Neuropsicología
Caso clínico sobre la Demencia Senil
Presentado Por:
Oscar Cárdenas Bermúdez ID 633153
Carmen E. Lozano ID 633751
Corporación Universitaria Minuto De Dios
Programa De Psicología
Ibagué, Tolima
2018
Neuropsicología
Caso clínico sobre la Demencia Senil
Tutor
Fabián Alberto Buitrago
NRC: 37780
Presentado Por
Oscar Cárdenas Bermúdez ID 633153
Carmen E. Lozano ID 633751
Corporación Universitaria Minuto De Dios
Programa De Psicología
Ibagué, Tolima
2018
INTRODUCCIÓN
La demencia es un síndrome clínico que se caracteriza por un deterioro adquirido
afectando más de un dominio cognitivo, y que puede ser lo bastante grave como para
afectar el funcionamiento social y personal. Está comprobado que la edad es el principal
factor para desarrollar una demencia. Tomando en cuenta la esperanza de vida y el
envejecimiento de la población, es comprensible que la demencia represente un gran reto
para los sistemas de salud pública.
Aunque el desarrollo de la demencia afecta directamente al paciente, afecta también
su entorno social causando daño moral, físico y económico en el núcleo familiar. La
demencia debe ser entendida como una afectación familiar, siendo necesaria una atención
activa por parte de los profesionales implicados.
Objetivos
1. Relacionar el funcionamiento de la memoria con algunas estructuras encefálicas, a
través de un caso clínico
Demencia Senil
A comienzos del siglo XX se utilizaba el término “Demencia”, para referirse a todo
tipo de enfermedades mentales. Alois Alzheimer describió una nueva enfermedad, que
inicialmente se pensó que era una forma atípica de demencia presenil, en un paciente con
síntomas psicóticos, trastornos del comportamiento, depresión y deterioro cognitivo. La
demencia como tal es un síndrome clínico, que se caracteriza por un déficit adquirido en
más de un dominio cognitivo, reduciendo significativamente la autonomía funcional.
La demencia senil es un término no profesional que hace referencia al deterioro del
funcionamiento mental, a grado tal, que convierte a la persona en alguien dependiente de
los demás para sobrevivir.
Al principio, la persona afectada muestra ligeros despistes, como olvidar con quien
hablo en la mañana, pero la enfermedad que origina la demencia senil avanza y los
despistes se convierten en incapacidad para recordar eventos recientes o el nombre de los
hijos y el propio. La demencia senil es una enfermedad crónica que tiene un importante
impacto físico, psicológico, social y económico en nuestra sociedad, y principalmente en
las familias y cuidadores encargados de estas personas. En relación con el coste que
conlleva esta enfermedad, las demencias constituyen el tercer problema sanitario en
importancia en cuanto al coste económico que generan, a tal grado que convierte a la
persona en alguien dependiente de los demás para sobrevivir.
La demencia es una de las principales causas de discapacidad y dependencia entre
las personas mayores en el mundo entero. La pérdida de memoria es uno de los primeros
síntomas que se manifiestan en estos pacientes y a lo largo de su evolución van
añadiéndose otros déficits cognitivos tales como: afasia, apraxia, agnosia, desorientación,
disfunciones sensoriales y conductuales e incapacidad para el razonamiento. Esta
incapacidad aumenta progresivamente a lo largo de la enfermedad, donde en los estadios
más avanzados, el paciente no puede realizar las más elementales actividades de
mantenimiento y requiere una atención permanente. Todo ello redunda en una notable
reducción de su calidad de vida.
Normalmente va asociada con síntomas conductuales y psicológicos (SCPD),
también llamados síntomas conductuales y emocionales, o síntomas neuro psiquiátricos.
Sin embargo, algunas demencias como la degeneración lobular fronto temporal (DLFT),
demencia con cuerpos de Lewy (DLB), demencia asociada a Parkinson(PDD) o demencia
vascular (DV), pueden no tener una afectación grave de la memoria hasta fases avanzadas.
La demencia es la principal causa de incapacidad en la tercera edad a largo plazo, y
afecta al 2% de las personas a partir de los 65-70 años y al 20% de los mayores de 80.
Suele comenzar con pequeñas alteraciones de la memoria.
Tipos de demencia más representativos.
Enfermedad de Alzheimer
Demencia fronto-temporal (enfermedad de Pick)
Demencia por cuerpos de Lewy
Demencia en la enfermedad de Parkinson
Demencia vascular
Demencia multi infarto
Enfermedad de Binswanger
Diagnóstico de la demencia
Antes de intentar aplicar los criterios de diagnóstico de tipos específicos de
demencia, el primer paso es diagnosticar que el paciente sufre una demencia. En un
sujeto en el que sospechamos la presencia de una demencia se deben recoger los datos
habituales en cualquier historia clínica, como edad, sexo, antecedentes generales
personales y familiares, alergias, intervenciones quirúrgicas y cualquier otra
enfermedad grave o crónica padecida, dependencias del tabaco y de otros tóxicos,
hábitos intestinal y urinario, tratamientos a los que está o ha estado sometido, etc.
Pero aquí cobran importancia también la presencia de factores de riesgo vascular
como diabetes, hipertensión y trastornos del colesterol, los antecedentes familiares de
demencia, de síndrome de Down, de traumatismo craneoencefálico y el nivel educativo
del paciente. Se indagará además sobre la presencia o no de afasia, apraxia, agnosia,
trastornos de la función ejecutiva, fobias, compulsiones, obsesiones, delirios o ideas
delirantes, alteraciones de la percepción, alteraciones del estado de ánimo y alteraciones
de la conducta.
Debe hacerse una Tomografía Axial Computarizada (TAC) o una Resonancia
Nuclear Magnética (RNM) de cráneo. La Tomografía de Emisión de Positrones (PET),
la RNM funcional y la Tomografía Computarizada de Emisión de Fotón Único
(SPECT) no están recomendados como estudios rutinarios. Punción lumbar: solamente
en caso de sospecha de infección del Sistema Nervioso Central (SNC), serología de lúes
positiva, hidrocefalia, edad inferior a 55 años, demencia inusual o rápidamente
progresiva, inmunosupresión, sospecha de vasculitis del SNC o presencia de
enfermedad metastásica. Deben hacerse también un electrocardiograma y una
radiografía simple de tórax. El electroencefalograma se hará si existe historia de
convulsiones, de pérdida de consciencia, episodios de confusión o deterioro clínico
rápido.
Caso Clínico
Datos personales
Nombre: Martin Calderón Gil
Edad: 85 años
Sexo: Masculino
Estudios realizados: Bachiller
MOTIVO DE CONSULTA
Paciente de 85 años de edad, con hipertensión controlada, natural y residente en
Purificación, Tolima, viudo desde hace 17 años, tiene 6 hijos todos mayores de edad,
diestro, sin antecedentes patológicos relevantes, no hay antecedentes de demencia senil en
familiares. Su entorno familiar ha sido lleno de amor, respeto y comprensión.
En el año 2015, acudió a la consulta privada de Psiquiatría, acompañado de una hija,
por pérdida de memoria y dificultades crecientes para realizar las actividades cotidianas;
además presenta algunas alteraciones nerviosas y cambios en sus estados de ánimo.
También ha venido presentando desorientación y confunde el nombre de sus hijos. De
acuerdo a la patología que presenta el paciente se le diagnosticó entonces Demencia Senil
Grado Uno, y se inicia tratamiento con Rivastigmina parche (9 mg/día) por 60 días, el cual
mejoró la sintomatología.
Al cabo de un año de tratamiento fue remitido al Centro para la Enfermedad de
Alzheimer y otros trastornos mentales geriátricos (CAD), ubicado en la clínica San
Sebastián de la Ciudad de Girardot, Cundinamarca. Tras la pertinente evaluación
psiquiátrica, el paciente recibió el diagnóstico de demencia. Había estado tomando 9 mg/día
de Rivastigmina durante un año, de modo que el psiquiatra decidió que siguiera tomando la
misma dosis. En agosto de 2016 se le invitó a participar en nuestra investigación, que
estudiaba los efectos del ejercicio aeróbico en los pacientes con demencia. En el transcurso
de su participación, se sometió a evaluaciones neuropsicológicas y pruebas funcionales, así
como a valoraciones de los síntomas depresivos, la calidad de vida y la carga para el
cuidador. En total, el paciente fue atendido durante ocho meses y sometido a tres
evaluaciones: en el momento inicial, tras el tratamiento con medicación (a los cuatro
meses) y el tratamiento anterior acompañado de ejercicio (a los ocho meses), al tratamiento
farmacológico ordinario.
En la primera etapa del estudio, el paciente sólo tomó medicación. En ese momento
presentaba un deterioro de la función ejecutiva (test del dibujo del reloj, test del trazo A),
del estado cognitivo general (examen cognitivo de Cambridge, CAMCOG) y de la atención
y el control inhibitorio (test de Stroop). Por lo que respecta a los aspectos funcionales, se
apreciaba un considerable deterioro en el desempeño de las actividades cotidianas (escala
de actividades de la vida diaria de Lawton y cuestionario de actividades funcionales de
Pfeffer) y manifestaba síntomas depresivos (escala de depresión de Cornell), situación que
imponía una creciente carga a la cuidadora (inventario de Zarit). Intervención basada en el
ejercicio físico En primer lugar, el paciente se sometió a un electroencefalograma en
reposo, para detectar una posible variación en los ritmos circadianos, y a una ergometría de
esfuerzo, hasta alcanzar la captación máxima de oxígeno (VO2 máx.).
A continuación, fue examinado y evaluado por un cardiólogo para determinar si
podía practicar ejercicio físico con regularidad. El programa de entrenamiento consistió en
ejercicio aeróbico sobre una cinta sin fin: durante las primeras cuatro semanas, el paciente
pasó una fase de adaptación, con una intensidad del 40% de la VO2 máx. y 20 minutos de
duración. Transcurrida dicha fase, la intensidad del ejercicio aumentó hasta el 60% de la
VO2 máx., con 30 minutos de duración, dos veces por semana durante 12 semanas. Al
concluir la intervención basada en ejercicio aeróbico, el paciente manifestó una mejoría en
ciertos aspectos cognitivos, logrando mejores puntuaciones en pruebas neuropsicológicas
que evaluaban el estado cognitivo general (CAMCOG), la función ejecutiva (test del trazo
A) y la atención y el control inhibitorio (test de Stroop). Asimismo, se constató una mejor
capacidad de planificación en el test del reloj en comparación con el resultado obtenido
durante el periodo en que sólo recibió tratamiento farmacológico.
El paciente mejoró su rendimiento en varias pruebas de capacidad funcional, como
las de actividades cotidianas y equilibrio (escala del equilibrio de Berg y prueba de alcance
funcional). El paciente vio disminuidos los síntomas depresivos, su calidad de vida mejoró
y redujo la carga que suponía para su cuidadora. Dos meses después de acabar el programa
de ejercicio físico, el psiquiatra disminuyó la dosis de Rivastigmina a 3 mg/día.
La presencia de lesiones vasculares en los pacientes con EA (enfermedad de
Alzheimer) puede asociarse a un mayor ritmo de deterioro clínico. El cuadro más frecuente
de demencia corresponde al de un paciente con los síntomas y rasgos clínicos típicos de la
EA que sufre un deterioro súbito. Como cabía esperar, tras cuatro meses de recibir
asistencia, el paciente presentaba una evolución del deterioro cognitivo y funcional. Cabe
señalar que, además, los pacientes con demencia presentan un peor rendimiento en la
función ejecutiva; el programa de ejercicio físico mejoró considerablemente esta función.
Estos resultados no concuerdan con la hipótesis que sostiene que el ejercicio físico produce
efectos negativos en los pacientes con EA cuando ésta concurre con un factor de riesgo
cardiovascular. El ejercicio podría favorecer la eliminación de laminina y agudizar la
neurotoxicidad en la EA debido a la isquemia, provocando daño neuronal. Sin embargo,
este estudio ha constatado los efectos positivos del ejercicio sobre el estado cognitivo de
una paciente con demencia, así como la reducción de la dosis de medicación solicitada por
el psiquiatra dos meses después de acabar el programa de entrenamiento. Además de la
mejoría de los aspectos cognitivos, se pudo observar una mejoría en el desempeño de las
actividades cotidianas. La pérdida de independencia y de autonomía en estas actividades se
asocia con la inactividad física, el aumento del riesgo de caídas y el consiguiente
empeoramiento de la calidad de vida para el paciente demente y sus cuidadores. Los datos
mostrados también evidencian mejorías en el equilibrio, en la fuerza de las extremidades
inferiores y la movilidad, favoreciendo una mayor calidad de vida. Otro aspecto digno de
mención es que, a medida que la enfermedad avanza, aumenta el número de ingresos en
centros asistenciales y la carga para los cuidadores. El programa de ejercicio físico aplicado
logró reducir la carga para el cuidador y disminuir los síntomas depresivos de la paciente.
Este caso clínico apunta la posibilidad de que el ejercicio físico pudiera aplicarse en el
tratamiento de la demencia con el fin de mejorar los aspectos cognitivos y funcionales de
los pacientes. Además de ser una estrategia beneficiosa y económica, un programa de
ejercicio físico podría prevenir otras afecciones secundarias causadas por la progresión de
la enfermedad.
.
Estrategias de Intervención
1. Evaluación neuropsicológica: Objetivo evaluar las funciones cognitivas, como
la atención, la memoria, el lenguaje, las habilidades viso espaciales y viso
constructivas, las funciones ejecutivas, etc., así como las emociones, la
personalidad y la conducta, así:
a. Conocer el estado del funcionamiento cognitivo, conductual, emocional y
funcional.
b. Contribuir al diagnóstico de patologías neurológicas que cursan con síntomas
cognitivos y/o conductuales.
c. Realizar un diagnóstico diferencial, por ejemplo, un trastorno emocional Vs
patología cerebral.
d. Valorar los efectos de la toxicidad de ciertos tratamientos farmacológicos.
e. Elaborar programas de rehabilitación neuropsicológica tras el daño cerebral o
el deterioro cognitivo.
2. Estudios de neuroimagen: TAC y RMN centrados en el hipocampo, dado el
papel que juega esta estructura en la memoria autobiográfica y semántica
Conclusión
Este trabajo permite llegar a varias conclusiones. La primera que no existen zonas
exclusivas de funcionamiento cerebral; el cerebro actúa de manera sincronizada,
interactuando varias áreas entre sí. En segundo lugar, cuando un área cerebral no
especializada, es dañada, otra área puede realizar un reemplazo parcial de sus funciones.
Cualquier patología que afecte la función cerebral puede desencadenar patologías
que afecten el habla y el lenguaje, la memoria, el sueño o cualquier otra función encefálica
compleja.
Bibliografía
Audesirk, T. y Pinel, J. (2011). Biología y Neuropsicología. Editorial: Pearson
Tomado de:
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Tomado de: nuevos criterios diagnóstico de la demencia:
[Link]
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