LA NOTACIÓN MUSICAL
La notación musical es un sistema de escritura utilizado para
representar gráficamente una pieza musical, permitiendo a un intérprete
que la ejecute de la manera deseada por el compositor.
El sistema de notación más utilizado actualmente es el sistema gráfico
occidental que representa sobre un pentagrama una serie de signos. El
elemento básico de cualquier sistema de notación musical es la nota,
que representa un único sonido y sus características básicas: duración
y frecuencia. Los sistemas de notación también permiten representar
otras características diversas, tales como variaciones de intensidad,
expresión o técnicas de ejecución instrumental. No obstante, existen
muchos otros sistemas de notación y muchos de ellos también se usan
en la música moderna.
Durante muchos siglos el canto cristiano se conservó únicamente por
tradición oral. No existía ningún sistema de notación y los cantos de la
Iglesia se transmitían por el recuerdo auditivo de los eclesiásticos y de
los fieles.
Las notas actuales son: do, re, mi, fa, sol, la y si.
Pentagrama.
La notación musical aparece sobre un conjunto de cinco líneas
llamado pentagrama, que consta de cinco líneas horizontales,
equidistantes y paralelas, además de cuatro espacios entre estas
líneas. Las líneas se enumeran de abajo hacia arriba como línea 1, 2,
3, 4 y 5, y los espacios por igual, desde el 1.º hasta el 4.º.
Sobre las líneas y los espacios se van anotando las correspondientes
notas musicales; cada línea y espacio identifica una entonación
diferente; desde la nota más grave abajo, hasta la más aguda arriba. En
el conjunto vertical, además, se pueden representar los acordes, las
notas que sonarán simultáneamente.
De manera horizontal el pentagrama representa tempo y melodía (que
no es otra cosa más que una sucesión de sonidos en el tiempo). Se
divide, además, en compases, los cuales a su vez se dividen en
tiempos.
El primer símbolo que se representa sobre el pentagrama es la clave, la
cual indicará qué nota viene representada por cada línea y cada espacio
del pentagrama. Por ejemplo, la clave de Sol en segunda indica que la
nota que se escribe en la segunda línea del pentagrama es un Sol, y a
partir de esta se pueden determinar qué notas representan las demás
líneas y espacios (La en el segundo espacio, Si en la tercera línea...). A
la derecha de la clave encontraremos la armadura, la cual nos muestra
las alteraciones hechas a ciertas notas para agregarles o disminuirles
medio tono y así armar la escala musical sobre la que está la pieza, o
sea, la tonalidad de esta.
El conjunto formado por el pentagrama y los demás símbolos musicales,
representando una pieza musical se llama partitura. La duración, altura,
expresión, etc., son algunos de los elementos que se representan en
una partitura.
PARTITURA
Una partitura es un documento manuscrito o impreso que indica cómo
debe interpretarse una composición musical, mediante un lenguaje
propio formado por signos musicales y el llamado sistema de notación.1
2Como sus análogos los libros, los folletos, etc., el medio de la partitura
generalmente es el papel o, en épocas anteriores, el pergamino.
Aunque el acceso a la notación musical en los últimos años incluye
también la presentación en pantallas de ordenador.
En música orquestal, se denomina partitura al documento que utiliza
exclusivamente el director de orquesta y que contiene toda la obra que
se ejecutará, además de algunas indicaciones particulares. En
contraste, particella o parte es el nombre dado a cada una de las
partituras que tienen los intérpretes de los diferentes instrumentos, la
cual puede incluir dos instrumentos similares como un piccolo y una
flauta, o un oboe y un corno inglés, y ser compartida por los intérpretes
de estos.
Etimología
La palabra «partitura» proviene del término italiano partitura, que
quiere decir literalmente insieme di parti que es «conjunto de piezas o
partes». Un gran número de lenguas mantienen este mismo origen
etimológico, como por ejemplo las acepciones Partitur en alemán,
partition en francés o partitura en portugués, catalán y euskera. Por su
parte, en lengua inglesa se utilizan para designar las partituras dos
denominaciones de distinto origen, que son sheet music y score.
Finalidad y uso
La partitura se puede utilizar como un registro, una guía o un medio
para interpretar una pieza de música. Aunque no sustituye al sonido de
la ejecución musical, la partitura se puede estudiar para construir la
interpretación y para dilucidar los aspectos de la música que pueden no
ser evidentes a partir de la simple audición. Se puede obtener
información fidedigna sobre una pieza musical mediante el estudio de
los bocetos y las primeras versiones escritas de las obras que el
compositor pudo haber conservado, así como la partitura final autógrafa
y las anotaciones personales hechas en borradores y partituras
impresas.
La comprensión de las partituras requiere una forma especial de
alfabetización, la capacidad de leer notación musical. No obstante, la
capacidad de leer o escribir música no es un requisito imprescindible
para componer música. Muchos compositores han sido capaces de
crear música en formato impreso, sin la habilidad de leer o escribir en
notación musical, siempre y cuando una copista de algún tipo estuviese
disponible. Por ejemplo, el compositor ciego del siglo xviii d. C. John
Stanley así como los compositores y letristas del siglo xx d. C. Lionel
Bart, Irving Berlín y Paul McCartney.
La habilidad conocida como «lectura a primera vista» (o repentización)
es la capacidad de un músico para interpretar una obra musical
desconocida viendo la partitura de esta por primera vez. La facultad de
leer a primera vista se espera tanto de los músicos profesionales como
de los aficionados serios que tocan música clásica y otros géneros
relacionados. Una habilidad aún más refinada es la capacidad de mirar
una pieza musical desconocida y escuchar la mayoría o la totalidad de
los sonidos (melodías, armonías, timbres, etc.) mentalmente sin tener
que tocar la pieza.
HISTORIA DE LA NOTACIÓN EN LA MÚSICA OCCIDENTAL
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Partitura autógrafa de la primera página del preludio de la Suite para
laúd n.º 3 en sol menor, BWV 995 de Johann Sebastian Bach, con
notación escrita de su propia mano.
La historia de la notación en la música occidental abarca unos dos mil
doscientos años, desde los primeros símbolos alfabéticos del mundo
grecolatino hasta las últimas tendencias de notación abstracta usadas
en la actualidad.
La notación de la música ha sido siempre un elemento delicado y
complejo, ya que no sólo debía indicar la altura de los sonidos, sino
también los restantes parámetros de la música: duración, tempo,
intensidad sonora, carácter, articulación, etc.3A lo largo de la historia
han ido surgiendo distintos sistemas de notación, viéndose influidos no
sólo por cuestiones artísticas, sino también por aspectos políticos,
sociales y religiosos. Desde la antigua Grecia, se tiene constancia de la
existencia de formas de notación musical; sin embargo, es a partir de la
música de la Edad Media, principalmente el canto gregoriano, cuando
se comienza a emplear el sistema de notación musical que
evolucionaría al actual.1En el Renacimiento, cristalizó con los rasgos
más o menos definitivos con que lo conocemos hoy, aunque —como
todo lenguaje— ha ido variando según las necesidades expresivas de
los usuarios.
Las distintas formas de notación musical y los soportes empleados han
sido muy diversos a lo largo de la historia, y son objeto de estudio por
parte de los musicólogos e historiadores de la música en la actualidad.
Los diversos sistemas de notación dan testimonio de la realidad artística
y cultural del momento, y son una muestra del interés del ser humano
por preservar el arte para la posteridad.
LOS ORÍGENES DE LA NOTACIÓN MUSICAL
Partitura del Epitafio de Seikilos. Presenta notación musical alfabética, por encima de la letra, escrita en griego clásico.
Melodía del Epitafio de Seikilos, transcrita a notación moderna.
Notación griega
No se conoce prácticamente nada de lo compuesto o ejecutado antes
del siglo III a. C. y los testimonios que nos proporcionan información
sobre la música en Grecia son de varios tipos: escritos literarios,
históricos, filosóficos o científicos, que describen o se refieren de alguna
manera a la naturaleza de la música, a sus reglas y a sus poderes
benéficos; una colección de unos cuarenta fragmentos musicales, entre
los que destaca el Epitafio de Seikilos, inscripción grabada en una lápida
datada entre el siglo II a. C. y el siglo I d. C. (representado al margen);
una serie de instrumentos reales en estado muy precario recogidos en
las excavaciones arqueológicas, y una rica iconografía de instrumentos
y músicos representados principalmente en vasos, relieves y mosaicos.
Del estudio de los fragmentos de música que se han conservado, se
sabe que la rítmica de la música griega era muy flexible y variada, y no
buscaba el isocronismo. La métrica poética determinaba el ritmo
musical.
El primer testimonio sobre el uso de una notación en Grecia aparece en
Aristóxeno de Tarento, que desarrolló sus teorías entre finales del siglo
IV y comienzos del siglo III a. C. Sus alusiones no se refieren a un uso
corriente de la escritura musical en la práctica de los compositores, sino
más bien a su utilización por parte de los teóricos, así como en la
enseñanza de la música. De hecho, las imágenes de la Grecia antigua
rara vez muestran a un intérprete leyendo un pergamino o una tablilla
mientras toca. A partir de ello y de los documentos escritos se deduce
claramente que los griegos, a pesar de poseer una notación bien
desarrollada, aprendían la música sobre todo de oído y la improvisación
era frecuente.
La notación musical en Grecia ha llegado a nuestros días
fundamentalmente por dos vías diferentes. La primera está constituida
por documentos con signos referidos a la música y por los tratados
musicales. El fragmento más antiguo que se ha conservado con
notación es un papiro del siglo I a. C., en el que hay un pasaje coral de
la tragedia de Orestes, cuyo original fue creado por Eurípides.
Piedra original que contiene el segundo de los dos himnos a Apolo (siglo
II), escritos en notación griega antigua. Las notaciones musicales son
los símbolos que aparecen ocasionalmente sobre las principales líneas
continuas de escritura griega.
La segunda fuente de documentos la constituyen las llamadas Tablas
de Alipio, de mediados del siglo IV d. C., que nos dan la notación
sistemática, vocal e instrumental, de todas las escalas (modos)
empleadas por los grecorromanos.
En Grecia había dos notaciones de carácter alfabético, una para el
canto coral y otra para los instrumentos. La instrumental era más
antigua que la vocal y se remonta seguramente a los auletas de los
siglos VII y VI a. C.
Los signos alfabéticos servían por igual para la voz y para los
instrumentos. Pero cuando se trataba de música vocal con
acompañamiento de instrumentos, entonces para la voz se utilizaba el
alfabeto jónico de veinticuatro letras con las que se traducían no solo
los sonidos principales, sino también los cromáticos.
El alfabeto se empleaba de la siguiente manera: cada letra, situada
en vertical, correspondía a una nota fija. Además de la posición original
del carácter —al cual le correspondía un sonido— había otras dos
maneras de representar la letra: estas tres posiciones comprendían tres
sonidos cada una. Los griegos no poseían un sistema de templanza de
las notas como el actual, y al no tener material historiográfico suficiente
para comprobar cuáles eran estos sonidos, es muy difícil recrear
fielmente estas notas. Se piensa que cada una de estas tres posiciones
se utilizaban para completar los tres diferentes tetracordios que servían
de base para las escalas: tetracordio diatónico (notas sin alteraciones),
tetracordio cromático (notas alteradas por semitonos) y el tetracordio
enarmónico (nota elevada de tal manera que se encontraba más cerca
de la nota inferior que de la nota de la cual proviene la alteración). Este
sistema no conocía las escalas propiamente dichas, sino que se basaba
en la repetición de estos tetracordios para elaborar la escala griega
completa de dos octavas. La notación instrumental original comprendía
quince letras, correspondientes a dos octavas.
Con el alfabeto quedaba resuelto el aspecto de la representación de la
altura de los sonidos. Para el problema de la duración de los mismos se
crearon una serie de signos convencionales basados en notas largas y
breves, que más tarde se convertirían en los modos rítmicos.
La notación griega fue adoptada por el Imperio romano, en cuya
capital, Roma, se ha conservado en una docena de documentos,
transcritos varias veces por distintos especialistas.