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01 Inicios

El documento presenta el contexto histórico del Mediterráneo oriental en el siglo I d.C., describiendo las influencias del helenismo, el imperio romano y el judaísmo. Explica que Palestina estaba dominada por Roma pero influenciada por la cultura griega, y que los tres mundos interactuaban a través de las tres lenguas principales del momento: hebreo, griego y latín.

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01 Inicios

El documento presenta el contexto histórico del Mediterráneo oriental en el siglo I d.C., describiendo las influencias del helenismo, el imperio romano y el judaísmo. Explica que Palestina estaba dominada por Roma pero influenciada por la cultura griega, y que los tres mundos interactuaban a través de las tres lenguas principales del momento: hebreo, griego y latín.

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1

INTRODUCCIÓN

I. EL MEDITERRÁNEO ORIENTAL EN EL SIGLO I.

Al inicio de nuestro curso, comenzaremos presentando algunos elementos


fundamentales para comprender mejor el contexto histórico dentro del cual se inicia la
andadura de la comunidad de creyentes en el Mesías Jesús.
La historia de la comunidad cristiana primitiva, tiene una prehistoria, un contexto
que marcará la vida de la Iglesia en sus primeros años. El lugar donde todo comenzó fue
Palestina, hace aproximadamente 2.000 años; en un pueblo determinado: el pueblo hebreo
bajo el dominio romano, con sus características peculiares, con una cultura dada.
Para comprender los orígenes de la Iglesia debemos considerar tres grandes
coordenadas que interactúan a la vez:

 La cultura del Mediterráneo oriental: el helenismo.


 La dimensión política y jurídica: Roma.
 La raíz religiosa del cristianismo primitivo: la fe de Israel.

Como Uds., saben en ese tiempo un documento oficial, para ser válido, debía ser
escrito en las tres lenguas en uso en aquel tiempo en Palestina, a saber:

* Hebreo: lengua bíblica del lugar, reservada más bien al ámbito religioso, la gente
hablaba generalmente arameo.
* Griego: era la lengua común (koiné) desde la conquista de Alejandro Magno (330- 323
a. C)
* Latín: lengua de los romanos, potencia dominadora en la época.

Es importante retener que la presencia de las tres lenguas atestigua el encuentro que
se daba entre estos tres mundos: por una parte el ambiente helenístico, heredero de la
cultura griega; el ambiente romano con sus marcados rasgos jurídicos y políticos y el
ambiente judaico caracterizado especialmente por su religión.

1. El ambiente Helenista: la cultura.


Consideremos que el judaísmo palestinense era más bien un judaísmo helenista, es
decir, fuertemente influido por la cultura griega.
Leyendo el N.T podemos encontrar unas 32 referencias al mundo helenista, al
menos la mitad de ellas en la obra lucana (Evangelio y Hechos): Hch. 6,1: “Por entonces,
al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de
lengua hebrea; decían que en el suministro diario descuidaban a sus viudas”. Hch. 16,1-3:
“Fue a Derbe y luego a Listra. Se encontró allí con un discípulo llamado Timoteo, de
madre judía creyente, pero de padre griego”.
Por otra parte sabemos que Pablo era un judío helenista de Tarso, lugar donde a la
sazón existía una Universidad muy famosa. La cultura helenista nació de las grandes
conquistas realizadas por Alejandro Magno (330-323 a. C); quien llegó a formar el Imperio
más grande que haya existido en Occidente. Se extendía desde Macedonia, al Nilo,
llegando al río Indo. Cuando Alejandro derrotó al rey persa Darío III, en la batalla de Isos
(333a. C.) - cerca de Siria, entre el mar Negro y el fin del Tigris y el Éufrates - pudo llegar
2

hasta Egipto atravesando Siria y Palestina. Los hebreos no opusieron una especial
resistencia y así luego de someterse, continuaron gozando de los privilegios obtenidos bajo
los antiguos amos persas. Continuaron observando su Ley (Torá) y practicando el culto en
el Templo de Jerusalén.
La grandiosa idea de Alejandro era unificar el Imperio a través de la lengua común
(el griego); considerada como el mejor vehículo de una cultura cosmopolita y ecléctica,
desarrollada sobre todo en las ciudades: lugar de encuentro de culturas, mercancías,
personas e ideas.
En materia religiosa, Alejandro fue respetuoso con las religiones de sus
conquistados, no impuso una religión. En este mundo cosmopolita y urbano, la lengua
común y vehículo de trasferencia cultural fue un dialecto griego (koiné), su conocimiento
permitía una mejor inserción en la sociedad; así muchos hebreos aprendieron el griego,
lengua usada en los negocios, y necesaria para comunicarse con los viajeros y extranjeros;
lengua del comercio y la cultura.
A la muerte de Alejandro (323 a.C.), su Imperio se dividió entre sus sucesores los
Diádocos1, que más tarde darán origen a las dinastías que gobernaron el mundo de la
época: los Ptolomeos en Egipto, los Seleúcidas (en Babilonia y después en Siria). Desde el
punto de vista administrativo el Imperio se encontraba consolidado, era fuerte en el plano
militar y económicamente crecía en importancia. En la Madre Patria de Alejandro, se
sucedieron numerosas guerras entre sus herederos por el control de Grecia.
Durante este período, las ciudades fundadas por Alejandro se desarrollaron,
fructificó el comercio; también se van empobreciendo muchos de los conquistados,
algunos fueron reducidos a la esclavitud, otros pasan a ser arrendatarios de las que antes
fueron sus tierras. Todo ello derivó en una fuerte tensión que encontramos testimoniada en
numerosos textos del Nuevo Testamento: Lc. 12,18 (Parábola del rico necio): “Y entonces
se dijo: - Voy a hacer lo siguiente, derribaré mis graneros, construiré otros más grandes y
almacenaré allí el grano y las demás provisiones. Luego podré decirme: Amigo, tienes
muchos bienes almacenados para muchos años: túmbate, come bebe y date la buena
vida”. Mt 18, 25: “Le presentaron a uno que debía millones. Como no tenía con que
pagar, el señor mandó que lo vendieran a él, con su mujer, sus hijos y todas sus
posesiones, y que pagaran con eso”; y en otros documentos de la época.
En este período se siguió usando la organización dejada por el imperio Persa, sólo
que los cargos de importancia eran confiados a macedonios.

2. El ambiente romano: el derecho y la política.


Es fundamental para comprender el ambiente en el que nace y se desarrolla el
cristianismo conocer algo del mundo romano, otra de las potencias dominadoras del pueblo
hebreo, y de toda la cuenca del Mediterráneo y prácticamente del mundo conocido. Roma
y/o los romanos son nombrados un número importante de veces en la Biblia, especialmente
en el N.T.

1
De los reinos establecidos por los generales de Alejandro, llamados ‘diádocos’ (en griego, diadochos,
‘sucesor’), los más importantes eran los de Siria, bajo la dinastía Seléucida, y Egipto, bajo la Tolemaica.
La capital del Egipto tolemaico, Alejandría, fundada por Alejandro en el 332 a.C., se convirtió en foco de
rivalidades culturales, a veces superando la importancia de Atenas en ese campo. Cada rincón del mundo
heleno se dedicó al cultivo de las artes y las actividades intelectuales. Algunos sabios, como los
matemáticos Euclides y Arquímedes, los filósofos Epicuro y Zenón de Citio y los poetas Apolonio de
Rodas y Teócrito, pertenecen a esta época.
3

Como ejemplo: Hch. 18,2: “Y se encontró con un judío que se llamaba Aquila, natural del
Ponto, quien acababa de llegar de Italia con Priscila su mujer, pues Claudio había
ordenado a todos los judíos que salieran de Roma”.
Hch. 22, 25. 26. 27. 29.: “Cuando lo estiraron con correas, Pablo dijo al centurión que
estaba allí: ¿Os es lícito azotar a uno que es romano sin haberle hecho juicio?
26: “Al oír esto el centurión, fue al comandante y le avisó, diciendo: ¿Qué vas hacer?
Porque este hombre es romano”.
27: “Vino el comandante a Pablo y le dijo: Dime, ¿eres romano? Y él dijo: Sí”.
28: “Y el comandante respondió: Yo adquirí esta ciudadanía por una gran cantidad de
dinero. Y Pablo dijo: Pero yo soy ciudadano de nacimiento”.
29: “Entonces los que iban a someterlo a azotes, al instante lo soltaron; y también el
comandante tuvo temor cuando supo que Pablo era romano, y porque lo había atado con
cadenas”.
Se puede decir que los dos ejes fundamentales de la cultura romana están
constituidos por el derecho y la política. Los romanos fueron eficientes administradores y
supieron gobernar a sus conquistados con mano fuerte bajo la ley romana, lo que no
impidió que su política fuera bastante dúctil.
En el año 63 a.C. Pompeyo ocupó Jerusalén y entró en el Santo de los Santos, lugar
del Templo al que sólo el Sumo Sacerdote podía acceder. Esta victoria romana marca el
inicio del período Palestino bajo el gobierno romano. Este dominio se vio fortalecido
cuando años más tarde Octavio puso fin a una serie de desórdenes y guerras que
abundaban en el Imperio, dando inicio a la pax romana.

La destrucción de Jerusalén

La paz deseada por los romanos y por el pueblo judío no fue posible; se dieron
numerosos desaciertos políticos que atentaban contra la esencia del pueblo judío, así las
revueltas pronto estallaron y con ello también diferentes Procuradores romanos se
sucedieron en el poder en Palestina. En un período de 22 años (44-66 d.C.) representaron el
poder de Roma siete Procuradores.
La aversión de los judíos hacia los romanos fue in crescendo, la acción de grupos
como los Zelotes contribuyó a la efervescencia anti romana, esto unido a los problemas
entre la población de habla griega con la judía de Cesarea, que en ausencia de un buen
político como Procurador, desencadenó un problema con amplias repercusiones; el
Procurador en vez de pacificar aprovechando la situación convulsionada, saqueó el tesoro
del Templo de Jerusalén, con ello la protesta del pueblo judío fue inevitable y la pretendió
aplastar dando permiso a los soldados para saquear la ciudad. Junto a esto está el “renacer”
de las esperanzas mesiánicas en grandes grupos de la población judía, se organizaron y
llegaron a expulsar a los soldados romanos de Jerusalén, lo que decidió la intervención
militar del Legado sirio Cestio Galo. Paralelamente en Roma con Nerón como emperador
la situación también era inestable (el incendio de Roma en el 64 del que se culpó a los
cristianos), terminará siendo depuesto por el senado y suicidándose. Las luchas por la
sucesión imperial dieron “tiempo” a los judíos quienes estaban presionados por las tropas
de Vespasiano, quien finalmente en el 69 fue nombrado emperador y dejó a su hijo Tito a
cargo del asedio y la conquista definitiva de Jerusalén, éste entra a la Ciudad de David en
el 70 y destruye la ciudad y el Templo; tiempo más tarde (73d.C) cayó la última resistencia
judía en la fortaleza de Masada. Fue prohibido el ingreso de los judíos a Jerusalén
convertida en la ciudad romana de Aelia Capitolina. En la ciudad de Jamnia un grupo de
4

fariseos que no se involucraron en la guerra judía dieron inicio al judaísmo que sobrevivió
en los siguientes siglos.

Respecto a la primitiva comunidad cristiana, el principal documento de que


disponemos para conocer las primeras décadas de la Iglesia son Los Hechos de los
Apóstoles, documento de innegable valor histórico, precisando que su intención
fundamental no ha sido la de ser un documento histórico, sino un testimonio de la fe de la
Iglesia primitiva.
El libro de los Hechos sólo abarca parte la historia del cristianismo primitivo;
debemos caer en la cuenta que está escrito en griego y sus destinatarios son precisamente
los judeocristianos provenientes del helenismo. Por tanto, Hechos se interesa poco por el
núcleo originario del cristianismo; es decir, por el judeocristianismo de lengua aramea,
incluso revela una cierta hostilidad hacia el judeocristianismo palestinense. Sin embargo no
debemos olvidar que el cristianismo más primitivo fue en gran parte de lengua aramea y
permaneció largo tiempo profundamente implicado en el mundo y sociedad judía de la
época.

ISRAEL: ORIGEN DE LA IGLESIA.

No podemos comenzar a adentrarnos en la vida de la Iglesia primitiva, sin hacer


una breve pero necesaria referencia a la historia del Judaísmo. La fe de Israel es el útero
del cual nace la Iglesia, que se considera a sí misma como el verdadero Pueblo Mesiánico,
en el cual se han cumplido plenamente las promesas hechas a Israel, el Pueblo de la
Antigua Alianza. Por lo tanto, debemos asomarnos muy someramente a la historia del
judaísmo contemporáneo a la Iglesia primitiva.

EL JUDAÍSMO DEL SIGLO I

Algunos medios judíos fueron hostiles al cristianismo desde sus inicios, por
ejemplo, los sumos sacerdotes (Hch 4, 1-3) y los saduceos. En realidad, se trata de dos
grupos distintos:
El año 30 d.C., el sumo sacerdote en funciones es Caifás. Por su lado, los saduceos
son un partido a la vez político y religioso, de tinte aristocrático y elitista, fiel al ideal
sacerdotal centrado en el Templo.
Los sumos sacerdotes se muestran especialmente celosos de su influencia sobre el
pueblo (Hch 5,17); los saduceos son hostiles a las innovaciones religiosas (Hch 4,2). De
hecho, tienen intereses comunes contra el judeo cristianismo.

Las detenciones de Pedro y Juan, que son citados ante el sanedrín (Hch. 4, 3-23),
son un ejemplo de esta hostilidad. Este odio a los judeocristianos de los sumos sacerdotes,
no es compartido por todos los miembros del sanedrín, el fariseo Gamaliel intercede a
favor de los apóstoles. Pablo aprovechará las diferencias entre saduceos y fariseos al
interior del sanedrín (Hch. 23,6); el episodio refleja la posición de los fariseos: admiten el
mesianismo y no tienen motivos para condenar a priori el movimiento originado por Jesús.
En cambio los saduceos, por razones doctrinales, son reacios a todo mesianismo. Y mucho
más hostiles son los sumos sacerdotes, que ven en el mesianismo una amenaza a su poder
personal. Ahí está al parecer su hostilidad contra Jesús y el judeocristianismo.
5

La posición de los fariseos es más compleja: Gamaliel defiende a los apóstoles,


pero persigue a los cristianos “helenistas” (Hch 6, 12). El reproche que hacía a estos
“helenistas” (judeocristianos procedentes de la Diáspora) era su desinterés respecto de la
independencia judía, del Templo que era su símbolo y de la estructura legal de Israel.
Entre los cristianos también había fariseos convertidos (Hch 15,5). A modo general,
podemos afirmar que los creyentes en Jesús del núcleo primitivo, eran devotos a su patria
judía, fieles al culto del Templo, estrictos observantes de las costumbres mosaicas.
Formaron el grupo más importante de la primera comunidad y atraían las simpatías de los
fariseos por su celo respecto a la Ley.
A este medio pertenecen personalmente los XII. Los vemos fieles al culto del
Templo. Pero su misión los obliga a estar por encima de los partidos. En la época, en la
religión judía se habían configurado en diversas tendencias. Dos de esas tendencias hemos
visto que resultaron especialmente importantes para Jesús y sus seguidores: saduceos y
sumos sacerdotes. Veamos con más detención algunos de los grupos político-religiosos
más importantes de la época:

Los Sumos Sacerdotes

El año 30 d.C. el sumo sacerdote en funciones es Caifás y el jefe de su familia es su


suegro Anás, ex sumo sacerdote. Estos hombres son hechura de los romanos, es decir, de
un modo u otro, conviven con el poder romano.
El Sumo Sacerdote era en Israel el máximo jefe religioso de la nación. La
institución del sumo sacerdocio era muy antigua, comenzando, según el Pentateuco, con
Aarón, hermano mayor de Moisés. En tiempos del segundo Templo de Jerusalén (c. 500
a.C.), el sumo sacerdote llegó a ser considerado como cabeza visible de la teocracia y
representante oficial de la nación respecto a sus gobernantes persas. El sacerdocio se
mantuvo fiel a la familia de Aarón hasta la dominación de Irreal por los griegos y, después,
por los romanos, cuando los gobernantes extranjeros comenzaron a otorgar el cargo a
hombres de su confianza.
Al sumo sacerdote judío sólo se le permitía casarse con una mujer israelita virgen, y
tenía prohibido cualquier contacto impuro que pudiera mancillarlo. Sus funciones
consistían en esencia en la administración del Templo y de la religión judía. Sólo él podía
entrar una vez al año (durante la fiesta del Yom Kipur 2) al recinto más sagrado del Templo,
el Sancta Sanctorum, lugar donde se guardaba el Arca de la Alianza. Utilizaba vestiduras
de gran esplendor, excepto cuando entraba al Sancta Sanctorum, pues entonces llevaba una
sencilla vestidura blanca. Proclamaba las revelaciones divinas, teniendo el privilegio
exclusivo de consultar a Dios. Aunque el sumo sacerdote no contase con la potestad
judicial, se podía apelar a él sobre cualquier asunto, y las decisiones importantes sobre
política necesitaban su consentimiento.

2
Yom Kipur (‘día de la expiación’), es la más sagrada de las efemérides judías. Junto con Rosh Ha-shaná,
constituye los llamados Días Solemnes. Yom Kipur es una jornada de confesión, de arrepentimiento y de
plegarias para que se olviden los pecados cometidos durante el año contra las leyes de Dios y la alianza con Él.
Es también el día en que se supone que se decide el destino de cada persona durante el año siguiente. Las leyes
relativas a esta festividad pueden encontrarse en Levítico 16; 23,26-32; 25,9 y en Números 29,7-11. En la
época del Templo de Jerusalén, el sumo sacerdote ofrendaba sacrificios para la expiación de los pecados.
Durante el ritual, colocaba sus manos sobre un carnero mientras confesaba los pecados del pueblo. Luego el
carnero era llevado al campo y lanzado desde un precipicio. Este acto era un símbolo de la expiación y del
perdón de Dios.
6

LOS SADUCEOS

Son un partido a la vez político y religioso, fiel al ideal sacerdotal centrado en el


Templo. Provenían de los círculos más abiertos a la cultura helenista. Cuando se agrupan,
la fe en la resurrección no había llegado a ser creencia general en los judíos; de ahí que
rechazaran la resurrección. En tiempos de Jesús se habían convertido en un partido
político-religioso de talante aristocrático.
Los saduceos surgieron en el siglo I a.C. Reconocían como reglas obligatorias sólo
las de la Torá escrita, rechazando las interpretaciones tradicionales de los escribas y el
desarrollo de la Ley. Rechazaban la tradición farisaica, que representaba un punto de vista
religioso y legal más antiguo. Los saduceos no creían en la resurrección ni en ningún tipo
de inmortalidad personal; rechazaban también a los ángeles y a los espíritus. El
movimiento saduceo fue denunciado por Jesucristo en la frase "estén atentos a la
influencia [es decir, la doctrina] de los fariseos y los saduceos" (Mt. 16, 6-12). Los
saduceos desaparecieron con la caída del estado judío, arrasado por los romanos en el año
70 d.C.

LOS FARISEOS

Eran más rígidos y cerrados que los anteriores. Se reconocían a sí mismos como
una agrupación de hasidim (piadosos). En tiempos de Jesús estaban dominados por el
grupo de los escribas.
Denominados unas veces secta y otras veces, escuela de pensamiento judío, surgen
como grupo o partido independiente en el siglo II a.C. Basaron su identidad en mantener
una fuerte resistencia a todas las influencias griegas o extranjeras que amenazaban con
minar la sagrada religión de sus padres, cumpliendo al pie de la letra lo estipulado por la
Ley. Los saduceos se enfrentaban a los fariseos en asuntos políticos y, en cierta medida, en
cuestiones religiosas. Los fariseos deseaban que el Estado y la totalidad de los asuntos
públicos y políticos de Israel estuvieran regidos y se midieran de acuerdo a la Ley,
enfrentándose así con los aristócratas y saduceos, muy abundantes entre la clase sacerdotal.
Su doctrina se basaba en el judaísmo ético, espiritual, y en ocasiones, místico, que
permitió a la religión judía sobrevivir a la destrucción del Templo y del Estado judío por
parte del Imperio romano en el año 70 de nuestra era. Posteriormente, el fariseísmo se
convirtió en la forma dominante del judaísmo ortodoxo. En su condena a los fariseos
registrada en el Nuevo Testamento (Mateo 23), Jesús se está refiriendo en realidad a los
fariseos hipócritas, condenados también por el Talmud3.

LOS ESCRIBAS

Eran “laicos” que actuaban no sólo como copistas, sino como redactores e
intérpretes de la Biblia y de la Ley. Entre los judíos, un escriba (del hebreo, sopher) era un
copista de la Ley o un secretario que de un modo paulatino se convertía en copista oficial,
lo que equivalía, en cierta forma, a un secretario oficial. El escriba era un hombre culto
preocupado por la letra de la Ley y versado en las Escrituras. Los escribas de los fariseos y

3
Talmud: cuerpo de ley civil y religiosa del judaísmo, que incluye comentarios sobre la Torá. El Talmud
consta de un código de leyes (Mishná) y de un comentario sobre éste (Guemará).
7

de los saduceos representaban diferentes, y a menudo opuestas, interpretaciones de las


leyes del judaísmo. En el siglo I d.C. los escribas fueron los preservadores del judaísmo
tras la destrucción del templo en el año 70.

LOS ESENIOS

Eran también una rama de los hasidim. Entre ellos había círculos similares a una
orden religiosa (con celibato, oración común, comunidad de bienes, etc.). Este grupo
religioso judío, estaba organizado en torno a bases comunitarias profundas y a prácticas de
un estricto ascetismo. La hermandad, que llegó a contar con aproximadamente 4.000
miembros, vivió en Siria y en Palestina desde el siglo II a.C. hasta el siglo II d.C. Sus
principales asentamientos se encontraban a orillas del Mar Muerto.
Los esenios no son mencionados ni en la Biblia ni en la literatura rabínica. Toda la
información que se tiene de ellos proviene de los escritos y obras de Filón de Alejandría 4,
Plinio el Viejo5 y Flavio Josefo6.
Las enseñanzas fundamentales de los esenios eran el amor a Dios, el amor a la
virtud y el amor al prójimo. Sus rasgos distintivos más importantes eran la comunidad de
bienes y propiedades (distribuidas de acuerdo con las necesidades de cada uno), la estricta
observancia del shabat y un aseo escrupuloso (dentro del que se incluía el lavarse con agua
fría y usar prendas de vestir blancas). Tenían prohibido jurar, emitir votos (salvo los
exigidos para ser miembros de la orden), sacrificar animales, fabricar armas y participar en
el comercio o hacer negocios. Sus miembros eran reclutados a través de la adopción de
niños o bien entre aquellos que habían renunciado a todos sus bienes materiales. Se exigía
una prueba temporal de tres años antes de que el novicio pudiera emitir sus votos
definitivos, que exigían una total obediencia y discreción. La prohibición de ingerir
alimentos impuros constituía una ley que podía llegar a significar la muerte por inanición.
Los esenios fueron los primeros en condenar la esclavitud, considerándola una
violación de los derechos consustanciales a los hombres; se sabe que, incluso, compraban y
luego liberaban a personas que habían sido hechas esclavas. Su trabajo fundamental se
centraba en la agricultura y en la artesanía.
El estudio del mundo de los esenios reapareció con gran fuerza en 1947, año en que
fueron descubiertos unos antiguos manuscritos hebreos, cerca del mar Muerto, en Qumrán,
lugar que pudo haber sido, en el siglo I d.C., zona de asentamiento de alguna comunidad
esenia. Entre los manuscritos, había un manual de observancias religiosas y vida común,
que puede relacionarse con el modelo de vida de los esenios.

Filón de Alejandría (c. 20 a.C.- 50 d.C.), filósofo judío heleno. Aunque está considerado como el filósofo
judío más importante de su tiempo, Filón hizo tan suyas las doctrinas procedentes de la filosofía griega que
debe ser considerado también como un filósofo heleno que combinó elementos tomados de distintos orígenes
dentro de una unidad original.
5

Plinio el Viejo (c. 23 d.C.-79), escritor y enciclopedista romano, máxima autoridad científica de su época.
Escribió numerosas obras históricas y científicas.
6
Flavio Josefo (37 d.C.-c. 101), historiador judío, nacido en Jerusalén, de linaje real y sacerdotal. Hombre a
la vez instruido y mundano, fue miembro del partido de los fariseos, y también una figura pública que, antes
de la sublevación judía contra Roma (66), tuvo buenas relaciones en la corte del emperador Nerón.
8

¿Hubo relaciones entre los esenios y la comunidad cristiana primitiva? Por una
parte los documentos cristianos atestiguan ciertas semejanzas entre algunos aspectos de la
comunidad cristiana de Jerusalén y lo que sabemos de los esenios por los manuscritos del
Mar Muerto y los datos de Filón y Josefo. Pero no sabemos si las prácticas semejantes, que
sólo conocemos por lo que se refiere a la comunidad de Qumrán, se daban también en
otros ambientes del judaísmo. Por otra parte, había comunidades judías en las que no era
extraña la comunidad de bienes y los banquetes comunitarios. Esta parece ser la
explicación más probable hasta ahora de las similitudes que podemos advertir entre ambos
grupos.
Unido a lo anterior, lo cierto y comprobable históricamente, es que tanto la
comunidad judeo cristiana primitiva como los esenios, vivieron insertos en el enrarecido
ambiente de fuerte talante escatológico y apocalíptico de la Palestina del siglo I de nuestra
era. El hecho de que ambos grupos compartiesen un mismo contexto histórico, no prueba
necesariamente que tuviesen nexos permanentes ni que luchasen por los mismos ideales ni
menos que compartiesen la misma doctrina religiosa.

Los Zelotes
Formaban otra facción religioso-política judía, conocida por su resistencia fanática
al dominio romano en Judea durante el siglo I. Los zelotes surgieron como grupo político
durante el reinado (37-4 a.C.) de Herodes el Grande.
En el año 6 d.C., cuando Judea pasó bajo dominio directo de Roma y las
autoridades ordenaron elaborar un censo para aplicar impuestos, los zelotes, dirigidos por
Judas de Galilea, convocaron a la rebelión. Aducían que reconocer la autoridad del
emperador pagano de Roma significaría repudiar la autoridad de Dios y someterse a la
esclavitud. Un grupo extremista de zelotes, denominados sicarios (los hombres daga)
adoptaron una resistencia violenta, asesinando romanos y judíos notables que promovían la
cooperación con la autoridad de Roma. La rebelión llevada a cabo por los zelotes ese año
fue sofocada enseguida y muchos de ellos murieron, pero otros continuaron preconizando
la resistencia inflexible a los romanos. Uno de los discípulos de Jesús, Simón, era un zelote
(Lc. 6,15).
Según Flavio Josefo, los zelotes desempeñaron un papel importante al promover y
apoyar la sublevación general judía contra los romanos que comenzó el año 66 d.C.
Aunque siguieron atacando a otras facciones judías, lucharon con valentía en defensa de
Jerusalén hasta su caída en el año 70 d.C. Otro grupo de zelotes defendió la fortaleza de
Masada ante el asedio de las tropas romanas hasta el año 73 d.C., cuando prefirieron el
suicidio antes que rendirse.

LOS ORÍGENES DE LA IGLESIA

Dado que el cristianismo surgió del judaísmo en el siglo I de nuestra era, nada hay
en los relatos evangélicos que pueda comprenderse al margen de la historia del pueblo
judío. Igualmente, ninguna sentencia de Jesús de Nazaret tiene sentido si no se la inserta en
el contexto natural del pensamiento judío contemporáneo. Nuestra tarea al comenzar un
curso de Historia de la Iglesia Antigua, es la de asomarnos a investigar el fenómeno del
nacimiento del cristianismo, relacionando a Jesús y el evangelio no sólo con el Antiguo
9

Testamento, sino también, y sobre todo, con el mundo judío de su época. Tal objetivo exige
una asimilación plena de los descubrimientos de los investigadores del judaísmo ínter
testamentario, por un lado, y de la Palestina helenística y romana, por otro.

EL ACONTECIMIENTO DE PENTECOSTÉS

La Iglesia nace de la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles el día de
Pentecostés del año 30, aproximadamente. No podemos prescindir en la historia de la
Iglesia, de su dimensión divina. En este punto es importante el testimonio del libro de los
Hechos de los apóstoles, que nos presenta el episodio de la creación de la Iglesia, como un
gran acontecimiento de la historia de salvación. Este testimonio corresponde a la tradición
cristiana primitiva de raíz helenista. La presentación que de él nos hace Lucas reclama
ciertas aclaraciones:

 Es históricamente posible que sucediera el último día de la Fiesta de las Semanas7 del
año 30 en Jerusalén. Los XII luego de su dispersión del domingo de Pascua, podían
haber regresado a Jerusalén para la peregrinación de Pentecostés.

 En el discurso de Pedro (Hch 2, 14-36) aparece un esquema kerigmático arcaico


(cristología de exaltación). La lista de pueblos recuerda Gen 10. Hay cierto paralelismo
entre la revelación del Sinaí y la del Cenáculo: lenguas de fuego, viento impetuoso.

 Después de Pentecostés, los apóstoles comienzan a anunciar el Evangelio, y en


particular Pedro. Los apóstoles dan testimonio del acontecimiento salvífico, investidos
por la autoridad y encargo de Jesús durante su vida pública. Esto lo ejercen después de
Pentecostés.

 El contenido fundamental del kerigma8 es la resurrección de Jesús (Hch 2, 24; 2,39;


3,15). Este acontecimiento es una acción de Dios. Los apóstoles presentan una triple
justificación de este anuncio.

 La primera es su propio testimonio (2,32); ellos han visto a Cristo resucitado. La


condición para ser apóstol es precisamente haber sido testigo de Cristo resucitado
(1,22); Pablo es considerado apóstol precisamente por ser el último a quien se apareció
el Señor resucitado (1 Cor 15,9). Será de ahora en adelante la Iglesia la que transmitirá
ese testimonio de los apóstoles: es la “tradición de los Apóstoles”.

 La segunda prueba a favor de la resurrección de Cristo son las obras


extraordinarias realizadas por los apóstoles (2,43); en ellas los judíos reconocen una
7
Shavuot, en el judaísmo, festividad también conocida como fiesta de las semanas. Se celebra a finales de
verano, siete semanas después de la Pascua. En tiempos bíblicos se conmemoraba para dar gracias por la
cosecha. Más tarde, la tradición asocia la festividad con la entrega de la Ley en el monte Sinaí. La
observancia del Shavuot incluye la lectura del libro de Rut y la decoración de la casa y la sinagoga con frutas
y flores. Además, se toman alimentos lácteos que simbolizan la leche y la miel. El cristianismo retomó esta
fiesta bajo el nombre de Pentecostés.

8
Kerigma (del griego kerigma, noticia), en el Nuevo Testamento se identifica con el anuncio del Evangelio.
Al enviar Jesús a sus discípulos a proclamar la noticia de la salvación a todos los pueblos, no sólo les encarga
difundir y dar testimonio de un suceso, sino que ese anuncio hace presente la redención allí donde se
proclama.
10

intervención de Dios. Los milagros aparecen no sólo como un acto maravilloso que
verifica la acción del Resucitado, sino que muestran la eficacia de la Resurrección, es
la fuerza divina que realiza por medio de los apóstoles las obras divinas, para que los
hombres las reconozcan y reconozcas a través de ellas la presencia de Dios y lo
glorifiquen en Cristo Resucitado.

 Una tercera prueba de la Resurrección, apunta especialmente a los judíos: el


cumplimiento de las profecías que se referían al Mesías. Los judíos no deben ser
convertidos a Dios, ya creen en Él y esperan al Mesías. Lo que necesitaban es
reconocer en Jesucristo el Mesías esperado; deben reconocer que en Él se cumplían las
profecías relativas al fin de los tiempos. Los discursos de los Hechos tienen este
objetivo: que los judíos reconozcan, en la resurrección de Jesús, el acontecimiento
escatológico anunciado por los profetas. Esta es también la finalidad del kerigma. Se
trata pues, de una conversión a Jesús.

Es decir, la proclamación de Jesús como Mesías iba destinada en primer lugar a Israel,
el pueblo de la esperanza escatológica. La ansiosa espera de un pronto retorno del Señor
exaltado, incrementada por el cambio experimentado en la suerte de Jesús, se exteriorizaba
en el empeño por atraer de manera especial a los judíos a la fe en Jesús, el Mesías.
La finalidad del kerigma cristiano es hacer reconocer a los judíos que lo que se ha
cumplido en Jesús es una acción definitiva de Dios. Se trata, ante todo, de un cambio total
de actitud frente a Jesús, de una conversión. Y en un llamamiento a la conversión
desembocan los discursos de Pedro (Hch 3, 19). Los judíos deben reconocer que se han
equivocado al ignorar el carácter divino de Cristo y al condenarlo como blasfemo porque
reivindicaba esa dignidad divina.
Pero, ¡he aquí la gran paradoja!: la no conversión de Israel fue el gran escándalo de
la Iglesia primitiva; más aún, como veremos pronto, los creyentes en Jesús que
perseverarán en la fidelidad a su Evangelio no serán el grupo original de judíos que lo han
reconocido como Mesías (es decir, los judeo cristianos de lengua aramea), sino el grupo de
cristianos procedentes del ambiente helenista y que constituirá la Iglesia apostólica que no
sólo va a sobrevivir en ese mundo y esa cultura, sino que terminará por conquistarlos.

LA VIDA DE LA COMUNIDAD EN LA IGLESIA DE JERUSALÉN

Los Hechos de los Apóstoles, junto con describir el medio en que se desenvuelve la
comunidad de Jerusalén, nos dejan ver algunos aspectos de su vida. Los primeros
cristianos siguen tomado parte de la vida religiosa de su pueblo, del pueblo judío: “Los
millares de judíos que han creído son celosos de la Ley” (Hechos 21,20); lo que quiere
decir que circuncidan a sus hijos, que observan lo prescrito acerca de las purificaciones en
la religión judía, que practican el descanso sabático. El particular, los creyentes en Jesús de
Jerusalén toman parte en las plegarias que tienen lugar diariamente en el Templo (Hch.
2,46). Vemos a Pedro y a Juan subir al Templo para la oración matutina (5,21) y para la
oración de nona (3,1). Es decir: los creyentes en Jesús aparecen ante el pueblo judío de
Jerusalén como judíos especialmente piadosos, a quienes acompaña la bendición de Dios
(Hch 5,13) y constituyen un grupo especial dentro de la comunidad de Israel.
Pero los judeocristianos tienen conciencia de formar a la vez una comunidad
particular: la de los creyentes que reconocen como Mesías a Jesús de Nazaret, muerto y
resucitado por nuestra salvación y a quien el Padre ha exaltado, constituyéndolo Mesías y
Salvador. Los Hechos los designan ya con el nombre de (ecclesia). La palabra
11

significa en griego (koiné) una “asamblea oficial”. Pero parece ser que su uso en los
Hechos alude a su empleo en la traducción griega de la Biblia (la de los LXX), donde el
término “ekklesía” designa al Pueblo de Dios reunido en el desierto (Ver: Hch. 7,38). La
palabra significa, según esto, que los cristianos se consideraban no como una comunidad
más dentro del judaísmo, sino como el nuevo pueblo de Dios. La palabra 
designó en un principio, a la Iglesia de Jerusalén. Más tarde será aplicado a las diversas
iglesias locales que irán surgiendo a imitación de la Iglesia Madre de Jerusalén. Así, Pablo
reunirá la iglesia de Antioquía (Hch 14,27) y saludará a la iglesia de Cesarea (Hch 18,22).
No obstante la diversidad de iglesias que surgirán de la acción misionera de los apóstoles y
de sus ayudantes, los cristianos tienen clara conciencia que todos forman una sola e
idéntica “Iglesia”, que está presente en diversos lugares, y la palabra tomará el significado
de la Iglesia universal.
De hecho, estos cristianos, la gran mayoría de ellos judeocristianos de lengua
aramea o de lengua griega, al mismo tiempo que toman parte en la vida de su pueblo judío,
tienen además una vida propia. Se reúnen comunitariamente en sus casas “a partir el pan”
(Hch 2,46). Pablo nos cuenta que en la comunidad de Corinto la “la iglesia está en casa de
Aquila y Priscila” (1 Cor. 16,19).
Los cristianos se reunían con frecuencia. Los Hechos hablan de reuniones diarias
para la fracción del pan, una comida y oraciones de alabanza (2,46). Algunas de estas
reuniones eran de noche, del sábado al domingo (Hch 20,7). Es decir, los creyentes en
Jesús tomaban parte de las plegarias en el Templo el sábado y luego se reunían por su
cuenta en sus casas.

Otro aspecto de la vida de la comunidad de Jerusalén, según nos muestran los


Hechos, es su organización económica. Los Hechos hablan de una comunidad de bienes
por parte de los hermanos (4,34). Bernabé poseía un campo, lo vendió y entregó el dinero a
los apóstoles (4, 36-37). Por el contrario, Ananías y Safiria, habiendo vendido un campo,
se quedaron con parte del dinero, engañando así a los apóstoles (5, 1-2). El texto precisa
que la comunidad de bienes no era obligatoria. La falta de Safiria consistió en haber
engañado a la comunidad.
Una “caja de dinero común” ya existía en la sinagoga judía. Pero Lucas en los
Hechos parece hablar de algo más que eso, de una verdadera comunidad de bienes; lo cual
no era exclusivo de los creyentes en Jesús, los esenios también tenían esta comunidad de
bienes.
Un hecho típico de la comunidad cristiana de Jerusalén, es la preeminencia que
adquirió Santiago el Justo entre los presbíteros, quien aparece más plenamente asociado a
los poderes de los apóstoles. Cuando Pablo vaya a Jerusalén el año 41 (Ver Gal. 1,18), se
encontrará con Pedro y con este mismo Santiago. En el concilio de Jerusalén, él es el único
que habla además de Pedro. Santiago, era pues, ciertamente la cabeza de la comunidad de
Jerusalén (judeocristianos de lengua aramea). Y parece incluso disponer de poderes
semejantes a los de los Apóstoles. En este sentido podemos afirmar que Santiago era
propiamente el (epíscopos) de Jerusalén. El historiador eclesiástico Eusebio de
Cesarea (siglo IV) afirma que “Pedro, Santiago y Juan no se reservaron la dirección de la
iglesia local de Jerusalén, sino que eligieron a Santiago el Justo como obispo” (H.E., II,
I,4). A Santiago el Justo corresponderá en adelante, y no a Pedro y a los Apóstoles, la
dirección de la iglesia local de Jerusalén (Hch. 12,17). Aparece así como jefe del grupo
(colegio) de los presbíteros de la iglesia local y como heredero de los poderes apostólicos.

La estructura de la Iglesia de Jerusalén va tomando así una fisonomía propia. Los


Apóstoles son testigos de la resurrección y los depositarios de la plenitud de los poderes.
12

Pedro aparece como su jefe. Al principio presidieron ellos y administraron directamente la


iglesia madre de Jerusalén. Pero pronto pidieron la colaboración de algunos creyentes.
Estos son por una parte, los presbíteros, que se ocupan de los creyentes provenientes del
judaísmo (la gran mayoría), formando un grupo estable, un “colegio”, presidido por
Santiago, el cual participa de manera especial de los poderes apostólicos. Por otra parte, los
Apóstoles establecen una organización similar para los creyentes en Jesús de origen
helenista (sabemos ya que no se trata de “griegos”, sino de judeocristianos de lengua
griega). Los Siete diáconos corresponden a los presbíteros de los judeocristianos de lengua
aramea.

ALGUNAS CONSIDERACIONES GENERALES SOBRE LA RELACIÓN ENTRE EL JUDAÍSMO Y


LA COMUNIDAD CRISTIANA PRIMITIVA

 El judaísmo fariseo trataba sobre todo de conseguir la salvación (justificación)


mediante el exacto cumplimiento literal de las numerosas prescripciones
particulares de la “Ley”. En lo cual había mucho de exteriorización, autojustificación
e hipocresía, que Jesús repetidas veces censuró con dureza (Mt 23,13ss).
 El judaísmo fariseo tenía fuerza interna. La mejor prueba de ello es el hecho de que
pudiera ligar tan fuertemente a su causa a un espíritu tan noble como Pablo. Por lo
demás, era un ideal peligroso, por el que el judaísmo finalmente se sacrificaría dándose
muerte a sí mismo, pero no por eso dejaba de ser un ideal. Era la orgullosa conciencia
de poseer, en toda su singularidad y exclusividad, el verdadero judaísmo, renacido de la
heroica lucha de los Macabeos; era el vigoroso intento de mantenerse alejados de todo
lo “impuro”.
 Los judíos odiaban a los romanos, demoledores de su independencia política. La
mayor gloria del pueblo judío consistía en no reconocer otro rey que Yahvé. Los judíos
por otra parte, eran despreciados por romanos y griegos. No obstante, la religión
monoteísta y la moral interiorizada de los profetas y de algunos salmos y escritos
didácticos judíos, poseían tal fuerza de atracción, que un considerable número de
paganos se convierten en simpatizantes del judaísmo. Muchos se convertían del todo y
se sometían a la circuncisión y a todo el ceremonial de la Ley (los prosélitos); otros
buscaban una relación más estrecha con el judaísmo por la sola y exclusiva razón de
aceptar la fe en el Dios único; éstos eran los “temerosos de Dios”, que conocemos por
el Nuevo Testamento (Hch 2,5). Los prosélitos9 y temerosos de Dios son una prueba de
la inquietud religiosa dentro del mundo grecorromano de entonces.
 La fuerza de atracción de la religión y la moral judías ejercía su máxima
influencia en el judaísmo de la diáspora. Este mantenía su adhesión en todo lo
esencial de la religión judía, pero libre de la exagerada estrechez y rigidez del judaísmo
palestino. Estaba más abierto al mundo y a la universal filosofía greco-helenista.
 A mediados del siglo II a.C., el filósofo Aristóbulo había intentado en Alejandría
demostrar la armonía entre la ley mosaica y la filosofía griega. Esta relación se
muestra en los escritos de Filón de Alejandría, filósofo de la religión (contemporáneo
de Jesús, 25 a.C.-40 d.C.), que ofrece una exégesis alegórico-místico-filosófica del AT
y muestra una verdadera conexión entre la religión judía y la filosofía helenista. Este
tipo de judaísmo se convirtió en el puente más importante entre el joven cristianismo y
9
prosélito. (Del lat. tardío proselyytus, y este del gr. προσήλιτος). m. Persona incorporada a una religión.
13

el paganismo. En él encontramos claramente estructurado por vez primera un aspecto


de la posterior síntesis cristiana: segura de sí misma e inflexible en lo fundamental,
pero ensayando sin cerrar el diálogo para comprender mejor sus fundamentos y
radicalmente abierta a todos los valores espirituales para transmitir a todos los hombres
la única religión verdadera.
 También el judío Flavio Josefo (segunda mitad del siglo I) escribió sus obras
históricas según el patrón helenístico y para helenistas ilustrados.
 Ya en tiempos de Jesús, la religión judía está expuesta en los escritos del AT en
hebreo y en gran parte en griego. La traducción de estos libros al griego por los
presuntos setenta sabios de Alejandría (LXX =Septuaginta) en los siglos III y II a.C.,
significó la mayor transmisión de la religión monoteísta paleotestamentaria al mundo
pagano. Con esta traducción, el AT se convirtió en la Escritura Sagrada del cristianismo
antiguo. No era uno de tantos libros de los cristianos; para ellos era el Libro Sagrado.
Los escritos del NT fueron apareciendo paulatinamente, siendo coleccionados más
tarde.
 En contenido del AT no es filosofía, sino revelación religiosa, escritura inspirada y
testimonio de la acción salvífica de Dios en la historia del pueblo elegido. Encierra
un claro monoteísmo y el mensaje religioso-moral de los profetas, basado en la
autoridad divina.
 El AT apunta más allá del judaísmo, al tiempo de la salvación mesiánica. Aunque
los judíos, al comienzo de nuestra era, por un lado alentaban una esperanza mesiánica
tintada de muchos matices políticos, los escritos “apocalípticos” y el mensaje
profético, por otro, habían preparado los ánimos para entender la inminente doctrina
religiosa del Mesías Salvador. En este sentido el mismo judaísmo es un testimonio a
favor de la Iglesia, cuando ésta toma posesión de la herencia del pueblo elegido.
 También fue de gran importancia para la historia de la Iglesia la clara conciencia
de Israel, basada y alentada en los Escritos Sagrados, de creerse el pueblo elegido.
Este convencimiento, acrecentado por las promesas y el mandato misionero del Señor,
pasó como legítima herencia al cristianismo. Y dio lugar a una concepción cristiana, no
judeocéntrica, del mundo y de la historia. Lo característico de esta concepción, en
cuanto a su contenido, es que en última instancia todo depende de Dios; y lo importante
de su orientación es que hay primero un anuncio y, en consecuencia, la historia no
sigue un movimiento circular de retorno, sino que verdaderamente progresa, apuntando
a una meta final, que de una vez para siempre clausurará toda la historia.
 El hecho de que el cristianismo resultase de este modo heredero del judaísmo dio a
su vez ocasión en la Iglesia a una síntesis enormemente fructífera: la Iglesia goza
del título legal y honorífico de un pasado antiquísimo, respetable siendo al mismo
tiempo nueva y joven.

EL ORDENAMIENTO DE LA COMUNIDAD
14

Sin duda el elemento más destacado de la comunidad primitiva es su fe, lo cual no


desmerece el hecho de que desde sus inicios haya sido una comunidad estructurada, con
sus jerarquías y su ordenamiento. El uso de conceptos como kleros (Hch 1,17; 1 Pe 5,3)
evidencian la existencia de una comunidad con un cierto ordenamiento, tal como sucedía
ya en la sinagoga judía. Por otro lado, los creyentes animados por el ejemplo del Señor,
entendían cada uno de los oficios como servicio (Mc 9,35; 10,43ss).
Los XII, con Pedro a la cabeza, ejercían en nombre de Jesús, el poder de
jurisdicción en la comunidad primitiva. Como primer testigo del acontecimiento pascual,
Pedro aparecía como el responsable entre los hermanos, por ejemplo, en la elección de
Matías (Hch 1,15-26) y en la venida del Espíritu Santo (Hch 2,14-41). Según el autor de
los Hechos, de Pedro habría partido la iniciativa de misionar a los judíos de Palestina (Gál
2,8) y también a los gentiles (Hch 10,1-11), una evolución que probablemente irritó a las
autoridades judías que pronto comenzaron a tomar las primeras medidas coactivas contra
los apóstoles (Hch. 4,1-22; 5, 17-42).
En Hechos, Pedro era considerado como la autoridad suprema de la primitiva
comunidad de Jerusalén; su actividad pronto desbordó los límites de Jerusalén. La
conducta de Herodes Agripa I (37-44)10, protegido de Roma, quien hizo decapitar a
Santiago uno de los Zebedeos el año 41, trajo consigo también la detención de Pedro,
quien liberado de forma milagrosa de la cárcel, si dirigió “a otro lugar” (Hch. 12,17).
Por esos días, la dirección de la comunidad judeocristiana de Jerusalén había
pasado a ser responsabilidad de Santiago, el hermano del Señor11, quien gozó de gran
prestigio desde un principio por su parentesco con la familia de Jesús. Su fidelidad a la Ley
de Moisés evitó quizás que las autoridades judías lanzaran un ataque definitivo a la
comunidad de los creyentes. Pablo, que lo había visto en su primera visita, (Gál 1,19) se
encontró de nuevo con él como enviado de la comunidad de Antioquía en las
negociaciones sobre la misión de los gentiles, juntamente con Pedro y Juan. A estas tres
columnas (Gál 2,9) asistía en la dirección de la comunidad de Jerusalén, un colegio de
presbíteros (Hch 11,30; 15,2; 20,17), siguiendo el ejemplo de la constitución sinagogal.
Competía a este grupo de “ancianos” tareas de organización que incluía la
preocupación por los creyentes que se encontraban en apuros (1 Pe 5,1-4; Sant 5,14). Por
lo demás, se hacía participar a toda la comunidad en la toma de decisiones. Así se actuó,
por ejemplo, en la designación de los siete para los “helenistas” (Hch 6, 2-5) o en la
disputa sobre la misión entre los gentiles (Hch 15,22; Gál 2,9).
Por otra parte, en las Cartas Pastorales, resulta interesante que consideremos el
aspecto de los ministerios eclesiásticos, ya que dichos escritos ofrecen interesantes datos
acerca de la constitución jerárquica de la Iglesia en el siglo primero.
10
Herodes Agripa I (c. 10 a.C.-44 d.C.), rey de los judíos (41-44 d.C.). Nieto de Herodes el Grande, Agripa
pasó su juventud en la corte del emperador romano Tiberio, donde fue nombrado compañero de su nieto,
Cayo César (posteriormente emperador Calígula). Cuando éste accedió al trono en el 37 d.C., convirtió a
Herodes Agripa en tetrarca (gobernador) de Batanea y Traconítida, territorios al este del mar de Galilea. En el
año 41 el emperador Claudio I lo nombró rey de Judea. Para mantener la paz, Herodes Agripa adoptó una
política en favor de la cultura judía. Su extrema devoción personal y su apoyo oficial a los intereses judíos le
permitieron obtener las simpatías del pueblo, aunque consiguió una fuerte desaprobación tanto de la
población civil romana como de las tropas romanas de sus dominios.
Herodes Agripa es mencionado en el Nuevo Testamento como perseguidor de los cristianos. Según Hechos
de los Apóstoles (12), ordenó la muerte del apóstol Santiago y el encarcelamiento de san Pedro.
11
Santiago: nombre de tres santos de la Iglesia del siglo I: Santiago (llamado el hermano del Señor),
Santiago el Mayor y Santiago el Menor.
Santiago (siglo I d.C.), llamado el ‘hermano del Señor’ (Mc. 6,3; Gál. 1,19), uno de los primeros obispos de
la Iglesia en Jerusalén (He. 12,17; 15,13). Santiago fue condenado a muerte por el Sanedrín hacia el año 63.
Algunas tradiciones le identifican con Santiago el Menor, pero los eruditos modernos consideran improbable
esta hipótesis, aunque sí le otorgan la autoría del Libro de Santiago.
15

En la Epístola a Tito, Pablo dice a su interlocutor, que el motivo de haberlo dejado


en Creta fue para que terminara de organizar lo que faltaba y estableciera presbíteros en
cada ciudad (cf. Tt 1,5), e inmediatamente Pablo pasa a describir las características que
debe reunir el candidato (vº 6). Inmediatamente comienza a hablar acerca del obispo (vº 7),
enunciando las cualidades de dicho personaje, que resultan ser las mismas del presbítero.
Razón por la cual, debe tratarse de dos términos sinónimos.
El hecho de hablar de los presbíteros para referirse de repente a los obispos sin
indicar el cambio de sujeto gramatical, sugiere que para Pablo existe una real equivalencia
entre el cargo de presbítero y obispo12.

¿Cuáles eran las funciones de estos presbíteros y epískopos?13

En primer lugar: en las pastorales, los presbíteros-obispos eran los “maestros oficiales
de la comunidad”. Aferrándose a la enseñanza que habían recibido de Pablo a través de
Tito y Timoteo, rechazaban cualquier novedad o enseñanza diferente. Así protegían a la
comunidad de las falsas doctrinas (Tit 1,9-2,1; 1 Tim 4,1-11).
En segundo lugar: ya que la Iglesia es “la Casa de Dios” (1 Tim 3,15), los
presbíteros-obispos debían ser como padres, responsables de la casa, administradores
de los bienes, ejemplares guardianes de la disciplina. Así la Iglesia se mantendría unida,
frente a las fuerzas desintegradoras que la rodeaban.

Las virtudes exigidas a los presbíteros-obispos son institucionales, semejantes a las


de cualquier organización de carácter familiar. Deben ser irreprochables, íntegros, santos;
dueños de sí mismos y de un carácter que no sea colérico o arrogante (1 Tim 3,4). Capaces
de administrar su propia casa y no amantes de las riquezas. No se les permite ser borrachos
(Tit 1,7) ni falaces. En ocasiones se les pide no ser recién conversos, sus hijos deben ser
cristianos (1 Tim 3,2.6; Tit1, 6).

Los últimos requisitos indican que está surgiendo la Iglesia como una sociedad
con normas establecidas, impuestas a sus personajes públicos. Las Pastorales describen
las características necesarias para quien tiene que acompañar de manera permanente a una
comunidad. Es decir, ofrecen una respuesta estructural que pretende:

1. Preservan la tradición apostólica contra ideas y maestros radicales y heterodoxos.


2. Exponen las virtudes exigidas a los pastores para la salvaguarda de la institución.
3. Hacen una marcada distinción entre los que enseñan y los que son enseñados.

12
Al parecer, en el N.T. y en la literatura cristiana del siglo I, estos términos son efectivamente sinónimos.
Véase, por ejemplo, Hch 20, 17 y compárese este texto con Hch 20, 28.
13
Ver: RAYMOND E. BROWN, Las Iglesias que los Apóstoles nos Dejaron. Descleé de Brouwer, Bilbao, 1998,
p. 41 y ss.
16

Resumiendo: varios estudiosos de gran prestigio, coinciden en que la


evangelización de los Apóstoles en la Iglesia primitiva aparece como la obra de un
colegio, del grupo de los XII. Ellos, en cuanto cuerpo, tienen la misión de evangelizar.

Hay otros que también evangelizan solidariamente con el colegio apostólico: la


misión evangelizadora de Pablo es colegial, pues él procura trabajar colegialmente con los
XII. Pronto se desarrolla también la actividad de unos “evangelizadores itinerantes”,
aunque ya algunos, como Clemente de Roma14 e Ignacio de Antioquía15, permanecen fijos
en una Iglesia determinada; son los llamados presbíteros y epíscopos descritos en las
Cartas Pastorales.

Junto con los “evangelizadores itinerantes”, -entre los cuales también podríamos
perfectamente considerar a Timoteo y Tito- , surge en cada Iglesia local una institución de
administradores de la Palabra de Dios, de la liturgia, e inspectores de la comunidad: son los
presbíteros y obispos, establecidos por los Apóstoles o por sus sucesores; forman un
colegio encargado de guiar, enseñar y presidir las Iglesias locales, bajo la vigilancia de los
Apóstoles.

ANEXO:
MERCADER Y PREDICADOR ITINERANTE

14
San Clemente I (?-101?), Papa (92?-101), primero de los escritores eclesiásticos llamados Padres
Apostólicos. Según el teólogo Ireneo (siglo II), Clemente fue el tercer obispo de Roma y estuvo familiarizado
con san Pedro y san Pablo. Aunque se conocen pocos detalles de su biografía, la alta estima en que se tuvo a
Clemente es clara a partir de su Epístola a los Corintios (96?), que fue considerada de forma unánime como
un libro canónico de la Biblia hasta el siglo IV. Unos de los más importantes documentos de los tiempos
apostólicos, esta epístola es la pieza más antigua de la literatura cristiana fuera del Nuevo Testamento, de la
que el nombre, cargo y fecha del autor están probados con rigor histórico. La aparición de disputas dentro de
la Iglesia de Corinto, donde ciertos presbíteros (ancianos) habían sido depuestos, empujó al autor a intervenir.
La epístola es una valiosa fuente de información sobre la vida, doctrina y organización de la Iglesia cristiana
primitiva.
15
San Ignacio de Antioquía (c. 35-107), obispo de Antioquía, mártir cristiano y uno de los Padres
Apostólicos de la Iglesia. Durante el reinado del emperador romano Trajano, fue condenado a ser devorado
por bestias salvajes. En su viaje desde Antioquía hacia Roma, donde tendría lugar su ejecución, escribió siete
epístolas. Cinco de ellas estaban dirigidas a las comunidades cristianas de Éfeso, Magnesia, Tralles, Filadelfia
y Esmirna, ciudades de Asia Menor que habían enviado representantes para darle la bienvenida a su paso por
ellas. Las otras dos tenían por destinatarios a Policarpo, obispo de Esmirna, y a la comunidad cristiana de su
destino, Roma. Estas cartas constituyen una importante fuente de información para conocer las creencias y
organización de la Iglesia cristiana primitiva. Ignacio las escribió como advertencias contra las doctrinas
heréticas, lo que permite a sus lectores contar con resúmenes detallados de la doctrina cristiana. También
proporcionan un claro retrato de la organización de la Iglesia como comunidad de fieles reunida en torno a la
dirección de un obispo, asistido por un concilio de presbíteros y diáconos.
17

“Si deseas saber quién es el mortal que aquí reposa, no hay nada oculto y sus
obras están claras; la inscripción que estás leyendo te lo dirá todo.
Euteknios es su apellido y Juliano su nombre; Laodicea es su patria, joya
admirable de Siria. Notable por parte de su padre, su madre tenía una dignidad análoga;
servicial y justo con todos, consiguió en recompensa el afecto de todos.
Cuando hablaba a los celtas, la persuasión brotaba de su boca, recorrió diversas
naciones. Conoció pueblos numerosos y entre ellos ejercitó el valor del alma. Se expuso
sin descanso a las olas y al mar, ofreciendo a los celtas y a las tierras de occidente todo lo
que Dios determinó conceder a la tierra de oriente fecundo en todos los productos, porque
este hombre los quería. Impulsó a las tres tribus de los celtas hacia los grados…”

Inscripción griega de comienzos del siglo III, encontrada en Lyon en 1972. Tomado de J. Comby.
Para Leer la Historia de la Iglesia. Verbo Divino, 1986, p. 28.

CONFIGURACIÓN CULTURAL DE LA IGLESIA PRIMITIVA

Diversas corrientes, como la Escuela de Historia de las Religiones, a fines del siglo
XIX, han insistido en que el nacimiento de la fe en Jesucristo se puede comprender como
una combinación de elementos de diversas religiones del siglo I. Para este tipo de
pensamiento, la fe cristiana primitiva sobre Jesús sería una mezcolanza de los recuerdos de
la actividad de Jesús, algunos elementos judíos, y algunos conceptos de las religiones
paganas. Este argumento ha sido popularizado recientemente por El Código Da Vinci, que
afirma que la divinidad de Cristo es producto de una “fusión de religiones” realizada por el
Emperador Constantino mediante las decisiones del Concilio de Nicea I en el año 325
(siglo IV). Para los primeros cristianos, Jesús habría sido considerado un simple hombre,
que producto de una votación muy estrecha, pasó a ser considerado como un ser divino;
habría intervenido en todo este proceso la necesidad política del Emperador de unir el
Imperio en torno a su persona, reforzando así el poder imperial con el lazo de una nueva
fuerza religiosa aglutinante: la fe en la divinidad de Cristo.
Ante esto, vale la pena considerar la fisonomía cultural de las primeras
comunidades cristianas, junto con observar el medio ambiente cultural helenista y la
realidad política del Imperio romano, pues dentro de sus límites se desarrolló
principalmente la fe cristiana.
Durante los primeros años, es decir, durante el período fundacional en el que se
desarrolló la fe cristiana, se pueden distinguir tres grupos de creyentes en Jesús, desde el
punto de vista de sus procedencias culturales:

Los judeo cristianos de lengua aramea. Es decir, un grupo de judíos de lengua


aramea que han creído que Jesús es el Mesías. Tienen su origen y sede en Jerusalén
(Hechos 6,1 los llama los hebraioi)

Los judeocristianos de lengua griega. Es decir, un grupo de judíos de lengua griega


que han creído que Jesús es el Mesías. Tienen también su origen en Jerusalén (Hechos
6,1 los llama los helenistas). Los helenistas no son propiamente griegos, sino judíos de
lengua griega, los que naturalmente, no todos serán cristianos (ver Hechos 9,29).
18

Los etnocristianos (del griego, etnos = pagano, gentil, no judío). Son cristianos
provenientes no del judaísmo, sino del paganismo. No son de Jerusalén y su lengua,
cultura y religión de nacimiento es griega o de ambiente helenizado.

De estos grupos, los dos primeros, nacieron junto con el cristianismo, y sólo ellos
pudieron ser relevantes para el desarrollo de la fe en Cristo de los primeros cincuenta años;
es decir, del período que va entre la Pascua de Jesús y el inicio de la redacción de las cartas
de San Pablo, que son los escritos más antiguos del NT.
Los etnocristianos sólo comenzaron a tener una cierta presencia minoritaria en las
comunidades a partir del llamado Concilio de Jerusalén del año 48, y sólo después del año
70, con la destrucción de Jerusalén, pudo haber comunidades mayoritariamente
etnocristianas.

Inicialmente debió haber habido mucho intercambio, no exento de tensiones, entre las
comunidades judeocristianas de lengua aramea y las de lengua griega, particularmente en
Jerusalén. Las tensiones entre ambos grupos se centraron en la forma de observar la Ley
mosaica y no en la cristología. Este intercambio lo posibilitaron los judeocristianos
bilingües como Pablo, Bernabé, Pedro, Felipe, Juan Marcos o Silas, entre otros; así lo
demuestran las cartas de Pablo. Incluso no se puede descartar que entre los seguidores
directos de Jesús en los primeros años, haya habido judíos de habla griega.

Las primeras dificultades

Lucas, el autor de los Hechos de los Apóstoles, es un historiador, no en el sentido


moderno del término (nadie lo era en la época), sino en sentido clásico: sobre la base de
una cuidadosa investigación previa, compone un relato razonado de los acontecimientos
(narración). Lucas ha averiguado con diligencia y narra los acontecimientos (Lucas 1, 1-4).
El libro de los Hechos no es un documento histórico fundamentalmente hablando;
sin embargo tampoco nos muestra una historia idealizada de la primera comunidad
cristiana; sino que su narración nos presenta las tensiones y problemas de los cristianos
primitivos. Lo cual hace fiable el relato desde el punto de vista histórico, pues nos muestra
datos incómodos de la vida de la Iglesia primitiva. Si Lucas hubiese inventado su relato, su
narración hubiese sido muy diferente. La presencia de las noticias incómodas en el martirio
de Esteban y en el inicio de la misión confirma que estos datos históricos son fiables.
El martirio de Esteban y la sucesiva persecución a la Iglesia, que tiene como
consecuencia el inicio de la misión a los gentiles, son acontecimientos históricos que nos
ayudan a conocer los primeros pasos de la fe en Jesús y los conflictos en la Iglesia
primitiva. El martirio de Esteban está datado circa los años 32 y 34 y nos muestra el fuerte
conflicto entre la comunidad cristiana naciente y algunos representantes del judaísmo
oficial. ¿Cómo se origina la controversia? Veamos Hechos 6,8-10:

“Esteban, lleno de gracia y de poder, realizaba entre el pueblo grandes


prodigios y señales. Se levantaron unos de la sinagoga llamada de los
Libertos, cirenenses y alejandrinos, y otros de Cilicia y Asia, y se pusieron a
disputar con Esteban; pero no podían resistir a la sabiduría y al Espíritu
con que hablaba” (Hechos 6, 8-10).

Del texto se deduce que el protagonismo de la pelea lo tuvieron los judíos de lengua
griega residentes en Jerusalén, que consideraron inadmisible la predicación de Esteban,
19

otro judío de lengua griega, pero que creía que Jesús de Nazaret era el Mesías resucitado.
El relato presenta a Esteban como un predicador, realizador de milagros, investido del
poder del Espíritu Santo y por esto, lleno de sabiduría. Las razones que llevan a Esteban a
morir lapidado las vemos en Hechos 6,11-14:

“Entonces sobornaron a unos hombres para que dijeran: “Nosotros hemos


oído a éste pronunciar palabras blasfemas contra Moisés y contra Dios”.
De esta forma amotinaron al pueblo, a los ancianos y escribas; vinieron de
improviso, lo prendieron y lo condujeron al Sanedrín. Presentaron,
entonces, testigos falsos que declararon: “Este hombre no deja de hablar
en contra del Lugar Santo y de la Ley; pues le hemos oído decir que Jesús,
ese Nazareno, destruiría ese Lugar y cambiaría las costumbres que Moisés
nos ha trasmitido” (Hechos 6, 11-14).

Las palabras de Esteban son considerabas blasfemas. Los testigos falsos no


mienten, sino más bien tuercen el sentido de las palabras de Esteban, quien citando a Isaías
(66,1-2), resta valor al Templo: Jesús es superior al Templo y a la Ley, las dos instituciones
más sagradas del judaísmo; ver Hechos 7, 55-58: Esteban confiesa la fe en la divinidad
de Jesús, pues el centro de la controversia se produce cuando Esteban habla de Jesús
exaltado a la gloria de Dios Padre:

“Pero él [Esteban], lleno del Espíritu Santo, miró fijamente al cielo y vio la
gloria de Dios y a Jesús que estaba en pie a la diestra de Dios; y dijo:
“Estoy viendo los cielos abiertos y al Hijo del hombre, que está en pie a la
diestra de Dios”. Entonces, gritando fuertemente, se taparon sus oídos y se
precipitaron todos a una sobre él; le echaron fuera de la ciudad y
empezaron a apedrearle16” (Hechos 7, 55-58).

Este acontecimiento, nos demuestra que ya muy temprano (año 32-34), la joven
comunidad judeocristiana tenía convicciones muy sólidas sobre la divinidad de Jesús, y
esto no era sólo en un plano teórico, sino que implica dar la propia vida por esta fe que
rompe con el judaísmo, que ha comenzado a perseguir a los creyentes en Jesús; el mismo
Pablo será en su juventud, un celoso judío y fariseo, perseguidor de los cristianos (Fil. 3, 6)
y menciona las persecuciones que había realizado como señal de la seriedad con que
tomaba el judaísmo, lo que muestra la ruptura e incompatibilidad entre el judaísmo oficial
y las creencias de la nueva comunidad de seguidores de Jesús.
La muerte del primer mártir (Esteban) tiene consecuencias inmediatas: la huida de
los judeocristianos helenistas de Jerusalén, y el sucesivo inicio de la misión a los paganos
realizada por los que escapaban de la persecución del judaísmo. Según el relato de Lucas,
la misión a los gentiles no fue iniciada por los apóstoles, sino por judíos de lengua griega,
que huyendo de la persecución desatada por el martirio de Esteban, comenzaron la
actividad misionera en Samaria, Fenicia, Chipre y Antioquía. Esta descripción no es un
relato idealizado, se trata más bien de datos incómodos: no son los apóstoles de Jesús los
que deciden y comienzan la misión, sino los judeocristianos de lengua griega, que huyendo
de la persecución del judaísmo oficial, comienzan a predicar en tierras paganas (Hch.
11,19-20). La persecución debió afectar a todo el grupo de los judeocristianos helenistas,
así se comprende que los apóstoles hayan permanecido en Jerusalén. Esta persecución
supone que las convicciones que llevaron a Esteban a la muerte eran compartidas por un
16
Levítico 24, 13: “Y entonces Yahvé habló a Moisés y dijo: Saca al blasfemo fuera del campamento; todos los
que lo oyeron pongan las manos sobre su cabeza, y que lo lapide toda la comunidad”.
20

grupo considerable de judeocristianos helenistas. De otro modo, con la muerte de Esteban,


las cosas se hubiesen calmado. Por lo tanto, este martirio no debió ser el único, pues las
alusiones a Saulo como perseguidor dan una idea de la magnitud de la persecución judía,
incluso fuera de los límites de Palestina (Gál. 1,13). Es importante hacer notar que a partir
del año 34, ya hay judeocristianos helenistas que realizan una misión dirigida a los
“griegos”, es decir, a los paganos.
La comunidad primitiva no ofrecía, pues, una imagen monolítica, en contra de lo
que algunos movimientos reformadores protestantes pretendieron idealizar en tiempos
posteriores (siglo XVI). Provenientes de diversos ambientes sociológicos, los primeros
creyentes acogieron el mensaje de Jesús en consonancia con sus respectivas sensibilidades
religiosas. Por eso se produjeron muy pronto algunos conflictos, sobre todo en la
valoración del Templo y de la Ley.

LA CRISIS DEL CRISTIANISMO JUDÍO

Cuando el llamado Concilio de Jerusalén17 (hacia el año 48-49) reconoció la


posibilidad de una fe cristiana desligada de la Ley judía se inició el aislamiento creciente
del judeocristianismo de Jerusalén. Bajo la dirección de Santiago, el hermano del Señor,
permanecieron fieles a la tradición judía, y siguieron ligados en cierta manera a Israel,
incluso sociológicamente.
Estos creyentes de observancia judía llevaron el kerigma cristiano al Oriente de
habla aramea, y nacieron allí comunidades con estructura propia, que perduraron durante
mucho tiempo a pesar de la influencia de diversas corrientes sincretistas. Pero el prestigio
de que gozaba Santiago el Justo no pudo evitar el conflicto con la autoridad religiosa del
judaísmo. La antipatía del sumo sacerdote Anás contra los judeocristianos de lengua
aramea hizo que en el año 62, Santiago fuera arrojado del pináculo del Templo por el
“delito” de dar testimonio de la mesianidad de Jesús. Este hecho marcó la actitud de la
comunidad judeocristiana de Jerusalén respecto del levantamiento judío contra la
ocupación romana del año 66: no fueron del todo solidarios con el judaísmo y decidieron
emigrar a la región al este del Jordán18.
Tras la muerte de Santiago, el hermano del Señor, el judeocristianismo se dividió
debido a la presencia en su seno de grupos heterodoxos sincretistas. Ejemplo de esto son
los ebionitas (del hebreo ebyon, ‘pobre’), nombre que durante los siglos II y III recibieron
los miembros de un grupo de cristianos de origen judío, que mantuvo muchas creencias del
judaísmo. En un principio, adoptaron un credo farisaico muy conservador, pero después del
siglo II algunos de ellos fueron adoptando una mezcla de esenismo, gnosticismo y
cristianismo. Según los escritos de san Ireneo, se diferenciaban de los cristianos ortodoxos
en su rechazo a la divinidad de Cristo y por considerar a san Pablo un apóstata, porque
había declarado la supremacía de las enseñanzas cristianas sobre las leyes mosaicas.

Los judeo cristianos, recluidos en la región situada al este del Jordán, desarrollaron
allí diversas actividades misioneras. Pero la falta de contacto con las comunidades
formadas por cristianos venidos de la gentilidad, agudizó su aislamiento. En definitiva,
terminaron por disolverse o desembocaron en nuevas corrientes, por ejemplo, el
maniqueísmo, que veremos someramente más adelante, junto con el gnosticismo.
17
La primera reunión de los cristianos que puede llamarse concilio está recogida en los Hechos de los
Apóstoles, 15,1-31. El llamado concilio de Jerusalén fue un encuentro de Pedro, Pablo y los dirigentes de los
cristianos de Jerusalén en torno al año 50. En él se discutió la mejor forma de convertir a los gentiles.
18
EUSEBIO DE CESAREA, Historia Eclesiástica. III, 5,3; 31,4. BAC,
21

LA EXPANSIÓN DEL CRISTIANISMO

El reconocimiento de un cristianismo libre de la Ley (Hch 15,1-35) hizo posible


finalmente que se traspasaran las fronteras del pueblo de Israel, y abrió la misión al mundo
antiguo grecorromano. Por los caminos del comercio, los misioneros llegaron a pueblos y
ciudades y trataron de utilizar las comunidades judías de la diáspora como cabeza de playa
de su misión.
La lengua común (la koiné) favorecía una cultura unitaria en toda la cuenca del
Mediterráneo, que estaba sometida por lazos político-militares al poder de Roma (pax
romana). El helenismo había producido un intercambio notable de corrientes culturales; no
sólo la filosofía estoica era “transnacional”, sino que los cultos mistéricos orientales
flexibilizaban el marco jurídico de la religiosidad romana, pues el Imperio aceptaba los
usos religiosos de sus súbditos.
El evangelio no penetró en un espacio religioso vacío, sino que entró en
competencia con un sistema politeísta, garantizado por la legalidad romana que veía en
esto una garantía para la paz y bienestar del Imperio (salus publica). Por otra parte, el
mismo tono decadente de la religiosidad oficial, hacía que muchos espíritus buscasen una
religiosidad más pura e interior, había un ansia de redención en el ambiente, esto facilitó la
aceptación del evangelio.
Pero, si el mensaje de Jesús de Nazaret como Mesías era fácil de entender para los
oyentes del entorno veterotestamentario, el paso de la predicación misionera al ámbito
cultural grecorromano impuso la necesidad de llevar a cabo una traducción de sus
expresiones y afirmaciones a este nuevo ambiente cultural. En esta área, el monoteísmo de
Israel no sólo fijaba unas condiciones marco distintas que el politeísmo del mundo
helenista, sino que, frente al horizonte mental del pensamiento hebreo, fue preciso tener en
cuenta la mentalidad de los oyentes que prevenían del paganismo. Esto llevó de forma
inevitable a una helenización o romanización del cristianismo.

LA ACTIVIDAD MISIONERA DE SAN PABLO

Entre los proclamadores del evangelio a través del Imperio, sobresale Saulo-Paulo
de Tarso, quien tras su conversión (Hch 9,3-18), fue ganado por Bernabé para la tarea de
colaborar con los fieles de Antioquía (Hch 11,25). Precisamente en esta gran ciudad
helenista emergió la vida cristiana que entraría en conflicto con la comunidad primitiva de
Jerusalén y que terminaría por imponerse y acuñaría la futura Iglesia de los gentiles o
etnocristianos.
De la comunidad cristianogentil de Antioquía nació la iniciativa de que Pablo y
Bernabé se dedicaran a la obra de la misión. Y la convicción de la inminencia del fin del
mundo incrementó la urgencia de la proclamación universal de la fe (Mt 10,23).
El primer viaje misionero (Hch 13, 1-14,28) llevó a ambos, entre los años 44 y 48, a
Asia Menor pasando por Chipre, desde Panfilia hasta el sur de Galacia. Siguiendo la
instrucción según la cual había que predicar la Palabra de Dios primero a los judíos (Hch
13,46ss), Pablo y Bernabé se presentaban en las sinagogas de las ciudades respectivas, pero
eran escuchados sobre todo por los gentiles (Hch. 14,27).
Con la renuncia a la circuncisión se generó un conflicto que fue superado en el
Concilio de Jerusalén hacia el año 48-49 (Hch 15,1-5). La predicación de Pablo y Bernabé
afirmaba que los cristianos provenientes del paganismo nada tenían que ver con la Ley
22

mosaica. Por otra parte, Santiago impuso en sus cláusulas que los cristianos provenientes
del paganismo se abstuvieran de lo que había sido contaminado por los ídolos, de la
impureza, de los animales estrangulados y de la sangre (Hch 15; Gál 2, 1-10). En la
segunda fase de su actividad misionera, Pablo visitó de nuevo las comunidades de Asia
Menor, hasta que, inspirado por una visión, pasó a Macedonia (Hch 15, 36-18,22).

Tras una breve estancia en Palestina, Éfeso terminó por convertirse en el centro de
su misión desde el año 53 al 57. Éfeso era la ciudad de Artemisa (diosa de la caza; Diana
en Roma), y el cristianismo de corte judaizante había echado raíces ya allí. A pesar de
algunas dificultades, por ejemplo con los orfebres (Hch 19, 21-40), Pablo consiguió abrirse
paso en ese ambiente religioso. Y cuidó con sus cartas la salud espiritual de las
comunidades existentes. Se adentró más en Grecia y confió a la comunidad de Corinto su
intención de viajar a Occidente, concretamente hasta España, puesto que ya no tenía campo
de trabajo en Oriente. Sin embargo, Pablo retornó primero a Jerusalén para llevar una
colecta (Gál 2,10; Rom 15,26) para la comunidad de aquella ciudad. Entonces se
produjeron confrontaciones con los judíos. Como consecuencia de todo esto, Pablo fue
encarcelado. Tras dos años de prisión, fue trasladado a Roma (año 61). La libertad de
movimientos de que gozaba en la capital del Imperio le permitió proseguir su trabajo
misionero. Finalmente, según una antigua tradición cristiana, padeció el martirio durante la
persecución de Nerón (hacia el año 64).

EL ÁMBITO DE LA MISIÓN DE PEDRO

El cristianismo fue predicado por los apóstoles y por evangelizadores itinerantes.


Sin embargo, todo cristiano convertido era un misionero. En el gozoso convencimiento de
haber hallado la salvación en Cristo, y apoyando activamente la súplica “venga a nosotros
tu Reino”, cada cual, agradecido, llevaba la revelación cristiana a los aún no convertidos.
Como primer testigo de la fe pascual, Pedro tuvo al principio a su cargo la dirección
de la comunidad primitiva de Jerusalén. En todo caso, Pablo justificaba su propio envío
mediante la comparación con Pedro, al que se le había confiado la evangelización de los
“circuncisos” (Gál 2,7). Pero según el relato de la conversión del centurión Cornelio (Hch
10, 1-11), el llamamiento del primer apóstol a predicar entre los gentiles rompió aquella
primera delimitación e hizo tomar conciencia del significado que encerraba para la Iglesia
extender la predicación a los gentiles.
Existían buenas razones para relacionar la formulación definitiva de la promesa de
Jesús acerca del fundamento roqueño de la Iglesia (Mt 16, 17-19) con este papel universal
de Pedro, aunque con su conducta se expuso a la crítica de los judeocristianos (Hch 11,3) y
a las protestas de Pablo (Gál. 2, 11-21).
Tenemos escasos puntos de apoyo para hablar de la actividad misionera de Pedro (1
Cor 9,5) fuera de Palestina. Tal vez su saludo en 1 Pe 1,1 refleje su actividad apostólica.
Varios escritos apócrifos, como las Homilías de Pedro, confirman su predicación
misionera fuera de Jerusalén, aunque no tenemos certezas respecto al itinerario de sus
correrías apostólicas.
Sin embargo, la comunidad cristiana de Roma desarrolló una clara conciencia
petrina. Pero no existen testimonios inmediatos de la estancia de Pedro en la capital del
Imperio.
23

Creyentes desconocidos habían llevado el mensaje cristiano a Roma, consiguiendo


allí algunos adeptos entre los judíos residentes. Suetonio 19 nos da breves noticias, según las
cuales algunos judíos residentes fueron expulsados de Roma a causa de tumultos
permanentes por instigación de un tal Cresto, aludiendo ciertamente a las discusiones sobre
la mesianidad de Jesús, por lo que es posible pensar que en el año 43, fecha del edicto,
existía ya una comunidad judeocristiana que se había abierto a los gentiles. Quizá la
importancia de Roma como capital del Imperio fue lo que atrajo a Pedro. De todos modos,
numerosos testimonios indirectos afirman su estancia y martirio en Roma.

 Pero no sabemos con precisión cuando llegó a Roma la primera noticia del evangelio.
Bajo el emperador Claudio (41-54) hubo allí judeocristianos, que por mandato
imperial tuvieron que abandonar la ciudad en el año 43 junto con los judíos, de los
cuales aún no se diferenciaban.

 Esta medida imperial no impidió el crecimiento de la comunidad. Prueba de esto es la


carta de San Pablo a los Romanos (hacia el año 57). Por ella sabemos que la Iglesia
romana ya gozaba entonces de gran prestigio entre los cristianos.

 Para el renombre de la Iglesia romana fue de gran importancia su lugar de actuación, la


Roma “eterna”. Pero la suprema autoridad no le sobrevino hasta más tarde, por el
hecho que Pedro y Pablo trabajaron en ella, la gobernaron, la promovieron y la
consagraron con su martirio y con sus restos, que fueron sepultados en Roma, al
parecer.

Según los Hechos Pablo estuvo en Roma y trabajó allí. En cambio, a partir de la Edad
Moderna, teólogos e historiadores protestantes han puesto en tela de juicio la presencia de
Pedro en Roma. Fácil es demostrar que en este asunto jugó un papel importante la
oposición confesional al primado petrino. Hoy día los ataques desde la ciencia a la
presencia y martirio de Pedro en Roma han decrecido extraordinariamente. En todo caso,
científicamente no puede deducirse nada decisivo en contra de esa tradición, que ha estado
siempre viva en la Iglesia. Al contrario, las antiguas noticias literarias al respecto se han
visto hace poco corroboradas por las excavaciones bajo la Iglesia de San Sebastián en la
Vía Apia y, aún más recientemente, por las realizadas bajo el altar de la confesión en la
basílica de San Pedro en Roma.

Es significativo que en la Antigüedad jamás, ni en Oriente ni en Occidente, haya sido


impugnada la reivindicación de los obispos de Roma de ser sucesores de Pedro, ni aún por
sus más enconados enemigos eclesiásticos o político-eclesiásticos. Además, el papado, en
cuanto sucesión del ministerio de San Pedro, va ligado a la persona y no al lugar.

ANEXO:
PEDRO Y PABLO EN ROMA

19
Cayo Suetonio Tranquilo (c. 69-140), historiador romano, sus escritos son una fuente básica de
información sobre las vidas de los doce primeros césares y de los hombres de letras romanos. Su obra llegó a
ser tan popular que su enfoque biográfico fue el modelo seguido durante mucho tiempo.
24

La tradición asocia a Pedro y Pablo a la Iglesia de Roma, de la que son columna y


fundamento. Roma sería el lugar de su martirio y conservaría sus tumbas. Sin embargo, la
crítica histórica, reconociendo que los testimonios sobre el martirio romano de los dos
apóstoles sólo se remonta a los últimos años del siglo II, ha querido examinar más de cerca
el final de los apóstoles.
El papel del papa en la Iglesia universal se basa en el hecho de que el obispo de
Roma es el sucesor de Pedro. Los protestantes en tiempos de la reforma (siglo XVI),
afirmaron que la Sagrada Escritura no indica en ningún lugar que Pedro fuera a Roma. Es
un apócrifo tardío el que narra la crucifixión de Pedro. No obstante, los historiadores hoy
piensan que la presencia y el martirio de Pedro en Roma están razonablemente basados en
toda una red de indicios convergentes: el examen minucioso de algunos textos del NT, de
los escritos cristianos más antiguos (Clemente romano), de los textos litúrgicos y el
resultado de las excavaciones arqueológicas. Uno de los argumentos que se considera más
decisivos es la relación que se ha podido establecer recientemente entre el monumento
descubierto bajo la basílica de San Pedro y el trofeo de Gayo que evoca Eusebio de
Cesarea.
Los Hechos de los Apóstoles afirman claramente que Pablo viajó a Roma (Hch 28,
26-31). Los últimos años de Pablo, las circunstancias y fecha de su muerte son inciertos.
Pablo había manifestado su deseo de ir a España (Rom 15, 24-28). Se ha pensado entonces
que quedó en plena libertad el año 63, habría predicado en España y visitado el Asia Menor
y Grecia. De entonces serían las cartas a Timoteo y Tito. Encarcelado una vez más (1
Tim1), Pablo habría sido ejecutado en el año 67. Se ve una afirmación de este viaje a
España en la afirmación de Clemente romano 20 cuando dice que Pablo “alcanzó los límites
de Occidente”. Otros historiadores interpretan el silencio del final de los Hechos como la
confesión implícita de la muerte de Pablo, que habría sido ejecutado en el año 63. El
primer testimonio que tenemos de la decapitación de Pablo en Roma se encuentra en
Tertuliano, que escribe a fines del siglo II. Las excavaciones realizadas bajo la basílica de
San Pablo extra-muros permiten igualmente pensar que se han encontrado los restos del
trofeo de la Vía Ostiense de que nos habla Gayo.

LA MUERTE DE LOS APÓSTOLES PEDRO Y PABLO SEGÚN CLEMENTE, OBISPO DE ROMA


(HACIA EL AÑO 95):

La carta de la Iglesia de Roma a la Iglesia de Corinto es probablemente el texto más


antiguo de la literatura cristiana después del NT. La tradición es unánime al atribuírsela a
Clemente, jefe de la Iglesia de Roma, hacia el año 95. Clemente quiere establecer de nuevo
la paz en la comunidad de Corinto, turbada por un grupo que ha destituido a los
presbíteros. La causa de esto, dice él, es la envidia que ha provocado ya la muerte de Pedro
y de Pablo. La alusión es oscura para nosotros, pero constituye el testimonio más antiguo
sobre la muerte de los dos apóstoles:
20
San Clemente I (?-101?), papa (92?-101), primero de los escritores eclesiásticos llamados Padres
Apostólicos. Según el teólogo Ireneo (siglo II), Clemente fue el tercer obispo de Roma y estuvo familiarizado
con san Pedro y san Pablo. Aunque se conocen pocos detalles de su biografía, la alta estima en que se tuvo a
Clemente es clara a partir de su Epístola a los Corintios (96?), que fue considerada de forma unánime como
un libro canónico de la Biblia hasta el siglo IV. Unos de los más importantes documentos de los tiempos
apostólicos, esta epístola es la pieza más antigua de la literatura cristiana fuera del Nuevo Testamento, de la
que el nombre, cargo y fecha del autor están probados con rigor histórico. La aparición de disputas dentro de
la Iglesia de Corinto, donde ciertos presbíteros (ancianos) habían sido depuestos, empujó al autor a intervenir.
La epístola es una valiosa fuente de información sobre la vida, doctrina y organización de la Iglesia cristiana
primitiva. El día de fiesta de San Clemente se celebra el 23 de noviembre.
25

“Más dejemos los ejemplos antiguos y vengamos a los luchadores que han vivido más
próximos a nosotros: tomemos los nobles ejemplos de nuestra generación.
Por emulación y envidia fueron perseguidos los que eran máximas y justísimas columnas
de la iglesia y sostuvieron el combate hasta la muerte. Pongamos ante nuestros ojos a los
santos apóstoles. A Pedro, quien, por inicua emulación, hubo de soportar no uno ni dos,
sino muchos más trabajos. Y después de dar así su testimonio, marchó al lugar de la
gloria que le era debido.
Por la envidia y la rivalidad mostró Pablo el galardón de la paciencia. Por seis veces fue
cargado de cadenas; fue desterrado, apedreado; hecho heraldo de Cristo en Oriente y en
Occidente, alcanzó la noble fama de su fe; y después de haber enseñado a todo el mundo
la justicia y de haber llegado hasta el límite de occidente y dado su testimonio ante los
príncipes, salió así de este mundo y marchó al lugar santo, dejándonos el más alto
dechado de paciencia”.
Clemente romano, Nueva Carta a los Corintios, 5, en Padres Apostólicos, BAC, Madrid, 1950, p.
182.

LAS TUMBAS DE LOS APÓSTOLES PEDRO Y PABLO EN ROMA


“Efectivamente, se dice que bajo el imperio de Nerón, Pablo fue decapitado en la
misma Roma, y Pedro fue crucificado. Y de esta referencia da fe el título de Pedro y Pablo
que ha predominado para los cementerios de aquel lugar hasta el presente.
Y no menos lo confirma un varón eclesiástico llamado Gayo, que vivió cuando
Zeferino (199-217) era obispo de Roma. Disputando por escrito con Proclo, dirigente de
la secta catafrigia, dice acerca de los mismos lugares en que están depositados los
despojos sagrados de los apóstoles mencionados lo que sigue:
Yo, en cambio, puedo mostrarte los trofeos de los apóstoles, porque si quieres ir al
Vaticano o al camino de Ostia, encontrarás los trofeos de los que fundaron esta Iglesia”.
Eusebio de Cesarea, Historia Eclesiástica, II, 25,5-7, BAC, Madrid, 1973, p. 114-115.

LA DISPERSIÓN DE LOS APÓSTOLES A TRAVÉS DEL MUNDO

“Este Marcos dicen que fue el primero en ser enviado a Egipto y que allí predicó el
evangelio que él había puesto por escrito y fundó iglesias, comenzando por la misma
Alejandría”.
Eusebio de Cesarea, Historia eclesiástica, II, 16.

“Tal era la situación de los judíos, mientras los santos apóstoles y discípulos de
nuestro Salvador se habían esparcido por toda la tierra: a Tomás, según quiere una
tradición, le tocó en suerte Partia; a Andrés, Escitia; a Juan, Asia, donde se estableció,
muriendo en Éfeso.
26

Pedro, según parece, predicó en el Ponto, en Galacia y en Bitinia, en Capadocia y


en Asia, a los judíos de la diáspora; al final llegó a Roma y fue crucificado con la cabeza
para abajo, como él mismo había pedido padecer.
¿Y qué decir de San Pablo, que desde Jerusalén hasta el Ilírico cumplió con la
predicación del evangelio de Cristo y finalmente sufrió el martirio en Roma bajo Nerón?
Esto lo dice Orígenes literalmente en el tomo III de sus Comentarios al Génesis”.
Eusebio de Cesarea, Historia eclesiastica, III, 1, 1-3.

BALANCE DEL SIGLO PRIMERO

El estudio de los datos que nos ofrece el NT nos permite situar comunidades
cristianas desde Jerusalén hasta Roma: las fundadas en Asia Menor tras el dinamismo de la
Iglesia de Antioquía, las establecidas por Pablo en Grecia, las del Apocalipsis nacidas de la
irradiación de la tradición joánica, y la Iglesia de Roma de la que no sabemos quién fue el
fundador.
La carta de Pablo a los romanos supone en la capital del Imperio una comunidad
importante y ya antigua. Si la venida de Pedro a Roma, como hemos visto, es un dato
tradicional, los textos que nos informan de ella son tardíos o poco seguros. Por otra parte,
el viaje de Pablo a España (Rom 15,24) sigue siendo hipotético.
Otras fuentes complementan estos informes, pero de una manera limitada. Eusebio
de Cesárea se imagina un reparto en la evangelización del mundo de la época que hicieron
los apóstoles: el país de los partos corresponde a Irán actual, la Escitia a las regiones del
norte del Mar Negro. Los escritos apócrifos nos proporcionan datos difícilmente
controlables. Los Hechos de Tomás, verdadera novela de aventuras, contienen quizás
algunos elementos históricos relativos a la evangelización de Oriente, pero la dificultad de
las relaciones con estos países, debido a la hostilidad permanente entre el Imperio de los
partos (persas) y el Imperio romano, explica a la vez los límites de la evangelización y los
de nuestra información.
La persecución de Nerón en el año 64, según la tradición, trajo consigo la
desaparición de los apóstoles Pedro y Pablo. Sin embargo, los historiadores vacilan sobre
una fecha concreta: Pedro había muerto en el 64, Pablo en el 63, según unos, o en el 67,
según otros.
La destrucción de Jerusalén el año 70 marca más todavía el corte entre la
primitiva Iglesia y el mundo judío. Los judíos se habían rebelado contra Roma para formar
una nación independiente que honrase a Dios según la Ley de los antepasados. Una guerra
implacable condujo a la destrucción de la ciudad y del Templo, lugar donde residía “la
Gloria de Yahvé”. Como sabemos, desde el principio de la revuelta, la comunidad cristiana
de Jerusalén había abandonado la ciudad para refugiarse en el otro lado del Jordán. La
desaparición del Templo acabó de apartar a los judeocristianos del judaísmo. Dios
mostraba de ese modo (así al parecer lo entendieron ellos) que la antigua Ley había
cumplido ya con su misión. El acontecimiento reforzó el universalismo del evangelio que
progresivamente será predicado a los gentiles.
Sin Templo el judaísmo se reorganizó en Jamnia (al sur del actual Tel-aviv),
marcando bien su oposición a los cristianos. Entre estos últimos, los que seguían todavía
con las prácticas judías no constituían ya más que pequeños grupos más o menos
asimilados a las sectas heterodoxas tanto para el judaísmo oficial, como para la Iglesia
apostólica.
27

La redacción del Nuevo Testamento

A lo largo de este período oscuro de los últimos decenios del siglo I, se van
formando poco a poco las Escrituras del Nuevo Testamento. Se reúnen las cartas de Pablo.
Los evangelios toman su forma definitiva. Pero todavía se necesitará mucho tiempo para
que las comunidades se pongan de acuerdo sobre los Libros que consideran como su regla
de fe.
A finales del siglo I, el cristianismo se había vuelto decididamente hacia Occidente,
utilizando las estructuras que le ofrecía el Imperio romano; que será el ambiente en el que
la Iglesia apostólica no sólo logrará resistir las persecuciones, sino que finalmente
terminará conquistándolo espiritualmente.

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