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Este documento presenta la tesis de licenciatura en psicología de María Eugenia Arias de la Universidad de Buenos Aires. La tesis explora la relación entre la patología autista y los fallos en la función materna a través del análisis de casos clínicos de un centro educativo terapéutico, con el objetivo de estudiar si estos fallos son una condición necesaria para el desarrollo del autismo. El marco teórico se basa en el psicoanálisis y conceptos como la función materna, el apego y
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Este documento presenta la tesis de licenciatura en psicología de María Eugenia Arias de la Universidad de Buenos Aires. La tesis explora la relación entre la patología autista y los fallos en la función materna a través del análisis de casos clínicos de un centro educativo terapéutico, con el objetivo de estudiar si estos fallos son una condición necesaria para el desarrollo del autismo. El marco teórico se basa en el psicoanálisis y conceptos como la función materna, el apego y
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Universidad de Buenos Aires

Facultad de Psicología

Tesis de Licenciatura en Psicología


Vínculo primario y fallas de la función materna en el
autismo.

Alumna: Arias, María Eugenia


L.U: 364009770

Tutor: Lic. Tomei, Alejandra Fabiana


DNI: 16.092.292

1
ÍNDICE

1. INTRODUCCIÓN………………………………………………………..…........... 3
2. OBJETIVOS………………………………………….………………….……….… 4
2.1 Generales……………………………………….………………………...........… 4
2.2 Específicos……………………………………………………….………………. 4
3. ESTADO DEL ARTE…………………………………………....….…….....…..... 5
4. MARCO TEORICO…………………………………..…………………………..... 7
5. METODOLOGIA………………………………………………………………....... 10
6. DESARROLLO………………………………………………………..….............. 11
6.1 El autismo como una enfermedad de la interrelación………………………. 11
6.2 Una patología, múltiples miradas……………………………………………… 12
6.3 Función materna…………………………………………………………………. 15
6.4 Apego…………………………………………………………………………….. 20
6.5 Los efectos que produce el nacimiento de un hijo autista en su madre y el
impacto que esto tiene en el niño……………………………………………….. 22
6.6 Viñetas clínicas……………………………………………………………………. 24
7. CONCLUSIONES…………………..………………………………………………. 33
8. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS……………………………………………....36

2
1. Introducción

El presente trabajo se enmarca en la Tesis de Licenciatura en Psicología


perteneciente a la alumna María Eugenia Arias de la Universidad de Buenos Aires.
La misma consiste en explorar la relación existente entre la patología autista,
desde una mirada vincular, y los fallos en la función materna, tomando casos
clínicos de un Centro Educativo Terapéutico (CET) con el fin de poder estudiar si
estos fallos son condición necesaria para el desarrollo de la enfermedad en el
niño.

Se ha elegido esta temática, en términos generales, con el fin de contribuir al


conocimiento actualmente existente sobre la etiología de la patología autista. Si
bien se reconoce que no hay una única causa que determine esta enfermedad
sino que existen múltiples factores que contribuyen a su desarrollo, son
numerosos los casos en los que pueden observarse fallas en el vínculo entre
madre-hijo en los primeros años de vida. Por lo tanto, con este escrito se buscará
hacer hincapié en este factor común -fallos vinculares- a muchos de los casos
observados en un CET. Asimismo, el análisis psicoanalítico de la patología autista
puede resultar útil a vistas de revalorizar esta escuela que en los últimos tiempos
está siendo cuestionada y reemplazada por las teorías cognitivas conductuales en
lo que se refiere a su tratamiento.

Dicho tema se relaciona especialmente con el recorrido realizado en la Práctica


Profesional del Área Clínica: Problemática Clínica en Niñez, Adolescencia y
familia, cuyo titular de cátedra es el profesor Adrián Grassi, y con la materia
Psicopatología Infanto Juvenil, cátedra del profesor Carlos Eduardo Tkach.
Asimismo, para el escrito se tomarán en cuenta autores y conceptos vistos a lo
largo de la carrera de Licenciatura en Psicología, sobre todo los trabajados en la
materia Psicoanálisis Freud cátedra Delgado, Psicoanálisis: Escuela inglesa a
cargo de la profesora Fleischer y Psicología Evolutiva: Niñez, cátedra del profesor
Calzetta.

3
A partir de esta experiencia han surgido diferentes interrogantes: ¿De qué
modo los fallos en la función materna pueden contribuir al desarrollo de la
patología autista en el niño? / ¿Es posible atribuir causa necesaria y suficiente de
la enfermedad a los fallos maternos?

2. Objetivos

2.1 Generales:

-Describir el vínculo madre e hijo en los primeros años de vida y especificar qué
lugar le atribuyen distintos autores a los fallos de la función materna en la etiología
del autismo.

2.2 Específicos:

-Realizar una obra de compilación de diferentes autores que trabajen sobre la


patología autista y compararlos.

-Rastrear qué dimensiones de la función materna trabajan los siguientes autores:


Piera Aulagnier, Donald Winnicott y Velleda Cecchi en relación a las patologías
graves tempranas, específicamente en el caso del autismo.

-Siguiendo a los autores y a los aportes de John Bowlby sobre “la teoría del
apego”, rastrear las características del vínculo madre e hijo en los primeros años
de vida e identificar las condiciones que presenta el niño para desarrollar la
patología autista.

-Indagar los efectos que produce el nacimiento de un hijo autista en su madre y el


impacto que esto tiene en el niño.

-Describir cómo son los primeros vínculos madre-hijo y sus consecuencias en


diferentes casos clínicos de niños con autismo de un CET.

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3. Estado del arte

Se inicia la investigación con un breve recorrido histórico acerca de las


múltiples miradas del autismo de la mano de Liliana Kauffman (2012). Asimismo,
toman importancia en este escrito sus aportes sobre el impacto que provoca el
nacimiento de un niño autista en sus padres, a modo de herida narcisista.

Luego se analizan los aportes realizados por Frances Tustin (1990), Piera
Aulagnier (1986) y Velleda Cecchi (2005) para trabajar el concepto de función
materna. Además, se toman estudios de dichos autores en relación al niño autista,
su modo de relacionarse, su mecanismo de defensa y la relación de este con una
madre depresiva.

Es de gran importancia el aporte de Donald Winnicott (1962) acerca de la


“Madre suficientemente buena” y el desarrollo de sus diferentes funciones en los
primeros tiempos del niño.

Por último, se analiza desde John Bowlby (1985) el concepto de la “Figura de


apego” y su posible relación con la patología autista.

Para llevar adelante esta investigación, se toma al Psicoanálisis en


contraposición a los postulados de otras teorías. Una de ellas es el enfoque
cognitivo quien a lo largo de los años ha planteado diversas cuestiones en cuanto
al autismo:

El enfoque cognitivo parte de afirmar que en el autismo existe una


anormalidad en el desarrollo del cerebro que hace que queden afectadas
las estructuras mediales del lóbulo temporal, en especial el hipocampo y la
amígdala, ambos de particular importancia –de acuerdo a este planteo– en
la cognición, en el aprendizaje, en las emociones y en la conducta.(Tendlarz,
s.f)

5
El tratamiento que se propone desde esta escuela está orientado a técnicas
educativas-conductuales con el fin de mejorar la conducta del niño autista,
proporcionándole diferentes normas, educándolo y estimulándolo para que aquello
que se presenta como un déficit pueda ser corregido. Para el cognitivismo el niño
autista es un organismo enfermo al que hay que evaluar mediante protocolos
estandarizados, medir y corregir arrasando así con su subjetividad. Este
desinterés por la singularidad del niño puede verse reflejado en la aplicación del
método ABA (Applied Behavioral Analysis) en el que el niño es sometido a
cuarenta horas de ejercicios intensivos a la semana con el fin de obtener
diferentes resultados estadísticos y sin preguntarse por los gustos e intereses del
niño.
En cambio, para el psicoanálisis, el sujeto nunca se reduce a un organismo y
siempre busca trabajar con lo más propio y auténtico del chico escuchándolo y
atendiendo a sus intereses. Además, mientras las terapias cognitivas se reducen a
trabajar con los déficits del niño intentando corregirlos a partir de la aplicación
reiterada de refuerzos, el psicoanálisis busca que el tratamiento sea integrador y
multidisciplinario, en el que tanto los profesionales de diferentes áreas, como los
padres y diversos familiares se vean implicados jugando un rol importante.

Controversias actuales entre Psicoanálisis y Cognitivismo


La psicoanalista argentina Alejandra Glaze, a la hora de discutir entre el
cognitivismo y el psicoanálisis, resume muy bien esta idea:

Se debe valorizar al niño autista, no captarlo como un deficiente manipulador,


sino como un sujeto inteligente entorpecido por sus angustias. En el
tratamiento, se trata de estar allí, presente, para que el niño invente, cada uno,
una manera de hacer con eso que lo angustia, no invadiéndolo ni
amenazándolo con propuestas que vayan contra sus invenciones sino
contando con sus potencialidades y sus incapacidades, pero también con su
objeto privilegiado, el objeto autista. Estar allí, en presencia, uno por uno, para
que pueda ser escuchado en lo que tenga que decir, y para que encuentre una

6
forma de hacer con eso que lo retiene en esa posición encapsulada, en un
intento de ligar el significante al cuerpo. (Glaze, s.f)

4. Marco teórico

El sustento epistemológico de esta tesis es el Psicoanálisis. En la misma se


analizan desarrollos teóricos psicoanalíticos pertenecientes a la escuela inglesa
sobre la temática del autismo, los fallos de la función materna y el vínculo madre-
hijo en los primeros tiempos:

Autismo:
Se toma a la patología autista como una enfermedad de la interrelación en la
cual convergen diferentes factores. Para ello, se hará base en la conceptualización
que formula Bernard Golse sobre dicha patología: “El autismo se puede definir
como el fracaso más grave de los procesos de acceso a la intersubjetividad, es
decir, a la diferenciación que permite al niño reconocer la existencia del otro.”
(Golse, 2013, p.61)

Fallos de la función materna:

Donald Winnicott antepone el concepto de función frente a la del sujeto que la


realiza. Desde esta teoría, para el bebé inmaduro existe la madre-objeto y la
madre-ambiente: “la madre vista como objeto, o sea, como el objeto parcial que
puede satisfacer las necesidades urgentes del bebé, y la madre vista como la
persona que lo resguarda de lo imprevisible y suministra un cuidado activo, en
cuanto a la manipulación y el manejo general del niño.” (Winnicott, 1962) La
llamada “madre suficientemente buena” implica una acción, un movimiento que
posibilita un proceso y puede ser llevada a cabo por cualquiera que tenga
condiciones y disposición para hacerla. El autor define tres funciones: el sostén
(holding), la manipulación (handling) y la presentación objetal (objet-presenting). Si
existe fallo ambiental, la personalidad de los niños se verá afectada apareciendo

7
en él sensaciones de desintegración y estados de disociación, sentimientos de
despersonalización o cierta desconexión con la realidad.

Desde la teoría de Piera Aulagnier, la vida del niño depende de una situación
de encuentro con la madre. Ella se presenta como portavoz del discurso del
conjunto de enunciados identificatorios. Tanto su rostro como su voz, son
esenciales en la constitución del niño. Para que su función sea exitosa, debe
haber una represión de su propia sexualidad infantil y que pueda instalar un
vínculo con el niño desde la ternura. Sin embargo, cuando la función materna no
es suficientemente eficaz, se produce un desencuentro entre zona-objeto
complementaria y se inscribe lo que la autora denomina un pictograma de rechazo
producto del displacer originado en la ausencia del objeto o en su inadecuación
por exceso o defecto. Como resultado de este desencuentro entre madre e hijo, se
produce una inscripción tanática negativa no erógena quedando inscripto en el
niño un agujero corporal que podría ocasionar patologías graves tempranas, como
lo es la vivencia de anonadamiento en el autismo.

Por último, se analiza dicho tema desde la autora Velleda Cecchi (2005) quien
postula que una madre falla en su función cuando no actúa como continente que
recepcione lo proveniente de niño, decodificándose inadecuadamente las
proyecciones del infans. Este accionar fallido provoca que el niño reintroyecte
esas proyecciones aun confusas y, además, introyecte los contenidos maternos
proyectados en él. Estas madres codifican erróneamente las emociones y
sentimientos del niño lo que provoca el desencuentro entre ambos y el desamparo
del infans, propio del autismo.

Vínculo madre-hijo:

Se define este concepto desde la teoría del apego de John Bowlby quien
define al apego como el vínculo emocional que desarrolla el niño con sus padres
(o cuidadores) que le proporciona seguridad emocional indispensable para un

8
buen desarrollo de la personalidad. Propone que los seres humanos presentan
una tendencia innata a buscar vínculos de apego. Distingue tres tipos de apego:
Apego seguro: el niño confía en que sus padres serán accesibles, sensibles y
colaboradores con él si se encuentra en una situación atemorizante. Disfrutando
ambos de una relación placentera, la interacción es fluida y son confiados. Esta
seguridad le permite hacer sus exploraciones del mundo.
Apego ansioso/ambivalente: se trata de un niño inseguro de si su madre será
accesible o sensible, o si lo ayudará cuando lo necesite. El cuidador ansioso
presenta una respuesta de cuidado inestable, imprevisible, el niño queda
crónicamente solo. Los niños tienden a explorar menos el ambiente, lloran y se
trepan a la madre.
Apego ansioso elusivo o evitativo: el cuidador es básicamente inexpresivo y
rechazante. El niño se vuelve desapegado, socialmente aislado, irritable, distante.
El mismo no confía en que cuando busque cuidados recibirá respuesta, por lo que
intenta volverse emocionalmente autosuficiente.

Según esta teoría la madre, en los primeros tiempos del niño, debe entregarse
toda ella y estar atenta constantemente a las demandas de su hijo. Tanto su
discurso, como la comunicación gestual hacia el niño, pueden ser sensibles a la
carencia afectiva. Por otro lado, el bebé nace con un repertorio de conductas que
tienen como finalidad producir respuestas en los padres. Mediante diferentes
estrategias el niño busca mantener la proximidad con la figura de apego, resistirse
a la separación y utilizarla como base de seguridad para explorar el mundo.
El autor concluye que “La conducta del niño autista demuestra completa falta de
apego, junto con muchos indicios de que experimenta miedos crónicos”. (Bowlby,
1985, p. 213)

9
5. Metodología

El presente escrito se trata de un estudio de carácter cualitativo y descriptivo


donde la interpretación, basada en paradigmas, teorías y bases epistemológicas
que acompañan el proceso de investigación, es la principal característica. En
palabras de los autores: “El enfoque cualitativo utiliza recolección de datos sin
medición numérica para definir o afinar preguntas de investigación y puede o no
probar hipótesis en su proceso de investigación.” (Hernández Sampieri, Fernández
Collado, Baptista Lucio, 2006)

Los estudios descriptivos buscan desarrollar una imagen o fiel representación


(descripción) del fenómeno estudiado a partir de sus características, sin manipular
la información. Un tipo de estudio descriptivo es el estudio de casos, el cual se
utiliza para incluir material clínico recolectado en el CET Fundación Juancho
Reale. Con la información recolectada en este espacio, a partir de observaciones y
de entrevistas realizadas por psicólogos de la fundación a madres de niños que
asisten allí, se buscará lograr una articulación teórico-clínica para una mayor
comprensión de la teoría.

En dicha institución se busca encontrar un espacio en el cual el niño de entre


cuatro a doce años pueda, junto a otros niños, conocerse, reconocerse, intentar
comunicarse, aprender y jugar. Para ello, un equipo interdisciplinario formado por
psicólogos, musicoterapeutas, psiquiatras, trabajadores sociales, psicopedagogos,
terapistas ocupacionales entre otros, trabajan e intentan abordar lo emocional, lo
social, lo cognitivo y lo comunicacional del niño. Se trabaja con chicos con
desórdenes de la vinculación temprana y su consecuente retraso en la maduración
emocional, mental y de la comunicación. Se busca obtener una mirada y un
abordaje amplio en torno a la singularidad de cada niño y se considera de suma
importancia el contacto frecuente con las familias de este, como modo de un ir
trabajando juntos.

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6. Desarrollo

6.1 El autismo como una enfermedad de la interrelación

Durante el transcurso de los años fueron variando las ideas tanto sobre la
etiología del autismo, como respecto del concepto de madre de los niños con esta
enfermedad. Sin embargo, en el presente trabajo se partirá de la
conceptualización relacional de Bernard Golse, médico psiquiatra y psicoanalista
francés, sobre la patología autista quien afirma: “El autismo se puede definir como
el fracaso más grave de los procesos de acceso a la intersubjetividad, es decir, a
la diferenciación que permite al niño reconocer la existencia del otro.” (Golse,
2013, p.61) En otras palabras, no existe movimiento de diferenciación por el cual,
el niño podría comprobar y sentir que él y el otro son dos sujetos diferentes.

Si bien no se conoce la etiología de esta patología, es una enfermedad de la


inter-relación que no tiene una única causa, sino que diferentes factores pueden
ser significativos para su desarrollo. Desde este planteo no existen las respuestas
únicas, sino que se debe pensar desde un modelo multifactorial donde diferentes
factores son los que pueden encadenar un “proceso autistizante” (Hochmann,
1997) en determinado niño y no en otro. El autor explica con este concepto que
existe un primer momento de plasticidad en donde las intervenciones preventivas
son de mucha importancia antes de que esta plasticidad se pierda por
disfunciones en el encuentro del niño con el otro, antes de que se desarrolle un
proceso de encapsulamiento autista. Entonces, una vez detectada la disfunción,
es de suma importancia la rapidez de la intervención terapéutica para así poder re-
encauzar el proceso durante el periodo de plasticidad inicial. Al mismo tiempo,
Golse sostiene que, a partir de las disfunciones tempranas en la interacción entre
madre e hijo, se va generando una plataforma de vulnerabilidad debido a la cual, a
futuro, podrían jugarse en el niño distintos destinos psicológicos y
psicopatológicos.

11
La dificultad en la relación con el semejante en el autismo, impide la
construcción del autoerotismo que aseguraría la vivencia de satisfacción y,
consecuentemente, la apertura hacia la intersubjetividad, la inclusión en la
dimensión de lo simbólico y la capacidad de demandar al Otro.
Golse aclara que para que haya un avance progresivo hacia la
intersubjetividad, la función materna debe ser suficientemente eficaz a partir del
habla, de la mirada y sobre todo con su rostro. De no ser así, el niño recién nacido
solo podrá aferrarse a un objeto fijo que obstaculizará sus procesos de atención,
segmentación rítmica e integración viéndose afectada su entrada a una
percepción a-modal efectiva y, consecuentemente el acceso a la intersubjetividad.
A su vez, desde su teoría se piensa al bebé como un sujeto activo desde sus
inicios, con su propia espontaneidad, un “director de orquesta” (Golse; Eliez, 2007)
capaz de quitar a su madre su propia percepción a-modal.

6.2 Una patología, múltiples miradas

En el año 1943, un psiquiatra austriaco llamado Leo Kanner deslindó el cuadro


al que llamó “autismo infantil precoz”, de la esquizofrenia infantil y lo diferenció
también de la deficiencia mental. Describe al autista como un sujeto que no llega a
entrar en el mundo. Considera en él, la existencia de una profunda soledad autista
que domina toda su conducta siendo esta, causa de que excluya todo lo
proveniente del ambiente. Este autor cree tanto en una incapacidad innata para
desarrollar un contacto afectivo normal con los otros, como en la presencia de
padres intelectuales, profesionales exigentes, exitosos, dedicados a su trabajo y
fríos afectivamente.
En cuanto a la figura materna, la describe como fría e intelectual, siendo
llamada por el psicólogo y psicoanalista Bruno Bettelheim como “madres nevera”.
Sin embargo, en 1970, tras observar que los hermanos de los autistas, educados
de la misma manera por los mimos padres no tenían ningún tipo de problema de
conducta ni de comunicación, Kanner escribió el libro “En defensa de las madres”
para absolverlas de tanta culpa y reivindicarse por lo afirmado anteriormente.

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Donald Meltzer, psicoanalista, concibe al autismo como una enfermedad
mental provocada por factores biológicos. Al mismo tiempo, el autor utiliza el
concepto de desmantelamiento para referirse a los procesos defensivos que pone
en marcha el niño frente a la angustia que le provoca el vínculo inadecuado con su
madre. En palabras de Meltzer:

El desmantelamiento le significa al niño la paralización de la vida mental, es


una inhibición del pensamiento y de su cualidad significativa, que reduce las
experiencias sensoriales al nivel de hechos neurofisiológicos o simples
eventos desconectados entre sí y quitándoles significado. (Kaufmann, 2010,
p. 40)

Así, el niño se defiende de su angustia bloqueando la entrada y salida de


experiencias de intercambio.
En cuanto a la madre del niño autista, Meltzer la describe como una hoja de
papel que no deja entrar al niño, es decir que este no encuentra continente en ella
provocando el desmantelamiento de su self.

Siguiendo esta teoría, Frances Tustin, psicoanalista infantil británica, también


hace referencia a los fenómenos defensivos del niño autista con la diferencia que
los llama encapsulamiento. Esta defensa tiene como finalidad restituir los fallos
tempranos en la relación intersubjetiva a partir de la evitación y el congelamiento
psíquico, quedando aislados por esta coraza dura e inquebrantable que les
permite aislarse y protegerse de los estímulos del ambiente que le son intolerables
e intrusivos al niño. Esta aparente indiferencia y repliegue afectivo permiten
aminorar el impacto de una masa de estímulos que son difíciles de procesar. Para
lograr este aislamiento, el infante se proporciona de figuras y objetos autistas, los
cuales detienen el desarrollo cognitivo y emocional dificultando el proceso de
simbolización. Pero hay diferencias entre unos y otros:
Los objetos autistas son duros y su empleo es idiosincrático, esto es que cada
niño los emplea para su propia sensación, no se les aplica la función para la cual

13
han sido creados. No son utilizados para el fantaseo ni para jugar, poseen una
cualidad repetitiva en su uso y hay promiscuidad del mismo, ya que diversos
objetos pueden dar la misma sensación y por eso ser intercambiables. Son
posesiones a-mí del niño porque no son objetos de sociabilidad (los siente como
partes del propio cuerpo). Según afirma la autora, “la dureza ayuda a que el niño
blando y vulnerable se sienta a salvo en un mundo que parece poblado de peligros
indecibles y ante el cual siente un terror inefable” (Tustin, 1987, p.116). En cambio,
las figuras autistas de sensación son huellas de una satisfacción corporal,
blandas, fluidas, cambiantes y pre-simbólicas que proveen sensación de
continuidad.
En lo que respecta a las madres, Tustin critica a kanner, quien dice que estas
son frías e intelectuales, y prefiere considerarlas madres que padecen de una
depresión que las lleva a disminuir su atención al bebé. Mientras el bebé se
encuentra en su vientre, ellas lo sienten como propio y recurren a él para que las
reconforte, pero una vez que este nace es percibido como una pérdida importante
ya que inconscientemente no querían que se desprenda de su cuerpo. La autora
considera, además, que este desprendimiento deja en ellas un sentimiento de
soledad sentido como un agujero y que esta separación también podría producir
en el niño una depresión post natal de la que se protegería mediante el
encapsulamiento.

Velleda Cecchi afirma en su libro “Los otros creen que no estoy” (2005) que el
autismo no es orgánico sino que es una psicosis propiamente dicha, un trastorno
psicológico capaz de comprenderlo como una particular conformación del aparato
psíquico, siendo este posible de abordar a partir del psicoanálisis. Literalmente lo
define como:

Un síndrome que se va conformando desde los primeros momentos de


existencia. Y aun antes, de acuerdo con el tipo de vínculo que se perfila dentro
de la mente de la madre y del padre con relación a ese hijo por nacer, que

14
precede al niño y a los propios padres, sometidos a sus singulares historias.
(Cecchi, 2005, p.50)

Describe al yo del autista como un yo frágil y deficitario en sus funciones por lo


que el proceso de juicio y de pensamiento se ven dificultados. En cuanto a los
signos autistas, hace mención también al aislamiento que estos niños llevan a
cabo como modo de defensa frente al mundo hostil. Para lograr este aislamiento
se arman de un delirio que la autora llama megalomaníaco, es decir, el niño puede
solo, controlando al otro (a diferencia de Tustin, Cecchi afirma que estos chicos sí
reconocen el cuerpo del otro como diferente al de ellos y por eso buscan
apropiarse del mismo) y a los objetos de su alrededor. Este control extremo es
respuesta al terror y la desconfianza que ellos experimentan por el mundo que los
rodea, mismo motivo por el cual optan por el silencio, la soledad y la indiferencia,
el evitar la mirada, las autoagresiones y tantos otros ejemplos más.

6.3 Función materna

Donald Winnicott antepone el concepto de función frente a la del sujeto que la


realiza (madre, padre o sustituto). Dicha función maternal, llamada “madre
suficientemente buena”, implica una acción, un movimiento que posibilita un
proceso y puede ser llevada a cabo por cualquiera que tenga condiciones y
disposición para hacerla. El autor define tres de estas funciones: el sostén
(holding), la manipulación (handling) y la presentación objetal (objet-presenting).
Estas tres funciones determinan una forma de desarrollo en el bebé.
En cuanto al holding, el autor se refiere no solamente al sostenimiento físico
sino también emocional de la madre hacia el bebé. Esta experiencia está
relacionada con la capacidad de la madre de identificarse con el niño. Si ocurre
una falla en esta función, pues entonces habrá en el niño una sensación de
desintegración y estados disociación. A través del handling se va logrando la
integración psique-soma del chico, por lo que si esta función falla puede generarse
en el niño un sentimiento de despersonalización. Por último, a partir de la

15
presentación objetal se va ofreciendo el mundo al bebé para que él pueda
relacionarse con los objetos de la realidad y habitar el mundo. Una falla en esta
última función podría ocasionar una dificultad de la capacidad del niño para
sentirse real al relacionarse con los objetos y en el establecimiento de vínculos.

Cuando Freud describe la conformación del psiquismo temprano, afirma que el


recién nacido es puro cuerpo sometido a lo diferentes estímulos de su alrededor.
Por lo tanto, para sobrevivir necesita de otro asistente que mediatice, mitigue y
controle los estímulos tanto externos como internos. Freud se refiere a este otro
como el “asistente ajeno experimentado”, es decir, que ya ha tenido experiencias
como infans y a ese otro auxiliar que lo ha acompañado e inscripto en la cultura.
¿Pero qué pasa si ese otro falla en su función?

Velleda Cecchi (2005) comparte en su libro que en estas situaciones, el


aparato psíquico no adquiere la función de continente debido a que no hay madre
continente que recepcione lo proveniente de niño, decodificándose
inadecuadamente las proyecciones del infans. Este accionar fallido provoca que el
niño reintroyecte esas proyecciones aun confusas y, además, introyecte los
contenidos maternos proyectados en él. Estas madres, codifican erróneamente las
emociones y sentimientos del niño provocando aún más confusión en el mismo y
la imposibilidad de adquirir una identidad propia debido a no poder reconocer qué
sentimiento es de él y cual no. Esta no significación adecuada de los sentimientos
del niño por parte de la madre provoca el desencuentro entre ambos y el
desamparo del infans, propio del autismo. De este modo, el niño que padece
autismo, es acosado por sensaciones de peligro y dolor constantemente al percibir
la hostilidad de ese otro asistente. Además, generalmente estas madres actúan
desde el lugar de la certeza y no se reconocen como seres falibles, postura que
tampoco es denunciada por un padre que instale la duda en ella y que le muestre
su incompletud.

16
Planteado esto, la autora junto a sus colaboradores, haciendo referencia a la
etiología de la enfermedad, afirma lo siguiente: “Pensamos que es en el vínculo
con la madre donde se va constituyendo un aparato psíquico que se encuentra
siempre demasiado expuesto, “en carne viva”, frente a los estímulos externos e
internos”. (Cecchi, 2005, p.52).

Por otro lado, puede verse, por parte de la madre, el no deseo de hijo o su uso
narcisista para satisfacciones propias (usado como parche para arreglar su
matrimonio, por ejemplo). De esta manera, el niño se constituye en la carencia,
quedando capturado como hijo-cosa y lejos de ser visto como alguien diferente al
que hay que proteger y animar para que exista por sí mismo. Así, este niño va a
pasar a ocupar lugar de objeto sofocando el desarrollo de su subjetivación, sus
gestos y lo más propio y espontaneo del mismo.

Generalmente, son niños que fueron concebidos o que nacieron en situaciones


adversas como por ejemplo: en el medio del proceso de separación de sus
padres, al momento del fallecimiento de algún familiar, cuando detectan una
enfermedad en alguien cercano, etc. Sin embargo, vale aclarar una vez más que
estas circunstancias, de las cuales los padres por sus rasgos de personalidad no
pueden salir airosos y así lograr un buen encuentro con el niño, no determinan de
ninguna manera por sí solas el autismo.

En cuanto a Piera Aulagnier, la madre se presenta como portavoz del


discurso del conjunto de enunciados identificatorios. Como un yo hablante que
mediante enunciados le transmite a su hijo lo prohibido y lo lícito. Es por eso que
tanto su rostro como su voz, son esenciales en la constitución del niño. Para que
su función sea exitosa, debe haber una represión de su propia sexualidad infantil y
que pueda instalar un vínculo con el niño desde la ternura. No debe opacar el
lugar del padre (tercero sin pecho y primer representante de los otros sociales)
que regula la diada madre-hijo y por quien ella tiene principalmente sentimientos
positivos. El niño debe poder sentirse producto y consecuencia del principio de

17
placer y debe haber referencia a un padre, hablando en términos de función
simbólica.
Siguiendo a la autora, se puede decir que debe predominar como trabajo
psíquico materno la violencia primaria que es necesaria, anticipatoria y
estructurante y por medio de la cual se instala en la psique del niño una elección,
un pensamiento o una acción motivados en el deseo que impone la madre. Esta
interpreta las necesidades del niño, el cual es visto por ella como un otro distinto
posibilitando así su devenir subjetivo. Si la función materna es adecuada y el
encuentro entre ella y su hijo es placentero, zona-objeto se fusionan en una
representación que ella denomina pictograma de fusión, es decir, se inscribe
cuerpo erógeno a partir de la vivencia de satisfacción, provocando la apertura
hacia lo intersubjetivo. La experiencia de vivencia de satisfacción que liga
subjetividades se inscribe como marca, huella, como primer nombre de la
subjetividad.
Por el contrario, cuando la función materna no es suficientemente eficaz, se
produce un desencuentro entre zona-objeto complementaria y se inscribe lo que la
autora denomina un pictograma de rechazo producto del displacer originado en la
ausencia del objeto o en su inadecuación por exceso o defecto. Como resultado
del desencuentro entre madre e hijo se produce una inscripción tanática negativa
no erógena en el cuerpo del niño que podría ocasionar patologías graves
tempranas, como lo es la vivencia de anonadamiento en el autismo.
Marisa Rodulfo integra esta teoría con la de Frances Tustin y amplía que como
resultado de los primeros desencuentros constitutivos de la vivencia de
satisfacción queda inscripto en el niño un agujero corporal que el mismo tratará de
taponar instalando objetos y figuras autistas de sensación.

Además, Piera Aulagnier trabaja sobre la importancia de la fantasmática de los


padres que antecede al niño, el lugar que se le da dentro de la familia y lo
conceptualiza con el término “sombra hablada”. Con este concepto la autora se
refiere al conjunto de representaciones inconscientes que la madre produce
anticipadamente a la llegada del niño con las cuales le va otorgando una identidad

18
propia. Esta prehistoria está presente en la figura de la madre, que es el único
lugar que tiene el bebé para vivir en ese tiempo temprano. El cuerpo imaginado
del niño lleva la marca del deseo materno y los enunciados identificatorios. Así, se
inserta al infans en un sistema de parentesco, en un orden temporal y simbólico y
configura un Yo anticipado que se proyectará sobre el cuerpo del niño. Este debe
realizar un trabajo de filiación-afiliación que implica elaborar lo heredado y luego
un proceso de desasimiento respecto de los enunciados identificatorios que porta
su genealogía. Para esto se necesita una función simbólica llamada “contrato
narcisista” a partir de la cual se definen dos funciones que inscriben la
temporalidad: ancestro y sucesor (Otero, 2008). Se inviste al niño otorgándole un
nuevo lugar en el grupo, mientras este se compromete a reproducir los enunciados
familiares garantizándole la continuidad de su historia.

En este “entre” se va produciendo la subjetividad del niño que, como afirma


Kaes (1986), se encuentra apuntalada tanto en el cuerpo como en el grupo, es
decir que la subjetividad de uno se construye en correlación con la subjetividad de
los otros. El sujeto emerge de dicha interrelación. Este autor se refiere al “ser
juntos familiar” como el primer “entre” al que está sometido el niño donde la
función del grupo es investirlo, aportar identificaciones, mandatos, prohibiciones y
darle un sentido de pertenencia grupal. Un grupo saludable debe alojar la
potencialidad vinculante que permita confrontar a la subjetividad con la alteridad.

En relación a esto, Stern (1985) plantea que la intersubjetividad implica que


tanto el niño como su figura de apego (madre) comparten sentimientos mutuos.
Por un lado, la figura de apego debe ser capaz de leer el estado mental del bebé
según su conducta manifiesta y debe realizar alguna conducta que se relacione
con la conducta manifiesta del bebé sin que llegue a ser esta una imitación estricta
(vale aclarar que estos significados que aporta la figura de apego no solo reflejan
lo que la madre observa e interpreta, sino también las fantasías que dicha madre
tiene sobre lo que es el bebé y sobre lo que llegará a ser en un futuro). Por el otro,

19
el niño debe ser capaz de leer la respuesta de su madre como relacionada con su
propia experiencia emocional original, y no como una mera imitación.

6.4 Apego

John Bowlby, psiquiatra y psicoanalista inglés desarrolló la Teoría del Apego


durante los años 1969 a 1980, en la cual describe el efecto que producen las
experiencias tempranas y la relación de la primera figura vincular en el desarrollo
del niño. Las figuras de apego son los “seres más dignos de confianza”, por lo
tanto, nuestra vulnerabilidad al temor depende de cual presentes se hallen
nuestras figuras de apego (Bowlby, 1985).

“En 1988, el Dr. Bowlby afirmaba que la capacidad de resiliencia frente a


eventos estresantes que ocurren en el niño es influída por el patrón de apego o el
vínculo que los individuos desarrollan durante el primer año de vida con el
cuidador, generalmente la madre, aunque puede ser otra persona.” (Moneta, 2014,
p.265)

Este cuidador principal, ya sea la madre u otra persona, debe ser constante y
receptivo a las señales emitidas por el niño. Esto quiere decir que no solo basta
con ser accesible y suplir sus necesidades biológicas como el hambre y la
limpieza, sino que debe estar atento, comunicarse con ese niño y dispuesto a
responder de manera apropiada. La madre, en los primeros tiempos del niño, debe
entregarse toda ella y estar atenta constantemente a las demandas de su hijo.

El apego es un proceso constante que nos acompaña toda la vida y que sirve
de base a todas las relaciones futuras del chico, por lo tanto es un error pensar
que este termina al momento del parto o la lactancia.

20
La teoría del apego en un enfoque actual nos permite asegurar que un apego
seguro con un cuidador estable y continuo, puede asegurar un adecuado
desarrollo cognitivo y mental del niño que llegará a ser adulto, aun tomando en
cuenta riesgos genéticos (Moneta, 2004, p.266).

Entonces, solo cuando la figura de afecto es accesible y potencialmente capaz


de responder de manera adecuada se halla realmente a disposición del sujeto.

John Bolwby define la afectividad como un lazo que se afianza con el tiempo y
finalmente llega a formar parte de la estructura psíquica del niño, siendo la
protección, la función biológica de esta afectividad. La separación entre madre e
hijo se puede pensar como una variable clave para determinar el estado
emocional y la conducta del niño. La carencia afectiva, puede poner en peligro el
desarrollo de las relaciones sociales y los lazos con otros.

Tanto el discurso como la comunicación gestual de la madre hacia el niño,


pueden ser sensibles a la carencia afectiva. Madres deprimidas, con desórdenes
psiquiátricos o consumidas por alguna droga, son incapaces de responder de
manera adecuada al pedido del niño y así, tienen influencia directa sobre el
desarrollo de la autoestima del hijo y en la formación de una afectividad segura.
Un duelo difícil para esa madre durante el tiempo de espera o en los que suceden,
puede retrotraerla sobre sí e imposibilitarla de investir y recibir a su hijo.

Cuando existe una perturbación emocional que afecta la capacidad del cuidador
de notar las señales del bebé y dar respuesta a ellas, entonces también habrá
perturbación en la conducta intersubjetiva. Bajo estas circunstancias, la
experiencia de entendimiento mutuo es reemplazada por déficits imposibilitando la
traducción de la experiencia de uno por el otro.

Bowlby afirma que tanto el modelo de la figura de afecto como el modelo del sí
mismo de una persona se desarrollan de manera tal que se complementan y

21
reafirman mutuamente. Siguiendo esta idea, Trevarthen considera que se puede
pensar que en el autismo hay una falla en el intercambio pleno de significación
entre la diada madre-bebe. Por ejemplo, un niño que no fue anhelado por sus
padres, no solo no se siente deseado por ellos sino, en esencia, no deseado por
nadie. Si esas figuras de afecto no están presentes, se muestran inexpresivas y no
accesibles -lo que se trataría de un apego ansioso evitativo desde esta teoría-
entonces muy probablemente ese niño y futuro adulto va a ver al mundo como
algo imprevisible y hostil del cual se va a tener que defender apartándose de él o
dándole batalla (Bowlby, 1985) En cuanto a la conducta del niño autista, Bowlby
afirma que esta demuestra una completa falta de apego e indicios de miedos
crónicos.

Siguiendo esta teoría, el bebé nace con un repertorio de conductas que tienen
como finalidad producir respuestas en los padres. Por ejemplo, la succión, las
sonrisas, el balbuceo y el llanto, podrían pensarse como estrategias que utiliza el
bebé para vincularse con sus papás. De esta manera, el niño busca mantener la
proximidad con la figura de apego, resistirse a la separación y utilizarla como base
de seguridad para explorar el mundo.

6.5 Los efectos que produce el nacimiento de un hijo autista en su madre y el


impacto que esto tiene en el niño.

Como hablamos de un vínculo entre madre-hijo, se deben analizar los dos


lugares y cómo ambas subjetividades se van formando e impactando una a la otra.
Alfredo Jerusalinsky (1998) escribe que el nacimiento de un niño autista es
percibido por su madre como la irrupción de alguien inesperado y,
consecuentemente, la pérdida del hijo deseado.

Esta situación produce en la madre una herida narcisista, quedando ella sin
recursos para elaborar ese choque traumático que este nacimiento le representa.

22
Ante estas circunstancias en las que su hijo no la convoca, ella se defiende
muchas veces aislándose: a través de la re negación que permite la coexistencia
de dos ideas contradictorias tales como: “es deficiente pero para nosotros es como
si fuere normal”, o a partir de la denegación, defensa que le permite la
amortiguación del afecto ante una verdad inaceptable. De esta forma, la madre del
niño autista, frente al dolor que implica tener un hijo que no le demande, tiende a
reproducir el aislamiento del niño, replegándose sobre sí misma, dejándola sin
recursos y a no poder descifrar las intenciones de su hijo. En consecuencia, cesa
su propia demanda y, a la vez, la del niño. Frente a esta postura materna, el niño
siente que sus necesidades no son comprendidas y, por lo tanto, se incrementa su
aislamiento inicial.

En relación a este punto, Liliana Kaufmann realiza un estudio arribando a la


siguiente conclusión: “El proceso de regulación emocional entre niños y padres
estudiados está alterado en un punto: recíprocamente carecen de
representaciones sobre los estados afectivos, pensamientos, deseos, intenciones.
En definitiva, mutuamente no se sienten pensados” (Kaufmann, 2010, p.163). De
esta forma, la autora afirma que en el autismo “confluyen dos apreciaciones: la
predisposición del bebé con signos clínicos de autismo al retraimiento y el
desconcierto que esto produce en los padres” (Kaufmann, 2007, p.17).

Cuando los padres reciben el diagnóstico del autismo de su hijo y quedan


adheridos a este y a lo que se espera de ese cuadro, no pueden atribuirle
pensamientos a ese hijo. Por lo tanto, se puede considerar que:

La vulnerabilidad (genética, neurobiológica, metabólica, ambiental, etc.) a


desarrollar un proceso autístico se refuerza cuando por diversas
circunstancias que atañen al ejercicio de la parentalidad la tendencia al
aislamiento se incrementa de modo reciproco. Vale decir, va más allá de los
componentes biológicos (Kaufmann, 2007, p.19).

23
6.6 Viñetas clínicas

Caso D

D es un niño de 11 años que asiste a la Fundación Juancho Reale desde el


año 2010 con diagnóstico de T.G.D del espectro autista.

Puede observarse que el niño posee momentos en los que busca conectarse y
comunicarse, mediante gestos ya que no posee vocabulario, tanto con los adultos
referentes de la sala como con sus compañeros. Sin embargo, la gran mayoría del
tiempo suele deambular sin sentido, saltar, gritar y aletear.

Sus periodos atencionales son breves y su uso de los objetos es poco


convencional, eligiendo los duros por sobres los blandos y usándolos para
golpearse a él mismo o a la pared.

En cuanto a sus actividades predilectas, a D le fascinan los talleres en los


cuales se busca estimular el cuerpo a través de distintas elementos que
provoquen sensaciones en él como es el caso de la espuma, la polenta, telas de
diferentes texturas, etc.

Historia familiar

D convive con su padre, madre (M) y su mellizo (E), quien está integrado en
una escuela común. Desde su nacimiento que se perciben dificultades en la
regulación del vínculo con su hermano, quien lleva un rol protagónico y de alta
demanda quedando las necesidades de D en un segundo plano. Esto puede verse
en las distintas entrevistas, en las cuales, cuando se le pregunta por su hijo, la
madre de D habla siempre de los mellizos y realiza comparaciones entre los logros
de E y lo que D no puede realizar, quedando este en un lugar de inferioridad.

24
La madre cuenta que antes de tener a los mellizos, ella había perdido cuatro
embarazos anteriores por lo que en esta oportunidad se había realizado una
fecundación in vitro. Relata que hasta los seis meses fue “hermoso” pero que
luego empezó con pérdidas que le dieron a pensar “ya fracasé otra vez”.
Finalmente a las 36 semanas y media nacen los mellizos.

A los ocho meses de nacer, el hermano de D presentó diversos problemas de


salud como bilirrubina y tortícolis por lo que tuvo que ser intervenido
quirúrgicamente reiteradas veces. La madre comenta que ella iba con el niño a
todos los médicos y que “D se quedaba sin pedir”, “estuvimos ajenos a D, con un
mínimo de atención”

Relata que recién a los 2 años y medio, ella se da cuenta de que D no la


registraba y que todo lo que agarraba lo tiraba. Cuando lo lleva para anotarlo a la
sala de 3, nota que “los niños eran diferentes, se desenvolvían de forma distinta y
además no usaban pañales”. Al mismo tiempo, relata que a esa edad “D era tan
hermoso que a mí me daba miedo que me lo roben”.

En la admisión de D a la fundación, se la ve a la madre muy angustiada y


relata: “me abandoné como persona”, “hago todo por mi familia” “ya no soy la M” y
refiere sentirse abrumada, “desbordada”. Un tiempo después, luego del ingreso de
D, en una segunda entrevista, ella comenta: “ahora hago cosas para mi” “tengo
tiempo para descansar”

Un dato importante para destacar, es que en un momento determinado la


madre confiesa que como en su casa estaba muy “hiperactivo” decide darle a su
hijo una pastilla de Alplax cada día a las 2 de la mañana, motivo por el cual al otro
día siempre se quedaba dormido en la fundación. Se trabajó con esta madre junto
a psiquiatras que le explicaron los riesgos de esto por lo que ella dejó de hacerlo.

25
Actualmente la relación entre los mellizos es complicada y la madre lo refiere
de diferentes maneras: “E lo tapa a D, se piensa que toda la casa es de él”. “Lo
pasa por encima” “E es muy celoso, ahora pregunta todo pero sabe que él puede
más que D”. “D es muy rebelde para dormir y no lo deja dormir tranquilo a su
hermano”

Puede pensarse a este factor de gran importancia para el desarrollo de la


patología de D ya que, si bien ya presentaba algunas características autistas al
momento de su nacimiento (como el no llorar ni devolver la mirada) la
preocupación y atención constantes de los padres hacia su hermano hacían que
se dejara a un costado y fuera de foco a ese niño que por no llorar “no reclamaba”
nada de ellos.

Este no llamado ni pedido por parte del niño provocó por ejemplo, que una vez
tras la cena, D fuera olvidado solo en la mesa durante toda la noche mientras su
familia dormía, escena que denota la no presencia de este niño en la investidura
psíquica de sus padres.

Se puede tomar esta información para articularla con lo planteado por Donald
Winnicott acerca de que la necesidad más elemental y prioritaria del ser humano
es la necesidad del otro, del encuentro, siendo muy importante para su tratamiento
tener en cuenta al medio que lo rodea. Sin embargo, aclara que no se trata de un
ambientalismo causal, de que el medio cause, es decir que las causas no están en
los padres sino que el medio propicia condiciones más o menos saludables.

Toda esta situación en la que se encuentra D, carente de atención por parte de


sus padres producto, en gran parte, de una preocupación constante de ellos hacia
el hermano y el no ser representado ni ubicado en algún lugar dentro de la familia
en comparación a su mellizo, puede pensarse como un medio frío, castigador y
ausente que, lejos de ser un ambiente facilitador, interfiere con la espontaneidad
del niño y con el desarrollo de sus capacidades. Si no hay un verdadero encuentro

26
entre estos padres y su hijo, siendo esta su necesidad más elemental, ¿qué se
puede esperar de este a futuro, en sus futuras relaciones?

Siguiendo lo planteado por Velleda Cecchi (2005) podría pensarse que D nació
en una situación adversa, como lo fue la enfermedad de su hermano y sus
reiteradas intervenciones quirúrgicas. Esto provocó la desatención de la madre,
una madre que no pudo constituirse como continente de las proyecciones de su
hijo sino que, por el contrario, lo desestimo, quedando este fuera de foco.
Asimismo, se trata de una madre que no podía tener hijos y que a la primera
pérdida que tiene en el embarazo piensa “ya fracase otra vez”, lo que permite
pensar que en verdad D y su hermano podrían venir a ocupar lugar de objeto con
el fin de cubrir una necesidad narcisista de esa mujer. El destrato constante hacia
D, podría ser producto de que este niño se construye en la carencia quedando
capturado como hijo-cosa, como dice la autora, lejos de ser visto como una
persona diferente que existe por sí mismo.
Esta posición de objeto en la que queda el niño, puede observarse también en
otras actitudes de la madre como por ejemplo, cuando lo deja olvidado toda una
noche en la mesa o cuando lo medica a su antojo para que se duerma o cuando
dice que tiene miedo de que se lo roben por lo hermoso que es. Estos momentos
reflejan que no hay inscripto en el psiquismo de esa madre un niño con su propia
subjetividad sino que se trataría más de un hijo-cosa.

En relación a lo planteado por Piera Aulagnier y Rene Kaes, podría pensarse


que en el caso de D, el grupo familiar no es saludable y que la potencialidad
vinculante no se instala producto de una falla en el trabajo psíquico de los padres
y de sus funciones a la hora de investir al niño. Parece que ninguno pudo alojar
psíquicamente al niño, encontrándose incapacitados de poder representar ese
cuerpo extraño y así, vacilando la constitución del niño en hijo. Esto implicaría la
no historización de ese niño, que este no pueda constituirse como sujeto deseante
y que se desconozca su espontaneidad, aquello propio, sorprendente, único que
trae todo ser humano y que lo hace diferente de cualquier otro.

27
Esto inevitablemente tiene efectos en la actualidad del niño, en su forma de
acercarse o no a otro y en el armado de vínculos. En las observaciones puede
verse cómo D, al no tener construido un yo-no yo, una vivencia del propio ser y,
consecuentemente, la categoría de alteridad, toma a los otros como simples
objetos.

Podría pensarse por todo lo expuesto anteriormente, que la función materna no


fue suficientemente eficaz, obstruyendo la identificación con sus modelos
parentales, produciendo un fallo temprano en las relaciones intersubjetivas de D y
en el desarrollo de un Yo anticipado. Se coarta tanto el desarrollo normal del sentir
del propio ser como su imagen corporal. Por lo tanto, en términos de Aulagnier, en
vez de la inscripción de un pictograma de fusión, estaríamos hablando de un
desencuentro entre zona-objeto complementaria y la inscripción de un pictograma
de rechazo, producto del displacer originado en la ausencia del objeto o en su
inadecuación por exceso o defecto. Como resultado de este desencuentro entre
madre e hijo, se produce una inscripción tanática negativa no erógena quedando
inscripto en el niño un agujero corporal que ocasionará patologías graves
tempranas, como lo es la vivencia de anonadamiento en el autismo.

Haciendo referencia a la teoría de Bowlby, podría pensarse a esta madre no


tan presente ni atenta a D en sus primeros años como un modo de carencia
afectiva que puede poner en peligro el desarrollo de las relaciones sociales y los
lazos del niño con otros. La situación narrada en una entrevista en la cual D fue
olvidado toda la noche solito en la cocina, demuestra una carencia y no presencia
por parte de esa figura de apego que el niño necesita para sobrevivir y enfrentar al
mundo. Por el contrario, D vivencia el mundo con terror y miedo que puede
fácilmente observarse cuando algún otro se acerca a saludarlo y este corre hacia
un rincón de la sala.

28
Caso P

P es un niño de 8 años que asiste a la fundación desde el año 2015 con


diagnostico T.G.D del espectro autista.

Es un niño activo, demostrativo y afectuoso con mucha expresividad


emocional. Posee algunas conductas inadecuadas como los berrinches, los gritos
desde el piso, el morderse la mano y el aleteo.

Se comunica con los otros a partir de los gestos y de algunas palabras con las
que cuenta y participa activamente de los talleres que se proponen en el CET.

Historia familiar

P convive con su mamá, papá y hermana mayor. La madre decide tener una
entrevista en la fundación porque sentía que su hijo no era feliz en la escuela
normal a la que asistía, donde “nadie lo entendía”.

En la primera entrevista ella relata que a los 2 meses del nacimiento de su hijo,
ella tiene una crisis fatal con su marido tras enterarse de un engaño por parte de
él. Producto de esto, ella cuenta llorando que estuvo 9 meses con “la cabeza en
otro lado”, “encerrada en mi misma, en mi angustia”. Relata que a su marido le
cuesta mucho la paternidad y el “hacerse cargo de que ya no podía seguir con su
vida” por lo que siempre estuvo más ausente. En cuanto a P, ella cuenta que más
o menos a los 11/12 meses se dio cuenta de que él no la miraba y por eso
consultó obteniendo el diagnóstico de autismo.

Este es un ejemplo en el que el niño nace en el seno de un conflicto entre sus


padres (la madre se da cuenta de que su marido la engaña) y si bien sabemos por
lo estudiado que estas circunstancias por si solas no determinan el autismo, se
puede inferir siguiendo a Velleda Cecchi que, debido a los rasgos de personalidad

29
de esta madre que se encierra en su propia angustia viéndose imposibilitada para
salir airosa de este acontecimiento, se coarta la posibilidad de lograr un buen
encuentro entre ella y su hijo recién nacido.

En este caso se trata de una madre que padeció una depresión en los primeros
meses del niño. El estar con la cabeza en otro lado y sentirse presa de su angustia
le prohíben prestar la atención necesaria al niño que acaba de nacer. Es una
mujer imposibilitada de cumplir su función y actuar como una “madre
suficientemente buena” frente al niño. Aquí no hay acción porque no hay una
madre dispuesta para desarrollarla. Siguiendo a Winnicott, sabemos que si estas
funciones no se llevan a cabo, luego se obtienen consecuencias muy importantes
para el niño. Pueden verse indicios de despersonalización y desintegración en P
cuando este se tira al piso y comienza a morderse haciendo berrinches como si
estuviese fuera de sí.

Al mismo tiempo, producto de esta depresión no hubo rostro ni voz por parte de
la madre para ese niño recién nacido durante los primeros 9 meses, los cuales son
dos factores determinantes en la organización de la percepción a-modal. Como se
analizó anteriormente, desde la teoría de Golse, sin esta modalidad de percepción
no existe el acceso a la intersubjetividad.

Por otro lado, el niño puede percibir la conducta de esta madre que no lo mira
como hostil y consecuentemente se sentirá acosado por sensaciones de peligro
viendo al mundo y objetos externos como amenazantes. Esto también se relaciona
con que P no pueda percibir ahí una figura de afecto, alguien en quien confiar y
sentirse protegido simplemente porque quien tendría que estar en esa posición
está atravesando una depresión severa que le impide tomar ese rol.

30
Caso V

V es un niño de 4 años que asiste a la fundación desde el mes de febrero de


este año con diagnostico TGS del espectro autista.

Se puede observar que es un niño muy retraído, con cierta dificultad para
acercarse a los otros, tanto pares como adultos, y para comunicarse.
Habitualmente, al empezar la actividad, V recolecta todos los muñecos y se
refugia en un rincón de la sala con ellos. Si alguien se le acerca, entonces grita y
llora. Es muy difícil convocarlo a que participe de la tarea ya que le cuesta mucho
compartir el espacio con otros niños.

Historia familiar

V vive con su madre de 25 años en la casa de la abuela. La mamá en la


entrevista cuenta que se embaraza a los 5 meses de estar en pareja y relata “no
buscábamos tener hijos” “el embarazo fue muy difícil, con muchas pérdidas”.
Actualmente se encuentran en un momento familiar “complicado” porque se está
separando de su marido y él “no lo entiende, no lo acepta”. Cuando se le pregunta
qué se le informó a V sobre esta separación ella responde diciendo “¿Para qué
contarle? Si V no habla”

En una de las últimas entrevistas se la nota angustiada y relata “estoy sola, sin
apoyo familiar, es muy difícil” “V no se queda quieto, hay que perseguirlo y es muy
difícil”.

En este caso, existe una pareja que no se pregunta por la posibilidad de tener
niños y, por lo tanto, no habría un verdadero deseo de hijo por parte de la madre.
Siguiendo la teoría de Aulagnier, podría inferirse que en este caso no existió lo
que la autora denomina “sombra hablada”. Es decir que pudieron no existir

31
representaciones inconscientes que debería haber producido la madre
anticipándose a la llegada del niño. De esta forma, no habría un verdadero cuerpo
imaginado de ese niño ni un auténtico deseo materno que lo vaya inscribiendo.

Siguiendo esta idea, tampoco se podría hablar en este caso de la existencia de


un contrato narcisista, que es equivalente a decir que no se lo inserta al niño en un
sistema de parentesco, en un orden temporal y simbólico que vaya configurando
un Yo anticipado proyectado sobre el cuerpo del niño.

Lo “complicado” de la relación entre los padre de V y el estar sola, sin apoyo


familiar que refiere la madre, hacen pensar que no hay un verdadero “ser juntos
familiar” como afirma Kaes y, por lo tanto, un grupo que aporte identificaciones e
invista al chico. No existe una red familiar de apoyo ni se trata de un grupo
saludable que aloje la potencialidad vinculante y esto tiene sus consecuencias.

Puede verse plasmado lo expuesto anteriormente en la actitud que tiene V


frente a los otros niños y adultos de la sala. Es un niño al cual le cuesta muchísimo
vincularse con los otros, eligiendo apartarse para jugar solito. Cuando alguien se
le acerca, entonces lo percibe como amenazante y actúa alejándose él mismo o
apartando al otro mediante empujones y gritos.

Por otro lado, el creer que porque V no habla, no entiende y por lo tanto no
hablarle, demuestra un gran desconocimiento de V como un otro diferente, con su
propia subjetividad. Se lo está dejando por fuera de algo tan relevante y cercano
como lo es la separación de sus padres. Que V no hable no significa que él no
escuche, no mire ni entienda y esto es lo que se le debe transmitir a esta madre.
Sería importante que ella, con la relevancia que tiene su voz y rostro para su
hijo, pueda explicarle la situación por la que están pasando con el padre. Esto
posiblemente aliviaría a V y significaría reconocerlo como miembro de esa familia,
darle una identidad.

32
7. Conclusiones

En síntesis, la presente Tesis de licenciatura ha tenido como objetivo general


describir el vínculo madre e hijo en los primeros años de vida y especificar qué
lugar le atribuyen distintos autores a los fallos de la función materna en la etiología
del autismo.

Primariamente se ha hecho un breve recorrido por diferentes autores que han


trabajado la patología autista. Esta misma se ha estudiado muchísimo durante las
últimas décadas y desde las más diversas perspectivas teóricas. De acuerdo a lo
recolectado en este estudio de carácter cualitativo y descriptivo, se puede
observar que hay autores que hacen hincapié en el aspecto biológico, como
Donald Meltzer y otros en los factores accidentales, como es el caso de Frances
Tustin y Velleda Cecchi quienes ponen el acento en las madres depresivas de
niños autistas y en el nacimiento de ese hijo en una circunstancia difícil de
atravesar para esa madre (se puede ver ejemplificado en el caso D y P).

Por otro lado, también están los autores como Piera Aulaginier que pone el
foco en la fantasmática de los padres a través de los conceptos “sombra hablada”
y “cuerpo imaginado”. Para esta autora, y también para Donald Winnicott, el
entorno o medio familiar que recibe a un niño es importantísimo para su desarrollo
psíquico. Ambos autores coinciden en remarcar la importancia del rostro, la voz y
la comunicación gestual de la madre con el niño en los primeros tiempos. En las
tres viñetas clínicas de autismo expuestas se ha observado una carencia de estas
características maternas mencionadas debido a diferentes circunstancias, lo que
lleva a inferir la existencia de una función materna fallida en cada una de ellas. Por
lo tanto, puede concluirse que, en la mayoría de los casos de autismo infantil, los
fallos en la función materna en los primeros tiempos de un niño pueden contribuir
al desarrollo de la patología autista en el niño.

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Sin embargo, para Aulagnier, el aparato psíquico se constituye a partir del
intercambio que el niño establece con el adulto que lo asiste. Sumado a esto, no
se debe perder de vista que el autismo, siguiendo la teoría de Bernard Golse, se
trata de una patología de la interrelación y, por lo tanto, se debe pensar al niño
como sujeto activo que trae consigo signos clínicos propios de la patología.

Tras analizar el tercer objetivo planteado en esta investigación, a saber -


rastrear las características del vínculo madre e hijo en los primeros años de vida e
identificar las condiciones que presenta el niño para desarrollar la patología
autista- puede observarse que tanto Bernard Golse como John Bowlby, los dos
pilares de esta tesis, refieren que no basta de una función materna fallida para el
desarrollo de la patología autista, quedando el bebé en un lugar de pasividad con
respecto a lo que el medio ofrece, sino que es necesario pensarlo al niño como un
ser activo y espontaneo. El primero habla de una plataforma de vulnerabilidad en
los niños a desarrollar la patología autística y aclara que tanto madre como hijo
tienen influencia uno sobre el otro, que cualquiera de los dos puede ser ese
“director de orquesta” capaz de quitarle al otro la percepción a-modal -la
capacidad de traducir la información recibida de una modalidad sensorial a otra- y,
consecuentemente, impedir el ingreso a la intersubjetividad. Asimismo, Bowlby
plantea que desde el nacimiento los bebés traen conductas que permiten
comunicarse con sus padres como la sonrisa y el llanto. Si se trata de un niño que
no demanda, no llora ni devuelve mirada, es decir, no emite señales para que la
madre decodifique, entonces por más presente y dispuesta que ella esté, el
desarrollo de un apego seguro se va a ver impedido.

En relación a esto, se expuso un estudio realizado por Liliana Kaufmann en el


año 2010 en el cual concluye afirmando que en el autismo, tanto padres como
hijos, tienen dificultades en anticipar sentimientos pensamientos y deseos. Es
decir que, frente al interrogante planteado al inicio de la investigación sobre si es
posible atribuir causa necesaria y suficiente de la enfermedad a los fallos
maternos, es necesario responder que, si bien es importantísima la conducta y la

34
predisposición de la madre hacia su hijo en los primeros años para el desarrollo de
su psiquismo, de ninguna manera los fallos en su función son determinantes para
que su hijo desarrolle una patología de este tipo. Tanto los aportes de John
Bowlby (1985), como los resultados de la investigación de Liliana Kaufmann
(2010) y los análisis de las viñetas clínicas de niños con autismo del CET,
demuestran que se deben pensar a las raíces del autismo como intersubjetivas,
apoyando el planteo inicial de Bernard Golse sobre que el autismo es una
enfermedad de la interrelación.

35
8. Referencias bibliográficas

- Aulagnier, P. (1986/2010) La violencia de la interpretación (pp. 23-72) Buenos


Aires: Amorrortu.

- Bernard, Marcos (1991). Introducción a la lectura de la obra de Rene Kaes.


Aso-ciación Argentina de Psicología y Psicotera-pia de Grupo, Buenos Aires.

- Bowlby, J. (1985). La separación. El apego y la pérdida II. Barcelona: Editorial


Paidós.

- Cecchi, Velleda (2005). Los otros creen que no estoy: autismo y otras psicosis
infantiles. Editorial Lumen

- Ezcurra, A; Soler, M; Rúa, E (2004) Hijos Especiales: ¿Padres diferentes? en


Revista Claves.

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