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Placas

1) Se informa sobre placas metálicas estilo Aguada encontradas en Bolivia, lo que sugiere influencia de la cultura Aguada del noroeste argentino en el sur de Bolivia. 2) De las 12 placas bolivianas reportadas, solo se conserva una en un museo de La Paz, lo que es lamentable dado el valor del patrimonio cultural. 3) Se describe específicamente la "Placa del Beni", encontrada cerca de Riberalta en 1921 y que pasó por varias manos hasta desaparecer, posiblement

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1) Se informa sobre placas metálicas estilo Aguada encontradas en Bolivia, lo que sugiere influencia de la cultura Aguada del noroeste argentino en el sur de Bolivia. 2) De las 12 placas bolivianas reportadas, solo se conserva una en un museo de La Paz, lo que es lamentable dado el valor del patrimonio cultural. 3) Se describe específicamente la "Placa del Beni", encontrada cerca de Riberalta en 1921 y que pasó por varias manos hasta desaparecer, posiblement

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Noticias Sobre Placas Metálicas Estilo Aguada,

En Bolivia
Jédu Sagárnaga
Resumen.
Como señala el rótulo, la presente entrega pretende “anoticiar” y llamar la atención acerca
de un conjunto de placas metálicas de estilo Aguada, que procederían de territorio
boliviano.
Se plantea la posibilidad de que la cultura que se habría desarrollado en el noroeste
argentino, hubiese tenido influencia clara en el sur del actual territorio boliviano. Más aún,
es posible que en esta región (sur de Bolivia) se hubiese consolidado otro foco de
difusión/producción de este tipo de artefactos.
Se llama la atención, además, sobre la conservación de nuestro patrimonio, pues es muy
penoso que de las 12 piezas “bolivianas”, solo se tenga certeza de la existencia de la placa
que se conserva en el Museo de Etnografía y Folklore.
Palabras clave: Noroeste argentino (NOA), Cultura Aguada, placas metálicas, cera
perdida, expoliación.

El estilo Aguada en la metalurgia y las placas “bolivianas”.


En la arqueología centro-sur andina han cobrado cierta popularidad los estudios
metalúrgicos del NOA (noroeste argentino) gracias a diversos estudiosos del vecino país
cuya lista encabeza el desaparecido Alberto Rex Gonzáles. Acá seguimos la terminología y
clasificación propuestas desde hace décadas por Uhle, Posnansky, Levillier y otros. De
hecho Luís Gonzales la mantiene cuando se refiere a la cultura material de Aguada y
Santamariana, y menciona a “las placas Aguada” (2002: 21, 24, 25).
Los resultados hasta ahora obtenidos dan cuenta de un desarrollo muy particular
prácticamente especializado en la producción de artefactos de bronce con características
tan sorprendentes como la producción de campanas de peso considerable (algunas de
hasta más de 3 kg (Luís Gonzáles 2002: 21)).
También destacan formas particulares como las hachas con un apéndice curvo (especie de
gancho) en la parte superior de la hoja o lengüeta, que en general se adscriben al estilo
Santamariana.
Pero sobre lo que quiero llamar la atención en esta comunicación es acerca de un tipo de
artefacto que se considera de carácter suntuario1 y que se ha dado en llamar “placa
metálica”. Rex Gonzáles consideró que su uso dio inicio en el Período Medio (Horizonte
Medio ca. 400-1000 d.C.), con una larga permanencia hasta la llegada de los españoles.
Durante el Horizonte Medio, en el Altiplano circum Titikaka, Tiwanaku señoreaba e
imponía modelos socio-culturales, los mismos que se materializaban en artefactos con
                                                            

Docente de Materiales Arqueológicos Metálicos, Carrera de Arqueología, UMSA.
sagmar@[Link]
1 Un bien de prestigio con alto contenido simbólico, según varios autores (Fernández 2016: 236)


 
amplia distribución en gran parte del espacio Centro-sur andino. Sin embargo, en el NOA,
su influencia no es evidente o, al menos, se difumina; y otras formaciones sociales locales
tienen su propia producción de cultura material. Rex Gonzáles creyó que las placas
halladas en territorio boliviano procedían de la cultura Tiwanaku, y en ello le siguieron
otros autores como Pérez Gollán, pero a la altura de la indagación arqueológica, ello ya no
es sostenible. Tal es así que estas placas no tienen vinculación tecnológica ni estética con
Tiwanaku. Por ello la utilización de, al menos, “estilo” Aguada sigue siendo lo más
apropiado.
También es de hacer notar que no hay acuerdo unánime entre los investigadores sobre su
cronología. P. Cruz, por ejemplo, partiendo de su iconografía y área de dispersión, los
adscribe a los períodos de Desarrollos Regionales (siglos XII-XV) e, incluso, Inka (siglos
XV-XVI) (2009-2011: 97).
Aunque en el propio territorio argentino se tienen pocos especímenes, hasta ahora todo
indica que las placas que nos ocupan tienen su foco de difusión en Catamarca y en una
vasta zona del NOA. La suposición resulta lógica pues de la misma zona procede la mayoría
de las hachas con gancho que hemos mencionado líneas arriba, y que en algunos casos se
hallan representadas en las placas que nos ocupa (véase figs. 1 y 2).
Amén de aquello, se tienen varias referencias de placas halladas en distintos puntos del
territorio boliviano, tan distantes de Catamarca como Las Piedras. Ya se ocuparon del tema
Posnansky, Ibarra Grasso, Ponce Sanginés y hasta un ocasional coleccionista, de apellido
Roos, que se llevó a Europa un valioso espécimen del tipo acá comentado.
Pero datos más recientes –no publicados–, dan cuenta de varias otras placas que
procederían del departamento de Tarija, y que resultan de interés no solo por la novedad,
sino porque crea la alternativa de otro foco de difusión/producción de este tipo de
artefactos.
En los siguientes párrafos haremos un recuento de lo que arbitrariamente llamaremos
“placas bolivianas” en referencia a su lugar de hallazgo2.

La Placa del Beni.


Sin duda ésta es una de las más conocidas en la literatura arqueológica andina (Posnansky
1957; Roos 1969 [1994]; Pérez Gollán 1986: 66; Rex González 1992: L.15 Nº 191, y 1998:
97; Ponce Sanginés 1994; Luís Gonzales 2002: 24; Cruz 2009-2011: 103; etc.). Su historia
comienza allá por 1921, cuando se construía un camino y, de pronto, la maquinaria se
habría topado con el interesante objeto (fig. 1). Su descubridor la habría vendido y luego
fue sacada del país con rumbo a Europa. Allí se pierde de vista un tiempo debido a los
avatares de la primera conflagración mundial, pero reaparece en la portada de una revista
y como una de las ilustraciones del libro “Perú” de Ernst Fuhrmann (Impreso en Alemania
en 1922). Los datos que se tienen señalan que el Embajador de Alemania habría
interpuesto sus oficios para que la pieza retornase a Bolivia, aunque el dato es muy escueto
y no dice el porqué de esa decisión, ni cual habría sido le estrategia adoptada para su
                                                            
2 El término “bolivianas” es meramente referencial. No significa que se hayan fabricado en la

República. Así, por ejemplo, se habla de “kerus varsovianos” y hasta de “colecciones neoyorquinas”,
siendo que su procedencia son los Andes.


 
regresso al país. Curiosamente
C e su retorno
o se efectiviiza y aparecce nuevamen nte en Bolivvia,
pero esta
e vez su poseedor
p es un alemán de apellido Fehrmann q quien vivía een Sorata. A
Allí
acierta
a a pasar un n diplomátiico de los Países
P Bajos (Consejero cultural y de prensa) de
do Roos, quiien adquieree la pieza y la mete en su
apellid u valija al reetornar a su patria. Hoy se
desconnoce su pa aradero, pu udiendo enccontrarse – –con suertee– en algú ún museo de
Ámsteerdam.
¿Cómo o la tenía esee tal Fehrmaann?, tampoco se sabe3.

1 Disco del Beni.


Figura 1.
Fuente: Dibujo de Possnansky

Volvieendo al tema a, es el prop


pio Roos quiien relata su
us anécdotass y las pesqu uisas que hiizo
para averiguar
a la historia de la
l placa y qu
ue, en gran pparte, es lo que acá se ttiene dicho ((su
artícullo fue inicia
almente publicado en Bu uenos Airess en 1969 y nuevamentee 25 años m más
tarde (Roos 1994)). Ponce, quiénq lamen
nta que Roo os se haya aapropiado dee la pieza ccon
cinism
mo, establecee que el lugaar de procedencia exactoo sería el sitiio de Las Pieedras próxim
mo
a Ribeeralta, aunquue ya en el deepartamentoo de Pando.
Allí tra
abajó la Missión Bolivian
no-Finlandessa de 2001 a 2003, estabbleciendo quue –a pesar de
habersse encontrad do bastante material ceerámico de oorigen más bien local– se trataría de
una av vanzada ink
ka, aunque el e material obtenido
o no siempre fuee diagnósticoo. Es de haccer
notar el hecho de que el sitio o se conoció prácticameente siempree, y que hoyy se llama “L
Las
Piedra as” a la coomunidad lo ocal y “Forrtaleza” al sitio arqueeológico. Sinn embargo el
denom minativo de “Las
“ Piedrass” proviene del
d sitio, donnde se obserrvaba acumu ulación de esste
                                                            
3 Resu
ulta curioso, además,
a que su apellido se parezca taanto al de Fu
uhrmann. ¿S Serían la mism
ma
person
na? Si es asíí, ¿qué hacía
a un estudioso de la culltura prehisp pánica vivien
ndo en Soratta?,
¿colecttando piezas?


 
materiial que debió ó formar parrte de antigu
uos muros. UUna de las rreferencias m más tempran nas
del sittio es la deel explorado
or-odontólog go uruguayo o Marius deel Castillo q quien en 1926
obtuvo o, en aquel lugar, ceráámica que también se lllevó consiggo (Ponce 1994: 90). D Del
Castilllo anoticia sobre una pu
ulsera y un ciincel de cob
bre (Ibid: 91)); y los coleg
gas finlandesses
reporttan el hallazzgo de una pequeña
p plaaca [más bieen lámina] dde 45 mm x 30 mm, m muy
oxidadda de cobre o bronce (K Korpisaari et al. 2003: 177). Pero en n
ningún caso se mencion nan
placass como la quee nos ocupa4.

aca de Tiw
La Pla wanaku.
Posnansky describ be, además ded la ya citad
da Placa del Beni, otra pplaca de apro oximadamen nte
12 cmm de largo x 11,5 cm de d ancho, que q según éél, provenddría de la m milenaria urrbe
altiplá
ánica. La ha abría adquirido el céleebre arqueó ólogo germaano Max Uh hle de un tal
ingeniiero Rocha, vecino de LaL Paz, que la l habría saacado de Tiw wanaku. Uhlle, a su vez, la
envió al Museo Etnográfico
E de Berlín (Posnansky
( 1957: 126) junto con eel resto de su
coleccción hacia 18
895. Ponce acclara que el nombre del ingeniero m mencionado fue Ricardo R.
Rocha a, de quien sabemos,
s aco
opió una immportante co olección. Habbría vendido o una parte de
la misma en 1896 (la misma queq fue a parrar al Museo o de Lima), y otra al prop
pio Posnanssky
en 19004. Pero, porr razones dessconocidas y antes de essas dos transsacciones, prrefirió cederr la
placa a Uhle. Poncce sospechab ba que la pieeza ya no see encontrabaa en el menccionado musseo
alemán, pero Cruzz viene en nuestro
n auxillio. Él no sollo confirma que la piezaa se encuenttra
en el museo
m berlin
nés, sino quee además llevva el código R-A 12783 ((Cruz 2009-2011: 105).

Figura
F 2. La
a placa de Tiiwanaku.
Fuen
nte: Fotogra
afía y dibujo de Posnansk
ky
                                                            
4 Cabe añadir que en
e algunos esccritos se menciona el arteffacto como Pllaca Ross (v.g
g. Luís Gonzááles
2002, Cruz 2009-2011: 103). El apellido es Roos,
R y no Rooss. Pero, ad
demás, poner su nombre a la
placa sería
s como hoomenajear a un
u individuo queq contribuyyó a la expoliaación de patriimonio. Aunqque
“Placa del Beni” o “Placa de Ribeeralta” resulta
an también d
denominacion nes poco exacctas son, a tod
das
luces, mejores
m opcio
ones. Convienne añadir que, según Posnaansky, la placca mide aproxximadamentee 19
cm de alto x 9 de an
ncho.


 
Fuera de esta, Posnansky describe como “Tihuanacu” otras dos placas que se encontrarían
en el Museo de Cambridge (Inglaterra) (Posnansky 1957: Planchas LXXXI A.a. y LXXXI
A.b.), pero no se refiere al lugar de hallazgo (que es desconocido), sino al supuesto estilo
que ambos objetos tuvieron para ese autor. P. Cruz anoticia que, a finales del s. XIX Walter
Foster habría donado una pequeña colección de siete objetos al merituado museo, la
misma que incluía dos laurakes de bronce5, un hacha metálica además de las dos placas en
cuestión. Aunque el autor dice categóricamente que “se desconoce su procedencia exacta”,
a continuación deja entender que provienen del noroeste argentino (Cruz 2009-2011: 106,
114).
De cualquier manera, la redacción de Posnansky logró confundir a Rex Gonzáles quien en
su artículo de 1979 señala que “dos de las más elaboradas y mejor conocidas placas
rectangulares se dice que vienen de Tiwanaku”6.

La placa de Cochabamba.
Ibarra Grasso en 1964 habría descrito una placa del tipo que Rex Gonzáles denominó
“Placas Circulares” y de las que publica tres ejemplares cuyas imágenes reproducimos a
continuación (figs. 3, 4 y 5). Aunque es el propio Gonzáles quien anoticia de este cuarto
ejemplar, curiosamente no adjunta su imagen. Sólo señala que se trataría de una réplica
casi exacta de una de las tres placas por él mostradas, y que procedería de Cochabamba (R.
Gonzáles 1979: 162-164). El artículo de Ibarra del 647, se habría publicado en Madrid, y
aún no hemos podido localizarlo nosotros, así que no tenemos todos los detalles. Sin
embargo, el propio Ibarra, al año siguiente, dio a estampa su libro “Prehistoria de Bolivia”.
Allí (Ibarra 1965: 239) publica la fotografía de la pieza en cuestión señalando que se
encontraría en una colección particular de Cochabamba (Fig. 6). También Pérez Gollán la
menciona en su artículo de 1986 (64 y 65), sin mencionar su exacta procedencia. Cruz
(ibid: 100, 101, 105, 114, 118 y 124), seguramente basado en información a su disposición y
con mayores elementos de juicio, dice que provendría de Tres Tetillas8. Los exploradores,
habrían encontrado claras huellas de exploración minera en la región. Según se dice, ya los
inkas habrían conocido las ricas vetas áureas y las habrían explotado antes de la llegada de
los europeos. Por ello resulta de interés el hecho de que en las inmediaciones se hubiese
encontrado la placa que comentamos.
Se trata, como dice Gonzáles, de una placa muy similar a la que mostramos en la fig. 5.

                                                            
5 O pendientes para adornar el cabello femenino.
6 Two of the most elaborate and best-know rectangular plaques are said to come from Tiahuanaco”
(R. González 1979: 164)
7 “Una Nueva Placa Grabada de Bolivia”
8 Tal toponimia reviste características míticas en la región selvática del departamento de

Cochabamba, pues se dice que allí una comunidad de Padres de La Compañía de Jesús encontró
ricos filones de oro y que paulatinamente los explotó enviando a España cantidades inmensas del
metal, hasta que en 1767 los jesuitas fueron expulsados de América por orden del Rey de España
Carlos III. Se dice que, entonces, los jesuitas escondieron sus tesoros en viejas bocaminas que nunca
fueron ubicadas. En los años y siglos sucesivos mucha gente se dio a la tarea de encontrar el tesoro
que también se conoce como “El Tesoro de Sacambaya” por el río que corre cerca.


 
gura 3. Una
Fig a de las placa
as más conoccidas, la Pla
aca Lafone QQuevedo, llam mada así en
hom
menaje al arq
queólogo uru uguayo que laa descubrió.. Procede dee Andalgalá, Provincia dee
Ca
atamarca, Arrgentina. Se halla hoy enn el Museo NNacional de lla Plata. Inclluimos dos
im
mágenes, pa ara poder obsservar apareentes daños rrecientes.
Fuentes:
F Izzquierda: Po
osnansky 19557: Plancha L LXXXII.
Derecha: [Link] [Link]/surr/andina/agu uada/[Link]

Figu
ura 4. La llam
mada Placa Pucarilla, procedente
p d
del valle calch
haquí, Proviincia de Salta.
Ubicació ón desconoccida.
Fuente:
F Rexx Gonzáles 11979: 163


 
Figur
ra 5. Rex Goonzáles seña
ala que esta pieza
p os
se hallla en una collección privaada de Bueno
Aires, y que proced
dería del NOAA. Luís Gonzzáles la llam
ma Placa Hirssch.
Fuennte: [Link]
[Link] om/activida//arqueo/[Link]#.W WBCxoy0rLIU U

Fiigura 6. La Placa de Trres Tetillas


Fuente:
F Iba
arra Grasso 11965: 239


 
aca del MU
La Pla USEF.
Con motivo
m de la
a RAE 2016 6, se inauguró la mueestra sobre metales en el Museo de
klore. Del grueso volumen que se p
Etnografía y Folk publicó en reelación con el evento q
que
nto, se señala
comen an estos dato
os del espéciimen que no
os ocupa:
Código ID
D: 27306
Compone entes ppm:: Cu 78.414, Sn 10.698, SSi 6.585 y All 2.798.
Dimensioones: Alto máx.
m 9.3 cm; ancho máx.. 9.6 cm.
Peso: 190 gr.
Procedenncia: Boliviaa
Época: Peeriodo Inka (1450-1550
( d.C.)
d
(Fernándezz 2016: 234--237)
Se tratta de una placa rectangu ular. El perssonaje antrop pomorfo cenntral, lleva aaparentemen nte
una máscara
m (de félido
f o cániido). El pelo
o largo, estirrado hacia lo
os lados. En ambas man nos
nadas a los lados, sostiiene un par de aves preensiles que miran haciaa el centro de
flexion
perfil, y en simetría de espejjo. Es de ha acer notar q que tambiénn la “Placa d del Beni” lleeva
prensiiles, aunque estas otras están
e mejor logradas.
De loss codos del personaje penden dos de d los ya coonsabidos elementos qu ue aparecen en
este tiipo de placas, y que pueden
p interrpretarse co
omo un cucchillo semilu unar (el de la
izquierda) y un hacha
h con gaancho (el dee la derechaa). En la túnnica se observan símbollos
escalonados, una espiral circular y otrass dos espiralles rectangu ulares. Esta decoración es
tambiéén caracterísstica de las túnicas
t os personajess representaados en este tipo de placaas.
de lo
En loss pies pareccería llevar unas
u botas. Probablem mente calzado os de cueroo que llegabban
hasta la
l pantorrilla.
A los costados,
c en
n la parte infferior, se observan dos ccruces de M
Malta, inscritas en círculo
os.
Este elemento
e tam
mbién apareece en otrass placas com mo la “Hirscch” (fig. 5 een este mismmo
artícullo).

Figura 7. La
L Placa del MUSEF
Fuente:: Sagárnaga 2016


 
aca del río San Juan del Oro.
La Pla
En unn reciente arttículo Franççoise Faucon nnier insertaa el dato refeerido a una p
placa de meetal
de tipoo que nos occupa. Señala a: “Tuvimos la oportuniidad de fotoggrafiar una p placa metáliica
descub bierta fortuitamente porr un campessino en la orrilla derechaa del río San Juan del Orro,
cerca del pueblo de d Ñoquera… [Depto. de d Tarija]. E En esta placa rectangulaar, aparece un
personnaje que vistte una túnicca rectangullar atravesad da por una llínea diagonnal; de partee y
otra [sic], se ubiica un cuad drado decora ado con un n motivo esscalonado. E En el peto, se
distingguen dos disseños, comp puestos de do os círculos cconcéntricoss con una cruuz de Malta en
el centro. Los bra azos abiertoss y flexionad dos acaban ccon tres ded dos largos y curvos. De la
mano derecha, cuelga un hacha con n gancho y de la izq quierda, unaa figura m muy
esquem matizada co orrespondien nte tal vez a los despojo os de un niñño sacrificaddo. Las piern
nas
son reectas y los piees dirigidos hacia el exteerior. La cab
beza del perssonaje, enmaarcada por ddos
aves –tal
– vez loross- sobresale del borde su uperior. Se ccaracteriza por un hocico o protuberan
nte
y dos orejas circu ulares atraveesadas por unau cruz. Po odría tratarsee de una deeidad o de uuna
figura humana lucciendo una máscara”
m 9.

Fig
gura 8. Placca de San Ju
uan del Oro.
Fuente: Fauconnierr 2017

usión al sacriificio de un niño,


La alu n no tien
ne asidero sin
no en las eviidencias de d
decapitacion
nes
en la provincia
p lim
mítrofe de Ju ujuy, Argenttina, según lla propia invvestigadora. Por lo demáás,
suponnemos que la a pieza permaneció en po oder del cammpesino que la tenía.

                                                            
9
onnier 2106: 46 
 Fauco 4


 
aca de Cha
La Pla aguaya.
Se tratta de un espécimen no antes
a reporta
ado y que po odríamos llaamar la Placa
a Barreto. F
Fue
ubicadda por noso otros a finess de 1998 cuando
c efecttuamos un viaje al dep partamento de
Tarija. En el reccorrido llegaamos a la pequeña
p pooblación de Chaguaya, Municipio de
Padcay ya, a unos 65
6 km. al Suur de la capittal de deparrtamento donde el cura local, Ananíías
Barretto, había forrmado una interesante
i colección
c 10 y
y, más tardee, establecid
do un pequeeño
museo o en la mismma parroquia
a del famoso santuario dee la Virgen d de Chaguayaa.
El proopio padre Barreto,
B am
mablemente, nos permittió visitar ell repositorio o raudamen nte.
Grand de fue mi sorrpresa al top
parme en una a de las vitriinas con la p
placa en cuesstión. El gen
ntil
religio
oso no supo proporciona
p arme detalless de su proceedencia pues el objeto, ccomo todos llos
demáss que allí se encontraban
e n, había sido
o producto d e donacionees de la gentee del lugar q que
habíann traído cosas incluso ded muy dista antes lugare s. Supe, año os más tardee, que Barreeto
había fallecido; por lo que cu ualquier nueevo intento por rastrearr el origen d de la placa, se
perdióó irremediab blemente. También
T upe que las piezas fueeron luego trasladadass a
su
Padcay ya y que el Gobierno Departamen
D ntal estaba h haciendo loss esfuerzos por reabrir el
Museo o en Chaguay ya.
Felizm
mente, en aq quella única oportunidad
d, se me perrmitió fotoggrafiar el objjeto sacándoolo
de la vitrina.
v La im
magen, por el
e momento, queda como o la única fuente de conssulta (fig. 9).

Figura 9.
9 Placa de Chaguaya F
Figura 10. EEl P. Barreto
o en su museeo
Fuentte: Fotograffía de Sagárn
naga (1998) Fuen
nte: Fotograafía de Sagárrnaga (1998))

Señaleemos, ademá ás, que se trata de una placa


p del tipo
o que Rex G
Gonzáles dennomina “Placcas
Rectanngulares” (11979: 164). En la partee superior d del cuerpo rectangularr, y al med dio,
sobressale un rostrro antropom morfo con el pelo sueltoo hacia los costados don
nde sobresallen
apenas unos mecchones. A ambos a lado
os del mism mo, dos aniimales idénnticos (tal vvez

                                                            
10 Se diice que de una
as 15 mil piezzas arqueológiicas, aunque n
no se conoce un inventario
o.

10 
 
armadillos) dispuestos en simetría de espejo, se aproximan al rostro con las fauces
entreabiertas. En el cuerpo mismo, y en alto-relieve se observa otro animal con dos pares
de alas, pero con un rostro antropomorfo.

Más placas del sur de Bolivia.


Finalmente quiero referirme a 6 placas que hasta ahora tampoco han sido reportadas.
Luego de nuestra visita a Chaguaya, el investigador Eduardo Pareja gentilmente me facilitó
un conjunto de diapositivas, indicándome que tendrían interés para mí por mi interés en
los metales. Cuando horas más tarde recién pude contemplar las imágenes, quedé muy
sorprendido al comprobar que se trataba de un considerable grupo de objetos de metal de
estilos Aguada y Santamariana. Las fotografías que acá se reproducen, nos ahorran el tener
que justificar la asignación de las placas al estilo Aguada. Las hachas, en cambio, podría
atribuirse al Santamariana.
Permítaseme proseguir con el relato coloquial por considerarlo importante. Contacté de
inmediato con Pareja para saber más detalles de la colección, pero él a su vez me refirió a
otro amigo más directamente involucrado, el antropólogo Carlos Ostermann. Cuando pude
hablar con éste me dijo que el conjunto provendría de un sitio fronterizo entre Potosí y
Tarija11, y que habrían estado en un museo potosino. Dado mi interés por participar en la
versión 2016 de la RAE con este trabajo, recién retomé nuevamente contacto con
Ostermann, pero lastimosamente solo telefónico. Me explicó brevemente que él habría
encontrado el extraordinario conjunto de objetos metálicos en un museo municipal de
Potosí. Estaban pegados sobre cartulina blanca y, según colijo, dispuestos sobre alguna
superficie horizontal. Me dijo que hizo gestiones para llevar las piezas a cierto banco, pero
que de allí se habrían trasladado nuevamente al museo que, entiendo, era rudimentario.
Cuando volvió un tiempo después, el museo ya no existía y las piezas habían desaparecido.
Dice también que levantó un inventario. Su excesivo trabajo le ha impedido ubicarlo y
facilitárnoslo, pero por las imágenes que poseo hay varias cosas que puedo advertir: a)
Usaron algún pegamento fuerte para pegar los objetos a la cartulina; b) Los investigadores
arrancaron los objetos de ella o la cortaron siguiendo la silueta del objeto como se puede
advertir en muchos casos; c) En el momento de sacar las fotografías emplearon un palito
de fósforo a guisa de escala que, sin duda, ayuda un poco; d) En cada pieza se anotó un
código alfabético (MDAPO) seguido por un número. El código debe significar, según
colegimos, “Museo de Arqueología de Potosí”; y e) No se puede decir si se fotografió todo el
conjunto, ni tampoco, que yo posea todas las fotografías que se tomaron. Sin embargo
alguno de los códigos numéricos sobrepasa el centenar. Eso significa que la colección tenía
más de cien objetos. No vamos a incluir a todos en esta comunicación, pero se aprecian
hachas de diferente forma y en una gran cantidad; asimismo tumis, vasos, etc. Sin duda
destacan seis placas de metal del estilo que acá nos ocupa, dos de las cuales serían
circulares (figs. 11 y 12) y cuatro rectangulares (figs. 14 y 15)

                                                            
11 Acá no consignamos el nombre con fines de protección.

11 
 
Fiigura 11. Pllaca que tien
ne un gran pa
arecido con la Placa Hirrsch y la de trres tetillas
Fuennte: Anónimma
Noteséé que está prrofusamentee decorada y con un acab
bado perfectto.

Figura 12.
1 Placa cirrcular
Fuen
nte: Anónim
ma

12 
 
Aunqu ue la fotogra
afía es parcia
al, debemos presumir q
que el cuerpo
o circular esstá desprovissto
de deccoración. En él aparece un
u rostro anttropomorfo exento.
La pieeza guarda estrecha
e similitud con aqquella publiicada por Poosnansky baj ajo el rótulo de
“lirpu”” (espejo, en
n aymara). Señala este auutor que hoyy su superficcie está corrroída, pero q
que
en su época debió estar fina amente pulid da para funngir como espejo. No sse consigna su
n, pero se dicce que se con
origen nserva en el Museo Etno ográfico de M
Munich.

Figura 13.. Placa en el Museo Etnoográfico de M


Munich,
de aproximadam
a mente 10,5 ccm x 7,5 cm
Fuente: Posnansky 19 957: 129

La pla
aca rectangu bién, muy siingular. En lla composiciión y forma se
ular de la fig.. 14 es, tamb
parecee a varias pla
acas, incluid
da la de Chag guaya. Puedee suponersee que las dos imágenes q que
poseemmos corresp ponden a la misma piezza. Lo curio oso es que eestaría ornada por amb bos
lados. En el anverrso, en la parrte superior,, un rostro aantropomorffo al que se aaproximan d dos
animaales idénticoos por ambo os lados. Ell reverso, en n simples lííneas en altto-relieve, d
dos
animaales que se diirigen arribaa y que bien podrían inteerpretarse coomo lagartijas.

Figura 14. Placa reectangular, aanverso y revverso


Fuen nte: Anónimma

13 
 
Esta otra
o imagen (fig.
( 15) perm
mite observa ar tres placass. La de arrib
ba no presen
nta decoraciión
en el cuerpo,
c pero
o si –en la parte
p superiior– la silueeta de dos aanimales idéénticos con llas
cabezaas casi hund
didas en la superficie. En n este caso nno hay un rrostro antroppomorfo com mo
en los dos casos an
nteriores. Lee falta la esqu
uina inferiorr derecha.

Figura
F 15. Placas
P rectan
ngulares.
Fuennte: Anónim ma
aca de la esq
La pla quina inferio
or izquierda
a tampoco tiiene decoracción. Muestrra, en la parrte
superiior, un solo animal.
a Es posible
p que esté
e incompleeta.
La últiima placa, de a inferior derrecha, tamp oco presentaa decoración
d la esquina n en el cuerp
po.
Un pequeño apéndice al mediio de la parte superior reemanente su ugiere que, o
originalmennte,
pudo poseer
p algun
na decoració
ón.
Es im
mperativo an notar que en n el conjuntto de imágeenes que lleegó a mis m manos inclu uye
objeto
os que en laa literatura arqueológica
a a andina señ ñalan al NOOA como po osible lugar de
origen
n. Así por ejemplo una manopla
m (Fiig. 16) del tiipo que Rexx Gonzáles lllama tensorres
(1979:: 180) y hachas con ga ancho (Fig. 17) ampliam mente estud diadas en eel vecino paaís.
Remittimos al lecctor al detaallado estudio de Gonzzáles y Buo ono que da cuenta de la
ación de estos artefactos desde el Período
fabrica P Med dominación inka del NO
dio hasta la d OA
(Gonzáles y Buonno 2007). Dicho sea de paso,
p en el MMuseo Naciional de Sanntiago de Chhile
existe un hacha con
c gancho cuya procedencia seríaa La Paz (M Mayer 1994: 54 y Lámiina
13.214
4).
Convieene añadir que
q un magn nifico ejempplar del tipo
o “tensor” see conserva enn el Museo de
Metalees Preciosos Precolombiinos (en La Paz),
P y perteenece a la collección Buck
k.

14 
 
Figura 16. Manopla (o
o tensor)
Fuennte: Anónim
ma

Figu
ura 17. Doss tipos de haccha con ganccho estilo Saantamarianaa
(con
( tubo dee enmangue y sin él).
Fuennte: Anónim ma

Otras
s placas bolivianas.
En su artículo de 1994, Poncee señala quee en el Museeo Nacional de Arqueolo ogía de La P
Paz
existirrían “mucho n han sido publicados y por tanto la cantidad es
os ejemplares que aún no
mayorr de la que supone
s Gonzzáles para el altiplano b
boliviano” (11994: 93). T
Tal aseveraciión

15 
 
nos movió
m a la curiosidad, por
p lo que mem puse en n contacto ccon la antroopóloga Caro ola
Condaarco que recientementee estuvo cumpliendo laabores de ccatalogación n en el citaado
museoo y quien mem manifestó ó no haber visto ninguuna placa d del tipo quee nos interessa.
Asimissmo me co ontacté con el ex Dirrector del m mencionado repositorio o Julio Céssar
Velásq
quez quien, contrariameente, me aseegura que síí existen plaacas Aguadaa en el museeo.
Consta
atar o descarrtar la inform
mación, aún
n no me ha siido posible.

uisiciones.
Disqu
Sobre el término “Señor
“ Sonriiente”.
La carra sonrientee del artefacto que repproducimos en la Figurra 12, con sseguridad q que
olega Pablo Cruz, quien usó el térmiino de “Seño
entusiiasmará al co or Sonrientee” (2009-20111)
en su artículo sobbre este tipo
o de placas. Es, sin dud
da, la más riisueña de to
odas las quee él
publiccó.

Figura 18.
1 Rostros sonrientes
s een algunas pllacas.
Fuente:: Cruz 2009--2011
Ahoraa bien, persoonajes “sonrientes” son n bastante ccomunes al menos en la iconograafía
tiwanaaku, donde con mucha a frecuencia aparece unna cara casii siempre co
omo elemen
nto
secunddario. Torress la clasificó
ó como signo
o primario (T
Torres 2004: 57).

Figura 19
9. Este signoo primario, generalment
g te con la son
nrisa más maarcada,
es reecurrente en la iconograffía tiwanaku
u.
Fuente: Dibujo
D de Saggárnaga

16 
 
Ante la profusión de estos siggnos y su reccurrencia fuee que en unaa reunión dee arqueólogo os,
Enriquue Soruco se s animó a elaborar una u ponenccia sobre laas “Caritas sonrientes de
Tiwannaku” concluuyendo con la l extraña teeoría de que,, después dee cada coseccha exitosa, llos
tiwanaaku habrían mostrado su dicha a tra onrisa. Las aactas de esa reunión no se
avés de la so
publiccaron, pero se
s tiene un artículo
a suyo
o donde señaala que la figura sonrien nte aparece en
la lápiida de Chiriipa, y en el arte tiwanaaku y wari. AAsimismo en n las cerámmicas Mizquee y
Mollo (Soruco 199 94: 2).
Por ottro lado, hacce poco Fran
ncois Cuyneet ha llamaddo la atenció ón sobre cieertas imágen
nes
prehisspánicas quee esbozarían una sonrisa
a. Dictó una ccharla al resspecto, recien
ntemente.

Figura
a 20. Afichee de una charla ofrecida sobre imágeenes sonrien
ntes
en septiiembre de 2 016
Fuennte: Faceboo ok
Por elllo, el apelatiivo de “Seño personajes dee placas circculares, resulta
or Sonriente””, para los p
poco apropiado.
a
Por ottro lado, sallta, a primerra vista, lo pequeño
p del
el universo m muestral en relación a llas
placass estilo Aguada. Luís R. R Gonzales dice que, d de las placaas de metal de la cultu ura
materiial de Agua ada, se cono ocen poco másm de 30 eejemplares, los cuales sse encuentrran
disperrsos en coleccciones de América
A y Euuropa (2002 2: 21). Pabloo Cruz, por ssu parte, habbla
tambiéén de “una treintena de d placas metálicas
m namente deecoradas… aasignadas a la
fin
cultura Aguada” (2 2009-2011: 97). Por tan nto, hablar dee una docen na de “nuevas” placas –q que
serían
n las que prooceden de territorio boliiviano”– resu ulta, en cifraas redondass, un tercio d
del
total y un aporte significativo.
s . Esto podríaa significar q
que este estiilo pudo difuundirse por un
área mayor
m a la
a que hasta a ahora se ha consideerado, alcan nzando parrte del actu ual
departtamento de Tarija.
T A la vez,
v ello pod dría sugerir qque el foco d de difusión d
del estilo pu
udo
estar, alternativam
mente, en otrra región differente a la ddel NOA y, een este caso,, bien pudo sser
el Sur de Bolivia, concretamen
c nte alguna reegión de Tarrija.
Otra cosa
c importaante de seña
alar, es que si en algún
n momento eel estilo Aguuada pudo sser
asimilado por estu
udiosos com
mo Uhle, Possnansky o L Levillier (en algún caso por manten
ner
una postura
p anaku, hoy la arqueolo gía andina los ha disccriminado ccon
teórica) a Tiwa

17 
 
claridad. No guardan relación con ningún estilo altiplánico y, a mi parecer, no se tiene una
mejor opción que llamarle referencialmente “Estilo Aguada”.
Por otra parte también tengo mis reparos en aceptar que la representación del personaje
antropomorfo central de varias de las placas, sea la del Dios Hacedor “Viracocha”
(Fernández 2016: 236) pues, en mi criterio, ello obedece a una cierta y permanente
propensión en identificar a muchos personajes míticos (como Viracocha o T’unupa) en la
iconografía andina. Sucedió eso previamente con el personaje central de la Puerta del Sol
(Tiwanaku), desde el s. XIX y quizás antes, siendo que esta deidad correspondería al
período inka. Las placas que analizamos no son, sin duda, de filiación inka. De otro modo
se las encontraría en todo el territorio del Tawantinsuyo y, por supuesto, en el ombligo del
mismo, lo cual no sucede.
En otro orden de cosas, Rex Gonzales intuyó que las placas habrían estado en uso durante
varios períodos de desarrollo: Medio (ss. V-XII), Tardío, Imperial, e Hispano-Indígena o
colonial (1979). En líneas generales su Período Medio correspondería con el Horizonte
Medio que, siguiendo la terminología de Rowe, preferimos nosotros. El grueso de las
piezas acá comentadas estarían enmarcadas en éste período. Sin embargo a las placas
rectangulares con rostro antropomorfo y una dupla de animales a los costados, R. Gonzáles
las sitúa en el Período Tardío, o lo que más comúnmente nosotros llamamos Período
Intermedio Tardío. Treinta años después Cruz, basándose en fuentes iconográficas12 y
etnohistóricas, impugna la secuencia de Gonzáles adscribiendo estas placas más bien a los
períodos de Desarrollos Regionales (siglos XII-XV) e, incluso, Inka (siglos XV-XVI) (2009-
2011). Pero ni éste ni aquél basan sus conjeturas en fechados, lo que hace endeble ambas
posturas. Además, hasta ahora, se tienen pocas placas que provengan de excavaciones
controladas: La Placa de Cerro Baúl en Moquegua (Moseley 2005), la de –supongo–
Sacsahuamán en el Cusco, la conocida Placa de Catarpe, Chile (Pimentel 2006: 46) y la de
Sequia Vieja, Provincia de Santiago del Estero (Rex Gonzáles 1992). Luís Gonzales, en un
trabajo muy ilustrativo, reporta sus indagaciones de más de dos décadas en el Sitio 15 de
Rincón Chico (Catamarca), donde se ubicó un taller metalúrgico. 14 fechados
radiocarbónicos, dan cuenta de que el taller habría operado entre el siglo x y la conquista
española (L. Gonzáles 2010: 48). Ello aparentemente apoyaría la versión de Cruz, pero
hasta ahora no se han encontrado sino moldes de lo que pudieron ser placas tardías. El
mismo taller pudo ser uno de los últimos de una larga secuencia en el tiempo que bien
pudo arrancar en el Horizonte Medio y en la que se ya se fabricaban las placas que nos
ocupa.
Existe una placa que conocimos en una presentación en el 51º Congreso Internacional de
Americanistas celebrado en Santiago de Chile en 2003. He podido dar de nuevo con ella13,
en un artículo publicado dos años después. Aunque la información es lacónica en relación a
ella, da cuenta de que procede de un contexto wari en Cerro Baúl. Se señala que el
“Palacio”, entre muchos artefactos, “también reveló una placa de cobre estilo Aguada de la
región de Catamarca, Argentina, 1,300 km al sur. Ésta probablemente llegó a través de

                                                            
12 Con seguridad podríamos sumergirnos en un inmenso mar de iconografía relacionada a las placas
desde Colombia hasta Tierra del Fuego, y desde el Formativo hasta el Horizonte Tardío, sin que ello
signifique más que la interacción permanente en todo el Mundo Andino.
13 Gracias a la orientación de José Capriles

18 
 
interm
mediarios dee Tiwanaku, aunque arteefactos tiwan
naku están n
notablemen
nte ausentes””14.
La missma se repro
oduce en la fig.
f 21.

Fig. 21. La Placa


P de Cerrro Baúl
nte: Moseleyy et al. 2005:: 17270, fig. 12
Fuen
A todaas luces, la placa
p de la co
osta peruanaa tiene gran parecido con las placas de Tarija y llas
que Rex
R Gonzalees adscribe al Periodo Tardío (19 979). Sin em
mbargo los fechados q que
publiccan Moseley y sus colab boradores (22005: 17266 6) se encuad
dran dentro del Horizon nte
Medioo, sin duda. Salvo que el e contexto ses adscriba a una posteerior ocupacción, se pueede
contemmplar la posibilidad de d que tan nto las plaacas circularres complejejas como llas
rectan
ngulares emp pezaron a faccturarse en el
e Período MMedio. Ya en esa época loos tiwanakottas
pudierron establecer relacion nes al men nos de inteercambio co on el NOA A. Dadas essas
condicciones de po osibilidad, tanto la placca de Tiwan naku como lla de Moqueegua pudierron
haber sido llevada as a contextoos wari-tiwan
naku.
Vale añadir
a que la
a fotografía ded la placa de
d Cerro Baú úl que publiican Moseleyy et al., pareece
ser dell reverso. Si fuera así, la placa tendría dos caras como la de lla Fig. 14.
Pero también
t cab be la posibilidad de quee la tradició ón de las plaacas continu uó en el NO OA,
incluso hasta el ad dvenimiento o de los inkass. Esta hipóttesis explicarría la presen
ncia de la plaaca
de Saccsahuamán en el Cusco o y la de Ribberalta en u un lugar tan n distante d de la provinccia
argenttina de Catam marca (más de 1.700 km m). Es posiblle que duran nte el Horizo onte Tardío,, la
interacción entre zonas dista antes hubiese permitid do que estoss objetos fu ueran llevad dos
como parte del bagaje de culltura materiial adquirido o. Ello en eel marco de las complejjas
                                                            
14The palace also reevealed an Agguada-style copper plaquee from the Caatamarca region of Argentiina
1,300 km
k to the sou ough Tiwanakku intermediaries, but Tiw
uth. This likelly arrived thro wanaku artifaacts
are con
nspicuously abbsent (Moseleey et al. 2005
5: 17271)

19 
 
redes de intercambio que debieron existir no solamente a nivel de la subárea centro-sur
andina, sino de todos los Andes. En otras palabras, los inkas no las crearon, pero
contribuyeron con su amplia distribución geográfica.
En cuanto a la tecnología utilizada en su facturación, por analogía, podemos conjeturar dos
datos de interés: a) Por una parte, las placas fueron elaboradas en bronce; y b) La técnica
de elaboración fue el de la “cera perdida”15.
Si bien estamos de acuerdo en que patrimonio no es el objeto, sino la información
significativa que éste contiene, la ausencia del objeto nos impide hacer ningún tipo de
estudio arqueométrico, y por tanto de todos modos hemos de lamentar la pérdida de éste
patrimonio.
Por ello, no puedo sino mostrar congoja toda vez que se desconoce el paradero de todas las
placas bolivianas acá descritas salvo de la del MUSEF, de la que se halla en el Museo
Etnográfico de Berlín debido a la acción reprochable de Max Uhle16 y la de Chaguaya que,
espero, todavía forme parte de la colección del p. Barreto. La expoliación de patrimonio es
algo no solo a detenerse, sino a revertirse.

Agradecimientos.
Quiero agradecer a Amelia Salas y su familia, por habernos conducido al Museo de
Chaguaya hace ya 18 años. Al padre Ananías Barreto (QEPD) quien tuvo la gentileza de
permitirnos sacar una fotografía de la placa.
Asimismo a Eduardo Pareja por su amistad y confianza, y a Carlos Ostermann, sin cuyos
datos no hubiésemos podido tener la aproximación que logramos a la colección de Potosí.
A Carola Condarco, a J.C. Velásquez y José Capriles por haberme suministrado alguna
información. Especial agradecimiento a David Pereira, ex director del Museo de la
Universidad de San Simón en Cochabamba quien me ayudó a rastrear posibles piezas en el
departamento valluno.
A Soledad Fernández, Freddy Taboada y Juan Villanueva del MUSEF.

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Arqueología y Museo de la Universidad Nacional de Tucumán.

                                                            
15 Valioso este dato, pues en nuestras colecciones se tienen escasos artefactos elaborados mediante
esta técnica, aunque en algún catálogo más o menos reciente, irreflexivamente, se consignen
algunos casos de facturación en base a la cera perdida, de forma equívoca.
16 Aunque, dicho de manera autocrítica, de no haber sido por dicha acción, tal vez no existiría ni esta

pieza.

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22 
 

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