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Medicina de Guatemala y Otros Países Latinoamericanos

El documento compara los sistemas de salud de varios países latinoamericanos en términos de esperanza de vida y mortalidad infantil. Chile tiene la mayor esperanza de vida promedio (80 años) y una baja tasa de mortalidad infantil, mientras que Haití tiene los peores resultados en ambos indicadores. El documento también describe los esfuerzos de Lidia Morales para desarrollar un sistema de salud más inclusivo en Guatemala que integre la medicina tradicional indígena y la biomedicina.

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Medicina de Guatemala y Otros Países Latinoamericanos

El documento compara los sistemas de salud de varios países latinoamericanos en términos de esperanza de vida y mortalidad infantil. Chile tiene la mayor esperanza de vida promedio (80 años) y una baja tasa de mortalidad infantil, mientras que Haití tiene los peores resultados en ambos indicadores. El documento también describe los esfuerzos de Lidia Morales para desarrollar un sistema de salud más inclusivo en Guatemala que integre la medicina tradicional indígena y la biomedicina.

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medicina de Guatemala y otros países latinoamericanos

cada sistema sanitario del mundo se le pueden poner pegas. A unos por las listas de espera, a
otros por su privatización y a alguno por su sectarismo frente a lo tradicional. Es el caso de
Guatemala. En el país centroamericano, con unos 16,5 millones de habitantes, la brecha entre las
técnicas naturales y las científicas es tan profunda que muchos se sienten ajenos a estos espacios
de salud. Un ejemplo: parir en el hospital, como cualquier otra intervención, es gratuito. Sin
embargo, la mayoría de las mujeres prefiere pagar a una matrona para que la asista en su casa.
¿Por qué? Porque lo ven como algo extraño. Desconfían de las batas planchadas y las camillas de
sábanas blancas. Prefieren aquello que secularmente se ha realizado en su comunidad.

Esta fisura, reflejo paralelo de una población polarizada entre lo rural y lo urbano o entre lo
mestizo, lo indígena y lo blanco, es la que lleva intentando curar la médica Lidia Morales desde
hace 14 años. Esta licenciada, nacida en la capital guatemalteca en 1970, ideó junto a varios
colegas lo que denominaron el Método Incluyente de Salud (MIS), un sistema de saberes
combinados que extrajera lo útil de las disciplinas indígenas y académicas y que conquistara al
grueso de la población. "Que coordine, no que integre. De respeto e intercambio mutuo". Y para
eso hacen falta medios, pero sobre todo una pedagogía que termine con las barreras sociales.

"La medicina en Guatemala siempre ha sido, y sigue siendo, racista", explica Morales en la sede
madrileña de Medicus Mundi, donde recaló hace unos días en medio de una gira por España. Aquí
divulgó este proyecto pionero, que empezó en un rincón del país, aupado por organizaciones no
gubernamentales, y se ha convertido en estatal, financiado públicamente y respaldado por la
actual ministra de sanidad, Lucrecia Hernández Mack. "Es un gran reto. Tiene más de 14 años
desde las primeras experiencias piloto hasta el traspaso al sistema de salud. Actualmente nos
encontramos en un momento muy importante porque el equipo ministerial ha estado siempre
muy involucrado desde su nacimiento. Ha seguido la investigación y ha tomado la decisión de
impulsarlo", contextualiza.

Las abuelas matronas tienen mucha experiencia y buenas condiciones de higiene, pero se las ha
excluido

Con presupuestos estatales, este sistema —promovido por el Instituto de Salud Incluyente—
consta de tres estadios: la atención primaria, la especialización y la hospitalización. Unos escalones
que comienzan malogrados por la falta de servicios y de acceso a los mismos. "Se requieren unos
4.000 puestos más de salud para cubrir las necesidades del país", comenta Morales. "Llevamos un
retraso de 30 años. La política nunca se ha preocupado y ha hecho falta la acción civil", adelanta.
"A esta carencia se le juntan el contenido o los enfoques del servicio de salud, que siempre se ha
basado en lo curativo y no en lo preventivo y que, como somos un país con una amplia diversidad
cultural —con 25 variedades lingüísticas y el 40% de la población perteneciente al pueblo maya—,
juega con una forma de aproximarse y entender la salud distinta de la que le ofrecen los servicios",
explica la doctora.
"Existe solo el pensamiento de la medicina tradicional, y choca. Hay una barrera cultural. Lo que
pretendemos es la articulación, la complementación de ambos sistemas. Pero como la sociedad
guatemalteca ha sido construida muy en base al racismo y la discriminación, el conocimiento
médico de los pueblos indígenas es poco reconocido. Se considera creencia, brujería", cuenta.
"Esta situación no anida solamente en este ámbito, sino en otros sectores. En el campo de la salud
se expresa mayormente porque hay una relación de hegemonía y poder de la biomedicina —
acreditada académicamente y regulada por el ejercicio de la actividad médica y los mecanismos
legales— sobre los métodos ancestrales, que suelen menospreciarse", recalca. "Solo se estudian
desde otras disciplinas como la antropología".

Así, el método pretende que los "licenciados" compartan tareas con los líderes de las
comunidades. En igualdad y con un trasvase de conocimientos equilibrado. Lidia Morales habla en
este sentido de los roces que han tenido hasta ahora. "A muchos curanderos o matronas se les ha
tratado como inferiores, en puestos de auxiliar o limpieza que no son los suyos. Por eso ha
fracasado en algunos rincones.

Aparte, el MIS propone combinar las acciones del sistema oficial, mejorarlas, y volver a la atención
primaria, pero también articular o coordinar con el sistema de salud maya. Enfermedades no
reconocidas oficialmente, como el 'ojeado' (mal de ojo), el 'susto' o el 'empacho', están
emparentados con el desajuste energético. En culturas como la oriental se les presta atención a
estos desequilibrios, pero no en occidente. Aquí, si un niño acude 'ojeado' y con diarrea, dirán que
tiene diarrea porque es lo que puede diagnosticarse y recetarse. En realidad tiene las dos cosas. Y
para eso hace falta el mentor del pueblo", explica.

Aquí, si un niño acude 'ojeado' y con diarrea, dirán que tiene diarrea porque es lo que puede
diagnosticarse y recetarse. En realidad tiene las dos cosas

Declaraciones de este tipo han levantado polvareda en el país por la imprecisión de los postulados.
Morales sale al paso rebatiendo que la culpa es del prisma científico de querer cuantificar todo. "El
enfoque siempre ha sido querer controlarlos, capacitarlos y regular sus prácticas. Con el MIS se
intenta extrae lo mejor de ambas disciplinas", insiste, teniendo en cuenta las "fortalezas" y
debilidades" de cada uno. "Por parte de la gente siempre ha habido mucha más apertura a no
utilizar un solo recurso terapéutico", añade, "El debate viene más del gremio profesional porque
se piden evidencias científicas. Se piden resultados que no dañen. Eso es correcto, sin embargo, en
el caso de Guatemala, por los altos niveles de racismo que ha habido, las prácticas de los pueblos
indígenas han subsistido con cierto hermetismo, porque se sabe que son estigmatizadas. Han
continuado en las áreas rurales, no se han expandido tanto".

Con un 40% de población indígena, un 41% mestiza, un 18,5% blanca y un 0,5% garifuna, la nación
centroamericana goza de una matriz cultural "muy fuerte", en palabras de la experta en
desarrollo. La amalgama de etnias, no obstante, ha sido un caldo de cultivo para relegar a la
invisibilidad a los débiles. "Sin unos fundamentos teóricos, las fórmulas populares se han
Un indicador insoslayable para evaluar el grado de éxito del sistema de salud de un país es la
esperanza de vida de la población. Es imposible que las personas vivan muchos años en una nación
con una infraestructura sanitaria precaria. Por el contrario, cuanto mejor sea esta, y mayores los
cuidados que pueda brindar a los ciudadanos, más probable será que vivan más.

Chile es el país con mayor esperanza de vida de América Latina. En promedio, la gente vive allí 80
años, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). En un segundo lote, con 79 años
de media, se encuentran Colombia, Costa Rica y Cuba.

El que está peor ubicado es Haití, con apenas 62 años, 18 menos que Chile, lo que da una idea de
la enorme disparidad que existe entre los países de la región. También están mal Bolivia (68 años),
Guatemala (72) y El Salvador (72).

Chile es el país con mayor esperanza de vida de América Latina

Otro indicador trascendental es la mortalidad infantil, porque revela la penetración del sistema
sanitario en la población. Cuando muchas personas no tienen acceso a hospitales ni a
profesionales para atender sus emergencias, las mujeres dan a luz sin asistencia, en condiciones
sumamente peligrosas.

En este rubro el que está a la cabeza es Cuba. Según la OMS, la probabilidad de morir antes de los
cinco años es de 6 cada 1.000 nacidos vivos. En segundo lugar está Chile, con 8, y luego viene
Costa Rica, con 10.

Nuevamente, el que está en una situación más delicada es Haití, con 73 cada 1.000. Bastante lejos,
pero igualmente en malas condiciones, están Bolivia (39) y Guatemala (31).

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