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Que Es Lo Que Define A Mesoamerica Nalda PDF

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Enrique Nalda*

M E S O A M É R I C A

¿Qué es lo que define


Mesoamérica?

D esde 1943, fecha de su formulación, el término Mesoamérica ha


logrado constituirse como una realidad que plantea a la arqueología mexi-
cana problemas por resolver, al mismo tiempo que la asiste enmarcando
sus resultados y posibilitando interpretaciones de una naturaleza particu-
lar.
El término ha sido utilizado y defendido por arqueólogos con enfoques
diferentes e, incluso, irreconciliables. Difusionistas, culturalistas y mate-
rialistas han articulado el término a sus sistemas conceptuales; todos han
visto a Paul Kirchhoff como uno de ellos. Si esto prueba algo es que el tér-
mino no ha sido lo suficientemente discutido; en ausencia de una revisión
crítica de su conformación y significado, ha encontrado su propia valora-
ción que —podemos avanzar— encontramos desproporcionada.
En el marco de la Mesa Redonda, para la cual se escribe este trabajo,
quisiera contribuir a esa revisión. No se trata de discutir el término en su
aspecto utilitario; no hay duda que su existencia facilita la comunicación
entre arqueólogos: todos lo utilizamos cotidianamente para ubicarnos
espacial y, digamos, culturalmente. Lo que quisiera es disertar sobre el por
qué de la aceptación del término por investigadores tan disímiles en lo que
respecta a teorías que suscriben. Adicionalmente, desearía contribuir a la
definición del campo de investigación que la adopción del término
Mesoamérica abre a la arqueología mexicana.
Con estos propósitos, quisiera partir del análisis de un trabajo de
Kirchhoff posterior a la aparición de su “Mesoamérica: sus límites geográ-
ficos, composición étnica y caracteres culturales”; se trata del ensayo
“Recolectores y agricultores en el Gran Suroeste: un problema de clasifi-
cación” (1954), el cual, por tratarse de una polémica, concretamente con
Alfred L. Kroeber, es, de todos los escritos de Kirchhoff sobre el tema, el

*
Dirección de Estudios Arqueológicos, INAH. Tomado de La validez teórica del concep-
to Mesoamérica. XIX Mesa Redonda de la Sociedad Mexicana de Antropología, México, INAH-
SMA (Científica, 198), 1990 (1985), pp. 11-20.

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que más elementos aporta para evaluar sus posiciones efecto, los trabajos de prospección que se realizaron
teóricas y metodológicas. Posteriormente, con el marco “entre 1951 y 1955 sugerían que el área probable de la
referencial establecido, regresaría a discutir “Mesoamé- domesticación primaria se encontraba en algún lugar al
rica…” y la situación general derivable de este trabajo sur del Valle de México y al norte de Chiapas” (Barbara
en lo que respecta a la práctica de la arqueología en Bender, 1975: 167). Carl O. Sauer era uno de los que
México. apoyaban la tesis; su argumentación era que para
El problema a resolver en “Recolectores y agriculto- haberse dado en el Suroeste condiciones para el cultivo
res...” es, como su título lo anuncia, un problema de del maíz, era necesario antes un proceso de adaptación
clasificación. Se trata de establecer si recolectores y a las condiciones particulares de la región, y esto no era
agricultores del Gran Suroeste, asociable sino a un momento migratorio:

[…] una vez establecidos en esta área, desarrollaron nue- Que [la introducción de la agricultura en el Suroeste] fue
vas o retuvieron viejas características que los hicieron realizada por colonizadores que llegaron del sur y no por
apartarse de sus parientes al norte y sur, respectivamente. la adopción de la agricultura por parte de los recolectores
¿Son estas diferencias suficientemente importantes para y cazadores locales, no está probado pero resulta razona-
garantizar el estatuto de áreas culturales separadas? ¿Hasta ble dado que la selección adaptativa implica una larga y
qué punto las dos grandes corrientes se han influenciado fuerte dedicación para hacer exitosa la agricultura en
una a otra? ¿Han mantenido su separación cultural a tal medios ambientes difíciles (Sauer, 1954: 554).
grado que constituyen dos áreas culturales, o se han fun-
dido en una sola? (p. 531). En esos momentos existía también (y existe, toda-
vía) la idea de que el juego de pelota, la escultura de
Junto con el enunciado del problema, Kirchhoff piedra reminiscente de los Chac-Mool, los cascabeles
señala el lugar donde se resuelve: se halla localizado en de cobre vaciado, el hilado y tejido de algodón, la
el grupo intermedio de aquellos que ha adoptado “bien columnata como elemento arquitectónico, y muchos
sea la agricultura y algunos otros rasgos de la cultura de otros rasgos, llegaron al Suroeste desde Mesoamérica,
los agricultores, o sólo esto último”. Para el primer directamente o a través de culturas intermedias (véase,
caso, por cierto, acuñaría el término de part-farmers, es por ejemplo, Gordon R. Willey, 1966). La idea no
decir, grupos dedicados sólo parcialmente a la agricul- estaba fundamentada en la existencia de diferencias
tura. temporales comprobadas sino más bien en una con-
Para Kirchhoff resultaba bien conocido el debate trastación tradicional: a mayor número de manifesta-
que en esa época se había establecido sobre el proceso ciones y mejor realización de la obra, más alta la
de domesticación de plantas en América, así como la probabilidad de que el sitio sea el donante de la técni-
discusión sobre el origen de las manifestaciones cultu- ca e ideología correspondientes. Cualquiera que con-
rales más sobresalientes del llamado auge del Suroeste. traste, por ejemplo, los juegos de pelota de Snaketown
En los momentos en que Kirchhoff escribió su artícu- con los del centro de México, difícilmente escapa de
lo, el maíz más temprano que se tenía para el Suroeste ser convencido de que el primero es una expresión
era el encontrado en Bat Cave, Nuevo México, fecha- marginal y temporalmente retrasada de la cultura del
do por radiocarbono hacia el año 3000 a.n.e.; para segundo.
México la fecha correspondiente era de 2500 a.n.e., De aceptarse estas ideas, la postulación de una situa-
concretamente en la Sierra Madre de Tamaulipas. Esta ción endémica se hace prácticamente ineludible: el
diferencia parecía reforzar la tesis de desarrollos inde- centro de México como donante y el Suroeste como
pendientes, una idea muy extendida en ese momento. receptor permanente de cultura, desde una fecha en
Kirchhoff, sin embargo, optó por la tesis que establecía que existía en el Suroeste una economía generalizada
el origen de la agricultura en el centro de México. En de recolección. De esta manera, si las transformaciones

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esenciales en el desarrollo del Suroeste (la entrada de ron la continuidad geográfica entre la mayor parte de sus
una economía agrícola y la formación de comunidades secciones (ibidem: 545).
complejas) obedecen a impulsos desde el sur, entonces
resulta claro que la historia de esa región habrá que Aceptada esta proposición de desarrollo histórico,
verla como reflejo de acontecimientos en el centro de fue posible para Kirchhoff resolver la cuestión crucial
México.1 Con fundamento en esa hipótesis, Kirchhoff del problema clasificatorio que buscaba solucionar:
señaló la siguiente explicación:
El mayor o menor número de rasgos y complejos típicos
Podemos suponer que en algún momento la cultura de
de la cultura recolectora del Suroeste que encontramos
recolectores del Suroeste se encontraba en todo el Gran
entre los miembros menos desarrollados y menos típicos
Suroeste: la llegada desde el sur de una, o posiblemente
de la cultura agrícola del Suroeste, pueden ser supervi-
varias culturas, basadas en la agricultura, redujo conside-
vencias de un estado pre-agrícola o indicadores de una
rablemente el área de la cultura recolectora, y varias de las
desculturización y un debilitamiento general del vigor de
tribus que la compartían pudieron haberse desconectado
la cultura agrícola. Su presencia, usualmente aparejada a
geográficamente del cuerpo principal [de la cultura].
una complejidad cultural general de nivel inferior, ha cre-
Desarrollos posteriores —el retiro de algunas secciones de
ado un número de casos de frontera para los cuales resul-
la cultura de agricultores de sus posiciones de avanzada, y
ta difícil una asignación a la cultura recolectora o a la
posiblemente la desculturización de otras, junto con la
agrícola del Suroeste, pero estos casos son definitivamen-
incorporación a la cultura de recolectores del Suroeste de
te excepcionales y, en la perspectiva mayor, permanece en
nuevos arribos desde el norte, como los atabascanos—,
un fuerte relieve el contraste básico entre las dos culturas
hicieron incrementar una vez más [la extensión] del terri-
regionales del Gran Suroeste (ibidem: 547).
torio ocupado por la cultura de recolectores y restablecie-
1
Kirchhoff lo puso en estos términos: “Grandes porciones de Los casos atípicos de los part-farmers son, entonces,
la historia de la cultura agrícola del Suroeste parecen haber tenido
como contenido principal la contracción geográfica y cultural.
eso: primero, atípicos y, segundo, explicables pero sólo
Esto hace de la cultura agrícola del Suroeste, su crecimiento y a condición de optar por una visión histórica al pro-
declinación, uno de los grupos de estudios de caso de colonias cul- blema de la regionalización cultural. Eliminados, apa-
turales adyacentes más fascinante y prometedora. No resulta nece- recen configuradas claramente dos culturas que se
sario señalar que dicho estudio debería emprenderse teniendo
como punto de partida a las culturas mesoamericanas y pre-meso- contrastan, antes que nada, por su base de subsistencia:
americanas al sur” (ibidem, 548). recolectores por un lado, agricultores por otro.

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Para Kirchhoff, entonces, la solución del problema to “clímax” resulta medular. En Kirchhoff 2 es escasa-
de clasificación implicó la adopción de dos tesis muy mente explotado (aun cuando entra como parte de las
debatibles: 1) el Suroeste no es posible entenderlo sino premisas teóricas al inicio de su artículo); de hecho,
por relación con Mesoamérica, es decir, no hay desa- cualquier mención al elemento dentro del texto queda
rrollos esencialmente independientes y, 2) la agricultu- oscurecido o debilitado por la existencia potencial de
ra mesoamericana tiene una expansión colonizante un clímax mayor, el que corresponde a Mesoamérica.
hacia el norte y un reflujo posterior; el movimiento Este tratamiento parecía alejar a Kirchhoff del discurso
oscilante es el factor fundamental a través del cual se asociable al concepto de “área cultural”. Ralph L. Beals
explica la presencia de los part-farmers. comentó esta aparente inconsistencia de Kirchhoff de
La solución dada por Kirchhoff fue posible a través la siguiente manera:
de la adopción de una proposición relativamente nove-
dosa en el medio y que podría sintetizarse de esta En ese trabajo, Kirchhoff todavía acepta explícitamente
manera: no es posible clasificar sin recurso a la historia, la vieja idea de área cultural y la existencia de un centro o
como tampoco lo es sin partir de un nivel de abstrac- foco. Ha intentado alejarse de esto al decir que no existe
ción que permita reconocer diferencias de orden infra- un área cultural en el Gran Suroeste, sino dos. Sugiero,
estructural en las sociedades, esto es, en el modo de sin embargo, que lo que ha intentado ha sido una clasifi-
subsistencia. Su recurso a la historia para encontrar cación tipológica de culturas en la parte sur-occidental de
los Estados Unidos y el norte de México y mapear su dis-
solución a un problema de clasificación, alejó a
tribución. Para esto no es realmente necesario el utilizar
Kirchhoff de Kroeber, pero sólo marginalmente del
los supuestos del concepto de área cultural. Sugiero que
concepto de “área cultural”.
si se hubiera olvidado del problema del área cultural y
Kroeber, con su preocupación por la historia cultu- profundizado en su análisis tipológico, su trabajo habría
ral, consideraba que la clasificación de rasgos cultura- sido más útil y estimulante […] (1954: 551).
les, aunque permite “sólo una organización estática y
momentánea del conocimiento” (Kroeber, 1939: 1), es Beals no se da cuenta, sin embargo, que el aleja-
instrumento importante en la “penetración de la pers- miento de Kirchhoff del par área cultural-clímax sólo
pectiva temporal del crecimiento de las culturas tan es de orden formal. La dispersión de rasgos a partir de
relativamente indocumentadas como las de América un foco, como idea, es suscrita tanto por Kroeber
indígena” (ibidem: 2). Para Kroeber, entonces, la clasi- como por Kirchhoff; en este sentido, la única diferen-
ficación precede cualquier entendimiento de la historia cia entre ambos es la magnitud del espacio donde se
de los grupos que integran un área cultural: se presen- presenta la interpretación sobre la distribución de ras-
ta no como fin sino como paso previo dentro de un gos: Kirchhoff incluye a Mesoamérica en ese espacio.
procedimiento que parte de lo sincrónico y busca el El alejamiento de Kirchhoff, entonces, es respecto al
desarrollo cultural en el tiempo. método asociado al concepto de área cultural y no a la
En el trabajo de Kirchhoff que estamos analizando, teoría donde ese concepto se articula; la importancia
el procedimiento es el inverso: se parte de, o cuando relativamente secundaria que concedió Kirchhoff al ele-
menos se privilegia, al análisis histórico para resolver mento “clímax” no debe distorsionar el hecho de que
un problema de clasificación, presentándose este pro- manejó al difusionismo como principio explicativo.
blema como un fin en sí. No se trata, entonces, de una De esta manera, Kirchhoff parece haberse quedado
diferencia basada en un grado de preocupación por la a la mitad de un camino que, de recorrerse en su tota-
historia de los grupos que integran una cierta extensión lidad, permite alcanzar una ruptura con la historia
geográfica, sino de métodos de investigación diame-
tralmente opuestos. 2
Kirchhoff prefiere la utilización del término hub o núcleo,
En el discurso de Kroeber y de todos aquellos que más asociable a la situación espacial a la que se refiere el concepto
trabajan con el concepto de “área cultural”, el elemen- de “área cultural”.

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cultural como objetivo de la investigación; así, uno la construcción de modelos de aplicación universal de
parecería encontrarse frente a un ejemplo más de la los cuales pueden derivarse interrelaciones casuísticas.
imposibilidad de destruir un discurso a partir de la acep- Esto, claro, es especulación; debe recordarse que la
tación de los postulados que lo validan, aunque sólo última fase de Kirchhoff fue la de un acrecentado difu-
sea parcial esa aceptación. sionismo y que la etapa de compromiso con el mate-
Quedaría sólo por especular sobre cuál habría sido el rialismo histórico había sido abandonada con su exilio.
resultado de los esfuerzos de Kirchhoff de haber pro- Pero lo que resulta indudable de las consideraciones
fundizado su crítica a la corriente de esa época que se anteriores es que en “Recolectores y agricultores...”,
dirigía, en el mejor de los casos, a la definición de lími- Kirchhoff hizo una presentación ecléctica. No es de
tes espaciales a partir de la identificación de rasgos cul- extrañar, entonces, que sus proposiciones y procedi-
turales, y la postulación de puntos de máxima mientos hayan tenido una acogida tan amplia. Es nece-
expresión de esos rasgos. A diferencia de la muy exten- sario, sin embargo, ignorar aspectos del proceso de
dida idea de que Kirchhoff apuntaba hacia la adopción conformación del término Mesoamérica, o algunas
del materialismo histórico como instrumento de análi- de sus consecuencias, para que se dé esa aceptación
sis, nuestra sospecha es que mostraba en ese momento amplia. Para un materialista, por ejemplo, el recurso a
más consonancia con lo que poco más tarde se cono- la abstracción, el manejo implícito del modo de subsis-
cería extensamente como ecología cultural. tencia como elemento de base y la importancia que
Una de las críticas más persistentes a “Recolectores Kirchhoff concede al análisis diacrónico, resultan cues-
y agricultores...” fue la no utilización del número máxi- tiones consonantes con su visión de la sociedad y el
mo posible de rasgos, como hubiera resultado normal método para analizarla; pero para tomar el trabajo en
para cualquiera que en ese tiempo estuviese preocupa- su totalidad, es necesario ignorar, entre otras cosas, la
do por cuestiones tipológicas. Kirchhoff, en efecto, teoría difusionista que conlleva el par área cultural-clí-
resolvió el problema clasificatorio central a partir del max y el empirismo que se asocia a los listados de ras-
manejo de un solo factor: el patrón de subsistencia; gos culturales y las construcciones inductivas a las que
sólo recurrió a la tradicional manipulación de rasgos y invitan.
complejos en la fase de establecer subáreas. En la adop- En 1943, Kirchhoff escribió “Mesoamérica…”, de
ción de un nivel de abstracción que le permitiera un todos sus escritos el que más habría de impactar a la
mejor contraste de las culturas del Suroeste, Kirchhoff comunidad de arqueólogos de México. Desde “Reco-
se coloca al lado de Steward y su insistencia en distin- lectores y agricultores...”, en retrospectiva, “Mesoamé-
guir culturas totales de núcleos culturales. rica…” resulta un texto sencillo. Es un trabajo que
El acercamiento a Steward, sin embargo, se hace contiene ya el elemento clave al que Kirchhoff recurri-
más notorio en las conclusiones de “Recolectores y rá en su análisis posterior de la complejidad cultural del
agricultores...” Ahí, discutiendo la utilidad de la cons- Suroeste: el recurso a la abstracción. El primer ensayo
trucción de tipologías como las que él produce, señala: es, por otro lado, un trabajo más dentro del “paradig-
“[una vez separadas conceptualmente las dos culturas ma de área cultural” que el posterior.
regionales, la de los recolectores y la de los agriculto- En efecto, la preocupación fundamental de
res], el estudio de las relaciones históricas entre ellas, así Kirchhoff en “Mesoamérica…” es el trazo de límites
como su inclusión dentro de los ‘tipos’ culturales uni- geográficos relativamente precisos para un área cultural
versales, se hace significativa y útil” (1954: 550). (“superárea” en los términos de ese artículo) y un perio-
Independientemente de que la primera parte de la do muy concreto: el siglo XVI. Aquí no recurre a la his-
reflexión es una invitación a seguir el procedimiento toria para resolver un problema clasificatorio; por el
inverso al adoptado por él, es decir, a seguir el de contrario, concluye (aunque esto último aparezca
Kroeber, la segunda parte es significativa en el sentido como señalamiento posterior a la fecha de la primera
que se trata de una sugerencia a entrar en el campo de presentación del texto) con una invitación a la defini-

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ción de la historia que permita establecer fronteras para blemática avanzada por Kirchhoff, en gran medida por
periodos anteriores a la conquista española. Esa priori- la aparente razón de que, aunque representara muchos
zación de la sincronía y su esfuerzo por definir límites años de esfuerzo, era posible resolverla en términos de
de un área cultural, lo hacen confundirse con Kroeber. los indicadores que estaban acostumbrados a manejar:
El procedimiento de análisis seguido por Kirchhoff tipos cerámicos, estilos arquitectónicos, etcétera. Las
en “Mesoamérica…” (y que prácticamente coincide tareas sugeridas por Kirchhoff demandaban una pri-
con el orden de la presentación), es el de aislar primero mera fase de recuperación y clasificación de datos, y eso
grandes conjuntos a través del patrón de subsistencia y era justamente lo que en esos años se podía hacer mejor
nivel de desarrollo cultural o, si se quiere, de compro- que nada. En efecto, el momento en que aparece
miso con ese patrón. Por un lado, recolectores-cazado- “Mesoamérica…” es la mitad de lo que Wiley y Sabloff
res en general, y por otro agricultores, dejando como (1974) llaman Periodo Histórico-Clasificatorio de la
problema clasificatorio abierto a la discusión el de los arqueología americana; concretamente el momento en
grupos oscilando entre dos tipos fundamentales de que la preocupación fundamental deja de ser la crono-
adaptación, así como el de los grupos de relativo ingre- logía y aparecen los primeros enfoques “contexto fun-
so reciente a la esfera opuesta y aquellos sensibles a la cionales”: la inferencia funcional de Taylor y la ecología
adopción de rasgos por difusión simple. La separación, cultural y el patrón de asentamiento de Steward-Wiley.
sin embargo, resulta insuficiente para dar cuenta de la En ese punto de su desarrollo, la arqueología americana
diversidad que cualquiera de ellos contiene, así como ha alcanzado un gran avance en los campos de la recu-
de su propia especificidad. La tarea siguiente, entonces, peración y registro de materiales así como en la clasifi-
es la de establecer hipotéticamente el conjunto de ras- cación y seriación de artefactos;3 puede mirar hacia atrás
gos culturales propios (y no la totalidad de rasgos) pro- con la satisfacción de haber creado un oficio, el del
pios de Mesoamérica y de otras áreas (superáreas) de arqueólogo excavador-clasificador.
América. A través de un manejo de presencia/ausencia Es decir, lo que Kirchhoff presentaba como proble-
de rasgos, aísla un área, Mesoamérica, a la cual visuali- mática, cuya solución la etnología no la proporcionaba
zará “como una región cuyos habitantes, tanto los —y que correspondía a los arqueólogos resolver—, era
inmigrantes muy antiguos como los relativamente un conjunto de problemas que la arqueología podía
recientes, se vieron unidos por una historia común que enfrentar eficazmente con las herramientas que en ese
los enfrentó como un conjunto a otras tribus del con- momento le eran disponibles. Ese fue, creemos, el gran
tinente” (1943: 4). atractivo de Mesoamérica.
Con esta construcción, los arqueólogos recibieron Los arqueólogos empezaron a debatir —y, de hecho
no sólo una definición de la unidad mayor dentro de la siguen debatiendo— sobre los problemas concretos
cual enmarcar sus análisis, sino también la estimulante señalados: se amplió, tal como lo había sugerido
definición de varios problemas: primero, ¿cómo debe- Kirchhoff, el espacio de las excavaciones; se comenzó a
ría dividirse esa superárea, Mesoamérica, en “áreas cul- zonificar la superárea; se propusieron límites de la
turales que se distinguen —decía Kirchhoff— no sólo supuesta expansión mesoamericana hacia el norte de
por la presencia o ausencia de determinados ‘elemen- México; se discutió acaloradamente sobre el papel que
tos’ sino por el grado de desarrollo y complejidad que jugaban en la integración de la superárea regiones
han alcanzado, siendo las más típicamente mesoameri- como el llamado Occidente de México; se profundizó
canas las más desarrolladas y complejas”? (nota a la ter- en la relación Mesoamérica-Suroeste americano; se
cera edición, 1967); segundo, ¿desde cuándo existe esa
superárea cultural?; tercero, ¿cuál ha sido su extensión 3
No sería sino a partir del trabajo de Rouse (1939) y, más que
en diferentes épocas?; cuarto, ¿cuáles fueron sus focos nada, de John W. Bennett (1943), que se logra superar ese grado
de avance en lo que se refiere a clasificación de artefactos; esos tra-
culturales en cada una de esas épocas? bajos, sin embargo, no tendrían repercusión sino hasta finales de
Los arqueólogos rápidamente hicieron suya la pro- los años cuarenta.

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plantearon fechas para la conformación de


Mesoamérica; se discutieron posibles focos pre-
vios a esa conformación (Chupícuaro, la cultura
Olmeca, la Cuenca de México, etcétera). La
arqueología mexicana nunca se había entregado
de esta forma a una idea: Kirchhoff se confun-
dió con la totalidad de la arqueología.
Nuestros arqueólogos encontraron justifica-
ción a su trabajo y a las decisiones particulares
que tomaban. Si lo que se necesitaba era la acu-
mulación y clasificación de datos que permitie-
ran una mejor definición de áreas y subáreas,
entonces era posible, por ejemplo, excavar en
cualquier lugar: el argumento de que no se sabía
nada o se conocía poco de un sitio o región, fun-
damentaba toda selección, pues todos los sitios
arqueológicos tienen esa peculiaridad. Si todo
contribuía a la solución de la problemática, la
investigación podía terminar en una simple
construcción tipológica. Como la explicación se
localizaba en el terreno del “contacto” y la “his-
toria común, se podía concluir un trabajo con
una indicación de la existencia de contactos o de per- cuencia y rasgos inusuales, se presentan como foráneos,
tenencia a un dominio cultural. Demasiado preocupa- supuesto producto de comercio; con los tipos conteni-
dos por cuestiones de realización, los arqueólogos se dos en este grupo se construiría una lista de zonas para
olvidaron de varias cosas: del discurso histórico que las cuales el sitio que se trabajó mantuvo “contactos”.
estaban inconscientemente suscribiendo, y de la prác- De llevarse el procedimiento al límite, se regresaría a
tica de un difusionismo que reducía el quehacer del los “tipos locales” para estudiarlos en la búsqueda del
arqueólogo al registro espacial de rasgos culturales, la grupo de origen, las transformaciones que sufrieron en
localización de focos y la interpretación de las distribu- el tiempo y, finalmente, establecer la ruta del posible
ciones resultantes en términos de desplazamientos desplazamiento hasta alcanzar el sitio arqueológico que
humanos. se trabajó, una operación idéntica a la que Kirchhoff
Para muchos de nuestros arqueólogos, las operacio- realizó para postular la existencia de dos culturas en el
nes de su procedimiento general de análisis se hicieron Suroeste americano.
rutinarias. Las colecciones, producto de sus trabajos de El procedimiento, claro, terminaba ahí; no podía ir
campo, se manejaron con el objetivo de aislar dos gru- más lejos porque ése era el conjunto del problemas,
pos fundamentales. El primero, contiene los “tipos operaciones y posibles interpretaciones que permitía el
locales”; con ellos, por comparación y contraste con discurso al que se articula el concepto de área cultural
materiales en colecciones recuperadas por otros inves- y, por tanto, de Mesoamérica. Ese procedimiento, por
tigadores, se intentaría fijar límites espaciales de sus cierto, implicaba recurrir a una igualdad, cuya validez
dispersiones, una operación fiel al procedimiento gene- debe de cuestionarse; se trata de la igualdad entre ras-
ral de conformación de un área cultural, excepto que gos compartidos —sin especificar, por cierto, el nivel
en este caso sólo se usa un rasgo. El segundo, sería el de similitud requerido— y una historia común. No
constituido por materiales que por su relativa baja fre- hay duda que compartir rasgos significa compartir algo

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más y que, en cierta medida, ese “algo más” debe tener


un componente histórico. Pero ese componente no sig-
nifica forzosamente la existencia de una interdepen-
dencia equivalente a, por ejemplo, una economía
mundo. El aceptar la igualdad ha conducido a la arqueo-
logía mexicana a presentar ideas tan poco científicas
como la de “cultura madre” o la de postular que el lla-
mado colapso del Clásico Maya sólo es posible enten-
derlo por referencia a la unidad mayor que sería la
Mesoamérica de esa época.
Quizás la mayor restricción que heredamos de la
aceptación de la noción de Mesoamérica, y lo que eso
representa, no sea lo que se hizo y hace, sino lo que
deja de plantearse. La definición de rasgos, límites de
distribuciones y el establecimiento de focos, conduce al ra, la posibilidad de estudiar, por ejemplo, la emergen-
surgimiento de problemas que la teoría asociada no cia de sociedades estratificadas, producto del control de
tiene capacidad de contestar. Por ejemplo, si, en efecto, intercambios en situaciones de frontera cultural o de
la cultura de los agricultores del Suroeste es una confi- enfrentamiento de grupos con economías distintas. En
guración producto de desarrollos al sur del área, ¿cuá- la construcción de nuestra historia se inhibieron traba-
les fueron las condiciones que hicieron posible la jos que explicaran situaciones concretas como la alianza
aceptación de esa otra cultura?, ¿cómo fue posible ven- entre mesoamericanos y no-mesoamericanos en la resis-
cer los mecanismos desarrollados por los grupos del tencia indígena a la conquista española y la razón de la
Suroeste que aseguraban su reproducción? Éstas y hegemonía que ejercieron recolectores-cazadores dentro
muchas otras preguntas que podrían plantearse, no son de esa alianza.
consideradas por Kirchhoff debido a que son interro- El tratamiento que dio Kirchhoff a los agricultores
gantes para las cuales la teoría a la base de su presen- parciales indujo a ignorar el potencial que esos grupos
tación no está capacitada para resolver. tienen para el entendimiento de uno de los procesos
Por otro lado, están los problemas cuyo plantea- que la arqueología ha estudiado con más interés. Aquí
miento queda inhibido por la insistencia en perseguir estamos frente a un caso de grupos que conocen la
ciertos objetivos. La enorme preocupación por estable- agricultura y que, sin embargo, la practican sólo oca-
cer límites entre regiones culturales hizo a un lado todo sionalmente; no se trata, entonces, de conocer e inci-
el potencial de investigación relativo, por ejemplo, a dir sobre el ciclo vegetal, sino de una posibilidad
formas de intercambio de ecotonos. La frontera, una climática y una “decisión” que se toma en función de
vez trazada, aislaba a los grupos a ambos lados de la una estructura social particular. Al reducirse el proble-
línea. Pedro Armillas (1964) dio un paso adelante ma a una cuestión de desculturizaciones y superviven-
cuando, en su análisis del norte de México, postuló cias, se ignoró su importancia como objeto de estudio
una “frontera blanda” para épocas anteriores al siglo y se perdió la posibilidad de comprender mejor lo que
XVI, abriendo el camino a la posibilidad de trabajar en significó la revolución neolítica como proceso; lo
el estudio de las complejas relaciones que se establecen importante de esa pérdida puede apreciarse si se toma
usualmente entre recolectores-cazadores y agricultores. en cuenta que se trata de grupos para los cuales existe
Pero ese trabajo quedó aislado en medio de la insisten- cierta cantidad de información escrita en el momento
cia de tratar a los grupos de ambos lados de la frontera del llamado contacto.
como distintos —de hecho, antagónicos— y, por tanto, El proceso general de abstracción que permitió a
analizables por separado. Se obstaculizó, de esta mane- Kirchhoff resolver los problemas clasificatorios con que

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se encontró en el Suroeste y Mesoamérica, fue impor- análisis arqueológico. De lo que se trata es de permitir
tante como señalamiento metodológico. Pero el que que esas formas de manejo e identificación de materia-
dio al conjunto de rasgos que utilizó en sus análisis cla- les se dirijan a la solución de problemas más allá de los
sificatorios, no fue homogéneo: por un lado aisló al que tradicionalmente ha enfrentado una gran parte de
patrón de subsistencia como elemento fundamental e la arqueología mexicana. Se trata de abandonar el
incluso, determinante de la totalidad social; por otro esquema básicamente descriptivo al que se nos ha acos-
lado, no construyó, con los rasgos restantes, un sistema tumbrado y de ser receptivo a nuevas formas de inter-
que permitiera jerarquizaciones, ni explicó las relacio- pretación; de aceptar la posibilidad de nuevos caminos
nes que teóricamente debían establecerse entre ellos. y, de hecho, comprometerse con ellos aun sabiendo
Así, lo que se reforzó en la arqueología fue la propen- que los primeros intentos resultarán, frente a la apa-
sión al enlistado de rasgos, al manejo de presencias y rente solidez de lo otro, menos claros, más especulati-
ausencias y al tratamiento de esa información como vos, más sujetos a la rectificación, pero también más
“datos duros”. Se abrió, de esta manera, un amplio creativos. Se trataría, en fin, de pasar de la larga fase de
espacio al empirismo. acumulamiento de datos, producido por el esquema de
Un balance del efecto de “Mesoamérica…” sobre la historia cultural, a una fase de discusión y compromi-
arqueología mexicana no parece arrojar, entonces, los so con nuevas alternativas.
resultados positivos que uno esperaría encontrar, guia-
dos por la aceptación que tuvo. No solamente ha repre-
sentado el suscribir un discurso de bajo potencial BIBLIOGRAFÍA
explicativo sino un freno al desarrollo de proposicio-
Armillas, Pedro, “Condiciones ambientales y movimientos de pue-
nes alternativas, un freno proporcional a la facilidad
blos en la frontera septentrional de Mesoamérica”, en Homenaje
con que se presentaron a los arqueólogos las operacio- a Fernando Márquez Miranda, Madrid, Publicaciones del
nes necesarias para dar continuidad a los planteamien- Seminario de Estudios Americanistas y del Seminario de
tos de Kirchhoff. Antropología Americana, 1964. pp. 62-82
Beals, Ralph L., “Comments. Gatherers and Farmers in the Greater
No calificaríamos el trabajo desarrollado como inú- Southwest: A Problem in Classification”, en American
til. El conocimiento de los materiales arqueológicos Anthropologist, vol. 56, núm. 4, 1954, pp. 551-553.
que se derivó de ese esfuerzo es un magnífico punto de Bender, Barbara, Farming in prehistory: From hunter-gatherer to
food-producer, London, John Baker, 1975.
partida para plantear problemas de procedimiento y de
Bennett, John W., “Recent developments in the functional inter-
interpretación de eventos particulares que quedaron al pretation of archaeological data”, en American Antiquity,
descubierto producto de esta actividad guiada sólo por Menasha, vol. 9, núm. 2, 1943, pp. 208-219.
el deseo de establecer contactos, focos y límites. Si algo Kirchhoff, Paul, “Gatherers and Farmers in the Greater Southwest:
A Problem in Classification”, en American Anthropologist, vol.
resulta claro de la aplicación de las proposiciones de 56, núm. 4, 1954, pp. 529-550.
Kirchhoff es que lo que se produce son problemas; si ———, “Mesoamérica: sus límites geográficos, composición étni-
algo hay que retomar es la información fáctica que per- ca y caracteres culturales”, en suplemento de la revista Tlatoani,
México, 1967.
mite, cuando menos, establecer las unidades espaciales
Kroeber, Alfred L., Cultural and natural areas of native North
donde se resuelven esos problemas e, incluso, las pri- America, (Publications in American Archaeology and Ethnology,
meras hipótesis que normen la investigación. 38), University of California, 1939, pp. 1-242.
Esto, sin embargo, implica la necesidad de abando- Rouse, Irving, Prehistory in Haiti, A study in method, New Haven,
Yale University (Publications in Anthropology, 21), 1939.
nar la actitud de defensa incondicional de Kirchhoff y Sauer, Carl O., “Comments. Gatherers and Farmers in the Greater
del oficio aprendido, pertinente a su esquema. No se Southwest: A Problem in Classification”, en American Anthro-
trata de una exhortación a abandonar la clasificación pologist, vol. 56, núm. 4, 1954, pp. 553-556.
dirigida a la comparación de materiales de otros inves- Willey, Gordon R., An introduction to American Archaeology, vol. 1,
North and Middle America, Prentice-Hall, 1966.
tigadores o la definición de “contactos”. Estas son ope- Willey, Gordon R. y Jeremy A. Sabloff, A history of American
raciones legítimas e, incluso, medulares en el trabajo de Archaeology, Londres, Thames and Hudson, 1974.

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