Ortodoxia y heterodoxia en la política económica argentina
Miguel Teubal * (Especial para sitio IADE-RE) | "No existen razones para suponer que con
estas políticas se van a revertir las actuales tendencias, sea en dos, cinco o veinte años",
sostiene el autor.
énfasis en los elementos esenciales de una macroeconomía “heterodoxa”, diferente de la
neoliberal tradicional, tendiente a hacer frente sí o sí a las crisis económicas.
Las políticas heterodoxas se proponían, entre otros objetivos: 1) lograr altas tasas de
crecimiento global para las economías nacionales; 2) que estas políticas fuesen
acompañadas por mejoras en la distribución de los ingresos (la participación de los salarios
en el producto global debía aumentar); y 3) que se lograran reducciones en los márgenes
de pobreza. Podría agregarse a estas proposiciones: 4) mejoras en la cuestión ambiental,
aunque ésta constituye una problemática que solo logra cierta vigencia en períodos más
recientes.
Estos programas de “desarrollo económico” impulsados sobre un nuevo tipo de
intervencionismo estatal, contribuyeron en términos generales -y en determinados períodos
históricos- a mejorar las condiciones de vida de vastos sectores sociales.
En Latinoamérica, y en particular en nuestro país, fueron impulsadas sobre la base de las
denominadas políticas de industrialización sustitutiva de importaciones, generándose
aumentos en los procesos de industrialización y mejoras en las condiciones de vida para
amplios sectores de la población. Se pensaba que estos objetivos podrían ser logrados
mediante cambios importantes en las políticas económicas globales que tendieran a
orientarse hacia objetivos diferentes de los tradicionales que impulsaba el neoliberalismo
económico. Sin embargo, se trataba de políticas que cada tanto sufrían los embates de la
ortodoxia económica.
En la Argentina, bajo el neoliberalismo, en particular los gobiernos de Menem y De la Rúa y
ahora, en forma plena, con Macri, fueron impulsadas políticas que en lo esencial significaron
un drástico empeoramiento de las condiciones de vida de vastos sectores sociales. Si bien
se hace referencia a la necesidad de impulsar reformas de todo tipo, éstas –pese al relato
oficial y a diferencia de lo que significaban las “reformas estructurales” de antaño–
difícilmente podrían visualizarse como tendientes a lograr mejoras en las condiciones de
vida de la población.
A diferencia de los programas “populistas” o heterodoxos de desarrollo económico
anteriores, la actual política económica involucra una serie de medidas que, en lo esencial,
no se proponen hacer frente a ese conjunto de tendencias a que hacemos referencia más
arriba. Tampoco se remite a enfrentar las crisis. Todo lo contrario: impulsa medidas que las
generan y profundizan. Esto se ve claramente con los “ajustes” involucrados en esta
política: son generadoras de crisis dado que reducen el empleo y los salarios, las
jubilaciones, la industria nacional, entre otros factores, afectando a una diversidad de
sectores sociales.
El programa del gobierno actual tiene una característica muy especial. En primera instancia,
es difícil suponer que impulsa una política tendiente a lograr un cierto crecimiento
económico, con “justicia social” y la eliminación de los márgenes de pobreza como fue
pregonado durante la campaña electoral. Hasta ahora no se perfilan mejoras en la
distribución de los ingresos ni reducciones en el nivel de pobreza, habiendo sido la “pobreza
cero” uno de los elementos más impactantes del relato oficial. No sólo no crece el producto
global, hay un empeoramiento en la distribución de los ingresos en el nivel nacional y un
aumento sustancial de los márgenes de pobreza. Asimismo, se trata de políticas que no
consideran para nada la cuestión ambiental. De allí el auge de movimientos anti
“extractivistas” que impulsan numerosos movimientos sociales.
tales políticas no impulsan inversiones productivas, ni mejoras en las condiciones de vida
de los sectores más vulnerables de la sociedad. De ninguna manera puede suponerse que
van a mejorar los salarios directos o indirectos, que la población va a tener acceso a una
mejor salud, educación, alimentación, recreación etc.
no existe necesariamente una relación causal entre déficit fiscal e inflación. Sin embargo, es
una proposición que indefectiblemente se sigue pregonando. Como consecuencia se
postula la reducción de los salarios en general y, en particular, los del sector público, aparte
de reducciones en jubilaciones, apoyo a la salud, educación, investigación científica, etc.
Keynes, demostró la falsedad sobre la que se basaban. Entre otros factores consideraban
que la reducción del salario, del empleo, o demás ajustes, significaba una reducción de la
demanda global, y por ende el “aumento” del déficit fiscal. Aparte de significar el
estancamiento económico y la caída del producto global ante el cierre de fábricas por la
falta de demanda, también significan un drástico incremento del déficit fiscal. El gobierno
presume equivocadamente que con los acuerdos con el FMI podrá resolverse
“eventualmente”. Asimismo, la liberalización de las importaciones induce el ingreso masivo
de los bienes competitivos con la industria nacional reduciéndose drásticamente el empleo
en el sector privado. Todos estos son elementos que profundizan mecanismos recesivos
que sustentan la política económica neoliberal, sin que con ello se logre “controlar” el
proceso inflacionario.
Las falacias de las políticas de saqueo extremo que caracterizan a las actuales políticas
económicas podrán tener fines políticos evidentes, como el traslado masivo de ingresos y
riqueza a sectores de altos ingresos en detrimento de los sectores populares y gran parte
de la clase media. Pero no puede decirse que estén basadas sobre políticas económicas
“serias”; o sea en aquellas que sustenten cierto “equilibrio social” en el funcionamiento de la
economía y en el marco de un funcionamiento imperfecto pero más o menos normal de
mecanismos democráticos. Más bien lo que visualizamos respecto de estos ajustes es que
generan las grandes crisis económicas y no que tiendan a hacerles frente.
El nuevo experimento económico de Macri: "Ajuste ortodoxo con pinceladas
heterodoxas"
Economistas ven más consistente la política monetaria, pero hay ruido entre empresas por
falta de reglas claras.
26/06/2018
Con escaso margen fiscal y monetario para hacer políticas económicas expansivas, los
ministros adelantan medidas heterodoxas que generan alivio en algunos sectores
empresarios y desconcierto en otros: renegociación de los contratos de energía firmados
por el mismo gobierno de Macri hace dos años o menos, pisar los precios de los
combustibles para moderar la suba de las tarifas de energía, el 0800-precios-abusivos de
Sica, un ampliado programa de Precios Cuidados, créditos pyme a tasas subsidiadas, el fin
anticipado de la quita de las retenciones, entre otros.
Estas medidas criticadas por el macrismo cuando era oposición parecen difíciles de articular
con el discurso de reglas claras y estables para la inversión del Macri del mini-Davos y la
lluvia de dólares.
El ejemplo más concreto del desconcierto que generan estas políticas se observa en el
sector que más inversiones recibió durante el macrismo: el petrolero. Los grandes jugadores
globales ya por lo bajo advierten que el proyecto Vaca Muerta corre riesgos de desinversión
por falta de horizontes y el cambio de reglas de juego; pero también afecta a las firmas de
consumo masivo, que ven una caída de las ventas y el aumento de anuncios de medidas
coercitivas para pisar los precios como la línea 0800 recientemente anunciada.
Estas inconsistencias llevaron, por ejemplo, a Luis Pagani, CEO de Arcor a sostener que el
Gobierno "no tiene un plan económico".
No es la mirada de economistas consultados por LPO. "El rumbo ya está fijado:
básicamente se está acelerando la estabilización con menores grados de libertad", sostuvo
el economista en jefe de la consultora Elypsis, Gabriel Zelpo, en relación al acuerdo firmado
con el Fondo Monetario Internacional.
En este punto coincidió el economista en jefe de la consultora Radar, Martín Alfie, para
quien "Es un ajuste ortodoxo con algunas pinceladas de heterodoxia que habría que ver
cuánto cambian. Es claro que en el Gobierno son conscientes de que de alguna forma
tienen que contener el ajuste porque, si no, la caída de la actividad va a ser muy fuerte y en
2019 no tienen chances [electorales]".
'Es un ajuste ortodoxo con algunas pinceladas de heterodoxia que habría que ver cuánto
cambian. Si no, la caída de la actividad va a ser muy fuerte y en 2019 no tienen chances
[electorales]', consideró Alfie.
En efecto, Dujovne busca que la actividad termine el año con un crecimiento del 1% del PBI.
Entre febrero y abril el crecimiento acumulado pasó del 4,5% al 2,4%.
Es que más allá de la coherencia interna que requieren las políticas económicas, también
necesitan ser políticamente viables y la popularidad de Macri viene cayendo de la mano de
la pérdida del poder adquisitivo de los salarios, una de las primeras cosas que reconoció
Dante Sica tras su asunción. Y además requieren de continuidad discursiva para no perder
el apoyo de las clases medias que apoyaron el rumbo inicial del Gobierno.
Desde lo técnico, Zelpo explicó a LPO que: "La aceleración del ajuste se observa en los
recortes fiscales. Igualmente, me parece más importante todavía el cambio en la política
monetaria, que ahora tiene un sendero más coherente, no veo que el rumbo general de la
economía esté distorsionado".
"Lo que sí me parece es que tuvieron que recalcular algunos ritmos, como el de la inflación
-que además era muy ambicioso-. Al igual que eliminar todos los créditos subsidiados, me
parece que no era de la política más coherente. Es una herramienta más de política
económica que, si bien anteriormente estaba sobre dimensionada y provocaba ineficiencias,
es válida", agregó.
Respecto de la revisión de los contratos y el mayor gradualismo en el aumento de las
tarifas, el economista consultado sostuvo que "Los precios de los energéticos en dólares era
algo que eventualmente iba a generar problemas con un tipo de cambio atrasado como
estaba".
En tanto, para Alfie, "Vale la pena recordar que en 2017 de cara a las elecciones el
Gobierno recurrió a dos estrategias, el atraso del tipo de cambio y el impulso a la obra
pública. Esto ahora está limitado por el acuerdo con el FMI de ajuste fiscal y compromiso de
flotación cambiaria. Pero esta ortodoxia tienen que intentar remediarla con cierta
heterodoxia por otro lado -que en este caso es la cuestión de desacelerar la suba de tarifas
y dar señales de control de los precios. No sé qué nombre ponerle [al esquema económico]:
en el marco general, el gradualismo se terminó".
Inflación: la heterodoxia y la política vuelven a escena como solución posible
INFLACIÓN: LA HETERODOXIA Y LA POLÍTICA VUELVEN A ESCENA COMO
SOLUCIÓN POSIBLE
04/04/2019 | 23:31
La batalla perdida contra la inflación, el principal enemigo de la economía argentina, dejó
inerme al Gobierno. Al cabo de tres años de múltiples ensayos (y errores), de la mano del
FMI el Gobierno terminó de atarse las manos a las dos recetas ortodoxas para eliminar la
inflación: liquidar el déficit fiscal y la expansión de la base monetaria.
Ayer mismo, el ministro de Producción y Trabajo, Dante Sica -uno de los pocos funcionarios
del Gobierno que conserva capacidad de "vocear" políticas oficiales- se cargó al hombro la
responsabilidad. Aseguró que, de la inflación, "el gran responsable es el sector público con
su inconsistencia en la política monetaria y fiscal". Y al mismo tiempo negó que la generen
las empresas. "Vamos a tardar un tiempo es desinflar la economía, tenemos que vencer una
tradición inflacionaria", reconoció.
Signo de los tiempos políticos de ir pa´lante frente a la adversidad, tal reafirmación de
principios se produce cuando, a la luz de la malograda experiencia de los últimos años, el
imperio de esas ideas comienza a revertirse en la propia academia. Mientras los prónosticos
de inflación del REM, punta a punta, son ahora de 36%, analistas otrora ultramonetaristas
comienzan a reconocerles méritos a opciones heterodoxas.
Son significativos los diagnósticos recientes y en cierto modo coincidentes de economistas
tan diversos entre sí como Ricardo Arriazu, Eduardo Levy Yeyati, Miguel Angel Broda,
Marina Dal Poggetto y José María Fanelli acerca de la multicausalidad de la inflación.
La coincidencia es, con los resultados de la política de agregados monetarios y de la suba
de tasas a la vista, es que la rígidez del Banco Central poco tiene que ver con la inflación.
La vista está puesta en los mecanismos indexatorios de contratos. Caen en ese grupo
desde los ajustes tarifarios de los servicios públicos hasta los ajustes de los alquileres, y de
los contratos en general. El puerto de llegada, por supuesto, es el de las actualizaciones de
los salarios. Ahora se analizan más los mecanismos y velocidad del pass trough, que con
distintas modalidades y velocidades, implicó el traslado de casi el 100% de la devaluación a
los precios.
Y, finalmente, en la remarcación de precios por parte de los empresarios, en la búsqueda de
los hombres de negocios de no quedar rezagados en la valoración de stocks, incluso a
pesar de caída de ventas. Junto a ello, la búsqueda de todos los actores económicos por
regresar a equilibrio previo de bienestar.
"La microeconomía inflacionaria es la que "manda", pese al fuerte ajuste macro-monetario",
define Broda.
"Las empresas están mirando a los costos a la hora de aumentar, no al BCRA, y eso se ve
en el hecho de que la inflación núcleo se corrija más que el nivel general, porque no son las
tarifas las que están golpeando sino el dólar", opinó Dal Poggetto.
Por desgracia, estos nuevos consensos llegaron aparentemente tarde para la suerte de esta
administración. Regresan a los debates las invocaciones a añejos planes de estabilización.
Planes como el Austral, Convertibilidad, cambio de moneda se barajan en voz baja y con
temor: todas conocieron presentes de esplendor y caídas estrepitosas. Nadie lo ve como
presente inmediato. Todo para después de las elecciones, o para el próximo gobierno.
"El año que viene se va a necesitar un esquema que vaya más allá de la política monetaria,
acuerdo de precios, de salarios, consistencia fiscal y política", insistió Dal Poggetto en El
Cronista.
Con la carrera electoral lanzada, no hay chances para herramientas de ese tipo. Pero
esencialmente, el propio Gobierno descree del poder de esas convocatorias y acuerdos
sectoriales. Al acordar el stand-by con el FMI, la doctrina de Cambiemos se reafirmó y va de
morir con las botas puestas de las soluciones de mercado para resolver los problemas del
país.
Probablemente, la política y sus herramientas, hayan quedado en el centro del debate sobre
la inflación argentina.
No cabe duda de que seguiremos siendo caso de estudio, pero, por ahora, seguiremos lejos
del Nobel.
Economistas heterodoxos alertan por la dolarización y proponen 4 medidas para salir de la
crisis
04 julio 2018
Mauricio Macri
Los economistas heterodoxos agrupados en el colectivo Economía Política Para la
Argentina (EPPA) advirtieron por las "serias inconsistencias" del plan económico de
Mauricio Macri y alertaron por las consecuencias que provoca la "fragilidad externa" en la
que quedó la Argentina luego de aplicar una batería de medidas salidas de las receta de
administración neoliberal. "La Patria está en peligro y, desde nuestro lugar, no podemos
más que expresar nuestra preocupación sobre la sustentabilidad de la economía",
sostuvieron.
El segundo documento publicado por EPPA se tituló "El modelo económico insustentable
sigue tocando Fondo". En el texto, decenas de expertos que en su mayoría están alineados
al kirchnerismo, incluso varios fueron exfuncionarios, plantearon un diagnóstico sobre las
principales decisiones adoptadas por el Gobierno de Cambiemos desde 2015. La lista de
nombres completa incluye a 248 profesionales.
Según afirmaron los académicos, con la llegada de Macri se consolidó un modelo
económico de "corte conservador" que ingresó en un "círculo vicioso de ajuste y
achicamiento" de las capacidades del Estado. "Estas políticas han llevado a profundizar los
problemas estructurales de la Argentina y hacer de este modelo un camino inviable hacia el
desarrollo socioeconómico, alimentando la fuga de capitales y la especulación financiera
que, a través del endeudamiento externo, pretenden sostener en el tiempo, tal como sucede
con el reciente acuerdo firmado con el FMI", indicaron.
Las principales críticas de EPPA se focalizaron en el avance de la desregulación económico
financiera de la Argentina:
· La disolución del sistema de administración del mercado de cambios, que dejó librada al
mercado la compra y venta de divisas, permitiendo la libre entrada y salida de capitales
financieros, y al mismo tiempo, concretó una devaluación del 40%;
· La relajación de los controles cuantitativos, como las DJAI y las Licencias No Automáticas
(LNA);
· La derogación de normativa regulatoria y flexibilización de acuerdos como lo sucedido con
el sector petrolero y el programa Precios Cuidados;
· La fijación de un "techo" a las paritarias, que generó pérdida de poder adquisitivo y caída
del mercado interno;
· La eliminación o reducción de las retenciones a las exportaciones, que ocasionó una
importante pérdida de recursos fiscales. "Se estima que en trienio 2016-2018 dejaron de
ingresar a las arcas públicas unos u$s 7.500 millones", remarcaron.
Asimismo, cuestionaron el blanqueo de capitales por más de u$s 130.000 millones porque
"favoreció la formalización de activos de grandes evasores, sin la obligación de repatriar sus
capitales" y la quita de impuestos progresivos, como los patrimoniales y a los autos de alta
gama, que solo beneficiaron a sectores de altos ingresos.
Capítulo aparte mereció para EPPA el show de las Lebac. Los heterodoxos consideraron
que la "agresiva política" de captación de liquidez a través de emisión de letras (Lebac) que
llevó adelante el Banco Central no hizo más que generar una "bola de nieve", donde en
cada vencimiento, la inyección de pesos fue cada vez más grande, obligándose a sí mismo
a sostener una tasa alta para evitar una corrida de esos pesos sobre el dólar.
Pero a la vez, resaltaron que el mientras la "bola" crecía la inflación no descendía. "Sobre el
final de 2017 ya se percibía que el proceso de desinflación del que hablaba el Poder
Ejecutivo estaba trunco y se trataba de un espejismo. La política de tasas altas no parecía
hacer efecto y los recientes saltos cambiarios de 2018, sumados a los nuevos tarifazos,
dieron lugar para este año a un renovado ímpetu inflacionario", recordaron.
En este marco, denunciaron un fracaso de Federico Sturzenegger en el Central. "La política
monetaria de esterilización de pesos mediante Lebacs no sólo ha fracasado en sus
objetivos antiinflacionarios, sino que lleva consigo un endeudamiento creciente", observaron
en el documento al que accedió ámbito.com.
Tras dar su diagnóstico, desde EPPA expresaron su preocupación por la fragilidad del
sector externo argentino, con tres llamados de atención concretos sobre los factores que
potencian el riesgo:
- Pérdidas de reservas. "La creación secundaria de una masa de activos nominados en
dólares, como los plazos fijos del sistema bancario. Cada vencimiento de Lebacs representa
un potencial pase al dólar, con una consecuente depreciación del peso o pérdida formidable
de reservas. no se genera un ingreso genuino de divisas sustentable en el tiempo".
- Una fuerte corrida cambiaria. "La suba de tasas en Estados Unidos y la tendencia
proteccionista creciente generó un fortalecimiento del dólar, que provocó el desarme
posiciones financieras en pesos para situarse en activos de mayor calidad (nominados en
monedas duras)".
- La dolarización del sistema. "Desde enero de 2016 los depósitos en dólares de los
argentinos crecieron de forma permanente. Actualmente los mismos representan el 46% de
las reservas internacionales del Banco Central. De producirse una corrida de depósitos, la
institución monetaria argentina debe salir a respaldarlos perdiendo las reservas que sean
necesarias. En este caso, el tipo de cambio deja de ser la variable de ajuste, ya que no evita
el retiro de esos depósitos. La dolarización del sistema bancario ha sido, entre otras,
causante de la mayor crisis económica argentina de todos los tiempos".
Otro párrafo aparte se dedicó al acuerdo con el FMI, que según manifestaron, más allá de
obligar a un "fuerte ajuste en la obra pública" con "más recesión y pobreza y menos empleo
e infraestructura", implicará una falta de soberanía en la toma de decisiones. "Prestan plata
a cambio de soberanía. Esto atará de manos al gobierno que se verá condicionado a
profundizar el mismo ajuste que ha causado la crisis cambiaria", afirmaron.
Por último, esbozaron que "otro camino es posible" y deslizaron cuatro medidas concretas
para evitar que "la situación actual constituya un callejón sin salida":
Ø Estimular el desarrollo de la industria nacional, de manera de generar más valor agregado
y reducir las necesidades de endeudamiento externo para llenar los casilleros vacíos de
nuestra matriz productiva.
Ø Recuperar los instrumentos de control y regulación de los flujos de capitales, del mercado
de cambios y de la implementación de una institucionalidad que garantice la intervención del
Estado en el comercio exterior.
Ø Orientar paulatinamente el desarrollo industrial hacia las exportaciones, estimulando las
ventas de bienes con mayor valor agregado para superar la preponderancia del sector
primario como fuente principal de divisas.
Ø Recomponer salarios y jubilaciones urgentemente, de manera de recuperar el poder de
compra para las mayorías, y así recuperar el circuito de crecimiento virtuoso que se perdió a
fines de 2015. Este camino es incluso más efectivo en pos del equilibrio fiscal tan apuntado
por el gobierno
NO FUE MALA PRAXIS: FUE EL PLAN ECONÓMICO
Lo que falla no es la implementación sino el el acuerdo corporativo contra el interés general
La Argentina está viviendo un desastre económico innecesario. No hacía falta pasar por él.
A fines de 2015 había problemas macroeconómicos que debían ser abordados, pero el
cambio de gobierno no dio paso a una precisa y meditada estrategia de corrección de los
problemas irresueltos, sino a una lógica de negocios que había estado pugnando por
reaparecer desde el fin de la convertibilidad.
En las últimas semanas se puso de moda entre los nuevos críticos del gobierno, haciéndose
los exquisitos, hablar de “mala praxis”, como si se tratara de un tratamiento médico mal
ejecutado que dañó a un paciente. En realidad con mala praxis se contrabandea la idea de
que la orientación económica del gobierno era buena, pero que falló la “implementación”.
En su momento dijimos que había algo de injusticia en castigar la gestión monetaria y
cambiaria de Federico Sturzenegger, cuando todo el gobierno, empezando por el
Presidente, suscribía la peregrina idea de que manejando la cantidad de moneda se podía
controlar la inflación. Todo el gobierno apoyó la creación de la bomba de las LEBACs y la
invitación al capital especulativo que generó distorsión cambiaria. ¿O alguien se expidió en
sentido contrario y no nos enteramos?
Hoy queremos señalar que lo que el gobierno de Mauricio Macri realizó desde el 10 de
diciembre de 2015 no es simplemente el plan de gobierno de Cambiemos.
Ese conjunto inconsistente de medidas es el plan de las diversas fracciones corporativas
que integran el poder económico en nuestro país. Es decir, lo que el macrismo llama plan es
la sumatoria de las demandas de diversos grupos del alto empresariado que convergieron
en el apoyo a la gestión macrista.
Macri, en ese sentido, no hizo otra cosa que implementar lo que sus principales apoyos le
habían tratado de imponer sin éxito a Cristina. Su llegada al poder fue, precisamente, para
barrer el conjunto de regulaciones establecidas desde 2003, y re-regular la economía,
mediante un amontonamiento desordenado de medidas “a pedido” de los vectores del poder
económico.
Si bien nadie perdió plata bajo el kirchnerismo, el campo, los bancos, la gran industria, la
patria contratista, los acreedores financieros del Estado, las mineras, las petroleras, la
grandes cadenas de intermediación, las grandes empresas mediáticas y las embajadas
occidentales tenían un listado de demandas insatisfechas y caracterizaban a la continuidad
cristinista como un obstáculo a su concreción.
El kirchnerismo no satisfacía plenamente esas demandas, asumía choques y fricciones con
varios de ellos, en función de sostener un esquema que resultaba claramente viable desde
el punto de vista social, pero que presentaba ciertos desequilibrios macroeconómicos que
debían –y podían— ser corregidos con activa e inteligente acción estatal.
Apoyados en esos problemas que mostraba la economía kirchnerista, se montó la farsa de
la supuesta preocupación por la viabilidad macroeconómica del país, disimulando la
evidente hostilidad a la configuración distributiva legada por la gestión anterior.
Con el triunfo de Cambiemos se hizo realidad un sueño en donde la coherencia brillaba por
su ausencia: darle a cada fracción del capital lo que pida, independientemente de su
impacto en el conjunto del esquema. Contento el capital, la magia del mercado haría el
resto.
Este es el plan que pujó durante 12 años contra la orientación que el kirchnerismo le impuso
al país. Es el “cambio de rumbo” que reiteradamente le fue reclamado a Cristina, y que fue
responsablemente rechazado por la ex Presidente. Este era plan por el cual batallaron
políticamente para el desgaste, deterioro y caída de la experiencia de la gestión K, desde el
poder corporativo, mediático, diplomático y judicial, y la razón por la cual finalmente arribó a
la Casa Rosada Mauricio Macri.
Vale la pena pensar qué imagen histórica hubiera perdurado de Cristina, si siguiendo el
rumbo de muchos mandatarios latinoamericanos, hubiera aceptado la sumisión a la lógica
sectorial que le pidieron reiteradamente, y terminaba envuelta en esta catástrofe económica
como la presente, luego de agredir a su propia base social. Cristina hubiera sido
“delaruizada” por la presión del establishment, y luego descartada con todos los epítetos
que la clase dominante sabe propinar a sus lacayos fracasados.
Con la llegada de la incoherencia estructural al gobierno encarnada en el plan corporativo
que rige desde 2015, moría la idea de un Estado con capacidad de articular y disciplinar
intereses particulares en función de sostener una acumulación viable de capital y garantizar
la inclusión de todos los habitantes con un piso mínimo de necesidades satisfechas.
El estrepitoso endeudamiento externo reciente sirvió transitoriamente para conformar a
todos los interesados sin agredir gravemente a las mayorías, pero ahora ese recurso
irresponsable y cortoplacista se volvió imposible. Se introdujo a las apuradas al FMI, otro
factor de incoherencia, que presiona para que el gobierno enfrente a varios y diversos
grupos locales, no sólo a los trabajadores.
Dada la incoherencia de base, sólo bastaba esperar en qué formas se iban a expresar los
nuevos desequilibrios engendrados por el festival de la alegría empresaria. Y estalló el
frente externo, aunque por razones de lucha de clases contra las mayorías, los cañones de
la derecha apunten al déficit fiscal.
El estallido del frente externo, expresado superficialmente en el salto cambiario, puso a girar
la ruleta para ver si el gobierno logrará establecer un esquema con cierta consistencia
interna en busca de equilibrios sustentables –lo que implica choques sectoriales y
“decepcionados” por muchos lados— o si tratará de prolongar con subterfugios el mundo
feliz e insostenible que llegó hasta abril de 2018.
Aclaremos: no es que Macri no sea responsable político de estas calamidades, ni que sea
un buen coordinador político o económico de su equipo de gobierno, ni que sepa realmente
de economía productiva o internacional, pero volvemos a insistir que sería injusto atribuirle
la paternidad del engendro económico. Este engendro refleja fielmente el acuerdo implícito
de los diversos capitales concentrados que confluyeron en esta gestión. El pacto de
caballeros fue que todos tienen derecho a reclamar y recibir lo que quieran de este
gobierno. Ninguno de ellos intentó vetar la demanda de ningún otro en aras de la
consistencia macroeconómica. Ninguno mostró algún grado de prudencia ni de
responsabilidad pública. Y aquí estamos.
Atisbos de sensatez
Es urgente regular la economía argentina para reintroducirla en el mundo de la producción
de riqueza, de protección de sus habitantes, y de relación sostenible con el resto de la
economía mundial. Pero también es evidente que siguen gobernando los intereses que
llevaron a este desastre, y persiste la ideología de la cual abrevan para pensar “soluciones”
a los males actuales.
Claro, seguir en el mundo conceptual del Consenso de Washington (apertura, privatización,
desregulación) en pleno 2018, con Trump en la presidencia de Estados Unidos, suena cada
vez más descabellado y peligroso. Esto se refleja en que reaparecen camufladas,
disimuladas y llenas de justificaciones ad hoc, tímidas propuestas que apuntan a recuperar
instrumentos de la denostada gestión anterior. Vale la pena recordar que no son “inventos
K”, sino que forman parte del acervo heterodoxo latinoamericano para promover el
desarrollo.
Así, el economista radical Pablo Gerchunoff le espetó por Twitter a la gobernadora Vidal,
ante la declamada sorpresa de ella por el fuerte aumento del precio de los alimentos: “Para
eso estaban las retenciones, gobernadora”.
Se rumoreó fuertemente en las últimas semanas la posibilidad de aplicar un impuesto al
turismo externo para reducir el enorme gasto de divisas en el exterior.
Economistas ortodoxos hablaron de desdoblamiento cambiario, anatema de la ortodoxia
fondomonetarista.
Se sugirió que no habría que quemar tan alegremente los dólares en un país que no los
produce en cantidades suficientes para cubrir importaciones e intereses de deuda.
Hasta se admitió que ciertos movimientos especulativos pueden distorsionar el tipo de
cambio adecuado y que habría que complicarles un poquito sus breves estadías.
Tímidamente se buscó poner un freno acordado al aumento de combustibles, el cual por
supuesto fue desconocido por el sector empresario.
Anduvo circulando una propuesta de frenar la baja de retenciones ante la fuerte devaluación
que favorece a los exportadores agrarios, pero ese impulso por ahora también se detuvo.
Son todos síntomas de que los propios cerebros del gobierno comprenden que no se puede
seguir ampliando más el boquete externo, porque se arriesgan a ir a otro default antes del
fin del mandato, lo que sería absurdo e incomprensible desde la imagen de sintonía con los
mercados y sapiencia económica que el gobierno y sus medios le bajan a la sociedad.
Regulación racional o hecatombe
Pero con un gobierno como el actual, nada garantiza que haya avances racionales.
Ahora están frenando la corrida cambiaria asfixiando la economía (tasas al 60%) y
volviendo más impagable la deuda pública (Letes y bonos duales en vez de LEBACs). Están
reemplazando compromisos en pesos por otros en moneda dura. No existe el mínimo plan
exportador, o sustitutivo de importaciones: rezan por una cosecha más grande el año
próximo. No hay plan para lograr dólares propios y se rechazan medidas heterodoxas para
cortar la salida masiva de divisas.
Aparecen por derecha propuestas extravagantes y agresivas, que incluyen violentos
recortes al gasto público nacional y provincial (tanto con despidos masivos como con
congelamiento presupuestario en contexto de alta inflación; también derrumbe de la
inversión pública), flexibilización laboral a la brasileña, profundización de la apertura
importadora y acuerdos múltiples de libre comercio. Eso sí, siempre acompañados con
planes para que el hambre y la indigencia no deriven en explosiones ingobernables.
De trasfondo está la idea, cara al capital financiero, de comprimir el gasto público hasta que
se libere espacio presupuestario suficiente para estar en condiciones de adquirir todos los
dólares necesarios para pagar los compromisos externos. Es decir, la vía retrógrada para
resolver el gravísimo problema externo que ha provocado la actual administración consiste
en promover desde el Estado una contracción económica de tal magnitud que, como en
2002, torne positivo el saldo comercial y de servicios reales de la economía.
En las cabezas de la derecha vernácula, luego de sofrenar el dólar y contraer drásticamente
la economía haciendo algunos deberes fondomonetaristas, aparece la gran esperanza final:
volver en 2019 a los mercados de capitales para seguir endeudándose y poder aflojar las
medidas contractivas en vistas a las elecciones de octubre.
Lecciones de este momento para construir un programa alternativo: la autonomía del
Estado en relación a las corporaciones es básica, imprescindible, porque si no tenemos los
resultados económicos que exhibe el macrismo. Pero la autonomía no es suficiente: el
programa macroeconómico tiene que ser coherente, consistente, y tiene que incluir como
elemento fundante la solidaridad colectiva de los argentinos
Argentina decide vender dólares para frenar la devaluación del peso
Se trata de la segunda medida heterodoxa tomada por el presidente Mauricio Macri, que ya
había anunciado un congelamiento en precios de productos básicos y de tarifas de servicios
públicos, en un intento por aliviar el ritmo inflacionario.
Redacción29 de abril del 2019 - 9:27 PM
La inflación argentina es una de las más grandes de América Latina. | Fuente: Foto: AFP
El Banco Central de Argentina decidió intervenir desde este lunes de lleno en el mercado de
divisas para defender el peso y contener una corrida cambiaria con el aval del FMI a seis
meses de las presidenciales de octubre.
A partir de ahora el banco podrá vender hasta 250 millones de dólares diarios para saciar la
demanda del mercado aún cuando el tipo de cambio se ubique por debajo de 51,54 pesos
por dólar, que es el techo de una banda de no intervención cuyo piso es de 39,75 y que
estaba pactada con el Fondo Monetario Internacional (FMI).
Luego de una volátil semana en la que el peso perdió 8,16% ante el dólar, el anuncio recibió
el inmediato apoyo FMI que el año pasado otorgó a Argentina una línea de crédito de
56.000 millones de dólares condicionada a la corrección de sus políticas. "Apoyamos estas
medidas, que están adecuadamente calibradas para los desafíos que enfrenta la Argentina",
dijo el FMI.
La medida fue bien recibida en el mercado cambiario que abrió con la cotización del peso
en alza a 46,50 y cerró en 45,60 pesos frente a los 46,80 pesos del cierre del viernes. Para
contener la volatilidad de la semana pasada el Banco Central llevó la tasa de interés de
referencia a 72%. Las reservas internacionales terminaron el viernes en 71.898 millones de
dólares.
Se trata de la segunda medida heterodoxa tomada en las semanas recientes por el
presidente Mauricio Macri, que ya había anunciado un congelamiento en precios de
productos básicos y de tarifas de servicios públicos, en un intento por aliviar el ritmo
inflacionario.
"Dado el aumento de la volatilidad cambiaria (...) el Banco Central debe reforzar el sesgo
contractivo de la política monetaria interviniendo en el mercado cambiario para reducir más
agresivamente la cantidad de pesos", informó la entidad.