TEMA 4: ORIGEN DE LAS TRIBUS URBANAS
CLAVE SOCIAL
Una tribu urbana es un grupo de personas, especialmente de jóvenes, que se
visten de forma similar o igual, poseen hábitos comunes y lugares de reunión y
que se comporta de acuerdo a las ideologías de una subcultura, que se origina y
se desarrolla en el ambiente de una ciudad o casco urbano.
La idea o el concepto de tribus urbanas es bastante nuevo, aparece a fines de los
años 80 y los 90, para dar cuenta de los fenómenos de agrupamientos juveniles.
Se trata de comprender como los jóvenes se congregan a partir de ciertas
afinidades, intereses, gustos, ideales e intereses compartidos, en el marco de un
concepto que ha sido bastante discutido.
Respecto a esa discusión del concepto de tribu urbana, se especificó que se da en
torno a si se trata de tribus o no y por qué, pero creo que lo interesante es que
sirve como herramienta para pensar como es el agrupamiento o el fenómeno de
agrupamiento en los jóvenes.
En tal sentido, se estima que lo más interesante está en saber porque y como
aparecen esos grupos, y debido a qué se da en esa etapa de la vida, marcando
diferencias sobre todo a partir de la “apariencia” en su forma de ser y
desenvolverse en la sociedad.
La apariencia tiene que ver con aspectos filosóficos, lo que cada tribu presenta
como consigna que lo identifica, pero también el aspecto estético es uno de los
que quizás más llama la atención porque es lo más visible, y hasta lo más
provocador.
Es a partir de lo estético que las tribus “construyen esa provocación”. Tras
mencionar el ejemplo del surgimiento de los punks en Inglaterra durante la década
del 70, con crestas y pantalones rotos en medio de una sociedad conservadora,
indica que se trataba, en aquel entonces, de “una estética que implicaba una
provocación, algo que se sigue dando, pero de diferente manera y en un contexto
distinto, por eso hay que leerlo en su contexto histórico
Todas estas tribus van unidas a estilos de vida, tendencias musicales, modas
comerciales o productos concretos que dinamizan y prolongan su existencia en
determinados grupos a lo largo del tiempo mientras se van adquiriendo destrezas
sociales.
Las atemporales o habituales son aquellas que están relacionadas con elementos
que han marcado a generaciones desde los años 20 hasta los 90
aproximadamente, dado valores, objetivos y elementos que reflejan una actitud o
norma universal en las interacciones socioculturales.
La expresión “tribus urbanas” designa a los grupos de individuos, normalmente
jóvenes, organizados en pandillas o bandas citadinas que comparten un universo
de intereses comunes contrarios a los valores culturales de la sociedad
normalizada, mediante códigos y conductas que les son propios.
Son grupos que se reúnen en torno de una visión del mundo, de una cierta
ideología, de una estética (peinado, maquillaje, modo de vestir) y del gusto por
determinado género musical. Toman distancia de la sociedad, del "mundo adulto",
y constituyen espacios de encuentro y de contención, en los cuales comparten
intereses e inquietudes, y se brindan protección unos a otros.
Se ha aclarado que respecto a emos y floggers se visualiza el uso de la tecnología
y las comunicaciones como denominador común, o sea estos grupos están
mediados por la tecnología, el uso de internet, las cámaras y lo que se ve por el
hecho de subir esas fotos a las páginas.
En su análisis, entonces, surge que existe hoy en día “una facilidad y una
velocidad en la comunicación que va produciendo otro tipo de intercambios o que
tiene que ver ya con otros soportes”.
El fenómeno se ve en edades que van de los 13 a los 20 años aproximadamente.
“Siempre se producen estos grupos de pares, donde los jóvenes van saliendo un
poco de sus casas, experimentando socialmente, viviendo en el afuera, y entonces
la constitución de esos grupos ayuda a que la salida sea menos traumática y
conflictiva”.
Respecto a las situaciones de violencia, que suelen aparecer mediáticamente
asociadas a estas tribus –sobre todo en los medianos y grandes centros urbanos
del mundo- pueden encontrar alguna explicación: “de algún modo tienen que ver
con afirmar la identidad, de un modo exacerbado y violento. Por ejemplo, es como
decir: a ese otro como no es como yo, no lo tolero (“no lo banco”) entonces lo
agredo. De esta forma se trata de preservar la propia identidad y remarcar esa
diferencia de la peor manera”.
Por otra parte históricamente, la música, la literatura, el teatro, el cine, y la cultura
en general ha generado estos movimientos diferenciables, quizás hoy más visibles
por el avance constante y vertiginoso de la comunicación.
Siempre se da en torno a lo que llamamos el consumo cultural, y que también
tiene que ver con la vestimenta.
Lo cierto es que la antropología señaló que “siempre cuando se es adolescente se
es parte de un grupo. Muchos padres, ante el avance de las tribus suelen
preguntarse: si mi hijo es floger o se viste de manera no convencional ¿debo estar
preocupado? En realidad, ser parte de un grupo es una cuestión prototípica de esa
edad, por eso los padres en realidad no deberían preocuparse ni alarmar a su hijo,
dado que el chico está en esa experiencia social como parte de un grupo.
Respecto a las inquietudes que abordan por lo general a la juventud, se trata de
constituirse como grupo, con chicos y chicas que quizás están sufriendo lo mismo
que ellos. Se trata de ver cómo me banco esto de salir a tener que lidiar con el
afuera: tengo que salir de noche solo, volver, como usar la plata, defenderme en el
colegio de determinadas situaciones, diría un adolescente.
Ante ese panorama y a final de cuentas, es ese momento donde se van jugando
como sujeto en sucesos dolorosos o difíciles de asumir, y para eso los jóvenes
van buscando esos grupos de referencias, más allá que no sean tribus. Todos
fuimos chicos y parte de un grupo, siempre nos encontramos en eso que nos
permite ir viviendo una experiencia social para intentar ver, de a poco, con que nos
encontraremos luego”.
CATEGORIAS
En esta primera categoría podríamos englobar, a modo de pequeño resumen, a:
Los darks u oscuros asociados a estilos musicales de rock gótico o grupos
como The Cure y literatura de vampiros a lo Brad Stoker.
Frikis relacionados, por lo general, con la informática, videojuegos, juegos
de rol, ciencia ficción, series, etc. Una serie muy popular, Big Band Theory,
los describe cuidadosamente
Góticos influenciados por el Romanticismo del siglo XIX, con personajes
como Lord Byron y Mary Shelley. Escuchan rock gótico, death-rock o
música industrial de grupos como Joy Division, Dead Can Dance, Lacuna
Coil, etc.
Hippies que son característicos de los años 60. Escuchan rock psicodélico,
practican la revolución sexual, el activismo y el consumo de drogas como el
LCD. Adoptaron un modo de vida comunitario, con el amor y la paz como
los valores principales renegando a los nacionalismos y a las guerras como
demostrarían frente a la de Vietnam en contra de Nixon. Durante su auge
tendrán lugar festivales de música tan importantes como Woodstock con la
participación de John Lennon o Janis Joplin.
FUNCION DE TRIBUS URBANAS
Cada una de las comunidades tribales seconvierte en un sustituto familiar, en
donde se da el mutuo reconocimiento y el sentimiento de formar parte de algo
común. En este caso, los emos se han refugiado en el sentir colectivo, el
sentimiento compartido.
Este grupo no exige más requisitos que la aceptación del estilo de arreglo
personal convenido. No hay ritos, ni otras demandas. Sus miembros declaran que
son emos por sentirse comprendidos en su dolor, ya que no logran esta
aceptación en su familia, al mismo tiempo que no muestran deseos de
relacionarse más cercanamente con sus padres.
Pero, ¿por qué existen?
Para empezar las tribus urbanas son más frecuentes en grandes ciudades o
metrópolis, y esto se debe a que estas grandes aglomeraciones crean en los
sujetos una sensación de alienación y aislamiento. Es en estos contextos en los
que parece más necesario e idóneo crear pequeños subgrupos con una mayor
cohesión, unidos por compartir una serie de ideologías, modas, intereses y
pensamientos.
La sociedad evoluciona cada vez hacia un contexto más individualista y alienador,
hay quienes afirman que esto está llevando al ser humano a verse impulsado a
una especie de neo-tribalismo en ese intento de recuperar su naturaleza grupal.
Además, las políticas de multiculturalismo favorecen a los colectivos alternativos y
minoritarios, ya que cada vez hay una mentalidad más abierta a lo diferente, se
contempla a los grupos alternativos de forma más positiva a lo que se hacía
antaño. Y esto actúa con doble filo pues la propia fragmentación produce
necesidad de unión y esta aparece en forma de grupos minoritarios.
Otro aspecto importante es la edad, no es difícil darse cuenta que la mayoría de
tribus urbanas están compuestas de jóvenes y que muchos de los que forman
parte de una tribu urbana dejan de estar en ella a medida que se hacen más
mayores. Esto puede tener que ver con la necesidad de pertenencia y la búsqueda
de identidad (así como la necesidad de atención e independencia) que impulsa a
los jóvenes, sobretodo en la adolescencia.
Desde luego con la edad se asienta un realismo que le impide a uno mantener un
cierto estilo de vida si este es incompatible con una necesidad superior de
supervivencia y encaje en los métodos de la sociedad más grande (trabajo,
vivienda, dinero, etc…), con esto quiero decir que está muy bien ser punk o gótico
de joven, pero si uno necesita trabajar y ganar dinero a veces tiene que decidir
conservar la ideología, tal vez, pero sin las apariencias, cosa que uno solo llega a
aceptar con la edad.
FACTORES DE INTERVENCION EN GRUPOS JUVENILES
DESADAPTADOS
La inadaptación social es la incapacidad que manifiesta una persona a la hora de
adaptarse a una situación determinada dentro del entorno en el cual vive y se
desarrolla, por ejemplo, un desajuste personal, algún conflicto con el medio,
fracaso ante los estímulos sociales, entre otros.
La problemática de la inadaptación social resulta tan compleja y posee tantas
vertientes, que su misma naturaleza impone un acercamiento multicausal. La falta
de consenso en las aproximaciones a esta temática, los diferentes ámbitos desde
los que se aborda (psicológico, sociológico, antropológico, legislativo), cada uno
con su propio lenguaje, han vuelto el campo tan enmarañado, que resulta difícil
organizar la información relativa a él con coherencia y con unidad.
Pero aún si nos detenemos en uno sólo de esos múltiples acercamientos y
perspectivas, el estrictamente psicológico, se aprecia una notable confusión y
solapamiento entre las conductas, sus consecuencias o efectos y la intervención
subsiguiente del contexto social.
Por eso, en un intento de clarificación con finalidad práctica, estas líneas tratan de
delimitar el concepto de inadaptación social, partiendo de sus manifestaciones
comportamentales. Esto es, de las conductas observables en las que se traduce.
Este planteamiento ya ha sido contemplado en otras ocasiones (Izquierdo
Martínez, 2001), aunque no se ha llegado a organizar hasta el punto de presentar
un modelo integrador.
MODELO OPERATIVO DE INADAPTACION SOCIAL
El modelo que se presenta sintetiza e integra los diferentes conocimientos que
poseemos sobre la inadaptación social. Tiene como fundamento el desarrollo del
campo interconductual, un planteamiento teórico que casa fácilmente con el marco
ecológico propuesto por Brofenbrener. A su vez, planteado como el más adecuado
para comprehender y explicar un fenómeno tan amplio como la inadaptación
social. No obstante, el modelo interconductual posee una naturaleza mucho más
operativa y, sobre todo, facilita la concreción de intervenciones específicas.
Para comprender lo que se explica a continuación, hay que remitirse al cuadro; en
él se sintetizan los niveles de análisis que planteamos y quedan delimitados las
posibles intervenciones.
Para empezar, en el núcleo del cuadro se incluye la conducta problema que, en
este caso, es denominada conducta de inadaptación social. Como puede
constatarse en el dibujo, lo que definimos como conducta no es una acción
determinada, sino una interrelación entre unos estímulos antecedentes, unas
respuestas que se dan en distintos ámbitos concretos y unas consecuencias
inmediatas.
Esto significa que lo que llamamos conducta de inadaptación social, no es, por
ejemplo, una actitud agresiva sino el desencadenamiento de esa respuesta ante
una situación antecedente inadecuada (esto es, sin provocación o sin que
represente una necesidad de salvaguarda para la integridad personal), y cuyo fin u
objetivo también es inadecuado (por ejemplo, es el único medio del que se sirve el
sujeto para librarse de una sensación de ansiedad o frustración).
El criterio de inadecuación viene definido socialmente: determinadas acciones son
juzgadas como inadecuadas porque perjudican a la sociedad e impiden, en
consecuencia, que el sujeto se adapte a ella; lo que, a su vez, repercute
progresivamente en diferentes problemas que se irán agravando con el paso del
tiempo.
Es importante entender, por tanto, que respuestas como hurtos, peleas, mentiras,
absentismo escolar, etc. no son vistas aquí como inadaptadas con independencia
del contexto social, sino en el marco colectivo donde se producen. De forma más
sencilla, una pelea puede suponer una conducta adaptada cuando se trata de
auto-defensa, pero no lo es, si es la única respuesta que el sujeto da ante el
surgimiento de conflictos con iguales (antecedente) o la única vía que contempla
para ganar prestigio entre sus pares (consecuente).
El absentismo escolar que obedece a la necesidad de conseguir dinero para
ayudar a unos padres en una situación económica comprometida, tampoco tiene
por qué resultar inadaptada; incluso un hurto con ese mismo fin puede juzgarse
adaptado en determinadas circunstancias
Este es el aspecto nuclear o definitorio de la conducta de inadaptación, pero el
análisis resultaría muy limitado si no se mencionasen los antecedentes más
remotos de estas conductas y sus consecuencias a medio y largo plazo. Los
antecedentes remotos tienen que ver con distintas variables que han sido
identificadas por varios autores. Estas variables incluyen los denominados por
muchos investigadores factores de riesgo.
Por otra parte, en lo que toca a las consecuencias a medio y largo plazo, hay que
mencionar que comprenden varios elementos. Por una parte, las complicaciones
lógicas derivadas de la repetición de un comportamiento, que es reforzante de
forma inmediata, pero que acarrea problemas cada vez más severos cuando se
repite una y otra vez (imagínese, por ejemplo, el absentismo escolar, el consumo
de alcohol, los hurtos...); y, por otra parte, la respuesta del medio social a la
conducta problema.
La exacerbación de las primeras se ha denominado situación de riesgo; la
segunda comprende la intervención de los sistemas judiciales, sanitarios y/o
sociales, y pueden tener un carácter asistencial o punitivo.
Por supuesto, las circunstancias que llevan a que se produzcan las cadenas de
comportamiento descritas son múltiples. Para que determinadas configuraciones
estimulares se conviertan en situaciones antecedentes de inadaptación social, es
necesario que hayan coincidido una serie de factores. Estos constituirían desde
nuestro modelo los factores de riesgo, que, con afán organizativo y clasificador,
está distribuido en el cuadro en dos categorías distintas: por un lado, hablamos de
factores del sujeto, por otro de factores ambientales.
A su vez, las consecuencias de la conducta de inadaptación pueden ser múltiples.
Y, como en el caso anterior, cabe también organizarlas en función de las
repercusiones sobre el propio sujeto o sobre el contexto cercano. Cuando las
consecuencias de las conductas de inadaptación social se vuelven más negativas,
se producen las situaciones de desamparo y conflicto social.
INTERVENCION DESDE LOS DISTINTOS NIVELES
Este marco comprensivo que organiza el conjunto de variables relacionadas con el
fenómeno de la inadaptación social, permite componer un modelo que orienta la
intervención de una manera operativa, pues la distinción entre conductas de
inadaptación social, sus antecedentes (próximos y remotos) y sus consecuencias
a corto, medio y largo plazo posibilita plantear una intervención desde diferentes
niveles.
Tradicionalmente, se ha preferido la intervención sobre los factores de riesgo
frente a la intervención centrada en las consecuencias, probablemente por una
necesidad de urgencia (atacar cuando ya se produce el problema pre-
delincuencial o ya abiertamente delincuencial) y una dificultad para relacionar esas
conductas con unas variables objetivas y conocidas que probabilizarán ese final.
Sin embargo, a lo largo de los últimos años se ha producido un cambio
significativo en la forma de abordar los problemas de la infancia y la adolescencia
y se ha pasado de medidas sancionadoras y de reinserción social, a medidas de
protección y atención a la infancia.
Este nuevo enfoque se caracteriza por una mayor atención a aquellas variables
relacionadas con el entorno y las necesidades sociales y familiares, frente a un
enfoque que situaba el problema de la inadaptación social en características
individuales, psicológicas y de personalidad.
Ahora mismo, se considera prioritaria la intervención preventiva, frente a la
reparadora, señalándose la necesidad de intervenir en aquellas situaciones de
riesgo que se producen en la primera infancia, en lugar de esperar a que
aparezcan las manifestaciones de conducta inadaptada en la adolescencia.
Esta intervención se aborda desde un enfoque multidisciplinar, que implica la
participación de distintos profesionales: psicólogos, educadores, trabajadores
sociales; ampliándose así el ámbito de intervención al contexto y las interacciones
familiares y sociales desde una perspectiva de campo.
VIOLENCIA COMO CULTURA
La cultura de violencia es aquella en la cual la respuesta violenta ante los
conflictos se ve como algo natural, normal e incluso como la única manera viable
de hacer frente a los problemas y disputas.
La cultura como conjunto de normas e instituciones propias de cada sociedad
intenta justificar y dar coherencia a todas las actuaciones que las personas llevan
a cabo, favorece la integración entre ellas, con otros grupos, comunidades, el
conjunto de la humanidad y con la naturaleza y el universo.
Por tanto, las culturas han tenido que integrar y armonizar los conflictos, la paz y
en el caso que ahora abordamos, la violencia. Pero a partir de un determinado
momento la cultura no sólo justifica, sino que también puede promover la acción
en un determinado sentido, por eso nos preocupa seriamente aquellos aspectos
en los que disculpa y promociona la violencia.
Hay algunas conductas que se asocian a las juventudes derivadas de la
impulsividad y de la búsqueda constante de novedades, que implicaría una baja
reflexividad en la toma de decisiones respecto a su cultura. En este punto también
hay que diferenciar conductas antisociales y delitos, aunque no todas se pueden
considerar como violentos, ya que la mayoría de la juventud habría cometido
alguna de las primeras, “algunos patrones comunes, donde destaca escuela,
familia y ocio, pero donde la pertenencia a una subcultura o estilo juvenil, nada o
prácticamente nada tiene que aportar al hecho delictivo cometido por el menor,
salvo en los casos de violencia grupal que habitualmente suelen producir los ultras
o grupos de forofos de fútbol, y las bandas o cuadrillas que, y que no pueden
considerarse ni subculturas, ni tribus urbanas propiamente dichas.
En definitiva, se observa que el uso de términos como “conductas desviadas” del
orden establecido y de los valores imperantes, y que se han vinculado en parte a
las subculturas juveniles, han sido una constante y parece que no dejará de serlo;
aunque habría que buscar sus orígenes, en parte vinculados a la búsqueda del
lugar de estos colectivos.
Esta estigmatización de la juventud sigue produciéndose con cuestiones como por
ejemplo el botellón o las bandas, generándose una visión sesgada que se vincula
en no pocas ocasiones con aspectos vinculados a la delincuencia urbana y a
conductas violentas.
La violencia entre las culturas urbanas de la capital no es un hecho nuevo. Desde
hace varios años se han presentado casos violentos que, cada vez con más
frecuencia, resultan en la muerte de alguien.
Las Tribus, culturas juveniles, sub–culturas, contra culturas, grupos sociales,
bandas, pandillas, entre otros, son los términos más utilizados y por tanto
discutidos por las ciencias sociales para referirse a un sector de la sociedad que
oscila entre los 12 y los 28 años, cuyos miembros, reunidos en grupos comparten
una estética, unos valores, en algunas ocasiones una ideología y en otras son sólo
fruto de un proceso de mediatización musical publicitaria, que los diferencian del
resto de los jóvenes.
No es normal el ambiente actual de nuestra sociedad. Si hace unas décadas había
una cultura que crecía de no-violencia, hoy la cultura que crece sin freno es la de
la violencia. Basta con leer la prensa o escuchar la radio cualquier día para pensar
quedarse en su casa y no salir. Además de las conductas delictivas violentas, que
siempre han existido, nos encontramos cómo la violencia abarca muchos entornos
cotidianos.
Así crece desde la familia al deporte, sobre todo en las categorías juveniles y no
por los jugadores sino por los adultos; crece en los espacios de ocio, en la
dialéctica cotidiana y en las aulas; pero sobre todo en las redes sociales, un
espacio de progreso que se ha convertido en un «antro», pues es más fácil no dar
la cara para insultar, amenazar, coaccionar, calumniar, alarmar, asustar, etc. por
acabar en lo más extremo, las alarmas creadas hasta en la Semana Santa por las
carreritas justificadas o no. Para mí está claro, la cultura de la violencia avanza y
se promociona. No es cuestión de leyes ni de tener un policía en cada esquina; es
cuestión de recuperar valores como son los de tolerancia, respeto, diálogo y de
no-violencia como actitud ante la vida. La reacción sensata es que cada uno, se
eduque en sus actitudes y trate de trasformar su entorno más cercano, cambiemos
el rumbo de la sociedad, no sólo por nosotros sino por las generaciones juveniles,
infantiles y las que vendrán.
Recordemos que este fenómeno se encuentra íntimamente asociado con la
frustración, la impulsividad, y la irreflexión. A esto agreguémosle un sistema que
genera y favorece la exclusión en todos sus ámbitos, que refuerza la
competitividad en detrimento de la solidaridad, el individualismo por encima del
bien común, y la capacidad de consumo independientemente de la honorabilidad y
la honestidad.
Sumemos a esto, los medios de comunicación de masas que adquieren un papel
protagónico en el desarrollo, transformación y transmisión de la cultura, y cuyos
contenidos se saturan cada vez más de violencia. Por último, no debemos olvidar
que este caldo de cultivo tiene como contexto una larga historia de explotación,
pobreza, machismo, violación impune de los más fundamentales derechos
humanos, y en muchos de nuestros países, militarismo, autoritarismo, represión y
cruentas guerras civiles. Ante este panorama, lo extraño sería que viviésemos en
un ambiente pacífico.
La violencia tiene una dinámica con estructura espiral, ya que cualquier acto
violento posee una alta probabilidad de generar como respuesta otro acto violento.
De este modo, mientras la estructura social y la cultura sean en sí violentas, el
resultado inevitable será un conjunto de individuos violentos. Del mismo modo, si
las soluciones se concentran en la represión, y por ende en la violencia, el
producto final será la estimulación de la misma, nunca su reversión o contención.
La estética de la violencia cambia la visión de entretenimiento de los jóvenes,
quienes parecieran exigir en los contenidos de las series una violencia cada vez
mayor que se inventan continuamente nuevas perversiones para ser aceptadas
por el público.
Aparecen el anime, films para adolescentes y series como MTV. Y los videos
musicales, que son junto al anime lo que más consumen los jóvenes, que
compiten en mostrar en el menor tiempo posible, el mayor número de escenas
cada vez más escandalosas y violentas. Un ejemplo es el video All that things she
said del dúo musical pop Tatu en que dos jóvenes rusas que aparecen besándose,
ganó el récord de sintonía en todo el mundo en el año 2003 y por supuesto el
récord de ventas. Se vende no por la calidad de la música, sino por la audacia de
las imágenes.
Así, los elementos de la cultura pop que hasta entonces parecían estar
sustentados en el lema de los años sesenta —sexo, drogas, amor y mucho
amor— se centra ahora en un solo leiv motiv: violencia, violencia y violencia en la
fascinación de las imágenes.
Este es el mundo donde han nacido y viven nuestros jóvenes, adolescentes y
niños, socializados por la TV y por juegos de videos, ante la mirada impávida de
los adultos que los demonizan, los estigmatizan, los utilizan, pero no dan
soluciones a problemas concretos, convirtiéndonos en cómplices de una situación
que se nos escapa de las manos.
Los riesgos a los que se enfrentan hoy nuestros jóvenes en Venezuela parecieran
ser mayores que en las generaciones anteriores. La complejidad actual del mundo
y de nuestra sociedad, en particular, donde la distribución de la riqueza, que se
traduce fundamentalmente en salud, trabajo y educación es arbitrariamente
injusta, evidentemente se refleja en la socialización de nuestros jóvenes y sus
oportunidades de vida; la transición de este grupo en esa etapa de cambios, tan
crucial de la vida conlleva desafíos y riesgos que afrontar y la mayoría de ellos no
está preparados para hacerlo.
El concepto, que se desprende de la violencia genérica, abarca cualquier
elemento cultural que, directa o indirectamente justificado, promueve prácticas o
situaciones generadas por la violencia.
El concepto de violencia cultural hay que considerarlo en un sentido amplio. Se
diferencia de otros tipos de violencia en que ésta navega a través de las ideas, las
normas, los valores, las tradiciones, etc. En otras palabras, hablamos de violencia
cultural cuando desde la cultura se legitima o promueve la violencia en cualquiera
de sus vertientes.
Se realizó un análisis del concepto, partiendo previamente la violencia en tres
segmentos principales:
Violencia directa (física, psicológica, verbal)
Violencia estructural (generada a través de un sistema)
Violencia cultural.
La que nos ocupa se relacionaría íntimamente con las otras dos. La violencia
cultural se identifica porque siempre se pasan por alto o se apoyan prácticas
violentas, todo ello desde el mundo de las “ideas”.
Podría identificarse la violencia cultural con una “ideología de la violencia”, como
una superestructura de los sistemas violentos, donde las construcciones culturales
que conviven, cubren e intentan armonizar y darle coherencia. Se sumergiría,
además, en todos los ámbitos de la cultura: ética, moral, leyes, política, ciencia,
arte, etc.
Un ejemplo contrastado y repetido a lo largo de la historia es cómo algunos
discursos sociales y políticos se han convertido en justificadores de explotación o
marginación. Igualmente, ciertas costumbres, ritos y actos institucionales pueden
contribuir a mantener la idea de que la violencia puede ser “útil”. También los
planteamientos donde se promuevan prácticas discriminatorias por razones de
creencias, sexo, color de piel, el acceso desigual al estado del bienestar, la
pobreza, etc., son a la vez factores que contribuyen a generar y perpetuar
violencia cultural.
En el mundo actual, la violencia tiene un componente añadido: la globalización.
Así, no sólo se extiende a los individuos, sino que se externaliza, como por
ejemplo el colonialismo o el imperialismo. Para erradicar la violencia cultural
también es desfavorable el intento de imponer modelos culturales universales, que
desechan la riqueza de la interculturalidad.
¿CÓMO COMBATIRLA?
La violencia cultural se combate desde la cultura, concediendo especial
importancia a una Cultura de paz, plural e integradora, como a la deconstrucción
de la violencia cultural.
Sin embargo, la promoción de una Cultura de paz no es posible sin considerar el
instrumento más importante y necesario para dinamitar la violencia cultural: la
educación. Es crucial promover un pensamiento crítico y sobre todo huir del
etnocentrismo y del sexismo, factores que favorecen la violencia cultural. Por
ejemplo, no sería conveniente seguir trasmitiendo la cultura del hombre, blanco,
occidental, de clase media o alta y perfectamente integrado en la sociedad.
Por otro lado, sería también necesario plantear una educación que esté orientada
a solucionar grandes problemas de la humanidad, promoviendo una cultura interior
y de valores, comenzando además por analizar y cambiar nuestro lenguaje, donde
en la mayoría de los casos se encuentran aspectos que pueden favorecer la
aparición de cualquier tipo de violencia.
En otras ocasiones hemos presentado ejemplos de violencia cultural. Se trata de
la imposición de una manera hegemónica de entender el mundo, que propone
ideas, creencias y prácticas para vivir la vida en términos de necesaria violencia y
bajo objetivos de dominación-violencia y, desde luego, es uno de los principales
aliados del paradigma de dominación-violencia vigente y de la ideología militarista.
La violencia estructural es un tipo de violencia que legitima la violencia directa y la
violencia estructural, pero a la vez actúa potenciándolas, recreándolas,
impulsándolas.
Podemos ver múltiples ejemplos de este tipo de violencia en nuestro propio
entorno. Estos son algunos de los ejemplos.
El primer ministro iraní, progre para la óptica occidental, prometió que
desde el primer momento de su mandato promovería políticas de igualdad
entre hombres y mujeres. Su primer «gesto» ha dado muestras de su idea
de la igualdad de hombres y mujeres. Se trata de una rueda de prensa de la
que se ha hecho eco El País (prensa). En ella los periodistas de género
masculino siguieron la rueda de prensa sentados en sillas, pero las
periodistas mujeres tuvieron que seguirla sentadas en el suelo, a los pies
de los hombres. Juntemos a esto que, según Reporteros Sin Fronteras, Irán
es uno de los países del mundo con más periodistas encarcelados.
¿violencia cultural? ¿Justificación de la violencia estructural? ¿Explicación
de la violencia directa?
Podríamos pensar, con esa mentalidad nuestra tan característica, que estas
ideas solo ocurren en países «extremistas» o algún otro calificativo
despectivo. Sin embargo, El País, de nuevo, nos informa de altercados
racistas provocados por pertenecientes al partido neonazi alemán en
protesta por la apertura de centros de atención a inmigrantes y refugiados
de conflictos bélicos. una nueva prueba de violencia cultural cuyo resultado
final ya tuvo Europa la oportunidad de experimentar en los años 30 y 40.
¿Una cultura racista como justificación de la violencia contra los otros y de
la violencia estructural? El ejemplo es efectivamente muy elocuente.
Lo mismo hemos conocido de la creciente ola desatada en Rusia que considera
que los homosexuales no son gente normal ni debe pertenecer, al parecer, a la
sociedad con igualdad de derechos. El último episodio es la noticia de la
tramitación parlamentaria de una ley por la que se prohibirá la donación de sangre
a homosexuales. Nos informa de ello Público. También aquí las ideas perversas y
violentas acaban en actos violentos y en injusticia estructural.
La violencia cultural acampa por doquier y predica el odio, la superioridad, la
dominación y la justificación de la violencia como regla social de juego y como
verdad última de nuestro género humano, Y lo malo es que, convertida en verdad
esta prédica, el salto a la imposición por la fuerza, la dominación o la injusticia es
algo absolutamente evidente y aterradoramente inminente.
Solo queda por ello una gran tarea por delante: nada menos que la de
desenmascarar esta violencia cultural y desinventar sus mecanismos operativos.
PATOLOGIAS DE LA ADAPTACIÓN
DEFINICION DE LAS PATOLOGIAS DE ADAPTACIÓN
Los trastornos de adaptación son afecciones relacionadas con el estrés. Sufres
más estrés del que normalmente se esperaría en respuesta a un suceso
estresante o inesperado, y el estrés provoca problemas significativos en tus
relaciones, el trabajo o la escuela.
Los problemas en el trabajo, el hecho de asistir a la escuela en otro lugar, una
enfermedad, la muerte de un familiar cercano o cualquier cambio en la vida
pueden provocar estrés. La mayoría de las veces, las personas se ajustan a esos
cambios en pocos meses. Sin embargo, si tienes un trastorno de adaptación,
continúas teniendo reacciones emocionales y conductuales que pueden contribuir
a que te sientas ansioso o deprimido.
Sin embargo, no tienes que soportarlo a solas. El tratamiento puede ser breve y es
probable que te ayude a recuperar el equilibrio emocional.
El trastorno de adaptación son reacciones emocionales o del comportamiento ante
una situación identificable que provoca un estrés o un cambio en la vida al cual la
persona no se ha ajustado adecuadamente, o que de alguna forma constituye una
respuesta no saludable (porque sus componente emocionales y conductuales
resultan de mayor intensidad o son más incapacitantes de los esperado) ante esa
situación o al cambio. La reacción debe reproducirse en un lapso de tres meses
posteriores al suceso o al cambio que provoca el estrés.
Los trastornos de adaptación son básicamente reacciones muy intensas a un
hecho estresante de la vida que son lo suficientemente severas para entorpecerla,
pero no lo suficiente severas como pare ser un trastorno mayor de depresión o del
estado de ánimo.
Se distingue de la reacción normal ante el estrés porque sus componentes
emocionales y conductuales resultan de mayor intensidad o son más
incapacitantes de lo esperado. Los trastornos agrupados en esta categoría
aparecen siempre como una consecuencia directa de un estrés agudo grave o de
una situación traumática sostenida. El acontecimiento estresante o las
circunstancias desagradables persistentes son de factor primario y primordial, de
tal manera que su en ausencia no se hubiera producido el trastorno.
Si bien hay que aceptar que el trastorno no se habría presentado en ausencia del
agente estresante, tomando un mismo factor estresante no hay forma de predecir
qué tipo de persona tiene la posibilidad de sufrir de un trastorno de adaptación
De todos modos, se considera que:
La intensidad y la duración del estresor están relacionados con la aparición
de la patología
El riesgo de aparición y la forma de expresión de las manifestaciones del
trastorno de adaptación están determinados de un modo importante por una
predisposición o vulnerabilidad individual
SINTOMAS
Los signos y síntomas dependen del tipo de trastorno de adaptación y pueden
variar según la persona. Sufres más estrés del que normalmente se esperaría en
respuesta a un suceso estresante, lo que provoca problemas significativos en tu
vida.
Los trastornos de adaptación afectan la forma en la que te sientes, así como lo
que piensas de ti mismo y del mundo; también pueden influir en tus acciones y tu
conducta. Algunos ejemplos son:
Sentirte triste, desesperanzado o no disfrutar cosas que solías disfrutar
Llorar con frecuencia
Estar preocupado o sentirte ansioso, nervioso, tenso o estresado
Trastornos del sueño
Falta de apetito
Dificultad para concentrarse
Sentirte abrumado
Tener dificultades para desenvolverte en las actividades diarias
Apartarte de tus fuentes de apoyo social
Evitar asuntos importantes, como ir al trabajo o pagar cuentas
Pensamientos o conductas suicidas
Los síntomas del trastorno de adaptación aparecen dentro de los tres meses
posteriores a un suceso estresante y no duran más de seis meses después de su
finalización. Sin embargo, los trastornos de adaptación persistentes o crónicos
pueden continuar durante más de seis meses, en especial, si lo que te produce
estrés continúa, como el desempleo.
En general, los factores de estrés son temporales y aprendemos a afrontarlos con
el tiempo. Los síntomas del trastorno de adaptación mejoran cuando el estrés se
alivia. Sin embargo, a veces, el suceso estresante sigue siendo parte de tu vida.
También puede suceder que una nueva situación de estrés se presente y tengas
que enfrentar la misma dificultad emocional nuevamente.
Consulta con el médico si sigues teniendo problemas o si tienes dificultades para
atravesar cada día. Puedes obtener tratamiento que te ayude a afrontar mejor los
episodios de estrés y sentirte mejor con tu vida de nuevo.
Si tienes inquietudes acerca de la adaptación o la conducta de tu hijo, habla con
su pediatra.
CAUSAS Y FACTORES DE RIESGO
Los trastornos de adaptación se producen debido a cambios importantes o por lo
que te genera mayor estrés en tu vida. La genética, las experiencias de vida y el
temperamento pueden aumentar la probabilidad de padecer un trastorno de
adaptación.
Es posible que algunos elementos aumenten la probabilidad de padecer un
trastorno de adaptación.
ACONTECIMIENTOS ESTRESANTES
Los acontecimientos estresantes de la vida, tanto positivos como negativos,
pueden aumentar el riesgo de padecer un trastorno de adaptación. Por ejemplo:
Divorcio o problemas conyugales
Problemas interpersonales o en las relaciones
Cambios en la situación actual, como la jubilación, tener un bebé o mudarse
para estudiar en la universidad
Situaciones adversas, como perder el trabajo, el fallecimiento de un ser
querido o tener problemas económicos
Problemas en la escuela o en el trabajo
Experiencias que ponen en peligro la vida, como una agresión física, peleas
o desastres naturales
Factores de estrés continuo, como tener una enfermedad o vivir en un
vecindario inseguro
TUS EXPERIENCIAS DE LA VIDA
Las experiencias de vida pueden impactar en tu forma de afrontar el estrés. Por
ejemplo, el riesgo de padecer un trastorno de adaptación puede aumentar si:
Viviste con un nivel significativo de estrés durante la niñez
Tienes otros problemas de salud mental
Te enfrentas a varias circunstancias difíciles al mismo tiempo
COMPLICACIONES Y PREVENCIÓN
Si los trastornos de adaptación no se resuelven, con el tiempo, pueden derivar en
problemas de salud mental más graves, como trastornos de ansiedad, depresión o
abuso de sustancias.
No hay ninguna manera garantizada de evitar los trastornos de adaptación. Sin
embargo, desarrollar la capacidad saludable de enfrentar desafíos o situaciones y
aprender a ser resiliente te puede servir en momentos de mucho estrés.
Si sabes que se aproxima una situación estresante (como una mudanza o la
jubilación) acude a tu fortaleza interna, aumenta tus hábitos saludables y reúne a
tus redes de contención sociales por adelantado. Recuérdate que, por lo general,
la situación durará un tiempo limitado y que puedes superarla. Además, considera
visitar al médico o al profesional de salud mental para analizar formas saludables
de controlar el estrés.
Autores como Harold Kaplan relacionan el trastorno de adaptación con reacciones
afectivas como ansiedad, cólera, agresión, así como la presencia de desequilibrios
psicofisiológicos; planteando además que la capacidad del individuo para
participar en actividades ordinarias de la vida cotidiana se encuentra alterada.
Por su parte la Clasificación estadística internacional de enfermedades y otros
problemas de salud (CIE-10) determina que se trata de estados de malestar
subjetivo acompañados de alteraciones emocionales que por lo general interfieren
con la actividad social y que aparecen en el período de adaptación a un cambio
biográfico significativo o a un acontecimiento vital estresante.
El agente estresante puede afectar la integridad de la trama social de la persona
(experiencias de duelo, de separación) o al sistema más amplio de los soportes y
valores sociales (emigración, condición de refugiado). El agente estresante puede
afectar sólo al individuo, al grupo al que pertenece o a la comunidad.
Según el DSM-IV Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales la
característica esencial del trastorno adaptativo es el desarrollo de síntomas
emocionales o comportamentales en respuesta a un estresante psicosocial
identificable.
Ricardo González Menéndez clasifica a los trastornos de adaptación como: una
afección funcional de nivel neurótico, provocada por contingencias que no tienen
la trascendencia las valoradas en reacciones a estrés agudo o trastornos
postraumático, pues se trata cambios biográficos significativos eventos vitales
catastróficos, pero dichos factores precipitantes vinculan estrechamente con
manifestaciones psicopatológicas.
En la etiología de este tipo de trastornos, y según la definición actual de los
mismos, la existencia de un anterior trastorno de personalidad o un trastorno
orgánico mental pasivo, pueden aumentar la vulnerabilidad al estrés. Igualmente,
la gravedad del estrés no es siempre predictiva a la gravedad del trastorno de
adaptación. La organización de la personalidad y las normas culturales o grupales
desempeñan un papel importante en las respuestas desproporcionadas ante
agentes estresores.
En las primeras etapas del desarrollo la capacidad de adaptación es muy débil,
por tanto, cualquier variación en las condiciones del medio puede provocar
alteraciones en niños y adolescentes. No hay evidencias de que un determinado
factor biológico cause los trastornos de adaptación.
La base de estos trastornos radica en el concepto de trauma como sobrecarga
psíquica, con un sentimiento total o parcial de desamparo unido a inhibiciones. En
los Trastornos de Adaptación el agente causante de estrés está dentro de la
experiencia humana normal, la respuesta es desproporcionadamente intensa y la
sobrecarga es sorprendente, pero la alteración es moderada y temporal.
La predisposición y vulnerabilidad personal desempeñan un papel importante en el
desarrollo del cuadro, aunque siempre es necesario que exista el acontecimiento
estresante.
La CIE-10 excluye los agentes estresantes de tipo inusual o catastrófico y hace
alusión a la predisposición individual. Señala que el riesgo de aparición y la forma
de expresión de las manifestaciones de los trastornos de adaptación están
determinados de modo importante por una predisposición o vulnerabilidad
individual. Sin embargo, acepta que el trastorno no se habría presentado en
ausencia del agente estresante. En cambio, el DSM-IV permite efectuar el
diagnóstico en el caso de acontecimientos estresantes de carácter extremo,
siempre que no se cumplan los criterios diagnósticos del trastorno por estrés
postraumático o del trastorno por estrés agudo.
El GC-3 ubica los trastornos de adaptación debidos al efecto de uno o varios psico
traumas importantes (no excepcionalmente intensos ni catastróficos), o de un
cambio biográfico que constituye una espina irritativa mantenida. Excluye
situaciones de estrés crónico no removible, como la falta de vivienda, por ejemplo.
SUBTIPOS DE TRASTORNO DE ADAPTACIÓN
En el DSM IV los trastornos adaptativos son codificados de acuerdo con el subtipo
que mejor caracteriza los síntomas predominantes.
Con estado de ánimo depresivo:
Este subtipo debe usarse cuando las manifestaciones predominantes son
síntomas del tipo del estado de ánimo depresivo, llanto o desesperanza.
Con ansiedad:
Este subtipo debe usarse cuando las manifestaciones predominantes son
síntomas como nerviosismo, preocupación o inquietud; o, en los niños, miedo a la
separación de las figuras con mayor vinculación.
Mixto con ansiedad y estado de ánimo depresivo:
Este subtipo debe usarse cuando las manifestaciones dominantes son una
combinación de ansiedad y depresión.
Con trastorno de comportamiento:
Este subtipo debe usarse cuando la manifestación predominante es una alteración
del comportamiento, en la que hay una violación de los derechos de los demás o
de las normas y reglas sociales apropiadas a la edad (p. ej., vagancia, vandalismo,
conducción irresponsable, peleas e incumplimiento de las responsabilidades
legales).
Con alteración mixta de las emociones y el comportamiento:
Este subtipo debe usarse cuando las manifestaciones predominantes son tanto
síntomas emocionales (p. ej., depresión y ansiedad) como trastorno de
comportamiento (v. subtipo anterior).
No especificado:
Este subtipo debe usarse para las reacciones desadaptativas (p. ej., quejas
somáticas, aislamiento social, inhibición académica o laboral) a estresantes
psicosociales que no son clasificables como uno de los subtipos específicos de
trastorno adaptativo.
La duración de los síntomas de un trastorno adaptativo puede indicarse mediante
la elección de una de las siguientes especificaciones.
Agudo:
Persistencia de síntomas durante menos de 6 meses.
Crónico:
Persistencia de síntomas durante 6 meses o más.
Se aplica cuando la duración de la alteración es superior a 6 meses en respuesta
a un estresante crónico o a un estresante con consecuencias permanentes.
Procedimiento de tipificación según el DSM IV
La presentación de síntomas predominantes en el trastorno adaptativo debe
indicarse por la elección del código diagnóstico y el término de la lista anterior,
poniendo a continuación, si se desea, la especificación agudo o crónico (p. ej.,
Trastorno adaptativo con estado de ánimo depresivo, agudo). En una evaluación
multiaxial, la naturaleza del estresante puede ser indicada en el Eje IV (p. ej.,
divorcio).
Pautas para el diagnóstico según la CIE-10
El diagnóstico depende de la evaluación cuidadosa de las relaciones entre:
1. La forma, el contenido y la gravedad de los síntomas
2. Los antecedentes y la personalidad
3. El acontecimiento estresante, la situación o la crisis biográfica.
La presencia de éste último factor debe ser clara y debe ser evidente o al menos
existir la presunción de que el trastorno no habría aparecido sin la presencia de
ellos. Si el agente estresante es relativamente poco importante o si no puede ser
demostrada una relación temporal (menos de tres meses), el trastorno debe ser
clasificado en otra parte, de acuerdo con sus manifestaciones clínicas.
Se incluyen el "Shock cultural", las reacciones de duelo y el hospitalismo en niños
y se excluyen los trastornos de ansiedad de separación en la infancia.
Si se satisfacen las pautas de trastorno de adaptación, la forma clínica o
manifestaciones predominantes pueden ser especificadas mediante un quinto
carácter adicional.
Reacción depresiva breve:
Estado depresivo moderado y transitorio cuya duración no excede de un mes.
Reacción depresiva prolongada:
Estado depresivo moderado que se presenta como respuesta a la exposición
prolongada a una situación estresante, pero cuya duración no excede los dos
años.
Reacción mixta de ansiedad y depresión:
Tanto los síntomas de ansiedad como los depresivos son destacados, pero no
mayores que en el grado especificado para el trastorno mixto de ansiedad y
depresión (F41.2) u otro trastorno mixto por ansiedad (F41.3).
Con predominio de alteraciones de otras emociones:
Los síntomas suelen incluir otros tipos de emoción, como ansiedad, depresión,
preocupación, tensiones e ira. Los síntomas de ansiedad y depresión pueden
satisfacer las pautas de trastorno mixto de ansiedad y depresión o de otros
trastornos mixtos de ansiedad pero no son lo suficientemente relevantes como
para permitir diagnosticar un trastorno más específico depresivo o de ansiedad.
Esta categoría debe utilizarse también para las reacciones en los niños que
presenten también una conducta regresiva como enuresis nocturna o succión del
pulgar.
Con predominio de alteraciones disociales:
La alteración principal es la del comportamiento, por ejemplo, una reacción de
pena o dolor en un adolescente que se traduce en un comportamiento agresivo o
disocial.
Con alteración mixta de emociones y disociales
Tanto los síntomas emocionales como el trastorno del comportamiento son
manifestaciones destacadas.
F43.28 Otro trastorno de adaptación con síntomas predominantes
especificados
F43.8 Otras reacciones a estrés grave
F43.9 Reacción a estrés grave sin especificación
PREVALENCIA
Los trastornos adaptativos pueden presentarse en ambos sexos y en cualquier
grupo de edad. Según el DSM-IV estos cuadros son los más frecuentes en el
orden de concurrencia; aunque el patrón epidemiológico varía ampliamente en
función de la población estudiada y de los métodos de evaluación.
Los individuos con circunstancias vitales poco afortunadas experimentan una tasa
elevada de estresantes y tienen un riesgo mayor de presentar este trastorno.
CURSO
La alteración en el trastorno adaptativo empieza dentro de los 3 meses del inicio
del estresante y no más tarde de 6 meses después de que el estresante o sus
consecuencias hayan cesado.
Si el estresante es un acontecimiento agudo, por ejemplo, un incendio en el lugar
de trabajo, el inicio de la alteración suele ser inmediato (o en los próximos días) y
la duración es relativamente breve (unos pocos meses).
Si el estresante o sus consecuencias persisten, el trastorno adaptativo puede
persistir también. Cuando la evolución, pese al tratamiento adecuado, supera los 2
años el diagnóstico debe ser cambiado a trastorno neurótico de personalidad.
Según la CIE-10 el cuadro suele comenzar en el mes posterior a la presentación
del cambio biográfico o del acontecimiento estresante y la duración de los
síntomas rara vez excede los seis meses, excepto para el F43.21, reacción
depresiva prolongada.
Si la duración de los síntomas persiste pasado este periodo de tiempo, el
diagnóstico debería modificarse de acuerdo con el cuadro clínico presente y
cualquier estrés mantenido puede codificarse mediante uno de los códigos Z del
capítulo XXI de la CIE-10.
El DSM-IV para el diagnóstico del trastorno adaptativo exige que los síntomas se
inicien en los 3 primeros meses posteriores al acontecimiento estresante, por su
parte los Criterios Diagnósticos de Investigación de la CIE-10 exigen que se inicien
durante el primer mes y el GC-3 toma en cuenta un período comprendido entre 30
y 90 días después de ocurrido el hecho.
DURACIÓN
En la sección que recoge los trastornos adaptativos tanto en el DSM-IV, como en
el CIE-10 y el GC-3 distinguen entre la reacción depresiva breve que no se
prolonga más allá de 1 mes, de la reacción depresiva prolongada que puede tener
una duración superior a los 6 meses, pero inferior a los 2 años.
Los trastornos adaptativos están asociados a un aumento de riesgo e intentos de
suicidio. Su presencia en individuos que padecen otra enfermedad complicaría su
evolución debido al incumplimiento terapéutico o el internamiento prolongado. La
situación crónica a su vez, se asocia con el riesgo de aparición de depresión,
ansiedad y consumo de sustancias psicoactivas.
PATOLOGIAS SOCIALES
La patología social se refiere a la conducta anormal dentro de la sociedad. Por
tanto, el individuo que no actúa de acuerdo a las formas de conducta repetidas en
una sociedad se le llamara anormal o desviado.
Entre los factores que propician la inestabilidad mental y emocional se señalan:
1. El exceso de trabajo y la fatiga mental.
2. La frecuente tensión nerviosa.
3. El excesivo ruido en los centros urbanos la desintegración familiar y a falta
de convivencia humana.
4. La asistencia frecuente a diversiones excitantes e impresionantes.
5. El uso inmoderado de estimulantes y sedantes.
El patólogo social permite medir, analizar y examinar las conductas humanas enel laboratorio
social, es decir, en relación y respecto de los valores, normas,costumbres y tradiciones
culturales (informal), los principios y reglasgubernamentales (formal) y las consideración
y restricción morales. En otrapalabras, los actos que infringen, quebrantan o vulneran lo
establecido por lasleyes son, por definición, de carácter delictivo; un acto expresamente
prohibido y castigado por la ley, casi siempre inmoral y anormal con arreglo a la norma
éticapredominante; usualmente dañoso para la comunidad y cuya represión sesupone
necesaria para la persecución del orden social existente:
a)
un castigolegal,
b)
rechazo social; y
c)
una condena moral. Por esta razón, la persona queviola los
El patólogo social permite medir, analizar y examinar las conductas humanas en el
laboratorio social, es decir, en relación y respecto de los valores, normas,
costumbres y tradiciones culturales, los principios y reglas gubernamentales y las
consideraciones y restricciones morales.
En otras palabras, los actos que infringen, quebrantan o vulneran lo establecido
por las leyes son por definición de carácter delictivo, un acto expresamente
prohibido y castigado por la ley, casi siempre inmoral y anormal con arreglo a la
norma ética predominante, usualmente dañoso para la comunidad y cuya
represión se supone necesaria para la persecución del orden social existente:
1. Un castigo legal
2. Rechazo social
3. Una condena moral
Por esta razón la persona que viola lo valores, se esfuerza por evadir y
esconderse de la vista supervisora de la justicia.
LA SORDERA, LA CEGUERA Y LA ANCIANIDAD COMO
PATOLOGIAS SOCIALES Y NO COMO RESULTADO DE UN
PROCESO BIOLOGICO O NATURAL
SORDERA
La sordera no afecta a la capacidad intelectual del individuo ni a su habilidad para
aprender. No obstante, un niño sordo pierde la estimulación lingüística de los
niños normales y el retraso en el aprendizaje del lenguaje puede causarle retraso
escolar. Este retraso tiende a ser acumulativo y el adolescente sordo puede llegar
a sumar 4 o más años escolares de retraso. Pero si el niño sordo recibe una
estimulación lingüística precoz mediante el lenguaje de signos tendrá un
rendimiento escolar normal.
Un número creciente de estudiantes sordos sigue programas de enseñanza
superior en establecimientos de educación terciaria especialmente preparados,
tanto por su dotación como por sus programas.
Hoy en día los sordos pueden desempeñar casi cualquier trabajo, excepto
aquellas profesiones en que una buena audición es condición indispensable (piloto
de aviones, director de orquesta, ...), entre los sordos hay médicos, abogados,
maestros, religiosos, secretarias, químicos, agricultores, jornaleros...
La discriminación existe, como para otras minorías, pero los empresarios
contratan sordos en número creciente e instalan dispositivos telefónicos
especiales o secretarias-intérpretes u otros instrumentos que les permiten rendir
de forma adecuada en su trabajo. Sin embargo, si se comparan con la población
general, un gran porcentaje de sordos continúa desempleado o subempleado.
LA CEGUERA
Hasta el final del siglo XVIII no se proporcionó a los invidentes un sistema
organizado de educación, libros, rehabilitación y formación profesional adecuada.
La primera escuela para invidentes fue fundada en París en 1785 por el educador
francés Valentín Haüy, con el nombre de Institution Nationale, y todavía hoy
existe.
En 1790 se abrieron escuelas para ciegos necesitados en Inglaterra y Escocia. Su
propósito original era la formación de estas personas en oficios manuales, pero,
unos años después, se adoptó un sistema de educación general.
En 1806 Haüy fundó una escuela en Rusia y participó en el establecimiento de
otra en Berlín. Estas escuelas tuvieron tanto éxito que hacia 1811 existían
instituciones similares en toda Europa. Las oportunidades laborales para los
invidentes están muy limitadas tanto por el defecto visual como por la falta de
confianza en sí mismos. Muchos se manejan a la perfección en sus negocios o en
su profesión; otros compiten de forma satisfactoria en tiendas y fábricas con los
otros.
Los recientes avances en sinterización de voz mediante equipos informáticos han
empezado a hacer más accesibles a los invidentes los procesadores de texto y
otros programas. En la mayoría de las grandes ciudades americanas y europeas
existen agencias públicas y privadas que les proporcionan oportunidades de
empleo adecuadas, bien en empresas o bien en el propio domicilio.
ANCIANIDAD
El problema de la ancianidad es grave en una sociedad que ha establecido un
culto a la juventud. Para algunas comunidades, el anciano es considerado como
una carga económica para la familia por que ocasiona gastos y no produce ningún
ingreso. Hasta hace algunos años la familia la integraban tres generaciones:
abuelos, padres e hijos. En ella el anciano tenía un lugar de respeto y preferencia.
Hoy solo persiste ese núcleo familiar en algunos países de Latinoamérica y su
tendencia es a desaparecer.
Es característico de la ancianidad la tendencia conservadora, el prejuicio, el afán
de seguridad. Hay ancianos que viviendo dentro del núcleo familiar se sienten
infelices por el sentimiento de inferioridad que les origina su dependencia
económica de la familia.
TRASTORNOS MENTALES
Los trastornos mentales o enfermedades mentales, afecciones o síndromes
psíquicos y conductuales, son causa de angustia y deterioro en importantes áreas
del funcionamiento psíquico, afectando al equilibrio emocional, al rendimiento
intelectual y a la adaptación social.
A través de la historia y en todas las culturas se han descrito diferentes tipos de
trastornos, pese a la vaguedad y a las dificultades que implica su definición. A lo
largo de la historia, y hasta tiempos relativamente recientes, la locura no era
consideraba una enfermedad sino un problema moral -el extremo de la
depravación humana- o espiritual -casos de maldición o de posesión demoníaca.
Después de unos tímidos inicios durante los siglos XVI y XVII, la psiquiatría
empezó a ser una ciencia respetable en 1790, cuando el médico parisino Philippe
Pinel decidió quitar las cadenas a los enfermos mentales, introdujo una
perspectiva psicológica y comenzó a hacer estudios clínicos objetivos. A partir de
entonces, y desde que se inició el trabajo en los manicomios, se definirían los
principales tipos de enfermedades mentales y sus formas de tratamiento.
CLASIFICACION
La clasificación de los trastornos mentales es todavía inexacta y varía según las
escuelas y doctrinas psicopatológicas. Para uniformar criterios, la Organización
Mundial de la Salud (OMS) creó la DSM, clasificación universal de los trastornos
mentales que ha conocido hasta la fecha varias versiones.
La mayoría de los sistemas de clasificación reconocen los trastornos infantiles (por
ejemplo, el retraso mental) como categorías separadas de los trastornos adultos.
Igualmente, distinguen entre trastornos orgánicos, los más graves provocados por
una clara causa somática, fisiológica, relacionada con una lesión estructural en el
cerebro, y trastornos no orgánicos, a veces también denominados funcionales,
considerados más leves.
NEUROSIS.
Se refiere a un estado de malestar y ansiedad, pero sin llegar a perder contacto
con la realidad. En su extremo, como formuló Sigmund Freud, el fundador del
psicoanálisis, todos somos "buenos neuróticos".
Entre las neurosis, las más típicas son las fobias, la histeria, los trastornos
obsesivo-compulsivos, la hipocondría y, en general, todos aquellos que generan
una alta dosis de ansiedad sin que exista una desconexión con la realidad. La
hiperactividad, desorden que parte de un déficit en la atención y la concentración,
se traduce en un exceso de ímpetu en el individuo que la padece, haciéndole
incapaz de organizar y terminar su trabajo, de seguir instrucciones o perseverar en
sus tareas, debido a una inquietud constante y patológica.
Otros trastornos neuróticos Además de la depresión neurótica y otros trastornos
ansiosos, hay diversas situaciones que tradicionalmente se han considerado
neuróticas, como la histeria, las reacciones de conversión (de un conflicto psíquico
a una enfermedad orgánica irreal), la hipocondría y los trastornos disociativos. Los
llamados trastornos psicosomáticos se caracterizan por la aparición de síntomas
físicos sin que concurran causas físicas aparentes. En la histeria, las quejas se
presentan de forma teatral y se inician, por lo general, en la adolescencia, para
continuar durante la vida adulta.
Es un trastorno que se ha diagnosticado con mayor frecuencia en mujeres que en
hombres, y en su extremo -la histeria de conversión- aparecen parálisis que imitan
trastornos neurológicos, de modo similar al dolor psicogénico que no presenta una
causa física aparente. Por último, en la hipocondría el síntoma dominante es el
miedo irracional a la enfermedad.
PSICOSIS.
Psicótico implica un estado en el que el paciente ha perdido el contacto con la
realidad de forma general, en tanto que los casos de psicosis son contados.
Los más comunes son: la esquizofrenia, la mayor parte de los trastornos
neurológicos y cerebrales (demencias) y las formas extremas de la depresión
(como la psicosis maniaco-depresiva).
Los trastornos ansiosos comprenden el miedo a la separación (abandono de la
casa o de los padres), a evitar el contacto con los extraños y, en general, un
comportamiento pusilánime y medroso.
Entre las formas disociativas de trastorno mental están la amnesia psicológica y la
personalidad múltiple (antaño conocida como histeria de la personalidad
alternante), una extraña enfermedad en la que el paciente comparte dos o más
personalidades distintas, alternando el predominio de una o de otra
LA DELINCUENCIA
El delito surge como una valoración de ciertas conductas por la sociedad de
acuerdo con determinados criterios de utilidad social como la justicia, el orden, la
convivencia, etc. Si la sociedad valora como criterio de justicia el respetar los
bienes ajenos, robar será un delito.
Para que un acto sea considerado "delito", se requiere que sea definido
expresamente con este carácter por una ley la que a su vez impone una sanción
como medida de defensa colectiva.
Las leyes de una sociedad actúan con relación a la delincuencia como forma
positiva y negativa de control social. En forma positiva porque al fomentar en el
individuo la conformidad con las normas establecidas lo aparta de la conducta
delictuosa. En forma negativa, porque imponen sanciones especificas al que
comete un delito.
En la comisión del delito, el delincuente rara vez actúa aislado; generalmente se
organiza en grupos en grupos que hacen de una determinada conducta antisocial
su especialidad. La sociedad al sancionar privándolo de la libertad al culpable de
delito debe de readaptarlo y dejarlo en condiciones de convivir. El trabajo
remunerado, la instrucción y la ayuda psicológica, son factores que ayudan a este
proceso.
GRUPOS PARASOCIALES
Se da en el contexto social, pero es diferente a las conductas seguidas por la
mayoría del conglomerado social. Es la no aceptación de los valores adoptados
por la colectividad, pero sin destruirlos; no realiza el bien común, pero no lo
agrede. Ciertas modas, ciertos usos o costumbres diferentes, son captados por la
mayoría como extravagantes o francamente desviados. La diferencia con la
conducta asocial es que la parasocial no puede ser aislada, necesita de los demás
para poder darse.
Este tipo de conducta, se da en el contexto social, sin embargo esta conducta es
diferente a las conductas que la mayoría sigue, este tipo de conducta es la NO
aceptación de los valores que pertenecen a una mayoría en la sociedad, pero sin
destruirlos, ejemplo - no realizan el bien común en la sociedad, pero tampoco
agrede ese bien común social -.
El problema social, implica que las personas con este tipo de conducta no suelen
encajar en las normas sociales ya que la misma sociedad los tachan de
extravagantes o incluso como desadaptados.
Las conductas parasociales forzosamente necesitan a la sociedad para poderse
desarrollar. La afectación para la sociedad tiene que ver con la intolerancia misma
de la sociedad, ya que al etiquetar como negativas ciertas conductas se
estigmatizan.
El sujeto parasocial se da paralelamente, al lado de la sociedad, no cree en sus
valores, pero no se aparta de ella, sino que comparte sus beneficios, en mucho
depende de ella para sobrevivir.
Es el ejemplo de ciertas sectas o grupos minoritarios, incrustados en la sociedad,
o de las subculturas que corren paralelas a la gran cultura colectiva.
El sujeto perteneciente a estos grupos no acepta las normas sociales o jurídicas,
pero las cumple en el mínimo suficiente para evitar ser molestado. No introyecta
los valores generales ni lucha por el bien común, pues tiene sus propios valores y
lucha por el bien de su grupo, causa o idea.
La Criminología actual reconoce en estos sujetos el "derecho a ser diferente". Lo
mismo podemos decir del alcohólico, el limosnero, el toxicómano, el homosexual,
etc.
Respecto al sujeto antisocial podemos hacer la misma reflexión que hicimos con
las conductas antisociales: a la Criminología interesan sobre todo los sujetos
antisociales, pero esto no implica que des cuidemos a los sujetos parasociales,
que en un momento dado pueden convertirse en antisociales.
Así, el homosexual que pervierte niños, o el toxicómano que trafica con droga, no
pueden considerarse ya como parasociales, han entrado a la categoría de
antisociales.
En cuanto a los sujetos desviados, es preciso hacer la misma aclaración hecha
para las conductas desviadas: sujeto desviado es aquel que toma un patrón de
comportamiento diferente al del común de la colectividad, y por lo tanto, el
desviado puede ser asocial, parasocial o antisocial. La diferencia será de
importancia suprema en el momento de planear, ejecutar y evaluar la Política
Criminológica.