Diego Arrieta Lozano - Sebastián Hernández
Carlos D´Luyz Sanchez – Nestor Martínez Gutiérrez
UNITATIS REDINTEGRATIO
Sobre el Ecumenismo
El decreto Unitatis Redintegratio del Concilio Vaticano II fue promulgado el 21 de noviembre de 1964
por el papa Pablo VI. Este decreto tuvo en su aprobación 2054 votos placet, 64 non placet, 6 iuxta modum
y 5 votos nulos y en su contenido tiene 24 numerales.
A continuación se presenta una síntesis de este decreto manteniendo la misma estructura del mismo:
INTRODUCCIÓN
En esta introducción que es el numeral 1 se recuerda cuál es la finalidad del movimiento ecuménico, la
cual consiste en promover la restauración de la unidad entre los cristianos y cómo dicho objetivo es uno
de los fines principales propuesto por el Concilio Vaticano II. Señala también cómo la división que hay
entre cristianos es casusa de escándalo para el mundo y obstáculo para la difusión del Evangelio. Además
reconoce que el movimiento ecuménico se produce por el impulso del Espíritu Santo y participan en él
quienes reconocen a Jesucristo como Señor y Salvador y profesan una fe trinitaria.
CAPÍTULO I - PRINCIPIOS CATÓLICOS SOBRE EL ECUMENISMO
Este capítulo comprende los numerales 02 al 04, y presenta en primer lugar el fundamento que se
encuentra en las Sagradas Escrituras sobre la unidad y unicidad de la Iglesia manifestada en las palabras
del mismo Cristo “Que todos sean uno, como Tú, Padre, estás en mí y yo en ti, para que también ellos
sean uno en nosotros, y el mundo crea que Tú me has enviado” (Jn. 17,21). Por tanto, esa es la misión
de la Iglesia que el Señor mismo le encargó, en ella la Eucaristía es signo de la unidad en Cristo y que el
pueblo del Nuevo Testamento debe vivir. Después del Señor morir y resucitar envió al Espíritu Santo
para confirmar y perpetuar esa unidad que está implícita en todo creyente.
Otro aspecto y por ende principio católico sobre el ecumenismo es el de relación de los hermanos
separados con la Iglesia Católica, el cual consiste en la fundación de una y única Iglesia, que aunque
existieron discrepancias con algunos hermanos que se separaron de la comunión plena de la Iglesia
Católica, ésta misma está invitada a abrazarlos con fraternidad puesto que creen en Cristo y se
incorporan a Él por el Bautismo, aunque en cuanto a doctrina, disciplina y estructura eclesial se
interponen a la plena comunión eclesiástica, lo cual intenta superar el movimiento ecuménico. La Iglesia
es consciente de que aunque el Espíritu de Cristo no rehúsa servirse de las iglesias de los hermanos
separados como medio de salvación, éstas no gozan aquella unidad que Cristo quiso dar a los que
regeneró y vivificó, porque Cristo entregó todos los bienes de Nuevo Testamento a un solo colegio
apostólico.
Y un tercer principio es el qué hay que entender por “Ecumenismo”, que no es más que el conjunto de
acciones e iniciativas que según las necesidades de la Iglesia y las circunstancias se suscitan y se ordenan
a favorecer la unidad de los cristianos, como lo es el eliminar las palabras, juicios y actos que pueden
hacer más difíciles las relaciones mutuas, también el diálogo y la oración unánime. Todo esto realizado
con prudencia y paciencia por los fieles de la Iglesia Católica y con la debida vigilancia de los pastores,
conducen al bien de la equidad y la verdad, la concordia, la colaboración, el amor fraterno y la unión.
Por tanto, os fieles católicos debe procurar ser solícitos con los hermanos separados en la acción
ecuménica, orando por ellos, hablándoles de las cosas de la Iglesia, dando los primeros pasos hacia ellos
con fidelidad y testimonio de la doctrina y de las normas dadas por Cristo a través de los apóstoles.
CAPITULO II – LA PRÁCTICA DEL ECUMEISMO
Este capítulo abarca los numerales 05 al 12, y se inicia exponiendo los diferentes aspectos de la vida de
la Iglesia, por medio de los cuales se está llevando a cabo su renovación en favor del ecumenismo.
Además señala que el auténtico ecumenismo debe empezar por una auténtica conversión del corazón,
unida a la oración unánime de toda la Iglesia.
Continuado con la práctica del ecumenismo el documento dedica apartados específicos sobre el
compromiso de los católicos a progresar en la oración unánime por la unidad, el conocimiento entre los
hermanos, su doctrina, historia, cultura, etcétera. En este sentido, es de espacial importancia que los
pastores y futuros pastores de la Iglesia, dominen la teología basada en una sólida formación ecumenista
de modo que sean capaces de expresar la fe católica y apostólica de una forma que sea comprensible a
los hermanos separados.
Finalmente, en este capítulo se exponen diversas formas de cooperación con los cristianos no católicos
en el campo social, en el justo de aprecio de la dignidad de la persona humana, procurando el bien de la
paz, en el progreso de las ciencias y de las artes y en la aplicación de cualquier remedio contra los
infortunios del hambre y las calamidades con el fin de allanar el camino a la unidad.
CAPÍTULO III – LAS IGLESIAS Y LAS COMUNIDADES ECLESIALES SEPARADAS DE LA SEDE APOSTÓLICA
ROMANA
El tercer y último capítulo de este Decreto está organizado en dos grandes apartados dedicados a las
Iglesias Orientales y a las Iglesias y Comunidades Eclesiales separadas de Occidente.
Con relación a las Iglesias de Oriente, hay una exposición breve del carácter e historia propia de los
orientales recordando que durante muchos siglos se mantuvo la comunión fraterna de la fe y de la vida
sacramental. Seguidamente se habla sobre aspectos de la tradición litúrgica y espiritual de los orientales,
subrayado el mor con que realizan el culto litúrgico, especialmente la celebración de la Eucaristía; de su
disciplina propia y del carácter propio de los orientales en la exposición de los misterios, reconociendo
que con frecuencia sus diversas formas teológicas más que opuestas a las nuestras son complementarias
entre sí.
Con relación a las Iglesias y Comunidades Eclesiales separadas de Occidente presenta unos antecedentes
y situación actual muy diferente, en primer lugar la diversidad de su origen y doctrina en las que hay
discrepancias no solo de la Iglesia Católica sino también entre sí. Sin embargo, el documento presenta
algunos puntos que pueden servir de estímulo para el diálogo ecuménico como lo es la fe en Jesucristo,
el amor y veneración por las Sagradas Escrituras; la vida sacramental, en la que se coincide solamente
en el Bautismo y otros aspectos sobre la vida con Cristo manifestada en la oración privada, la meditación
bíblica, la vida de la familia cristiana y el culto de la comunidad congregada.