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La Guerra Del Pacífico

La Guerra del Pacífico tuvo lugar entre 1937 y 1945 en el océano Pacífico, Asia Oriental e islas entre Japón y aliados incluyendo Estados Unidos, China, Reino Unido. Japón atacó territorios controlados por Estados Unidos, Reino Unido, Tailandia y Holanda en 1941 sin declaración de guerra, conquistando varias regiones. Sin embargo, las derrotas de Japón en Midway en 1942 y el Mar de Filipinas en 1944 dieron vuelta la guerra, forzando la rendición de Japón en 1945.

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La Guerra Del Pacífico

La Guerra del Pacífico tuvo lugar entre 1937 y 1945 en el océano Pacífico, Asia Oriental e islas entre Japón y aliados incluyendo Estados Unidos, China, Reino Unido. Japón atacó territorios controlados por Estados Unidos, Reino Unido, Tailandia y Holanda en 1941 sin declaración de guerra, conquistando varias regiones. Sin embargo, las derrotas de Japón en Midway en 1942 y el Mar de Filipinas en 1944 dieron vuelta la guerra, forzando la rendición de Japón en 1945.

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La Guerra del Pacífico tuvo lugar en el océano Pacífico, sus islas y en Asia Oriental, entre 1937 y 1945.

En la
actualidad, muchos japoneses usan el término Guerra del Pacífico (太平洋戦争, Taiheiyō Sensō), mientras
que otros emplean Gran Guerra de Asia Oriental (大東亜戦争, Dai Tō-A Sensō).

En 1937, Japón reinició su expansión por China, iniciándose la Segunda Guerra Sino-japonesa. Después de
librar dos batallas con la Unión Soviética, con resultados adversos, Japón ocupó la Indochina, colonia
francesa, buscando finalizar la larga contienda en China. Reino Unido, Estados Unidos y otras naciones con
intereses en la región respondieron imponiendo un embargo económico que amenazaba con asfixiar al
pequeño país. Después de fallidas negociaciones, Japón atacó simultáneamente, sin previa declaración de
guerra, a territorios controlados por Estados Unidos, Reino Unido, Tailandia y Holanda en diciembre de 1941.
El ataque japonés no logró acabar con la Armada estadounidense en el Pacífico, aunque la debilitó. Japón
logró conquistar Filipinas, Malasia, Birmania, las Indias Orientales Holandesas, Hong Kong y emprendió una
ofensiva en el océano Índico en 1942. El avance japonés se detuvo ese mismo año, luego de las derrotas en
la batalla del Mar del Coral y la batalla de Midway, esta última con resultados desastrosos para Japón.
En los siguientes años, Japón continuó lanzando ofensivas en China, sin obtener la rendición del gobierno
de Chiang Kai-shek. Los británicos probaron al mismo tiempo ser incapaces de recuperar Birmania, pero
lograron detener un ataque de japoneses e hindúes nacionalistas contra la India británica.
El avance estadounidense por el Pacífico logró forzar una gran batalla naval conocida como la batalla del Mar
de las Filipinas, donde la Armada nipona sufrió pérdidas irreparables, que fueron explotadas en la batalla del
Golfo de Leyte. Desde entonces la superioridad naval estadounidense en el Pacífico fue indiscutible.
Para 1945, los aliados habían recuperado Birmania, Nueva Guinea, Borneo, las Filipinas, las islas
Aleutianas y ocupado territorio japonés, Iwo Jima, y ambos bandos se preparaban para prestar batalla en las
grandes islas niponas. El lanzamiento de las bombas atómicas en agosto de 1945 coincidió con la invasión
soviética de Manchuria, controlada por Japón desde 1931.
Japón aceptó la rendición incondicional 15 de agosto de 1945, siendo ocupado por tropas estadounidenses y
viendo reducida su extensión territorial a las islas del archipiélago principal. La Guerra del Pacífico significó la
caída del Imperio japonés, convirtió a Estados Unidos en la primera potencia del Pacífico, inició el declive
anglo-francés en el sudeste de Asia, y debilitó el gobierno nacionalista en China, que fue reemplazado luego
por el gobierno comunista de Mao Zedong. La Unión Soviética conservó el control de sus territorios en el
Lejano Oriente y luego participó en la división de Corea.
Los combatientes fueron Japón por un lado, y las potencias Aliadas de la Segunda Guerra Mundial,
incluyendo a China, Estados Unidos, Reino Unido (y su India colonial), Australia, Filipinas, Holanda y Nueva
Zelanda por el otro. La Unión Soviética rechazó un temprano ataque japonés en 1939, y permaneció neutral
hasta el primer bombardeo atómico sobre Hiroshima. Tailandia fue convencida tras el inicial ataque japonés
de unirse a su bando. La Alemania nazi y la Italia fascista también eran aliados de Japón, y unidades
testimoniales de sus Armadas operaron en el Pacífico entre 1940 y 1945.
Japón vivió un proceso de modernización acelerado a partir de la Era Meiji que le llevó de ser un
país feudal de economía agraria durante el Shogunato Tokugawa a convertirse en la mayor potencia industrial
de Extremo Oriente, en apenas sesenta años. Este ritmo brutal creó un desfase entre el nivel tecnológico del
país y sus costumbres, plasmado perfectamente en su sistema político: a pesar de ser nominalmente
una democracia parlamentaria, el Ejército y la Marina eran dirigidos por los ministros de Guerra y Marina (que
debían ser obligatoriamente generales o almirantes retirados o en activo) que no estaban sujetos a la
autoridad del primer ministro, sino directamente a la del emperador. Los militares, por tanto, constituían
un poder fáctico al margen del control de los políticos civiles, que solo contaban con la asignación de
presupuestos como medida de presión, e intervenían activamente en la vida política del país. Además, de las
veintinueve personas que ocuparon el cargo de primer ministro durante el periodo 1885-1945, quince
eran almirantes o generales retirados o en activo (durante el periodo 1932-1945, fueron ocho de once).
Esta anómala situación, combinada con el paso de un ejército permanente a otro reclutado (lo que obligaba a
dar instrucción militar a todos los jóvenes del país), favoreció la progresiva militarización de la sociedad
japonesa; el ejército y la marina, escasamente controlados por el poder civil, definían sus propios objetivos y
se peleaban por los recursos presupuestarios disponibles, pero ambos coincidían en su desprecio a la clase
política. Se formaron grupos de opinión enfrentados dentro de las fuerzas armadas (el
revolucionario Kōdōha y el llamado Tōseiha, respaldado el segundo por el emperador) que llevaban una
«política paralela» a la del Gobierno. Japón, un conjunto de islas con gran cantidad de población pero falta de
recursos naturales, entró en el siglo XX con el firme propósito de imitar el sistema económico de las potencias
occidentales, incluyendo el colonialismo, como forma de mantener su propio desarrollo, y volvió sus ojos hacia
el continente asiático.
En 1894 Japón, que ya hacía tiempo que se disputaba la península de Corea con el Imperio chino, inició
la Primera Guerra Sino-japonesa con un ataque por sorpresa sin previa declaración de guerra. Para sorpresa
de todos, el pequeño Imperio de Japón aplastó a las fuerzas del mastodóntico Imperio chino e impuso un
tratado de paz que le granjeó la cesión de Taiwán, de las islas Pescadores y de Liao-dong. La Rusia
Imperial intentó limitar el dominio local de la emergente potencia: subvencionó el pago de las deudas de
guerra chinas con Japón y, apoyada por Alemania y Francia, humilló a Tokio e impuso la restitución de Liao-
dong a China.
Rusia y Japón se vieron desde ese momento enfrentadas en la lucha por la influencia en la parte noroeste de
China. Rusia obtuvo la concesión para la construcción del ferrocarril Transmanchuriano, y aumentó su
presencia militar en el sector con la creación de una base naval en Port Arthur, en la parte sur de la península
de Liao-dong. La política rusa se encaminaba a desarrollar su influencia sobre toda Manchuria y Corea. Japón
se inquietó e intentó en un principio negociar una repartición de áreas de influencia en Manchuria, aunque sin
éxito. De modo que en 1904 la Marina Imperial Japonesa atacó y destruyó (de nuevo sin previa declaración de
guerra) la flota rusa estacionada en Port Arthur. Japón estaba bien preparado, dominaba los mares de la zona
en conflicto y sus bases se hallaban cerca. Por el contrario, Rusia estaba minada por tensiones internas,
dirigida en el este por un mando incompetente e incapaz de asegurar un enlace eficaz con el oeste, ya que
el Transiberiano era su única vía terrestre, por lo que no pudo plantar cara. La Guerra Ruso-japonesa terminó
en 1905 con un armisticio que humilló a Rusia y dejó Liao-dong en manos de Japón, junto con la mitad
meridional de la isla Sajalín y la preeminencia absoluta sobre Corea. En 1914, Japón declaró la guerra a
Alemania; al final de la Primera Guerra Mundial obtuvo las posesiones alemanas del océano
Pacífico septentrional.
En la década de los 30 la posición política de los militares en Japón era cada vez más dominante. El poder
político estaba controlado por los grupos de presión dentro del Ejército y la Armada, hasta el punto de que
ocurrieron varios golpes de Estado y atentados por parte de cadetes y oficiales jóvenes del Ejército y la
Marina contra ministros y altos cargos que estorbaban los intereses de las camarillas militares. Estas acciones
llegaron a costar la vida incluso de un primer ministro en 1932, lo que supuso el final a todos los efectos de
cualquier intento de controlar al Ejército desde el Gobierno: la clase política era consciente de que
simplemente emitir en público una opinión desfavorable hacia las fuerzas armadas significaba arriesgarse a
morir a manos de un ultranacionalista en un arranque de patriotismo.
En 1931, usando como casus belli unos incidentes transfronterizos, Japón invadió Manchuria, que convirtió
en 1932 en Manchukuo, Estado independiente bajo protectorado japonés, junto con Jehol. Las críticas
internacionales por esta acción llevaron a Japón a retirarse de la Sociedad de Naciones al año siguiente.

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