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Biografías de Mujeres Artistas en la Historia

Este documento resume la historia de la ausencia de mujeres en los libros de historia y biografías de artistas hasta hace pocas décadas. Explica que ha sido gracias a los movimientos feministas y estudios recientes que se ha empezado a reconocer el papel de las mujeres artistas en la historia del arte. Además, analiza diferentes caminos para escribir sobre la vida de una mujer artista, como la autobiografía, biografía u obras de ficción, y destaca la escasez de biografías sobre mujeres artistas españolas.
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Biografías de Mujeres Artistas en la Historia

Este documento resume la historia de la ausencia de mujeres en los libros de historia y biografías de artistas hasta hace pocas décadas. Explica que ha sido gracias a los movimientos feministas y estudios recientes que se ha empezado a reconocer el papel de las mujeres artistas en la historia del arte. Además, analiza diferentes caminos para escribir sobre la vida de una mujer artista, como la autobiografía, biografía u obras de ficción, y destaca la escasez de biografías sobre mujeres artistas españolas.
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Biografías de mujeres artistas

Noemí MARTÍNEZ DÍEZ

Hasta hace menos de treinta años en los libros de Historia, salvo alguna
~<heroínaexcepcional», las mujeres estaban ausentes de sus páginas. Pero tam-
poco debemos olvidar que la Historia hasta hace poco tiempo ha sido «un ofi-
cio de hombres que escribían una historia de hombres y la presentaban como
“científica” y universal» (Oscar Fontrodone, 1995, p. 56). Ha sido a partir de
investigaciones realizadas principalmente por estudiosas anglosajonas que
esta situación ha empezado a cambiar desde hace pocas décadas. Y ha sido el
movimiento feminista el que ha rechazado la visióndesfigurada que teníamos
las mujeres de nosotras mismas establecida por los hombres,
El historiador francés Georges Duby (Historia de las mujeres, Taurus,
1994) dice que hoy día los hombres siguen dominados por la creencia de que
la mujer es inferior y le cuesta aceptar que no les seamos sumisas, y que esto
se hace palpable en las manifestaciones populares como en la publicidad y
la televisión, en donde hace notorio que los hombres «no han renunciado a
considerarse superiores».
Todo esto está relacionado con la historia en general, y se hace todavía
más evidente dentro de la Historia del Arte en donde se nos ha borrado de
sus páginas. También han sido las investigaciones feministas, principalmente
las realizadas en Norteamérica durante la década de los 70, las que han empe-
zado a desvelar el papel de la mujer en el arte. «El deseo de reivindicar his-
torias escritas por mujeres, y de restituir a la mujer su papel en la historia de
la producción cultural, llevó a destacar grandemente la creatividad de la
mujer. Atrajo también la atención sobre las categorías —“arte” y “artista”—
mediante las cuales la disciplina de la Historia del Arte ha estructurado el
saber» (Whitney Chadwick, 1992, p. 9).
Una de las pocas publicaciones españolas relacionadas con las aporta-
ciones feministas al estudio de la historia del arte, es el libro de Bea Pos-
queres Reconstruir una tradición. Horas y Horas, 1994), en el que hace una
revisión sobre las aportaciones de la recuperación de mujeres artistas y de la
revisión crítica del arte y nos ofrece su concepción de cómo debe escribirse
la Historia del Arte reintegrando en ella a las artistas, haciendo esta adver-

Arre. Individuo y Sociedad, nY 7. Servicio de Publicaciones. Universidad Covnpiutcnse. Madrid. 995


62 Noemí Martínez Díez

tencia: “Considerar que la artista es la excepción que se debe estudiar como


contrapunto de la norma —que sería el artista— constituye un peligro que
hay que evitar» (p. 93).
Existen cuatro caminos para escribir la historia de una mujer según la
escritora Carolyn O. Heibrun ( Writing a Womans’ Lije, New York: BaIlan-
tine Book, 1989). Una es la autobiografía, en la que es la propia mujer quien
lo hace, es ella la que escoge y selecciona, dentro de un proceso que tiene
mucho de recorte consciente, así como de intuición y creacion.
Otro camino es la biografía, en la que un hombre o una mujer pueden
escribir sobre la vida de una mujer; Roland Barthes considera a las biogra-
fías como novelas que no osan decir ese nombre, como ficciones de una his-
toria que el autor ola autora ha querido contar. Otra opción es el que el escri-
tor o la escritora puedan contar una historia de ficción sobre una mujer, su
mundo interior, su infrahistoria, haciendo mención que las obras literarias de
las mujeres, por lo general, son fuertemente autobiográficas. Y finalmente
otra vía, en la cual, la propia mujer pueda escribir su propia vida anticipán-
dose a ella, haciéndolo de forma inconsciente,
Si nos circunscribimos en la seguna alternativa, la de la biografía, cons-
tataremos que no son muchos los estudios biográficos existentes sobre el
tema de la mujer artista.
La historiadora Elena Grau dice que la persona biografiable es aquella
que está aceptada como una figura relevante por la comunidad, ya sea cien-
tífica, como intelectual, artística o política. Se suele biografiar a personas
excepcionales, pero para que las mujeres logren esa excepcionalidad las ha
significado haber transgredido un modelo de mujer, es decir, haberse dedi-
cado a actividades vedadas a su sexo y. además, haber descollado en ellas
más que los hombres.
A partir de hace unos años se está ofreciendo un modelo nuevo de bio-
grafía, desde los modos de la persona biografiada y no desde la consecuen-
cia de la obra de esa persona. Cada biografía es un caudal de experiencias y
de hechos realizados bajo un cariz individual y temporal.
En las biografías de mujeres artistas se incide siempre en sus problemas
personales y en circunstancias externas a sus realizaciones artísticas, lo que
no sucede en la de los hombí’es. A veces este hecho puede ser una forma de
desprestigiar la obra de la persona biografiada.
Y si decimos que son pocos los estudios biográficos sobre mujeres artis-
tas, debemos decir, además, que son muy pocas las realizadas en este país.
Debemos hacer mención sobre una última publicación realizada por la pro-
fesora de la Universidad de Murcia, Francisca Pérez Carreño «Artemisia
Gentilleschi» (Historia /6,1994) sobre una de las pintoras más importantes
de la Historia del Arte, de la que hace un cuidadoso estudio de su obra y del
repertorio de figuras femeninas que pinta, mujeres fuertes y activas como
Judith, Betsabé, Lucrecia o Cleopatra. Artemisia Gentilleschi ha sido una
transgresora en el modelo de mujer de su tiempo: los avatares de su existen-
Biografías de mujeres artistas 63

cia quizás han prevalecido en demérito de su obra, cosa que la autora pro-
cura y logra solventar
En otros países son algo más numerosas las biografías de mujeres artis-
tas. La pintora sobre la que se han escrito numerosas biografías es la mexi-
cana Frida Kahlo; entre las que encontramos la de Hayden Herrera (Méxi-
co, Diana: 1985), de Ronda Jamis (Barcelona: Circe, 1988), Araceli Rico
(México: Plaza y Valdés, 1988), Andrea Ketterman (Madrid: B. Tasehen,
1992) o Edi Bartra (Barcelona: Icaria, 1994). Tampoco se han traducido
muchas de las biografias realizadas. Entre las que se han traducido encon-
tramos lade la pintora norteamericana Georgia O’ Keeffe realizada por Roxa-
na Robinson (Barcelona: Circe, 1989), la de la escultora francesa Camile
Claudel escrita por Anne Delbée (Barcelona: Circe, 1989), la de la pintora
polaca Tamara de Lempicka realizada por B. Kizette (Madrid: Mondadori)
o el de la fotógrafa norteamericana Tina Modotti por Pino Cacucci (Barce-
lona: Circe, 1990).
Con respecto al libro Artemisia de Anna Banti (Madrid: Versal, 1992),
es otro modelo de biografía, es una narración imaginaria basada en hechos
reales.
Otra posibilidad de estudio de la obra de mujeres artistas la ofrece el libro
Los otros importanws, del que son editoras Whitney Chadwick e Isabelle de
Courtivron (Madrid: Cátedra, 1994), en el que se explora en las complejida-
des entre las parejas de artistas. A las mujeres siempre se las ha visto como
imitadoras o como discípulas de los «grandes hombres» con los que han con-
vivido y trabajado en calidad de hijas, esposas, alumnas o amantes. Ante-
riormente no se habían cuestionado las influencias recíprocas existentes en
parejas de artistas. Un ejemplo notorio es el del matrimonio Sonia y Robert
Delaunay. «Si no como competidoras directas, las mujeres suelen verse como
copias más pobres, como imitadoras con escasa originalidad... Mientras que
él trasciende sus origenes y va más allá de su estereotipo, ella queda limita-
da y definida por el suyo» (p. 14). Con este libro se pretende describir que
la creatividad no es únicamente labor de un «hombre extraordinario», que
existen unas influencias mutuas, unas interacciones que hacen que no sea tan
lineal ese discurso.
Como ejemplo destructivo hacia la mujer a la que puede llevar la relación
entre dos artistas la encuentro muy presente en el libro de memorias del pin-
tor y escritor Roland Penrose 81 años de surrealismo, 1980-198/ (Barcelo-
na: Ediciones Poligrafa, 1981). En él va narrando toda su vida por medio de
recuerdos, cartas, fotos suyas y de sus amigos, fotos de sus obras y de otros
artistas amigos, y en la que también cuenta su relación con Lee Miller, a la
que conoció en Paris en 1937. La fotógrafa norteamericana Lee Miller (1907-
1977) fue a Paris como ayudante de Man Ray, con el que había descubierto
el procedimiento de polarización fotográfica y quien la había realizado unos
espléndidos retratos. Fue la protagonista del film de Cocteau Le sang d’un
pohe (1930). Después regresó a Nueva York, donde dirigió su propio estu-
64 Noemí Martínez Díez

dio fotográfico. Volvió años más tarde a Paris, vivió en Egipto y viajó por
los Balcanes. En la segunda guerra mundial fue corresponsal de guerra,
desembarcó en Francia poco después del día O, siguió de cerca el avance de
los tropas aliadas y las cruentas batallas. Llegó a Alemania, donde presen-
ció la entrada de las tropas rusas, y dio constancia en unos estremecedores
documentos de las barbaridades cometidas en los campos de concentración
nazis. Llegó a París el día de su liberación. Al terminar la guerra y estable-
cerse con Penrose en Inglaterra, su vida quedó reducida a ama de casa, seguir
los pasos de Penrose, retratarle a él y a sus amigos, criar a su hijo, y en pala-
bras de su marido en esta época su mayor creatividad fue dedicarse a lacoci-
na. «Encontró un pasatiempo fascinante en los juegos de cocina e intervino
en numerosas competiciones, conquistando innumerables artilugios para la
cocina...» (p. 189). Sin comentarios.
Con respecto al libro de memorias, la autobiografía es poco utilizada por
las mujeres en España. Si descartamos la Vida (le Teresa de Avila, conside-
rada como la primera autobiografía de importancia en lengua española, son
pocas las que podemos citar Una es la de la escritora reciéntemente falle-
cida Rosa Chacel, pero desconozco si existe de alguna escultora o pintora
española.
Espero que la carencia de estudios sobre mujeres artistas se empiece a
cubrir a partir de los cursos de doctorado de esta Facultad sobre «Decons-
trucción de criterios artísticos: la resignificación de la mujer en el arte occi-
dental», y con las «Jornadas Mujeres, Arte y Educación» que se llevan desa-
rrollando desde el año 1994 en la Facultad de Educación; y que se realicen
investigaciones sobre la labor de mujeres artistas en distintas épocas, y en
especial, sobre artistas españolas.

CITAS
CuAowicK, L. (1992): Mujer Arte y Sociedad, Barcelona: Destino.
CHÁoxvícK; CoUkí’¡vRoN. 1. (edit.) (1994): Los otros importantes. Crearividad y re la <iones
zahínas. Madrid: Cátedra.
FONTí)RONE. 0. (1994): «Las mujeres. la “mayoría invisible’’», Ajoblanco, Pp 56—57. lebre-
ro. 995.
PENROSE. R. (1981): 80 años de surrealismo: 1900-1981, Barcelona: Ediciones Polígrafa.
PORQuEREs. B. (1994): Reconstruir mía tradición. Las artistas e,! el mundo occidental.
Madrid: Horas y Horas.

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