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C 451 05

La Sentencia C-451/05 de la Corte Constitucional de Colombia aborda la constitucionalidad del artículo 13 de la Ley 797 de 2003, que establece un límite de 25 años para que los hijos dependientes accedan a la pensión de sobrevivientes. La Corte concluye que la edad no constituye un criterio discriminatorio, ya que se justifica en la capacidad de los hijos para trabajar y contribuir al sistema de seguridad social. Se reafirma que la norma es razonable y proporcional, alineándose con los principios de igualdad y universalidad establecidos en la Constitución.

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C 451 05

La Sentencia C-451/05 de la Corte Constitucional de Colombia aborda la constitucionalidad del artículo 13 de la Ley 797 de 2003, que establece un límite de 25 años para que los hijos dependientes accedan a la pensión de sobrevivientes. La Corte concluye que la edad no constituye un criterio discriminatorio, ya que se justifica en la capacidad de los hijos para trabajar y contribuir al sistema de seguridad social. Se reafirma que la norma es razonable y proporcional, alineándose con los principios de igualdad y universalidad establecidos en la Constitución.

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Sentencia C-451/05

COSA JUZGADA CONSTITUCIONAL-No configuración

DEMANDA DE INCONSTITUCIONALIDAD-Concepto de violación

ACCION PUBLICA DE INCONSTITUCIONALIDAD-Aplicación del


principio pro actione en la formulación de los cargos

SISTEMA DE SEGURIDAD SOCIAL INTEGRAL-Objetivo general

SEGURIDAD SOCIAL-Concepto

SISTEMA GENERAL DE PENSIONES-Objeto

SISTEMA GENERAL DE PENSIONES-Características

LIBERTAD DE CONFIGURACION LEGISLATIVA EN SISTEMA


DE SEGURIDAD SOCIAL EN SALUD-Límites

PENSION DE SOBREVIVIENTES-Edad como criterio de diferenciación


válido

Para el caso de la seguridad social, y particularmente en el ámbito de la


pensión de sobrevivientes, la Sala considera que lejos de constituir un criterio
sospechoso de discriminación la edad constituye uno de los factores apropiados
para establecer tratamientos diferenciales y en esa medida su utilización es
prima facie legítima. En efecto, además de tratarse de un asunto (régimen
pensional) frente al que el Legislador goza de un relativamente amplio margen
de configuración normativa, armoniza con el significado y finalidad de la
pensión de sobrevivientes en el marco del sistema general de seguridad social
anteriormente descrito.

PENSION DE SOBREVIVIENTES-Significado y finalidad

DERECHO A LA SUSTITUCION PENSIONAL POR ESTUDIOS-


Protección especial

DERECHO A LA IGUALDAD EN PENSION DE


SOBREVIVIENTES-Disfrute por hijo incapacitado para trabajar por
estudios hasta el límite de veinticinco años de edad

El límite de 25 años de edad para acceder a la pensión de sobrevivientes en el


caso de los hijos sin invalidez no puede ser interpretado entonces como un acto
de discriminación entre los hijos, o con motivo de la edad, sino como una
medida de diferenciación fundada en el hecho objetivo de haber llegado a una
etapa de la vida en la cual es sensato suponer que la persona ha adquirido un
nivel de capacitación suficiente para trabajar y procurarse su propio sustento.
En efecto, la experiencia indica que la adquisición de la autonomía en las
personas tiene un referente cronológico que se ha identificado en los comienzos
de la edad adulta, época en la cual se espera que la persona haya culminado sus
estudios, incluso los de nivel superior, que la habilitan para enfrentar su destino
en forma independiente. En este sentido la edad de 25 años viene a ser un
criterio razonable ya que para ese momento los hijos dependientes de sus padres
cuentan, por lo general, con una profesión u oficio que les permite lograr su
independencia económica y proveerse su propio sustento, motivo por el cual se
encuentra justificada su exclusión como beneficiarios de la sustitución
pensional, pues ya no se trata de una persona en condiciones de vulnerabilidad
que por lo tanto necesite medidas de protección especial. Resulta compatible
con los artículos 13, 42 y 48 de la Carta fijar un límite de 25 años de edad al
disfrute de la pensión de sobrevivientes para el hijo incapacitado para trabajar
por razón de los estudios y si dependía económicamente del causante al
momento de su muerte, pues la persona que supera esa edad no está en una
situación de indefensión o vulnerabilidad que justifique incluirla como
beneficiaria de dicha prestación ya que habiendo adquirido un nivel de
capacitación se encuentra en condiciones de trabajar y contribuir al sistema de
seguridad social, haciéndose por tanto acreedora en forma directa a los
beneficios a que hubiere lugar.

Referencia: expediente D-5432

Demanda de inconstitucionalidad contra el


artículo 13 (parcial) de la Ley 797 de 2003
“Por la cual se reforman algunas
disposiciones del sistema general de
pensiones previsto en la Ley 100 de 1993 y se
adoptan disposiciones sobre los Regímenes
Pensionales exceptuados y especiales”.

Actor: Eduardo Parménides Palacios


Hernández

Magistrada Ponente:
Dra. CLARA INÉS VARGAS HERNÁNDEZ

Bogotá D.C., tres (3) de mayo de dos mil cinco (2005)

La Sala Plena de la Corte Constitucional, en ejercicio de sus atribuciones


constitucionales y una vez cumplidos los requisitos y trámites establecidos en el
Decreto 2067 de 1991, profiere la siguiente
SENTENCIA

I. ANTECEDENTES

En ejercicio de la acción pública consagrada en los artículos 40-6, 241-4 y 242-1


de la Constitución Política, el ciudadano Eduardo Parménides Palacios
Hernández solicita a la Corte Constitucional la declaración de inexequibilidad
parcial del artículo 13 de la Ley 797 de 2003 “Por la cual se reforman algunas
disposiciones del sistema general de pensiones previsto en la Ley 100 de 1993 y
se adoptan disposiciones sobre los Regímenes Pensionales exceptuados y
especiales”, por considerar que tal disposición vulnera los artículos 13, 42 y 48
de la Constitución Política.

Mediante auto del 15 de octubre de 2004, se admitió la demanda de la referencia


por cumplir con los requisitos que contempla el artículo 2º del Decreto 2067 de
1991, se ordenó la fijación en lista de la norma acusada, y se dispuso el traslado
al señor Procurador General de la Nación para que rindiera el concepto de rigor.

Así mismo, de conformidad con los artículos 244 de la Constitución Política y 11


del Decreto 2067 de 1991, se comunicó la iniciación del proceso al Presidente de
la República y al Presidente del Congreso de la República, y al tenor del artículo
13 del Decreto 2067 de 1991, se envió comunicación a los Ministros de la
Protección Social y de Hacienda y Crédito Público; al Presidente del Instituto de
Seguros Sociales; a la Asociación Colombiana de Empresas de medicina Integral
ACEMI; Academia Colombiana de Jurisprudencias; Departamento
Administrativo de Planeación Nacional; Asociación Colombiana de Fondos de
Pensiones ASOFONDOS; y a los departamentos de derecho laboral de las
Universidades Externado de Colombia, Javeriana y Rosario, con el fin de que
aportaran su opinión sobre la demanda de la referencia.

Cumplidos los trámites constitucionales y legales propios de esta clase de


juicios, y previo concepto del Jefe del Ministerio Público, la Corte
Constitucional procede a decidir en relación con la presente demanda.

II. TEXTO DE LA NORMA ACUSADA

Se transcribe a continuación el texto del artículo 13 de la Ley 797 de 2003,


subrayando el aparte demandado:

“LEY 797 DE 2003

Por la cual se reforman algunas disposiciones del sistema general de pensiones


previsto en la Ley100 de 1993 y se adoptan disposiciones sobre los Regímenes
Pensionales exceptuados y especiales.
EL CONGRESO DE COLOMBIA

DECRETA:

Artículo 13. Los artículos 47 y 74 quedarán así:

Artículo 47. Beneficiarios de la Pensión de Sobrevivientes. Son


beneficiarios de la pensión de sobrevivientes:

(…)

c) Los hijos menores de 18 años; los hijos mayores de 18 años y hasta


los 25 años, incapacitados para trabajar por razón de sus estudios y si
dependían económicamente del causante al momento de su muerte,
siempre y cuando acrediten debidamente su condición de estudiantes y
cumplan con el mínimo de condiciones académicas que establezca el
Gobierno; y, los hijos inválidos si dependían económicamente del
causante, esto es, que no tienen ingresos adicionales, mientras subsistan
las condiciones de invalidez. Para determinar cuando hay invalidez se
aplicará el criterio previsto por el artículo 38 de la Ley 100 de 1993;

(…)”

III. FUNDAMENTOS DE LA DEMANDA

Según el demandante el segmento normativo impugnado del artículo 13 de la


Ley 797 de 2003, que establece la edad de 25 años como límite para disfrutar de
la pensión de sobrevivientes en calidad de hijo incapacitado para trabajar en
razón de los estudios, vulnera los artículos 13, 42 y 48 de la Constitución
Política.

En su parecer, lo acusado desconoce el principio de igualdad consagrado en el


artículo 13 de la Carta, porque es una tipificación consagrada en razón de la edad
del hijo beneficiario lo cual resulta discriminatorio frente a los demás
beneficiarios señalados en la misma disposición legal. Además, limita el derecho
del hijo beneficiario de continuar en el sistema de seguridad social sobre el
mismo derecho y ante la misma norma que salvaguarda a los demás
beneficiarios.

Considera que también viola el artículo 42 ibidem que establece la protección


constitucional de la familia, pues si conforme al mandato superior los hijos
hacen parte del núcleo familiar y sus derechos se basan en la igualdad ante la ley,
“la expresión acusada se torna discriminatoria en pro de la edad, no obstante
me pregunto ¿esa relación filial de la familia es de edad? y el hijo deja de ser
hijo a los 25 años?”.

Igualmente, en su criterio lo impugnado vulnera el artículo 48 de la Constitución


sobre el derecho a la seguridad social, especialmente en lo que tiene que ver con
el principio de universalidad, pues si este principio se define como la garantía de
protección para todas las personas “sin ninguna discriminación, en todas las
etapas de la vida” se están excluyendo a los hijos beneficiarios mayores de 25
años del derecho a la seguridad social que tienen carácter irrenunciable.

Finalmente, como sustento de su impugnación sostiene que “la pensión es un


derecho adquirido conforme a la ley, y que los beneficiarios de esta vienen a
suceder el derecho que ya tiene calidad de adquirido, quedando excluidos los
beneficiarios (hijos) del derecho que en virtud gozan, por el hecho de cumplir 25
años de edad, estando en las mismas condiciones y frente a la misma situación
jurídica que los demás beneficiarios, igualdad entre los iguales es lo que se
profesa”

IV. INTERVENCIONES

1. Instituto de Seguros Sociales –ISS-

Carlos Libardo Bernal Pulido, actuando en representación del Instituto de


Seguros Sociales solicita desestimar la pretensión de inexequibilidad del aparte
normativo acusado pues deberá reconocer que la diferencia introducida por la
norma acusada con fundamento en el criterio de edad de 25 años es razonable y
proporcionada y por lo tanto no vulnera la Constitución.
Expresa que en extensa línea jurisprudencial la Corte ha señalado que en virtud
de lo dispuesto en el artículo 13 Superior, no se le prohíbe al legislador
diferenciar sino discriminar, lo cual se presenta cuando la diferenciación es
irrazonable o desproporcionada.

Señala que en el caso bajo examen la diferenciación introducida por el legislador


cumple con las exigencias del principio de razonabilidad, pues está justificada de
manera muy clara por el principio de solidaridad consagrado en el artículo 48 de
la Carta según el cual la seguridad social debe basarse en una repartición
solidaria de las cargas y beneficios entre toda la población que es sujeto del
sistema de manera que quien está en edad y tiene capacidad para contribuir al
sistema debe hacerlo y quien no lo está debe recibir los beneficios del sistema.
Un individuo de 25 años si lo está y esto es lo que hace razonable la norma
acusada.

Anota que en relación con el principio de solidaridad como fundamento para


establecer exigencias en orden a recibir la pensión de sobrevivientes, la Corte ya
se pronunció en Sentencia C-1094 de 2003 al declarar exequible la imposibilidad
del cónyuge supérstite de recibir pensión de sobrevivientes cuando es menor de
30 años y no ha procreado hijos con el causante.

Explica que un hijo mayor de 25 años está en una situación diferente a la del
cónyuge supérstite, los padres del causante, los hermanos inválidos del mismo
que dependían económicamente del causante o los hijos menores de edad, pues
ha disfrutado de un período de gracia, de los 18 a los 25 años, que la ley le
concede para que finalice sus estudios. Por ello el hijo mayor de 25 de años no
puede pretender adoptar la posición insolidaria de recibir eternamente los
beneficios de la pensión de sobrevivientes, sino la posición solidaria de afiliarse
y cotizar al sistema.

En su criterio la fijación de los 25 años de edad para dejar de recibir la pensión


de sobrevivientes es proporcionada pues tal determinación no obedece a un
capricho del legislador sino a la circunstancia objetiva de que a esta edad un
individuo está en plena aptitud para incorporarse al mercado laboral y afiliarse al
sistema de seguridad social, y además ha terminado sus estudios superiores y en
este sentido ya no necesita del beneficio de la pensión de sobrevivientes que le
otorga la norma acusada.

Sostiene que estas mismas razones hacen que la diferencia de trato introducida
por el legislador en la norma acusada no vulnere la igualdad entre los hijos que
consagra el artículo 42 Superior, ni el principio de universalidad establecido en
el artículo 48 ibidem pues conforme al primero de los citados mandatos el
principio de igualdad no supone la identidad de trato legal a los miembros de la
familia sino que su trato no sea discriminatorio es decir, diferente pero razonable
y proporcionado. Al respecto, aduce que el individuo mayor de 25 años está en
una situación diferente a la de los hijos menores de edad o menores de esa edad,
pues a causa de su aptitud y juventud puede ingresar al mercado laboral y
afiliarse al sistema, de modo que no quedará desprotegido pues formará parte de
la universalidad cobijada por el sistema, no como beneficiario de la pensión de
sobrevivientes sino como afiliado.

2. Ministerio de la Protección Social

Jorge Ernesto Angarita Rodríguez, quien obra en representación del Ministerio


de Protección Social, interviene en el trámite de la presente acción, con el objeto
de solicitar la declaración de exequibilidad de la norma acusada.

El interviniente comienza por precisar que la pensión de sobrevivientes no


responde a los mismos principios de la pensión de vejez, pues a diferencia de
ésta última aquella tiene carácter indemnizatorio debido a que quien procuraba el
sustento económico de un grupo familiar o parte de él ha fallecido afectando
económicamente a los miembros de la familia, situación ésta que no es
permanente en el tiempo y de ahí el carácter temporal de dichas pensiones.

A continuación realiza un recorrido por las normas legales que regulan la


pensión de sobrevivientes precisando que las mismas tienen como propósito
permitir que el grupo familiar continúe disfrutando de unos ingresos económicos
que se ven disminuidos o incluso desaparecen con la murete de quien proveía
para su sostenimiento. Al respecto destaca que en razón de tal circunstancia
dichas pensiones no son vitalicias pues son múltiples las variables que rodean la
conformación del ingreso de un grupo familiar.

Explica que el legislador de 1993 solamente había consagrado como vitalicias


las pensiones de sobrevivencia del cónyuge supérstite, de los hijos inválidos que
dependían económicamente del causante y de los progenitores que se hallaban
en la misma situación de dependencia económica, lo cual demuestra que no es el
vínculo familiar la única razón a tener en cuenta para reconocer dicha pensión.

Señala que en el año 2003 el legislador nuevamente reguló la materia para


excluir de la pensión de sobrevivientes al cónyuge supérstite que tenga menos de
30 años de edad y no tenga hijos en común con el fallecido, por considerar que
una persona en tales condiciones está en capacidad de proveerse su sustento
económico de modo que esta carga no la debe asumir el sistema de seguridad
social pues no responde al concepto indemnizatorio de dicha pensión.

Sostiene que desde siempre el legislador ha previsto que las pensiones de los
hijos que no son inválidos solo se extenderán hasta los 25 años de edad mientras
el hijo se encuentra incapacitado para trabajar en razón de sus estudios, pues
estima que superada esa edad el hijo ya se encuentra en capacidad de procurarse
su sustento económico sin que tenga que depender de los padres.

Dice que tal es la trascendencia de la dependencia o independencia económica


para el sistema de seguridad social que ni aún los hijos inválidos cuentan con
pensiones vitalicias, las cuales solo se otorgan cuando el hijo depende
económicamente del padre fallecido pues el hecho de que una persona tenga
ciertas limitaciones físicas no necesariamente lo imposibilita para proveerse su
sustento.

En este sentido afirma que el sistema general de pensiones no pretende brindar


un enriquecimiento gratuito a una persona que no trabaja sino solventar la
merma que sufre el ingreso familiar por la muerte de uno de los padres que se
ocupaba de llevar ese ingreso a la familia.

En su parecer lo realmente pretendido por el actor no es defender la presunta


discriminación que alega, sino agenciarse un ingreso permanente y gratuito para
quienes no han obtenido un ingreso económico por sí mismos y pretenden
derivarlo del sistema general de pensiones, sin detenerse a considerar que ello
implica negar pensiones a quienes si están en necesidad de las mismas.

Explica que la pretensión del actor además desconoce el esquema de


aseguramiento que permite el otorgamiento de las pensiones de sobrevivencia,
pues éstas parten de una nota técnica según la cual con base en estudios
actuariales pertinentes se define cual será el monto y el período durante el cual se
reconocerán estas prestaciones, lo que permite definir el costo del
aseguramiento, es decir, la prima que debe pagarse para cubrir el riesgo que se
asegura. Añade que ese estudio técnico jamás consideró la posibilidad de
extender la cobertura de la pensión de sobrevivientes a los hijos en forma
vitalicia sino solo la de los hijos inválidos.

En relación con la infracción al principio de igualdad considera que no se


configura pues no está en la misma situación quien se encuentra en incapacidad
de procurarse su sustento económico que aquella que ha podido concluir sus
estudios superiores. Por lo tanto, como no se trata de una misma situación de
hecho no resulta aceptable el juicio de igualdad que intenta formular el actor.

Estima que tampoco se desconoce el concepto de familia pues lo acusado es


simplemente una regulación de uno de los efectos económicos de la relación
filial que no puede ser idéntica en todos los casos y agrega que lo impugnado no
pone en tela de juicio la relación entre padres e hijos ni modifica o restringe sus
derechos y deberes pues se limita a derivar un efecto económico del hecho de la
muerte del pensionado. Sostiene además que los hijos no dejan de serlo a
ninguna edad específica, pues lo que pierden es la condición de dependientes o
incapacitados para proveerse su sustento.

Respecto de la violación al derecho a la seguridad social, el interviniente señala


que la Corte debe declararse inhibida para pronunciarse sobre este cargo por
ineptitud sustantiva de la demanda.

3. Departamento Nacional de Planeación

Alfonso M. Rodríguez Guevara en representación del Departamento Nacional de


Planeación considera que respecto del artículo 13 de la Ley 797 de 2003 acusado
parcialmente por el actor ha operado la cosa juzgada constitucional ya que en
Sentencia C-1094 de 2003 MP Jaime Córdoba Triviño, la Corte declaró la
exequibilidad de esa disposición legal.

Adicionalmente expresa que existe ineptitud sustantiva de la demanda que


acarrea un fallo inhibitorio, pues ella incurre en lo que denomina una
imprecisión técnica ostensible al discutir la constitucionalidad de lo acusado sin
fundamentar a fondo su inexequibilidad.

Al lado de las anteriores consideraciones el interviniente sostiene que la


expresión demandada no es inconstitucional ya que el legislador al establecer
la pensión de sobrevivientes se propuso ofrecer un marco de protección a los
familiares del afiliado o del pensionado cuando muere frente a las contingencias
económicas derivadas de este hecho.

Señala que en consonancia con este postulado la norma parcialmente acusada


establece como requisito para los hijos beneficiarios de la pensión de
sobrevivientes que exista dependencia económica y que su edad no supere los 25
años de edad, lo cual tiene un fundamento fáctico pues las personas que superan
esa edad ya son capaces de proveerse su sustento.

Considera que la pensión no puede ser un derecho que se herede pues ella está
calculada para un determinado número de años de vida en la vejez y los recursos
con que se cuenta son limitados dado que provienen de los aportes que realiza la
persona en su vida laboral. Por ello, si todos los hijos a cualquier edad recibieran
la pensión de sobrevivientes los padres tendrían que haber cotizado mucho más y
por un mayor tiempo, y además el sistema se volvería inequitativo porque las
generaciones siguientes tendrían que pagar por pensiones para las cuales no se
cotizó.

Sostiene que no existe violación al principio de igualdad pues las personas


mayores de 25 años de edad son capaces de proveer para su propio sustento ya
que se entiende que para esa época han culminado sus estudios universitarios.

4. Federación de Aseguradores Colombianos -Fasecolda-

Manuel Guillermo Rueda Serrano en su condición de representante legal de


Fasecolda solicita declarar la exequibilidad de la expresión impugnada del
artículo 13 de la Ley 797 de 2003.

Sustenta su solicitud en las amplias facultades que el artículo 48 de la


Constitución otorga al legislador para hacer efectivo el derecho a la seguridad
social mediante la expedición de leyes que desarrollen los principios allí
consignados, señalando requisitos, términos y condiciones para acceder a los
derechos y prestaciones previstos en el sistema de seguridad social.

Seguidamente se refiere al alcance y finalidad de la pensión de sobrevivientes y


señala que conforme a la jurisprudencia constitucional el objetivo de esta
prestación es la protección de la familia, garantizando que las personas que
dependían económicamente del causante puedan seguir atendiendo sus
necesidades de subsistencia. Por lo tanto, dicha prestación consiste en la
transmisión a su favor y por ministerio de la ley del derecho a percibir la
pensión.

Considera que la norma acusada supera satisfactoriamente el test de igualdad ya


que persigue una finalidad constitucional consistente en proteger y minimizar la
situación de debilidad manifiesta que sufre quien aún ostenta la calidad de
estudiante en proceso de formación intelectual y desafortunadamente pierde al
progenitor pensionado, de manera que pueda contar con las condiciones
necesarias que le permitan culminar el proceso de formación personal y
educativo emprendido con miras a lograr un desarrollo intregral

Señala que lo que busca el legislador al incorporar como beneficiarios de la


pensión a los hijos mayores de 18 años y hasta los 25 años incapacitados para
trabajar en razón de sus estudios es garantizar el derecho a la sustitución
pensional por estudios que tiene su razón de ser en el estado de debilidad
manifiesta en que queda el beneficiario hijo que ostenta la calidad de estudiante,
por cuanto es indudable su estado de indefensión cuando se encuentra en
proceso de formación educativa que le permitirá acceder a un conocimiento a
través de la capacitación para ejercer una profesión y así alcanzar un desarrollo
integral con la posibilidad de desenvolverse autónomamente.

Considera que lo que no puede sostenerse es que la calidad de estudiante pueda


prorrogarse indefinidamente en el tiempo, pues como lo ha señalado la
jurisprudencia la exigencia de protección estatal para el estudiante que ha
recibido la sustitución pensional se afianza aún más en la consideración de las
características naturales del momento de la vida en la cual dicha prestación es
reconocida, esto es, dentro de una etapa que cobija la adolescencia y los
comienzos de la edad adulta.

Afirma que por tal razón el legislador estableció el límite de los 25 años de edad
para disfrutar de la pensión de sobrevivientes por estudio pues es necesario
enmarcar ese proceso de formación educativa desarrollado por el hijo que a
causa de la muerte de su progenitor queda desprotegido al no contar con los
medios económicas para culminar el proceso educativo emprendido.

Así, concluye que no es posible alegar violación al principio de igualdad entre


los beneficiarios hijos ya que como se ha demostrado los mayores de 18 años y
menores de 25 años de edad están en una situación diferente a la de los hijos
menores de 18 años y a los inválidos.

5. Ministerio de Hacienda y Crédito Público

Diana Lucía Puentes Tobón, obrando como apoderada del Ministerio de


Hacienda y Crédito Público, interviene para solicitarle a la Corte que se abstenga
de pronunciarse sobre la expresión acusada del artículo 13 de la Ley 797 de
2003, pues en su parecer existe ineptitud sustantiva de la demanda ya que el
actor no expuso los argumentos de fondo tendientes a demostrar la supuesta
contradicción de la norma demandada y la Constitución.

Independientemente de esta consideración señala que lo acusado es exequible


puesto que en su parecer la libertad de configuración del legislador le permite
fijar unos requisitos para el reconocimiento de la pensión de sobrevivientes por
razón de estudios.

Expresa que acreditar la condición de estudiante se traduce en la obligación de


probar por parte del hijo beneficiario que la razón por la cual sustituye el derecho
a la pensión es precisamente el hecho de estar incapacitado para trabajar por
motivo de sus estudios.

Agrega que en cuanto a la edad existen razones más que suficientes para advertir
que la protección inicial que confiere el legislador se extiende hasta los 18 años,
es decir hasta la mayoría de edad, momento en el cual la persona está en
capacidad para acceder al mercado laboral y obtener sus propios medios de
subsistencia, protección que fue extendida por el legislador hasta los 25 años al
presumir que en este momento ya se han concluido los estudios de educación
media y superior.

Afirma que distinta es la situación de los hijos inválidos quienes por esta sola
circunstancia carecen de aptitudes para obtener los medios para su propia
subsistencia pues están en incapacidad de trabajar.

Manifiesta que la pensión de sobrevivientes por razón de estudios tiene un


carácter temporal o transitorio, ya que la extensión indefinida implicaría
desnaturalizar la finalidad perseguida por esa prestación cual es la de proteger al
núcleo familiar que realmente requiere atención, y por ello no es dable pretender
que se le trate como un derecho adquirido.
En cuanto respecta a la violación del derecho a la igualdad considera que la
Corte no su puede pronunciar pues el actor no justificó las razones por las cuales
se predica el trato desigual respecto de los hijos mayores de 25 años de edad.

Sin embargo, el interviniente decide aplicar el test de igualdad para descartar la


infracción a la Carta Política y es así como indica que la norma acusada persigue
un objetivo valido a la luz del Ordenamiento Superior que es el de proteger a los
miembros del núcleo familiar que necesitan un ingreso para subsistir, lo cual no
se predica de los hijos mayores de 25 años de edad pues se trata de personas que
pueden valerse por sí mismas.

Seguidamente expresa que el trato que instituye la norma acusada es razonable y


proporcional porque la determinación de una edad límite para disfrutar de la
pensión de sobrevivientes por razón de estudios garantiza el derecho a la
seguridad social de los demás beneficiarios de la prestación que realmente tienen
derecho a ella, amén que lo que busca es imponer el deber a la persona que
adquiere la mayoría de edad de estar estudiando para que pueda continuar
beneficiándose de la pensión.

Aduce que la exigencias establecidas en la norma acusada no desprotegen la


familia, porque precisamente lo que persiguen es amparar los intereses de los
miembros del grupo familiar, y agrega que tampoco vulnera el derecho a la
seguridad social pues es claro que una persona que es mayor de 18 años y no se
encuentra incapacitada para trabajar no está frente a uno de los riesgos que debe
atender el sistema de seguridad social.

6. Asociación Colombiana de Empresas de Medicina Integral – Acemi

Nelcy Paredes Cubillos en representación de la Asociación Colombiana de


Empresas de Medicina Integral–Acemi, interviene para defender la exequibilidad
de la norma demandada.
Señala que como tal la edad no es un criterio sospechoso de discriminación pues
la Corte Constitucional ha precisado que hay criterios constitucionalmente
neutros, y que pueden entonces ser ampliamente utilizados por las autoridades a
diferencia de otras existen categorías, que han sido denominadas "sospechosas",
por cuanto son potencialmente discriminatorias y por ende se encuentran en
principio prohibidas.
Sostiene que la consagración de una diferencia de trato por razón de edad no
parecer ser constitucionalmente problemática en razón de que (i) la edad no es un
rasgo permanente de una persona: el dinamismo que le es inherente demuestra
todo lo contrario; (ii) no puede afirmarse que históricamente hayan existido
prácticas sistemáticas de discriminación fundadas en diferencias de edad,
similares a las exclusiones y hostilidades que han sufrido los grupos sociales, por
razón de su raza, sexo u origen nacional; (iii) la edad no parece un criterio
arbitrario y caprichoso para distribuir derechos y cargas, ya que la madurez de
una persona y su condición física suelen tener relaciones con la edad; así, es
obvio que no se debe dar el mismo margen de autonomía a un menor que a un
adulto, tal y como la Corte lo ha reconocido en numerosas ocasiones; y (iv)
tampoco está prevista la edad como criterio sospechoso de discriminación, ni en
el artículo 13 de la Carta, ni en ninguno de los tratados de derechos humanos
ratificados por Colombia. Así, ni la Declaración Universal, ni la Declaración
Americana, ni la Convención Interamericana, ni los pactos de derechos humanos
de Naciones Unidas, prevén explícitamente que la edad sea un criterio prohibido
para establecer distinciones entre las personas.
Advierte que la Corte ha admitido que la edad representa un criterio válido para
establecer diferencias de trato. Así ha señalado que la protección del libre
desarrollo de la personalidad de una persona depende de su grado de autonomía,
por lo cual está vinculada con la edad, lo cual justifica ciertas injerencias de los
padres y de las autoridades en los menores, que serían inadmisibles en los
adultos. Pero incluso entre los mayores de edad, que se presumen todos
jurídicamente capaces, ha considerado que la ley puede tomar en cuenta la edad
como requisito para acceder a ciertos cargos o bienes.
Seguidamente considera que es razonable que en la norma acusada se fije la edad
de 25 años como límite para disfrutar de la pensión de sobrevivientes por parte
del hijo incapacitado para trabajar en razón de sus estudios, puesto que la
legislación Civil ha hecho presumir que las personas en condiciones normales en
el rango de los 25 años de edad, han adquirido un grado de independencia
económica que le permite alcanzar su propio sustento, de tal forma que los
alimentos se deben para con los hijos hasta esa edad cuando no tiene ningún tipo
de incapacidad física o mental que impida su auto soporte y no adelanten
actividad académica.
Manifiesta que la finalidad de la norma acusada es racionalizar los recursos del
sistema, evitando que indefinidamente las personas puedan acceder a la
sustitución pensional y eludan la cotización para su propia pensión contrariando
el principio de solidaridad e igualmente impide promover prácticas deplorables
de alcahuetaría estatal para con las personas que no quieren trabajar pudiéndolo
hacer y busquen vivir fácilmente a costa de una pensión no justamente sustituida,
lo que resulta adverso al desarrollo social que se busca a través del trabajo.
A continuación expresa que la norma impugnada debe someterse a un juicio
intermedio de igualdad, ya que en su parecer cuando la ley establece requisitos
mínimos para realizar una labor o recibir un beneficio, esa regulación está sujeta
a un juicio de igualdad dúctil, mientras que deben ser consideradas
problemáticas o semi sospechosas aquellas normas que establecen límites
máximos a partir de los cuales una persona es excluida de una cierta actividad o
de un determinado beneficio. Por tal razón una diferenciación con fundamento
en la edad no puede ser tachada como sospechosa de discriminación cuando se
establecen mínimos para el ejercicio de una actividad. En cambio, como en el
caso de la norma acusada la edad se torna más problemática al fijar un tope
(máximo) a partir de los cuales no se podrá acceder a un beneficio, sencillamente
porque la edad se convierte ahora en rasgo permanente de la persona y del cual
no podrá prescindir voluntariamente.
Considera que en realidad existen criterios semi-sospechosos o problemáticos
para establecer distinciones entre las personas; además la calificación de la edad
como criterio problemático, sujeto a un juicio de igualdad intermedio, parece
permitir no sólo una armonización de la jurisprudencia en la materia sino
también la construcción de una herramienta hermenéutica aparentemente
adecuada para resolver estos casos.
Así pues, en su criterio las normas persiguen una finalidad legítima al fijar
requisitos a los beneficiarios de la pensión de sobrevivientes, lo cual no atenta
contra los fines y principios del sistema.

Seguidamente afirma que al establecer este tipo de exigencias frente a la edad de


25 años, la norma protege la correcta disposición de los recursos del sistema y de
paso a otros posibles beneficiarios de la pensión de sobrevivientes, lo cual está
circunscrito dentro del ámbito de competencia del legislador al regular el
derecho a la seguridad social.

Explica que el hecho de establecer un límite de edad para que el hijo sea
beneficiario de la pensión, no significa que el legislador haya pretendido
desconocer la calidad filial o de hijo en razón a la edad.

Finalmente expresa que si el legislador tiene mayor discrecionalidad en ciertas


materias, como la de la seguridad social, eso significa que en esos temas las
posibilidades de injerencia del juez constitucional son menores; y por ende la
intensidad de su control se ve limitada, y de ahí que en varias ocasiones la Corte
haya señalado que en la medida en que la Carta confiere discrecionalidad a la ley
para regular un asunto, el juez constitucional debe respetar esa libertad de
apreciación del Congreso.

V. CONCEPTO DEL PROCURADOR GENERAL DE LA NACIÓN

El señor Procurador General de la Nación Edgardo Maya Villazón, en concepto


del 7 de diciembre de 2004 solicita a la Corte declarar la exequibilidad de la
expresión “y hasta los 25 años”, contenida en el literal b) del artículo 13 de la
Ley 797 de 2003, que modificó los artículos 47 y 74 de la Ley 100 de 1993.
Sustenta tal solicitud en las siguientes consideraciones:
Sostiene que la pensión de sobrevivientes es un mecanismo legal cuya finalidad
es que los beneficiarios del pensionado o afiliado no queden desamparados y
desprotegidos por el hecho de la muerte, y agrega que como lo señalado la
Corte Constitucional, los principios de justicia retributiva y de equidad justifican
que las personas que constituían la familia del trabajador tengan derecho a la
prestación pensional del fallecido para mitigar el riesgo de viudez y orfandad al
permitirles gozar post mortem del status laboral del trabajador fallecido.

En su parecer el legislador establece el derecho de acceder a la pensión de


sobrevivientes de manera temporal, atendiendo a la libertad de configuración
normativa que le asiste, con base en criterios socio culturales, respecto a la edad
en la que presuntamente los hijos dependen económicamente de sus padres.

Considera que a pesar de la pobre argumentación del ciudadano Palacios


Hernández, se puede deducir que su planteamiento en relación con la posible
vulneración del principio de igualdad, se reduce a que debe existir un trato
igualitario respecto de todos los beneficiarios de la pensión de sobrevivientes,
apreciación que ese despacho no comparte pues el derecho de igualdad no
corresponde a una apreciación meramente matemática, sin tener en cuanta las
distintas variables y matices que establece la Constitución Política.

Estima que el hecho de haberse determinado que los hijos hasta los 25 años de
edad podrían acceder al beneficio de la pensión de sobrevivientes, obedece a la
aplicación de uno de los principios básicos de la seguridad social: la
subsidiariedad, según el cual, es la persona, en primer lugar, la llamada a
responder por el cuidado de su salud y por su protección social, y solamente,
cuando esa persona no puede responder por sí misma, opera alguno de los
mecanismos propios de la seguridad social. Por ello, en este sentido el legislador
es claro al disponer, y así se observa en el texto legal, como condición sine qua
non para acceder a dicho beneficio, la dependencia económica de los hijos al
causante.

Afirma el Procurador que el término de los 25 años de edad corresponde a una


prolongación del principio de la solidaridad, por el cual los padres son quienes
deben responsabilizarse de la manutención y educación de sus hijos mientras
sean menores o impedidos.

Agrega que se ha estimado de forma consuetudinaria que hasta esa edad los hijos
pueden estar al cuidado de sus padres mientras llevan a cabo sus estudios
superiores, los cuales los habilitarán para acceder al mercado laboral y
productivo, y, poder así, emanciparse económicamente de su hogar. Por tal
razón considera que el hecho de prolongar de forma indefinida el beneficio de la
pensión de sobrevivientes para los hijos que superen la edad límite y no se
encuentren discapacitados, distorsionaría el principio de la solidaridad, al
convertirlo en una carga económica y social asumida por el sistema general de
pensiones, en cualquiera de sus dos regímenes.
En relación con el argumento del demandante según el cual la disposición
demandada viola el principio de igualdad consagrado en el artículo 13 de la
Carta Política, por reconocerse el pago de la pensión de sobrevivientes a los hijos
con discapacidad por todo el tiempo que subsistan las condiciones de invalidez,
mientras que a los otros hijos sólo se les reconoce el beneficio hasta los 25 años,
el Procurador señala que si bien los dos ostentan la calidad de hijos y tendrían
frente a la ley los mismos derechos, no ocurre lo mismo para el acceso a los
diferentes beneficios que consagra el sistema de seguridad social integral.

Al respecto, recuerda que la misma Constitución Política señala en su artículo 13


como una obligación del Estado proteger a aquellas personas que por su
condición económica, física o mental, se encuentren en circunstancia de
debilidad manifiesta, y, de igual forma, consagra en el artículo 47 que las
personas disminuidas física, sensorial o síquicamente, serán objeto de una
especial atención por parte del Estado con el fin de procurar su rehabilitación e
integración a la sociedad.

El Procurador dice que atendiendo a estas disposiciones constitucionales el


legislador otorgó una especial importancia a las personas con algún tipo de
discapacidad dentro del sistema general de seguridad social. Así, consagró
diferentes beneficios prestacionales de carácter médico asistenciales y
económicos. Es el caso específico de las pensiones de invalidez, por riesgo
común o riesgo profesional, y la pensión de sobrevivientes para los hijos o
hermanos del causante, siempre que se compruebe su incapacidad para trabajar y
por todo el tiempo que persista su discapacidad o invalidez, según el caso.
Agrega que en igual sentido, se puede predicar respecto de los demás
beneficiarios como el cónyuge y el compañero/a permanente, que éstos se
encuentran en situaciones de hecho distinto, frente a los cuales no es dable
aplicar un trato igualitario como lo pretende el demandante.

Por lo anterior, considera que los argumentos del demandante superan todo
límite de la racionalidad y de proporcionalidad al pretender que se extienda el
beneficio de la pensión de sobrevivientes a personas que no son sujetos pasivos
de la protección social, por gozar de unas condiciones fácticas favorables que les
permitiría acceder a unos ingresos para su autosostenimiento, muy distintas, de
aquellas personas que aún siendo mayores de edad, por su discapacidad física,
mental o sensorial, no pueden valerse por sí mismas y requieren de la ayuda de la
familia, de la sociedad y del Estado para poder llevar una vida en condiciones
dignas.

Igualmente, expresa que no es de recibo el cargo por vulneración al artículo 42


de la Constitución Política, pues pareciera que el ciudadano Palacios Hernández,
confundiera los conceptos jurídicos de derechos herenciales y el derecho de
acceder a la pensión de sobrevivientes, al solicitar la eliminación del límite
temporal de los veinticinco años, y darles un tratamiento igualitario a todos los
demás beneficiarios, dado que mientras en relación con la primera situación
existe toda una concepción originaria del derecho civil con respaldo en varias
disposiciones constitucionales, que prohíbe cualquier clase de distinción por la
misma naturaleza de los derechos que se adquieren como consecuencia del
fallecimiento de la persona a quien se hereda, en el segundo evento es la
estructura constitucional del sistema de seguridad social la que da lugar a que el
legislador en ejercicio de su libertad de configuración normativa, restringida
solamente por los derechos y principios constitucionales, diseñe la manera de
ingreso y retiro a dicho sistema, con las limitaciones y restricciones, cuyo único
objetivo no es otro que procurar el cumplimiento de los fines constitucionales de
la seguridad social como la eficiencia, la universalidad, solidaridad y
sostenibilidad.

Finalmente, sostiene el Procurador que la pensión de sobrevivientes posee sus


propios ámbitos y principios teleológicos, que en algunos aspectos difieren
notoriamente del régimen legal de la familia, el cual se halla conectado e
influenciado estrechamente con derechos clásicos del derecho privado como la
propiedad y sucesiones, mientras que de la seguridad social se desprenden
razones de servicio público y de protección social, cuyas normas instituciones y
procedimientos tienden a proteger la calidad de vida, mediante el cumplimiento
progresivo de los planes y programas diseñados por el legislador para
proporcionar una cobertura integral, en cuanto a las contingencias y riesgos que
menoscaban la salud y la capacidad económica

VI. CONSIDERACIONES

1. Competencia

La Corte Constitucional es competente para conocer y decidir sobre la demanda


de inconstitucionalidad de la referencia, de conformidad con el numeral 4º del
artículo 241 de la Constitución Política, por estar dirigida contra una norma
perteneciente a una Ley de la República.

2. Asuntos previos: ausencia de cosa juzgada constitucional y aptitud


sustantiva de la demanda

Antes de analizar el fondo del asunto conviene dar respuesta a las inquietudes
planteadas por algunos de los intervinientes, quienes consideran que en la
presente oportunidad la Corte debe abstenerse de fallar, no sólo porque en
Sentencia C-1094 de 2003 MP Jaime Córdoba Triviño, ya se pronunció sobre la
exequibilidad del segmento normativo acusado del literal c) del artículo 13 de la
Ley 797 de 2003, decisión que hizo tránsito a cosa juzgada constitucional, sino
también porque la demanda está afectada de ineptitud sustancial.

En cuanto hace al primer cuestionamiento, es equivocado afirmar que respecto


de lo impugnado ha operado la cosa juzgada constitucional en los términos de la
citada sentencia, pues ella no contiene pronunciamiento alguno sobre la
expresión “y hasta los 25 años” del literal c) del artículo 13 de la Ley 797 de
2003, ahora impugnada, sino sobre las expresiones “y cumplan con el mínimo de
condiciones académicas que establezca el Gobierno” pertenecientes a esa
misma disposición, las cuales fueron declaradas inexequibles por la Corte por
considerar que “…compete al Congreso de la República la determinación de las
condiciones y requisitos para ser beneficiario del sistema general de pensiones.
Por ello, al ser una atribución que la Carta asigna expresamente al legislador,
éste no está facultado para desprenderse, con carácter indefinido o permanente
del ejercicio de tales atribuciones”.

En relación con el segundo reparo, atinente a la supuesta falta de argumentación


en los cargos de inconstitucionalidad, es incuestionable que la presencia de este
defecto debe conducir inexorablemente a la inadmisión de la demanda o a un
pronunciamiento inhibitorio, según sea el momento en el que se advierta dicha
falencia, puesto que en tal evento se carece de un presupuesto procesal necesario
para adoptar una decisión de fondo que es la demanda en forma. Así lo ha
señalado esta Corporación en reiterada jurisprudencia:

“El segundo elemento de toda demanda de inconstitucionalidad es el


concepto de la violación, que supone la exposición de las razones por
las cuales el actor considera que el contenido de una norma
constitucional resulta vulnerado por las disposiciones que son objeto
de la demanda. En este orden de ideas, al ciudadano le
corresponderá (i.) hacer “el señalamiento de las normas
constitucionales que se consideren infringidas” (artículo 2 del
numeral 2 del Decreto 2067 de 1991), pues “si bien cada ciudadano
es libre de escoger la estrategia que considere conveniente para
demostrar la inconstitucionalidad de un precepto (siempre y cuando
respete los parámetros fijados por la Corte), considera la Corte que…
el [particular] tiene el deber de concretar el o los cargos contra las
disposiciones acusadas, lo que implica realizar un esfuerzo por
identificar de manera relativamente clara las normas constitucionales
violadas”1. Este señalamiento supone, además, (ii.) la exposición del

1 Cfr. Corte Constitucional Sentencia C-142 de 2001 M.P. Eduardo Montealegre Lynett. Se inhibió la Corte en
esta oportunidad para conocer de muchos de los cargos formulados contra algunos numerales de los artículos 223
contenido normativo de las disposiciones constitucionales que riñe
con las normas demandadas, es decir, manifestar qué elementos
materiales del texto constitucional son relevantes y resultan
vulnerados por las disposiciones legales que se impugnan2. No basta,
pues, con que el demandante se limite a transcribir la norma
constitucional o a recordar su contenido.

“Finalmente, (iii.) tendrán que presentarse las razones por las cuales
los textos normativos demandados violan la Constitución (artículo 2
numeral 3 del Decreto 2067 de 2000). Esta es una materia que ya ha
sido objeto de análisis por parte de la Corte Constitucional y en la
que se revela buena parte de la efectividad de la acción pública de
inconstitucionalidad como forma de control del poder público. La
efectividad del derecho político depende, como lo ha dicho esta
Corporación, de que las razones presentadas por el actor sean claras,
ciertas, específicas, pertinentes y suficientes3. De lo contrario, la
Corte terminará inhibiéndose, circunstancia que frustra “la
expectativa legítima de los demandantes de recibir un
pronunciamiento de fondo por parte de la Corte Constitucional”4.

“La claridad de la demanda es un requisito indispensable para


establecer la conducencia del concepto de la violación, pues aunque
“el carácter popular de la acción de inconstitucionalidad, [por regla
general], releva al ciudadano que la ejerce de hacer una exposición
erudita y técnica sobre las razones de oposición entre la norma que
acusa y el Estatuto Fundamental”5, no lo excusa del deber de seguir
un hilo conductor en la argumentación que permita al lector
comprender el contenido de su demanda y las justificaciones en las
que se basa (…)”.6

y 226 del Código Contencioso Administrativo, pues el actor no identificó claramente las disposiciones
constitucionales que resultaban vulneradas.
2 Cfr. Ibíd. Sentencia C-142 de 2001. En dicha oportunidad, tal y como fue referido, la falta de claridad en la
identificación de las normas constitucionales que se consideraban vulneradas, que sirvió de base para inhibir a la
Corte de realizar un pronunciamiento de fondo tuvo que ver con el siguiente hecho: el actor consideró que las
normas acusadas contrariaban 76 disposiciones constitucionales, no obstante, la Corte encontró que sólo respecto
de 10 de ellos el actor hizo manifiesta una contradicción posible entre el sentido de la disposición constitucional
infringida y las normas demandadas, sobre el que precedía un pronunciamiento de este Tribunal.
3 Cfr., entre varios, los Autos de Sala Plena 244 de 2001 (M.P. Jaime Córdoba Triviño) y de 2001 (M.P. Jaime
Córdoba Triviño). En dichas oportunidades la Corte, al resolver el recurso de súplica presentados por los actores,
confirmó los autos en los que se inadmitió la demanda por no presentar razones “específicas, claras, pertinentes y
suficientes”.
4 Cfr. Corte Constitucional Sentencia C-898 de 2001 M.P. Manuel José Cepeda Espinosa. La Corte se inhibió de
conocer la demanda contra algunos apartes de los artículos 186, 196, 208 y 214 del Decreto 1355 de 1970 por
ineptitud en la demanda.
5 Cfr Corte Constitucional Sentencia C-143 de 1993 M.P. José Gregorio Hernández. Estudió la Corte en aquella
a
ocasión la demanda de inconstitucionalidad contra los artículos 16 y 20 de la Ley 3 de 1986, 246, 249 y 250 del
Decreto 1222 de 1986. En el mismo sentido puede consultarse la Sentencia C-428 de 1996 M.P. Carlos Gaviria
Díaz.
6 Sentencia C-1052 de 2001 MP Manuel José cepeda Espinosa
Sin embargo, la jurisprudencia también ha precisado que al verificar el
cumplimiento de la referida exigencia la Corte no debe proceder con excesivo
rigor a tal punto que frustre el derecho a la tutela judicial efectiva dando lugar a
una suerte de denegación de justicia constitucional, por lo que en aplicación del
principio pro actione, y en consideración del carácter ciudadano de la acción de
inconstitucionalidad, le corresponde indagar en qué consiste la pretensión del
accionante para así evitar en lo posible un fallo inhibitorio. Al respecto la Corte
ha dicho:

“…con base en la jurisprudencia constitucional se ha considerado


que “la apreciación del cumplimiento de tales requerimientos ha de
hacerse en aplicación del principio pro actione de tal manera que se
garantice la eficacia de este procedimiento vital dentro del contexto
de una democracia participativa como la que anima la Constitución
del 91. Esto quiere decir que el rigor en el juicio que aplica la Corte
al examinar la demanda no puede convertirse en un método de
apreciación tan estricto que haga nugatorio el derecho reconocido al
actor y que la duda habrá de interpretarse a favor del demandante, es
decir, admitiendo la demanda y fallando de fondo.7” 8

En el caso bajo revisión advierte esta Corte que la demanda presentada por el
ciudadano Palacios Hernández es lacónica en la formulación de los cargos, pero
ello no significa que la lectura del libelo impida identificar fácilmente una
acusación capaz de suscitar un juicio constitucional, pues allí claramente se
plantea la violación de tres preceptos distintos del Ordenamiento Superior: el
artículo 13 referente al derecho a la igualdad, el artículo 42 sobre protección a la
familia y el artículo 48 atinente a la seguridad social, lo cual pone de presente
que los reproches formulados por el accionante son de naturaleza constitucional,
esto es, fundados en la apreciación del contenido de una norma superior.

Además, el actor explica la manera cómo, a su parecer, el segmento impugnado


del literal c) del artículo 13 de la Ley 797 de 2003 vulnera los citados mandatos

7 Sentencia C-1052 de 2001 M.P. Manuel José Cepeda Espinosa.


8 Sentencia C-480 de 2003 MP Jaime Córdoba Triviño
de la Carta Política, ya que expone todos los elementos de juicio necesarios para
iniciar el estudio de constitucionalidad del precepto objeto de reproche. Es así
como frente al desconocimiento del principio de igualdad consagrado en el
artículo 13 de la Carta argumenta que lo acusado es una tipificación consagrada
en razón de la edad del hijo beneficiario lo que en su parecer resulta
discriminatorio frente a los demás beneficiarios señalados en la misma
disposición legal; en relación con la violación del artículo 42 Superior sostiene
que a la luz de este precepto la protección de los miembros de la familia no
puede estar sujeta a límites temporales o cronológicos; y respecto de la
infracción al artículo 48 ibídem señala que lo acusado excluye a los hijos
beneficiarios mayores de 25 años del derecho a la seguridad social el cual tiene
carácter irrenunciable.

No existiendo entonces motivo que impida a la Corte pronunciarse sobre los


segmentos normativos impugnados del literal c) del artículo 13 de la Ley 797 de
2003, se procede a su análisis de fondo.

3. Problemas jurídicos a resolver

En criterio del demandante, “...la pensión es un derecho adquirido conforme a la


ley, que los beneficiarios de esta vienen a suceder el derecho que ya tiene la
calidad de adquirido, quedando excluidos los beneficiarios (hijos) del derecho
que en virtud gozan, por el hecho de cumplir 25 años de edad, estando en las
mismas condiciones y frente a la misma situación jurídica que los demás
beneficiarios, igualdad ente los iguales es lo que se profesa.” Por lo tanto,
sostiene, el Legislador limitó el derecho de continuar con el sistema de seguridad
social a los beneficiarios hijos cuando cumplan 25 años, con lo que les otorgó un
trato discriminatorio, pues no tiene en cuenta, que “las relaciones familiares se
basan en la igualdad de derechos y deberes de la pareja y en el respecto
recíproco entre todos sus integrantes”. Además, afirma, la limitación viola la
Constitución dado que el principio de universalidad es la garantía de protección a
todas las personas, sin ninguna discriminación, en todas las etapas de la vida, y
los hijos no dejan de ser personas por el hecho de cumplir los 25 años de edad.

Según el actor, si la Carta reconoce que las relaciones de familia se basan en la


igualdad de derechos y deberes de la pareja y en el respeto recíproco entre todos
sus integrantes, así como que la seguridad social debe sujeción al principio de
universalidad y es un derecho irrenunciable, todos los hijos de un pensionado
fallecido, sin límite de edad, tendrían un derecho adquirido a gozar de la
sustitución pensional.

Para los intervinientes y la Vista Fiscal, por el contrario, la norma se ajusta al


ordenamiento Superior y debe declararse exequible puesto que se trata de una
diferenciación razonable, basada en criterios no sospechosos de discriminación y
que se enmarca en el principio de solidaridad que caracteriza el sistema de
seguridad social con miras a la racionalización de los recursos. Así mismo,
consideran que la situación de los hijos mayores de 25 años que no están
incapacitados varía frente a la de los otros beneficiarios y por ello establecer
tratamientos disímiles está justificado.

Atendiendo el contenido de la demanda y de las intervenciones, corresponde a


la Corte absolver los siguientes interrogantes en relación con la expresión
impugnada del literal c) del artículo 13 de la Ley 797 de 2003, a saber:

¿ Desconoce el principio de igualdad consagrado en el artículo 13 de la Carta el


señalamiento de la edad de 25 años como límite para disfrutar de la pensión de
sobrevivientes en calidad de hijo incapacitado para trabajar en razón de los
estudios?

¿ Dicho límite de edad viola el artículo 42 de la Carta al restringir la protección


debida a los miembros de la familia por mandato de esta norma superior?

¿ El segmento impugnado infringe el artículo 48 de la Constitución al excluir a


los hijos beneficiarios mayores de 25 años del derecho a la seguridad social el
cual tiene carácter irrenunciable?

Con el fin dar contestación a estos problemas jurídicos la Corte estima


pertinente referirse previamente a la pensión de sobrevivientes, a la facultad del
legislador para determinar sus condiciones y requisitos, así como al sentido y
alcance de la sustitución pensional por razón de estudios. Abordados estos
asuntos entrará a analizar los cargos de la demanda.

4.- El sistema de seguridad social y de pensiones en particular. Diseño de


configuración Legal sujeto a ciertos parámetros.

Según el artículo 48 de la Constitución, la seguridad social es un derecho


irrenunciable que se debe garantizar a todos los habitantes, prestado bajo la
dirección, coordinación y control del Estado, como un servicio público de
carácter obligatorio sujeto a los principios de eficiencia, solidaridad y
universalidad, en los términos que establezca la ley. Este último principio, el de
universalidad, implica la garantía de la protección “para todas las personas sin
discriminación alguna durante todas las etapas de la vida”9.

La ley 100 de 1993 dispuso en el artículo 4º, como objetivo general del sistema
de seguridad social integral, el de garantizar los derechos irrenunciables de la
persona y la comunidad para asegurar una calidad de vida acorde con la dignidad
humana, mediante la protección de las contingencias que la afecten. El sistema
comprende las obligaciones del Estado y la sociedad, las instituciones y los
recursos destinados a garantizar la cobertura de las prestaciones de carácter
económico, de salud y servicios complementarios allí previstas, u otras que se
incorporen normativamente en el futuro. Así, según el artículo 7º ídem., el
sistema de seguridad social integral garantiza el cubrimiento de las contingencias
económicas y de salud, y la prestación de servicios sociales complementarios, en
los términos y bajo las modalidades previstos por esta ley.

De acuerdo con la regulación legal establecida para el efecto, el servicio será


prestado en el marco del sistema de seguridad social integral, en orden a la
ampliación progresiva de la cobertura a todos los sectores de la población, en los
términos establecidos en dicha ley10. Es esencial en lo relacionado con el sistema
de seguridad social en salud, pero frente al sistema general de pensiones sólo
tiene esa condición en aquellas actividades directamente vinculadas con el
reconocimiento y pago de las pensiones11.

En cuanto a la seguridad social, como derecho prestacional que es, la


Constitución habilitó al Legislador para la configuración del sistema, pero con
sujeción a los principios fundamentales determinados en Constitución12. Además,
la seguridad social es un conjunto de derechos cuya eficacia compromete al
Estado, la sociedad, la familia y la persona, quienes gradualmente deben quedar

9 Ley 100 de 1993, art. 2º.


10 Ley 100 de 1993, art. 3º.
11 Ley 100 de 1993, art. 4º.
12 Sentencias C-086 de 2002 y C-107 de 2002.
comprometidos en ella13; es un servicio público que se presta a través del sistema
de seguridad social integral, y cuyo objeto, es alcanzar una calidad de vida
acorde con la dignidad humana, mediante la protección de las contingencias que
la afecten, cubriendo las de carácter económico y de salud, y la prestación de
servicios sociales complementarios, en los términos y bajo las modalidades
previstos por esta ley.

En cuanto hace referencia específica al sistema general de pensiones, tiene por


objeto garantizar a la población el amparo contra las contingencias derivadas de
la vejez, la invalidez y la muerte, mediante el reconocimiento de las pensiones y
prestaciones que se determinan en la ley que las regula 14, así como propender por
la ampliación progresiva de cobertura a los segmentos de población no cubiertos
con un sistema de pensiones.

El sistema general de pensiones tiene como característica la obligatoriedad de la


afiliación y de efectuar los aportes correspondientes, la libertad del trabajador
para seleccionar el régimen pensional al cual quiere vincularse, la posibilidad de
traslado previo el cumplimiento de ciertos requisitos, y el derecho al
reconocimiento y pago de las prestaciones y de las pensiones de invalidez, vejez
y de sobrevivientes acumulando cotizaciones en la forma dispuesta por el
Legislador15. El modelo está compuesto por dos regímenes solidarios
excluyentes pero que coexisten, a saber: Régimen solidario de prima media con
prestación definida y Régimen de ahorro individual con solidaridad.

Atendiendo el principio de universalidad, le corresponde al Legislador, en


ejercicio de su potestad de configuración, determinar los mecanismos a través de
los cuales garantizará a la población el amparo contra las contingencias
derivadas de la vejez, la invalidez o la muerte, mediante el reconocimiento de
pensiones y prestaciones previo el lleno de ciertos requisitos determinados en la
misma ley. Fue así como dispuso la obligatoriedad de afiliación al régimen para
todos los trabajadores dependientes e independientes y la creación del Fondo de
Solidaridad Pensional, con miras a garantizar a los afiliados una pensión mínima
y ampliar la cobertura progresivamente a grupos poblacionales que por sus
características socio económicas carecen de capacidad contributiva.

Es así como a través de la creación del Fondo de Solidaridad Pensional y de


Garantía de pensión mínima se busca ampliar la cobertura en pensiones,
mediante el subsidio a los aportes al Régimen General de Pensiones de los
trabajadores asalariados o independientes del sector rural y urbano que, por sus
características y condiciones socioeconómicas carezcan de los recursos para
efectuar la totalidad de los aportes, tales como trabajadores independientes o
reempleados, artistas, deportistas, madres comunitarias y discapacitados, entre
otros, en las condiciones que establezca la ley16. También se creó una subcuenta
de subsistencia del Fondo citado, destinada a la protección de las personas en
13 Sentencia C-408 de 1994.
14 Ley 100 de 1993 y disposiciones complementarias.
15 Sentencia C-107 de 2002.
16 Ley 100 de 1993, arts. 25 y sig. Y normas complementarias.
estado de indigencia o de pobreza extrema, mediante un subsidio económico,
cuyo monto, origen y regulación se establece en la ley.

Además, en virtud de los principios de eficiencia, universalidad y solidaridad,


bien puede el Legislador adoptar, dentro del ámbito de su potestad de
configuración, las medidas y requisitos que estime adecuados para asegurar la
ampliación progresiva de la cobertura de la seguridad social y la garantía a todos
los habitantes del derecho irrenunciable a la seguridad social17.

Requisitos determinados por el Legislador para acceder al derecho a obtener una


pensión u otro de los beneficios establecidos en el sistema, que también se
orientan a dar desarrollo al principio de solidaridad que igualmente rige el
derecho a la seguridad social, y que implica que todos los partícipes del sistema
contribuyan a su sostenibilidad, equidad y eficiencia, lo cual explica que sus
miembros deben en general cotizar, no solo para poder recibir los distintos
beneficios, sino además para preservar el sistema en su conjunto18.

No obstante, como lo ha considerado esta Corporación, el Congreso no goza de


una capacidad de configuración absoluta en materia de seguridad social, “por
cuanto la Carta establece unos principios básicos que obligatoriamente orientan
la seguridad social, y que por ende limitan la libertad de configuración del
Legislador. Dichos límites están señalados en la misma Constitución Política, y
son tanto de carácter formal (competencia, procedimiento y forma), como de
carácter sustancial, que están determinados por los valores y principios en que
se funda el Estado social de derecho (dignidad de la persona humana) y en las
cláusulas propias del modelo económico de la Constitución (intervención del
Estado y planificación económica, propiedad privada y libertad de empresa e
iniciativa privada.”19

Uno de los límites es, precisamente, el respeto de los derechos fundamentales


como la igualdad. En efecto, “al ejercer la potestad de configuración, el
Legislador debe respetar el principio de igualdad, el cual exige que las personas
colocadas en igual situación sean tratadas de la misma manera, prohíbe dentro
de un mismo régimen pensional una desigualdad de trato que no esté basada en
criterios objetivos y razonables e impide que existan entre prestaciones
separables y autónomas de diversos regímenes diferencias de trato que sean
manifiestamente desproporcionadas sin que exista un beneficio compensatorio
evidente que justifique tal desproporción.”20.

La pregunta que surge es entonces si, en el asunto sometido a consideración de la


Corte, el Legislador infringió el derecho a la igualdad para el caso de los hijos
del pensionado fallecido que superen la edad de 25 años y no se encuentren en
estado de invalidez, quienes pierden el derecho a continuar recibiendo la pensión
de sobrevivientes.
17 Sentencia C-1089 de 2003.
18 Ver entre otras sentencias C-967 de 2003, C-126 de 2000 y C-1089 de 2003.
19 Ver sentencias C-130 de 2002 y C-1089 de 2003.
20 Sentencia SU-975 de 2003.
5.- La edad como criterio de diferenciación válido en el caso de la pensión de
sobrevivientes. Constitucionalidad de la expresión “y hasta los 25 años” del
literal c) del artículo 47 de la Ley 100 de 1993, modificado por el artículo 13
de la Ley 797 de 2003.

En ejercicio del amplio margen de configuración normativa del que goza en esta
materia, el Legislador dispuso en la norma demandada, entre otros, los siguientes
beneficiarios de la pensión de sobrevivientes:

c) Los hijos menores de 18 años; los hijos mayores de 18 años y hasta


los 25 años, incapacitados para trabajar por razón de sus estudios y si
dependían económicamente del causante al momento de su muerte,
siempre y cuando acrediten debidamente su condición de estudiantes y
cumplan con el mínimo de condiciones académicas que establezca el
Gobierno; y, los hijos inválidos si dependían económicamente del
causante, esto es, que no tienen ingresos adicionales, mientras subsistan
las condiciones de invalidez. Para determinar cuando hay invalidez se
aplicará el criterio previsto por el artículo 38 de la Ley 100 de 1993.

Se observa entonces que el Legislador escogió, para éste caso, la filiación, la


edad, la dependencia económica y la capacidad como criterios para regular el
derecho a la pensión de sobrevivientes: que se trate de hijos menores de 18 años,
de hijos mayores de 18 y hasta los 25 años incapacitados para trabajar por razón
de sus estudios, o de hijos inválidos, si dependían económicamente del causante
al momento de su muerte, son las exigencias necesarias para obtener la pensión
de sobrevivientes.

En relación con los hijos habidos en el matrimonio o fuera de él, adoptados o


procreados naturalmente o con asistencia científica, dispone la Constitución en el
artículo 42 que tienen iguales derechos y al respecto es poco lo que se puede
añadir. No obstante, conviene considerar que la igualdad de derechos y deberes
entre los hijos que pregona la norma constitucional en comento está orientada,
fundamentalmente, a remover la discriminación que históricamente había
operado por el hecho de no haber sido procreados los hijos dentro del
matrimonio o por causa de la adopción, pero no a enervar la facultad del
Legislador de establecer un tratamiento diferencial entre los hijos cuando
razones de orden objetivo así lo ameriten, que es lo que acontece precisamente
en el asunto bajo revisión donde se ha apelado al criterio de la edad para fijar un
límite razonable al disfrute de la pensión de sobrevivientes.

Es preciso recordar que el principio de igualdad, contemplado en el artículo 13


de la Constitución, reconoce la igualdad ante la ley a todas las personas, la
igualdad de protección ante las autoridades y la igualdad de trato, y reconoce a
todas las personas el goce de los mismos derechos, libertades y oportunidades,
sin discriminación por razones de sexo, raza, origen nacional o familiar,
lenguaje, religión, opinión política o filosófica. Es claro entonces que en ese
artículo no se hace expresamente ninguna previsión en cuanto a la edad se
refiere. Y, como se explica en seguida, también lo es que el establecimiento de
una edad máxima para tener derecho a la sustitución pensional, veinticinco (25)
años en el caso de los hijos sin invalidez, no afecta poblaciones que se
encuentran en situación de debilidad manifiesta.

La Carta Política no prohíbe que se establezcan diferenciaciones por razón de la


edad. Por el contrario, es un criterio al que apeló el propio Constituyente para
distribuir derechos y obligaciones, ordenando a las autoridades que tomen en
cuenta la edad en sus determinaciones, como por ejemplo los derechos de
ciudadanía que suponen que la persona haya accedido a la mayoría de edad, el
status especial de los derechos de los niños, o la determinación de la edad para
acceder a ciertos cargos públicos y la edad de retiro forzoso.21

Sobre la edad como criterio para establecer tratamientos diferenciales la Corte ha


explicado que no constituye un criterio sospechoso de discriminación,
precisamente porque no está asociado a patrones históricos de exclusión, aunque
en algunos casos puede resultar más problemático, en especial cuando se impide
ejercer un oficio o desarrollar cierta actividad por haber llegado a cierta edad.22
Así, en la Sentencia C-093 de 2001, MP. Alejandro Martínez Caballero, al
analizar la cuestión la Corte explicó:

“Todo lo anterior muestra que no todas las diferenciaciones por razón de


la edad deben ser tratadas de la misma manera, ya que mientras no
parece potencialmente discriminatorio que la ley exija edades mínimas
para ciertos efectos, por el contrario resulta mucho más problemático que
la ley establezca límites máximos a partir de los cuáles a una persona se
le prohíbe realizar determinada actividad. Esto explica, en cierta medida,
que esta Corte haya constatado discriminaciones por razón de edad
únicamente en casos en donde se impedía a ciertas personas ejercer un
oficio o acceder a una carrera después de cierta edad, mientras que esta
Corporación ha admitido regulaciones que establecían una edad mínima
para poder ejercer un cierto cargo”

Pues bien, para el caso de la seguridad social, y particularmente en el ámbito de


la pensión de sobrevivientes, la Sala considera que lejos de constituir un criterio
sospechoso de discriminación la edad constituye uno de los factores apropiados
para establecer tratamientos diferenciales y en esa medida su utilización es
prima facie legítima. En efecto, además de tratarse de un asunto (régimen
pensional) frente al que el Legislador goza de un relativamente amplio margen

21 Cfr. Sentencia C-093 de 2001, MP. Alejandro Martínez Caballero.


22 Ver entre otras las sentencias C-676 de 1998, T-395 de 1997, SU-224 de 1998, T-394 de 1999 y C-093 de
2001
de configuración normativa, armoniza con el significado y finalidad de la
pensión de sobrevivientes en el marco del sistema general de seguridad social
anteriormente descrito.

La jurisprudencia constitucional se ha referido al significado y finalidad de la


pensión de sobrevivientes. Es así como desde sus primeros pronunciamientos
dejó en claro que el derecho a la pensión a la sustitución pensional configura un
medio de garantía de otros derechos y valores con claro reconocimiento
constitucional. En la Sentencia T-173 de 1994, MP. Alejandro Martínez
Caballero, la Corte expresó:

“Este derecho es cierto e indiscutible, irrenunciable; la transmisión en el


sector privado fue reglada por la Ley 33 de 1973 artículo 1º. Teniendo
como antecedentes el Código Sustantivo del Trabajo art. 275, Ley 171 de
1961 art. 12, Ley 5º de 1969 art. 1º, Decreto 435 de 1971 art. 15 y la Ley
10 de 1972 art. 10. En la Ley 100 de 1993 a esta situación se le da el
calificativo de PENSION DE SOBREVIVIENTES (artículo 46 a 49). Se
ratifica que a ella tiene derecho en forma vitalicia el cónyuge supérstite y
se aclara que además son beneficiarios los hijos menores de 18 años y
hasta los 25 siempre que estén incapacitados para trabajar por razón de
sus estudios y si dependían económicamente del causante al momento de su
muerte, y, los hijos inválidos si dependían económicamente del causante y
mientras subsistan las condiciones de invalidez (art. 47-b)
Ese derecho, para los beneficiarios es derecho fundamental por estar
contenido dentro de valores tutelables: el derecho a la vida, a la seguridad
social, a la salud, al trabajo. Es inalienable, inherente y esencial.(...)”.
(Subraya la Sala de la Sentencia).

De la misma forma, ha explicado que la sustitución pensional constituye un


derecho a gozar de los beneficios de una prestación económica antes percibida
por un afiliado o pensionado, sin que implique el reconocimiento del derecho a
la pensión sino la legitimación para reemplazar a la persona que venía gozando
del mismo. Así lo dejó sentado en la Sentencia T-190 de 1993 MP Eduardo
Cifuentes Muñoz:

“La sustitución pensional, de otra parte, es un derecho que permite a una o


varias personas entrar a gozar de los beneficios de una prestación
económica antes percibida por otra, lo cual no significa el reconocimiento
del derecho a la pensión sino la legitimación para reemplazar a la persona
que venía gozando de este derecho. Los beneficiarios de la sustitución de
las pensiones de jubilación, invalidez y de vejez, una vez haya fallecido el
trabajador pensionado o con derecho a la pensión, son el cónyuge
supérstite o compañero (a) permanente, los hijos menores o inválidos y los
padres o hermanos inválidos que dependan económicamente del
pensionado (Ley 12 de 1975, art. 1º y Ley 113 de 1985, art. 1º, parágrafo
1º). La sustitución pensional tiene como finalidad evitar que las personas
allegadas al trabajador y beneficiarias del producto de su actividad
laboral queden por el simple hecho de su fallecimiento en el desamparo o
la desprotección. Principios de justicia retributiva y de equidad justifican
que las personas que constituían la familia del trabajador tengan derecho
a la prestación pensional del fallecido para mitigar el riesgo de viudez y
orfandad al permitirles gozar post-mortem del status laboral del
trabajador fallecido”.

Con todo, la Corte también ha precisado que la pensión de sobrevivientes es uno


de los mecanismos instituidos por el legislador para la consecución del objetivo
de la seguridad social de amparar a la población contra las contingencias
derivadas de la vejez, la invalidez y la muerte. En Sentencia C-1094 de 2003,
MP. Jaime Córdoba Triviño, dijo al respecto:

“La Constitución Política consagra una serie de mandatos referentes a la


naturaleza, cobertura y efectos de la seguridad social. En el artículo 48 la
define como un servicio público de carácter obligatorio, que se prestará bajo
la dirección, coordinación y control del Estado, con sujeción a los principios
de eficiencia, universalidad y solidaridad, en los términos que establezca la
ley. Dispone igualmente la Carta que la seguridad social es un derecho
irrenunciable que se garantiza a todos los habitantes (art. 48).

“Por su parte, el legislador ha dispuesto que el sistema general de pensiones


tiene por objeto garantizar a la población, el amparo contra las
contingencias derivadas de la vejez, la invalidez y la muerte, mediante el
reconocimiento de las pensiones y prestaciones que se determinan en ley, así
como propender por la ampliación progresiva de cobertura a los segmentos
de población no cubiertos con un sistema de pensiones23.
“La pensión de sobrevivientes constituye entonces uno de los mecanismos
instituidos por el legislador para la consecución del objetivo de la seguridad
social antes mencionado”.

En este orden de ideas, la pensión de sobrevivientes atiende un importante


objetivo constitucional cual es la protección de la familia como núcleo
fundamental de la sociedad, pues con esta prestación se pretende que las
personas que dependían económicamente del causante puedan seguir atendiendo
sus necesidades de subsistencia24, sin que vean alterada la situación social y
económica con que contaban en vida del pensionado o afiliado que ha fallecido 25.

23 Artículo 10 de la Ley 100 de 1993.


24 Al respecto esta Corporación había señalado que el propósito perseguido por la Ley al establecer la pensión
de sobrevivientes, es la de ofrecer un marco de protección a los familiares del afiliado o del pensionado que
fallece, frente a las contingencias económicas derivadas de su muerte. Sentencia C-1176-01, M.P. Marco
Gerardo Monroy Cabra.
25 Corte Constitucional. Sentencia C-002-99, M.P. Antonio Barrera Carbonell.
Por ello la ley prevé que, en aplicación de un determinado orden de prelación, las
personas más cercanas que dependían del causante y compartían con él su vida,
reciban una pensión para satisfacer sus necesidades económicas más urgentes26.
Sin embargo, la jurisprudencia ha precisado que el régimen de la pensión de
sobrevivientes no se inspira en la acumulación de un capital que permita
financiarla, sino en el aseguramiento del riesgo de deceso del afiliado. En
Sentencia C-617 de 2001 MP Alvaro Tafur Gálvis, la Corte sostuvo lo siguiente
en relación con este punto:

“(…) en lo referente a la pensión de sobrevivientes, su régimen no se


fundamenta en el hecho de la acumulación de un capital suficiente
para financiar una pensión, sino en el aseguramiento del riesgo de
fallecimiento del afiliado. Por esa razón el legislador, al regular la
pensión de sobrevivientes, previó un tiempo mínimo de cotización,
partiendo de la base que las sumas recibidas para cubrir el riesgo de
muerte, unidas a las que aportan todos los demás afiliados cotizantes,
resultaban suficientes para generar un fondo común separado o una
mutualidad que asumiera estas prestaciones.

“Conforme a lo dispuesto en el artículo 20 de la Ley 100 de 1993, las


cotizaciones obligatorias a los regímenes del sistema general de
pensiones son el equivalente a la suma de los aportes para la pensión
de vejez, que se calculan sobre el ingreso base de cotización de que
tratan los artículos 18 y 19 de la misma ley, de acuerdo con los
porcentajes en ella fijados gradualmente a partir de 1994, y con la
tasa del 3.5% establecida tanto en el Seguro Social como en los fondos
de pensiones, para pagar las pensiones de invalidez y de sobrevivientes
y los gastos de administración del sistema, incluida la prima del
reaseguro con el fondo de garantías correspondiente.

“En este sentido debe tenerse en cuenta que las pensiones de invalidez
y de sobrevivientes se consagran dentro de un sistema de
aseguramiento, por lo que quien está cotizando, paga el costo de esa
protección, con lo que se asegura además su fidelidad al sistema –otro
de los objetivos de la norma- que permite la aplicación de los
principios de solidaridad y universalidad señalados en la Constitución
para el sistema de seguridad social, al generar un fondo común que
financia estas pensiones de invalidez y sobrevivencia tanto en el caso
del régimen de prima media –a través de una cuenta separada para
este efecto- como en el caso del régimen de ahorro individual –a través
de una compañía de seguros- (artículo 20 de la Ley 100 de 1993).

“Cabe recalcar al respecto, que en la pensión de sobrevivientes hay


entonces “un elemento de seguro”27, por lo que quien paga la prima
anual está cubierto, mientras que quien no la ha cancelado, no puede
26 Corte Constitucional. Sentencia C-080-99
27 Intervención del Ministerio de Hacienda y Crédito Público Folio 24.
gozar de cobertura. Empero el legislador en todo caso otorgó a quien
haya estado afiliado pero no cotiza actualmente, un período de
cobertura adicional, pues exige solamente 26 semanas de cotización en
el año inmediatamente anterior al fallecimiento”.

Pero, es claro que en el ejercicio de su potestad normativa, el Legislador dispuso


que tal reconocimiento se encuentra supeditado a ciertos requisitos, como es que
se trate de un miembro del grupo familiar del pensionado (por vejez o invalidez)
que fallezca, siempre que éste se encuentre afiliado al sistema y hubiere cotizado
por lo menos veintiséis (26) semanas al momento de la muerte, o que habiendo
dejado de cotizar al sistema hubiere efectuado aportes durante por lo menos
veintiséis (26) semanas del año inmediatamente anterior al momento en que se
produzca la muerte. Sus beneficiarios son, precisamente, las personas del grupo
familiar del pensionado fallecido determinadas en el artículo 47 de la Ley 100 de
1993, modificado por el artículo 13 de la Ley 797 de 2003, del que luego se hará
referencia.

Pero en ejercicio de la potestad de configuración, el Legislador no dispuso que


todos los miembros de un grupo familiar pudieran acceder a la pensión de
sobrevivientes. Así en relación con los hijos, consagró que todos los menores de
18 años tendrían el derecho de acceder a ella, lo cual se explica ante la
presunción de incapacidad para trabajar y asumir de forma autónoma sus propias
obligaciones; los hijos inválidos que dependían económicamente del causante,
algo justificado teniendo en cuenta la carencia de recursos adicionales y la
imposibilidad de obtenerlos en razón de la minusvalía física mientras subsistan
las condiciones de invalidez; y finalmente, respecto de los hijos mayores
determinó que tendrán derecho a la sustitución pensional hasta los 25 años, si
estuvieren incapacitados para trabajar por razón de sus estudios y dependían
económicamente del causante al momento de su muerte, para lo cual son de
recibo las explicaciones previas.

Así las cosas, los anteriores razones ponen de presente que no puede equipararse
la situación de todos los hijos en lo relativo al disfrute de la pensión de
sobrevivientes, pues no es igual la situación de los hijos menores de edad, cuya
vulnerabilidad es evidente en razón de dicha circunstancia, ni la de los hijos
inválidos si dependían económicamente del causante mientras subsistan las
condiciones de invalidez, que también merecen una protección especial debido a
su debilidad manifiesta, con la de los hijos mayores de edad, aptos para ingresar
a la vía laboral pero a los que el Legislador quiso otorgarles una protección
adicional hasta los 25 años para afianzar su formación académica con miras a un
mejor desempeño futuro.

En relación con estos últimos, a quienes hace referencia la norma acusada de


inconstitucionalidad, en la Sentencia T-780 de 1999, MP. Alvaro Tafur Galvis, la
Corte explicó que la sustitución pensional también busca proteger la educación
como forma de dar cumplimiento a un fin esencial del Estado (asegurar la
vigencia de un orden justo), y de asegurar la dimensión positiva del principio de
igualdad para proteger a quienes se hallan en una situación de vulnerabilidad y a
causa de sus estudios requieren durante algún tiempo un tratamiento diferencial.
Dijo entonces lo siguiente:

“En este orden de ideas, la protección especial estatal predicable del


derecho a la sustitución pensional por estudios, tiene su razón de ser en el
estado de debilidad manifiesta que presenta la persona que hasta ahora
ostenta la calidad de estudiante, por cuanto es indudable su estado de
indefensión cuando apenas transita por el camino de la formación
educativa, en aras de acceder a un conocimiento que le permita valerse
por sí misma, a través de la capacitación para ejercer una profesión u
oficio y alcanzar un desarrollo humano integral, con la posibilidad de
desenvolverse autónomamente en el campo laboral, personal y social.

“El Estado frente a esas condiciones y a través de sus distintos órganos,


debe realizar un acondicionamiento general de garantías respecto de la
debilidad que muestra ese grupo de ciudadanos, para lo cual habrá de
desechar las restricciones que impidan la realización del derecho a la
educación y de los demás derechos que con la sustitución pensional se
protegen y que, por el contrario, agraven la situación de inferioridad.

“Cabe anotar, que la exigencia de esa protección estatal al estudiante que


ha obtenido una sustitución pensional se afianza, aún más, en la
consideración de las características naturales del momento de la vida en la
cual aquella es reconocida, es esto es dentro de una etapa que cobija la
adolescencia y los comienzos de la edad adulta, pues ese derecho
pensional es reconocido a los 18 años del beneficiario, edad en la cual el
ambiente familiar, los valores sociales y culturales inciden en la
estructuración de la personalidad, de una identidad propia y autónoma de
la de los padres, y que naturalmente se refleja en la definición de sus metas
de desarrollo integral futuros, especialmente en lo relacionado con su
profesión u oficio.

“Con el fin de establecer parámetros precisos para alcanzar la


socialización del adolescente colombiano, el Constituyente de 1991
determinó que éste “tiene derecho a la protección y a la formación
integral. El Estado y la sociedad garantizan la participación activa de los
jóvenes en los organismos públicos y privados que tengan a cargo la
protección, educación y progreso de la juventud” (C.P., art. 45).

“De manera que, se le reconoce una obligación al Estado de proteger


especialmente a estas personas dadas sus condiciones especiales y
vulnerables de desarrollo humano.”.

En efecto, tal como se advirtió en el acápite anterior, el hijo mayor que ostenta la
condición de estudiante también se encuentra en situación de vulnerabilidad por
hallarse en una etapa de la vida, la adolescencia y los comienzos de la edad
adulta, en la cual apenas se está estructurando su personalidad y se transita por el
camino de la formación educativa, donde pretende adquirir un nivel de
formación que le permita valerse por si mismo en un futuro próximo, es decir,
adquirir una identidad propia y autónoma frente a la de sus padres apta para
procurarse su sustento sin depender económicamente de ellos. Es por tal motivo
que se justifica su inclusión como beneficiario de la pensión de sobrevivientes,
dado, además, que se trata de una medida que contribuye a realizar el derecho a
la educación y de forma indirecta otros derechos que con la sustitución se
protegen, la que de no haberse adoptado haría más difícil su situación futura.
Sin embargo, para la Corte es claro, la condición de hijo dependiente por razón
de sus estudios no puede prolongarse indefinidamente en el tiempo como lo
pretende el demandante, pues de ser así la consecuencia sería entronizar en la
norma un tratamiento que no tomara en consideración otras circunstancias
externas, y ni siquiera las condiciones disímiles entre los hijos, de tal manera que
se les daría a estos últimos un tratamiento formalmente igual a pesar de la
existencia de condiciones fácticas disímiles, contrario al principio de igualdad
material respecto de los menores de edad y los incapacitados, quienes no pueden
ser tratados de igual manera en relación con los mayores y plenamente capaces.
Valga recordar entonces que para la consecución de una igualdad real y efectiva
no es posible dar un tratamiento normativo igual a situaciones fácticas
sustancialmente diferentes.
El límite de 25 años de edad para acceder a la pensión de sobrevivientes en el
caso de los hijos sin invalidez no puede ser interpretado entonces como un acto
de discriminación entre los hijos, o con motivo de la edad, sino como una
medida de diferenciación fundada en el hecho objetivo de haber llegado a una
etapa de la vida en la cual es sensato suponer que la persona ha adquirido un
nivel de capacitación suficiente para trabajar y procurarse su propio sustento.
En efecto, la experiencia indica que la adquisición de la autonomía en las
personas tiene un referente cronológico que se ha identificado en los comienzos
de la edad adulta, época en la cual se espera que la persona haya culminado sus
estudios, incluso los de nivel superior, que la habilitan para enfrentar su destino
en forma independiente28. En este sentido la edad de 25 años viene a ser un
criterio razonable ya que para ese momento los hijos dependientes de sus padres
cuentan, por lo general, con una profesión u oficio que les permite lograr su
independencia económica y proveerse su propio sustento, motivo por el cual se
encuentra justificada su exclusión como beneficiarios de la sustitución pensional,
pues ya no se trata de una persona en condiciones de vulnerabilidad que por lo
tanto necesite medidas de protección especial.

28 Según estudios especializados, la adultez joven o juventud comienza a los 20 años de edad y va hasta los 40 o
45 años, y es un período del desarrollo de la persona donde lo ideal es elegir una pareja, establecer una relación,
plantearse la paternidad, lograr amistades duraderas y obtener un trabajo estable. Información tomada del
documento “El adulto joven” , preparado en el Seminario realizado por Elena Lara M., Cecilia Martínez F., Ma.
Paola Pandolfi P., Karin Penroz C.,Romina Perfetti M. y Gabriela Pino H., estudiantes de Psicología de la
Universidad de Concepción (Chile). En http://www.apsique.com/tiki-index.php?page=DesaJoven#concep
A todo lo anterior hay que añadir que el establecimiento de una edad límite
razonable para disfrutar de la pensión de sobrevivientes hace posible que los
recursos de la seguridad social lleguen a quienes realmente los necesitan, esto es,
a las personas del grupo familiar que han quedado desprotegidas a raíz de la
muerte del progenitor o a sujetos externos carentes de recursos. Se permite,
entonces, dar cumplimiento también a los principios constitucionales de
eficiencia, universalidad y solidaridad, sobre los cuales debe edificarse el
derecho a la seguridad social.
Así las cosas, el hecho de que el hijo mayor de 25 años no pueda seguir siendo
beneficiario de la pensión de sobrevivientes no quiere significar que quede
desamparado sin seguridad social, pues habiendo adquirido a esa edad un grado
de formación intelectual debe estar en capacidad de incorporarse a la vía laboral
y contribuir al sistema de seguridad social como trabajador dependiente o
independiente, con el fin de obtener una pensión de vejez bien sea en el régimen
contributivo o incluso en el subsidiado si llegare a carecer de solvencia
económica.
Sobre esta cuestión, a propósito de los límites de edad para el disfrute de los
derechos derivados de la seguridad social, la Corte, en un caso similar al que se
examina ahora, al analizar la situación del cónyuge supérstite menor de 30 años
sin hijos con el causante, declaró exequible el límite de 20 años a la pensión de
sobrevivientes (literal b del artículo 13 de la Ley 797 de 2003). Así, en la
mencionada Sentencia C-1094 de 2003, MP Jaime Córdoba Triviño, la Corte
concluyó que las personas menores de la referida edad no quedan desprotegidas
en materia pensional, pues deben asumir una actitud acorde con el principio de
solidaridad haciendo sus propios aportes al sistema de seguridad social. Dijo
entonces:

“(…) la Corte encuentra razonable la distinción que, en ejercicio de


su amplia libertad de configuración, el legislador ha hecho del
cónyuge o compañera o compañero permanente supérstite en razón de
la edad o de la procreación de hijos con el causante. Tanto es que los
menores de 30 años, sin hijos con el causante, no se ven desprotegidos
por el sistema general de pensiones. Lo que se les exige es que dada su
juventud y ante la no procreación de hijos con el causante, que genere
obligaciones a más largo plazo, asuma una actitud acorde con el
principio de solidaridad de la seguridad social y se afilie al sistema.
La ley le garantiza una pensión de sobrevivientes hasta por 20 años,
que esta Corporación estima suficiente y razonable para efectuar las
cotizaciones respectivas y obtener el reconocimiento de su pensión.

“De tal manera que esa disposición no vulnera el derecho a la


igualdad por cuanto los menores de 30 años, sin hijos con el causante,
no están en el mismo plano frente a las personas mayores de esa edad
o con hijos procreados con el pensionado fallecido. Menos aún se
vulnera el principio de unidad de materia por cuanto la legislación
emitida en aspectos de seguridad social corresponde a los mandatos
incorporados en el artículo 48 de la Constitución y no en el artículo
42, como lo estiman los actores. Tampoco se vulnera el derecho a la
seguridad social pues sus mandatos se ajustan a los preceptos
contemplados en el artículo 48 de la Carta Política, que reconoce una
amplia libertad de configuración en estas materias. Por ello, desde la
óptica propuesta por los accionantes, los literales a) y b) no vulneran,
en lo demandado, los artículos superiores invocados en su demanda”.

Trayendo estos mismos argumentos al caso que se examina puede concluirse,


por tanto, que resulta compatible con los artículos 13, 42 y 48 de la Carta fijar un
límite de 25 años de edad al disfrute de la pensión de sobrevivientes para el hijo
incapacitado para trabajar por razón de los estudios y si dependía
económicamente del causante al momento de su muerte, pues la persona que
supera esa edad no está en una situación de indefensión o vulnerabilidad que
justifique incluirla como beneficiaria de dicha prestación ya que habiendo
adquirido un nivel de capacitación se encuentra en condiciones de trabajar y
contribuir al sistema de seguridad social, haciéndose por tanto acreedora en
forma directa a los beneficios a que hubiere lugar.

Por todo lo expuesto la Corte declarará la exequibilidad de la expresión “y hasta


los 25 años”, del literal c) del artículo 13 de la Ley 797 de 2003.

VII. DECISIÓN

En mérito de lo expuesto, la Sala Plena de la Corte Constitucional,


administrando justicia en nombre del pueblo y por mandato de la Constitución,

RESUELVE:

Declarar EXEQUIBLE la expresión “y hasta los 25 años” del artículo 13 de la


Ley 797 de 2003.

Notifíquese, comuníquese, publíquese, insértese en la Gaceta de la Corte


Constitucional y archívese el expediente.

JAIME ARAUJO RENTERIA


Presidente
ALFREDO BELTRAN SIERRA
Magistrado

MANUEL JOSÉ CEPEDA ESPINOSA


Magistrado

JAIME CORDOBA TRIVIÑO


Magistrado

RODRIGO ESCOBAR GIL


Magistrado

MARCO GERARDO MONROY CABRA


Magistrado

HUMBERTO ANTONIO SIERRA PORTO


Magistrado

ALVARO TAFUR GALVIS


Magistrado

CLARA INES VARGAS HERNANDEZ


Magistrada

MARTHA VICTORIA SACHICA DE MONCALEANO


Secretaria General

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