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El documento presenta una historia económica del Perú desde los pueblos preincaicos hasta la proclamación de la República. Cubre temas como la organización social y económica de los incas, la conquista española, la colonización, la minería, la agricultura y la industria. El documento contiene capítulos detallados sobre cada uno de estos períodos.

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El documento presenta una historia económica del Perú desde los pueblos preincaicos hasta la proclamación de la República. Cubre temas como la organización social y económica de los incas, la conquista española, la colonización, la minería, la agricultura y la industria. El documento contiene capítulos detallados sobre cada uno de estos períodos.

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Emilio Romero

M f f l N M O NACIONAL MAYOR DE SAI


BIBLIOTECA CENTRA

Historia económica
del Perú

Presentación:
Rocío Romero

Prólogo:
Carlos Contreras

UAP
UNIVERSIDAD F O N D O EDITORIAL
ALAS PERUANAS UNMSM

Universidad Nacional Mayor de San Marcos


Universidad del Perú. Decana de América
ISBN: 9972-46-327-3
Hecho el Depósito Legal: 2006-9035

Primera edición: Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1949

© De esta edición:
© Familia de Emilio Romero
© Universidad Alas Peruanas
© Fondo Editorial de la UNMSM

Lima, septiembre de 2006


Tiraje: 1 000 ejemplares

Fotografías: Archivo personal familia Romero.

CENTRO DE PRODUCCIÓN FONDO EDÍTORIAL


UNIVERSIDAD NACIONAL MAYOR DE SAN MARCOS
Calle Germán Amézaga s/n Pabellón de la Biblioteca Central -
>
4" piso - Ciudad Universitaria, Lima-Perú
Correo electrónico: fondoedit@[Link]
Página web: [Link]

La universidad es lo que publica


Director / José Carlos Bailón Vargas

—PRODUCCIÓN—
Editor I Odin R. Del Pozo O.
Diagramador / Gino Becerra Flores

- V E N T A S Y DISTRIBUCIÓN-
Edwin Matos Araujo
619-7000 (anexo 7530)

— DIFUSIÓN—
Miriam Castro Castañeda
619-7000 (anexo 7529)

— ADMINISTRACIÓN —
Errninia Pérez Vásquez
619-7000 (anexo 7529)

Universidad Nacional Mayor de San N


Universidad del Perú. Decana de Amér
EMILIO ROMERO
CATEDRATICO DE LA UNIVERSIDAD MAYOR P E SAN MARCOS DE LIMA

HISTORIA ECONÓMICA
DEL PERO

EDITORIAL SUDAMERICANA
BUENOS AÍREÍi

Universidad Nacional Mayor de San Marcos


Universidad del Perú. Decana de America
Universidad Nacional Mayor de San Marcos
Universidad del Perú. Decana de América
UNIVERSIDAD NACIONAL
M A Y O R D E SAN MARCOS
—Decana de América—

D r . L u i s Izquierdo V á s q u e z
Rector

D r . Víctor P e ñ a R o d r í g u e z
Vicerrector Académico

D r a . A u r o r a Marrou R o l d á n
Vicerrectora de Investigación

Esta edición ha sido posible gracias al apoyo e c o n ó m i c o de:

UNIVERSIDAD
ALAS P E R U A N A S

CORPORACIÓN FINANCIERA
DE DESARROLLO
—COFIDE-

Daniel Schydlowsky Rosenberg


* Presidente

Universidad Nacional Mayor de San Marcos


Universidad del Perú. Decana de América
SERIE CLÁSICOS SANMARQUINOS

HISTORIA ECONÓMICA DEL PERÚ

Universidad Nacional Mayor de San Marcos


[Link] del Perú. Decani de América
Parte primera

E l Perú preincaico y la civilización incaica

Universidad Nacional Mayor de San Marcos


Universidad del Perú. Decana de América
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Universidad del Perú. Decana de América
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Contenido

Presentación 13

Prólogo a esta edición 15

PARTE i

E L PERÚ PREINCAICO Y LA CIVILIZACIÓN DE LOS INCAS

Capítulo I
El paisaje peruano. Las regiones naturales, p. 25.— Los pueblos primiti-
vos del Perú. Área que ocuparon y su edad, p. 30.— El ayllu unidad
social y económica, p. 40. — Formas económicas del ayllu, p. 44. — Pes-
cadores de la costa del Pacífico, p. 45.— Los urus del Titicaca, p. 47. —El
cultivo de azada, p. 51.— Organización del trabajo. Herramientas,
p. 54.— La producción. Cultivo en andenes o terrazas, p. 56.— Domesti-
cación de plantas y ardiñales, p. 58.— Otros aspectos de la producción,
p. 61.
Capítulo I I
E l origen de los Incas. Paccaric-tampu, p. 65.— Paccaric-tampu, cuna
de los incas, p. 66.— Superficie y población del país de los Incas. Los
Mitimaes, p. 69. — E l ayllu en la época de los Incas, p. 72. — La alimen-
tación en el tiempo incaico, p. 78. — La organización del trabajo y la pro-
ducción, p. 81.— La minería y metalurgia, p. 86.— Los caminos incaicos.
Los chasquis, p. 87.— E l comercio, la navegación, la estadística, los
quipus, p. 90. — Consideraciones generales sobre el orden social y eco-
nómico de las culturas andinas, p. 94.

PARTE II
CONQUISTA Y COLONIZACIÓN ESPAÑOLA

Capítulo III
Diversidad de juicios sobre la conquista del Perú por los españoles,
p. 103.— L a discutida población indígena, p. 104.— Adaptación de los
españoles a la alimentación de los indios, p. 106.— Hechos básicos de
la colonización, p. 108. — Las tierras laborables en el virreinato y la trans-
formación de su propiedad, p. 110.— Encomiendas y repartimientos,
p. 112.— Modificación y supervivencia debilitada del ayllu, p. 115.—
Haciendas y estancias, p. 119.

Tinh/preiHari Nacional Mavor de San Marcos


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ÍUBLÍOTtCA GEJÍTRAJL
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Capítulo IV
Nuevas especies vegetales e introducción del arado, p. 121.— Destruc-
ción del ganado autóctono y arraigo del importado de España, p. 122. —
Introducción y producción del trigo, p. 124.— L a caña de azúcar,
p. 126. — Aclimatación del olivo, p. 128. — Los plantíos de vid y las pro-
hibiciones metropolitanas, p. 129.— Introducción clandestina del café,
p. 131.— Los cultivos indígenas: papa, quinua, maíz y tabaco, p. 131.
Capítulo V
Las dos corrientes de carácter industrial, p. 135. — Los obrajes, p. 136. —
Su organización y mecanismo, p. 137. — Su aspecto económico, p. 142. —
El artesanado, p. 144.— Las industrias del vestido, p. 145.— Las artes
decorativas, p. 150.— La industria naval, p. 152.
Capítulo V I
La explotación de minerales, p. 155. — Procedimientos de laboreo,
p. 160.— Régimen de trabajo; carácter de la mita, p. 163.— Crítica del
sistema, p. 165. — El trabajo de los negros, p. 167.
Capítulo V I I
El tráfico de flotas, p. 171.— Comercio monopolista, p. 173.— El contra-
bando, p. 174.— Prosperidad de Lima, p. 176.— Características mercan-
tiles de la colonia, p. 177.— La navegación por el Cabo de Hornos,
p. 179.— La libertad de comercio y el fomento de la riqueza nacional,
p. 180. — El Tribunal del Consulado, p. 184. — Las limitaciones territo-
riales del virreinato y sus imperativos económicos, p. 186.
Capítulo VIH
L a política monetaria colonial, p. 191.— L a legislación monetaria,
p. 193. — Acuñación de moneda en el Perú, p. 197.
Capítulo IX
Las finanzas y los virreyes, p. 205.— El tributo de los indios: Su funda-
mento y percepción, p. 208.— Yanaconas y hatunrunas, p. 211.— Los
quintos, alcabalas y demás impuestos, p. 213.— Los estancos, p. 217,—
Confusión entre las rentas fiscales y municipales; otros arbitrios, p. 219. —
Las rentas de la aduana, p. 220. — Las entradas fiscales y los gastos,
p. 222.— Administración pública, p. 226.— Las Cajas Reales, p. 228.—
El ramo de correos, p. 230.— Montepío civil y militar, p. 231.— Juicio
general sobre el sistema fiscal español, p. 232.
Capítulo X
Consideraciones sobre el orden social y económico colonial. La misión de
España como continuadora de la obra de los Incas, p. 233.— La transfor-
mación social y económica del Perú y el mestizaje , p. 234.— Las clases
sociales y la preponderancia del cholo, p. 235. — La renovación de las ideas

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10 Universidad del Perú. Decana de América
y de las creencias políticas y religiosas al finalizar el siglo, p. 236. — E l ais-
lamiento del ayllu y del indio durante el coloniaje, p. 237.— Las ideas
dominantes en materia económica. E l pensamiento de Baquíjano y Carri-
llo, p. 239.
PARTE ra

L A INDEPENDENCIA DEL PERÚ Y LA PROCLAMACIÓN DE LA REPÚBLICA

Capítulo X I
Antecedentes de orden económico de la independencia del Perú. E l pen-
samiento de Bravo de Lagunas. Las ideas sobre el comercio libre, p. 245. —
Estado social y económico del Perú en los últimos años del virreinato,
p. 248. — Las ideas de orden económico de los padres de la indepen-
dencia, p. 251. — Las ideas liberales y la política comercial de los prime-
ros años de la República, p. 257.
Capítulo XII
La cuestión agraria durante la revolución por la Independencia y la or-
ganización de la República, p. 263.— Los decretos de Bolívar sobre la
venta de tierras, p. 265. — La ley de tierras de 1829, p. 267. — Lucha con-
tra el latifundismo, p. 271.— Causas del atraso agrario, p. 274.— Los
primeros intentos de política hidráulica, p. 280.— Esfuerzos de coloni-
zación de la montaña, p. 283.
Capítulo XIII
El estado de la hacienda pública en la época de la independencia, p. 291. —
El primer inventario de la riqueza nacional, el primer empréstito y el pri-
mer papel moneda, p. 295. — La abolición teórica del tributo de los indios
y otras disposiciones de San Martín, p. 298. — Las dos primeras constitu-
ciones de la República, p. 300.— Los agobios fiscales después de
Ayacucho y el localismo de los caudillos militares, p. 301.— E l primer
presupuesto nacional de 1827, p. 304.— Intentos de saneamiento y orga-
nización hacendaría, p. 306. — Entredicho económico con Chile, p. 314. —
La Confederación Perú-Boliviana y la obra administrativa de Santa Cruz,
p. 317. - Estado económico y financiero del Perú al terminar la Confede-
ración y antes de la aparición del guano, p. 323.
Capítulo XIV
La quina y la coca, p. 327. — La navegación a vapor y William Wheelright,
p. 329. — William Russell Grace en el Perú, p. 331. — L a industria mine-
ra, p. 332. — La agricultura y la ganadería, p. 335.
Capítulo XV
El guano y su influencia en la historia peruana, p. 339. — E l sistema tri-
butario de la época guanera, p. 342. — Intentos de reforma tributaria,
p. 349.— La formación y el proceso presupuestal de la época, p. 351.—

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La centralización política y económica de todo el poder en Lima, p. 354. —
La deuda nacional, p. 355.— La historia bancaria de la etapa guanera,
p. 360. — La moneda en el mismo período, p. 366.

Capítulo XVI
El primer ferrocarril en Sudamérica y los ferrocarriles trasandinos,
p. 369. — La navegación de los ríos amazónicos y en el Titicaca, p. 373. —
El comercio del Perú en la época del guano, p. 375.— El progreso de
Lima, p. 377. — La historia del salitre, p. 380.
Capítulo XVn
Azúcar y algodón en la Costa, p. 387.— Coca y alcohol en la Sierra,
p. 391. — El desarrollo ganadero en la región andina, p. 392. — Explota-
ción del caucho en el Amazonas, p. 393. — El petróleo, p. 395. — El
vanadio, p. 398. — La explotación del cobre y otros minerales, p. 399.
Capítulo X V m
El esfuerzo peruano por la reconstrucción nacional. La obra de los ins-
titutos técnicos. La construcción de carreteras y establecimiento de lí-
neas de aeronavegación, p. 403.— La obra financiera y económica de
Nicolás de Piérola y de Augusto B. Leguía. Los gobiernos de la etapa
de 1895 a 1935 y la actual situación peruana, p. 406.— El proceso de
la deuda nacional y el cuadro presupuestal y tributario contemporáneo,
p. 413.
Capítulo XIX
Consideraciones sobre el orden social y económico de la República. La
etapa de la histórica republicana, p. 417. — Las formas democráticas de
la política del siglo xix, p. 420.— Las orientaciones de la economía pe-
ruana de la República, p. 425.— La evolución de la población y el por-
venir del Perú, p. 427.
Capítulo XX
Resumen de la contribución del Perú a la economía del mundo y al
bienestar de la humanidad, p. 429.

Títulos publicados en la serie Clásicos Sanmarquinos 433

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Universidad del Perú. Decana de América
12
Presentación

L a primera edición de Historia económica del Perú fue publicada en 1949


por la recién f u n d a d a Biblioteca de O r i e n t a c i ó n Económica de la Edito-
rial Sudamericana. L a serie fue creada, s e g ú n Emilio Romero, para di-
fundir los estudios que se iniciaban en esa é p o c a , en diferentes países
latinoamericanos, sobre el proceso económico y el cambio social que se
vivía en A m é r i c a Latina en los años que siguieron a la segunda guerra
mundial.
Emilio Romero nació en Puno en 1899 y recibió e d u c a c i ó n primaria
bajo la tutoría del profesor José Antonio Encinas en la escuela N.° 881 de
Acora, en Chucuito. D e s p u é s de graduarse de Bachiller en Letras, por la
Universidad de San A g u s t í n en Arequipa, se t r a s l a d ó a la Universidad
Nacional Mayor de San Marcos donde p a s ó gran parte de su vida. Allí
inició su carrera docente universitaria en 1928, a cargo sucesivamente
de las C á t e d r a s de G e o g r a f í a Económica del P e r ú , Historia Económica
General y del P e r ú y Geografía Regional. E n esta Universidad fue Direc-
tor interino de la Biblioteca Central (1934-1935), Director del Instituto de
Geografía de la Facultad de Letras (1954-1955), Decano de la Facultad de
Ciencias Económicas (1961-1964), Director del Instituto de Investigacio-
nes Económicas (1962) y Rector interino (abril de 1964).
Esta larga permanencia en la Universidad fue sentida por Emilio
Romero como una experiencia fundamental que le permitió dedicarse a
los estudios de Historia y Geografía, d e s p u é s de s u primer trabajo de
investigación titulado Monografía de Puno (1928). L a c á t e d r a — decía Ro-
mero — le h a b í a permitido gozar de «la independencia de la docencia
para establecer los encadenamientos indestructibles con el pasado, pro-
bando las plataformas de resistencia para la obra del f u t u r o » . Con esta
frase, señalaba la importancia del rescate de la memoria histórica para
construir un espacio c o m ú n y cerrar las distancias entre lo que él descri-
bía como dos sociedades coexistentes y profundamente divididas. L a
Universidad se constituyó para él en el espacio de encuentro entre la
e d u c a c i ó n y la construcción de una comunidad nacional como era ima-
ginada por los estudiantes de todos los departamentos del Perú que con-
f l u í a n en ella apostando, s e g ú n el autor, «por u n nuevo sentido y una
nueva dirección en la e d u c a c i ó n y en la política p e r u a n a » .
Romero d e d i c ó su libro El descentralismo (Lima: Tarea, 1932) a desa-
rrollar los planteamientos para cerrar esta distancia. E n él recogió las

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Universidad del ífejjú. Decana de América
propuestas que planteó en 1932 como Parlamentario, entre ellas la nece-
sidad de democratizar la organización, la administración y los recursos
del Estado mediante una nueva demarcación política regional; la orga-
nización de una gestión democrática y de la justa distribución de los
recursos públicos, especialmente eí agua y la tierra; además del estable-
cimiento de mecanismos de conservación del patrimonio ambiental en
ejes longitudinales, adaptando la demarcación política a la configura-
ción de las cuencas. Otros planteamientos, como aquellos que hizo Ro-
mero sobre la educación rural y el reconocimiento por el Estado de las
escuelas indígenas, se encuentran publicados en el libro Emilio Romero
parlamentario, compilado por Fernando Lecaros (Lima: Fondo Editorial
del Congreso del Perú, 2002,2 tomos).
En la Historia económica del Perú también están presentes ciertos pun-
tos de partida de El descentralismo y de los estudios sobre Geografía que
emprende posteriormente Emilio Romero. La apreciación que tuvo de los
importantes estudios de don Julio C. Tello sobre las bases geográficas de
las antiguas culturas peruanas y su conexión con regiones naturales,
abordada en la Historia económica, lo llevó a explorar en adelante algunas
de las líneas que ya aparecían en su Geografía económica del Perú (1930)
respecto a la lógica de poblamiento de los antiguos pueblos del Perú en
círculos reducidos de montañas, m á s que en regiones extensas; ello co-
rresponde a lo que hoy se puede considerar como subsistemas andinos
de poblamiento, organización social y manejo de los recursos naturales
a lo largo de las cuencas. Esta visión acompañará sus estudios posterio-
res sobre Geografía y descentralización política.
E l estudio del Perú en el contexto de la región andina también ocupó
a Emilio Romero. A s í lo demuestran sus ensayos Geografía del Pacífico
Sudamericano (1947), el Perú por los senderos de América (1955) y la Biogra-
fía de los Andes (1965). E l último libro fue publicado por el autor en 1965,
siendo uno de los últimos trabajos que pudo sacar a la luz al final de su
vida académica. Su obra literaria, de la cual son conocidos los cuentos
publicados con eí título Balseros del Titicaca (1934) y la novela Memorias
apócrifas del general Goyeneche (1971), ha sido parcialmente publicada; se
mantienen inéditas tres novelas y una autobiografía del autor.

Rocío Romero Cevallos


Lima, septiembre de 2006

* Este libro tuvo cuatro ediciones desde la primera en 1930, en 1936, 1953 y 1961. Una
versión abreviada salió en 1968; el último libro publicado por Emilio Romero sobre
geografía fue Perú: Una nueva geografía, en dos tomos (Editorial Universo, 1994.)

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Universidad del Perú. Decana de América
14
Prólogo a esta edición

Carlos Contreras

Más de medio siglo después de su primera edición, la Historia económica


del Perú de Emilio Romero sigue siendo única en su género, en el sentido
de ser el único libro que presenta un informado y reflexivo panorama del
desarrollo material del país a lo largo de todas sus épocas. No digo que
no se haya publicado en décadas más recientes otros trabajos valiosos
sobre la evolución económica peruana. Ahí están, por ejemplo, los de
Rosemary Thorp y Geoffrey Bertram, Alfonso Quiroz, o Gianfranco
Bardella, pero, con ser excelentes, éstos se limitan a períodos más restrin-
gidos de nuestra larga historia, como el del siglo veinte, o cubren sólo
alguno de sus aspectos. Esta excepcionalidad hace del libro de Romero
no solamente un clásico de la bibliografía sobre el Perú, sino además un
volumen necesario en el mercado editorial, ya para el apoyo de la docen-
cia, o como fuente de consulta para un amplio tipo de lectores.
La primera publicación sobre el tema es de 1937 (Historia económica y
financiera), sobre la base de la larga experiencia del autor en la cátedra
del curso de Historia económica del Perú, en la Facultad de Ciencias
Políticas y Económicas de la Universidad de San Marcos. E n 1931, Emi-
lio Romero había recibido el encargo de dictar esta materia, a raíz de que
su titular, César Antonio Ugarte, fuera designado jefe de la Superinten-
dencia de Banca y Seguros del Perú, una de las nuevas entidades que
trajo a la vida económica nacional, el trabajo de la misión Kemmerer. Tal
como lo recuerda el propio Romero en el prólogo de este libro, César A.
Ugarte había publicado en 1926, su Bosquejo de la historia económica del
Perú, preparado asimismo sobre la base de sus apuntes del curso de
Historia Económica, y centrado en el período del siglo xix. Varias déca-
das antes, José Rodríguez dio a conocer sus Estudios económico financieros
y ojeada sobre la hacienda pública del Perú (1895), que contiene largas re-
flexiones sobre las finanzas republicanas, y Luis Esteves había publica-
do unos Apuntes para la historia económica del Perú (1882), que representa-

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Universidad delfl$rú. Decana de América
ron los primeros hitos en el reconocimiento de nuestro pasado económi-
co. E n cierta manera, el libro que ahora prologamos, significó la culmina-
ción de más de medio siglo de esfuerzos por hallar en el proceso econó-
mico la raíz de nuestras claves y perspectivas como nación, tras la grave
crisis de la guerra con Chile.
Emilio Romero entendió la historia económica del Perú como una
vasta tarea de transferencia de un nuevo tipo de economía sobre un terri-
torio que no estaba vacío, sino que contenía la herencia de un antiguo
imperio indígena. E n la parte dedicada al período preeuropeo, el autor
se da a la tarea de reseñar los vestigios del ayllu y el cacicazgo que
lograron sobrevivir e integrarse como engranajes claves del nuevo orden
impuesto por los españoles. Escribiendo en la época de oro del
indigenismo en el Perú, Romero supo balancear, no obstante, una pre-
sentación que encomiaba los logros del Perú autóctono, sin atacar o des-
deñar las transformaciones del período colonial.
Las formas de organización social y la tecnología de los indígenas,
debían ser entendidas en la interacción con el territorio andino, antes
que ser clasificadas como inferiores o superiores en una escala
pretendidamente universal, como postulaban en la época algunos cien-
tíficos positivistas. La organización colectivista del ayllu, el uso del ara-
do de pie y no de remolque, el descarte del uso de la rueda, no debían ser
enfocados como muestras de priimtivismo, sino de adaptaciones del hom-
bre a un medio montañoso peculiar, que imponía sus propias reglas de
juego. Adán y Eva no hubieran podido sobrevivir en los Andes, procla-
ma en una figura didáctica. Nutrido de lecturas de estudiosos europeos,
como Heinrich Cunow, Herman Trimborn y Carl Troll, a quienes leyó en
su propia lengua y que representaban, junto con los peruanos Tello y
Riva-Agüero, la vanguardia del conocimiento sobre las culturas andinas,
Emilio Romero consiguió ese difícil equilibrio para los latinoamericanos
cuando se trata de presentar la historia de la conquista y colonización.
Puso las cosas en su sitio, al polemizar con las tesis del «imperio socia-
lista de los Incas» de Louis Baudin y con el «comunismo incaico» de José
Carlos Mariátegui, que habían hecho furor en los años de entreguerras.
Atinadamente sostuvo que las prácticas económicas y sus instituciones
deberían ser consideradas en sus contextos y no fuera del tiempo. De
modo que calificaciones como «socialista», o considerar que los Incas ya
practicaron el «comercio exterior» porque alguna balsa se alejó de la
costa, estaban fuera de lugar.
Su retrato de la época colonial destaca por su ecuanimidad, como
llevamos dicho. Mediante la consulta de las «Visitas» de Huánuco y
Chuchito del siglo xvi, que sólo mucho más tarde recibieron el favor de la
consulta de estudiosos extranjeros como John Murra, Emilio Romero juz-

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, fi Universidad del Perú. Decana de América
gó con dureza el favorecí miento a la minería durante el gobierno español
que implicó la postergación de la economía agraria, junto con la explota-
ción de la raza indígena, a la par que criticó la introducción de institu-
ciones medievales, como los mayorazgos y el régimen de manos muertas,
que dificultaron la formación de un mercado de tierras. Un soberbio
retrato de la organización financiera colonial tardía, a la que elogia
por su eficiencia para acomodar los tributos a una realidad social tan
heterogénea, cierra la parte dedicada a la época virreinal.
La República no supo mantener algunas de las cosas buenas de la
era pasada. Los curacas coloniales degeneraron, hasta convertirse en los
caciques decimonónicos, en quienes el autor entrevio la encarnación de
los mal llamados «gamonales». Las comunidades indígenas se empo-
brecieron y la sierra, que tan gravitante había sido, se vio relegada. Ro-
mero lanza amargas críticas a la generación de criollos de la Indepen-
dencia, cuya estrechez de miras o ambición meramente personal, produ-
jeron una situación de estancamiento económico por varias décadas.
Comparado con el retrato más bien amable sobre la época colonial (que
contrastaba claramente con los bosquejos sobre «el coloniaje» que circu-
laron antes, como el de José Rodríguez, Luis Valcárcel o José Carlos
Mariátegui), el juicio sobre la época republicana puede percibirse más
exigente. Ello es resultado del sesgo que tuvieron todos los recuentos
históricos hechos tras la guerra con Chile en el Ferú. En general existió la
idea de que hasta el momento de la independencia, Perú era «más» que
Chile, y que si en 1879 fuimos tan claramente derrotados, debía ser por-
que, evidentemente, entre la independencia y la guerra las cosas aquí se
hicieron terriblemente mal. ¿Dónde estuvo ese mal? Comprenderlo fue la
tarea que animó la historia económica que se escribió desde Esteves has-
ta los más recientes trabajos de, por ejemplo, Heraclio Bonilla.
Por otro lado, con Romero ocurrió lo que suele suceder con los enfo-
ques históricos en general, esto es, que los períodos más antiguos son
evaluados en función de lo que había antes, con la lógica secuela de ver
un «progreso», mientras que los períodos más recientes resultan evalua-
dos desde el presente, por lo que terminan, lógicamente, pareciendo muy
atrasados. Veamos, por ejemplo, el caso de las técnicas de molienda, tan
decisivas en la agricultura y la minería. A I evaluar la época colonial será
inevitable resaltar la innovación que, frente a la era prehispánica, signi-
ficó la rueda de molino y la energía hidráulica o el trabajo de los anima-
les de tiro en los trapiches. Sin embargo, vistos desde la tecnología del
tiempo presente, los molinos y trapiches resultarán conmovedoramente
primitivos e insuficientes. E l espacio colonial surcado por activas cara-
vanas de muías transportando azogue, cecinas, tejidos, sal y botijas de
pisco, s e r á ahora el territorio republicano s i n ferrocarriles n i caminos

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Universidad del Perú. Decana de América ,,
carreteros, donde las cosas d e b í a n trasladarse a lomo de bestia, como si
n i siquiera existiese la rueda. L o que antes fue señal de i n n o v a c i ó n y
progreso puede lucir, m á s tarde, como prueba de estancamiento y rusti-
cidad. D e cualquier manera, la p r e s e n t a c i ó n del siglo xix que hace la
Historia económica de Romero, me parece la m á s lograda del libro. Resalta
los esfuerzos de algunos hombres del interior —de quienes José Domin-
go Choquehuanca p o d r í a ser el mejor ejemplo— por sacar adelante sus
circunscripciones en los tiempos a u r ó r a l e s de la República. Y aborda
con solvencia y profundidad el episodio del guano en la e c o n o m í a na-
cional, que fue el capítulo m á s tragicómico de nuestro pasado e c o n ó m i -
co. Acerca de éste, presenta sus m ú l t i p l e s aristas: la tributaria, la de la
inversión pública y la de los efectos desatados en el resto de la economía.
Con frecuencia, he recurrido a citar su tesis sobre el «sistema descentra-
lizado de facto» que rigió en el P e r ú hasta la era del guano. Romero supo
advertir que los booms exportadores que han jalonado nuestra evolución
económica, conllevaban u n profundo efecto centralizador de la econo-
mía y la política. Hombre comprometido con la descentralización como
una de las tareas pendientes de la historia de la República, c a p t ó con
agudeza que entre una e c o n o m í a dominada por la renta generada por
las riquezas naturales, y u n Estado centralista preocupado por el merca-
do externo antes que por el interno, funcionaba u n í n t i m o compromiso,
pernicioso para el desarrollo nacional.

«Las provincias tenían dinero. L i m a estaba pobre», señala Romero


en su retrato del P e r ú en v í s p e r a s de la era del guano. L a situación se
explicaba porque las provincias d i s p o n í a n del dinero de la contribución
i n d í g e n a , mientras L i m a d e b í a consolarse con la r e c a u d a c i ó n de adua-
nas de u n escuálido comercio exterior. Así aprendemos que lo malo, la
contribución indígena, tenía un efecto bueno, la descentralización efecti-
v a de las finanzas públicas; y que las medidas de 1854, que significaron
abolir el tributo indígena y hacer depender al erario del guano — aunque
aplaudidas en su día e incluso hasta hoy— tuvieron un nefasto efecto en
el largo plazo. Para la é p o c a de la primera mitad del siglo xx, con la que
termina el libro, Romero selecciona ciertos temas, como el del proceso
monetario y la reforma fiscal. Acierta, sin duda, con ellos, porque la re-
construcción de la e c o n o m í a nacional tras el torbellino del guano y la
guerra del Pacífico exigía importantes transformaciones en esos á m b i -
tos, como en efecto ocurrieron. E m i l i o Romero fue, a d e m á s , u n actor en
dichas reformas, por lo que su conocimiento en esos aspectos se benefi-
cia de su experiencia directa como hombre público. Termina el libro con
una nota optimista sobre la integración de la población indígena a la
vida económica peruana. Piensa que esa integración ha cobrado y a cur-
so y que debemos pugnar por empujarla hasta su conclusión.

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L a Historia económica de Romero es una historia, como d i r í a m o s aho-
ra, amigable para el lector. Gracias a que por entonces la e c o n o m í a se
e n t e n d í a m á s como una ciencia social y humana que como u n saber
técnico y m a t e m á t i c o , el autor no abusa de las cifras, n i las p á g i n a s se
atiborran de f ó r m u l a s , tablas ni gráficos de líneas ondulantes. S u discur-
so combina la descripción amena y vigorosa, con el juicio reflexivo, claro
y didáctico. Los conceptos económicos brotan de la necesidad de enten-
der lo que pasaba, no para organizar el relato de lo sucedido. L a conside-
ración de las estructuras no aplasta la figura de los hombres de carne y
hueso. L a historia e c o n ó m i c a del P e r ú es, así, la historia de la encomien-
da, la minería, el salitre y los desequilibrios de la balanza comercial, pero
es t a m b i é n la de los conquistadores y los curacas, Manuel Pardo, H e n r i
Meiggs y Nicolás de Piérola.
Comparada con la situación actual, la bibliografía que en los años
cuarenta existía sobre la evolución económica del P e r ú resultaba muy
incompleta, incluso m á s allá del castellano. S i acerca del p e r í o d o
prehispánico se p o d í a disponer y a de las m o n o g r a f í a s de varios estudio-
sos, para las é p o c a s colonial y republicana se contaba con verdadera-
mente pocos trabajos de investigación. Por ello Emilio Romero acometió,
inclusive, la consulta de fuentes directas, como las y a mencionadas «Vi-
sitas» del siglo xvi, las obras de los cronistas de la colonia, las « M e m o -
rias» de los Ministros de Hacienda y otros impresos de la é p o c a estudia-
da. Para la segunda edición, de 1968, pudo y a aprovechar de los avances
obtenidos para el p e r í o d o republicano, con las obras de Jonathan L e v i n
sobre la experiencia del guano, y de la Historia de la República de Jorge
Basadre.
Conmueve, y sin duda admira, que este libro haya sido el fruto de
una docencia ejercida seguramente de forma ejemplar, y no de alguna
jugosa beca de las que hoy presiden las p á g i n a s de créditos de los libros.
Así como que haya podido ser escrito en medio de una v i d a tan nutrida
y agitada como la de s u autor. Seguramente la historia e c o n ó m i c a que
ahora deba escribirse será distinta. D e b e r á prestar m á s atención a la
evolución de las técnicas, a la marcha de la d e m o g r a f í a , a las cambiantes
organizaciones económicas, a los efectos de la economía mundial y a los
vaivenes del comercio, ahora sí, exterior; pero no es seguro que s u públi-
co pueda ser tan amplio como el de este clásico de la historia y la econo-
mía del P e r ú .

Lima, mayo de 2006

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Capítulo I

El paisaje peruano. Las regiones naturales

El Perú está formado por tres regiones naturales, diferenciadas por el


clima, la altitud, la flora y fauna, el relieve del suelo y otros factores. Tales
regiones se llaman hoy la costa, la sierra y las selvas. E l territorio perua-
no, situado en la parte central de la costa sudamericana del Pacífico,
tiene una extensa zona de litoral formada por grandes desiertos de are-
na, desiertos de piedra o desiertos de tierra estéril. A veces estas plani-
cies con ligero declive son anchas hasta 200 kilómetros al interior, como
ocurre en el norte del país (Piura), hasta llegar a las faldas de la cordille-
ra de los Andes; pero luego los contrafuertes de la cordillera avanzan
hasta el mar, como en La Libertad, dejando apenas espacios planos abier-
tos en la boca de los ríos, formando valles cerrados y alargados, como se
presentan en Trujillo, Chimbóte y Casma. Los Andes irrumpen así, por
todo el litoral, en formaciones de barrancos, acantilados y morros. Los
ríos, formando valles de forma triangular con la base frente al Pacífico y
la cúspide incrustada en los Andes, forman planicies que no pasan de
50 km, distancia aproximada de El Callao a Chosica, en el valle del Rímac.
La costa vuelve a ser ancha en lea, formando una gran planicie de
desiertos de arena caldeada, pero al sur del puerto de Lomas la cordillera
de los Andes ha avanzado definitivamente al mar. Cordillera rota y hun-
dida en el océano Pacífico, ha suprimido realmente la costa, para dejar
algunos cañones estrechos y hondos por donde desaguan los ríos. En esa
región el cultivo sólo es posible en la estrecha cinta ribereña de los ríos, en
el misérrimo puñado de tierra, siempre expuesto al deslave; y a 50 metros
debajo de la superficie de la tierra, cubierta por una extensa plataforma de
rocas y de lavas, donde la vida vegetal y animal parece imposible.
En la región de la costa peruana, la actividad económica sólo es
posible a lo largo de los, aproximadamente, 52 ríos que bajan de las

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cumbres de la cordillera de los Andes, ríos viejos, de torrentera, con le-
chos cascajosos, que sólo tienen agua abundante durante el verano.
La temperatura media de esa región fluctúa entre los 18° y 20° en la
mayor parte del año. Solamente en el verano, de enero a marzo, la tempe-
ratura sube gradualmente hasta 25° y en algunas localidades hasta 30°,
cerca de la zona ecuatorial. E l clima tropical está completamente
atemperado por la corriente de Humboldt, que hace bajar cerca de 5 °C la
temperatura de la región, en comparación con otras latitudes iguales del
continente. En la costa no llueve nunca, debido al régimen de vientos
adversos y al muro que forma la cordillera de los Andes marítimos. En
cambio se produce una intensa y prolongada formación de nubes y nie-
blas que dura casi todo el año, oscureciendo sus costas. Por lo mismo, la
humedad es fuerte, alcanzando hasta 85% a 95% en algunos valles, como
el de Lima.
Los ríos riegan en la actualidad cerca de 600 mil hectáreas de tierra,
no habiendo otro sistema de agricultura con riego artificial. Las posibili-
dades de cultivar más tierras están limitadas por los escasos caudales de
agua utilizable.
En cambio, de las grandes dificultades que ofrece la costa del Perú
debido a las distancias que separan unos de otros valles, con más de 200
km de desiertos entre ellos, la falta de lluvias permite un aprovechamien-
to técnico del riego, hecho importante que debe tenerse en cuenta al estu-
diar la economía peruana.
La sierra es la extensa región formada por los Andes, los cuales se
elevan hasta la máxima altitud de 6 768 metros sobre el nivel del mar, en
el pico bifronte del «Huascarán». E l suelo aprovechable y habitable de la
zona andina está formado por regiones muy dispersas y de variadas
formas, como laderas de montañas, donde fue preciso construir terrazas
escaleriformes para el cultivo; como las cumbres combeadas de altos
cerros; desfiladeros, cañones y tierras en suave declive. Las zonas habi-
tables y económicamente aprovechables tienen una altitud que varía entre
los tres mil a cuatro mil metros sobre el nivel del mar.
Así como en la costa las unidades geográficas aprovechables están
dispersas y distantes, así en la sierra las escasas unidades geográficas
aptas para la vida están más dispersas aún, separadas por montañas
nevadas excelsas, barrancos profundos, desfiladeros o planicies peladas,
sin vegetación y desfiguradas por la erosión de las aguas y de los vientos.
Las únicas grandes planicies que tiene el Perú en las altas zonas andinas,
son la del Titicaca y la de Junín, mucho más pequeña que la primera.
Suelos tan montuosos y tan altos tienen un clima frío, con estaciones
lluviosas periódicas regulares de cuatro meses al año, pero con grandes
interrupciones de largas sequías, tan dañosas como las frecuentes exce-

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sivas aguas. Ambos extremos hacen la vida animal y vegetal muy preca-
ria en las zonas altas de los Andes. La agricultura y la ganadería repre-
sentan, por lo tanto, uno de los episodios más dramáticos de la vida de la
humanidad en la tierra y una conquista de esfuerzos sobrehumanos.
Si bien la temperatura máxima en verano puede llegar a 15 °C a la
intemperie, en las noches no baja de 16 °C bajo cero. Esa diferencia de
casi 30 °C en 24 horas en la altitud de las pampas andinas es suficiente
obstáculo para la vida. La sierra tiene cerca de diez millones de hectá-
reas de pastos naturales, pero apenas dos millones de hectáreas cultiva-
das con agua de lluvias.
La tercera región natural es la región de las selvas, que empieza al
este de la cordillera de los Andes y se extiende en pronunciado declive
hacia las penillanuras amazónicas. La selva alta, que cubre las faldas de
la cordillera, es la parte llamada por los peruanos «la montaña». Como
en la región de la costa, son formaciones de valles y ríos que desembocan
en el inmenso mar verde de las selvas amazónicas. Esa región montuosa
y cubierta de exuberante vegetación tiene declives violentos hasta los
400 metros sobre el nivel del mar. El clima es caluroso, las lluvias cons-
tantes y las nieblas eternas. Si bien los suelos son ricos en humus, en
cambio es una región pobre en minerales por las lluvias torrenciales, por
lo tanto de dudosa bondad permanente para la agricultura, en las esca-
sas zonas peniplanas. La mayor parte de esa región es intransitable por
los obstáculos naturales, montañas, ríos, ciénagas, y por la fauna de
insectos, en defecto de la fauna de especies grandes.
En resumen, podemos afirmar que las bases geográficas del Perú
son de las más difíciles del mundo. Tierras y aguas muy escasas en las
zonas de la costa y de los Andes. Aguas excesivas en la zona de las
selvas. Diferencias de altitud extraordinarias que levantan hasta los cin-
co mil metros de altura en menos de 150 km de distancia a partir de las
orillas del mar. Suelos destruidos por la erosión de las aguas y de los
vientos. Territorio deformado por fenómenos de volcanismos. Costa rota,
quebrada y hundida en el mar Pacífico, dejando apenas una cornisa
arenosa sobre el mar. Conglomerados de roca y de nieve; de abismos y de
cañones.
Es realmente admirable la epopeya del hombre de los Andes. L a
historia del esfuerzo humano para construir una nación sobre semejante
paisaje es realmente dramática. El hombre tuvo que luchar contra el cli-
ma laxante de la costa nublada durante la mayor parte del año, en los
valles infestados de mosquitos generadores de la malaria. E n los Andes,
debió adaptar el corazón y los pulmones a las más grandes altitudes del
globo. E n cuanto a la selva, todavía no se ha resuelto el problema de su
colonización.

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E l hombre apenas tuvo tierra, en puñados, en la margen de los ríos
de la costa. Como en la costa no llueve jamás, debió el hombre arañar el
lecho de los ríos para obtener riego de su empobrecido caudal. En la
sierra, la tierra de las laderas debió ser contenida, construyéndose mu-
ros y terrazas de contención. E n otros parajes debió el hombre acomodar
la tierra extraída del lecho de los ríos, en las terrazas escaleriformes o
andenes. E n resumen, el hombre peruano tuvo que improvisar la tierra,
domesticar el agua y adaptar su organismo a las más difíciles condicio-
nes naturales. Y para no perecer de hambre tuvo que aguzar el ingenio e
inventar métodos y sistemas, dominar a la naturaleza hostil, domesticar
plantas salvajes.
L a importancia del conocimiento y la interpretación del paisaje pe-
ruano es, pues, básica para el conocimiento e interpretación del hombre
y su proceso en el tiempo. Los más notables investigadores de la antigüe-
dad peruana así lo comprendieron.
Con sobrada razón el geógrafo francés Vallaux dice que «[.„] existe
siempre una geografía que se anticipa a la historia. Los hombres han
comido y han bebido, han labrado la tierra y construido casas, han bus-
cado y fundido metales, han cazado y pescado, antes de que ningún
documento histórico nos dé la prueba de ello».
E l primer arqueólogo peruano, Julio Tello, concede importancia de
primer orden al factor geográfico. «El medio geográfico — dice — induce
a pensar que la primitiva población, al ocupar el territorio peruano, sea
por el mar o siguiendo las altas rutas de la cordillera, o sea ascendiendo
de los llanos forestales, logró aprovecharlo en toda su amplitud,
recorriéndolo en todo sentido. En sus migraciones utilizó, sin duda, pri-
mero los senderos naturales, quebradas y desfiladeros, sea para ascen-
der a las punas o para bajar de éstas a los llanos; sea para trasmontar las
altas cordilleras; y después utilizó, al impulso de sus necesidades y de
su ingenio, los senderos construidos a través de las mesetas o montañas,
0 a través de pampas arenosas o tablazos del litoral.»
Cook dice: «La forma de los valles del Este andino, profundos, cerra-
dos o inaccesibles, determinó el aislamiento y restricción, obligando al
habitante a proporcionarse en el mismo suelo lo necesario para vivir».
1
E l geógrafo Camille Vallaux (1870-1945) fue pionero de la oceanografía. Entre sus
principales obras se encuentran La Basse Bretagne, étude de géographie humaine
(1907, tesis de doctorado); Mers et Océans (1932) y Géographie générale des mers
(1933). (N. del E.)
2
TELLO, Julio C. Antiguo Perú: primera época. Lima: Comisión Organizadora del Segundo
Congreso Sudamericano de Turismo-Excefsior, 1929.
3
El botánico O. F. Cook fue integrante de la expedición científica que descubrió las ruinas
de Machu Picchu. En sus textos («Peni as a center of domestications. Journal of
Heredity, n° 16, pp. 33-46, 1925) menciona que en el siglo xvi existían más especies
domesticadas en los Andes que en Asia o África. (N. del E.)

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28
Troll hace resaltar la característica notable de las civilizaciones agrarias
andinas, por su unión extremada al suelo, dando una gran importancia
al factor geográfico. E l complejo de influencias formado por los factores
suelo, clima, altitud y otros, da la noción de «[...] zona de paisaje, funda-
mental para poder esclarecer las conexiones existentes entre la naturale-
za del terreno y la propagación de la civilización». E l Perú, como ya lo
había anotado Cunow, es el país de los grandes contrastes. No existe
un paisaje armónico dentro de cada zona particular, presentándose más
bien, unas sobre otras, diversas fajas de diversa temperatura y grado de
humedad y en consecuencia de vegetación diferente. Troll distingue por
ejemplo, como característica de los Andes centrales, la puna; mientras en
los Andes del norte el tipo es el de páramo o puna ecuatorial. Este pára-
mo ocupa todo el ancho de la cordillera y la vegetación seca de puna sólo
se presenta erí cuencas hondas y en los escarpados de los valles sembra-
dos. La distinción de estas dos zonas es fundamental porque determina
una variedad de condiciones de vida de plantas, formaciones salinas de
la llamada por Weberbauer «zona de la tola», que es base de formas
económicas peculiares. Luego se presenta una zona de desiertos, «[...]
oblicuamente, por encima de las montañas, desde la costa peruana, so-
bre la puna de Atacama, hacia la región del noroeste argentino».
Para reconstruir la vida económica del antiguo Perú, estas bases
geográficas son capitales, pues las antiguas culturas peruanas se han
desarrollado en íntima conexión con las zonas de paisajes, que podrían
señalarse así:
Zona de puna, ambiente de la civilización arcaica y megalítica a la
que correspondería una ola de cultura representada por los pueblos: 1.°
arwacs, uros y puquinas, correspondiendo al grupo de los uros, los chan-
gos y los atacamas; 2 ° los aymarás, y 3.° los quechuas.
«Las tres zonas de paisaje uniforme: el desierto salado y la puna
desierta, la puna seca de la zona de la tola y la puna normal, correspon-
den más o menos a los territorios propios de estos tres grupos de pue-
blos. De ello se desprende con rara y bella claridad el influjo de ía natu-
raleza del suelo sobre la marcha y propagación de la civilización. L a
4
TROLL, Cari. «Los fundamentos geográficos de las civilizaciones andinas y del Imperio
Incaico». Revista de Ibero-Amerikanisches, Archiv. Berlín- [También en Revista
Universitaria, n.° 9, pp. 129-182, 1935. Arequipa. (N. del E.)]
s
Heinrich Cunow (1862-1936) es autor de los primeros estudios modernos y sistemáticos
de historia y antropología en la historiografía peruana. Sus estudios más importantes
son: Las comunidades de Aldea y Marca del antiguo Perú (1890), El sistema de
parentesco peruano y las comunidades gentilicias de los Incas (1891) y La organización
social del imperio de los Incas (1896). Como intelectual socialista, Cunow insistió en sus
investigaciones en la importancia del ayllu en la sociedad incaica. (Tomado de BURGA, M.
Historia y antropología en el Perú: tradición, modernidad, diversidad y nación. En
<[Link] [N. del E.])

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antítesis entre las poblaciones cazadoras y pescadoras, las criadoras de
ganado y las dedicadas a ocupaciones agrícolas, no debe atribuirse a
diferente altura de la civilización de estas razas; representa más bien
una adaptación a la naturaleza de los territorios ocupados por ellas.»
A l desierto salado y a la puna desierta pertenecerían los pueblos
arwacs, uros, changos y atacamas; a la puna seca de tola, los aymarás; a
la puna normal, los incas quechuas, y finalmente la última ola de cultura
representada por los españoles, que se extiende de norte a sur y que se
detiene en los límites de los desiertos de puna.
Estas afirmaciones de un geógrafo ratifican muchos conceptos que
había expresado hace años el eminente arqueólogo peruano doctor Tello.

Los pueblos primitivos del P e r ú .


A r c a que ocuparon y su edad

La prehistoria y la arqueología —dijo Spengler— constituyen ciencias


preliminares para el historiador, y la historia es aquello que en tiempos
pasados sucedió efectivamente. E n consecuencia, tratándose de la vida
de los pueblos del Perú primitivo, estamos en la etapa de ios prelimina-
res. Sobre los pueblos primitivos del Perú, el área que ocuparon y la edad
de las antiguas culturas, no tenemos sino aproximaciones. Considera-
mos hoy solamente la base geográfica de la dominación incaica, que fue
la última etapa cultural de la antigüedad peruana. Los incas ocuparon
el territorio comprendido entre el río Ancasmayo en Colombia, hasta el
río Maule, y quizá hasta el Bío-Bío en Chile, según los datos de los cro-
nistas españoles. Por el lado del Pacífico ocuparon las islas, y, por el
6
Emilio Romero se refiere a Augusto Weberbauer (1871-1948), botánico, geógrafo y
naturalista Alemán que llegó al Perú en 1901. Ese mismo año Weberbauer inicia sus
exploraciones por los alrededores de Lima y por los Andes. En 1922 obtiene su Doctorado
en Ciencias por la Universidad de San Marcos con el tema «Estudios concernientes a las
relaciones entre la estructura anatómica de las hojas y la altura sobre el nivel del mar».
En San Marcos dicta cursos de Botánica farmacéutica y Botánica sistemática. Colectó
cerca de 8 100 muestras de plantas peruanas que se conservan en el Museo Botánico de
Berlín, Museo Botánico de Breslau, Herbario de Candolle de Ginebra, Field Museum of
Chicago, Gray Herbarium de Cambridge-Mass., United States National Museum of
Washington y en el Herbario MOL de Lima. Entre sus obras se encuentran: Mapa
a a
fiíogeográfico de los Andes peruanos entre los 5 y 17 de ¡al. S. (1923); La influencia
de cambios climáticos y geológicos sobre laflora de la costa peruana (1939); Principios
de clasificación aplicables a las formaciones vegetales del Perú (1942); El mundo
vegetal de los Andes peruanos (1945).
7
Oswald Spengler (1880-1936), filósofo y matemático alemán, se consagra con su obra
La calda de Occidente (1918, 1923) en donde sostiene que el desarrollo de las
civilizaciones sigue un modelo cíclico reconocible. Es autor también de obras como
Prusianos y socialismo y Años decisivos. Spengler define el proceso de la historia a partir
de los ciclos biológicos —nacimiento, juventud, madurez y muerte—a los que clasifica
como «las cuatro edades de la cultura». (N. del E.)

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3o Universidad del Perú. Decana de América
lado oriental, las m o n t a ñ a s ; s i n que se tenga certeza de la r e g i ó n hasta
donde pudieron abarcar espacio.
E n cuanto a los pueblos que ocuparon esas extensas tierras, consi-
deramos que nada esclarece y sintetiza mejor lo hasta hoy conocido, que
la tesis de Julio C . Tello sobre las principales culturas andinas:

En el curso de las investigaciones arqueológicas se han designado in-


distintamente a las culturas con nombres de tribus o naciones, de len-
guas de regiones naturales o de sitios arqueológicos, o bien con el de
ciertas características relevantes de la propia cultura. Las denominacio-
nes en uso de Cultura Chimú, Chincha, Muchic e Inka, por ejemplo,
provienen del nombre de las naciones que formaron parte del Imperio
de los Incas; las de cultura Keshua, Aymará y Pukina, de las lenguas
indias dominantes; las de Yunga y Kolla, de las regiones naturales
ocupadas; las de Nazca, Chavín y Recuay, de sirios arqueológicos. Ha
servido también como criterio de nomenclatura un aspecto predomi-
nante del arte; el carácter lítico de éste y las modalidades tipológicas o
estilísticas; tal es el caso de las denominaciones Cultura Paleolítica de
Taltal, Megalítica del Cuzco, etc. Y para designar la posición de las
culturas en el desarrollo cronológico de la civilización andina se usa-
ron los afijos: Proto y Pre, Sub, -oíde, agregando el nombre de la cultu-
8
ra, como por ejemplo: Proto-Nazca, Sub-Chimú, Recuoide, etc.

Tello hace un intento nuevo de clasificación teniendo en cuenta las


grandes regiones geográficas del tiempo de los Incas: el Antisuyo, elKolla-
Suyo; el Chinchay-Suyo y el Konti-Suyo. No solamente encuentra u n con-
junto de datos que hacen geográfica y g e o l ó g i c a m e n t e de esas regiones
paisajes naturales regionales, sino que encuentra u n paisaje cultural
adecuado en esas grandes zonas del territorio, características comunes
en el arte, la economía, la religión y la política. Pero esa división regional
incaica corresponde a muchos siglos d e s p u é s de la aparición de las pri-
meras culturas andinas. Por esta r a z ó n es lógica la clasificación prelimi-
nar de los antiguos pueblos del P e r ú , no en regiones geográficas tan
extensas, sino en círculos reducidos a las m o n t a ñ a s donde vivieron an-
tes de desarrollar sus actividades. Y entonces la estructura de la cordille-
ra de los Andes es el hogar natural, cuna y sepulcro de las antiguas
civilizaciones. Encontramos así los A n d e s ecuatoriales, los Andes del
sistema del nacimiento del río M a r a ñ ó n , los Andes formadores del
Ucayali, el macizo andino, del Vilcanota, el gran círculo andino del
Titicaca y los Andes Meridionales de Atacama.
8
TELLO, Julio C. «Origen y desarrollo de las civilizaciones prehistóricas andinas». Acias y
trabajos científicos del xxvn Congreso Internacional de Americanistas, segunda sesión,
vol. I , pp. 589-720. Lima, 1939. [Reimpreso en 1942 en Lima por Librería e Imprenta
GiI.(N. del E.)]

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32
E n la región andina ecuatorial vivieron los Pastos, los Karas, los Kitus,
los Latakungas, los Cañaris y los Paltas.
E n la región andina del P e r ú que forma el sistema del río M a r a ñ ó n y
sus afluentes, vivieron los pueblos Chirinos, Chacha-puyas, Wankapampas,
Kaxamarcas, Wamachucos, Wajrachucos, Conchucos y Wanucus, sin conside-
rar a los pueblos selváticos b á r b a r o s de otros ríos, como el Huallaga. E n
la f a l d a occidental vivieron los Ayawacas, Chimús, Tumpis, Tallones,
Muchicas, Waylas y Yungas.
E l sistema andino del Ucayali es el m á s extenso del Perú. S u cuenca
h i d r o g r á f i c a nace de las vertientes de los bordes del gran altiplano del
Titicaca y atraviesa casi todo el P e r ú de sur a norte. Colecta las aguas de
los grandes valles del Cuzco, A p u r í m a c , Ayacucho y las de los c a ñ o n e s
de Huancavelica y del valle del Mantaro. Fue la patria de los AUka Wisas,
Waylas, Pokes, Tampus, Sawaseras, Lares, Matas, Maskas y Kanchis, de los
valles del Cuzco. De los Inkas del Urubamba y Paucartambo, de los Aymarás
del valle de Santo T o m á s , de los Chancas y Wankas del A p u r í m a c y del
Mantaro respectivamente.
E n el gran círculo del Titicaca vivieron los Uros u Ochuswnas, los
Karangas, Lupacas y Pakasas, los Kollas. Y en los bordes occidentales de la
cordillera, los Puquinas, Kuntisuyos, Atacamas, Kollaguas y Kanas.
Y luego al sur, en los macizos andinos meridionales, los Diaguitas,
Calchaquies y Juries (noroeste argentino); y los Changos y Araucanos del
Occidente.
E n cuanto a la edad de las culturas andinas, el profesor Tello propo-
ne s u consideración en cuatro edades o tipos de civilización, la de los
Andes orientales, Andes occidentales, del litoral Pacífico y la de los Incas.
L a primera civilización tiene como característica en su arte l a técni-
ca del grabador en madera trasladada a la piedra y el barro y el aprove-
chamiento de los recursos naturales de la floresta a m a z ó n i c a . E l expo-
nente de esa civilización sería C h a v í n en el norte, Paracas en el centro y
P u k a r á en el Titicaca.
L a segunda civilización se desarrolló en los Andes occidentales,
m e z c l á n d o s e sus restos con las de la anterior. S u característica h a b r í a
sido l a construcción de ciudades en las m á s altas cumbres de las monta-
ñ a s del centro y sur andino; selección y domesticación de plantas ali-
menticias, domesticación de la llama y alpaca; aprovechamiento del a l -
g o d ó n en la zona central de la costa. Tipos de esa civilización serían
Huaylas, Chancos, Kollao, Tiahuanacu, a l noroeste argentino.
L a tercera civilización de la costa del Pacífico corresponde a los
valles del litoral m a r í t i m o , donde culmina el desarrollo agrícola del an-
tiguo P e r ú , iniciado en las culturas andinas, de la que son derivaciones.

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La cuarta edad corresponde al advenimiento de los Incas, que organi-
zan una prodigiosa estructuración social y política, pero que es ya la últi-
ma ola cultural decadente. Los grandes hechos de conquista animal y
vegetal, de transformación del medio ambiente, habían sido logrados en
las etapas preincaicas. Incluso el arte, la cerámica, la escultura, el dibujo,
la pintura, había alcanzado en las anteriores etapas extraordinario presti-
gio. E n la etapa incaica se observa una decadencia general del arte. Sin
embargo, los Incas, debido a la organización social, llevan a sus extremos
límites la producción de los recursos de alimentación y de vestido, y lo-
gran, como raros pueblos en el mundo, solucionar el problema de la distri-
bución sobre bases de justicia social. E l año 1532 de nuestra era cristiana
llegaron los españoles al Perú conducidos por don Francisco Fizarro.
Algunos historiadores han opinado que la dinastía Inca duró algo
más de 200 años. Las edades anteriores constituyen un problema muy
difícil de resolver. Recordemos al respecto lo que escribió Oswald
Spengler, en un ensayo titulado «La Edad de las Culturas Americanas» \
«Constituye el problema más difícil en la investigación de las culturas
de la América antigua la verificación de su cronología absoluta. Pues no
existe un verdadero saber histórico sin esta comprobación del desarrollo
histórico según su tiempo y su duración». Para el historiador sólo hay
culturas humanas, siendo aquellas otras con denominaciones locales o
materiales, los restos de las formas y objetos útiles o de ornamento. «El
despilfarro de las grandes cifras ha acabado hoy», agrega Spengler, co-
mentando la sencillez con que se asignan millones de años a las edades
pretéritas, tal como los astrónomos juegan con millones de kilómetros de
distancia a las estrellas. De acuerdo con los estudios etnológicos y ar-
queológicos, Spengler cree que no puede asignarse más de mil años como
edad de las culturas americanas primitivas.
El profesor Tello considera, por su parte, que se puede calcular un
tiempo no menor de cinco siglos del año 800 d. de C. a 1321 para las
culturas del litoral del Pacífico, cuyo decaimiento empieza con la con-
quista de la costa por los Incas.
Para la etapa cultural de la civilización de los Andes occidentales,
representada por Huaylas, Tello calcula 800 años, o sea entre el año 800
y el año 0 de la era cristiana.
Y, finalmente, para la más remota civilización, la de los Andes orien-
tales, que logró las primeras etapas de domesticación de productos vege-
tales, como la papa y el maíz, y creó las bases de la economía hortícola,
comenzando por el cultivo rudimentario de azada, el profesor Tello le
asigna mil años antes de Jesucristo.
S
SPENGLER, Oswald. «La Edad de las Culturas Americanas». ¡bero-Amerikanisches Archiv,
año vil, n.° 92.

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34 Universidad del Perú. Decana de América
Así planteada la estructura del Perú primitivo en el tiempo, parece-
ría innecesario insistir sobre la afirmación de que la civilización incaica,
no fue, como muchos aún creen, la que logró los más altos puntos en la
agricultura y las artes. La idea de que Manco Cápac fue el civilizador, el
que sacó al pueblo peruano de la barbarie, ya no puede ser mencionada.

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producido por corteáis del Archivo del KfaMO Nfwionnl de Antropología de Lima.
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Sin embargo, para aquellos que no han tenido oportunidad de revi-
sar los Conceptos aprendidos años atrás, es conveniente señalar cuáles
fueron las causas de la difusión tan amplia de las creencias de que antes
de los Incas reinaba en el Perú la barbarie y el caos. La mayoría de los
cronistas españoles afirmaron que la época anterior a los Incas fue de
Caos y de barbarie. Por eso llamaron behetrías a ese período anterior,
aplicando impropiamente el nombre con que en España se caracterizó a
los pueblos que en la lucha con los árabes se enfeudaban bajo un señor
para tener protección y ayuda, en medio de las cruentas luchas por la
independencia. Bernabé Cobo, Juan de Betanzos, Martín de Morúa, Pe-
dro Cieza de León, Sarmiento de Gamboa, aparte de varias relaciones
anónimas, afirmaron la idea de la anarquía y la barbarie preinca. A l
contrario, un pequeño grupo de oposición, formado por Román Zamora,
Blas Valera y el licenciado Fernando Montesinos, estuvieron de acuerdo
en considerar que el incanato sólo fue el último acto de un largo drama.
Román Zamora hizo referencias a un gobierno primitivo de orden y
de progreso. E l padre Blas Valera, profundo conocedor de la historia,
habiendo vivido en las misiones del Titicaca, escribió la más interesante
memoria al respecto, por desgracia perdida. Pero se dice que el licencia-
do Montesinos conoció esa fuente, dejando sus famosas «Memorias An-
tiguas Historiales y Políticas del Perú». Según Montesinos la historia del
Perú primitivo comenzó por una etapa de confusión, de migraciones de
tribus ansiosas de encontrar un espacio para vivir, de hombres rudos y
primitivos. Esto habría ocurrido algunos siglos antes de Cristo hasta el
año 250 de nuestra era,
A continuación siguió una era de grandes p r o g r e s o s c u l t u r a l e s . L
O S

pueblos habían logrado dominar el paisaje y producir alimentos, perfec-


cionando la agricultura. Luego hubo una etapa de luchas entre los de la
costa y de la sierra. Eso habría durado desde el año 275 a 500 d. de C.
En la era siguiente se habría advertido un gran florecimiento cultu-
ral. Palacios, fortalezas, caminos, obras de arte, música, r i t u a l , buen g o -
bierno político habrían sido las características de esos tiempos, que abar-
carían 400 años, desde el 500 al 900 de nuestra era.
E l encumbramiento de los pueblos del primitivo Perú fue el comien-
zo de la decadencia. Los príncipes locales, debilitados por la abundan-
cia y el fausto, perdieron su primigenio vigor. Surgieron ambiciones,
luchas intestinas, guerras e intrigas. La decadencia fue total desde el año
900 al 1100 de nuestra era. A esa época se refieren los cronistas españo-
les como de behetría, sin gobierno, de caos y de corrupción. Esa etapa
oscura y confusa, terminó con el advenimiento de los Incas y su brillante
carrera.

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Muchas objeciones certeras se han hecho a la tesis de Montesinos, a
tal punto que f u e olvidado y d e s d e ñ a d o . E n el P e r ú don José de la R i v a -
A g ü e r o l e v a n t ó la bandera de su reivindicación. Y aunque el libro de
Montesinos está plagado de fantasías, como aquella de que los antiguos
americanos procedieron del reyno de Ophir y otras incongruencias, es
indudable que tuvo la información o la intuición del verdadero proceso
histórico del Perú, comprobado hoy con las investigaciones arqueológi-
cas y etnológicas.
Para reconstruir el cuadro económico del P e r ú antiguo debemos te-
ner presente, sobre todo, que las m á s notables conquistas del hombre
peruano sobre la naturaleza, como la domesticación de especies vegeta-
les, como la papa, la oca, el ají, la coca, e l a l g o d ó n y el m a í z , fueron
realizadas muchos siglos antes del advenimiento de los Incas. Por lo
tanto, la o r g a n i z a c i ó n social y económica del P e r ú h a b r í a sido lograda
con mucha anterioridad a la aparición de la dinastía de los señores del
Cuzco. Los restos encontrados en las tumbas preincaicas, el estudio de
las capas arqueológicas y la contribución de la biología y de la etnología,
con la guía del m é t o d o histórico cultural, han logrado esa nueva etapa
en la investigación del pasado del antiguo P e r ú .

El ayllu, unidad social y económica

Ayllu en quechua o hatta en a y m a r á , se ha interpretado como la unidad


familiar, base de la sociedad peruana preincaica. Garcilaso de la Vega
definió el a y l l u como linaje. C u n o w considera el ayllu como una familia
en p o s e s i ó n de una tierra o marka, Bautista Saavedra estimó el ayllu
como una gens, primitivamente a y m a r á . Markham estableció el concepto
de ayllu como una comunidad basada en el parentesco. Herman Trim bom
desarrolló a ú n m á s el concepto de Cunow.
Desde que L . H . Morgan en su Ancient society e s t u d i ó las diferentes
formas de parentesco primitivo, hasta la m o n o g r a f í a de Heinrich Cunow
sobre «El sistema de parentesco peruano y las comunidades genticilias
de los Incas», el estudio del ayllu ha interesado a muchas escuelas. S u
organización, sus vínculos y su forma de vida nos presentan un concep-
to de familia m u y distinto al concepto europeo. N o se trata del padre, la
madre y los hijos. Se trata m á s bien de un grupo de familias.
Para definir con claridad la forma del ayllu, no hay otro á n g u l o
mejor que el punto de vista económico. E n u n paisaje como el de Europa,
paisaje primitivo sutropical, cubierto de bosques, con una flora y una
fauna propicias, la familia natural, el hombre y la mujer, o el hombre
aislado, pudo haberse formado ambiente recogiendo bellotas para co-
mer, matando lobos o liebres o buscando raíces no amargas. E l paisaje

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les brindaba u n ambiente de lucha y de fuerza, con sus estaciones bien
marcadas y u n clima estimulante. L a familia europea pudo haber sido la
pareja bíblica de A d á n y E v a , u n hombre y una mujer fundando u n lina-
je. Construyendo a la v e z las bases de u n mundo egoísta, con el uso de
los bienes de la tierra a favor de los m á s reducidos grupos humanos. E n
resumen, la tierra para la familia natural.
E n el F e r ú primitivo, la familia de concepción europea h a b r í a pere-
cido frente a los desiertos, las punas o los p á r a m o s . Sobre el paisaje
peruano, A d á n y E v a j a m á s hubieran podido sobrevivir. Ese tipo de fa-
milia m í n i m a y egoísta habría dejado sus huesos blanqueados en las
arenas de los desiertos de la costa o en los p á r a m o s helados y excelsos de
los Andes.
Para dominar la hostil naturaleza peruana, para aprovecharla
e c o n ó m i c a m e n t e , debió organizarse la familia peruana en grupos cerra-
dos, compactos y numerosos. U n a serie de parejas, vinculadas sea por la
sangre o el parentesco espiritual, pero sobre todo vinculados sagra-
damente por la voluntad de v i v i r y la necesidad de existir. Para contener
la tierra agrícola de las m o n t a ñ a s andinas e impedir s u arrastre al mar,
por las lluvias y los ríos; para construir gigantescos muros megalíticos;
para abrir canales a t r a v é s del desierto o para porfiar tercamente contra
las arenas empujadas por los vientos del mar; para mover una roca a
cuatro m i l metros de altitud. Para todo eso, A d á n y E v a no servían. L a
organización familiar del m á s remoto P e r ú debió ser por la fuerza la
Hatta a y m a r á o Ayllu quechua. Grupo de gentes, numerosas gentes, uni-
dad económica formada por la u n i ó n de varias familias naturales, cons-
tituyendo u n tipo de unidad familiar social. Eso fue el ayllu, la gran
familia de tipo e c o n ó m i c o y social. C o n una organización, con u n siste-
ma de vida altruista, de tipo colectivo, para el bien c o m ú n . L a unidad
económica del antiguo P e r ú fue, pues, una comunidad gentilicia así for-
mada y se le conoce con el nombre de ayllu, familia m á s amplia en sus
relaciones de parentesco, en sus derechos y deberes sociales, que la fami-
lia europea.
L a tierra poseíd a por un ayllu se d e n o m i n ó marka. Aunque las inter-
pretaciones han sido t a m b i é n diversas — y a «provincia», para Garcilaso;
ya «comarca», para Tschudi; y a aldea, para Markham —, lo evidente es
que todas esas versiones concurren a la idea de la tierra sobre la que vive
el ayllu. Y en los numerosos nombres de lugares del Perú, t o d a v í a se
puede comprobar a q u é ayllu pertenecieron, y a sea con el nombre propio
del ayllu o el de su tótem.
E l a y l l l l tUVO Un jefe, QUe fue Creado por la necesidad de dirigir los
trabajos sobre la tierra o el agua. Ese jefe se llamaba Ayllucamayoc, o sea el
que dirige el ayllu, en quechua. También se llamaba camachiaic en quechua

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al jefe que daba ó r d e n e s , y en a y m a r á JÜackata o el mayor. C o n el tiempo
es posible que esos jefes de trabajos se convirtieran en jefes permanentes,
evolucionando a nuevas formas políticas a medida que se ampliaba e l
círculo de la familia social y t a m b i é n a causa de los movimientos de
p r e s i ó n y migración d e m o g r á f i c a , causada por las necesidades de la
alimentación o el clima.
Por esta r a z ó n el ayllu aparece desde remotos tiempos formado por
dos sectores: el hanan-saya y el hurin-saya, denominaciones casi de índole
topográfica, relacionadas con la p o s e s i ó n del suelo o marka. Hanan-saya
o lado de arriba, barrio alto; y Hurin-saya, barrio de abajo. Probablemente,
el barrio de arriba era el del a y l l u del primer ocupante; y, el de abajo, el
ayllu advenedizo, conquistador, usurpador o avecindado p a c í f i c a m e n -
te. E n todo caso, este problema, de origen económico, causado por la
escasez de tierras, pertenece al estudio del proceso del ayllu en el tiempo;
al estudio del ayllu primitivo, en c o m p a r a c i ó n con el ayllu modificado
después.
E l ayllu primitivo, el ayllu puro, f u e de naturaleza agraria. Encerra-
do entre las cordilleras de los Andes, limitado por las altas m o n t a ñ a s y
por las selvas en el oriente; o por el mar y los desiertos en la costa, su
característica primitiva debió ser el aislamiento y una estrecha concien-
cia geográfica. Sin embargo, el ayllu debió desarrollar desde su estableci-
miento en algún lugar de los Andes u n aguzado sentido económico pro-
ductivo, como condición necesaria en la lucha por la existencia. Sus
sistemas de trabajo, al principio rudos, exigieron, por la naturaleza del
suelo, el trabajo colectivo y obligatorio de todos los miembros aptos del
ayllu, bajo la dirección del m á s hábil, por ser m á s anciano o el m á s apto.
Por lo mismo que las obligaciones del ayllu fueron rudas, los dere-
chos fueron iguales. Todos d e b e r í a n participar en igual p r o p o r c i ó n de
los resultados benéficos de la obra agrícola.
E n consecuencia, hay u n vago sentido d e m o c r á t i c o primitivo en el
ayllu. E l jefe designado para los trabajos duraba mientras era necesario
y d e s p u é s era u n miembro del ayllu igual a los d e m á s .
Toda la tierra, o marka, era propiedad no individual, sino del ayllu.
Pero seguramente, cuando se lograron marcados progresos agrícolas, la
explotación del suelo f u e i n d i v i d u a l i z á n d o s e en parcelas.
E n la actualidad, los ayllus del P e r ú cultivan su tierra en parcelas,
de las que se sienten d u e ñ o s , pero sólo con la condición de que trabajen
la tierra. Cuando la tierra no es cultivada, la comunidad reivindica la
propiedad del terreno.
L a s aguas, los pastos y los bosques eran también comunes y de
propiedad del ayllu. Pero una propiedad privada es evidente que debió

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existir, sobre los utensilios de cocina, herramientas de cultivo, productos
de la industria manual; sobre la cama y la ropa, las armas y los adornos.
Los grandes r e b a ñ o s de llamas fueron propiedad c o m ú n ; pero con
el tiempo se f u e individualizando la cría de llamas, una vez lograda su
completa domesticación. E l empleo de l a lana f u e colectivo en aquellas
regiones altas donde se le criaba; pero en los valles caKentes y bajos fue
el a l g o d ó n .
Pero el ayllu primitivo debió evolucionar r á p i d a m e n t e , como lo de-
jamos esbozado, de una comunidad primitiva, a una diferenciación i n -
dividualista marcada a medida que lograron las grandes conquistas eco-
n ó m i c a s de la agricultura, la g a n a d e r í a , l a tierra y la captación de las
aguas.
E s a evolución del ayllu que C u n o w distingue como ayllu modifica-
do, d e t e r m i n ó probablemente t a m b i é n una t r a n s f o r m a c i ó n política. E l
ayllu modificado y a no tenía ese sentido d e m o c r á t i c o tan puro como en
la alborada del ayllu. E l conductor transitorio, camachicuc ojilackata, se
d e b i ó transformar en jefe permanente, con carácter político, policial y
judicial. L o s primeros hombres no eran ángeles. L a necesidad del jefe
permanente se hizo m á s urgente, conforme la población aumentaba y las
tierras se e x p a n d í a n . Surge entonces el Sinchi de los quechuas o el Zapana
de los kollas, jefes políticos y militares permanentes, que deben organi-
zar no solamente la e c o n o m í a y sociedad del ayllu, sino su defensa.
Otra característica del ayllu sería que s u primitiva estrecha concien-
cia geográfica fue desapareciendo, a medida que tuvo el indio la curiosi-
dad de ver que p o d r í a ir m á s allá. Cuando t r a s m o n t ó una cordillera o
a t r a v e s ó u n desierto o c r u z ó u n río, e n c o n t r ó nuevas tierras. Cuando la
población a u m e n t ó , hubo necesidad de ampliar el horizonte de las markas
o tierras agrícolas. Entonces ocuparon otras tierras, y a sea pacíficamente
o por la fuerza. Entonces aparece el ayllu, formado por dos células: el
Hanan y el Hurin, que hasta ahora existen en las comunidades indias del
P e r ú , pero debido a otras causas provenientes de la r e o r g a n i z a c i ó n del
ayllu durante la conquista e s p a ñ o l a .
E l a y l l u v a seguramente experimentando transformaciones, debi-
das a los resultados de los movimientos migratorios, de presión y de
densidad demográfica. Debido t a m b i é n a los matrimonios exogámicos y
al creciente p o d e r í o económico del ayllu, que se refleja en su arte arqui-
tectónico, en su cerámica primorosa, en sus maravillosos tejidos.
Aquellos ayllus lograron todos los objetivos humanos, d e s p u é s de
haber resuelto su bienestar económico. Aseguraron su alimentación, s u
casa y s u vestido. A m a r o n apasionadamente, como puede a ú n contem-
plarse e « la valiosa colección de huacos y c e r á m i c a s p o r n o g r á f i c a s del
Museo A n t r o p o l ó g i c o de L i m a . Adoraron a sus dioses. Idealizaron e

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interpretaron la naturaleza en formas pictóricas admirables y tal vez en
músicas extrañas y grandiosas. Odiaron y simpatizaron tanto o más que
los hombres de hoy. Y para tener ese derecho y esa libertad, el ayllu Ies
sirvió de base. Ayllu, como familia de tipo social y de base económica,
altruista y colectiva. Sentido completamente opuesto a la familia bíblica,
familia natural de una pareja egoísta, acaparadora de la tierra y de los
bienes del mundo, con la naturaleza entera al servicio de un hombre y de
su mujer, tal como sugiere la popular cromolitografía de Adán y Eva en
el Paraíso.

Formas económicas del A y l l u

Durante más de medio siglo de influjo de la tesis evolucionista se inter-


pretó el desarrollo económico del Perú conforme a los rígidos moldes
establecidos.
Los pueblos del Perú primitivo habrían iniciado la etapa de
recolectores, comiendo raíces y yerbas y aprehendiendo animales, antes
de ser cazadores y pescadores avanzados en el clásico cuadro evolu-
cionista. Para los que no conocían la realidad geográfica peruana podía
admitirse cómodamente esa posición. Pero para las gentes que saben que
en los desiertos de la costa peruana no hay raíces ni yerbas, ni mamíferos
para cazar, salvo roedores, y que en las zonas altas de los Andes el
recolector amanecería congelado y con el corazón abierto, aquel cuadro
era incomprensible.
Ahora que el nuevo método ha liberado a la mente y encauzado la
investigación, se pueden estudiar las formas económicas del Perú primi-
tivo, es decir, el régimen de vida, la economía del poblador del Perú
primitivo.
En primer lugar, surge una pregunta. La conformación geográfica
del Perú, cuando apareció el hombre primitivo en su suelo, ¿fue más o
menos la que hoy tiene? Porque si el Perú tenía otro clima, otro relieve del
suelo y otras formas, nada hay que decir. Pero los estudios geológicos,
tan avanzados en el Perú —llamado con razón «[...] el paraíso de los
geólogos» debido al desastre de su presentación terrígena, llena de fa-
llas, quebraduras y deformaciones — , demuestran que cuando apareció
el hombre primitivo la configuración del Perú estaba hecha, o mejor,
deshecha, por los cataclismos que la rompieron, hundieron y desmante-
laron sus tierras y su vegetación.
Era pues un paisaje peruano, todavía más hostil que el actual, cuan-
do el hombre no había hecho nada por modificarlo, pero ya completa-
mente definido, puesto que nuestra antigüedad no pasa de mil años
antes de la era cristiana.

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En consecuencia, los hombres que llegaron a esta parte del mundo
nada pudieron recolectar en los desiertos de la costa. Ni plantas, ni ani-
males. E n cuanto a la pesca, en el litoral marino difícil y bravio, supon-
dría una etapa de organización previa, de invento o acarreo de útiles
adecuados y embarcaciones para vencer las fuertes y numerosas rom-
pientes de las extensas playas altas.
En los desiertos fríos y elevados de la sierra, casi sin vegetación, los
pastos, el ichu y la paja brava no podían ser base de la alimentación. E l
guanaco, veloz corredor, o la vicuña, no pueden ser cazados fácilmente
ni en la actualidad, en posesión de modernísimas armas de fuego.
En cuanto a las selvas, es necesario saber que no se concibe en ellas
la vida basada en la recolección. Nada hay capaz de alimentar al hom-
bre, y todo, en cambio, capaz de destruirlo. Los grupos selváticos que
hoy viven en la cuenca amazónica peruana, aun los más bárbaros, viven
del cultivo de la yuca y de la pesca, basándose en la extracción del alca-
loide del barbasco o cube. El descubridor del Amazonas, Orellana, en-
contró plantaciones de yuca en los miserables y desnutridos habitantes
del Amazonas. Las regiones amazónicas son adversarias del hombre.
Los bárbaros de esa zona son geófagos, a causa de que no hay sal ni otros
alimentos básicos. Son pueblos en proceso de extinción y de muerte.
No se puede concebir a un pueblo construyendo las bases de una
gran civilización, como la antigua del Perú, con esas bases económicas
miserables. En una palabra, el hombre del Perú primitivo debió producir
o fracasar. La forma económica del Perú primitivo debió ser productora.
No hubo otra alternativa.

Pescadores de l a costa del Pacífico

En la antigüedad peruana se destacan, sin embargo, ciertos grupos de


colectores que vivieron en la costa y otros en la zona del Titicaca. Max
Uhle encontró en los basurales de Supe, Ancón y Bellavista, y en algunas
tumbas de Arica, restos que indican que los pueblos que habitaron en
esas zonas fueron pescadores. Es cierto que Uhle, al llamar pescadores a
estos pueblos, no lo hizo con el fin de señalarles una forma económica
determinada, sino por adoptar un sistema de clasificación de grupos de
1 0
Francisco de Orellana (1511-1546). En 1541 parte desde Quito con la expedición de
Gonzalo Pizarra a buscar el País de la Canela. Después de un año de infructuosos intentos,
construyen un barco para transportar los heridos y vituallas; siguen el curso de los ríos
Coca y Ñapo hasta la confluencia de éste con el Aguarico y el Curaray. Orellana se separa
de Pizarra en febrero de 1542 para conseguir alimentos; el 26 agosto de ese año llega a
la desembocadura del que se llamaríaríoAmazonas, pues en su curso la expedición fue
atacada por supuestas mujeres guerreras similares a las amazonas de la mitología griega;
sin embargo es posible que sólo hayan sido nativos con cabellera larga. (N. del E . )

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pueblos, que es más bien cronológico y geográfico. Llama así Protonazca
o Protochimú a los diversos grupos que observó en esas regiones.
Para el profesor Tello es aventurado admitir que una primitiva po-
blación de pescadores del litoral hubiera luego abandonado su habitual
tarea para reemplazarla por el cultivo de plantas, máxime si se tiene en
cuenta que junto a los restos arqueológicos de Ancón y Supe se han
encontrado también productos agrícolas que hacen suponer, por lo me-
nos, que, si ellos no eran agricultores, éstos existían ya en lugares veci-
nos, que no pueden ser otros que los valles comunicados con los de la
sierra. Es más factible aceptar que los andinos bajaron a la costa en bus-
ca de expansión agrícola para ganar nuevas tierras. Las costas bajas son
insalubres, impera en ellas la malaria, la Ieishmaniasis, y el clima sólo
puede soportarse tras un largo proceso de adaptación. E n la costa exis-
ten centros aislados de producción, mientras la puna forma una «zona
de paisaje» extensa, desde el Kollao hasta Loja, con grandes recursos
naturales y económicos.
Interesa saber si realmente existió la forma económica pura de pue-
blos recolectores primitivos pescadores en la costa, o eran más bien pue-
blos que ejercían una forma económica agrícola y que practicaban la
pesca como actividad subsidiaria. Esta última suposición estaría de acuer-
do con la tesis de Schmidt, que afirma que los círculos culturales «[...] no
12 •
se desarrollaron unos después de otros». Hubo mezclas de diversos
grados de intensidad. Krause afirma con razón que la economía de for-
ma productiva estaba relacionada con la forma económica recolectora,
en lo que se refiere a la provisión de alimentos. He aquí una de las
primeras interrogaciones que encontramos en el inquietante problema
de la historia económica de! antiguo Perú.

1 1
U H L E , Max. Bibliografía general publicada en la Revista del Museo Nacional de Lima, 1 9
de septiembre de 1 9 3 5 .
1 2
Schmidt distinguió cuatro fases o grados mayores de círculos culturales, a los que denominó:
primitivo, primario, secundario y terciario. E n cada uno de estos grados distingue varios
círculos; E n el primer grado existen tres circuios culturales: 1. nómadas ganaderos,
patriarcales; 2 . cazadores superiores, exógamos, patrilineales y totémicos; 3 . horticultores
sedentarios, exógamos y matrilineales. E l segundo grado, lo conforman: 1. Los sistemas
patrilineales de India, Asia, etc. y 2 . los sistemas matrilineales libres correspondientes a
China meridional, Indonesia, Melanesia, etc.; y el tercer grado corresponde a las altas
civilizaciones de Asia, Europa y América. Sin embargo, esta clasificación corresponde al
modelo evolucionista del siglo xix para la realización de reconstrucciones evolutivas
aplicadas a sistemas socioculturales.
1 3
KRAUSE, Fritz. Vida económica de ¡os pueblos. Barcelona: Colección Labor, 1 9 3 2 .

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Los uros del Titicaca

Es necesario estudiar si es posible señalar a los pueblos uros, que viven


t o d a v í a en ciertas regiones del Titicaca, en el P e r ú y Bolivia, como a
pescadores primitivos. E n la actualidad los pueblos uros viven en deter-
minadas regiones aisladas. Respecto de s u v i d a actual dice Enrique
Palavecino que «[...] podemos afirmar con certeza que su vida económica
de pescadores es la originaria y que ella se conserva a ú n tal como lo
vieron los conquistadores y primeros pobladores e s p a ñ o l e s » .
E n realidad no tenemos otras fuentes para el estudio de la v i d a eco-
n ó m i c a de estos pueblos, que parecen aproximarse a la forma económica
recolectora simple, que la vida actual de dichos indígenas. De las fuentes
escritas antiguas, los cronistas e s p a ñ o l e s nos h a n dejado escasos datos.
L i z á r r a g a los describió como seres desnudos navegando por el lago en
busca de peces para alimentar su miseria; y Bernabé Cobo ofrece datos
sobre sus trajes y algunas costumbres relacionadas con sus idolatrías.
E n las Relaciones geográficas se dice de ellos que eran gente m u y tosca, a la
que no se les dio orden n i instrucción en la religión incaica; y otros cro-
nistas nos los presentan sucios y pobres, que d e b í a n tributar en c a ñ u t o s
de piojos. T a m b i é n tenemos interesantes estudios sobre los uros, debi-
dos a J . Toribio Polo, a R ó m u l o C ú n e o V i d a l , entre otros escritores pe-
ruanos; pero puede afirmarse que sobre su forma e c o n ó m i c a t o d a v í a no
se ha dicho la palabra definitiva. N i siquiera hay uniformidad sobre el
nombre de estos pueblos, a los que Eric Bowman c o m p a r ó con los chan-
gos del Pacífico, fundado, entre otras razones, en la o p i n i ó n de los auto-
res de relaciones Lozano Machuca y Mercado de Peñaloza. Enrique
Palavecino a f i r m a que el nombre uru es una d e s i g n a c i ó n a y m a r á desti-
nada a señalar diversos grupos de pueblos pescadores despectivamente,
siendo el gentilicio de estos pueblos otsuña u ochozuma. Rivet y Crequi de
Monfort han demostrado que hablaban e l pukina y que estaban relacio-
nados con los grupos arawak.
Los pueblos uru-pukinas serian q u i z á el tipo m á s interesante para
estudiar la forma económica de recolectores simples, tal como lo afirman

1 4
PALAVECINO, E. «LOS Indios Urus de Uruito». La Prensa, B u e n o s Aires, 18 de noviembre
de 1934 y 3 de diciembre de 1935.
1 5
E l cronista Reginaldo de Lizárraga publica en 1605 Descripción breve de toda la ¡ierra
del Perú (Madrid: Biblioteca de Autores Españoles, 1968) — N . del E .
1 6
Bernabé Cobo (1580-1657) escribió su monumental Historia del Nuevo Mundo, de la
cual ha llegado a nosotros sólo los primeros catorce libros de la primera parte que tratan
Sobre la historia natural de este territorio. Cobo firma el prólogo en julio de 1653, sin
embargo Se publicará en cuatro tomos entre 1890-1893. (N. del E.)
n P«Í,O, J . ifoítcin tíe la Sociedad Geográfica de Lima, tomo xxix. R. CÚNEO
VIDAL, ídem.

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Universidad de! Perú. Decana de América ^
Rivet y Crequi de Monfort. Tal v e z ocuparon el continente antes de los
pueblos de formas económicas avanzadas, como las agrícolas.
Sus sistemas de trabajo h a n sido estudiados por la expedición orga-
nizada por el Museo de Historia Natural de Buenos Aires y en la que
realizaron trabajos importantes A. Metraux, A. Posnansky, E. Palavecino
y otros. Podemos afirmar con ellos que su base económica actual es la
pesca en el Titicaca y en el Desaguadero, con sistemas variados y p r i m i -
tivos. Emplean tres formas de redes, dos de las cuales: el «skochskokake»
y el «icako» son armadas sobre bastidores de palo rectangular el prime-
ro, y cónico el segundo. E l tercer tipo de red se llama la «kana», de gran-
des proporciones y en forma rectangular. Emplean t a m b i é n el sistema de
pesca con pértiga, o sea u n palo en cuya punta se atan varias agujas
grandes, con las que atraviesan como ballesta a los peces, sistema de
pesca parecido al que ejercen los polinesios y que t a m b i é n ha sido em-
pleado por los pescadores de E l Callao en cierta época, con el nombre de
«fisga».
Palavecino, en su artículo citado, se ocupa t a m b i é n , como pertene-
ciente a los uros, de otro sistema de pesca que se llama «ckencha», que
consiste en una barrera de totora sumergida verticalmente en el agua en
forma de á n g u l o abierto en donde acorralan a los peces en grandes can-
tidades. Este sistema de pesca no es exclusivo de los uros, como supone
Palavecino. Lo practican casi todos los pueblos pescadores a y m a r á s que
habitan en las orillas del Titicaca- Por esto es de sumo interés saber dis-
tinguir q u i é n es son uros y q u i é n e s son a y m a r á s dedicados a la pesca
temporalmente, como ocurre en el golfo de Puno en el Titicaca. Numero-
sos viajeros, y aun hombres de ciencia en su a f á n de recoger datos de este
pueblo original, toman por uros a los habitantes de los palafitos de toto-
ra del golfo de Puno y de otras zonas del lago propicias a la pesca. Éstos,
a quienes se llama uros t a m b i é n por extensión, son a y m a r á s que en las
épocas de escasez de trabajo agrícola, o en malos tiempos, se dirigen con
sus familias a las zonas de K a p i y otras, c o n v i r t i é n d o s e temporalmente
en pescadores, y adaptándose completamente a la vida del lago. Algu-
nos llevan a esas zonas ciertas parejas de cerdos, para que se alimenten
de las yerbas de los fangales (llacho). Sus procedimientos de pesca son
interesantes. Conocen la manera de conservar la pesca mediante el pro-
cedimiento del ahumado o asando la pesca entre piedras caldeadas,
generalmente piedras planas y cuadradas de arenisca. E n esta forma,
r e ú n e n grandes cantidades de pescado seco y ahumado que luego ven-
den o permutan por productos agrícolas y con utensilios de diversa cla-
se. Palavecino indica que los uros tienen una característica curiosa: la de
ser n o c t á m b u l o s en la pesca. Esta característica es general para todos los
a y m a r á s pescadores del lago y se explica m u y fácilmente. Por la noche es

Un: • — i arcos
1
WflVEKlDAD NACIONAL MAYOR Bt&IUMMW"
48 BIBLIOTECA CE^TRAJ
m á s fácil coger pesca abundante, especialmente en las noches sin luna.
Los pescadores encienden s ú b i t a m e n t e una hoguera de totora seca sobre
la balsa, cegando a los peces, que se estrellan contra la «ckencha» o caen
cegados en las redes. E n las noches de luna es imposible la pesca porque
las aguas del lago tienen una gran transparencia y la luna proyecta la
sombra de la balsa del pescador a muchos metros de profundidad del
agua, ahuyentando a los peces.
Pero no es exacto que los uros pesquen sólo de noche. Pescan tam-
bién de d í a y a toda hora. V i v e n en el lago como anfibios y en su remo de
i m p u l s i ó n o llockena tienen las agujas para pescar de paso cualquier
pieza digna de interés por su t a m a ñ o . Pescan los hombres, las mujeres y
hasta los n i ñ o s . C a d a uno tiene su angosta balsa, y , por el laberinto de
calles y avenidas que existe entre los espesos totorales, caminan todo el
día con u n sentido de orientación que difícilmente t e n d r á otro indio no
adaptado al lago.
Los estudios publicados en La Prensa por Enrique Palavecino tienen
una suprema importancia para la etnografía económica, pero cabe hacer
una o b s e r v a c i ó n respecto a la identificación exacta de los verdaderos
pueblos uros. E n la actualidad la mayor parte de los llamados uros son
a y m a r á s y su tipo de pesca no debe considerarse como forma económica
de recolectores primitivos sino m á s bien de pescadores avanzados. Si los
uros a u t é n t i c o s pueden ser exactamente identificados, es necesaria una
investigación de carácter etnográfico con vistas a l trazo de la historia
económica, para dilucidar s u verdadero tipo de forma económica. Los
estudios efectuados hasta la fecha son de carácter filológico en su mayor
parte, pero no exclusivamente dirigidos al aspecto económico.
E l mismo prestigioso escritor Palavecino completa el cuadro econó-
mico de los uros de Uruito manifestando que, a d e m á s de pescadores,
tienen algunas vacas, emplean recipientes de alfarería de procedencia
a y m a r á , usan como combustible el excremento de llama o takia. L a des-
cripción hecha coincide en todo con las observaciones acerca de los i n -
dios llamados e r r ó n e a m e n t e «uros» de K a p i frente a Puno, pero que son
seguramente a y m a r á s . Los indios de K a p i v i v e n en islotes artificiales
entre los totorales. Para evitar que el viento arrastre con estos islotes, los
anclan con piedras. L a choza es de totora tejida, al igual que las velas de
la balsa. E l f o g ó n está en el suelo sobre piedras planas. FueTa de la choza
apenas hay campo para colocar algunos utensilios y para hacer secar
las redes inmensas de armazones redondos o romboidales.
A d e m á s de la pesca practican la caza armados algunos con anti-
guas escopetas cuyos disparos retumban en todo el paisaje. Cobran pie-
zas de patos, chokas y otras aves. E s general el consumo de la «base de la
totora», como dice Palavecino, por los uros y los a y m a r á s . S u color es

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49
59280
blanco y tiene sabor marcadamente dulce. Se llama chullo, y s u consumo,
no como alimento sino como accesorio o delicadeza (no hay palabra en
nuestro idioma que equivalga al genusmittel a l e m á n ) , es general aun en
los pueblos mestizos de los alrededores del lago. Pero a d e m á s de la parte
baja del tallo, se consume la raíz de la totora llamada sacka, que tiene u n
sabor mucho m á s delicado que el challo; es de color blanco, tiene una
suavidad de mantequilla y preparado con una salsa p o d r í a reemplazar
al e s p á r r a g o , cuya apariencia tiene.
E n conclusión, puede afirmarse como probable la existencia de for-
mas económicas de recolección simple en el antiguo Perú, pero sin que el
estado de las investigaciones actuales permitan señalar con precisión si
fueron formas recolectoras puras, o unidas a formas productoras de vida
económica, que es lo m á s probable.
Q u e d a r í a por dilucidar el problema de la existencia de tipos econó-
micos de pueblos cazadores o recolectores m á s avanzados, pero se ha
sostenido por H u m b o l d t que no existieron en e l p r i m i t i v o P e r ú
recolectores de tipo avanzado de cazadores, por la naturaleza del suelo
(sic). ¿ P o d r í a n asimilarse a este tipo los pueblos andinos que domestica-
ron la llama y la alpaca? No se considera probable este supuesto, porque
no eran animales que proporcionaban carne n i leche para la aumenta-
ción, m ó v i l principal de las formas económicas primitivas. Indicios de
una v i d a económica puramente pastoril, no se encuentran tampoco en el
18
Perú. E l doctor Tello afirma que existen numerosos corrales de la puna
y otros cercos o patios ubicados a l pie de los adoratorios o de cerros
nevados, tenidos como packarinas, corrales cuya construcción d e b i ó de-
mandar el esfuerzo conjunto de una gran población organizada, pues
están formados de grandes piedras colocadas en hileras. E n el interesan-
te relato de H e r n á n d e z P r í n c i p e se describen semejantes cercos destina-
dos al sacrificio de animales, en actos rituales a favor de la procreación
de las llamas y alpacas, sacrificio llamado Wari-willka. No hay mayores
datos acerca de una v i d a de pueblos del tipo de cazadores avanzados.
Dentro de las formas económicas descritas por Hahn, es posible que la
domesticación de estos animales haya sido t a m b i é n una labor subsidia-
ria de pueblos con formas m á s avanzadas, como la agricultura, y que
luego devinieron en esa forma exclusiva, como culturas locales, deriva-
das, mas no puras, del tipo recolector.

1 8
TELLO, Julio C. [«Wira Kocha»]. Revista Inca [vol. 1, n.° 1, pp. 294-320; vol. 1, n.° 3,
pp. 583-606]. Lima, 1923.
1 9
HAHN, Eduardo. Das Alter der wirtschafilichen Kultur [tier Menschheit, Heidelberg].
1905.

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50 Universidad del Perú. Decana de América
E l c u l t i v o de a z a d a

L a s formas de e c o n o m í a productora del pueblo preinca serían las s i -


guientes: Cultivo de azada, la horticultura y el cultivo de arado.
E l cultivo de azada se caracteriza por el laboreo de tierras con
instrumentos sencillos, azadas o instrumentos parecidos. L a s modali-
dades de esta f o r m a e c o n ó m i c a son variadas, s e g ú n que l a tierra se
haya ganado a l bosque, como ocurre en los valles de nuestra floresta; la
r e m o c i ó n de la tierra con azada o instrumentos parecidos, como se
encuentra a ú n hoy en algunos sitios de la puna; y a sea con el amonto-
namiento de limos fluviales fecundos, en terrazas, como el cultivo en
andenes, general en los Andes; o s e g ú n la e s p e c i a l i z a c i ó n en cultivo,
como la papa o la quinua.
Estos factores diversos son de vital importancia, pues el trabajo, la
distribución de los productos y las formas de la propiedad se vinculan
intensamente a ellos. L a o rg an ización social t a m b i é n v a r í a s e g ú n los
diversos tipos de esta forma económica de cultivo de azada.
U n a etapa m á s elevada de esta forma agrega al cultivo de azada la
g a n a d e r í a menor. T a l sería el caso de los primitivos pueblos cultivadores
con azada del Perú, que domesticaron el cuye, una especie de gallina, y
otros, a d e m á s de emplear abonos y riegos artificiales. E n resumen, una
etapa de transición a una forma superior representada por la horticultura.
Los primeros ayllus peruanos tuvieron la forma e c o n ó m i c a de pro-
ductores rudimentarios, utilizando raíces o t u b é r c u l o s en las zonas del
este de los Andes y granos en las zonas esteparias.
L a selección de las especies vegetales que dieron lugar a la creación
del producto alimenticio papa o maíz fue el resultado de u n factor geográ-
fico: la escasez de tierras en los estrechos y profundos valles, sea del lado
del Amazonas o de la costa. Este factor (aislamiento y escasez de tierras)
dio lugar a un cultivo gradualmente intensivo, perfeccionando los siste-
mas de riego.
E l cultivo de azada intensivo gradualmente, no p o d í a resultar por
otra parte sin u n r é g i m e n de f a m i ü a s , base de los pueblos que practica-
ron tal forma económica. Por eso representa el ayllu el r é g i m e n de trabajo
colectivo impuesto por el medio ambiente, por los escasos contornos geo-
gráficos y por las dificultades que t e n í a n que vencer para conquistar
estos elementos esenciales: tierras para cultivo y agua para el riego en la
costa. O tierras para cultivo y sistemas de defensa contra el exceso de
aguas en los valles transandinos.
UllíCh B e m f r ha aknnrUd© m á s en csLc aspeLLU de las ÍOrmas econó-
micas del cultivo de azada, distinguiendo diversos tipos de azada y de
cultivo, s e g ú n l a calidad del suelo ocupado por u n a unidad social y

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Universidad del Perú. Decana de América $ ]
otros factores. Así, por ejemplo, el instrumento comparable a la azada,
formado por u n palo con u n a punta afilada, como u n b a s t ó n que hunde
de t r a v é s en el suelo. Éste es el sistema de cultivo de los pueblos que
ocupan suelos de abundante humus en las zonas tropicales y que se
caracteriza por el cultivo de raíces y tubérculos, por ejemplo, la yuca
plantada en estacas con palos de chonta, o en otra forma m á s simple.
Berner define el cultivo de azada como aquella forma en la que e l suelo
no es cultivado propiamente de ninguna manera, o solamente con herra-
mientas de mano y en e l cual no se ha alcanzado el grado de intensidad
de la horticultura. Esta distinción aclara mucho el horizonte de la inves-
tigación para no confundir las formas económicas de pueblos actuales
que ocupan zonas de tierras tropicales, como los pueblos salvajes del
Brasil y P e r ú actual, con semejantes sistemas que han seguido otra línea
de progreso, que corresponde a los pueblos primitivos que ocuparon las
regiones andinas del antiguo P e r ú .
U n a forma superior que corresponde a una etapa de evidente pro-
greso es la horticultura. Ulrich Berner la define como una forma de culti-
vo en la que el suelo es cultivado con herramientas de mano, quedando
la tierra permanentemente bajo cultivo intensivo. Krause considera que
esta forma económica de horticultura es la forma por excelencia practi-
cada por pueblos como China, México y P e r ú . E l cultivo de horticultura
exige la colaboración de una familia o linaje. Así tenemos en el P e r ú el
ayllu ocupando una tnarka y ejerciendo la horticultura con característi-
cas realmente sorprendentes y originales.
Forma superior se considera e l cultivo con arado, cuya base social
ya no es u n linaje, sino la familia de tipo m o n o g á m i c o . L a consideración
de ser el cultivo de arado una etapa superior ha movido a muchos
etnólogos, historiadores antiguos y t a m b i é n c o n t e m p o r á n e o s a conside-
rar como una señal de inferioridad la carencia del arado entre los anti-
guos peruanos. Éste es u n error completo, nacido de la falta de conoci-
miento del Perú y de las modernas investigaciones de la etnología. Ulrich
Berner dice al respecto lo siguiente:

E l cultivo de azadón aparece a la mayoría de los hombres como infe-


rior, frente al cultivo de arado, porque carece de herramientas como
son el arado y la reja; pero esto no es cierto, pues en realidad desde un
punto de vista absoluto el cultivo del suelo con herramientas de mano
es mejor que con el arado, y esto vale hasta nuestros días con sus mode-
los modernos de arado que trabajan muy bien y más aun tratándose de
cualquiera de los arados primitivos. L a transición del cultivo de azada
al de arado está relacionada por tanto indudablemente con una dismi-
nución de los rendimientos de la cosecha por unidad de superficie. Sin

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52 Universidad del Perú. Decana de América
embargo, esta transición ha sido un progreso económico, por lo menos
20
si la población respectiva dispuso de tierras libres.
Esta afirmación es concluyente y caracteriza el tipo económico del
antiguo Perú, que no pudo usar el arado por diversas causas: 1.° Por la
forma del suelo peruano en los Andes, donde el cultivo se efectúa en su
mayor parte en laderas de los cerros; 2 ° Por falta de animales de tiro, y 3.°
Porque era necesario un cultivo intensivo para alimentar a una gran
población.
E l cultivo del arado es extensivo, exigía grandes extensiones de tie-
rras. E l cultivo en los estrechos valles de la costa y en los escarpados
valles andinos era cultivo intensivo con abonos, selección de tierras de
limo fecundo en los andenes y sistemas de irrigación bien dirigidos. E n
el cuadro económico de la agricultura mundial, el antiguo Perú ofrece
pues una forma tan superior para su medio, como lo es actualmente el
cultivo con tractor en Europa. Y una prueba evidente de esta superiori-
dad la encontramos verificada cuando los españoles introducen el ara-
do y con él cambian la forma económica de explotación del suelo, ocasio-
nando un verdadero retroceso en la agricultura, por lo menos en los
índices de producción. La expresión «no conocieron el arado» como
muestra de inferioridad, apenas puede admitirse en nuestros días.
Catalogado el Perú como país de agricultores avanzados en la for-
ma hortícola, cabe solamente destacar su originalidad e importancia.
Esta misma forma la practicaron México y China. E n China el pueblo era
horticultor, aún cuando conocía el arado en ciertas regiones, pero no
como instrumento «consustancial a la horticultura». Lo usaba apenas
un décimo de la población con bueyes de tiro y otros halados por hom-
bres. Pero en China, a pesar de ejercitar la forma económica hortícola, la
base familiar era la familia pequeña de tipo monogámico, aislada. L a
propiedad era en principio colectiva, pero cada familia recibía % de hec-
tárea, indivisibles e inalienables, salvo que trascurrieran tres años sin
cultivarlas.
En MéxiCO, las formas comunitarias primitivas evolucionaron bien
pronto a un marcado feudalismo que se acentuó con la formación de
castas señoriales. En cambio, en el Perú prevalece el cultivo intensivo de
horticultura avanzada, al que se agregó la ganadería, y todo esto con un
régimen colectivo de familias democráticas sobre la base del ayllu como
célula social. Esto daba lugar, en el terreno político, a una fuerte ínter-
vención de la colectividad en la economía familiar, de donde se interpre-
ta la organización social y política del Perú primitivo como socialista.
2 0
BERNER, Ulrich. «Dic Wirtchschaftlichen Grundlagen fur Entstehun und verbreitung von
Hackbau, Gartenbau und Ackerbau». Zettschrift fur Ethnologie, 57, Jahrgang, 1935, p.
271. Heft. 3-6.

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53
L a economía familiar, dentro del r é g i m e n hortícola peruano, no era
e c o n o m í a libre n i p o d í a serlo, porque las circunstancias del medio am-
biente no lo p e r m i t í a n . L a horticultura es una forma e c o n ó m i c a que rin-
de grandes productos para alimentar masas. Pero puede tener, dentro de
esa característica, la de e c o n o m í a cerrada, puesto que bien p o d í a pres-
cindir del comercio exterior o realizar muy pocos cambios. E s u n marca-
do contraste con el cultivo de arado, donde el usufructo se convierte en
propiedad privada y era la familia m o n o g á m i c a de economía libre. Des-
de ese momento se transforma la faz social y política de Europa, porque
ya no toma en cuenta el interés colectivo sino el e g o í s m o privado. No
puede aumentar la p r o d u c c i ó n sino conquistando nuevas tierras hasta
convertirse en e c o n o m í a mundial. E l cultivo intensivo h a desaparecido
ya en Europa hace tiempo, y, si existe, es adherido a nuevas formas eco-
nómicas industriales basadas en la ciencia del abono y de la p r o d u c c i ó n
sólo en determinados centros.
E n el P e r ú se presenta pues u n f e n ó m e n o e c o n ó m i c o singular. L a
forma hortícola avanzada con u n r é g i m e n social colectivo sorprenden-
temente original.

O r g a n i z a c i ó n d e l trabajo.
Herramientas

L a forma económica hortícola requería una organización especializada,


S e g ú n los datos de los cronistas, los ayllus estuvieron organizados en
grupos de cien, o pacliacas, que debían haber sido mandados por un pachac-
curaca. L a cifra de cien personas no debe tomarse como exacta m a t e m á t i -
camente. L a pachaca era a la v e z una población o conjunto de habitacio-
nes, cuyos poseedores usufructuaban una parte de la tierra de la tribu,
que se llamó marka. Pero en los comienzos de la vida del ayllu, los grupos
de trabajadores debieron ser menores y entonces aparece el término chunca,
que significa diez. S i en los t é r m i n o s primitivos una pachaca ocupaba
una marka, posteriormente se agruparon varias pachacas, agregadas unas
a otras, teniendo cada una sus tierras llamadas d e s p u é s Llakta-pachaca,
quedando las tierras sobrantes como propiedad c o m ú n de la marka. L a s
pachacas o ayllus constituían así poblados formados por casas con sus
huertas y chacras, s i n calles, n i plazas, apenas con sendas estrechas,
como caminos para la circulación, para aprovechar mejor la tierra.
Es fácil distinguir t o d a v í a hoy la forma de estas agrupaciones de casas
de indios, separadas unas de otras por las chacras, potreros o moyas.
Los ayllus pachacas se encontraban bien organizados mucho tiempo an-
tes de la f u n d a c i ó n de la dinastía de los Incas. E l sistema de trabajo es-
taba organizado porque, mucho antes de los Incas, el habitante peruano

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54 Universidad del Perú. Decana de América
tuvo que desarrollar s u esfuerzo e c o n ó m i c o para buscar casa, vestido y
alimentación.
Los complejos urbanos así formados en la época preincaica no eran,
sin embargo, uniformes en s u tipo. Variaban s e g ú n la naturaleza del
suelo o de su ocupación agraria o ganadera. Estos grupos de p e q u e ñ o s
campesinos v i v í a n en plena a u t o n o m í a , eligiendo una jefatura para las
é p o c a s de trabajos colectivos o para los tiempos de luchas con otras
tribus.
Esta organización de trabajo requirió indudablemente una división
del trabajo, c r e á n d o s e especializaciones para determinadas obras.
Los instrumentos empleados eran varios. Puede señalarse como el
m á s importante el takllo, que en s u forma primitiva debió ser como una
estaca con punta que d e s p u é s se perfeccionó y se l l a m ó chakitakllo. Para
hacer una relación de los principales instrumentos de esa é p o c a de cul-
tivos, es necesario recurrir al idioma a y m a r á y luego a l quechua. Bautis-
ta Saavedra ha recopilado una cantidad importante de palabras del
a y m a r á , que demuestran hasta d ó n d e llegó el progreso y la especializa-
ción en las obras hortícolas. Se empleaba la lijjuana, que se llamó raúkana
en quechua, azada en punta y en forma de codo, especial para el cultivo
de la papa, la oca y otros t u b é r c u l o s . E l yapuna, o arado a y m a r á o la
lampa, t é r m i n o t a m b i é n a y m a r á extendido en todo el país.
He a q u í algunos nombres que ofrece Saavedra como muestra de la
avanzada organización preincaica a y m a r á :

aliaña cultivar las plantas


aliriña cultivador de plantas
alicayaña injertar
alipatayaña hacer revivir u n árbol o planta
alintayaña plantar hondo
alinmpaña trasplantar
alirayaña o r d e n a c i ó n de plantas
aliyayaña preparar la simiente
alliña descuajar, roturar
allsuña escarbar, desplantar
alltaña remover la tierra
allintaña cimentar, plantar
sayona lote de cultivo
sarca acequia
sataña sembrar
Uamayuña cosechar
2 1
SAAVEDRA, Bautista. ElAyilu. [ElAyllu: estudios sociológicos. Prólogo de Rafael Altamira,
París: Lib. Ollendorff, 1913.]

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. Universidad del Perú. Decana de América 5 5
kollina barbechar
lijjuana pico de labranza
carpaña regar
kurpaña para deshacer terrones.

Lo que llama poderosamente la atención y caracteriza a la época


preincaica es el esfuerzo productivo llevado a su máximum, no sólo en la
domesticación y selección de especies animales y vegetales, sino en las
obras construidas para ese fin. Los antiguos peruanos, sea quienes ha-
yan sido, aymarás, quechuas o de otro pueblo, fueron creadores de tie-
rras y creadores de productos destinados a la alimentación y al vestido.
Podemos señalar dos grupos de trabajos agrarios de suprema importan-
cia: 1.° Obras de carácter agrícola; y 2.° Domesticación de plantas y ani-
males. Entre las obras del primer grupo sería demasiado prolijo y obra de
especialización describir cada una de las numerosas obras de riego, de-
fensa de aguas, abonos, etc. Pero deben destacarse como típicas de esta
época de esfuerzo económico productivo los andenes o cultivos en terra-
zas y algunas obras de riego en la costa y en la sierra.

L a producción. Cultivo en andenes o terrazas

Puede señalarse como tipo de esfuerzo creador el cultivo en terrazas. No


es posible tomar el cultivo en terrazas como una simple ocupación del
suelo por escasez de tierras, debido a una totalidad de cultivos en el resto
del Perú. El cultivo en terrazas o andenes tiene una significación técnica
y otra significación económica que demuestra hasta dónde llegó el es-
fuerzo productivo del primitivo habitante peruano.
Los andenes o terrazas de cultivo se levantan en los valles escarpa-
dos de los Andes orientales y occidentales para contener las tierras arran-
cadas del limo fecundo de los ríos y están dispuestas escalonadamente.
En zonas donde la tierra es escasa o está expuesta a deslaves violentos
por la crecida de los ríos, era más ventajoso disponer de tierras perma-
nentes en forma escalonada. Además de esta circunstancia, en zonas de
escasas lluvias periódicas, el cultivo en escalinatas tenía el papel de
distribuir la humedad de grada en grada, por las filtraciones de arriba
abajo, ofreciendo el aspecto de jardines suspendidos y verdecidos
perennemente. En cambio, en las zonas de lluvias abundantes, las terra-
zas o andenes eran obras de defensa para evitar el deslave de las tierras
de los flancos de la montaña o para encauzar el agua que corría hacia el
fondo del valle.
Los andenes constituyen un problema económico interesante que
debe estudiarse en cada región como una adaptación de la tierra a las

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Universidad del Perú. Decana de América
necesidades del hombre. Por esto existen diversos tipos de andenes se-
g ú n se trate de cultivos tropicales en la zona de Yungas o se trate de
andenes o terrazas en las zonas productoras de papas de la puna y
también en los flancos de la cordillera occidental que mira hacia el Pací-
fico. Todavía no existen sino referencias generales sobre el cultivo en
terrazas en el Perú, pero un estudio local de las condiciones económicas
y técnicas de cada tipo de andenes sólo en nuestros días se está hacien-
do. Los constructores de andenes, como dice con razón Cook, fueron
22
«verdaderos creadores de tierra».
Otro tipo de creadores de tierra en el antiguo Perú formado por los
que cultivaron el suelo duro de la puna con el Chaquitakllo, que es un tipo
de cultivo completamente distinto al tipo horticultor, aunque puede
considerársele como una variante local de la misma forma económica.
Kaerger ha descrito magistralmente esta forma de cultivo, actualmente
usado en el Perú, y que consiste en el cultivo de papas o quinua en la
sierra, cuyos suelos están cubiertos de un apretado tapiz de pasto y don-
^^BT^Ojk^\ ~É í l ^ t HCTTST K
de no es posible sembrar. E l chaquitakllo es el instrumento por excelen-
cia para hacer bloques cuadrados o rectangulares del suelo, de 10 a 15
centímetros de espesor, que luego se colocan en el mismo sitio volteados,
para que aparezca afuera la tierra húmeda. Colocados en hileras estos
bloques, las papas so siembran en los intersticios. Este cultivo es suma-
mente ingenioso y es general en las mesetas altas de la puna de tola, y no
hay instrumento superior al chaquitakllo para esa labranza. E s una anti-
cipación al cultivo del dry farming o cultivo de secano. En esta forma se
cultiva actualmente la papa en gran parte de la sierra y se aprovecha así
una extensa zona que, de otra manera sería, quizá imposible aprovechar
en las regiones más altas de los Andes.
Otro tipo interesante de creación de tierras para cultivo puede en-
contrarse en la costa, en los valles a donde ya no es posible conducir el
agua de los ríos por medio de canales o sangrías, y consiste en escarbar
grandes extensiones de tierra hasta una profundidad donde se encuen-
tre humedad natural suficiente para efectuar algunas plantaciones con
24
un procedimiento de abono intenso y bien regulado.
Tenemos así en los valles de la costa y en los valles de los Andes
orientales, como también en ía zona de mesetas de la puna de tola, un
procedimiento colosal de creación de tierra, de adaptación del suelo a
2 2
COOK, O. F. «Perú como centro de domesticación de plantas». Smithsonian Instituí.
Journal of Heredity. Infome del año 1908 [ver nota 3 (N. del E . ) ] .
2 5
KAERGER, Karl. Landwirtschaft und Koionisation in Spanisch Amerika. Leipzig, tomo II,
p. 343, [19011.
1 4
GARCILASO DE LA VEGA, Inca. Los comentarios reales de los incas [1609]. [Para esta
referencia, remitimos al lector a la edición de Ángel Rosenblat en dos tomos. Buenos
Aires: Emecé, 1943.]

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Universidad del Perú. Decana de América 57
las necesidades humanas que seguramente no encuentra paralelo en
otro sitio de la tierra por los esfuerzos de inteligencia y de energía huma-
na que tuvieron que hacer.
Como perteneciente al primer grupo se pueden señalar algunos ti-
pos de irrigación y obras hidráulicas. Son y a conocidas las referencias
de los cronistas e s p a ñ o l e s y de tratadistas c o n t e m p o r á n e o s sobre las
obras de irrigación del antiguo P e r ú . E n este capítulo, para no repetir lo
que puede encontrarse suficientemente descrito, debe señalarse el es-
fuerzo de aprovechamiento de aguas en las sierras peruanas, hecho eco-
n ó m i c o que pertenece solamente a la etapa del P e r ú preincaico e incaico
y que ha sido totalmente abandonado hasta nuestros días. E n el P e r ú se
ha venido a hablar de irrigación en la sierra sólo en estos ú l t i m o s a ñ o s ,
con la sorpresa de quienes creían que el problema de la irrigación no
existe m á s que en la costa del P e r ú . Los habitantes del P e r ú primitivo
resolvieron este problema construyendo cisternas y aljibes en distintos
puntos de la sierra, levantando m o n t í c u l o s artificiales a donde condu-
cían el agua en é p o c a de lluvias para almacenarla y distribuirla durante
el invierno soleado y seco. E n la actualidad pueden observarse numero-
sos restos de esta clase de zonas ganaderas que en ciertos lugares se
utilizan por casualidad para el almacenamiento de las lluvias y luego
sirven para mantener verdes los pastizales de alrededor durante el i n -
25
vierno. E l m o n t í c u l o del Tiahuanacu es un tipo de esa clase de obras de
aprovechamiento de aguas, sin que ello signifique una a f i r m a c i ó n de
que tal m o n t í c u l o f u e realizado con ese f i n exclusivo sino para señalar
una obra m u y semejante.

D o m e s t i c a c i ó n de p l a n t a s y a n i m a l e s

E n el segundo capítulo del esfuerzo creador del P e r ú primitivo en orden


a su e c o n o m í a , debemos señalar el aspecto interesante de la domestica-
ción de especies animales y vegetales en el suelo cuya p r e p a r a c i ó n y adapta-
ción acabamos de ver.
A quien debemos los m á s sugestivos estudios en esta materia es a O.
F. Cook, del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos. Puede
afirmarse que los estudios planteados por Cook constituyen una revolu-
ción en el campo de la historia nacional, especialmente de la economía.
Cook, dando importancia de primer rango a la biología para explicar
muchos problemas históricos que ni el estudio del ambiente geográfico
ni los restos arqueológicos pueden hacer, plantea, como cuestión de inte-
rés excelso, el estudio de la genética vegetal para encontrar los sitios y los
pueblos que domesticaron especies vegetales que primordialmente fue-
2 S
BASADRE, Modesto. Riquezas peruanas. Lima [: L a Tribuna], 1 8 8 4 .

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58 Universidad del Perú. Decana de América
ron silvestres y no útiles al hombre, pero que por el esfuerzo de selección
y adaptación por la horticultura, llegan a convertirse en productos útiles
al hombre. Por ejemplo, tenemos la papa —cuyo antepasado ancestral,
la papa silvestre o amarga, existe todavía—, así como muchos otros
productos.
«La civilización —dice Cook— se funda en la agricultura y la agri-
cultura en la domesticación de las plantas. Los más primitivos salvajes
emigran en busca de alimento así como animales rapaces. La provisión
de alimentos o el cultivo requiere la combinación de ambas formas. Una
colonización ya establecida comienza a acumular la experiencia de su-
cesivas generaciones y se hace posible así el avance hacia la civilización.
La necesidad de locación fue auxiliada por tres formas de domesticación
de plantas, animales y el fuego. Para el hombre primitivo el fuego fue la
gran obra que puso a prueba la habilidad del hombre para la conserva-
ción de su existencia.»
En el estado actual de la ciencia ya no hay duda de que cada planta
cultivada ha tenido un ejemplar silvestre original. Pues bien, el Perú,
afirma Cook, es uno de los centros de domesticación de plantas más
notables de la tierra, puesto que de este centro se propagaron productos
como la papa, producto éste que ha revolucionado la faz económica del
mundo en muchos aspectos.
Los primitivos habitantes del Perú, que se instalaron en los estre-
chos y profundos valles, se vieron constreñidos a domesticar especies
vegetales para poder subsistir. El escaso horizonte geográfico, el aisla-
miento que hemos señalado como bases geográficas del ayllu primitivo,
después de un estudio de la tierra peruana, fueron una presión poderosa
para que el habitante seleccionara y domesticara plantas. Si hubiera vi-
vido en ía selva poblada de animales o de frutos, la domesticación de
especies no habría sido posible. Pero en los valles de la costa o en los
valles transandinos, los grupos humanos quechuas o aymarás, nazcas o
chimús, tuvieron el poderoso incentivo de buscarse alimentos y todo su
esfuerzo económico tuvo por resultado la domesticación. Ese proceso
largo es muy anterior a los Incas y desde luego infinitamente muy ante-
rior a la dominación española, en cuya época se advierte más bien un
retroceso agrícola, pues decae el cultivo de la papa y desaparecen nume-
rosas especies en el Perú.
Las especies vegetales domesticadas en el Perú catalogadas en 1915
por la Expedición de la Universidad de Yale y la Sociedad Nacional de
Geografía ascienden aproximadamente a ochenta. La lista tan numerosa
Comprende, como las más conocidas, las siguientes:

COOK, O. F. La domesticación de plantas en el Perú, op. cit.

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Achojcha (Cyclanthera), caigua.
AchupaÜa (Ananá), pina.
Anear (Lagenaria), calabaza
Apichu (Ipomea), camote.
Kaya (Oxalis), oca.
Chirimoya (Annona).
Coca (Eritroxilon).
Inchis (Arachis), maní.
Papa (Solanum), papa.
Pumtu (Phaseolus), poroto.
Quinoa (Chenopodium).
Racacha (Aracaecía).
Rumu (Manihot), yuca.
Sara (Zea Mais), maíz.
Ullucu (UIIucus), olluco.
Uchú (Capsicum), ají.
Utcu (Gossipum), algodón.

L a investigación preliminar sobre las plantas domesticadas debe ser


cuidadosamente estudiada para distinguir las plantas peruanas de las
extraperuanas. Una dificultad constituye el hecho de que los españoles no
conservaron el nombre indígena e daba a ellas en Perú, como en el caso del
maíz, palabra traída desde Centroamérica, y que en quechua es sara; así
como el término m a n í y otros. L a s conclusiones de Cook indican que,
determinando el origen silvestre de numerosas plantas en el Perú, con un
criterio biológico, se puede afirmar que el P e r ú fue un gran centro de do-
mesticación de plantas, de donde irradiaron a otras regiones del globo.
Con respecto a la papa, el citado profesor O. F . Cook dice que «[...] es
la m á s inapreciable herencia que nos dejaron los antiguos peruanos, y
representa hoy el mejor y m á s grande tesoro que los españoles encontra-
ron durante la conquista del P e r ú » . Se a f i r m a que hubo dos centros de
origen de la papa cultivada en Sudamérica, uno en el sur chileno y archi-
piélago de Chiloé, y el m á s notable, de donde irradió la papa al mundo,
procedente del macizo andino peruano del sur. No solamente las opinio-
nes concluyentes de O. F . Cook, de Laufer y otros m á s han probado el
origen peruano de la papa, sino las recientes experiencias del padre
Soukop, en Puno (Perú), y los estudios del peruano C é s a r Vargas, de la
Universidad del Cuzco, y los resultados de la misión rusa del a ñ o 1927,
con el profesor Sergio Juzepzuk, han demostrado, con pruebas genéticas,
el proceso de domesticación de la papa, no como una simple afirmación,
como la del botánico Vicente G a y o de Humboldt, en cuyos tiempos la
ciencia genética no h a b í a nacido.

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60 Universidad del Perú. Decana de Am
Deben agregarse a tales pruebas las de carácter arqueológico, que se
han hallado en las m á s antiguas tumbas preincas, las papas, y a sea en
forma de chuño, de macaya, o la papa conservada y seca. Muchas cerámicas
representan la papa en múltiples formas y variedades, como puede verse
en el Museo de Magdalena de L i m a , tan m a g n í f i c a m e n t e organizado por
Tello y sus discípulos. Como afirma Vargas, debió requerir un largo
proceso de años, no solamente la domesticación de la primera papa amar-
ga, cuyo [consumo] ancestral es bien conocido en las m o n t a ñ a s del sudes-
te del Perú, sino en la producción de muchas variedades, y aun en el arte
de conservar la papa deshidratada, en sus formas chuño, tanta y moraya.
E l caso del m a í z parece elucidado con el concluyente estudio de los
profesores P. C . Mangelsdorf y R. G . Reeves, de la Universidad de Harvard
y de la Estación Experimental de Agricultura de Texas, respectivamente.
E l maíz, o sata, se cultivaba en el P e r ú hasta en los límites de la e c ú m e n e ,
a m á s de doce m i l pies, en las zonas r i b e r e ñ a s del Titicaca y en las islas
del lago que lleva su nombre. Existen cerámicas preincas representando
el m a í z y la planta del maíz. E r a , d e s p u é s de la papa y la quinua, el
alimento principal, y con él se hacía la jora o chicha. E l calendario incaico
reposa sobre el tiempo de siembra y cosecha del maíz. E l rito de Mama
Sara, s e g ú n Markham, demostraba su vieja a d o r a c i ó n . Y los estudios de
Payne demostraron t a m b i é n cuan grande era la influencia social y eco-
29
n ó m i c a de su cultivo, como la base de las civilizaciones andinas.
E l m a í z fue domesticado y seleccionado en diferentes centros de A m é -
rica. E n México, en el sur de los Estados Unidos y en la región andina del
Perú, enforma independiente. Mangelsdorf dice: «La teoría de Montgomery
y Weathervax, referente a que el Zea, la Euddaena y el Tripsacum represen-
tan productos de líneas independientes que descienden de un remoto an-
tecesor c o m ú n , parece ahora ser válida para dos de las tres plantas consi-
deradas». Y también dice: «La opinión de Stutewant, de que el m a í z de
tostar es u n tipo primitivo, y que el maíz del Cuzco, del Perú, representa el
tipo m á s altamente domesticado, nos parece ahora exacto».

Otros aspectos de la producción

Los primitivos peruanos aprovecharon, para la industria del vestido, la


lana y el a l g o d ó n , como productos principales. Como materiales secun-
darios, o de adorno, las plumas de aves, fibras vegetales diversas, pieles
de zorros, de focas, paja de puna y totora de los lagos para cestos.

1 1
Julio C . Tello fue nombrado oficialmente director de este musco el 3 de enero de 1939.
([Link] E . )
2 9
VARGAS, Carlos. Boletín del Museo Javier Prado de Lima.
2 9
HERRERA, Fortunato. Revista del Museo Nacional de Lima.

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61
E l a l g o d ó n ha merecido importantes estudios, mientras la zona de
lana no ha sido estudiada, n i desde el punto biológico, n i económico, a
pesar de su importancia.
E l a l g o d ó n , como textil, f u e utilizado en épocas m u y anteriores a la
incaica. Tiene s u nombre quechua: utcit; s u nombre a y m a r á , khuea; s u
nombre mochica,/flm, y su nombre g u a r a n í , amandiyú.
E n el Brasil central los i n d í g e n a s lo utilizaban como textil en el a ñ o
1557, s e g ú n lo vio el viajero f r a n c é s Jean Lorias, lo que indica que su
aprovechamiento y domesticación era de é p o c a muy anterior.
Cieza de León o p i n ó porque era nativo de los valles cercanos a Q u i -
to, tal v e z de í m b a b u r a , donde crece hasta en los ocho mil pies de eleva-
ción. E l padre Acosta se ocupa de esta planta con extensión; mas no así
Cobo, que tanta importancia dio al mundo de las plantas y animales de
América.
Esta planta, como otras, ha debido ser el resultado de u n proceso de
selección y domesticación, como afirma Cook; y encontrar sus ejempla-
res nativos sería de capital importancia. E n las zonas forestales del P e r ú
existe el a l g o d ó n nativo. Se le e n c o n t r ó t a m b i é n en las islas G a l á p a g o s .
Sus diversas especies, como el Gossypiúm religiosum, nativo de las monta-
ñas del Brasil y Perú, clasificado por Linneo; el Gossypiúm vitifoliuttt,
clasificado por Lamarck como existente en Piura, dio seguramente el
producto Gossypiúm peruvianum, conocido hasta nuestros días, y que
p o d í a ser el resultado de u n proceso de selección, así como se ha obteni-
do en nuestros días el a l g o d ó n T a n g ú i s .
L a utilización del a l g o d ó n llegó a los m á s grandes perfeccionamien-
tos, como lo h a demostrado la notable investigadora nacional Rebeca
C a r r i ó n Cachot, en su trabajo «La indumentaria en la antigua cultura de
Paracas». Ella dice que no sólo se e m p l e ó el a l g o d ó n , sino materiales
secundarios, como pieles de animales, fibras vegetales y lana, revelando
así dominio técnico y capacidad artística, adquirida mediante largas
experiencias y en el transcurso, tal vez, de varios siglos.
E n cuanto a la d o m e s t i c a c i ó n de animales en el antiguo Perú, se
plantea un problema interesante para la reconstrucción del cuadro eco-
nómico. Para quienes han sostenido la sucesión de ¡os tres grados de
recolectores y agricultores como etapas obligadamente sucesivas en la
v i d a de los pueblos, la s u p o s i c i ó n de una vida pastoril anterior a la
agricultura es evidente. Los pueblos que domesticaron la llama, el cuye y
otros en el Perú, h a b r í a n sido, en consecuencia, pertenecientes a una
forma económica anterior a la agricultura, pero esto y a no es posible

, 0
CARRIÓN CACHOT, Rebeca. «La indumentaria en la antigua cultura de Paracas». Wiracocha,
Revista Peruana de Estudios Antropológicos, Lima, vol. 1, n.° 1, enero-marzo de 1931,
pp. 36-86. (N. del E . )

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sostener a la luz de la etnología moderna. La vida nómada de los pasto-
res no es favorable a la domesticación. Ello lo sostiene Krause, y Cook lo
afirma rotundamente en su trabajo citado. La domesticación requiere
previamente localización en un sitio, y es lo más probable que la forma
pastoril haya provenido de una etapa productora, especializándose des-
pués. Krause distingue, para la investigación de esta parte, la forma eco-
nómica de la vida pastoril, la ganadería como hecho económico. E n con-
secuencia, la ganadería menor ha debido surgir consustancialmente con
el cultivo de azada en localidades aisladas.
En el Perú primitivo se domesticaron animales como la llama, la
alpaca y el cuye, y algunas especies de perros. E l cuye estaba extendido
en casi todo el Perú, quizá como la más importante alimentación de car-
ne. Las llamas y alpacas se propagan en alturas superiores a los doce mil
pies.
Las condiciones de la domesticación animal en el Perú no permiten
asimilarlas a la forma económica de cazadores, sino de pueblos agríco-
las que agregaron como conquista económica, la domesticación de algu-
nas especies, de las que el cuye y la llama son las más importantes por su
trascendencia económica. Esta domesticación fue lograda antes de los
Incas, quienes probablemente domesticaron la alpaca, e iniciaron la do-
mesticación de la vicuña, interrumpida por la conquista del Perú.
A l estudiar el proceso de la domesticación de la llama, seguramente
se encontrará biológicamente a este animal como al más antiguo, y por
tanto correspondiente a la etapa del Perú primitivo; luego a la alpaca,
domesticada muy posteriormente a medias, y, finalmente, la vicuña, cuyo
proceso de domesticación es posterior y se vio interrumpido por la con-
quista española.
L a lana se conocía ya en las primitivas culturas de Paracas; Rebeca
Carrión Cachot afirma que se la encuentra raramente, o quizá en perío-
dos posteriores. Means afirma que el primitivo hábitat de este animal
camélido fue Norteamérica, de donde se extendió en ramas a Asia y
Sudamérica, pero sin datos de investigación genética para tan inverosí-
mil expansión, dejando grandes espacios donde no se aclimata el
guanaco.
La abundancia de restos textiles de lana hace reafirmar aún más la
opinión de que la domesticación del guanaco no fue base alimenticia de
la vida de los peruanos, a quienes Means también supone una etapa de
pescadores y cazadores primitivos, sino una actividad económica gana-
dera, agregada a pueblos que habían fundado en la papa y otros produc-
tos vegetales su base alimenticia de colonización.
En cuanto al aprovechamiento de minerales, los estudios de Boman,
Rivet, Jijón y Caamaño, entre otros, demuestran que también se utiliza-

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Universidad del Perú. Decana de América 6 3
ron el cobre y el bronce. Según Boman, la zona del cobre comprendería
parte de Colombia, Ecuador y norte del Perú; mientras la zona del bron-
ce, la costa central del Perú, sur del Perú, Bolivia y Argentina, emplea-
rían el estaño, consciente o casualmente, en sus fundiciones de cobre,
dando lugar a una especie original de bronce, como lo demuestran los
objetos encontrados en zonas de Tiahuanacu.
Los datos aún oscuros de esta época deben estudiarse con más am-
plitud en la época de los Incas.
Otros aspectos de la actividad productiva industrial de esta época
se hallan constituidos, después de la industria de la alimentación y el
vestido, por el de la casa y accesorios, cobrando especial importancia la
cerámica, que alcanzó desarrollo máximo en las culturas de Nazca y
Chimú, y también en Pucará del Titicaca.
Como la cerámica y ía industria de la casa ha cobrado singular
importancia en la historia del arte peruano, su aspecto económico en lo
que se refiere a la organización del trabajo, a la captación de las materias
primas y otros aspectos económicos ha sido completamente postergado.

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