Paz Velasco de la Fuente
Abogada-Criminóloga
Perito Calígrafo.
EL PSICOPATA SUBCLINICO O INTEGRADO EN LAS RELACIONES DE
PAREJA: EL MALTRATO PSICOLÓGICO.
La mayoría de nosotros cuando escucha la palabra psicópata, cree erróneamente que se trata
de ese asesino despiadado que tantas veces queda reflejado en películas y series de televisión,
siendo uno de los más recordados el Dr. Hannibal Lecter. Estamos inmersos en una sociedad
muy mediatizada por los estereotipos que presentan a este tipo de individuos, sobre todo a
través del cine, la televisión e incluso algunos Best Seller. Sin embargo, no es así. Muchos de
estos psicópatas están integrados totalmente en nuestra sociedad, están entre nosotros y
pasan totalmente desapercibidos, porque muchos de ellos no comenten ilícitos visibles. De
hecho en muchos casos la psicopatía está socialmente aceptada como un comportamiento
adecuado, sobre todo en determinados ámbitos laborales1. Sin embargo el impacto que las
personalidades psicopáticas puede tener en la vida diaria es muy preocupante a la vez que
destructiva. Se trata de personas que cumplen con los requisitos de la psicopatía pero que no
se involucran en conductas delictivas. El perfil psicosocial del psicópata subclínico o integrado
es fácil de establecer; lo que no resulta sencillo es identificarlos sin utilizar las herramientas
adecuadas que actualmente han sido validadas a nivel internacional.
Los conceptos actuales de psicopatía tienen su origen en el trabajo de Hervey Milton Cleckley2
llevado a cabo en los años cuarenta. Cleckley determinó que la psicopatía es un conjunto de
rasgos afectivos, interpersonales y comportamentales que se caracterizan por la ausencia de
nerviosismo, insinceridad, incapacidad para amar, ausencia de culpa o remordimientos y una
carencia general de reacciones afectivas. La hipótesis principal de H. Cleckley en relación a este
tipo de psicópatas es que presentan un déficit afectivo al que denominó AFASIA SEMANTICA:
es decir estos sujetos son capaces de sentir emociones pero sólo a un nivel muy superficial. En
los años 80 Robert Hare utilizando los criterios de Cleckley creó un instrumento de evaluación
denominado PCL3 (Psychopathy Checklist) y desde ese momento la psicopatía pasó a
entenderse como un trastorno de la personalidad compuesto por dos factores:
FACTOR I (interpersonal/afectivo): abarca rasgos de personalidad como grandiosidad,
crueldad, falta de empatía (empatía emocional, ya que si disponen de empatía cognitiva), falta
de culpa y de remordimientos, frialdad emocional y una gran capacidad para manipular a los
demás.
FACTOR II (desviación social): este se refiere más a un comportamiento antisocial, que se
describe como un patrón de comportamiento inestable, impulsivo y de gran versatilidad
criminal.
1
Actualmente se tiende a valorar determinadas aptitudes que pueden ser características de los psicópatas como beneficiosas para
determinados puestos de trabajo e incluso se potencian como valores positivos en nuestra sociedad (un ejemplo podemos verlo
en la serie norteamericana House of Card). Hare, en su libro “Snakes in suits: when psychopaths go to work” (2006) establece
cuatro explicaciones de porque se valoran esas aptitudes hoy en día en el trabajo.
2
Hervey Milton Cleckley es el máximo exponente de lo que actualmente se denomina psicopatía subclínica, llevando a cabo sus
estudios sobre médicos, abogados, profesores y psiquiatras, todos ellos psicópatas socialmente integrados. Fue en su obra “The
Mask of Sanity” (1941) en la que estableció los 16 criterios diagnósticos de la psicopatía que estudió en población no delincuente.
3
El PCL-R es la herramienta de evaluación más conocida a nivel internacional y se emplea para evaluar la psicopatía en contextos
jurídicos y penitenciarios, pero no en la población general. Aunque entre 1980 y 1985 elaboró un borrador de un listado de
características psicopáticas, no fue hasta 1991 cuando terminó de depurarlo y publicarlo oficialmente.
Paz Velasco de la Fuente
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Perito Calígrafo.
Tradicionalmente se ha estudiado este trastorno de la personalidad en población
penitenciaria, puesto que se tiene un fácil acceso a la muestra y es donde más probabilidades
hay de encontrar psicópatas. Sin embargo, no todos los sujetos con rasgos y conductas
psicopáticas están en prisión. El grupo de sujetos que no han tenido conductas delictivas y por
lo tanto no han entrado en ningún momento en contacto con el sistema judicial, son los
psicópatas subclínicos4 o los psicópatas integrados en nuestra sociedad. El término subclínico
se refiere simplemente al hecho de que estos sujetos nunca han ingresado en prisión, no que
no tengan los rasgos necesarios para ser considerados psicópatas. La variedad subclínica de
este tipo de personalidad es mucho más habitual que la clínica o la jurídico forense y vive
integrada en la sociedad, entre todos nosotros pudiendo encontrarlos en despachos, grandes
empresas y multinacionales, ámbito de la política, finanzas, es decir: en cualquier ámbito de
nuestra sociedad.
La diferencia fundamental entre los psicópatas criminales y los psicópatas integrados (no
criminales) es la concreta comisión del ilícito penal (robo, prevaricación, delito fiscal,
homicidio, agresión sexual) puesto que ambos tipos de psicópatas tienen la misma estructura
básica de personalidad y emociones siendo diferentes en la vertiente conductual: unos son
antisociales y delincuentes y otros no. Así desde el punto de vista jurídico forense tenemos el
concepto de psicopatía criminal y la diferencia con la psicopatía subclínica radica por lo tanto
en su vertiente conductual. En la siguiente tabla podemos ver los rasgos psicopáticos según la
perspectiva de H. Cleckley (psiquiatra norteamericano) y Robert Hare (psicólogo forense
canadiense).
4
La primera vez que se apuntó a la existencia de este segundo tipo de psicópata como una categoría separada fue en el libro “Dies
Psychopathisen Persönlichkeiten” del psiquiatra Kurt Schneider. Consideraba que fuera de los casos de psicópatas criminales era
posible que personalidades de este tipo vivieran al margen de la actividad delictiva y tuviesen una vida social normal. Fue el quién
observó que las personalidades de este tipo tenían un gran éxito en determinados campos para los que se encontraban
especialmente dotados por sus características personales y de comunicación.
Paz Velasco de la Fuente
Abogada-Criminóloga
Perito Calígrafo.
RASGOS DEL PSICÓPATA Y SU RELACION EN PAREJA.
Los psicópatas tratan a los demás como meros objetos, “cosifican” a las personas y actúan
siempre en su propio beneficio, ya que son personas muy egoístas. Sus marcas de identidad
son el engaño, la mentira, el desprecio por los demás, y su falta de empatía. Su personalidad se
caracteriza por su locuacidad, su gran encanto superficial, un exagerado sentido de su propia
valía, un marcado egocentrismo, una continuada manipulación de los demás y su incapacidad
para establecer relaciones afectivas con los demás (Hare, 1984; 1993).
Tienen tendencia hacia la grandiosidad, la insensibilidad emocional, la manipulación y la
dominación así como una alta autoestima y frecuentemente son encantadores y divertidos,
pero también son impulsivos y astutos. Sin embargo su principal problema es su falta de
empatía5: cuando a una persona no le importan en absoluto los sentimientos de los demás ni
repara en las consecuencias negativas que su conducta puede provocar en ellos es evidente
que este sujeto no mostrara escrúpulos para hacer lo que él quiera y cuando él quiera, si con
ello logra sus fines que siempre estarán enfocados a conseguir beneficios concretos de diversa
índole: sexuales, económicos, posición social, prestigio académico, reconocimiento ante
terceros, ascensos profesionales, protagonismo mediático etc.
Sus conductas se basan en el engaño y en la desconsideración hacia el resto de personas,
llevando a cabo actos que no les generan el más mínimo remordimiento sino tan solo
indiferencia hacia el SUFRIMIENTO EMOCIONAL que sus actos provocan en los demás
(Goleman 2006). Pueden destacar en la competencia de la cognición social teniendo una
comprensión exclusivamente intelectual de las reacciones interpersonales y de las normas que
rigen la convivencia en sociedad lo que juega a su favor, puesto que puede manipular mejor a
sus víctimas ya que en el plano emocional, es decir en la comprensión empática y de los
sentimientos es donde fallan (Cleckley 1976; Wai y Tiliopoulos 2012).
La agresión física es fácilmente detectable debido a que las consecuencias de dicha agresión
en la víctima son observables, pero el MALTRATO PSICOLÓGICO no es tan evidentes de cara a
su detección. El maltrato psicológico es una violencia invisible6 y es cualquier conducta, física o
verbal, activa o pasiva, que atenta contra la integridad emocional de la víctima en un proceso
continuo y sistemático (Loring 1994) con el fin de producir en la víctima intimidación,
desvalorización, sentimientos de culpa y sufrimiento. Este maltrato psicológico puede consistir
en humillaciones, descalificaciones7 o ridiculizaciones (tanto en público como en privado),
negación de sentimientos, falta de apoyo hacia su pareja y falta de empatía, comentarios de
infravaloración, conductas de no reconocimiento del éxito personal y profesional de su pareja,
aislamiento social y económico de la pareja frente al resto del grupo e incluso puede llegar a
provocar daños en propiedades de la víctima.
5
Tener conciencia facilita el autocontrol y genera el sentimiento de responsabilidad sirviendo para combatir aquellas conductas
sociales que no son aceptables. Pero los psicópatas no tienen conciencia (Hare 1993) ni tienen empatía (Cleckley 1976), lo que les
impide tratar a los demás con respeto y establecer relaciones afectivas básicas.
6
Nos encontramos ante un tipo de violencia invisible (Asensi 2008) que puede entenderse como cualquier conducta física o
verbal, activa o pasiva, que atenta contra la integridad emocional de la víctima en un proceso continuo y sistemático, con el fin de
producir intimidación, desvalorización, sentimiento de culpa y sufrimiento en la víctima (Villacencio y Sebastian 1999; McAllister
2000).
7
Descalificaciones: es la forma de maltrato psicológico en la que se descarta la parte femenina de la víctima así como sus
habilidades, realidad y experiencia. Se trata de un mecanismo para infundir sentimientos de inferioridad en la víctima.
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Perito Calígrafo.
Los psicópatas subclínicos o integrados son propensos a involucrarse en conductas sexuales de
riesgo y a emplear tácticas coercitivas para obtener sexo, incluyendo el uso de drogas o actos
de intimidación física o verbal. Esto último indica que los psicópatas utilizan el miedo y otras
tácticas de manipulación para dominar y controlar a sus parejas. Es habitual la Táctica de “caza
furtiva” de las parejas de otros y tácticas de “retención de parejas” (Buss 1998; Jonason y
Karanahg 2010; Jones y Paulhus 2011). Emplean su característico encanto superficial,
locuacidad, sus habilidades manipulativas y demás rasgos que le caracterizan para conseguir
tener otras relaciones incluso teniendo pareja estable. Este tipo de psicópatas utiliza diversas
tácticas tanto para “cazar” potenciales parejas como para quitarles la pareja a otros que les
sirvan de relaciones breves y superficiales, como tácticas para la “retención” de estas parejas
durante un tiempo más prolongado con el objetivo de obtener beneficios aun siendo infieles.
Tienen altos índices de impulsividad y asunción de riesgos. Buscan de modo constante la
novedad en sus vidas y de ahí que tengan más parejas sexuales y un estilo de emparejamiento
menos restrictivo, siendo infieles a la persona con la que han llegado a un compromiso.
El perfil cognitivo conductual del psicópata integrado es multifacético. Mienten de forma
brillante, en muchas ocasiones por el puro placer de hacerlo sin que haya nada obvio que
ganar y habitualmente aparentan ser encantadores. Sin embargo esa capacidad de fascinar es
su medio para captar el interés de potenciales parejas/víctimas: no hay nada humano detrás
de esa máscara. Atacan emocionalmente a sus parejas buscando erosionar su autoestima y
avergonzarlas, todo ello con el fin de aumentar el grado de control y su poder sobre ellas, y
sobre todo por el mero placer de hacer daño. El psicópata subclínico no quiere en absoluto a
su pareja. Solo se quiere a sí mismo.
EL MALTRATO PSICOLÓGICO: UNA VIOLENCIA INVIBLE PERO DETECTABLE.
Como ya hemos comentado una agresión física es fácilmente detectable debido a que las
consecuencias de dicha agresión son observables en la víctima, pero las manifestaciones del
maltrato psicológico no son tan evidentes de cara a su detección. Algunos indicadores
(amenazas, insultos, humillaciones, críticas…) hacen el maltrato más obvio pero otros como la
manipulación de la información o la desconsideración de las emociones son más sutiles. El
abuso psicológico es más difícil de identificar y evaluar que el resto de formas de violencia de
modo que su severidad ha de ser estimada en función de la frecuencia con la que se da (delito
continuado) como del impacto subjetivo que supone para la víctima.
El concepto clave es el de patrones de interacción coactiva que trasladado al ámbito de la
psicopatía se trata del denominado ciclo de manipulación psicótica (Hare 1993; Babiak 1996;
Garrido 2004; Maretan 2001; Pozueco 2010) un ciclo coactivo-manipulativo en el que la
violencia psicológica en sus más diversas manifestaciones, es el modus operandi de los
psicópatas integrados.
Este ciclo se compone de 4 fases:
1.- Fase de acecho y seducción. En esta etapa usa la gran capacidad que tiene para encontrar y
analizar los puntos débiles de los demás y fijar objetivos. Aborda a esa persona y la seduce a
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través de mentiras y su encanto personal creando así una falsa imagen de su persona ante ella.
Generalmente busca personas con debilidades y propensas a caer en sus engaños.
2.- Fase de aislamiento y cosificación de la víctima. La cara amable y seductora del psicópata va
desapareciendo y aparece una actitud constante de aprecio/menosprecio, buscando un solo
objetivo: la dependencia de la víctima. Con ello busca separarla de aquellas personas que
puedan servirle de apoyo y solo le quede él. Además está la tendencia a cosificar a la víctima,
tratarla como un objeto lo que se realiza a través de la humillación. Esto crea una gran
confusión en la víctima ya que al verse aislada recurre a la dependencia hacia el psicópata. En
este momento es cuando el psicópata logra su meta más importante.
3.- Fase de explotación: la fase anterior se intensifica y las agresiones son mayores, más graves
y continuadas. Aumenta el menosprecio hacia la víctima desapareciendo casi por completo las
muestras de aprecio. Usa las pocas muestra de afecto/aprecio para volver a atraer a su víctima
que encontrándose en estado de confusión vuelve una vez más a creer sus mentiras y a confiar
en el repitiéndose el ciclo. Es en esta fase donde la víctima acaba comprendiendo la situación
que está viviendo, siendo ella la que toma la decisión de quedarse dentro del círculo vicioso o
alejarse.
4.- Fase de liberación, acoso y abandono. Uno de los dos abandona la relación8. En esta
situación lo más habitual es que con el tiempo el psicópata siga intentando mantener el
contacto con la víctima y la acose, tratando así de que vuelva a entrar de nuevo en el ciclo.
CONDUCTAS DEL PSICOPATA EN LA RELACIÓN DE PAREJA:
En relación a la violencia en la pareja y sus diferentes manifestaciones (física, psicológica,
emocional, económica, sexual) ya hay conductas que se muestran en la etapa de noviazgo. Las
parejas psicópatas son incapaces de proporcionar una relación íntima basada en el respeto, el
amor, el compromiso y la fidelidad, siendo mucho más frecuente la violencia psicológica que la
física. Las relaciones de pareja de los psicópatas integrados se centran básicamente en
mentiras, infidelidades, manipulación e interacción coactiva de diversa índole, lo que hace
pensar que las relaciones íntimas con este tipo de sujetos, generan un gran sufrimiento en sus
víctimas. Los psicópatas subclínicos agreden psicológica o emocionalmente con la finalidad de
ejercer control y poder sobre la víctima puesto que perciben que es una de las maneras más
sencillas de aprovecharse de ellas y obtener beneficio.
Las conductas habituales de maltrato psicológico del psicópata integrado a su pareja son las
que se explicitan a continuación, basándonos en los mecanismos encubiertos y manifiestos de
Asensi (2008):
8
El psicópata cuando abandona la relación lo hace por su necesidad de novedad o bien porque ya se ha beneficiado y ha
conseguido todo lo que podía de la otra persona.
Paz Velasco de la Fuente
Abogada-Criminóloga
Perito Calígrafo.
Humillaciones y desprecio: deja de hablar a la víctima o desaparece sin dar
explicaciones. Llega tarde, se burla, utiliza lo que conoce de la vida de la víctima para
hacerla reproches y se muestra seductor con otras personas delante de ella para
hacerle un daño emocional intenso y continuado.
Descalificaciones o ridiculizaciones tanto en público como en privado.
Intentos de control y aislamiento: quiere saber todo lo que hace su pareja, exige
explicaciones por todo, lanza prohibiciones y amenazas, impone reglas, pretende que
no tengas secretos y critica a las personas con las que se relaciona la víctima. En
algunos casos el control llega a ser tan extremo que llegan a aislar a la víctima de
amigos y familiares. Estaríamos ante una actitud de coerción e intimidación.
Aislamiento social y económico.
Destrucción o daños a propiedades valoradas por la victima.
Agresividad manifiesta y encubierta: muestra enfado frecuentemente y es agresivo
verbalmente.
Manipulación: pone trampas para ver si la víctima miente o la prueba para ver hasta
qué punto le quiere.
Negación de los errores y culpabilización externa: no pide disculpas y si lo hace en
realidad no lo siente, puesto que volverá a hacerlo. Se niega a discutir las cosas que
preocupan a la víctima culpabilizándola de la situación. Cuando culpan a los demás se
auto victimizan intentando con ello desviar la atención hacia el comportamiento de su
víctima a la que intentan hacer ver a los demás como una persona mentirosa y con
claros problemas o incluso acusarlas de llevar una doble vida.
Ausencia total de escrúpulos: lanzan acusaciones contra su pareja a personas del
entorno de ambos, lo que no les supone ninguna vergüenza o reparo.
Vida sexual impersonal o poco integrada: puede llegar a forzar a la pareja a mantener
relaciones sexuales o incluso insistir y convencerla para que realice prácticas sexuales
degradantes.
Fachada externa de buena apariencia: existen grandes discrepancias entre el
comportamiento que muestran en público y el que mantienen en la vida privada.
Paz Velasco de la Fuente
Abogada-Criminóloga
Perito Calígrafo.
Maltrato social: bloqueo social de la víctima, aislamiento de sus relaciones
interpersonales y degradación de estas.
CONCLUSIONES:
Las personalidades psicopáticas son mucho más habituales en nuestra sociedad de lo que
parece y su efecto es más grave de lo que creemos puesto que no se limita a aquellas personas
que se encuentran en centros penitenciarios cumpliendo condenas por ilícitos penales, sino
que en muchas ocasiones se trata de personas cercanas que crean problemas cotidianos. La
mayoría de ellos están integrados en nuestra sociedad, y no son detectados a simple vista, lo
que les hace aun más peligrosos para sus víctimas.
La psicopatía integrada predomina en personas de alto estatus social, económico y
profesional: médicos, políticos, empresarios, brókeres, abogados. La mayoría de las dinámicas
de relación de pareja que lleven a cabo este tipo de personas (hombres o mujeres) están
orientadas a la selección de parejas a CORTO PLAZO, a crear un ambiente de relación volátil y a
maltratar psicológicamente a sus parejas siempre que esta relación perdure, aunque les serán
infieles. Son incapaces de mantener un compromiso porque la fidelidad, el respeto, y el amor
no significan nada para ellos. Son emociones que cognitivamente entienden desde el punto de
vista social, pero son incapaces de sentirlas o de llevarlas a la práctica, lo que hace que el
sufrimiento de sus víctimas sea agónico e invisible a los ojos de los demás.
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