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Teología Contextual en el Protestantismo

Este documento resume la historia de la teología contextual desde el protestantismo. Explica que desde el inicio del movimiento protestante, la teología ha tratado de responder a las preguntas de los pueblos sobre su realidad social, económica y política. Más adelante, teólogos de la liberación protestantes comenzaron a influir para promover la justicia social y económica. Finalmente, en los años 90 algunas iglesias protestantes asumieron la lucha por los derechos humanos como un quehacer evangélico necesario para la pro

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Teología Contextual en el Protestantismo

Este documento resume la historia de la teología contextual desde el protestantismo. Explica que desde el inicio del movimiento protestante, la teología ha tratado de responder a las preguntas de los pueblos sobre su realidad social, económica y política. Más adelante, teólogos de la liberación protestantes comenzaron a influir para promover la justicia social y económica. Finalmente, en los años 90 algunas iglesias protestantes asumieron la lucha por los derechos humanos como un quehacer evangélico necesario para la pro

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ACERCAMIENTO A LA TEOLOGIA CONTEXTUAL DESDE EL

PROTESTANTISMO

JAIRO SUAREZ1

22 Septiembre de 2013

Acercamiento histórico

Hacer una aproximación al concepto de teología contextual implica reconocer que


el diálogo entre la grandeza divina y la grandeza humana tiene diversas
perspectivas. Teología es en principio, siempre una respuesta a las iniciativas de
Dios que toma siempre su objeto para transformarlo, en este caso, la humanidad
que es capaz de reconocerse como el objeto del quehacer de ese Dios que lo
interpela en una relación de igualdad, a pesar de sus intrínsecas desigualdades.
Por eso nos acercamos a la propuesta de saber el quehacer actual de la teología
en un maremágnum de ideas y prácticas.

Desde el inicio del movimiento protestante que emerge inclusive mucho antes de
Lutero, se percibe que el quehacer teológico siempre quiso responder a las
preguntas de los pueblos con relación a la realidad social, económica y política de
la región donde nace una nueva tendencia de interpretación teológica. Lutero
mismo, reconoce que su ministerio pastoral implica iniciar por la denuncia de las
injusticias que eran soportadas con argumentos, precisamente, pastorales desde
la institucionalidad eclesial.

Las corrientes teológicas van siendo funcionales a los intereses de quienes, a


partir de un lenguaje espiritualizado, quieren mantener el estado de dominación y
opresión en sus países y regiones. Sin embargo, en la medida que se va
formando una conciencia liberadora en diálogo con el modelo bíblico, se descubre
movimientos revolucionarios en el sentido amplio de la palabra, en los que se
logran mover esquemas y sistemas promoviendo entre la población críticas y
propuestas para llegar a un estado de respeto de la dignidad humana basada en
el ser imágenes de Dios.

1
Jairo Suárez. Teólogo egresado de la Escola Superior de Teología da Igreja Evangélica
Luterana no Brasil. Pastor de la Iglesia Evangélica Luterana de Colombia en la congregación
San Pablo, localizada en la zona de Tunjuelito y con trabajo de base en Ciudad Bolivar al
sur de Bogotá. [email protected]
En Latinoamérica se pueden identificar movimientos que desde la conquista han
sobrevivido subterráneamente a la colonización del continente y de las
conciencias. Es el caso de la religiosidad popular que lleva implícita una lucha por
mantener tradiciones prehispánicas y que en algunas regiones, hoy en día, son
visiblemente importantes. Hablamos del resurgimiento y fortalecimiento de
religiones indígenas ancestrales especialmente en las regiones andinas y en
Centro América, hablamos de religiones y tradiciones africanas que toman fuerza,
especialmente en Brasil y países caribeños. En Colombia experimentamos un
resurgimiento de las religiones indígenas y africanas especialmente en el Cauca,
en la costa pacífica y en la zona de la sierra nevada de Santa Marta. ¿Qué
implicaciones tiene para nosotros desde el punto de vista de la religión oficial?

De gran peso e influencia en todos los ámbitos del cristianismo latinoamericano,


es la presencia algo disminuida de la teología de la liberación. Nacida como
expresión de la teología comprometida del concilio vaticano II y de la teología de la
revolución (Shaull) que destaca la presencia de un Dios encarnado en el pueblo
mismo para liberarlo de las expresiones opresoras del sistema dominante. Esta
teología, se acerca a la realidad de pobreza y miseria versus la realidad del
imperio capitalista que nada entre la riqueza y el poder. Es una contextualización
del evangelio liberador desde la perspectiva del Cristo que está en el pueblo
excluido.

También desde el protestantismo, especialmente de las iglesias históricas se


pueden identificar teólogos de la liberación que procuran leer contextualmente la
realidad desde la biblia, pero con un elemento que da cierta identidad a esta
teología, la fuerza del ecumenismo que es especialmente impulsada desde el
consejo mundial de iglesias y el consejo latinoamericano de iglesias. Precisamente
con los postulados ecuménicos que promueven una visión más integral del ser
humano con su realidad, se busca que las iglesias latinoamericanas se unan para
actuar y hablar propositivamente ante los retos que presentan las nuevas
dinámicas sociopolíticas tales como la masiva migración de campesinos hacia las
ciudades, la apertura a modelos económicos industriales y el inicio de
movimientos de resistencia social.

Estos avances no se dan sin un costo respectivo. Debemos recordar que en todo
este ejercicio teológico las iglesias, todas, hemos llegado a través del esfuerzo
misionero que usó métodos diversificados, desde la espada en la conquista, hasta
la utilización de discursos milenaristas y fatalistas del fin del mundo. La fuerza y la
coacción de las vidas dominaron la llegada de la iglesia aunque no
necesariamente del evangelio.
Si, debemos reconocer que todas la iglesias llegamos con un discurso acomodado
a las intenciones de quienes patrocinaron el viaje al nuevo mundo. Pero todas
lamentablemente con intereses propios que muchas veces ni siquiera fueron
capaces de sentarse a oír a los nativos a ver si querían que los evangelizaran. Es
decir que los colonizaran con modelos culturales foráneos que nada tenían que
ver con la realidad de un evangelio a la manera de Jesús. Es decir, en su
momento la teología se había convertido al establecimiento para sustentar la
colonización, esclavización y masificación de la doctrina europeizada. Excepción
tenemos en Bartolomé de las casas, Pedro Claver y otros que se atrevieron a
proclamar no una teología de dominación sino una de servicio y misericordia.

Luego correspondió el turno a la llegada de las corrientes protestantes o


evangélicas que se dispersan por el continente especialmente desde la última
década del siglo diecinueve y con mayor fuerza desde la segunda década del siglo
veinte. Llegan con doctrinas que buscan implementar una teología fundamentalista
con fuerza pentecostal que proclama el reino de los cielos, en los cielos, que
proclama la salvación del alma pero separada de su realidad material. “Salve el
alma que el cuerpo no importa”. De esta manera se repite una estructura
excluyente y que acalla las voces de quienes se dan cuenta de la realidad crítica
de las poblaciones especialmente campesinas y suburbanas. Pensamos que
además hay una preocupación que si es contextual pero para el modelo mundial
del capitalismo que se expande en contra del comunismo que amenazaba el patio
del sur.

Con la emergencia de las guerras, el reacomodamiento de las potencias y el


bloqueo del comunismo en Europa, queda la vía abierta para la llegada y el
nacimiento de todo tipo de movimiento religioso que termina generando una
batalla por las almas, en últimas, con vergüenza habrá que afirmarlo, por el poder
territorial en campos y ciudades, por el bolsillos de las comunidades y por la
influencia en sectores políticos que son aprovechados para hacer las debidas
persecuciones a los antagonistas de turno. No se puede dejar de lado la
persecución a los evangélicos que son vistos como una masa de ignorantes,
revoltosos y hasta liberales.

Ya en la década de los setentas y ochentas, se identifica una segunda oleada de


misioneros, especialmente norteamericanos que impulsan una reevangelización
de las américas con el objetivo de influenciar los sectores que habían sido
alcanzados por la teología de la liberación con su opción preferencial por los
pobres, por un lado, con la amenaza de las doctrinas revolucionarias nacientes
entre campesinos que asumen las armas para llegar al poder y por otro lado, con
la presencia de varias dictaduras simultáneas en el cono sur y Brasil, las
revoluciones en centro América y la división de la torta “democrática” del frente
nacional en Colombia. Es así como desde la doctrina de la seguridad decretada
desde Estados Unidos, se permite que a través de agentes misioneros se
identifiquen los líderes y se inicie la sistematización de un control social al que la
religión fue instrumento apropiado.

Teólogos protestantes identificados con la teología de la liberación comienzan


influenciar sectores de la iglesia que se despiertan ante la necesidad de justicia
social, justicia económica y en general en la búsqueda de alternativas que
denuncien el maltrato sistemático de los derechos de las personas y mueven a
una renovación de la iglesia. Este fenómeno se fortaleció especialmente en los
países del cono sur que a su vez sufrían el avasallamiento de las dictaduras y
luego se establecieron con identidad protestante desde los postulados de la
reforma.

A nivel de Colombia, las iglesias no católicas que se habían organizado en el


Consejo Evangélico de Colombia (CEDECOL - 1950) para defender el derecho a
la libre religión y reclamar respeto por sus instituciones proponen la reflexión con
tímidos análisis de la realidad nacional. Más bien se concentran en su propia
estabilidad y supervivencia. Desde los sectores fundamentalistas no se perciben
análisis que señalen la realidad de las comunidades empobrecidas donde más
progresa su crecimiento sino que más bien se pueden encontrar respuestas
coyunturales ante las necesidades primarias de los evangélicos, surgen
hospitales, escuelas y colegios para niños y niñas de las iglesias evangélicas ya
que se les prohibía la entrada a las escuelas católicas, y así sucesivamente se
generan campos y espacios sociales cerrados para la vida social de los hermanos
y hermanas de la comunidad.

En los 90, entre algunas iglesias protestantes, se asume la lucha por los derechos
humanos como un quehacer evangélico necesario y que corresponde a la
proclamación verdadera del Reino de Dios entre nosotros. Se genera una escuela
de líderes que releen la biblia y establecen una pastoral y un análisis que busca
encontrarse con la realidad desde esta perspectiva. Hablar de derechos humanos
dejó de ser pecado y se asume como algo intrínseco al evangelio, se proponen
alternativas de capacitación que analizan la biblia a la luz de la realidad y a la
manera de los modelos de la comunidades eclesiales de base, se implementan
materiales que incluyen temas cotidianos en relación con las políticas locales y
nacionales. Para muchos evangélicos hablar de derechos humanos era sinónimo
de comunismo y por lo tanto había resistencia en la implementación de estas
temáticas.

Un hito importante en el protestantismo colombiano es consecución del


reconocimiento de las iglesias para tomar parte en la constituyente. Se consensua
la elección de dos representantes por el sector de iglesias no católicas y así se
posicionan los partidos políticos: Movimiento Unión Cristiana y el Partido Nacional
Cristiano que apenas fue funcional para la misma constituyente y para un tímido
aparecimiento con un par se senadores y representantes en el congreso.

Con el recrudecimiento de la crisis social generada por las luchas del narcotráfico,
las guerrillas y el aparecimiento del fenómeno paramilitar, las iglesias,
especialmente rurales, comienzan a sufrir directamente una renovada persecución
y ataques directos a sus miembros y líderes. Esto hace que a nivel nacional se
piense en una manera organizada de reconocerse como miembros de la sociedad
civil y así se determina la necesidad de tener un equipo de líderes que analizaran
y promulgaran el tema de los derechos humanos. Como resultado de estas
inquietudes nace la comisión derechos humanos de CEDECOL que por motivos
estratégicos cambia su nombre a Comisión de Restauración, Vida y Paz de
CEDECOL, luego surge la Red Ecuménica de Colombia y así se inician ejercicios
más coordinados de incidencia público política a nivel nacional e internacional. Se
establecen modelos de acompañamiento a comunidades en resistencia,
comunidades desplazadas y comunidades que luego deciden regresar a sus
territorios. Para este tipo de acompañamientos y ejercicios de incidencia y
movilización se contó con el apoyo decidido de organizaciones eclesiales
internacionales que brindaron asistencia profesional para las capacitaciones,
recursos financieros y apoyo logístico durante las misiones de incidencia
internacional. A nivel de CEDECOL se comenzó y se continúa produciendo un
informe anual llamado Un Llamado Profético donde se visibilizan los casos de
violaciones a los derechos humanos de las comunidades evangélicas a nivel
nacional.

Como resultado de esta propuesta contextual de la teología en algunos sectores


protestantes, se avanzó en la elaboración de documentos orientadores en cuanto
a la recuperación de la memoria histórica de las iglesias, el análisis de la realidad
y la contextualización de la misma en la vida de las personas y de las iglesias a las
cuales pertenecen, asambleas de líderes comprometidos y publicación de
documentos que buscan posicionar la visión de las iglesias en situaciones
coyunturales. Podemos así, identificar una acción política de las iglesias más
madura y que no necesariamente implica movilización proselitista, al menos en el
sector de iglesias históricas y evangélicas tradicionales.

No podemos dejar de lado un apunte relacionado con otro sector de iglesias que
fueron naciendo y desarrollando una teología de la prosperidad poco
comprometida con las transformaciones sociales y antes, por el contrario, muy
estrechamente comprometida con el establecimiento estatal. Las llamadas mega
iglesias que surgen y crecen abruptamente, han sido objeto de aprovechamiento
por parte de la clase dirigente que aprovechando una proclamación
desorientadora de la biblia, general miles de votantes acríticos y poco
responsables con el estado de derecho al cual pertenecen. En cierta medida este
fenómeno eclesial, ha logrado afectar la credibilidad y el trabajo de iglesias
pequeñas en pueblos y en barrios, ya que proyectan una visión distorsionada del
ser evangélico. Para la opinión pública, se ha vendido la idea de que todas las
iglesias evangélicas son ricas económicamente, son poderosas políticamente y
son autosustentables por el modelo de explotación basado en la prosperidad y el
enriquecimiento a partir de una doctrina del reino terrenal del poder y de la
influencia.

Contextualiza teológica hoy

Como hemos visto hasta ahora, hacer teología contextual en el protestantismo de


América Latina, ha dependido de la influencia o del modelo misional y del tipo de
iglesia que se formó en los diferentes países. Las iglesias de trasplante como las
de Brasil, Argentina y Chile, han sido más proactivas con sus propias realidades y
han producido documentos y material bibliográfico que da testimonio de ese
quehacer. Por otro lado, las iglesias fundadas por misiones y han tenido que
abrirse espacio en la plaza pública aunque muchas veces a escondidas, no
desarrollaron una teología crítica contextual, y si acaso hay documentos escritos
se podrían encontrar en los sermones muy tímidamente. Esto porque más bien se
generó una cultura oral que procuraba sobrevivir. Las iglesias llamadas históricas,
avanzaron más en cuanto lograron también, organizar instituciones educativas que
motivaban la reflexión y por ende la producción de textos donde se analiza y
cuestiona a la luz de la fe la situación de las comunidades y además genera
reflexión entre y desde las comunidades locales. Es decir se procura no solamente
una producción intelectual desde los escritorios sino desde y hacia las bases de
las iglesias.
Qué mueve la praxis de hoy? Desde los últimos diez años se ha incrementado el
compromiso de las iglesias con su propia realidad y con la realidad nacional.
Muchas iglesias que han sufrido en carne propia la violencia en todas sus
manifestaciones han comenzado a preguntarse por qué son objetivo de los
violentos y han procurado encontrar respuestas además de bíblicas, políticas y
sociales. Algunas de las comunidades han firmado documentos en favor de la paz
con justicia social y han desarrollado programas de sensibilización en temas de
derechos humanos, análisis de la realidad y uso de los mecanismos de
participación política.

Hoy la iglesia en general tiene los retos que nos presentan los modelos
económicos, políticos, estratégicos y ambientales de la agenda de la globalización.
Nos preocupa el recrudecimiento de la violencia en todos los niveles, pero
especialmente la violencia institucionalizada que procura imponer los modelos del
mal llamado desarrollo a costa de la vida de millones de seres humanos. El
diálogo teológico ahora no se puede limitar a lo meramente local si no se entiende
la dinámica de los fenómenos globales.

No se puede negar que cuesta mucho entender el mundo de hoy a la luz de los
postulados de la fe, en una realidad que promociona otros dioses, en un mundo
que promueve la felicidad individual pero no el valor dela vida digna para todos.
Las iglesias debemos ser conscientes de nuestra voz profética que reflexione de
manera práctica los temas de inclusión de las diversidades humanas, inclusión de
los discapacitados o más bien de las personas con habilidades especiales, el
problema del VIH-SIDA, el cambio climático, la soberanía y la seguridad
alimentaria, el uso del agua, la corrupción generalizada y la crisis del campo entre
otras. Estos no son temas meramente coyunturales, son el motor de las realidades
que nos están afectando a todos y todas. En el fondo una teología contextual
moderna debe revisar la universalidad de los problemas así como las posibilidades
e iniciativas que pueden salvar a la humanidad con una visión integral del ser
humano en relación con la creación.

En estos tiempos se ha venido discutiendo la continuidad estratégica de la


humanidad en lo que se ha llamado las cumbres de alto nivel para el post 2015 en
relación con los objetivos del milenio. Se propone todo tipo de fórmula para acabar
con las desigualdades del mundo, pero siempre desde el punto de vista de
quienes detienen el poder económico y político y no desde el punto de vista de las
gentes de las comunidades locales. De hecho ni siquiera se habla en términos
humanitarios sino en términos económicos, el lenguaje se basa en las
negociaciones entre unos y otros, y no en el diálogo con los otros.
Jesús hace todo lo contrario de lo que propone el modelo global que define el
presente y el futuro de la humanidad. Jesús baja de sus poderes eternos para
encontrarse con la comunidad básica de la familia, la población y finalmente el
mundo. El Dios que se asume como nosotros mismos, nos llama a conocer
primero nuestra propia identidad para poder reconocer que hay muchas otras en
igualdad. Jesús nos ofrece el modelo de una contextualización de esa teología
plena de la vida basada en los principios universales de la verdad, la justicia, la
igualdad, la paz y la misericordia.

Nosotros y nosotras como iglesias vivas, partiendo del principio de que la iglesia
no es la institución sino en la congregación de los creyentes, debemos seguir ese
modelo de Jesús que teologiza la realidad. No la teologización meramente formal
y académica, sino la teologización de toda a integralidad de la vida. El diálogo con
el Dios que podemos encontrar no en las inmanencias metafísicas, sino en la
carne y sangre de nuestro propio ser y en el del prójimo. Una teología contextual
que sea capaz de realizar el sueño del Dios para su creación, para su objeto de
amor y grandeza.

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