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Evaluacion Neurocognitiva

Este documento describe la neuropsicología y la evaluación neurocognitiva. Explica que la neuropsicología estudia la relación entre el sistema nervioso central y los procesos cognitivos y conductuales. Detalla que la evaluación neuropsicológica se utiliza para diagnosticar problemas cognitivos, describir las fortalezas y debilidades cognitivas de un paciente, planificar tratamientos de rehabilitación y monitorear cambios. Finalmente, explica que la evaluación neuropsicológica puede ayudar con el diagnóstico de trastornos como
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Evaluacion Neurocognitiva

Este documento describe la neuropsicología y la evaluación neurocognitiva. Explica que la neuropsicología estudia la relación entre el sistema nervioso central y los procesos cognitivos y conductuales. Detalla que la evaluación neuropsicológica se utiliza para diagnosticar problemas cognitivos, describir las fortalezas y debilidades cognitivas de un paciente, planificar tratamientos de rehabilitación y monitorear cambios. Finalmente, explica que la evaluación neuropsicológica puede ayudar con el diagnóstico de trastornos como
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Curso de Evaluación Neuropsicológica

Espacio semipresencial

Ficha 4

NEUROPSICOLOGIA Y EVALUACIÓN NEUROCOGNITIVA

La neuropsicología es una especialidad clínica que se ocupa del diagnóstico y tratamiento


de los problemas cognitivos, conductuales y emocionales que pueden ser el resultado de una
disfunción cerebral conocida o sospechada.
La Comisión de Estándares en Evaluación Neuropsicológica, de la Sociedad de
Neuropsicología de Argentina (2003) define a la neuropsicología como "aquella disciplina científica
que estudia la relación entre las estructuras y el funcionamiento del sistema nervioso central y los
procesos cognitivos-comportamentales. Su aplicación comprende tanto a las áreas clínica y
experimental como al desarrollo de modelos teóricos".
Partiendo en sus orígenes de la neurología y la psicología, en los últimos años ha recibido
un renovado impulso del creciente desarrollo de las ciencias cognitivas (psicología cognitiva,
inteligencia artificial, lingüística) y de las ciencias neurobiológicas (neuroanatomía, neurofisiología,
neuroquímica).
Si bien podría argumentarse que el origen de la neuropsicología se remonta tan atrás en la
historia como a los tiempos del mismo Aristóteles (siglo IV a.C.), la práctica de la evaluación
neuropsicológica, es más reciente y se la puede ubicar en los inicios del siglo XX.
Al finalizar la Primera Guerra Mundial, la existencia de numerosos heridos con lesiones
cerebrales generó la necesidad de estudiar las alteraciones cognitivas y conductuales que se
encontraban presentes en esa población a través de instrumentos idóneos que permitieran
mensurar esas disfunciones. La Segunda Guerra Mundial favoreció el conocimiento y la mejora de
los instrumentos de exploración. Sin embargo, no será hasta la década de 1970, en que la
neuropsicología clínica se establecerá como una disciplina coherente, en paralelo con la
revolución cognitiva en psicología y la explosión de la tecnología en neuroimágenes.
En nuestro país, la última década se ha caracterizado por un crecimiento veloz, si bien el
desarrollo ha sido considerablemente más tardío que en Norteamérica y Europa.
La neuropsicología actual incluye el estudio de los problemas clásicos de la psicología
general (atención, aprendizaje, percepción, cognición, personalidad y psicopatología), utiliza
técnicas propias de los métodos de la psicología experimental así como de las metodologías de
construcción de tests y de la psicometría, y se nutre también de los conocimientos de las
neurociencias.
El carácter distintivo de la evaluación neuropsicológica reside en el marco de referencia
conceptual, que toma la función cerebral como punto de partida.
Tal como refieren Lezak, Howieson y Loring (2004) "la evaluación es neuropsicológica en
tanto las preguntas que se plantea, los aspectos centrales, los hallazgos o las inferencias
obtenidas de ellos, se relacionan en último término con la función cerebral".

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De ello se desprende que el profesional que utilice estrategias neuropsicológicas debe
acreditar una sólida formación y conocimientos tanto de neuroanatomía funcional, neurofisiología
y patologías neurológicas, como de psicología cognitiva, de psicología clínica (conocimiento de
trastornos psiquiátricos, conocimiento de los procesos emocionales, aspectos evolutivos, etc.) y
de teoría y técnica psicométrica.

• Objetivos de la evaluación neuropsicológica

La evaluación neuropsicológica actual ha pasado a tener un objetivo esencial que es la


caracterización de las fortalezas y debilidades en las funciones cognitivas y la explicación de la
conducta que presenta un paciente (Goldstein y McNeil, 2004). En palabras de Benton (1994), a lo
que toda evaluación debiera apuntar es a "realizar inferencias acerca de las características funcio-
nales y estructurales del cerebro de una persona, evaluando la conducta de un individuo en
situaciones definidas de estímulo-respuesta".
Dentro de este propósito en la evaluación neuropsicológica, se pueden diferenciar varios
objetivos (los cuales no son mutuamente excluyentes, sino por el contrario en muchos casos
complementarios):
• contribuir con el diagnóstico
• evaluar las consecuencias de una enfermedad ya diagnosticada
• describir el funcionamiento cognitivo actual del paciente, determinando las capacidades
alteradas y aquellas preservadas
• planificar un tratamiento de rehabilitación cognitiva
• valorar los efectos de un tratamiento
• objetivar cambios en el tiempo
• brindar información para el cuidado y seguimiento del paciente
• brindar información y asesoramiento a los familiares del paciente.

• Rol diagnóstico de la evaluación neuropsicológica

A partir de las evaluaciones se ha tratado de determinar si la sintomatología presente en un


paciente era de etiología "orgánica" o "funcional" (término usado como sinónimo del origen
"psicógeno" de un síntoma).
Con la evidencia creciente de los correlatos neuropatológicos y químicos de los llamados
trastornos funcionales, esta distinción "orgánico/funcional" se volvió cada vez más vaga.
Otro de los propósitos de la evaluación reside en la capacidad para orientar acerca de la
localización o lateralización de la lesión cerebral, aunque la llegada de las técnicas de
neuroimágenes más sofisticadas y precisas (tomografía computada, resonancia magnética,
tomografía por emisión de positrones, etc.) Pero si bien éstos son los instrumentos más idóneos
para informar la localización, extensión y etiología de una lesión en ocasiones de la evaluación
neuropsicológica (NPS) surgen los hallazgos en ésta, a través de ciertos indicadores, siendo señal
de alarma y de sospecha de un proceso cerebral patológico, promoviendo la realización de
exámenes complementarios que permitan arribar al diagnóstico definitivo.

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Así todo existen algunas situaciones donde la evaluación neuropsicológica sigue siendo
crucial para el diagnóstico de patología cerebral, entre ellas la enfermedad de Alzheimer y otras
demencias degenerativas, el traumatismo de cráneo leve y las encefalopatías tóxicas, entre otras.
Con relativa frecuencia en estos casos las neuroimágenes son normales, mientras que la
evaluación neuropsicológica puede identificar claramente la presencia de una patología cerebral.
Si bien la evaluación neuropsicológica sola no puede diferenciar entre un amplio abanico de
diagnósticos neurológicos, sí puede diferenciar dos o más etiologías probables: es el caso de las
demencias donde una demencia cortical como la enfermedad de Alzheimer puede ser
diferenciada de una demencia subcortical (como la enfermedad de Parkinson) basada en el perfil
de la evaluación neuropsicológica (Heaton y Marcotte, 2000).

• Valoración de las consecuencias de una enfermedad ya diagnosticada

Muchas de las enfermedades neurológicas producen cambios en la conducta, entre los que se
pueden incluyen trastornos en las habilidades cognitivas y aparición de síntomas
neuropsiquiátricos.
Hay enfermedades en las que se recomienda realizar una evaluación neuropsicológica, como
se encuentra en el informe del subcomité de Evaluación de Terapéutica y Tecnología de la
Academia Americana de Neurología (1996) que lista las siguientes: a) Traumatismo cráneo-
encefálico; b) Accidente cerebro-vascular; c) Demencias; d) Enfermedad de Parkinson; e)
Esclerosis múltiple; f) Epilepsia; g) Sujetos con exposición a neurotóxicos; h) sida.
Todas estas patologías pueden cursar con alteraciones neuropsicológicas, presentando
perfiles cognitivos relativamente característicos. Su detección es de suma importancia para
encarar un tratamiento adecuado.
Este listado de patologías no es excluyente; más bien enumera aquellas en las que la
evaluación cognitiva suele ser un estudio muchas veces de rutina. Existen, por lo demás, otras
patologías crónicas, como la diabetes, el hipotiroidismo, el lupus, en las que también suelen verse
alteraciones cognitivas. Asimismo muchas enfermedades psiquiátricas (como la esquizofrenia, la
depresión, la enfermedad bipolar y el trastorno obsesivo-compulsivo) comprometen ciertas
funciones cognitivas y en muchos casos ameritan la exploración neuropsicológica.

• Descripción de fortalezas y debilidades cognitivas

De toda evaluación NPS se debe llegar a una descripción del funcionamiento del paciente,
facilitando la identificación de las fortalezas y debilidades en su desempeño cognitivo. Además se
debe lograr hacer una inferencia en relación al estado actual con respecto al premórbido (previo a
la lesión). Partiendo del perfil cognitivo objetivado en la evaluación, el profesional deberá informar
que aspectos reflejan la dotación cognitiva "normal" del paciente y cuáles muestran cambios
atribuible s a disfunción cerebral.

• Planificación de un tratamiento de rehabilitación cognitiva

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Cuando un paciente recibe una indicación de un tratamiento de rehabilitación cognitiva, este
tratamiento debe ser "hecho a medida" de las necesidades del paciente y exige una planificación
en términos de funciones a rehabilitar, objetivos de mediano y largo plazo, expectativas de logros,
etc. Para ello se necesita de la aplicación de una batería neuropsicológica diseñada para tal fin,
que suele ser más amplia que la requerida para un diagnóstico. Esta batería debe ser sensible y
permitir identificar qué aspectos del funcionamiento cognitivo son los que se hallan
comprometidos, en qué grado, y cuáles funciones están indemnes. Además de saber cuáles son
los puntos deficitario sobre los que deberá trabajar, se debe tomar conocimiento de las
capacidades indemnes, ya que serán un punto de apoyo para encarar el trabajo con el paciente,
particularmente para las técnicas compensatorias. Es importante que la evaluación brinde
información respecto del potencial de recuperación y de la estimación del nivel premórbido para
planificar metas realistas para el tratamiento.
La evaluación NPS debe incluir una medición acerca de la conciencia del déficit y de los
aspectos neuropsiquiátricos, ya que si estos aspectos no están evaluados, muchas veces pueden
hacer fracasar los esfuerzos de rehabilitación. Por ejemplo, la escasa conciencia de déficit y una
baja motivación para el trabajo en las sesiones terapéuticas podría resultar nocivas para el logro
de una mejoría. La presencia de sintomatología neuropsiquiátrica puede interferir el trabajo en la
sesión con el paciente, pero también impactar negativamente en la familia, por lo requiere trabajar
con el grupo para adecuarse a esos cambios.

• Valoración de los efectos de un tratamiento

La evaluación neuropsicológica puede ayudar a evaluar los efectos en el plano cognitivo de un


tratamiento. En casos de cirugía, es importante observar si después de la intervención, el paciente
presenta alguna secuela cognitiva, o si, por el contrario, la cirugía ha permitido la recuperación de
alguna función que se hallaba comprometida.
Frente a tratamientos medicamentosos la evaluación puede objetivar ya sea su efectividad -en
caso de tratamientos destinados a mejorar la función cognitiva, como en demencias, trastorno por
déficit de atención, etc., o los efectos no deseados de un tratamiento psiquiátrico o neurológico -
como en epilepsia, esquizofrenia, etc.
Es importante medir los efectos de la terapia en tratamientos de rehabilitación y estimulación
cognitiva. La información que brinde la evaluación neuropsicológica puede ser de suma utilidad
para continuar, ajustar o interrumpir un tratamiento.
En ocasiones resulta importante realizar evaluaciones periódicas que permitan ver la evolución
de los trastornos cognitivos en el tiempo. En pacientes con enfermedades crónicas las repetidas
evaluaciones permiten conocer el impacto de la enfermedad sobre la cognición.
En el caso de las demencias, las sucesivas re-evaluaciones permiten ver la progresión de la
enfermedad, establecer en qué estadío de severidad se encuentra y realizar los ajustes
necesarios para una mejor calidad de vida del paciente. Además, muchas veces en los estadíos
iniciales de una enfermedad degenerativa, en sujetos cuya evaluación de base era dudosa
(particularmente en pacientes con un rendimiento cognitivo superior al promedio, o en el extremo
opuesto, aquellos con una dotación intelectual inferior), el monitoreo de cambios en la función
cognitiva es lo que permite frecuentemente definir y precisar el diagnóstico.

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• Cuidado y seguimiento del paciente

La evaluación NPS puede realizarse con el objetivo de orientar al profesional a cargo del
paciente respecto a cómo encarar su tratamiento. Es fundamental saber qué capacidad presenta
el paciente para cuidar de sí mismo, para entender las indicaciones que le prescriben, para
recordar tomar los medicamentos, para acudir a las citas, etc. Anticipar las dificultades que pueda
presentar el paciente puede evitar situaciones que pongan en riesgo su salud y su vida.
Actualmente es frecuente que las personas mayores soliciten por sí mismas una evaluación
para ver si las fallas mnésicas que observan corresponden al inicio de una enfermedad de
Alzheimer. El poder contar con datos objetivos y confiables que les demuestren que no presentan
indicadores de deterioro cognitivo puede aliviar mucho la angustia y ansiedad que el fantasma de
esta enfermedad genera.
Es muy importante, además, que los familiares conozcan cuáles son las capacidades y
dificultades del paciente, para entender las dificultades que éste presente o poder prever su
actuación en la realización de las actividades de la vida diaria.
La evaluación debería permitir inferir en qué condiciones se encuentra el paciente y predecir,
por ejemplo, su capacidad para conducir un automóvil, manejar sus finanzas, o retomar su
actividad laboral.
El conocimiento que los familiares tengan sobre los déficit del paciente les permite
comprender algunas conductas que hacen difícil la convivencia y que muchas veces son
erróneamente atribuidas a actos "voluntarios" o al desinterés sin ser comprendidas como una
consecuencia de enfermedad que padecen.

Extracción y adaptación del libro Evaluación Neuropsicológica en Adultos M. A. Drake - Ed. Paidós

Common questions

Con tecnología de IA

Neuropsychological evaluations contribute to a patient's quality of life by identifying cognitive impairments early, guiding precise treatments, and informing caregivers about effective management strategies. For patients with chronic illnesses, evaluations can track changes over time, enabling adjustment of interventions to mitigate cognitive decline and enhance daily functioning. Additionally, knowledge from evaluations helps families understand patient behaviors better, which can improve social interactions and reduce frustration, directly influencing quality of life .

The potential limitations of neuropsychological evaluation without integration with neuroimaging methods include the inability to directly visualize structural brain abnormalities, which can lead to incomplete diagnostic information. While neuropsychological tests can infer functional deficits, they may not precisely identify the location or extent of brain lesions. Thus, without neuroimaging, there may be challenges in correlating observed cognitive deficits with specific anatomical damage, potentially limiting the accuracy of the diagnosis and effectiveness of the treatment plan .

The development of neuropsychology has significantly shaped modern-day practices through its evolving focus on understanding the brain-behavior relationship. Initially rooted in neurology and psychology, neuropsychology gained importance after World War I and II when many soldiers with brain injuries required cognitive and behavioral assessments. The formal establishment of clinical neuropsychology in the 1970s paralleled the cognitive psychology revolution and advances in neuroimaging technologies, leading to more sophisticated evaluation techniques . Modern neuropsychological evaluation reflects this history by incorporating comprehensive methodologies that assess cognitive functioning based on both neuroanatomical insights and psychological principles .

The ability of neuropsychological evaluation to differentiate between cortical and subcortical dementias, such as Alzheimer's disease and Parkinson's disease, respectively, has significant implications for treatment planning. This differentiation informs targeted intervention strategies, rehabilitation efforts, and medication regimens appropriate for the specific dementia type. Knowing the dementia type aids healthcare professionals in predicting disease progression and addressing symptoms effectively, contributing to more personalized patient care .

The distinction between 'organic' and 'functional' etiologies assists in therapeutic decision-making by clarifying whether symptoms stem from structural brain damage or psychogenic causes. This distinction aids in selecting appropriate interventions: organic disorders may require medical treatment, while functional symptoms might benefit from psychotherapy. However, as this distinction becomes increasingly blurred due to overlapping symptoms, neuropsychological evaluations are crucial in identifying the underlying causes that inform the most effective therapeutic approach .

Patient awareness of cognitive deficits plays a crucial role in rehabilitation outcomes, as recognition of these deficits can significantly influence engagement in therapy and motivation for improvement. Neuropsychological evaluations that measure deficit awareness help in tailoring interventions; awareness can enhance the patient's participation and commitment to rehabilitation, whereas lack of awareness may hinder progress. Consequently, understanding a patient's insight into their own impairments is essential for setting realistic rehabilitation goals and strategies .

The key objectives of a neuropsychological evaluation include characterizing cognitive strengths and weaknesses, explaining patient behavior, aiding in diagnosis, monitoring disease impact, planning cognitive rehabilitation, assessing treatment effects, and providing information for patient care and family support . These objectives aim to comprehensively understand cognitive deficits and help tailor interventions specific to individual patient needs, facilitating effective management of brain dysfunction .

Neuropsychological evaluation aids in assessing the impact of neurotoxic exposure by identifying characteristic cognitive deficits and behavioral changes associated with exposure. By using structured cognitive batteries, these evaluations highlight specific impairments in memory, attention, and executive functions, providing critical insights into the degree and nature of cognitive dysfunction. This allows for more precise diagnosis and management of conditions resultant from neurotoxicity, helping to formulate effective treatment and rehabilitation plans .

Neuropsychological assessments are used to monitor the progression of cognitive symptoms in degenerative diseases by providing a systematic evaluation of cognitive abilities over time. Through repeated testing, these assessments capture changes in memory, executive function, and other cognitive domains, indicating disease progression. This ongoing monitoring is crucial for updating treatment plans, assessing the effectiveness of interventions, and making necessary adjustments to improve patient care and comfort as the disease advances .

Neuropsychological evaluation differs from neuroimaging by focusing on behavioral and cognitive assessments rather than structural brain imaging. While neuroimaging techniques like MRI or CT scans provide detailed anatomical insights, neuropsychological evaluation assesses functional cognitive performance, which can highlight irregularities not always visible in scans. This makes it particularly useful in conditions like Alzheimer's, mild traumatic brain injury, or toxic encephalopathy, where neuroimaging might appear normal despite underlying cognitive issues .

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