Placas
Placas
En Bolivia
Jédu Sagárnaga
Resumen.
Como señala el rótulo, la presente entrega pretende “anoticiar” y llamar la atención acerca
de un conjunto de placas metálicas de estilo Aguada, que procederían de territorio
boliviano.
Se plantea la posibilidad de que la cultura que se habría desarrollado en el noroeste
argentino, hubiese tenido influencia clara en el sur del actual territorio boliviano. Más aún,
es posible que en esta región (sur de Bolivia) se hubiese consolidado otro foco de
difusión/producción de este tipo de artefactos.
Se llama la atención, además, sobre la conservación de nuestro patrimonio, pues es muy
penoso que de las 12 piezas “bolivianas”, solo se tenga certeza de la existencia de la placa
que se conserva en el Museo de Etnografía y Folklore.
Palabras clave: Noroeste argentino (NOA), Cultura Aguada, placas metálicas, cera
perdida, expoliación.
1
amplia distribución en gran parte del espacio Centro-sur andino. Sin embargo, en el NOA,
su influencia no es evidente o, al menos, se difumina; y otras formaciones sociales locales
tienen su propia producción de cultura material. Rex Gonzáles creyó que las placas
halladas en territorio boliviano procedían de la cultura Tiwanaku, y en ello le siguieron
otros autores como Pérez Gollán, pero a la altura de la indagación arqueológica, ello ya no
es sostenible. Tal es así que estas placas no tienen vinculación tecnológica ni estética con
Tiwanaku. Por ello la utilización de, al menos, “estilo” Aguada sigue siendo lo más
apropiado.
También es de hacer notar que no hay acuerdo unánime entre los investigadores sobre su
cronología. P. Cruz, por ejemplo, partiendo de su iconografía y área de dispersión, los
adscribe a los períodos de Desarrollos Regionales (siglos XII-XV) e, incluso, Inka (siglos
XV-XVI) (2009-2011: 97).
Aunque en el propio territorio argentino se tienen pocos especímenes, hasta ahora todo
indica que las placas que nos ocupan tienen su foco de difusión en Catamarca y en una
vasta zona del NOA. La suposición resulta lógica pues de la misma zona procede la mayoría
de las hachas con gancho que hemos mencionado líneas arriba, y que en algunos casos se
hallan representadas en las placas que nos ocupa (véase figs. 1 y 2).
Amén de aquello, se tienen varias referencias de placas halladas en distintos puntos del
territorio boliviano, tan distantes de Catamarca como Las Piedras. Ya se ocuparon del tema
Posnansky, Ibarra Grasso, Ponce Sanginés y hasta un ocasional coleccionista, de apellido
Roos, que se llevó a Europa un valioso espécimen del tipo acá comentado.
Pero datos más recientes –no publicados–, dan cuenta de varias otras placas que
procederían del departamento de Tarija, y que resultan de interés no solo por la novedad,
sino porque crea la alternativa de otro foco de difusión/producción de este tipo de
artefactos.
En los siguientes párrafos haremos un recuento de lo que arbitrariamente llamaremos
“placas bolivianas” en referencia a su lugar de hallazgo2.
República. Así, por ejemplo, se habla de “kerus varsovianos” y hasta de “colecciones neoyorquinas”,
siendo que su procedencia son los Andes.
2
regresso al país. Curiosamente
C e su retorno
o se efectiviiza y aparecce nuevamen nte en Bolivvia,
pero esta
e vez su poseedor
p es un alemán de apellido Fehrmann q quien vivía een Sorata. A
Allí
acierta
a a pasar un n diplomátiico de los Países
P Bajos (Consejero cultural y de prensa) de
do Roos, quiien adquieree la pieza y la mete en su
apellid u valija al reetornar a su patria. Hoy se
desconnoce su pa aradero, pu udiendo enccontrarse – –con suertee– en algú ún museo de
Ámsteerdam.
¿Cómo o la tenía esee tal Fehrmaann?, tampoco se sabe3.
3
materiial que debió ó formar parrte de antigu
uos muros. UUna de las rreferencias m más tempran nas
del sittio es la deel explorado
or-odontólog go uruguayo o Marius deel Castillo q quien en 1926
obtuvo o, en aquel lugar, ceráámica que también se lllevó consiggo (Ponce 1994: 90). D Del
Castilllo anoticia sobre una pu
ulsera y un ciincel de cob
bre (Ibid: 91)); y los coleg
gas finlandesses
reporttan el hallazzgo de una pequeña
p plaaca [más bieen lámina] dde 45 mm x 30 mm, m muy
oxidadda de cobre o bronce (K Korpisaari et al. 2003: 177). Pero en n
ningún caso se mencion nan
placass como la quee nos ocupa4.
aca de Tiw
La Pla wanaku.
Posnansky describ be, además ded la ya citad
da Placa del Beni, otra pplaca de apro oximadamen nte
12 cmm de largo x 11,5 cm de d ancho, que q según éél, provenddría de la m milenaria urrbe
altiplá
ánica. La ha abría adquirido el céleebre arqueó ólogo germaano Max Uh hle de un tal
ingeniiero Rocha, vecino de LaL Paz, que la l habría saacado de Tiw wanaku. Uhlle, a su vez, la
envió al Museo Etnográfico
E de Berlín (Posnansky
( 1957: 126) junto con eel resto de su
coleccción hacia 18
895. Ponce acclara que el nombre del ingeniero m mencionado fue Ricardo R.
Rocha a, de quien sabemos,
s aco
opió una immportante co olección. Habbría vendido o una parte de
la misma en 1896 (la misma queq fue a parrar al Museo o de Lima), y otra al prop
pio Posnanssky
en 19004. Pero, porr razones dessconocidas y antes de essas dos transsacciones, prrefirió cederr la
placa a Uhle. Poncce sospechab ba que la pieeza ya no see encontrabaa en el menccionado musseo
alemán, pero Cruzz viene en nuestro
n auxillio. Él no sollo confirma que la piezaa se encuenttra
en el museo
m berlin
nés, sino quee además llevva el código R-A 12783 ((Cruz 2009-2011: 105).
Figura
F 2. La
a placa de Tiiwanaku.
Fuen
nte: Fotogra
afía y dibujo de Posnansk
ky
4 Cabe añadir que en
e algunos esccritos se menciona el arteffacto como Pllaca Ross (v.g
g. Luís Gonzááles
2002, Cruz 2009-2011: 103). El apellido es Roos,
R y no Rooss. Pero, ad
demás, poner su nombre a la
placa sería
s como hoomenajear a un
u individuo queq contribuyyó a la expoliaación de patriimonio. Aunqque
“Placa del Beni” o “Placa de Ribeeralta” resulta
an también d
denominacion nes poco exacctas son, a tod
das
luces, mejores
m opcio
ones. Convienne añadir que, según Posnaansky, la placca mide aproxximadamentee 19
cm de alto x 9 de an
ncho.
4
Fuera de esta, Posnansky describe como “Tihuanacu” otras dos placas que se encontrarían
en el Museo de Cambridge (Inglaterra) (Posnansky 1957: Planchas LXXXI A.a. y LXXXI
A.b.), pero no se refiere al lugar de hallazgo (que es desconocido), sino al supuesto estilo
que ambos objetos tuvieron para ese autor. P. Cruz anoticia que, a finales del s. XIX Walter
Foster habría donado una pequeña colección de siete objetos al merituado museo, la
misma que incluía dos laurakes de bronce5, un hacha metálica además de las dos placas en
cuestión. Aunque el autor dice categóricamente que “se desconoce su procedencia exacta”,
a continuación deja entender que provienen del noroeste argentino (Cruz 2009-2011: 106,
114).
De cualquier manera, la redacción de Posnansky logró confundir a Rex Gonzáles quien en
su artículo de 1979 señala que “dos de las más elaboradas y mejor conocidas placas
rectangulares se dice que vienen de Tiwanaku”6.
La placa de Cochabamba.
Ibarra Grasso en 1964 habría descrito una placa del tipo que Rex Gonzáles denominó
“Placas Circulares” y de las que publica tres ejemplares cuyas imágenes reproducimos a
continuación (figs. 3, 4 y 5). Aunque es el propio Gonzáles quien anoticia de este cuarto
ejemplar, curiosamente no adjunta su imagen. Sólo señala que se trataría de una réplica
casi exacta de una de las tres placas por él mostradas, y que procedería de Cochabamba (R.
Gonzáles 1979: 162-164). El artículo de Ibarra del 647, se habría publicado en Madrid, y
aún no hemos podido localizarlo nosotros, así que no tenemos todos los detalles. Sin
embargo, el propio Ibarra, al año siguiente, dio a estampa su libro “Prehistoria de Bolivia”.
Allí (Ibarra 1965: 239) publica la fotografía de la pieza en cuestión señalando que se
encontraría en una colección particular de Cochabamba (Fig. 6). También Pérez Gollán la
menciona en su artículo de 1986 (64 y 65), sin mencionar su exacta procedencia. Cruz
(ibid: 100, 101, 105, 114, 118 y 124), seguramente basado en información a su disposición y
con mayores elementos de juicio, dice que provendría de Tres Tetillas8. Los exploradores,
habrían encontrado claras huellas de exploración minera en la región. Según se dice, ya los
inkas habrían conocido las ricas vetas áureas y las habrían explotado antes de la llegada de
los europeos. Por ello resulta de interés el hecho de que en las inmediaciones se hubiese
encontrado la placa que comentamos.
Se trata, como dice Gonzáles, de una placa muy similar a la que mostramos en la fig. 5.
5 O pendientes para adornar el cabello femenino.
6 Two of the most elaborate and best-know rectangular plaques are said to come from Tiahuanaco”
(R. González 1979: 164)
7 “Una Nueva Placa Grabada de Bolivia”
8 Tal toponimia reviste características míticas en la región selvática del departamento de
Cochabamba, pues se dice que allí una comunidad de Padres de La Compañía de Jesús encontró
ricos filones de oro y que paulatinamente los explotó enviando a España cantidades inmensas del
metal, hasta que en 1767 los jesuitas fueron expulsados de América por orden del Rey de España
Carlos III. Se dice que, entonces, los jesuitas escondieron sus tesoros en viejas bocaminas que nunca
fueron ubicadas. En los años y siglos sucesivos mucha gente se dio a la tarea de encontrar el tesoro
que también se conoce como “El Tesoro de Sacambaya” por el río que corre cerca.
5
gura 3. Una
Fig a de las placa
as más conoccidas, la Pla
aca Lafone QQuevedo, llam mada así en
hom
menaje al arq
queólogo uru uguayo que laa descubrió.. Procede dee Andalgalá, Provincia dee
Ca
atamarca, Arrgentina. Se halla hoy enn el Museo NNacional de lla Plata. Inclluimos dos
im
mágenes, pa ara poder obsservar apareentes daños rrecientes.
Fuentes:
F Izzquierda: Po
osnansky 19557: Plancha L LXXXII.
Derecha: [Link] [Link]/surr/andina/agu uada/[Link]
Figu
ura 4. La llam
mada Placa Pucarilla, procedente
p d
del valle calch
haquí, Proviincia de Salta.
Ubicació ón desconoccida.
Fuente:
F Rexx Gonzáles 11979: 163
6
Figur
ra 5. Rex Goonzáles seña
ala que esta pieza
p os
se hallla en una collección privaada de Bueno
Aires, y que proced
dería del NOAA. Luís Gonzzáles la llam
ma Placa Hirssch.
Fuennte: [Link]
[Link] om/activida//arqueo/[Link]#.W WBCxoy0rLIU U
7
aca del MU
La Pla USEF.
Con motivo
m de la
a RAE 2016 6, se inauguró la mueestra sobre metales en el Museo de
klore. Del grueso volumen que se p
Etnografía y Folk publicó en reelación con el evento q
que
nto, se señala
comen an estos dato
os del espéciimen que no
os ocupa:
Código ID
D: 27306
Compone entes ppm:: Cu 78.414, Sn 10.698, SSi 6.585 y All 2.798.
Dimensioones: Alto máx.
m 9.3 cm; ancho máx.. 9.6 cm.
Peso: 190 gr.
Procedenncia: Boliviaa
Época: Peeriodo Inka (1450-1550
( d.C.)
d
(Fernándezz 2016: 234--237)
Se tratta de una placa rectangu ular. El perssonaje antrop pomorfo cenntral, lleva aaparentemen nte
una máscara
m (de félido
f o cániido). El pelo
o largo, estirrado hacia lo
os lados. En ambas man nos
nadas a los lados, sostiiene un par de aves preensiles que miran haciaa el centro de
flexion
perfil, y en simetría de espejjo. Es de ha acer notar q que tambiénn la “Placa d del Beni” lleeva
prensiiles, aunque estas otras están
e mejor logradas.
De loss codos del personaje penden dos de d los ya coonsabidos elementos qu ue aparecen en
este tiipo de placas, y que pueden
p interrpretarse co
omo un cucchillo semilu unar (el de la
izquierda) y un hacha
h con gaancho (el dee la derechaa). En la túnnica se observan símbollos
escalonados, una espiral circular y otrass dos espiralles rectangu ulares. Esta decoración es
tambiéén caracterísstica de las túnicas
t os personajess representaados en este tipo de placaas.
de lo
En loss pies pareccería llevar unas
u botas. Probablem mente calzado os de cueroo que llegabban
hasta la
l pantorrilla.
A los costados,
c en
n la parte infferior, se observan dos ccruces de M
Malta, inscritas en círculo
os.
Este elemento
e tam
mbién apareece en otrass placas com mo la “Hirscch” (fig. 5 een este mismmo
artícullo).
Figura 7. La
L Placa del MUSEF
Fuente:: Sagárnaga 2016
8
aca del río San Juan del Oro.
La Pla
En unn reciente arttículo Franççoise Faucon nnier insertaa el dato refeerido a una p
placa de meetal
de tipoo que nos occupa. Señala a: “Tuvimos la oportuniidad de fotoggrafiar una p placa metáliica
descub bierta fortuitamente porr un campessino en la orrilla derechaa del río San Juan del Orro,
cerca del pueblo de d Ñoquera… [Depto. de d Tarija]. E En esta placa rectangulaar, aparece un
personnaje que vistte una túnicca rectangullar atravesad da por una llínea diagonnal; de partee y
otra [sic], se ubiica un cuad drado decora ado con un n motivo esscalonado. E En el peto, se
distingguen dos disseños, comp puestos de do os círculos cconcéntricoss con una cruuz de Malta en
el centro. Los bra azos abiertoss y flexionad dos acaban ccon tres ded dos largos y curvos. De la
mano derecha, cuelga un hacha con n gancho y de la izq quierda, unaa figura m muy
esquem matizada co orrespondien nte tal vez a los despojo os de un niñño sacrificaddo. Las piern
nas
son reectas y los piees dirigidos hacia el exteerior. La cab
beza del perssonaje, enmaarcada por ddos
aves –tal
– vez loross- sobresale del borde su uperior. Se ccaracteriza por un hocico o protuberan
nte
y dos orejas circu ulares atraveesadas por unau cruz. Po odría tratarsee de una deeidad o de uuna
figura humana lucciendo una máscara”
m 9.
Fig
gura 8. Placca de San Ju
uan del Oro.
Fuente: Fauconnierr 2017
9
onnier 2106: 46
Fauco 4
9
aca de Cha
La Pla aguaya.
Se tratta de un espécimen no antes
a reporta
ado y que po odríamos llaamar la Placa
a Barreto. F
Fue
ubicadda por noso otros a finess de 1998 cuando
c efecttuamos un viaje al dep partamento de
Tarija. En el reccorrido llegaamos a la pequeña
p pooblación de Chaguaya, Municipio de
Padcay ya, a unos 65
6 km. al Suur de la capittal de deparrtamento donde el cura local, Ananíías
Barretto, había forrmado una interesante
i colección
c 10 y
y, más tardee, establecid
do un pequeeño
museo o en la mismma parroquia
a del famoso santuario dee la Virgen d de Chaguayaa.
El proopio padre Barreto,
B am
mablemente, nos permittió visitar ell repositorio o raudamen nte.
Grand de fue mi sorrpresa al top
parme en una a de las vitriinas con la p
placa en cuesstión. El gen
ntil
religio
oso no supo proporciona
p arme detalless de su proceedencia pues el objeto, ccomo todos llos
demáss que allí se encontraban
e n, había sido
o producto d e donacionees de la gentee del lugar q que
habíann traído cosas incluso ded muy dista antes lugare s. Supe, año os más tardee, que Barreeto
había fallecido; por lo que cu ualquier nueevo intento por rastrearr el origen d de la placa, se
perdióó irremediab blemente. También
T upe que las piezas fueeron luego trasladadass a
su
Padcay ya y que el Gobierno Departamen
D ntal estaba h haciendo loss esfuerzos por reabrir el
Museo o en Chaguay ya.
Felizm
mente, en aq quella única oportunidad
d, se me perrmitió fotoggrafiar el objjeto sacándoolo
de la vitrina.
v La im
magen, por el
e momento, queda como o la única fuente de conssulta (fig. 9).
Figura 9.
9 Placa de Chaguaya F
Figura 10. EEl P. Barreto
o en su museeo
Fuentte: Fotograffía de Sagárn
naga (1998) Fuen
nte: Fotograafía de Sagárrnaga (1998))
10 Se diice que de una
as 15 mil piezzas arqueológiicas, aunque n
no se conoce un inventario
o.
10
armadillos) dispuestos en simetría de espejo, se aproximan al rostro con las fauces
entreabiertas. En el cuerpo mismo, y en alto-relieve se observa otro animal con dos pares
de alas, pero con un rostro antropomorfo.
11 Acá no consignamos el nombre con fines de protección.
11
Fiigura 11. Pllaca que tien
ne un gran pa
arecido con la Placa Hirrsch y la de trres tetillas
Fuennte: Anónimma
Noteséé que está prrofusamentee decorada y con un acab
bado perfectto.
Figura 12.
1 Placa cirrcular
Fuen
nte: Anónim
ma
12
Aunqu ue la fotogra
afía es parcia
al, debemos presumir q
que el cuerpo
o circular esstá desprovissto
de deccoración. En él aparece un
u rostro anttropomorfo exento.
La pieeza guarda estrecha
e similitud con aqquella publiicada por Poosnansky baj ajo el rótulo de
“lirpu”” (espejo, en
n aymara). Señala este auutor que hoyy su superficcie está corrroída, pero q
que
en su época debió estar fina amente pulid da para funngir como espejo. No sse consigna su
n, pero se dicce que se con
origen nserva en el Museo Etno ográfico de M
Munich.
La pla
aca rectangu bién, muy siingular. En lla composiciión y forma se
ular de la fig.. 14 es, tamb
parecee a varias pla
acas, incluid
da la de Chag guaya. Puedee suponersee que las dos imágenes q que
poseemmos corresp ponden a la misma piezza. Lo curio oso es que eestaría ornada por amb bos
lados. En el anverrso, en la parrte superior,, un rostro aantropomorffo al que se aaproximan d dos
animaales idénticoos por ambo os lados. Ell reverso, en n simples lííneas en altto-relieve, d
dos
animaales que se diirigen arribaa y que bien podrían inteerpretarse coomo lagartijas.
13
Esta otra
o imagen (fig.
( 15) perm
mite observa ar tres placass. La de arrib
ba no presen
nta decoraciión
en el cuerpo,
c pero
o si –en la parte
p superiior– la silueeta de dos aanimales idéénticos con llas
cabezaas casi hund
didas en la superficie. En n este caso nno hay un rrostro antroppomorfo com mo
en los dos casos an
nteriores. Lee falta la esqu
uina inferiorr derecha.
Figura
F 15. Placas
P rectan
ngulares.
Fuennte: Anónim ma
aca de la esq
La pla quina inferio
or izquierda
a tampoco tiiene decoracción. Muestrra, en la parrte
superiior, un solo animal.
a Es posible
p que esté
e incompleeta.
La últiima placa, de a inferior derrecha, tamp oco presentaa decoración
d la esquina n en el cuerp
po.
Un pequeño apéndice al mediio de la parte superior reemanente su ugiere que, o
originalmennte,
pudo poseer
p algun
na decoració
ón.
Es im
mperativo an notar que en n el conjuntto de imágeenes que lleegó a mis m manos inclu uye
objeto
os que en laa literatura arqueológica
a a andina señ ñalan al NOOA como po osible lugar de
origen
n. Así por ejemplo una manopla
m (Fiig. 16) del tiipo que Rexx Gonzáles lllama tensorres
(1979:: 180) y hachas con ga ancho (Fig. 17) ampliam mente estud diadas en eel vecino paaís.
Remittimos al lecctor al detaallado estudio de Gonzzáles y Buo ono que da cuenta de la
ación de estos artefactos desde el Período
fabrica P Med dominación inka del NO
dio hasta la d OA
(Gonzáles y Buonno 2007). Dicho sea de paso,
p en el MMuseo Naciional de Sanntiago de Chhile
existe un hacha con
c gancho cuya procedencia seríaa La Paz (M Mayer 1994: 54 y Lámiina
13.214
4).
Convieene añadir que
q un magn nifico ejempplar del tipo
o “tensor” see conserva enn el Museo de
Metalees Preciosos Precolombiinos (en La Paz),
P y perteenece a la collección Buck
k.
14
Figura 16. Manopla (o
o tensor)
Fuennte: Anónim
ma
Figu
ura 17. Doss tipos de haccha con ganccho estilo Saantamarianaa
(con
( tubo dee enmangue y sin él).
Fuennte: Anónim ma
Otras
s placas bolivianas.
En su artículo de 1994, Poncee señala quee en el Museeo Nacional de Arqueolo ogía de La P
Paz
existirrían “mucho n han sido publicados y por tanto la cantidad es
os ejemplares que aún no
mayorr de la que supone
s Gonzzáles para el altiplano b
boliviano” (11994: 93). T
Tal aseveraciión
15
nos movió
m a la curiosidad, por
p lo que mem puse en n contacto ccon la antroopóloga Caro ola
Condaarco que recientementee estuvo cumpliendo laabores de ccatalogación n en el citaado
museoo y quien mem manifestó ó no haber visto ninguuna placa d del tipo quee nos interessa.
Asimissmo me co ontacté con el ex Dirrector del m mencionado repositorio o Julio Céssar
Velásq
quez quien, contrariameente, me aseegura que síí existen plaacas Aguadaa en el museeo.
Consta
atar o descarrtar la inform
mación, aún
n no me ha siido posible.
uisiciones.
Disqu
Sobre el término “Señor
“ Sonriiente”.
La carra sonrientee del artefacto que repproducimos en la Figurra 12, con sseguridad q que
olega Pablo Cruz, quien usó el térmiino de “Seño
entusiiasmará al co or Sonrientee” (2009-20111)
en su artículo sobbre este tipo
o de placas. Es, sin dud
da, la más riisueña de to
odas las quee él
publiccó.
Figura 18.
1 Rostros sonrientes
s een algunas pllacas.
Fuente:: Cruz 2009--2011
Ahoraa bien, persoonajes “sonrientes” son n bastante ccomunes al menos en la iconograafía
tiwanaaku, donde con mucha a frecuencia aparece unna cara casii siempre co
omo elemen
nto
secunddario. Torress la clasificó
ó como signo
o primario (T
Torres 2004: 57).
Figura 19
9. Este signoo primario, generalment
g te con la son
nrisa más maarcada,
es reecurrente en la iconograffía tiwanaku
u.
Fuente: Dibujo
D de Saggárnaga
16
Ante la profusión de estos siggnos y su reccurrencia fuee que en unaa reunión dee arqueólogo os,
Enriquue Soruco se s animó a elaborar una u ponenccia sobre laas “Caritas sonrientes de
Tiwannaku” concluuyendo con la l extraña teeoría de que,, después dee cada coseccha exitosa, llos
tiwanaaku habrían mostrado su dicha a tra onrisa. Las aactas de esa reunión no se
avés de la so
publiccaron, pero se
s tiene un artículo
a suyo
o donde señaala que la figura sonrien nte aparece en
la lápiida de Chiriipa, y en el arte tiwanaaku y wari. AAsimismo en n las cerámmicas Mizquee y
Mollo (Soruco 199 94: 2).
Por ottro lado, hacce poco Fran
ncois Cuyneet ha llamaddo la atenció ón sobre cieertas imágen
nes
prehisspánicas quee esbozarían una sonrisa
a. Dictó una ccharla al resspecto, recien
ntemente.
Figura
a 20. Afichee de una charla ofrecida sobre imágeenes sonrien
ntes
en septiiembre de 2 016
Fuennte: Faceboo ok
Por elllo, el apelatiivo de “Seño personajes dee placas circculares, resulta
or Sonriente””, para los p
poco apropiado.
a
Por ottro lado, sallta, a primerra vista, lo pequeño
p del
el universo m muestral en relación a llas
placass estilo Aguada. Luís R. R Gonzales dice que, d de las placaas de metal de la cultu ura
materiial de Agua ada, se cono ocen poco másm de 30 eejemplares, los cuales sse encuentrran
disperrsos en coleccciones de América
A y Euuropa (2002 2: 21). Pabloo Cruz, por ssu parte, habbla
tambiéén de “una treintena de d placas metálicas
m namente deecoradas… aasignadas a la
fin
cultura Aguada” (2 2009-2011: 97). Por tan nto, hablar dee una docen na de “nuevas” placas –q que
serían
n las que prooceden de territorio boliiviano”– resu ulta, en cifraas redondass, un tercio d
del
total y un aporte significativo.
s . Esto podríaa significar q
que este estiilo pudo difuundirse por un
área mayor
m a la
a que hasta a ahora se ha consideerado, alcan nzando parrte del actu ual
departtamento de Tarija.
T A la vez,
v ello pod dría sugerir qque el foco d de difusión d
del estilo pu
udo
estar, alternativam
mente, en otrra región differente a la ddel NOA y, een este caso,, bien pudo sser
el Sur de Bolivia, concretamen
c nte alguna reegión de Tarrija.
Otra cosa
c importaante de seña
alar, es que si en algún
n momento eel estilo Aguuada pudo sser
asimilado por estu
udiosos com
mo Uhle, Possnansky o L Levillier (en algún caso por manten
ner
una postura
p anaku, hoy la arqueolo gía andina los ha disccriminado ccon
teórica) a Tiwa
17
claridad. No guardan relación con ningún estilo altiplánico y, a mi parecer, no se tiene una
mejor opción que llamarle referencialmente “Estilo Aguada”.
Por otra parte también tengo mis reparos en aceptar que la representación del personaje
antropomorfo central de varias de las placas, sea la del Dios Hacedor “Viracocha”
(Fernández 2016: 236) pues, en mi criterio, ello obedece a una cierta y permanente
propensión en identificar a muchos personajes míticos (como Viracocha o T’unupa) en la
iconografía andina. Sucedió eso previamente con el personaje central de la Puerta del Sol
(Tiwanaku), desde el s. XIX y quizás antes, siendo que esta deidad correspondería al
período inka. Las placas que analizamos no son, sin duda, de filiación inka. De otro modo
se las encontraría en todo el territorio del Tawantinsuyo y, por supuesto, en el ombligo del
mismo, lo cual no sucede.
En otro orden de cosas, Rex Gonzales intuyó que las placas habrían estado en uso durante
varios períodos de desarrollo: Medio (ss. V-XII), Tardío, Imperial, e Hispano-Indígena o
colonial (1979). En líneas generales su Período Medio correspondería con el Horizonte
Medio que, siguiendo la terminología de Rowe, preferimos nosotros. El grueso de las
piezas acá comentadas estarían enmarcadas en éste período. Sin embargo a las placas
rectangulares con rostro antropomorfo y una dupla de animales a los costados, R. Gonzáles
las sitúa en el Período Tardío, o lo que más comúnmente nosotros llamamos Período
Intermedio Tardío. Treinta años después Cruz, basándose en fuentes iconográficas12 y
etnohistóricas, impugna la secuencia de Gonzáles adscribiendo estas placas más bien a los
períodos de Desarrollos Regionales (siglos XII-XV) e, incluso, Inka (siglos XV-XVI) (2009-
2011). Pero ni éste ni aquél basan sus conjeturas en fechados, lo que hace endeble ambas
posturas. Además, hasta ahora, se tienen pocas placas que provengan de excavaciones
controladas: La Placa de Cerro Baúl en Moquegua (Moseley 2005), la de –supongo–
Sacsahuamán en el Cusco, la conocida Placa de Catarpe, Chile (Pimentel 2006: 46) y la de
Sequia Vieja, Provincia de Santiago del Estero (Rex Gonzáles 1992). Luís Gonzales, en un
trabajo muy ilustrativo, reporta sus indagaciones de más de dos décadas en el Sitio 15 de
Rincón Chico (Catamarca), donde se ubicó un taller metalúrgico. 14 fechados
radiocarbónicos, dan cuenta de que el taller habría operado entre el siglo x y la conquista
española (L. Gonzáles 2010: 48). Ello aparentemente apoyaría la versión de Cruz, pero
hasta ahora no se han encontrado sino moldes de lo que pudieron ser placas tardías. El
mismo taller pudo ser uno de los últimos de una larga secuencia en el tiempo que bien
pudo arrancar en el Horizonte Medio y en la que se ya se fabricaban las placas que nos
ocupa.
Existe una placa que conocimos en una presentación en el 51º Congreso Internacional de
Americanistas celebrado en Santiago de Chile en 2003. He podido dar de nuevo con ella13,
en un artículo publicado dos años después. Aunque la información es lacónica en relación a
ella, da cuenta de que procede de un contexto wari en Cerro Baúl. Se señala que el
“Palacio”, entre muchos artefactos, “también reveló una placa de cobre estilo Aguada de la
región de Catamarca, Argentina, 1,300 km al sur. Ésta probablemente llegó a través de
12 Con seguridad podríamos sumergirnos en un inmenso mar de iconografía relacionada a las placas
desde Colombia hasta Tierra del Fuego, y desde el Formativo hasta el Horizonte Tardío, sin que ello
signifique más que la interacción permanente en todo el Mundo Andino.
13 Gracias a la orientación de José Capriles
18
interm
mediarios dee Tiwanaku, aunque arteefactos tiwan
naku están n
notablemen
nte ausentes””14.
La missma se repro
oduce en la fig.
f 21.
19
redes de intercambio que debieron existir no solamente a nivel de la subárea centro-sur
andina, sino de todos los Andes. En otras palabras, los inkas no las crearon, pero
contribuyeron con su amplia distribución geográfica.
En cuanto a la tecnología utilizada en su facturación, por analogía, podemos conjeturar dos
datos de interés: a) Por una parte, las placas fueron elaboradas en bronce; y b) La técnica
de elaboración fue el de la “cera perdida”15.
Si bien estamos de acuerdo en que patrimonio no es el objeto, sino la información
significativa que éste contiene, la ausencia del objeto nos impide hacer ningún tipo de
estudio arqueométrico, y por tanto de todos modos hemos de lamentar la pérdida de éste
patrimonio.
Por ello, no puedo sino mostrar congoja toda vez que se desconoce el paradero de todas las
placas bolivianas acá descritas salvo de la del MUSEF, de la que se halla en el Museo
Etnográfico de Berlín debido a la acción reprochable de Max Uhle16 y la de Chaguaya que,
espero, todavía forme parte de la colección del p. Barreto. La expoliación de patrimonio es
algo no solo a detenerse, sino a revertirse.
Agradecimientos.
Quiero agradecer a Amelia Salas y su familia, por habernos conducido al Museo de
Chaguaya hace ya 18 años. Al padre Ananías Barreto (QEPD) quien tuvo la gentileza de
permitirnos sacar una fotografía de la placa.
Asimismo a Eduardo Pareja por su amistad y confianza, y a Carlos Ostermann, sin cuyos
datos no hubiésemos podido tener la aproximación que logramos a la colección de Potosí.
A Carola Condarco, a J.C. Velásquez y José Capriles por haberme suministrado alguna
información. Especial agradecimiento a David Pereira, ex director del Museo de la
Universidad de San Simón en Cochabamba quien me ayudó a rastrear posibles piezas en el
departamento valluno.
A Soledad Fernández, Freddy Taboada y Juan Villanueva del MUSEF.
Bibliografía.
Cruz, Pablo J.
2009-2011 “El Brillo del Señor Sonriente. Miradas Alternativas sobre las Placas
Metálicas Surandinas”, en MUNDO DE ANTES Nº 6-7, Pp. 97-131. Instituto de
Arqueología y Museo de la Universidad Nacional de Tucumán.
15 Valioso este dato, pues en nuestras colecciones se tienen escasos artefactos elaborados mediante
esta técnica, aunque en algún catálogo más o menos reciente, irreflexivamente, se consignen
algunos casos de facturación en base a la cera perdida, de forma equívoca.
16 Aunque, dicho de manera autocrítica, de no haber sido por dicha acción, tal vez no existiría ni esta
pieza.
20
Fauconnier, Françoise
2016 “El arte rupestre del río San Juan del Oro (sureste boliviano): Elementos de
datación y atribución cultural”, en TEXTOS ANTROPOLÓGICOS; volumen 17, Número 1,
pp. 33-55. Carreras de Antropología y Arqueología – IIAA. UMSA. La Paz.
Fernández, Soledad
2016 “Alianzas de Metal: La colección de minería y metales del Museo Nacional de
Etnografía y Folklore, según la cadena de producción”. Museo Nacional de Etnografía y
Folklore - Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia. La Paz.
González, Luis R.
2002 “A sangre y fuego: Nuevos datos sobre la metalurgia Aguada”, en Estudios
Atacameños N° 24, pp. 21-37.
2010 “Fuegos Sagrados. El Taller Metalúrgico del Sitio 15 de Rincón Chico (Catamarca,
Argentina)”, en BOLETÍN DEL MUSEO CHILENO DE ARTE PRECOLOMBINO, Vol. 15,
N° 1, pp. 47-62. Santiago de Chile
Korpisaari, Antti; Juan Faldín; Risteo Kesseli; Jussi Korhonen; Sanna Saunaluoma; Ari
Siiriäinen & Martti Pärssinen
2003 “Informe Preliminar de la Investigaciones Arqueológicas de la Temporada 2002 en
el Sitio de La Fortaleza de Las Piedras”, en NOTICIAS DEL PROYECTO ARQUEOLÓGICO
FINLANDÉS-BOLIVIANO EN LA AMAZONÍA BOLIVIANA II. Universidad de Helsinki /
UNAR Bolivia. Helsinki.
Mayer, Eugen F.
1994 “Armas y Herramientas de Metal Prehispánicas en Bolivia”, AVA MATERIALEN
53. KAVA. Mainz am Rhein.
21
Moseley, Michael E.; Donna J. Nash, Patrick Ryan Williams, Susan D. deFrance, Ana
Miranda, & Mario Ruales
2005 “Burning down the brewery: Establishing and evacuating an ancient imperial
colony at Cerro Baúl, Perú”, en Proc Natl Acad Sci. USA. Nov.
Posnansky, Arthur
1957 “Tihuanacu: Cuna del Hombre Americano” Vols. III y IV. Ministerio de Educación.
Editorial Don Bosco. La Paz.
Roos, Robert F. de
1994 “La Historia del Disco del Beni”, en Revista Pumapunku Nueva Época N° 7. Pp. 81-
87. Centro de Investigaciones Antropológicas Tiwanaku. La Paz, enero-marzo.
Soruco, Enrique
1994 “Aportes a la Iconografía Andina”, en Suplemento Pumapunku. Primera Semana de
Enero. Matutino HOY. La Paz.
Torres, Constantino
2004 “Imágenes Legibles: La Iconografía Tiwanaku como Significante”, en BOLETIN
DEL MUSEO CHILENO DE ARTE PRECOLOMBINO N° 9, pp. 55-73. Santiago de Chile.
22