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A Boaz le gusta el silencio.
Pero no le gusta estarse quieto.
Le gusta leer libros sobre indios y después correr
por las dunas como un indio.
O subirse a un árbol alto y observar a los búfalos
como un explorador indio.
O por la tarde, cuando empieza a anochecer en el
lago de las dunas, aguardar a los ponis salvajes.
Pero es mejor que mamá no lo sepa. Porque no
quiere que Boaz juegue solo en las dunas. Y aún me-
nos cuando se hace de noche. Por eso él siempre dice
que va a jugar a casa de su amigo Colin. A mamá le
parece una idea genial. Ella cree que es muy impor-
tante que Boaz tenga muchos amigos.
Colin no existe.
Ricardo y Damián tampoco.
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Naturalmente existen chicos que se llaman así,
pero Boaz no los conoce.
Mamá cree que son amigos. Amigos de la plazoleta.
Lo que son las casualidades…
¡A la clase de Boaz ha llegado una chica india!
¡Una india auténtica!
A ella también le gusta el silencio.
Se llama Aisha y parece un…
Sí, ¿un qué?
Parece un cervatillo. Un hermoso cervatillo con el
pelo negro como el carbón y los ojos de color castaño
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más oscuros que jamás hayas visto.
Y se parece un poco a la abuela. Por dentro.
La abuela tampoco habla mucho. Eso me gusta de
ella. Cuando te da la mano, todo se calma dentro de
L os indios no son siempre como los de las fotos
de los libros. Mejor dicho, no lo son casi nunca.
Visten con ropa normal como tú y yo. Vaqueros,
tu cabeza. camisetas, chaquetas de piel, etcétera. Y es una pena
porque, para Boaz, los vestidos indios tradicionales
son mucho más bonitos.
Hace poco salieron unos indios sioux en el tele-
diario. Iban vestidos con ropa normal, pero estaban
acampados con sus tipis* en la nieve. Y algunos hom-
bres llevaban una pluma en la cabeza.
Las plumas son muy importantes para los indios. So-
bre todo, las plumas de las rapaces. Te dan una cuando
has hecho una proeza.
Antes, una proeza era comportarse heroicamente
en el combate. Pero, entonces, las oportunidades de
derrotar a un enemigo eran frecuentes. Ahora debe
* Un tipi es una tienda india.
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de ser diferente, porque hoy en día los indios ya no
tienen tantos enemigos. Los indios de ahora lucen una
pluma de águila cuando su madre se hace mayor y la
acogen en su casa, dice papá. Porque para eso también
tienes que ser valiente.
También sin plumas en la cabeza, Aisha te deslumbra
con su belleza.
Esto rima.
También sin plumas en la cabeza,
Aisha te deslumbra con su belleza.
Eso es por culpa de sus ojos oscuros y su mirada
un poco triste.
Entró en la clase inesperadamente, como si estu-
viera paseando. Bueno, inesperadamente no, porque
la maestra Annet dijo:
—Niños y niñas, por fin tenemos aquí a nuestra
Aisha.
Esto significa que la maestra ya había explicado
antes que Aisha iba a venir. Pero Boaz no se había
enterado.
Cuando entró en clase por primera vez, el martes de
la semana pasada, Aisha tenía la mirada muy triste.
Triste, y un poco temerosa.
La maestra Annet le dijo que fuera a sentarse al
lado de Boaz.
—Boaz es muy buen chico, y seguro que no le va
importar ayudarte un poco.
La maestra acertó de lleno.
Boaz no deseaba otra cosa.
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trabajar: durante la lectura, di-
buja su idea, y luego la hace con
papel maché, arcilla o madera. En Norteamérica hay
La maestra Annet te deja esco- más de 500 tribus indias.
ger lo que quieras. Los sioux son los indios
que Boaz mejor conoce.
Aisha escuchaba el cuento
Y los que más le gustan.
en silencio. De vez en cuando
Es por la película de
miraba de lado para ver qué la abuela. Se escribe
estaba haciendo Boaz. Por lo sioux, pero se pronuncia
general, a Boaz no le gustan
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si’u. Lo curioso es
los copiones. Si son ejercicios que este nombre no lo
de cálculo o de lengua, le da inventaron los propios
sioux. Un pueblo vecino
A
igual. Pero cuando se trata de
les puso el nombre de
isha había tenido suerte, porque los martes por dibujos y manualidades no
naadowesiwag, que
la tarde en la clase de Boaz toca manualidades. soporta que los otros niños le
significa: aquellos que
Y las manualidades con la maestra Annet son lo copien. hablan otro idioma.
mejor que hay. Casi siempre lee un cuento para «des- Ahora bien, que Aisha es- Pero como los franceses
pertar la inspiración» y, mientras tanto, si quieres, ya tuviera mirando su dibujo le y los ingleses no sabían
puedes empezar tu trabajo. Pero no es obligatorio. parecía muy bien. Y ella mira- pronunciar la palabra
También puedes escuchar primero todo el cuento. ba muy interesada. naadowesiwag, les
El cuento que la maestra Annet leyó aquel día iba Como si entendiera exac- llamaron sioux. Las dos
palabras no se parecen
sobre un perrito que se escapa de la perrera para bus- tamente lo que Boaz quería
en nada, Boaz no acaba
car a su dueño. Su dueño era un anciano que estaba explicar con su dibujo.
de entenderlo. Pero es
muy enfermo y no podía cuidar del perro. Así que lo Mira, Aisha. Esto es un tótem. así.
había llevado a la perrera. Yo haré como los indios y repre- Los sioux se subdividen
Vaya, bonito cuento, pensarás. Pero, en cualquier sentaré historias en mi tótem. en tres pueblos: los
caso, era muy inspirador. Es decir, te daba ganas de dakota, los lakota y los
hacer algo. Al cabo de un rato, Aisha co- nakota.
A partir del momento en que el perrito se escapó gió una hoja de papel y se puso
llorando de la perrera, Boaz se puso manos a la obra. a hacer un dibujo muy bonito
Para empezar, dibujó un tótem. Así es como le gusta de una niña india.
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Vaya, Aisha dibuja bien. Pero que muy bien.
La niña india de su dibujo llevaba un vestido tra-
dicional sioux, igual que las niñas de la película de la
abuela.
Una falda de piel de búfalo y mocasines, los típicos
zapatos indios de piel de visón adornados con perlas
y púas de puerco espín. Y plumas en el pelo.
Aisha también explicaba algo con su dibujo.
Pero, ¿qué?
Probablemente Aisha se dibujaba a sí misma. O
dibujaba a su hermanita. Porque si no, ¿cómo puedes
dibujar con tanta precisión una niña india?
Boaz casi se olvidó de su tótem. Estaba cada vez más
cerca de Aisha para no perderse nada de su precioso
dibujo.
Luego dibujó un tipi. Y un caballo.
Ya solo faltaba el perrito del cuento de la maestra
Annet.
Aisha se rio cuando volvió la cabeza para coger un
lápiz y casi se dio un coscorrón con su cabeza.
Boaz se avergonzó un poco y no supo qué decir.
Señaló a la niña del dibujo, luego la señaló a ella y
preguntó:
—¿Tú?
Aisha se rio de nuevo.
Y asintió con la cabeza.
Entonces, Boaz lo supo seguro.
Aisha era india.
(Y, probablemente, sioux.)
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