La Lengua
SANTIAGO 3: 1-12
Hecha la lectura, deseo introducir el tema con el texto de Proverbios 18:21 el cual
dice: “La muerte y la vida están en poder de la lengua, Y él que la ama comerá
de sus frutos.”
La lengua o el habla es uno de los más altos dones que Dios otorgó al ser Humano, y
que es necesario para todo adelanto en la vida social, por ello estamos en el deber
de estimarlo en lo que vale y de emplearlo dignamente para la gloria de Dios, y el
beneficio de la humanidad.
Conforme lo viene exponiendo, otro indicador de nuestra madurez espiritual es
nuestra manera de hablar. Santiago dedicó una buena porción de su carta a atacar la
lengua corrupta y descuidada.
Del discurso a cerca de la fe estéril, Santiago procedió a discutir el hablar estéril. Ya
en 1:26 hacía referencia al tema de no refrenar la lengua “Si alguien se cree
religioso pero no le pone freno a su lengua, se engaña a sí mismo, y su religión
no sirve para nada”. Santiago nos indica ahora que tan preocupantes como
aquellos que tienen fe sin obras, son los cristianos que sustituyen las palabras por la
obra. Por ello, la lengua debe estar controlada, pues aunque es pequeña, es
poderosa y proclive (inclinada o propensa) a la perversión y la contaminación.
Con la lengua, podemos definir nuestra vida. Todo lo que sucede en nuestra vida
pasa por nuestra lengua. La Bendición o la maldición, la muerte o la vida. La Biblia es
muy clara cuando nos dice en proverbios 18:21 que la vida y la muerte están en el
poder de la lengua. Desafortunadamente muy pocos creyentes la utilizamos bien,
produciendo vida. Y muchos nos destruimos a nosotros mismos, a nuestra familia y a
otros utilizando mal nuestra lengua produciendo maldad y muerte.
Algunos no sabemos o no medimos la gravedad de esta palabra, otros sabiendo,
actuamos sin el temor de Dios, hablando tonterías, profiriendo maldiciones,
pronunciando palabras de derrota y pensamos que esto no trae ningún problema.
¿Sabemos acaso que cada palabra que sale de nuestra boca tiene tal poder que
con ella podemos traer bendición o maldición, podemos edificar o destruir?
¿Sabemos que cada una de nuestras palabras refleja claramente lo que hay dentro
de nuestro corazón?
¿Cómo le hablamos a nuestros hijos, a nuestro cónyuge, a nuestros padres, a
nuestros hermanos, a nuestros vecinos, a nuestros amigos, o a aun a nuestros
enemigos?
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¿Nos preocupamos por hablar a cada uno con gracia y sabiduría para edificación de
sus vidas, o nos dejamos llevar por la pasión y el odio, hiriendo y matando a todo
el que se cruza en nuestro camino cuando las circunstancias nos sacan de casillas?
En Santiago, podemos notar que el capítulo 3: 1 – 12 es la más extensa exposición
bíblica acerca del cuidado que se debe tener al hablar. Se puede afirmar que su
contenido es una franca exhortación pastoral, con el propósito de corregir la
conducta respecto al uso del lenguaje en el pueblo cristiano.
Según lo dicho en el texto bíblico, el lenguaje arrogante, jactancioso y ofensivo, no
puede tener cabida en el cristiano y por ende en la iglesia.
SANTIAGO NOS MUESTRA QUE LA LENGUA ES PODEROSA
Los vv. 1 y 2 hablan sobre el riesgo que corren los maestros de ser juzgados
severamente por lo que dicen y como lo dicen, al pretender enseñar a otros. La
enseñanza debe hacerse, pero aquellos que la realizan, deben entender su
responsabilidad, ya que si enseñan mal recibirán mayor condenación.
Santiago no se limitó a señalar con el dedo a los ofensores, sino que se incluye a sí
mismo: “todos fallamos mucho” lo que lleva a concluir que nada parece hacer
tropezar más al creyente que una lengua descuidada. Si un creyente no ofende (no
tropieza), éste es varón perfecto, esto es, (aquellos que aunque no se hallan libres
de pecado, son intachables comparativamente hablando, y poseen verdaderamente
las cualidades exigidas por Dios, como la fe en él, el amor a él y la inclinación a la
obediencia. Un creyente perfecto en Cristo, es el que espiritualmente ha llegado al
más alto grado en la posesión de la fe, el amor, los conocimientos y la fuerza de
acción conforme I Cor. 2:6 y Heb. 5:14. Y es capaz de controlar todo su cuerpo.
La madurez espiritual requiere una lengua domada, para ello es necesario poner en
marcha el cerebro antes que la lengua, esto es, pensar anques que hablar.
¡Cuántas situaciones frustrantes y cargadas de emoción pudiéramos evitar si
pensáramos bien antes de hablar! ¡Y cuantas ofensas pudiéramos evitar también!
Para empezar a lograrlo, atendamos las sabias palabras del rey David en el Salmo
15: 1-3
¿Quién, SEÑOR, puede habitar en tu santuario?
¿Quién puede vivir en tu santo monte? Sólo el de conducta intachable,
que practica la justicia y de corazón dice la verdad;
que no calumnia con la lengua, que no le hace mal a su prójimo
ni le acarrea desgracias a su vecino …… El que así actúa no caerá jamás.
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El texto Bíblico es muy claro con respecto al sabio uso y la disciplina de la lengua.
Afirma que no debemos calumniar ni engañar ni mentir ni exagerar ni maldecir con la
lengua. Prudentemente debemos callar y mayormente cuando nuestras emociones
están exacerbadas. Por el lado positivo, nos exhorta a usar la lengua para proferir
bendición, amor, felicidad y ánimo.
Pues no solo los que escuchan son afectados positiva o negativamente, también el
que abre la boca recibe sus consecuencias. "Porque por tus palabras serás
justificado, y por tus palabras serás condenado." (Mateo 12:37)
La lengua es pequeña pero ejerce mucha influencia. En los vv. 3 – 5 el escritor
bíblico nos entrega tres ilustraciones para aclarar este punto. Las tres hacen hincapié
en las grandes cosas que puede hacer un pequeño instrumento, según sea el uso
que se le dé, ya sea para bien o para mal, veamos:
Un pequeño freno puede ser usado para controlar un brioso caballo. Sabemos que
cuando se pone el freno en la boca de los caballos es para que obedezca al jinete,
quien puede así controlar todo el animal. Esta ilustración hace énfasis en la
importancia de atacar el problema en su esencia. Si una persona controla su lengua,
controla todo su cuerpo, controla su vida. El punto entonces es: de la misma manera
como el caballo puede ser controlado mediante un freno en su boca, así la persona
podrá controlar sus actos (su conducta) si aprende a controlar su lengua.
Un pequeño timón puede controlar una gran embarcación en medio de los mares
embravecidos. Esta ilustración habla de lo que es capaz de hacer la persona con su
vida cuando la lengua está bajo su control. Del contraste entro los vv. 4 y 5, se
observa que el pequeño timón del barco es como la lengua en nuestro cuerpo, es
nuestra conducta. Entonces, ¡La lengua debe estar al servicio del cuerpo y no el
cuerpo al servicio de la lengua!
Una sola chispa de fuego (el uso de la lengua) sin control puede destruir un gran
bosque. Esta ilustración nos advierte acerca del problema de una lengua sin control,
que hace alarde de grandes hazañas. La lengua es pequeña, pero poderosa.
TAMBIEN NOS MUESTRA QUE LA LENGUA ES PERVERSA
La lengua no solamente es poderosa; también es perversa. Es pequeña y tiene
influencia pero, lo que es peor, puede ser satánica e infecciosa.
No debe sorprendernos que la palabra del hombre, y por tanto su lengua, tenga una
fuerza tan terrible: Puede ser el espíritu y la voluntad de Dios o bien el espíritu
demoníaco de Satán y su fuerza destructora.
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Santiago quiere exhortar al recto uso de la palabra y por ello pondera las perniciosas
consecuencias de las palabras que brotan de un corazón irresponsable, maligno.
Igual que el fuego, destruyen todo lo que se pone a su alcance. Una vez que el mal
se ha apoderado de la palabra y ha penetrado en el mundo, lo consume todo, hasta
que no queda más que destrucción y cenizas.
No es sólo la palabra de Dios la que actúa eficazmente en el mundo; también es
eficiente la palabra de Satán, que resuena en el mundo por medio de la palabra
humana. La guarida y el refugio de la maldad es el corazón del hombre. Del corazón
del hombre proviene el mal que, por la palabra, puede llegar a enseñorearse de la
sociedad humana y de su destino.
La lengua no sólo es como un fuego sin control, también es como como una bestia
indómita, “pero nadie puede domar la lengua. Es un mal irrefrenable, lleno de veneno
mortal”. Como el veneno de una serpiente, la lengua está cargada con las toxinas del
odio y de las habladurías que conducen a la muerte.
No es fácil domar la lengua, porque el mal está enraizado en lo más íntimo del
corazón. Y sin embargo, ¡qué paradoja!: el hombre puede someterlo todo a su
voluntad, todo tiene que servirle como él quiere; sin embargo, lo único que no puede
dominar es su propia persona, su palabra, su lengua, su corazón. ¡Qué dominador
tan pobre que no puede dominarse a sí mismo a pesar de que Dios le hizo soberano
de este mundo!
Santiago indica con mucha delicadeza esta soberanía del hombre al recordar,
aludiendo a las cuatro categorías de animales, el encargo que Dios dio al hombre de
someter la tierra a su dominio (Gén 1,26; 9,2).
Siendo así, debemos mostrarnos también señores y dueños de nuestra lengua, de
esa serpiente inquieta, venenosa, mortífera, cuyos movimientos van dirigidos por las
malas tendencias del corazón, debemos para ello confrontarnos con Salmos 139,4
“NO ME LLEGA AUN LA PALABRA A LA LENGUA CUANDO TU, SEÑOR, YA LA
SABES TODA”. Obrando así, cumpliremos el encargo de someter el mundo que Dios
nos ha confiado, llevaremos a término nuestra vocación de vivir según la voluntad del
Creador.
Pero, ¿Cómo Domar la Lengua? – Con la Disciplina del Silencio
Veamos un par de citas en Proverbios.
“… el hombre prudente calla.” (Prov. 11:12b)
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“El que ahorra sus palabras tiene sabiduría; de espíritu prudente es el hombre
entendido. Aun el necio, cuando calla, es contado por sabio; el que cierra sus
labios es entendido.” (Prov. 17:27-28)
Son descuidados en el hablar aquellos que no han conocido a Dios, pero sus hijos,
debemos de ser siempre prudentes. Pidámosle al Señor que purifique nuestros
corazones de tal manera y a tal grado que vivamos para sanar, libertar, edificar y
traer gozo y no tristeza, con cada una de nuestras palabras y a la misma vez ser
nosotros mismos saciados de bien por el fruto de nuestros labios.
Y FINALMENTE NOS MUESTRA QUE LA LENGUA ESTA CONTAMINADA
Al igual que con la lengua de una serpiente que se divide en dos puntas, con la
lengua descontrolada bendecimos pero también maldecimos o deseamos mal a las
personas.
Con el uso de la primera persona del plural en el v. 9, Santiago da una gravedad
conmovedora a su confrontación con la triste realidad. Cuando habla de maldecir a
los hombres no se refiere tan sólo a la costumbre judía de maldecir a los impíos, a
los malhechores y a los adversarios -conducta que el Señor Jesús superó con el
mandamiento del amor al enemigo-, sino a la actitud demasiado humana de hablar
mal del prójimo y alegrarse de su desgracia. El contraste que Santiago presenta es
aún más triste cuando quienes tratan sin amor y con odio a sus hermanos o prójimos,
- criaturas e hijos del mismo Padre -, son cristianos que llenan su boca de oraciones
y frecuentan los actos del culto.
Tal proceder es antinatural. En ninguna otra criatura se da semejante paradoja. Por
ser criatura de Dios, el hombre tiene que respetar a su prójimo; por ser cristiano,
debe amar con amor fraterno a los demás cristianos. Sólo así se ajustará al orden
divino de la creación redimida. Quien produce frutos distintos de los que
corresponden a su naturaleza no procede de Dios; sus palabras descubren un
corazón maligno, dominado por el infierno; evidencian su hipocresía y atraen sobre él
el castigo de Dios.
Quien está llamado a alabar a Dios como hijo tiene que respetar, bendecir y amar a
su hermano y a su prójimo. No hay otra solución para un cristiano.
Ser cristiano significa proclamar la palabra que nos ha sido confiada y ponerla en
práctica, movidos por el Espíritu y por la voluntad de Dios y por un corazón que se ha
convertido al bien. Referido a Dios, proclamar y poner en práctica la palabra equivale
a alabarle; referida a los hombres, la palabra ha de ser palabra de amor y de
bendición.
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Cuando un cristiano hace esto, queda liberado del espíritu diabólico de la mala
palabra y prepara el camino al poder salvífico de la palabra de Dios.
El punto en aquí es claro: la lengua del creyente no debe ser un elemento de
inconstancia. Pequeña e influyente, la lengua debe ser controlada; satánica e
infecciosa, la lengua debe estar acorralada; salada e inconsistente, la lengua debe
limpiarse.
Las Palabras son la Medida de Nuestra Madurez Espiritual
Veamos Mateo 12: 33-37
“O haced el árbol bueno, y su fruto bueno, o haced el árbol malo, y su fruto malo;
porque por el fruto se conoce el árbol. ¡Generación de víboras! ¿Cómo podéis
hablar lo bueno, siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca.
El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el hombre malo,
del mal tesoro saca malas cosas. Más yo os digo que de toda palabra ociosa que
hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus
palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado.”
El control de la lengua es una prueba del carácter de la persona, y esto es posible
sólo cuando se orientan los pensamientos conforme a la sabiduría de lo alto, a través
de la obediencia a la palabra de DIOS. En el fondo, la vida de las personas es
gobernada por la voluntad, el corazón, el intelecto. Las palabras, no son más que el
reflejo o expresión del pensamiento
“Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del
Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él” (Colosenses 3:17).
CON APOYO EN ESTA CITA, ANTES DE HABLAR, FORMULEMONOS ESTAS
PREGUNTAS:
1. ¿Lo que voy a decir traerá gloria a Dios?
2. ¿Es la verdad?
3. ¿Es justo desde todo punto de vista?
4. ¿Será beneficioso?
5. ¿Edificará a otros (resultará en buena voluntad y en mejores amistades)?
6. Si estás hablando de otra persona, ¿ le has dicho la misma cosas a él o ella?
7. ¿Sabes que lo que estás diciendo es un hecho o has llegado a tus propias
conclusiones después de escuchar rumores?
8. Si tienes algo en contra de tu hermano o hermana, ¿ has intentado
reconciliarte con ellos antes de discutirlo con otros?
9. ¿Es absolutamente necesario que digas esto?
10. ¿Al servicio de quién está nuestra lengua?