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Corrupción

Este documento analiza la microcorrupción en la policía nacional del Perú a través del caso de las coimas de tránsito en Lima. Indica que la mayoría de denuncias involucran a conductores que ofrecieron coimas a policías, siendo condenados a penas suspendidas. Rara vez son condenados policías sin pruebas como audio o video. Aunque las coimas perjudican la legitimidad policial y promueven la impunidad, se han vuelto comunes en Lima.
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Este documento analiza la microcorrupción en la policía nacional del Perú a través del caso de las coimas de tránsito en Lima. Indica que la mayoría de denuncias involucran a conductores que ofrecieron coimas a policías, siendo condenados a penas suspendidas. Rara vez son condenados policías sin pruebas como audio o video. Aunque las coimas perjudican la legitimidad policial y promueven la impunidad, se han vuelto comunes en Lima.
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Micro corrupción en la Policía Nacional del Perú:

El caso de las coimas de tránsito en Lima Metropolitana

Edwin Cohaila, Víctor Quinteros, Rafael Castillo & Carlos Chávez

Resumen: En su gran mayoría, las denuncias sobre coimas de tránsito que ingresan al sistema

de justicia en Lima Metropolitana comprometen a conductores infractores que ofrecieron una

coima a un efectivo policial. Por lo general, estos conductores aceptan su responsabilidad en el

hecho y se acogen a la terminación anticipada con lo cual, en todos los casos, son condenados

a pena privativa de la libertad suspendida. Así, no se registra en la actualidad ningún conductor

condenado a prisión efectiva por este tipo de delitos. Sin embargo, como parte de su condena,

es frecuente que estos conductores deban pagar S/. 500 en promedio como reparación civil,

quedando suspendidos algunos de sus derechos, usualmente por un año.

Por su parte, son pocos los casos en los que policías son denunciados por coimas de tránsito

en Lima Metropolitana, lo que no permite establecer regularidades sobre su conducta o sus

procesos judiciales. No obstante, entrevistas con abogados de la Procuraduría Anticorrupción

a cargo de estos casos han permitido advertir que es improbable que el efectivo sea condenado

de no existir un audio o video como medio probatorio. Incluso, existiendo este tipo de prueba,

es frecuente que la defensa de los inculpados trate de desvirtuarla o señale vacíos en el proceso

a fin de que el efectivo policial no sea condenado. El hecho de que un conductor ofrezca o
entregue una coima de tránsito a un efectivo policial o

que éste la solicite perjudica al Estado y a la sociedad en su conjunto. De un lado, desprestigia

a la institución policial1 (Proética: 2012) y le resta legitimidad para ejercer sus funciones en los

ámbitos de la seguridad ciudadana y el orden interno. De otro, promueve la impunidad entre

aquellos conductores habituados a contravenir las normas viales, pues se genera dentro del

imaginario ciudadano la idea de que toda trasgresión al Reglamento de Tránsito detectada por

la autoridad policial puede ser fácilmente evadida mediante una coima.

Las coimas de tránsito se han vuelto parte de la vida urbana de Lima. Se trata de una práctica

que instrumentaliza una “dación económica”, generalmente baja, destinada a evitar que a un

conductor se le imponga una papeleta luego de haber cometido una infracción de tránsito.

Mediante ella se evaden una serie de responsabilidades y sanciones de carácter administrativo:


el pago de la multa, acumular puntaje en el sistema de licencias de conducir por puntos, la

suspensión de la licencia de conducir o el internamiento del vehículo en un depósito municipalEl 9


de diciembre es el día internacional en contra de la corrupción, y para muchos ciudadanos, la
corrupción está asociada con las instituciones del Estado. Y, desafortunamente, aún más con
aquellas que tienen la responsabilidad de asegurar nuestra seguridad.

Un 31 por ciento de los latinoamericanos señalan a la corrupción como el principal problema que
enfrenta la policía para combatir la delincuencia (Latinobarómetro 2010). Según una encuesta
realizada en 107 países, el Barómetro Global de la Corrupción (2013), la policía es superada
únicamente por los partidos políticos entre las instituciones percibidas como las más corruptas.
Casi un tercio de sus encuestados confiesa haber pagado sobornos a un oficial de la ley.

Controlar la corrupción policial no es fácil. Por una parte, los policías deben contar con un grado
de discrecionalidad para actuar oportunamente, en especial cuando ocurre un delito. Por otra
parte, enfrentan actividades delictivas lucrativas que elevan el riesgo de corrupción. A esto se
suma una tradición institucional reacia a los sistemas de control, la transparencia y el escrutinio
público, sumado a un espíritu de cuerpo que invita a callar la denuncia de las posibles faltas.

Más allá de la entendible zozobra de la ciudadanía, la corrupción policial es también un reflejo de


sus debilidades institucionales. En muchos casos en Latinoamérica esas debilidades se originan
desde su creación, pero más aún por el gran rezago institucional que han tenido a través de
décadas, comparado con el nivel de responsabilidad que de ellas se espera, como es la protección
de los derechos y libertades de los ciudadanos. Es en este sentido que fortalecer las instituciones
contribuye a combatir la corrupción, para lo cual existen tres líneas de acción que han demostrado
contribuir a este propósito.

Las políticas de recursos humanos para nuevos policías deben ser más exigentes, requiriendo un
mayor nivel de educación y una investigación de campo para determinar antecedentes penales del
postulante y de su entorno familiar, y un mayor rigor en los exámenes de ingreso. La carrera
policial debe estar estructurada en todas sus fases de ingreso, desarrollo y retiro, alrededor de
objetivos y resultados concretos, con un sistema de ascensos transparente y competitivo. Debe
contar con un programa de formación y profesionalización en base a perfiles que cubran las
distintas especialidades, complementada con capacitación pedagógica integral y permanente que
incluya temas de democracia, derechos humanos y pautas de comportamiento ético. También
debe acompañarse de una política de remuneración que garantice el bienestar mínimo para el
funcionario y su núcleo familiar.

El fortalecimiento de las instancias de prevención e investigación es una de las lecciones


aprendidas de las reformas policiales de Hong Kong y de Nueva York. No se puede dejar
exclusivamente en manos de la policía el control de corrupción en su propia institución. Debe
existir un órgano independiente, bajo el mando de un funcionario civil e integrado por equipos
mixtos de policías y civiles, y con un régimen de empleo ajeno a la fuerza policial. Estas instancias
desarrollan estrategias preventivas para corregir fallas sistémicas que alientan prácticas corruptas.
Estas pueden incluir la teatralización de una situación real en donde los agentes objeto de
investigación enfrentan a una oportunidad para corromperse. Esta entidad independiente también
puede llevar adelante la investigación de casos de corrupción o maltrato físico, para luego
sancionar administrativamente a los responsables.

Es importante un mayor control político y social, que incluya comisiones parlamentarias,


supervisión y conducción política desde el gobierno. Esto debe combinarse con una política de
acercamiento a la sociedad civil que genere mayor rendición de cuentas para la restauración de la
confianza y el apoyo necesario a las reformas institucionales. Un caso de éxito es el de la policía
británica, que responde a pedidos de acceso a la información en forma rutinaria y participa de
reuniones o audiencias con distintos sectores para responder preguntas y evaluar la
implementación de distintos programas.

Ninguna policía está exenta del riesgo de la corrupción. Sin embargo, procesos de reforma policial
con un enfoque integral contribuyen a minimizar este riesgo en la medida que exista liderazgo
político, una política orientadora, coordinación inter-institucional y compromiso articulado de las
propias autoridades del sector de seguridad.

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