TRABAJO DE FUNDAMENTOS DE LA FE
7 SEÑALES DEL LIBRO DE JUAN
PRESENTADO POR:
DANILO ANDRES MELENDEZ BLANCO
10/08/2017
Milagro 1, El Agua en Vino (Juan 2:1-11)
Este milagro es el que más malentiende la mayoría de las personas y sin embargo
su resultado fue que los discípulos pusieron su fe en el Señor. (Esta fue la primera
de sus señales milagrosas y Jesús la hizo en Caná de Galilea. Allí entonces, Él
reveló Su Gloria y Sus discípulos pusieron su fe en Él, Juan 2:11). Parece tan
insignificante al compararlo con los milagros que inician los otros Evangelios, los
cuales incluyen la expulsión de demonios y la curación de la lepra.
El milagro se realizó debido a un descubrimiento penoso que se había hecho. Un
banquete de bodas al que el Señor fue estaba en su apogeo cuando los que
servían se dieron cuenta de que se les había terminado el vino. Su madre, quien
también estaba presente, le pidió a Él que los ayudara. El Señor hizo que 6 tinajas
utilizadas generalmente para almacenar agua, se llenaran de agua la cual de
manera milagrosa Él convirtió en vino. El encargado de la fiesta proclama que este
vino que Jesús había hecho es superior al vino servido antes, diciendo que habían
dejado el mejor para lo último.
Veamos el simbolismo: Estas seis tinajas de piedra se utilizaban generalmente
para guardar el agua para la purificación ceremonial, una parte importante de la
vida del Antiguo Pacto. Ahora contenían vino, el cual generalmente se asocia con
el Nuevo Pacto debido a la Cena del Señor.
Lo que es más, el vino que estas tinajas contenían ahora era superior al vino que
los invitados al banquete estaban bebiendo antes, lo mismo que el Nuevo Pacto
es superior al Antiguo Pacto (Hebreos 8:6). Este milagro simboliza nada menos
que la Misión del Mesías, cambiando la forma vacía de la religión del hombre en
una relación viviente y alegre con el Señor, como se demuestra con la celebración
de la boda.
Milagro 2, La Curación del Hijo del Oficial del Rey (Juan 4:43-54)
Aquí vemos un acto de la gracia de Dios, puro y simple. No se dice nada sobre la
nacionalidad ni los antecedentes del oficial, ni de sus convicciones religiosas o su
dignidad, solamente se menciona su fe. Él había oído de Jesús y de Su poder
milagroso y le rogó que viniera a sanar a su hijo moribundo. Jesús no fue con él
sino que simplemente le dijo al hombre que su hijo viviría. El hombre le creyó a
Jesús y se fue a su casa. Al día siguiente, mientras aún se encontraba de camino,
sus siervos lo fueron a encontrar con las buenas nuevas de que su hijo se había
recuperado. De la conversación él supo que su hijo había sido sanado en el
mismo instante que él había hablado con Jesús. Debido a ello, él y toda su familia
creyeron, y fueron salvos por la gracia por medio de la fe.
Milagro 3, La Curación en el Estanque de Betesda (Juan 5:1-9)
La tradición sostiene que periódicamente un ángel movía el agua en el Estanque
de Betesda. La primera persona en entrar al agua cuando eso sucedía era
sanada. Muchos enfermos y paralíticos esperaban a la orilla del estanque, día tras
día, por la oportunidad de ser sanados. Pero un paralítico no podía entrar a tiempo
en el estanque por sí mismo. Este hombre había estado paralítico durante 38 años
y había intentado hacerlo repetidamente y no lo había logrado. Luego vino Jesús y
lo sanó.
Yo creo que la condición de este hombre demostraba la pobreza de la Ley, la cual
nunca tuvo la intención de sanarnos de nuestras enfermedades (físicas y
espirituales), sino para mostrarnos la necesidad de un Salvador y de que estamos
sin esperanza e inútiles sin Él.
El paralítico se encontraba al borde mismo de ser sano, pero todos sus esfuerzos
inútiles para meterse al estanque solamente habían hecho obvio que su
enfermedad estaba previniendo que él fuera sano. De la misma manera, la Ley
nos deja al borde mismo de la salvación pero a pesar de todos nuestros esfuerzos
inútiles para guardarla, eso solamente hace obvio que nuestra pecaminosidad
prevendrá que seamos salvos. Igual que el hombre paralítico necesitaba de
alguien para ser sanado, nosotros también necesitamos a alguien que nos salve.
Milagro 4, La Alimentación de los 5.000 (Juan 6:1-5)
Este es quizás el milagro más conocido de todos los milagros del Señor y el único
que aparece en los cuatro Evangelios antes de la resurrección. Una gran
muchedumbre siguió a Jesús hasta un lugar remoto y Jesús pudo ver que la gente
necesitaba ser alimentada. Solamente los hombres eran 5000 y añadiendo las
mujeres y los niños bien se pudo duplicar esa cantidad. Andrés encontró a un
muchacho que tenía 5 panes de cebada pequeños y dos pescados pequeños, y
Jesús los multiplicó hasta satisfacer la cena para todas esas personas, tanto así
que sobró lo suficiente para llenar 12 canastos.
Esta es una práctica demostración de la promesa del Señor de que si buscamos
Su Reino y Su justicia, todas nuestras demás necesidades serán satisfechas
también (Mateo 6:31-33). Pero aquí hay más contenido que solamente nuestras
necesidades físicas. Nosotros los que creemos en Jesús nunca más sentiremos
ese vacío que nos dice que hay más en la vida que solamente llenar nuestras
necesidades físicas. Esto fue lo que Jesús quiso decir cuando dijo:
Yo SOY el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí
cree, no tendrá sed jamás (Juan 6:35).
Milagro 5, Andando Sobre el Agua (Juan 6:16-25).
El quinto milagro también es muy conocido por todas las personas familiarizadas
con el ministerio del Señor. Los discípulos habían trabajado toda la noche y
solamente habían remado cerca de la mitad de la distancia a través del Mar de
Galilea (como unos 5 kilómetros) cuando el Señor los rebasó ¡andando sobre el
agua! Cuando se dieron cuenta que era Jesús, lo dejaron subir a la barca y de
inmediato llegaron a su destino. Sin Él ellos estaban luchando apenas para
avanzar un poco, pero con Él en Su medio, la lucha había terminado.
Milagro 6, La Curación de un Hombre Ciego de Nacimiento (Juan 9:1-41)
Un hombre era ciego de nacimiento. Jesús hizo un poco de lodo, lo puso en los
ojos del ciego y le dijo que fuera a lavarse los ojos. Cuando el hombre hizo como
Jesús le había dicho, pudo ver.
Mientras que este milagro se hace al inicio del Capítulo 9, el resto de la narración
claramente (y algunas veces jocosamente) muestra cuánto mayor era el
discernimiento espiritual de este mendigo ciego que el de los oficiales educados
de la religión, quienes habían estudiado toda su vida. En la experiencia de estas
personas, nadie había abierto jamás los ojos de un hombre ciego de nacimiento y
estaban determinados a desacreditar al pobre mendigo, especialmente ya que
este evento sucedió en un Sabbath. Le siguió un largo interrogatorio, en donde el
mendigo los avergonzó, terminando en su expulsión. Después Jesús lo encontró y
se presentó. El hombre se hizo creyente y lo adoró.
Jesús dijo que Él vino para que los ciegos pudieran ver y quienes veían se
quedaran ciegos. Cuando los fariseos le preguntaron si Él creía que ellos eran
ciegos, les dijo: “Si usted es fueran ciegos, no tendrían pecado; pero ahora,
porque dicen: Vemos, su pecado permanece” (Juan 9:39-41).
En cuando eso se refiere a su eternidad, no importa lo que usted diga que sabe
acerca de Jesús. Lo que importa es si usted conoce a Jesús.
Milagro 7, La Resurrección de Lázaro (Juan 11:1-44)
El último milagro de Jesús antes de Su resurrección nos muestra el cumplimiento
de la promesa de nuestro Señor a todos los que creen en Su nombre, cuando
Lázaro es llamado para que salga de la tumba y es restablecido de muerte a vida.
El texto muestra que a pesar de que Jesús sabía que Lázaro estaba enfermo se
esperó hasta que muriera y fuera enterrado antes de responder el llamado de
ayuda de las hermanas de Lázaro. Él hizo esto para poder resucitar de nuevo a
Lázaro. Ese fue un modelo inequívoco de la resurrección de los creyentes que han
muerto que contiene la más pequeña de las insinuaciones del Rapto. Yo no creo
que las personas que realmente no saben acerca del Rapto puedan ver eso, pero
las que sí saben pueden consolarse de esta pequeña insinuación en Juan 11:25-
26.
Le dijo Jesús [a ella]: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque
esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente.
¿Crees esto? (Juan 11:25-26).