01 Inicios
01 Inicios
INTRODUCCIÓN
Como Uds., saben en ese tiempo un documento oficial, para ser válido, debía ser
escrito en las tres lenguas en uso en aquel tiempo en Palestina, a saber:
* Hebreo: lengua bíblica del lugar, reservada más bien al ámbito religioso, la gente
hablaba generalmente arameo.
* Griego: era la lengua común (koiné) desde la conquista de Alejandro Magno (330- 323
a. C)
* Latín: lengua de los romanos, potencia dominadora en la época.
Es importante retener que la presencia de las tres lenguas atestigua el encuentro que
se daba entre estos tres mundos: por una parte el ambiente helenístico, heredero de la
cultura griega; el ambiente romano con sus marcados rasgos jurídicos y políticos y el
ambiente judaico caracterizado especialmente por su religión.
hasta Egipto atravesando Siria y Palestina. Los hebreos no opusieron una especial
resistencia y así luego de someterse, continuaron gozando de los privilegios obtenidos bajo
los antiguos amos persas. Continuaron observando su Ley (Torá) y practicando el culto en
el Templo de Jerusalén.
La grandiosa idea de Alejandro era unificar el Imperio a través de la lengua común
(el griego); considerada como el mejor vehículo de una cultura cosmopolita y ecléctica,
desarrollada sobre todo en las ciudades: lugar de encuentro de culturas, mercancías,
personas e ideas.
En materia religiosa, Alejandro fue respetuoso con las religiones de sus
conquistados, no impuso una religión. En este mundo cosmopolita y urbano, la lengua
común y vehículo de trasferencia cultural fue un dialecto griego (koiné), su conocimiento
permitía una mejor inserción en la sociedad; así muchos hebreos aprendieron el griego,
lengua usada en los negocios, y necesaria para comunicarse con los viajeros y extranjeros;
lengua del comercio y la cultura.
A la muerte de Alejandro (323 a.C.), su Imperio se dividió entre sus sucesores los
Diádocos1, que más tarde darán origen a las dinastías que gobernaron el mundo de la
época: los Ptolomeos en Egipto, los Seleúcidas (en Babilonia y después en Siria). Desde el
punto de vista administrativo el Imperio se encontraba consolidado, era fuerte en el plano
militar y económicamente crecía en importancia. En la Madre Patria de Alejandro, se
sucedieron numerosas guerras entre sus herederos por el control de Grecia.
Durante este período, las ciudades fundadas por Alejandro se desarrollaron,
fructificó el comercio; también se van empobreciendo muchos de los conquistados,
algunos fueron reducidos a la esclavitud, otros pasan a ser arrendatarios de las que antes
fueron sus tierras. Todo ello derivó en una fuerte tensión que encontramos testimoniada en
numerosos textos del Nuevo Testamento: Lc. 12,18 (Parábola del rico necio): “Y entonces
se dijo: - Voy a hacer lo siguiente, derribaré mis graneros, construiré otros más grandes y
almacenaré allí el grano y las demás provisiones. Luego podré decirme: Amigo, tienes
muchos bienes almacenados para muchos años: túmbate, come bebe y date la buena
vida”. Mt 18, 25: “Le presentaron a uno que debía millones. Como no tenía con que
pagar, el señor mandó que lo vendieran a él, con su mujer, sus hijos y todas sus
posesiones, y que pagaran con eso”; y en otros documentos de la época.
En este período se siguió usando la organización dejada por el imperio Persa, sólo
que los cargos de importancia eran confiados a macedonios.
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De los reinos establecidos por los generales de Alejandro, llamados ‘diádocos’ (en griego, diadochos,
‘sucesor’), los más importantes eran los de Siria, bajo la dinastía Seléucida, y Egipto, bajo la Tolemaica.
La capital del Egipto tolemaico, Alejandría, fundada por Alejandro en el 332 a.C., se convirtió en foco de
rivalidades culturales, a veces superando la importancia de Atenas en ese campo. Cada rincón del mundo
heleno se dedicó al cultivo de las artes y las actividades intelectuales. Algunos sabios, como los
matemáticos Euclides y Arquímedes, los filósofos Epicuro y Zenón de Citio y los poetas Apolonio de
Rodas y Teócrito, pertenecen a esta época.
3
Como ejemplo: Hch. 18,2: “Y se encontró con un judío que se llamaba Aquila, natural del
Ponto, quien acababa de llegar de Italia con Priscila su mujer, pues Claudio había
ordenado a todos los judíos que salieran de Roma”.
Hch. 22, 25. 26. 27. 29.: “Cuando lo estiraron con correas, Pablo dijo al centurión que
estaba allí: ¿Os es lícito azotar a uno que es romano sin haberle hecho juicio?
26: “Al oír esto el centurión, fue al comandante y le avisó, diciendo: ¿Qué vas hacer?
Porque este hombre es romano”.
27: “Vino el comandante a Pablo y le dijo: Dime, ¿eres romano? Y él dijo: Sí”.
28: “Y el comandante respondió: Yo adquirí esta ciudadanía por una gran cantidad de
dinero. Y Pablo dijo: Pero yo soy ciudadano de nacimiento”.
29: “Entonces los que iban a someterlo a azotes, al instante lo soltaron; y también el
comandante tuvo temor cuando supo que Pablo era romano, y porque lo había atado con
cadenas”.
Se puede decir que los dos ejes fundamentales de la cultura romana están
constituidos por el derecho y la política. Los romanos fueron eficientes administradores y
supieron gobernar a sus conquistados con mano fuerte bajo la ley romana, lo que no
impidió que su política fuera bastante dúctil.
En el año 63 a.C. Pompeyo ocupó Jerusalén y entró en el Santo de los Santos, lugar
del Templo al que sólo el Sumo Sacerdote podía acceder. Esta victoria romana marca el
inicio del período Palestino bajo el gobierno romano. Este dominio se vio fortalecido
cuando años más tarde Octavio puso fin a una serie de desórdenes y guerras que
abundaban en el Imperio, dando inicio a la pax romana.
La destrucción de Jerusalén
La paz deseada por los romanos y por el pueblo judío no fue posible; se dieron
numerosos desaciertos políticos que atentaban contra la esencia del pueblo judío, así las
revueltas pronto estallaron y con ello también diferentes Procuradores romanos se
sucedieron en el poder en Palestina. En un período de 22 años (44-66 d.C.) representaron el
poder de Roma siete Procuradores.
La aversión de los judíos hacia los romanos fue in crescendo, la acción de grupos
como los Zelotes contribuyó a la efervescencia anti romana, esto unido a los problemas
entre la población de habla griega con la judía de Cesarea, que en ausencia de un buen
político como Procurador, desencadenó un problema con amplias repercusiones; el
Procurador en vez de pacificar aprovechando la situación convulsionada, saqueó el tesoro
del Templo de Jerusalén, con ello la protesta del pueblo judío fue inevitable y la pretendió
aplastar dando permiso a los soldados para saquear la ciudad. Junto a esto está el “renacer”
de las esperanzas mesiánicas en grandes grupos de la población judía, se organizaron y
llegaron a expulsar a los soldados romanos de Jerusalén, lo que decidió la intervención
militar del Legado sirio Cestio Galo. Paralelamente en Roma con Nerón como emperador
la situación también era inestable (el incendio de Roma en el 64 del que se culpó a los
cristianos), terminará siendo depuesto por el senado y suicidándose. Las luchas por la
sucesión imperial dieron “tiempo” a los judíos quienes estaban presionados por las tropas
de Vespasiano, quien finalmente en el 69 fue nombrado emperador y dejó a su hijo Tito a
cargo del asedio y la conquista definitiva de Jerusalén, éste entra a la Ciudad de David en
el 70 y destruye la ciudad y el Templo; tiempo más tarde (73d.C) cayó la última resistencia
judía en la fortaleza de Masada. Fue prohibido el ingreso de los judíos a Jerusalén
convertida en la ciudad romana de Aelia Capitolina. En la ciudad de Jamnia un grupo de
4
fariseos que no se involucraron en la guerra judía dieron inicio al judaísmo que sobrevivió
en los siguientes siglos.
Algunos medios judíos fueron hostiles al cristianismo desde sus inicios, por
ejemplo, los sumos sacerdotes (Hch 4, 1-3) y los saduceos. En realidad, se trata de dos
grupos distintos:
El año 30 d.C., el sumo sacerdote en funciones es Caifás. Por su lado, los saduceos
son un partido a la vez político y religioso, de tinte aristocrático y elitista, fiel al ideal
sacerdotal centrado en el Templo.
Los sumos sacerdotes se muestran especialmente celosos de su influencia sobre el
pueblo (Hch 5,17); los saduceos son hostiles a las innovaciones religiosas (Hch 4,2). De
hecho, tienen intereses comunes contra el judeo cristianismo.
Las detenciones de Pedro y Juan, que son citados ante el sanedrín (Hch. 4, 3-23),
son un ejemplo de esta hostilidad. Este odio a los judeocristianos de los sumos sacerdotes,
no es compartido por todos los miembros del sanedrín, el fariseo Gamaliel intercede a
favor de los apóstoles. Pablo aprovechará las diferencias entre saduceos y fariseos al
interior del sanedrín (Hch. 23,6); el episodio refleja la posición de los fariseos: admiten el
mesianismo y no tienen motivos para condenar a priori el movimiento originado por Jesús.
En cambio los saduceos, por razones doctrinales, son reacios a todo mesianismo. Y mucho
más hostiles son los sumos sacerdotes, que ven en el mesianismo una amenaza a su poder
personal. Ahí está al parecer su hostilidad contra Jesús y el judeocristianismo.
5
2
Yom Kipur (‘día de la expiación’), es la más sagrada de las efemérides judías. Junto con Rosh Ha-shaná,
constituye los llamados Días Solemnes. Yom Kipur es una jornada de confesión, de arrepentimiento y de
plegarias para que se olviden los pecados cometidos durante el año contra las leyes de Dios y la alianza con Él.
Es también el día en que se supone que se decide el destino de cada persona durante el año siguiente. Las leyes
relativas a esta festividad pueden encontrarse en Levítico 16; 23,26-32; 25,9 y en Números 29,7-11. En la
época del Templo de Jerusalén, el sumo sacerdote ofrendaba sacrificios para la expiación de los pecados.
Durante el ritual, colocaba sus manos sobre un carnero mientras confesaba los pecados del pueblo. Luego el
carnero era llevado al campo y lanzado desde un precipicio. Este acto era un símbolo de la expiación y del
perdón de Dios.
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LOS SADUCEOS
LOS FARISEOS
Eran más rígidos y cerrados que los anteriores. Se reconocían a sí mismos como
una agrupación de hasidim (piadosos). En tiempos de Jesús estaban dominados por el
grupo de los escribas.
Denominados unas veces secta y otras veces, escuela de pensamiento judío, surgen
como grupo o partido independiente en el siglo II a.C. Basaron su identidad en mantener
una fuerte resistencia a todas las influencias griegas o extranjeras que amenazaban con
minar la sagrada religión de sus padres, cumpliendo al pie de la letra lo estipulado por la
Ley. Los saduceos se enfrentaban a los fariseos en asuntos políticos y, en cierta medida, en
cuestiones religiosas. Los fariseos deseaban que el Estado y la totalidad de los asuntos
públicos y políticos de Israel estuvieran regidos y se midieran de acuerdo a la Ley,
enfrentándose así con los aristócratas y saduceos, muy abundantes entre la clase sacerdotal.
Su doctrina se basaba en el judaísmo ético, espiritual, y en ocasiones, místico, que
permitió a la religión judía sobrevivir a la destrucción del Templo y del Estado judío por
parte del Imperio romano en el año 70 de nuestra era. Posteriormente, el fariseísmo se
convirtió en la forma dominante del judaísmo ortodoxo. En su condena a los fariseos
registrada en el Nuevo Testamento (Mateo 23), Jesús se está refiriendo en realidad a los
fariseos hipócritas, condenados también por el Talmud3.
LOS ESCRIBAS
Eran “laicos” que actuaban no sólo como copistas, sino como redactores e
intérpretes de la Biblia y de la Ley. Entre los judíos, un escriba (del hebreo, sopher) era un
copista de la Ley o un secretario que de un modo paulatino se convertía en copista oficial,
lo que equivalía, en cierta forma, a un secretario oficial. El escriba era un hombre culto
preocupado por la letra de la Ley y versado en las Escrituras. Los escribas de los fariseos y
3
Talmud: cuerpo de ley civil y religiosa del judaísmo, que incluye comentarios sobre la Torá. El Talmud
consta de un código de leyes (Mishná) y de un comentario sobre éste (Guemará).
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LOS ESENIOS
Eran también una rama de los hasidim. Entre ellos había círculos similares a una
orden religiosa (con celibato, oración común, comunidad de bienes, etc.). Este grupo
religioso judío, estaba organizado en torno a bases comunitarias profundas y a prácticas de
un estricto ascetismo. La hermandad, que llegó a contar con aproximadamente 4.000
miembros, vivió en Siria y en Palestina desde el siglo II a.C. hasta el siglo II d.C. Sus
principales asentamientos se encontraban a orillas del Mar Muerto.
Los esenios no son mencionados ni en la Biblia ni en la literatura rabínica. Toda la
información que se tiene de ellos proviene de los escritos y obras de Filón de Alejandría 4,
Plinio el Viejo5 y Flavio Josefo6.
Las enseñanzas fundamentales de los esenios eran el amor a Dios, el amor a la
virtud y el amor al prójimo. Sus rasgos distintivos más importantes eran la comunidad de
bienes y propiedades (distribuidas de acuerdo con las necesidades de cada uno), la estricta
observancia del shabat y un aseo escrupuloso (dentro del que se incluía el lavarse con agua
fría y usar prendas de vestir blancas). Tenían prohibido jurar, emitir votos (salvo los
exigidos para ser miembros de la orden), sacrificar animales, fabricar armas y participar en
el comercio o hacer negocios. Sus miembros eran reclutados a través de la adopción de
niños o bien entre aquellos que habían renunciado a todos sus bienes materiales. Se exigía
una prueba temporal de tres años antes de que el novicio pudiera emitir sus votos
definitivos, que exigían una total obediencia y discreción. La prohibición de ingerir
alimentos impuros constituía una ley que podía llegar a significar la muerte por inanición.
Los esenios fueron los primeros en condenar la esclavitud, considerándola una
violación de los derechos consustanciales a los hombres; se sabe que, incluso, compraban y
luego liberaban a personas que habían sido hechas esclavas. Su trabajo fundamental se
centraba en la agricultura y en la artesanía.
El estudio del mundo de los esenios reapareció con gran fuerza en 1947, año en que
fueron descubiertos unos antiguos manuscritos hebreos, cerca del mar Muerto, en Qumrán,
lugar que pudo haber sido, en el siglo I d.C., zona de asentamiento de alguna comunidad
esenia. Entre los manuscritos, había un manual de observancias religiosas y vida común,
que puede relacionarse con el modelo de vida de los esenios.
Filón de Alejandría (c. 20 a.C.- 50 d.C.), filósofo judío heleno. Aunque está considerado como el filósofo
judío más importante de su tiempo, Filón hizo tan suyas las doctrinas procedentes de la filosofía griega que
debe ser considerado también como un filósofo heleno que combinó elementos tomados de distintos orígenes
dentro de una unidad original.
5
Plinio el Viejo (c. 23 d.C.-79), escritor y enciclopedista romano, máxima autoridad científica de su época.
Escribió numerosas obras históricas y científicas.
6
Flavio Josefo (37 d.C.-c. 101), historiador judío, nacido en Jerusalén, de linaje real y sacerdotal. Hombre a
la vez instruido y mundano, fue miembro del partido de los fariseos, y también una figura pública que, antes
de la sublevación judía contra Roma (66), tuvo buenas relaciones en la corte del emperador Nerón.
8
¿Hubo relaciones entre los esenios y la comunidad cristiana primitiva? Por una
parte los documentos cristianos atestiguan ciertas semejanzas entre algunos aspectos de la
comunidad cristiana de Jerusalén y lo que sabemos de los esenios por los manuscritos del
Mar Muerto y los datos de Filón y Josefo. Pero no sabemos si las prácticas semejantes, que
sólo conocemos por lo que se refiere a la comunidad de Qumrán, se daban también en
otros ambientes del judaísmo. Por otra parte, había comunidades judías en las que no era
extraña la comunidad de bienes y los banquetes comunitarios. Esta parece ser la
explicación más probable hasta ahora de las similitudes que podemos advertir entre ambos
grupos.
Unido a lo anterior, lo cierto y comprobable históricamente, es que tanto la
comunidad judeo cristiana primitiva como los esenios, vivieron insertos en el enrarecido
ambiente de fuerte talante escatológico y apocalíptico de la Palestina del siglo I de nuestra
era. El hecho de que ambos grupos compartiesen un mismo contexto histórico, no prueba
necesariamente que tuviesen nexos permanentes ni que luchasen por los mismos ideales ni
menos que compartiesen la misma doctrina religiosa.
Los Zelotes
Formaban otra facción religioso-política judía, conocida por su resistencia fanática
al dominio romano en Judea durante el siglo I. Los zelotes surgieron como grupo político
durante el reinado (37-4 a.C.) de Herodes el Grande.
En el año 6 d.C., cuando Judea pasó bajo dominio directo de Roma y las
autoridades ordenaron elaborar un censo para aplicar impuestos, los zelotes, dirigidos por
Judas de Galilea, convocaron a la rebelión. Aducían que reconocer la autoridad del
emperador pagano de Roma significaría repudiar la autoridad de Dios y someterse a la
esclavitud. Un grupo extremista de zelotes, denominados sicarios (los hombres daga)
adoptaron una resistencia violenta, asesinando romanos y judíos notables que promovían la
cooperación con la autoridad de Roma. La rebelión llevada a cabo por los zelotes ese año
fue sofocada enseguida y muchos de ellos murieron, pero otros continuaron preconizando
la resistencia inflexible a los romanos. Uno de los discípulos de Jesús, Simón, era un zelote
(Lc. 6,15).
Según Flavio Josefo, los zelotes desempeñaron un papel importante al promover y
apoyar la sublevación general judía contra los romanos que comenzó el año 66 d.C.
Aunque siguieron atacando a otras facciones judías, lucharon con valentía en defensa de
Jerusalén hasta su caída en el año 70 d.C. Otro grupo de zelotes defendió la fortaleza de
Masada ante el asedio de las tropas romanas hasta el año 73 d.C., cuando prefirieron el
suicidio antes que rendirse.
Dado que el cristianismo surgió del judaísmo en el siglo I de nuestra era, nada hay
en los relatos evangélicos que pueda comprenderse al margen de la historia del pueblo
judío. Igualmente, ninguna sentencia de Jesús de Nazaret tiene sentido si no se la inserta en
el contexto natural del pensamiento judío contemporáneo. Nuestra tarea al comenzar un
curso de Historia de la Iglesia Antigua, es la de asomarnos a investigar el fenómeno del
nacimiento del cristianismo, relacionando a Jesús y el evangelio no sólo con el Antiguo
9
Testamento, sino también, y sobre todo, con el mundo judío de su época. Tal objetivo exige
una asimilación plena de los descubrimientos de los investigadores del judaísmo ínter
testamentario, por un lado, y de la Palestina helenística y romana, por otro.
EL ACONTECIMIENTO DE PENTECOSTÉS
La Iglesia nace de la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles el día de
Pentecostés del año 30, aproximadamente. No podemos prescindir en la historia de la
Iglesia, de su dimensión divina. En este punto es importante el testimonio del libro de los
Hechos de los apóstoles, que nos presenta el episodio de la creación de la Iglesia, como un
gran acontecimiento de la historia de salvación. Este testimonio corresponde a la tradición
cristiana primitiva de raíz helenista. La presentación que de él nos hace Lucas reclama
ciertas aclaraciones:
Es históricamente posible que sucediera el último día de la Fiesta de las Semanas7 del
año 30 en Jerusalén. Los XII luego de su dispersión del domingo de Pascua, podían
haber regresado a Jerusalén para la peregrinación de Pentecostés.
8
Kerigma (del griego kerigma, noticia), en el Nuevo Testamento se identifica con el anuncio del Evangelio.
Al enviar Jesús a sus discípulos a proclamar la noticia de la salvación a todos los pueblos, no sólo les encarga
difundir y dar testimonio de un suceso, sino que ese anuncio hace presente la redención allí donde se
proclama.
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intervención de Dios. Los milagros aparecen no sólo como un acto maravilloso que
verifica la acción del Resucitado, sino que muestran la eficacia de la Resurrección, es
la fuerza divina que realiza por medio de los apóstoles las obras divinas, para que los
hombres las reconozcan y reconozcas a través de ellas la presencia de Dios y lo
glorifiquen en Cristo Resucitado.
Es decir, la proclamación de Jesús como Mesías iba destinada en primer lugar a Israel,
el pueblo de la esperanza escatológica. La ansiosa espera de un pronto retorno del Señor
exaltado, incrementada por el cambio experimentado en la suerte de Jesús, se exteriorizaba
en el empeño por atraer de manera especial a los judíos a la fe en Jesús, el Mesías.
La finalidad del kerigma cristiano es hacer reconocer a los judíos que lo que se ha
cumplido en Jesús es una acción definitiva de Dios. Se trata, ante todo, de un cambio total
de actitud frente a Jesús, de una conversión. Y en un llamamiento a la conversión
desembocan los discursos de Pedro (Hch 3, 19). Los judíos deben reconocer que se han
equivocado al ignorar el carácter divino de Cristo y al condenarlo como blasfemo porque
reivindicaba esa dignidad divina.
Pero, ¡he aquí la gran paradoja!: la no conversión de Israel fue el gran escándalo de
la Iglesia primitiva; más aún, como veremos pronto, los creyentes en Jesús que
perseverarán en la fidelidad a su Evangelio no serán el grupo original de judíos que lo han
reconocido como Mesías (es decir, los judeo cristianos de lengua aramea), sino el grupo de
cristianos procedentes del ambiente helenista y que constituirá la Iglesia apostólica que no
sólo va a sobrevivir en ese mundo y esa cultura, sino que terminará por conquistarlos.
Los Hechos de los Apóstoles, junto con describir el medio en que se desenvuelve la
comunidad de Jerusalén, nos dejan ver algunos aspectos de su vida. Los primeros
cristianos siguen tomado parte de la vida religiosa de su pueblo, del pueblo judío: “Los
millares de judíos que han creído son celosos de la Ley” (Hechos 21,20); lo que quiere
decir que circuncidan a sus hijos, que observan lo prescrito acerca de las purificaciones en
la religión judía, que practican el descanso sabático. El particular, los creyentes en Jesús de
Jerusalén toman parte en las plegarias que tienen lugar diariamente en el Templo (Hch.
2,46). Vemos a Pedro y a Juan subir al Templo para la oración matutina (5,21) y para la
oración de nona (3,1). Es decir: los creyentes en Jesús aparecen ante el pueblo judío de
Jerusalén como judíos especialmente piadosos, a quienes acompaña la bendición de Dios
(Hch 5,13) y constituyen un grupo especial dentro de la comunidad de Israel.
Pero los judeocristianos tienen conciencia de formar a la vez una comunidad
particular: la de los creyentes que reconocen como Mesías a Jesús de Nazaret, muerto y
resucitado por nuestra salvación y a quien el Padre ha exaltado, constituyéndolo Mesías y
Salvador. Los Hechos los designan ya con el nombre de (ecclesia). La palabra
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significa en griego (koiné) una “asamblea oficial”. Pero parece ser que su uso en los
Hechos alude a su empleo en la traducción griega de la Biblia (la de los LXX), donde el
término “ekklesía” designa al Pueblo de Dios reunido en el desierto (Ver: Hch. 7,38). La
palabra significa, según esto, que los cristianos se consideraban no como una comunidad
más dentro del judaísmo, sino como el nuevo pueblo de Dios. La palabra
designó en un principio, a la Iglesia de Jerusalén. Más tarde será aplicado a las diversas
iglesias locales que irán surgiendo a imitación de la Iglesia Madre de Jerusalén. Así, Pablo
reunirá la iglesia de Antioquía (Hch 14,27) y saludará a la iglesia de Cesarea (Hch 18,22).
No obstante la diversidad de iglesias que surgirán de la acción misionera de los apóstoles y
de sus ayudantes, los cristianos tienen clara conciencia que todos forman una sola e
idéntica “Iglesia”, que está presente en diversos lugares, y la palabra tomará el significado
de la Iglesia universal.
De hecho, estos cristianos, la gran mayoría de ellos judeocristianos de lengua
aramea o de lengua griega, al mismo tiempo que toman parte en la vida de su pueblo judío,
tienen además una vida propia. Se reúnen comunitariamente en sus casas “a partir el pan”
(Hch 2,46). Pablo nos cuenta que en la comunidad de Corinto la “la iglesia está en casa de
Aquila y Priscila” (1 Cor. 16,19).
Los cristianos se reunían con frecuencia. Los Hechos hablan de reuniones diarias
para la fracción del pan, una comida y oraciones de alabanza (2,46). Algunas de estas
reuniones eran de noche, del sábado al domingo (Hch 20,7). Es decir, los creyentes en
Jesús tomaban parte de las plegarias en el Templo el sábado y luego se reunían por su
cuenta en sus casas.
EL ORDENAMIENTO DE LA COMUNIDAD
14
En primer lugar: en las pastorales, los presbíteros-obispos eran los “maestros oficiales
de la comunidad”. Aferrándose a la enseñanza que habían recibido de Pablo a través de
Tito y Timoteo, rechazaban cualquier novedad o enseñanza diferente. Así protegían a la
comunidad de las falsas doctrinas (Tit 1,9-2,1; 1 Tim 4,1-11).
En segundo lugar: ya que la Iglesia es “la Casa de Dios” (1 Tim 3,15), los
presbíteros-obispos debían ser como padres, responsables de la casa, administradores
de los bienes, ejemplares guardianes de la disciplina. Así la Iglesia se mantendría unida,
frente a las fuerzas desintegradoras que la rodeaban.
Los últimos requisitos indican que está surgiendo la Iglesia como una sociedad
con normas establecidas, impuestas a sus personajes públicos. Las Pastorales describen
las características necesarias para quien tiene que acompañar de manera permanente a una
comunidad. Es decir, ofrecen una respuesta estructural que pretende:
12
Al parecer, en el N.T. y en la literatura cristiana del siglo I, estos términos son efectivamente sinónimos.
Véase, por ejemplo, Hch 20, 17 y compárese este texto con Hch 20, 28.
13
Ver: RAYMOND E. BROWN, Las Iglesias que los Apóstoles nos Dejaron. Descleé de Brouwer, Bilbao, 1998,
p. 41 y ss.
16
Junto con los “evangelizadores itinerantes”, -entre los cuales también podríamos
perfectamente considerar a Timoteo y Tito- , surge en cada Iglesia local una institución de
administradores de la Palabra de Dios, de la liturgia, e inspectores de la comunidad: son los
presbíteros y obispos, establecidos por los Apóstoles o por sus sucesores; forman un
colegio encargado de guiar, enseñar y presidir las Iglesias locales, bajo la vigilancia de los
Apóstoles.
ANEXO:
MERCADER Y PREDICADOR ITINERANTE
14
San Clemente I (?-101?), Papa (92?-101), primero de los escritores eclesiásticos llamados Padres
Apostólicos. Según el teólogo Ireneo (siglo II), Clemente fue el tercer obispo de Roma y estuvo familiarizado
con san Pedro y san Pablo. Aunque se conocen pocos detalles de su biografía, la alta estima en que se tuvo a
Clemente es clara a partir de su Epístola a los Corintios (96?), que fue considerada de forma unánime como
un libro canónico de la Biblia hasta el siglo IV. Unos de los más importantes documentos de los tiempos
apostólicos, esta epístola es la pieza más antigua de la literatura cristiana fuera del Nuevo Testamento, de la
que el nombre, cargo y fecha del autor están probados con rigor histórico. La aparición de disputas dentro de
la Iglesia de Corinto, donde ciertos presbíteros (ancianos) habían sido depuestos, empujó al autor a intervenir.
La epístola es una valiosa fuente de información sobre la vida, doctrina y organización de la Iglesia cristiana
primitiva.
15
San Ignacio de Antioquía (c. 35-107), obispo de Antioquía, mártir cristiano y uno de los Padres
Apostólicos de la Iglesia. Durante el reinado del emperador romano Trajano, fue condenado a ser devorado
por bestias salvajes. En su viaje desde Antioquía hacia Roma, donde tendría lugar su ejecución, escribió siete
epístolas. Cinco de ellas estaban dirigidas a las comunidades cristianas de Éfeso, Magnesia, Tralles, Filadelfia
y Esmirna, ciudades de Asia Menor que habían enviado representantes para darle la bienvenida a su paso por
ellas. Las otras dos tenían por destinatarios a Policarpo, obispo de Esmirna, y a la comunidad cristiana de su
destino, Roma. Estas cartas constituyen una importante fuente de información para conocer las creencias y
organización de la Iglesia cristiana primitiva. Ignacio las escribió como advertencias contra las doctrinas
heréticas, lo que permite a sus lectores contar con resúmenes detallados de la doctrina cristiana. También
proporcionan un claro retrato de la organización de la Iglesia como comunidad de fieles reunida en torno a la
dirección de un obispo, asistido por un concilio de presbíteros y diáconos.
17
“Si deseas saber quién es el mortal que aquí reposa, no hay nada oculto y sus
obras están claras; la inscripción que estás leyendo te lo dirá todo.
Euteknios es su apellido y Juliano su nombre; Laodicea es su patria, joya
admirable de Siria. Notable por parte de su padre, su madre tenía una dignidad análoga;
servicial y justo con todos, consiguió en recompensa el afecto de todos.
Cuando hablaba a los celtas, la persuasión brotaba de su boca, recorrió diversas
naciones. Conoció pueblos numerosos y entre ellos ejercitó el valor del alma. Se expuso
sin descanso a las olas y al mar, ofreciendo a los celtas y a las tierras de occidente todo lo
que Dios determinó conceder a la tierra de oriente fecundo en todos los productos, porque
este hombre los quería. Impulsó a las tres tribus de los celtas hacia los grados…”
Inscripción griega de comienzos del siglo III, encontrada en Lyon en 1972. Tomado de J. Comby.
Para Leer la Historia de la Iglesia. Verbo Divino, 1986, p. 28.
Diversas corrientes, como la Escuela de Historia de las Religiones, a fines del siglo
XIX, han insistido en que el nacimiento de la fe en Jesucristo se puede comprender como
una combinación de elementos de diversas religiones del siglo I. Para este tipo de
pensamiento, la fe cristiana primitiva sobre Jesús sería una mezcolanza de los recuerdos de
la actividad de Jesús, algunos elementos judíos, y algunos conceptos de las religiones
paganas. Este argumento ha sido popularizado recientemente por El Código Da Vinci, que
afirma que la divinidad de Cristo es producto de una “fusión de religiones” realizada por el
Emperador Constantino mediante las decisiones del Concilio de Nicea I en el año 325
(siglo IV). Para los primeros cristianos, Jesús habría sido considerado un simple hombre,
que producto de una votación muy estrecha, pasó a ser considerado como un ser divino;
habría intervenido en todo este proceso la necesidad política del Emperador de unir el
Imperio en torno a su persona, reforzando así el poder imperial con el lazo de una nueva
fuerza religiosa aglutinante: la fe en la divinidad de Cristo.
Ante esto, vale la pena considerar la fisonomía cultural de las primeras
comunidades cristianas, junto con observar el medio ambiente cultural helenista y la
realidad política del Imperio romano, pues dentro de sus límites se desarrolló
principalmente la fe cristiana.
Durante los primeros años, es decir, durante el período fundacional en el que se
desarrolló la fe cristiana, se pueden distinguir tres grupos de creyentes en Jesús, desde el
punto de vista de sus procedencias culturales:
Los etnocristianos (del griego, etnos = pagano, gentil, no judío). Son cristianos
provenientes no del judaísmo, sino del paganismo. No son de Jerusalén y su lengua,
cultura y religión de nacimiento es griega o de ambiente helenizado.
De estos grupos, los dos primeros, nacieron junto con el cristianismo, y sólo ellos
pudieron ser relevantes para el desarrollo de la fe en Cristo de los primeros cincuenta años;
es decir, del período que va entre la Pascua de Jesús y el inicio de la redacción de las cartas
de San Pablo, que son los escritos más antiguos del NT.
Los etnocristianos sólo comenzaron a tener una cierta presencia minoritaria en las
comunidades a partir del llamado Concilio de Jerusalén del año 48, y sólo después del año
70, con la destrucción de Jerusalén, pudo haber comunidades mayoritariamente
etnocristianas.
Inicialmente debió haber habido mucho intercambio, no exento de tensiones, entre las
comunidades judeocristianas de lengua aramea y las de lengua griega, particularmente en
Jerusalén. Las tensiones entre ambos grupos se centraron en la forma de observar la Ley
mosaica y no en la cristología. Este intercambio lo posibilitaron los judeocristianos
bilingües como Pablo, Bernabé, Pedro, Felipe, Juan Marcos o Silas, entre otros; así lo
demuestran las cartas de Pablo. Incluso no se puede descartar que entre los seguidores
directos de Jesús en los primeros años, haya habido judíos de habla griega.
Del texto se deduce que el protagonismo de la pelea lo tuvieron los judíos de lengua
griega residentes en Jerusalén, que consideraron inadmisible la predicación de Esteban,
19
otro judío de lengua griega, pero que creía que Jesús de Nazaret era el Mesías resucitado.
El relato presenta a Esteban como un predicador, realizador de milagros, investido del
poder del Espíritu Santo y por esto, lleno de sabiduría. Las razones que llevan a Esteban a
morir lapidado las vemos en Hechos 6,11-14:
“Pero él [Esteban], lleno del Espíritu Santo, miró fijamente al cielo y vio la
gloria de Dios y a Jesús que estaba en pie a la diestra de Dios; y dijo:
“Estoy viendo los cielos abiertos y al Hijo del hombre, que está en pie a la
diestra de Dios”. Entonces, gritando fuertemente, se taparon sus oídos y se
precipitaron todos a una sobre él; le echaron fuera de la ciudad y
empezaron a apedrearle16” (Hechos 7, 55-58).
Este acontecimiento, nos demuestra que ya muy temprano (año 32-34), la joven
comunidad judeocristiana tenía convicciones muy sólidas sobre la divinidad de Jesús, y
esto no era sólo en un plano teórico, sino que implica dar la propia vida por esta fe que
rompe con el judaísmo, que ha comenzado a perseguir a los creyentes en Jesús; el mismo
Pablo será en su juventud, un celoso judío y fariseo, perseguidor de los cristianos (Fil. 3, 6)
y menciona las persecuciones que había realizado como señal de la seriedad con que
tomaba el judaísmo, lo que muestra la ruptura e incompatibilidad entre el judaísmo oficial
y las creencias de la nueva comunidad de seguidores de Jesús.
La muerte del primer mártir (Esteban) tiene consecuencias inmediatas: la huida de
los judeocristianos helenistas de Jerusalén, y el sucesivo inicio de la misión a los paganos
realizada por los que escapaban de la persecución del judaísmo. Según el relato de Lucas,
la misión a los gentiles no fue iniciada por los apóstoles, sino por judíos de lengua griega,
que huyendo de la persecución desatada por el martirio de Esteban, comenzaron la
actividad misionera en Samaria, Fenicia, Chipre y Antioquía. Esta descripción no es un
relato idealizado, se trata más bien de datos incómodos: no son los apóstoles de Jesús los
que deciden y comienzan la misión, sino los judeocristianos de lengua griega, que huyendo
de la persecución del judaísmo oficial, comienzan a predicar en tierras paganas (Hch.
11,19-20). La persecución debió afectar a todo el grupo de los judeocristianos helenistas,
así se comprende que los apóstoles hayan permanecido en Jerusalén. Esta persecución
supone que las convicciones que llevaron a Esteban a la muerte eran compartidas por un
16
Levítico 24, 13: “Y entonces Yahvé habló a Moisés y dijo: Saca al blasfemo fuera del campamento; todos los
que lo oyeron pongan las manos sobre su cabeza, y que lo lapide toda la comunidad”.
20
Los judeo cristianos, recluidos en la región situada al este del Jordán, desarrollaron
allí diversas actividades misioneras. Pero la falta de contacto con las comunidades
formadas por cristianos venidos de la gentilidad, agudizó su aislamiento. En definitiva,
terminaron por disolverse o desembocaron en nuevas corrientes, por ejemplo, el
maniqueísmo, que veremos someramente más adelante, junto con el gnosticismo.
17
La primera reunión de los cristianos que puede llamarse concilio está recogida en los Hechos de los
Apóstoles, 15,1-31. El llamado concilio de Jerusalén fue un encuentro de Pedro, Pablo y los dirigentes de los
cristianos de Jerusalén en torno al año 50. En él se discutió la mejor forma de convertir a los gentiles.
18
EUSEBIO DE CESAREA, Historia Eclesiástica. III, 5,3; 31,4. BAC,
21
Entre los proclamadores del evangelio a través del Imperio, sobresale Saulo-Paulo
de Tarso, quien tras su conversión (Hch 9,3-18), fue ganado por Bernabé para la tarea de
colaborar con los fieles de Antioquía (Hch 11,25). Precisamente en esta gran ciudad
helenista emergió la vida cristiana que entraría en conflicto con la comunidad primitiva de
Jerusalén y que terminaría por imponerse y acuñaría la futura Iglesia de los gentiles o
etnocristianos.
De la comunidad cristianogentil de Antioquía nació la iniciativa de que Pablo y
Bernabé se dedicaran a la obra de la misión. Y la convicción de la inminencia del fin del
mundo incrementó la urgencia de la proclamación universal de la fe (Mt 10,23).
El primer viaje misionero (Hch 13, 1-14,28) llevó a ambos, entre los años 44 y 48, a
Asia Menor pasando por Chipre, desde Panfilia hasta el sur de Galacia. Siguiendo la
instrucción según la cual había que predicar la Palabra de Dios primero a los judíos (Hch
13,46ss), Pablo y Bernabé se presentaban en las sinagogas de las ciudades respectivas, pero
eran escuchados sobre todo por los gentiles (Hch. 14,27).
Con la renuncia a la circuncisión se generó un conflicto que fue superado en el
Concilio de Jerusalén hacia el año 48-49 (Hch 15,1-5). La predicación de Pablo y Bernabé
afirmaba que los cristianos provenientes del paganismo nada tenían que ver con la Ley
22
mosaica. Por otra parte, Santiago impuso en sus cláusulas que los cristianos provenientes
del paganismo se abstuvieran de lo que había sido contaminado por los ídolos, de la
impureza, de los animales estrangulados y de la sangre (Hch 15; Gál 2, 1-10). En la
segunda fase de su actividad misionera, Pablo visitó de nuevo las comunidades de Asia
Menor, hasta que, inspirado por una visión, pasó a Macedonia (Hch 15, 36-18,22).
Tras una breve estancia en Palestina, Éfeso terminó por convertirse en el centro de
su misión desde el año 53 al 57. Éfeso era la ciudad de Artemisa (diosa de la caza; Diana
en Roma), y el cristianismo de corte judaizante había echado raíces ya allí. A pesar de
algunas dificultades, por ejemplo con los orfebres (Hch 19, 21-40), Pablo consiguió abrirse
paso en ese ambiente religioso. Y cuidó con sus cartas la salud espiritual de las
comunidades existentes. Se adentró más en Grecia y confió a la comunidad de Corinto su
intención de viajar a Occidente, concretamente hasta España, puesto que ya no tenía campo
de trabajo en Oriente. Sin embargo, Pablo retornó primero a Jerusalén para llevar una
colecta (Gál 2,10; Rom 15,26) para la comunidad de aquella ciudad. Entonces se
produjeron confrontaciones con los judíos. Como consecuencia de todo esto, Pablo fue
encarcelado. Tras dos años de prisión, fue trasladado a Roma (año 61). La libertad de
movimientos de que gozaba en la capital del Imperio le permitió proseguir su trabajo
misionero. Finalmente, según una antigua tradición cristiana, padeció el martirio durante la
persecución de Nerón (hacia el año 64).
Pero no sabemos con precisión cuando llegó a Roma la primera noticia del evangelio.
Bajo el emperador Claudio (41-54) hubo allí judeocristianos, que por mandato
imperial tuvieron que abandonar la ciudad en el año 43 junto con los judíos, de los
cuales aún no se diferenciaban.
Según los Hechos Pablo estuvo en Roma y trabajó allí. En cambio, a partir de la Edad
Moderna, teólogos e historiadores protestantes han puesto en tela de juicio la presencia de
Pedro en Roma. Fácil es demostrar que en este asunto jugó un papel importante la
oposición confesional al primado petrino. Hoy día los ataques desde la ciencia a la
presencia y martirio de Pedro en Roma han decrecido extraordinariamente. En todo caso,
científicamente no puede deducirse nada decisivo en contra de esa tradición, que ha estado
siempre viva en la Iglesia. Al contrario, las antiguas noticias literarias al respecto se han
visto hace poco corroboradas por las excavaciones bajo la Iglesia de San Sebastián en la
Vía Apia y, aún más recientemente, por las realizadas bajo el altar de la confesión en la
basílica de San Pedro en Roma.
ANEXO:
PEDRO Y PABLO EN ROMA
19
Cayo Suetonio Tranquilo (c. 69-140), historiador romano, sus escritos son una fuente básica de
información sobre las vidas de los doce primeros césares y de los hombres de letras romanos. Su obra llegó a
ser tan popular que su enfoque biográfico fue el modelo seguido durante mucho tiempo.
24
“Más dejemos los ejemplos antiguos y vengamos a los luchadores que han vivido más
próximos a nosotros: tomemos los nobles ejemplos de nuestra generación.
Por emulación y envidia fueron perseguidos los que eran máximas y justísimas columnas
de la iglesia y sostuvieron el combate hasta la muerte. Pongamos ante nuestros ojos a los
santos apóstoles. A Pedro, quien, por inicua emulación, hubo de soportar no uno ni dos,
sino muchos más trabajos. Y después de dar así su testimonio, marchó al lugar de la
gloria que le era debido.
Por la envidia y la rivalidad mostró Pablo el galardón de la paciencia. Por seis veces fue
cargado de cadenas; fue desterrado, apedreado; hecho heraldo de Cristo en Oriente y en
Occidente, alcanzó la noble fama de su fe; y después de haber enseñado a todo el mundo
la justicia y de haber llegado hasta el límite de occidente y dado su testimonio ante los
príncipes, salió así de este mundo y marchó al lugar santo, dejándonos el más alto
dechado de paciencia”.
Clemente romano, Nueva Carta a los Corintios, 5, en Padres Apostólicos, BAC, Madrid, 1950, p.
182.
“Este Marcos dicen que fue el primero en ser enviado a Egipto y que allí predicó el
evangelio que él había puesto por escrito y fundó iglesias, comenzando por la misma
Alejandría”.
Eusebio de Cesarea, Historia eclesiástica, II, 16.
“Tal era la situación de los judíos, mientras los santos apóstoles y discípulos de
nuestro Salvador se habían esparcido por toda la tierra: a Tomás, según quiere una
tradición, le tocó en suerte Partia; a Andrés, Escitia; a Juan, Asia, donde se estableció,
muriendo en Éfeso.
26
El estudio de los datos que nos ofrece el NT nos permite situar comunidades
cristianas desde Jerusalén hasta Roma: las fundadas en Asia Menor tras el dinamismo de la
Iglesia de Antioquía, las establecidas por Pablo en Grecia, las del Apocalipsis nacidas de la
irradiación de la tradición joánica, y la Iglesia de Roma de la que no sabemos quién fue el
fundador.
La carta de Pablo a los romanos supone en la capital del Imperio una comunidad
importante y ya antigua. Si la venida de Pedro a Roma, como hemos visto, es un dato
tradicional, los textos que nos informan de ella son tardíos o poco seguros. Por otra parte,
el viaje de Pablo a España (Rom 15,24) sigue siendo hipotético.
Otras fuentes complementan estos informes, pero de una manera limitada. Eusebio
de Cesárea se imagina un reparto en la evangelización del mundo de la época que hicieron
los apóstoles: el país de los partos corresponde a Irán actual, la Escitia a las regiones del
norte del Mar Negro. Los escritos apócrifos nos proporcionan datos difícilmente
controlables. Los Hechos de Tomás, verdadera novela de aventuras, contienen quizás
algunos elementos históricos relativos a la evangelización de Oriente, pero la dificultad de
las relaciones con estos países, debido a la hostilidad permanente entre el Imperio de los
partos (persas) y el Imperio romano, explica a la vez los límites de la evangelización y los
de nuestra información.
La persecución de Nerón en el año 64, según la tradición, trajo consigo la
desaparición de los apóstoles Pedro y Pablo. Sin embargo, los historiadores vacilan sobre
una fecha concreta: Pedro había muerto en el 64, Pablo en el 63, según unos, o en el 67,
según otros.
La destrucción de Jerusalén el año 70 marca más todavía el corte entre la
primitiva Iglesia y el mundo judío. Los judíos se habían rebelado contra Roma para formar
una nación independiente que honrase a Dios según la Ley de los antepasados. Una guerra
implacable condujo a la destrucción de la ciudad y del Templo, lugar donde residía “la
Gloria de Yahvé”. Como sabemos, desde el principio de la revuelta, la comunidad cristiana
de Jerusalén había abandonado la ciudad para refugiarse en el otro lado del Jordán. La
desaparición del Templo acabó de apartar a los judeocristianos del judaísmo. Dios
mostraba de ese modo (así al parecer lo entendieron ellos) que la antigua Ley había
cumplido ya con su misión. El acontecimiento reforzó el universalismo del evangelio que
progresivamente será predicado a los gentiles.
Sin Templo el judaísmo se reorganizó en Jamnia (al sur del actual Tel-aviv),
marcando bien su oposición a los cristianos. Entre estos últimos, los que seguían todavía
con las prácticas judías no constituían ya más que pequeños grupos más o menos
asimilados a las sectas heterodoxas tanto para el judaísmo oficial, como para la Iglesia
apostólica.
27
A lo largo de este período oscuro de los últimos decenios del siglo I, se van
formando poco a poco las Escrituras del Nuevo Testamento. Se reúnen las cartas de Pablo.
Los evangelios toman su forma definitiva. Pero todavía se necesitará mucho tiempo para
que las comunidades se pongan de acuerdo sobre los Libros que consideran como su regla
de fe.
A finales del siglo I, el cristianismo se había vuelto decididamente hacia Occidente,
utilizando las estructuras que le ofrecía el Imperio romano; que será el ambiente en el que
la Iglesia apostólica no sólo logrará resistir las persecuciones, sino que finalmente
terminará conquistándolo espiritualmente.