E Unibus Pluram: Televisión y Narrativa
E Unibus Pluram: Televisión y Narrativa
En primer lugar, la televisión
lleva a cabo por nosotros gran parte de nuestra investigación humana
AMERICANA depredadora. En la vida real los americanos son un grupo humano bastante
esquivo y cambiante, y resulta endiabladamente difícil adjudicarles ninguna
clase de distintivo general. Pero la televisión viene equipada con ese
ACTÚEN CON NATURALIDAD distintivo. Es un indicador increíble de lo genérico. Si queremos saber qué
Los narradores como especie suelen ser mirones. Suelen acechar y es la normalidad americana —es decir, lo que los americanos perciben como
observar. Son observadores natos. Son espectadores. Son esos tipos del normal—, podemos confiar en la televisión. Porque la razón de ser misma
metro cuya forma disimulada de mirar resulta inquietante. Casi de la televisión es reflejar lo que la gente quiere ver. Es un espejo. No el
depredadora. Es porque las situaciones humanas son el alimento de los espejo stendhaliano que refleja el cielo azul y el charco de barro. Más bien
escritores. Los narradores miran a otros seres humanos de la misma forma el espejo iluminado del baño ante el cual el adolescente calibra sus bíceps y
que los curiosos frenan para ver un accidente de coche: codician la imagen decide cuál es su mejor perfil. Esta clase de ventana a la autopercepción
de sí mismos como testigos. Pero al mismo tiempo los narradores tienden a nerviosa de los americanos tiene un valor incalculable a la hora de escribir
ser terriblemente conscientes de sí mismos. A la vez que dedican montones narrativa. Y los escritores pueden tener fe en la televisión. Después de todo,
de tiempo productivo a estudiar con atención qué impresión produce en hay un montón de dinero en juego. Y la televisión posee los mejores
ellos la gente, los narradores también dedican montones de tiempo menos demógrafos que la ciencia social aplicada puede ofrecer, investigadores que
productivo preguntándose, nerviosos, qué impresión causan ellos a los pueden determinar con precisión lo que los americanos de los noventa son,
demás. Qué tal caen, qué imagen tienen, si se les ve el faldón de la camisa quieren y ven: cómo los miembros del público queremos vernos a nosotros
por la bragueta, si tal vez tienen pintalabios en los dientes, si la gente a la mismos. La televisión, desde la superficie hacia sus profundidades, trata del
que están mirando con disimulo los estarán considerando seres siniestros, deseo. Y el deseo es a la narrativa lo que el azúcar es a la comida humana.
como esos locos que acechan a la gente. El resultado es que la mayoría de El segundo atractivo aparente es que la televisión parece ser un regalo
los narradores, observadores natos, suelen odiar ser objeto de la atención absoluto de Dios para esa subespecie de la humanidad a quienes les encanta
de la gente. No les gusta que los miren. Las excepciones a esta regla — ver gente pero odian ser vistos. Porque la pantalla de la televisión solamente
Norman Mailer, Jay Mclnerney— a veces dan la impresión de que muchos permite ser traspasada en un sentido. Es una válvula de compuerta psíquica.
literatos ansían la atención de la gente. No sucede así con la mayoría. El Podemos verlos a ellos; ellos no pueden vernos. Podemos relajarnos sin ser
resto nos limitamos a mirar. La mayoría de los narradores que conozco son vistos mientras miramos. Creo que esta es la razón por la que la televisión
americanos de menos de cuarenta años. No sé si los narradores de menos gusta tanto a la gente solitaria. A los que se encierran de forma voluntaria.
de cuarenta años ven más televisión que otras clases de americanos. Las Todos los solitarios que conozco ven más televisión que las seis horas de
estadísticas informan de que en el hogar americano medio se ven más de promedio en América. A los solitarios, como a los narradores, les encanta la
seis horas diarias de televisión. No conozco a ningún narrador que viva en visión en un solo sentido. Porque la gente solitaria no suele serlo por culpa
un hogar medio americano. Sospecho que Louise Erdrich tal vez sí. En de ninguna deformidad repulsiva ni de su olor corporal ni su mal carácter:
realidad nunca he visto un hogar medio americano. Solamente en la tele. A en realidad hoy día existen grupos de apoyo y asociaciones para personas
primera vista hay dos cosas en la televisión que parecen potencialmente con estas características. En cambio, la gente solitaria suele serlo porque no
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quieren soportar los costes psíquicos de estar entre otros seres humanos. visual que es mirar a alguien que no haya preparado una identidad para ser
Son alérgicos a la gente. La gente les afecta demasiado. Llamemos al vista. El único engañado en la actividad del espionaje es el espiado, que no
solitario americano medio Joe Briefcase. Joe Briefcase teme y odia esa carga sabe que está cediendo imágenes e impresiones de sí mismo. Un problema
de autoconsciencia que parece afectarle únicamente cuando hay otros de muchos de los escritores americanos de menos de cuarenta años que
seres humanos reales a su alrededor, mirando, con sus antenas sensoriales usamos la televisión como sustituto del espionaje verdadero, sin embargo,
humanas erizadas. Joe Briefcase tiene miedo de cómo lo van a ver quiénes es que el «voyerismo» de la tele requiere que el pseudoespía que está
lo miren. Elige prescindir de ese juego tremendamente estresante que es el mirando se haga una espléndida orgía de ilusiones. La ilusión n.° 1 es que
póquer americano de las apariencias. Pero la gente solitaria, en sus casas, somos voyeurs: los «espiados» tras el cristal de la pantalla solamente fingen
solos, siguen ansiando imágenes y escenas, compañía. Por eso ven la ignorancia. Saben perfectamente que estamos viéndolos. Y también saben
televisión. Joe puede mirarlos a Ellos en la pantalla; Ellos no pueden ver a que estamos aquí quienes están tras la segunda pantalla de cristal, a saber:
Joe. Es casi voyerismo. Yo conozco a gente solitaria que percibe la televisión las lentes y los monitores mediante los cuales los técnicos y escenógrafos
como un verdadero Deus ex machina para voyeurs. Y muchas de las críticas, aplican su enorme ingenio para enviarnos imágenes. Lo que vemos no lo
de las críticas verdaderamente furibundas, no tanto dirigidas como estamos robando en absoluto; nos lo están ofreciendo: ilusión n.° 2. La
arrojadas contra las cadenas, los anunciantes y el público por igual, tienen ilusión n.° 3 es que lo que estamos viendo a través de la pantalla enmarcada
que ver con la acusación de que la televisión nos ha convertido en un país no es gente en situaciones reales que existen o podrían tener lugar sin la
de voyeurs sudorosos y boquiabiertos. Esta acusación no es cierta, y no lo conciencia de un Público. Es decir, que los jóvenes escritores están
es por razones interesantes. El voyerismo clásico es una modalidad del buscando datos acerca de una realidad por ficcionalizar que ya se compone
espionaje, es decir, ver a gente que no saben que estás ahí mientras de personajes ficticios dentro de narraciones muy formalizadas. Y n.° 4, ni
desarrollan las actividades mundanas pero llenas de erotismo de su vida siquiera estamos viendo «personajes»: no existe el mayor Frank Burns
íntima. Es interesante que gran parte del voyerismo clásico requiera de M*A*S*H, aquel arrogante y patético capullo de Fort Wayne, Indiana; el
instrumentos con pantallas de cristal: ventanas, telescopios, etcétera. Pero que existe es Larry Linville, de Ojai, California, un actor lo bastante estoico
ver la televisión es distinto a la actividad de los mirones genuinos. Porque la como para soportar miles de cartas (que siguen llegando aunque la serie se
gente a la que estamos viendo a través de la pantalla de cristal de la tele no esté reponiendo) de pseudovoyeurs que lo insultan por ser un capullo de
ignora el hecho de que alguien está viéndolos. En realidad, que un montón Indiana. Además, n.° 5, por supuesto ni siquiera estamos espiando a actores
de gente está viéndolos. En realidad, la gente de la televisión sabe que es o personas reales: se trata de ondas electromagnéticas analógicas,
en virtud de esta multitud gigantesca de mirones que están en la pantalla corrientes de iones y reacciones químicas en el interior de la pantalla que
llevando a cabo toda clase de actividades poco mundanas. La televisión no arrojan fosfenos en racimos de puntos no mucho más realistas que los
permite un verdadero espionaje porque la televisión es actuación, comentarios impresionistas de Seurat acerca de la ilusión perceptiva. Y Dios
espectáculo, lo cual por definición requiere espectadores. En este caso no mío, n.° 6, esos puntos están saliendo de un mueble, lo único que estamos
somos voyeurs en absoluto. Simplemente espectadores. Somos el público, espiando realmente es uno de nuestros muebles, mientras que nuestras
mega métricamente múltiple, aunque a menudo observamos en soledad: E sillas, lámparas y los lomos de los libros siguen siendo visibles alrededor
unibus pluram.2 Una razón de que los narradores den un poco de miedo en pero dejamos de verlos cuando contemplamos «Corea» o nos llevan «en
persona es que por vocación son voyeurs. Necesitan ese auténtico robo directo a Jerusalén» o miramos las sillas más cómodas o los lomos más
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elegantes de los libros de la «casa» de los Huxtable, pistas ilusorias de que necesitan llevar a cabo David Duchovny o Don Johnson para actuar como si
ahí hay un interior doméstico cuya membrana hemos violado de forma sutil nadie los mirara mientras son observados por una lente que constituye un
y secreta: ilusiones n.° 7, n.° 8 y ad infinitum. No es que esas realidades emblema abrumador de lo que Emerson, años antes de la televisión, llamó
sobre actores y fosfenos y muebles nos pasen desapercibidas. Es que la «mirada de los millones».3 Para Emerson solamente hay una especie muy
elegimos pasarlas por alto. Son parte de la creencia que anulamos. Pero es rara de persona que pueda soportar esa mirada de los millones. No es el
una carga realmente dura de soportar durante seis horas al día; las ilusiones americano normal, trabajador y silenciosamente desesperado. El individuo
de voyerismo y de acceso privilegiado requieren una gran complicidad del capaz de soportar la mega mirada es una imago andante, cierta clase de
espectador. ¿Cómo pueden conseguir que aceptemos de buen grado la semihumano trascendente que, en palabras de Emerson, «lleva el reposo
ilusión de que la gente de la tele no sabe que los estamos mirando, la en la mirada». El reposo emersoniano que los actores de televisión llevan
fantasía de que estamos trascendiendo de alguna forma la privacidad de en la mirada es la promesa de un respiro de la autoconsciencia humana. No
alguien y alimentándonos de su actividad humana espontánea? Puede preocuparte por la impresión que causas. Una falta total de alergia a las
haber muchas razones para que esos camelos sean tan creíbles, pero una miradas ajenas. Es un heroísmo contemporáneo. Es aterrador y fuerte. Es
de las principales es que los actores del otro lado de la pantalla son —al también, por supuesto, una acción, porque hay que tener una
margen de los diversos grados de talento dramático— genios absolutos a la autoconsciencia y un autocontrol anormales para simular que nadie te mira
hora de fingir que nadie los ve. No se equivoquen: actuar delante de una delante de las cámaras, las lentes y los hombres de los portafolios. Esa
cámara de televisión como si nadie estuviera mirándolos es un arte. Fíjense ficción autoconsciente de falta de autoconsciencia es la verdadera puerta al
en cómo actúan los no profesionales cuando los enfoca una cámara: a salón de espejos lleno de ilusiones que es la televisión, y para nosotros, el
menudo actúan de forma espasmódica, o bien se quedan rígidos, público, es al mismo tiempo una medicina y un veneno. Porque observamos
paralizados por la timidez. Incluso los relaciones públicas y los políticos son, a esa gente rara, perfectamente adiestrada para simular que nadie los mira
cuando se trata de estar ante la cámara, simples aficionados. Y nos encanta durante seis horas diarias. Y amamos a esa gente. En tanto que les
burlarnos de lo rígidos y afectados que aparecen en televisión los no atribuimos cualidades sobrenaturales y deseamos emularlos, se podría
profesionales. Poco naturales. Pero si alguna vez han sido objeto de esa decir que los veneramos. En el mundo real de Joe Briefcase que se está
terrible mirada vacía y redonda de cristal, sabrán a la perfección lo desplazando de forma cada vez más cruda de una comunidad de relaciones
espantosamente conscientes de sí mismos que les hace sentirse. Un tipo personales a redes de extraños conectados por el interés propio y la
estresado con auriculares y un portafolios te dice que «actúes con tecnología, la gente a la que espiamos en la televisión nos ofrece
naturalidad» y entonces tu cara empieza a moverse de forma espasmódica, familiaridad y comunidad. Una amistad íntima. Pero dividimos lo que
intentando adoptar una expresión como si nadie estuviera mirándote que vemos. Los personajes pueden ser nuestros «amigos íntimos», pero los
resulta del todo imposible, porque «simular que nadie te mira» es como actores son más que extraños: son imagos, semidioses, que se mueven en
«actuar con naturalidad», un oxímoron. Intenten golpear una pelota de golf una esfera distinta, salen y se casan solamente entre ellos, incluso como
después de que alguien les pregunte si al tomar impulso aspiran el aire o lo actores parecen accesibles al público únicamente con la mediación de la
expulsan, o después de que les ofrezcan una recompensa sustanciosa por prensa sensacionalista, los programas de entrevistas y la señal
no pensar en un rinoceronte verde durante diez segundos, y se harán una electromagnética. Y sin embargo tanto los actores como los personajes, tan
idea de las contorsiones verdaderamente heroicas de cuerpo y mente que terriblemente alejados y filtrados, parecen terrible y gloriosamente
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naturales cuando los miramos. Dado lo mucho que miramos y lo que EL DEDO
comporta mirar, resulta inevitable, para los narradores o los Joe Briefcase
Al margen de acertijos voyeurístico‐existenciales, no se puede negar
que nos creemos voyeurs, hacernos la ilusión de que esas personas de
un hecho tan simple como que la gente en Estados Unidos ve tanta
detrás del cristal —personas que a menudo son la gente más vistosa,
televisión porque es divertida. Yo sé que la veo para divertirme, la mayor
atractiva, animada y viva de nuestra experiencia— son también gente que
parte del tiempo, y que por lo menos el 51 % del tiempo me divierto cuando
ignora que los están mirando. Esta ilusión es tóxica. Es tóxica para la gente
la veo. Eso no quiere decir que no me tome la televisión en serio. Un
solitaria porque crea un círculo de alienación («¿Por qué no puedo yo ser
argumento importante de este ensayo va a ser que lo más peligroso de la
así?», etcétera), y es tóxica para los escritores porque nos lleva a confundir
televisión para los narradores americanos es que no nos la tomamos lo
la investigación para crear narraciones con una extraña forma de consumo
bastante en serio como elemento diseminador y definitorio de la atmósfera
de narraciones. La hipersensibilidad de la gente tímida a los seres humanos
cultural que respiramos y poseemos, que muchos de nosotros estamos tan
tiende a ponernos delante de la televisión y su ventana de un solo sentido
cegados por la exposición constante, que vemos la tele de la misma forma
en una actitud de recepción relajada y total, absorta. Vemos a diversos
que en 1981 afirmó verla el presidente de la Comisión Federal de
actores interpretar a diversos personajes, etcétera. Durante trescientos
Comunicaciones de la era Reagan, Mark Fowler: como «un
sesenta minutos per diem, recibimos la confirmación inconsciente de la
electrodoméstico más, una tostadora con imágenes». Es innegable, sin
tesis profunda de que la cualidad más importante de una persona viva es
embargo, que ver la televisión es una actividad placentera, y puede parecer
tener buena imagen, y que el valor genuino de una persona no solamente
raro que gran parte del placer que mi generación obtiene de la televisión
equivale sino que radica en el fenómeno de la observación. Además, está la
resida en burlarse de ella. Pero hay que recordar que los americanos más
idea de que la parte principal de tener una buena imagen es simular que no
jóvenes crecimos en la misma medida con el desprecio a la televisión que
te das cuenta de que alguien te está mirando. Actuar con naturalidad. Las
con la misma televisión. Yo ya sabía que era «un baldío enorme» antes de
personas a las que los jóvenes narradores y los solitarios voluntarios
saber quiénes eran Newton Minow y Mark Fowler. Y resulta
escrutamos, con quienes empatizamos y confraternizamos de forma más
verdaderamente divertido reírse con cinismo de la televisión: del hecho de
intensa están, en virtud de una capacidad genial para fingir falta de
que la risa de los «públicos reales en el estudio» de las comedias de
consciencia de sí mismos, preparados para soportar las miradas de la gente.
situación siempre tenga un tono y una duración sospechosamente
Y nosotros, intentando desesperadamente parecer despreocupados,
constantes, o de la forma como se describen los desplazamientos en Los
sudamos de forma siniestra en el metro.
Picapiedra, haciendo que el mismo dibujo cutre de un árbol, una piedra y
una casa pase cuatro veces por el fondo de la escena. Resulta divertido,
cuando una June Allyson envejecida aparece en la pantalla para anunciar
Ropa Interior para Gente Mayor y dice: «Si tienes problemas de
incontinencia, no estás sola», soltar una carcajada y gritar: «¡Apuesto a que
tú sí que te has quedado un poco sola, June!». La mayoría de los académicos
y los críticos que escriben sobre cultura popular americana, sin embargo,
parecen tomarse la tele muy en serio y sentir una angustia terrible por lo
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que ven. Hay una letanía crítica muy conocida acerca de la insulsez y la de cierta mezcla extraña que lleva años teniendo lugar: el desprecio cansino
irrealidad de la televisión. La letanía en cuestión resulta a menudo más tosca hacia la televisión como producto creativo y fuerza cultural combinado con
y más trillada que los propios programas de los que los críticos están una fascinación pasmada por los mecanismos tras el cristal que crean ese
quejándose, razón por la cual creo que la mayoría de los jóvenes americanos producto y proyectan esa fuerza. Seguramente no soy el único que tiene
consideran la crítica profesional de la televisión menos interesante que la amigos con quienes odio ver la tele porque la odian de forma tan evidente
propia televisión. Encontré ejemplos sólidos de lo que estoy diciendo el —les ponen a cien los argumentos trillados, los diálogos inverosímiles, los
primer día que los busqué. La sección de artes y ocio del New York Times del finales ingenuos, la condescendencia insulsa de los presentadores de
domingo 5 de agosto de 1990 simplemente bullía de puyas llenas de noticias, los halagos chabacanos de los anuncios—, y sin embargo están
amargura contra la televisión, y algunos de los artículos más lúgubres no obsesionados con ella, de alguna forma necesitan odiarla durante seis horas
trataban tanto de la poca calidad de los programas como de la forma en que al día, todos los días. Los ejecutivos júnior de publicidad, los aspirantes a
la tele se ha convertido en un instrumento despreciable de la decadencia cineastas y los poetas de escuela de posgrado son, según mi experiencia,
cultural. En una reseña sumaria de todos los éxitos de público letárgicos del especialmente proclives a esta condición que los hace odiar, temer y
verano de 1990 en los que «el realismo … parece haber pasado de moda por necesitar de forma simultánea la televisión, y tratan de desinfectarse de lo
completo», Janet Maslin solamente necesita un párrafo para localizar el que sea que les hace la televisión viéndola con desprecio cansino en lugar
verdadero culpable de la campaña anti realidad: «Quizás estemos oyendo de con la credulidad absorta con que hemos crecido. (Fíjense que la mayoría
hablar de la “vida real” únicamente en programas de televisión compuestos de los narradores sigue estando a favor de esa credulidad absorta.) Pero ya
de fragmentos de quince segundos (en los que la “gente real” no solamente que el cansinamente despectivo Times tiene el pulgar demográfico aplicado
habla con lugares comunes concisos y claros sino que parece pensar de ese al pulso del gusto de los lectores, probablemente hay que asumir que la
modo, tal vez como resultado de haber visto ellos mismos demasiada mayoría de los americanos con educación que leen el Times están
televisión conformadora de la realidad)». Y un tal Stephen Holden, en lo que asqueados de la televisión, tienen esa extraña gestalt de
empieza como un análisis mordaz de la situación extrema a la que ha llegado odio/necesidad/miedo durante seis horas diarias. La crítica académica de la
la música pop, cree saber perfectamente qué se esconde detrás de lo que televisión refleja ciertamente este estado de ánimo. Y la naturaleza
odia: «La música pop ya no es un mundo autónomo sino un adjunto de la pasmosamente insulsa de la mayoría de los análisis «literarios» de la
televisión, cuyo flujo de imágenes comerciales proyecta una cultura en la televisión no se debe tanto al uso de las abstracciones ampulosas que se
que todo se vende y lo único que cuenta es la fama, el poder y los cuerpos emplean para hacer que le tele parezca un objeto apto de investigación
bonitos». Este rollo continúa y continúa en el Times, artículo tras artículo. El estética —véase parte de un tratado de 1986: «La forma de mi placer
único artículo que encontré aquella mañana y que tenía algo optimista que durante la hora de máxima audiencia de un martes por la noche está
decir de la televisión era un artículo entrecortado que explicaba que muchos estructurada por una dialéctica de elisión y escisión entre varias ventanas a
licenciados de la Ivy League estaban volando directamente de sus través de las cuales … el “flujo” es más una circunstancia que un producto.
universidades de Nueva York a Los Angeles para convertirse en guionistas El verdadero resultado es el cuanto, el fragmento más pequeño manejable
de televisión, estaban ganando más de doscientos mil dólares de entrada y de emisión» como al cinismo hastiado de esos académicos que se burlan y
obteniendo rápidos ascensos a cargos de producción estresados y provistos atacan el mismo fenómeno que han elegido como vocación. Estos
de portafolios. En este sentido, el Times del 5 de agosto es un buen ejemplo académicos son como la gente que desdeña —y hablo de un desdén intenso
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y prolongado— a sus cónyuges o sus trabajos pero no se separan ni dimiten. clásicos amados por el público que se emitan durante diez años hasta
Las quejas de la crítica parecen haber degenerado desde hace mucho convertirse en instituciones —M*A*S*H, Cheers— sino por modestas
tiempo en el mismo gimoteo de siempre. La cuestión importante acerca de emisiones de tres años que lleguen a los setenta y ocho episodios enlatados
la televisión americana ya no es si la relación de los americanos con la necesarios para un atractivo paquete de reposición. Por cierto, yo, igual que
televisión delata ciertos problemas graves sino cómo pueden solucionarse millones de americanos, conozco todos estos detalles técnicos para
esos problemas. Los académicos y los críticos de la cultura pop permanecen iniciados porque vi un documental especial en tres partes sobre la
resueltamente callados acerca de esta cuestión. Lo cierto es que solamente reposición televisiva en Entertainment Tonight, que a su vez es el
en el arte americano, particularmente en ciertas corrientes de la narrativa «informativo» más importante de los que se reponen a nivel nacional y el
americana contemporánea, están siendo tratadas las cuestiones realmente primer espacio de publirreportajes tan popular que las cadenas de televisión
interesantes sobre la tele fin de siècle: ¿qué es eso que odiamos tanto en la estuvieron dispuestas a pagar por tenerlo. La reposición del domingo por la
cultura televisiva? ¿Por qué estamos tan inmersos en ella si tanto la mañana también resulta intrigante porque crea yuxtaposiciones tan
odiamos? ¿Qué implica el hecho de que nos sumerjamos de forma continua aberrantes como cualquiera de las que se les podían ocurrir a los surrealistas
y voluntaria en algo que odiamos? Pero, por extraño que parezca, también franceses. Los encantadores hechiceros de Embrujada y los vídeos
están siendo planteadas y respondidas por la propia televisión. Esta es otra comerciales satánicos de grupos de heavy metal de Top Ten Countdown se
razón de que la mayoría de las críticas de la tele resulten tan superficiales. emiten al lado de predicadores aerografiados que condenan la influencia
La televisión ha logrado convertirse en el analista más provechoso de sí demoniaca en la cultura americana. Uno puede surfear hacia atrás y hacia
misma. A media mañana del 5 de agosto de 1990, mientras ojeaba y delante entre un sacerdote diciendo «Esta es mi sangre» en una misa
resoplaba ante el tono mordaz de los ya mencionados artículos del Times, televisada y Zap, de Gladiadores americanos, rompiéndole la nariz a un
estaban reponiendo un episodio de St. Elsewhere en la tele, barriendo una concursante con una Bataka de poliuretano. O, mejor todavía, echen un
oferta de domingo por la mañana en Boston compuesta por vistazo al episodio número noventa y cuatro de St. Elsewhere del 5 de
telepredicadores, publirreportajes y el festival de esteroides y poliuretano agosto de 1990, emitido originalmente en 1988, que se repone en el Canal
de Gladiadores americanos, que no es que no tenga encanto, pero es 38 de Boston inmediatamente después de dos episodios consecutivos de El
claramente un espectáculo de segunda fila. Las reposiciones son otra área show de Mary Tyler Moore, ese icono del pathos de los setenta. El
de fascinación para el público, no solamente porque las emisoras gigantes argumento de los dos episodios de El show de Mary Tyler Moore no es
de cable como la WGW de Chicago o la TBS de Atlanta se estén repartiendo importante. Pero el episodio de St. Elsewhere que viene después incluye la
el pastel ya no local sino nacional, sino porque la reposición está cambiando breve aparición de un paciente de psiquiatría que sufre la ilusión de que es
toda la filosofía creativa de la televisión comercial. En los acuerdos de Mary Richards de El show de Mary Tyler Moore. Luego sufre la ilusión de
reposición (donde el distribuidor cobra un adelanto por el programa y luego que otro de los pacientes es Rhoda, que el doctor Westphal es el señor Grant
un porcentaje por las franjas publicitarias de sus propios anuncios) es donde y que el doctor Auschlander es Murray. Esta subtrama psiquiátrica no va
los creadores de series televisivas de éxito obtienen beneficios más allá; se resuelve al final del episodio. La pseudo‐Mary (un tipo triste y
verdaderamente enormes, diseñan y lanzan muchos programas nuevos de aspecto torpe, interpretado por un actor cuyo nombre no recuerdo, pero
teniendo en mente tanto al público de las horas de máxima audiencia como que recuerdo que interpretaba a uno de los clientes neuróticos del doctor
al público que ve las reposiciones, y ya no se guían por sueños de crear Hartley en el antiguo El show de Bob Newhart) rescata del ataque de un
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hebefrénico al otro paciente de psiquiatría, que él cree que es Rhoda pero de los enrevesados niveles de fantasía, realidad e identidad que se barajan
que niega furiosamente ser una mujer (y que a su vez está interpretado por aquí: por ejemplo, el paciente al mismo tiempo confunde, no confunde y
el tipo que solía interpretar al señor Carlin, el cliente más intratable del hace que Betty White «se confunda» con Sue‐Ann Nivens. Sin duda se debe
doctor Hartley). En agradecimiento, Rhoda/el señor Carlin/el paciente de de estar haciendo alguna tesis en los seminarios de Cultura Contemporánea
psiquiatría declara que acepta ser Rhoda si eso es lo que quiere Mary/el de Yale acerca de Deleuze y Guattari y este episodio. Pero los niveles más
cliente neurótico/el paciente de psiquiatría. Ante este derroche de interesantes de significación residen, y señalan, al otro lado de la lente.
generosidad, el brote psicótico de la pseudo‐Mary se colapsa. El tipo triste Porque la serie de la NBC St. Elsewhere, igual que pasó antes con El show de
y torpe admite ante el doctor Auschlander que no es Mary Richards. Es un Mary Tyler Moore o El show de Bob Newhart, fue creada, producida y
simple amnésico, un tipo sin identidad y con una existencia errática. Está colocada en el circuito de las reposiciones por MTM Studios, compañía
solo en la vida. Ve mucha tele. Afirma que «supuso que sería mejor creer propiedad de Mary Tyler Moore y supervisada por el antiguo marido de esta
que era un personaje de la tele que creer que no era nadie». El doctor que se convertiría en director ejecutivo de la NBC, Grant Tinker; además, los
Auschlander se lleva al paciente arrepentido a dar un paseo y tomar el guiones y las subtramas de St. Elsewhere los corrige Mark Tinker, el hijastro
fresco aire invernal de Boston y le promete que algún día acabará, el tipo de Mary y heredero de Grant. El paciente mental fantasioso, veterano,
sin identidad, descubriendo quién es en realidad, siempre que pueda exiliado y errante de uno de los programas de la MTM llama lastimeramente
abandonar «la distracción de la televisión». Extremadamente agradecido y a otra veterana exiliada y errante (literalmente: ¡mira que hacerla de la
feliz por este pronóstico, el paciente se quita su gorra peluda y la lanza al NASA!) de otro programa de la MTM, y su rechazo irónico es escrito por
aire. El episodio termina con la imagen congelada de la gorra en el aire, personal de la MTM, que rematan la refutación paródica del doctor
dejando al menos a un espectador crédulamente embelesado. Esta podría Auschlander haciendo que un veterano de la MTM que «se cree» que es
haber sido una simple historia ingeniosa de poca monta de la televisión de otra persona lleve a cabo el signo corporativo de la MTM de arrojar la gorra.
los ochenta, donde el lanzamiento final de la gorra le resta importancia a la El rechazo fowleriano que lleva a cabo el doctor Auschlander de la televisión
desautorización de la televisión que lleva a cabo el doctor Auschlander, si como una simple «distracción» no es tan ingenuo como descabellado: no
no fuera por los incontables estratos de información e imaginería televisiva hay nada más que televisión en este episodio. Todos los personajes, los
irónica y enrevesada que flotan alrededor de este episodio verdaderamente conflictos, las bromas y la fuerza dramática dependen de la involución, la
colosal. Porque otra de las estrellas que aparecen brevemente en este autorreferencia, la metatelevisión. Es una broma privada dentro de una
episodio, deambulando en una subtrama distinta, es una tal Betty White, la broma privada. Entonces, ¿por qué soy capaz de entender esa broma
Sue‐Ann Nivens del viejo Show de Mary Tyler Moore, que aquí interpreta a privada? Porque yo, el espectador que permanece al otro lado del cristal
una cirujana atormentada de la NASA (a saber por qué). Es con una junto con el resto del público, estoy dentro de esa broma privada. He visto
inevitabilidad casi trágica, por tanto, que en el minuto treinta y dos del cómo Mary Tyler Moore lanzaba la gorra peluda «original» tantas veces que
episodio la señora White y la pseudo‐Mary enferma de televisión se dejaba de ser un cliché para convertirse en nostalgia amable. Conozco al
encuentren durante sus respectivos paseos atormentados por los pasillos paciente de psiquiatría de El show de Bob Newhart y a Betty White de un
del hospital, y cuando el paciente psiquiátrico la saluda con el grito millón de series, y conozco toda clase de información irrelevante e
alborozado de «¡Sue‐Ann!», ella responde con cara de palo que la debe de intrigante acerca de los estudios MTM y del circuito de reposición gracias a
estar confundiendo con otra persona. No hace falta entrar en los detalles Entertainment Tonight. Yo, el pseudovoyeur, estoy realmente «entre
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bastidores», en un lugar privilegiado para entender la broma privada. Pero mirar lo que señalaba, normalmente versiones de la «vida real»
no soy yo el espía que se ha infiltrado a rastras dentro de la televisión. Es al embellecidas, dulcificadas y vivificadas al sucumbir ante un producto o
revés. La televisión, incluso los detalles mundanos de su producción, se ha tentación. El mega público actual está mejor adiestrado y la tele ha
convertido en mi propio —nuestro propio— interior. Y nosotros nos hemos descartado lo que no necesita. Un perro, si le señalas algo, se queda
convertido en un público cansado, harto, pero voluntarioso y sobre todo mirando tu dedo. No es que la autorreferencialidad sea nueva en la industria
lleno de conocimiento. Y este conocimiento transforma enormemente las americana del espectáculo. ¿Cuántos programas de radio —Jack Benny,
posibilidades y los riesgos de la «creatividad» televisiva. El episodio de St. Burns y Alien, Abbott y Costello— trataban básicamente acerca de sí
Elsewhere fue candidato a un Emmy en 1988. Al mejor guión televisivo mismos como programas? «Anda, Lou, ¿no me dijiste que no conseguiría
original. La mejor televisión de los últimos cinco años ha tenido una carga traer a una gran estrella como la señorita Lucille Bell de invitada a nuestro
de autorreferencia irónica con la que ninguna especie previa de arte programa, merluzo?» Etcétera. Pero una vez que la televisión introduce el
posmoderno habría soñado. Los colores de los vídeos de la MTV, en la gama elemento de mirar imágenes, y una vez que se convierte en centro de una
del negro al azul y tenuemente parpadeantes, son los colores de la economía y una cultura que la radio nunca pudo tener, la referencialidad se
televisión. Personajes como David en Luz de luna o Ferris en Ferris Bueller dispara. Seis horas al día es más tiempo del que la gente pasa haciendo
se dirigen a la cámara para hablar con el público con tanto descaro como si cualquier otra cosa (de forma consciente). Es natural que cambie la visión
interpretaran el monólogo jactancioso del villano de un viejo melodrama. que tienen de sí mismos unos seres humanos que absorben dosis tan
Algunas partes del nuevo noticiario de madrugada After Hours terminan con elevadas, que se vuelvan mucho más espectadores, mucho más
una broma en la que aparecen unos tipos atribulados con auriculares en la autoconscientes. Porque la práctica de mirar televisión es expansiva.
cabina de producción dando paso a la broma. El concurso de preguntas Exponencial. Pasamos tanto tiempo mirando que pronto empezamos a
sobre la televisión de la MTV, titulado de forma poco imaginativa Remote mirarnos a nosotros mismos en el acto de mirar. Muy pronto empezamos a
Control, se ha hecho tan popular que ha trascendido la membrana de la «sentir» cómo sentimos, deseamos experimentar «experiencias». Y cuando
MTV y ahora se repone en un montón de canales. Los anuncios más esa subespecie americana escribe narrativa, empieza a escribir más y más
sofisticados, con escenarios áridos diseñados por ordenador y modelos con sobre… El surgimiento de algo llamado metanarrativa en América durante
cara inexpresiva, gafas de espejo y pantalones de plástico arrodillándose los años sesenta fue saludado por la crítica académica como una estética
ante diversas formas de velocidad, excitación y prestigio, parecen ofrecer radical, una forma literaria completamente nueva, una literatura liberada
poco más que la visión que tiene la propia televisión de cómo ella misma de los arneses culturales de la narración mimética y libre para lanzarse a la
ofrece su rescate a los Joe Briefcase solitarios atrapados pasivamente en el reflexividad y las meditaciones autoconscientes acerca de su naturaleza. Por
consumo excesivo de televisión. Lo que explica el sinsentido de la mayoría muy radical que pudiera ser, pensar que la metanarrativa posmoderna no
de las críticas que se hacen a la televisión es que la televisión se ha vuelto tenía relación con los cambios previos en el gusto de los lectores es tan
inmune a las acusaciones de que carece de relación significativa con el inocente como creer que todos aquellos universitarios a los que vimos en la
mundo exterior. No es que las acusaciones de falta de relación ya no sean televisión protestando contra la guerra de Vietnam estaban protestando
ciertas sino que se han vuelto enormemente irrelevantes. Dicha relación se únicamente porque no les gustaba la guerra del Vietnam. (Tal vez odiaban
ha vuelto innecesaria. Antes, la televisión señalaba hacia su exterior. Los que la guerra, pero también querían ser vistos protestando en televisión. Al fin
nacimos en los sesenta, digamos, fuimos adiestrados por la televisión para y al cabo, esa guerra la habían visto en la tele. ¿Por qué no iban a aparecer
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odiándola en el mismo medio que había hecho posible ese odio?) Puede que autoconsciente. La ironía es, por supuesto, un territorio que los narradores
los metanarradores se sacaran teorías de la manga, pero también eran llevan mucho tiempo trabajando con tesón. Y la ironía es importante para
ciudadanos sensibles de una comunidad que estaba cambiando la idea que entender la tele porque la «tele», ahora que se ha vuelto bastante poderosa
tenía de sí misma como un país de seres y artífices por una nueva visión de como para convertirse en una forma de vida, es una evolución de las mismas
Estados Unidos como una masa atomizada de espectadores y objetos de contradicciones absurdas que la ironía revela. Resulta irónico que la
miradas autoconscientes. Porque la metanarrativa, en sus fases televisión sea una fuerza sincrética y homogeneizadora que extrae gran
ascendentes y más importantes, no fue en realidad más que una expansión parte de su poder de la diversidad y de las distintas afirmaciones que se
de primer orden de su gran némesis teórica, el realismo: si el realismo derivan de la misma. Es irónico que los actores de televisión necesiten
representaba las cosas como las veía, la metanarrativa se limitaba a emplear una autoconsciencia extremadamente ladina y poco atractiva para
representarlas tal como se veía a sí misma viéndose a sí misma viendo las crear la ilusión de que engatusan al público de forma inconsciente. Los
cosas. El género posmodernista alto‐cultural, en otras palabras, recibió una productos que se presentan con la intención de ayudarlos a ustedes a
enorme influencia del surgimiento de la televisión y de la metástasis del acto expresar su individualidad solamente se pueden permitir anunciarse en
autoconsciente de mirarla. Y (afirmo que) la narrativa americana sigue televisión porque los compra una cantidad enorme de gente. Y etcétera. La
estando influida por la televisión, en especial aquellas corrientes narrativas televisión percibe la ironía de forma parecida a como la gente solitaria
arraigadas en el posmodernismo, que incluso en su cénit metanarrativo más educada percibe la televisión. La televisión teme y necesita al mismo tiempo
rebelde no fue tanto una «reacción contra» la tele como una especie de la capacidad que tiene la ironía de revelar. Necesita la ironía porque la
acatamiento de la tele. Ya entonces, las fronteras estaban empezando a televisión prácticamente fue hecha para la ironía. Porque la tele es un medio
derrumbarse. Es extraño que la televisión tardara tanto en percibir la audiovisual. Su desplazamiento de la radio no se debió a que la imagen
potente reflexividad del acto de mirar. Durante mucho tiempo los desplazara al sonido; la imagen se le añadió. Ya que la tensión entre lo que
programas de televisión que trataban acerca de la programación televisiva se dice y lo que se ve es el terreno de acción de la ironía, la ironía televisiva
fueron escasos. El show de Dick Van Dyke fue clarividente, y Mary Tyler clásica funciona mediante la yuxtaposición conflictiva de imágenes y sonido.
Moore trasladó esa clarividencia a su exploración durante una década de la Un artículo académico sobre las noticias televisivas describe una entrevista
angustia de los públicos locales. Ahora, por supuesto, todo es lo mismo, famosa con un representante de la empresa United Fruit durante un
desde Murphy Brown pasando por Max Headroom hasta Entertainment especial de la CBS sobre Guatemala: «Le aseguro que no conozco a ninguna
Tonight. Y con el ejército de bromas sardónicas y sofisticadas acerca del de esa supuesta “gente oprimida” —le dijo aquel tipo con traje informal y el
hecho de estar en la tele que han desplegado gente como David Letterman, pelo alisado sobre la calva a Ed Rabel—. Creo que no es más que algo que
Dennis Miller, Gary Shandling y Jay Leno, el círculo iniciado en los tiempos ciertos reporteros se han inventado». Toda la entrevista estaba intercalada
de «Tenemos que traer a la señorita Bell a nuestro programa, colega» se ha con imágenes sin comentar de niños con la barriga inflada en los arrabales
cerrado y se ha convertido en una espiral; el poder de la televisión para de Guatemala y de sindicalistas degollados y tirados en el barro. La función
deshacerse de su relación con la realidad y castrar las protestas se alimenta irónica clásica de la televisión se emancipó en verano de 1974, cuando una
de la misma autoconsciencia irónica posmoderna que al principio serie de cámaras sin tapujos sacaron a la luz la fértil «laguna de credibilidad»
contribuyó a construir. Tardaré un poco, pero voy a demostrarles que el entre la imagen de las explicaciones oficiales y la realidad de los chanchullos
nexo donde televisión y narrativa convergen y se dan la mano es la ironía en las altas esferas. Un país entero quedó cambiado como público. Si incluso
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un presidente te miente, ¿en quién has de confiar para que te diga la malvado es igual de simplista e idiota que tratarla como una tostadora con
verdad? Aquel verano, la televisión se presentó a sí misma como la mirada imágenes. Por supuesto, es innegable que la televisión es un ejemplo de
honesta y preocupada por la realidad oculta tras todas las imágenes. La Arte Popular, esa clase de arte que debe complacer a la gente para obtener
ironía de que la televisión era un río de imágenes, sin embargo, resultó su dinero. Debido a la economía de las emisiones nacionales, el
evidente incluso para aquel niño de doce años que estaba allí sentado entretenimiento patrocinado por los anunciantes, la única meta de la
mirando con ingenuidad. Después de 1974 pareció que no había salida. televisión —nunca negada por nadie de la televisión ni de su entorno desde
Todo estaba lleno de imágenes y de ironía. No es ninguna coincidencia que que la RCA autorizó las primeras pruebas en 1936— es asegurarse la mayor
Saturday Night Live, la Atenas del cinismo irreverente, especializado en audiencia posible. La tele es el epítome del Arte Popular por su deseo de
parodias de a) políticos y b) la televisión, se estrenara la temporada embelesar y gozar de la atención de cantidades inéditas de gente. Pero no
siguiente (en televisión). Me preocupa decir cosas como «la televisión es Popular porque sea vulgar, lasciva o estúpida. A menudo la televisión es
teme…» y «la televisión se presenta a sí misma…», porque, aunque pueda todas estas cosas, pero se trata de una función lógica de su necesidad de
ser una abstracción necesaria, hablar de la televisión como si fuera una atraer y complacer al público. Y no digo que la televisión sea vulgar y
entidad puede caer con facilidad en la peor clase de paranoia antitelevisiva: estúpida porque la gente que compone el público sea vulgar y estúpida. La
tratar a la tele como a un ser autónomo, diabólico y corruptor de la instancia televisión es como es simplemente porque la gente tiende a ser
individual y del sentido común comunitario. Quiero evitar cualquier extremadamente similar en sus intereses vulgares, lascivos y estúpidos, al
paranoia antitelevisiva. Aunque estoy convencido de que en la actualidad la tiempo que desorbitadamente distintos en sus intereses refinados, nobles y
televisión es la causante, ocupando de alguna forma un papel intermedio estéticos. Todo se debe a la diversidad sincrética: ni el medio ni el público
entre el síntoma y la sinécdoque, de una verdadera crisis de la cultura y la son responsables de la calidad. Y sin embargo, el hecho de que los individuos
literatura americanas, no estoy de acuerdo con los reaccionarios que ven la de América estén consumiendo productos vulgares, lascivos y estúpidos en
tele como una fuerza maligna que visita a la población indefensa, drenando unas dosis medias domésticas tan abrumadoras como seis horas diarias: ese
coeficientes intelectuales y arruinando resultados de los exámenes hecho lo tenemos que explicar tanto la tele como nosotros. Somos
mientras nosotros permanecemos sentados allí delante con el culo cada vez responsables básicamente porque nadie nos está encañonando con un
más gordo y pequeñas espirales hipnóticas girando en los ojos. Las arma ni nos está obligando a dedicar más tiempo que a ninguna otra
afirmaciones de críticos, como Samuel Huntington y Barbara Tuchman, que actividad salvo únicamente el sueño a hacer algo que, si uno se lo plantea,
intentan demostrar que la degradación de nuestros criterios estéticos por no es bueno para nosotros. Lamento ser un aguafiestas pero ahí va: seis
culpa de la tele es responsable de una «cultura contemporánea dominada horas al día no es bueno. El gran atractivo de la televisión a la hora de la
por una comercialidad dirigida a los mercados de masas y necesariamente verdad es que capta nuestra atención sin pedir nada. Uno puede descansar
a los gustos de masas», pueden refutarse observando que su Propter Hoc ni mientras recibe estímulos. Recibir sin dar. En este sentido, la televisión se
siquiera es un Post Hoc: hacia 1830, Alexis de Tocqueville ya había parece a otras cosas que podemos llamar Placeres Especiales (por ejemplo,
diagnosticado que la cultura americana estaba particularmente los dulces, la bebida), es decir, placeres que son buenos y divertidos en
predispuesta a las sensaciones fáciles y el entretenimiento masivo, «los pequeñas cantidades pero malos en grandes cantidades y realmente malos
espectáculos vehementes, no instruidos y toscos» encaminados a «agitar si los consumimos en las cantidades masivas y continuas que corresponden
las pasiones más que a gratificar el gusto». Tratar la televisión como algo a los alimentos básicos. Solamente podemos imaginar a qué volumen de
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ginebra o a qué peso de Toblerone equivaldrían seis horas diarias de fundamentalmente apartado del mismo, alienado, solipsista, solitario.
Placeres Especiales. En la superficie del problema, la televisión es También es cierto que en la medida en que uno empieza a considerar la
responsable de nuestra tasa de consumo televisivo solamente en el sentido relación con Bud Bundy o con Jane Pauley como alternativas aceptables,
de que ha logrado un éxito terrible en su trabajo oficial de asegurarse uno empieza a tener muchos menos incentivos conscientes para entablar
cantidades prodigiosas de espectadores. Su responsabilidad social se parece relaciones con gente real y tridimensional, relaciones que parecen bastante
un poco a la de los diseñadores de armamento: no son culpables hasta el importantes para la salud mental básica. Para Joe Briefcase, como para
momento en que empiezan a hacer su trabajo un poco demasiado bien. muchos adictos, el Placer Especial empieza a reemplazar la alimentación
Pero creo que es mejor la analogía entre la televisión y la bebida. Porque nutritiva y necesaria, y el hambre original y genuina —ya no satisfecha sino
(háganme caso un momento) me temo que el viejo Joe Briefcase es noqueada— da paso a una extraña ansiedad sin objeto. Ver la tele como
teleadicto. Es decir, ver la tele se puede convertir en una adicción perversa. ciclo perverso ni siquiera requiere unas condiciones previas especiales,
Puede convertirse en adicción perversa simplemente en cuanto se traspasa como la consciencia de sí mismo por parte del escritor o la tendencia
de forma habitual cierto umbral de cantidad, pero lo mismo pasa con el Wild neuroalérgica a la soledad. Imaginemos por un segundo a Joe Briefcase
Turkey. Y cuando digo «adictiva» y «perversa», nuevamente no quiero decir como un hombre americano medio, relativamente rodeado de gente,
malvada ni hipnotizadora. Una actividad es adictiva si nuestra relación con adaptado, casado, bendecido con 2,3 vástagos de mejillas sonrosadas,
ella reside en ese continuo en pendiente hacia abajo que hay entre gustarle completamente normal, que llega a casa a las 17.30 después de una dura
a uno demasiado y necesitarla de verdad. Muchas adicciones, desde el jornada de trabajo, y empieza su tanda de seis horas delante de la televisión.
ejercicio hasta la escritura de cartas, son bastante benignas. Pero algo es Como Joe Briefcase es un tipo normal, contesta con un encogimiento de
«perversamente» adictivo si a) causa problemas reales al adicto, y b) se hombros a las preguntas de los encuestadores y responde como mucha otra
ofrece como una salida a los mismos problemas que causa.11 Una adicción gente que a menudo ve la televisión para «distraerse» de los elementos de
perversa también se caracteriza por extender los problemas de la adicción su jornada y de su vida que le resultan desagradables. Es tentador suponer
y convertirlos en interferencias, creando dificultades para las relaciones, las que la tele permite esta «distracción» auschlanderiana, que ofrece algo que
comunidades y el espíritu y la visión de sí mismo que tiene el adicto. En aleja la mente de los problemas cotidianos. Pero ¿acaso la simple
abstracto, algunas de estas exageraciones pueden provocar que la analogía distracción garantiza el hecho de que todo el mundo vea la tele a todas
no les resulte creíble, pero no es difícil toparse con ejemplos concretos de horas? La televisión ofrece mucho más que distracción. En muchos sentidos,
ciclos perversamente adictivos de consumo televisivo. Si es cierto que la televisión proporciona y permite sueños, y la mayoría de esos sueños
muchos americanos están solos, y si es cierto que mucha gente solitaria son aportan alguna clase de trascendencia de la normalidad de la vida cotidiana.
consumidores prodigiosos de televisión, y si es cierto que la gente solitaria Los modos de presentación que funcionan mejor en la tele —cosas como la
encuentra en las imágenes bidimensionales de la tele una escapatoria a su «acción», con sus tiroteos y choques de coches, o el collage acelerado de los
rechazo angustioso a estar con seres humanos reales, entonces también es anuncios, las noticias y los vídeos musicales, o la histeria de los seriales y las
obvio que cuanto más tiempo se pase en casa solo viendo la tele, menos comedias de situación que se emiten en horas punta, con su gesticulación
tiempo se pasa en el mundo de los seres humanos reales, y que cuanto exagerada, sus voces estridentes y sus carcajadas excesivas— susurran sin
menos tiempo se pase en el mundo humano real, más difícil resultará no ninguna sutileza que, en alguna parte, la vida es más rápida, más intensa,
sentirse inadecuado para las tareas que requiere ser parte del mundo y más interesante, más… bueno, más animada que la vida contemporánea tal
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como Joe Briefcase la conoce. Esto puede parecer inocuo hasta que nuevos, de forma que las cifras de audiencia no permiten que el programa
consideramos que la actividad a la que el viejo y normal Joe Briefcase dedica despegue. Por eso las cadenas no se defienden cuando se les critica porque
más tiempo en su vida contemporánea es ver la televisión, una actividad en la mayoría de los casos —y hasta el ascenso de la meta‐televisión
que cualquiera con un cerebro normal puede ver que no proporciona una sofisticada se podían contar las excepciones con los dedos de una mano—
vida muy intensa y animada. Como la televisión tiene que intentar atraer los programas «diferentes» o «bien pensados» simplemente no consiguen
espectadores ofreciendo una promesa etérea de evasión de la vida tener audiencia. Por alguna razón, la televisión de calidad no soporta la
cotidiana, y como las estadísticas confirman que una parte tan exagerada mirada de los millones. En cambio, es cierto que ciertas técnicas de
de la vida ordinaria en Estados Unidos consiste en ver la tele, las promesas relaciones públicas —por ejemplo, el impacto, lo grotesco o la
que la tele susurra deben deslegitimar el consumo en teoría de televisión irreverencia— pueden impulsar programas novedosos a la viabilidad
(«Joe, Joe, ahí fuera hay un mundo animado donde nadie pasa seis horas al demográfica nacional. Algunos ejemplos pueden ser el «impactante» A
día repantigado delante de un mueble») mientras que en la práctica Current Affair, el «grotesco» Real People o la «irreverente» Matrimonio con
refuerzan ese consumo («Joe, Joe, tu mejor y único acceso a ese mundo es hijos. Pero estas series, como la mayoría de las que la industria presenta
la tele»). En fin, el bueno de Joe Briefcase tiene un cerebro en su sitio, y en como «novedosas» o «escandalosas», resultan ser simples variaciones
el fondo sabe, igual que nosotros, que hay alguna clase de juego de manos transparentes de viejas fórmulas. No es justo culpar de la falta de
psicológico en ese sistema de susurros en conflicto. Pero si es un engaño tan originalidad de la televisión a ninguna falta de creatividad entre los talentos
descarado, ¿por qué tanto él como nosotros seguimos mirando la tele en de las cadenas. La verdad es que casi nunca tenemos oportunidad de saber
dosis tan altas? Parte de la respuesta —una parte que requiere discreción si alguien de los que están detrás de un programa de televisión es creativo,
para no caer en la paranoia antitelevisiva— es que el fenómeno de la o, mejor dicho, son ellos los que casi nunca tienen oportunidad de
televisión de alguna forma adiestra o condiciona nuestro consumo. La demostrárnoslo. A pesar de que una parte de los críticos de la cultura pop
televisión se ha vuelto capaz no solamente de asegurarse que la miremos, presuponen que el pobre público televisivo, en el fondo, «desea
sino de configurar de alguna forma nuestras respuestas más profundas a lo novedades», todas las pruebas indican, más bien, que el público realmente
que vemos. Fíjense en esos críticos despectivos de la tele, o en esos amigos desea lo de siempre pero cree, en el fondo, que tendría que desear
nuestros que sueltan soplidos burlones ante la semejanza asombrosa de novedades. De aquí la mezcla de devoción y burla por parte de muchos
toda esa televisión que sin embargo se sientan para ver. Siempre siento espectadores. De aquí también la extraña complicidad del espectador con
deseos de agarrar a esos infelices por las solapas y zarandearlos hasta que muchos falsos «programas rompedores» de la tele: Joe Briefcase necesita
les castañeteen los dientes y reparen en que nadie está apuntándolos con esa pátina publicitaria de «novedad» y «escándalo» para acallar su
una pistola en la sien y se pregunten por qué demonios siguen mirándola conciencia mientras sigue obteniendo de la televisión lo que todos hemos
entonces. Pero lo cierto es que hay alguna compleja y abundante sido adiestrados para querer de ella: un apaciguamiento extrañamente
transacción psicológica entre la tele y el Público, por la cual el Público es americano, profundamente superficial y eternamente transitorio. Sobre
adiestrado para apreciar, agradecer y finalmente esperar programas de todo en la última década, esta tensión en el público entre lo que queremos
televisión manidos, trillados y soporíferos, y a esperarlos hasta tal punto y lo que creemos que tendríamos que querer ha sido el aliento y el pan de
que, cuando las cadenas abandonan por alguna razón las fórmulas la televisión. La invitación auto‐paródica de la televisión a que aceptemos
consagradas, el Público suele castigarlas negándose a ver los programas su indulgencia, su transgresión, su «rendición» gloriosa (tampoco ajenas a
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los ciclos de la adicción), es una de las dos formas ingeniosas en que ha NARRACIONES CULPABLES
consolidado su presa durante seis horas al día sobre las agallas de mi
Tampoco es que ese conflicto cíclico sea nuevo. Se puede localizar el
generación. La otra es la ironía posmoderna. Los anuncios del debut en
origen de la oposición entre lo que la gente hace y lo que debería desear ya
Boston de la serie Alf dentro de un paquete de reposiciones muestran a ese
en el carro de Platón o en el retorno del Hijo Pródigo. Pero la forma en que
muñeco gordo, cínico y gloriosamente decadente (tan parecido a Snoopy, a
el espectáculo parece operar y producir fascinación en el seno de este
Garfield, a Bart, a Butthead) aconsejándome que «coma un montón y mire
conflicto se ha transformado en la cultura televisiva. La relación de esta
la tele». Su estrategia es una concesión irónica de permiso para que haga lo
cultura del espectador con el ciclo de indulgencia, culpa y apaciguamiento
que se me da mejor cuando me siento confuso y culpable: adoptar, por
tiene consecuencias importantes para el arte americano, y aunque es fácil
dentro, una especie de posición fetal, una pose de recepción pasiva de la
ver los paralelismos con el pop de Warhol o con el rock de Elvis, el diálogo
comodidad, la evasión y el apaciguamiento. El ciclo se alimenta de sí mismo.
más interesante es entre la televisión y la literatura americana. Una de las
cosas más reconocibles de la narrativa posmoderna de este siglo ha sido
desde siempre el empleo estratégico por parte de ese movimiento de
referencias a la cultura pop —nombres de marcas, gente famosa, programas
de televisión— incluso en sus proyectos más elevados y elitistas. Piensen en
cualquier ejemplo de narrativa americana de vanguardia de los últimos
veinte años, desde la pasión de Tyrone Slothrop por las pastillas para la
garganta Slippery Elm o su extraño encuentro con Micky Rooney en Arco iris
de gravedad, pasando por el fetiche que tiene con la columna de Coma Baby
en el New York Post el protagonista de Luces de neón, hasta los sofisticados
personajes pop de Don DeLillo diciéndose cosas como «Elvis cumplió los
términos del contrato. Exceso, deterioro, autodestrucción, conducta
grotesca, hinchazón física y una serie de insultos al cerebro, todo
autoinfligido». La apoteosis del pop en el arte de la posguerra determinó un
nuevo matrimonio entre la cultura de elite y la cultura popular. Porque la
viabilidad artística del posmodernismo fue consecuencia directa,
nuevamente, no de ninguna novedad en el terreno del arte, sino de la nueva
importancia de la cultura comercial de masas. Los americanos ya no
parecían unidos tanto por creencias comunes como por imágenes comunes:
lo que nos une se ha convertido en aquello de lo que somos testigos. Nadie
ve esto como un cambio positivo. De hecho, las referencias a la cultura pop
se han convertido en metáforas tan potentes en la narrativa americana, no
solamente por lo muy unidos que estamos los americanos en nuestra
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exposición a las imágenes de masas, sino por nuestra psicología culpable e tenemos recuerdos de un mundo carente de esa definición eléctrica. Por
indulgente respecto a esa exposición. Dicho de forma simple, las referencias eso resulta al mismo tiempo comprensible e insensato el hecho de que
pop funcionan tan bien en la narrativa contemporánea porque a) todos muchos narradores mayores se burlen de la llamada «nueva generación»
reconocemos esas referencias, y b) todos nos sentimos un poco incómodos porque no tenemos suficiente conciencia crítica de la televisión. Es cierto
por reconocer esas referencias. El estatus de las imágenes de la cultura que hay algo triste en el hecho de que la única descripción de los personajes
popular en la narrativa posmoderna y contemporánea es muy distinto al en los cuentos de David Leavitt sean las marcas que llevan impresas en las
lugar que ocupan esas imágenes en los antepasados artísticos del camisetas. Pero lo cierto es que, para la mayoría de los lectores jóvenes y
posmodernismo, por ejemplo, el «realismo sucio» de Joyce o el Ur‐ educados de Leavitt, miembros de una generación criada y alimentada con
dadaísmo de algo como el urinario de Duchamp. La exposición estética por mensajes que equivalían a la idea de que Uno Es Lo Que Consume, las
parte de Duchamp del objeto más vulgar servía un fin exclusivamente descripciones de Leavitt funcionan a la perfección. En nuestro mundo
teórico: llevaba a cabo declaraciones como «El museo es un mausoleo es un posterior a los cincuenta, inseparable del depósito televisivo de
meadero», etcétera. Era un ejemplo de lo que Octavio Paz llama asociaciones, la lealtad a unas marcas funciona verdaderamente como
«metaironía», un intento de revelar que categorías que separamos como sinécdoque de la personalidad; esto es un hecho. Para aquellos escritores
artístico/superior y vulgar/inferior en realidad son tan interdependientes americanos cuyos ganglios se desarrollaron antes de la tele, que no conocen
que resultan coextensivas. El uso de referencias populares en mucha de la ni a Duchamp ni a Octavio Paz y que no tienen la intuición profética de un
narrativa culta actual, por otro lado, cumple una función menos abstracta. DeLillo, el empleo mimético de iconos de la cultura pop parece en el mejor
Pretende a) contribuir a crear una atmósfera de ironía e irreverencia, b) de los casos un tic molesto y en el peor una muestra de peligrosa
hacernos sentir incómodos y por tanto hacer un «comentario» sobre la superficialidad que compromete la seriedad de la narrativa poniéndole una
superficialidad de la cultura americana, y c) lo más importante, hoy día, ser fecha que la exilia de la Eternidad Platónica donde tendría que residir. En
realista. Pynchon y DeLillo se adelantaron a su época. Hoy día, la idea de que uno de los seminarios de posgrado a los que asistí, cierta eminencia gris
las imágenes pop son simples artefactos miméticos es una de las actitudes siempre intentaba convencernos de que un relato o una novela tenían que
que separan a la mayoría de los narradores americanos de menos de evitar «cualesquiera elementos que sirvan para fecharlo»14 porque «la
cuarenta años de la generación que nos precede, nos reseña y diseña narrativa seria ha de ser intemporal». Cuando le replicamos que en su obra
nuestros programas de posgrado. Esta separación generacional en la los personajes ocupaban habitaciones con iluminación eléctrica, iban en
concepción del realismo depende, una vez más, de la tele. La generación de coche, no hablaban anglosajón sino inglés de posguerra, y habitaban una
americanos nacidos después de 1950 es la primera para la cual la televisión América ya separada de Africa por la deriva continental, el profesor corrigió
ha sido algo que vivir en lugar de algo que mirar. Nuestros mayores tendían con impaciencia su prohibición limitándola a aquellas referencias explícitas
a ver el televisor igual que las flappers veían el automóvil: como una que fecharan un relato en el «Ahora Frívolo». Cuando le preguntamos de
curiosidad convertida en lujo convertido en seducción. Para los jóvenes qué iba eso del Ahora Frívolo, dijo que por supuesto aludía a las referencias
escritores, la tele es parte de la realidad en la misma medida que los Toyota a los «medios de comunicación populares de moda». Y en ese momento se
y los atascos de tráfico. No podemos, literalmente, imaginarnos la vida sin rompió la comunicación transgeneracional. Nos quedamos mirándolo con
ella. No somos distintos de nuestros padres porque la televisión presente y cara inexpresiva. Nos rascamos las cabecitas. No lo entendíamos. Aquel tipo
defina nuestro mundo contemporáneo. Nos distinguimos de ellos en que no y sus alumnos simplemente no concebíamos del mismo modo el mundo
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«serio». Su intemporalidad automovilística y la nuestra emitida por la MTV los estragos de la guerra, los pogromos, la maldad desenfrenada, etcétera.
no eran la misma. Si uno lee los suplementos literarios más importantes, se Incluso los creadores del modernismo anglosajón, cuando usaban el
puede ver con claridad la trifulca intergeneracional de la que esta escena es monólogo interior, en gran medida estaban construyendo la misma clase de
un ejemplo.15 Lo cierto es que muchas cosas relacionadas con la producción ilusión acerca de la intromisión en la intimidad y el espionaje de lo prohibido
de narrativa han cambiado para los jóvenes escritores americanos de hoy. Y que la televisión ha llevado a cabo de forma tan efectiva. Y no hablemos ya
la televisión es el vórtice de la mayor parte del flujo. Porque los jóvenes de Balzac. Fue en la América posterior a la guerra atómica cuando la
escritores no son solamente artistas que sondean los intersticios más nobles influencia pop en la literatura dejó de ser meramente técnica. Para cuando
de lo que Stanley Cavell llama la «voluntad de ser complacido» del lector. la televisión soltó su primer berrido, la cultura popular americana de masas
También somos, en la actualidad, partes autodefinidas del Gran Público ya parecía viable para el arte culto como colección de símbolos y mitos. Los
americano y tenemos nuestros propios centros de placer estético; y la obispos de este movimiento de creadores de referencias pop fueron los
televisión nos ha formado y adiestrado. No tiene sentido, por tanto, que el humoristas negros posnabokovnianos, los metanarradores y los diversos
establishment literario se queje, por ejemplo, de que los personajes de los francófilos y latinófilos que solamente más tarde serían conocidos como
escritores jóvenes no tienen conversaciones interesantes entre ellos o de posmodernos. La narrativa erudita y sardónica de los humoristas negros
que sus autores escriben diálogos «enlatados». Puede que sean enlatados, introdujo una generación de nuevos narradores que se veían a sí mismos
pero lo cierto es que, de acuerdo con la experiencia de los jóvenes como una especie de vanguardia, no solamente cosmopolitas y políglotas,
americanos, la gente que hay en una misma habitación no suele tener sino también provistos de conocimientos tecnológicos, productos de más
conversaciones directas. Lo que hace la mayor parte de la gente que de una región, tradición y teoría, y ciudadanos de una cultura que hacía sus
conozco es sentarse todos en la misma dirección, quedarse mirando la declaraciones más importantes acerca de sí misma en los medios de
misma cosa y estructurar conversaciones de la duración de un anuncio comunicación de masas. En este sentido uno piensa sobre todo en el William
acerca del tipo de cuestiones de las que podrían hablar dos espectadores Gaddis de Los reconocimientos y de JR, en el John Barth de El final del
miopes de un accidente de coche: «¿Has visto lo mismo que yo?». Además, camino y de El plantador de tabaco, y en el Pynchon de La subasta del lote
si vamos a hablar de las virtudes del «realismo», la escasez de 49. Pero la tendencia al tratamiento del pop como depósito de mitos ganó
conversaciones profundas en la narrativa joven me parece que refleja con ímpetu y pronto fue más allá de una escuela y un género. Cogiendo libros
precisión no solamente a nuestra generación; quiero decir que con seis casi al azar de mis estanterías, encuentro el libro de 1986 del poeta James
horas diarias de tele, en las casas de la gente joven y vieja, ¿cuántas Cummins, The Whole Truth, un ciclo de sextinas que deconstruye a Perry
conversaciones puede haber? Así pues, ¿cuál es realmente la estética Mason. Está también la novela de Robert Coover The Public Burning (1966),
literaria con «fecha de caducidad»? En términos de historia literaria, es donde Eisenhower sodomiza a Nixon en directo, o A Political Fable (1968)
importante reconocer la distinción entre referencias pop y televisivas, por del mismo autor, donde el Gato con Sombrero del doctor Seuss se presenta
un lado, y el mero uso de técnicas sacadas de la tele, por el otro. Estas a las elecciones presidenciales. Encuentro el libro de Max Apple, The
últimas han existido siempre en la narrativa. El Voltaire de Cándido, por Propheteers (1986), una fantasía novelada sobre las penurias de Walt
ejemplo, emplea una ironía audiovisual que enorgullecería a Ed Rabel Disney. Cito aquí parte del poema de Bill Knott, «And Other Travels» (1974):
cuando hace que Cándido y Pangloss vayan corriendo sonrientes y diciendo:
«Todo va a mejor en el mejor de todos los mundos posibles» rodeados de
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… en la mano yo llevaba un látigo de nueve puntas untadas de
Clearasil
a Jack y Roxanne a su casa para ver
me sentía preocupado porque Dick Clark le había dicho al cámara
la tele, y en la pantalla vieron a Peg y Bob
que no me sacara con la cámara durante los números de baile
y a Jack y Roxanne mirándose a sí mismos
del programa porque mi falda era demasiado ajustada,
mirarse a sí mismos en teles cada vez más pequeñas…
lo cual constituye un ejemplo perfecto porque, aunque esta estrofa
o el poema de Knott, «Crash Course» (1983):
aparece en el poema sin nada que pueda hacerle de contexto o de apoyo,
de hecho se apoya a sí misma en una referencia que todos y cada uno de Me ato un monitor de televisión en el pecho
nosotros entendemos de inmediato, puesto que conjura, con aquella
vanidad ritualizada de American Bandstand, la inseguridad adolescente, la
para que todos los que se acercan puedan verse
gestión de momentos de espontaneidad. Es la imagen pop perfecta, al
mismo tiempo ligera y universal, reconfortante y desconcertante.
Recuerden que el fenómeno de mirar y la consciencia de mirar son y reaccionar de forma apropiada.
expansivos por naturaleza. Lo que distingue a otra ola posterior de literatura
posmoderna es un alejamiento de las imágenes de la televisión como
objetos válidos de alusión literaria y un acercamiento a la televisión y el
metaconsumo como temas válidos. Me refiero a cierta literatura que
El verdadero profeta de este cambio en la narrativa americana, sin
empieza a encontrar su razón de ser en su comentario/reacción a una
embargo, fue el va mencionado Don DeLillo, un novelista conceptual
cultura estadounidense más dedicada al consumo televisivo, a la ilusión y la
subestimado durante mucho tiempo que ha convertido la señal y la imagen
imagen de vídeo. Esta involución de la atención fue observable por primera
en sus motivos combinados, del mismo modo que Barth y Pynchon
vez en la poesía académica. Véase, por ejemplo, el poema de Stephen
esculpieron con parálisis y paranoia una década antes. Ruido de fondo
Dobyns, «Arrested Saturday Night» (1980):
(1985), de DeLillo, constituyó, para la nueva hornada de narradores, un
Así es como pasó: Peg y Bob habían invitado toque a rebato. Escenas como la que sigue resultaron especialmente
importantes:
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Varios días después, Murray acudió a mí interesándose por una que el académico de la cultura pop Murray está mirando a gente que mira
atracción turística conocida como el establo más fotografiado de un establo, y su amigo Jack está mirando a Murray mirar a los que miran, y
Norteamérica. Recorrimos treinta y cinco kilómetros a través de la campiña nosotros los lectores estamos mirando de forma obvia cómo Jack el
de Farmington. Se veían prados y huertos de manzanos. Los vastos campos narrador mira a Murray mirar, etcétera. Si uno excluye al lector, hay una
aparecían surcados por blancas hileras de vallas. No tardaron en comenzar regresión similar de representaciones del establo y del acto de mirar el
a verse los anuncios. EL ESTABLO MÁS FOTOGRAFIADO DE NORTEAMÉRICA. establo. Pero más importantes son las complejas ironías que operan en la
Contamos cinco de ellos antes de llegar al lugar … Avanzamos a lo largo de escena. La escena en sí es absurda y absurdista. Pero la mayor parte de la
un sendero de ganado hasta el punto, ligeramente elevado, desde el que los fuerza paródica del texto va dirigida a Murray, el aspirante a trascender el
visitantes tomaban sus fotografías. Todos los visitantes llevaban cámara acto de la expectación. Al observar y analizar, Murray intenta adivinar el
fotográfica; algunos incluso trípodes, teleobjetivos y juegos de filtros. En mecanismo y las razones que llevan a unirse al visionado colectivo de
una cabina, un hombre vendía postales y diapositivas: imágenes del establo imágenes de masas que se han convertido en imágenes de masas solamente
tomadas desde el mirador elevado. Permanecimos cerca de un bosquecillo porque se han convertido en el objeto de visionado colectivo. El «largo
de árboles y observamos a los fotógrafos. Murray guardó un largo silencio, silencio» del narrador en respuesta al parloteo de Murray dice volúmenes
garabateando notas a intervalos en una pequeña libreta. —Nadie ve el enteros. Pero no es que denote simpatía implícita hacia la multitud de
establo —dijo finalmente. A esto siguió un silencio igualmente prolongado. borregos ansiosos de fotografías. Esos pobres congéneres de Joe Briefcase
—Cuando uno ha visto los anuncios del establo, resulta imposible ver el no son menos objeto de burla por el hecho de que su crítico «científico»
establo en sí. Enmudeció una vez más. Los presentes abandonaban el esté siendo ridiculizado. El tono narrativo de toda la escena es una especie
mirador con sus cámaras y eran reemplazados inmediatamente por nuevos de soplido de burla con la cara seria, esa cara seria característica de la ironía,
visitantes. —No estamos aquí para capturar una imagen sino para con el propio Jack mudo durante el diálogo de Murray, ya que hablar en voz
mantenerla. Cada fotografía no hace sino incrementar su aura. ¿Lo notas, alta durante la escena habría convertido al narrador en parte de la farsa (en
Jack? Una acumulación de energías sin nombre. De nuevo un largo silencio. lugar de ser un «observador y registrador» distanciado y trascendente) y a
El hombre de la cabina seguía vendiendo postales y diapositivas. —El hecho su vez vulnerable también a la burla. Con su silencio, Jack, el álter ego de
de estar aquí constituye una suerte de rendición espiritual. Solo vemos DeLillo, diagnostica elocuentemente la misma enfermedad que sufren por
aquello que ven los demás. Los miles que han acudido en el pasado, los que igual tanto él como Murray, los que miran la cabaña y nosotros.
acudirán en el futuro. Hemos aceptado formar parte de una percepción
colectiva y eso, literalmente, proporciona color a nuestra perspectiva. En
cierto modo es como una experiencia religiosa, igual que cualquier forma
de turismo. De nuevo, silencio. —Están tomando fotos de gente tomando
fotos —dijo. He citado esto en toda su extensión, no solamente porque es
demasiado bueno para cortarlo, sino también para llamar la atención de
ustedes sobre dos elementos importantes. Uno es el mensaje dobynsiano
sobre la metástasis del acto de mirar. Porque no solamente somos gente
mirando un establo cuya única fama reside en ser objeto de miradas, sino
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TENGO UNA TESIS NARRATIVA DE LA IMAGEN
Quiero convencerlos de que la ironía, el silencio con cara de póquer El subgénero particular de narrativa que tengo en mente ha sido
y el miedo al ridículo son distintivos de esos rasgos de la cultura americana llamado por algunos editores pos‐posmodernismo y por algunos críticos
contemporánea (de la que la narrativa de vanguardia es parte) que guardan hiperrealismo. Algunos de los lectores y autores jóvenes que conozco lo
alguna relación significativa con la televisión que tiene a mi generación llaman narrativa de la imagen. La narrativa de la imagen es básicamente una
agarrada por el cuello. Voy a afirmar que la ironía y el ridículo entretienen y involución ulterior de las relaciones entre literatura y pop que florecieron
son efectivos, pero al mismo tiempo son agentes de una desesperación con el posmodernismo en los años sesenta. Si los padres de la Iglesia
enorme y de una parálisis de la cultura americana, y que para los aspirantes posmodernista consideraron las imágenes pop referentes y símbolos válidos
a narradores plantean unos problemas especialmente terribles. Mis dos para la narrativa, y si en los años setenta y ochenta esta llamada a los
grandes premisas son que, por un lado, en los últimos tiempos ha surgido elementos de la cultura de masas se desplazó del uso a la mención —es
cierto subgénero de narrativa posmoderna consciente del pop, escrita decir, ciertas vanguardias empezaron a tratar el pop y el consumo de
básicamente por americanos jóvenes, que ha hecho un intento real de televisión como temas válidos en sí mismos—, la nueva narrativa de la
transfigurar un mundo forjado en la apariencia, la fascinación masiva y la imagen usa los mitos fugaces y recibidos de la cultura popular como un
televisión, y consagrado a ellas; y que, por otro lado, la cultura televisiva ha mundo en el que imaginar ficciones sobre personajes «reales», si bien
evolucionado de alguna forma hasta un punto en el que parece invulnerable mediados por la cultura pop. Los primeros ejemplos de las tácticas
a esos intentos de transfiguración. En otras palabras, la televisión se ha imaginistas se pueden ver en Great Jones Street de Don DeLillo, The Public
vuelto capaz de capturar y neutralizar todo intento de cambio o incluso de Burning de Robert Coover y en Max Apple, cuyo relato de los setenta «The
protesta contra las actitudes de disgusto pasivo y de cinismo que la Oranging of America» proyecta una vida interior en la figura de Howard
televisión requiere del Público para ser comercial y psicológicamente viable Johnson. Pero a finales de los ochenta, a pesar de la inquietud de los
en dosis de varias horas diarias. editores por los problemas legales de imaginar vidas privadas para figuras
públicas, una cosecha extraordinaria de este rollo detrás‐del‐cristal empezó
a emerger, gracias a una serie de autores que no se conocieron ni se
influyeron entre sí. The Propheteers de Max Apple, Krazy Kat de Jay Cantor,
A Night at the Movies o Yon Must Remember This de Robert Coover, You
Bright and Risen Angels de William T. Vollmann, Movies: Seventeen Stories
de Stephen Dixon y el holograma ficticio de Lee Harvey Oswald que lleva a
cabo DeLillo en Libra son todos ejemplos notables posteriores a 1985.
(Observen también que, en otro medio durante los ochenta, producciones
cultas como Zelig, La rosa púrpura de El Cairo, Sexo, mentiras y cintas de
vídeo, además de las películas de bajo presupuesto Scanners, Videodrome
y Shocker empezaron a tratar las pantallas de los espectáculos de masas
como superficies permeables.) Es en el último año cuando la narrativa de la
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imagen ha despegado realmente. En el libro de A. M. Homes, The Safety of convertía lo extraño en familiar. Hoy día, aunque podemos comer comida
Objects (1990), hay un tormentoso relato de amor entre un chico y una Tex‐Mex con palillos mientras escuchamos reggae y ver la retransmisión por
muñeca Barbie. En el libro de The Rainbow Stories (1989), aparecen un satélite soviético de la caída del muro de Berlín —es decir, cuando casi
aparatos Sony como personajes de parábolas heideggerianas. Fort Wayne todo se presenta como algo familiar—, no es de extrañar que parte de la
Is Seventh on Hitler’s List (1990), de Michael Martone, es un denso ciclo de narrativa realista más ambiciosa se esté proponiendo convertir lo familiar
relatos acerca de los gigantes de la cultura pop del Medio Oeste —James en extraño. Al hacerlo, al pedir acceso narrativo al otro lado de las lentes,
Dean, el coronel Sanders, Dillinger—, un proyecto que en su conjunto, las pantallas y los titulares y volver a imaginar cómo sería realmente la vida
descrito en un prefacio acerca de las tribulaciones legales de la narrativa de humana al otro lado del abismo de la ilusión, la mediación, la demografía, la
la imagen, consiste en «cuestionar la frontera entre hechos y ficción en mercadotecnia, la imago y la apariencia, la narrativa de la imagen está
presencia del fenómeno de la fama».[Y el éxito en ambientes universitarios intentando paradójicamente restaurar lo que se entiende por «real» a las
de Mark Leyner, My Cousin, My Gastroenterologist (1990), no tanto una tres dimensiones, reconstruir un mundo unívocamente redondo a partir de
novela como lo que la solapa describe como «un análogo narrativo de la corrientes dispares de visiones planas. Esa es la buena noticia. La mala
mejor droga que hayas tomado», ofrece desde meditaciones acerca del noticia es que, sin apenas excepciones, la narrativa de la imagen no logra lo
color de los envoltorios de los salvaslips de Carefree, pasando por «la Gran que se propone. En cambio, a menudo degenera en una especie de mirada
Ardilla, ese presentador de programas infantiles de la tele y mercenario superficial y burlona «entre los bastidores» de la misma fachada televisiva
kung‐fu», hasta repeticiones de jugadas de la NFL con una «visión de rayos de la que la gente ya se ríe, una fachada tras cuyos bastidores ya se pueden
X que muestra esqueletos saltando en un vacío azulado y rodeado por ver colas gracias a Entertainment Tonight y Remote Control. La razón por la
setenta y cinco mil calaveras gritando». Una cosa que debo recalcar acerca que la narrativa de la imagen actual no ofrece una salida a la psicología
de este nuevo subgénero es que no solamente se distingue por cierta pasiva y adictiva de la televisión que tanto se esfuerza por ofrecer es que la
técnica neoposmodernista sino por todo un programa socioartístico. La mayoría de los autores de narrativa de la imagen ofrecen su material con el
narrativa de la imagen no es el simple uso o mención de la cultura televisiva mismo tono de ironía y autoconsciencia que sus predecesores, los rebeldes
sino una verdadera reacción a ella, un esfuerzo para imponer alguna clase literarios del movimiento beat y el posmodernismo, usaron para rebelarse
de responsabilidad sobre un estado de las cosas en el que más americanos contra su propio mundo y su contexto. Y la razón por la que este método
ven las noticias por la televisión que en los periódicos y en el que más posmodernista irreverente no logra ayudar a los nuevos imaginistas a
americanos ven cada noche La ruleta de la fortuna que todos los programas transfigurar la tele es simplemente que la tele les ha dado una paliza. Lo
de noticias de las tres cadenas nacionales juntos. Y por favor, entiendan que cierto es que durante al menos diez años, la televisión ha estado
la narrativa de la imagen, lejos de ser una novedad experimental de moda, absorbiendo ingeniosamente, homogeneizando y representando la misma
es casi atávica. Es una adaptación natural de las técnicas antediluvianas del estética cínica y posmoderna que una vez fue la mejor alternativa a la
realismo a un mundo de los noventa cuyos límites definitorios han sido llamada de la narrativa popular, complaciente y para públicos masivos.
deformados por la señal eléctrica. Porque una de las tareas principales de la Resulta macabramente fascinante ver cómo la televisión ha hecho esto. Un
narrativa realista era proporcionar caminos para traspasar fronteras, ayudar breve intermedio para evitar la paranoia. Al decir que la narrativa de la
a los lectores a saltar sobre las paredes del yo y de lo local y mostrarnos imagen intenta «rescatarnos» de la tele, tampoco estoy sugiriendo que la
gentes, culturas y formas de ser nunca vistas ni soñadas. El realismo televisión tenga planes diabólicos, o quiera nuestras almas, o lave el cerebro
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de la gente. De nuevo me refiero únicamente a esa clase de convertido en un fenómeno nacional con consecuencias en todo el país.
condicionamiento natural del público consecuencia de elevadas dosis Todo Estados Unidos ha cambiado en su percepción de las cosas que valora
diarias, un condicionamiento tan sutil que se puede observar mejor de y teme. El boom de los dietistas, la salud y los gimnasios, los salones de
forma indirecta, mediante ejemplos. Y si un término como bronceado en cada vecindario, la cirugía plástica, la anorexia y la bulimia, el
«condicionamiento» les sigue pareciendo hiperbólico o histérico, les pido uso de esteroides entre los chicos, las chicas que se tiran ácido las unas a las
que consideren por un momento la cuestión ejemplar de la belleza física. otras porque el pelo de una se parece más al de Farrah Fawcett que el de la
Una de las cosas que hace adecuada a la gente de la televisión para soportar otra. ¿Se supone que estas cosas no están relacionadas entre sí? ¿Ni con la
la mega mirada es que son, para los estándares humanos ordinarios, apoteosis de la belleza física en la cultura televisiva? No es paranoico ni
extremadamente guapos. Sospecho que esto, como la mayoría de las histérico reconocer que la televisión en dosis enormes afecta de forma
convenciones televisivas, no está pensado con ningún fin más siniestro que profunda los valores de la gente y la percepción que tienen de sí mismos.
llegar al mayor público posible: suele resultar más agradable mirar a gente Tampoco lo es el hecho de que el condicionamiento televisivo influye sobre
guapa que a gente que no lo es. Pero cuando hablamos de la televisión, la toda la psicología de la relación de cada cual consigo mismo, con su espejo,
combinación de unos públicos inmensos y una comunicación psíquica con sus seres queridos, y con un mundo de gente real y miradas reales.
silenciosa entre imágenes y mirones inicia un ciclo que al mismo tiempo Nadie va a afirmar que una cultura basada en el acto de mirar y en la
intensifica el atractivo de la gente guapa y erosiona nuestra seguridad como apariencia queda fatalmente comprometida por unos criterios irreales de
espectadores a la hora de soportar miradas ajenas. Debido a la forma en belleza y de forma física. Pero otras facetas del condicionamiento televisivo
que los seres humanos nos relacionamos con las narraciones, tendemos a se revelan más mezquinas y más graves de lo que ningún autor de narrativa
identificarnos con los personajes que nos resultan atractivos. Intentamos irreverente querría tomarse en serio.
vernos a nosotros mismos reflejados en ellos. La misma relación de
identificación, sin embargo, comporta también que intentamos verlos a
ellos reflejados en nosotros. Puesto que todo el mundo con quien
intentamos identificarnos durante seis horas al día es gente guapa,
naturalmente se vuelve más importante para nosotros ser guapos, que los
demás nos consideren guapos. Debido a que ser guapo se convierte en una
prioridad para nosotros, la gente guapa de la tele se vuelve más atractiva,
un ciclo que obviamente resulta muy beneficioso para la tele. Pero no tan
beneficioso para nosotros los civiles, que solemos tener espejos en casa, y
que también acostumbramos a no ser ni mucho menos tan guapos como las
imágenes de la tele con las que nos queremos identificar. Esto no solamente
nos causa cierta angustia personal, sino que la angustia aumenta porque,
en todo el país, todo el mundo está absorbiendo también dosis diarias de
seis horas e identificándose con gente guapa y valorando la belleza cada vez
más. Esta angustia tan personal acerca de nuestra belleza física se ha
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EL AURA DE LA IRONÍA tanto asustadiza, y por tanto fácil de convencer, si se los aborda cuando
están solos.) Los anuncios de televisión clásicos trataban acerca del grupo.
Es algo ampliamente reconocido que la televisión, con su batería de
Tomaban la vulnerabilidad de Joe Briefcase —sentado ahí, mirando uno de
estadísticos y encuestadores con gafas de concha, es extremadamente hábil
sus muebles, solo— y se aprovechaban de ella vinculando la compra de
para discernir tendencias en el flujo de las ideologías populares, absorber
cierto producto con la inclusión de Joe Briefcase en alguna comunidad
esas tendencias, procesarlas y por fin representarlas como argumentos en
atractiva. Es por eso que los que tenemos más de veintiún años nos
favor del acto de mirar y comprar. Es sabido, por ejemplo, que los anuncios
acordamos de todos aquellos viejos anuncios intercambiables donde salían
dirigidos a los prósperos miembros de la generación del baby boom usan
grupos de gente guapa en contextos de éxtasis, todos divirtiéndose más de
versiones modificadas de canciones de la cultura rock de los sesenta y los
lo que cualquiera tiene licencia para divertirse y todos unidos como Grupo
setenta para provocar el ansia asociada a la nostalgia y ligar la compra de
Feliz por el hecho manifiesto de que tienen en la mano cierta botella de
productos con lo que para los yuppies es una era perdida de convicciones
refresco o marca de aperitivos; el atractivo ostensible consiste en que el
genuinas. Las furgonetas deportivas Ford se anuncian con el eslogan: «Este
producto en cuestión puede ayudar a Joe Briefcase a integrarse en algo:
es el inicio de la era de Aerostar». Ford ha litigado en los tribunales
«Somos la generación Pepsi…». Pero al menos desde los ochenta, el bando
recientemente con Bette Midler por el robo de su voz en «Do You Wanna
individualista de la gran conversación americana ha dominado la publicidad
Dance?». Las pasas de plastilina del Consejo Regulador de las Pasas de
televisiva. No estoy seguro de cómo ni por qué ha sucedido esto.
California bailan al ritmo de «Heard It Through the Grapevine», etcétera. Si
Probablemente se puedan localizar conexiones profundas —con Vietnam,
la reutilización cínica de las canciones y de los ideales que solían representar
la cultura juvenil, el Watergate, la recesión y el ascenso de la Nueva
resulta desagradable, los músicos de pop tampoco parecen paradigmas de
Derecha—, pero lo cierto es que muchos de los anuncios televisivos más
la no comercialización, y de todas formas nadie ha dicho nunca que vender
efectivos ahora se dirigen a un espectador solitario de una forma
fuera agradable. Los efectos de cualquier ejemplo de absorción y
terriblemente distinta. Ahora los productos se anuncian más a menudo
banalización de recuerdos culturales parecen bastante inocuos. El reciclaje
como instrumentos para que el espectador «se exprese», afirme su
de corrientes culturales enteras y de las ideologías que representaban, es
individualidad, «se destaque entre la multitud». El primer ejemplo que vi de
otra historia. La cultura pop americana es idéntica a la cultura seria
esto fue una colonia muy anunciada a principios de los ochenta por
americana en el hecho de que su corriente central siempre ha opuesto la
reaccionar supuestamente con la «química corporal única» de cada mujer y
nobleza del individualismo a la calidez de la pertenencia a la comunidad.
crear «su propio aroma individual». El anuncio mostraba una hilera de
Durante sus primeros veinte años, parecía que la televisión apelaba sobre
modelos lánguidas que aguardaban apretadas e inexpresivas su turno para
todo a la parte de la ecuación relativa a la pertenencia al grupo. En los inicios
que les rociaran las muñecas, luego experimentaban una especie de
de la tele se ensalzaban la comunidad y los vínculos, aunque la tele misma,
revelación bioquímica al olerse las muñecas húmedas y una panorámica
y especialmente la publicidad, se ha proyectado desde el principio hacia el
desde atrás mostraba que se alejaban en direcciones distintas del individuo
espectador solitario, Joe Briefcase. (Los anuncios de televisión siempre se
de la colonia. (Podemos pasar por alto las connotaciones sexuales obvias, el
dirigen a individuos, nunca a grupos, un hecho que parece curioso a la luz
hecho de rociar y todo eso; algunas tácticas nunca cambian.) O recuerden
del tamaño sin precedentes del público de la tele, hasta que uno oye a los
esa serie reciente de sombríos anuncios en blanco y negro de Cherry Seven
vendedores expertos explicar que la gente siempre es más vulnerable, y por
Up donde los únicos personajes que aparecen en color y destacan de su
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entorno son la gente rosa que se vuelve rosa en el mismo momento en que gigantesca mirada del rebaño. Es decir, el auténtico mensaje de la televisión
beben el viejo Cherry Seven Up. Ahora se encuentran en todas partes en estos anuncios es que es mejor estar dentro de la tele que permanecer
ejemplos de esta idea de destacar. Salvo por ser más idiotas (los productos fuera y mirando. La soledad ensalzada de la publicidad que promueve la
que se supone que distinguen a los individuos de la multitud se venden a separación, por tanto, no solamente vende productos comerciales. Se las
multitudes de individuos), estos anuncios no son realmente más complejos arregla de forma brillante para asegurar —incluso en los anuncios que la
ni sutiles que los viejos anuncios sobre Joe‐integrándose‐ en‐el‐grupo que televisión paga para emitir— que en última instancia es la tele, y no ningún
ahora parecen tan rancios. Pero la relación que establecen los nuevos producto o servicio específico, lo que Joe Briefcase va a considerar el árbitro
anuncios sobre el alejamiento del rebaño con su masa de espectadores último del valor humano. Un oráculo para consultarlo todo el tiempo. El
solitarios es al mismo tiempo compleja e ingeniosa. Los mejores anuncios estudioso de la publicidad Mark C. Miller lo explica de forma sucinta: «La
de hoy día siguen hablando del grupo, pero ahora presentan al grupo como tele ha pasado de la celebración explícita de artículos al refuerzo implícito
algo terrible, algo que puede engullirte, borrarte, volverte «invisible». Pero de esa actitud del espectador que la tele requiere de nosotros». Los
¿invisible para quién? Las multitudes siguen teniendo una importancia vital anuncios solipsistas son otra forma que tiene la televisión de señalarse a sí
en la tesis publicitaria del alejamiento como acceso a la identidad, pero misma: hacer que la relación del espectador con su mueble sea al mismo
ahora la multitud del anuncio, en lugar de resultar más atractiva, segura y tiempo alienada y anaclítica. Tal vez, sin embargo, la relación del espectador
animada que el individuo, funciona como una masa de miradas idénticas e contemporáneo con la televisión contemporánea no sea tanto un
inexpresivas. La multitud es ahora, paradójicamente, tanto a) el «rebaño» paradigma de infantilismo y de adicción como de la relación clásica de
en contraste con el cual se define la identidad distintiva del espectador, Estados Unidos con la tecnología en general, que equiparamos al mismo
como b) los testigos cuya mera visión puede conferir una identidad tiempo con la libertad y el poder y con la esclavitud y el caos. Porque, como
distintiva. El aislamiento del espectador solitario delante de su mueble es en el caso de la televisión, no importa si amamos personalmente la
aplaudido de forma implícita —es mejor y más real, parecen implicar esos tecnología, la odiamos, la tememos o las tres cosas al mismo tiempo,
anuncios, volar en solitario— y sin embargo, también se quiere decir que es seguimos buscando de forma incansable en la tecnología soluciones a los
algo amenazante y confuso, ya que después de todo Joe Briefcase no es mismos problemas que la tecnología parece causar: véase, por ejemplo, la
idiota, ahí sentado, y sabe que como espectador es culpable de los dos catálisis para la polución, la Iniciativa de Defensa Estratégica para los misiles
grandes pecados que los anuncios condenan: ser un espectador pasivo (de nucleares, los trasplantes para las diversas podredumbres. Y del mismo
la tele) y ser parte de un gran rebaño (de espectadores de televisión y modo que con la tecnología, la gestalt de la televisión se expande para
compradores de productos para destacar). Qué extraño. La superficie de los absorber todos los problemas asociados con ella. Las falsas comunidades de
anuncios que promueven la separación del grupo presenta un mensaje los seriales emitidos en horas de máxima audiencia, como California o
relativamente simple de Compra Esto, pero el mensaje profundo de la Treinta y tantos, son productos reconfortantes para el espectador del
televisión en relación con estos anuncios parece ser que el estatus mismo medio, cuya ambigüedad acerca del Grupo ayuda a erosionar la
ontológico de Joe Briefcase como uno más dentro de una masa reactiva de noción de pertenencia de la gente. El montaje entrecortado, los eslóganes
espectadores resulta, a cierto nivel, poco firme, contingente, y que la y el tratamiento sumario de cuestiones espinosas es la forma que tienen los
verdadera realización del yo consiste en última instancia en que Joe se noticiarios nacionales de acomodarse a un Público cuyo lapso de atención y
transforme en una de las imágenes que constituyen los objetos de la apetito de complejidad se han marchitado ligeramente después de años de
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consumo televisivo en altas dosis. Etcétera. Pero la tele ha creado sus posmoderna— las fronteras entre géneros, funciones, arte comercial y
propios problemas derivados de la tecnología. La llegada del cable, a comercio artístico. Con todo, la televisión y sus patrocinadores tienen una
menudo con paquetes de más de cuarenta canales, amenaza por igual a las preocupación mayor a largo plazo, que es su detente incierta hacia la psique
redes nacionales y a las empresas locales afiliadas. Esto resulta del espectador individual. Dado que la televisión tiene que resolver
particularmente cierto cuando el espectador está armado con un mando a antinomias básicas sobre las ideas de ser y mirar, sobre la evasión de la vida
distancia: Joe Briefcase sigue consumiendo sus seis horas de televisión cotidiana, el espectador medianamente inteligente no puede sentirse
diaria, pero la cantidad de tiempo retinal que dedica a cada opción se reduce satisfecho con su vida cotidiana de consumo televisivo en altas dosis. Joe
bruscamente cuando pasa a examinar con el mando un espectro mucho más Briefcase puede haberse sentido bastante satisfecho mientras miraba la tele
amplio. Peor todavía, el reproductor de vídeo, con sus temibles funciones pero cuesta creer que pueda sentirse satisfecho acerca del hecho de mirar
de avanzar deprisa y saltarse partes, amenaza la misma viabilidad de los tanta televisión. Seguro que en el fondo, Joe se siente incómodo al ser parte
anuncios. ¿Cuál es la solución completamente sensata por parte de los de la multitud más numerosa de la historia de la humanidad viendo
programadores de anuncios? Hacer que los anuncios sean tan atractivos imágenes que sugieren que el sentido de la vida consiste en alejarse
como los programas. O en cualquier caso intentar evitar que a Joe Briefcase visiblemente de la multitud. El ciclo de culpa/indulgencia/apaciguamiento
le disgusten tanto los anuncios como para desear mover el dedo y ver dos se dirige en cierto nivel a esas preocupaciones. ¿Acaso no habrá tal vez
minutos y medio de Hazel en Superstation mientras la NBC anuncia crema alguna forma más profunda de mantener a Joe Briefcase bien afianzado en
labial. Hacer que los anuncios sean más bonitos, más animados, llenos de la multitud de espectadores asociando de alguna forma su propio consumo
cuantos visuales yuxtapuestos de forma lo bastante rápida como para que de televisión con la trascendencia de las multitudes de espectadores? Pero
la atención de Joe no deambule, incluso si quita el volumen con el mando a eso sería absurdo. Aquí entra la ironía. He afirmado —algo vagamente hasta
distancia. Tal como lo explica un ejecutivo publicitario: «Los anuncios cada el momento— que lo que hace que la hegemonía de la televisión sea tan
vez se vuelven más como películas».23 Por supuesto, hacer que los anuncios resistente a las críticas de la nueva narrativa de la imagen es que la
se parezcan a los programas tiene una contrapartida. Que los programas televisión se ha apropiado de las formas distintivas de la misma literatura
empiecen a parecerse cada vez más a los anuncios. De esa forma los posterior a la segunda guerra mundial —cínica, irreverente, irónica y
anuncios no parecen tanto interrupciones como marcadores del ritmo, absurdista— que los nuevos imaginistas usan como piedra de toque. El
metrónomos, comentarios teóricos de los programas. Inventar Corrupción hecho es que la reutilización de lo posmoderno evolucionó como solución
en Miami, donde apenas hay la molestia de un argumento sino meramente inspirada al problema de mantener a Joe al mismo tiempo alienado de la
un énfasis sin precedentes en el aspecto, lo visual, la actitud, cierta multitud de un millón de ojos y formando parte de ella. La solución
«imagen».24 Hacer vídeos musicales con el mismo ritmo anfetamínico y las implicaba el paso gradual de un exceso de sinceridad a una especie de
mismas asociaciones arquetípicas oníricas que los anuncios: tampoco irreverencia de niños malos frente a la Gran Cara que nos muestra la tele. A
importa que los vídeos sean básicamente anuncios musicales largos. O su vez, esto reflejaba un cambio más amplio en la percepción
introducir el publirreportaje del patrocinador que se presenta, de forma estadounidense de cómo se supone que funciona el arte, la transición entre
informal, como informativo, al estilo de Amazing Discoveries o de aquellos una idea del arte como afirmación creativa de los valores reales al arte
reportajes sobre la pérdida del cabello presentados por Robert Vaughn que entendido como rechazo creativo de los valores falsos. Y este cambio más
rondan las horas baratas de la madrugada. Borrar —como hizo la literatura amplio, a su vez, era un fenómeno paralelo tanto al desarrollo de la estética
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posmoderna como a ciertos cambios serios y profundos en la forma en que realmente una elección lo que el anuncio le está vendiendo a Joe Briefcase,
los americanos eligen percibir conceptos como la autoridad, la sinceridad y «sino la total negación de la elección. Ciertamente, el producto en sí resulta
la pasión en términos de nuestra voluntad de ser complacidos. No irrelevante para el mensaje final. El anuncio no encomia la Pepsi per se, sino
solamente han «pasado de moda» ideas como sinceridad y pasión, en que la recomienda dejando implícito que se ha engatusado a mucha gente
materia televisiva, sino que la misma idea de placer ha quedado para que la compre. En otras palabras, el mensaje de este exitoso anuncio
deslegitimada. Tal como lo explica Mark C. Miller, la televisión es que Pepsi se ha anunciado con éxito».26 Hay cosas importantes que
contemporánea «ya no solicita nuestra absorción atenta ni nuestro acuerdo señalar aquí. En primer lugar, este anuncio de Pepsi estaba enormemente
sincero, sino que nos halaga (igual que los anuncios que la financian) por el influido por el miedo a los mandos a distancia, el zapeo y las burlas del
mismo aburrimiento y la desconfianza que nos inspira».25 El ensayo de público. Un anuncio sobre los anuncios, usaba la autorreferencia a fin de
Miller, «Deride and Conquer» [‘Búrlate y vencerás’] (1986), con diferencia resultar lo bastante sofisticado como para evitar ser odiado. Se protegía a sí
el mejor ensayo publicado jamás acerca de la publicidad en la televisión, mismo del desprecio que sienten los conocedores de la tele actual tanto por
describe con claridad un ejemplo de cómo funciona la apelación televisiva los anuncios agresivos con locutores hablando a toda prisa que Dan Aykroyd
contemporánea al espectador. Se trata de un anuncio de la temporada parodió hasta la locura en Saturday Night Live, como por los anuncios
1985‐1986 que ganó el premio Clío y que todavía se emite de forma quijotescamente asociativos que relacionaban tomar refrescos con el
ocasional. Es ese anuncio de Pepsi donde una furgoneta de Pepsi aparca romance, la belleza y la inclusión en el grupo, anuncios que la mayoría de
frente a una playa abarrotada y el joven de aspecto travieso que está al los espectadores sofisticados hoy día consideran pasados de moda y
volante activa un sistema de megafonía, abre una lata de Pepsi y la vierte «manipuladores». En contraste con los anuncios obvios que te dicen
en un vaso junto al micrófono. El denso ruido del gas de la lata recorre el «Compra Esto», el anuncio de Pepsi emplea la parodia. El anuncio es
aire tórrido de la playa y todas las cabezas se vuelven hacia la furgoneta extremadamente explícito acerca de la razón por la que los anuncios de la
como si hubieran tirado de ellas con un cordel mientras el sistema de tele son despreciados popularmente, a saber: por usar apelaciones
megafonía retransmite los ruidos del joven bebiendo y luego suspirando de primarias y charlatanería para vender mejunjes azucarados a gente cuya
satisfacción. El plano final revela que la furgoneta es también un puesto de identidad no se basa más que en el consumo de masas. Este anuncio logra
venta ambulante, y que toda la población de gente guapa de la playa se ha al mismo tiempo burlarse de sí mismo, de Pepsi, de la publicidad, de los
congregado en forma de muchedumbre clamorosa en torno a la parte de publicistas y de la gran masa de espectadores y consumidores de Estados
atrás de la furgoneta, todos saltando y rogando que les sirvan a ellos Unidos. De hecho, el anuncio lleva a cabo una alabanza completamente
primero; luego la cámara retrocede a un plano aéreo de la multitud y se oye servil de una sola persona: el espectador solitario, Joe Briefcase, que incluso
el eslogan de la campaña entonado con voz inexpresiva: «Pepsi: lo que elige con un cerebro modesto no puede evitar discernir la contradicción irónica
la nueva generación». Un anuncio verdaderamente asombroso. Pero ¿hace entre la invitación a «elegir» del eslogan (sonido) y la orgía pavloviana que
falta señalar, tal como hace con detalle el ensayo de Miller, que el eslogan rodea la furgoneta (imagen). El anuncio invita a Joe a «ver a través» de la
final es irónico? En este anuncio hay tanta posibilidad de «elegir» como en manipulación de que es objeto la horda rabiosa de la playa. El anuncio
el experimento con el timbre de Pavlov. El uso de la palabra «elegir» aquí es promueve una complicidad entre su propia ironía ingeniosa y la apreciación
puro humor negro. De hecho, los treinta segundos del anuncio son cínica y en absoluto ingenua de esa ironía que lleva a cabo el veterano
totalmente irónicos y autoparódicos. Tal como explica Miller, no es espectador Joe Briefcase. Invita a Joe a una broma privada de la que el
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público es el blanco. Felicita a Joe Briefcase, en otras palabras, por de una autoridad gastada y sus hijos precoces, su esposa mordaz y sus
trascender la misma multitud que lo define. Y multitudes enteras de gente colegas sardónicos. Comparen el tratamiento televisivo de las figuras de
como Joe respondieron: el anuncio elevó la cuota de mercado de Pepsi autoridad ingenuas en los programas preirónicos —Erskine en The FBI, Kirk
durante tres trimestres. La campaña de Pepsi no es un fenómeno aislado. en Star Trek, Ward en Leave it to Beaver, Shirley en The Partridge Family y
La empresa Isuzu Inc. encontró un filón a finales de los ochenta con su serie McGarrett en Hawaii Cinco Cero— con la descripción de Al Bundy en
de anuncios de «Joe Isuzu», un vendedor de aspecto satánico que Matrimonio con hijos, del señor Owens en Mr. Belvedere, de Homer en Los
engatusaba a los incautos asegurando que los Isuzu venían con tapicería de Simpson, de Daniels y Hunter en Canción triste de Hill Street, de Jason
piel de llama genuina y que a falta de gasolina funcionaban con agua del Seaver en Los problemas crecen o del doctor Craig en St. Elsewhere. La
grifo. Aunque los anuncios nunca dijeron apenas nada de por qué los coches comedia de situación moderna, en particular, depende casi por completo
Isuzu son buenos, les llovieron premios y subieron las ventas. Los anuncios de un humor y un tono inspirados en M*A*S*H y consistentes en la burla
funcionaron a la perfección como parodias de lo empalagosos y diabólicos de algún portavoz bufonesco de valores hipócritas y presofisticados a manos
que son los anuncios de coches. Invitaban a los espectadores a premiar a los de rebeldes mordazmente ingeniosos. Igual que Hawkeye se burlaba de
anuncios de Isuzu por ser irónicos, a felicitarse a sí mismos por entender la Frank y luego de Charles, también Herb es objeto de las burlas de Jennifer y
broma y a felicitar a Isuzu por ser lo bastante «atrevidos» e «irreverentes» Carlson en WKRP; el señor Keaton lo es de Alex en Family Ties; el jefe por
para admitir que los anuncios de coches son ridículos y que la gente es tonta las mecanógrafas en Nine to Five; Seaver por toda la familia en Los
por creérselos. Los anuncios invitaban al espectador solitario a conducir un problemas crecen, y Bundy por el planeta entero en Matrimonio con hijos
Isuzu a modo de declaración antipublicitaria. Los anuncios vincularon con (la parodia de las comedias de situación más radical llevada a cabo por una
éxito la compra de un Isuzu con la valentía, la irreverencia y la capacidad de comedia de situación). De hecho, las únicas figuras de autoridad que
ver más allá del engaño. Ahora se pueden ver buenos anuncios que se conservan cierta credibilidad en los programas posteriores a los ochenta
burlan de las convenciones publicitarias televisivas por todas partes, desde (dejando de lado a personajes como Furillo de Canción triste de Hill Street y
los de Federal Express y los anuncios de Wendy con sus parodias marchitas Westphal de St. Elsewhere, que soportan tanta miseria y ansiedad que el
y aceleradas de personajes de la publicidad, hasta los anuncios de Doritos y hecho de permanecer ahí cada semana ya los convierte en héroes) son los
sus montajes de locutores publicitarios y de imágenes de series antiguas portavoces de valores capaces de comunicar ironía acerca de sí mismos,
como Leave it to Beaver y Mister Ed. Además, se puede ver cómo esa táctica burlarse de sí mismos antes de que ningún Grupo sin piedad se abalance
de tomarse a pitorreo las pretensiones de aquellas viejas virtudes sobre ellos: véase a Huxtable en La hora de Bill Cosby, a Belvedere en Mr.
comerciales de la autoridad y la sinceridad —destinada a a) defender al que Belvedere, al agente especial Dale Cooper en Twin Peaks, a Gary Shandling
esgrime el pitorreo de cualquier pitorreo, y b) felicitar al patrón del pitorreo de la Fox (la canción de cuyo programa dice: «Esta es la canción del
por elevarse sobre la masa de gente que todavía cree en esas pretensiones programa de Gaaary»), y al verdadero Angel de la Muerte irónico de los
pasadas de moda— ha sido empleada con gran éxito por muchos de los ochenta, David Letterman. Su promulgación del cinismo por encima de la
programas de televisión que los anuncios financian. Programa tras autoridad genera un beneficio general para la televisión por diversas
programa, desde hace bastantes años, hemos visto un festival de actitud y razones. En primer lugar, en la medida en que la tele puede ridiculizar
alusión posmoderna, visual y manifiestamente superficial, o, más habitual convenciones trasnochadas hasta borrarlas del mapa, puede crear un vacío
todavía, la desigual batalla de ingenios entre ciertos portavoces inefectivos de autoridad. Y adivinen quién lo llena. La verdadera autoridad en un mundo
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que ahora vemos como construido y no descrito es cada vez más el medio multitudes de gente inexpresiva y de aspecto aburrido no tienen nada más
que construye nuestra visión del mundo. En segundo lugar, en la medida en que hacer que mirarse entre sí. ¿Qué tiene que ver la institucionalización de
que la tele puede referirse exclusivamente a sí misma y desacreditar la ironía sofisticada por parte de la televisión con la narrativa americana?
criterios convencionales afirmando su superficialidad, es invulnerable a las Bueno, para empezar la narrativa americana tiende a tratar sobre la cultura
acusaciones de sus críticos de que lo que se emite es banal, burdo o malo, americana y la gente que habita en ella. A nivel cultural, ¿hace falta que
ya que dichos juicios apelan a criterios convencionales y extra televisivos pierda más tiempo señalando en qué medida los valores televisivos influyen
acerca de la profundidad, el gusto y la calidad. Además, el tono irónico de la en el ambiente contemporáneo de Weltschmerz hastiado, materialismo
autorreferencia televisiva comporta que nadie puede acusar a la tele de auto paródico, indiferencia inexpresiva y la ilusión de que el cinismo y la
intentar engañar a nadie. Tal como afirma el ensayista Lewis Hyde, la ironía ingenuidad se excluyen mutuamente? ¿Podemos negar la conexión entre
auto paródica siempre es «sinceridad con un móvil».28 Y, volviendo a la idea un medio consensual con un poder sin precedentes que sugiere que no hay
original, si la televisión puede atraer hacia sí a Joe Briefcase por medio de ninguna diferencia real entre imagen y sustancia, por un lado, y cosas como
las bromas privadas y la ironía, puede aliviar esa tensión dolorosa entre la el ascenso a la presidencia de Teflon, el establecimiento de las industrias
necesidad de Joe de trascender la multitud y su estatus ineludible como nacionales del bronceado y la liposucción, o lo popular que se está haciendo
miembro del Público. Porque en la media en que la tele puede halagar a Joe bailar al son de la orden sintetizada y cínica de que hay que «tener buena
por «ver a través» de la pretenciosidad y de la hipocresía de los valores imagen»? ¿O, en el arte contemporáneo, se puede negar que el desprecio
pasados de moda, puede inducir en él precisamente la sensación de televisivo de retrovalores hipócritas como la originalidad, la profundidad y
superioridad astuta que se le ha enseñado que debe desear, y puede hacerle la integridad, no tiene relación con esos estilos artísticos y arquitectónicos
depender del consumo cínico de la tele que permite esa sensación. Y en la basados en una «apropiación» recombinatoria y en los que «el pasado se
medida en que puede adiestrar a los espectadores para reírse de las mofas convierte en pastiche», o con las solmizaciones repetitivas de Philip Glass y
que llevan a cabo unos personajes sobre otros, a ver el ridículo al mismo Steve Reich, o con la catatonia consciente del pelotón de imitadores de
tiempo como modo de relación social y como forma de arte, la televisión es Raymond Carver? En suma, la conducta aturdida, inexpresiva y aburrida —
capaz de reforzar su propia extraña ontología de la apariencia: la lo que un amigo mío explica como la «chica que baila contigo pero salta a la
perspectiva más aterradora, para el espectador condicionado, no es otra vista que preferiría estar bailando con otra persona»— que se ha convertido
que exponerse al ridículo ajeno demostrando nociones anticuadas de valor, en la versión de mi generación de lo que mola, viene de la tele. Al fin y al
emoción y vulnerabilidad. Los demás se convierten en jueces; el crimen es cabo, «televisión» quiere decir, ‘mirar lejos’; y nuestras seis horas diarias no
la ingenuidad. El espectador condicionado se vuelve más alérgico a la gente. solamente nos ayudan a sentirnos íntimos y personales con cosas como los
Más solitario. El adiestramiento exhaustivo que la tele lleva a cabo sobre Joe Juegos Panamericanos o la Operación Escudo del Desierto, sino que, a la
Briefcase acerca de cómo puede ser percibido y qué aspecto puede tener a inversa, también nos enseñan a relacionarnos con personas vivas y reales
ojos de los demás, hace que los encuentros humanos genuinos den todavía de la misma forma en que nos relacionamos con lo distante y exótico, como
más miedo. Pero la ironía televisiva tiene la solución: seguir mirando la tele si estuvieran separados de nosotros por la física y el cristal, solamente,
se convierte casi en una investigación, como lecciones sobre la expresión existentes únicamente como espectáculos que esperan que los miremos
neutra, aburrida y sabia que Joe tiene que aprender a adoptar de cara al desde lejos. En realidad, la indiferencia es la versión de los noventa de la
viaje atroz de mañana en el metro iluminado por luces brillantes, donde frugalidad para la gente joven americana: cortejados durante varias horas
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al día solamente para que prestemos atención, vemos esa atención como con que América se veía a sí misma alrededor de 1960, la televisión en sus
nuestro artículo más importante, nuestro capital social, y nos resistimos a principios ayudó a legitimar el absurdismo y la ironía, no solamente como
malgastarlo. En el mismo sentido, fíjense que, en 1990, la inexpresividad, el recursos literarios, sino como respuestas sensatas a un mundo ridículo.
letargo y el cinismo como rasgos de conducta son formas claras de Porque la ironía —al explotar la distancia entre lo que se dice y lo que se
transmitir la actitud televisiva de trascendencia del grupo: la inexpresividad piensa, entre lo que las cosas intentan aparentar y lo que realmente son—
y el letargo trascienden el sentimentalismo, y el cinismo anuncia que uno ya es la forma dignificada por el tiempo en que los artistas intentan iluminar y
se sabe la canción y que la última vez que se comportó de forma ingenua rebatir la hipocresía. Y la televisión de alrededor de 1960, con sus westerns
era cuando tenía cuatro años. No importa si la cultura juvenil de 1990 les sobre pistoleros solitarios, sus comedias de situación paternalistas y sus
parece o no a ustedes tan siniestra como a mí, seguramente estaremos de policías de mandíbula robusta, celebraba una imagen de América que
acuerdo en que la ética pop televisiva de esa cultura le ha marcado un resultaba profundamente hipócrita. Miller describe con bastante precisión
espléndido tanto a la estética posmoderna que originalmente pretendió cómo la comedia de situación de los años sesenta, igual que los westerns
apropiarse del pop y redimirlo. La televisión le ha dado la vuelta a la vieja que la precedieron, negaba la disminución gradual de poder de aquellos
dinámica de referencia y redención: ahora es la televisión la que toma hombres trajeados que representaban la fuerza paternal y el individualismo
elementos de la posmodernidad —la involución, lo absurdo, la fatiga viril. Sin embargo, en la época en que se producían aquellas comedias de
sardónica, la iconoclastia y la rebelión— y los manipula en aras del consumo. situación, el mundo de los pequeños negocios [cuyas virtudes eran «la
Esto lleva tiempo sucediendo. Ya en 1984, los críticos del capitalismo serenidad, la probidad y el juicio sereno» a lo Hugh Beaumont] estaba
estaban avisando de que «lo que empezó como una tendencia de siendo reemplazado por lo que C. Wright Mills llamaba «el demiurgo
vanguardia se ha trasladado a la cultura de masas».29 Pero el directivo», y las virtudes representadas por papá ya habían pasado de moda.
posmodernismo no «surgió» de pronto en la televisión de 1984. Ni tampoco
En otras palabras, la televisión americana en sus principios era una
los vectores de influencia entre lo posmoderno y la televisión han tenido un
apologeta hipócrita de valores cuya realidad había quedado mermada en un
sentido único. La principal conexión entre la televisión actual y la ficción
periodo de supremacía corporativa, afianzamiento burocrático,
actual es histórica. Las dos tienen raíces comunes. Porque la narrativa
intervencionismo en el extranjero, conflicto racial, bombas terroristas,
posmoderna —cuyos autores eran casi exclusivamente hombres blancos
asesinatos, escuchas telefónicas, etcétera. No es en absoluto accidental que
sobre educados— evolucionó claramente como expresión intelectual de la
la narrativa posmoderna proyectara sus redes irónicas a lo banal, lo
«cultura juvenil rebelde» de los sesenta y los setenta. Y ya que toda la
ingenuo, lo sentimental, simplista y conservador, porque estas cualidades
gestalt de la rebelión juvenil americana fue posible gracias a un medio
eran precisamente lo que la tele de los sesenta parecía celebrar como
nacional que borró las fronteras comunicativas entre regiones y reemplazó
distintivamente americano. Y la ironía rebelde de la mejor narrativa
una sociedad segmentada por la localización geográfica y la etnicidad por lo
posmoderna no era solamente creíble como arte; parecía socialmente útil
que los críticos de música rock han denominado «una autoconsciencia
por su capacidad para lo que los críticos contraculturales llamaron «una
nacional estratificada en forma de generaciones», el fenómeno de la tele ha
negación crítica que iba a hacer evidente para todos que el mundo no es lo
tenido tanto que ver con la rebelión irónica del posmodernismo como con
que parece». La parodia macabra que llevó a cabo Ken Kesey de los
las manifestaciones de protesta de los Peaceniks. De hecho, al ofrecer a los
manicomios sugería que nuestros jueces de la cordura a menudo estaban
narradores jóvenes y sobre educados una visión exhaustiva de la hipocresía
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más locos que sus pacientes. Pynchon desplazó nuestra visión de la paranoia nada más que sofisticado agotamiento sardónico, uno termina sintiéndose
de los márgenes de la normalidad psíquica a la hebra central del tapiz no solamente vacío, sino casi… oprimido. Piensen un momento en los
corporativo‐burocrático. DeLillo expuso la imagen, la señal, los datos y la rebeldes y golpistas del Tercer Mundo. Los rebeldes del Tercer Mundo son
tecnología como agentes del caos espiritual y no del orden social. Las fantásticos a la hora de sacar a la luz y derrocar regímenes corruptos e
repugnantes exploraciones de la narcosis americana que llevó a cabo hipócritas, pero resultan ostensiblemente menos fantásticos cuando han de
Burroughs revelaban hipocresía. La afirmación del capital abstracto como llevar a cabo la tarea más mundana y afirmativa de establecer una
fuerza deformadora que llevó a cabo Gaddis revelaba hipocresía. Las alternativa superior de gobierno. De hecho, los rebeldes victoriosos parecen
repulsivas farsas políticas de Coover revelaban hipocresía. La ironía en el mejores cuando usan sus instrumentos de rebeldía cínica y agresiva para
arte y la cultura de posguerra empezaron del mismo modo que la rebelión evitar que otros se rebelen contra ellos: en otras palabras, se convierten
juvenil. Resultaba difícil y doloroso, y productivo: el macabro diagnóstico de simplemente en mejores tiranos. Y no se engañen: la ironía nos tiraniza. La
una enfermedad negada durante largo tiempo. Las presunciones que había razón por la que nuestra ironía cultural dominante es a la vez tan poderosa
detrás de la ironía posmoderna, por otro lado, seguían siendo francamente y tan poco satisfactoria es que resulta imposible hacer que un ironista se
idealistas: se asumía que la etiología y el diagnóstico señalaban la cura, que defina. Toda la ironía americana se basa en la afirmación implícita: «En
una revelación del encarcelamiento llevaría a la libertad. Así pues, ¿cómo es realidad no creo en lo que estoy diciendo». Entonces, ¿qué pretende decir
que la ironía, la irreverencia y la rebelión no resultan liberadoras, sino la ironía como norma cultural? ¿Qué es imposible creer en lo que dice? ¿Qué
debilitadoras en la cultura sobre la cual intenta escribir la vanguardia actual? tal vez sea una lástima que sea imposible, pero despierta de una vez que ya
Una pista puede encontrarse en el hecho de que la ironía sigue con es de día? Más bien creo que lo que la ironía actual termina por decir es:
nosotros, más fuerte que nunca después de ser durante treinta años el «Pero mira qué banal es que me preguntes por lo que pienso en realidad».
modo dominante de expresión sofisticada. No es un modo retórico que Cualquiera que tenga la desfachatez herética de preguntarle a un ironista
envejezca bien. Tal como dice Hyde (que obviamente me cae bien): «La qué piensa en realidad termina pareciendo un histérico o un mojigato. Y
ironía solamente se puede usar como emergencia. Prolongada en el tiempo, esto es lo opresivo de la ironía institucionalizada, del rebelde victorioso: la
es la voz de los encerrados a quienes ha llegado a gustarles su celda». Esto capacidad de inhabilitar la pregunta sin importar su contenido es, en la
es porque la ironía, por divertida que resulte, cumple una función que es práctica, una tiranía. Es la nueva junta usando la misma herramienta que
casi exclusivamente negativa. Es crítica y destructiva, sirve para limpiar el dejó aislados a sus enemigos. Por eso resulta tan patético el cinismo
terreno. Seguramente es así como la vieron nuestros padres posmodernos. hastiado con que nuestros amigos cultos y teleadictos intentan parecer
Pero la ironía resulta singularmente poco efectiva cuando se trata de superiores a la tele. Y por esta razón el narrador ciudadano de nuestra
construir algo que sustituya a la hipocresía a la que desacredita. Es por esto cultura televisiva está metido en un marrón tan grande. ¿Qué hace uno
que Hyde tiene razón cuando dice que la ironía fatiga. Carece de sustancia. cuando la rebelión posmoderna se convierte en una institución de la cultura
Incluso los mejores ironistas funcionan mejor en fragmentos breves. Los pop? Y es que esta es, por supuesto, la segunda respuesta a la cuestión de
ironistas me parecen tremendamente divertidos para escucharlos en una por qué la ironía y la rebelión vanguardistas se han diluido y se han
fiesta, pero siempre me separo de ellos como si me hubieran practicado pervertido. Han sido absorbidas, vaciadas y reutilizadas por el mismo
varias intervenciones quirúrgicas. Y en cuanto a conducir campo a través en establishment televisivo al que originalmente se enfrentaron. No es que la
compañía de un ironista o leer una novela de trescientas páginas llena de televisión sea culpable de ninguno de estos males. Solamente de haber
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tenido un éxito inmoderado. Después de todo, eso es lo que hace la tele: —¿Cómo era el establo antes de ser fotografiado? —dijo—. ¿Qué
discierne, aísla y representa lo que cree que la cultura americana quiere ver aspecto tenía? ¿En qué sentido era similar o distinto al resto de los establos?
y oír acerca de sí misma. Nadie y todo el mundo a la vez es culpable del Se trata de preguntas a las que no podemos responder porque hemos leído
hecho de que la televisión empezara a cosechar la rebelión y el cinismo los anuncios, hemos visto a la gente disparando sus cámaras. No podemos
como la imago populi en boga y triunfante de la generación de los hijos del evadirnos del aura. Formamos parte del aura. Estamos aquí, estamos ahora.
baby boom. Pero la cosecha ha sido lúgubre: las formas de nuestro mejor Aquello pareció complacerle inmensamente.
arte rebelde se han convertido en meros gestos, en trucos, no solamente
estériles sino perversamente esclavizantes. ¿Cómo puede la idea de
rebelión contra la cultura empresarial conservar algún significado cuando
Chrysler Inc. anuncia camionetas invocando «La revuelta de las Dodge»?
¿Cómo se puede ser un iconoclasta bona fide cuando Burger King vende
aros de cebolla con eslóganes como «A veces hay que romper las reglas»?
¿Cómo puede un narrador de la imagen confiar en que la gente se vuelva
más crítica de la cultura televisiva parodiando la televisión como a una
empresa comercial interesada, cuando las parodias de anuncios interesados
que llevan a cabo Pepsi, Subaru y Federal Express ya están haciendo lo
mismo con éxito? Es casi una lección de Historia: empiezo a entender por
qué el miedo más grande de los americanos de finales del siglo pasado eran
los anarquistas y la anarquía. Porque si la anarquía vence, si la falta de
normas se convierte en la norma, entonces la protesta y el cambio no
solamente se vuelven imposibles sino incoherentes. Sería como votar a
Stalin: uno está votando el final de todas las votaciones. Así pues, he aquí la
cuestión crucial para el escritor americano que respira nuestra atmósfera
cultural y se ve a sí mismo como heredero de todo lo que era honesto y valía
la pena en la literatura de vanguardia: ¿cómo rebelarse contra la estética
televisiva de la rebelión, cómo despertar a los lectores al hecho de que
nuestra cultura televisiva se haya vuelto un fenómeno cínico, narcisista y
esencialmente vacío, cuando la televisión celebra regularmente esos
mismos fenómenos en sí misma y en sus espectadores? Son cuestiones que
el pobre idiota del popólogo que aparece en la novela de DeLillo estaba
preguntando en 1985 acerca de América, el establo más fotografiado de
todos:
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FINAL DEL FINAL DE LA LÍNEA movidos por convicciones simples como «En el fondo la televisión es un
medio totalitario» cuyo «sistema es un infiltrado y una fuerza corrosiva en
Entonces, ¿qué respuestas a la comercialización televisiva de los
el capitalismo democrático», son de tan poca ayuda para resolver nuestros
modos de protesta parecen posibles hoy día? Una opción obvia es que el
problemas televisivos ultra radicales, aferrados como están los intelectuales
narrador se vuelva reaccionario, fundamentalista. Declarar que la televisión
conservadores a sus dos viejos remedios para todos los males de Estados
contemporánea es malvada y que la cultura contemporánea es malvada y
Unidos, a saber: la idea de que a) los sabios instintos de consumo del Tipo
darle la espalda a todo este horror chabacano e invocar las viejas virtudes a
Pequeño corregirán todos los desequilibrios solamente con que los Grandes
lo Hugh Beaumont de antes de 1960 y las lecturas literales de la Biblia y ser
Sistemas dejen de interferir en su libertad de elección, y b) los problemas
provida, antifluoración y antediluviano. El problema de esto es que los
derivados de la tecnología se pueden resolver con la tecnología. El
americanos que han elegido esta táctica parecen tener una sola ceja que les
diagnóstico básico dice así. La televisión tal como la conocemos y la sufrimos
cruza toda la frente y unos nudillos que arrastran por el suelo y el pelo muy
es «una tecnología con poderes supremos pero defectos fatídicos». El
largo y en general parece excelente alejarse de ellos lo más posible. Además,
defecto realmente fatídico es que toda la estructura de la programación
el ascenso de Reagan/ Bush/Gingrich demostró que la nostalgia hipócrita de
televisiva, la emisión y la recepción sigue estando determinada por las
un pseudopasado más amable, cortés y cristiano no es menos susceptible a
limitaciones tecnológicas de los viejos tubos de vacío que posibilitaron
la manipulación de los intereses del comercialismo empresarial y la imagen
desde el principio la televisión. El precio y complejidad de estos tubos
publicitaria. La mayoría de nosotros seguimos prefiriendo el nihilismo al
usados en los televisores comportaba que la mayor parte del procesamiento
neandertalismo. Otra opción es adoptar un conservadurismo político un
de señales tenía que hacerse en forma de [redes], una situación que dictaba
poco más ilustrado que exima al espectador y las cadenas por igual de toda
que la televisión fuera un sistema verticalista: en términos electrónicos, una
complicidad en el amargo estatismo de la cultura televisiva y que en cambio
arquitectura «maestro‐esclavo». Unos cuantos centros de emisión
culpe de todos los problemas relacionados con la tele a ciertos defectos
originarían programas para millones de receptores pasivos o «terminales no
corregibles de la tecnología. Aquí entra el futurólogo de los medios de
inteligentes».
comunicación George Gilder, titular del Hudson Institute y autor de Life
After Television: The Corning Transformation of Media and American Life Para cuando el transistor (que hace esencialmente lo mismo que los
[‘Vida después de la televisión: la transformación por venir de los medios de tubos de vacío pero en un espacio menor y a un precio más bajo) encontró
comunicación y la vida americana’]. Lo más fascinante de Life After aplicaciones comerciales, el sistema televisivo verticalista de la tele ya
Television es que es un libro con anuncios. Publicado en una colección estaba afianzado y petrificado, condenando a los espectadores a una
llamada «Serie Grandes Temas» de una tal «Whittle Direct Books» de recepción dócil de programas de cuya emisión por parte de unas pocas
Knoxville, el cuartel general de Federal Express, el libro se vende por solo cadenas dependían, y creando una «psicología de las masas» en la que un
once dólares incluidos gastos de envío, es lo bastante grande y delgado trío de programaciones alternativas intentaba llegar a millones y millones
como para quedar de maravilla en las mesas de los ejecutivos y tiene unos de tipos como Joe Briefcase. Las señales de la televisión eran ondas
anuncios chulísimos a página completa de Federal Express cada cinco analógicas. Hace falta un medio analógico, ya que «debido a la escasez de
páginas. El libro es en gran medida una obra de ficción, además de una almacenamiento y procesamiento en el televisor, las señales tienen que ser
dramatización conmovedora de por qué los conservadores antitelevisión, ondas directamente visibles», y las «ondas analógicas simulan de forma
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directa el sonido, el brillo y el color». Pero el receptor no puede grabar ni diseminación de imágenes de Uno Para Muchos. Ahora todo el mundo será
modificar las ondas analógicas. Lo único que puede tener el pobre uno de esos tipos ajetreados con auriculares y portafolios. En el nuevo
espectador es lo que ve. Esta situación tiene consecuencias culturales que milenio, la televisión americana se volverá por fin ideal y republicanamente
Gilder describe con lujo apocalíptico de detalles. Incluso la Televisión de Alta democrática: igualitaria, interactiva y «provechosa» sin ser «injusta». Vaya
Definición (HDTV), presentada por la industria como el próximo gran si conoce Gilder al público de sus «Grandes Temas». Uno casi puede ver la
adelanto en el mundo del ocio, será, según Gilder, el mismo emperador saliva chorreando por los labios inferiores en las salas de juntas mientras
vacío con un traje más llamativo. Pero para Gilder, la tele, todavía adherida Gilder vaticina que todo el mundo complejamente borroso e
a las tecnologías masivas y jerárquicas de décadas anteriores, ahora está inconvenientemente transitorio del consumidor se va a volver almacenable,
condenada por los avances del microchip y la fibra óptica de los últimos manipulable, transmisible y visible en la comodidad de su propio
años. El sencillo microchip, que consolida la actividad de millones de apartamento. «Con una buena programación de los teleordenadores, uno
transistores en una lámina de cuarenta y nueve centavos y cuyas puede pasar el día interactuando en la pantalla con Henry Kissinger, Kim
capacidades se volverán todavía más atractivas a medida que la conducción Basinger o Billy Graham.» Unas interacciones bastante siniestras, todo sea
controlada de electrones se acerque al paradigma geodésico de eficacia, dicho, pero en Gilderlandia, a cada cual lo suyo:
permitirá a los receptores —los televisores— llevar a cabo gran parte del
Las celebridades podrán producir y vender su propio software. Uno
procesamiento de imágenes que hasta ahora el emisor ha llevado a cabo
podrá ver el Super Bowl desde cualquier punto del estadio que elija, o bien
«para» el espectador. En otra perspectiva igualmente afortunada, el
elevarse sobre la canasta con Michael Jordan. Visitar a la familia de uno
transporte de imágenes mediante fibra de vidrio en lugar de por el espectro
desde la otra punta del mundo con imágenes en movimiento apenas
electromagnético permitirá que los televisores se conecten entre sí en una
distintas de las imágenes de la vida real. Dar una fiesta de cumpleaños para
especie de red interactiva en lugar de alimentarse todos pasivamente de la
la abuela en su asilo de Florida, llevando a sus descendientes de todo el país
ubre transmisora de un emisor único. Y las transmisiones por fibra óptica
hasta el pie de su cama a pleno color.
presentan la ventaja adicional de que conducen caracteres de información
digital. Dado que, tal como explica Gilder, «las señales digitales tienen la Y no solamente cálidas imágenes bidimensionales de la familia:
ventaja sobre las analógicas de que pueden ser almacenadas y manipuladas cualquier experiencia será transferible a imágenes y vendible, manipulable,
sin deterioro» y asimismo resultan tan nítidas y carentes de interferencias consumible. La gente será capaz de ver paisajes cómodamente desde su
como los discos compactos, permiten al televisor equipado con microchips sala de estar en pantallas de alta resolución, visitar países del Tercer Mundo
(y por tanto al espectador) disfrutar de gran parte de las decisiones acerca sin tener que preocuparse por tarifas aéreas o cambio de moneda … se
de la selección, la manipulación y la recombinación de las imágenes de vídeo podrá volar en avión sobre los Alpes o escalar el Everest: todo en una
que hoy día están restringidas al director. Para Gilder, el nuevo mueble que pantalla de alta resolución.
va a liberar a Joe Briefcase de la dependencia pasiva es «el teleordenador, En breve, seremos capaces de diseñar nuestros sueños. Resumiendo,
un ordenador personal adaptado al procesamiento de vídeo y conectado un especialista conservador en tecnología ofrece una forma realmente
mediante cables de fibra óptica a otros teleordenadores de todo el mundo». atractiva de contemplar la pasividad de los consumidores, la
El teleordenador conectado con fibra óptica «deshará para siempre el cuello institucionalización televisiva de la ironía, el narcisismo, el nihilismo, el
de botella de la emisión» que determina la estructura televisiva de estatismo, la soledad. ¡No es culpa nuestra! ¡Es culpa de una tecnología
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pasada de moda! Si la divulgación de la señal televisiva estuviera apariencia la televisión no ha aflojado su presa sobre la conducta de las
actualizada, le resultaría imposible «institucionalizar» nada mediante su masas. Parece que Gilder percibe la ruptura inminente de los noventa como
diabólica «psicología de masas». Hagamos que Joe Briefcase, el pobre don la graduación de los espectadores americanos y su paso de la recepción
nadie solitario, sea su propio manipulador de fragmentos de vídeo. ¡En pasiva de facsímiles de experiencia a la manipulación activa de facsímiles de
cuanto toda la experiencia se reduzca a imágenes vendibles, en cuanto el experiencia. Vale la pena cuestionarse la definición de Gilder de «pasividad»
receptor usuario de receptores de fácil manejo pueda soltarse de la cordada televisiva. Su nueva tecnología terminaría ciertamente con «la pasividad de
y elegir libremente, americanamente, de entre una variedad la mera recepción». Pero la pasividad del público, la aquiescencia inherente
americanamente infinita de imágenes en movimiento apenas distintas de en toda una cultura basada en el acto de mirar, no parece afectada por los
las imágenes de la vida real, y luego pueda elegir además cómo quiere teleordenadores. El atractivo de ver la televisión siempre ha estado
almacenar, modificar, manipular, recombinar y presentar esas imágenes relacionado con la fantasía. Y la televisión contemporánea se ha vuelto
para sí mismo en la intimidad de su hogar y de su cabeza, entonces se inmensamente mejor a la hora de permitir al espectador la fantasía de que
romperá la presa irónica y totalitaria de la tele sobre la energía psíquica puede trascender las limitaciones de la experiencia humana, que puede
americana! Fíjense en que la visión semiconducida que tiene Gilder de un estar dentro del televisor, como imago, «siendo cualquiera y estando en
futuro de la imagen libre y ordenado es mucho más optimista que la antigua cualquier lugar».35 Dado que la limitación del ser humano impone ciertas
visión que tenía el posmodernismo de las imágenes y los datos. Las novelas restricciones sobre el número de experiencias que podemos tener en un
de Pynchon y DeLillo derivan metafóricamente del concepto de periodo dado de tiempo, se puede afirmar que los mayores «avances» en
interferencia: cuantas más conexiones, más caos y más difícil resulta elegir tecnología televisiva de los últimos años han hecho poco más que secundar
algún significado en el mar de señales. Gilder diría que su pesimismo está esta fantasía de evasión de los límites definitorios del ser humano. El cable
pasado de moda y sus metáforas infectadas con las deficiencias del amplió nuestras opciones de realidades nocturnas; los chismes a distancia
transistor: nos permiten saltar instantáneamente de una realidad a otra; los
reproductores de vídeo nos permiten consignar experiencias a una memoria
En todas las redes de cables y enlaces, salvo las que usan el microchip,
eidética que permite re‐experimentarlas en cualquier momento sin pérdida
la complejidad tiende a crecer de forma geométrica a medida que aumenta
o alteración. Esos avances se han vendido con brío y han aumentado las
el número de interconexiones, (pero) en el laberinto de silicio de la
dosis medias de consumo televisivo, pero está claro que no han hecho que
tecnología del microchip la eficacia, no la complejidad, crece como el
la cultura televisiva se volviera menos cínica o pasiva. Por supuesto, la
cuadrado del número de conexiones que tienen que ser organizadas.
desventaja de la gran fantasía de la tele es que no es más que una simple
Más que una cultura televisiva banal ahogada en imágenes fantasía. Como lujo ocasional, mi escapada de los límites de la experiencia
chabacanas, Gilder vaticina una cultura televisiva redimida como por un verdadera está de coña. Como dieta habitual, sin embargo, es inevitable que
número mucho mayor de elecciones y un control mucho mayor sobre lo que haga mi realidad menos atractiva (porque en ella soy el Dave de siempre
uno… Ejem. ¿Ve? ¿Pseudoexperimenta? ¿Sueña? Es descabelladamente con límites y restricciones por todas partes), que me incapacite para
poco realista pensar que el aumento de opciones resolverá por sí mismo disfrutarla al máximo (porque me paso todo el tiempo fingiendo que no
nuestro problema con la televisión. La llegada del cable aumentó las estoy en ella) y me vuelva todavía más dependiente del artefacto que me
opciones de cuatro o cinco a más de cuarenta alternativas sincrónicas y en permite una evasión de lo que mi mismo escapismo vuelve desagradable.
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Es difícil ver cómo la visión redentorial que tiene Gilder acerca de obtener postelevisiva, cuando Kim Basinger está esperando que interactuemos con
más «control» sobre la organización de fragmentos de fantasía de alta ella? Dios mío, acabo de releer mis críticas a Gilder. He escrito que es
calidad va a resolver la dependencia que forma parte de mi relación con la ingenuo. Que es un apologeta disfrazado del interés corporativo. Que su
tele o va a disipar la ironía impotente que tengo que usar para fingir que no libro tiene anuncios. Que debajo de su futurismo no hay más que el mismo
soy dependiente. Ya sea un espectador «activo» o «pasivo», tengo que rollo americano de siempre que nos metió en este jaleo de la televisión. Que
seguir fingiendo cínicamente, porque sigo siendo dependiente, porque mi Gilder subestima de forma descabellada la intratabilidad de dicho jaleo. Su
verdadera dependencia no lo es respecto de un programa en concreto o de irresolubilidad. Nuestra credulidad, nuestro cansancio y disgusto. Mi
unas cuantas cadenas como no lo es la del drogadicto respecto del florista actitud, al leer a Gilder, ha sido sardónica, arrogante y deprimida. He
turco o del refinador marsellés. Mi verdadera dependencia es respecto de intentado que su libro resulte ridículo (lo es, pero aun así). Mi lectura de
las fantasías y las imágenes que las hacen posibles, y por tanto respecto de Gilder ha sido televisiva. Estoy dentro del aura. En fin, al menos el bueno de
cualquier tecnología que pueda hacer las imágenes al mismo tiempo Gilder no es irónico. En este sentido es como una brisa fresca de verano al
posibles y fantásticas. No se equivoquen: dependemos de la tecnología de lado de Mark Leyner, el joven redactor de textos publicitarios médicos de
la imagen; y cuanto mejor es la tecnología, más enganchados estamos. La Nueva Jersey cuyo libro My Cousin, My Gastroenterologist es la sensación
paradoja de las felices predicciones de Gilder es la misma que hay en todas más fuerte para la modernez universitaria desde El manantial. La novela de
las formas de manipulación artificial. Cuanto más manipulador sea el Leyner ejemplifica una tercera clase de solución literaria a nuestro
instrumento mediador —por ejemplo, prismáticos, amplificadores, problema. Y es que por supuesto los jóvenes escritores americanos pueden
ecualizadores gráficos o «imágenes en movimiento apenas distintas de las «resolver» el problema de estar atrapados en el aura televisiva de la misma
imágenes de la vida real»— más directa, nítida y real parece la experiencia, forma que los postestructuralistas franceses pueden «resolver» su enredo
es decir, más directas, nítidas y reales son la fantasía y la dependencia. Un desesperado con el logos. Podemos resolver el problema celebrándolo.
crecimiento geométrico del volumen de imágenes televisivas, y un aumento Trascender los sentimientos de angustia causados por la masa
acorde de mi capacidad de cortar, pegar, magnificar y combinarlas para arrodillándonos ante ellos. Podemos ser reverentemente irónicos. My
satisfacer mi fantasía, no conseguirán más que hacer que mi teleordenador Cousin, My Gastroenterologist no constituye una novedad como especie
interactivo se vuelva más poderoso como manipulador y vehículo de sino como grado. Es un compuesto mezedrínico de pastiche pop, alta
fantasías, que mi fantasía sea más fuerte y las experiencias reales de las que tecnología improvisada y deslumbrante parodia televisiva, formado
mi teleordenador ofrece simulacros más atractivos y controlables resulten mediante yuxtaposiciones surrealistas, monólogos agramaticales y
más tenues y frustrantes, y que yo sea mucho más dependiente de uno de montajes vertiginosos, y envuelto en una ironía infatigable diseñada para
mis muebles. Aumentar el número de opciones con una tecnología mejor lograr que su tono frenético resulte irreverente en lugar de repelente.
no remediará absolutamente nada mientras en la cultura americana no se ¿Quieren parodias de la cultura comercial?
consideren con seriedad mecanismos de información acerca del valor
Me acababan de echar de McDonald’s por negarme a llevar falda
comparativo y guías que orienten acerca de cómo y por qué elegir entre
escocesa durante la semana de promoción de su nuevo sándwich McHaggis.
experiencias, fantasías, creencias y predilecciones. Hum, esa información y
Coge un ejemplar de das plumpe denken la revista informativa en alemán
orientación solían estar entre las tareas de la literatura, ¿no es cierto? Pero
con peor reputación de Nueva Inglaterra; explosión en fábrica de natillas
¿quién va a querer tomarse esas cosas en serio en la vida extática
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mata a un filatélico, pasa página: encuentran en Canadá semen radiactivo velocidad antes de hacer una mantis religiosa de origami y leer un artículo
que brilla en la oscuridad; pasa página: hotentotes actuales llevaban a un en la revista High Fidelity mientras remuevo el coq au vin.
joven en envoltorio reutilizable para bocadillos; pasa página: Wayne
¿La decadencia tanto de los límites como de la integridad del
Newton llama al útero materno jardín del edén individual; Morgan Fairchild
individuo humano?
llama a Sally Struthers Loni Anderson; ¿de qué color es tu mozzarella? le
pregunté a la camarera, es rosa, del mismo color que la parte de arriba del Había una mujer con la cara hundida y arrugada de una vieja de
envase de los desodorantes en barra mennen lady, ¿conoces ese color? no, ochenta o noventa años. Aquella vieja podrida, aquella aparente
señora le dije es el mismo color que usan para las maquinillas gillete octogenaria, tenía el cuerpo de un nadador olímpico. Los brazos largos y
desechables para señoras… ¿te suena ese color? pues no, es el mismo color nervudos, el poderoso torso superior en forma de V y sin una gota de grasa…
rosa que el pepto‐bismol, ¿conoces ese color? ah, sí, le dije, y bueno, ¿tienes para instalar su cabeza de repuesto, coloque la cabeza montada sobre la
espaguetis? ¿Quieren parodias descarnadas de la televisión? abertura del cuello, inserte los pernos‐guía en los orificios de soporte si
después de instalar su nueva cabeza es usted incapaz de discernir las
Muriel sacó la Guía de TV, buscó el martes a las 20.00 y leyó en voz
contradicciones de los modos de producción capitalista, entonces es que la
alta: Hay un programa que se titula «Tumulto de vello púbico y de penes
cabeza está mal instalada o bien es defectuosa.
flácidos bamboleantes mientras hombres desnudos, gordezuelos y
sudorosos escapan de la sauna gritando ¡Una serpiente! ¡Una serpiente!»… En realidad, una de las obsesiones continua de My Cousin, My
También salen Brian Keith, Buddy Ebsen, Nipsey Russell y Lesley Ann Warren Gastroenterologist es esta yuxtaposición de partes de individuos, gente y
máquinas, sujetos humanos y objetos discretos. La narrativa de Leyner es,
¿Les gusta la autorreferencia humorística? El último capítulo de la
en este sentido, una réplica elocuente al vaticinio de Gilder de que los
novela es una parodia de su propia página de información «Sobre el autor».
problemas de nuestra cultura televisiva pueden resolverse desmantelando
¿O acaso lo que les gusta es la anulación sofisticada de la identidad?
las imágenes en porciones discretas que luego podemos recombinar como
La abuela enrolló una revista y golpeó a Buzz en un lado de la cabeza. deseemos. El mundo de Leyner es una distopía gilderiana. La pasividad y la
A Buzz se le cayó la máscara. No tenía piel debajo de la máscara. Había dos decadencia esquizoide persisten para Leyner en las recepciones de
globos oculares conectados con cables a una masa de musculatura viscosa imágenes y olas de datos que llevan a cabo sus personajes. La capacidad de
y sanguinolenta. No sé si es humana o un androide ginomórfico de quinta combinarlas solamente añade una capa de desorientación: cuando toda la
generación, ni me importa. experiencia se puede deconstruir y reconfigurar, simplemente habrá
demasiadas opciones. Y en ausencia de guías creíbles y no comerciales para
¿Las meditaciones paródicas sobre el flujo ilimitado de monocultura
vivir, la libertad de elección resulta tan «liberadora» como un mal viaje de
televisiva?
ácido: cada uno de los cuantos es tan bueno como el siguiente y el único
Agito una jarra de martini con Tanqueray con una mano y deslizo una criterio de calidad de un constructo particular es su extrañeza, su
bandeja de almejas heladas oreganata dentro del horno con el pie. incongruencia, su capacidad para destacar entre una multitud de otros
¡Caramba, qué buenos son estos supositorios de mezedrina que me dio el constructos de imágenes y dejar pasmados a algunos espectadores. La
yogui Vithaldas! Mientras plancho unos pantalones cortos de tenis dicto un propia novela de Leyner, con su ansia anfetamínica de dejar pasmado al
haiku a la grabadora y luego me ejercito tres minutos con la bolsa de lector, marca la frontera oscura de la narrativa de la imagen: la absorción
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por parte de la literatura no solamente de los iconos, las técnicas y los televisiva. En ausencia de trama, lo que unifica las viñetas son estados de
fenómenos de la televisión, sino de todo el objetivo de la televisión. La única ánimo: la ansiedad histriónica, la parálisis causada por el estímulo excesivo
meta de My Cousin, My Gastroenterologist es, en última instancia, dejar de demasiadas opciones sin manual del usuario y el desparpajo irreverente
pasmado, asegurarse de que el lector está complacido y sigue leyendo. El hacia la realidad televisiva. Y, a la manera de las películas, los vídeos
libro hace esto a) halagando al lector con apelaciones a su Weltschmerz musicales, los sueños y los programas de televisión, hay «Imágenes Clave»
posmoderna y erudita, y b) recordando de forma incesante al lector que el recurrentes, que aquí son drogas exóticas, tecnologías exóticas, comidas
autor es inteligente y gracioso. El libro en sí resulta extremadamente exóticas y trastornos intestinales exóticos. No es casualidad que la
gracioso, pero no gracioso del mismo modo que los chistes. No es que pase preocupación central de My Cousin, My Gastroenterologist sea la digestión
ninguna cosa graciosa, sino que se imaginan y se señalan de forma y la evacuación. El reto burlón que plantea al lector es el mismo que plantea
autoconsciente cosas graciosas, como cuando un cómico pregunta «¿Se han el flujo televisivo de realidades y opciones: ABSÓRBEME, DEMUESTRA QUE
fijado alguna vez en que…?» y «¿Alguna vez se han preguntado qué pasaría ERES LO BASTANTE CONSUMIDOR. La obra de Leyner, la mejor narrativa de
si…?». En realidad, el denso estilo imaginista de Leyner a menudo se parece la imagen que ha habido hasta el momento, es al mismo tiempo asombrosa
a una especie de comedia lapidaria de micrófono: y olvidable, maravillosa y extrañamente banal. He decidido terminar
demorándome en ella porque, gracias a su genial reabsorción de los mismos
De pronto Bob ya no podía hablar bien. Había sufrido una especie de
rasgos que la tele ha absorbido del arte posmoderno, el libro de Leyner
afasia espontánea. Pero no era una afasia total. Podía hablar pero
parece la unión definitiva de la narrativa y la televisión americanas. También
solamente de una forma entrecortada parecida al estilo de la televisión. Así
parece proporcionar un remedio simple a los aprietos de la narrativa de la
es como describía conducir por el Medio Oeste por la interestatal 80: «Maíz
imagen: lo mejor que el subgénero ha producido hasta la fecha es hilarante,
maíz maíz maíz cobertizos. Maíz maíz maíz maíz cobertizos». hay un bar en
ofensivo, sofisticado y extremadamente banal: condenado a la banalidad
la autopista que sirve casi exclusivamente a las autoridades y que no sirve
por su deseo de ridiculizar una cultura televisiva cuya burla de sí misma y de
más bebidas que cerveza light y no sirve más comida que ternera con
todo valor ya absorbe cualquier ridiculización. El intento que lleva a cabo
langosta y el sitio está lleno de polis y agentes del estado y profesores de
Leyner de «responder» a la televisión mediante la genuflexión irónica queda
gimnasia y boinas verdes y empleados de peaje y guardabosques y guardias
fácilmente subsumido por el viejo ritual televisivo de la falsa veneración.
de tráfico y árbitros
Queda muerto en la página. Es del todo posible que mis quejas plañideras
La respuesta narrativa de Leyner a la televisión no es tanto una novela por la imposibilidad de rebelarse contra un aura que promueve y corrompe
como una colección de prosa televisiva ingeniosa, erudita y de una calidad cualquier rebelión digan más acerca de mi residencia en el aura que sobre
magnífica. La velocidad y la nitidez reemplazan al desarrollo. La gente el aura en sí misma, más sobre mi propia falta de visión que sobre ningún
aparece y desaparece; los acontecimientos tienen lugar con estridencia y ya agotamiento de las posibilidades de la narrativa americana. Los próximos
no se vuelven a mencionar. Hay un rechazo descaradamente irreverente de «rebeldes» literarios verdaderos de este país podrían muy bien surgir como
conceptos «pasados de moda», como la trama coherente o los personajes una extraña banda de antirrebeldes, mirones natos que, de alguna forma,
duraderos. En cambio, hay una serie de viñetas paródicas se atrevan a retirarse de la mirada irónica, que realmente tengan el descaro
deslumbrantemente creativas, diseñadas para apelar a los cuarenta y cinco infantil de promover y ejecutar principios carentes de dobles sentidos. Que
segundos de concentración casi zen que llamamos el lapso de atención traten de los viejos problemas y emociones pasados de moda de la vida
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americana con reverencia y convicción. Que se abstengan de la
autoconsciencia y el tedio sofisticado. Por supuesto, estos antirrebeldes
quedarían pasados de moda antes de empezar. Muertos en la página.
Demasiado sinceros. Claramente reprimidos. Anticuados, retrógrados,
ingenuos, anacrónicos. Quizá se trate de eso. Quizás esa es la razón de que
vayan a ser los próximos rebeldes verdaderos. Los rebeldes verdaderos, por
lo que yo sé, se arriesgan a ser desaprobados. Los viejos rebeldes
posmodernos se expusieron a los chillidos de asco: al horror, al disgusto, al
escándalo, la censura, las acusaciones de socialismo, anarquismo y
nihilismo. Los riesgos actuales son distintos. Los nuevos rebeldes pueden ser
artistas que se expongan al bostezo, a los ojos en blanco, a la sonrisita de
suficiencia, al golpecito en las costillas, a la parodia de los ironistas y al «Oh,
qué banal». A las acusaciones de sentimentalismo y melodrama. De exceso
de credulidad. De blandura. De dejarse embaucar de buena gana por un
mundo de mirones y seres acechantes que temen al miedo y al ridículo más David Foster Wallace (21 de febrero de 1962 – 12 de septiembre de
que al encarcelamiento sumario. Quién sabe. Los narradores actuales más 2008) fue un escritor estadounidense, muy conocido por su novela La broma
cotizados parecen una especie de final del final de la línea. Supongo que eso infinita (Infinite Jest), considerada por la revista Time como una de las 100
comporta que cada cual ha de sacar sus conclusiones. Tiene que sacarlas. mejores novelas en lengua inglesa del período comprendido entre 1923 y
¿Se sienten ustedes inmensamente complacidos? 1990 2006. David Ulin, editor de libros para Los Angeles Times, calificó a Wallace
como uno de los escritores más influyentes e innovadores de los últimos 20
años.
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