos indígenas en Argentina. Explica quiénes son los pueblos indígenas y sus demandas principales, como la protección de sus derechos especiales y el control de sus territorios ancestrales. También analiza el marco legal que los protege y las políticas gubernamentales hacia ellos, particularmente las del Instituto Nacional de Asuntos Indígenas. Finalmente, resume las principales violaciones a sus derechos en 2001.

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Una Perspectiva Sobre Los Pueblos Indigenas en Argentina

Este documento presenta una perspectiva sobre la situación de los pueblos indígenas en Argentina. Explica quiénes son los pueblos indígenas y sus demandas principales, como la protección de sus derechos especiales y el control de sus territorios ancestrales. También analiza el marco legal que los protege y las políticas gubernamentales hacia ellos, particularmente las del Instituto Nacional de Asuntos Indígenas. Finalmente, resume las principales violaciones a sus derechos en 2001.

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Una perspectiva sobre los pueblos indígenas en Argentina*

1. Introducción

El presente capítulo propone un panorama de la situación de los pueblos indígenas en


Argentina, revelando, en primer lugar, quiénes son los pueblos indígenas y cuál es la
relación que mantienen con el estado-nación en que se hallan. Seguidamente, se describe la
riqueza y variabilidad de pueblos existentes en el país y se analizan las condiciones
socioeconómicas en que viven.

En un segundo apartado se señalan algunas de las demandas y reivindicaciones de los


pueblos indígenas, sus organizaciones y comunidades y las respuestas que el Estado ha
dado a estos reclamos.

Este informe reseña, además, el marco legal de protección de sus derechos especiales y
analiza las políticas gubernamentales, en particular desde la gestión del Instituto Nacional
de Asuntos Indígenas (INAI). Finalmente se sistematizan las principales violaciones a sus
derechos acontecidas durante el año 2001.

2. Quiénes son los pueblos indígenas

Aunque mucho se ha dicho y escrito sobre este tema, subsiste en la comunidad global el
convencimiento de que los indígenas pertenecen a un tipo de sociedad que, por razones que
nunca se explicitan del todo, sobreviven actualmente como residuos de sociedades antiguas
que no se han integrado completamente a la sociedad mayoritaria. Por ello, se sostiene,
viven en condiciones materiales deficientes, presentan altos índices de desnutrición infantil,
mortalidad y analfabetismo, y poseen una escasa participación en la vida política global.

Estas concepciones, que presentan a los indígenas como sociedades incompletas e


imperfectas y que tienen su arraigo en certezas decimonónicas sobre la existencia de
progreso social unilineal, se reflejan en categorías tales como "minorías empobrecidas"
"grupos vulnerables", "sector careciente", "grupos marginados", "segmento social
atrasado", etcétera.

El problema de las categorizaciones sociales es que ellas configuran los derechos que los
grupos en cuestión están autorizados a reivindicar y determinan la orientación y diseño de
las políticas públicas. Así, es factible que se acepten –y propicien– demandas de asistencia
económica pero se califiquen como "excesos" intolerables las reivindicaciones de
autonomía política de los pueblos indígenas.

Un enfoque basado en las categorías antedichas sostiene que la existencia de los pueblos
indígenas es una cuestión circunstancial que se da en un momento determinado pero que
puede –y debe– cambiar si se adoptan medidas positivas dirigidas a alcanzar su gradual
integración en la sociedad global civilizada.

Siguiendo estas perspectivas, en Argentina se han implementado sucesivos planes y


programas de integración que según las épocas se llamaron "reducciones”, “reservas”,
“colonias” o “misiones", y cuyo objetivo principal era la "radicación" de los indígenas a la
tierra como campesinos o peones rurales. Pero estas políticas de invisibilización de la
*
Este capítulo ha sido elaborado por Morita Carrasco, licenciada en Antropología, Facultad de Filosofía y
Letras (UBA).
diferencia fracasaron de unos años a esta parte, tal cual lo demuestra la importante
reemergencia de las identidades indígenas, el fortalecimiento de sus formas organizativas
propias y su accionar como actores políticos sui generis en el orden interno e internacional1.

A partir de esta constatación proponemos, entonces, adoptar un punto de vista distinto al


citado. Un enfoque que tenga en cuenta, en primer lugar, las consecuencias jurídicas que
acarrea para los pueblos indígenas el ser ubicado en una u otra categoría y, en segundo
lugar, que pondere la categoría social que sea más compatible con los objetivos y
aspiraciones del grupo cuyos derechos desea proteger.

Y aquí volvemos a la pregunta del título: ¿quién es el sujeto cuyos derechos se desea
proteger?

Si bien no existe consenso sobre el significado de los términos Pueblos Indígenas, ni sobre
la necesidad de explicitarlo, a nivel internacional se han dado algunas definiciones de
trabajo abiertas. Entre ellas la que brinda el Relator Especial de Naciones Unidas, Sr. José
Martínez Cobo, en su "Estudio del problema de la discriminación contra las poblaciones
indígenas”, que sostiene: "Las comunidades, pueblos y naciones indígenas son aquellos
que, teniendo una continuidad histórica con las sociedades previas a la invasión y
colonización que se desarrollaron en sus territorios, se consideran a sí mismos distintos de
otros sectores de las sociedades que prevalecen actualmente en esos territorios, o en partes
de los mismos. En la actualidad constituyen sectores no dominantes de la sociedad y están
determinados a preservar, desarrollar y traspasar a futuras generaciones sus territorios
ancestrales y su identidad étnica, como base de su continua existencia como pueblos, de
acuerdo con sus propias pautas culturales, instituciones sociales y sistemas legales"2.
La existencia de categorizaciones sociales externas a los pueblos mismos es motivo de
disputas permanentes por parte de sus dirigentes y organizaciones. Mientras el Proyecto de
Declaración Universal de los Derechos de los Pueblos Indígenas (ONU) elaborado por un
Grupo de Trabajo con fuerte presencia de indígenas no incluye definición alguna, su símil
Interamericano ha pretendido circunscribir qué se entiende por tal, generando planteos
como el realizado por el National Congress of American Indians en 1999, que propone
reemplazar las definiciones por el siguiente texto: "Los pueblos indígenas tienen el derecho
colectivo e individual de mantener y desarrollar sus identidades distintivas y a ser
reconocidos como tales".

Frente a tales planteos los Estados se han visto, en parte, obligados a aceptarlos
incorporando el autorreconocimiento como criterio fundamental para la definición de
indígena, esto es: la conciencia que los mismos tienen de su identidad. Estos cambios han
sido receptados por el Convenio 169 de OIT que en su artículo 1.2. establece: "La

1
Beckett, J, “Introduction”, en Past and Present. The construction of Aboriginality, Aboriginal Studies Press,
Canberra, 1988, pp.: 1-10. Briones, C, La alteridad del “Cuarto Mundo”. Una deconstrucción antropológica
de la diferencia, Ediciones del Sol, Buenos Aires, 1998.
2
Martínez Cobo, J., 1983, "Estudio sobre el problema de la discriminación contra las poblaciones indígenas".
Informe final presentado por el relator especial, Sr. José Martínez Cobo, en pág. 50, Doc. UN.
E/CN.4/Sub2/1983/21/Add.8.
Por su parte, el Convenio 169 de Organización Internacional del Trabajo (OIT) ofrece la siguiente descripción
en su artículo 1.1.b: [son] considerados indígenas por el hecho de descender de poblaciones que habitaban
en el país o en una región geográfica a la que pertenece el país en la época de la conquista o la colonización
o del establecimiento de las actuales fronteras estatales y que, cualquiera que sea su situación jurídica,
conservan todas sus propias instituciones sociales, económicas, culturales y políticas o parte de ellas".
conciencia de su identidad indígena o tribal deberá considerarse un criterio fundamental
para determinar los grupos a los que se aplican las disposiciones del presente convenio".

2.1. Aboriginalidad y territorialidad

Sin soslayar la importancia clave de la autoidentificación, se debe resaltar que el rasgo


distintivo de los pueblos indígenas es su aboriginalidad, es decir, la característica de ser los
primeros habitantes –autóctonos– en los territorios que habitan y, por lo tanto, antecesores
de los sucesivos procesos de ocupación y domesticación jurídica3.

Las comunidades indígenas viven hoy mayoritariamente como ciudadanos de segunda


categoría en estados-nación modernos que frecuentemente los excluyen so pretexto de ser
portadores de lenguas, religiones, culturas y formas de vida percibidas como inferiores por
la sociedad dominante.

Sin embargo, a contrapelo de los modelos de homogeneización cultural, expresan


cotidianamente su voluntad de preservar la diferencia cultural que los distingue de otros
colectivos sociales y se encuentran decididos a fortalecer sus instituciones sociopolíticas
para conseguirlo. Al mismo tiempo, aspiran a desarrollar, en el seno de las sociedades
nacionales de las que forman parte, nuevas pautas de convivencia social en la diversidad.

En procura de estos objetivos reivindican una nueva normatividad que dé cabida a sus
"derechos especiales" sin menoscabo de los demás derechos del ciudadano. Un eje
estructurante de tales derechos emerge de la relación entre aboriginalidad y territorialidad4.
Por ser sociedades aborígenes, los pueblos indígenas no sólo reivindican la ocupación
continua de tierras ancestrales o al menos de parte de ellas, sino también la calidad del
vínculo que los une. Las tierras, el hábitat, el paisaje, el territorio, son más que un medio u
objeto de producción. En tanto condensador simbólico de la unidad social, política y
cultural del grupo, ellas son la condición indispensable para el mantenimiento de su
identidad como pueblo.

Los reclamos territoriales se formulan en términos de propiedad de las tierras que


legítimamente poseen. Sin embargo, como medio de ejercer su derecho a decidir, los
pueblos indígenas también demandan el control de los recursos naturales y el dominio de
3
Beckett, J. “Introduction”. En Past and Present. The construction of Aboriginality. J. Beckett (ed.) Canberra:
Aboriginal Studies Press. 1988, pp.: 1-10.
Briones, C. La alteridad del “Cuarto Mundo”. Una deconstrucción antropológica de la diferencia, Buenos
Aires, Ediciones del Sol, 1998.
4
Mientras el debate continúa, a nivel internacional se acepta aún con reservas el uso del término territorio.
Así, el Proyecto de Declaración Universal promueve en su artículo 26 que “los pueblos indígenas tienen
derecho a poseer, desarrollar, controlar y utilizar sus tierras y territorios, comprendido el medio ambiente total
de las tierras, el aire, las aguas, los mares costeros, los hielos marinos, la flora y la fauna y los demás recursos
que tradicionalmente han poseído u ocupado o utilizado de otra forma. Ello incluye el derecho al pleno
reconocimiento de sus leyes, tradiciones y costumbres, sistemas de tenencia de la tierra e instituciones para el
desarrollo y la gestión de los recursos, y el derecho a que los Estados adopten medidas eficaces para prevenir
toda injerencia, usurpación o invasión en relación con estos derechos. El Convenio 169 de OIT expresa: “La
utilización del término tierras en los artículos 15 y 16 deberá incluir el concepto de territorios, lo que cubre la
totalidad del hábitat de las regiones que los pueblos interesados ocupan o utilizan de alguna otra manera” (art.
13.2).
los lugares sagrados. Consistentemente con ello, se oponen a cualquier plan de desarrollo
–oficial o privado– que no tenga en cuenta su participación en el diseño, planificación y
control de los mismos5.

Finalmente, es importante enfatizar que el aspecto territorial, en tanto núcleo común de las
movilizaciones indígenas en todo el planeta, está íntimamente relacionado con la capacidad
de los pueblos indígenas para ejercer los derechos que invocan6. De ahí que se otorgue una
importancia primordial a la consulta y participación efectiva de sus miembros en todos los
asuntos que les competen. En virtud de ello, tanto la Constitución Nacional (artículo 75,
inciso 17) como el Convenio 169 de OIT (art. 6, 7, 8) facultan a los pueblos indígenas para
que puedan adoptar sus propias decisiones y decidir libremente las prioridades que estimen
pertinentes.

En esta primera parte hemos intentado sortear el peso de categorizaciones sociales


equívocas centrando nuestra mirada en algunos aspectos que hacen al reconocimiento de la
diferencia cultural como un "bien jurídico" a proteger en las sociedades originarias que
llamamos "pueblos indígenas".

3. Los Pueblos Indígenas en Argentina

Desposeídos de sus tierras ancestrales y vencidos militarmente, los pueblos originarios


fueron incorporados en masa al Estado argentino como pueblos sometidos y ocupantes
precarios en sus propios territorios. Fueron obligados a adoptar una religión y un estilo de
vida ajenos. Arrinconados en zonas geopolíticas desfavorables, fueron convertidos en
productores de subsistencia y/o proletarios rurales contingentes a las fluctuaciones del
mercado capitalista. Por efecto de procesos regionales de migraciones forzosas un
importante porcentaje de sus miembros vive en áreas urbanas y suburbanas donde es usual
que deban ocultar su identidad para evitar el maltrato y la discriminación.

Aunque en los últimos tiempos su presencia pública es cada vez más frecuente, subsiste en
gran parte de la población el firme convencimiento de que los indígenas son un mero dato
del pasado prehispánico que desapareció por efecto de la "natural" evolución de la
humanidad. En el mejor de los casos, se los considera un sector de la población que, por
mestizaje con el componente europeo de origen español, generó una población criolla que
luchó por la independencia. Y, si hoy queda algún remanente, vive predominantemente en
áreas rurales, más o menos asimilado, como cualquier otro ciudadano.

A esta peculiar invisibilización ha contribuido también la ideología del "crisol de razas"


como experiencia social colectiva que habría borrado definitivamente todas las diferencias
a favor de una supuesta unidad racial, cultural y lingüística de la Nación Argentina. Sin
embargo, mientras nadie llamaría "mestizo" a un hijo de euroargentinos, quienes tienen un
padre o madre indígena son los que más claramente cargan con el estereotipo de "indio",
como marca indeleble que confirma la asimetría racializada y fundante que dio origen a la
sociedad nacional, legitimando en forma simbólica una relación de dominación que afecta
5
Iturralde G. Diego, "Pueblos indígenas, derechos económicos, sociales y culturales y discriminación". (m.i).
Ponencia presentada en Buenos Aires en oportunidad de la visita al país de la Alta Comisionada de
Derechos Humanos, Sra. Mary Robinson, en octubre del 2001.
6
Daes, E. Documento de trabajo sobre la relación y las diferencias entre los derechos de las personas
pertenecientes a minorías y los derechos de los pueblos indígenas. Comisión de Derechos Humanos,
Subcomisión de Promoción y Protección de los Derechos Humanos. Resolución 1999/23, del 52 período de
sesiones.
cotidianamente la vida de las pueblos indígenas7. Así, es frecuente en el lenguaje cotidiano
el uso de versiones peyorativas que asimilan "indio/indígena" a vago, indolente, sucio,
bruto, salvaje, haragán.

3.1. Cuáles son, cuántos son y dónde están

Frente al vacío censal oficial8 algunas ONG's y organizaciones indígenas han estimado que
el número de personas indígenas podría estar entre 800.000 y 2.000.000.

Se cree que un porcentaje bastante elevado vive en asentamientos rurales y en forma


comunitaria representando aproximadamente entre un 3% y un 5% de la población total del
país. Algunas provincias cuentan con un 17 a 25% de indígenas en su población. Según las
fuentes mencionadas, existirían más de 800 comunidades en todo el país mientras que por
efectos de la migración urbana en algunas capitales de provincias habría una altísima
concentración de familias y personas indígenas

Según esta información su composición y distribución sería aproximadamente la siguiente:

Región Noreste (provincias de Chaco, Formosa, Misiones y Santa Fe), pueblos Mbya-
Guarany, Mocoví, Pilagá, Toba, Vilela y Wichí.

Región Noroeste (provincias de Catamarca, Jujuy, La Rioja, Salta, San Juan, Santiago del
Estero y Tucumán), pueblos Atacama, Avá-Guarany, Chané, Chorote, Chulupí, Diaguita-
Calchaquí, Kolla, Omaguaca, Tapiete, Toba, Tupí-Guarany y Wichí.

Región Sur (provincias de Chubut, Neuquén, Santa Cruz y Tierra del Fuego), pueblos
Mapuche, Ona, Tehuelche y Yamana.

Región Central (provincias de Buenos Aires, La Pampa y Mendoza), pueblos Atacama,


Avá Guarany, Diaguita-Calchaquí, Huarpe, Kolla, Mapuche, Rankulche, Toba y Tupí
Guarany.
3.2. Condiciones socioeconómicas

3.2.1. La destrucción de los recursos naturales

Los territorios ancestrales de los pueblos indígenas están en peligro. La falta de


regularización dominial les impide controlar la devastación ambiental debido al uso
irracional de los recursos naturales por parte de no indígenas y la contaminación de sus
suelos y fuentes de agua por parte de empresas mineras, petroleras y otras. Al no existir
medidas efectivas de protección de la posesión y propiedad de las tierras que

7
Briones, C. "La alteridad del cuarto mundo. Una deconstrucción antropológica de la diferencia", Buenos
Aires, 1998, Ediciones del Sol.
8
No existen datos oficiales sobre la cantidad y composición de la población indígena en Argentina. En 1967 y
1968 se realizó un Censo Indígena Nacional pero el procesamiento nunca se completó. La ley 24.956 de 1997
incorporó la variable indígena al Censo Nacional de Población Hogares y Viviendas del 2001. Este censo
realizado los días 17 y 18 de noviembre preguntó a todos los habitantes del país si "existe en el hogar alguna
persona que se considera descendiente o perteneciente a algún pueblo indígena". En base a estos datos se
planifica llevar a cabo una encuesta complementaria en el 2002, para tener una cifra lo más aproximada
posible de la cantidad de población indígena que vive en el país y, además, para completar la información
disponible sobre su cultura, vida social, política, económica, etcétera.
tradicionalmente ocupan en todo el país, se acelera el avance de los frentes agrícolo-
ganaderos y el desembarco de “mega” proyectos de desarrollo.

En la provincia de Salta, por ejemplo, donde se concentra la mayor diversidad de pueblos


indígenas, la tala indiscriminada del monte nativo por parte de empresas forestales y
apropiadores no indígenas, la ganadería extensiva a campo abierto, la instalación de
emprendimientos agrícolas9 y las exploraciones petroleras y mineras provocan
desertización, empobrecimiento de los suelos y severos daños a la biodiversidad de los
diferentes ecosistemas10.

En la región sur, los pueblos Mapuche, Rankulche y Teheulche enfrentan cotidianamente la


experiencia de ver que "los alambrados se corren de noche". La invasión y el robo de tierras
indígenas es la práctica frecuente de terratenientes y comerciantes. En los últimos años el
interés de algunas corporaciones multinacionales por las tierras patagónicas ha ido
presionando a pequeños productores locales –en su mayoría indígenas– que, apremiados
por un mercado lanar en baja, les venden estancias y haciendas reduciendo aún más las
posibilidades de recuperación de sus tierras ancestrales.

Además, no son los indígenas quienes aprovechan el empleo generado por la instalación de
las agroindustrias pues su vinculación con el mercado laboral es precaria, inestable o
prácticamente inexistente.

Otro problema serio que enfrentan las comunidades de la zona sur es la contaminación
petrolera. En algunos territorios, las napas freáticas han sido invadidas por hidrocarburos
tornando imposible el aprovechamiento del agua. Las personas indígenas, especialmente
niños y ancianos, presentan niveles inaceptables de plomo y mercurio en sangre.

3.2.2. Problemática sanitaria

Además de la destrucción ambiental, la problemática sanitaria en las comunidades rurales


se agrava por los siguientes motivos: escasez de agua, asistencia médica deficiente o nula,
ausencia de medios de transporte y comunicación, mínima asistencia educativa, ausencia de
saneamiento ambiental, control inexistente de plagas y parasitosis animal y humana.

No existen a nivel nacional ni provincial estadísticas desagregadas por origen étnico que
permitan conocer el estado sanitario de los pueblos indígenas. Sin embargo, los lugares
donde residen actualmente muestran los índices más altos de infecciones agudas tales como
la tuberculosis, el mal de Chagas y el cólera, entre otras enfermedades. Según información
no oficial, brindada por agentes sanitarios locales, en ciertas zonas rurales la tasa de
mortalidad infantil alcanza al 30%. Pobremente alimentados, los niños indígenas parecieran
tener su futuro comprometido. Aunque algunas escuelas les proveen una comida diaria,
éstas no funcionan durante varios meses del año. La asistencia a clases revela un alto
porcentaje de deserción debido principalmente a la discriminación que sufren por parte de
maestros y compañeros no indígenas y a la escasez de medios económicos de las familias.
9
De un tiempo a esta parte, los gobiernos locales, siempre necesitados de recursos monetarios, ofertan y
venden la tierra pública a empresas que desmontan grandes extensiones de terreno para la instalación de
explotaciones agrícolas que afectan la reproducción de la flora y fauna silvestre que son el principal alimento
de las familias indígenas.
10
El río Pilcomayo, proveedor de peces para las comunidades ribereñas exhibe altos índices de contaminación
por mercurio y otros metales pesados debido al derrame de estas sustancias en zonas mineras de países
vecinos. Los planes de desarrollo estatales, implementados inconsultamente en los territorios indígenas,
alteran las áreas de uso tradicional aumentando la desnutrición y la pobreza.
Debido a que se ven forzados a emigrar hacia centros urbanos en busca de trabajo, por la
reducción de sus territorios, el alcoholismo, y en menor medida la prostitución, son otros de
los serios problemas que afectan a los indígenas más jóvenes.

3.2.3. La asistencia social

En lo que se refiere a la asistencia social, si bien existen a nivel nacional y provincial varios
programas11 que atienden las necesidades materiales de los sectores pobres, éstos no
reconocen la distintividad de los pueblos indígenas. A su vez, la vía de acceso a ellos suele
ser el remanido recurso del clientelismo político, lo que profundiza la dependencia indígena
y refuerza su visión como sector vulnerable.

Con sobrados fundamentos, las organizaciones y dirigentes indígenas sostienen que muchos
de los graves problemas que afectan la salud de sus familias se podrían solucionar si el
estado cumpliera con la normativa vigente en materia de derechos territoriales. La falta de
regularización dominial impide la necesaria protección de los recursos alimenticios de que
dispone el ambiente lo que condiciona el crecimiento y desarrollo de las nuevas
generaciones.

3.3. Marco legal vigente

En 1994 se reformó la Constitución Nacional, incorporando en su artículo 75 el siguiente


mandato: “Corresponde al Congreso:
17. "Reconocer la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas argentinos.
Garantizar el respeto a su identidad y el derecho a una educación bilingüe e intercultural;
reconocer la personería jurídica de sus comunidades, y la posesión y propiedad
comunitarias de las tierras que tradicionalmente ocupan; y regular la entrega de otras aptas
y suficientes para el desarrollo humano; ninguna de ellas será enajenable, transmisible ni
susceptible de gravámenes o embargos. Asegurar su participación en la gestión referida a
sus recursos naturales y a los demás intereses que los afecten. Las provincias podrán ejercer
concurrentemente estas atribuciones”.

Nueve de las veintitrés provincias de la Argentina han incorporado en sus constituciones


los derechos de los pueblos indígenas. Aun con matices, algunas parecen subscribir el
espíritu de la Nacional en tanto otras conservan un tinte integracionista12.
11
Por ejemplo PRANI (Programa de alimentación y nutrición infantil), Programa Solidaridad, PROHUERTA
(Programa de Huertas Comunitarias), PSA (Programa Social Agropecuario), ASOMA (Ayuda Solidaria para
Mayores), Pensiones Asistenciales, entre otros.
12
Así, mientras la Constitución de la provincia de Chubut introduce el reconocimiento de la propiedad
intelectual de los pueblos indígenas, la de Jujuy se fija metas legislativas para alcanzar su integración y
progreso económico. Por su parte, la de Río Negro se refiere al "indígena rionegrino" como si éste fuese un
monumento, una reliquia del pasado que ha contribuido a la formación de la identidad e idiosincracia
provincial. Por lo tanto se propone lograr su efectiva incorporación mediante normas apropiadas que lo
coloquen en situación de "igualdad en derechos y deberes" a los demás ciudadanos. Promueve, además, la
propiedad de las tierras que poseen los pueblos indígenas, aunque sin decir en qué condiciones, y si bien no
reconoce la organización indígena, al menos "respeta el derecho que les asiste a organizarse", algo ya
contemplado en otras leyes y asegurado para todos los ciudadanos que deseen hacerlo. La Constitución de la
provincia de Neuquén, por su parte, hace explícita su preocupación por el mejoramiento de las condiciones de
vida de los indígenas, el desarrollo y la capacitación técnica. Es obvio que tal manera de conceptualizar a la
población indígena lleva a pensar que se los considera marginados del progreso.
En el orden internacional, en 1992, a través de la ley 24.071, Argentina adoptó el Convenio
169 de Organización Internacional del Trabajo (OIT). En el 2000, se ratificó el Convenio,
que entró en vigencia el 3 de julio del 2001.

En 1995 se aprobó, por ley 24.544, la Constitución del Fondo para el Desarrollo de los
Pueblos Indígenas de América Latina y el Caribe (ONU)13. En 1997, la ley 24.874 adoptó el
Decenio Internacional de las Poblaciones Indígenas del Mundo (ONU)14.

En el orden nacional, entre 1984 y 1993 se promulgaron una serie de leyes "integrales" que
tienen a los indígenas como destinatarios: la ley nacional 23.302 sancionada en 1985 y
reglamentada en 1989, y las provinciales N° 426/84 de Formosa, N° 6.373/86 de Salta
–reformada en el 2000–, N° 3.258/87 de Chaco, N° 2.727/89 de Misiones, N° 2.287/88 de
Río Negro, N° 3.657/91 de Chubut y N° 11.078/93 de Santa Fe.

La ley nacional 23.302 creó el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI), entidad
descentralizada que actuará como organismo de aplicación de la política indigenista del
Estado. Las leyes provinciales, por su parte, crearon organismos semejantes. Todas
introducen una serie de medidas positivas tendientes a la “preservación, mejoramiento,
promoción, respeto, desarrollo, y participación” de los ciudadanos indígenas.

Consideradas en su conjunto, las leyes "indigenistas" parecen incorporar el reconocimiento


de la diversidad cultural. Sin embargo, este discurso funciona más como estereotipo u
obstáculo a sortear que como derecho del que gozan los indígenas. A su vez no todas se

Entre las constituciones que reconocen derechos especiales cabe citar las de Formosa, Buenos Aires, Chaco,
La Pampa y Chubut. De este grupo es interesante destacar que la primera, jurada en 1991, es pionera en
cuanto al reconocimiento de la necesidad de contar con el protagonismo indígena en la toma de decisiones de
los asuntos que afectan a su vida; incluso introduce la idea de consentimiento previo a la explotación de los
bosques por parte de terceros y autoriza el aprovechamiento de los mismos "según usos y costumbres". Las
cuatro restantes datan del mismo año en que se reformó la Constitución nacional. En tal sentido, dos de ellas
–Chaco y La Pampa– retoman el reconocimiento de la preexistencia étnica y cultural, mientras las dos
restantes –Buenos Aires y Chubut– reivindican la existencia de los pueblos indígenas en sus territorios. La
Constitución de Chaco reconoce la personería jurídica de las organizaciones indígenas, la educación bilingüe
y bicultural y la participación en la protección, preservación y recuperación de los recursos naturales y demás
intereses que les afectan.
La Constitución de Salta merecería un capítulo aparte ya que, aun siendo la más reciente (1998), desanda el
camino trazado por las anteriores, tanto nacional como provinciales. El artículo 15 reconoce la preexistencia
étnica y cultural de los pueblos indígenas y entre otros derechos reconoce la posesión y propiedad comunitaria
de las tierras que tradicionalmente ocupan. Sin embargo limita este derecho a las tierras fiscales y condiciona
su ejercicio al logro de soluciones consensuadas con pobladores no indígenas, "respetando los derechos de
terceros".
13
El Fondo para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas de América Latina y el Caribe, fue establecido en
julio de 1992 por los jefes de Estado de América Latina, Portugal y España con la cooperación del Banco
Interamericano de Desarrollo (BID) y otras organizaciones internacionales. Está gobernado por una Asamblea
General Tripartita (Pueblos Indígenas, gobiernos regionales y extra-regionales). Su importancia radica en que,
al menos en la teoría, asegura la participación directa de los Pueblos Indígenas en la toma de decisiones. Por
mayor información consultar Mackay, F. "Los derechos de los pueblos indígenas en el sistema internacional".
Una fuente instrumental para las organizaciones indígenas. Lima, Asociación Pro Derechos Humanos
(APRODEH), Federación Internacional de Derechos Humanos (FIDH), 1999, pp. 319-321. También puede
consultarse la página web: [Link]/
14
Decenio Internacional de las Poblaciones Indígenas del Mundo es una resolución de Naciones Unidas en
virtud de la cual se espera que dentro de los diez años (1994-2004) la Asamblea General de Naciones Unidas
apruebe el Proyecto de Declaración Universal de los Derechos de los Pueblos Indígenas.
aplican plenamente y, en ciertos casos, ni siquiera en forma parcial; incluso diversos
acontecimientos ocurridos en el transcurso de los últimos años evidencian que el acceso de
los indígenas a sus derechos depende muchas veces de un trámite administrativo o judicial
previo15.

3.4. La política gubernamental

A pesar del masivo resurgimiento de la organización de los pueblos indígenas y la vigencia


de los postulados del Convenio 169 de OIT, no existe en el país una política de Estado con
los pueblos indígenas.

En lo concreto se da la convivencia contradictoria de diversas políticas estatales


improvisadas e inconsistentes. La Cancillería, por ejemplo, mantiene una posición ambigua
con respecto al estatus de "pueblo" indígena, empleando, según las circunstancias, el
término "poblaciones", del cual derivan una serie de consecuencias jurídicas restrictivas de
los derechos reconocidos.

De esta manera, si bien en lo formal se renuncia a un proyecto de asimilación, en los


hechos se concretan estilos restringidos de consulta y participación indígena. Por un lado,
funcionarios y agencias estatales se arrogan la facultad de definir necesidades, intereses y
prioridades de los pueblos indígenas identificándolos más como solicitantes y destinatarios
de apoyos que como partícipes autónomos en la toma de decisiones. Por otra parte, se
tiende a una nociva guetización del sector. Mientras los demás ciudadanos disponen de
varias dependencias estatales donde presentar sus reclamos, se supone que los indígenas
deben hacerlo sólo en el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI). Cíclicamente,
entonces, los "asuntos indígenas" quedan subordinados a los vaivenes del partidismo
político acentuando la dependencia clientelar y el paternalismo asistencialista.

La ley 23.302 establece la necesaria participación indígena en el INAI a través de


representantes designados por sus comunidades. Sin embargo, esto nunca se implementó.
Dos decretos del Poder Ejecutivo Nacional de 1991 y 1994 lo desjerarquizaron
convirtiéndolo en una oficina dependiente de una Dirección Nacional, desvirtuando así los
propósitos de la ley e impidiendo la participación directa de los indígenas.

Ante un recurso de amparo interpuesto por la Asociación Indígena de la República


Argentina (AIRA) en el año 2000, la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Contencioso
Administrativo Federal emitió un fallo obligando al Ejecutivo Nacional a disponer en el
plazo de 30 días la constitución del Instituto en los términos de la ley como entidad
descentralizada con participación indígena. Respetando lo dispuesto por la Justicia en
agosto de ese mismo año el Poder Ejecutivo dicta el Decreto 677 ordenando su ejecución.

A la fecha, sobradamente vencidos los plazos legales y a pesar de estar en mora, la


situación jurídica del INAI continúa siendo ambigua. Formalmente no tiene estructura ni
autoridades y carece por completo de participación indígena, a pesar de lo cual, en la
práctica funciona como un “supra ministerio” con capacidad para resolver todos y
cualquier asunto relativo a los pueblos indígenas. Así, ejerce su representatividad en
eventos y foros internacionales, media en conflictos entre aquellos y los Estados
provinciales, y es parte querellada por los indígenas en ámbitos internacionales.

15
A pesar de que la Ley del Nombre permite que los indígenas registren a sus hijos con nombres en idioma
materno, son muchos los Registros Civiles que no la acatan. Limitación que suele sortearse con la
presentación de un dictamen antropológico que "certifica" el origen y significado del término en cuestión.
Finalmente, se espera que implemente, en coordinación con los demás organismos
oficiales, todas las políticas estatales que tienen como destinatarios a los indígenas.

Uno de los mayores obstáculos que impide el desarrollo coherente del INAI, aun en la
irregularidad en que se encuentra, es el reducido presupuesto con que cuenta. Para atender
los objetivos fijados en la Constitución Nacional y la ley como organismo descentralizado
del Estado Nacional precisaría un mínimo de US$ 10.000.000. Pero esta cifra está muy
lejos de la realidad: durante el 2000 su presupuesto fue de US$ 3.000.000, de los cuales
sólo el 20% se había ejecutado en el último trimestre del año16. Esta situación se tuvo en
cuenta al momento de proyectarse el presupuesto 2001 y se resolvió incorporar dentro del
nuevo presupuesto el aporte nacional de U$S 1.500.000 al programa por convenio con la
Unión Europea "Desarrollo Integral en Ramón Lista" (DIRLI). Deducido este monto y lo
requerido para gastos operativos sólo quedaron US$ 500.0000 para cumplir con sus
objetivos durante el último año17.

Por consiguiente, poco o nada pudo ser transferido directamente a las comunidades y
organizaciones indígenas para proyectos de su autoría, si bien paradójicamente podía
disponer de los recursos que precisara para llevar a cabo eventos varios. Así, en agosto del
2001 se financió el traslado de los restos del Cacique Mariano Rosas desde el Museo de la
Universidad Nacional de La Plata hasta la localidad de Leuvucó en la provincia de La
Pampa; se financiaron cinco reuniones entre los representantes indígenas de varias
provincias y el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC); se llevaron a cabo
varios talleres con comunidades indígenas en diferentes provincias y se pudo pagar el viaje
de representantes indígenas a reuniones de su interés.

Se desarrollan en el INAI tres proyectos destinados a los Pueblos Indígenas por la


Cooperación Internacional.

1. Desarrollo Integral en Ramón Lista (DIRLI), Provincia de Formosa. Se trata de un


convenio con la Unión Europea por un monto asignado de US$ 8.000.000 para cuatro años,
con contraparte nacional. Su objetivo es "mejorar las condiciones de vida de las
comunidades wichí (aproximadamente 6.000 personas), a partir de la activación de un
proceso de desarrollo endógeno y autosostenido que apunte a la conservación de su
identidad cultural". Luego de un estancamiento producto del retraso en la disponibilidad de
fondos, el programa se puso en marcha dando prioridad al mejoramiento de las viviendas y
a la provisión de agua con fondos aportados por el estado provincial.

2. Componente de Atención a Población Indígena (CAPI) del Programa de Atención a


Grupos Vulnerables del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) con financiamiento
mediante Cooperación Técnica no Reembolsable, sin contraparte argentina. Abarca
comunidades y organizaciones indígenas de diferentes pueblos. El monto asignado es de
aproximadamente US$ 4.000.000 para un período de 4 años. Su finalidad es "contribuir a la
disminución de la exposición a riesgos sociales de la población indígena a través de la
implementación de un modelo de gestión de planificación participativa a nivel local y la
articulación con iniciativas comunitarias”. Se está desarrollando en cuatro provincias:
Chaco, Formosa, Jujuy y Salta.
16
La mayor parte de los cuales se destinaron al pago de personal y gastos operativos.
17
Al cierre de esta edición el presupuesto solicitado por el INAI era de $10.000.000. Cuando aún no se
conoce el monto aprobado ya que la Ley de Presupuesto sólo tiene media sanción de la Cámara de
Diputados, se habla de que posiblemente se aprobarían sólo entre 3 y 4 millones de los cuales, una vez
deducidos los importes en calidad de contraparte nacional de los proyectos en cooperación con agencias
internacionales, sólo quedarían disponibles para ejecutar en el 2002 alrededor de 300 o 400 mil pesos.
3. Desarrollo de Comunidades Indígenas y Protección de la Biodiversidad con
financiamiento del Banco Mundial. El objetivo de este proyecto es fortalecer las
comunidades indígenas de las áreas piloto seleccionadas, con énfasis en el "desarrollo
sustentable con identidad" y, subsidiariamente, discutir soportes legales alternativos para
áreas protegidas. El proyecto tiene un componente de préstamo de US$ 5.000.000 más un
aporte nacional de US$ 1.500.000 y un aporte subsidiario del Global Environmental Fund
(GEF) de US$ 1.000.000. Si bien en el 2001 se firmó el decreto de aprobación, a enero del
2002 está pendiente la selección del personal que integrará la Unidad Ejecutora del
Proyecto.

Los pueblos indígenas concentran sus demandas al INAI en dos grandes temas: 1) la
urgente instrumentación de un plan de entrega de tierras en propiedad a sus comunidades y
organizaciones; 2) la directa participación de los mismos en la toma de decisiones de todos
los temas que les conciernen.

Sin medidas efectivas de protección a la posesión y propiedad de las tierras "que


tradicionalmente ocupan", la indefensión jurídica de las comunidades indígenas se
profundiza porque a la par que el Estado se confiesa impotente para evitar la invasión de las
tierras indígenas y la destrucción de sus recursos naturales, alienta una política de
inversiones destinada a organismos multinacionales, empresas nacionales y extranjeras para
la instalación en las mismas de emprendimientos productivos de diversa índole.

Preocupado por la gravedad de esta situación, el Comité para la Eliminación de la


Discriminación Racial (CERD), en sus Recomendaciones Finales al Informe presentado por
Argentina en 1998, expresa: "En lo que respecta a la transferencia de las tierras y
propiedades ancestrales a las comunidades aborígenes, se toma nota con preocupación de
que los problemas subsisten en la práctica y de que, en ciertos casos, enormes dificultades,
a menudo ocasionadas por los propietarios de las tierras, retrasan la transferencia. También
se señala con inquietud que algunas comunidades han sido objeto de intimidación y presión
para que renuncien a la reivindicación de esas tierras. Además se lamenta que no se haya
suministrado información acerca de los procedimientos de consulta de las comunidades
indígenas durante el proceso de transferencia de las tierras”18.

Luego, en el 2001, reitera entre otras observaciones: "teniendo en cuenta que los territorios
donde se asientan los pueblos indígenas son las áreas con mayor índice de necesidades
básicas insatisfechas y que los índices de pobreza y desempleo entre ellos y otros grupos
vulnerables, han aumentado como resultado de la crisis económica, el Comité recomienda
que el Estado tome medidas para aliviar esta situación y que lo mantenga informado al
respecto"19.

18
El 6 de marzo del 2001, el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) con la colaboración del Comité
de Acción Jurídica (CAJ) de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), elaboró un Informe Alternativo al
que presentó la delegación de Gobierno argentino. Este informe analiza la situación de los inmigrantes,
refugiados, afrodescendientes y pueblos indígenas en el país.
19
Otras de las observaciones fueron: 1) adoptar las medidas necesarias para realizar, lo más pronto posible, un
censo sobre los pueblos indígenas; 2) teniendo en cuenta la falta de información respecto de la representación
política de los pueblos indígenas y detalles sobre sus derechos económicos sociales y culturales se reitera el
requerimiento y se solicita al Estado que incluya información detallada sobre estos aspectos en su próximo
informe; 3) en razón del relativo progreso alcanzado en la consulta y participación de los pueblos indígenas en
las decisiones que los afectan y teniendo en cuenta que subsisten situaciones donde no hay ni una ni otra, el
Comité le recomienda al Estado que encuentre los caminos y medidas para facilitar esta participación; 4) con
respecto a las dificultades surgidas en algunos casos de transferencias de tierras públicas y privadas, el Comité
Respecto de la segunda de las demandas planteadas cabe señalar que el INAI ha intentado
en diversas oportunidad convocar a los dirigentes para integrar un Consejo de Pueblos
Indígenas. Sin embargo, por diversos motivos –políticas de ajuste económico, acefalías
temporarias, etc.–, las iniciativas nunca lograron concretarse en forma plena (sólo durante
algunos meses funcionó un Consejo Provisorio20).

Aunque resulte lamentable admitirlo, sin presupuesto y sin voluntad política para diseñar y
ejecutar una política de Estado consistente con los principios y derechos invocados y
reconocidos en la Constitución Nacional y el Convenio 169, Argentina seguirá navegando
en la ambigüedad entre la asistencia social a medias tintas y el clientelismo político.

Hasta que no se activen los dispositivos políticos necesarios será difícil garantizar a los
pueblos indígenas un auténtico reconocimiento a su identidad cultural y el consiguiente
respeto por sus derechos especiales. Mientras tanto, con parches y disimulos, continuarán
los planes y programas de integración socio-cultural y las denuncias de violaciones a sus
derechos se reiterarán año tras año.

4. Principales violaciones a los derechos de los Pueblos Indígenas

Resulta imposible abordar en este artículo el análisis de todos los derechos indígenas que
son sistemáticamente violados, por lo tanto, nos referiremos sumariamente a los derechos
territoriales y al derecho de participación y consulta. Como hemos sostenido, la vigencia de
estos derechos resulta indispensable para que los pueblos indígenas puedan gozar
plenamente de todos sus derechos humanos.

4.1. Derecho de participación y consulta en todos los asuntos que les afectan

La participación es un derecho constitucional y un compromiso internacional. Sin embargo,


en la actualidad, los pueblos indígenas no gozan de este derecho o lo hacen en forma
relativa y escasa. Muchos errores, omisiones e incumplimientos del Estado en relación con
la aplicación práctica del derecho indígena podrían ser subsanados si existiese una efectiva
participación de los afectados en el diseño, planificación, ejecución y control de las
políticas que les conciernen. No obstante, y paradójicamente, el mismo Estado que debe
garantizar este derecho es quien más frecuentemente lo viola.

4.1.1. El Programa ANAHI: salud sin consulta

La ley 23,302 establece en el punto VI, “De los planes de salud”, que el INAI coordinará
con los gobiernos de provincia la realización de planes intensivos de salud para las
comunidades indígenas. Sin embargo, en junio del 2000, el ministro de Salud de la Nación
mediante resolución ministerial Nº 472 creó en el ámbito de ese ministerio el Programa de

recomienda que se tomen medidas para superar estas dificultades; 5) el Comité advierte que los pueblos
indígenas carecen de un sistema de seguridad social y recomienda que se adopten medidas al respecto.
20
En un breve período –durante 1998 y parte de 1999– se conformó este Consejo con algunos representantes
elegidos por el entonces director del Instituto. Durante su corta vida cosechó críticas y cuestionamientos de
las organizaciones y comunidades por la falta de elección directa. Dejó de funcionar cuando cambió la
Dirección y se congelaron los fondos destinados a afrontar los gastos de viaje y alojamiento de los
representantes. Durante todo el año 2001 se intentó, en varias oportunidades, conformarlo con representantes
designados por las comunidades. Pero los sucesivos ajustes presupuestarios congelaron la iniciativa.
Apoyo Nacional de Acciones Humanitarias para las Poblaciones Indígenas (ANAHI), "con
la misión de coordinar y entender en todas las acciones desarrolladas en esta jurisdicción
que apunten a la salud de los pueblos aborígenes". En la elaboración de este programa y en
su posterior lanzamiento no participó indígena alguno. Ellos fueron invitados a presenciar
el acto de lanzamiento junto a la Presidencia de la Nación pero su opinión nunca fue
consultada.

El ANAHI consiste en la provisión de agentes sanitarios indígenas –algo que ya se hacía


desde el Programa Salud con Pueblos Indígenas, al cual sustituyó–, contratados por un
período de entre tres y seis meses "mediante los acuerdos con el Ministerio de Trabajo,
Empleo y Formación de Recursos Humanos". Quiere decir que, en la práctica, el ANAHI
funcionaría como un medio para acceder a un empleo que, aunque precario, se torna
especialmente atractivo en un país con un índice de desocupación por encima del 18%.

La resolución de creación prevé la constitución de un comité directivo que en el plazo de 90


días debía desarrollar "un programa de integración regional que asegure una auténtica
representación de las comunidades objeto de este programa". Si bien se creó el Consejo
Asesor Honorario para el seguimiento del Programa, los representantes indígenas que
conformaron este Comité no lo hicieron en este carácter sino como funcionarios del INAI.
En los hechos, el Instituto designó a dos personas no indígenas para representarlo en las
reuniones preparatorias. A enero del 2002 no se había producido ningún avance.

4.1.2. Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2001

Un interesante caso para reflexionar sobre la calidad y sentido de la participación indígena


es el que ofrece la ejecución de la variable de autoidentificación indígena en el Censo
200121. Reconociendo lo difícil que resultaría incorporar por primera vez en el país una
temática de alta sensibilidad social, el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC)
procuró contar con la opinión directa de los indígenas. Los primeros contactos se hicieron
en 1998 a través del INAI en el ámbito del Consejo de Pueblos Indígenas. Disuelto el
Consejo, el INDEC encaró una serie de reuniones con representantes de organizaciones y
comunidades indígenas, ONG's indigenistas, estudiosos, académicos, comisiones de
Población de las dos Cámaras del Congreso de la Nación, además de los funcionarios del
INAI. El objetivo de estas reuniones era discutir propuestas de preguntas a efectuar en el
Censo 2001 y otras cuestiones relativas a su implementación. Como resultado de las
mismas se consensuó el texto de la pregunta 2 de la cédula censal que se aplicó en todo el
país22. Las pruebas previas –censo experimental y validación– se llevaron a cabo en 1999 y
2000, con participación de miembros de las comunidades indígenas locales y observadores
indígenas de otras zonas. Durante el 2001 se buscó ampliar la participación indígena a

21
El Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2001 se realizó entre los días 17 y 19 de noviembre
de 2001.
22
través de cuatro reuniones regionales entre el INDEC, el INAI y representantes de
organizaciones y comunidades. Se realizó, además, una reunión nacional. El objetivo de
estos encuentros era alcanzar acuerdos para la participación directa de los indígenas en la
capacitación de los censistas y en la difusión del censo, y crear instancias de articulación
con el INDEC a fin de diseñar el contenido de la encuesta complementaria 200223 y
proponer la metodología a aplicar.

Pero estos objetivos no pudieron alcanzarse plenamente por diversas razones. Tal vez el
aspecto más destacable sea que, a pesar de las intenciones de los técnicos del INDEC, en
todas las reuniones regionales la queja persistente de los pueblos indígenas fue que ellos no
habían tenido participación en el diseño de la ley y su implementación. Esta queja fue más
allá, y en la reunión nacional los participantes indígenas elaboraron un documento muy
fuerte en contra del Censo24. Además, la Comisión de Juristas Indígenas en Argentina
(CJIA) presentó un recurso de amparo en el que solicitó la postergación del mismo,
alegando que no habían tenido participación en las condiciones establecidas por el
Convenio 169 de OIT y la Constitución Nacional (art. 75, inciso 17)25. Finalmente, el
Censo se llevó a cabo y en algunas provincias contó con la participación directa de
censistas y capacitadores indígenas. Sin embargo, muchos indígenas niegan su validez26.
En la actualidad se desconoce si será factible llevar a cabo la encuesta complementaria
debido a la falta de presupuesto por efecto de la ley de Déficit Cero y la quiebra del Estado.

Es importante analizar minuciosamente, para diseñar una política de Estado coherente con
el derecho que se desea instrumentar y proteger, por qué el primer intento –bien
intencionado– de consulta y participación generó semejante respuesta indígena.

Por un lado, mientras no se establezcan mecanismos adecuados de información libre y


consentimiento fundado, la integración de indígenas en las agencias estatales seguirá siendo
un instrumento para la cooptación de dirigentes que necesariamente deben subordinar los
intereses y aspiraciones de sus comunidades a las agendas políticas. Aun los intentos de
conformación del Consejo de Pueblos Indígenas del INAI están así viciados de
representación legítima. La selección arbitraria y la capacitación limitada a determinadas
personas que concentran la facultad de representación de los intereses de los pueblos
indígenas en su conjunto parecen ser, por el momento, los mecanismos habituales.

Por el otro, es necesario que los funcionarios estatales acepten que el tipo de participación
que se reconoce a los pueblos indígenas y que el Estado está obligado a proteger es la que
se basa en la capacidad que los mismos tienen de decidir libremente qué hacer con sus
vidas y establecer de acuerdo con ello las prioridades y metodologías que mejor convengan
a sus intereses. Si bien el Censo de los Pueblos Indígenas es una necesidad sentida por ellos
mismos, el momento y las condiciones no lo son.

23
Si bien la ley 24.956 prescribe la incorporación de la variable de autoidentificación indígena en el Censo
2001, la Dirección de Estadísticas Poblacionales del INDEC propuso una metodología en dos etapas. En el
2001 se identificarían los hogares con al menos un componente indígena y en el 2002 se completaría la
información con una "encuesta complementaria". Las preguntas para esta segunda instancia debían diseñarlas
los pueblos indígenas y su implementación quedaría a cargo de capacitadores y censistas indígenas.
24
El documento "Manifiesto de los Pueblos Indígenas de Argentina frente al Censo Nacional 2001" puede ser
consultado en la página [Link]/RainForest/Andes/8976.
25
El recurso de amparo fue rechazado.
26
Incluso el INDEC ha afirmado que no se darán los resultados hasta tanto se complete la segunda etapa.
4.1.3. Falta de consulta en la ejecución de proyectos de infraestructura que afectan sus
recursos naturales

Existen en el país obras de infraestructura que amenazan la integridad territorial y causan


daño a la vida de las comunidades indígenas. En su gran mayoría estas obras fueron
decididas, planificadas y ejecutadas sin estudios previos de impacto socio-ambiental. Por lo
tanto no se consideraron medidas de mitigación por daños potenciales.

Algunas de estas obras son, Yaciretá, Hidrovía Paraguay-Paraná, Gasoducto Nor-Andino,


Corredor Bioacéanico, Plan Maestro del río Pilcomayo. Si bien la Constitución Nacional y
el Convenio 169 establecen la obligatoriedad de consultar a los pueblos indígenas cuando
son afectados sus derechos de posesión de los recursos naturales en territorios indígenas,
respecto de estos “mega emprendimientos”, los pueblos indígenas no han tenido
oportunidad de brindar su opinión, menos aún de incidir en la toma de decisiones. Para
ilustrar la forma en que Argentina desconoce el carácter fundamental del derecho de
participación y consentimiento libre informado de las comunidades indígenas afectadas
basta señalar algunos casos que se reseñan a continuación.

Gasoducto NorAndino
El trazado se fijó a través del territorio indígena, afectando en un tramo casas, rastrojos,
zonas de cultivo y pastoreo, cementerios y sitios sagrados de la comunidad Tinkunaku del
Pueblo Kolla, en la provincia de Salta. La empresa Techint-Norandino fue denunciada por
la organización indígena y por la organización ecologista Greenpeace luego de lo cual
ofreció una compensación económica27.

Repsol-YPF
En la provincia de Neuquén, se renegoció el contrato de explotación del yacimiento Loma
de la Lata por un nuevo período (15 años), pese a la persistente contaminación que sufren
las comunidades del Pueblo Mapuche, Painemil y Kaxipayiñ.

Corredor Bioceánico
En la provincia de Salta se levantó un puente internacional entre Argentina y Paraguay que
afecta las áreas de uso tradicional de 6.000 indígenas de la Organización Lhaka Honhat, y
está proyectada la construcción de la ruta nacional Nº 86 por el mismo territorio afectando a
las 35 comunidades que allí residen28.

La desventaja de los indígenas frente a los interesados en los proyectos es patente en la


dificultad que tienen de acceso a la información, que por lo general el Estado les niega.
Si las comunidades no tienen información clara y suficiente, ni cuentan con instrumentos de
análisis, y si el Estado no provee mecanismos apropiados para la participación y
consentimiento libre informado de los directamente afectados, sólo queda el recurso
judicial y la movilización política. Los tres casos arriba citados ilustran vívidamente la
situación y son un testimonio de que la creación legal o constitucional de la participación
no resulta suficiente para poder gozar de los derechos reconocidos.

Proyecto de desarrollo agropecuario y forestal el Salta


El 25 de febrero del 2002, se hizo público el emprendimiento impulsado por la empresa
Madersalta S.A. para el desarrollo agropecuario y forestal en 30.000 has. de tierras fiscales
27
Ver en este mismo capítulo el apartado 4.2 sobre Derechos Territoriales.
28
Ver en este mismo capítulo el apartado 4.2.3.
en jurisdicción del Municipio de Salvador Mazza en la Provincia de Salta. El proyecto,
financiado por inversores de nacionalidad coreana, implica el aprovechamiento del bosque
nativo, la forestación y la incorporación de nuevas tecnologías de transformación y
comercialización. El lugar donde está prevista la radicación del proyecto corresponde al
ecosistema de Yungas en las Selvas Pedemontanas, donde existe un porcentaje importante
de especies vegetales y animales de gran riqueza.

Según un informe de Greenpeace Argentina, el proyecto presenta muchas incoherencias en


lo que se refiere al conocimiento de las características ambientales y sociales del área. No
tiene en cuenta aspectos tan básicos como el desarrollo sustentable y la conservación de la
biodiversidad, y prevé la explotación ganadera; sin considerar el impacto que ésta tiene en
áreas de bosque. Las comunidades indígenas que allí habitan no han sido consultadas ni han
tenido participación en el proceso de decisión, violándose el derecho previsto en la
Constitución Nacional, el Convenio 169 de OIT y el Convenio sobre Diversidad
Biológica29.

No habiéndose previsto medidas de control o mitigación de los daños, Greenpeace


Argentina ha llamado la atención del gobierno de la provincia sobre el impacto que el
proyecto producirá en el ambiente y entre las poblaciones –indígena y criolla– que viven en
esas tierras30.

4.2. Derechos territoriales31

Surge claramente del derecho constitucional que corresponde al Estado Nacional y


concurrente a las provincias, arbitrar los medios necesarios para regularizar el dominio de
los pueblos indígenas sobre las tierras que tradicionalmente ocupan. A su vez, la ley
nacional 23.302 establece la competencia del Instituto Nacional de Asuntos Indígenas en la
gestión de transferencias de tierras. La tibieza con que este organismo encara la defensa de
los derechos territoriales indígenas aumenta la inseguridad jurídica de las comunidades
respecto de la propiedad de las tierras, más en los casos de tierras fiscales provinciales, en
los que el INAI alega incapacidad para presionar a los gobiernos locales.

[Link] Nacional de Regularización de Tierras Indígenas

En 1996 el entonces presidente, Carlos Saúl Menem, lanzó públicamente, con gran
espectacularidad, un Plan Nacional de entrega en propiedad a las comunidades indígenas de
Chubut, Jujuy y Río Negro, de un total de 2.000.000 de hectáreas de tierras fiscales. Sin
embargo, al 2002 el programa avanzó escasamente.

En aquel año se otorgó, además, un subsidio a la provincia de Chubut con el objetivo de


realizar la verificación de las ocupaciones y llevar a cabo la mensura de las tierras fiscales
29
El Convenio Internacional sobre Diversidad Biológica fue redactado por la Conferencia de Naciones
Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (CNUMAD) y entró en vigor en 1993. El mecanismo de
supervisión del Convenio es la Conferencia de las Partes (COP). El artículo 8 alude a los derechos indígenas
al medio ambiente y sus recursos y a la obligación de los Estados de respetar el derecho de "consentimiento
libre fundamentado" de los afectados indígenas. En sucesivas reuniones de la COP se ha dado contenido
específico a sus derechos.
30
Un análisis detallado del proyecto puede solicitarse a la dirección electrónica bioar@[Link].
31
Además de los expuestos en este Informe, pueden consultarse otros casos de violación de derechos
territoriales en el Informe Alternativo ante el Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial
(CERD), CELS-CAJ, 2001.
provinciales ocupadas por comunidades Mapuche. Luego de varios cambios de destino de
los fondos otorgados y modificación de las fechas de vencimiento de los plazos de
ejecución, a mediados del 2001 sólo tres comunidades habían sido beneficiadas. Pero los
titulos –aún no entregados– fueron objetados por el INAI por no encuadrarse en las
prescripciones del artículo 75, inciso 17, de la Constitución Nacional.

Luego de sortearse una serie de obstáculos de índole ideológica y burocrática, en Jujuy, al


2001, se había llegado a conformar una Comisión de Participación Indígena compuesta por
delegados de 160 comunidades. Esta Comisión integrará la Unidad Ejecutora encargada del
Plan Nacional de entrega, proceso iniciado en 1996. A la misma fecha, en Río Negro, pese
a haberse ejecutado el desembolso de fondos, solamente se realizaron talleres preparatorios
sobre Personería Jurídica.

Es evidente entonces que no existe voluntad política para ejecutar los planes que los
mismos gobiernos diseñan.

4.2.2. Comunidad Kolla Tinkunaku, derechos doblemente afectados por la falta de


participación en la decisión de la instalación del Gasoducto Nor-Andino32
En 1949, mediante ley, la provincia de Salta aprobó la expropiación de las tierras de Finca
Santiago y San Andrés por la totalidad de su extensión a favor de las comunidades Kolla de
la región. Esta ley nunca se cumplió. En 1986, mediante decreto provincial 2.845, se donó
una fracción de las tierras altas a favor de las comunidades. Simultáneamente, el decreto
pretendía la expulsión de las comunidades de la zona baja.

Ante esta situación, en 1987 se realizó una marcha a pie hasta la ciudad de Salta para
reclamar la permanencia de las comunidades en sus tierras. Las hostilidades no cesaron y
las marchas se sucedieron. En 1993, tras una prolongada movilización en Buenos Aires, las
comunidades San Andrés, Río Blanquito, Los Naranjos y Angosto de Paraní en el área
ocupada por la Finca San Andrés, lograron la aprobación de la ley nacional 24.242 de
expropiación parcial de las tierras. Del total del territorio tradicionalmente ocupado existe
una fracción –menor– expropiada en la zona baja, una fracción –mayor– donada bajo los
decretos 2.845/86 y 2.437/97 en la zona alta, y una fracción remanente de posesión
ancestral.

A fines de 1996 la situación territorial se había desestabilizado ya que el ingenio y refinería


El Tabacal-Seabort Corporation desconoció el decreto de donación 2.845/86 y usurpó las
tierras altas. Hubo amenazas y persecuciones. En 1999 las autoridades locales y nacionales
autorizaron la construcción, en territorio indígena, del Gasoducto Norandino que
transportará gas a Chile. El trazado aprobado afectaba casas, zonas de cultivo y pastoreo y
el cementerio de las familias Kolla. Una vez iniciadas las obras, la organización ecologista
Greenpeace presentó un recurso de amparo, ya que el gasoducto atraviesa la última selva de
montaña del país donde habita el yaguareté, una especie en peligro de extinción. Si bien en
un comienzo se logró paralizar las obras mediante una medida cautelar, posteriormente la
prohibición fue levantada y se permitió su continuación.

La Comunidad no pudo impedir las obras y el gasoducto fue construido como había sido
trazado originalmente. Ante la inminencia de las obras y el fracaso de las acciones
32
Por mayor información sobre este caso, contactarse a través de las siguientes direcciones electrónicas:
herran@[Link] y bioar@[Link]
judiciales, los miembros de la organización Tinkunaku se vieron obligados a aceptar una
indemnización por una parte de los daños.

Casi simultáneamente, la firma Seabort Corporation, actual propietaria de las tierras


donadas por el Ingenio y Refinería El Tabacal a las cuatro comunidades que integran
Tinkunaku (San Andrés, Río Blanquito, Los Naranjos y Angosto de Paraní), ha solicitado a
la Justicia la revocatoria de la donación.

Mientras el proceso judicial sigue su marcha, las comunidades han sufrido los efectos de
dos explosiones del gasoducto Norandino. La primera se produjo en marzo del 2001 y a
fines de enero del 2002 se registró una nueva explosión que literalmente calcinó cuatro
hectáreas de bosque nativo, convirtiendo la tierra en piedra, debido a la intensidad del calor.
Afortunadamente no hubo víctimas humanas pero las familias Kolla viven atemorizadas ya
que el gasoducto recorre 70 kilómetros del territorio indígena muy próximo al lugar donde
se encuentran sus viviendas. Si bien Greenpeace Argentina y Tinkunaku habían advertido
al Ente Nacional Regulador del Gas (ENERGAS) que los terrenos no eran geológicamente
aptos para la construcción del gasoducto, el Ente no tomó precauciones ni controló a la
empresa. Actualmente, el suministro está suspendido y se están haciendo las reparaciones
pero nadie puede predecir qué sucederá cuando el servicio se restablezca.

4.2.3. Asociación de Comunidades Aborígenes Lhaka Honhat33


A mediados de 1984, 35 comunidades del chaco salteño presentaron al Gobierno de Salta el
pedido de un título colectivo sobre las tierras que ocupan. En 1991 el Gobierno se
comprometió mediante el decreto 2.609 a efectivizar la entrega de una superficie sin
subdivisiones internas y bajo un título único a todas las comunidades. Con miras a la
obtención del título de propiedad, en 1992 las comunidades se nuclearon en la Asociación
de Comunidades Aborígenes Lhaka Honhat, que obtuvo la correspondiente personería
jurídica. Durante los años 1993 a 1995 se reunió y funcionó una Comisión Asesora
Honoraria, dedicada a analizar la situación y recomendar una forma adecuada de entrega de
las tierras. La Comisión estaba integrada por el Gobierno Provincial y representantes de las
comunidades indígenas y de las familias criollas involucradas.

Desconociendo los antecedentes e ignorando la actividad de la Comisión, el Gobierno


construyó un puente internacional sobre el río Pilcomayo en el límite con Paraguay. Este
puente, que tiene su cabecera en una de las comunidades miembro de Lhaka Honhat, forma
parte del “mega plan” de integración de la zona sur al desarrollo del Mercosur, que
comprende la creación del corredor Bioceánico y abarca, además, obras de infraestructura
para Aduana, Migraciones y Gendarmería y la construcción de una ruta nacional sobre el
territorio indígena.

A fin de que se ordene la inmediata suspensión de las obras y se realicen necesarios


estudios de impacto socio-ambiental, Lhaka Honhat interpuso una acción de amparo.
Simultáneamente, el Poder Ejecutivo salteño, mediante decreto Nº 3.097/95, basándose en
los estudios de la Comisión Asesora Honoraria, decidió la adjudicación a las comunidades
indígenas de “una superficie única y sin subdivisiones” de 240.000 has. pero eleva este
decreto en forma de Proyecto de Ley a la Legislatura provincial. En 1996 presionados por
el incumplimiento del gobierno, más de mil indígenas realizaron durante veintitrés días una
toma pacífica de las obras del puente que culminó con la firma de un nuevo acuerdo con el
gobernador de la provincia para que las tierras fueran entregadas a indígenas y criollos.
33
Para mayor información sobre este caso, Carrasco, M. y C. Briones, “La tierra que nos quitaron”.
Reclamos indígenas en Argentina. Serie Documentos en Español # 18, IWGIA, Copenhague, 1996.
Ninguno de estos acuerdos o decretos se cumplió34.

Agotadas las instancias judiciales internas, Lhaka Honhat acudió en 1998 a la Comisión
Interamericana de Derechos Humanos en procura de justicia. En su respuesta a la CIDH, en
julio de 1999 el Estado Argentino reconoce que “la construcción del Puente Internacional
sobre el río Pilcomayo Misión La Paz (Argentina) – Pozo Hondo (Paraguay), así como
otros caminos y edificios diversos, modifica sensiblemente la forma de vida de las
comunidades indígenas y que habría sido oportuna la celebración de consultas así como de
un Informe sobre el impacto medioambiental de esas obras. Por esa razón el Instituto
Nacional de Asuntos Indígenas ha ofrecido su disposición para arbitrar los mecanismos
disponibles para dar cumplimiento al imperativo constitucional de reconocer la posesión y
propiedad comunitarias de las tierras ocupadas por los indígenas (Art. 75, Inc.17, CN) y
desarrollar procesos de mediación entre las partes”.

Desoyendo por completo esta recomendación del Estado Nacional, el 24 de diciembre de


1999 el Gobierno de Salta adjudica 9 fracciones de tierra a supuestas comunidades
indígenas (con un total de 3.809 has.) y 4 fracciones a 4 familias criollas (con un total de
4.357 has.) En el 2000, ante la inminencia de adopción por parte de la CIDH de un pedido
de medidas cautelares interpuesto por Lhaka Honhat, el Estado accedió a mantener una
serie de reuniones con los demandantes a fin de arribar a un acuerdo de solución amistosa.
Luego de realizadas varias reuniones durante ese año y el 2001 el diálogo se encuentra
estancado por la negativa del Gobierno salteño a reconocer las necesidades espaciales de
las 35 comunidades de una superficie sin divisiones internas bajo un título único.

4.2.4. Comunidades Painemil y Kaxipayiñ

En este caso, los derechos territoriales están afectados, también, por la falta de participación
de pueblos indígenas locales en la toma de decisiones respecto de la instalación de la
petrolera Repsol-YPF, cuyo impacto provoca serios daños para la salud de los miembros de
las comunidades35.
Las dos comunidades, lof del Pueblo Mapuche en la provincia de Neuquén, continúan
librando una dura batalla contra la petrolera Repsol-YPF. En 1996 la empresa fue
denunciada por contaminación ante seis organismos oficiales. En 1997 un fallo judicial
obligó al Estado provincial a proveer agua potable a las comunidades. En 1998, luego de
una durísima batalla del Pueblo Mapuche y la comunidad Kaxipañin, ésta logró el
reconocimiento de su personería jurídica y la propiedad de las tierras que ocupan, pero no
pudo impedir la instalación, en parte del terreno, de la planta de gas de la empresa Mega.
Sus miembros se vieron obligados a acordar una compensación económica y la provisión
de algunos servicios. Pero la contaminación no cesó por lo cual las comunidades
resolvieron encarar ellas mismas el control sanitario de niños y ancianos en centros
especializados de la Ciudad de Buenos Aires36. Por su parte, la Defensoría de Menores de la
provincia de Neuquén acudió a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

34
Cabe destacar que el territorio reclamado sufre permanentemente agresiones graves al ecosistema por la tala
indiscriminada del bosque nativo, el pastoreo del ganado vacuno y, recientemente, por la amenaza de avance
del frente colonizador agrícola-ganadero y una posible exploración petrolera.
35
Por mayor información sobre este caso, contactarse a través de la dirección electrónica
wajmapu@[Link].
36
Servicio de Toxicología del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez.
Lo que más irrita a las comunidades es que el mismo gobierno provincial contrató en 1998
a un equipo de expertos para evaluar el impacto ambiental de las obras. Los resultados de
estos estudios admiten que el costo del daño asciende a 925 millones de pesos. Sin
embargo, según las comunidades peticionarias, ello "sólo sirvió como carta de negociación
no para remediar y compensar los perjuicios causados o para promover el desarrollo de las
poblaciones afectadas sino para presionar un impuesto de sellos y dudosos proyectos
forestales". Por lo demás, en octubre del 2001 la petrolera obtuvo una prórroga hasta el año
2027 de la concesión del yacimiento de Loma de la Lata que vencía en 2017.

En marzo del 2001 las comunidades denunciaron la continua contaminación de las napas
freáticas y la nueva contaminación, con "agua de purga", de los caminos de tierra que se
utilizan en la zona. Lo hicieron ante las oficinas de Repsol. En esa oportunidad denunciaron
también que la empresa estaba realizando "una apertura descontrolada de picadas, nuevas
cañerías y obras" inconsultamente pese a que se había acordado que toda nueva obra "iba a
ser aprobada por las autoridades mapuche a través de la Comisión de Control y Vigilancia".

Sin tomar en cuenta estas demandas la empresa decidió desactivar la mencionada


Comisión.

Unos meses más tarde, en junio, las comunidades denunciaron penalmente al gobernador de
la Provincia por incumplimiento de la sentencia judicial de 1997 que mandaba al Ejecutivo
proveer de agua potable a los residentes en Loma de la Lata y realizar el seguimiento
médico de los niños indígenas para determinar los niveles de contaminación con metales
pesados en su sangre. Acompañando esta denuncia, los miembros de las comunidades
cortaron la ruta de acceso a la planta para hacer oír sus reclamos.

Las demandas y medidas de protestas se sucedieron durante todo el período. En octubre,


durante una manifestación de las dos comunidades, fueron reprimidos por la policía
provincial "niños, mujeres embarazadas y hombres integrantes de las comunidades. El
hecho fue consumado sin orden judicial, finalizando con los logko (jefes) detenidos"37. El
15 de noviembre una delegación de las comunidades fue recibida por la Comisión
Interamericana de Derechos Humanos, a la que presentaron un estado de la situación
sanitaria de los miembros de las comunidades y solicitaron una visita in locco para
constatar lo denunciado. En la reunión estaba presente también un delegado del gobierno
provincial quien solicitó declarar inadmisible la denuncia. La audiencia concluyó con la
petición de la Comisión para que en el plazo de diez días las partes se reunieran para iniciar
un diálogo entre sí, a fin de llegar a un acuerdo para el cumplimiento de la sentencia, dando
aviso a la misma de los resultados alcanzados.

4.2.5. Comunidad Trypan Anty38 en la provincia de Río Negro39


La comunidad (Lof en idioma mapuche) del "Sol Naciente" está a escasos kilómetros de la
ciudad de Bariloche en la ladera del Cerro Otto, provincia de Río Negro. Habitan allí dos
familias cuyos jefes (lonkos) libran desde hace años una "batalla" con el Ejército Argentino.
El conflicto surge a partir de una cesión de 800 has. para "fines de utilidad pública"
37
Tomado de un Comunicado emitido por los jefes de las dos comunidades.
38
En algunos documentos, esta comunidad aparece nombrada como Trypan Antu.
39
La exposición de este caso está basada en la ponencia presentada por el Dr. Darío Rodriguez Duch, "Los
conflictos territoriales de los lof Mapuche en la provincia de Río Negro", en las Primeras Jornadas de
Reflexión de los Derechos de los Pueblos Indígenas, Buenos Aires, 6 y 7 de diciembre del 2001. Más
información sobre las Jornadas puede encontrarse en [Link]/RainForest/Andes/8976.
efectuada por la Administración de Parques Nacionales al Ejército Argentino en 1937.
Desde entonces, el Ejército se ha considerado propietario del predio, pese a tratarse de una
posesión ancestral del Pueblo Mapuche, y a pesar de que Parques Nacionales sólo podía
conceder la jurisdicción sobre esa zona y no el dominio.

En la década del 60 comenzaron los hostigamientos. En 1967 el Ejército intentó desalojar a


las familias, en 1971 se llevó a cabo un juicio sumario por desalojo y un año después se
inició un nuevo juicio por caducidad del anterior y se desalojó a las familias. En 1983 se
abrió una causa penal por "usurpación" contra un miembro de la comunidad, quien,
acosado por el juicio, finalmente abandonó su vivienda. En 1995 se reiniciaron las
hostigamientos, hasta que en 1997 se ordenó judicialmente el desalojo. Sin embargo, las
dos lonkos Gualmes y Ranquehue se resistieron, sufriendo las consecuencias de quema de
sus casas y pérdidas de animales. En el año 2000, cuando la sentencia quedó firme, el
abogado patrocinante de las familias logró que se ordene una pericia a fin de definir el área
a desalojar. Mientras tanto, el Congreso de la Nación aprobó un proyecto de ley de
expropiación transfiriendo 514 has. de tierra en propiedad a la Comunidad Trypan Anty.

Durante el año 2001, las lonkos Gualmes y Ranquehue tramitaron ante el presidente de la
Nación la redacción del decreto correspondiente, a fin de hacer efectiva la expropiación a
favor de la comunidad por un total de 514 hectáreas. Cuando el decreto se encontraba a la
firma, el presidente De la Rua renunció a su cargo, dando paso a un nuevo escenario
institucional en el cual, una vez más, los derechos indígenas son postergados injustamente.

4.2.4. Comunidad Mapuche-Tehuelche Prane

Esta comunidad mantiene un conflicto desde hace varias décadas con el Ejército Argentino
por la tenencia de la denominada legua 4, ubicada en la reserva Mapuche de Nahuelpan, a
15 km. de la ciudad de Esquel. Durante el transcurso de estos años, la comunidad Prane
debió soportar desalojos de sus tierras, matanzas y robos de sus animales de crianza por
parte del Ejército. Esta situación fue denunciada ante los sucesivos gobiernos que jamás
dieron respuesta alguna a las comunidades. En 1999, antes de finalizar su mandato, el
entonces presidente Carlos Menem anunció la firma de un decreto presidencial devolviendo
las tierras a la comunidad, sin embargo ese decreto nunca se redactó.

4.2.4. Comunidad Mapuche Vuelta del Río

La comunidad mapuche “Vuelta del Río”, en la región Noroeste de la Provincia de Chubut,


está asentada en tierras reservadas por un decreto presidencial del año 1899, luego de
penosas demandas encaradas por el entonces cacique de la comunidad. Actualmente viven
allí 25 familias en 15 lotes, lo que significa que no alcanza un lote para cada familia.
Continuamente las familias se ven acosadas por particulares portadores de títulos ilegítimos
que pretenden apoderarse por la fuerza de sus tierras. A fines del 2001, un particular intentó
entablar un juicio reivindicatorio contra la comunidad y ya existen miembros de la misma
procesados por usurpación. Frente a tantas presiones, definidas por el abogado de los
indígenas como "acoso judicial", la comunidad ha solicitado el otorgamiento de un título
comunitario sobre las tierra tradicionalmente ocupadas hasta completar un lote por familia
y la anulación de todo título de propiedad otorgado a particulares no indígenas sobre las
tierras reservadas.

4.3. Derecho a la educación bilingüe e intercultural


La falta de definición sobre lo que significa la educación bilingüe e intercultural, y la
ausencia de un sistema nacional orgánico que implemente acciones que incorporen este
concepto, ha llevado a que, en la práctica, sólo se incorpore a la escuela un hablante del
idioma indígena en carácter de "auxiliar bilingüe" del maestro oficial. En su designación,
las comunidades tienen escasa si no nula participación. A su vez, al no existir sistema
alguno de formación de maestros bilingües ni definiciones claras sobre el perfil requerido
para desempeñarse como tales, los cargos son utilizados como recursos clientelares de los
punteros políticos que los ofrecen a cambio de distintos favores.

La falta de jerarquización de su labor coloca a los auxiliares bilingües en una situación de


doble marginación que los lleva en la práctica a desempeñar tareas de ordenanza y/o
limpieza40.

A causa de este vacío estatal, las comunidades indígenas se ven forzadas a reclamar ante la
justicia el reconocimiento de su derecho. En el año 2000 el fallo de una jueza de la
provincia de Neuquén obligó al Ministerio de Educación a contratar un maestro bilingüe
para una escuela comunitaria del Pueblo Mapuche.

No existe una adecuación de contenidos curriculares que dé cabida a la historia y cultura de


los diferentes pueblos indígenas. Tampoco se ha efectuado una revisión de los mismos,
sobre todo en aquellos casos en que resultan ofensivos para ellos. Los textos escolares están
repletos de frases y contenidos que atentan contra la memoria y dignidad de los pueblos
indígenas. El Ministerio de Educación, con la colaboración de organizaciones y
comunidades indígenas, debe introducir en las currículas las modificaciones pertinentes.

En la misma dirección, el Estado no ha implementado mecanismos adecuados para hacer


conocer a las comunidades de los pueblos indígenas sus derechos constitucionales y otras
normas que los tienen como destinatarios.

40
Sólo las provincias de Chaco y Formosa han podido, a instancias de organizaciones no gubernamentales
locales, comenzar a implementar sistemas formales de institucionalización de la educación bilingüe.

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