Malefor trató de luchar contra ellos, él realmente lo hizo, con todas sus fuerzas, pero ya no tenía la
energía para ello, despertar al Golem y al Destructor había sido ya bastante agotador, y ni hablar de
cuando esa peste púrpura casi lo destruye y él tuvo que arreglárselas para hacerlo continuar. Malefor
estaba débil, pero el Destructor había logrado completar el anillo y la primera fase del nacimiento de un
nuevo mundo había por fin iniciado.
El Maestro Oscuro se mantuvo en el templo que había hecho levitar sobre el volcán cuando finalmente
se libró de la prisión que era la dimensión de la convexidad, el templo en el cual se había criado y
crecido. Pensando buen en ello, haber usado parte de su magia para mantener en el aire una
construcción de ese tamaño en una muestra de poder tal vez no fue la mejor de las ideas, pues aunque
causó el efecto deseado, tal vez si no lo hubiera hecho no habría perdido tan miserablemente ante esas
dos crías.
¡Idiotas! ¿Por qué no podían ver que la gran limpieza es necesaria? El mundo no puede continuar
sobreviviendo de la manera en que lo hace sin ella. Pero nadie escuchó, hace tantos años, cuando
intentó explicar sus razones hasta el cansancio; todos valoran demasiado sus patéticas vidas como para
comprender que su muerte es lo traerá vida al mundo una vez más.
Cuando esas dos crías llegaron ante él, ni siquiera se esforzó en explicar sus razones, después de todo
por lo que pasaron Malefor sabía muy bien que no había forma de que con un par de palabras se
volvieran a su lado. A pesar de todo, él al menos fue lo suficientemente amable como para compartir con
la cría púrpura la razón de su existencia, aun sabiendo que no ganaría nada con ello, así de amable era él.
Y entonces estaba Cynder.
Por mucho que él quisiera romper todas las extremidades de la dragona y hacerla observar mientras le
arrancaba las entrañas hasta que la chispa de la vida se extinguiera de sus ojos en medio de sus patéticos
gritos de agonía, Malefor sabía bien que esto no había sido más que su propio descuido. Haber permitido
que Cynder escapara de su influencia llevándose el poder que le había otorgado fue un grave error. No
fue sino hasta que cuando con un par de palabras de esa peste Cynder logró escapar de su control
mental, que él se dio cuenta de lo realmente débil que estaba. Y desde ese momento todo se fue cuesta
abajo, literal y figuradamente.
Por primera vez en su vida, Malefor, el Maestro Oscuro, tocó fondo. Su ejército, sus sirvientes, su fuerza,
su magia… todo se fue, incluso en aquel cristal, luego de que la poderosa magia de los dragones púrpura
que recorría el cuerpo de Spyro reparara el planeta, podía sentir que incluso su cuerpo se estaba
perdiendo, deshaciéndose lentamente, pasando a formar parte del cristal y dejando su alma expuesta a
los espíritus de los ancestros que allí residen.
La sensación de tu cuerpo siendo lentamente transformado en cristal era muy poco placentera, por
ponerlo de una manera sencilla. Era como si un millón de agujas ardientes te pincharan por todo el
cuerpo al mismo tiempo y lentamente avanzaran hacia tu interior hasta que ya no quede nada. Muchas
almas probablemente se habrían disuelto en la locura por el inmenso dolor, pero él era Malefor, maestro
de las artes oscuras y el dolor es uno de sus dominios. Debido a las condiciones y a su estado el hechizo
fue difícil de lanzar, pero una vez que su conciencia podía ignorar el dolor por el que estaba pasando su
cuerpo, Malefor pudo concentrarse en lo que sucedía.
Desafortunadamente, el panorama no era nada bueno para él. A diferencia de lo que muchos pudieran
pensar, él no estaba sellado en el cristal. Ese lugar no es su prisión, es su verdugo. Los espíritus ahí
dentro estaban activamente tratando de eliminarlo de la existencia, y Malefor no tenía absolutamente
ninguna vía de escape.
Malefor perdió la esperanza.
Después de tantos años de planificación y preparación, de todo su duro entrenamiento e investigación,
de todos los sacrificios que tuvo que hacer y el dolor que tuvo que pasar para dominar las artes oscuras
de la magia… todo había sido para nada, la victoria había estado a su alcance y se le fue arrebatada justo
antes de que pudiera siquiera rozarla.
¿Qué podía hacer ahora entonces? La poca magia que le quedaba al menos le permitiría tener una
muerte relativamente sin dolor, un pequeño consuelo en medio de su situación, pero nada más. Los
espíritus que lo rondaban eran mucho más poderosos que su alma, él ahora era como una ardilla
atrapada en una trampa y rodeada de una manda de lobos furiosos. Irónicamente lo único que se
interponía entre ellos y él era su carne, y aunque en este puto ya estaba empezando a morir, los muchos
antiguos hechizos de protección contra espíritus que lanzó sobre sí mismo aún estaban activos y
evitando que su alma fuera despedazada instantáneamente, incluso si su cuerpo moría, su carne muerta
aún podía servir de contenedor para su alma… pero no por mucho tiempo.
Para este punto la piel del dragón ya había desaparecido por completo junto con sus alas y la mayor
parte de sus extremidades, varios de sus órganos también habían comenzado a desaparecer, un par de
horas más y su cuerpo se habría ido por completo.
Malefor entonces hizo lo único que podría hacer en un momento como ese. Pensar.
Pensar en su vida, sus planes, sus objetivos y sueños, sueños de aquel momento de su vida en el que aún
podía permitirse soñar, antes de que su destino lo llamara, antes de aprender la verdad sobre el mundo,
cuando aún tenía amigos… familia…
Ah, tanto tiempo ha pasado desde aquél entonces que incluso sus rostros ya han desaparecido de su
memoria, solo unos cuantos fragmento de aquellos días han logrado sobrevivir. Pero esas son las
consecuencias de aprender las artes oscuras sin poco más que algunos textos básicos como guía,
especialmente cuando se estudia el dominio de la mente; no se llega a ser el nigromante más poderoso
de todos los tiempo sin hacer sacrificios, y no fueron pocos los que tuvo que hacer Malefor, todo con el
objetivo final de iniciar la gran limpieza.
El tiempo se acababa, tan solo una masa de carne, órganos y algunos huesos que solo un experto en
anatomía draconiana podría distinguir que aquello alguna vez perteneció a un dragón, protegía el alma
de Malefor. El hecho de que el alma del dragón aun siguiera aferrándose a lo que quedaba de su cuerpo
era impresionante, para cualquier mago, esto sería prácticamente imposible, pero Malefor era lo
suficientemente versado en el dominio del alma como para poder mantenerse en un cuerpo muerto, al
menos uno que ha muerto recientemente, el hecho de que era su cuerpo original hacía esto infinidad de
veces más fácil.
Mientras Malefor esperaba pacientemente a que su última barrera cayera y su alma fuese destruida por
los espíritus de los dragones del pasado, él no pudo evitar preguntarse cuántos de esos espíritus estaban
allí a causa de sus propias acciones y anticipaban el cada vez más cerca momento de su venganza.
Y allí se encontraba si alma, tan solo minutos antes de ser devorado, cuando algo, no proveniente de los
espíritus a su alrededor, lo tocó. Sin un sistema nervioso capaz de procesar sorpresa, su alma pasó
directo a la acción. Una breve resonancia mágica le permitió identificar aquello que estaba rozando su
alma como un hechizo de adivinación, uno bastante poderoso, pero para nada sutil, en pocas palabras,
alguien lo observaba. Pero eso no era lo importante para Malefor, no, lo realmente importante era que
quien quiera que haya lanzado el hechizo acababa de crear una conexión entré su alma y el lanzador.
Usando lo último de sus fuerzas, Malefor aferró su alma al pequeño hilo mágico que transmitía la
información de un punto a otro y por allí, empezó a transmitir su alma, dejando atrás su cuerpo.
En ese momento varias cosas sucedieron.
Primero, Malefor ya había considerado la posibilidad de tener que abandonar su cuerpo y varios
hechizos que había preparado de antemano e inscrito directamente en su alma fueron activados.
Segundo, su alma tocó el otro lado del hechizo y es aquí que sucedió algo para lo que Malefor nunca
podría haberse preparado, quien quiera que haya lanzado el hechizo de adivinación era claramente
bastante experimentado pues rápidamente identificó lo que sucedía y en el momento en que su alma
comenzó a salir del otro lado el hechizo fue roto abruptamente. Como consecuencia, el alma de Malefor,
la cual se desplazaba como un líquido dentro de un fino tubo a través de un hilo de magia, de repente
perdió las paredes del tubo; pero a diferencia de un líquido que simplemente se desparramaría en el
suelo, el alma de Malefor se condensó rápidamente en varios puntos efectivamente esparciendo
fragmentos de la misma a lo largo de todo el camino.
Normalmente, cuando un ser vivo muere y su alma abandona su cuerpo, ésta se disipa en la energía del
planeta y se manifiesta de nuevo en forma de cristales, algunas de estas almas son lo suficientemente
fuertes como para que la información de sus recuerdos más prominentes se condense junto con otros
más de diferentes almas y se forme un espíritu. Los dragones llaman a estos espíritus los Antepasados o
los Ancestros.
Malefor por supuesto está bien enterado de esto y por tanto uno de los hechizos que fueron activados al
momento de abandonar su cuerpo evitaba que su alma se dispersara manteniéndola unida a través de
un pozo de gravedad ligado a su energía. Un hechizo de cinco dimensiones como este no es para nada
fácil de lanzar y requiere de una buena cantidad de preparación y cálculos, pero el Maestro Oscuro
encontró que algo así le daría mucha más libertad que un campo de energía protegiendo su alma en caso
de que algo saliera mal, y fue gracias a este hechizo, que cuando el alma de Malefor se volvió pedazos,
estos comenzaron muy lentamente a reunirse por sí solos gracias a la atracción gravitacional que ocurría
entre ellos, y fue así entonces como, durante cuarenta y siete años e invisibles para todo el mundo, estos
fragmentos se desplazarían a través del éter del planeta, convergiendo hacia sí mismos has finalmente
estar completos una vez más…
Pero hasta entonces, un recientemente proclamado Cronista, estaría observando con suma atención el
mundo, buscando, sin poder eliminar por completo el sentimiento de que Malefor había logrado escapar
de su prisión gracias a su curiosidad, búsqueda que terminaría tres décadas más tarde cuando dicho
Maestro Oscuro nunca apareció… lo que Ignitus falló en darse cuenta, es que las buenas historias toman
tiempo en empezar.