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Evolución de la Teoría del Delito

Este documento presenta una introducción a la evolución histórica de la teoría del delito. Explica que la teoría moderna surgió a finales del siglo XIX en Alemania y se ha desarrollado a lo largo de los años con diferentes enfoques como la teoría causalista clásica y el finalismo. Actualmente, la teoría del delito se compone generalmente de cuatro elementos: acción, tipicidad, antijuridicidad y culpabilidad.
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Evolución de la Teoría del Delito

Este documento presenta una introducción a la evolución histórica de la teoría del delito. Explica que la teoría moderna surgió a finales del siglo XIX en Alemania y se ha desarrollado a lo largo de los años con diferentes enfoques como la teoría causalista clásica y el finalismo. Actualmente, la teoría del delito se compone generalmente de cuatro elementos: acción, tipicidad, antijuridicidad y culpabilidad.
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Universidad Autónoma

de Sinaloa

FACULTAD DE DERECHO
GUASAVE

Nombre:
L.I. LEONARDO ADRIÁN ALCÁNTAR HERRERA

Docente:
M.C. OSVALDO ACOSTA CERVANTES

Materia:
DERECHO PENAL II

Carrera:
LICENCIATURA EN DERECHO

Grupo:
2-6

Tema:
EVOLUCIÓN HISTÓRICA DE LA TEORÍA DEL
DELITO

GUASAVE, SINALOA. A 09 DE MARZO DE 2019


INTRODUCCIÓN

La teoría del delito es un sistema de categorización por niveles, conformado por el


estudio de los presupuestos jurídico-penales de carácter general que deben concurrir para
establecer la existencia de un delito, permite resolver cuando un hecho es calificable de
delito.

Esta teoría, creación de la doctrina, no se ocupa de los elementos o requisitos


específicos de un delito en particular (homicidio, robo, violación, etc.), sino de los
elementos o condiciones básicas y comunes a todos los delitos.

Se entiende por teoría del delito un sistema de hipótesis que se exponen, a partir
de una determinada tendencia dogmática, los cuáles son elementos que hacen posible o
no la aplicación de una consecuencia jurídico penal, a una acción humana.
EVOLUCIÓN HISTÓRICA DE LA TEORÍA DEL DELITO

A lo largo de la historia, con unos nombres u otros, se ha hecho uso de diversas


reglas o criterios para atribuir responsabilidad, para decidir quién es responsable, a quién
se le aplicará una pena, cuándo puede ésta rebajarse, es decir, atenuarse. Hoy día
llamamos teoría jurídica del delito a la ordenación de esas reglas y criterios de imputación
en un sistema; y es que dicha teoría agrupa ordenadamente las categorías y conceptos
sobre los que se basa la imputación de responsabilidad. Pero lo que hoy día se conoce
como teoría jurídica del delito es relativamente moderna: surge a finales del siglo XIX,
cuando los docentes del Derecho penal se ven en la necesidad de explicar a sus alumnos
de forma sistemática y ordenada el contenido de la parte general del código penal. En
concreto, surge en Alemania tras la promulgación del código penal de 1871.

La Teoría General del Delito estudia las características comunes que debe tener
cualquier conducta (acción u omisión) para ser considerada delito, sea ésta en el caso
concreto un homicidio, una estafa, una agresión sexual o una malversación de caudales
públicos Es que hay características que son comunes a todos los delitos y otras por las que
se diferencian los tipos penales unos de otros; un asesinato es distinto a una estafa o un
hurto; cada uno de estos hechos presenta particularidades diferentes y tiene conminadas,
en principio, penas de distinta gravedad . Sin embargo, tanto el asesinato, como el hurto o
la estafa tienen características que son comunes a todos los delitos y que constituyen la
esencia del concepto general de delito.

La Teoría del delito, representa una parte de la ciencia del Derecho Penal que se
ocupa de explicar qué es el delito en sentido genérico, descomponiendo el concepto de
delito en un sistema de categorías jurídicas, facilitando así la aplicación de la ley penal. Por
ello, la doctrina ha separado sus elementos, categorías o ingredientes en: Acción,
tipicidad, antijuridicidad y culpabilidad. Lo que se observa es que indudablemente el
sistema actual de la teoría del delito está integrado prácticamente por las mismas
categorías que en su origen en el último cuarto del siglo XIX, ya que, la acción, la tipicidad,
la antijuridicidad y la culpabilidad son desde casi un siglo las categorías básicas del
sistema.

La moderna teoría jurídica del delito, es el resultado de un desarrollo dogmático y


proceso evolutivo de ideas con amplia y compleja trayectoria en la ciencia penal. Los
sucesivos cambios en la forma de entender el carácter y contenido de cada uno de los
elementos del delito y su relación interna o entre sí han dado lugar a distintos y variados
planteamientos, en ocasiones enfrentados como entre el causalismo y el finalismo,
creemos ya superados, y ahora entre el finalismo y el pensamiento jurídico-penal
estructural-funcionalista que irrumpe en la ciencia jurídico-penal alemana

Muchos doctrinarios han asegurado, que la Teoría del delito es un sistema de


hipótesis que exponen, a partir de una determinada tendencia dogmática, cuáles son los
elementos que hacen posible o no la aplicación de una consecuencia jurídico-penal, a una
acción humana. Se habla de sistema, porque representa un conjunto ordenado de
conocimientos. De hipótesis, pues son enunciados que pueden probarse, atestiguarse o
confirmarse sólo indirectamente, a través de sus consecuencias. Tendencia dogmática: no
existe unidad, al ser parte de una ciencia social respecto de la postura con que debe
abordarse el fenómeno del delito, por lo que existe más de un sistema que trata de
explicarlo.

Actualmente existe un gran número de direcciones teóricas en la dogmatica


jurídico penal, lo cual provoca serias contradicciones y, a su vez, una confusión respecto
de la definición más adecuada para conceptos de las categorías fundamentales de la
teoría del delito, por lo que resulta difícil comprender los conceptos en toda su extensión,
si no son tomadas en cuenta las direcciones teóricas de las cuales proceden.

Los diferentes momentos teóricos por los que ha atravesado la teoría del delito a
nivel universal, son el producto de más de un siglo de discusión y elaboración de
conceptos basados en la reflexión jurídica. La influencia europea que existió en la época
colonial de los países americanos provocó, entre otras cosas, la asimilación de dichas
teorías en América, no obstante que llegaban con un retardo de 2 o 3 décadas.

En atención a lo anterior, las teorías alemanas que se presentaban a fines del siglo
pasado, se empezaron a comentar en América hasta los años treinta y llegaron a adquirir
difusión quince o veinte años más tarde.

El análisis de la evolución de la teoría del delito manifiesta cuatro fases, la clásica,


la neoclásica, el finalismo y el postfinalismo. Estos sistemas tienen una explicación basada
en aspectos diversos, lo cual se agudiza con las diferentes corrientes doctrinales
sustentadas en la actualidad que no logran desplazar por completo a las demás,
coexistiendo en la actualidad percepciones de los diferentes momentos mencionados.
LA ESTRUCTURA DEL DELITO

Según lo expuesto por Reinhart Maurach y Heinz Zipf, podemos decir que la
doctrina actual tiene plena consciencia de la naturaleza del delito en cuanto concepto
complejo y sobre la construcción escalonada que resulta de aquél. En todo caso, existen
diversos métodos para su construcción. En primer término, en la cuestión de si es el hecho
o el autor lo que constituye la base del sistema; luego, en la pregunta por los elementos
materiales del ilícito, por una parte, y de la culpabilidad, por la otra.

Los sistemas teóricos antiguos ponían en primer plano la distinción entre el sujeto
y el objeto del delito. El sujeto es el autor; el objeto es la acción por él cometida. Dichos
sistemas examinan, en primer término, la idoneidad del sujeto del delito. Con ello, para
tales sistemas se hace forzoso tomar a la teoría de la imputabilidad como base del
sistema: sólo es capaz de actuar un autor imputable. La exposición sobre el objeto del
delito aparece recién con el debate sobre la calidad del autor: el objeto está constituido
por el ilícito típico. El final está compuesto, en general, por el tratamiento del dolo y la
culpa en cuanto clases de culpabilidad.

A diferencia de estos dos autores alemanes, los sistemas teóricos


contemporáneos, siguen el camino contrario. El fundamento del delito está constituido
por la acción. En este sentido, es capaz de cometer una acción toda persona, sin
consideración de su capacidad de imputabilidad; de tal modo, ésta pasa de ser un
presupuesto de la acción a uno de la culpabilidad. Para el Derecho penal, sólo es relevante
una acción que sea antijurídica y típica. La constatación de la concurrencia de estos
presupuestos agota el juicio sobre el hecho. La teoría de la culpabilidad, investiga si el
autor puede ser personalmente responsable por su conducta desvalorativa. Sólo en este
caso cabe estimar que la acción ha sido cometida culpablemente, dando lugar al efecto de
la pena. Por el contrario, acciones cometidas inculpablemente por un autor peligroso
inimputable pueden dar lugar a medidas de seguridad.

TEORÍA CAUSALISTA CLÁSICA (1881 – 1915)

El modelo de la teoría clásica del delito nace a partir de las ideas propuestas
inicialmente por Carrara en Italia y, posteriormente, a partir de la separación iniciada por
Rodolf von Jhering en 1867 de la contrariedad de la acción con las normas jurídicas y una
censura a la disposición anímica del sujeto.
El sistema clásico tuvo como marco teórico el apogeo del positivismo naturalista,
que indiscutiblemente se destacó a partir de factores políticos y científicos.

El origen inmediato de la moderna evolución del delito puede colocarse en el año


1881 impulsado por Franz von Liszt, quien con su Programa de Marburgo traslada a la
ciencia penal los métodos propios de las ciencias empíricas, haciendo derivar su concepto
de delito a partir de la definición legal de la época, Liszt propuso una definición del delito
como “acto culpable, contrario al derecho y sancionado con una pena”; esta idea fue
completada por Beling, a partir de dos puntos fundamentales: a) el proceso material
causal, y b) el contenido objetivo de la voluntad, situaciones ambas que producen su
impacto en el desarrollo de todo sistema y en las construcciones dogmáticas derivadas del
mismo.

En tal sentido, la acción es la causa del resultado, en virtud de que el proceso


causal naturalístico plantea forzosamente una relación de causalidad entre la acción y su
resultado. Por lo que la causa de la causa es causa de lo causado, por ende, la acción es
ciega.

La concepción clásica se encuentra caracterizada por concebir a la acción de una


manera simple y clara, lo cual tiene términos totalmente naturalísticos, como es el caso de
una acción compuesta por un movimiento corporal y la consecuente modificación del
mundo exterior unidos por la relación de causalidad.

Bajo esta concepción surge la distinción entre la fase interna y externa del delito, la
primera engloba la ideación, deliberación y resolución, en tanto la segunda, la
exteriorización, preparación y ejecución.

La concepción anterior, perdió total vigencia tratándose de la omisión en la que no


era factible explicar la falta de movimiento corporal unida a una relación de causalidad.
Liszt fue el primero en descubrir la esencia de la omisión basada en el espíritu y no en una
forma de comportamiento corporal, en virtud de que la norma espera un determinado
comportamiento y no simplemente una falta de actividad, sin embargo, con dicha
explicación se abandonaba el concepto naturalístico de la acción.

Ernest Von Beling, le asigna al tipo penal la función de describir en abstracto los
elementos materiales necesarios que caracterizan al delito, al que define como la acción
típica y antijurídica subordinable a una sanción penal adecuada y que cumple las
condiciones de penalidad.
La teoría del delito de Beling alcanza el punto culminante de la dirección analítica
al descubrir la tipicidad y enfatizar, como notas esenciales que acompañan su
pensamiento, que existe total independencia y completa separación entre los distintos
elementos del delito; aunado a ello sostuvo la tesis de que todo lo subjetivo pertenece a la
culpabilidad, siendo los restantes elementos de índole objetiva. Por ende concibe la
acción como una conducta humana voluntaria, pero el contenido de la voluntad no
pertenece a ella, sino a la culpabilidad.

Y así nace el “sistema Liszt-Beling” en el que se distinguen los cuatro elementos del delito:

Acción, Tipicidad, Antijuridicidad y Culpabilidad.

TEORÍA CAUSALISTA NEOCLÁSICA (1907 – 1940)

La estructura del delito propuesta por Liszt y Beling se sometió a un profundo


proceso de revisión, lo cual derivó en el abandono radical de los principios sistemáticos
precedentes, y en la reforma inmanente al sistema vigente hasta la fecha. En lugar de la
coherencia formal de un pensamiento jurídico encerrado en sí mismo, se buscó ahora
construir el concepto de delito a partir de los fines perseguidos por el derecho penal y de
las perspectivas valorativas que le sirven de base (teoría teleológica del delito). El modo
de pensar propio de esta fase se determinó por la teoría de pensamiento derivada de las
ideas neokantistas, que conjugadas con el método científico-naturalístico del observar y
describir, restauró una metodología propia de las ciencias del espíritu caracterizada por el
comprender y el valorar.

En cuanto al concepto de acción, se debilitó su concepción mediante el uso del


término comportamiento, el cual englobaba la actuación de la voluntad humana en el
mundo exterior, con lo que se transformó en comportamiento voluntario, realización de
voluntad, comportamiento espontáneo o sencillamente comportamiento humano
(concepto causal de acción), y se pretendió suprimir el concepto de acción e iniciar el
análisis de la estructura del delito por la tipicidad.

En cuanto a la tipicidad, la concepción puramente descriptiva y libre de valor en el


tipo resultó hondamente afectada por el descubrimiento de los elementos normativos,
que requieren la atribución de un contenido de valor para alcanzar un sentido susceptible
de aplicación.
De igual manera, se descubrieron los elementos subjetivos del tipo, lo cual vino a
superar por completo la concepción puramente objetiva y simplemente determinada por
factores pertenecientes al mundo exterior.

En cuanto a la antijuridicidad, la cual hasta entonces se le contemplaba como


oposición formal a una norma jurídica, se dedujo la finalidad de los preceptos penales que
era preciso concebir el injusto en forma material, como dañosidad social. El punto de vista
material abrió la posibilidad de graduar el injusto según la gravedad de la lesión de
intereses. En caso de que, en realidad, faltare toda lesión de intereses, el hecho no podría
ser antijurídico.

En cuanto a la relación tipicidad-antijuridicidad, ésta sufrió modificaciones por el


reconocimiento de los elementos normativos del tipo y la concepción material de la
antijuridicidad.

El tipo dejó de aparecer como descripción no valorativa de un proceso externo y


pasó a ser un instrumento pleno de sentido en manos del legislador, que reuniría los
elementos que lo conformaban. El tipo se convirtió en un tipo de injusto, en el sentido de
conjunto de los momentos de antijuridicidad típicos de la correspondiente clase de delito.
Como consecuencia de un nuevo cometido, el tipo se ubicó al mismo nivel de la
antijuridicidad, como en el sistema clásico, sin que se limitara a su tarea formal de fijación
de los elementos de la antijuridicidad, como en el sistema clásico; seguirían subsistiendo
como únicos elementos materiales del delito la antijuridicidad y la culpabilidad.

En cuanto a la culpabilidad, ésta se transformó de una concepción meramente


psicologista a un reproche al autor, con lo cual se dio fácil respuesta a lo que la
concepción psicologista había dejado de resolver: pese a la presencia del hecho doloso, el
reproche de culpabilidad desaparecería en caso de incapacidad de culpabilidad, pues no
podía exigirse al enfermo mental una formación de su voluntad ajustada a derecho. Por lo
que, no obstante la presencia de capacidad de culpabilidad y dolo, debería negarse el
reproche de culpabilidad en el estado de necesidad. En la culpa, el reproche de
culpabilidad no se dirigía contra el concepto negativo de falta de representación del
resultado, sino contra la falta de atención demostrada por el autor en el cumplimiento de
un deber de cuidado.
TEORÍA FINALISTA

La concepción final de la acción iniciado por Welzel con base en el desarrollo de


ideas de Graf zu Dhona, Weber y Wolf, ha pasado por diferentes bases desde su origen en
la segunda década del siglo XX y su conformación diez años después hasta lograr su actual
desarrollo.

El planteamiento del finalismo se vio determinado por la separación entre el


mundo de lo real y el derecho a la realidad del ser social. Por tal motivo se elaboraron las
“estructuras lógico-objetivas” previas a toda regulación jurídica y en edificar el derecho
sobre la base de la “naturaleza de las cosas”. De dicho modo, la teoría de la estructura
final de la acción humana se apoyó de forma inmediata en observaciones de la moderna
psicología sobre el comportamiento de los actos psíquicos. Incluso para el conocimiento
de los valores acudió la nueva teoría a lo que precede a la existencia humana: “el deber
ser incondicionado, el sujeto responsable, el carácter ordenado del actuar ético social y la
concordancia de los órdenes ético sociales”.

Para el finalismo, la acción es el ejercicio final de la actividad humana. En dichas


condiciones, la acción no es ciega, sino final, negando la posibilidad de que existan
acciones ciegas, o más bien, sin una finalidad determinada de obrar conscientemente.

La fase interna de la acción se plantea con los siguientes elementos:

a) el objetivo que se pretende conseguir;


b) los medios empleados para su consecución;
c) las posibles consecuencias secundarias que se vinculan al empleo de los medios
que pueden ser relevantes o irrelevantes, desde la perspectiva jurídico penal.

La fase externa se integra de la siguiente manera:

a) es la puesta en marcha, la dinámica de los medios para realizar el objetivo


principal;
b) el resultado previsto y el o los resultados concomitantes, y
c) el nexo o relación causal.

En tal virtud, la acción sólo tendrá carácter final en función de los resultados que el
sujeto se haya propuesto voluntariamente, por lo que en aquellos resultados no
propuestos, estaremos ante un resultado causal y no final.
Desde el más puro finalismo, quien se apodera de un bien mueble ajeno, sin
percatarse de su ajenidad llevaría a cabo una acción en sentido estrictamente material, ya
que habría realizado una serie de movimientos corporales de carácter voluntario y así
quedaría integrado en el primer elemento del delito. Sin embargo, ese obrar, al no
proponerse los fines típicos, no devendría en doloso, y no habría acción desde la
perspectiva jurídico penal, puesto que sus movimientos corporales voluntarios no habrían
terminado la finalidad de llevar a cabo un comportamiento con el dolo legalmente exigido.

La concepción del finalismo, se completó por la teoría de los delitos de omisión de


Armin Kaufmann, que los concibió como tercera forma general de aparición del hecho
punible al lado del delito doloso, y culposo de comisión, dotada de una estructura
independiente de sus elementos. El delito de omisión constituye para los finalistas una
forma especial del hecho punible que no resulta abarcado por el concepto final de acción
cuya comprensión exige en todos sus aspectos la inversión de los principios sistemáticos
desarrollados para el delito de comisión.

TEORÍA FUNCIONALISTA

LO POLÍTICO CRIMINAL POR CLAUS ROXIN

La criminalidad es un problema de todas las sociedades. Ello explica la


internacionalización de la ciencia penal. Sin embargo, pese a la larga experiencia con ese
fenómeno, en ninguna parte se ha conseguido llegar a eliminar a la criminalidad y ni
siquiera alcanzar su marginación; tampoco existe acuerdo sobre el camino razonable para
reducirla. Las tendencias de la política criminal cambian como la moda. Por una parte
existe en un primer plano el esfuerzo por la reintegración social del autor; por otra, se
busca hacer frente a la criminalidad mediante la firmeza y la disuasión. De momento se
extiende esta segunda tendencia —que parte de Norteamérica—, la cual se erige en todo
el mundo como un medio para dar popularidad a los políticos, pues partiendo de un
conocimiento profano resulta creíble que el endurecimiento de las penas disminuye la
criminalidad. Por consiguiente, con semejante política se pueden ganar votos y al mismo
tiempo demostrar firmeza. También en Alemania, donde la pena privativa de la libertad ha
retrocedido ampliamente —sólo el cinco por ciento de todas las penas se cumplen como
pena privativa de libertad— resuena la llamada hacia la construcción de nuevas prisiones;
contra eso, una medida afable de resocialización, como es la remuneración del trabajo en
prisión, sólo puede conseguirse paso a paso por nuestro tribunal constitucional en contra
de la tenaz resistencia de los políticos.
Desde mi punto de vista, las penas rigurosas —sobre todo las privativas de
libertad— son en verdad imprescindibles para los delitos capitales; pero no son un medio
de reacción adecuado en contra de la criminalidad pequeña y mediana, la cual es
numéricamente preponderante.

PUNTOS CONCRETOS

1.- Las penas no son de ninguna manera un medio adecuado para luchar contra la
criminalidad.
2.- Las penas privativas de libertad son además un medio particularmente problemático
en la lucha contra la criminalidad.
3.- La prevención es más efectiva que la pena.
4.- El sistema de reacción penal se debe ampliar y, sobre todo, complementarlo con
sanciones penales similares de carácter social constructivo.

LA NORMATIVISTA DE GÜNTER JAKOBS

El funcionalismo jurídico penal se concibe como aquella teoría según la cual el


Derecho penal está orientado a garantizar la identidad normativa, la constitución y la
sociedad.

Si se parte de la misión del Derecho penal y no de la esencia de objetos de la


Dogmática penal, ello conduce a una normativización de los conceptos.

Estos conceptos no ofrecen al Derecho penal modelos de regulación, sino que sólo
surgen en el contexto de las regulaciones de Derecho Penal. Al normativizar, no se trata
de pergeñar sistemas normativos al margen del contexto social, sino que los esfuerzos se
orientan a un Derecho penal en el seno de una sociedad de estructura dada, sin que
evidentemente haya que renunciar a formular aspiraciones frente a la realidad. El objetivo
es la sistematización óptima del Derecho penal vigente.”
CONCLUSIONES

En la antigüedad, la ciencia del derecho penal no existía, sin embargo en las etapas
aquí estudiadas, se fueron acumulando los elementos que luego el hombre reuniría para
concretar la ciencia del derecho penal, coronada por el sistema del delito.

El sistema del delito marca la etapa más científica de todas las vistas, con el primer
sistema del delito, que acuso la influencia de los métodos científicos naturales.

Cada una de la etapas fue muy importante en el transcurso del tiempo y cada una
de ellas se fue actualizando de acuerdo a las necesidades que el mundo requería, aun en
nuestros días, se sigue actualizando, conforme se requiere.

La Teoría Jurídica del Delito estudia los principios y elementos que son comunes a todo
delito, así como las características por las que se diferencian los delitos unos de otros,
elementos, que como dijimos anteriormente son la acción, la tipicidad, la antijuridicidad y la
culpabilidad.

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