La IAP constituye una opción metodológica de mucha riqueza, ya que, por una parte,
permite la expansión del conocimiento, y por la otra, genera respuestas concretas a
problemáticas que se plantean los investigadores y coinvestigadores cuando deciden abordar
una interrogante, temática de interés o situación problemática y desean aportar alguna
104 A. M. Colmenares
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alternativa de cambio o transformación, y así lo reconoce Miguel Martínez (2009, p. 28) cuando
afirma: “el método de la investigación-acción tan modesto en sus apariencias, esconde e
implica una nueva visión de hombre y de la ciencia, más que un proceso con diferentes
técnicas”.
Según Miguel Martínez (2009, p. 240), la investigación-acción ha tomado dos vertientes:
una más bien sociológica desarrollada principalmente a partir de los trabajos de Kurt Lewin
(1946/1992, 1948), Sol Tax (1958) y Fals Borda (1970), y otra más específicamente educativa,
inspirada en la ideas y prácticas de Paulo Freire (1974), Hilda Taba (1957), Lawrence Stenhouse
(1988), John Elliot (1981, 1990) y otros. Ambas vertientes han sido exitosas en sus aplicaciones.
Igualmente, Fals Borda destaca que en ese evento ya estaban delineadas las dos
tendencias de investigación-acción, una que él denominó activista, representada por el
contingente latinoamericano, y la otra representada por los investigadores y educadores
canadienses.
En relación con la tendencia educativa, en ella se han desarrollado algunas
denominaciones, tales como investigación-acción participativa, educativa, pedagógica, en el
aula, dependiendo de los autores que las practiquen.
Colombia ocupa uno de los lugares privilegiados dentro de Latinoamérica, en donde se
ha desarrollado más esta tendencia educativa; numerosos investigadores y educadores, entre
ellos Bernardo Restrepo, María Cristina Salazar, José Federman Muñoz Giraldo, Josefina
Voces y Silencios: Revista Latinoamericana de Educación, Vil. 3, No. 1, 102-115 105
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Quintero Corzo, Raúl Munévar Molina, de la Universidad de Antioquia, han desarrollado densos
trabajos de investigación bajo las orientaciones de la investigación-acción educativa.
Por su parte, señala Cifuentes (2011) que la IAP combina la acción con el conocimiento,
pues “el conocimiento válido se genera en la acción” (p. 38); propicia la contextualización de
las prácticas sociales, su explicación dialéctica y global desde diferencias identificadas en forma
participativa. Ubicadas dentro de la concepción de conocimiento dialéctico (acción, reflexión,
teoría, praxis social), las técnicas son instrumentos, no fines.