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Salmos Ortodoxos de Maitines

El documento contiene extractos de varios salmos que expresan alabanza a Dios, peticiones de ayuda y protección contra enemigos, y gratitud por la misericordia y salvación divinas. Los salmos describen la aflicción del autor y su fe en que Dios escuchará sus súplicas y lo librará del mal. Todos alaban a Dios como fuente de salvación, misericordia y guía para los fieles.

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El documento contiene extractos de varios salmos que expresan alabanza a Dios, peticiones de ayuda y protección contra enemigos, y gratitud por la misericordia y salvación divinas. Los salmos describen la aflicción del autor y su fe en que Dios escuchará sus súplicas y lo librará del mal. Todos alaban a Dios como fuente de salvación, misericordia y guía para los fieles.

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16

SALMOS DE MAITINES

¡Gloria a Dios en las alturas, y en la


tierra paz y buena voluntad para los
hombres! (3 veces)
Abre, Señor, mis labios, y
proclamará mi boca tu alabanza.
(2 veces)

Salmo 3 2
Señor, ¿por qué se han multiplicado los
que me afligen? Muchos se levantan
contra mí.

2 Todos los Salmos en el Devocionario son una


traducción propia del texto griego de la versión de la
Septuaginta, usada en la Iglesia Ortodoxa.

17
Muchos dicen a mi alma: «No hay
salvación para él en su Dios.»
Pero Tú, Señor, eres mi protector, mi
gloria y el que exalta mi cabeza.
Con mi voz he clamado al Señor, y Él me
ha escuchado desde su monte santo.
Yo me acosté y me dormí, y desperté,
porque el Señor me ampara.
No temeré ante miríadas de pueblos, los
que en contorno me asedian. Levántate,
oh Señor: sálvame, Dios mío;
pues Tú has golpeado a todos los que sin
causa me aborrecen; has quebrantado
los dientes de los pecadores.
Del Señor es la salvación, y sobre tu
pueblo esté tu bendición.

18
Nuevamente:
Yo me acosté y me dormí, y desperté,
porque el Señor me ampara.
Salmo 37
Señor, no me increpes en tu furor, ni me
corrijas en tu ira.
Porque tus saetas se han clavado en mí,
y has afirmado sobre mí tu mano;
no hay sanidad en mi carne ante tu ira;
no hay paz para mis huesos ante mis
pecados.
Porque mis iniquidades han sobrepasado
mi cabeza; cual carga agobiante han
pesado sobre mí.
Mis heridas han hedido y se han
corrompido ante mi insensatez;

19
me he fatigado y encorvado hasta el fin,
todo el día andaba contristado;
porque mis lomos se han llenado de
mofas y no hay sanidad en mi carne.
Maltratado y humillado he sido
sobremanera, rugía por el gemido de mi
corazón.
Delante de Ti está todo mi deseo, y mi
gemido no está oculto a Ti.
Mi corazón se conturbó; me abandonó
mi fuerza; ni la luz de mis ojos estaba
conmigo.
Mis amigos y parientes se han acercado
y se han colocado contra mí; y los más
allegados se han puesto a distancia;
me violentaron los que buscaban mi
alma, y los que procuran mal para mí

20
han hablado vanidades y han tramado
engaños todo el día.
Yo, empero, cual si sordo, no oía; y cual
si mudo que no abre su boca;
me he vuelto cual si un hombre que no
oye y no tiene réplicas en su boca.
Porque en Ti he esperado, Señor: Tú
escucharás, Señor, Dios mío.
Porque dije: «No sea que se regocijen
por mí mis enemigos.» Y, al vacilar mis
pies, se jactaron sobre mí.
Porque yo para la flagelación estoy
presto y mi dolor está siempre ante mí.
Porque yo anunciaré mi iniquidad, y me
cuidaré de mi pecado.
Pero mis enemigos viven y se han
fortalecido sobre mí; se han

21
multiplicado los que injustamente me
aborrecen;
los que me devolvieron mal por bien me
calumniaban, porque yo aspiraba la
bondad.
No me abandones, Señor, Dios mío, no
te apartes de mí:
ven en mi ayuda, Señor de mi salvación.
Nuevamente:
No me abandones, Señor, Dios mío, no
te apartes de mí:
ven en mi ayuda, Señor de mi salvación.
Salmo 62
Oh Dios, Dios mío, a Ti madrugo:
mi alma ha tenido sed de Ti. ¡Cuántas
veces también mi carne!, en tierra
desierta, intransitable y sin agua,

22
así en el santuario me he presentado
ante Ti, para ver tu poderío y tu gloria.
Porque mejor es tu misericordia que los
sacrificios, mis labios te alabarán.
Así te bendeciré en mi vida, en tu
Nombre elevaré mis manos;
se saciará mi alma como de médula y
grosura, y con labios de júbilo te alabará
mi boca.
Cuando me acordaba de Ti sobre mi
lecho, por las mañanas meditaba en Ti,
porque te has hecho mi auxiliador, y
bajo la sombra de tus alas me regocijaré.
Mi alma se adhirió a Ti; tu diestra me
acogió.
En cambio, ellos en vano han buscado
mi alma; entrarán en lo más profundo de
la tierra, serán entregados bajo poder de

23
la espada y quedarán cual presas de los
chacales.
Pero el rey en Dios se alegrará, y todo el
que jura por él será alabado,
porque ha sido obstruida la boca de los
que hablan injusticias.
Nuevamente:
por las mañanas meditaba en Ti;
porque te has hecho mi auxiliador; y
bajo la sombra de tus alas me regocijaré.
Mi alma se adhirió a Ti; tu diestra me
acogió.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu


Santo, ahora y siempre, y por los
siglos de los siglos. Amén.

24
Aleluya, aleluya, aleluya. Gloria a Ti,
oh Dios.
Aleluya, aleluya, aleluya. Gloria a Ti,
oh Dios.
Aleluya, aleluya, aleluya. Gloria a Ti,
oh Dios.
Señor, ten piedad. (3 veces)
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu
Santo, ahora y siempre, y por los
siglos de los siglos. Amén.

Salmo 87
Señor, Dios de mi salvación, día y noche
he clamado ante Ti;
entre a tu Presencia mi oración, inclina
tu oído a mi súplica.

25
Porque mi alma está hastiada de males,
y mi vida se ha aproximado al Hades.
He sido contado entre los que
descienden a la fosa; he venido a ser
como un hombre desamparado, libre
entre los muertos;
como los heridos que yacen en el
sepulcro, de los que no te acuerdas ya,
que han sido apartados de tu mano;
me han puesto en una fosa profunda, en
las tinieblas y en la sombra de la muerte.
Sobre mí se ha establecido tu furor, has
traído en mi contra todas tus tormentas.
Has alejado de mí a mis conocidos, me
han puesto por abominación para ellos;
fui entregado y no salía, mis ojos
languidecieron de miseria.

26
He clamado a Ti, Señor, todo el día a Ti
he extendido mis manos:
¿acaso a los muertos harás maravillas?,
¿o los resucitarán los médicos, y te
confesarán?
¿Acaso narrará alguno en el sepulcro tu
misericordia, y tu verdad en el lugar de
la perdición?
¿Acaso se conocerán en las tinieblas tus
maravillas, y tu justicia en la tierra
olvidada?
Mas yo a Ti he clamado, Señor; al
despuntar el alba, te llegará mi oración.
¿Por qué, Señor, rechazas a mi alma, y
apartas de mí tu Rostro?
Pobre soy yo, y he estado en fatigas
desde mi juventud; y una vez exaltado,
he sido humillado y confundido.

27
Sobre mí han pasado tus iras, y tus
terrores me han turbado;
me han cercado cual agua, todo el día
me han rodeado a una.
Has alejado de mí al amigo y al prójimo
y a mis conocidos por mi miseria.
Nuevamente:
Señor, Dios de mi salvación, día y noche
he clamado ante Ti;
entre a tu Presencia mi oración, inclina
tu oído a mi súplica.
Salmo 102
Bendice, alma mía, al Señor, y todo
dentro de mí su santo Nombre.
Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides
todos sus beneficios;

28
el que perdona todas tus iniquidades; el
que sana todas tus dolencias;
el que redime a tu alma de la
corrupción; el que te corona con
misericordia y compasión;
el que colma de bienes tu deseo, que tu
juventud se renueva como la del águila.
El Señor hace misericordia y juicio a
todos los agraviados.
Manifestó sus caminos a Moisés, y su
voluntad a los hijos de Israel.
Compasivo y misericordioso es el Señor,
tardo para la ira y de mucha piedad; no
hasta el fin se airará, ni para siempre se
enfurecerá.
No ha hecho con nosotros según
nuestras iniquidades ni según nuestros
pecados nos ha retribuido.

29
Cuanto se alza el cielo de la tierra, tanto
ha fortalecido el Señor su misericordia
sobre los que le temen.
Cuanto dista el oriente del occidente,
tanto ha alejado de nosotros nuestras
iniquidades.
Como se conmisera el padre de los hijos,
así se ha compadecido el Señor de los
que le temen; porque Él conoció nuestra
hechura, se acordó de que somos polvo;
el hombre, como heno son sus días,
como flor del campo florecerá;
que si un viento pase por ella, ya no
existirá ni volverá a conocer su lugar.
Pero la misericordia del Señor es desde
siempre y para siempre sobre los que le
temen,

30
y su justicia sobre los hijos de los hijos,
los que guardan su Alianza y se acuerdan
de sus mandamientos para cumplirlos.

El Señor en el cielo ha dispuesto su


Trono, y su Reino sobre todos señorea.
Bendecid al Señor, todos sus ángeles,
poderosos en fuerza, que ejecutan su
palabra al oír la voz de su mandato.
Bendecid al Señor, todas sus potestades,
servidores suyos que hacen su voluntad.
Bendecid al Señor, todas sus obras, en
todo lugar de su dominio: bendice, alma
mía, al Señor.
Nuevamente:
En todo lugar de su dominio: bendice,
alma mía, al Señor.

31
Salmo 142
Señor, escucha mi oración: advierte mi
súplica en tu verdad, atiéndeme con tu
justicia.
Y no entres en juicio con tu siervo
porque no será justificado ante Ti
ningún viviente.
Porque el enemigo ha perseguido a mi
alma, ha humillado hasta el suelo mi
vida;
me ha sentado en tinieblas como a
muertos desde hace siglos; se ha
desalentado mi espíritu; mi corazón se
ha turbado dentro de mí.
Recordé los días de antaño, medité en
todas tus obras, las hechuras de tus
manos contemplé.

32
Extendí mis manos hacia Ti, mi alma es
como tierra sedienta de Ti.
Escúchame pronto, Señor: ha
desfallecido mi espíritu.
No apartes de mí tu rostro, pues me
asemejaría a los que descienden a la
fosa.
Hazme oír al despuntar el alba tu
misericordia, porque en Ti he esperado.
Hazme conocer el camino en que he de
andar porque hacia Ti he levantado mi
alma.
Arráncame de mis enemigos, Señor, que
en Ti me he refugiado; enséñame a
cumplir tu voluntad porque Tú eres mi
Dios.

33
Tu Espíritu, que es bondadoso, me guía
en tierra recta. Por tu Nombre, Señor,
me vivificarás.
Con tu justicia sacarás a mi alma de la
tribulación y con tu misericordia
exterminarás a mis enemigos.
Y perderás a todos los que atribulan a mi
alma porque yo soy tu siervo.
Nuevamente:
Atiéndeme en tu justicia y no entres en
juicio con tu siervo (2 veces).
Tu Espíritu, que es bondadoso, me guía
en tierra recta.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu


Santo, ahora y siempre, y por los
siglos de los siglos. Amén.

34
Aleluya, aleluya, aleluya. Gloria a Ti,
oh Dios.
Aleluya, aleluya, aleluya. Gloria a Ti,
oh Dios.
Aleluya, aleluya, aleluya. Gloria a Ti,
oh Dios nuestro y Esperanza nuestra:
¡Gloria a Ti!
Por las oraciones de nuestros santos
padres, oh Señor Jesucristo, Dios
nuestro: ten piedad de nosotros y
sálvanos. Amén.

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