Temporalidades Del Presente
Temporalidades Del Presente
Josefina Ludmer
1. El presente
En el año 2000, en Buenos Aires, me entregué al género del presente porque a la mañana leía
los diarios y a la tarde escribía un diario de lecturas. Me puse a oír cómo hablaba el utópico,
futurista y también milenarista año 2000 en una ciudad latinoamericana. Era la frontera entre
siglos y milenios, y también el momento en que las modernidades anteriores pusieron un sitio.
Entonces comencé a registrar “en tiempo presente” la travesía del futuro hacia el pasado del
2000.
De entrada surgieron los problemas que plantea la reflexión sobre el presente. En esa mezcla
de historia con lo efímero, en esa materia móvil hecha de rupturas, repeticiones y retornos, ¿por
dónde entrar?¿Cuáles podrían ser los elementos significativos? ¿Qué materiales del 2000 usará la
historia? Registrar un presente era ya imaginar los modos de leerlo y definir una crítica posible.
Me estaba planteando una vez más, con Kant y el Foucault de “Qué es la Ilustración” la
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Qué es lo que en el presente tiene sentido para una reflexión crítica?
Traté de entrar por los materiales que tenía a mano: en los diarios de la mañana estaba el
presente público del 2000 en Buenos Aires, en la era global, en la culminación de la conversión
neoliberal, y bajo el gobierno “progresista” de la Alianza. Con los diarios tenía los medios, cuya
tarea es precisamente, según Jesús Martín Barbero, "fabricar presente". En el Diario de lecturas
de la tarde registraba algunos de esos acontecimientos y otros que podían parecer efímeros y sin
sobre la globalización, y anotaba también mis lecturas nocturnas de algunas de las novelas que se
Me encontraba en Buenos Aires, en un Estado-nación del sur que había transformado sus
estructuras estatales para reformular sus funciones dentro del orden global. (Es en el 2000
cuando estalla el sistema político argentino y con la renuncia del vicepresidente comienza a
exhibir de un modo explícito sus “nuevos mecanismos” en forma de corrupción política. El 2000
para votar, precisamente, la ley de trabajo para el Imperio. Es también en el 2000 cuando
comienza a operar la justicia global contra los represores argentinos. Y es en el 2000 cuando la
desocupación y la pobreza alcanza niveles nuevos y cuando la policía asesina al primer piquetero,
Porque estaba en un Estado del sur del Imperio me encontraba sumergida en la laguna
temporal (el time- lag de Homi Bhabha), que es el efecto en los márgenes de la aceleración de la
velocidad temporal y la compresión del espacio. (O dicho de otro modo, es uno de los efectos en
el Buenos Aires del 2000 era un problema cultural por la cantidad de memoria que había en ese
presente; un problema político, con cuestiones urgentes sobre cortos, medianos y largos plazos
en los proyectos políticos; y un problema económico, con los vencimientos y plazos de la deuda
externa.
Estaba viviendo no solamente en la laguna temporal, sino también en la “modernidad
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líquida” de Zygmunt Bauman donde el tiempo es el medio de atribuir valor, porque el acceso
en una carrera contra el tiempo, en el presente eterno del Imperio (que no se define como un
período histórico sino como la culminación de la historia), y en una especie de déjà vu, donde el
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presente se duplicaba en el espectáculo del presente . El 2000 en Buenos Aires parecía ser una
instrumento crítico o categoría simbólica para leerlo tenía que ser “el tiempo”.
Mis instrumentos críticos favoritos (como el delito o el género) son nociones concretas y
todo, nociones articuladoras que están en todos los campos. Imaginé que el tiempo era el
instrumento crítico ideal porque en el año 2000 recorría una frontera temporal y el símbolo del
tiempo borra fronteras y no conoce límites entre lo privado y subjetivo, y lo público y social.
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Esto lo dice Norbert Elias en su ensayo sobre el tiempo . En el Prefacio [17] escribe que el
tiempo parece ser uno de esos universos simbólicos que son a la vez sociales, culturales,
existen fuera del individuo, en “el mundo exterior”, sino que son al mismo tiempo rasgos
estructurales del sujeto. El tiempo muestra la transformación del lenguaje social en individual
[30].
Dice Elias también (y esto define mejor mi instrumento crítico): el tiempo no existe en
realidad, sería solamente una forma que sirve para establecer un conjunto de posiciones
Con el tiempo como instrumento crítico podía borrar la frontera entre lenguaje social e
individual: hoy, en medio de la crisis de la sociedad del trabajo ya no sirven estas dicotomías, y
en el tiempo, lugar común, las divisiones se superponen. Y también podía relacionar posiciones
en secuencias en una materia móvil como el presente. Porque el tiempo es una materia en
movimiento, “es el movimiento intensivo del alma que pasa por procesos de extensión,
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intensificación, capitalización y subjetivación” .
signos y afectos. Soñé entonces que podría percibir esas temporalidades en las ficciones que leía
de noche, que eran algunas de las novelas que salieron en Argentina entre marzo y noviembre
del 2000. Publicadas y leídas en presente, esas ficciones parecían configurar diferentes versiones
del tiempo, y giraban alrededor de ciertos sujetos y posiciones en los diagramas temporales. El
camino hacia la literatura era el deseo de poder ver, “en ficción”, las temporalidades del
lecturas: los días formaban consfiguraciones donde los elementos reales y los ficcionales
adquirían un estatuto de “realidad” similar. Era el tiempo diario el que unía lo público y lo
realidad política y social, y hasta tocaban el Estado. Las formaciones culturales del presente del
2000, la materia misma de la que está hecha la cultura, aparecían como subjetividades públicas,
entonces, por lo menos, de dos modos; tenían varias interpretaciones porque es en estas
formaciones donde opera la cultura como dialéctica o como terreno de guerra y confrontación.
Comencé entonces el intento de una historia del presente a partir de la literatura con las
temporalidades de las ficciones. Con ellas podría ver algunas formaciones culturales del 2000
que estarían presentes también en ciertos acontecimientos (a veces laterales y sin aparente interés
para el historiador) y que, entonces, habrían atravesado la barrera que separa realidad y ficción.
Allí podría oír algo de la cultura del año 2000 en Buenos Aires.
del fascismo, de la utopía, y del futuro. Y el intento de encontrar en ellas algunas de las
La temporalidad histórica (que es la historia o el pasado del presente) estaba en el centro del
mercado. (Y marco esto porque otro de los puntos de este trabajo, que sólo voy a esbozar hoy, es
la relación entre los ‘códigos literarios’ de las ficciones –es decir, qué ideas sobre la literatura
exhibían- y el mercado. Y las posiciones diferentes de esos ‘códigos’ en el mercado literario del
2000.) Como decía, entonces, la temporalidad histórica estaba en el centro del mercado literario.
de una investigación de mercado que demostró que la narración histórica era la favorita en las
mujeres de alrededor de 50 años, que parecían ser el público que más compraba libros en esa
época... Por lo tanto, abundan los libros escritos por mujeres. La colección estaba planificada (un
título por mes) y los libros, que requieren cierta investigación, eran encargados y pagados de
antemano. Este boom de la novela histórica, que era un signo del 2000 argentino, está centrada en
personajes famosos del siglo XIX y en el tiempo de la nación, pero en las mujeres (de Rosas, de
nación.
En esta colección apareció Los cautivos. El exilio de Echeverría de Martín Kohan (un
consideran el punto de partida de la literatura nacional, un escritor fundador. Y marco este rasgo
porque en el 2000 abundaban las fundaciones y los significantes de fundación en todos los
campos: hasta la muerte hablaba por las fundaciones. Esos significantes, junto con las
subjetivizados y del movimiento temporal de los relatos para poder oír algunas subjetividades
Echeverría huyendo del dictador Rosas antes de su exilio está rodeada de “gauchos bárbaros”
(parodiados y narrados en tono jocoso) que se definen, precisamente, por carecer de la noción de
tiempo. Y el escritor es una subjetividad vacía porque aparece visto desde afuera, sin discurso y
con una doble función. La primera es relacionarse con la barbarie en lo único que puede unirlos
hoy, en el mercado o en la novela histórica: el sexo. En la estancia tiene relaciones sexuales con
una joven “bárbara”, a quien además enseña a escribir y por lo tanto “civiliza”. El centro de la
novela es precisamente esta joven híbrida que articula civilización y barbarie porque tiene
relaciones sexuales con Echeverría, y también con su padre, el bárbaro. La otra función de
Echeverría, un sujeto vacío que es pura función, es adelantarse dos veces en el tiempo, porque
huye antes de que lleguen los rosistas a la estancia, y después, en el exilio, deja Colonia antes de
que llegue la joven híbrida bárbara-civilizada, que lo sigue, no lo puede alcanzar, y lo pierde
para siempre.
barbarie”), los sujetos están definidos por el tiempo: los que se atrasan y llegan tarde como los
reflexionar en el presente) era imaginar la relación entre las temporalidades de las ficciones, las
En los días del Diario se unían las lecturas diurnas de los periódicos con las nocturas de las
ficciones, y pensé entonces que la misma sustancia cultural constituía ficciones y realidades. La
hipótesis era que las formaciones culturales del tiempo, subjetivadas en la literatura, terminan no
solo con la separación público y privado, sino también con la separación entre realidad y
ficción. Y entonces nos dejan leer algunos núcleos de la cultura, esquemas, significantes y
debates que permiten reflexionar sobre una serie de acontecimientos ocurridos en el transcurso
del 2000.
Uno de los acontecimientos claves de la cultura argentina de ese presente fue para mí la
historia oficial, a partir del best-seller nacional del 2000, con más de 70.000 ejemplares
vendidos, que fue Don José, de José García Hamilton, y que apareció en esta misma colección de
novelas históricas de Sudamericana. Don José es San Martín, “el padre de la patria”. La novela,
basada en testimonios orales y en las memorias manuscritas de una mujer, cuenta que San
Martín era hijo del patricio Diego de Alvear con una india guaraní, y desde su presentación
cultura del Senado. En la presentación de la novela los hijos se enfrentaron por la identidad de
“el padre de la patria” (por los padres del padre o por su propia identidad) y reeditaron la lucha
polémica daba vuelta el esquema porque “los bárbaros” o atrasados del 2000 eran los que
defendían la historia oficial (un San Martín “puro y legítimo”), mientras que “los civilizados” o
adelantados reivindicaban la memoria, la tradición oral, y lo excluido para la historia, y pidieron
una prueba de ADN de los restos del prócer. (Y en las pruebas que presentaron demostraban que
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“civilizado” presidente de la Nación). Por supuesto, el proyecto del ADN no tuvo futuro.
estaba allí, en este escándalo alrededor del padre de la patria, que relaciona el Estado con el
mercado y la novela histórica alrededor de las mujeres y el sexo. La nación discutió la filiación
todas las direcciones en la Argentina del 2000 y era uno de sus centros culturales y políticos. Y
mutuamente.
El 2000 en Buenos Aires estaba saturado de memoria (con congresos, visitantes -Andreas
Huyssen y Bruno Groppo entre otros, con notas, actos, películas –como Botín de guerra y
cuando se habla de la memoria se habla también de una relación genealógica y familiar a cargo
de Madres, Abuelas, HIJOS, Familiares (así se llaman las instituciones), que se relaciona con
espacios, sitios (las casas de los represores que “escrachan” los Hijos; la Plaza de Mayo de las
Madres; el museo de la memoria de la Mansión Ceré). Y también se relaciona con las
identidades de los bebés robados que buscan las Abuelas. Esa memoria política y familiar se liga
Hay dos pasados que coexisten en forma de memoria en el 2000: la dictadura de los ’70 y “la
A.M.I.A durante la transformación neoliberal de Menem en los años ’90. (El grupo “Memoria
activa” convoca a una reunión todos los lunes a la mañana frente al Palacio de Justicia donde
hablan escritores, intelectuales, familiares, y políticos; a fin del año 2000 llevaban 337
semanas.)
La temporalidad de la memoria en Buenos Aires (entre los ’70 y el presente, entre los ‘90 y el
presente), subjetivizada en la filiación y la relación entre las generaciones, era uno de los centros
mandatos, trauma, horror y pérdida. Y también registran la temporalidad repetitiva de los actos de
la memoria, que es la forma misma de los relatos. Las ficciones de la memoria duplicaban, en un
sentido, la realidad misma: las novelas por un lado, y los actos, discursos, el cine y la televisión
parecían decir lo mismo. Aquí surge, por lo tanto, uno de los problemas centrales del Diario de
lecturas: ¿Qué dice la literatura cuando habla directamente del presente y, en este caso, de la
dirían algo más que los acontecimientos aislados, porque eran el lugar donde la subjetividad se
ficciones se podían leer entonces como “teorías” de la memoria, como escrituras donde estaban,
2000 en Buenos Aires. Inventaban personajes y espacios y teatros del horror y trazaban, por los
diagramas que hace el tiempo y por la forma misma de las ficciones, los movimientos de la
Las novelas son El teatro de la memoria de Pablo De Santis (Buenos Aires, Ediciones
Destino [Planeta], 2000) y Un secreto para Julia, de Patricia Sagastizábal (Sudamericana, 2000,
Premio La Nación 1999). En las dos, los sujetos de la memoria se vuelven desde el presente hacia
un pasado fundante oscuro, violento y tenebroso, que es la dictadura de los años 70. Las novelas
se narran con idas y vueltas entre el presente y ese pasado, y el relato avanza hacia adelante para
ir hacia atrás, al pasado fundante del presente y al lugar donde el presente fue concebido.
adelantarse es ir hacia atrás) es central en las dos novelas porque narran para llegar al momento
en que el trauma y el horror del pasado se repite para cerrarse. Los relatos tratan de cubrir la
fisura temporal entre los años 70 y el presente, que es la fisura misma de la memoria (la
diferencia entre experimentar y recordar) repitiendo estrictamente el pasado. En las dos novelas
porque los sujetos de las dos novelas son padres e hijos (o maestros y discípulos) en una, y
madre e hija en otra. La memoria se liga con la identidad de los hijos, que son “nadie” ( y esta es
la subjetividad central) y que investigan el secreto de los padres. Las ficciones cuentan esa
investigación hacia atrás para encontrar la verdad y la identidad. Y se encuentran con el horror y
ESMA.
neurólogo y un arquitecto en los años 70. La investigación del hijo del arquitecto y del discípulo
del neurólogo (ellos mismos arquitecto y neurólogo) se cuenta en forma de thriller, género de
mercado con su típica temporalidad de aceleraciones, golpes y tiempos muertos. El drama de los
padres se reproduce en los hijos: otra vez, ahora como en el pasado, se enfrentan el arquitecto y
el neurólogo con una mujer entre los dos, y uno mata al otro. Y esto en la misma Fundación de la
memoria (en su edificio como Teatro que construyeron los padres ) donde están, dispersos, los
significantes del horror de los años ’70: hay armas, drogas, líquidos donde flotan los cuerpos, un
automóvil Falcon, y una mujer con el cuerpo cargado de electricidad. El sobreviviente, que es el
memoria.
La otra novela, Un secreto para Julia constituye una versión femenina donde la madre cuenta
hija de esa violencia. La madre cuenta el secreto a la hija después del retorno del violador padre
en el presente.
Las “teorías de la memoria” de las ficciones mostraban, en sus movimientos temporales
subjetivizados, que en el año 2000, en Buenos Aires, la memoria del horror, con sus sitios, es una
investigación en la filiación y a la vez una política de la filiación que pide justicia. Otra vez,
como en el caso del padre de la patria, la filiación estaba en cuestión, y también, con ella,
interpretan mutuamente.
2000. No sólo nos lleva, sino que nos instala en el debate alrededor de ese pasado porque
establece dos posiciones sobre “el mal”. Es la temporalidad del fascismo, los años ’30, que
aparece en dos textos del 2000: El Mandato de José Pablo Feinmann (Buenos Aires, Norma,
2000), y Lesca, el fascista irreductible de Jorge Asís (Buenos Aires, Sudamericana, 2000).
La temporalidad del fascismo de las dos ficciones, una en clave nacional y la otra
internacional (en clave de familia de un pueblo del interior, y en clave de una “familia literaria”
en París), es mítica-utópica y al mismo tiempo trágica: pone en crisis la idea de progreso. Parte,
como la memoria, de una fundación entendida como corte temporal, que toma la forma de
quimera y deseo, y avanza linealmente hasta el fin, con un cierre que es tragedia y fracaso. Se
El Mandato de José Pablo Feinmann tiene una temporalidad lineal y datada (1928-1933
asunción y muerte de Irigoyen) que gira alrededor de tiempos fundantes o “fundacionales”: del
pueblo, de la nación, del fascismo, y del primer golpe de estado. Y también gira alrededor de
internacional porque cuenta las andanzas en París del fascista argentino Lesca, exportador de
carne congelada, y su participación en la lucha por el poder en el interior de una revista fascista
francesa en los años 30. El antisemitismo es una de las fuerzas centrales, y también la
peronismo habría superado la contradicción y el juego de “las dos revoluciones” y los dos
demonios.
Lugones, centro de las dos novelas: en Lesca es el ideólogo de “la revolución” argentina (del
primer golpe militar, fundacional, y los golpes que siguieron) y se menciona La Grande
En esta temporalidad y en esta formación cultural del mal, las dos novelas encarnan diferentes
años ‘70. Un texto se estructura sobre la separación nítida o diferenciación de las fuerzas que se
enfrentaban en los años 30, y el otro se estructura sobre la desdiferenciación. Y estos procesos de
diferenciación y desdiferenciación no solo tocan las fuerzas políticas, sino la escritura y la forma
misma de las novelas. Es precisamente en ciertos elementos formales de la literatura donde se
El mandato diferenc ia claramente mito (de fundación de un pueblo, que abre la novela);
realidad (aparece Yrigoyen y los militares fascistas como “reales”, con fechas y lugares);
diferencia también ficción de primer grado (la historia de una familia del pueblo: el padre
trasmite al hijo el mandato de que se reproduzca pero el hijo es estéril, y esa es la tragedia
Lugones que leen las mujeres para discutir sobre “el mal”, y el cine de Franskestein con “el mal”
que discuten los hombres, y con esto diferencia cultura masculina y cultura femenina. Diferencia
pero superpone y pone en contacto. Y diferencia claramente –y pone en contacto- los militares
fascistas del Círculo alemán, que preparan el golpe, de los yrigoyenistas. En la temporalidad del
desdiferenciación: entre realidad y ficción (los personajes son todos históricos, reales), hasta tal
punto que no se sabe si es novela (tal como se presenta el texto para el mercado) o ensayo
comunismo: los dos son el horror). Lesca es la versión neoliberal de “los dos demonios”
cultural sobre el bien y el mal. Y la relación entre estos textos (y la relación entre los escritores,
en los medios y en el mercado) define nítidamente uno de los debates políticos y culturales
centrales del 2000 sobre las dos fuerzas que se enfrentaron en los 70, la guerrilla utópica y el
ejército. Define las fuerzas políticas por su versión del pasado del fascismo: quién era “el
demonio”, donde estaba “el mal”. (O mejor, muestra las dos caras de la misma formación
cultural, que se mezcla con la de la memoria y también con “civilización y barbarie”.). Pero a la
vez señala un antagonismo entre escritores o tipos de escritores que los medios (y el medio
UNESCO, aparece como “escritor maldito” en el sentido que puede tener hoy “ser maldito” o
Pero hay otro pasado del presente en las ficciones del 2000, y es una temporalidad central: el
pasado perdido de la clase obrera, la fábrica y el suburbio, y su literatura, tal como aparece en
Boca de Lobo, uno de los textos más “literarios” del corpus del año 2000, contiene todos los
“literatura”, y podría servir para analizar uno de los “códigos literarios” del presente (junto con
Versiones del Niágara de Guillermo Piro, que también apareció en el 2000, en Tusquets). Boca
de lobo sería como una “teoría” presente de la relación pasada entre la literatura y la (clase)
obrera: una ficción teórica de la literatura social, o del realismo social (en un suburbio y una
fábrica). (Así como Versiones del Niágara podría leerse como una “teoría” de la relación entre la
y amorosa entre un yo anónimo - que narra y escribe - y una joven obrera, Delia (personificación
del tiempo de trabajo) puesta en un pasado indefinido y lejano, y tragada por una boca de lobo
oscura e implacable. Ese tiempo obrero ha sido tragado por la historia. El yo es el de un escritor,
un hombre que ‘ha leído todos los libros’ y es mucho mayor, como el padre de la joven obrera.
Cuando ella va a tener un hijo suyo, la abandona: se niega a ser padre. Y en ese relato de una
constitución de los que trabajaban en una clase, y la literatura basada en esa constitución:
surgieron juntos y caen juntos en la “boca de lobo” del tiempo, que engulle y aniquila.
El tiempo del texto es denso, repetitivo, con instantes y suspensiones, y mezcla diferentes
pasados y futuros con un presente efímero. El pasado obrero está perdido pero contiene un futuro
que es nuestro presente: el joven obrero G. un día encuentra que tiene dos máquinas nuevas, en
vez de la anterior, se niega a trabajar y lo despiden [162]. G aparece como una amenaza para los
Ese futuro del pasado obrero perdido estaba por supuesto en todas partes en el 2000: en las
donde matan a un piquetero y fundan el primer mártir en el 2000, que da su nombre a uno de los
movimientos).
cultural literaria y política de la relación entre los escritores (¿los intelectuales?) y la clase obrera,
y su fin. Pone un cierre histórico a esa relación con la obrera, la fábrica, el suburbio. (Y
constituye también una variación del “discurso de los fines”, muy característico de la cultura y
la literatura de fin de siglo.) Esa temporalidad y formación se superpone y mezcla con las otras
temporalidades y formaciones: la memoria, la tragedia, los que se atrasan y adelantan para formar
La utopía del 2000 es una formación cultural y literaria contra el mercado (la única utopía
posible hoy) y aparece en El árbol de Saussure. Una utopía de Héctor Libertella (Buenos Aires,
Adriana Hidalgo, 2000). Se trata de “una utopía hermética” (tradición que el mismo Libertella ha
instaurado, la de la red hermética) que pasa por la Cábala y el trovar clus y por las vanguardias de
los 60 y 70; un texto difícil y enigmático que es un manifiesto antimercado sobre el signo
puntos y vacíos. Está escrita en presente, con citas falsas, traducidas de varias lenguas, escritores
narra sino que, como en toda utopía, inventa y describe un mundo desde cero; podría decirse que
funda un mundo compuesto por un ghetto grande como el mundo que hasta incluye "un Océano
entero” (19), una plaza con un árbol que es el de Saussure (significante/significado), un puñado
de escritores arriba o abajo del árbol (según su relación literaria con la barra de Saussure y el
referente), y muchos personajes más que juegan con el significante, como el pescador con la red.
Los tiempos y los sujetos de la utopía de Libertella son formales y no cronológicos, y por eso
producen paradojas temporales. Hay una temporalidad presente -real y virtual- que contiene todos
los pasados y también el futuro, que “ya fue”. ( Los Redondos de Ricotta un grupo de rock de
culto en Argentina, cantaban “El futuro ya fue” en el 2000.) En el presente está la memoria
literaria del pasado y del porvenir, que es la que puede levantarse contra el mercado, o mejor,
que reproduciría la transparencia del poder (y uno de los centros de la utopía de Libertella son los
años 60 y 70), apareció en una editorial culta y exquisita, nacional, y define un tipo de escritura
que se lee no solo en la literatura argentina, sino en la filosofía, y en el ensayo cultural y es,
quizá, una marca de identidad: un “estilo nacional”. Se veía sobre todo en el teatro off del 2000,
La otra temporalidad formal y trasnacional del 2000 es la del futuro de la ciencia ficción, y
está en El juego de los mundos Novela de Ciencia ficción de César Aira (La Plata, ediciones el
broche, marzo de 2000). (Este texto, irónico y reflexivo, se pone totalmente al margen del
mercado –quizás como estrategia de mercado- porque fue editado por un grupo de estudiantes y
jóvenes escritores de La Plata y no circulaba en las librerías de Buenos Aires ni tuvo reseñas.) En
el futuro el tiempo no existe, es un presente perpetuo, pero cada sujeto familiar se define por el
uso del tiempo: el padre (un “moderno” que se quedó en el tiempo) lee imágenes porque toda la
humanidad y dan sus nombres a los sujetos: él se llama “César Aira”. El hijo pasa sus horas
dedicado al genocidio virtual-real porque practica precisamente “el juego de los mundos”, que
‘bárbaro’, ahora, es el hijo, que juega, dice, por entretenimiento y alimentación de los sistemas
porque al destruir otros se los incorpora). Y la madre trabaja todo el día sin descanso y no tiene
“civilización”) aparece como la formación cultural del futuro, que sigue al fin de la literatura.
Volvemos circularmente a la civilización y la barbarie y a la formación cultural de
desdiferenciación de realidad/ficción (que estaba también en Lesca el fascista), esta vez desde el
futuro global. Las formaciones culturales se entrelazan, forman círculos y series yuxtapuestas
La “realidad total” del futuro y su relación con la “civilización y barbarie” del pasado, se puso
7
2000.
3. Para terminar: un tímido intento de oir algo del presente del 2000 en Buenos Aires
clase obrera, en la utopía y en la ciencia ficción) el tiempo define a los sujetos y al relato y deja
leer la relación entre temporalidades y formaciones culturales públicas (en lucha, en tensión y en
Las formaciones culturales (y por lo tanto políticas, sociales económicas) eran estas:
que giraba sobre sí misma para cambiar los lugares y desplegar sus sentidos presentes y futuros
pasado de los años ‘70 según quién era “el demonio” (esta formación cultural estaba presente en
escritores y la clase obrera y su futuro que era el presente de la desocupación y los piqueteros.
antimercado, el hermetismo y su memoria, que podía caracterizar una porción de la cultura del
2000, sobre todo en el llamado teatro off (que era una moda en ciertos sectores culturales y que
ligada con “civilización y barbarie” que estaba presente sobre todo en la televisión , y también
tocaba al estado.
Para terminar, y para tratar de oír algo más de la cultura del 2000 en Buenos Aires, agregaría
que las temporalidades de las ficciones se organizan, casi masivamente, de dos modos:
La metáfora de la fundación era masiva en las ficciones del 2000. En el tiempo histórico de
presente. Es un modo de pensar el presente en relación con un mome nto fundador: un modo de
pensar “hacia atrás”. Un acontecimiento del pasado funda el presente y lo determina; el presente
se vuelve sin cesar a ese pasado donde está el sentido (también como dirección) para identificarse
y definirse. Las diferentes temporalidades del pasado, y sus sujetos, se acumulan en un presente
cuya única dirección es hacia atrás, hacia la fundación. Todo se remite a lo anterior en cadenas
familiares y genealógicas, y creo que este era uno de los modos de imaginar, simbolizar y pensar
El acontecimiento del 2000 que relaciona temporalidades fundantes con tragedias y que
contiene la Fundación (también en el sentido capitalista del término) fue el suicidio del famoso
1975 para fomentar la docencia y la investigación en cardiología- una suma muy importante, y el
En cuanto a la forma familiar. Estas ficciones del 2000, con dos excepciones (la utopía del
Julia; la familia sin descendencia y la tragedia de no ser padre en El mandato (y Boca de lobo); la
parecen ser la única alternativa a la organización familiar de los relatos: o relaciones familiares o
relaciones ‘literarias’ (y a veces las dos juntas como en Boca de lobo y El juego de los mundos).
Y abundan en las ficciones del 2000 (y en algunas de las que dejé de lado hoy, como Versiones
del Niágara): los sujetos son escritores o tienen no mbres de escritores (pasados, presentes o
el escritor fascista y poeta nacional Leopoldo Lugones; el escritor “César Aira” en el futuro del
fin de la literatura; el escritor del gueto de Libertella que escribe los libros futuros y pasados en
presente y lanza su manifiesto contra el mercado literario. Y los escritores franceses y argentinos
del Lesca de Jorge Asís. Esta autorreferencia de los escritores en el interior de la literatura era
una marca del presente, y una marca de toda literatura que se postula como autónoma en un
momento en que esa autonomía es amenazada por la economía y el mercado. En los escritores y
las familias de escritores de las ficciones se leía una guerra de definiciones sobre “la literatura” y
En las novelas del 2000 parecía no haber sociedad: o familias biológicas o familias de
escritores que se politizan directamente. Hoy me interesa más la organización familiar, porque es
la figura más frecuente en la cultura del 2000 en Buenos Aires, y por su presencia hoy.
articular la sucesión, de llenar un hueco de tiempo y de marcar continuidad histórica. Sirve para
subjetivizar la memoria, la historia, el futuro, los diferentes pasados, sirve para narrar en
La familia aparece así como uno de los sujetos públicos más importantes del presente del
2000, tal como surge de las ficciones. Y también en el presente del 2002. Una formación central,
que se encuentra en todas las esferas. Se trata de algo así como una forma-familia, o de un
mecanismo, que se constituye en las ficciones en el momento en que se ponen en contacto ciertas
temporalidades, cierta relación con el pasado y el futuro, y ciertas subjetividades. La familia liga
y políticas.
Muchos fueron los acontecimientos públicos del 2000 con la familia en el centro.
Recordemos el escándalo de San Martín, el padre de la patria, con sus padres, su identidad y la
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filiación, y la memoria organizada en forma familiar.
Pero volvamos a las ficciones. La cadena de padres e hijos puede ser leída como un deseo de
continuidad y de cubrir la fisura o laguna temporal entre pasado y presente (después del salto
muerte de Franco. Pero me gustaría saltar con ella a este presente, del 2002, para leerla de otro
modo.
El ataque a las formas de vida por parte del neoliberalismo, la biopolítica del Estado
neoliberal (o del Imperio global) con los cuerpos, la salud, la educación, las formas de
alimentación y vivienda, se dirige a la familia, que salta el espacio privado, y hoy, desde fines
de 2001, se hace pública en las protestas. Aparece como un sujeto colectivo y político que se
integra en la multitud que clama justicia y trabajo e invade todas las esferas. Los que buscan en
las basuras y los caceroleros salen en familia, los hijos de piqueteros marchan pidiendo alimento
y trabajo para sus padres… Las familias (y no los partidos políticos) exigen al Estado sus
derechos: trabajo, educación, o los fondos robados por el corralito. Se establece así una relación
familiar, estarían anunciando, quizás, esta presencia pública de un nuevo sujeto político, que
emerge al mismo tiempo como la condición y la negación de la sociedad: como grado cero de la
Josefina Ludmer
Julio 2002
Notas
1. Michel Foucault, “¿Qué es la Ilustración?” en Saber y verdad (Madrid, La Piqueta, 1991: 197-
207 ).
2. Liquid Modernity. London, Polity Press, 2000: 115-6.
3. Era la memoria pública del modernariato de Paolo Virno, tal como la escribe en Il ricordo del
presente. Saggio sul tempo storico, Torino, Bollati Boringhieri, 1999. Una experiencia donde el
“ahora” se duplica con un “entonces” imaginario, y toma la forma del recuerdo y la sensación de
haberlo vivido. Y donde prevalece la impresión de que el presente carece de dirección y que el
5. Lo dice Gilles Deleuze en el prólogo del libro de Eric Alliez, Les Temps Capitaux. Récits de
la conquête du temps. Les Editions du Cerf, 1991. Por su parte Alliez dice en la Introducción que
6. Primero, el acontecimiento de la presentación del libro, con“los hijos” del padre de la patria y
su disputa por la identidad, con el sujeto nacional dividido entre “civilización y barb,
de la memoria y la tradición oral para la historia. Veamos algunos extractos de la noticia del
Discusión en Mendoza
Incidentes por un libro sobre el General San Martín
Abuchearon a José García Hamilton, autor de “Don José”. Fue cuando hizo la presentación del
libro
La presentación del libro Don José –que, novelada, cuenta la vida del Libertador José de San
Martín- se convirtió en un acto polémico, cuando unas cien personas de la Fundación Vivencias
Argentinas protestaron a los gritos contra su autor, José Ignacio García Hamilton, acusándolo de
La discutida presentación fue en la Biblioteca Provincial General San Martín y ocurrió la noche
El libro, editado por Sudamericana, ya vendió más de 35.000 ejemplares. Entre otros puntos
Alvear- que San Martín era hijo de Diego de Alvear y una india guaraní. Y que fue entregado en
“Decir que San Martín no es hijo de sus padres tradicionales es como llama rlo hijo de p…” le
gritó una mujer –que dijo ser descendiente de la familia Matorras [subrayado mío]- a García
Hamilton cuando él entraba a la biblioteca, donde esperaban más de 500 personas. Pero la
mayoría de los 100 manifestantes no conocía al escritor. Y empezaron a cantar en voz alta el
Himno Nacional.
La Fundación Vivencias Argentinas había exigido a las autoridades culturales de Mendoza que
suspendieran la presentación, argumentando que “el autor atribuye al General San Martín
Por su lado, el autor aseguró que su intención era humanizar a San Martín, “escribí este libro no
para adularlo sino con espíritu crítico, es un San Martín de carne y hueso, con humillaciones y
esperanzas”.
José Ignacio García Hamilton (56) escribió además otros best-sellers del género biográfico como
Cuyano alborotador –la vida de Domingo Faustino Sarmiento- y La vida de un ausente, sobre
Juan Bautista Alberdi. Abogado católico y miembro de una familia de periodistas que fundó el
diario La Gaceta de Tucumán, GH también es autor del ensayo Los orígenes de nuestra cultura
autoritaria.
En su biografía novelada de San Martín, GH escribe que el prócer era opiómano y fue amante de
varias mujeres en Mendoza, Chile y Perú, entre ellas Rosa Campusano y Fermina González
Lobatón. Dado que San Martín fue gobernador de Mendoza y aquí creó el famoso Ejército de los
Por eso el historiador mendocino Pablo Lacoste asegura: “Este libro les duele mucho a los
sectores reaccionarios y tradicionalistas, que prefieren un San Martín más cerca de la muerte que
de la vida.”
Argentinas- exlicaron: “No estamos en contra de la presentación del libro, pero sí del criterio
erróneo de la Subsecretaría de Cultura que dispuso la biblioteca para esto. Es un crimen contra la
patria. Nosotros no pagamos impuestos para que este edificio sea usado para insultar a nuestros
héroes”.
Después, el debate en el Estado.
El diario Clarín, Información General, p.52 del miércoles 9 de agosto, en una crónica firmada por
La Comisión de Cultura del Senado pedirá que se indaguen documentos que probarían que era
¿Era el prócer máximo de la Argentina, el general don José de San Martín, hijo de un brigadier
español y de una nativa guaraní y no –como lo ha sostenido la historia oficial- de don Juan de
Herrera Vegas en una audiencia pública de la Comisión de Cultura del Senado, para abrir una
amplia investigación sobre su origen, que podría incluir la prueba científica del ADN.
documentación y testimonios que avalarían la filiación de San Martín como hijo de don Diego de
Entre las pruebas entregadas, en forma de fotocopias, Chumbita leyó algunos fragmentos de las
memorias manuscritas de doña Joaquina de Alvear de Arrotea, que coinciden con la tradición
familiar de varias ramas descendientes de los Alvear, y ratifican esa filiación de San Martín. […]
El ecologista Jorge Rulli, que también participó de la audiencia, manifestó que además de los
documentos históricos había que darle un lugar en el futuro debate a la tradición oral, ya que en
zonas de Uruguay y Corrientes, según él, “es vox populi de todos los tiempos” que la madre de
San Martín era una nativa correntina de origen guaraní. Chumbita coincidió con Rulli y enfatizó
que los documentos presentados confirman que el prócer era hijo de Diego de Alvear y de una
[…] El ingeniero y genealogista Herrera Vegas adjudicó a Marcelo Torcuato de Alvear, cuando
era presidente de la Nación, la recomendación de quemar todos los documentos que ligaban a su
familia con San Martín. “Reunió a todos los Alvear y les dijo: ‘Ya sabemos lo de San Martín,
pero todo queda aquí’, reclamando que prendieran fuego a los testimonios escritos”. (Subrayados
míos)
curioso acontecimiento donde se borraron los límites entre realidad y ficción para “la seguridad”
Cuatro custodios fueron sumariados por la agresión que De la Rúa sufrió en el programa de
ayer la primera consecuencia del alarmante epidodio que vivió Fernando De la Rúa el jueves
pasado, cuando un desconocido lo tomó de la solapa para pedirle por los presos de La Tablada en
ingresó al estudio de telefé con un carnet que lo acreditaba como “inspector del sindicato de
pergeñado por los familiares de los presos en el enfrentamiento de 1989: querían aprovechar la
incursión televisiva y reclamarle al Presidente una segunda instancia judicial para los detenidos,
La participación de De la Rúa en el programa que conduce Marcelo Tinelli había sido negociada,
El Presidente soportaba cada vez menos su imitador en VideoMatch, que todas las noches
de decisiones. […]
Pero lo que parecía ser una estrategia perfecta, con repercusión asegurada, terminó en desastre.
Belli se cruzó en cámara y desorientó a todos. Pidió por los presos de La Tablada ante la mirada
En el estudio los agentes de la custodia no reaccionaron, en parte por creer que la intromisión de
Belli era parte de la puesta en escena. Pero el aire se congeló cuando el chico tomó a De la Rúa
de las solapas. Fue entonces que el oso Arturo y Waldo (dos personajes de VideoMatch)
límites de negociación de los pretendidos golpes de imagen del Presidente. […] (Subrayados
míos)
8. Y veamos estos otros dos acontecimientos que rela cionan la familia con el derecho, y que
En el programa “Telenoche” del Canal 13, el martes 20 junio, a las 20.40 hs, se hizo una crónica
El padre, juez en un pueblo del interior, asesinó, junto con su mujer, o sea la madre, a su hija
Natalia, que tenía una disminución mental o, para decirlo en nuestros términos, no tenía futuro.
El sexo en la familia marca otro acontecimiento impresionante del 2000: una manifestación
contra el incesto de madres enmascaradas ante la Facultad de Derecho; se estaba realizando allí
un Congreso Internacional de juristas (ya mencioné el incesto en Los cautivos y en varias obras
de teatro off)
El diario Clarín del Sábado 21 octubre (p.54, sección Información General) titulaba así el
acontecimiento:
Eran mujeres con las caras cubiertas. Dijeron que los chicos corren serios riesgos por el aumento
de estas conductas. Acusaron a jueces “por no castigar los delitos que cometen los padres
abusadores”
Con sus caras tapadas por pañuelos, un grupo de madres manifestó ayer frente a la Facultad de
Derecho de Buenos Aires. Las mujeres denunciaron que en la Argentina, los niños corren “un
serio riesgo” ante el aumento del maltrato y abuso sexual infantil. Las manifestantes apuntaron
“contra la Justicia, que no respeta la Convención de los Derechos del Niño”, y que “prioriza la
[…]El jueves comenzó en la Facultad de Derecho el Primer Congreso Internacional “El niño
víctima ante los procesos judiciales, sus derechos y garantías”, organizado por la Procuración
“Los representates extranjeros tuvieron una actitud progresista, de defensa a ultranza de los
derechos de la mujer y los niños. Pero algunos de los expositores argentinos, como el abogado
Alejandro Molina , ex director del Consejo del Menor y la Familia, mostraron una posición muy
retrógrada, que en vez de castigar el delito de los abusadores tiende a defender por encima de
todas las cosas la ‘unidad familiar’, resumió ante Clarín María de los Angeles del Hoyo, de la
infantil”. Molina y la mayoría de los jueces que integran los tribunales de familia, están muy
[…]Según la denuncia de las mujeres, “la mayoría de los abusadores son los padres de sus
propios hijos”. [subr mio] María de los Angeles del Hoyo dijo que “casi todas estas madres
pertenecen a la clase media. Hay una abogada, una odontóloga, una arquitecta. Por los datos que
tenemos, en todo el mundo es igual. No es cierto que el incesto se dé sólo entre las clases
[…]Marisa recordó la frase de una jueza, refiriéndose a un abusador: “Haya hecho lo que haya
hecho, es el padre”.