NOMBRE: DELIBETH DIAZ PERALTA
JUSTICIA POR SU PROPIA CUENTA
(PRIMIGENIA)
Las personas de los diversos orígenes africanos no eran sujetos de derecho frente a la
corona española pero sus vidas en las colonias estaban legalmente reglamentadas en un
código llamado el código negro (1685) en donde enuncia totas las prohibiciones a los
esclavos y determina las sanciones que se les aplicaran por desobedecer y además establece
su cristianización y las condiciones de su libertad.
Declara al esclavo como un bien una cosa de la cual su propietario puede disponer
libremente. Se los considera incapaces de decidir y suscribir contratos por sí mismos, y
brindar testimonio en un juicio, No pueden tener posesiones, Se les prohíbe beber alcohol,
portar armas, reunirse y huir de las plantaciones, Prevé castigos -azotes y muerte- para los
fugitivos y capturados, Si quedaba libre su comportamiento frente a los blancos debía ser
de sumisión
Actualmente en Colombia esta comunidad goza de derechos y deberes consagrados en una
constitución sin embargo la justicia adoptada no ha gozado de un reconocimiento amplio
por parte Estado. Lo que iría en contravía de la Ley 70 de 1993, que se basa en el principio
de reconocimiento y protección de diversidad étnica y cultural de “todas las culturas que
conforman la nacionalidad colombiana”.
Las comunidades negras no solo exigen actualmente un reconocimiento efectivo de su
justicia propia, sino un mejor acceso a la justicia en general.
“Agustina, quemo la hacienda de su amo como reacción ante un maltrato que había pasado
todos los límites” fue un icono para las mujeres para las mujeres del choco y de Colombia
en genera ya se caracteriza por su valentía al denunciar sobre el maltrato que ejerce el
esclavista sobre ella y posteriormente ele provoca un aborto. Y es ahí donde agustina
emprende una lucha con las mujeres esclavizadas de su momento.
Hoy por hoy, las mujeres representan el 85,7 por ciento de las víctimas de violencia sexual
en Colombia. De este total, las menores de edad son las más afectadas con un 86 por ciento,
especialmente aquellas niñas y adolescentes entre los 10 y 13 años cuya afectación es
cercana al 40 por ciento.
Es difícil para las mujeres acceder a la justicia por los señalamientos que caen sobre ellas.
Pero la situación empeora cuando es una mujer negra la que denuncia. Y cuánto más difícil
es para una mujer negra... Más, si vamos al tema de abuso sexual, todavía pervive la
creencia colonial de que la mujer negra es un objeto sexual y que ellas mismas la hacen
responsable de las agresiones sexuales que padece.
Podemos concluir que es largo el camino que las comunidades afro del país han recorrido,
no solo para organizarse cada vez más como movimiento y para formarse como líderes en
defensa de sus derechos étnicos y humanos. Aún más largo es el camino que les falta
recorrer para que la justicia ordinaria colombiana los reconozca igualmente como garantes
de la convivencia en sus territorios.