NOVENARIO
NOVENARIO
Comedia en 9 cuadros.
Sinopsis: Vicenta de pronto descubre que ya está muerta, que el rosario que se
reza es para el eterno descanso de su alma. La obra se estructura en
nueve cuadros que son los de la novena del rosario, cada cuadro
subtitulado con un misterio a través de los cuales vemos la vida de la
familia, misma que Vicenta recuerda mientras escucha su novenario. La
hija mayor conciente de sus deberes, realista y responsable, tiene
conflicto con su madre por haberle reclamado el ser sobreprotectora con
el único hijo varón. Este sueña con ser artista, pero carece de talento. En
el fondo ambas mujeres se preocupan por lo mismo: el que el muchacho
siente cabeza y deje de soñar. Antonio, el padre, muerto un año atrás,
profundamente humano, viene por su esposa Vicenta para que descanse
en paz, pero ella no quiere irse hasta ver realizados a sus hijos. Debe
liberarse, y para ello tiene que perdonar. 11 personajes. 5 mujeres, 3
hombres 2 niñas y un niño.
ÉPOCA ACTUAL.
Entra la madre muy despacio, como si acabara de despertar. Ve a Chole que está
en la cocina muy ocupara, y luego se sigue hasta una silla. Se sienta
cómodamente y con una gran actitud de satisfacción.
MADRE.- Aaaah! Si vieras qué bien dormí! Horas y horas. Soñé‚ que me
llevaban a misa y yo sentía una gran quietud... Una paz espiritual,
como diría el padre Miguel. Y luego desperté‚ como si nada, ni parece
que estuve tan enferma. Cualquiera hubiera dicho: se va a morir, esta
buena señora no pasa la noche. ¡ Y mírame aquí tan oronda! ¿Quién iba
a creerlo? ¡Me siento completamente curada! (PAUSA. ESPERA
ALGUNA REACCION DE CHOLE) Ya el padre Miguel me había
dicho: ten fe en Dios, ten mucha fe que buena falta te hace. ¡Quién iba a
decirlo! ¡Hasta cura me trajeron y mírame aquí tan tranquila!
(CHOLE SACA EL PAN DE UNA BOLSA DE PAPÁEL Y LO PONE
PACIENTEMENTE SOBRE UNA CHAROLA QUE COLOCARA
DESPUES EN LA MESA).
MADRE.- ¡Ay, Chole! ¡Qué sabroso se ve ese pan! Pero creo que esta vez
trajiste demasiados, como si fu‚ramos a tener visitas. CHOLE
PREPARA LA OLLA DEL CAFE.
MADRE.- Si vas a hacer café, ya sabes que me gusta con piloncillo y canela.
CHOLE PONE LA OLLA EN LA ESTUFA.
MADRE.- ¡Ay, qué agusto me siento! De veras. Ni parece que ayer estuve tan
enferma. El padre Miguel se va a sorprender y el doctor Merino. Ay,
hijita, me siento tan bien que me comería todo ese pan de un golpe.
(PAUSA. ESPERA RESPUESTA) Tienes que dejarle dos piezas a
Chema por si llega tarde, y un vaso de leche, ya sabes que a él le hace
mucho daño el café; y luego el pobre nada que haya ni qué comer a
media noche. ¡Demontres de muchacho! ¿Dónde andar ? (ESPERA
RESPUESTA) ¿Sabes qué horas son? CHOLE SALE SIN
CONTESTAR.
MADRE.- Chole, te hice una pregunta. (Pausa) ¡Ay Dios mío, estos hijos! Tanto
que se desvive una por ellos y así pagan. Tú sabes Jesús mío, de todo lo
que me he sacrificado por ellos. Navegar con tres hijos no es cosa fácil.
Y así de mala como me veía no desfallecí. Te agradezco, Señor, estos
nuevos bríos que me das, y te prometo emplearlos para llevar bien las
riendas de mi casa. Esta Chole desde chiquita me ha dado dolores de
cabeza, lo mismo que el hermano; pero él es hombre, y los hombres son
diferentes. Que un hombre llegue en la madrugada con una cuantas
copas, es natural; pero una mujer, que porque estaba estudiando con la
amiga, que porque los exámenes... no, no, no. No está bien. Gracias te
doy, Señor, por permitirme seguir entre mis hijos, pero ilumíname. Yo
ya no se cómo quitarle a Chole lo grosera, y a Chela lo pasguata.
(PAUSA) Chema está bien, así son los hombres, inseguros, inquietos.
Necesitan siempre de una mujer. ¡Pobrecitos de mi hijo, quiere ser
artista! ¡Ya encontrará una buena mujer que lo haga sentar cabeza!
(VUELVE CHOLE. LIMPIA LOS MUEBLES CON UN TRAPO)
MADRE.- Hace un momento te pregunté qué horas son.
VOZ DE CHELA .- ¡Chole, Chole, ayúdame!
CHOLE.- Ya voy. (Sale)
MADRE.- Contéstame siquiera, socarrona. ¡Majadera! ¡Siempre has sido una
majadera! ¡Esos bramidos que pegabas no eran m s que remordimientos
! (SE SORPRENDE) ¡Remordimientos!
CHELA.- (ENTRA CON UNA SILLA Y LA COLOCA JUNTO A SU
MADRE) Doña Pola me prestó cuatro.
CHOLE.- (CARGANDO OTRA SILLA) ¿No se te hace que son muchas?
CHELA.- No.
CHOLE.- ¿Para qué quieres tantas? Ni que fiera a venir una multitud.
CHELA.- Vale m s que sobren, tráete la otra. (SALEN)
MADRE.- Ay, mi Chelita, siempre tan trabajadora. ¿Para qué andar acarreando
sillas? ¿Iremos a tener fiesta? (VUELVEN CHELA Y CHOLE Y
ACOMODAN LAS SILLAS)
CHELA.- No, así no. Mejor ponlas contra la pared, ¿no te parece?
CHOLE.- Yo digo que así, para que quepan las del comedor.
CHELA.- A mi mamá no le gustó nunca que saquen las del comedor. Mejor las
de la cocina.
CHOLE.- Están bien feas, qué va a decir la gente
CHELA.- A lo mejor no vienen tantos, como tú dices.
CHOLE.- De todos modos.
MADRE.- Siempre has de dar la contra con tal de discutir con tu hermana. Déjala
que saque las de la cocina. Y díganme por favor qué relajo se traen.
CHELA.- (CARGANDO UNA SILLA DE LA COCINA) Estas está n bien.
CHOLE.- Bien feas. Ya ves cómo es doña Pola de criticona.
MADRE.- ¡Qué le hace!
CHELA.- No debería importarte tanto lo que dice esa señora.
MADRE.- ¡Eso es!
CHOLE.- Están muy sucias.
MADRE.- Ay, sí, tú. ¿De cuándo acá tan preocupona?
CHELA.- Les damos una limpiadita.
CHOLE.- Pues se las dar s tú, porque yo no pienso ayudarte. A ver a qué horas
terminas. (SALE)
CHELA.- ¡Cómo ser s! (MIRA LA SILLA. VA A LA COCINA)
MADRE.- Haces bien en poner las de la cocina. Luego, si vienen los amigotes de
tu hermana, me van a estropear las otras. (CHELA VUELVE CON UN
TRAPO Y UN RECIPIENTE CON JABON. EMPIEZA A LIMPIAR
LA SILLA)
CHELA.- está n bien puercas.
MADRE.- Ay, Chelita, qué pena me da que te pongas a limpiar esas sillas. Eres
como tu madre, infatigable. La otra salió como el papá testaruda como
ella sola. Ay, hijita, quisiera ayudarte, pero tú sabes que el doctor me
recomendó absoluto reposo. Y aunque ahora me siento muy bien, no es
bueno desobedecer al médico. (CHELA DEJA DE LIMPIAR LA
SILLA. AVIENTA EL TRAPO Y REGRESA LA SILLA A LA
COCINA).
CHELA.- Chole, está bien, tráete las del comedor.
MADRE.- Pero ¿Qué haces, pasguata? ¿Por qué siempre tienes que hacer lo que
tu hermana te ordena?
CHELA.- (MIRANDO AL CIELO) Perdóneme mamacita, pero creo que Chole
tiene razón.
MADRE.- ¿Qué dices? En fin, para tarugo no se estudia, en eso sí que no te
pareces a mí.
CHELA.- Tráelas que ya casi es hora.
MADRE.- ¿Y yo? ¿Acaso estoy pintada?
CHELA.- ¿Me oíste?
CHOLE.- (ENTRA CON UNA SILLA) ¿Verdad que son mejores estas?
CHELA.- Voy por otra (SALEN)
MADRE.- Pues yo no voy a permitir que traigan acá esas sillas si no me dices
ahora mismo para qué diablos las quieren. ¿Me oyes? (CHOLE SALE
POR OTRA SILLA AL TIEMPO QUE CHELA REGRESA). ¿Me
oyes? ¡Chela, vuelve esa silla a su lugar! En esta casa se respetan mis
órdenes. ¡Exijo que me den una explicación! (VUELVE CHOLE) ¡Deja
esa silla allá! (TOCAN A LA PUERTA)
CHELA.- (YENDO A ABRIR) Ya empezaron a llegar.
POLA.- Buenas noches, ¿se puede?
MADRE.- Claro que no se puede, es usted inoportuna.
CHOLE.- Buenas noches, pasen, pasen.
MADRE.- ¿Pero qué se traen ustedes?
LOLA.- Buenas noches.
MADRE.- No estoy dispuesta a recibir a estas inoportunas en mi casa. estamos
discutiendo un problema familiar.
CHOLE.- ¿Gustan un cafecito con pan?
POLA.- Al terminar, m'hijita, al terminar.
MADRE.- ¡Nomás eso me faltaba!
LOLA.- Yo creo que hace falta una imagen de la virgen de Guadalupe... digo.
MADRE.- ¡Qué está pasando aquí!
POLA.- Lola lo dice porque debemos pedirle a ella por la difuntita.
MADRE.- (A CHELA) ¿Qué dice esta mujer? ¡Hija, por favor, explícame! ¡Dios
mío, creo que ni me ve!
POLA.- Pero si no la tienen no importa. Prendan esa veladora.
MADRE.- (MUY PREOCUPADA) ¿Por qué no me hacen caso? ¿Por qué no
pueden verme?
CHOLE.- ¿Servir un retrato de ella?
CHELA.- está bien así. (PRENDE LA VELADORA)
MADRE.- Ay, Dios mío, estoy soñando.
LOLA.- Mañana podrías ponerla con unas florecitas.
CHELA.- Así ser .
LOLA.- Si no tienes virgencita, con una foto está bien.
CHELA.- ¿No ir a venir m s gente?
CHOLE.- No lo creo.
CHELA.- ¡Pobrecita mi mamá ! (SOLLOZA)
POLA.- De rodillas todas. (SE HINCAN) Por la señal de la santa cruz de
nuestros enemigos líbranos, Señor. (REZAN TODAS)
MADRE.- Esto es un sueño, una pesadilla. ¡Dios mío, ayúdame a despertar! ¡Oh,
señor! ¿Cu l fue mi pecado para recibir este castigo? No me abandones,
señor, no me abandones... Señor mío Jesucristo, Dios y hombre
verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser vos quien sois, y
porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos
ofendido... (SOLLOZA Y PROSIGUE MURMURANDO EL REZO).
POLA.- Abre Señor mi labios...
TODAS.- Y mi boca cantar tu alabanza.
POLA.- Acude, Oh, Dios, en mi ayuda.
TODAS.- Ven pronto, Señora a socorrerme.
POLA.- Gloria al Padre, gloria la Hijo, gloria al Espíritu Santo...
TODAS.- Así como era en un principio, por los siglos de los siglos, Amén.
POLA.- María, madre de gracia, madre de misericordia..
TODAS.- En la vida y en la muerte, ampáranos, gran señora.
POLA.- Primer misterio: La encarnación del Hijo de Dios. Padre nuestro que
Estás en los cielos, santificado sea tu nombre, hágase, Señor tu voluntad
así en la tierra como en el cielo.
TODAS.- El pan nuestro de cada día dánoslo hoy, y perdona nuestra ofensas
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden... (QUEDA
EL REZO DE FONDO)
MADRE.- Mi Chema... mi pobre Chema... mi pobre muchachito... ¿Por qué
pienso tanto en él?
(CAMBIO DE LUZ. ENTRA CHEMA MUY ENTUSIASMADO)
CHEMA.- ¡Mamá ! ¡Mamá !
MADRE.- Fíjese Mamá , que le regalé su retrato a Lucha Villa, el que le estaba
haciendo, ¿se acuerda?
MADRE.- Si, si, si...
CHEMA.- Se lo di con dedicatoria y todo. Le gustó mucho. Y ¿Sabe qué me
dijo?
MADRE.- ¿Qué cosa?
CHEMA.- Que me vaya a México, que ella puede relacionarme con gente
importante.
MADRE.- Y ¿Para qué todo eso?
CHEMA.- ¿Cómo que para qué? Pues para hacerme artista... para ser famoso.
Claro que yo le dije que no nada m s sé pintar, sino que quiero ser galán
de cine o de televisión.
MADRE.- ¡Ay, Chema!
CHEMA.- ¿A poco no le gustaría verme en el cine o en la tele, de galanazo?
MADRE.- Pero, tú...
CHEMA.- ¡Quiero hacer algo grande, jefa!
MADRE.- (SOLTANDO EL LLANTO) ¡ay, hijito!
CHEMA.- ¿Ahora, qué tiene? ¿Por qué llora?
MADRE.- Es que... cuando todavía no nacías... cuando estabas en mi vientre,
tuve un sueño. Un sueño que me dio mucho miedo.
CHEMA.- Pues qué soñó, jefa?
MADRE.- Soñé que un ángel venía hacia mí y me decía: Vengo a rezar contigo
Vicenta, porque vas a tener un hijo. Va a ser hombrecito y tenemos que
rezar mucho por él. Luego empezó a rezar y yo quería hacerlo, pero no
podía. Sentía las quijadas trabadas. Y quería llorar porque no podía
rezar, y me angustiaba... y desperté soltando el llanto.
CHEMA.- ¿Y ese cuento a qué viene?
MADRE.- Espérate, ya lo ver s: Se lo platique a mi comadre, porque tu papá
entonces andaba en el otro lado. No te preocupes, me dijo eso es buena
señal. Tu hijo va a ser hombrecito, y va a ser un gran hombre, por eso
debes rezar por él. Y luego insistió en que ella debía bautizarte y...
CHEMA.- (INTERRUMPIENDO) ¿Entonces, porqué llora? ¿No
cree que yo puedo ser grande? ¿Un gran hombre, como dijo mi
madrina?
MADRE.- Sí, pero nunca imaginé que quisieras ser artista y que tuvieras que irte
de mi lado. Ahora que me dices que quieres hacer algo grande, hasta me
dan escalofríos. ¿De veras quieres irte a México?
CHEMA.- Si tengo buen porte, m s o menos soy carita, toco un poco la guitarra y
hasta pinto, no creo que no me vaya bien. ¿Usted qué dice?
MADRE.- Que siento un vacío en el estómago.
CHEMA.- Bueno, ahí la dejo para que lo piense. Voy con los muchachos del
conjunto a platicarles. Va a ver que ellos me van a decir que me vaya,
que no sea tarugo. (SALE). CAMBIO DE LUZ.
TODAS.- Santa María, Madre de Dios, ruega señora por nosotros los pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte, amén.
POLA.- Gloria al padre, gloria al Hijo, gloria al Espíritu Santo...
TODAS.- Así como era en un principio, por lo siglos de los siglos, amén.
POLA.- María, Madre de gracia, Madre de misericordia...
TODAS.- En la vida y en la muerte, ampáranos gran señora.
POLA.- Segundo misterio: La Visitación de la Santísima Virgen a su prima
Santa Isabel. Padre nuestro:
TODAS.- Padre Nuestro que Estás en los cielos... (QUEDA DE FONDO)
MADRE.- Pobrecito de m'hijo, no ha encontrado su camino. Pero mi comadre
siempre estuvo segura de que mi sueño era una señal. A lo mejor, si se
hubiera quedado en México... La verdad es que desde chiquito fue
bueno para el teatro... desde chiquito... (CAMBIO DE LUZ. ENTRAN
EN ESCENA CHOLE Y CHELA NIÑAS)
MADRE.- Apúrense, niñas, se les va a hacer tarde... ¿Y su hermano?
CHOLE NIÑA.- No quiere levantarse.
MADRE.- ¿Ah, No? ¡Chema!
CHELA NIÑA.- Dice que no quiere ir a la escuela.
MADRE.- Pero, ¿Cómo que no? ¡Ándale, Chema!
CHOLE NIÑA.- Dice que está malo.
CHELA NIÑA.- Yo creo que porque se comió todas las galletas anoche.
MADRE.- Cómanse su huevo que les va a enfriar.
CHELA NIÑA.- ¿No hay choco?
MADRE.- Se acabó.
CHELA NIÑA.- Uuuuh, qué chiste.
CHOLE NIÑA.- ¡Ya faltan diez minutos!
MADRE.- Apúrate, muchacho o te levanto a cintarazos.
CHELA NIÑA.- Yo creo que sí está enfermo.
CHOLE NIÑA.- Es puro cuento. (APARECE CHEMA NIÑO CON UNA
MANO APOYADA EN EL ESTOMAGO. AVANZA
DIFICULTOSAMENTE, CON GRAN GESTO DE DOLOR Y A
PUNTO DE SOLTAR EL LLANTO).
MADRE.- ¿Que tienes?
CHEMA NIÑO.- Me duele mucho.
CHELA NIÑA.- Es por las galletas, mamá
MADRE.- Usted acabe de almorzar. Debes haberte empachado. SACA
UNA BOTELLA DE ACEITE Y LE DA UNA CUCHARADA)
Traga, ¡traga! (PAUSA. CHEMA TRAGA HACIENDO
GESTOS.)
CHEMA.- ¿No me va a dar mi soda de naranja?
MADRE.- Ahora no hay. Ve a acostarte. Ahorita veremos si no te curas.
CHEMA NIÑO.- (Lloriqueando) De veras me duele mucho. (SALE)
CHOLE NIÑA.- (A CHELA APARTE) Creía que le iban a dar soda.
MADRE.- Y ustedes niñas, a la escuela. (LAS NIÑAS COGEN SUS
LIBROS Y SALEN APRESURADAS. CAMBIO DE LUZ)
POLA.- Tercer misterio: El nacimiento del hijo de Dios. padre nuestro
que Estás en los cielos... (EL REZO SE VA PERDIENDO AL
TIEMPO QUE SE HACE EL OSCURO).
OBSCURO.
MADRE.- Yo siempre había creído que las almas de los difuntos se iban al cielo,
o al purgatorio... o a algún otro lugar. También he creído que cuando
una sufre en el mundo, tiene seguro el reino de los cielos. Siempre
pensé que el juicio de Dios era sólo para la gente mala. Que al morir iba
a dejar en la tierra todas mis penas, y que alguien vendría a mi
encuentro: un Ángel, un santo o algún ser querido, y que me conduciría
a la gloria envuelta en una música jamás oída. Que encontraría tu rostro
de celestial princesa, y el de nuestro señor Jesucristo... - y a Antonio,
todos bañados por una luz inmensa.. Pero estoy, sigo aquí, en mi casa,
reviviendo los recuerdos, y lo más curioso es que no tengo ganas de
irme. Siento que no debo irme hasta que mi hijo haya encontrado su
camino. Y si en algo fallé, virgen santísima, creo que esta es mi
penitencia. Ayer fui a ver a Chema en el baile donde tocan. Oh, qué
decepción, yo creía que mi hijo tocaba la guitarra, o siquiera las
maracas y no: es el que carga los instrumentos. Me di cuenta de que
toda la vida me ha engañado... desde chiquito.
CHELA NIÑA.- Ya no llores mamita, vas a ver que lo van a encontrar.
CHOLE NIÑA.- Chema es muy vago, mamá , pero no le pasa nada, se sabe
cuidar.
CHELA NIÑA.- El no se pierde, conoce toda la ciudad.
CHOLE NIÑA.- Sí es cierto.
MADRE.- Y ¿Qué tal si lo atropellaron o se lo llevó un robachicos? Ustedes no
saben porque son niñas; pero hay tantos peligros en la calle.
CHOLE NIÑA.- A él no le pasa nada.
CHELA NIÑA.- Es muy listo.
MADRE.- Dios mío, son las once de la noche. Ya lo busqué por todas partes: en
las maquinitas, en la escuela, en la casa de los Delgado, en la casa de
doña Pola... ¿Dónde más? ¡Voy a volverme loca!
CHOLE NIÑA.- Mi papá lo va a encontrar.
CHELA NIÑA.- O el Gordo Delgado.
MADRE.- El Gordo tampoco estaba en su casa. Se me hace que andan juntos.
Ese grandulón siempre sonsaca a mi muchachito.
CHOLE NIÑA.- Ya mamá .
MADRE.- Ustedes no entienden lo que siento porque no son madres. (ENTRA
ANTONIO CON CHEMA. DETRÁS DE ELLOS DOÑA POLA)
ANTONIO.- Aquí lo tienes, vivito y coleando.
MADRE.- ¡Hijo! ¡Hijo! ¡Gracias, Dios mío! ¡Gracias! ¿Dónde estabas?
CHEMA NIÑO.- En la iglesia.
MADRE.- ¿En la iglesia? ¡Mi niño!
ANTONIO.- El niño perdido y hallado en el templo.
CHEMA NIÑO.- No me perdí, yo me vine solo, caminando.
MADRE.- Y ¿Qué hacías en la iglesia? ¿Rezabas?
CHEMA NIÑO.- Sí.
POLA.- Chemita, más vale que digas la verdad.
MADRE.- ¿Supone usted que está diciendo mentiras?
POLA.- No supongo, sé que miente.
ANTONIO.- A ver, a ver, Chema, ¿dónde andabas?
CHEMA.- En el templo.
POLA.- No es verdad, yo estuve en la iglesia hasta que la cerraron, y eran las
ocho. La cierran a las ocho. No pudo haber estado ahí después de las
ocho.
ANTONIO.- ¿A dónde fuiste, Chema?
CHEMA NIÑO.- A... un templo.
ANTONIO.- A un templo, ¿a cuál?
CHEMA NIÑO.- A uno...
MADRE.- ¿Ve usted? A lo mejor fue a otro.
POLA.- A lo mejor... Bueno, lo importante es que ya está aquí y que usted ya
está tranquila. Queden con Dios. (SALE)
MADRE.- Vieja intrigante.
ANTONIO.- Cállate, te puede oír.
CHOLE NIÑA.- ¿A poco fuiste a la iglesia?
CHEMA NIÑO.- Claro.
ANTONIO.- ¿A cuál templo fuiste?
CHEMA NIÑO.- A uno.
ANTONIO.- ¿Ah, sí? ¿Y por dónde queda?
CHEMA NIÑO.- Por allá .
ANTONIO.- ¿Por dónde?
MADRE.- ¿Tú tampoco le crees?
ANTONIO.- Es que es muy raro... ¿Tanto tiempo? ¿Pues qué había en el
templo?
CHEMA NIÑO.- Este...
ANTONIO.- A ver, dime, no te voy a regañar. Las misas no son tan largas.
CHEMA NIÑO.- Es que...
MADRE.- Estaba rezando.
ANTONIO.- ¿Tantas horas?
CHEMA NIÑO.- Es que no había misa.
ANTONIO.- ¿Qué era lo que había?
MADRE.- ¿Rosario?
CHEMA NIÑO.- Este...
ANTONIO.- Qué.
CHEMA NIÑO.- Había... una...
ANTONIO.- Dime.
CHEMA NIÑO.- Una obra de teatro.
MADRE.- ¿Una qué?
ANTONIO.- Entonces no era un templo, sino un teatro.
CHELA NIÑA.- Se llaman teatros.
CHEMA NIÑO.- Ah, pues sí, eso.
MADRE.- Me contaste mentiras, chema.
CHEMA NIÑO.- No, mamá .
MADRE.- Sí me contaste mentiras y te voy a castigar.
CHEMA NIÑO.- Pero yo no te conté mentiras. El gordo me dijo que el
teatro es como un templo. (TOCAN A LA PUERTA)
MADRE.- Por malcriado te vas a quedar sin cenar. A la cama todos. (SALEN.
ANTONIO MUEVE LA CABEZA SONRIENTE Y SALE TRAS
ELLOS. SIGUEN LOS TOQUIDOS. LA MADRE DUDA UN
MOMENTO. LUEGO SE SIENTA. SIGUEN TOCANDO).
MADRE.- ¿Abrir‚? ¿Quién será? Yo no se si pueda abrir. A lo mejor sí puedo,
pero... (DUDA) No, no, no. Mejor no abro. Si es una de mis hijas, le
voy a dar un susto. (Tocan más fuerte) Aunque ellas traen llave. Podría
ser doña Pola. ¡Como me gustaría darle un buen susto! A ella sí la
asustaría con muchas ganas. (ABREN LA PUERTA Y ENTRA
CHELA, SEGUIDA DE POLA).
POLA.- ¡Ay, qué bueno que llegaste, criatura, tenía como quince minutos a
toca y toca.
CHELA.- Es que ahora vino más temprano, doña Pola.
POLA.- En eso quedamos ayer.
CHELA.- Déjeme Nomás poner mil libros adentro. (SALE)
POLA.- (DIRIGIÉNDOSE AL RETRATO DE LA MADRE) Mira nada más
cómo educaste a tus hijas, ni siquiera me ofreció un asiento.
MADRE.- Mira quién habla de educación.
POLA.- Me vas a disculpar, pero voy a ponerme cómoda. (SE SIENTA).
MADRE.- Ah, Nomás ahí le gustó, verdad. ¿Cómo no se sienta usted en sus
mugrosas sillas?
POLA.- Ay, ¡qué a gusto! Con razón te mantenías sentadota aquí todo el día.
MADRE.- ¿Y desde cuándo nos hablamos de tú, vieja igualada? Si yo me estaba
sentada todo el día, es cosa que a usted no le importa.
CHELA.- (ENTRANDO) ¿Quiere tomarse un cafecito?
POLA.- Con mucho gusto. Ponle nomás una de azúcar, si me haces el favor.
MADRE.- ¿Por qué no le dices ahora que es maleducada? ¿Eh?
POLA.- ¿Y dónde está Chole?
CHELA.- Todavía no sale del trabajo. Pero ya no debe tardar.
MADRE.- Dile que eso no le importa.
POLA.- Tampoco Lola había llegado, pero yo no me aguanté y me vine para
acá.
MADRE.- A la chirinola.
POLA.- ¿En qué trabaja Chole?
CHELA.- En una boutique.
POLA.- Ay, esos nombres en inglés que le ponen ahora a las tiendas, yo no los
entiendo.
CHELA.- Aquí tiene su café.
POLA.- Gracias. Y ¿Qué fue lo que estudió tu hermana?
CHELA.- Está estudiando contabilidad.
POLA.- Ah... ¿Y ya mero termina?
CHELA.- Sí
MADRE.- Pero qué mujer tan preguntona.
POLA.- ¿Y tú?
CHELA.- Estoy en bachillerato.
POLA.- Ah... Y ¿Qué vas a estudiar?
CHELA.- No, nada.
POLA.- Pero válgame hijita, eres muy reservada, muy calladita. Platícame,
platícame.
MADRE.- No es calladita, es e-du-ca-da... no se mete en lo que no le importa.
POLA.- Vamos, cuéntame por qué no vas a estudiar.
CHELA.- Pues... no sé...
POLA.- Te diré‚ que harías bien. En la Universidad no aprendes nada. Nomás
te vuelves atea. Por eso LOLA no siguió estudiando. Que aprenda a
cocinar, que aprenda costura, cosas útiles. La mujer debe preocuparse
por buscarse un buen marido, y asunto arreglado.
CHELA.- ¿Casarme y tener hijos?
MADRE.- ¿Qué?
CHELA.- Para morirme y dejarlos solos? Prefiero irme de monja.
MADRE.- ¿Cómo?
POLA.- ¡Aaaah! ¡Ohhhh! Si tu madre supiera se pondría feliz.
CHELA.- Yo...
POLA.- ¡Tú, de monja! ¡Bendito sea el Creador!
MADRE.- Ella no sabe lo que dice.
CHELA.- Es que yo no he dicho que voy a irme de monja.
POLA.- Aaah... ¿No?
CHELA.- Fue un decir. Lo que pasa es que no pienso casarme.
POLA.- Oh.
MADRE.- Eso es. Sería bonito que te fueras de monja, pero no puedes. Tú
prometiste cuidar de Chema. Acuérdate.
POLA.- Entonces... no te vas de monja.
MADRE.- No debe.
CHELA.- No sirvo para eso.
POLA.- Es cierto. Ni siquiera sabes rezar el rosario... ¿Cómo puede pensar que
quisiera ser monja?
CHELA.- Sí sé.
POLA.- No sabes.
CHELA.- Sí sé, señora.
POLA.- Pues te voy a demostrar que no sabes. Hoy es jueves. ¿Cuáles son los
misterios que tocan este día?.
CHELA.- Bueno... eso...
POLA.- No lo sabes.
MADRE.- Es usted una serpiente venenosa.
POLA.- Hoy tocan los misterios gozosos. ¿No sabes cu les son estos?
CHELA.- No... no sé.
POLA.- Los rezamos el primer día, ¿No te acuerdas?
CHELA.- ¿El niño perdido y hallado en el templo?
POLA.- Ese es el quinto misterio, m'hijita, dímelos en orden.
CHELA.- No, no me los sé de memoria.
POLA.- Ya lo sospechaba. Por lo visto tu madre nunca les habló de las cosas de
Dios.
MADRE.- Y ahora me va usted a juzgar.
POLA.- ¿Ustedes no fueron a la doctrina? ¿No hicieron la primera comunión?
CHELA.- Sí.
POLA.- Pues no parece. ¿Ustedes no van a misa, ¿verdad?
CHELA.- (Incómoda) Sí, señora, sí vamos.
MADRE.- Pero no andan de mojigatas como usted. (TOCAN A LA PUERTA).
POLA.- Debe de ser Lola.
MADRE.- Cuide a su hija y deje de preocuparse por los ajenos.
CHELA.- Pásale.
LOLA.- ¿Ya llegó mi mamá ?
POLA.- Aquí estoy, platicando rete a gusto con Chelita.
LOLA.- ¡Ah! ¿Sí?.
CHELA.- Te voy a servir un café.
LOLA.- Sí, pero con piquete.
POLA.- ¡Niña!
LOLA.- Ay, mamá , es broma.
MADRE.- (CHELA Y LOLA VAN A LA COCINA) A tu niña le gusta más el
piquete que los rezos, ¿verdad? A ver, pídele a ella que te recite los
misterios gozosos, estoy segura de que tampoco se los sabe.
POLA.- ¿Y qué habrá pasado con Chole que no llega? ¿No se le habrá olvidado
que tenemos rosario?
LOLA.- ¿Cómo se le va a olvidar, mamá ?
POLA.- Pudiera ser. A la juventud de ahora no le gusta rezar. Quieren pura
diversión. Yo he notado que a Cholita le gusta disfrutar de la vida.
MADRE.- ¡Cierra esa boca!
POLA.- Muy seguido la he visto llegar muy noche. Una noche la traen en un
carro, otra noche la traen en otro...
LOLA.- ¡Mamá!
MADRE.- Yo le hago algo... ¡Yo le pongo un susto a esta vieja chismosa! ¡Yo la
espanto! ¡Dios mío, dame una manera de espantarla sin asustar a mi
niña! ¡Y esta mensa que no dice nada! ¡Nomás se le queda viendo!
LOLA.- Mamá , Chole está haciendo una carrera. Y cuando tienen examen se
va a estudiar con sus compañeros. Se Juntan a estudiar. Ellos son los
que la traen y no se anda divirtiendo.
MADRE.- Creo que empiezas a caerme bien, muchacha.
POLA.- Bueno, yo no quise decir... digo... una comprende... son jóvenes.
CHELA.- ¿Quiere más café?
POLA.- Sí, m'hijita, por favor.
LOLA.- Dame la taza, yo te lo sirvo. (ENTRA CHOLE CON UNA BOLSA
DE PAN)
CHOLE.- Buenas noches.
POLA.- ¡Ay, qué bueno, Chole nos trajo pan!
MADRE.- Esta mujer no tiene vergüenza.
POLA.- Pues yo llegué muy temprano y pudimos platicar un buen rato, Chelita
y yo.
MADRE.- Dile lo que estabas diciendo.
POLA.- Hablamos de tantas cosas.
CHOLE.- Qué bien.
POLA.- Pero esta niña, que dice que no quiere casarse.
CHOLE.- No sabe lo que quiere.
CHELA.- Es que le hicimos una promesa a mi mamá , acuérdate.
POLA.- ¿Qué promesa?
CHELA.- Cuidar a Chema.
POLA.- ¿Que? Pero ¿Como se le ocurre a tu madre hacerlas prometer tal cosa?
¿Cuidar a ese verdolagón como si estuviera paralítico?
MADRE.- ¡Eso sí que no se lo permito! ¡Con mi Chema no se meta! (Trata de
sacudirle la silla) ¡Quítese de mi silla! ¡Fuera! ¡Cómo se atreve!
¡Quítese de mi silla! ¡Váyase a rezarle a sus muertos! ¡Fuera! ¡Fuera!
¡Fuera! (POLA PERCIBIO ALGO ESTRAÑO. SE PONE
NERVIOSA. MIRA HACIA LOS LADOS. SE PONE DE PIE. SE
LLEVA UNA MANO AL PECHO)
POLA.- ¡Ave maría purísima!
MADRE.- Creo que logré‚ asustarla. Pero necesita más, para que se largue de mi
casa.
POLA.- ¡Vamos a rezar, hijas, tenemos que rezar!
CHOLE.- ¿Se siente usted bien?
POLA.- Tenemos que rezar!
CHELA.- ¿No quiere un pan?
POLA.- (CON VOZ ALTERADA) ¡Tenemos que rezar! ¡De rodillas, hijas!
¡De rodillas! (Todas se hincan un poco sorprendidas)
MADRE.- (Se hinca frente a Pola y empieza a jugar con el rosario). Y poquito
más de susto y te vas.
POLA.- Por la señal de la santa cruz...
MADRE.- Vas a salir corriendo de aquí, Pola... por que en esta casa espantan...
(POLA NOTA LO DEL ROSARIO. ESTA CADA VEZ MAS
ASUSTADA. REZA CON MAYOR FUERZA)
TODAS.- En el nombre del padre, del hijo, y del espíritu santo, amén.
POLA.- ¡Señor mío! ¡Jesucristo! ¡Dios y hombre verdadero! ¡En vos confío!
MADRE.- ¿Ya no sabes rezar, Pola?
POLA.- Tú que vives y reinas... ¡Padre mío! ¡Padre mío! (VA SUBIENDO LA
VOZ HASTA LLEGAR AL GRITO) ¡Ven pronto señor, a socorrerme!
¡María, madre, de gracia, madre de Misericordia! ¡Ampárame! (Todas
la ven sorprendidas.
OSCURO.
CAMBIO DE LUZ.
OSCURO.
POLA.- Tercer misterio: La venida del Espíritu Santo. Padre nuestro que estás
en los cielos, Santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino,
hágase señor tu voluntad, así en la tierra como en el cielo.
LOLA.- (EMPALMADA AL REZO) Estuvo re padre el baile anoche
CHELA.- Yo no los he oído tocar... ¿Tocan suave?
LOLA.- Sí.
POLA.- El pan nuestro... el pan nuestro...
TODAS.- El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy, y perdona nuestras ofensas
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos
dejes caer en tentación u líbranos de todo mal, amén.
POLA.- Dios te salve María, llena eres de gracia, el señor es contigo, bendita
eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
CHELA.- Y apoco fue tu mamá contigo al baile.
LOLA.- ¿Tú crees que no? Es bien desconfiada.
POLA.- (DANDOLE UN MANOTAZO A LOLA) ¡Santa María! Me las vas a
pagar.
TODAS.- Santa María, Madre de Dios, ruega Señora por nosotros los pecados,
ahora y en la hora de nuestra muerte amén.
MADRE.- Por lo visto esta mujer está dispuesta a desafiarme. ¡Qué terca es! Si
me dejaran sola con ella... me está desafiando, me está desafiando, y
eso me irrita. Ella sabe muy bien que estoy aquí. Pero sigue de terca. Y
ayer que no pude hacer nada porque Chelita se puso nerviosa. No he
podido hacerlo, Apolonia, pero ganas no me faltan de espantarla para
que ya no vuelva. Debí haberla corrido desde hace un año, cuando vino
con su veneno a darme el pésame por lo de Antonio. (CAMBIO DE
LUZ)
POLA.- ¡Ay, Vicentita, cuánto lo siento! ¡La acompaño en su pesar! Mire nada
más que cosas tan terribles tiene una que sufrir como esposa. Cuando
me dijeron lo de Antonio, se me quiso salir el alma. ¡Ay, virgen
santísima! ¡Perdónalo! ¡Perdónalo! Decía yo. Y dale fuerzas a aquella
pobre mujer para que soporte... Yo la veo a usted muy mal, Vicentita, la
veo muy mal.
MADRE.- Sí Pola, estoy muy mal... Creo que no voy a resistir mucho tiempo.
Este golpe ha sido muy doloroso.
POLA.- ¿Y qué fue lo de Antonio?
MADRE.- Infarto.
POLA.- Ni tiempo de arrepentirse. Dios mío. Tenemos que rezar mucho por él.
¡Dios santo! ¡Dios santo! ¡Qué terrible pecado!
MADRE.- Yo no quisiera que mis hijos lo supieran..
POLA.- Pero hay tanta gente chismosa.
MADRE.- Por favor.
POLA.- ¿Cree usted que haya tenido tiempo de arrepentirse? Yo no lo creo. Y
usted tan tonta, Vicenta, que siempre se dejó. Ciega, ciega, siempre
MADRE.- ¡Por favor! (CAMBIO DE LUZ) Qué tonta fui, debí haberla corrido
desde entonces. Se estaba metiendo en mis asuntos personales...
Metiendo hilo para sacar hebra. Desde entonces debí decirle que no
volviera a poner un pie en mi casa. Pero tenía que venir a rezarle su
novenario a Antonio, y yo de zuata rezando junto con ella.
POLA.- Quinto misterio: la coronación de Nuestra Señora como reina de cielos
y tierra. padre nuestro...
TODAS.- Padre nuestro que Estás en los cielos, santificado sea tu nombre,
venga a nosotros tu reino.. Hágase señor tu voluntad así en la tierra
como en el cielo... (SIGUE EL REZO DE FONDO)
MADRE.- (ACERCANDOSE A CHOLE) Si tú pudieras escucharme, Chole... Si
hubiera alguna manera de entrarte de lo que quiero. Tú eres la más
fuerte... Tú podrías... Pero no. No resultaría nada por que tú no crees en
estas cosas. Dios mío, me siento tan sola... En verdad, desde hace
mucho tiempo estoy sola... Chema se fue a México, Antonio se me
muere... vergonzosamente... Chole, se volvió más grosera y ofensiva...
nunca quiso pedirme perdón por las cosas que me dijo... (CAMBIO DE
LUZ)
MADRE.- Chole... Hija, me da un poco de pena, pero tengo que
decírtelo... Desde que murió tu papá, tú has cargado con todos los
gastos de la casa, y yo... le he estado mandando dinero a Chema de
unos ahorritos que tenía guardados... pero ya se me acabaron y...
CHOLE.- Esos ahorritos, mamá, eran de la pensión que dejó mi papá y tú te los
gastaste en Chema.
MADRE.- Bueno, yo tenía también algo mío y...
CHOLE.- Lo que pasa es que sobreprotejes a Chema, mamá. ¿Cuánto tiempo
hace que lo estás manteniendo? Tienes más de dos años en México y
todavía no puede valerse por sí mismo.
MADRE.- Dale tiempo... Yo qué más diera porque ya se regresara y se pusiera a
trabajar en serio...
CHOLE.- Chema nunca va a trabajar en serio...
MADRE.- No digas eso.
CHOLE.- Quieres que te de dinero para mandarle ¿Verdad?
MADRE.- Bueno, si se pudiera...
CHOLE.- Pues no se puede. Apenas nos alcanza. No tenemos por qué mandarle
nada. Déjalo que padezco hambres, veremos si no se pone a trabajar. La
carga hace al burro.
MADRE.- Tú sabes que no le ha ido bien.
CHOLE.- Porque se empeña en querer ser artista. Ya, que se desengañe. Que se
ponga a vender chicles, o a lavar carros...
MADRE.- Cómo eres cruel.
CHOLE.- Soy realista, mamá. Chema nunca quiso hacer una carrera... Si
quisiera hacerla, yo le ayudaría... Pero él quiere ser artista. Y para él ser
artista es salir en la televisión, no estudiar... ¿Para qué? No tiene
cultura, es un burro... ¿Cómo piensa que va a destacar. fíjese en lo que
hace con el gordo Delgado, las veces que a venido Chema... su
show... sin contenido, puras bobadas, puros refritos de la televisión.
¿Esas son ambiciones? Si quiere hacer teatro, que haga buen teatro, que
se cultive...
MADRE.- Ya, por favor.
CHOLE.- Es que me desesperas mamá, que no te das cuenta: Chema no la va a
hacer nunca porque es un burro, un holgazán...
MADRE.- Ya cállate, Chole, es tu hermano.
CHOLE.- Es que es la verdad... Es un flojo mantenido.
MADRE.- ¡Cállate!
CHOLE.- No seas ciego, mamá .
MADRE.- Que te calles.
CHOLE.- No lo quieres reconocer porque en el fondo tú tienes la culpa.
MADRE.- ¿Que dices?
CHOLE.- Lo consientes demasiado. Lo has hecho un atenido...
MADRE.- Debes pedirme perdón por lo que me estás diciendo...
CHOLE.- ¿Perdón? Por decirte la verdad sobre tu hijo. CAMBIO DE LUZ.
MADRE.- Cállate... ¡Cállate! ¡Cállate!
TODAS.- Bendito y alabado sea el santísimo Sacramento del Altar y la
inmaculada concepción de la Santísima Virgen María, concebida en
gracia, sin pecado original desde el primer instante de su ser natural
para ser madre de Dios, señora y abogada nuestra, así sea.
POLA.- Ave María Purísima.
TODAS.- Sin pecado concebida.
MADRE.- Por fin. Por fin te vas... Ojalá no vuelvas... Yo no quiero que reces
por mí, no quiero que estés en esta casa... No quiero salvar mi alma...
(SE ASUSTA POR LO QUE DIJO) ¡Dios mío! ¿Qué he dicho?
POLA.- Ay, es tardísimo... Vámonos Lola. Ni creas que te voy a dejar quedarte
un rato más. Tú y yo tenemos que hablar.
MADRE.- Espero no condenarme... Me siento muy sola...
POLA.- ¡Ándale!
LOLA .- ¡Ay, mamá!
POLA.- ¿Cuántas veces te tengo que pedir que reces con devoción, que no
hables?
LOLA .- ¡está bien!
POLA.- No me contestes así.
LOLA.- ¿Cómo?
POLA.- Háblame con respeto.
LOLA.- Si señora.
POLA.- Chelita ayer rezó con tanta devoción... Y tú cuidándote las medias,
mirando tu reloj, removiéndote como si trajeras hormigas, rascándote
aquí, rascándote allá... Ayer Chelita estaba tan emocionada, rezó con
tanto sentimiento que hasta lloró...
LOLA.- Lloró porque tú la asustaste.
POLA.- ¿Yo?
LOLA.- Sí, tú, con tus arranques de loca. (POLA LE DA UNA BOFETADA)
¡Ya me tienes harta! (SALE ORRIENDO)
POLA.- (CORRES TRAS ELLA) Dolores, ven acá ... ¡Dolores! (SALE)
MADRE.- (-ríe) Hasta que te dieron tu merecido. ¡Ya estoy empezando a querer
a esa niña! ¡A lo mejor ella puede hacer que Chema siente cabeza! Pero
con doña Pola como suegra ¡Horror! (CHOLE Y CHELA RECOGEN
LA COCINA EN SILENCIO) ¿No creen ustedes que Lola pudiera ser
una buena esposa? Ay, se me olvida que no puede oírme. Creo que
tenía una idea muy equivocada de ella. Ahora me cae bien la muchacha.
Oh, Chole, le hiciste sus tortillas a mi Chema.
CHOLE.- Se las voy a dejar sobre la mesa para que las vea. De seguro va a
llegar tarde. A ver si se compone mi hermanito. Es la primera vez que
da dinero para comer. Algo es algo. Y tú ya no estés triste, Chela.
CHELA.- ¿Crees que mi mamacita anda en pena?
CHOLE.- ¡Otra vez!
CHELA.- Es que ayer... Doña Pola parecía hablar con ella...
CHOLE.- ¡MIRA, Ya discutimos eso toda la mañana. Doña Pola está loca. Su
misma hija lo dice: está loca!
MADRE.- Y bien loca.
CHELA.- Es que es muy raro...
CHOLE.- Ya, niña, ¡Ya!
CHELA.- ¡Hablaba con ella!
CHOLE.- ¡Fingía hablar con ella! (SUAVE) Mira, Estás muy
nerviosa... tranquilízate, mi mamá está descansando en paz, ella ahora
es feliz.
MADRE.- Sí mi niña, y si pudiera, ahorita mismo, Nomás para que estuvieras
contenta, te haría una fiesta. (ENTRA EL FANTASMA DE
ANTONIO)
ANTONIO.- ¿FIESTA? ¿Dijiste fiesta?
MADRE.- AAAAAH... ¿QUIÉN ERES? ¿Antonio?
ANTONIO.- Ni modo que sea el Espíritu Santo!...
MADRE.- ¿Qué haces aquí? ¿De dónde vienes?
ANTONIO.- De el cielo.
MADRE.- ¿Del cielo? ¿Tú? ¡Sinvergüenza! ¡Malhombre! ¡Infame! ¡Borracho!
¡Traidor! ¡Mujeriego!
OSCURO.
OCTAVO DIA Presentación del niño.
POLA.- Cuarto misterio: Presentación del niño Jesús al templo. Padre nuestro...
TODAS.- Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre, venga
a nosotros tu reino, hágase, señor, tu voluntad, así en la tierra como en
el cielo.
POLA.- El pan nuestro... (sigue de fondo).
MADRE.- Nomás eso me faltaba... Antonio aquí después de todo lo que me
humilló. Por que lo que me hizo fue una humillación. Después de
haberle perdonado tantas cosas... Que no le importara mi
enfermedad... que no se preocupara por sus hijos... pero hay cosas que
una no puede olvidar.. Como cuando Chemita hizo su primera
comunión... Se perdió todo el día y nomás vino a castigar a Chema, sin
darse cuenta de que la culpable era Chole... Esa Chole siempre me dio
dolores de cabeza... desde chiquita... (CAMBIO DE LUZ. CHOLE Y
CHELA ESTAN VESTIDAS DE FIESTA. CHEMA LUCE
ORGULLOSO SU TRAJE BLANCO DE PRIMERA COMUNION)
CHEMA.- ¿Pues a qué hora llegarán los invitados?
CHOLE.- Ya no deben de tardar. (ECHA UNA VUELTA A LA MESA)
CHELA.- Ay, no. Ya deberían estar aquí. Yo ya me muero de ganas de comer
pastel.
CHOLE.- Mi mamá dijo que no lo fuéramos a pellizcar.
CHEMA.- Qué lata. Ya que lleguen... (Ve a Chole que bebe soda ocultándose)
¿Qué estás haciendo?
CHOLE.- Nada.
CHEMA.- Te Estás tomando una soda ¿verdad?
CHOLE.- Mi mamá me la dio.
CHELA.- Yo también quiero.
CHEMA.- ¡Mamá ! ¡Mamá! Chole y Chela se andan tomando las sodas.
CHELA.- Yo no.
CHOLE.- Cállate, Chismoso
CHEMA.- Mamá ...
CHOLE.- ¡Cállate!
CHEMA.- ¡Se están tomando las sodas!
CHOLE.- Que te calles... (Le vacía el vaso de soda sobre el traje blanco).
CHEMA.- Idiota, me manchaste mi traje de primera comunión.
CHOLE.- Fue sin querer.
CHEMA.- Lo hiciste adrede... ¡No te rías! ( LE DA UNA MORDIDA EN EL
BRAZO. CHOLE LE DA OSCORRONES. LOS DOS LLORAN Y NO
SE SUELTAN).
CHELA.- No se peleen... ¡Mamáá ! Chema y Chole se están peleando.
CHOLE.- Suéltame. (Le pega más fuerte)
MADRE.- ¡Qué pasa aquí!
CHEMA.- Chole me manchó de soda.
CHOLE.- Fue sin querer.
CHEMA.- Lo hiciste adrede.
CHOLE.- Mira la mordidota que me dio.
CHEMA.- Es que ella me echó la soda encima.
MADRE.- Les dije que no agarraran soda. Te voy a dar unos cintarazos Chole.
CHOLE.- Mira la mordida que me dio
MADRE.- Te lo mereces.
CHOLE.- Siempre Estás de su parte. Pero cuando llegue mi papá le voy a decir
para que castigue a Chema. (SALE CORRIENDO)
MADRE.- Ve a cambiarte de camisa. (CAMBIO DE LUZ)
POLA.- Quinto misterio: el niño Jesús perdido y hallado en el templo. Padre
nuestro que estás en el cielo, Santificado sea tu nombre, venga a
nosotros tu reino, hágase señor tu voluntad así en la tierra como en el
cielo.
TODAS.- El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy, y perdona nuestras ofensas
como también nosotros perdonamos... (Sigue de fondo)
ANTONIO.- Entonces, ¿No vas a perdonarme?
MADRE.- Te perdoné hace mucho tiempo. Pero hay cosas que no se olvidan. Y
ya no me hables. Ya te dije que no quiero que me hables. Si tuvieras
vergüenza no te pararías aquí. (ENTRAN EL GORDO DELGADO Y
CHEMA)
CHEMA.- Llégale a las tortillas de harina.
GORDO.- ¡Órale! ¿Con mantequilla?
CHEMA.- Ya vas.
POLA.- Ssscht.
GORDO.- A ver si tienes lechita.
POLA.- Más respeto por el rezo, jovencitos.
GORDO.- Perdone usted, señora.
MADRE.- Ya está aquí otra vez ese gordo mentecato. Como si no bastara con
doña Pola y contigo. Ustedes me han echado a perder mi novenario.
ANTONIO.- Tu me dijiste que lo habías perdonado.
MADRE.- Lo perdoné sí. Porque es un deber cristiano, pero no se me olvida todo
lo que me hizo.
ANTONIO.- O sea que tu perdonas pero no olvidas.
MADRE.- Por culpa suya me puse más mala.
ANTONIO.- No exageres.
MADRE.- ¡Y por culpa tuya también!
ANTONIO.- Baja la voz, están rezando.
MADRE.- No nos oyen. Qué más da que yo grite.
ANTONIO.- De todos modos es una falta de respeto.
MADRE.- Ay, sí tú, ¿de cuándo acá tan respetuoso? Si ganas me están dando de
darle un buen susto.
ANTONIO.- ¡Ándale! ¡Yo te ayudo!
MADRE.- Todos los recuerdos que tengo de ese señor, son desagradables.
ANTONIO.- Bórralos de tu memoria.
MADRE.- Todos... todos... (CAMBIO DE LUZ)
GORDO.- Señora, cómo está usted.
MADRE.- Bien, Delgado, gracias.
GORDO.- Aquí estoy, viendo la fotonovela de Chema. !Qué bárbaro que feo
salió!
CHEMA.- No te mandes, Delgado.
GORDO.- Es que saliste más feo de lo que eres. Y luego de malviviente. ¡No
que ibas a ser galán?
CHEMA.- Por algo se empieza.
GORDO.- Y luego siempre sales viendo a la cámara. Siempre posando... nada
natural.
CHEMA.- Ya pues, hombre.
GORDO.- Me pediste que te criticara. ¿No es esta una crítica sana, señora?
MADRE.- Si usted lo dice.
GORDO.- Ya mejor que ponga su puesto de hamburguesas, ¿No cree señora?
(CAMBIO DE LUZ)
ANTONIO.- Y ¿eso te ofendió?
MADRE.- Hablaba de pura envidia.
ANTONIO.- No le des importancia a esas cosas.
MADRE.- Como a ti todo se te resbala. Quieres que yo sea igual. Y ya te dije
que no quiero que me hables.
ANTONIO.- Está bien... no hablemos más.
POLA.- Las almas de los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen
en paz.
ANTONIO.- A'í te hablan.
TODAS.- Así sea. Bendito y alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar y la
Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María, concebida en
gracia, sin pecado original desde el primer instante de su ser natural
para ser Madre de Dios, Señora y Abogada nuestra, Así sea.
POLA.- ¡Ave María Purísima!
TODAS.- Sin pecado concebida.
POLA.- Ay, en caridad de Dios. Buenas noches muchachos.
CHEMA.- ¿Usted gusta, señora?
POLA.- Ay, no, m'hijito, muchas gracias. Estoy rendida. Todavía no me
repongo de la desvelada del sábado. V monos Lola. (LOLA SE
LEVANTA Y SALE SIN DECIR NADA.) ¡Lola, Despídete! Ay, Dios
mío, esta niña se me está sublevando... se me está
sublevando... Queden ustedes con Dios. (SALE)
ANTONIO.- Entonces, ¿qué? ¿No vamos a asustar al gordo?
MADRE.- Asústalo tú. Tú debes tener más experiencia que yo.
CHOLE.- (TOMÁNDOSE UN VASO DE LECHE.) Ya me voy a dormir.
Buenas noches, Delgado.
GORDO.- Buenas noches. (SALE CHOLE Y CHELA)
ANTONIO.- Vicenta, ya deja de estar esquivándome. Si estoy aquí es porque
tenemos que discutir muchas cosas tú y yo.
MADRE.- No tenemos nada de qué hablar.
ANTONIO.- Entonces cantemos... Ya no Estás más a mi lado corazón, en el
alma sólo tengo soledad... ¿te acuerdas de esta canción?
MADRE.- No. No me acuerdo.
ANTONIO.- Toda la mañana me has dicho que no sufriste por mí, que nunca
me extrañaste porque no me querías... sin embargo, hace seis meses
más o menos, oíste esa canción y te pusiste a llorar. Lloraste con tanto
amor, Vicenta, que yo me sentí liberado. De veras, fue la primera y
única vez que te he visto llorar sinceramente. Y dices que no me
quieres.
MADRE.- Tu mataste mi amor. Lloré de rabia... de humillación...
ANTONIO.- Ya te pedí perdón.
MADRE.- ¿Cómo crees que me sentí cuando me dijeron que te moriste de un
infarto, en brazos de una mujerzuela, en El Cielo, un hotelucho de mala
muerte. El Cielo, vaya nombrecito. Y más rabia sentía cuando me
acordaba de la cara de burla del Gordo Delgado, cuando me
cantabas, espérame en el cielo corazón. Luego lo entendí todo. El
gordo me coronaba de flores y tú con cuernos.
ANTONIO.- Perdóname, Vicenta, como yo te he perdonado a ti.
MADRE.- ¿Perdonarme tú a mí? ¿De qué?
ANTONIO.- Tú tuviste la culpa de todo.
MADRE.- ¿Qué?
ANTONIO.- Nunca fuiste una amante para tu esposo. Nunca lo quisiste ser.
MADRE.- Yo fue una buena esposa. Te hacía tu comida, te planchaba y te lavaba
tu ropa.
ANTONIO.- Yo necesitaba una mujer ardiente...
MADRE.- No digas esas cosas...
ANTONIO.- ¿No entiendes?
MADRE.- ¿Cómo puedes hablar de eso, aquí donde estamos en el más allá?
ANTONIO.- ¿Ves cómo evades estos temas?
MADRE.- ¿Por qué me dices esas cosas? ¿Por qué tengo que escuchar tantas
cosas en mi contra? (LLORA) ¡Ya no aguanto más, ya no aguanto más!
ANTONIO.- ¿Ahora qué tienes?
MADRE.- ¡Estoy sintiendo miedo, Antonio, mucho miedo!
ANTONIO.- ¿De qué?
MADRE.- Está bien, yo te perdono, yo te perdono, Antonio...
ANTONIO.- Siempre quieres ser tú la que perdona a los demás.
MADRE.- Está bien, te pido perdón... ¡Tengo mucho miedo!
ANTONIO.- ¿De qué tienes miedo?
MADRE.- ¡De condenarme! ¡Tengo miedo de condenarme!
ANTONIO.- No te vas a condenar
MADRE.- ¿De veras?
ANTONIO.- Te lo digo yo, que sé de estas cosas. Vamos, vamos, no llores, los
fantasmas no lloramos... ¡Aguántese como los meros fantasmas!
OSCURO
ANTONIO.- ¿Ya lo ves? Te lo dije. Pero tu insististe. Eso te pasa por andar de
curiosa.
MADRE.- Yo siempre creí que Chelita era una niña inocente.
ANTONIO.- Ya no es una niña
MADRE.- Para mí sigue siendo una niña. Y ese mocoso tan... tan...
ANTONIO.- Tan vivo.
MADRE.- Antonio, se trata de tu hija.
ANTONIO.- Dije vivo en el sentido estricto de la palabra.
MADRE.- Y yo estoy queriendo decir que está muy adelantado. Es un mocoso,
Antonio, acaba de dejar los pañales y ya lo quiere todo.
ANTONIO.- Es curiosidad... están en edad de sentir y descubrir esas cosas.
MADRE.- No está bien. Chole debería vigilar más a su hermana.
ANTONIO.- están vivos, Vicenta. ¡Están vivos!
MADRE.- Demasiado vivos.
ANTONIO.- No podemos reprimir sus sentimientos. ¿Acaso tú nunca lo
hiciste?
MADRE.- ¿Yo? Tú lo sabes muy bien... De novios nunca hicimos esos
desfiguros.
ANTONIO.- ¡Por brutos!
MADRE.- ¿Qué dices?
ANTONIO.- Lo que oíste. Nuestras vidas fueron tan cortas y no las supimos
aprovechar para gozarnos.
MADRE.- Tú nomás en eso piensas
ANTONIO.- No se discuta más. Mira, en vez de andar queriendo lograr lo que
no pudiste en vida, deberías prepararte para irnos. ¡Ya nada tenemos
que hacer aquí!
MADRE.- Pero...
ANTONIO.- Vine por ti, Vicenta, y te vas a ir conmigo... si es verdad que no
quiere condenarte.
MADRE.- ¿Qué dices?
ANTONIO.- Lo que oíste. Al final del rosario nos iremos. (ENTRAN CHOLE
Y LOLA)
CHOLE.- Pero ¿A dónde piensan irse? ¿A México? México es una ciudad muy
difícil. ¿Ya lo pensaste bien? Chema no gana mucho dinero. No le
alcanza ni para él. Se mantendría pidiéndole a mi mamá... Y ahora no sé
a quién le va a pedir.
LOLA.- Es que yo ya no aguanto a mi mamá, Chole.
CHOLE.- Pero no por eso vas a irte con cualquiera que te lo proponga.
LOLA.- Chema no me lo propuso. Yo se lo propuse a él.
CHOLE.- Está loca, bien loca.
LOLA.- Estoy desesperada. Yo ya no aguanto ni un día más en mi casa.
CHOLE.- No seas tonta, Lola. Piénsalo bien, no vayas a hacer una burrada de la
que luego te arrepientas.
LOLA.- Ya lo pensé bien
CHOLE.- Ni siquiera quieres a Chema.
LOLA.- ¿Cómo lo sabes?
CHOLE.- Se ve. No hace falta que me lo digas, yo lo noto.
LOLA.- Hicimos un trato: él con lo suyo y yo con lo mío.
CHOLE.- No entiendo.
LOLA.- Sí... Él va a hablar con la señora de la casa... Me va a ayudar a
conseguir trabajo.
CHOLE.- No consigue ni para él...
LOLA.- ¿Sabes qué? Hasta de sirvienta me metería, con tal de no seguir en mi
casa.
CHOLE.- Y vas a terminar metiéndolo a él. Si Chema fuera menos creído,
menos vanidoso... pero él insiste en ser galán de televisión. Y sabes
qué: nunca va a serlo... se va a quedar haciendo una fotonovela cada
seis meses... y tú, chiquita, vas a tener que buscar la papa.
LOLA.- Ya te dije que hicimos un trato. Cada quien se va a preocupar por lo
suyo.
CHOLE.- Pues es un trato bastante rarito. El día que uno tenga para comer,
come; y el otro mira. Así va a ser.
LOLA.- Chema es bueno. Lo que pasa es que nadie lo enseñó a ser
responsable. Yo le he dado muchos consejos...
CHOLE.- De nada le sirven. Ojalá tu hicieras que agarre la onda.
LOLA.- Yo sé que puedo.
CHOLE.- Lo dudo. Chema sólo va a cambiar cuando lo obliguemos a rascarse
con sus propias uñas. Mi mamá nunca quiso entender que eso es lo que
necesita Chema. Pero ella siempre estuvo pendiente de que nada le
faltara. Eso le hizo mucho daño a Chema. Mi mamá hasta se enojó
conmigo porque le dijo todo lo que pienso de él. Es mi hermano, pero
yo no me ciego... Yo le hice una promesa, y la voy a cumplir... pero no
mandándole dinero, si hago eso me voy a condenar a quedarme
solterona, a trabajar para mantener a mi hermanito y a
amargarme... ¿No crees? Claro que me reocupo por él... ¿Tu crees que
no? Pero la mejor manera de ayudarlo es no darle dinero... obligarlo a
que sea responsable... así tiene que aprender.
LOLA.- Yo puedo ayudarlo en eso.
CHOLE.- ¿De veras lo crees?
LOLA .- ¡Sí!
MADRE.- Esa muchacha vale oro.
ANTONIO.- O es muy bruta. ¿Qué vas a hacer?
MADRE.- Quisiera darle un beso.
ANTONIO.- La vas a asustar.
LOLA.- ¿Por qué te quedas callada? Dame ánimos.
MADRE.- Dale ánimo, Chole. Ella hará que Chema siente cabeza... todos los
hombres necesitan siempre de una mujer...
ANTONIO.- No tiene caso que hables, sabes que no te oyen...
CHOLE.- Me quedé pensando... Tu mamá estaba segura de que eso que dice
que sentía era mi mamá que le estaba dando avisos... y cuando me dijo
que a lo mejor quería encargarle a sus hijos... sentí algo... como un
escalofrío... Hubo un omento en que creí que podía ser... No creas... en
el fondo una cree en estas cosas... a veces siento como si ella estuviera
aquí. Y si fuera así, yo le diría: Mamá: esté tranquila, puedes descansar
en paz, Chema va a encontrar su camino, si confías en mí...
LOLA.- Y en mí.
CHOLE.- Por lo visto estás decidida.
LOLA.- Si tu mamá se fue tranquila, no fue por las oraciones de mi madre,
como ella supone; sino porque tal vez me escuchó platicar con Chema...
¡Digo!
CHOLE.- Tal vez...
LOLA .- ¡Está decidido, Chole me voy con Chema! ¿Sabes qué me dijo? Que
ahora va a venir a rezar el rosario con nosotras. ¿Puedo pasar al
tocador?
CHOLE.- Sí, claro, pasa- (SALE LOLA. CHOLE VA HACIA LA SILLA DE
SU MADRE. LA ACARICIA. SE SIENTA PENSATIVA)
MADRE.- ¿Lo vez Antonio? Chole no está convencida. No tiene fe en su
hermano. Es tan fría, tan...
ANTONIO.- Pero piensa igual que tú.
MADRE.- ¿Por qué igual que yo? Si nunca estuvimos de acuerdo en nada.
ANTONIO.- Estaban de acuerdo en todo sin darse cuenta, y te lo puedo
demostrar: tú dices que no quieres irte hasta que Chema encuentre su
camino, eso significa que desconfías de él, que sabes que no es capas de
valerse por sí mismo y que necesita una mujer que lo haga sentar
cabeza. Chole dice: Chema no trabaja, no sabe valerse por sí mismo y
tu dices: pobrecito de mi hijo, no ha encontrado su camino. Es lo
mismo.
MADRE.- No había pensado en eso.
ANTONIO.- Esa es la diferencia, tú sientes y ella piensa.
MADRE.- Ahora entiendo, todo esto que me ha sucedido, escuchar de ellos lo
que piensan de mí, descubrir que no todo es como yo creía creer que
Chole no me quiere porque no la he visto llorar, me ha hecho reconocer
mis fallas... Es como un juicio.
ANTONIO.- ¿Dices que Chole no llora?
MADRE.- ¡Está llorando! ¡Entonces sí me quiere!.
ANTONIO.- Claro mujer, fuiste su madre. Los bramidos que pegaba la noche
de tu muerte no eran remordimientos Vicenta, era la angustia de saber
que te morías sin entenderla.
MADRE.- Ahora te entiendo hijita, ahora te entiendo (a Antonio) está llorando
por mí.
ANTONIO.- Por ti, por mí, por Chema, por todos.
POLA.- Primer misterio la oración en el huerto
TODOS.- Padre nuestro que estás en los cielos (Sigue de fondo).
MADRE.- ¿A qué hora llegó esa mujer que no me di cuenta?.
ANTONIO.- Eso quiere decir que estás empezando a liberarte.
MADRE.- No entiendo
ANTONIO.- El tiempo tiene otro valor... Nos estamos acercando al lugar
donde el tiempo no existe. Mira al gordo Delgado como llora
plácidamente por ti.
MADRE.- Y a que hora entró ese gordo.
ANTONIO.- Libérate mujer. Descarga tu costal de rencores.
TODOS.- Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los
que nos ofenden.
ANTONIO.- está llegando el momento de partir...
MADRE.- Chema, que va a ser de mi Chema.
ANTONIO.- Tú ya no puedes hacer nada, la vida se va a encargar de
enseñarle... A punta de golpes.
MADRE.- ¿Aprender?
ANTONIO.- Como aprendimos tú y yo.
MADRE.- ¿Lola?.
ANTONIO.- Tal vez.
TODOS.- Señor ten piedad de ella, Jesucristo ten piedad de ella, Jesucristo óyela,
Jesucristo escúchala.
MADRE.- Qué corto me pareció este rosario.
ANTONIO.- Ya debemos subir.
MADRE.- No podríamos quedarnos por lo menos hasta conocer a mis nietos.
ANTONIO.- No Vicenta, libérate ya.
TODOS.- Padre Celestial que eres Dios ten piedad de ella.
MADRE.- Tengo mucha fe en Lola.
ANTONIO.- Pero todavía no descargas tu costal.
TODOS.- Jesucristo que eres un solo Dios ten piedad de ella.
MADRE.- ¿Tengo que perdonar a Pola?
ANTONIO.- Sí
POLA.- Santa María.
TODOS.- Ruega por ella.
MADRE.- Pero...
ANTONIO.- Vicenta, te quieres condenar.
POLA.- Santa Madre de Dios.
TODOS.- Ruega por ella.
ANTONIO.- ¿Te quieres condenar?
POLA.- Santa Virgen de las Vírgenes.
TODOS.- Ruega por ella.
MADRE.- Ha hecho muchos chismes.
ANTONIO.- Ya le llegará su hora
POLA.- Madre de Jesucristo.
TODOS.- Ruega por ella.
MADRE.- Con sus cosas puso nerviosa a Chelita.
ANTONIO.- Chela ya está tranquila.
POLA.- Madre de la Divina Gracia.
TODOS.- Ruega por ella.
ANTONIO.- ¿Te quieres condenar?
MADRE.- Está bien la perdono.
POLA.- Madre Purísima
TODOS.- Ruega por ella
ANTONIO.- Te sigo sintiendo muy pesada
MADRE.- La perdono.
POLA.- Madre Castísima.
TODOS.- Ruega por ella.
ANTONIO.- No puedo sostenerte, no eres sincera.
MADRE.- La perdono, la perdono.
POLA.- Virgen Prudentísima
TODOS.- Ruega por ella
ANTONIO.- No quiero perderte Vicenta, perdónala con todo el corazón
MADRE.- La perdono, la perdono.
ANTONIO.- Ja ja ja ja ¿Te creíste lo de la condenación? ¡El infierno no existe
querida! Al menos yo no lo he visto (DESAPARECEN)
POLA.- Virgen Laudable.
TODOS.- Ruega por ella.
POLA.- Espejo de Justicia
TODOS.- Ruega por ella
POLA.- Trono de la eterna sabiduría
TODOS.- Ruega por ella.
POLA.- Causa de nuestra alegría
TODOS.- Ruega por ella.
FIN DE LA COMEDIA.