LAS TESIS DE FUKUYAMA SOBRE EL FIN DE LA HISTORIA
La teoría de Francis Fukuyama a partir de su publicación en l989
(acompañando los procesos de desmoronamiento de los regímenes de
Europa Oriental y la perestroika de Gorbachov) viene teniendo particular
difusión, dado el contexto de predominio ideológico liberal y
particularmente neoconservador que caracteriza la producción intelectual
en la presente etapa del capitalismo.
La tesis que comentaremos está construida para, desde el terreno
ideológico y al decir del mismo Fukuyama, poner " el clavo final en el
ataúd de la alternativa marxista-leninista a la democracia liberal". Dada la
importancia del marxismo en la reflexión social de los últimos 150 años, la
pretensión anotada redobla el interés por el análisis y la crítica.
LAS TESIS CENTRALES.
La coyuntura desarrollada a partir de 1989 en Occidente que ha estado
signada por el inicio del desmoronamiento de los regímenes del
"socialismo real" en Europa del Este. Para Fukuyama se trata ya no de una
simple coexistencia entre capitalismo y socialismo, sino de la derrota de
este último y de la victoria del capitalismo y del liberalismo como sistema
político (democracia liberal).
Se trata no solamente de que ya no existan alternativas viables al
capitalismo como sistema económico, y ello estaría demostrado por el
restablecimiento de relaciones de producción capitalista en Rusia, China y
Europa del Este y su inclusión en la economía de mercado, sino que
además se trata del triunfo de la idea occidental, que para Fukuyama es
principalmente la cultura occidental de consumo.
Políticamente este desarrollo significa -y en ello Fukuyama utiliza a
Kojéve- la existencia del liberalismo como estado homogéneo universal.
Se trata de que, al no existir regímenes políticos superiores, y al haber
fracasado los modelos que se pretendían alternativos, la democracia
capitalista aparece como el régimen político absoluto e ideal. Este habría
resuelto todas las inquietudes ideológicas planteadas y el país
representativo de aquél, los Estados Unidos de Norteamérica, habría
satisfecho incluso los máximos y extremos ideales de igualdad y libertad:
"Como Kojeve advirtió, el igualitarismo de los Estados Unidos de hoy
representa el logro esencial de la sociedad sin clases previsto por Marx "
Lo que trata de sustentar es que, después del advenimiento del estado
democrático liberal en Europa del siglo XIX, no habría surgido ni podido
aparecer, con real éxito y vigencia importante, ningún régimen político
alternativo. La cuestión de clase habría sido resuelta por el capitalismo y el
liberalismo. La decadencia del socialismo sería demostración precisamente
de esta tendencia.
1989, para Fukuyama, al igual que lo fue 1806 después de la batalla de
Jena para Hegel, muestra el fin de la historia, en el sentido del fin de los
regímenes políticos.
He ahí el sentido del fin de la historia para Fukuyama: es el término de la
historia ideológica, la universalización de la democracia liberal como
forma final de gobierno humano. Se trata, siguiendo un esquema que se
autodenomina hegeliano, del triunfo de la idea, de la razón universal
concretizada en el Estado capitalista. No importa que este régimen no esté
vigente en todo el planeta, ni tampoco que se manifieste con
"imperfecciones". Para Fukuyama la victoria del fin de la historia es
suficiente es en el plano de las ideas y no todavía en el plano material.
Es, pues, el fin de las ideologías y de la historia. Paradójicamente, después
de todo, un triunfo ideológico. Es el ajuste de cuentas, en este plano, que el
capitalismo y el liberalismo hacen al "socialismo realmente existente" en
retirada mundial. Frente al fantasma de sus propias limitaciones y
debilidades como sistema y con el temor de la posibilidad de un sistema
alternativo.
Las criticas, han estado orientadas a este respecto, a considerar el carácter
arbitrario de tal deducción. Ya no solo desde el punto de vista de la
realidad material de los regímenes liberales que en su historia real se
hallan lejos de los modelos teóricos remisibles a los ideólogos de la
Ilustración, sino porque en realidad nada descarta la posibilidad de
emergencia de teorías y prácticas políticas nuevas. Probablemente es aquí
donde se ve el franco carácter apologético de las tesis de Fukuyama.
Ello resulta más claro cuando se sigue su razonamiento. La preeminencia
del liberalismo en lo político y del capitalismo en lo económico -y de la
cultura del consumismo en lo cultural- estará segura si se descartan lo que,
a juicio del funcionario del departamento de Estado, son las dos
principales posibles amenazas de magnitud atendible: la presencia de
movimientos religiosos en política y el papel de los nacionalismos.
En efecto, para Fukuyama, ambos fenómenos no constituyen tampoco un
peligro alternativo que realmente compita con la democracia liberal
triunfante. Después de haber descartado el análisis de cualquier régimen
pequeño -es evidente que busca comunicarnos que regímenes como el de
Cuba no tienen para su discurso mayor importancia, como no la tienen
tampoco los países del tercer mundo- afirma que el islamismo no ha
constituido mayor alternativa, sobre todo por que la afiliación religiosa no
es generalizable y se limita a los países musulmanes. Mas aún, la religión
no es generalizable a la política.
Hay que distinguir entre nacionalismos sistemáticos con pretensiones
políticas definidas (el nacionalsocialismo fascista, por ejemplo) de lo que
podrían ser los nacionalismos tradicionales o espontáneos. Sólo los
primeros pueden ser considerados como posible alternativa - y en realidad
lo fueron, según Fukuyama,- a la idea liberal, pero fueron derrotados
ideológica y materialmente.
Mientras el liberalismo como ideología cuenta además con un programa
comprensivo para la reorganización socioeconómica de la sociedad, los
nacionalismos tradicionales no, y más bien muchos de ellos se
compatibilizan con el capitalismo.
En realidad para Fukuyama los nacionalismos son fuente de conflictos sólo
en las condiciones en que la democracia liberal es imperfecta, cuando el
liberalismo es incompleto. El perfeccionamiento de la práctica liberal
debería subsumir los movimientos nacionales.
) Cuál es el resultado del fin de la historia desde el punto de vista de las
relaciones internacionales ?. Para Fukuyama se trata de una situación que
aminora o desaparece los conflictos internacionales. La hegemonía
capitalista y el predominio absoluto del liberalismo harán que en la
sociedad post-histórica las luchas en gran escala entre estados
desaparezcan. Se trata de la "mercadización-común" de las relaciones
internacionales.
Sin embargo, quizás en términos más concretos y precisos, la
consecuencia internacional es la división de la humanidad y los países y
naciones en sociedades históricas y post-históricas. Por cierto esta última
situación le corresponde a los países de Europa occidental y
particularmente al régimen político norteamericano. La segunda es la de la
gran mayoría de países, particularmente los del tercer mundo, limitados a
condiciones que no les permiten entrar en la modernidad de la sociedad
post-histórica. También podrán existir situaciones en las que las sociedades
se estanquen en la historia, como la que se puede presentar en la evolución
de la URSS, según el autor que comentamos, ante las amenazas del
nacionalismo eslavófilo.
La descripción que el propio Fukuyama hace del tiempo post-histórico:
una sociedad unipolar, sin conflictos, incluso poco atractiva hasta para el
mismo Fukuyama
"El fin de la historia será un tiempo muy triste. La lucha por el
reconocimiento, la voluntad de arriesgar la vida de uno por un fin
puramente abstracto, la lucha ideológica mundial que pone de manifiesto
bravura, coraje, imaginación e idealismo serán reemplazados por cálculos
económicos, la eterna solución de problemas técnicos, las preocupaciones
acerca del medio ambiente y la satisfacción de demandas refinadas de los
consumidores. En el período post-histórico no habrá arte ni filosofía,
simplemente la perpetua vigilancia del museo de la historia humana.
Puedo sentir en mí mismo y ver en otros que me rodean una profunda
nostalgia por el tiempo en el cual existía la historia. Tal nostalgia de hecho
continuará alimentando la competición y el conflicto incluso en el mundo
post-histórico por algún tiempo. Aunque reconozco su inevitabilidad,
tengo los sentimientos mas ambivalentes para la civilización que ha sido
creada en Europa desde 1945 con ramales en el Atlántico Norte y en Asia.
Quizás esta misma perspectiva de siglos de aburrimiento en el fin de la
historia servirá para hacer que la historia comience una vez más."